Carlomagno

Biografia de Carlomagno Rey de los Francos Vida y Conquistas

Biografia de Carlomagno Rey de los Francos Vida y Conquistas

Rey de los francos y emperador de Occidente ( Aquisgrán 742-Aquisgrán 814). Era el hijo mayor de Pipino el Breve, que al morir en 768 repartió sus reinos entre sus dos hijos, Carlomagno y Carlomán.

Al primero le correspondieron Austrasia, Neustria y Aquitania occidental, y al segundo Borgoña, Provenza, Aquitania oriental, Gotia, Alamania, Turingia y Hesse.

Los dos hermanos no se llevaron bien, y al morir Carlomán quedó Carlomagno como único rey.

carlomagno rey de los francos
El reinado de Carlomagno se caracterizó por una especie de renacimiento de las letras y de las artes a causa del enérgico impulso del emperador. Alcuino de York fue el director de la escuela instalada en el propio palacio de Carlomagno. Desde allí Alcuino ejerció una gran influencia sobre el movimiento teológico, científico y literario de la época.
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BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació en Aquisgrán (actual Francia) el 2 abril del 742.

• Durante su juventud acompañó a su padre, el rey franco Pipino el Breve,
en las guerras por conquistar Aquitania.

• Al morir el rey, Carlomagno y su hermano Carlomán se repartieron el reino.

• En el año 771 murió su hermano y él se apoderó de sus territorios proclamándose rey de los francos.

• En 772 el papa Adriano I le pidió ayuda para expulsar al rey de los longobardos de Italia. Como respuesta invadió Italia, derrocó al rey (774) y asumió el título real. Entonces viajó a Roma para proteger las tierras papales.

• En el año 775 comenzó una campaña para conquistar y cristianizar a los sajones.

El emperador: Durante 788 primero combatió en la península ibérica y luego sometió a los bávaros.

• Entre los años 791 y 796 sus ejércitos conquistaron el territorio de los avaros (actuales Hungría y Austria).

• El papa León III lo coronó en Roma como el primer emperador del Sacro Imperio Romano, en el año 800.

• En el año 814 designó como sucesor a su hijo Luis (conocido como Luis I el Piadoso o Ludovico Pío), y lo coronó personalmente.

• Murió en Aquisgrán en el año 814.

Carlomagno se propuso restaurar la unidad del imperio romano de Occidente. Para ello realizó numerosas campañas contra los lombardos de Italia, los sajones de Alemania y los musulmanes de España.

Durante los cuarenta y siete años que duró su reinado creó un imperio que se extendió desde el Atlántico hasta el río Elba y del mar Báltico a Cataluña e Italia. Además apoyó y defendió la Iglesia Católica, y a través de ella fomentó el aprendizaje y las artes. También fundó muchas escuelas y formó profesores.

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BIOGRAFIA DE CARLOMAGNO

Carlomagno nació el 2 de abril en…, no se sabe dónde aún. Pudo ser en Lieja, en Aquisgrán (mas factible), en Ingelheim, en el castillo bávaro de Salzburgo.

Sus padres fueron Pipino «el Breve», primer rey franco de la dinastía carolingia, y Bertrada, hija de Cariberto, conde de Laón.

Poco antes de morir, Pipino creyó conveniente, para evitar discordias fraternales, ser él quien dividiese sus reinos entre sus hijos Carlomán y Carlomagno.

A éste le concedió territorios de la Austrasia, territorios de la Neustria y territorios de la Aquitania, que se extendían en arco de círculo en torno de un núcleo más coherente que fue el dejado a Carlomán. Pipino «el Breve» murió el 24 de septiembre del 768.

¿Qué se sabe de la infancia, de la adolescencia de Carlomagno? Poco más que nada. Que fue educado, poco y mal, en la corte de su padre, donde tanto abundaban los fieros guerreros como escaseaban los relativamente «sabios» que supieran leer y escribir. Eso sí, siendo muy joven aún, Carlomagno asistió con su padre a las campañas de la Aquitania.

Apenas el padre cerró los ojos definitivamente, los hermanos empezaron a competir por su poder.

Carlomagno, que en seguida tuvo que medir sus armas contra el duque de Aquitania, Hunaldo, pidió ayuda a su hermano; y a éste le prohibió prestársela su propia esposa Gerberga, una de las primeras princesas de los francos con actitudes de hombres y más aficionada a las intrigas diplomáticas y al estrépito de las armas que… a las labores propias de su sexo y condición social.

Pero sin necesidad de tal ayuda, Carlomagno venció a Hunaldo y, de paso, a un duque Lupus que andaba buscando tierras en las que enraizar un ducado que nadie sabía quién le había otorgado.

Carlomagno, muy sensible a la mujer, apenas salido de su adolescencia tuvo un hijo, Pepino, de una bellísima doncella llamada Himiltruda. Ya rey contrajo matrimonio con la hija de Desiderio, rey de los lombardos.

Pero como esta boda no fue del gusto del Papa Esteban IV, Carlomagno arrinconó a su esposa, sustituyéndola —771— por Hildegarda, sobrina del duque de Aquitania.

En este mismo año murió Carlomán; y su viuda Gerberga se apresuró a refugiarse en un lugar de la Lombardía, temiendo las represalias de su cuñado. Pero éste andaba por entonces metido en otras, mucho más productivas, empresas.

Carlomagno se unió al Papa y en nombre de éste rescató las tierras pontificias. Fue un éxito completo.

Carlomagno marchó a Roma, donde el 5 de junio del 774 recibió de manos del Papa la corona de hierro de los lombardos.

De regreso de Roma, tomó el título de rey de la Lombardía. Pero justo es consignar que este título fue poco menos que simbólico; pues aún necesitó varios años para terminar con las sublevaciones de varios nobles lombardos. Sólo con la sumisión del duque de Benevento —787—quedó terminada la conquista de la Lombardía.

Pocos años antes, en Roma, ante su egregio padre, los hijos niños de Carlomagno, Pipino y Carlomán, fueron consagrados por el Papa reyes, respectivamente, de Italia y Aquitania.

Luego de tomar aliento durante algún tiempo, instruyéndose con auténtico fervor en su corte, y dedicándose a dar un enorme impulso a la cultura y una gran moralidad a las costumbres, Carlomagno se decidió a dar batalla decisiva a los sajones, constantemente rebeldes desde los tiempos de Carlos Martel.

biografia de Carlomagno
Los triunfos de Carlomagno. Miniatura francesa del siglo XV. — Carlomagno triunfa de sus enemigos infieles y paganos. La admirable miniatura se conserva en un códice de la Biblioteca Nacional de Turín. Carlomagno imberbe, rodeado de sus generales, contempla tranquilamente el espectáculo. Espectáculo del que sólo contemplamos un acto, de los dos de que consta: el de la matanza de paganos e infieles. El otro acto, en el que salvan la pelleja quienes se bautizan, transcurre, por esta vez, entre bastidores.

Pero sus luchas contra éstos, dirigidos por los Engern, y contra los westfalios, dirigidos por Witiking, fueron largas y sangrientas. Y contribuyeron a esta tardanza las incursiones que hubo de hacer Carlomagno —778— en España para contener las aspiraciones territoriales del conde Teodorico.

Incursiones que fueron aprovechadas por Witiking para aniquilar en Suntel — 782 — a un gran ejército franco. La venganza del rey franco no se hizo esperar. Pues acudió al remedio con tropas de refresco y sólo en un día pudo «darse el gusto» de que fueran degollados cerca de cinco mil prisioneros westfalios.

Tamaña crueldad levantó nuevamente a los sajones; pero ya tenían perdida la partida. Entre los años 783 y 785 recibieron el bautismo más de diez mil sajones, entre ellos el feroz caudillo Witiking. Y los sajones pudieron comprobar la generosidad de Carlomagno en este detalle: que cuantas más tierras les quitaba, les fundaba en sus ciudades más obispados. Lo cual seguramente les sirvió de gran consuelo. Por lo tanto, la frontera septentrional del reino de Carlomagno tuvo este límite: el Eider.

Pero el ambicioso monarca deseó igualmente echar hacia allá, al Este y al Sur, las fronteras de su imperio.

Al Sur estaba España, país que le pareció magnífico a Carlomagno para establecer «algunas dependencias». En el 778 creyó conveniente ponerse de parte del conde de Barcelona en la contienda que éste sostenía contra Abderramán de Córdoba.

Pero la expedición enviada por Carlomagno sufrió en Roncesvalles la más estrepitosa de las derrotas, y en ella murieron los más nobles caballeros de Francia, entre ellos el archifamoso Rolando, héroe de cantares de gesta y de leyendas.

Esta derrota tanto escoció a Carlomagno que decidió dejarse de empresas tremendas y — a partir del año 785 — procurar introducirse en Cataluña poquito a poco. Así entró en Gerona — 785 —, en Barcelona —801—, en Tortosa —811—.

Así estableció su frontera, al Sur, a lo largo de ciento cincuenta kilómetros más acá de los Pirineos. Al Oeste creó una Marca, Bretaña, que confió a su hijo Carlos. Y también se preocupó de fijar los límites marítimos de sus territorios, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico.

A principios del siglo IX, el Estado franco se convirtió en un vasto imperio, cuyas fronteras quedaron consolidadas metódicamente.

vida del rey carlomagno
Escenas de la vida de Carlomagno. Miniatura iluminada. Carlomagno, uno de los monarcas más augustos, inteligentes, batalladores y legisladores de la Historia, tuvo… realmente tiempo para todo: ganar muchas batallas, y perder otras (Roncesvalles); casarse y descasarse con relativasfacilidad}’frecuencia,y aun tener amoríos de la mano zurda; inaugurar la Era de los tratados internacionales, a escala solemne, que luego no han de cumplirse; crear imperios… con los pies de barro ¡fomentar la cultura por medio de bibliotecas y de escuelas (de ello buenos testigos Alcuino y Eginardo); ser coronado emperador por el romano pontífice con aparatosidad de tetralogía wagneriana; departir amablemente con las damas y los caballeros (como recuerdan las escenas de esta miniatura); y morirse conservando el ánimo entero y la voz segura para impartir bendiciones y dar consejos a hijos y nobles… Quienes, por supuesto, no los seguirían… desde el mismo momento que a Carlomagno muerto le bajaron los párpados unos dedos suaves de dama palatina.

Su centro de gravedad se desplazó un tanto hacia el Este: Aix-la-Chapelle. Al Sur, la Marca Hispánica. Al Este, la Lombardía y Alemania. Al Norte, los territorios actuales daneses y flamencos. Al Oeste, la Marca Bretaña, tan codiciada por los normandos y sajones.

Aprovechando nuevas paces, y por recomendación del Pontificado, Carlomagno intentó garantizar la libertad de los cristianos en Siria y Palestina, por lo cual entabló relaciones amistosas con el califa de Bagdad Harum-al-Raschid — ¡ el de Las mil y una noches! —, al que envió valiosos regalos.

Poco después recibió Carlomagno a unos emisarios del patriarca de Jerusalén, quienes le traían, con las llaves de esta ciudad, preciosos recuerdos de la Tierra Santa, y algo más importante para la Cristiandad: la súplica de que el Emperador tomara bajo su protección la Ciudad Santa, librándola de los ataques y de las violencias de los infieles.

Aceptó Carlomagno misión tan honrosa y delicada, y por tal aceptación, y hasta hace pocos años, Francia ejerció cierto protectorado sobre los Santos Lugares.

Por todo lo cual, y por haber jurado fidelidad al Papa — 776 — asegurándole la posesión pacífica del Patrimonium Petri, es lógico que Carlomagno se creyera tanto soberano temporal como también cabeza de la Iglesia franca.

Y hasta punto tal, que con «cierto aire soberbio», se permitió escribir una epístola al Papa León III recomendándole que él se limitara a rogar a Dios por su Iglesia, pues del gobierno real de la Cristiandad ya se preocuparía él, Carlomagno. ¿Protestó León III de la inaudita recomendación de Carlomagno?.

Pues, no. Y tenía para ello sus buenas razones; entre ellas, que gracias al soberano franco pudo librarse del secuestro perpetrado contra él por sus enemigos, regresar a Roma y recobrar la tiara.

Por todo lo cual, León III, en el año 800, coronó a Carlomagno como emperador universal (Occidente y Oriente) en la basílica de San Pedro.

Lógicamente haciéndose ilusiones, Carlomagno envió embajadores a la corte de Bizancio, exigiendo ser reconocido emperador; tras muchos años de negociaciones muy complejas, en el año 812 consiguió que el obispo Miguel y los protoespadarios griegos Teognostos y Arsapio le dieran — en Aquisgrán — el título de Basileus, que se daba a los emperadores de Oriente.

En Aquisgrán consiguió Carlomagno que fuera proclamado emperador su hijo Luis.

Y el 28 de enero del 814 murió en Aix-la-Chapelle.

Rey Carlomagno

LA VIDA DEL EMPERADOR: Carlomagno ha sido descrito por su amigo Eginardo, que le conoció en la última parte de su vida.

Era muy alto, grueso y robusto. Su esqueleto, que fue medido en 1861, tiene un metro 92 centímetros.

Tenía los ojos grandes y claros, la nariz larga, largo el cabello, gran barba y rostro franco, el andar firme y la voz penetrante. Toda su persona imponía respeto.

Tuvo siempre buena salud, excepto al final de su vida, y aun entonces no se avenía a obedecer a los médicos que querían impedirle comer carnes asadas. Bebía poco y detestaba la embriaguez. Comía con preferencia carne asada, que le era servida en el mismo asador.

Llevaba el traje de los francos, camisa y calzón de hilo, túnica corta ceñida con cinturón, zapatos de cuero sujetos con cintas que pasaban rodeando la pierna. En invierno se ponía una casaca de piel de nutria. Cuando salía usaba un manto de lana.

Al costado llevaba espada con empuñadura de oro o plata. Solamente en las grandes fiestas consentía en ponerse el traje imperial, vestidura bordada de oro, manto sostenido con corchete de oro, diadema de oro adornada con piedras preciosas.

Todos los días iba a la iglesia. Mientras comía, hacía que le leyeran libros piadosos, sobre todo La Ciudad de Dios, de San Agustín. Al levantarse, en tanto iba vistiéndose, recibía a los que tenían algún pleito por juzgar.

Hablaba, por lo común, en lengua franca, pero sabía también latín. Había aprendido a escribir ya tarde y lo hacía con dificultad.

Como a todos los de su familia, le gustaba montar a caballo e ir a la caza del ciervo, del jabalí, del lobo, a las espesas selvas.

Carlomagno pasó la mayor parte de su vida en la guerra y durante mucho tiempo no tuvo residencia fija. Le gustaban sobre todo los terrenos selváticos cercanos a su dominio de Aquisgrán.

Hay en ellos fuentes termales en las que se bañaba con agrado. Mandó edificar un palacio y una iglesia y allí vivió sus últimos años.

LA FAMA DE CARLOMAGNO

Tan extraordinaria llego a ser la personalidad de Carlomagno, que las gentes fueron convirtiéndola en una personalidad metida de lleno en, los reinos de la poesía y de la fantasía. ¡El emperador de la barba florida!.

Así estaba en las portadas de las catedrales románicas, en los capiteles de las columnas del arte benedictino, en las monedas dineros de plata, en los medallones constelados de piedras preciosas, en las capas pluviales, en los frisos de las salas capitulares, en las miniaturas de los códices y de los libros de horas, en el pecho de los escudos, en la proa de los cascos…

En Francia, Italia, Germania, Inglaterra, Escandinavia, España se forjaron multitud de leyendas, se escribieron incontables poemas acerca de su personalidad.

Aun antes de que se realizase la primera Cruzada, la Iglesia le atribuyó un sensacional viaje a Oriente para conquistar y custodiar el sepulcro del Redentor.

Hasta muy mediada la Edad Media, le fueron atribuidas cuantas legislaciones servían de base para formar las de cada país. Son incontables las composiciones provenzales y francesas dedicadas a exaltar su persona y su obra.

Y tantas fueron las crónicas — más o menos rimadas — que se escribieron con Carlomagno como protagonista, que a este conjunto de obras histórico-literarías se le dio el nombre de Ciclo Carolingio, de arrolladura fuerza expansiva por toda Europa, estimulando imitaciones y prosecuciones.

De estas crónicas es la más famosa — y quizá la primera — la de Turpín, en prosa latina y erudita, atribuida al obispo de Reims Turpín, hacia el año 800; su tema lo constituyen episodios de la vida de Carlomagno.

A este ciclo pertenecen Historia de Carlomagno y de los doce Pares, Noble cuento del emperador Cario Maynes… Pero inclusive la figura del gran emperador interviene en otras obras de aventuras fantásticas como la Geste de Doon de Mayence, el poema de Huon de Bordeaux, la Chanson de Rolland…

En muchas Crónicas españolas, a partir de la Crónica General de don Alfonso el Sabio, existen fuertes inspiraciones de las guerras carolingias contra los árabes de España, en las que se crea a un Bernardo del Carpió vencedor de Roldan.

CARLOMAGNO SEGÚN SU BIÓGRAFO

ASÍ ERA CARLOMAGNO
(Según Einhard, escritor y biógrafo de Carlomagno.)

Carlos era grande, fuerte y de alta estatura… Se sabe que su altura era siete veces el largo de su pie. La parte de arriba de su cabeza era redondeada, sus ojos grandes y vivaces, su nariz quizá un poco larga, tenía pelo castaño, de cara sonriente y alegre.

Su apariencia era imponente y digna, ya estuviera de pie o sentado; aunque su cuello era un tanto corto y grueso y su barriga un tanto prominente… De acuerdo con la costumbre nacional, hacía mucho ejercicio a caballo y cazando… Nadaba a menudo y nadie podía ganarle.

Se vestía según la usanza de los francos; primero una camisa y pantalones de montar de lino, arriba una túnica con bordes de seda y unas calzas sujetas con fajas que cubrían sus piernas, pies y zapatos.

En invierno, como abrigo para el pecho y los hombros, usaba un saco entallado o pieles de marta.

Arriba de todo, se arrojaba un manto azul y también llevaba una espada con empuñadura de oro o plata ceñida a la cintura con un cinturón.

Carlos era moderado en la comida y especialmente en la bebida, ya que le disgustaban profundamente las borracheras… mucho más tratándose de él o de cualquiera que viviese en su casa.

Mientras comía, escuchaba alguna lectura u oía música. Los temas favoritos de lectura eran las historias y hazañas del pasado. También le gustaba leer a san Agustín, en especial el libro titulado La ciudad de Dios.

Carlos tenía gran habilidad para hablar lo hacía con fluidez y prontitud, y podía expresar todo lo que quería decir con la claridad más absoluta. Su dominio del latín le permitía hablarlo bien.

Cultivaba las artes liberales, tenía gran estima por sus maestros y les otorgaba grandes honores. Aprendió gramática con el diácono Pedro de Pisa…

Otro diácono, Alcuino, de origen sajón, era un gran erudito de la época y fue su maestro en otras ramas del saber.

También intentó con la escritura; acostumbraba a guardar tablillas de escribir bajo su almohada para practicar en los ratos libres; sin embargo, por haber empezado su aprendizaje tarde en la vida, no logró éxito en este aspecto.

Abrazó con gran fervor y devoción los principios de la religión cristiana que había conocido en la infancia. Por esto mandó a construir la bellísima basílica de Aix-la-Chapelle, la hizo adornar con lámparas de oro y plata, con puertas y barandas de bronce sólido.

Carlos estaba siempre dispuesto a ayudar al necesitado… No solamente dio el ejemplo ayudando dentro de su país sino que, cuando descubrió que había cristianos pobres en Siria, Egipto y Cartago, tuvo compasión de ellos y les envió dinero. Murió a la edad de setenta y dos años y lo enterraron en Aix-la-Chapelle.

Carlos estaba siempre dispuesto a ayudar al necesitado… No solamente dio el ejemplo ayudando dentro de su país sino que, cuando descubrió que había cristianos pobres en Siria, Egipto y Cartago, tuvo compasión de ellos y les envió dinero.

Murió a la edad de setenta y dos años y lo enterraron en Aix-la-Chapelle.

Ver: Historia de Alemania Primitiva Hasta el Imperio


Biografia de Lotario I «Luis el Piadoso»

Biografia de Lotario I – Luis El Piadoso

En Lotario I concurren tres factores distintos que permiten comprender los avatares de su vida: de un lado, la decadencia biológica de los Carolingios; de otro, el influjo germánico de ambición del poder y de concepción patrimonial del Estado; por último, la supervivencia de la idea imperial legada por su abuelo Carlomagno.

Lotario I
Lotario I, emperador de Occidente, fue el hijo mayor del emperador Ludovico Pío, también conocido en español como «Luis el Piadoso».
Fecha de nacimiento: 795 d. C., Reino de los francos en la época merovingia
Fallecimiento: 29 de septiembre de 855 d. C., Prüm, Alemania
Cónyuge: Ermengarda de Tours (m. 821 d. C.–851 d. C.)
Reinado: 843 – 855

En realidad, Lotario I presenta, aumentados, los defectos que esterilizaron la obra política de su padre Ludovico Pío.

Hijo de este príncipe y de Irmengarda, son muy poco conocidos los primeros años de su vida, que probablemente transcurrieron en la corte de Carlomagno hasta 815, cuando fue nombrado duque de Baviera.

En 817, cuando Ludovico procedió a la primera partición de su Imperio, Lotario recibió la dignidad imperial en Aquisgrán, junto con el reconocimiento de cierta supremacía sobre sus hermanos Luis y Pepino.

Desde 823 ejerció el gobierno de Italia, y el 5 de abril de 823 fue coronado emperador en Roma por el papa Pascual I. En los seis años sucesivos gobernó Italia dictando sabias disposiciones.

Pero luego acaudilló el movimiento de rebeldía contra Judit de Baviera y la obra de segregación territorial emprendida por su padre a favor de su último hijo, el futuro Carlos el Calvo.

En abril de 830 impuso a su padre las durísimas condiciones de Comoiésne, que fueron una humillación grandísima para el poder imperial. Pero falto de las condiciones de energía y tacto requeridas, perdió aquella oportunidad y fue de nuevo relegado a Italia, donde esperó el momento del desquite.

En 832 acudió, al parecer, en auxilio1 de su padre; en realidad contribuyó a la segunda humillación del emperador en Sigolsheim y a su ignominioso proceso (junio de 833).

¿Había quedado restablecida la unidad imperial en la persona de Lotario? Muy pronto se comprobó que el Imperio de los francos estaba herido de muerte. Ni Pepino ni Luis quisieron acatar la voluntad de su hermano mayor y contribuyeron a reponer a su padre en el trono (1° de marzo de 834).

Lotario se retiró a Italia, en cuyo país recibió las insignias imperiales después de la muerte de su progenitor el 20 de junio de 840. Pero si en 833 había fracasado en su propósito de unificación imperial, no tuvo mayor éxito en 840.

Un año después sufría una grave derrota en Fontenoy (25 de junio) a manos de sus hermanos Luis el Germánico y Carlos el Calvo. De ellos tuvo que aceptar el tratado de Verdún (843), por el que, si se le reconocía el título honorífico de emperador, se limitaba su poder a Italia y a una faja territorial hasta el mar del Norte a la que dio su nombre: Lotaringia.

Abandonando el gobierno de Italia a su primogénito Luis, Lotario residió en la Lotaringia, donde vivió en lucha contra los normandos, los nobles y sus hermanos.

Cayó enfermo en 855, y murió en el monasterio de Prüm, donde se había retirado después de abdicar, el 29 de septiembre del mismo año.

fuente

OTRAS BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Teodosio I «El Grande»
Biografia de Hieron de Siracusa
Biografia de Emperador Honorio
Biografia de Boecio
Biografia de San Ildefonso
Biografia de Lotario I
Biografia de Carlos II de Francia
Biografia de Luis de Gongora y Argote

Dinastía Capeto en Francia Historia, Origen y Conquistas

ORIGEN E HISTORIA DE LA DINASTIA CAPETOS EN FRANCIA

ORIGEN DINASTÍA DE LOS CAPETOS: En tanto los reyes carolingios perdían su poder en Francia, una dinastía poderosa se formaba en la comarca de París.

Un guerrero alemán, Roberto el Fuerte, nombrado conde para defender el territorio comprendido entre el Loire y el Sena, había sido muerto combatiendo a los piratas.

Su hijo Eudes, conde de París, defendió esta ciudad contra los ataques normandos y fue reconocido rey.

Pero el arzobispo de Reims no quiso consagrarle. Esperó a que el último descendiente de los carolingios, Carlos, tuviera quince años e hizo que le reconocieran rey los obispos y los señores del nordeste de Francia.

Durante un siglo, el título de rey de los francos fue disputado entre la familia carolingia y la de Roberto. Le ostentó el hermano de Eudes, Roberto (922-923); luego, el cuñado de Roberto, Raúl (923-926).

Pero el jefe de la familia, Hugo, llamado el Grande, no quiso tomarle, y durante cuarenta años más le abandonó a príncipes carolingios.

Por último su hijo, Hugo Capeto, se puso de acuerdo con el arzobispo de Reims para hacerse reconocer rey (987). El rey Luis V había muerto, pero quedaba su tío Carlos, duque de Lorena.

El arzobispo de Reims reunió en Senlis a los obispos y a los señores del Norte de Francia y les decidió a elegir a Hugo rey de los francos (1 de junio).

Luego le coronó en la Iglesia de Noyon en presencia de los obispos y de los grandes y el 3 de julio le consagró en la catedral de Reims.

Carlos intentó resistir y hubo combates. Pero fue traicionado y entregado a Hugo, que le conservó prisionero hasta que murió.

Hugo fue entonces reconocido rey en todo el reino de Francia. Sus descendientes le sucedieron de padre a hijo durante más de trescientos años. De esta suerte, la dinastía de los carolingios fue sustituida por la de Hugo, que se llamó mucho tiempo después de los Capetos.

El título de rey no era enteramente hereditario. Cada nuevo rey, antes de ser coronado, había de ser reconocido por los obispos y los principales señores del reino, y a esto se decía elegir.

Pero cuando el rey tenía un hijo, siempre se le elegía. Para mayor seguridad, los reyes tomaron la precaución de hacer elegir y consagrar a su hijo en vida. El padre y el hijo reinaban juntos en este caso.

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Hugo I Capeto (c. 938-996), rey de Francia y fundador de la dinastía de los Capetos. Era hijo de Hugo el Grande, conde de París, a quien sucedió en el año 956.

Su señorío sobre diversos feudos alrededor de París y de Orleans le convirtieron en virtual monarca de Francia, y cuando Luis V, último rey de la dinastía Carolingia, murió en el 987 sin dejar heredero.

La dinastía de los Capetos, que gobierna en Francia desde el 987 hasta 1328, fortalece el poder real al reafirmar los principios de la herencia, la primogenitura y la indivisibilidad de las tierras de la Corona.

hugo capeto

A la muerte de Hugo Capeto (996), su hijo Roberto el Piadoso le sucede sin dificultades, continuando la obra de su padre. Su biógrafo, nos ha dejado un retrato de él que lo representa, a la vez, desbordante de actividad y muy piadoso.

Aunque le gusta cantar acompañándose con el laúd, adora la caza y la guerra. No teme exponerse él mismo con ocasión de las expediciones de su reinado.

Sumiso ante la Iglesia, no vacila en incurrir en anatema, a causa de la pasión que siente por su prima Berta, por la que repudia a su primera mujer.

Solamente la esterilidad de su unión con Berta le obliga a casarse con Constanza de Arles, conocida por su avaricia y por su carácter agrio.

Llamado el Piadoso, se muestra, sin embargo, muy atento a los intereses temporales de la corona.

Si apoya el movimiento en favor de «la paz de Dios», es porque ve en él una tentativa muy interesante, salida del seno de la Iglesia y apoyada por la opinión pública, para limitar el azote de las   guerras   incesantes   entre   los   señores.

Blandiendo la amenaza del anatema, los obispos multiplican los obstáculos a la guerra feudal.

Al mismo tiempo, Roberto el Piadoso lucha personalmente contra la anarquía desarrollada por los señores feudales en su propio dominio, y no vacila en hacer arrasar los castillos que amenazan a las colectividades monásticas.

En el exterior, sus intervenciones son menos fáciles; bajo su reinado se inicia la oposición feudal, tan nefasta luego para la monarquía capeta. Especialmente amenazador resulta Eudes II, conde de Blois y de Chartres. El rey no puede hacer nada contra él cuando se anexiona la Champaña, cercando así el dominio real.

El sucesor de Roberto el Piadoso, su hijo Enrique I (1031-1060), carece del valor de su padre. No ha podido hacer frente a los poderosos adversarios con que ha tenido que enfrentarse.

Se ha atraído la reprobación de la Iglesia por su avidez, que lo ha impulsado a vender los obispados y otras dignidades eclesiásticas.

Aunque coronado con varios años de anticipación, ve cómo le disputa el trono su hermano más joven, Roberto, que goza de la preferencia de su madre, la reina Constanza.

Los grandes vasallos están encantados de participar en esta crisis familiar; el conde de Blois entra en la liza a favor de Roberto, y sus rivales, el duque de Normandía, el conde de Anjou y el conde de Flandes, permanecen fieles al rey.

Finalmente, Enrique I logra sus objetivos, indemnizando a su hermano con el ducado de Borgoña.

Pero la guerra continúa hasta 1044 contra Eudes de Blois, y luego, durante varios años, contra los hijos de éste.

Para recompensar el apoyo de Roberto el Diablo, duque de Normandía, durante la guerra contra el conde de Blois, el rey de Francia le cede el Vexin francés.

Esta nueva amputación de su dominio no se le agradece, pues el sucesor de Roberto el Diablo, Guillermo el Bastardo, futuro conquistador de Inglaterra, se revela como su más feroz enemigo.

El ejército real sufre dos humillantes derrotas en el país normando: una, en Mortimer, y otra, en el vado de Varaville, sobre el río Dive.

La guerra no ha terminado todavía, cuando Enrique I muere, el 4 de agosto de 1060, legando a su hijo menor, Felipe I, una situación más grave que la encontrada por él, a su subida al trono. Su reinado ha representado un incontestable retroceso del poder real.

La regencia, confiada al conde de Flandes, Balduino V, conoce una relativa tranquilidad.

El feudalismo fortifica sus posiciones; en el interior del dominio real, un pequeñoseñor, como el de Puiset, podrá tener en jaque a Felipe I. Un acontecimiento de excepcional gravedad caracteriza este período: la conquista de Inglaterra por el duque de Normandía, Guillermo, el más poderoso de los grandes vasallos.

Desde entonces, el duque de Normandía se convierte en el igual del rey de Francia, y la rivalidad de ambos reinos va a determinar la actitud del gobierno capeto, así como sus relaciones con el feudalismo, tanto si los grandes vasallos permanecen neutrales como si adoptan uno u otro partido.

Sin embargo, Felipe I supo aprovecharse del tiempo de respiro que le dejó Guillermo el Conquistador, demasiado ocupado en la reorganización de Inglaterra, para intervenir con eficacia en el continente; se esforzó en realizar, del mejor modo, un programa de beneficios materiales y de adquisiciones, explotando las rivalidades y el desorden.

Concede su alianza al mejor postor, acrecentando así el dominio real.

En el momento en que Felipe I habría podido aprovecharse de la crisis que atravesaba el reino anglo-normando, a consecuencia de la rivalidad de los hijos de Guillermo el Conquistador por la sucesión paterna, se aisló en una extraña inercia, que contrasta con la actividad de los primeros años de su reinado.

Según el historiógrafo Suger, abad de Saint-Denis, se convirtió en un «esclavo del placer».

Repudió a su mujer, Berta de Frisia, en 1092, V llevó una vida de voluptuosidad con su nueva esposa, Bertrada de Montfort, que había quitado al marido, Fulco el Rechin, conde de Anjou. Así, con una gran prudencia, Felipe I supo restablecer en su reino una situación que, a su subida al trono, se anunciaba desastrosa.

Bajo su reinado, se pueden apreciar incluso las primicias de una centralización; da una mayor importancia a los oficiales de palacio, sus altos funcionarios, e inicia una especialización de los cargos.

LAS GRANDES CONQUISTAS DEL DOMINIO REAL

Para los primeros Capetos, hacer respetar su autoridad significaba poseer la fuerza material capaz de imponérsela a sus vasallos. Disponiendo de un dominio bastante restringido, la realeza capeta sólo cuenta con escasos recursos financieros.

Dar nuevas tierras en feudo, para constituir fuerzas militares superiores, es arriesgarse a debilitar aún más el patrimonio real, como han probado anteriores experiencias.

La conquista o la anexión por vía diplomática son los únicos medios para triunfar sobre las pretensiones de sus vasallos. Roberto el Piadoso inaugura brillantemente esta política con la conquista de Borgoña.

En 1002, el duque de Borgoña, Enrique, tío de Roberto, muere sin heredero. Su sucesión es reivindicada por el rey y por un vasallo de Enrique, el conde de Borgoña, Otón-Guillermo.

Ambos competidores se enfrentan, y se suceden varias campañas. Por fin, Roberto el Piadoso acaba la conquista, en 1016, y confía la administración del ducado a su hijo Enrique, aunque él se reserve la soberanía.

Desgraciadamente, Enrique I lo cederá en feudo a su hermano Roberto, tronco de una nueva casa ducal de Borgoña, perdiendo así todo el beneficio de la hazaña paterna.

Enrique I agregó al dominio real el condado de Sens, al faltar un heredero directo.

Felipe I se anexiona al Gatinais, en 1068, aprovechando un conflicto entre los dos pretendientes a la sucesión del conde de Anjou; poco tiempo después, le toca el turno a Corbie, reivindicada en vano por el conde de Flandes; en 1077, se apropia del Vexin francés; en 1101, compra Bourges a su vasallo el conde de Bourges, que necesita dinero para marchar a la Cruzada. Pone así el pie en Aquitania, y prepara la extensión de la influencia capeta en el sudoeste.

El camino a seguir está claro; los brillantes sucesores de estos primeros Capetos, cuya historia se conoce mal, a decir verdad, por falta de documentos suficientes, van a continuar esta política de conquista y anexión, y no está lejos el tiempo en que la jurisdicción del poder real coincida con las fronteras de Francia.

Fuente Consultada:
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III edit. CODEX – La Dinastía Capeto de Francia

Missi Dominici Inspectores Reales del Rey Carlomagno

CONTROL ADMINISTRATIVO DEL IMPERIO CAROLINGIO

Carlomagno también generalizó, para asegurar mejor la cohesión de las diferentes partes del Imperio, una institución que existía ya bajo los merovingios: la de los comisarios o missi dominici. Carlomagno hizo de ellos un medio regular y permanente de inspección. Los «enviados reales» cumplían al pie de la letra la misión que se les encomendaba. En general, son dos: un conde y un obispo. Este papel de agente de la autoridad pública que correspondía por derecho al obispo, es muy característico de la época.

Carlomagno, rey de los francos desde 768 hasta 814,  fue uno de los más grandes líderes militares de la edad media. Conquistó gran parte de Europa central y occidental. Como rey, dio un nuevo impulso a la vida cultural y política, que había entrado en decadencia cuatro siglos antes tras el declive del Imperio romano.

missi dominici de carlomagno

Los dos tienen un poder de jurisdicción muy extenso, tanto sobre los agentes locales como sobre los particulares, en el ámbito fijado por el emperador en el momento de su nombramiento (entre 6 y 10 condados, a partir del siglo IX). A finales del reinado de Carlomagno, éstos tienen que girar una visita obligatoriamente cuatro veces al año por su jurisdicción o missaticum. Si, después de la muerte de Carlomagno, esta institución decae rápidamente, es debido a la insuficiencia numérica de personas seguras a las cuales pudiera ser confiado tal puesto, así como a la falta de tiempo y a la frecuente ignorancia del derecho.

En última instancia, todo descansa en la personalidad del soberano. Su sola presencia en un lugar puede imponer sus decisiones a los condes y a los grandes, y hacer reinar el orden y la justicia en una época en la que sólo es le-galmente válida la orden transmitida oralmente. He aquí por qué Carlomagno lleva una vida de perpetua andanza, de un extremo al otro de su vasto imperio. A partir del año 808, cuando su enfermedad le fija en Aquisgrán, su capital, las capitulares señalan sin cesar los abusos. Alrededor del emperador, los cuadros administrativos son tan insuficientes como los locales.

El Imperio carolingio no tuvo jamás el armazón sólido de un verdadero estado, a causa de una economía rudimentaria, de una estructura social anárquica. Reina la confusión entre los empleos domésticos y las funciones públicas, tanto en el palacio carolingio como en el merovingio, que siguen siempre al emperador en todos sus desplazamientos. El gran capellán, principal consejero eclesiástico del soberano, dirige la capilla, conjunto de sacerdotes y de clérigos encargados del servicio religioso del rey y de su séquito, y de la redacción de ciertas actas reales.

Cuatro dignatarios laicos son una herencia merovingia: el senescal, que ocupa el primer puesto en la servidumbre real, encargándose del abastecimiento; el copero, de las bebidas; el condestable, del servicio de las cuadras; el camarlengo, de los departamentos privados del rey y de su tesoro personal, conjunto de regalos preciosos y de dinero acuñado. Estos grandes oficiales palatinos son los consejeros del rey; pueden ser enviados en misión diplomática o recibir cargos militares con mando. Entre ellos, un solo oficial tiene un papel permanente mucho más importante, el conde palatino, creación carolingia. Es el presidente normal del tribunal palatino y, por delegación del soberano, puede hacer justicia sin apelación.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX Tomo III Carlomagno

El Sacro Imperio Romano Germanico Reformas de la Iglesia

El Sacro Imperio Romano Germánico
Reformas Esclesiásticas de Gregorio VII

mapa sacro imperio romanoEl Sacro Imperio Romano Germánico (en alemán: Heiliges Römisches Reich Deutscher Nation «Sacro Imperio Romano de Nación Alemana»; o Sacrum Romanum Imperium Nationis Germaniae en latín) fue la unión política de un conglomerado de estados de Europa Central, que se mantuvo desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.

Formado en 962 de la parte oriental de las tres en que se repartió el reino franco de Carlomagno en 843 mediante el Tratado de Verdún, el Sacro Imperio fue la entidad predominante de Europa central durante casi un milenio, hasta su disolución en 1806 por Napoleón I.

A partir del imperio de Carlomagno, Alemania quedó anarquizada y dividida en numerosos Estados independientes: entre ellos se destacaban los grandes Ducados de SAJONIA, TURINGIA, FRANCONIA, SuARIA, BAVIERA y LORENA, además de las importantes provincias fronterizas o Marcas del Este (AUSTRIA), de BOHEMIA y del BRANDEBURGO.

Sabemos también cómo los Señores feudales, a la muerte de Luis EL Niño, último descendiente de Carlomagno, se pusieron de acuerdo y en el año 910 eligieron como rey a CONRADO, DUQUE DE FRANCONIA, comenzando así a gobernar el país reyes alemanes.

Y ya desde un comienzo, tanto este monarca como su sucesor, ENRIQUE, DUQUE de SAJONIA, llamado el “Pajarero” por su afición a la caza de aves, estuvieron en perpetua lucha contra los Señores. Sólo el siguiente monarca pudo cimentar verdaderamente la grandeza de Alemania.

OTON EL GRANDE: Este príncipe, tan notable como Carlomagno, llegó al trono en el año 940, y resuelto a lograr la unidad del país, pasó los primeros años sometiendo a diversos príncipes, logrando finalmente que todos reconocieran su dependencia al reino.

Luego hizo frente a varias amenazas exteriores: contuvo con gran energía varias incursiones de los normandos y de los eslavos, e incluso salvó a Europa de los húngaros, destrozándolos en la batalla de Lech.

Más tarde tuvo que intervenir en Italia. Este país, desde la muerte de Carlomagno se hallaba en el mayor desorden, dividido en innumerables principados  enemistados entre sí, y, además, devastado por los árabes, húngaros y normandos que lo saqueaban a su  gusto.

Otón llegó a la península en el año 960 llamado por ADELÁIDA, reina de la Lombardía, que había sido destronada por varios príncipes sublevados: la repuso en el trono y luego se casó con ella, convirtiéndose así en soberano del norte de Italia.

EL NUEVO IMPERIO: Poco después, Otón volvió nuevamente a Italia. Los príncipes feudales se habían alzado contra el Papa JUAN XII y éste de inmediato solicitó su ayuda. El rey entró en Roma en el 962, repuso al Pontífice en sus funciones y luego en una solemne ceremonia fue coronado como Emperador de Occidente

Así, por segunda vez, la Iglesia restauraba el Imperio, con- el fin de conseguir la unidad del Continente.

El Emperador y el Papa serían las dos columnas de la nueva Europa Cristiana y se apoyarían mutuamente para imponer el orden en esos tiempos tan calamitosos. Ambos se juraban fidelidad: el Emperador sería el protector de la Cristiandad, y el Papa, por su parte, sólo podía ser elegido contando con su aprobación.

Lamentablemente estas buenas intenciones no se cumplieron, por el contrario, comenzó desde entonces una lucha que duró más de 200 años para dilucidar la superioridad del Papa o del Emperador: finalmente concluyó con el aniquilamiento político de ambos.

Ya desde los primeros momentos hubo complicaciones: durante los cien primeros años ocuparon el trono imperial varios excelentes monarcas, pero que tuvieron la constante pretensión de intervenir en los asuntos internos de la Iglesia, creyéndose los dueños de la Cristiandad, en vez de sus defensores.

LA REFORMA ECLESIÁSTICA-Nicolás II: Por ese mismo tiempo, la Sede Pontificia Romana se hallaba gravemente comprometida. Hasta Carlomagno, los Papas habían sido elegidos por el pueblo de Roma; luego, con el feudalismo, cayeron bajo la influencia de los señores; y ahora, bajo el Imperio, debían contar con la aprobación de los Soberanos. De esta manera se originaron los graves problemas, algunos tratados en este sitio.

Evidentemente so necesitaba una doble reforma: independizar la Iglesia de la influencia de los emperadores, y renovar la disciplina interna. Ambas cosas se consiguieron en muy poco tiempo.

En el año 1059 fue elegido Papa Nicolás II, quien de inmediato y sorpresivamente reglamentó la elección de los futuros Pontífices: en adelante los elegirían los cardenales, sin necesidad de la aprobación del Emperador. La medida fue muy alabada, pero parecía constituir un desafío al poder Imperial.

De acuerdo al nuevo sistema aprobado, en el año 1073 fue elegido Papa el monje cluniacense HILDEBRANDO, quien tomó el nombre de Gregorio VII: fue el personaje destinado a ser el gran reformador y una de las figuras cumbres de la Iglesia.

Hombre culto y muy piadoso aunque sumamente enérgico, Gregorio desde el comienzo de su gobierno se sintió llamado no sólo a purificar la Iglesia de todas sus fallas, sino además a imponer la Supremacía Pontificia sobre todos los reyes y príncipes cristianos.

De inmediato Convocó un Concilio que aprobó sus famosas reformas: bajo pena de excomunión se prohibió a los civiles entrometerse en los asuntos internos de la Iglesia y Conceder cargos eclesiásticos. Igualmente se penaba a los clérigos que los aceptaban o que- vivían casados.

Al mismo tiempo, numerosos Legados Pontificios se desplazaron por toda Europa controlando el cumplimiento de estas directivas y deponiendo a los transgresores. Entonces fue cuando intervino en la lucha el Emperador.

Ocupaba el trono imperial Enrique IV, príncipe prepotente y ambicioso, poco dispuesto a perder sus privilegios. En un principio desconoció las órdenes pontificias y siguió confiriendo dignidades eclesiásticas como si nada hubiera pasado. El Papa Gregorio le envió amistosos avisos y luego protestas más enérgicas. Finalmente, se vio en la necesidad de excomulgarlo, y —cosa nunca vista— lo destituyó de emperador.

El resultado fue tremendo: los príncipes alemanes se reunieron en Tribur y apoyaron al Papa desligándose del soberano.

Entonces Enrique, viéndose perdido, se dirigió a Canosa, en el norte de Italia, en donde se encontraba el Papa, para pedirle el levantamiento del castigo. Gregorio, luego de tres días de espera, le concedió el perdón y lo restituyó en el trono. 5u triunfo había sido completo.

Con todo, la lucha aun prosiguió unos años hasta que con el «Concordato de Worms” se llegó a un acuerdo: el Papa y el Emperador reconocían su mutua independencia en sus respectivas esferas.