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Biografia de Hervert Marcuse Resumen Filosofo Socialista Historia

BiografÍa de Hervert Marcuse
Resumen FilÓsofo Socialista

Biografia de Hervert Marcuse Resumen Filosofo Socialista Historia«Para qué queremos una revolución si no conseguimos un hombre nuevo? Jamás lo he entendido. ¿Para qué? Naturalmente para lograr un hombre nuevo. Éste es el sentido de la revolución, tal como lo veía Marx, no la revolución burguesa» 

Herbert Marcuse nació en Berlín en 1898. Después de estudiar literatura, se interesó por la filosofía, trasladándose a Friburgo para asistir a las clases que impartía Heidegger.

Pero fue la lectura de Marx, en especial de sus Manuscritos económico-filosóficos, lo que produjo un giro radical en su pensamiento, acuciado más por una necesidad derivada de la situación política en Alemania (el fracaso de la revolución, encarnado en el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg y el afianzamiento del nacionalsocialismo, que auguraba la victoria del nazismo y el fracaso de una

 política socialista), que por una elección personal. Efectivamente, la clase obrera alemana fue incapaz de detener a Hitler, por lo que su ascenso no se entendió como un hecho aislado o accidental, sino que fue interpretado por los intelectuales, especialmente por los integrantes de la Escuela de Frankfurt, como un estadio derivado del desarrollo del capitalismo tardío. A esta escuela accedió Marcuse en 1932, a través de Kurt Ríezler, amigo de Heidegger y de Horkheimer.

Fundada por un científico judío vinculado al radicalismo marxista, la Escuela de Frankfurt comenzó su andadura como parte del lnstitut fürSozialforschung, el Instituto de Investigación Social, dedicado a estudiar los movimientos obreros, revisar las teorías de Marx y analizar desde una perspectiva interdisciplinar (filosofía, ciencias sociales, epistemología, psicoanálisis, economía, etc.) distintos problemas sociales, sobre todo los concernientes a la situación de Occidente y a su contrapartida comunista.

El lnstítuto se enfrentó tanto al capitalismo burgués como al socialismo bolchevique, criticando las filosofías que los justificaban: el positivismo y el marxismo ortodoxo.

Como miembro de la Escuela de Frankfurt, también denominada Teoría Crítica, Marcuse colaboró en todos los proyectos interdisciplinares que tendían a configurar un nuevo modelo de teoría social. Trasladada a la Columbia University (New York) en 1934, la escuela, dirigida por Horkheimer, mantuvo viva la tradición de los intelectuales de izquierda y sirvió de referencia a todos los movimientos emancipatorios. Su análisis crítico estaba claramente orientado a la transformación del mundo, a una praxis social que desocultara el tipo de racionalidad sobre el que se asientan las sociedades modernas industrializadas, sean liberales o socialistas, racionalidad que permitía mantener y confinar al mundo en su estado existente.

La Teoría Crítica asume que el teórico, el investigador, es un elemento endógeno a la realidad que interpreta y que pretende transformar. Su relación con ella es dialéctica, porque es parte constitutiva de la sociedad que pretende conocer y en la cual se origina su análisis: toda cultura pertenece a una estructura ideológica que tiende a perpetuar el sistema que la genera, desviando las acciones individuales de la emancipación así como de la propia comprensión de la realidad en la que se encuentra sumergida. La Teoría Crítica pretende liberar a los individuos de estas formas ideológicas de dominio.

Marcuse encontró en Freud la posibilidad de una praxis subversiva que desenmascarase cómo son los propios individuos los que inconscientemente reproducen e internalizan la represión de las sociedades capitalistas y comunistas, echando a perder toda revolución. Después de trabajar en la OSS (Oficina de Servicios Secretos) de Estados Unidos para luchar contra el fascismo, Marcuse publicó Eros y civilización (1955), en la que sintetizó el pensamiento de Marx y Freud, eli­minando el pesimismo de este último, que, en su obra El malestar de la cultura, afirmaba que inevitablemente toda civilización estaba estructurada sobre la re­presión y el sufrimiento. Para -Marcuse, los dos instintos fundamentales de la teoría freudiana, Eros y Thánatos, no desembocan inevitablemente en sistemas opresivos. En el propio inconsciente del hombre se encuentra la posibilidad de instaurar una sociedad no represiva, que se fundamente en la liberación de los instintos, mediante una autosublimación de la sexualidad del Eros. Todo producto y actividad cultural (arte, filosofía, etc.) evidencia un impulso inconsciente en el hombre hacia la libertad y la felicidad, capaz de instaurar una nueva sociedad libre y permisiva, en la que no se produzca un superávit de trabajo, ni restricciones innecesarias en la sexualidad, ni enajenación alguna, mediante la liberación de aquellos condicionantes históricos y sociales que reprimen el principio del placer.

La lucha por la existencia necesita la modificación represiva de los instintos principalmente por falta de medios y recursos suficientes para una gratificación integral, sin dolor y sin esfuerzo, de las necesidades instintivas. Si esto es verdad, la organización represiva de los instintos se debe a factores exógenos —exógenos en el sentido de que no son inherentes a la «naturaleza» de los instintos, sino que son producto de las especificas condiciones históricas bajo las que se desarrollan los instintos. (Eros y civilización).

Queda abierta la posibilidad de que, mediante una praxis adecuada que cambie esos condicionantes, la sociedad pueda llegar a ser libre y no represiva. Estos valores se desarrollaron en la cultura de los años sesenta; Marcuse se convirtió en su abanderado teórico y político.En 1964 escribió una obra extremadamente crítica con las sociedades capitalistas y comunistas avanzadas: El hombre unidimensional. En ella denunciaba que k aparente libertad de los sistemas democráticos escondía subrepticiamente muy sutiles y organizadas formas de represión y control social, que impedían el desarrollo dé potencial revolucionario y transformador.

Las sociedades industriales avanzadas se sirven de la cultura, los medios de in formación, la publicidad, el arte, e incluso la filosofía para reproducir y perpetuar e sistema existente, impidiendo que surja dentro de él la oposición, la crítica y la negatividad. Anticipándose a la doctrina del «pensamiento único» y de la «globalizacíón», Marcuse denuncia la unidimensionalidad, la homogeneidad aplastante del pensamiento y la acción, esferas castradas de todo impulso transformador, crítico revolucionario. Falta una verdadera conducta opositora, una cultura disidente orientada a la transformación y emancipación dé las estructuras represivas y «unidimensionales».

En contra de los postulados marxistas ortodoxos, que veían en el propio desarrollo del capitalismo la consecución de su crisis, y en la clase obrera, el proletariado, un potencial revolucionario que traería necesariamente una sociedad sin clases Marcuse cree que el capitalismo ha fagocitado la posibilidad emancipatoria de la clase trabajadora a través de una venenosa «tolerancia represiva», una política estable basada en el «bienestar» y en el control social absoluto cada vez menos identificable.

Por este motivo, la esperanza de una liberación y de la consecución de una sociedad abierta y libre, deja de estar en manos del proletariado: son las minorías no integradas, los grupos marginales y radicales, los únicos que pueden llevar a cabo una oposición total y una verdadera emancipación. A estos grupos prestó su ayuda Marcuse, alimentando una nueva izquierda contraria al marxismo ortodoxo y radicalmente crítica y opositora contra el establishment.

En sus escritos posteriores, Tolerancia represiva (1965), Ensayo sobre la libe-radón (1969) y Contrarrevo­lución y revuelta (1972), Marcuse se dedicó a vertebrar un pensamiento abiertamente crítico con el liberalismo y alentador de todo movimiento social revolucionario, lo que le granjeó la enemistad del ámbito académico más oficialista. Denunció asimismo que el movimiento de los sesenta había generado una reacción conservadora y contrarrevolucionaria, enmascarada bajo una apariencia liberal y permisiva. Esta postura enormemente crítica de sus escritos provocó que no pudiera seguir trabajando como profesor en la Universidad de Brandeist, por lo que tuvo que, marcharse a California (La Jolla), donde vivió retirado, consagrado a dar conferencias, articular grupos radicales, publicar artículos, etc., bajo una perspectiva marxista y libertaria.

Hacia el final de su vida, Marcuse dio un giro hacia la estética con su obra La dimensión estética (1979). En el arte se esconde un potencial enormemente revo­lucionario y emancipatorio que se proyecta hacia la meta de una sociedad más libre y menos represiva.

Hasta el final de sus días (muere en 1979), Marcuse fue uno ‘de los intelectuales de mayor influencia en Estados Unidos. Su importancia se fue eclipsando a medida que se desvanecían aquellos movimientos y grupos radicales de izquierda a los que él prestó su apoyo, y en razón de la clara postura neoconservadora de las so­ciedades contemporáneas. No obstante, sus escritos —algunos, inéditos, se hallan en la Stads Bibliotek de Frankfurt— suponen una de las más críticas y positivas aportaciones de la Escuela de Frankfurt. En palabras de Lubasz, que celebró una con­versación con Marcuse emitida por la BBC de Londres, la Teoría Crítica a la que pertenecía Marcuse se opuso «al primado de la producción de mercancías, a la dominación carente de sentido, a la irracionalidad, a la manipulación, a la opresión. Al margen de todo lo que, por lo demás, pueda decirse de la Escuela de Frankfurt, una cosa parece cierta: ha sido fuente de inspiración del pensamiento político crítico de nuestro tiempo. Es un ejemplo de filosofía radical».

Marcuse defendió cualquier movimiento de carácter social y revolucionario, pero, en el caso de los movimientos estudiantiles de finales de la década de los sesenta, afirmó que, bajo la apariencia de una revolución de carácter liberal y permisivo, se enmascaraba una reacción conservadora y claramente contrarrevolucionaria. Barricadas en las calles de París en 1968.

Biografia de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista Chino Su Gobierno

Biografía y Gobierno de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista Chino

Mao Tse-tung, revolucionario, teórico y estadista, fue durante décadas el líder indiscutible del comunismo chino. Su papel fue crucial en la creación y primer desarrollo de la República Popular China.

Poeta, erudito y hombre de acción, Mao es uno de los grandes teóricos del marxismo-leninismo en acto revolucionario, partiendo de las realidades chinas pero elevando su práctica a los problemas de la revolución mundial.

A su muerte en 1976, después de la desaparición de Chu En-lai, era el único superviviente de los hombres que forjaron el Partido Comunista e hicieron la revolución socialista en China.

En 1918 entró en contacto con grupos marxistas chinos y en 1921 participó en la fundación del Partido Comunista Chino. Siendo miembro del Comité Central, en 1923 pasó a desempeñar funciones en el Partido Nacionalista, unido por entonces al Partido Comunista.

Biografia de Mao Tse Tung

Al producirse la ruptura entre ambas organizaciones políticas en 1927, comandó un movimiento revolucionario campesino en Hunan y Jianxi, y constituyó en 1931 la República Soviética China. Pero tuvo que huir ante los nacionalistas (la larga marcha de 1934-1935). Aliado (1937-1941) y más tarde adversario de Chang Kai-shek en la lucha contra los japoneses, reconquistó China continental (1946-1949).

Como presidente del Consejo de la República (1954-1959) y del Partido Comunista llegó a ser el principal personaje de China e inspiró el «gran salto adelante» (1958), la ruptura con la URSS (1960) y la Revolución cultural (1966).

Su pensamiento, expresado en numerosas obras filosóficas y poéticas, fue resumido en el Libro Rojo, Citas del presidente Mae Tsé Tung.

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DESCRIPCION DE LA VIDA DE MAO TSE TUNG

Su Juventud: Mao Tse-tung era hijo de un campesino relativamente próspero de Shao Sahn, provincia de Hunan.

Obligado por su padre a abandonar los estudios para trabajar en la granja familiar, el joven Mao escapó de su casa, y en 1911 ingresó en la escuela secundaria de Changsha, donde entró en contacto con la cultura occidental y con las ideas del nacionalista Sun Yat-sen.

Ese mismo año estalló la revolución de Wuhan, que acabaría sustituyendo a la dinastía Manchú por un régimen republicano.

El joven Mao se enroló en el ejército revolucionario durante seis meses, en los que se forjaría su admiración por los líderes militares y su nacionalismo.

Vuelto a la escuela de Changsha, completó sus estudios mientras colaboraba con la revista Nueva Juventud (1915), dirigida por Chen Duxiu, que criticaba el lastre que las viejas tradiciones chinas suponían para el desarrollo del país. También por esa época Mao comenzó sus actividades políticas fundando varias asociaciones estudiantiles, como la Sociedad de Estudios del Nuevo Pueblo.

En 1918 obtuvo el puesto de bibliotecario en la Universidad de Pekín, donde recibió la influencia de Chen Duxiu y de Li Dazhao —introductor de los estudios sobre el marxismo— y profundizó en sus lecturas revolucionarias. Mientras pasaba una temporada en Changsa, estalló el movimiento revolucionario del 4 de mayo (1919), opuesto a la imposición de mandatos japoneses en China por el tratado de Versalles.

A lo largo de estas protestas los radicales chinos derivaron hacia el marxismo-leninismo y el abandono de la cultura tradicional china; aparecía una nueva generación en la escena política. Mao organizó actividades revolucionarias en Changsa y fundó la rama local de la Liga de Jóvenes Socialistas (1920).

El PCC y el Kuomintang

En 1921 se convirtió en uno de los miembros fundadores del Partido Comunista Chino (PCCh ó PCC). Poco después se produjo la alianza con el Kuomintang de Sun Yat-sen (1923), con el objetivo común de «derrocar al imperialismo». Mao pasó a ser miembro de la directiva del partido.

Convencido del potencial revolucionario de la población campesina, en la Encuesta sobre el movimiento campesino en el Hunan (1927) reflejó su convicción de que el mundo rural podía ser la fuente del resurgimiento chino.

La muerte de Sun Yat-sen (1925) propició la ascensión en el Kuomintang del general Chiang Kaishek, que unificó a las fuerzas conservadoras del partido y alejó del poder a los izquierdistas.

A pesar de ello, tanto los comunistas chinos como la URSS continuaron colaborando con el Kuomintang, en la esperanza de alcanzar juntos los fines revolucionarios.

En 1926 Jiang emprendió una gran expedición hacia el norte para someter a los <<señores de la guerra» locales, derrocar al gobierno conservador de Pekín y unificar el país. En ella contó con el apoyo de los obreros, los comunistas y el movimiento campesino.

Tras varios éxitos, Chiang emprendió la represión de sus antiguos aliados en los territorios que controlaba (1927).

Mao, junto con otros líderes comunistas, organizó un ejército capaz de enfrentarse a las fuerzas nadonalistas y al mismo tiempo logró el apoyo campesino mediante la puesta en marcha de una reforma agraria.

Biografia de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista ChinoDesde su refugio en las montañas de Jiangxi y auxiliado por Zhu De como jefe militar, desarrolló una guerra de guerrillas en el medio rural, que obtuvo algunos éxitos.

Pero la insistencia del comité central del partido y de la Internacional Comunista en llevar la lucha a las grandes ciudades provocó nuevos desastres, y Mao ordenó la retirada de sus fuerzas, oponiéndose a los dirigentes del PCC (1930).

Vuelto a su base de Jiangxi, reorganizó sus fuerzas y rechazó varias ofensivas nacionalistas. En 1931 se convirtió en presidente de la República Soviética China de Jiangxi, aprovechando la distracción de las fuerzas nacionalistas por la invasión japonesa de Manchuria.

La Larga Marcha y la guerra chino-japonesa

La masiva campaña militar emprendida por Chiang (1934) desalojó a los comunistas de Jiangxi. 100.000 militantes emprendieron junto a Mao una Larga Marcha de 10.000 Km. hasta encontrar un nuevo refugio en Yan’an, al noroeste (1935). Durante su transcurso, Mao se hizo por fin con las riendas del PCC y consiguió restaurar la moral y el espíritu combativo de los 10.000 soldados que llegaron al final del viaje.

Ante la invasión japonesa, que desde 1937 pretendía controlar toda China, el PCC y el Kuomintang unieron sus fuerzas contra el enemigo común. Durante la guerra chino-japonesa (1937-1945) los comunistas lideraron la lucha contra el invasor, aumentando su popularidad, completada con reformas agrarias favorables al campesinado. Al mismo tiempo aumentaron sus efectivos militares.

En esos años Mao escribió varias obras: Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria en China (1936), Sobre la práctica, Sobre la contradicción (1937), Sobre la guerra prolongada y La nueva democracia (1938). Por esa misma época comenzó un proceso de «sinización» del marxismo, que buscaba su adaptación a la realidad china frente a las tesis dictadas en Moscú. Su campaña de rectificación (1942-1943) le sirvió para educar a los nuevos militantes comunistas y para restar influencia a los líderes pro soviéticos, reforzando su poder personal sobre el partido, del que se convirtió en presidente en 1943.

La guerra civil y el nacimiento de la República Popular

Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial y su retirada de China, el PCC y el Kuomintang reiniciaron la guerra civil (1945-49). A pesar de la superioridad d sus fuerzas y del apoyo estadounidense, el Kuomintang fue perdiendo terreno ante los comunistas, que, incluso sin el apoyo soviético, contaban con una superior organización, el apoyo de millones de campesinos y la buena disposición de la población de los territorios que controlaban. La brutalidad, el despotismo, la corrupción y los errores militares del régimen nacionalista fueron sus peores enemigos; tras sucesiva derrotas, en 1949 sus líderes abandonaron el continente, estableciendo un nuevo Estado en la isla de Formosa (Taiwán).

El 1 de octubre Mao proclamó en Pekín la Re pública Popular China y se convirtió en el jefe del gobierno. Ese mismo año había publicado De la dictadura democrática popular, donde establecía las bases del gobierno popular y preveía la eliminación de los «enemigos del pueblo». La represión de los elementos contrarrevolucionarios se llevó a cabo masivamente en 1951. Al mismo tiempo se emprendió la ingente tarea de la reconstrucción económica y la modernización del país, adoptando para ello el modelo soviético de planes quinquenales (1953).

De las Cien Flores a la Revolución Cultural

Presidente de la República desde 1954, al año siguiente Mao anunció el abandono del modelo soviético de desarrollo, convencido de que la colectivización agraria debería extenderse por todo el país para mejorar las condiciones de vida de la población y lograr una transformación social. Para Mao la movilización social era el requisito necesario para el progreso técnico, y no al revés. Se apoyó en los cuadros provinciales y locales para vencer las resistencias en el seno del comité central del partido.

Con la campaña de las Cien Flores (1956-57) intentaba atraerse a los intelectuales y a las clases no revolucionarias, permitiendo la libre expresión de sus ideas. Pero cuando la libertad de expresión se tradujo en críticas al poder del partido y su dirigente, Mao suspendió rápidamente el experimento. Su siguiente campaña, el Gran Salto Adelante (1957-58), pretendía multiplicar la producción agrícola e industrial, mediante vastos proyectos de colectivización.

Pero los problemas técnicos y de planificación y la retirada de las ayudas soviéticas provocaron una grave crisis económica. Mao renunció a la presidencia de la República (1958), pero seguía al frente del partido. Ante la creciente oposición en el seno de dicha organización, Mao comenzó a apoyarse en el ejército y en su jefe Lin Piao (1960).

En 1963 se produjo la ruptura con la URSS; la nueva situación de distensión Este-Oeste y la insistencia soviética en que China redujera su agresividad regional convencieron a Mao de que la URSS habla traicionado los principios de la revolución, y de que China debía asumir el liderazgo comunista, especialmente en el Tercer Mundo.

La necesidad de superar los desastrosos efectos del Gran Salto Adelante obligó a Mao a tolerar los planes de recuperación económica apoyados por Liu Shaoqi (nuevo presidente de la China) y Deng Xiaoping, abandonando su sueño colectivista. Sin embargo, a partir de 1962 intentó oponerse al «desviacionismo capitalista» de las nuevas políticas. Por ello desarrolló un Movimiento de Educación Socialista, con escaso éxito. La ruptura entre Mao y sus críticos, encabezados Liu Shaoqi y Peng Zhen, estalló en 1965. Desde Shangai, Mao preparó un proceso de depuración ideológica, conocido como la Revolución Cultural Proletaria.

Pretendía devolver la voz y el poder al pueblo, frente a las burocracias del partido. Decenas de miles de Guardias Rojos, jóvenes aleccionados con la lectura del Libro rol (colección de citas de Mao publicada por primera vez en 1964) destruyeron todo indicio de burocratización y aburguesamiento en el partido y el Estado. Este proceso sirvió también para eliminar, incluso físicamente, a todos los elementos críticos y a los que se oponían a la idea de revolución constante de Mao, o simplemente a su creciente poder personal.

El reflujo: Pero el cuestionamiento de toda autoridad implicaba el riesgo de anarquía, y a partir de 1969 Mao se apoyó cada vez más en el ejército frente a los comités revolucionarias populares. El IX Congreso del PCCh (abril) restableció en sus cargos a muchos de los antiguos dirigentes, aunque tendrían que compartir el poder con las nuevas fuerzas emergidas de la Revolución Cultural. El nuevo primer ministro Chou Enlai fue el encargado de diseñar una fórmula de compromiso entre el partido, los comités revolucionarios y el ejército, que se rompería a favor del primero en 1971.

Durante esos años también se produjo una apertura al exterior, la RPCh ingresó en la ONU (1971) y Mao se entrevistó con diversos mandatarios de potencias capitalistas. Sus últimos años estuvieron presididos por la lucha en torno a su sucesión. Tras la muerte de Lin Piao (1971) y Chou Enlai (1976), el grupo pragmático encabezado por Deng Xiaoping logró desbancar a los radicales de la Banda de los Cuatro.

A pesar de la campaña de «desmaoización» tras la muerte del histórico dirigente (9 de septiembre de 1976), éste permanece como símbolo de la nueva China.

AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFÍA:
SUS ULTIMOS AÑOS: A comienzos de 1967 estaban ya definidos los objetivos políticos de la revolución: extensión de la misma a campos y fábricas, fusión de intelectuales y estudiantes con obreros y campesinos, desarrollo de una amplia democracia en el seno de las masas y crítica de la línea burguesa.

En Shanghai, los «obreros rebeldes» accedían a la toma del poder en la vida ciudadana; por todo el país hubo comités revolucionarios con esta función. Por su parte, el «centro» trató de consolidar la alianza entre «obreros rebeldes», cuadros revolucionarios y ejército popular para madurar los resultados alcanzados.

La asunción del control desde el otoño de 1968 cedió paso a nuevas oleadas de vanguardias obreras en dirección a centros escolares, administración, etc., para culminar el proceso revolucionario.

Luego de la condena y exclusión de Liu Shao-chi (octubre de 1968) tuvo lugar el IX congreso del Partido Comunista (abril de 1969), cuando las tensiones fronterizas con la URSS (río Ussari) alcanzaban mayor virulencia. El congreso cerraba una etapa de aguda lucha antirrevisionista, pero no era el fin de la lucha de clases en la fase de transición.

Consolidado el pensamiento de Mao como eje de la revolución china, Chu En-lai cohesionó el estado y sus aparatos, mientras que Lin Piao, cuyo papel fue determinante al frente del ejército popular, fue designado por el congreso sucesor de Mao en calidad de vicepresidente del estado. Un año después intentaba, apoyado por Chen Po-ta, hacerse con la dirección del país en el pleno del comité central en Lushan (1970).

Entre este fracaso y su muerte (septiembre de 1971, al intentar huir a la URSS tras un complot abortado) se dibuja un proceso de oposición a Mao en torno a dos ejes: la recomposición de las relaciones con Estados Unidos y la preponderancia del ejército sobre el Partido. Tras la muerte de Lin Piao, Chen Po-ta era excluido del comité central y del partido (inicios de 1972) y, en 1973, diversos dirigentes purgados durante la revolución cultural eran restituidos en sus cargos.

El X congreso (agosto de 1973) reafirmó la unidad, dañada por los acontecimientos de 1970-1971. Pero, al mismo tiempo, preveía que las orientaciones económicas y sociales debían ser clarificadas por el Consejo consultivo político del pueblo chino y por la Asamblea nacional popular (reunida en 1975 al proclamarse la nueva constitución), una vez las conquistas de la revolución cultural en la superestructura eran confirmadas como avance en la vía socialista: derecho a la rebelión; deber de ir a contracorriente; reducción de la burocracia a su más simple expresión; ascenso de los «obreros rebeldes» a cargos de dirección del Partido.

En el IX congreso, las relaciones con la URSS estuvieron en primer plano, pero el X congreso (informe de Chu En-lai) ponía más énfasis en el llamado «tercer mundo». El «socialimperialismo» de la URSS, adversario más temible en el plano táctico, no ocultaría, sin embargo, que Estados Unidos continúa con sus características imperialistas.

Las relaciones chino-norteamericanas parecían situarse en su justo lugar después de las visitas de Kissinger y Nixon a China (1971-1972) y del primer ministro japonés Tanaka, que dieron lugar al restablecimiento de relaciones con Estados Unidos y Japón, seguidas por todo el mundo capitalista.

China parecía entrar, desde 1970, en el juego estipulado por Estados Unidos y la URSS (potencia nuclear; ingreso en la ONU, 1971), y mantenía relaciones con regímenes fascistas (Chile) o apoyaba movimientos neocolonia-les (Angola) dando argumentos a quienes creían desaparecido el internacionalismo chino de los años sesenta.

Desde la óptica china lo que ha cambiado, sin embargo, merced al fracaso del imperialismo en Asia (Vietnam; poder socialista mantenido en China; ascenso de regímenes socialistas en Camboya y Laos) es la política de Estados Unidos para mantener aislada a China del contexto internacional, con el apoyo indirecto y eventual de la URSS.

En otro sentido, utilizando las diversas contradicciones (Europa-Estados Unidos y Europa-URSS), China iría acercándose a otros países capitalistas con el fin de debilitar la política excluyente de las dos grandes potencias, merced a explotar la amenaza sobre los países situados en la denominada por Mao «zona intermedia», y siguiendo el axioma maoista acerca De las RELaciones internacionales: «los países quieren la independencia, las naciones la liberación, y el pueblo quiere la revolución.»