Ciudad de Dirinkuyu

Ciudades Maravillosas del Mundo Grandes y Bellas Ciudades

EUROPA: A lo largo de los siglos, las mas antiguas e importantes ciudades de la historia han atravesado periodos de prosperidad y otros de decadencia, desde aquellas primeras formas de administración. Solo hay que pensar que en la Alta Edad Media, tras la caída del imperio, la población de Roma no llegaba ni siquiera a los 20.000 habitantes, mientras que pocos siglos después llegó en seguida de nuevo al millón. Mas dramática fue la peripecia de Atenas que, en 1832 cuando fue declarada capital de la Grecia independiente, solo era una pequeña población de 5000 personas. Esta ha sido una constante entre las grandes ciudades del viejo continente.

A lo largo de la historia de Europa se han ido creando centros urbanos, y hoy su estructura es el resultado de la estratificación realizada en diferentes épocas, de estilos arquitectónicos y proyectos urbanísticos que han creado, en conjunto, ciudades modernas y al mismo tiempo preciosos testimonios de la historia continental. La mayor parte de las ciudades europeas eran florecientes centros históricos a comienzos de la Edad Moderna, cuando las grandes expediciones y el gran comercio garantizaban riqueza y prosperidad a la burguesía mercantil.

Pero si es cierto que Europa es un continente profundamente marcado por la historia de sus ciudades y de sus respectivas vivencias, también lo es que la urbanización lenta y progresiva del continente no ha dado lugar al nacimiento de ciudades de proporciones gigantescas como las americanas o las asiáticas, a excepción de Moscu, Londres o Paris que sumando las gigantescas áreas metropolitanas que las rodean se acercan a los 10 millones de habitantes.

Europa apenas cuenta con 36 ciudades de un millón de habitantes, y con otras 62 que tienen entre 500.000 y un millón. En conjunto suman 212 millones los ciudadanos europeos que viven en las 500 ciudades que tienen mas de 150.000 habitantes, sobre un total de 727 millones;: apenas el 29 % de la población. Si bien el 75 % de la población europea vive, de hecho, en un marco urbano, el continente mas densamente poblado de la Tierra ha vivido un proceso de urbanización diferente al de los otros continentes, dándose un predominio de los pequeños centros sobre las grandes ciudades.

La historia diferente y particular de cada ciudad europea ha sido un complejo laboratorio del desarrollo urbano. Así la topografía de Roma —o al menos su centro histórico— refleja todavía hoy, en el esplendor de sus edificios o en sus callejuelas angostas, la edad de oro del Estado Pontificio, a caballo entre el Renacimiento y el siglo XVIII; el piano de Paris debe su planteamiento a las ambiciones de Luis XIV y, a la vez, a las audaces soluciones urbanísticas de Georges Haussmann, el arquitecto de Napoleón III.

San Petersburgo, por su parte, es el resultado del proyecto visionario de Pedro el Grande, que a comienzos del siglo XVIII quiso crear para la gran Rusia una capital de nivel europeo. Los canales de Venecia y de Amsterdam son el fruto de las seculares batallas contra la violencia de las aguas, de progresos hidráulicos y de nuevos baluartes que se superponen a los antiguos. En todas las ciudades europeas, en suma, siglos de trabajo del hombre se concentran en torno al corazón vivo del centro urbano. Y hoy, el respeto a la historia y la conservación de sus testimonios, prevalece sobre otras exigencias de la modernidad.

ASIA: Estos testimonios nos indican que hacia finales del Neolítico se desarrollaron en Asia sociedades humanas complejas y articuladas, que en las tierras fértiles del continente más grande del planeta descubrieron las primeras formas de organización. Hoy día, Asia —que ocupa 45 millones de kilómetros cuadrados, es decir algo menos de un tercio de la totalidad de las tierras emergidas— cuenta con 3700 millones de habitantes, que equivalen al 61 % de la población mundial. Naturalmente, es el continente con el mayor numero de grandes ciudades. Seis de las diez primeras, 28 entre las 50 mÁs grandes. Tokio, segÚn los últimos datos, es la ciudad mÁs grande del mundo con casi 30 millones de habitantes.

Con su vertiginoso crecimiento, comenzado en los anos cincuenta del siglo XX, y con una increíble mezcla de futurista modernidad y de tradición, precisamente la capital de Japón es probablemente el prototipo de las grandes ciudades que han hecho su aparición durante el siglo XX, y la vanguardia de las inmensas conurbaciones urbanas que dominaran el siglo XXI. A comienzos del siglo XX, Tokio apenas tenía dos millones de habitantes, y menos de cuatro a finales de la segunda guerra mundial, cuando la ciudad quedo casi destruida por los bombardeos de los aliados.

Sin embargo, gracias a un formidable proceso de reconstrucción, ya en 1970, 25 anos después del final de la guerra mundial, Tokio tenia 15 millones de habitantes. Dos razones que pueden explicar ese rápidos crecimiento son el boom demográfico que se produjo en todo el mundo gracias a la mejora general en las condiciones de vida. en especial en lo que respecta a la alimentación y la sanidad (y de forma más acentuada, si cabe, en Japón), y la segunda fue la rapidísima industrialización de la capital japonesa, que atrajo a la ciudad a muchos habitantes de los poblados rurales de su entorno, que llegaban en busca de una oportunidad de trabajo y de una buena retribución, un fenómeno que, de hecho, caracterizo el crecimiento urbano durante el siglo XX en todo el continente.

Según un informe de las Naciones Unidas de 2002, Tokio permanecerá como la ciudad más poblada del mundo en 2015, pero cada vez tendrá más cerca otras grandes aglomeraciones urbanas, casi todas asiáticas. Dentro de diez anos, se habrán situado entre las primeras diez ciudades del mundo Dakha, capital de Bangladesh, las indias Bombay, Delhi y Calcuta, pero también Yakarta y Karachi, todas con más de diez millones de habitantes. Faltan en estas previsiones, las grandes metrópolis chinas, que en los últimos veinte anos se han desarrollado a ritmos de excepción y previsiblemente continuarán haciéndolo en la primera mitad de este siglo.

Fuente Consultada: Grandes Ciudades del Mundo Cattaneo-Trifoni

Los Monumentos de la Isla de Pascua: Traslado y Colocacion

Los Monumentos de la Isla de Pascua: Traslado y Colocación

La Isla de Pascua (idioma rapanui: Rapa Nui) es una isla de Chile ubicada en la Polinesia, en medio del Océano Pacífico. Tiene una superficie de 163,6 km² (lo que la convierte en la mayor de las islas del Chile insular) y una población de 3.791 habitantes, concentrados principalmente en Hanga Roa, la capital y único poblado existente.

Cientos de estatuas gigantescas —algunas erguidas sobre plataformas de piedra, otras enterradas o rotas sobre el suelo— dominan el horizonte de una remota isla de Polinesia de sólo 160 km² de superficie: la Isla de Pascua, así llamada porque los europeos la descubrieron el día de Pascua de 1722.

Aunque algunas de las estatuas (llamadas mocil por los polinesios) se hallan a la vera de caminos antiguos, fueron labradas originalmente para adornar los santuarios conocidos como ahu. Hasta la fecha se conocen 259 ahu. que son plataformas hechas con bloques de piedra de hasta 60 m. de largo. En algunas de ellas se han encontrado tumbas: se sabe que los cadáveres se dejaban expuestos hasta que sólo quedaban los esqueletos, y después éstos se enterraban en bóvedas bajo los ahu.

Hay unas 1.000 estatuas en toda la isla, las cuales miden desde 1.0 m hasta 21.0 m de altura y al parecer son efigies de guerreros o de antepasados muy antiguos de sus constructores. La estatua más grande erguida alguna vez sobre un ahu medía 9.8 m de altura; hoy yace rota en el suelo, movida intencionalmente del ahu aunque no se sabe por qué. Se calcula que unos 90 hombres debieron de tardar 18 meses en labrarla y colocarla en su sitio.

Desde que la isla fue descubierta nunca ha tenido más de 4.000 habitantes, pero antaño su población debió de ser mucho mayor. Las estatuas no muestran raspaduras, lo que hace suponer que se usaron jaulas de madera para transportarlas. Hoy la isla casi carece de árboles, pero hay pruebas de que alguna vez tuvo bosques, así que seguramente había madera en abundancia para construir trineos de arrastre.

Las estatuas fueron labradas en toba, piedra formada por cenizas volcánicas arrojadas alguna vez por el pico Rano Raraku, situado en el este de la isla. Algunas tienen un enorme coronamiento labrado en una piedra llamada escoria roja; el más grande mide 1.8 m de altura por 2.4 m de ancho y pesa 11.5 toneladas, pero la mayoría de ellos son mucho más pequeños. Fueron extraídos del Punapau, pico volcánico ubicado en el suroeste de la isla.

En las canteras de Rano Raraku todavía pueden hallarse herramientas abandonadas que los habitantes de la Isla de Pascua llaman toki: azuelas y ciertas hachas de basalto, piedra volcánica oscura que se encuentra entre la toba, más blanda.

A medio camino enterrada hasta el pecho en una ladera del Rano Raraku, esta moai, como muchas otras, nunca llegó al santuario de destino. Labrada en la cantera, fue deslizada por la ladera hasta un foso para terminar de labrarla, pero allí se quedó para siempre.

Hay también allí 394 estatuas en diversas etapas de elaboración: algunas no son más que bosquejos trazados en la superficie de la roca; otras están casi terminadas y a punto de desprenderse de la cantera. Otras más yacen tiradas, y algunas se apoyan de costado en grietas de la roca.

La arqueóloga estadounidense Van Tilburg ha registrado y descrito 823 estatuas de la Isla de Pascua. Sus estudios revelan que cuanto más reciente es una estatua, más grande tiende a ser. La más voluminosa —aún en la cantera y sin terminar— mide 21 m de largo y pesa unas 200 toneladas. Al parecer las estatuas fueron hechas durante un periodo de varios siglos que terminó unos 200 años antes de que los europeos pusieran pie en la isla.

Cerca de la cima del Rano Raraku hay pares de hoyos de casi 1 m de profundidad, comunicados en el fondo de la roca por un canal y que al parecer se usaron para hacer pasar cuerdas. A los lados de dichos hoyos hay marcas que evidentemente fueron hechas por cuerdas de hasta 10 cm. de grosor, tal vez trenzadas con fibras vegetales como las del hibisco. También se usaron vigas de madera tendidas en canales de piedra para sujetar cuerdas, así como amarraderos labrados en las salientes rocosas.

Las estatuas eran bajadas lentamente con cuerdas por las laderas llenas de escombros del Rano Raraku. Hay 103 estatuas erguidas casi al pie de éste, en su mayoría enterradas hasta el cuello. Las excavaciones revelan que fueron deslizadas dentro de fosos abiertos ex profeso para colocarlas en posición erecta y poder así acabar de labrarlas.

Transporte de las estatuas

El finado profesor estadounidense William Mulloy planteó en la década de 1970 que las estatuas eran trasladadas boca abajo hasta su sitio final, atadas a una especie de balsa o trineo de madera en forma de cuna. Pensaba que la forma barriguda de las moai se adecuaba a su idea y que dichas cunas pudieron haber sido movidas haciendo palanca entre dos postes grandes. Pero los estudios de Van Tilburg demuestran que debido al diseño de la mayoría de las estatuas ese método era imposible.

El método de transporte empleado por los antiguos polinesios debió de depender de una mano de obra suficiente y madera en abundancia. Recientemente han surgido pruebas de que ambos factores existían cuando fueron erigidas las estatuas. Los arqueólogos han descubierto los cimientos de piedra de muchas casas y aldeas, y rastros de que allí se construyeron estructuras de madera. Se calcula que entre 1.000 y 1.500 d.C., periodo en que fueron hechas las estatuas y los ahu, poblaban la isla unas 10.000 personas.

La primera prueba de que en la isla había madera provino del lago del cráter del propio Rano Raraku. El investigador inglés John Flenley tomó muestras del lecho del lago y descubrió que contenían grandes cantidades de polen fosilizado, que se había sedimentado con el paso de los siglos. El polen reveló que en la Isla de Pascua hubo durante unos 30 000 años una abundante vida vegetal, concretamente un bosque de palmas que perduró hasta hace unos 1.000 años.

Quizá los árboles fueron talados para ganar tierra de cultivo, cada vez más necesaria, y la competencia por el espacio tal vez ocasionó guerras que diezmaron la población.

Charles Love, otro profesor estadounidense, tiene una hipótesis más acerca del modo en que quizá fueron trasladadas las estatuas hasta su lugar: considera que fueron transportadas erguidas. Para probar su idea hizo una réplica de concreto de una de las estatuas y trató de trasladarla con un trineo movido sobre troncos de árboles.

Un grupo de voluntarios levantó la estatua jalándola con cuerdas, y luego mantuvo la tensión de éstas para evitar que se derrumbara mientras era trasladada.

El dispositivo funcionó, aunque sólo algunas de las moai reales tienen base suficientemente grande para dicho método de transporte.

La arqueóloga Van Tilburg considera que el método básico de transporte era el horizontal: la estatua era parcialmente envuelta para protegerla y luego era colocada por medio de palancas y cuerdas en un trineo arrastrado sobre troncos. Con este método habría sido posible trasladar las estatuas de 4 o 5 m de altura, pero las más grandes quizá no habrían llegado a más de 1.6 km de la cantera.

Colocar una de las estatuas sobre su pedestal era una auténtica proeza. En la década de 1960 el profesor Mulloy y un grupo de isleños levantaron siete moai de 16 toneladas de peso en la parte occidental de la isla. Abajo se muestra cómo pudieron ser erigidas por los escultores originales.

LA ODISEA DE LA ESTATUA DEL SANTUARIO: Paro, la estatua más grande de la Isla de Pascua, yace rota frente a su ahu: quizá medía 9.8 m de altura y pesaba 82 toneladas. El profesor estadounidense William Mulloy calculó que fue necesario el trabajo de 30 hombres durante un año para esculpir la estatua, el de 90 durante dos meses para trasladarla casi 6 Km. de la cantera a la costa, y el de otros 90 durante tres meses para erigirla.

El coronamiento, de 1.8 m de altura y 11 toneladas de peso, seguramente tuvo que ser rodado 13 Km. desde la cantera de Punapau. En 1970 Mulloy planteó que Paro quizá fue transportada boca abajo sobre un trineo de madera movido con dos postes atados en ángulo. Pero los expertos de hoy descartan dicha posibilidad.

El declive de la población de la isla de Pascua: Es posible que el auge del culto a Makemake significara que después del 1400 llegó a la isla otro grupo de colonizadores, pero nada puede afirmarse con certeza. Sí es sabido que, en algún momento con posterioridad al 1600, estalló la guerra. La madera comenzó a escasear, y sin ella la vida se hizo muy difícil.

Era imposible reemplazar las canoas perdidas, y no se podían construir buenas casas. Sin árboles, la tierra degeneró, y al no poderse contar con las cosechas, escasearon los alimentos. Mujeres y niños capturados en las acciones de guerra eran devorados. Y los ahu fueron invadidos por enemigos que derribaron las imágenes ancestrales.

Las leyendas refieren una gran batalla que tuvo lugar tan sólo una generación antes de la llegada de los buques europeos, y que terminó con la captura y exterminio de los «orejas largas» por los «orejas cortas». Estos pueblos debían de ser descendientes de diferentes culturas, del este y del oeste, impelidos a la guerra por la escasez de árboles y el hambre.

Los informes de las escasas naves europeas que visitaron la isla hablan de guerra continuada, hambre y miseria. En 1838 quedaban en pie pocas de las grandes estatuas. En 1862, los negreros peruanos se llevaron a todos los hombres y las mujeres aptos a las minas de Perú, donde sucumbieron víctimas de las enfermedades. Los pocos que lograron regresar llevaron a la isla la viruela y la lepra.

En 1877, la población de la isla estaba reducida a 110 habitantes. En 1888, el territorio quedó anexionado a Chile. Gracias a una mejor alimentación y cuidados médicos, la población sobrevivió lo suficiente como para ver su isla convertida en sede de uno de los grandes enigmas del mundo moderno.

Las plataformas funerarias llamadas ahu eran construidas con bloques de roca volcánica. Por la parte que daba a tierra, poseían largas rampas de piedras ordenadas en hileras. El ahu de mayores dimensiones es el de Vinapu, en la costa sur.

ALGO MAS… Thor Heyerdahl (imagen) llegó a la isla en 1957, muchas de las esculturas llevaban mucho tiempo derribadas y muchas estaban cubiertas con tierra o sumidas en el suelo. Tras la caída de los «orejas largas» se impuso en la isla el culto de los «hombres-pájaro», (manu-tara), documentado con dibujos rupestres, tallas en madera de toromiro y esculturas menores de figura humana con cabezas parecidas a aves.

Heyerdahl propuso la solución de algunos enigmas. Descubrió en la isla un extenso sistema de cavernas, que habían supuesto algunos de sus precursores y en el que, evidentemente, habían desaparecido una vez una parte, y otra vez la otra, de la población, según cuál se sintiera amenazada. Y escondían también en esas cuevas estatuillas tabuizadas propias de cada familia. Heyerdahl demostró también que, para poner en pie las «extrañas» esculturas de piedra no se habían necesitado forzosamente la ayuda de seres extraterrestres: doce hombres volvieron a levantar, en 18 días, una estatua de 25 toneladas.

Y Heyerdahl imaginó también que las esculturas más antiguas se correspondían completamente con las de las culturas indias del continente centro v sudamericano, pero habían sufrido una evolución diferente con el aislamiento insular. Aunque su sentido original sigue sin conocerse.

¿Eran imágenes de ancestros o de dioses? ¿Brindaban protección o exigían sacrificios? Sólo es seguro que unos hombres, tenaz y pacientemente, tallaron durante siglos esas estatuas gigantes en la roca volcánica del cráter del Rano Raraku y las transportaron a lo largo de once kilómetros hasta sus emplazamientos, donde algunas están todavía, como guardianes oteando el mar.

Historia Construccion del Edificio Empire State Icono EE.UU. Simbolo

Historia Construcción del Edificio Empire State

Existen construcciones que han nacido para ser un símbolo, y el Empire State Building es una de ellas. Y de tal manera es el símbolo de Nueva York que asume como propio el nombre orgulloso: Estado imperial.

Este legendario rascacielos de Nueva York fue concebido por un grupo de empresarios, encabezado por John Jacob Raskob, para ser un gran centro de oficinas de alquiler.

Los autores del proyecto fueron R. H. Shreve, T. Lamb y A. L. Harmon. Las obras se iniciaron el 17 de marzo de 1930, fueron muy rápidas (el 21 de julio de 1930 ya había 40 pisos).

Por la situación económica de la época tardó mucho en llegar a una plena ocupación, siendo por ello jocosamente denominado el Empty (vacío) State Building.

Historia Edificio Empire State

Historia Construcción Edificio Empire State

Los números asociados al gran rascacielos son apabullantes: 448,7 m de altura, 102 pisos, 1.860 escalones, 308.000 toneladas de peso, 58.000 toneladas de acero, una base de 7.780 m2, 100 km de cañerías, 84 transformadores, un equipo de aire acondicionado de 5.000 toneladas, 64 m de antena superior, 73 ascensores a 350 m por minuto, etc.

Sobre la zona más dura del subsuelo, el proyecto empezó con 200 pilares empotrados en el suelo, halos de acero y cemento para soportar la mole.

La construcción fue extremadamente rápida (15 meses), usando elementos prefabricados y 3.000 eficientes obreros, con 300 metalúrgicos que hicieron la estructura en 23 semanas. La vida del edificio donde trabajan 15.000 personas es todo un mundo en sí mismo.

Geométricamente el edificio está formado por prismas integrados sobre una base prismática, con una estructura metálica fuerte que permite una división en pequeñas oficinas, muy bien delimitadas gracias a las 6.500 ventanas.

Los cristales de es tas ventanas, los revestimientos de caliza y granito y las líneas exterio res de acero inoxidable que los en marcan dan al rascacielos una apariencia de esbeltez.

A pesar de la imponente linealidad vertical, si mira detallitos en la fachada po drá observar algunos abanicos blancos decorativos Art Déco que rematan algunos de los montantes de acero; una cúpula circulai que sostiene en lo alto a la antena y justo por debajo de ella unos adornos que son como alas replegadas…

HISTORIA DE SU CONSTRUCCIÓN

En ese mismo lugar se levantaba anteriormente la Astor Mansion, la mansión de los Astor, una dinastía industrial que resume en sí misma la historia de capitalismo americano. Desde allí se decidía la suerte de millones de hombres de todo el mundo.

En los últimos años del siglo, en el lugar de la Astor Mansion se construyó el Waldorf-Astoria Hotel, que se convirtió en el lugar donde los entonces llamados “los Cuatrocientos de Nueva York”, se encontraban, almorzaban, bailaban, presentaban en sociedad a sus hijas y dirigían sus negocios.

Era un hotel que estaba considerado  a la sazón como el más exclusivo, sofisticado y caro del mundo.

Pero la auténtica vocación de esta parcela tan céntrica no podía ser otra que la de albergar un centro de negocios. Por eso, cuando a fines de los años veinte el Waldorf Astoria se trasladó a su sede actual de Park Avenue, el camino para el Empire State Building estaba abierto.

Abierto, sí, pera con muchos obstáculos aun salvar. El rascacielos fue concebido como símbolo de la América de los años de euforia: un país rico y esperanzado, cuyos imites todavía estaban más allá del horizonte.

Pero sucedió que mientras el proyecto tomaba forma, América entraba en la “gran depresión”.

Los capitales eran escasos y a esta falta de dinero se unía la falta de confianza. Además, una vez superados los obstáculos financieros, surgieron los problemas técnicos, que eran enormes.

La reglamentación urbanística ponía muchas limitaciones a la explotación del terreno; por ejemplo, en la Quinta Avenida sólo se podía construir hasta una altura aproximada de 38 metros.

La altura máxima sólo se podía alcanzar en el centro de la superficie base, sobre poco más de una cuarta parte de la misma, y, lo que era aún más restrictivo, el rascacielos debería adoptar la forma “en escalones”, lo que por cierto se convertiría posteriormente en su característica estética más perceptible.

Por otra parte, la organización de la obra parecía a primera vista imposible por falta de espacio, puesto que no se podían ocupar las calles adyacentes.

Y, por último, para ceñirse a los costos era imprescindible acabar la obra al cabo de veinte meses de la colocación de la primera piedra. Aun antes de nacer, el Empire State Building ya estaba abrumado de cargas simbólicas.

Construirlo allí y entonces, significaba creer tenazmente en el destino de América y en su capacidad de recuperación.

Daba a entender también el medio con el que la recuperación iba a conseguirse: la enorme capacidad técnica y profesional del mecanismo productivo estadounidense.

El capital se consiguió recurriendo a las “columnas” del capitalismo americano: a la General Motors Company, a través de su presidente John J.. Raskob, y a la Du Pont de Nemours, en la persona de Pierre S. du Pont.

Para obtener el crédito se nombró presidente de la Empire State Inc. a Alfred E. Smith, que fuera cuatro veces gobernador del Estado de Nueva York y candidato a la presidencia por el partido democrático en 1928, el primer católico que intentó la escalada a la Casa Blanca.

Los problemas técnicos se confiaron al estudio de arquitectura Shreve, Lamb & Harmon, señalando un límite máximo: el edificio debía tener 36 millones de metros cúbicos, cifra obtenida dividiendo la suma disponible por el coste aproximado de un pie cúbico de construcción. Parece increíble, pero fue este simple cálculo lo que determinó las dimensiones que tendría el edificio destinado a oficinas más grande del mundo.

A estos requisitos, los arquitectos añadieron otra condición que también era limitante: el edificio debía ser bello.

Esta condición no se vio cumplida. Pero no fue por su culpa únicamente, pues cuando tras quince pruebas, la maqueta del proyecto fue presentado a Raskob, su único comentario fue: “Lo que necesita este edificio es un sombrero”; y el “sombrero” fue un pilar de amarre para dirigibles, que se añadió a pesar de que lo proyectistas le advirtieron que no serviría para nada.

Pero nadie pretendía tampoco que el State Building figurara en los manuales de historia de la arquitectura.

La exigencias técnicas que se hicieron a lo proyectistas fueron respetadas rigurosamente, incluso superadas. Hasta se consiguió sin resultado que sin duda es único en los anales de la arquitectura de todos los tiempos: la construcción costó mucho menos de lo previsto (40.948.900 dólares frente a un presupuesto de 50.000.000 de dólares), fue así a pesar de las ampliaciones de proyecto que se decidieron en el curso de la obra.

En su versión original, el rascacielos era sólo un poco más elevado que su predecesor neoyorkino, el Chrysler Building.

Pero el “sombrero” encargado por Raskob, aunque disminuye su estética (y además demostró ser totalmente inútil para la misión a la que se destinaba), aumentaba considerablemente su altura.

Sin duda fue con este fin que el presidente de la General Motors lo había deseado tanto, ya que, gracias al añadirlo, el Empire State Building fue, durante más de cuarenta años, el rascacielos más alto del mundo.

Incluso contribuiría a crear la leyenda de que el Building podía ser considerado como la “octava maravilla del mundo”.

Por razones de costo, era taxativo no superar los límites de tiempo prefijados: veinte meses.

Y por último, era necesario trazar un rigurosísimo ritmo de trabajo por parte de los suministradores, para que todo el material llegase exactamente en el orden y en el momento previstos el retraso de un solo día en la ejecución de las obras significaría que decenas de camiones cargados de material, procedentes de las fábricas y de los depósitos, no hubieran encontrado sitio para descargar.

Afortunadamente, tanto los arquitectos como los contratistas americanos no se sentían brumados en este campo.

Lo inusitado era la “escala” en que fue preciso actuar. Únicamente para las estructuras se necesitaban 60.000 toneladas de acero, con las que hubiera podido construir un ferrocarril de doble vía de Nueva York a Baltimore, y diez mil toneladas de ladrillos, lo suficiente para un discreto barrio residencial.

Las instalaciones suponían más complicado , 5.600 km. de cables telefónicos y telégrafos para el servicio de 18.000 teléfonos; 73 ascensores (más que en ningún edificio de Nueva York); instalaciones para aire acondicionado (situadas en los sótanos de edificio), capaces de cambiar totalmente el aire del edificio seis veces en una hora; y tuberías a el agua, la energía eléctrica y las instalaciones higiénicas.
Y pese a tantas exigencias el rascacielos se construyó a una velocidad increíble.

Las etapas fueron las siguientes: a mediados de octubre de 1929 se demolió el viejo Waldorf-Astoria hasta los cimientos y en febrero 1930 se llevó a cabo la remoción de los cimientos del hotel; la primera piedra fue lacada el 17 de marzo de 1930; el 7 de abril se colocaron las primeras columnas acero de la sección principal; se llega al octavo piso en mayo de 1930; a mediados de junio al vigésimo piso; a mediados de julio al piso cuarenta y al sesenta a mediados de agosto.

A mediados de noviembre la construcción en acero está acabada, casi todos los muros de taponamiento están realizados y se inician los acabados.

El día 1 de mayo de 1931 el rascacielos se dio por terminado: un año y veinte días después de la colocación de las primeras columnas, o sea siete meses antes del limite prefijado. Y eso con una semana laboral de cinco días.

Es una empresa que sólo con evocarla ya se la exalta: en efecto, la media alcanzada de un piso por jornada laboral, que se logró en el verano de 1930, había de ser durante años una meta inalcanzable en este tipo de edificios.

Este alarde fue posible, sobre todo, gracias a tres hechos irrebatibles: la tecnología, desarrollada por los arquitectos americanos, de la construcción en esqueleto de acero; un cuidadoso estudio de la organización de la obra y de los suministros; y la puesta a punto, por parte de Shreve, Lamb & Harmon, de una técnica completamente inédita de la distribución de los materiales.

Al contrario de lo que sucede en Europa y en América del Sur, donde el material clásico para la construcción moderna es el cemento armado, en los Estados Unidos toda la estructura del edificio se realiza con elementos de acero.

Es decir, con elementos que llegan al pie de la obra perfectamente acabados y que sólo necesitan el montaje “en seco”, como dicen los técnicos: un montaje muy rápido y ajeno casi por completo a las condiciones atmosféricas (hielo y humedad), además de ser manejable con tiempos exactamente previsibles.

La parte subterránea, de una profundidad de varios pisos, comprende los cimientos una inmensa plataforma de una altura correspondiente a dos pisos del edificio), las instalaciones técnicas (aire acondicionado, maquinaria de los ascensores, depósitos, etc.) y el primer nivel “habitado”, el llamado “Concourse”, que es un gran bloque subterráneo dispuesto recientemente como lugar de tiendas y de oficinas después de haber sido casi una “ciudad fantasma” durante 36 años. (A pesar de que el Empire State Building haya demostrado ser una buena inversión desde un principio, no se ha utilizado toda la zona disponible hasta ahora).

En el “Concourse” se compran también las entradas para visitar el edificio, lo que hacen todos los años casi un millón de personas.

El vestíbulo, en la planta baja, es el nivel  más “representativo”. De una altura de tres pisos, está decorado con hermosos mármoles procedentes de Italia, Francia, Bélgica y Alemania, muy bien elegidos; en un cáso fue necesario excavar todo un filón para encontrar el color y el grano necesarios.

En este lugar se encuentran los grandes paneles que reproducen las “siete maravillas del mundo”, a las que ellos añaden la octava, que es el Empire State Building.

Unos pocos pisos más arriba, el edificio se estrecha bruscamente, limitándose a la parte central del área: es aquí donde empieza la vertiginosa escalada hacia el cielo, que concluirá unos centenares de metros más arriba.

Y decenas y decenas de pisos para oficinas, todos iguales (por lo menos exteriormente), hasta llegar a otro estrechamiento, en el piso 86, que corresponde al observatorio: una zona totalmente encristalada, a 320 metros de altura, con calefacción en invierno y refrigeración en verano y que permite observar el horizonte desde todos vientos son fuertes y las condiciones atmosféricas un tanto extrañas: no es raro, en los días de mal tiempo, ver cómo la lluvia o la nieve caen hacia arriba” a causa de las corrientes ascensionales.

A veces la lluvia adquiere hasta un color rosado. Cuando el viento es muy fuerte, la presión que ejerce sobre la inmensa “vela” que representa la fachada del edificio es colosal. 

A pesar de ello, pruebas muy rigurosas, efectuadas con un giroscopio muy sensible, han demostrado que el edificio no se desplaza más de un cuarto de pulgada del eje vertical, incluso bajo vientos huracanados.

La solidez del Empire State Building es proverbial: el 28 de julio de .1945, un bombardero B-25 de la USAF se estrelló contra las estructuras del edificio, a la altura del piso 79, quedando el avión completamente destrozado y sufriendo el rascacielos sólo daños sin importancia. Y no sólo es notable su solidez, sino también su flexibilidad.

El pilar primitivo de amarre para dirigibles (el “sombrero” de Raskob), nunca utilizado como tal, se ha transformado fácilmente en una de las mayores concentraciones de telecomunicación del mundo: desde su altura emiten nueve estaciones de televisión y once estaciones de frecuencia modulada.

Quizás el mayor elogio que se pueda hacer al Empire State Building sea decir que después de casi ochenta años de su construcción, resulta más funcional que nunca. Pero aún hay más: es una parte viva, ineludible, de la ciudad y de la historia de la técnica arquitectónica.

Ya no es el rascacielos más alto del mundo, ni siquiera el más alto de Nueva York, primacía que le han arrebatado, durante su existencia,  las dos torres gemelas de World Trade Center.

Empire State Building es el símbolo de una ciudad, de una época, de una técnica: en definitiva, es el resultado de una epopeya.

Ver: Expansion Economica de EE.UU. luego de la Primera Guerra Mundial

Civilizacion Minoica Los Cretenses Palacio de Cnosos Isla de Creta

Civilización Minoica El Palacio de Cnosos

La primera civilización europea nació en la isla de Creta hace unos 4500 años. Se denomina civilización minoica por su legendario rey Minos.

La historia de los antiguos habitantes de Creta comenzó a ser conocida a principios de este siglo, a partir de las excavaciones del arqueólogo Arthur Evans.

El investigador inglés la llamó “minoica”, por el nombre del rey Minos, el mítico fundador de la primera dinastía de gobernantes cretenses. Los arqueólogos descubrieron varios palacios en los que se atesoraban enormes riquezas.   

EL MEDIO GEOGRÁFICO: La isla de Creta se encuentra situada en el Mediterráneo oriental, al Sur del mar Egeo, próxima a la península helénica y al Asia-Menor y a un conglomerado de islas más pequeñas, distribuidas en varios archipiélagos.

Al Norte de Creta, cerca de la costa griega, se encuentra el archipiélago de las Cícladas (dispuestas en círculo) y próximo al litoral del Asia Menor, el archipiélago de las Espóradas (dispersas).

mapa de la isla de creta

Todas estas islas son de naturaleza rocosa y calcárea, que no ofrece condiciones favorables para el desarrollo económico.

Con esfuerzo se realiza el cultivo de la vid, el olivo y algunos cereales.

La realidad de un suelo árido y escasamente productivo, se compensa con la existencia de un clima ideal, que se mantiene templado durante todo el año.

La isla de Creta, en particular, está recorrida, en sentido longitudinal, por una cadena montañosa y ofrece un amplio litoral marítimo, apto en todo su perímetro para el establecimiento de puertos ventajosos para la navegación.

Su situación privilegiada la convirtió en el primer nexo entre el Oriente y el Occidente.

LOS PUEBLOS QUE LO HABITARON

Respecto al origen de la civilización minoica desde el punto de vista etnológico es difícil adscribir a los cretenses minoicos con algún pueblo conocido.

Una de las tesis más admitida es que son herederos directos de los habitantes neolíticos de la isla (que llegarían a la misma hacia el 6000 a. C.) y que los pueblos no neolíticos (indoeuropeos o no indoeuropeos) que pudieran haber llegado a la isla no se impusieron, sino que se vieron absorbidos por la cultura cretense sin imponer.

Los primitivos habitantes de estas islas fueron los pelasgos (hombres del mar), quienes desarrollaron una civilización que se conoce con el nombre de minoica, debido a que sus reyes se llamaban minos.

El principal asiento de esta civilización fue la isla de Creta, que constituyó la base de su poder.

Hacia el año 3000 a.C. habían logrado alcanzar un nivel cultural muy importante y organizado un verdadero imperio marítimo y comercial, que se extendía a través de las islas y las costas del mar Egeo, y cuyo centro fue la ciudad de Cnosos.

Su apogeo perduró hasta el año 1400 a.C. aproximadamente, época en que los arios irrumpieron en el Mediterráneo.

Las grandes ciudades que habían levantado, como Cnosos al Norte y Festos al Sur, carentes de murallas que las protegieran, fueron incendiadas y quedaron en ruinas.

Durante dos siglos predominaron los aqueos, hasta que fueron desalojados por los dorios.

EL GOBIERNO: La autoridad superior era ejercida por los reyes o minos, que concentraban en sus manos el poder político, militar y religioso. En el ejercicio de sus funciones eran asesorados por un consejo de ancianos de carácter consultivo.

LA ECONOMÍA: La economía estuvo basada en la explotación de la tierra, que les brindó la provisión de los alimentos esenciales; y fundamentalmente en la actividad mercantil y naviera, que les rindió grandes ganancias y les permitió gozar de un elevado nivel de vida por la importación de mercancías provenientes de todo el mundo conocido en aquel entonces.

Los cretenses establecieron factorías en las islas del Mar Egeo y en Chipre, Italia y España.

La civilización cretense se sustentaba en una economía agrícola y ganadera. También eran hábiles navegantes y poseían importantes flotas con las que establecieron relaciones comerciales con otros pueblos.

En los monumentos egipcios se hallaron testimonios escritos de estos contactos.

La intensidad de su comercio los llevó a establecer un sistema de pesas y medidas y a desarrollar un sistema de escritura con el que podían registrar las transacciones comerciales.

(Las excavaciones de Creta, después de 1900 revelaron la existencia de aproximadamente 3.000 tablillas de arcilla, inscritas con dos escrituras, denominadas lineal A y lineal B.)

LA SOCIEDAD: Los cretenses constituyeron un pueblo pacífico, aficionado a la vida social y a la práctica de los deportes.

Cultivaron, por lo tanto, la música y la danza, interpretando en instrumentos originales, como la cítara y la flauta, cuya invención se les atribuye.

En cuanto al deporte, practicaron sobre todo atletismo y boxeo, y realizaron pruebas de acrobacia.

La mujer participaba a la par del hombre en estas actividades, aunque su influencia predominaba en el seno del hogar.

Además gozaba del privilegio poco común del ejercicio del sacerdocio. La sociedad tenía características típicamente matriarcales.

También presentaba una fuerte especialización: escribas, carpinteros, pastores, agricultores, armeros, escultores, lapidarios, vidrieros, alfareros, orfebres, herreros, curtidores, tejedores, pintores.

Cada familia poseía una parcela de tierra que trabajaba para sí mismos y parece que la clase esclava o no existía o lo hacía en una proporción muy pequeña.

freco de la isla de creta

Los frescos del palacio de Cnossos muestran a los cretenses practicando sus deportes preferidos: el boxeo y la tauromaquia, algo parecido a las corridas de toros.

CIUDADES MINOICAS: Los minoicos construyeron varias ciudades grandes unidas por caminos pavimentados; cada una de ellas era una pequeña ciudad-estado.

En el centro de cada ciudad había un palacio con suministro de agua, decoraciones, ventanas y asientos de piedra.

Los artesanos minoicos eran muy famosos como ceramistas y constructores. También crearon hermosas piezas de joyería en oro y plata.

La capital, Cnosos, tenía el mayor palacio, con espléndidos aposentos reales, salas para ceremonias religiosas, talleres y una escuela.

Las paredes interiores del palacio estaban cubiertas de yeso y decoradas con magnificas escenas pintadas.

Los palacios más importantes, como los de Cnosos, Festos y Hagia Tríada, fueron los centros de gobierno de pequeñas ciudades—estados que guerreaban entre sí para asegurar su poderío.

La sociedad y el Estado cretenses tuvieron muchas similitudes con las civilizaciones del Cercano Oriente.

Un rey poderoso, rodeado por un grupo privilegiado de familiares y funcionarios, gobernaba el Estado; y la población estaba compuesta en su mayoría por trabajadores libres que pagaban tributo, por servidores y por algunos esclavos.

El Palacio de Cnosos: Tenía grandes salas comunicadas por corredores angostos, habitaciones privadas, baños, grandes escalinatas, almacenes, todo alrededor de un gran patio rectangular; el plano del palacio parece un laberinto similar al que en la leyenda construyó el ingenioso Dédalo y que alojó al Minotauro.

Palacio de Cronos en Creta

Palacio de Cronos en Creta

Los cretenses se destacaron en la pintura, por lo que el palacio está preciosamente dotado de frescos encantadores, que hacen pensar que la vida en la corte minoica era placentera y agradable; las paredes muestran a jóvenes hombres en competencias atléticas, saltando sobre fuertes toros, como así también a mujeres, más fuertes que delicadas, practicando los mismos deportes.

También se destacaron en la joyería, la orfebrería, la escultura y la cerámica.

Las salas dedicadas al culto se encuentran dispuestas en el ala oeste, mientras que las habitaciones y lugares de estar se hallan del lado este. Allí están los aposentos reales, ricos y lujosos.

En el palacio se han hallado talleres, donde trabajaban orfebres y artesanos en las lujosas obras que adornan el palacio.

Una gran escalera profusamente adornada lleva a los aposentos reales. Una curiosidad, y buena muestra del ingenio cretense, es el sistema de aire acondicionado de estas habitaciones: un pozo de donde proviene luz exterior, que no sólo ilumina los aposentos, sino que por ahí asciende aire.

Según qué temperatura hubiese en el exterior cerraban las puertas del pozo o las dejaban abiertas, lo que permitía circular el aire fresco; para proporcionar calefacción, se cerraban las puertas y se utilizaban fogones portátiles.

Desde que Evans en la frontera entre el siglo XIX y XX descubriera las ruinas del palacio de Cnosos, el mayor de los palacios encontrados, hasta nuestros días el hallazgo, desenterramiento y estudios de poblaciones con palacios se ha visto aumentado en grado sumo; se han encontrados palacios de los que ni siquiera se conoce el nombre.

En el ala oeste del palacio, se realizaban ceremonias. Evans encontró indicios de sacrificios de animales y ofrendas a misteriosos dioses, aunque podemos suponer que la civilización cretense constituye un antecedente bastante aproximado de la fascinante mitología griega; por lo menos algunos de los más inspirados mitos griegos provienen de Creta.

Sin embargo, el culto taurino o ciertos rituales relacionados con este rito no se repiten en Grecia, sino que fenecieron con la cultura minoica.

Los sacrificios de animales se acompañaban con ofrendas de aceite, vino y miel porque se suponía que esto propiciaba que el animal sacrificado pudiera volver a la tierra.

Además del culto taurino, otro animal mitológico se destaca en las molduras del torno yen los frescos del palacio: el grifo, con cuerpo de felino y cabeza de águila.

En el más importante salón del palacio se alza un gran trono de yeso, en cuyo respaldo hay tallados fabulosos y coloridos grifos.

barcos veleros

“Los veleros de tipo egipcio estaban preparados para las aguas poco profundas del Nilo, pero eran poco aptos para los peligros de alta mar. Desde comienzos del segundo milenio apareció otro tipo de barco, nacido de otra aventura: la de los pueblos del Egeo. Se trataba de navíos ligeros que se movían a vela y a remo, y tenían su casco reforzado contra el choque de las olas, y eran más estables y resistentes al viento. Este barco egeo, antepasado directo de los barcos fenicios, griegos y romanos, fue en realidad el primer barco de transpone realmente adaptado al mar. Fue el que aceleré la historia del Mediterráneo.

La avanzada civilización minoica tuvo un misterioso y repentino final hacia el año 1450 a.C. Se cree que un terremoto dañara el palacio de Cnosos hacia el 1700 a.C., fecha que marcó el final de la fase antigua de la historia de Creta.

Una dinastía nueva desarrolló una civilización incluso más brillante.

El palacio se reconstruyó de forma más elaborada; tenía una altura de tres o cuatro pisos y contenía muchas habitaciones extensas y pasillos, y la sala del trono estaba decorada con mucho lujo.

Como se dijo antes, su apogeo perduró hasta el año 1400 a.C. aproximadamente, época en que los arios irrumpieron en el Mediterráneo.

Las grandes ciudades que habían levantado, como Cnosos al Norte y Festos al Sur, carentes de murallas que las protegieran, fueron incendiadas y quedaron en ruinas. Durante dos siglos predominaron los aqueos, hasta que fueron desalojados por los dorios, que habían logrado mejores armas usando el hierro.

El salto acrobático del toro: Más allá de los sótanos de piedra existe una sala con nuevos y espectaculares frescos.

El más famoso de ellos muestra, en una especie de reconstrucción fotográfica primitiva, la gracia y el arrojo de los saltadores del toro, que participan de un acto que es a la vez deporte, ritual y hazaña.

Al embestir el toro, cada saltador —los hay de ambos sexos— se sujeta a los cuernos y da una voltereta sobre el lomo del animal, cayendo desde ahí al suelo. El más ínfimo error puede conducir a la muerte al saltador.

Los saltadores se acercaban al toro uno tras otro, en rápida sucesión. Debía ser difícil distinguir a la persona del animal, y este hecho puede constituir el origen del Minotauro, mitad hombre, mitad toro.

Se desconoce el lugar donde se practicaba el juego del toro; tal vez se tratase del gran patio porque esta zona debió constituir el eje central de la vida palaciega, un respiro al aire libre en medio de la laberíntica rutina cotidiana.

El claro simbolismo de las estancias de consagración, que dominan el patio con la sencillez de una escultura moderna, parece indicar que el patio era más que un mero nexo de la vida en palacio.

El corazón del palacio: El ala oriental del palacio está excavada en la ladera, sobre el nivel del patio. A un extremo eran reconocibles los aposentos reales, y al otro, los talleres de carpinteros, alfareros, albañiles v joyeros, que proporcionaban los lujos y comodidades que es dable apreciar en aquéllos.

A los aposentos reales se llega a través de una gran escalinata, no demasiado voluminosa en cuanto a dimensiones, pero sí grandiosa debido a su suntuosidad y su sentido artístico.

Las columnas, pintadas de rojo y negro y reducidas en la base, rodean un vano de luz que no sólo ilumina los aposentos de abajo, sino que hace las veces de respiradero para el sistema de -aire acondicionado natural» del palacio.

Los once entrepaños con puertas que dividían el salón real se podían abrir y cerrar para regular la entrada de aire fresco, perfumado con tomillo y limón, procedente de la columnata, mientras el aire caliente ascendía por la escalinata.

En invierno se podían cerrar las puertas e introducir hogares portátiles para la calefacción. Ei centro del poder era la gran sala del trono, donde se reunía la corte del rey Minos.

En el exterior de la misma hay una gran pila de pórfido, instalada allí por Arthur Evans, quien creía que debía ser empleada en los ritos de purificación antes de entrar a la sala.

Es un adecuado símbolo de lo que queda de Cnosos: una extraordinaria reconstrucción del palacio del rey Minos, tal como era 1600 años aC y según la interpretación de un arqueólogo inglés cuyo único propósito fue recrear la imagen de la edad de oro del Imperio minoico.

Hipótesis sobre el final de la civilización monoica:

La isla de Santorini (llamada también Thera) queda a unos 71 kilómetros al norte de Creta, entonces centro de la vigorosa y en apariencia pacífica cultura minoica.

Las ruinas minoicas muestran mucho de lo que quedó de Santorini, pero constituyen sólo un remanente de lo que era la isla hacia 1470 a.C., cuando el volcán ubicado en su centro, de 1.500 metros de altura, explotó y se hundió en el mar.

Desde entonces la isla tiene la forma de una media luna que rodea el lago que quedó en el lugar del cráter volcánico.

El volcán inició su actividad hacia 1500 a.C., y las erupciones se sucedieron durante 30 años hasta alcanzar un clímax devastador de humo, ceniza, clamores, relámpagos y una marea arrasadora.

Las construcciones de las islas vecinas quedaron destruidas.

Seguramente las grandes olas, o tsunamis, inundaron y destruyeron los pueblos costeros de Creta.

Como quedaba lo suficientemente lejos de la costa, el gran palacio de Cnosos, capital de la civilización minoica, fue preservado de modo notable (así lo descubrió Arthur Evans, uno de los científicos que siguieron la vía trazada por Schliemann, al excavar en el sitio más de 3.000 años después), pero, según las teorías de ciertos expertos, las cenizas del volcán precipitaron el fin de la civilización. Las plantas murieron, las cosechas se perdieron y llegó la hambruna.

Los griegos de Micenas no tardaron mucho tiempo, según la teoría, en aplastar a los agotados minoicos que quedaban, hasta que, finalmente, Cnosos cayó. ¿Ocurrió así en realidad? Nadie lo sabe.

Como tampoco se sabe si el hundimiento de Santorini tuvo que ver con el surgimiento de la leyenda, que todavía perdura, acerca de una civilización perdida.

La leyenda del minotauro. Esta leyenda cuenta la historia de un monstruo mezcla de toro y hombre, al que el rey Minos de Creta traté de ocultar de la vista de todos.

Para eso, el arquitecto Dédalo construyó un laberinto del que nadie podía salir. Cada año, siete muchachos y siete muchachas provenientes de una ciudad de la Grecia continental, servían de alimento para el minotauro.

El joven Teseo, conmovido por el llanto de los padres de las futuras víctimas, se ofreció para ser sacrificado y navegó hasta Creta. Con la ayuda de su enamorada Ariadna, hija de Minos, Teseo maté al minotauro y logró salir del laberinto. (ampliar la leyenda)

AMPLIACIÓN DEL TEMA

TRAS LA DECADENCIA de  la civilización minoica, aproximadamente en el 1450 a.C., los pueblos que dominaban el Egeo eran los micénicos, provenientes de la Grecia continental. Guerreros y comerciantes, sus ciudades poseían fortalezas de piedra, como Micenas y Tirinto.

En cada ciudadela había un pequeño palacio. La habitación principal era un amplio vestíbulo, el megaron. Estos edificios eran muy diferentes de los lujosos palacios minoicos, aunque su decoración estaba muy influida por la cultura minoica.

LA VIDA MICÉNICA
Los micénicos se basaron en los minoicos para crear su propia escritura. Los minoicos usaban la escritura conocida como linear A, que no ha podido ser descifrada.

La linear B, desarrollada por los micénicos, fue una forma primitiva de la escritura griega. Los micénicos gustaban de la caza y de los viajes navales en busca de esclavos. También se dedicaron al comercio y construyeron colonias en el Mediterráneo oriental.

LA GUERRA DE TROYA El motivo más plausible por el que los griegos atacaron la ciudad de Troya, en Asia Menor, fue la rivalidad comercial. Los sucesos se desarrollaron alrededor del 1200 a.C. La historia de una parte de la guerra de Troya es el tema del poema épico la Riada, atribuido a Hornero (h. 800 a.C.). El poema mezcla ficción y hechos históricos. Los arqueólogos opinan que Troya se hallaba en Hissarlik, un lugar de la moderna Turquía.

EL CABALLO DE TROYA En el poema homérico, la guerra, que duró 10 años, se debió al rapto de Helena, esposa del griego Menelao, por el troyano Paris. Los griegos vencieron a los tróvanos gracias a una estratagema: la introducción en Troya, a manera de obsequio, de un enorme caballo de madera que albergaba en su vientre a los guerreros griegos.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

El origen y la escritura del reino de Creta son tan oscuros como lo es también su final. Hay muchas teorías y todas ellas audaces. Evans reconocía tres estadios claros de la destrucción. Por dos veces se reconstruyó el palacio, pero la tercera destrucción fue definitiva.

Arthur Evans, comenta que descubrió que la destrucción del palacio minoico se había llevado a cabo con el poderío propio de un fenómeno de la Naturaleza. Pompeya era el ejemplo clásico de un caso análogo. Aquí, Evans encontraba, en las estancias del palacio, signos análogos de que la muerte había sorprendido a los hombres repentinamente, en plena vida, como los que por primera vez vieran.

D’Elboeuf y Venuti al pie del Vesubio: instrumentos de trabajo abandonados cerca de la mano del operario, ejemplares de trabajo manual y obras de arte suspendidos repentinamente en plena ejecución, faenas domésticas interrumpidas violentamente.

Entonces planteó su teoría confirmada por la experiencia propia. El 26 de junio de 1926, faltando exactamente quince minutos para las diez de la noche, Evans se hallaba en su cama leyendo cuando se produjo de repente un brusco movimiento sísmico. La cama se movió, las paredes de la casa temblaron, algunos objetos cayeron, un cubo lleno de agua se vertió, la tierra pareció trepidar y luego bramó como si el Minotauro volviera a la vida. Pero la sacudida sísmica no duró mucho rato.

Cuando la tierra se hubo tranquilizado, Evans saltó de la cama y salió corriendo. Rápidamente se dirigió al palacio. Las obras puestas al descubierto por las excavaciones habían quedado intactas. Donde había sido posible, hacía años se habían colocado refuerzos de acero para sostener los vacilantes muros descubiertos. Pero en los pueblos de los alrededores y hasta en la capital, Candía, el movimiento sísmico había producido terribles estragos.

Ello confirmó la teoría de Evans, basada en que Creta era una de las zonas de movimientos sísmicos más agudos de Europa. Sólo la potencia de aquel terremoto que de pronto sacudió la tierra, la agrietó y devoró la obra de los hombres, podía haber destruido el palacio de Minos, de modo tal que sobre sus ruinas ya no pudieran construirse más que un conjunto de chozas miserables.

En síntesis, esa es la tesis forjada por Evans, que algunos no comparten. Quizá algún día se aclare la incógnita. Evans, al menos, no ha podido cerrar el círculo, cuyo primer esplendor fue vislumbrado por Schliemann, hombre lleno de fe, bajo las cenizas de Micenas.

Video: La Cultura Minoica

Durante el minoico antiguo (+ 2600-2000 a. de J. C), la civilización cretense se desarrolló de manera muy lenta. Prácticamente no se diferenciaba en nada de la antigua civilización griega, pero la cultura de los antiguos palacios pronto hizo de Creta un centro que influyó de modo notable en el mundo de la época. Los viejos palacios, construidos entre 2000 y 1700 antes de Jesucristo, habían sido edificados en Cnosos, Festo y Málide. Debemos advertir que ninguno de estos palacios poseía fortificaciones, lo cual parece indicar que los cretenses vivían en paz y no temían invasión alguna. ¿Eran, pues, tan fuertes, o los demás pueblos eran débiles hasta el punto de que ni siquiera pensaban en el ataque?.

Los soberanos de Cnosos parecen haber ejercido un verdadero poder y no se excluye la posibilidad de que fueran los amos del mar Egeo. Las dinastías minoicas apoyaban esta fuerza en la religión. La mujer ocupaba un puesto muy importante en la vida pública. Por tanto, no debe sorprendernos que las numerosas sacerdotisas pudieran ejercer considerable influencia sobre el poder.

Los frescos descubiertos muestran bailarinas sagradas que ocupan el centro de la escena. También sabemos que las principales divinidades eran del sexo femenino. Así, la diosa de la fertilidad era al mismo tiempo la diosa madre, la de los infiernos, dueña de los animales y soberana de la guerra. Le consagraban serpientes, pájaros, árboles, riachuelos o flores. Por otra parte, se estima que el toro representó un papel importante en la religión.

Los templos no parecen haber sido muy numerosos y las ceremonias religiosas debieron de desarrollarse casi exclusivamente en grutas, en la cumbre de las montañas, en las casas y también en las capillas contiguas a los palacios. Procesiones y danzas hacían estas ceremonias más agradables. En las fiestas míticas, se honraba tanto al dios de la vegetación como a la diosa de la fertilidad.

Ya en tiempos de los antiguos palacios, el arte de la cerámica había alcanzado notable grado de perfección. Artistas y artesanos realizaban magníficas jarras del tamaño de un hombre que servían para conservar el aceite. También modelaban tazas de gran finura’ decoradas con dibujos naturalistas y esculpían graciosas figuras femeninas. Finalmente, se les atribuyen sellos y tablillas de arcilla.

Desde el punto de vista económico, los «viejos» palacios eran centros importantes. Disponían de grandes almacenes en los que se conservaban aceite, grano y vino. Los cretenses mantenían relaciones comerciales con el continente griego, pero Siria y Egipto parecen haber sido las principales zonas de exportación para los tejidos, los sellos y la espléndida alfarería, cuya fama llegaba hasta Mesopotamia.

Creta se familiarizó con la escritura jeroglífica egipcia e inventó, a su vez, una escritura propia. Sin embargo, todavía no sabemos mucho a este respecto, pues los especialistas han comenzado recientemente a descifrar las tablillas de arcilla minoicas. Los soberanos  no  parecían  pensar  en ción de escenas más realistas. Esta tendencia no sólo se exterioriza en la decoración de las jarras, sino sobre todo en los frescos.