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Historia de Madagascar Geografia y Recursos Naturales Isla

Historia de la Isla Madagascar
Geografía ,Cultivos, Población, Recursos

Madagascar, situada mar adentro de la costa oriental de África, es un país de relieve atormentadoque pertenece a la zona tropical. La población, originaria de Melanesia e Indonesia, vive especialmente de la agricultura (arroz, café) y ganadería. A pesar de que en su suelo se hallan materias muy valiosas, la industria sigue siendo embrionaria. Independiente desde 1960, la República Malgache es miembro de la Comunidad francesa.

mercado de tananatrive

La República de Madagascar,está localizada en el sector occidental del océano Índico, separada de la costa sureste de África por el canal de Mozambique. Está formada por la isla de Madagascar, la cuarta mayor del mundo sin contar Australia, y otras islas de menor tamaño. La superficie total del país es de 587.041 km². Arriba vemos una imagen del mercado de Tananatarive

Madagascar, descubierta por el portugués Diego Díaz en 1500, no entró realmente en la historia mundial hasta el siglo XIX, cuando los franceses hicieron todo lo posible para incorporarla a sus posesiones coloniales. Sin embargo, tuvieron que hacer frente a la rivalidad de Inglaterra, y hasta 1896 la «Gran Isla» no formó parte del imperio francés.

Tras un período agitado, el general Gallieni, que fue gobernador general hasta 1905, restableció la paz. Después de la segunda guerra mundial estalló una revolución (1947), y en 1960, con la aprobación de Francia, la isla accedió a la independencia con el nombre de República Malgache, pero siguió perteneciendo a la Comunidad francesa.

mapa de madagascar

Idioma y religión: Los dos idiomas oficiales de Madagascar son el dialecto merina del malagasy (malgache), un idioma de origen malayo-indonesio, y el francés. Aproximadamente, el 41% de la población total practica el cristianismo, alrededor del 52% mantiene creencias tradicionales y el 7% sigue el islam.

Madagascar es tan grande como Francia. Separada de la costa oriental de África por los 400 km del canal de Mozambique, constituye un mundo aparte. La isla está atravesada en su longitud por un eje montañoso, una sucesión de macizos volcánicos. En el este, aquél se sumerge en el mar, por encima de una estrecha faja litoral. En la vertiente oeste, el relieve decrece progresivamente en una sucesión de mesetas y la llanura costera es mucho más ancha.

Situada en su casi totalidad al norte del trópico de Capricornio, Madagascar sufre la influencia de los vientos alisios del sudeste que llevan violentas lluvias a la costa oriental. Pero a medida que nos acercamos al oeste estas lluvias disminuyen. A esto se debe que la vegetación espontánea evolucione de la selva virgen a la sabana de matorrales.

Esta sabana es muy tupida, pero ha sido muy decentada por los quemados y se ha transformado en una estepa bastante árida que recibe el nombre de savoka. La impenetrable selva virgen del este es una de las más bellas del mundo.

La mayoría de habitantes vive en las tierras altas, pues el clima es más fresco y allí se encuentran las tierras aptas para el cultivo y la cría de ganado.

Sin embargo, en conjunto, el suelo, demasiado expuesto a la erosión, no se presta en absoluto a la agricultura. Las sales de hierro que dan al suelo un color rojo pardo le han valido a Madagascar el sobrenombre de «isla roja».

La población es originaria de Melanesia e Indonesia, y no de África, como lo demuestra el cultivo del arroz en campos irrigados con frecuencia dispuestos en terrazas.

Los primeros inmigrantes, batsileos y sakalavas, fueron rechazados hacia el interior de las tierras por las nuevas oleadas de inmigración. De este modo, el principal grupo étnico, los merinas, se establecieron en Madagascar en el siglo XV.

Siguen constituyendo el grupo más evolucionado y han fijado su residencia en los alrededores de Tananariva. Sin embargo, todas estas poblaciones hablan una lengua común: el malgache, juntamente empleado con el francés, que está muy extendido.

La isla cuenta con unos veinte millones de habitantes, o sea, unos diez por kilómetro cuadrado. Durante mucho tiempo, el crecimiento demográfico ha sido muy lento a causa de las fiebres palúdicas y de una mortalidad infantil muy elevada.

Sin embargo, actualmente la población aumenta alrededor de tres por ciento al año. Madagascar sigue siendo un país pobre. Noventa por ciento de la población activa todavía se dedica a la agricultura. No obstante, el suelo es poco fértil y sólo 8 % de las tierras están cultivadas.

Existe una agricultura sobre quemados (maíz, mandioca). El cultivo del arroz es muy importante en torno a Fianarantsoa y cerca del lago Alaotra. Los franceses han organizado modernas explotaciones agrícolas en las que trabajan, principalmente, autóctonos agrupados en cooperativas.

El café, hoy principal producto de exportación de Madagascar, procede de la región costera oriental. Más al norte se cultivan vainilla y diversas especias. Citaremos también las plantaciones de caña de azúcar, algodón, sisal y rafia. Los malgaches también se dedican a la cría extensiva de ganado (cebúes): se cuenta un promedio de un bovino por habitante.

En el suelo se encuentra grafito, mica, uranio, oro, níquel y piedras preciosas, pero los yacimientos, poco extensos, no permiten grandes inversiones. La insuficiente explotación de las fuentes de energía (hulla negra y blanca) y la ausencia de una adecuada red de carreteras entorpecen el desarrollo industrial. En cambio, existen dos puertos modernos, Tamatava y Diego Suárez.

Madagascar es, en la plena acepción de la frase, un país en vías de desarrollo.

Moneda: El ariary  sustituyó al franco malgache el 1 de enero de 2005 como única moneda oficial; era la que existía en el reino malgache antes de la colonización francesa. Un ariary corresponde a 5 iraimbilanja (es una unidad monetaria que no está basada en el sistema decimal) y a cinco francos malgaches. En el momento de la sustitución, 1.760 ariary equivalían a 1 dólar estadounidense. En 1975 se nacionalizaron todos los bancos y son regulados por el Banco Central de Madagascar (creado en 1973).

 

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Historia de la Ciudad de Washington DC Monumentos y Capitolio

Historia de la Ciudad de Washington D.C.
Capital de Estados Unidos

El lugar de emplazamiento de la ciudad de Washington fue escogido por el propio Jorge Washington en persona. La ciudad, capital de Estados Unidos, es una de las más hermosas del mundo. Posee muchos monumentos notables, así como numerosos parques. El río Potomac contribuye a embellecer la ciudad. Washington es el ejemplo típico de un centro exclusivamente administrativo, desprovisto de toda actividad industrial. Lo que no impide que la ciudad haya crecido hasta desbordar el distrito de Columbia.

Fue el propio Jorge Washington quien escogió, en 1790, el lugar en donde debía ser edificada la capital de Estados Unidos. Como este país tiene una organización de tipo federal (una federación es una asociación de estados cada uno de los cuales conserva su independencia), había que construir esta capital en un territorio que fuera a la vez neutral y común a todos ellos: el distrito de Columbia.

En 1800, el Gobierno norteamericano fijó su residencia en Washington, y allí ha seguido hasta nuestros días, con una corta interrupción en 1814. En esta época, en efecto, los ingleses se apoderaron de la ciudad. Washington se vio seriamente amenazada durante la guerra de Secesión, pero el Gobierno no se movió de allí.

Washington es una de las ciudades más notables de la tierra; su núcleo urbano cuenta con 2 millones de habitantes.

Su población aumenta cada año en 70.000 almas, lo que no debe sorprendernos, pues Washington no es sólo la sede de la Administración central de Estados Unidos, sino también la de numerosos organismos internacionales.

Desde el punto de vista territorial, las nociones de núcleo urbano de Washington y de distrito de Columbia no concuerdan. El distrito federal de Columbia, situado en la orilla oriental del Potomac, entre los estados de Maryland y Virginia, es mucho más pequeño que la aglomeración urbana de Washington, que se extiende mucho más allá, sobre el territorio de los dos estados vecinos.

La administración de la ciudad corre a cargo de tres administradores designados por el Gobierno. Los ciudadanos de esta urbe no tienen derecho al voto en los asuntos de interés local, pero participan en la elección presidencial.

Si Washington es el corazón de Estados Unidos, la avenida de Pensilvania es el corazón de Washington. Es una gran vía completamente recta que une el Capitolio con la Casa Blanca. El Capitolio es la sede de la Cámara de Diputados y del Senado. Este impresionante edificio, construido en estilo neoclásico, está coronado por una cúpula de 77 m de altura.

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Capitolio con la Casa Blanca en Washington

El plano del Capitolio lo trazó en 1792 el arquitecto William Thornton, y ha sido el modelo de muchos Parlamentos de otras naciones americanas. A su alrededor se alzan otros edificios de importancia, como el Tribunal Supremo y la Biblioteca del Congreso, donde se conservan millones de libros. Esta última es una de las mayores bibliotecas del mundo; en ella se encuentran, además de libros, películas, fotografías, periódicos reproducidos en microfilm y muchos otros documentos importantes.

En cuanto a la Casa Blanca, es la residencia oficial del presidente de Estados Unidos y está situada en el extremo opuesto de la avenida de Pensilvania. Fue también Thornton el que en 1792 construyó este palacio, que es enteramente blanco. Al lado de las habitaciones destinadas al uso personal del presidente y de su familia hay muchísimas otras y salas de reunión. El parque que la circunda es en gran parte accesible al público.

En la vecindad de la Casa Blanca se alzan el Memorial de Lincoln, el monumento a Washington y el Memorial de Jefferson; el de Lincoln atrae a muchos turistas americanos, y cada año unos dos millones de personas visitan este edificio, que alberga una gran estatua de Lincoln sentado en un sillón de alto respaldo.

El Memorial de Jefferson, cuyos silueta y estilo recuerdan los del Panteón de Roma, se alza junto al lago Tidal, a cuyas orillas florecen unos cerezos ofrecidos por Japón. El monumento a Washington es un obelisco de mármol de 196 m de alto, enclavado a mitad de camino entre la Casa Blanca y el Memorial de Jefferson.

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monumento a Washington

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Casa Blanca en Washington

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Memorial a Jefferson en Washington

Otro lugar célebre es el Cementerio Nacional de Arlington, necrópolis situada junto a la orilla occidental del río Potomac, aunque tiene acceso desde el Memorial de Lincoln. Allí reposan los muchos miles de soldados norteamericanos muertos en el curso de las dos guerras mundiales y en la de Corea. Allí están la tumba del soldado desconocido y la de Kennedy.

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Memorial de Lincoln Washington

No lejos del cementerio se alza el Pentágono, que es, desde 1942, el cerebro estratégico de Estados Unidos.

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Washington, Pentagono

Citemos finalmente los museos, como el nacional de Bellas Artes, edificio de estilo neoclásico construido en mármol rosa, que alberga una de las colecciones más ricas del mundo.

En Washington reina una atmósfera especial. A diferencia de otras grandes ciudades de Estados Unidos, posee numerosos parques y estanques. Además, el Potomac y su afluente, el Anacostia, atraviesan la ciudad y contribuyen a aumentar su encanto. Es preciso mencionar que Washington no posee muchas industrias. Los únicos establecimientos industriales son algunas imprentas y casas editoriales. Washington es un ejemplo único de ciudad dedicada exclusivamente a funciones administrativas.

PLANO ZONA CENTRO DE WASHINGTON

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Isla de Hokkaido o Yeso Economía, Recursos, Población, Ubicación

LA ISLA DE HOKKAIDO O YESO (JAPÓN)
Geografía, Economía y Recursos

Japón está formado por un grupo de islas, la más septentrional de las cuales es la de Yeso, también llamada Hokkaido . Las precipitaciones son abundantes, y el clima, de tipo continental con inviernos muy duros. Japón no se dedicó a explotar racionalmente la isla hasta después de la segunda guerra mundial.

Desde el punto de vista económico el equipo es muy moderno. La agricultura está muy mecanizada y comprende los cultivos más diversos. La ganadería y la pesca son también importantes. Esta última constituye una importante fuente de ingresos, principalmente la pesca de cangrejos en las aguas septentrionales

Si examinamos un mapamundi podremos comprobar que Japón está formado por un grupo de islas que se extienden a lo largo de la costa oriental del continente asiático. Este archipiélago, que comprende un total de 1.042 islas, se extiende, en un recorrido de 4.000 kilómetros, entre los grados 46° y 30° de latitud norte. Las islas principales son Kiusiu, Sikok, Hondo y Yeso (Hokkaido).

Yeso es la más septentrional de estas islas; tiene una superficie de 70.000 km2, pero la población no excede de 5.800.000 de habitantes. Es, pues, la región menos poblada de Japón, ya que tiene una densidad de 80 habitantes por kilómetro cuadrado, cuando la media general es de 270 habitantes por kilómetro cuadrado. La isla, por otra parte, no alcanzó estas cifras hasta después de la segunda guerra mundial, cuando las reformas que se efectuaron atrajeron a gran número de inmigrantes.

Yeso está en la misma latitud que el sur de Francia de los Pirineos a Lyon, de modo que debería tener, en principio, un clima mediterráneo ; pero no es así. La ciudad de Hakodate, situada al sur de la isla, disfruta en enero una temperatura media de 3 °C, y en julio, de 21° C.

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Hokkaidō, antigua Eso o Yeso, es la isla más septentrional y la segunda más grande del archipiélago japonés. Está situada entre el mar del Japón (mar Oriental) al oeste, el mar de Ojotsk al norte, y el océano Pacífico al este. El estrecho de La Pérouse (conocido en Japón como estrecho de Soya) separa Hokkaidō de la isla de Sajalín (al norte); el estrecho de Tsugaru (al sur) la separa de Honshū (la isla más grande de Japón); y el estrecho de Nemuro (al noroeste) la separa de las islas Kuriles.

Las precipitaciones son relativamente abundantes: 1.150 milímetros. Yeso goza, pues, de un clima templado marítimo a causa de los monzones. En invierno, la presencia de una corriente marina muy fría, la Oyashio, y los vientos continentales que vienen de Asia, influyen en la temperatura. Afortunadamente, una corriente templada, la Kuroshio, compensa su efecto. Por esta razón, las tempestades de nieve son frecuentes en esta parte del país, especialmente en el noroeste.

La gran diferencia entre las temperaturas estivales y las invernales dan al conjunto del clima de Yeso carácter más o menos continental, a despecho de las fuertes precipitaciones. Los inviernos son largos y fríos, y la temperatura desciende a menudo por debajo de los —20° C.

Gran parte de Yeso está cubierta de árboles de hoja caduca. Al igual que en la mayoría de las islas del archipiélago, el terreno es muy accidentado y montañoso. Podemos distinguir dos zonas: la cordillera propiamente dicha, compuesta de granito y pizarra, y la zona volcánica. Estas dos zonas se cruzan prácticamente en mitad de la isla; en este punto encontramos las cumbres más altas (más de dos mil metros) y los movimientos sísmicos causan estragos con más frecuencia. Al oeste del macizo central se extiende una zona formada por sucesivas abras; esta altiplanicie se llama Ishikari.

La isla fue colonizada por los japoneses a ritmo muy lento, debido a su clima septentrional, aunque el Gobierno, temiendo una invasión rusa, alentara a los inmigrantes. Los japoneses que fueron a establecerse a la isla, generalmente bajo la presión de las autoridades, escogieron como lugar de residencia la meseta de Ishikari. Sólo algunos inmigrantes que llegaron antes —y que eran, además, pescadores— se quedaron a vivir en las regiones costeras.

En 1900 Yeso contaba apenas con un millón de habitantes. Poco antes de la segunda guerra mundial, la población aumentó a 3.000.000. Inmediatamente después, el aumento fue extremadamente rápido, y se estima que en la actualidad la población llega a los 5.800.000.

La meseta y las regiones costeras son los lugares más concurridos. La montaña, en cambio, está sujeta a la erosión, y rápidas corrientes de agua arrastran grandes masas de tierras de aluvión y las depositan en las vaguadas y en los numerosos deltas que hay a lo largo de la cqsta.

El suelo, en los terrenos bajos, se presta mejor a la agricultura. Los flancos de las montañas se utilizan también para el cultivo cuando no son demasiado abruptos. Ésta es la razón de que una población relativamente numerosa viva apelotonada en un terreno bastante exiguo.

Desde el punto de vista económico, Yeso está equipada^con material moderno; y como la explotación del suelo no se llevó a cabo hasta fecha reciente, los japoneses se aprovecharon de la experiencia ajena. Los cultivos, la minería, las fábricas, fueron concebidos de un modo muy racional y escapan a la tradición, que a menudo ejerce acción entorpecedora. Las explotaciones agrícolas de la isla de Yeso son mucho más importantes que las de cualquier otra comarca de Japón, a menudo inferiores a una hectárea.

Es preciso que digamos tambien que las tierras cultivables disponibles son mucho más extensas y que las grandes explotaciones facilitan en gran manera la mecanización.

Un cultivo nuevo, el de la remolacha azucarera, da muy buenos resultados. Los arrozales de la llanura central, que se benefician de veranos muy cálidos y húmedos, dan un rendimiento que puede compararse a los más elevados del mundo. Hemos de mencionar también la ganadería; el ganado es de gran talla y está bien cuidado.

El incremento de la cría de ganado es consecuencia del cambio que ha experimentado el modo de vivir de los japoneses, que consumen en la actualidad mayor cantidad de carne y de productos lácteos, lo que indica una mejora del nivel de vida. Yeso produce la mayor parte de la leche y de la mantequilla que se consume en Japón. Hay allí numerosos vergeles, en los que abundan los manzanos y los cerezos.

Hemos dicho ya que Yeso es un país de bosques. Por ello la madera se emplea en la construcción con preferencia a otros materiales, especialmente en el campo. También sirve de combustible y en la obtención de pulpa o pasta de madera para la fabricación del papel y de la celulosa. Paralelamente a la industria de la madera, otras se han desarrollado también considerablemente, después de la segunda guerra mundial, hasta el punto de que Yeso suministra numerosos productos a las otras islas.

La pesca es una considerable fuente de ingresos; no en vano llaman a los japoneses «los cultivadores del mar», pues compensan la falta de productos agrícolas con el fruto de la pesca. Yeso figura entre los más importantes centros pesqueros del mundo. En las aguas que circundan la isla abundan los peces comestibles especialmente en el lugar de reunión de las dos corrientes, pues el agua contiene un elevado tanto por ciento de plancton, que los atrae. A lo largo de la costa, bacalaos, arenques y cangrejos constituyen los principales productos de esta cosecha que proporciona el mar.

La pesca del cangrejo ha aumentado en gran manera en el curso de los últimos años. A los cangrejos les gustan las aguas frías, especialmente las de la desembocadura del Amur, que pertenecen a la Unión Soviética. De la pesca del cangrejo ha surgido una verdadera industria, y a ella debe Hakodate su rango de segunda ciudad de Yeso. Otaru, en la bahía de Ishikaido, al oeste, es también un gran centro pesquero.

Yeso posee más materias primas y más fuentes de energía que el resto de las islas del archipiélago. En el sur abunda la hulla, y los técnicos estiman que las reservas de la isla representan 50 % de la reserva total de carbón de Japón. También hay petróleo y azufre. Los torrentes que descienden de las montañas son una fuente de energía preciosa y poco costosa. La isla dispone también de yacimientos de hierro, cromo y manganeso.

En fin, Yeso está en trance de convertirse, además, en centro turístico a causa de sus bellezas naturales y de sus montañas, que en invierno permiten la práctica del esquí.

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Fundacion de San Petersburgo por Pedro el Grande de Rusia Despota

Fundación de San Petersburgo por Pedro el Grande

En la primavera de 1701 Pedro se hallaba en condiciones de emprender de nuevo la guerra y entonces se lanzó contra las provincias suecas del Báltico, donde Carlos XII no habla dejado más que escasas guarniciones.

De esta manera Pedro pudo lograr algunas victorias y consolarse un tanto de la derrota sufrida en Narva; en 1702, los rusos se apoderaron de la fortaleza de Noteborg, cerca de la desembocadura del Neva en el lago Ladoga y, al año siguiente, de otra plaza fuerte, Nyenskans, en la misma desembocadura del río.

Fundación de San Petersburgo

Apenas Pedro llegó al litoral del golfo de Finlandia fundó, en una pequeña isla del Neva, la ciudad de San Petersburgo, el primer puerto ruso sobre el Báltico, y casi inmediatamente comenzó la tarea de construir una flota en aquel lugar.

San Petersburgo debía ser su nueva capital, aunque la comarca fuera sin duda la menos hospitalaria de su inmenso imperio; de hecho, una región pantanosa de clima insalubre. La construcción de San Petersburgo exigió enormes sacrificios, tanto en dinero como en hombres; se reclutaron a la fuerza campesinos y obreros procedentes de todas partes del gran imperio, para el establecimiento humano de la nueva capital, que el zar pretendía erigir tomando por modelo la ciudad de Amsterdam.

Numerosos prisioneros suecos trabajaron en ella hasta sucumbir extenuados, y cuando terminó de construirse la capital nadie quiso ir a establecerse allí; entonces el autócrata obligó a numerosos boyardos y burgueses a abandonar sus domicilios moscovitas para construirse nuevas residencias en San Petersburgo.

A pesar de tanto esfuerzo y sacrificio, para el pueblo ruso la nueva capital no representaba más que una «ciudad puramente artificial» comparada con Moscú, corazón de la Santa Rusia, consideración de que Moscú gozó siempre; incluso después que San Petersburgo fue designada oficialmente como cabeza del imperio ruso.

Las obras fueron iniciadas en 1703, y para vigilarlas el zar se hizo construir una edificación de madera, compuesta de dos habitaciones: dormitorio y comedor. Los primeros barcos holandeses que llegaron fueron pilotados por el propio Pedro, que perseguía a las naves suecas que se atrevían a merodear por allí.

RUSIA EN TIEMPO DE PEDRO EL GRANDE

Modernización a cualquier precio: tal la línea rectora de la política interior y exterior de Pedro I, zar de Rusia. Y, con los ojos vueltos hacia la Europa del Oeste, su cultura y sus costumbres, prepara la primera incursión bélica contra los turcos, en 1695. Tomando Azov,

Pedro tendría una puerta abierta al mar Negro, por la cual se simplificarían los contactos marítimos de su país. Sólo en 1696, empero, logra dominar la ciudad. Hace un largo viaje al Occidente de Europa (1697), ansioso de estrechar relaciones con los gobernantes, absorber en la misma fuente la energía progresista que pudiese trasladar a Rusia y estimular la modernización que deseaba.

En la ejecución de sus proyectos reformistas, toma a menudo medidas de seriedad discutible, como la prohibición del uso de la barba y la imposición de la manera europea de vestir, y otras de discutible civilidad, como sus represiones y obras forzadas. No deja, con todo, de aplicar ideas de mayor alcance, como la de abrir un camino hacia el Báltico (una especie de lago sueco desde la firma del tratado de Westfalia). Con tal objetivo inicia la Guerra del Norte contra Suecia (1700), auxiliado por Polonia y Dinamarca. Pero los suecos vencen en Narva e invaden a Rusia, amenazando Moscú.

En la batalla de Poltava (1709), no obstante, Pedro logra batir a las tropas de Carlos XII. Los rusos ocupan las provincias suecas del Báltico -Livonia, Ingria, Carelia y Estonia-, cuya posesión definitiva 1e*s es reconocida en 1721 (paz de Nystad). Inmediatamente, el zar Pedro hace la guerra a Persia, toma Derbent y Bakú, y se apodera de las costas caucásicas del mar Caspio.

PARA SABER MAS SOBRE LA FUNDACIÓN
Una nueva capital en los pantanos

Pero los materiales tradicionales no significaron nada para Pedro el Grande, el zar de Rusia a partir de 1689. Odiaba a Moscú, con sus edificios de madera y su aspecto asiático. Pedro el Grande quiso una nueva capital que mirara hacia Occidente, y se propuso aplicar la influencia europea en la Rusia que consideró un país atrasado.

El sitio elegido por el zar para su nueva capital, a la que llamó San Petersburgo, no era prometedor: tierras inundadas del pantanoso delta por el que desemboca el río Neva en el Golfo de Finlandia. El río se helaba seis meses al año, estaba cubierto con bruma, y se desbordaba con los deshielos. Durante su construcción, la ciudad casi siempre estuvo bajo varios metros de agua. Para las cimentaciones, se arrojaron a los pantanos miles de troncos. En invierno, los lobos deambulaban por las calles, y en 1715 devoraron viva a una mujer.

EDIFICIO ruso

Ciudad de piedra En el siglo XIX, la Catedral de San Isaac, en San Pefersburgo, reemplazó al edificio original de Pedro el Grande: al construirla, se usaron similares andamias de madera.

Pese a las condiciones difíciles y a lo titánico del proyecto, se erigió una espléndida ciudad de edificios de piedra. Las obras se iniciaron en 1703, y para 1710 se terminó la primera etapa de construcción y se comenzaron las obras del Palacio de Verano del zar. La ciudad ya tenía 34,000 habitantes cuando el zar la declaró capital de Rusia. Las obras aún no concluían cuando Pedro el Grande murió en 1725, pero ya eran suficientes para impresionar a Europa.

La madera más utilizada era el abeto, aunque también se usaban otras confieras, y castaños, hayas y robles. Los troncos de las isbas eran de 9 m de largo y 30 cm de diámetro: se colocaban horizontalmente, reforzando las esquinas con alguno de los varios tipos de uniones. Los techos eran inclinados para que resbalara la nieve. A veces, el piso quedaba elevado del suelo mediante tarimas de madera, ladrillo o piedra: se entraba por unas escaleras techadas.

Además de la habilidad para construir en madera, los rusos eran afectos a redecorar sus casas. No lo pensaban dos veces para quitar puertas, ventanas o incluso paredes, si con ello mejoraba la decoración, y a veces simplemente para dar cabida a los invitados de fiestas y banquetes.

Toda cabaña estaba decorada con tallas de madera. Los extremos de los travesaños, alfardas de los techos e hileras se tallaban hábilmente, uno por uno. Las decoraciones de porches, aleros y marcos de ventanas generalmente reflejaban el estilo de construcción de las ciudades, e imitaban los ornatos de piedra de los edificios principales: se colocaban balaustradas y frontones, y paneles tallados en las paredes. Las casas más grandes tenían pisos de parqué, hechos a base de una gran variedad de maderas.

SAN PETERSBURGO Museo Hermitage RUSIA Ciudad Maravillosa Historia

SAN PETERSBURGO Museo Hermitage en Rusia

SAN PETERSBURGO: El 16 de mayo de 1703 Pedro el Grande, zar de todas las Rusias, llegó al frío y pantanoso delta del río Neva y, delante de sus soldados, dijo «En este lugar el destino nos manda que construyamos una ventana sobre Europa».

Lo cierto es que la frase le fue atribuida por Alexander Pushkin, el escritor que ha sido uno de los más célebres hijos de San Petersburgo, que vivió cien años después de la fundación de la ciudad.

Pushkin, como sucede con frecuencia en la literatura, quiso dar al acontecimiento un tono mítico que diese más valor al excepcional nacimiento y al destino de San Petersburgo.

Probablemente, el entonces jovencísimo soberano —que no se había ganado todavía el sobrenombre de el Grande— utilizó el plural mayestático, como convenía a su rango. Pero la historia nos explica que lo de crear una capital que estuviese a la altura de las grandes ciudades europeas —en menoscabo de la «asiática» Moscú— fue sólo fruto de su testarudez, por lo demás hostilizada por la poderosa y corrupta corte moscovita.

Pedro era un hombre con mucha determinación. Amaba el mar, había viajado y no se avergonzaba de haberse manchado las manos, casi como un trabajador, en una atarazana naval holandesa. De costumbres espartanas, vivió durante dos años, a fin de supervisar la construcción de la ciudad que llevaría su nombre, en una mísera casa de madera de apenas dos habitaciones que, protegida por una estructura de piedra, todavía hoy puede ser visitada en la isla de Petrogrado, núcleo originario de San Petersburgo.

Con una superficie de 1400 km2 y una población de cinco millones de habitantes, San Petersburgo está formada por 44 islas entre las que discurren 50 canales y ríos, de los que los más importantes son el Neva y sus cinco afluentes, y es la gran ciudad más septentrional del planeta, a escasamente 800 kilómetros del círculo polar ártico.

Para celebrar los 300 años de su fundación, el gobierno ruso ha gastado —presidido por el petroburgués Vladimir Putin— en 2003, la fabulosa cifre de 1300 millones de euros en la restauración de sus edificios más emblemáticos, dedicando grandes honores a Pedro el Grande ya todos cuantos después de él, contribuyeron a hacer de ella una de las ciudades más bellas del mundo.

No es casualidad que a San Petersburgo estén asociados personajes y acontecimientos fundamentales de la historia y de la cultura rusas. Chajkovskij, Stravinskij y Shostakovic crearon sinfonías inmortales; Pushkin, Dostoevskij y Gogol escribieron las obras maestras; Mendeleev y Pavlov hicieron grandes contribuciones a la ciencia.

Aquí las figuras de Pedro el Grande y los herederos de la dinastía Romanov, entre los cuales está la por otra parte extraordinaria Catalina, vivieron en los fastuosos edificios que encargaron a geniales arquitectos.

En ella vivió y fue asesinado Rasputín, el más visionario y controvertido personaje de la historia rusa. Y allí estaba el crucero Aurora (todavía homenajeado e la orilla del ríoNeva) del que partieron los primeros movimientos para el asalto al Palacio de Invierno (foto abajo), que marcó el final de lo Romanov y dio vida a la creación de la Unión Soviética.

Durante la segunda guerra mundial la ciudad sufrió el más dramático ase dio que recuerda la historia.


En 1917, San Petersburgo se llamaba todavía Petrogrado, y era la capital de Rusia, además de la más europea de sus ciudades, como lo sigue siendo todavía hoy. Fundada sobre una antigua fortaleza sueca por Pedro el Grande, la ciudad a orillas del Neva fue escenario y protagonista de la Revolución de Octubre.

Durante la existencia de la Unión Soviética, la ciudad fue conocida como Leningrado, pero el poder soviético mantuvo su elegantes edificios: Stalin prefirió construir palacios de estilo real socialista en la periferia y algunas espléndidas estaciones en el metro.

Sin embargo, tras la crisis del sistema, la ciudad volvió a recuperar su viejo nombre gracias a un referéndum con el que los ciudadanos reconocieron su capacidad para superar los enormes acontecimientos de su historia, permaneciendo siempre fiel a sí misma y a sus sueños.

Al último zar de Rusia, Nicolás II, le gustaba advertir a los invitados recibidos en su corte que »San Petersburgo estaba en Rusia, pero no era Rusia». Y es cierto que el único edificio en línea con la tradición rusa es la Iglesia de la Resurrección (foto abajo), comenzada en 1882 según el modelo de la «oriental» Catedral de San Basilio en Moscú.

Por lo demás, la arquitectura de la ciudad —un triunfo del barroco, del rococó y del neoclasicismo— lleva la firma de ilustres  europeos. Pedro el Grande confió incondicionalmente en Domenico Trezzini, autor de la fortaleza y de la Catedral de Pedro y Pablo (donde están los restos de muchos Romanov), del Palacio de Verano del Palacio de los Doce Colegios (sede de otros tantos ministerios) y de numerosas estancias nobiliarias.

Tras la muerte de Pedro, las zarinas Ana e Isabel confiaron en el genio de Bartolomeo Francesco Rastrelli, para realizar grandiosas obras como el insuperado Palacio de Invierno y el Palacio de Tsarskoe Selo.

Los datos de los dos edificios son impresionantes: el primero tiene unas 1800 ventanas y el segundo una fachada de 340 metros recubierta de estuco y dorados. Además, kastrelli concibió el armonioso monasterio de Smolnyj y el austero Almirantazgo, cuya vertiginosa aguja es hoy día el núcleo en torno al que gira la ciudad.

Más que ninguna otra zarina, Catalina miró hacia Europa y siguió el Iluminismo para dar a la ciudad el que sería conocido como Museo del Hermitage (foto abajo) que con 2.700.000 obras reunidas en 1400 salas distribuidas en seis edificios (entre ellos el Palacio de Invierno) es el segundo del mundo sólo superado por el Louvre.

Con aquél y después de él llegaron a San Petersburgo otros arquitectos italianos, comoGiacomo Quarenghi, que habría trabajado entre 1779 y 1810 proyectando espléndidas obras en estilo neoclásico (como el teatro del Hermitage), o como el francés Auguste de Montferrand, autor de la Catedral de San Isaac.

A la vez fue encargada a arquitectos rusos —pero con la obligación de inspirarse en la Basílica de San Pedro— la construcción de la Catedral de Kazan. Finalmente, para dar una incomparable armonía al conjunto arquitectónico —ya de por sí excepcional llego también de Italia, en 1819, Carlo Rossi.

Este diseño la extraordinaria sucesión de tres plazas en el corazón de San Petersburgo la Plaza del Palacio de Invierno, centro del imperio, la Plaza de los o Decabristas, centro administrativo y la Plaza de San Isaac centro religioso. Bien se mereció que le fuera dedicada una avenida  –la  ulitsa Rossi— a la cual da la fachada de su elegante teatroAleksandrinski.

Si se exceptúan algunos edificios de estilo modernista de principios del siglo XIX —como el edificio donde están los suntuosos almacenes Eliseev, en la Nevskij Prospekt, principal arteria urbana—, San Petersburgo ha hecho pocas concesiones ala modernidad, al menos desde el punto de vista arquitectónico.

Cuando en esta ciudad se encargan nuevas obras, los proyectos deben acomodarse con religioso respeto a lo que los habitantes de la ciudad sienten por aquel conjunto perfecto que es su ciudad.

Lo sabe bien el americano Eric Qwen Moss, que en 2001 ganó el concurso para la construcción del nuevo teatro Mariinskij adyacente al conocido escenario del siglo XIX, pero que le fue rechazado porque, según la administración su estructura de cristal ondulado y granito azul habría recordado «sacos de una plástica arrebujada».

Se buscó, por ello, un nuevo proyecto, el del francés Dominique Perrault, que preveía un teatro en forma de burbuja, de color dorado. Y Moss, se tuvo que contentar con realizar un centro de exposiciones y eventos en la isla urbana de Novaja Gollandija, sede de los almacenes portuarios de Pedro el Grande. Desde aquí se puede asistir al eterno espectáculo de las conocidas Noches Blancas de San Petersburgo.

HISTORIA: UNA CIUDAD ERIGIDA SOBRE HUESOS HUMANOS
Para construir San Petersburgo, la nueva capital de Pedro el Grande en la ribera del río Neva, se exigió un sacrificio a una escala colosal. Se sometió a campesinos, soldados y prisioneros como parte del millón de personas, de todos los rincones de Rusia, que trabajaron forzadamente en la construcción.

En ella murieron entre 100,000 y 200,000 personas; por ello se dijo que la nueva ciudad fue erigida sobre un gran osario.

Miles de albañiles, ingenieros, herreros y carpinteros, y otros millares de obreros no especializados, trabajaron de sol a sol, alimentados con una magra dieta, durante seis meses. En teoría, se les permitía ir a casa, aunque miles de ellos permanecieron en el lugar durante meses, e incluso años. La deserción era castigada con la amputación de la nariz.

Los trabajadores habitaban húmedas y sucias barracas, o dormían al sereno, cubiertos con frazadas o abrigos. Bebían agua sucia y padecían de mala alimentación: abundó el escorbuto, la disentería y la malaria.

Estaban equipados con pocas herramientas y ninguna carretilla, y debían acarrear el lodo, que excavaban con las manos, en los faldones de su ropa o en sacos hechos de trapos viejos.

EDIFICIO ruso

Ciudad de piedra En el siglo XIX, la Catedral de San Isaac, en San Pefersburgo, reemplazó al edificio original de Pedro el Grande: al construirla, se usaron similares andamias de madera.

EL MUSEO HERMITAGE (PALACIO DE INVIERNO) Sólo la colección de arte europeo occidental ocupa 120 salas, con obras maestras de Italia, España, Holanda, Francia, Alemania y otros países. Sin embargo, para preservar las pinturas y dibujos de posibles deterioros, muchas de ellas se exhiben sólo en forma temporaria.

De Leonardo a Rafael y Tiziano, del Greco a Velázquez, de Kandinski a Picasso y Matisse, el Hermitage es un auténtico catálogo de los más grandes artistas de la humanidad. Además, el museo tiene ramificaciones internacionales en Amsterdam, Londres, Las Vegas y Ferrara (Italia). Pero en la propia San Petersburgo se encuentran, entre otros objetos de incalculable valor, parte de los tesoros de Troya recuperados por Heinrich Schliemann, decenas de obras cubistas de Picasso, gran parte de la obra tardía de Gauguin, grandes obras maestras del Renacimiento italiano y los célebres huevos de pascua que el joyero Fabergé realizó para los zares de Rusia, en particular para Nicolás II y Alejandra.

Claro que su historia está hecha de luces y sombras: así como pinturas centrales de la historia del arte fueron vendidas en los años de la Unión Soviética, otras se encuentran en el Hermitage porque fueron tomadas por la Armada Roja de los museos y coleccionistas de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, a modo de compensación por los daños sufridos por Rusia. Muchas de estas obras, que se creían perdidas, reaparecieron en una exhibición realizada en 1995, y no hay perspectiva de que dejen San Petersburgo alguna vez.