Biografia de Twain Mark

Biografia de Lope de Vega Felix Resumen de Obra Literaria y Amores

Biografía de Lope de Vega – Obra Literaria –

Lope Félix de Vega Carpió nació en Madrid el 25 de noviembre del año 1562. Dramaturgo español y creador del teatro nacional, abruma en su grandeza; Miguel de Cervantes le llamó “monstruo de la Naturaleza” con cierta envidia y desprecio aunque también reconoció que había logrado “el cetro de la monarquía teatral”.

La fecundidad literaria de Lope de Vega es impresionante; cultivó todos los géneros vigentes en su tiempo, dando además forma a la comedia.

La Historia nos dice que sus padres fueron el bordador en oro Félix de Vega —hombre enamoriscado y poeta de cortos vuelos —y Francisca Hernández, pobre mujer hidalga, madraza de cinco hijos. Pero la poesía nos jura que Lope fue el hijo primogénito del matrimonio maravilloso del Destino y la Villa de Madrid, contraído a fines de 1561, con el padrinazgo del mejor rey de España, don Felipe II.

Lope estudió con los teatinos. Cuando acababa de cumplir los doce años se escapó a Segovia con un amigo, de donde le devolvieron a la Corte certificado con un corchete. Poco después entró al servicio del obispo de Avila, don Jerónimo Manrique… que residía en Madrid. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aun cuando su nombre no figura en los registros universitarios.

biografia feliz lope de vega

Se alistó en las armadas españolas que combatieron felizmente en las Islas Terceras e infelizmente en las costas de Inglaterra ; intrépido arcabucero, alma vibrante, en la llamada Armada Invencible utilizó como tacos de su arcabuz los manuscritos de sus poemas dedicados a Filis (Elena Osorio, cómica, hija de cómico y mujer de ídem).

Durante algunos meses vivió en Valencia, porque a la fuerza ahorcan, y él tenía prohibida, bajo penas severas, la vuelta a Madrid, en cuya cárcel de Corte había sido huésped durante algún tiempo.

Nombrado secretario de cartas de don Antonio Alvarez de Toledo, duque de Alba, con éste vivió en Toledo y en Alba de Tormes. 1596: le procesaron en Madrid por concubinato.

Habiéndose escapado de los curiales con ingenio y respingo, sirvió al marqués de Malpica —1596— y al conde de Lemos — 1598.

Entre 1599 y 1610 anduvo por Valencia, Toledoy Sevilla estrenando comedias, dirigiendo tertulias literarias, para instalarse definitivament en Madrid.

Desde este año, Lope fue el proveedor casi exclusivo de los dos teatros de Madrid: el del Príncipe y el de la Cruz, y de casi todos los que funcionaban en España. Se ordenó sacerdote en 1614.

Sirvió de alcahuete y secretario de cartas amorosas a don Luis Fernández de Córdoba y Aragón, duque de Sessa.

Disfrutó de varios oficios eclesiásticos. Urbano VI le nombró doctor en Teología y caballero de la Orden de San Juan.

Dirigió las famosísimas Justas Poéticas dedicadas a San Isidro, patrón de Madrid, con motivo de su beatificación — 1620— y de su canonización —1622—.

Formó parte de las Academias literarias El Parnaso y Selvage.

Ostentó el título honorífico de familiar del Santo Oficio. Angustiado por los problemas familiares y por los reconcomios del alma, murió el 27 de agosto de 1635 en su casita de la calle de los Francos.

Con los enumerados episodios de la inquieta y turbulentísima vida de Lope hay, y sobran, para nutrir varios libros

 Se casó dos veces: con doña Isabel de Urbina y Alderete — 1588—, hija de un rey de armas y regidor de Madrid, a quien raptó… prenupcialmente, y por cuyo delito dio con sus huesos en la cárcel de Corte y en el destierro valenciano.

En 1598 con doña Juana Guardo, hija de un rico abastecedor de carne y pescado, que le llevó en dote 22.382 reales y hembra «con más de flamenca que de menina».

Dieciséis años acababa de cumplir cuando se ayuntó con María de Aragón, chicuela coqueta y alegre, con quien Lope tuvo un hijo, a la que cantó en sus versos y prosas con el nombre de Marjisa.

A Elena Osorio, hija de un cómico y mujer de un ídem, la llamó Filis, vivía en el Avapiés y era una moza morena, desenvuelta, picante, «de ojos castaños picados de oro».

Pues los escándalos que dieron los amantes, y que ella, por consejo de sus padres, y tácito asentimiento de su marido, cayera en los brazos del rico imbécil don Juan Tomás Perrenot de Granvela, motivaron proceso escandaloso y escandalosa cárcel para el seductor chulito Lope.

En 1596, los alcaldes de Casa y Corte incoaron proceso contra Lope por vivir en concubinato con doña Antonia Trillo de Armenta, hija de un alférez de la Guardia Española en Lisboa, y viuda de un tal Puche, natural de Barcelona.

Entre los años 1599 y 1612, Lope tuvo una amante oficial — con la que braceaba por ciudades y coliseos —la cómica Micaela de Lujan, Camila Lucinda, mujer de un actor pésimo, hermosísima esta Micaela de Lujan, de ojos azules y pelo negro, blanca y fogosa, con la que Lope hubo siete hijos.

En 1614 andaba Lope en ayuntamientos alardeados con Jerónima de Burgos — Gerarda —, para quien él escribió su famosa comedia La dama boba, bellísima y culta comedianta, la cual tan «apegada estaba a Lope», que para ayudarle a «mejor vivir», en ratos que el amante no necesitaba su compañía, iba a hacérsela al duque de Sessa, y de la cual sacaba pingües frutos que compartía con el genial poeta.

Ya sacerdote, en 1616, el genio siente breve debilidad amorosa por Lucía de Salcedo, cómica que venía de Nápoles y que residió en Valencia.

En este año se inició la más sincera de las pasiones amorosas de aquel Monstruo de Naturaleza; en el ocaso de su vida se enamoró con vehemencia de mar enloquecido de doña Marta de Nevares Santoyo —Amarilis—, mujer de Rodrigo Hernández de Ayala, «hombre de negocios», en la que el ciego enamorado encontró todas las perfecciones.

Con cierta justificación, pues que según cuantos la conocieron doña Marta de Nevares — además de desgraciada por un marido torpe e inculto— era rubia, de ojos verdes, alta y esbelta, melosa de habla, inteligente y muy culta, tañía y cantaba con incomparable destreza, danzaba hechiceramente y componía versos que a Lope parecíanle superiores a los de Safo griega, Valeria latina y Argentaría española.

Metió en su casa a doña Marta, y doña Marta sirvió de madre a los hijos que le vivían a Lope y, claro está, a la hijita que tuvo de Lope, Amarilis — ¡ ay, Dios, Dios, Dios ! — cegó repentinamente; enloqueció después y murió en 1632, dejando a Lope, además de una pena «más grande que el mundo» a la hijita de ambos, Antoñica Clara, nacida en Madrid en 1617.

¿Cuántos hijos se le conocen a Lope? De Marfisa tuvo uno, muerto pronto.

De su primera mujer, doña Isabel de Urbina, dos niñas: Antonia y Teodora, que sobrevivieron poco tiempo a su madre, muerta en 1595.

De Micaela de Lujan, siete, de los que llegaron a mayores Marcela y Lope Félix, díscolo y poeta, que se hizo militar y murió durante una expedición para pescar perlas en la isla Margarita, del mar Caribe.

De su segunda esposa, doña Juana Guardo, dos, Carlos Félix — encantadora criatura, delicia de su padre, muerto en flor, a los siete años — y Feliciana, cuyo nacimiento causó la muerte a su madre, única hija legítima que sobrevivió a Lope, y que casó con don Luis de Usátegui, oficial de la Secretaría del Consejo de Indias.

De su mayor amor, Marta de Nevares, una niña, Antoñica Clara, bellísima como su madre, raptada cuando sólo tenía diecisiete años por un galán de la corte, don Cristóbal Tenorio, antiguo servidor de Felipe IV.

Lope de Vega escribió más del triple que el autor que más haya escrito. Fijémonos en los grandes escritores modernos: Galdós, Balzac, Dickens, Dumas padre.

Los que no vivieron sino para escribir. Los que, como el último de los mentados, escribieron con varios colaboradores.

La producción ingente, asombrosa, de cualquiera de ellos, es… una cantidad sin importancia ante la suma inverosímil de las obras lopinas. ¿Mil ochocientas comedias? Pongamos menos, ya que Montalbán pudiera exagerar.

¿Mil quinientas? Pongamos menos, ya que el propio Lope pudiera pavonearse un tanto. ¿Mil doscientas? Seguramente más de mil.

Y muchos miles de poemas. Y novelas. Y poemas épicos extensísimos.

Y poemas burlescos. Y libros religiosos. Y acciones en prosa. Y libros de historia. Y libros ascéticos.

Entre quienes fueron sus contemporáneos el juicio de Cervantes es definitivo; porque nunca fueron buenos amigos Lope y él, y sí enemigos plenos en 1615, fecha de la que son los elogios cervantinos:

«Entró luego de Monstruo de Naturaleza el gran Lope de Vega, alzóse con la monarquía cómica; avasalló y puso debajo de su jurisdicción a todos los farsantes; llenó el mundo de comedias propias, y felices y bien razonadas, y tantas, que pasan de diez mil pliegos los que tiene escritos, y todas, que es una de las mayores cosas que puede decirse, las ha visto representar u oído decir, por lo menos, que se han representado; y si algunos, que hay muchos, han querido entrar a la parte y gloria de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo que han escrito a la mitad de lo que él solo».

Cuando Lope empezó a escribir para la escena luchaban en ella muchos ingenios movidos por diversas y aun contrarias tendencias. Unos estaban demasiado apegados a las reglas clásicas y al afán estéril de imitar los teatros griego y romano.

Otros anteponían los sentimientos morales de una esbozada tendencia nacional. Todos ellos pecaban de un lenguaje desaliñado, pretencioso y oscuro, o de una poesía vulgar sin sazón ni soltura.

casa de lope de vega

Estudio en la casa madrileña de Lope de Vega. — Entristecido y anciano sacerdote, en este estudio trabajaba el llamado por Cervantes «Monstruo de la Naturaleza», durante los últimos años de su vida, en compañía única de su idolatrada hija A ntoñica Clara, que le nació en Madrid, en 1617, de la mujer más adorada por él: aquella Marta de Nevares, la Amarilis de sus poemas suspirados, rubia, de ojos verdes, alta y esbelta, melosa de habla y muy culta. Alta, rubia, ojimelosa, hechicera como su madre, Antoñica Clara, un día cualquiera de 1634, dio a su anciano y melancólico padre el último beso… antes de ser raptada por el audaz galán don Cristóbal Tenorio. Suponemos que no con gran disgusto de la raptada.

Lope acabó con todo esto, implantó el buen gusto en la elección de los temas. Perfeccionó el estilo dentro de una sencillez asombrosa. Exaltó la pasión por lo netamente nacional, tradicional o histórico. Ajustó el movimiento escénico. Avivó la invención sin violentarla ni exagerarla.

Repudió cuanto no era natural. Introdujo en la intriga la acción cómica. Dibujó con primorosa mano los caracteres femeninos. Dio una variedad asombrosa a la versificación. Lope se convirtió en todo el teatro español. Conviene repetirlo una y mil veces: sin Lope no tendríamos a «Tirso», ni a Calderón, ni a los demás; él es el padre augusto de todos.

El gran crítico y erudito alemán Schack asegura que no existe literatura alguna en el mundo que, como la española, deba todo su teatro a un solo autor: Lope de Vega. Y el crítico y erudito inglés, muy conocedor de nuestra literatura, Fitzmaurice Kelly, sentenció «que sería mucho más fácil que en la literatura universal aparecieran otro Cervantes, otro Shakespeare, que otro Lope de Vega».

Porque resulta realmente inverosímil, inconcebible, cómo pudo escribir Lope lo que escribió, que precisa una muy larga existencia dedicada exclusivamente a laborar en la soledad, mientras vivió como vivió… Porque, ¿cómo tuvo tiempo Lope ni para vivir su vida?.

El primer estupor que nos saca del alma Lope es éste: ¿cómo meter tanta acción y tanta pasión y tanta preocupación en setenta y tres años? ¿Cómo se las arregló para vivir años de mil y un días, y días de setenta y dos horas?.

Físicamente fue Lope lo que se dice «un buen mozo». Alto, enjuto de cuerpo, el rostro moreno y muy agraciado, la nariz larga, los ojos vivísimos y seductores. Y Montalbán, que tan amigo suyo fue, agrega: «Fue hombre de mucha salud, porque fue muy templado en los humores, muy suelto en los miembros, muy ágil en las fuerzas, muy proporcionado en las facciones y muy ligero de pies y manos. Era discreto en las conversaciones, modesto en las visitas, atento en los actos públicos, descuidado en los suyos propios, apacible con su familia, galante con las mujeres y cortesano con los hombres».

libro de lope de vega

Portada de «Los pastores de Belén», de Lope de Vega. 1612. — Primera impresión de obra tan grata y significativa. Su impresor, Juan de la Cuesta, el de la calle de Atocha con vuelta a la Costanilla de los Desamparados, e impresor de las dos partes del Quijote. Se encargó de vender esta edición del libro de Lope el más popular librero del Madrid de entonces: Antonio Pérez, amigo y admirador incondicional del «Monstruo de la Naturaleza» —proclamado tal por Cervantes— y padre del más fervoroso amigo, discípulo y biógrafo de Lope: Juan Pérez de Montalbán. Los pastores de Belén: prosas y versos divinos fueron dedicados por Lope a su hijito Carlos Félix. Su éxito fue considerable y fulminante. Y son rarísimos los ejemplares de esta edición príncipe… ¡a causa de la severa expurgación que hizo de este magnífico libro el celosísimo Tribunal del Santo Oficio!

Escritores coetáneos a él afirmaron que las mujeres salían a los balcones para bendecirle y que se llegó a crear un símbolo paradigmático para todo lo bueno de la vida: Esto es Lope. ¿Una fiesta suntuosa, sin posible descripción? ¡Esto es Lope! ¿Un nuevo suceso fausto para España? ¡Esto es Lope! ¿Un objeto de valor incalculable o de una impar belleza? ¡Esto es Lope! Sólo los seres excepcionales como Lope «no pueden estar en los medios».

Lope de Vega fue fuente inagotable de inspiración, no sólo para los dramaturgos nacionales, sino igualmente para los extranjeros. En su producción entraron «a saco» Boisrobert, Rotrou, Cellot, Montfleury, Corneille, Moliere, Le Sage, Shirley…

Entre las mejores obras escénicas de Lope figuran: La Estrella de Sevilla, Peribáñez, Fuenteovejuna, El caballero de Olmedo, El rey don Pedro en Madrid, El mejor alcalde, el rey, El anzuelo de Fenisa, Santiago el Verde, La dama boba, El perro del hortelano, El villano en su rincón, La bella malmaridada, La moza del cántaro, El castigo en la venganza, El remedio en la desdicha, Los milagros en él desprecio, Porfiar hasta morir…

Entre sus mejores obras poéticas están: Soliloquios, La Arcadia, La Dorotea, Pastores de Belén, Rimas sacras, La hermosura de Angélica, Rimas humanas y divinas, La Gatomaquia, El Isidro, La Dragontea, La Jerusálén conquistada, Corona trágica…

Fuente Consultada:Enciclopedia Temática Familiar – Tomo I – Grandes Figuras de la Humanidad – Entrada: Lope de Vega – Editorial Cadyc

Biografía de Twain Mark Su Vida y Obra Literaria Resumen

Biografía de Twain Mark y su Obra Literaria

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), fue un escritor y humorista estadounidense, cuyo seudónimo era Mark Twain. Ha trascendido por unas obras en que la ironía y el humor se entremezclan con gracia y oportunidad. Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo son sus principales obras. Nació en 1835 y falleció en  1915.

Sus mejores obras se caracterizan por un franco y a veces irreverente sentido del humor rayano en la sátira social, además de por un acentuado realismo en cuanto al lugar en que se desarrollan sus historias y al lenguaje utilizado por sus memorables personajes, y por un profundo odio a la hipocresía y la opresión.

Twain Mark

Twain obtuvo un gran éxito de librería con sus obras, sacando, además, grandes beneficios, pero los invirtió todos en una audaz empresa en la que también comprometió el fruto de sus futuros libros. Cuando tenía 58 años reemprendió sus viajes, por cuenta de los diarios, yendo a Australia, Asia y Europa.

Entre los grandes escritores americanos cuya prosa y estilo fueron personales y pertenecen a la literatura de todos los tiempos hay que citar a Mark Twain, cuyas obras son todavía, en gran parte, traducidas a todos los idiomas.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, había nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, una aldea del Estado de Misurí. Algún tiempo después la familia se estableció en Hannibal, ciudad importante situada a orillas del Misisipí.

Samuel era un niño cuando muño su padre, perdida dolorosamente sufrida por toda la familia y en particular por el hijo, pues desde su más tierna infancia demostró dones muy definidos para el estudio sin que, desgraciadamente, la madre dispusiera de los medios suficientes para enviarlo a la escuela.

Ya en sus primeros años se interesó por la literatura   y   consagró   largas   horas   a   la   lectura   de novelas. Además, aunque permanecía aislado de las clases y de sus compañeros, adquirió, por sí mismo, cierta formación literaria.

Sin duda debemos a estos primeros sufrimientos y sacrificios la sensibilidad delicada del joven Samuel, condición que fue en aumento a través de las penosas experiencias que tuvo en su vida.

Después de haber trabajado como dependiente en una imprenta, Samuel, a quien le gustaban el mar y la vida de aventuras, se embarcó como piloto en uno de esos navios que aseguraban el servicio postal en las aguas del Misisipí.

Este género de vida apasionó al jovencito, hasta el punto de que más tarde, durante su plena actividad de escritor, se inspiró en aquellos lejanos recuerdos —las aguas claras y los valles verdes del gran río— para pintar los ambientes en los cuales se desarrollaban sus novelas.

En la Vida sobre el Misisipí, publicada en 1883, Hannibal, pequeña ciudad silenciosa y tranquila del borde del Misisipí, conocía un solo momento de animación: el de la llegada del barco cargado de pasajeros y de mercaderías.

En esta atmósfera creció Samuel Langhorne Clemens, que ahora conocemos bajo el seudónimo de Mark Twain.

relata las peripecias de la navegación. Al recordar algunos episodios de su juventud, el autor cuenta cómo, en un determinado momento, eligió el seudónimo de Mark Twain. Fue en el curso de un viaje, mientras estaba en el timón, mirando siempre frente a él a un marino, provisto de una sonda, que le comunicaba, en forma intermitente, la profundidad exacta del agua, gritando mark twain, es decir, «faltan dos brazadas». Este grito que tantas veces oyó repetir gustó mucho a nuestro piloto y cambió su nombre por el de Mark Twain.

Pero, de naturaleza inconstante, el futuro escritor dejó pronto la navegación. En 1859 abandonó el pilotaje para seguir a esos equipos de buscadores de oro que penetraban en el oeste en búsqueda de fortuna.

Fue expedicionario algunos años, y en 1867 reunió en un libro las aventuras más notables de los buscadores de oro, entre las que, posiblemente, El célebre sapo saltarín del condado de Calaveras sea la mejor y la que ha influido más en la rápida y segura fama del escritor.

Las primeras novelas de aventuras, en efecto, lo hicieron conocer en todas partes; un grupo de diarios le confió la misión de corresponsal en algunos países mediterráneos, tarea que aceptó con entusiasmo. En esta nueva experiencia se inspiró para la realización de otra novela: Los ingenuos en el extranjero, que suscitó una cálida aceptación por parte de los lectores.

Mark Twain tenía auténtico sentido del humor y consecuentemente los episodios que relataba eran ágiles y divertidos. Por otra parte, no falseaba nunca la realidad de las cosas y no permitía que los hombres empañasen sus acciones con imperdonable hipocresía, ni con el mínimo deseo de deformar los acontecimientos, por más insignificantes que fueran. Este rasgo fundamental que como hombre y como escritor tenía el novelista se nota en varias de sus obras.

En vista de los triunfos logrados en el año 1870 se casó con Olivia Langdon, y se estableció primero en Hartford, estado de Connectieut, y más tarde en Redding, pero debido a su fama viajó incansablemente dando conferencias y escribiendo con una actividad y constancia asombrosas.

Su popularidad, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, fue increíble y sus entradas llegaron a ser tan abundantes que no sólo le permitieron cubrir las pérdidas ocasionadas por sus malas inversiones comerciales, sino que aún tuvo suficiente para vivir con holgura en los últimos años de su vida.

El autor logró un triunfo superior y más inmediato todavía con sus novelas para niños, algunos de cuyos episodios son autobiográficos. Los personajes de sus cuentos son chicos descriptos con marcada agudeza psicológica y en forma muy colorida y amena.

Las aventuras de Tom Sawyer, aparecida en 1876, y Las aventuras de Huckleberry Finn, editada en 1885, se desarrollan en una atmósfera exclusivamente infantil. La vida de esos dos protagonistas transcurre en lugares muy queridos por el autor en las regiones verdes y prósperas bañadas por las aguas del Misisipí. En esos relatos Mark Twain revive las horas felices e ingenuas de su infancia y resucita los acontecimientos que más le impresionaron y agradaron en su niñez.

En Las aventuras de Huckleberry Finn cuenta con estilo fantástico el viaje realizado por un niño, Huck Finn, quien, acompañado por un negro muy simpático, Jim, parte desde las orillas del Illinois y llega hasta Nueva Orleáns. El negro acompañante había logrado escapar de los malos tratos de su dueño, y luego, con Huck, vive maravillosas aventuras, muchas de ellas a bordo de una pequeña embarcación.

En Las aventuras de Tom Sawyer relata las experiencias verdaderas que todo niño ha realizado. La naturaleza impulsiva y el temperamento generoso de este niño presentan ciertas similitudes, y, por otra parte, la confesión del autor lo confirma, con el espíritu aventurero del novelista.

En la creación del personaje Tom Sawyer el autor reunió, por así decirlo, los diferentes caracteres infantiles que había estudiado, logrando un solo tipo muy original. La vida de Tom transcurre en el ambiente familiar, en la escuela y con los amigos. A pesar de que el libro comienza con un episodio

completamente infantil, los acontecimientos relatados más adelante exaltan la naturaleza de un niño simple pero heroico. Tom y su primer amigo, Huck, van una noche al cementerio para enterrar dignamente a su gatito muerto. Escondidos entre las tumbas se ven obligados a presenciar un crimen. Al día siguiente se acusa del hecho a un pobre borracho, Muff Potter; la intervención de Tom permite salvar al inocente de una condena infamante.

Tom Sawyer en el extranjero, relato que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas, narra las aventuras ocurridas en el viaje en aeróstato emprendido por el protagonista, su inseparable Huck, el esclavo negro Jim y el sabio constructor del aparato, un loco, que se precipitó al océano dejando librados a los otros tres ocupantes a su suerte e inexperiencia. Los diálogos entre Tom y sus dos compañeros son muy divertidos, pero bajo esa alegre apariencia se descubren la seriedad y la tristeza que son base de la magnífica sátira humorística de Mark Twain.

En efecto, Tom había visto que el asesino era un hindú, y decide revelar toda la verdad. El criminal huye por el bosque para evitar el castigo, y cuando Tom, mientras lo busca, se pierde en las cercanías de una gruta, intenta vengarse cruelmente de él, pero Tom logra escapar, y el libro termina con la muerte del hindú y la victoria del niño.

El autor publicó a continuación de este libro otros relatos que aparecieron en 1878. Los personajes principales siguen siendo Tom y Huck: se trata de Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extranjero, que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas.

Completamente distinto es El príncipe y el mendigo, cuya fama se extendió tanto, que se lo tradujo a casi todos los idiomas. Los acontecimientos se desarrollan en los ambientes más diversos y opuestos del Londres del siglo XIX.

En 1885 Mark Twain publica otra novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, en la que se cuentan los viajes de Huck Finn y del esclavo negro Jim a través de la América de los buscadores de oro. Gran parte de la epopeya de esos niños se desarrolla en el Misisipí, a bordo de un bote y de una balsa.

Está descripta la profunda miseria de los bajos fondos de la ciudad, que contrasta con la riqueza y el lujo de las clases acomodadas. Tom es uno de esos niños que viven en los barrios pobres de la ciudad. Un día, paseando, se aleja de su casa y se halla en la otra parte de Londres, bajo las verjas del espléndido palacio real. Inconscientemente comienza a recorrer el hermoso parque, y allí se encuentra con un niño muy semejante a él, de la misma edad y parecido que sólo se distinguen por la ropa.

Tom viste pobremente y el otro con suntuosidad, de terciopelo bordado con oro. El niño así vestido es el príncipe heredero, quien ha logrado esquivar la vigilancia de los guardias y comienza a jugar alegremente con Tom. Durante el juego el pequeño noble decide cambiar de ropa con Tom, y le entrega sus espléndidos atavíos. Pero surge un criado en su busca, y a pesar de las explicaciones de ambos niños echa al príncipe del palacio y lleva en su lugar a Tom, que comienza así una vida llena de imprevistos muy felices.

Sin embargo, pronto comienza a sentir nostalgias de su verdadero hogar y de los juegos con sus amiguitos, y mediante gran paciencia logra convencer a la gente de palacio de su identidad. Rápidamente se dispone la búsqueda del príncipe, y al cabo de un tiempo los dos niños se encuentran y vuelven nuevamente a su existencia anterior, pero con experiencias que les serán necesarias para comprender y resolver problemas sociales.

Mark Twain se había planteado también esas cuestiones; su vida nunca fue fácil ni feliz, ya que siempre se había encontrado frente a problemas económicos. Buscando cierta vez solución a esa existencia precaria, emprendió un largo viaje por todos los continentes; esto le permitió conocer ambientes y gente muy distintos y de costumbres dispares.

Viajaba como hombre de letras y daba conferencias y charlas literarias. A su regreso juntó las impresiones que había acumulado en su libro A lo largo del Ecuador, que apareció en 1897. Con la venta de éste logró juntar el dinero suficiente para pagar a sus acreedores.

Sus obras gustaron siempre, pues el tono de sus relatos es humorístico y cordial. Pero el optimismo de Mark Twain resulta ser refugio y distracción para las amarguras de la vida. Indudablemente tal contraste entre vida real y sueño engendró en él un conflicto espiritual que dio   origen a  su humor.De ahí el extraordinario desarrollo de su fina ironía, que le llevaba incluso a descubrir el ridículo en los mínimos aspectos de la existencia.

La última de sus obras fue una autobiografía, que apareció en 1924, a los catorce años de su muerte, ocurrida en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Gracias a sus obras, reportajes y conferencias sobre viajes, Twain logró pagar a sus acreedores y volver a América. Tero, cansado, enfermo y literalmente deshecho por las penas, sólo deseó pasar los años que le quedaban de vida en un lugar tranquilo, donde se había hecho construir una casa. Eligió Connecticut, y allí permaneció, salvo breves excursiones a las Bermudas, hasta su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910.

Su personalidad literaria es muy discutida y se lo juzga de diferentes maneras; en efecto, para algunos es un narrador eficaz de aventuras para niños; para otros, en cambio, esconde bajo esa forma literaria un pensamiento filosófico y moral perceptible en todas sus obras.

A pesar de que los juicios no concuerden, es sin embargo evidente que, narrador o filósofo, Mark Twain fue, ante todo, un humorista fino y capaz de argumentar sutilmente. El libro titulado Relatos americanos es una verdadera obra de arte del humor. Comprende Las costumbres periodísticas del Tennessee y Cómo cesé de ser secretario.
Alrededor de 1873 Mark Twain montó una de sus comedias, La edad de oro, que fue favorablemente acogida por el público.

Además de los viajes recordados, Mark Twain fue encargado de transcribir en 1873 los detalles del viaje del sha de Persia por Londres y París.

La vida de Mark Twain es rica en anécdotas, entre las que merece citarse la siguiente: estando en Viena en la época de los tumultos provocados por los alemanes, llegó a Nueva York la noticia de su muerte. Mark Twain, al enterarse, decidió mandar sin tardanza un telegrama, redactado en estos términos: «Noticia de mi muerte muy exagerada. Mark Twain.»

//historiaybiografias.com/archivos_varios5/twain_mark2.jpg

El príncipe y el mendigo cuenta la vida de dos niños de la misma edad, uno príncipe heredero y el otro de familia muy pobre. El azar quiere que los dos se encuentren y se hagan amigos. Mientras juegan deciden cambiar de traje. Uno de los servidores del palacio, engañado por el extraordinario parecido físico de los dos niños, y por las ropas, hace entrar en el castillo’ al mendigo, mientras echa al verdadero príncipe. De este modo comienza una nueva vida para ambos. Pero el niño pobre empieza a sentir tristeza por la ausencia de sus padres y la falta de libertad, y logra convencer a los cortesanos de cuál fue la situación equívoca que indujo al sirviente a caer en el error. Al final de la obra todo se arregla: el verdadero príncipe vuelve a su lugar, mientras su amigo, que durante ese tiempo había podido hacerse apreciar por su clara inteligencia, encuentra en la corte un puesto destacado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft