Biografía del Papa Francisco I;La Crusifixión de Jesús

Biografia de Diana Poitiers

Biografia de Diana Poitiers

DIANA DE POITIERS (1499-1566)
La serie de las grandes favoritas de los monarcas franceses se inicia con Diana de Poitiers, cuya intervención en los sucesos políticos del reinado de Enrique II pone de relieve la historia y aumenta la leyenda.

Diana Poitiers
Diana de Poitiers, duquesa de Valentinois y de Étampes, fue una importante figura aristocrática de la Francia del siglo XVI, además de ser la más notable amante del rey Enrique II de Francia.
Fecha de nacimiento: 9 de enero de 1500, Saint-Vallier, Francia
Fallecimiento: 25 de abril de 1566, Anet, Francia
Descendencia: Françoise de Brézé, duquesa de Bouillon; Louise de Brézé, duquesa de Aumale
Hijos: Françoise de Brézé, Louise of Brézé
Padres: Jean de Poitiers, Seigneur de Saint Vallier, Jeanne de Batarnay

Diana era una mujer de belleza majestuosa, de inteligencia despierta y gustos refinados. Era hija de Juan de Poitiers, señor de Saint Vallier y descendiente de una antigua familia del Delfinado.

Nacida el 3 de septiembre de 1499, recibió una educación esmerada, al estilo de la dada en las cortes renacentistas italianas. En 1515 fué entregada en matrimonio1 a Luis de Brezé, gran senescal de Normandía y personaje influyente en la corte de Francisco I.

Este murió en’1533, y la viuda, que entonces contaba 34 años, causó profunda impresión en el Delfín de Francia, Enrique, veinte años más joven que ella, hasta el extremo de que su amor permaneció inquebrantable durante el resto de su vida.

Desde 1547, al ascender al trono Enrique II, Diana fue la verdadera reina de Francia, relegando a segundó lugar a Catalina de Médicis. Intervino en los asuntos de Estado y su palabra influyó en la política internacional.

Recibió el título de duquesa de Valentinois y obtuvo grandes prebendas para sus amigos y allegados.

Después de la muerte de su regio amante en 1559, se retiró al castillo de Anet, que se había hecho construir por el arquitecto Filiberto de Orme. Aquí murió el 22 de abril de 1566.

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Biografia de Thomas Wolsey Politico y Cardenal Ingles

Biografia de Thomas Wolsey – Político y Cardenal Inglés

TOMAS WOLSEY (1475?-1530)
Entre los hombres de estado de Inglaterra el primero verdaderamente renacentista es el cardenal Tomás Wolsey, el gran canciller de Enrique VIII.

enacentista en todos los aspectos: por la rápida ascensión de su fortuna, por la inclinación de sus gustos, por su elocuencia, habilidad diplomática y energía en el gobierno, por sus tendencias autoritarias, por su visión de la gran política, y, también, por la inmoralidad y liviandad de sus costumbres privadas.

Thomas Wolsey
Thomas Wolsey

Gran trabajador, preocupado por el bien del Estado, atento administrador de la justicia, fué, por otra parte, celoso, egoísta y orgulloso. A su lado Enrique VlII era una sombra de monarca. El rey era Tomás Wolsey. Ego et meus rex, como escribía muy a menudo.

Hijo de Roberto y Juana Wolsey, de familia modesta, Tomás nació en Ipswich hacia 1475. Su juventud transcurrió en el marco universitario de Oxford, en especial en el Colegio Magdalen. Aquí obtuvo su bachillerato (1490), y también un cargo de profesor, en fecha indeterminada. En 1498 recibió órdenes sagradas.

Durante algún tiempo tuvo a su cargo la educación de los hijos de Tomás Grey, marqués de Dor-set, el cual le proporcionó en 1500 la parroquia de Limington.

El Somerset tenía horizontes demasiado limitados para el ambicioso sacerdote. A la muerte de su protector, logró hacerse nombrar familiar del arzobispo. Deane (1501), y cuando éste también murió (1503) pasó al servicio de sir Ricardo Nanfan, diputado de Calais.

Este le recomendó a Enrique VII, el cual supo descubrir en el avispado sacerdote grandes dotes para la diplomacia. En 1508 le utilizó en una embajada a Escocia y en las negociaciones para una propuesta de matrimonio con Margarita de Saboya. Al año siguiente recibía el diaconato de Lincoln.

Esta rápida ascensión culminó al advenir al trono Enrique VlII. Este le hizo su limosnero y en 1511 le otorgó un lugar en el Consejo Privado. Desde aquí decidió la política internacional a favor del partido que propugnaba la guerra contra Francia, el de Surrey, en contra del acaudillado por Ricardo Fox.

En el transcurso de la contienda se acreditó de habilísimo organizador. Los servicios rendidos al rey y al Pontificado le valieron los obispados de Lincoln y Tournai, el arzobispado de York y el cardenalato en menos de tres años (1512-1514). Después del triunfo de Francisco I de Francia en Marignano, renovó su actitud belicista. Fox y sus -partidarios salieron del consejo, en el que predominó desde entonces sin rival el cardenal Wolsey, nombrado ya canciller (1515).

Hasta entonces su política exterior se había orientado a evitar la hegemonía de Francia en el continente. Dejándose arrastrar por su enemiga a este país, cometió el error, desde el punto de vista británico, interesado en mantener el equilibrio de fuerzas en el continente, de apoyar en demasía la política de Carlos V.

El momento culminante de Wolsey se sitúa entre 1520 y 1521, cuando Francisco I y Carlos V le halagaban para atraerse la alianza de Inglaterra. Se inclinó hacia el emperador por el tratado de Calais (1521), quizá con la esperanza de que Carlos influiría para que fuera elevado a la dignidad pontificia.

Este pacto permitió la realización de la supremacía imperial en Europa después de la victoria de Pavía (1525) y la sumisión de Clemente VII (1527).

La paz de las Damas de 1529 arruinó el crédito político de Wolsey en Inglaterra, ya minado por la oposición del Parlamento a votar los impuestos exigidos y por su actitud de hostilidad al proyecto de divorcio de Enrique VIII, no en cuanto al hecho en sí, sino en su tramitación y consecuencias.

Convencido de la inminencia de su caída, renunció a todas sus prebendas y beneficios, excepto al arzobispado de York, donde en sus últimos meses de vida dio ejemplo de un celo episcopal verdaderamente notable. Murió en la abadía de Leicester el 30 de noviembre de 1530. Su desaparición iba a permitir la realización del Cisma inglés por Enrique VIII y sus secuaces.

Biografia Papa Pablo VI Resumen Obra Pontificia en el Concilio

Biografía Papa Pablo VI – Obra Pontificia

Habemus papam“,…el viernes, 21 de junio de 1963, a las 11 horas 25 minutos de la mañana, la pantalla de televisión retrataba el penacho de humo, unos segundos vacilante y en seguida decididamente blanco; había un nuevo papa. Era Giovanni Battista Montini, que se llamaría Pablo VI. Para organizar los datos dispersos de la biografía y estudiar la trayectoria de Montini hay que asentar los reales en Brescia.

Sus padres, Giorgio y Giuditta, vivían en Brescia, pero el niño les nació en la casa de campo, en Concesio, a ocho kilómetros de la capital. Era el 26 de septiembre de 1897. Su padre era un abogado de treinta y siete años, director del periódico católico II Cittadino di Brescia; su madre una frágil y menuda mujer, medio enfermiza. Giovanni nació flacucho y tuvieron que confiarlo a un ama, en el pueblecito de Sacca. Era de natural pacífico, algo concentrado.

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Desde los primeros años de su sacerdocio, el padre Montini, (más tarde Pablo VI) estuvo en contacto con cuanto sucedía en el Vaticano. El hecho de que su padre fuese un periodista destacado relacionado con la política ayudó al sacerdote a comprender los asuntos públicos desde muy joven. Fue subsecretario de Estado de Pío XII y, antes de morir, el Papa lo nombró arzobispo de Milán. Juan XXIII lo incluyó en su primer nombramiento de cardenales. Sucedió a Juan XXIII  y adoptó el nombre de Pablo VI,  continuó trabajando para el concilio durante las tres sesiones siguientes.

El 29 de mayo de 1920 fue ordenado sacerdote en la catedral de Brescia. Inmediatamente después, y por voluntad de su obispo, se trasladó a Roma, para ampliar estudios. Decidió matricularse en filosofía en la universidad Gregoriana e hizo el curso preparatorio en la universidad civil para especializarse en filología clásica; en vísperas de su ordenación sacerdotal había presentado ya una tesis doctoral de derecho canónico en la facultad pontificia de Milán. Por iniciativa de monseñor Pizzardo, sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, ingresaría en 1921 en la Academia Pontificia de Nobles Eclesiásticos. Esto ponía raíles a su vida sacerdotal. Pensó que es un extraño destino: hacerse sacerdote y acabar en diplomático.

Pronto fue enviado en una misión a Varsovia (Polonia), pero al joven sacerdote el cambio de clima le sienta mal y cae enfermo. Avanza el verano y la salud no mejora; en otoño, por orden de Pizzardo, regresa a Roma. Cumplió otro curso de estudios, 1923-1924, y superados los exámenes entró al servicio regular de la Secretaría de Estado. Para utilizar provechosamente los deseos de trabajo pastoral de su oficinista, monseñor Pizzardo le nombró consiliario de los jóvenes universitarios de la Acción Católica de Roma.

En 1934 dejaría definitivamente a sus jóvenes para entregarse al movimiento de graduados católicos; Montini, absorbido completamente por los trabajos de la Secretaría de Estado, no rompería sus lazos amistosos con nadie. Monseñor Montini pasó luego al servicio exclusivo de la Secretaría de Estado, y esto significó quedarse, por veinte años, sin noticias sobre su existencia.

El 17 de septiembre de 1937, y a propuesta del cardenal Pacelli, secretario de Estado, era nombrado sustituto, pieza clave de Secretaría. Dos veces por semana le recibía el papa, sin contar las llamadas o los encargos urgentes que le enviaría por una secretaría particular. La reuniones eran jornadas metódicas e intensas, que se prolongaban frecuentemente hasta bien entrada la noche. En pocos meses Montini ajustó su paso al estilo del cardenal Pacelli. Éste le confió la ejecución y vigilancia de sus resoluciones. Las tareas discurrieron suaves sobre los raíles de la mutua comprensión.

El 10 de  febrero de 1939 moría Pío XI. Los cardenales reunidos en conclave eligieron nuevo papa a Eugenio Pacelli, Pío XII. Durante la primavera de 1939 en el Vaticano se tuvo que trabajar denodadamente a favor de la paz. Tres días después de la coronación de Pío XII, las tropas alemanas invaden Checoslovaquia y la anexionan al Reich. Animado por el estupor producido en el mundo, Mussolini se apodera de Albania.

Cuando en agosto de 1944 murió el cardenal secretario Maglione, Pío XII no le sustituyó, y prefirió gobernar personalmente, utilizando los servicios de sus dos peones, Tardini y Montini. La figura del papa se agiganta. Recibe una riada constante de visitas, y aprovecha este paso de todas las categorías humanas para adoctrinarles. Montini tuvo que estar en guardia permanente.

Estudió atentamente la figura de Pío XII, analizó sus reacciones y trató de profundizar en los motivos de su conducta. En las maneras de pensar y de hablar sobre temas internacionales, Montini hereda el estilo del papa que fue su maestro a lo largo de estos años intensos. Una lección profunda derivó Montini de las actitudes de Pío XII: su religiosidad, su fervor.

Montini lee y estudia. Fuera de algún viaje rápido, su vida está metódicamente regulada entre los papeles de Secretaría y los libros de su biblioteca. Madruga. A las nueve, acude al despacho, donde permanece hasta las dos o dos y media sin más salida que la hora de audiencia con el papa. Después del almuerzo, un breve descanso y un par de horas de lectura. A las seis de nuevo a la oficina, hasta las nueve. La cena, y casi siempre otro par de horas de trabajo nocturno en el despacho. Prolonga sus lecturas hasta la una y media o las dos de la madrugada. Se acuesta, con el despertador cargado en las siete de la mañana. Cinco horas de sueño que él dice están enriquecidas por el rato de siesta, al que no le gusta renunciar, y por eso aborrece las comidas oficiales.

El 30 de agosto de 1954 murió el cardenal Schuster, arzobispo de Milán; quedaba vacante una de las diócesis más importantes de la iglesia católica. A mediados de octubre era nombrado arzobispo de aquella diócesis Giovanni Battista Montini.

Pío XII moría el 9 de octubre de 1958. Montini tomó el primer avión y se fue a Roma: arrodillado ante el cadáver de Eugenio Pacelli, rezó y lloró. Los milaneses sentían un resquemor contra Pío XII: no había nombrado cardenal a su arzobispo. La verdad es que Pío XII en los últimos años no quiso crear cardenales; su plan de reforma de la Curia fracasó por las resistencias internas, y el papa se retrajo definitivamente.

El 28 de octubre de 1958, Angelo Roncalli era elegido papa. A mitad de noviembre de 1958, Juan XXIII anunció que el 15 de diciembre celebraría consistorio para conferir la púrpura cardenalicia a veintitrés prelados; la lista la encabezaba el arzobispo Montini. Trabajó intensamente en la preparación del concilio ecuménico.

En la primera sesión del Concilio Vaticano II, los cardenales Montini y Suenes entre otros cardenales notaron la necesidad inmediata de una planifícación organizada. Juan XXIII había anticipado sólo la primera sesión y no había previsto la cantidad de trabajo que surgió de ella. Montini y Suenens se dieron cuenta de que los temas y las posiciones eran mucho más complejas y exigían mucho más debate de lo que habían imaginado los organizadores. Se acercaron al Papa y lo convencieron de que adoptara su planificación, al menos en lo esencial. Como luego mostró la historia, los dieciséis documentos relevantes sobre los temas debatidos coincidían con el plan presentado al pontífice.

Juan XXIII murió seis meses después de clausurada la primera sesión del concilio. Dieciocho días después de la muerte del beato Juan XXIII, el 21 de junio de 1963, Giovanni Battista Montini, cardenal de Milán, fue elegido Papa. En su primer mensaje, dijo:

«Dedicaremos la mayor parte de nuestro pontificado a la continuación del Concilio Ecuménico Vaticano II, hacia el que vuelven sus ojos todos los hombres de buena voluntad […]. Queremos consagrar a esta tarea todas las energía que el Señor nos ha dado, para que la Iglesia católica, que brilla en el mundo como estandarte alzado sobre todas las naciones lejanas, pueda atraer hacia ella a todos los hombres por su grandeza, la renovación de sus estructuras y la multiplicidad de sus fuerzas, que proceden de toda tribu, lengua, pueblo y nación».

Así como Juan XXIII fue el padre espiritual del concilio, Pablo VI fue quien lo implemento. Su experiencia como secretario de Pío XII y sus conocimientos de política interna y externa de la Iglesia lo ayudaron mucho durante el pontificado.

Su interés en el desarrollo económico y la política mundial lo impulsó al lanzamiento de la Constitución sobre la Iglesia en el mundo moderno (Gaudium et Spes). Sus dotes como diplomático y administrativo le permitieron agilizar la aprobación de estos documentos. La Iglesia se beneficiaría con un Papa brillante y conocedor de lo que estabapasando.

Los años difíciles vinieron después del concilio. La implementación de los documentos conciliares implicaba gran cantidad de cambios que provocaron un fuerte impacto en todos los católicos. La misa pasó a rezarse en lengua vernácula, con los celebrantes mirando a la feligresía, y se publicó una nueva rúbrica. Miles de sacerdotes, creyendo que obtendrían permiso para casarse, se desilusionaron ante la encíclica Sacerdotalis Celibatus (Celibato sacerdotal) en la cual el Papa se negaba a cambiar esta disposición. En Estados Unidos renunciaron diez mil sacerdotes.

El desafío más difícil de Pablo VI en los años postconciliares fue tomar una decisión con respecto al control de la natalidad artificial. Nombró una comisión para que estudiase el tema. La mayor parte de los integrantes consideró que las pildoras anticonceptivas no eran contrarias a los fines del matrimonio o a las leyes de Dios. El Papa sufrió mucho con la definición de este tema; muchos lo apodaron “Hamlet” según la obra de teatro de Shakespeare, por parecerse al personaje que duda, al que le cuesta tanto decidirse.

Finalmente se decidió por la posición contraria a los estudios del comité, y publicó la encíclica Humanae Vitae. La reacción negativa de un gran número de teólogos, el apoyo ambiguo de los obispos y la resistencia de los laicos, especialmente en Europa y Norteamérica, fue un serio impedimento que debió enfrentar durante el resto de su papado. Sin embargo, otros señalaron la sabiduría pastoral de la encíclica y criticaron la “mentalidad anticonceptiva”.

Durante los primeros años después del concilio hubo una cierta euforia que llevó a algunas personas a pensar que la mayor parte de las tradiciones desaparecerían, incluso algunas verdades perennes de la tradición católica. Se creó una confusión con respecto a la doctrina básica y a la disciplina fundamental. Pablo VI respondió a esta mentalidad con una reafirmación de la fe católica en el Credo de Pablo VI.

Luego, dio a conocer Mysterium Fidei (Misterio de fe) para aclarar y corregir temas puntuales de doctrina, especialmente en relación con la Eucaristía, que no estaban claros en el popular Catecismo holandés.

Pablo VI enfrentó la durísima tarea de mantener unida a la Iglesia después del Concilio. La sobrellevó teniendo un criterio amplio; con paciencia, calma, fe, iluminando con inteligencia lo que debía entenderse y dirigiéndose pacíficamente a los opositores, y si creía que era necesario, sufriendo en silencio.

 Inauguró un estilo de liderazgo papal, imitado por Juan Pablo II, de “Papa viajero”. Fue a Manila, África y Jerusalén. El abrazo con el patriarca Atenágoras simbolizó el deseo de los católicos por reunirse nuevamente con los ortodoxos. Presidió el Año Santo de 1975, con millones de peregrinos que visitaron Roma. Piloteó la Iglesia por aguas turbulentas y la condujo a un curso seguro. Realizó uno de los mejores papados de la historia.

En 1968 asistió al XXIX Congreso Eucarístico Internacional de Bogotá, y en 1969 visitó Kampala (Uganda) y la sede de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra.

Su primera encíclica es la más representativa de su pensamiento; en Ecclesiam suam (1964) trata de la conciencia que la Iglesia debe tener de su misión, de su reforma y del diálogo con el mundo. La Populorum progressio (1967) examina los problemas actuales del desarrollo de las naciones más pobres. La más controvertida, y la última de las encíclicas de Pablo VI, la Humánete vitae, reafirma la doctrina establecida sobre el control de natalidad.

Cuando pronunció el primer discurso a los cardenales, antes de leer el texto oficial, les dirigió unas palabras en tono de confidencia: pedía su comprensión y su apoyo, «él, que tiene conciencia de sus propias limitaciones hasta el sufrimiento». Es la angustia de Pablo VI, sus dudas y sus temores; su valentía y su miedo; su diplomacia y su corazón de pastor; su modernidad y sus esquemas tradicionales.

Pablo VI, el papa de la fidelidad, un hombre angustiado, murió en Cas-telgandolfo en el mes de agosto de 1978.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo IV- Entrada: Papa Pablo VI  “el papa del postconcilio” – Editorial Planeta
Hitos en la Historia de la Iglesia Editorial Lumen de Alfred McBride
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

 

Biografia del Papa Pio XII Resumen de su Vida y Pontificado

Biografía del Papa Pío XII
Resumen de su Pontificado

Eugenio María Giovanni Pacelli (1876-1958) nació en Roma, el 2 de marzo de 1876, en el seno de una familia dedicada al servicio papa.Fue elegido papa Nº 260, cabeza visible de la Iglesia católica, desde el 2 de marzo de 1939 hasta su muerte en 1958. Antes de su elección al papado, Pacelli se desenvolvió como secretario de la Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, desde donde pudo alcanzar la conclusión de varios concordatos internacionales con estados europeos y americanos.Falleció el 9 de octubre de 1958, en su residencia de Castelgandolfo,

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A los pocos meses de nacer , su madre fallece, su  padre, Filippo Pacelli, fue decano del Colegio de Abogados, quien cuidó de sus cuatro hijos. En su ciudad natal, Eugenio hizo sus primeros estudios, para los que demostró poseer singulares condiciones, al tiempo que una madurez impropia de su edad, y desde niño se supo llamado por el Señor al sacerdocio.

Después de asistir a varias escuelas elementales, prosiguió sus estudios entre 1885 y 1893 en el Collegio Romano. La vocación sacerdotal ya latente desde los primeros años de adolescencia se consolidó en la paz secular de la basílica de Santa Inés, donde se había retirado a reflexionar durante el mes de agosto de 1894; su carácter le empujaba a encontrarse en la soledad con su propia conciencia. Comunicó la decisión a sus padres, y en los primeros días de octubre de aquel mismo año ingresaba en el Collegio Capranica.

En 1895 se inscribía en la facultad de filosofía y letras de la universidad de Roma, prosiguiendo al mismo tiempo sus estudios teológicos. Fue ordenado sarcedote el día de Pascua, 2 de abril de 1899, en la basílica de San Juan de Letrán, y celebraba su primera misa en la capilla Borghese de la basílica de Santa María la Mayor.

En 1901 ingresó en los servicios subalternos de la Secretaría de Estado del Vaticano y pronto fue nombrado minutante, cargo importante y de gran responsabilidad; el minutante prepara los esquemas de documentos para someter al examen del papa y los tiene que estudiar hasta su última redacción.

El 7 de marzo de 1911 era nombrado por Pío X secretario adjunto de la Congregación para los Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios. A principios de 1917, Benedicto XV, reemplazo de Pio X,  nombraba a Eugenio Pacelli nuncio apostólico de Munich, en Baviera, donde Pacelli desempeñó un papel esencial en las relaciones entre Roma y el gobierno alemán.

El 22 de junio de 1920, aún conservando su título de nuncio en Baviera, monseñor Pacelli fue nombrado nuncio en Alemania. Ocho días después presentaba sus cartas credenciales al presidente Eber: era el primer nuncio apostólico en Alemania. Su gestión diplomática desembocaría en un nuevo éxito: el 29 de marzo de 1924, el Parlamento bávaro aceptaba el concordato con la Santa Sede.

El 16 de diciembre de 1929, Pío XI, que había sucedido a Benedicto XV, le nombraba cardenal. Dos meses más tarde era designado secretario de Estado; así reemplazaba a su ya anciano y antiguo superior, el cardenal Gasparri, que había firmado poco antes la reconciliación entre Italia y el Vaticano.

El 10 de febrero de 1939 moría Pío XI. El conclave se reunía el 1 de marzo. El día 2, el mundo cristiano tenía su nuevo papa y Roma su obispo: Eugenio Pacelli; decidió llamarse Pío XII. Roma estuvo satisfecha de que uno de sus hijos llegara a papa; el último papa romano había sido Inocencio XIII, elegido en 1721.

Los primeros años del pontificado de Pío XII fueron tristes y angustiosos. Vivía los acontecimientos intensamente, e intensamente los sufría. Quería ser un padre para todos. Quiso proteger indiscriminadamente a los perseguidos, a los prisioneros evadidos que encontraron refugio en el Vaticano, a los condenados políticos.

Parecía siempre dispuesto a comprender y a perdonar. Pero cuando un día Roma fue amenazada de ser evacuada, cuando el espectro de la deportación se abatió sobre sus conciudadanos, el papa Pacelli se llenó de indignación, con una majestad casi orgullosa de su cargo, y asumió por primera vez el tono de juez severo, repetido en dos ocasiones más: en julio de 1943 cuando Roma fue bombardeada y en las Navidades de 1956, luego de los hechos de Hungría.

El 9 de mayo de 1945, Pío XII pronunciaba su primer discurso después de la contienda mundial con palabras de paz y de perdón; y lo terminaba así: «Ahora se trata de reconstruir el mundo.»

Como si preparase algunas de las reformas que impondría el Concilio Vaticano II, mandó adecuar los horarios de las misas a las necesidades del mundo del trabajo, redujo el tiempo de ayuno observado hasta entonces antes de recibir la sagrada comunión y el 1º de noviembre de 1950 dio al mundo católico la alegría de promulgar el dogma de la Asunción de María, un acto de amor en quien rezaba diariamente el santo rosario.

Creó cincuenta y seis nuevos cardenales, muchos de ellos no italianos, y canonizó a treinta y tres nuevos santos, San Pío X entre ellos. Además, precisó el concepto de culpa colectiva, se pronunció sobre la inseminación artificial y se ocupó muy prioritariamente de la enseñanza social de la Iglesia, ajustándola a las nuevas condiciones de  mundo laboral.

Nadie olvida que su testimonio de caridad y de santidad estuvo en el origen de conversiones, como la del gran rabino de Roma, Zolli. quien quiso tomar su nombre al bautizarse: Eugenio.

Su pontificado, plausible por todos y por tantas causas, tuvo y sigue teniendo muchos detractores, ya que mientras es considerado por la mayoría de los católicos que vivieron su tiempo como el Papa de la paz, no faltan quienes lo acusen de haber colaborado con el horror nazi.

Pío XII en septiembre de 1939, aunque sin hablar de agresión injusta, manifestó claramente su solidaridad con Polonia, invadida por los alemanes; en mayo del año siguiente envió a los reyes de Bélgica, Luxemburgo y Holanda tres telegramas en los que condenaba con duros términos la injusticia cometida. Después de esto Pacelli se encerró sustancialmente en el silencio, juzgando que cualquier protesta ulterior sería superflua y hasta contraproducente.

Apenas elegido papa, consultó con los cardenales alemanes presentes en el conclave y, de acuerdo con ellos, intentó un acercamiento distensivo con una carta personal a Hitler, que no tuvo una gran eficacia. La guerra no hizo más que agudizar la tensión entre el Vaticano y el Reich. Pío XII, tras haber protestado más o menos explícitamente contra las primeras agresiones realizadas por Alemania.

Pío XII utilizó las encíclicas más que otro medio, aparte de sus innumerables discursos, para expresar su pensamiento político. Ya en el primero de estos escritos, la encíclica Summi Pontificatus, de 20 de octubre, el papa condenó ciertos principios de política y de gobierno que se afincaban entonces en Europa y que, según él, acarrearían males inmensos a la humanidad.

Refiriéndose a la próxima organización mundial que se tenía que concretar con la creación de la ONU, el papa Pacelli insistía en un mensaje de 1944 sobre la unidad del género humano. «Del reconocimiento de este principio depende el futuro de la paz», advertía.

Excluido efectivamente de la reorganización del mundo, el papa quiso actuar de manera directa sobre la conciencia de los hombres. La reconciliación entre los estados se preveía imposible, y él quiso provocar la reconciliación de los espíritus. Fue el gran principio que dominó el curso del Año Santo de 1950.

Pío XII no se hizo jamás ilusiones sobre las aspiraciones pacíficas proclamadas por la Unión Soviética; desconfiaba de los rusos cada vez que pronunciaban la palabra paz. Cuando se convocó la conferencia de Ginebra de 1955, el papa dejó entrever sus recelos y su escepticismo.

De entre sus numerosos documentos, acaso quepa destacar: la Summi Pontíficatus, de 1939, sobre la decadencia moral en la humanidad; Divino afflante Spiritu, de 1943, sobre los estudios bíblicos; Mystici corporis Christi, del mismo año, sobre la naturaleza de la Iglesia; Mediator Dei et hominum, de 1947, sobre la liturgia; Munificentissimus Deus, de 1950, sobre el dogma de la Asunción de María; Fidei Donum, de 1957, sobre las misiones, y Miranda prorsus, de 1957, sobre los medios audiovisuales.

En los últimos años de su pontificado permanecía casi constantemente en su mesa de trabajo, sólo abandonada con ocasión de algunas ceremonias y audiencias; meditaba y escribía las enseñanzas con que nutría sus discursos y documentos.

Desde 1954 su salud se resintió notablemente. A lo largo de los años siguientes —los más oscuros y extraños de su pontificado—, sufrió en la soledad angustiosa y en un aislamiento inexplicable.

El 9 de octubre de 1958, en su residencia de Castelgandolfo, murió un gran Papa a quien correspondió gobernar la Iglesia en los años más dramáticos del siglo, los de la Segunda Guerra Mundial, tras haber vivido los horrores de la Primera. Fueron muchos los judíos ilustres e incontables los miembros de otras religiones que manifestaron su sincero dolor por la muerte del papa Pacelli.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: PIO XII “un heraldo de la paz entre luces y sombras” – Editorial Planeta
Historia de los Papas – Desde San Pedro a Francisco I – Editorial LIBSA Luis Tomás Melgar-Gil
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

 

Frases del Papa Francisco I Mensajes y Citas Para Reflexionar

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Mensajes y Citas Para Reflexionar

Papa Francisco I

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El 13 de marzo de 2013 es elegido Papa el cardenal jesuíta argentino Jorge Mario Bergoglio, nacido en Buenos Aires en 1936, en la quinta votación realizada el segundo día del cónclave. El nombre escogido para gobernar los designios de la Iglesia católica fue Francisco en honor a San Francisco de Asís. Es la primera vez que un hispanoamericano es nombrado pontífice y también la primera ocasión en que un miembro de la Compañía de Jesús accede al puestc más destacado de la Iglesia. «Comenzamos este camino de la Iglesia de Roma, obispo y pueblo juntos, en hermandad, amor y confianza recíproca. Recemos unos por otros, por todo el mundo, para que haya una gran hermandad. Este camino debe dar frutos para la nueva evangelización», dijo el papa Francisco a los miles de fieles que aguardaban en la plaza de San Pedro para conocer al nuevo Ministro de Cristo… Ver: Biografía del Papa Francisco

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Frase 1: “El Amor no debe nacer en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino en la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios”

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Frase 2: “Generalmente cada uno de nosotros está preparado para acusar al otro y justificarse a sí mismo. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres”

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Frase 3: “La calumnia es peor que un pecado, es una expresión directa de satanás”

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Frase 4: “Caminemos juntos todos, cuidémonos los unos a los otros, cuidensé entre ustedes, no hagan daño, cuidensé de la vida, cuiden la familia,…cuiden a los niños, cuiden a los viejos, que no haya odio, que no haya pelea, dejen de lado la envidia, dialoguen entre ustedes, que este deseo de cuidarse vaya creciendo en el corazón y acérquense a Dios”

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Frase 5: “Jóvenes están dispuestos a entrar en esta Onda de Revolución de Jesus”. A poner a Cristo en el centro de tu vida.

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Frase 6: “El abuso sexual de niños es una enfermedad”

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Frase 7: “No sirve de mucho la riqueza en los bolsillos, cuando hay pobreza en el corazón”

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Frase 8: “Que la bendición de Dios Todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espiritú Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén”

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Frase 9: “Jóvenes, jueguensé la vida por grandes ideales·”

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Frase 10: “Hay que salir al encuentro de los olvidados”

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Frase 11: “La paciencia de Dios no tiene límites”

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Frase 12: “Si el amor es solo un sentimiento, un estado psicofísico, no se construye nada”

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Frase 13: “A la gente la empobrecen para que luego voten por quienes los hundieron en la pobreza”

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Frase 14: “El primero en pedir disculpas es el mas valiente. El primero en perdonar es el más fuerte. El primero en olvidar es el mas feliz”

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reflexiones del papa francisco

Frase 15: “No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”

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reflexiones del papa francisco

Frase16: “Si una persona el gay y busca al señor, quien soy yo para juzgar”

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frases famosas del Papa Francisco

Frase 17: “Los jóvenes confunden felicidad, con un sofá”

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Frases Famosas de Francisco I

Frase 18: “Quien acaricia a los pobres, toca la carne de Cristo”

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frases papa francisco

Frase 19: “Cada Muerte Violenta Nos Disminuye Como Personas”

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Frases famosos del papa

Frase 20: “En todo  este proceso, largo,  difícil, pero  esperanzador  de la reconciliacion,  resulta indispensable  tambien asumir  la verdad”

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Frase 21: “El Primero en pedir disculpas es el mas valiente, el primero en perdonar es ek mas fuerte, el primero en olvidad es el mas féliz”

citas del papa francisco

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FRASES SOBRE LOS POBRES:

frases del papa francisco I sobre los pobres

“Viendo sus miserias, escuchando sus clamores y conociendo su sufrimiento, nos escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta” .

“Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo”.

“La palabra “solidaridad” está un poco desgastada y a veces se interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad” .

“La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común. La solidaridad debe vivirse como decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde” .

“Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia”.

“El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo se hizo pobre”.

“Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica” .

“Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos”.

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Un Mensaje Sobre Sobre el Perdón

mensaje sobre el perdon

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Vida y Obra de San Francisco de Asis Biografia Humildad y Pobreza

Vida y Obra de San Francisco de Asis

Dicen que a San Francisco lo declaró santo el pueblo, antes de que el Sumo Pontífice le concediera ese honor, y que si se hace una votación entre los cristianos (aún entre los protestantes) todos están de acuerdo en declarar que es un verdadero santo. Todos, aun los no católicos, lo quieren y lo estiman. Lo quieren los pobres, porque él se dedicó a vivir en total pobreza, pero con gran alegría. Lo estiman los ecologistas porque él fue el amigo de las aves, de los peces, de las flores, del agua, del sol, de la luna y de la madre tierra.

Nació en Asís (Italia) en 1182.

Su madre se llamaba Pica y fue sumamente estimada por él durante toda su vida. Su padre era Pedro Bernardone, un hombre muy admirador y amigo de Francia, por la cual le puso el nombre de Francisco, que significa: “el pequeño francesito”.

Cuando joven a Franciscolo que le agradaba era asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad, y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención. Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo.

Tenía veinte años cuando hubo una guerra entre Asís y la ciudad de Perugia. Francisco salió a combatir por su ciudad, y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que él aprovechó para meditar y pensar seriamente en la vida.

Al salir de la prisión se incorporó otra vez en el ejército de su ciudad, y se fue a combatir a los enemigos. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró. Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche en sueños sintió que le presentaban en cambio de lo que él había obsequiado, unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.

Francisco no llegó al campo de batalla porque se enfermó y en plena enfermedad oyó que una voz del cielo le decía: “¿Por qué dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?”. Entonces se volvió a su ciudad, pero ya no a divertirse y parrandear sino a meditar en serio acerca de su futuro.

La gente al verlo tan silencioso y meditabundo comentaba que Francisco probablemente estaba enamorado. Él comentaba: “Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora que existe”. Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí sabía muy bien que se estaba enamorando de la pobreza, o sea de una manera de vivir que fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como vivió Jesús. Y se fue convenciendo de que debía vender todos sus bienes y darlos a los pobres.

Paseando un día por el campo encontró a un leproso lleno de llagas y sintió un gran asco hacia él. Pero sintió también una inspiración divina que le decía que si no obramos contra nuestros instintos nunca seremos santos. Entonces se acercó al leproso, y venciendo la espantosa repugnancia que sentía, le besó las llagas. Desde que hizo ese acto heroico logró conseguir de Dios una gran fuerza para dominar sus instintos y poder sacrificarse siempre a favor de los demás. Desde aquel día empezó a visitar a los enfermos en los hospitales y a los pobres. Y les regalaba cuanto llevaba consigo.

Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía tres veces: “Francisco, tienes que reparar mi casa, porque está en ruinas”. Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián, que estaban muy deterioradas, y se fue a su casa y vendió su caballo y una buena cantidad de telas del almacén de su padre y le trajo dinero al Padre Capellán de San Damián, pidiéndole que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba (le tenía temor a la dura reacción que iba a tener su padre, Pedro Bernardone) Francisco dejó el dinero en una ventana, y al saber que su padre enfurecido venía a castigarlo, se escondió prudentemente.

Pedro Bernardone demandó a su hijo Francisco ante el obispo declarando que lo desheredaba y que tenía que devolverle el dinero conseguido con las telas que había vendido. El prelado devolvió el dinero al airado papá, y Francisco, despojándose de su camisa, de su saco y de su manto, los entregó a su padre diciéndole: “Hasta ahora he sido el hijo de Pedro Bernardone. De hoy en adelante podré decir: Padrenuestro que estás en los cielos”.

El Sr. Obispo le regaló el vestido de uno de sus trabajadores del campo: una sencilla túnica, de tela ordinaria, amarrada en la cintura con un cordón. Francisco trazó una cruz con tiza, sobre su nueva túnica, y con ésta vestirá y pasará el resto de su vida. Ese será el hábito de sus religiosos después: el vestido de un campesino pobre, de un sencillo obrero.

Se fue por los campos orando y cantando. Unos guerrilleros lo encontraron y le dijeron: “¿Usted quién es? – Él respondió: – Yo soy el heraldo o mensajero del gran Rey”. Los otros no entendieron qué les quería decir con esto y en cambio de su respuesta le dieron una paliza. Él siguió lo mismo de contento, cantando y rezando a Dios.

Después volvió a Asís a dedicarse a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián. Y para ello empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo.

La Porciúncula. Este nombre es queridísimo para los franciscanos de todo el mundo, porque en la capilla llamada así fue donde Fracisco empezó su comunidad. Porciúncula significa “pequeño terreno”. Era una finquita chiquita con una capillita en ruinas. Estaba a 4 kilómetros de Asís. Los padres Benedictinos le dieron permiso de irse a vivir allá, y a nuestro santo le agradaba el sitio por lo pacífico y solitario y porque la capilla estaba dedicada a la Sma. Virgen.

En la misa de la fiesta del apóstol San Matías, el cielo le mostró lo que esperaba de él. Y fue por medio del evangelio de ese día, que es el programa que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a predicar. Dice así: “Vayan a proclamar que el Reino de los cielos está cerca. No lleven dinero ni sandalias, ni doble vestido para cambiarse. Gratis han recibido, den también gratuitamente”. Francisco tomó esto a la letra y se propuso dedicarse al apostolado, pero en medio de la pobreza más estricta.

Cuenta San Buenaventura que se encontró con el santo un hombre a quien un cáncer le había desfigurado horriblemente la cara. El otro intentó arrodillarse a sus pies, pero Francisco se lo impidió y le dio un beso en la cara, y el enfermo quedó instantáneamente curado. Y la gente decía: “No se sabe qué admirar más, si el beso o el milagro”.

El primero que se le unió en su vida de apostolado fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, el cual invitaba con frecuencia a Francisco a su casa y por la noche se hacía el dormido y veía que el santo se levantaba y empleaba muchas horas dedicado a la oración repitiendo: “mi Dios y mi todo”. Le pidió que lo admitiera como su discípulo, vendió todos sus bienes y los dio a los pobres y se fue a acompañarlo a la Porciúncula. El segundo compañero fue Pedro de Cattaneo, canónigo de la catedral de Asís. El tercero, fue Fray Gil, célebre por su sencillez.

Cuando ya Francisco tenía 12 compañeros se fueron a Roma a pedirle al Papa que aprobara su comunidad. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba.

En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado rígida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: “No les podemos prohibir que vivan como lo mandó Cristo en el evangelio”. Recibieron la aprobación, y se volvieron a Asís a vivir en pobreza, en oración, en santa alegría y gran fraternidad, junto a la iglesia de la Porciúncula.

Dicen que Inocencio III vio en sueños que la Iglesia de Roma estaba a punto de derrumbarse y que aparecían dos hombres a ponerle el hombro e impedir que se derrumbara. El uno era San Francisco, fundador de los franciscanos, y el otro, Santo Domingo, fundador de los dominicos. Desde entonces el Papa se propuso aprobar estas comunidades.

A Francisco lo atacaban a veces terribles tentaciones impuras. Para vencer las pasiones de su cuerpo, tuvo alguna vez que revolcarse entre espinas. Él podía repetir lo del santo antiguo: “trato duramente a mi cuerpo, porque él trata muy duramente a mi alma”.

Clara, una joven muy santa de Asís, se entusiasmó por esa vida de pobreza, oración y santa alegría que llevaban los seguidores de Francisco, y abandonando su familia huyó a hacerse moja según su sabia dirección. Con santa Clara fundó él las hermanas clarisas, que tienen hoy conventos en todo el mundo.

Francisco tenía la rara cualidad de hacerse querer de los animales. Las golondrinas le seguían en bandadas y formaban una cruz, por encima de donde él predicaba. Cuando estaba solo en el monte una mirla venía a despertarlo con su canto cuando era la hora de la oración de la medianoche. Pero si el santo estaba enfermo, el animalillo no lo despertaba. Un conejito lo siguió por algún tiempo, con gran cariño.

Dicen que un lobo feroz le obedeció cuando el santo le pidió que dejara de atacar a la gente.

Francisco se retiró por 40 días al Monte Alvernia a meditar, y tanto pensó en las heridas de Cristo, que a él también se le formaron las mismas heridas en las manos, en los pies y en el costado.

Los seguidores de San Francisco llegaron a ser tan numerosos, que en el año 1219, en una reunión general llamado “El Capítulo de las esteras”, se reunieron en Asís más de cinco mil franciscanos. Al santo le emocionaba mucho ver que en todas partes aparecían vocaciones y que de las más diversas regiones le pedían que les enviara sus discípulos tan fervorosos a que predicaran. Él les insistía en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, y no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el santo evangelio.

Francisco recorría campos y pueblos invitando a la gente a amar más a Jesucristo, y repetía siempre: “El Amor no es amado”. Las gentes le escuchaban con especial cariño y se admiraban de lo mucho que sus palabras influían en los corazones para entusiasmarlos por Cristo y su religión.

Dispuso ir a Egipto a evangelizar al sultán y a los mahometanos. Pero ni el jefe musulmán ni sus fanáticos seguidores quisieron aceptar sus mensajes. Entonces se fue a Tierra Santa a visitar en devota peregrinación los Santos Lugares donde Jesús nació, vivió y murió: Belén, Nazaret, Jerusalén, etc. En recuerdo de esta piadosa visita suya los franciscanos están encargados desde hace siglos de custodiar los Santos Lugares de Tierra Santa.

Por no cuidarse bien de las calientísimas arenas del desierto de Egipto se enfermó de los ojos y cuando murió estaba casi completamente ciego. Un sufrimiento más que el Señor le permitía para que ganara más premios para el cielo.

San Francisco, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, en el cual alaba a Dios por el sol, y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación. “Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por los que saben perdonar”, etc. Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia. Su saludo era “Paz y bien”.

Cuando sólo tenía 44 años sintió que le llegaba la hora de partir a la eternidad. Dejaba fundada la comunidad de Franciscanos, y la de hermanas Clarisas. Con esto contribuyó enormemente a enfervorizar la Iglesia Católica y a extender la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco (franciscanos, capuchinos, clarisas, etc.) son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica. El 3 de octubre de 1226, acostado en el duro suelo, cubierto con un hábito que le habían prestado de limosna, y pidiendo a sus seguidores que se amen siempre como Cristo los ha amado, murió como había vivido: lleno de alegría, de paz y de amor a Dios.

Cuando apenas habían transcurrido dos años después de su muerte, el Sumo Pontífice lo declaró santo y en todos los países de la tierra se venera y se admira a este hombre sencillo y bueno que pasó por el mundo enseñando a amar la naturaleza y a vivir desprendido de los bienes materiales y enamorados de nuestra buen Dios. Fue él quien popularizó la costumbre de hacer pesebres para Navidad.

San Francisco de Asís: pídele a Jesús que lo amemos tan intensamente como lo lograste amar tú.

El cadáver desapareció de la vista de los hombres durante seis siglos, hasta que en 1818,
tras 52 días de búsqueda, fue descubierto bajo el altar mayor, a varios metros de profundidad.
El Santo no tenía más que 44 o 45 años al morir.

Muchos piensan que el flamante Papa Argentino Jorge Bergoglio quedó marcado por la vida del santo de Asís, algo que tendría su reflejo en el hecho que cuando fue cardenal en Buenos Aires haya sido reconocido por sus palabras y propuestas de lucha contra la pobreza. Además tiene fama de austero y de no ser amante de los lujos

La humildad y obediencia: San Francisco dio a su orden el nombre de “Frailes Menores” por humildad, pues quería que sus hermanos fuesen los siervos de todos y buscasen siempre los sitios más humildes. Con frecuencia exhortaba a sus compañeros al trabajo manual y, si bien les permitía pedir limosna, les tenía prohibido que aceptasen dinero. Pedir limosna no constituía para él una vergüenza, ya que era una manera de imitar la pobreza de Cristo. Sobre la excelsa virtud de la humildad, decía: “Bienaventurado el siervo a quien lo encuentran en medio de sus inferiores con la misma humildad que si estuviera en medio de sus superiores. Bienaventurado el siervo que siempre permanece bajo la vara de la corrección. Es siervo fiel y prudente el que, por cada culpa que comete, se apresura a expiarlas: interiormente, por la contrición y exteriormente por la confesión y la satisfacción de obra”. El santo no permitía que sus hermanos predicasen en una diócesis sin permiso expreso del Obispo. Entre otras cosas, dispuso que “si alguno de los frailes se apartaba de la fe católica en obras o palabras y no se corregía, debería ser expulsado de la hermandad”. Todas las ciudades querían tener el privilegio de albergar a los nuevos frailes, y las comunidades se multiplicaron en Umbría, Toscana, Lombardia y Ancona.

UNA ANÉCDOTA DE SU VIDA: “….en el otro episodio reaparece la voz que habla a Francisco. Un día, mientras está orando, desde el crucifijo escucha que la voz le dice: “Francisco, ve a reparar mi casa, ¿no ves que está toda en ruinas?” La interpretación que hizo el santo de esta exhortación —al menos según la tradición católica— permite trazar un neto contraste con la vida de Sócrates. También el sabio ateniense escuchaba una voz que le hablaba y lo exhortaba: “Haz música y practícala”. Sócrates había entendido siempre este mandato de manera no literal: él pensaba que la voz lo invitaba a ejercitar “la más bella música”, es decir, la filosofía, y a esto había dedicado su vida.

Recién cuando le faltaba poco para morir, condenado a beber la cicuta, Sócrates imaginó que tal vez la voz le había estado hablando literalmente y entonces -según cuenta Platón en el Fedón—probó ponerle música a unas fábulas de Esopo, En el caso de Francisco, en cambio, la interpretación fue completamente literal: tras escuchar la exhortación tomó las mercancías de su padre, fue a Foligno, las vendió, empeñó allí mismo su caballo, volvió a Asís a pie y le entregó el dinero al párroco de la iglesia de San Damián para que la reconstruyera. Además, se puso él mismo a reconstruir la iglesia, aprendiendo las complejas labores del obrero de la construcción, con todas sus fatigas y sinsabores.

Reconstruyó primero la de San Damián, luego una consagrada a San Pedro y finalmente la de Santa María de los Ángeles. A diferencia del Sócrates que retrata Platón, Francisco entendió que “la manera de construir un templo era construyéndolo”, por eso se puso a recoger piedras: “Se convirtió en un nuevo tipo de mendigo invirtiendo la parábola: un mendigo que no pide pan sino piedras”.

Las extraordinarias actitudes de Francisco enfurecieron a su padre. Pietro Bernardone también interpretó lo que escuchaba de manera tremendamente literal: encerró a su hijo como a un ladrón —o como a un desequilibrado, en todo caso, como el que lleva a cabo un grave perjuicio contra su propiedadv- y lo denunció. El joven se negó a comparecer ante los tribunales de la ciudad y se sometió, en cambio, al juicio del obispo. El juicio tuvo lugar en enero o febrero del año 1206, ante la mirada curiosa de todos los habitantes de Asís. Se sabe —por lo que sigue— que en ese momento la zona estaba toda cubierta de nieve.

El obispo conminó a Francisco a restituir a su padre el dinero pues “ninguna bendición podía coronar una buena obra realizada por medios injustos” y básicamente el incidente quedaría saldado. Francisco pronunció entonces la célebre frase: “Hasta hoy he llamado padre a Pietro Bernardone, pero ahora soy el siervo de Dios. Restituiré a mi padre no sólo el dinero sino cuanto pueda llamarse suyo, aun los vestidos que me dio”. Se despojó de sus ropas, se volvió hacia el obispo, recibió su bendición y salió casi desnudo al frío. Caminó hacia los bosques sobre el suelo helado entre los árboles cubiertos de escarcha: era un hombre sin padre, sin dinero, sin familia, sin ocupación, sin plan y sin esperanza. Se dice que entonces se puso a cantar. En provenzal.”


(Fuente: Revista Diario de National Geographic N°42 San Francisco de Asís)

Como se elige un nuevo papa? Muerte de Juan Pablo II

¿Como se elige un nuevo papa?

MUERTE DE JUAN PABLO II: Terminó la lenta agonía. El Vaticano anunció oficialmente que el anciano cuerpo de Juan Pablo II dijo basta a las 21.37 hora de Roma (16.37 hora argentina), en un día que quedará en la historia como el final de una era para la Iglesia Católica. La triste noticia trascendió primero extraoficialmente y luego fue confirmada por la Santa Sede.

Como se elige un nuevo papa? La muerte del Papa significa el final del doloroso calvario al que lo expuso su salud en los últimos años. El golpe final fue la infección urinaria que comenzó a sufrir ayer y que terminó por afectar el funcionamiento de todos sus órganos vitales. Juan Pablo II, de 84 años y enfermo de Parkinson, no pudo soportarlo.

Los principales problemas de su físico comenzaron con el atentado contra su vida del 13 de mayo de 1981. El ataque el turco de 23 años Alí Mehmet Agca le causó graves heridas y por las operaciones perdió 55 centímetros de intestinos.

Su recuperación fue milagrosa, pero no volvió a ser el mismo. Desde ese entonces, lo sometieron a otras intervenciones quirúrgicas por diferentes motivos: una infección, un tumor -que le significó otra extracción de intestinos-, una luxación de hombro, una rotura del cuello del fémur y una apendicitis.

En los últimos tiempos su deterioro físico se hizo más evidente. El mal de Parkinson que comenzó a afectarlo desde hace más de una década fue impidiéndole cada vez más caminar y hablar. Pero este año, sus problemas se aceleraron con las dificultades respiratorias. En una de las últimas recaídas, los médicos tuvieron que realizarle una traqueotomía e insertarle una cánula para permitirle un ingreso más fluido de aire en los pulmones. Y luego hubo que colocarle una sonda nasogástrica para alimentarlo.

En los próximos días se elegirá al sucesor de Juan Pablo II, que deberá ser votado por dos tercios de los cardenales que se reunirán en la Capilla Sixtina. Luego de ser electo, el nuevo Pontífice anunciará su nombre y vestirá los hábitos papales. Será el comienzo de una nueva era en el Vaticano.

Un reinado que duró más de 26 años

Karol Wojtyla, nacido el 18 de mayo de 1920 en la ciudad de Wadowice, al sur de Polonia, fue el primer Papa eslavo en la historia de la Iglesia y el primero no italiano en 455 años.

Su fe católica se manifestó ya siendo muy joven. A los 22 años ingresó en un seminario clandestino y cuatro años más tarde, ordenado sacerdote, partió hacia Roma para completar sus estudios. Su carrera fue en firme ascenso: a los 38 años fue promovido a arzobispo. Tres años después era cardenal. Y el 16 de octubre de 1978 lo eligieron Papa.

La línea de su papado fue básicamente conservadora. De todas maneras, luego de la caída del bloque socialista, Juan Pablo II también tuvo críticas hacia el “capitalismo salvaje” y la globalización.

Sus años de reinado estuvieron marcados por la enorme cantidad de viajes alrededor del mundo. Superó los cien, más de los que habían hecho todos sus predecesores juntos

Uno de los más importantes lo realizó en 1979 a su patria natal. Su presencia de diez días en la capital, Varsovia, sentó las bases que aceleraron la caída del gobierno comunista. Un año después se creó el sindicato Solidaridad, que resultó clave en la oposición al Gobierno.

Su visita a Cuba en 1998 fue otra de las consideradas históricas. “Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”, proclamó en el aeropuerto de La Habana. Su discurso apuntó a una modificación en las políticas del gobierno de Fidel Castro, pero también a la necesidad de que cambiara la política de EE.UU., de 40 años de bloqueo contra el régimen de la isla.

Hubo además en el reinado del Papa episodios, y de gran importancia, que involucraron a Argentina. El primero fue en 1979, cuando una mediación de su enviado, el cardenal Antonio Samoré, logró evitar la guerra con Chile por el Beagle.

En junio de 1982, durante el conflicto con Gran Bretaña por las Malvinas, fue su primera visita a Argentina. Su principal misión fue procurar la paz, a la que se llegó pocos días después de su partida de Buenos Aires, con la rendición de las tropas argentinas. El Papa volvería al país el 9 de abril de 1987, durante el Gobierno de Raúl Alfonsín.

La salud del Juan Pablo 11 se deteriora día a día.  El Papa viajero en su último viaje a Eslovaquia con una fuerza de voluntad que, sin embargo, no logró disimular sus múltiples dificultades físicas.  Tardó media hora en bajar del avión, saludó a sus fieles con una voz que apenas se oía y no pudo terminar su discurso.  Al deterioro natural de su edad (83) se suma el mal de Parkinson que padece desde hace tiempo y una creciente debilidad cardiaca agudizada por el intenso calor del último verano europeo. 

En su residencia veraniega de Castelgandolfo, en el sur de Roma, se lo vio fatigado y decaído.  Los allegados se niegan a admitir que el viaje que acaba de realizar pueda ser el ultimo y el propio Pontífice afirma que persistirá en su tarea hasta que le den las fuerzas.  Sin embargo, en el Vaticano se vive un clima de depresión y tristeza.

En octubre se cumplen 25 años de su pontificado, el cuarto más largo de la historia, sólo superado por los de León XIII, Pío IX, y San Pedro.  A partir de esa fecha, luego de las celebraciones del Jubileo por el aniversario, se concretarán los cambios en la cúpula de la Iglesia que el Papa polaco ha venido preparando.  Entre estos cambios se contarían el nombramiento de 50 nuevos cardenales y el pase a retiro de dos importantes protagonistas de su papado.

Su precario estado de salud, sin embargo, hace temer que no pueda llegar a realizar esas reformas.  Los nuevos purpurados, por ejemplo, se concretarían recién en el mes de febrero en el Consistorio convocado para el día 22.  Si Juan Pablo II no negara a esa fecha, la reforma en marcha quedaría trunca, ya que los cardenales no pueden tomar resoluciones que sólo le competen al Papa.  En consecuencia, si alguna reforma se haría , ésta sería responsabilidad exclusiva del nuevo pontífice.

Y, en este punto, se abre un nuevo escenario para el Vaticano: la inminencia de la elección de un Papa cuyo perfil responda a los características de los tiempos que corren, es decir, que sea capaz de posicionar acertadamente a la Iglesia Católica frente a un mundo en el que, neoliberalismo y globalización mediante, la injusticia social gana terreno día a día.

Los cambios.  Las reformas en la cúpula de la Iglesia podrían comenzar con la Curia Romana, es decir, por el gobierno central de la institución.  Dos son los cardenales que pasarían a retiro: Angelo Sodano y Joseph Ratzinger.

Sodano (75) es secretario de Estado y preferirla que su sucesor fuera Crescenzo Sepe, un personaje que no cuenta  la adhesión de los “vaticanistas”.  El favorito del propio Juan Pablo II, en cambio, sería Giovanni Battista Re (69), quien durante 13 años fue sustituto de la Secretaría de Estado, cargo que actualmente ocupa un arzobispo argentino: Leonardo Sandid (60).

Ratzinger (76), de origen alemán, es Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y un reconocido teólogo que desea dedicarse a tareas menos fatigantes que las que desempeña actualmente, como el estudio y la escritura.

Pero los cambios en las altas esferas eclesiásticas no terminarían aquí.  También sería removido monseñor Jean Louis Taurán de su cargo de “canciller” papas para ser promovido al purpurado.

Por su parte, varios arzobispos latinoamericanos, entre los que se cuentan los de México, Río de Janeiro, Montevideo, Asunción del Paraguay y Monterrey, serían promovidos al rango de “príncipes de la Iglesia”.

MODALIDAD PROPIA.  Mientras crecen los rumores en tomo a los posibles sucesores de Juan Pablo II, se advierte claramente que quien resulte electo deberá aportar características de personalidad muy fuertes para emular las de su antecesor.

En efecto, Karol Wojtyla tuvo un perfil bien definido desde el principio.  Fue el primer Papa eslavo en 450 años de regencia italiana.  Fue, además, el más viajero de toda la historia papas.  Realizó 102 viajes fuera de Italia y recorrió 1.246.000 kilómetros y 133 países, muchos de los cuales recibían por primera vez la visita de la suprema autoridad de la Iglesia Católica.  En muchos de esos viajes residió en hoteles y no en nunciaturas apostólicas como se hace tradicionalmente.

También promovió la autocrítica de la Iglesia impulsando el reconocimiento de pecados históricos.  Durante su papado se admitió, por ejemplo, la arbitrariedad del juicio a Gahleo Galflei.  De esta forma, aunque tardíamente, la Iglesia se hacía cargo de manera retrospectiva de los frenos impuestos al pensamiento científico en nombre de la fe.

Las guerras de religión, las divisiones entre iglesias, los tribunales de la Inquisición, la persecución de judíos y musulmanes, la crueldad de la conquista americana fueron tópicos frecuentes en sus discursos.  Dijo en la basílica de San Pedro el 12 de marzo de 2002: “Pedimos perdón por las divisiones entre cristianos, por el uso de la violencia por algunos cristianos en el servicio de la verdad y por el comportamiento de desconfianza y hostili dad usado a veces hacia los seguidores de otras religiones”.

POSTULANTES:
El perfil que debe tener un nuevo Papa se discute entre los cardenales que integran el Cónclave.  Para formar parte de él, es preciso que la edad sea inferior a los 80 años.  Tres de los cuatro cardenales argentinos ya han alcanzado esa edad, por lo cual sólo el jesuita Jorge Bergoglio podrá integrar dicho Cónclave y aspirar al papado.

El vaticanista del Senúnario norteamericano National Catholic Reporter, John AUen, autor del libro “Conclave” afirmó: “Un alto funcionario del Vaticano que asegura que él predijo la elección de Karol Wojtiyla, en 1978, hoy dice que está convencido de que Bergoglio será el próximo Papa.  El tiempo dirá.”

En su última columna editorial, Allen dijo, además, que el hecho de de que el nuevo papa fuera un latinoamericano sería “símbolo de la solidaridad de la Iglesia con el mundo en vías de desarrollo”.  Según Allen, Bergoglio recibió un espaldarazo en el reciente encuentro en la ciudad de Rimini de “Comunione e liberazione”, un importante movimiento católico italiano.  En cuanto al perfil de Bergoglio, considera que es el indicado por haber tenido una intensa intervención en la crisis social de la Argentina, lo que lo convertiría en un símbolo de los peligros que la globalización puede imponer en los países pobres.

El semanario italiano “L’Espresso,” por su parte, le dedicó un artículo titulado “Bergogllo en pole position”.  El vocabulario tomado de la ‘fórmula uno’ da cuenta de que el purpurado se encuentra en un alto lugar del ranking.

El nombre que hasta el momento suena como el favorito para ocupar la máxima jerarquía eclesiástica, sin embargo, es el del arzobispo de Milán, Diorúgi Tettamanzi.  Aunque los integrantes de la Iglesia prefieren no adelantar nombres ni características antes de tiempo, el progresivo deterioro físico del Papa ha instalado el tema tanto en la Iglesia como en la opinión pública.

Quienquiera que resulte el elegido, resulta fácil deducir que el nuevo Pontífice deberá unir a sus méritos religiosos la energía y la capacidad de un buen estadista.  La arbitrarla distribución de la riqueza, las políticas de dominación de los países más poderosos, las guerras y el desarrollo armamentista permiten esperar que sea capaz de adoptar una posición clara y firme.

COMO SE ELIGE UN NUEVO PAPA

El derecho a elegir un nuevo Sumo Pontífice, que está regulado por una serie de normas canónicas muy precisas y estrictas, está a cargo únicamente de los cardenales de la Santa Iglesia Católica Romana. El proceso de elección comienza después de la celebración de las exequias del Papa difunto, se gún los ritos prescritos, no antes del decimoquinto día de la muerte y no más allá del vigésimo. Los cardenales electores se reúnen en la Capilla Sextina del Palacio Apostólico, donde permanecerán encerrados y totalmente incomunicados hasta que hagan público el nombre del nuevo Pontífice.