Estados Unidos: Republicanos y Demócratas

Historia De La Esclavitud en Estados Unidos Origen y Abolicion

Historia de la Esclavitud en Estados Unidos Año de Origen y Abolición

Casi todas las colonias habían empezado por tener esclavos negros; pero los Estados del Norte y del Centro, donde los esclavos no eran numerosos, habían abolido la esclavitud y no habían quedado esclavos más que en los Estados del Sur.

Se esperaba que desaparecerían poco a poco como en el Norte. Los fundadoras de los Estados Unidos, incluso los virginianos, Washington y Jefferson, que tenían esclavos, condenaban la esclavitud. Jefferson decía: «Tiemblo por mi país cuando pienso que Dios es justo».

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Trabajo diario de los esclavos en los Estados Unidos, zona sur

En la Constitución federal de 1787 no se osó emplear la palabra esclavo, y se la sustituyó con una perífrasis.

Los Estados del Sur no producían todavía algodón. En 1793 un americano, Whitney, inventó una máquina para sacar las semillas del algodón, con la que un esclavo podía limpiar 1.000 libras diarias.

Inmediatamente empezó el cultivo del algodón y hubo necesidad de esclavos, podemos afirmar que ese fue el origen del trato inhumano de los negros es este país.

Primeramente se buscaron en África, pero la trata fue abolida en 1808. Entonces los Estados que hasta aquel momento se habían dedicado al cultivo del tabaco, Virginia y el Maryland, donde el clima es menos cálido, se dedicaron a criar negros para venderlos a los plantadores de los nuevos estados.

Los territorios desiertos entre las montañas y el Misisipí se poblaron con gentes salidas de los antiguos Estados.

En la parte Norte fueron colonos libres que ellos mismos labraban la tierra; en la parte Sur, plantadores del Sur que llegaron con sus esclavos. Así los Estados Unidos se encontraron divididos en dos secciones: el Norte, donde la esclavitud estaba prohibida; el Sur, donde estaba establecida.

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Los Estados del Norte, llamados Estados libres, se poblaban mucho más rápidamente. En el primer censó, en 1790, tenían 1.968.000 habitantes, el Sur 1.300.000 (de ellos 657.000 esclavos); en 1820, el Norte tenía 5.182.000 habitantes, el Sur solamente 2.966.000 (de ellos 1.518.000 esclavos).

La cifra de representantes en la Cámara era proporcional a la población, los Estados libres tenían por tanto una mayoría siempre en aumento. Pero en el Senado cualquier Estado, fuera la que fuere su población, tenía dos senadores.

Las gentes del Sur tenían gran empeño en conservar la esclavitud, que llamaban su «institución particular». Para que el Congreso no pudiera tocar a ella, cuidaban que hubiera siempre un número igual de Estados libres y de Estados de esclavos.

Cuando el nuevo territorio al oeste del Misisipí comenzó a organizarse en Estados, la mayoría de la Cámara quiso abolir la esclavitud en el Nuevo Estado del Misurí, a la que el Senado se opuso.

Después de dos años de conflicto, se hizo la «transacción del Misurí» (1820), en que el Misurí fue admitido como Estado de esclavos, y se convino que la esclavitud sería prohibida en el resto del nuevo territorio al norte de la latitud 36° 30. Así la división en dos secciones, el Norte y el Sur, se extendió desde el Atlántico hasta las Montañas Rocosas.

Entre estas dos secciones la diferencia fue siempre en aumento. En el Norte la población estaba casi únicamente compuesta de blancos, americanos o emigrados de Europa, todos iguales entre sí, todos ciudadanos, trabajando ellos mismos como colonos, obreros o comerciantes.

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En el Sur la proporción de los esclavos fue en aumento, constituían en 1840 la mitad de la población. No eran solamente negros, sino mulatos hijos de negras y de blancos. Algunos no tenían más que un cuarto o aún un octavo de sangre negra y costaba trabajo distinguirlos de los blancos, pero no eran menos esclavos.

Como en la antigüedad, estos esclavos no tenían ningún derecho, ni medio alguno de lograr que se les hiciera justicia, puesto que el tribunal no admitía el testimonio de un negro. Estaba prohibido enseñarles a leer.

El dueño les permitía muy frecuentemente tener una familia, pero era común que se vendiese separadamente al marido y a la mujer, a los padres y a los hijos. Trataba a los esclavos a su capricho, la condición de éstos era por tanto muy distinta según los casos.

En los Estados que no producían algodón, los esclavos eran por lo común alimentados y vestidos de un modo pasajero y no se les maltrataba demasiado.

En las plantaciones de algodón o de caña de azúcar, los negros, a quienes el dueño no conocía directamente, eran tratados como máquinas de trabajo, mal vestidos, mal alimentados, alojados en chozas.

Trabajaban quince horas diarias por grupos al cuidado de un capataz que los mandaba a latigazos.

La mayor parte de los esclavos estaban en las plantaciones de algodón que constituían la riqueza del país, y los que vivían en otros puntos podían siempre ser vendidos y enviados al país del algodón.

En todas partes los negros servían de criados a sus dueños. Las negras eran nodrizas, niñeras, doncellas de servicio. El dueño, criado desde niño entre esclavos que le halagaban, adquiría hábitos de señor.

Un virginiano decía: «Todo el que tiene esclavos es desde niño un pequeño tirano». Los dueños de esclavos, acostumbrados a ser obedecidos y a no trabajar manualmente, formaban una aristocracia.

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Los de los antiguos Estados habían conservado maneras nobles, pero los que se habían enriquecido rápidamente en las plantaciones de algodón tenían el aire de advenedizos brutales.

Los blancos que no tenían esclavos, llamados blancos pobres, vivían míseramente en terrenos infecundos, sin trabajar porque el trabajo parecía cosa de esclavos, habitando en chozas, sin aprender siquiera a leer y escribir.

Pero eran devotos de sus ricos vecinos, votaban en favor de ellos en las elecciones y tenían en mucho la esclavitud.

Así, mietjtras que el Norte se hacía cada vez más democrático, la sociedad del Sur se hacía cada vez más aristocrática. Eran dos pueblos diferentes, y el del Norte aumentaba más rápidamente en población, en riqueza, en instrucción.

En 1850, el Norte tenía una densidad de población dos veces mayor que ei Sur. Había muchas más tierras de cultivo en el Norte, y ta tierra se vendía mucho más cara.

Algunos hombres, aislados al principio, empezaron en el Norte a atacar la esclavitud, Se les llamó abolicionistas.

Se fundó en Boston, una Sociedad para la abolición de la esclavitud (1832), se pronunciaron discursos, se enviaron folletos, se presentaron peticiones al Congreso para que la esclavitud fuese abolida en el pequeño distrito de Columbia, único país en que tenía derecho a aboliría.

Pero las gentes del Sur no querían siquera dejar que se discutiese la cuestión, prohibían la circulación por el correo de los folletos relativos a la abolición.

Los políticos del Norte, para no indisponerse con el partido democrático del Sur, sostenían a los abolicionistas en Boston, y estuvo a punto de matar a uno, al que hubo que encerrar para salvarlo.

Un periodista fue asesinado. Una señorita, que había abierto una escuela de niñas negras, fue encarcelada y quemada su escuela.

Pero el número de los abolicionistas aumentó muy pronto lo bastante para constituir un partido (liberty-party). Se adherían al partido por razones de conciencia, porque la esclavitud les parecía contraria a la humanidad y a la religión cristiana.

Trataban de mover a piedad, contando las escenas que pasaban en los territorios de esclavos, las ventas de niños separados de sus padres, las crueldades de los amos, las persecuciones de esclavos fugitivos con perros enseñados al efecto.

Los partidarios de la esclavitud empezaron entonces a decir que tenían a su «institución particular» más afecto que a la Unión y que, si se les hacía la vida insoportable, cada Estado tenía derecho a retirarse y hacerse independiente.

Se brindó aun en banquetes por «la Confederación del Sur». Los políticos, deseando ante todo mantener la Unión, se habituaron a hacer concesiones a los esclavistas.

En los nuevos territorios tomados a México, la Cámara quiso impedir que se extendiera la esclavitud, y el Senado se opuso. Pero, en una parte del territorio, California, se descubrió de pronto oro.

Llegó inmediatamente una multitud enorme de buscadores de oro, la mitad venidos de Europa por mar. Constituyeron un gobierno, y ya en 1849, hicieron una Constitución que prohibía la esclavitud y pidieron la admisión de California como Estado.

Iban, pues, a crearse nuevos Estados libres. El equilibrio iba a ser roto entre las dos secciones, los Estados de esclavos podían perder la mayoría en el Senado. Se discutió violentamente, luego hubo una transacción (1850). California fue admitida como «Estado libre».

Pero se resolvió que los otros territorios, aun cuando situados al norte de la latitud 36°,30, serían admitidos más tarde con o sin esclavitud, según su Constitución lo decidiera.

La facultad de prohibir en ellos la esclavitud pertenecería, no ya al Congreso, sino a los colonos (squatters) que allí fueran a establecerse. Además los Estados del Sur obtuvieron una ley relativa a los esclavos fugitivos.

Hasta entonces, cuando un ciudadano del Sur iba a un Estado libre a reclamar un negro como esclavo suyo, su reclamación era juzgada por el jurado.

La ley creó comisarios especiales que juzgaban sumariamente, sin escuchar el testimonio del negro, por la sola afirmación del agente del propietario que le reclamaba. Los agentes de la policía federal debían ayudar a conducir al negro por la fuerza (1850).

Esta ley irritó vivamente a las gentes del Norte. Entonces apareció la célebre novela La cabana del tío Tom, que tuvo un éxito sin ejemplo, vendiéndose en los Estados Unidos millón y medio de ejemplares.

tapa novela La cabana del tío Tom

La autora, la señora Beecher-Stowe, pobre literata que escribía para dar de comer a su familia, había descrito en ella la vida de los esclavos negros sin exageración, reuniendo en un solo personaje varias aventuras ocurridas realmente a negros. Este libro provocó en todos los Estados del Norte compasión hacia los negros e indignación contra la esclavitud.

Pero los políticos de los dos partidos, democrático y whig, necesitaban de los Estados del Sur. Siguieron apartando la cuestión de la esclavitud y aun hicieron una nueva concesión a los esclavistas.

Quedaba todavía, del territorio adquirido en 1803, por organizar un trozo situado al norte de la línea de 36°30 en que el «compromiso de 1820» prohibía establecer la esclavitud. Fue dividido en dos territorios, y se declaró nulo el compromiso de 1820.

Los habitantes del territorio debían resolver ellos mismos si la esclavitud se establecía.o quedaba prohibida.

Entonces, en los Estados del Norte, se formó un nuevo partido llamado republicano, que tomó como programa impedir que se extendiera la esclavitud en los territorios.

No se pensaba todavía en prohibirla en el Sur. Se fundaron sociedades para ayudar a los emigrantes pobres a ir a establecerse al nuevo territorio (el Kansas) y hacer de él un Estado libre.

La gente del Sur enviaron aventureros armados para hacer del Kansas un Estado de esclavos. Los dos partidos se batieron, y cada uno hizo su Constitución.

En las elecciones presidenciales de 1856, los demócratas hicieron que triunfase su candidato; pero el partido republicano tenía ya 114 votos por 174.

Los esclavistas tenían en su favor al presidente,al Congreso y al Tribunal federal. Pero los demócratas de los Estados del Norte no osaban ya sostener la esclavitud, el partido democrático se dividió, en dos y ya no hubo mayoría.

En las elecciones de 1860, la Convención del partido democrático reunida para designar el candidato a la presidencia se dividió en dos, y cada una de las dos fracciones presentó su candidato. Lo que quedaba del partido whig y el nuevo partido republicano tuvieron sus candidatos respectivos, con lo que hubo cuatro presentados.

El candidato del partido republicano, Abraham Lincoln, era un hombre del pueblo, nacido en las selvas, emigrado en el país, a la sazón casi desierto, que ha venido a ser el Illinois.

Había pasado un año en la escuela primaria y se había instruido luego al azar. Hablaba un lenguaje sencillo, pero firme, que producía gran impresión.

Era de alta estatura, muy vigoroso, diestro en los ejercicios corporales, con rasgos duros y faltos de gracia. Como muchos americanos de los nuevos Estados, había ejercido varios oficios, empleado y administrador de Correos, capitán de volun tarios, topógrafo, abogado, diputado en el Congreso en 1846.

Se hizo de pronto célebre por un discurso pronunciado en la Convención del partido republicano de su Estado: «Este gobierno, dijo, no puede durar indefinidamente mitad esclavo, mitad libre».

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Esclavos trabajando en el algodón bajo el control de sus amos

Lincoln fue elegido por 180 votos, con 57 de mayoría sobre los otros tres candidatos reunidos. A su favor estaban los 18 Estados libres, en contra los 15 Estados esclavistas; pero no había tenido la mayoría de los electores primarios. Sus competidores reunidos

tenían 939.000 votos más que él y el partido republicano estaba en minoría en las dos Cámaras del Congreso. El partido demócrata conservaba, por tanto, una parte del poder y podía esperar recuperar la presidencia.

Pero los esclavistas se habían acostumbrado tan bien a dominar que no soportaron tener por presidente a un adversario. Varios Estados de esclavos, ejecutando su amenaza, declararon,retirarse de la Unión y volver a ser Estados independientes». Tal fue la secesión.

El gobierno de cada Estado tomó posesión de los arsenales, de las aduanas y de todos los edificios públicos pertenecientes a la federación. Doce Estados hicieron sucesivamente secesión.

Luego formaron entre ellos una Confederación del Sur y organizaron un gobierno confederado copiado del antiguo gobierno de la Unión, con un presidente y un Congreso (1861).

Los Estados Unidos se encontraron divididos en dos pueblos: el Norte y el Oeste siguieron siendo los antiguos Estados Unidos, se les llamó federales; los Estados Unidos del Sur formaron la Confederación, se les llamó confederados.

GUERRA DE SECESION

El gobierno federal tenía de su parte a la gran mayoría de la población: 22 millones frente a 12; pero los confederados estaban mucho más unidos.

El partido republicano no tenía siquiera mayoría en el Congreso y vacilaba en emplear la fuerza. Lincoln, al tomar posesión del poder, se dirigió a las gentes del Sur: «En vuestras manos, mis compratriotas descontentos, y no en las mías, está la decisión tan grave de la guerra civil».

Ver:Guerra de Secesión Americana

ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD

El partido republicano no había pedido en un principio sino que se aboliese la esclavitud en los territorios, no se pensaba en aboliría en los antiguos Estados.

Lincoln decía en 1862: «El fin que me propongo, es salvar la Unión y no destruir o conservar la esclavitud. Si pudiera salvar la Unión sin emancipar a un solo esclavo, lo haría».

Pero la guerra cambió la situación. Los federales hicieron prisioneros negros que utilizaban los Confederados como asistentes. Un general los declaró «contrabando de guerra», los confiscó y los emancipó.

Luego, como el gobierno confederado hubiera expulsado a todos los ciudadanos del Norte y confiscado todos sus bienes, el Congreso respondió dando la libertad a los esclavos de los rebeldes.

Por último Lincoln se resolvió a un paso decisivo, y el 1o de enero de 1863 declaró libres a todos los esclavos de todas las partes del territorio sublevado contra los Estados Unidos. La esclavitud subsistía aún en los países de esclavos que no se habían sublevado.

Cuando Lincoln fue reelegido presidente, el Congreso aprobó una enmienda . a la Constitución (enero ae 1865) aboliendo la esclavitud en todos los Estados Unidos.

Lincoln fue asesinado, y el vicepresidente, Johnson, ocupó la Presidencia (1865). Johnson era de la fracción del partido democrático que no había hecho la guerra al Sur sino para mantener la Unión.

Desde el momento en que los Estados del Sur renunciaban a resistir, quería dejarles restablecer su gobierno. Pero una vez que el país en rebelión era ocupado por el ejército federal, los generales federales le gobernaban y daban el poder a hombres del partido republicano.

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Venta al público de esclavos

Este, dueño del poder, no quiso dejar «a los rebeldes» recuperar el gobierno de los Estados del Sur.

Estaban también en desacuerdo los partidos acerca de la manera de arreglar la situación de los negros.

Los que habían sido esclavos eran libres ahora, pero sin casa y sin medios de vida, puesto que toda la tierra pertenecía a sus antiguos dueños. Los gobiernos de los Estados del Sur dictaban leyes declarando vagabundos a todos los negros y obligándoles a ponerse al servicio de un propietario. Era una manera indirecta de restablecer la esclavitud.

El partido republicano quería obligar a las gentes del Sur a hacer de los negros, no solamente hombres libres, sino también ciudadanos.

Durante cuatro años fue violento el conflicto entre el Congreso y el presidente Johnson.

El Congreso aprobó dos enmiendas a la Constitución: quitó el voto a todos los blancos que habían servido en el ejército confederado y prohibió a todo Estado privar a un individuo del derecho de sufragio «por razón de color o de esclavitud anterior».

El partido republicano se aseguró así la mayoría en los Estados del Sur, y entonces solamente los declaró admitidos de nuevo en la Unión. El general Grant, popular por sus victorias, nombrado jefe del partido republicano, fue elegido presidente.

Los negros, que eran ya la mayoría de los electores en los Estados del Sur, resultaban demasiado inexpertos para guiarse ellos mismos.

Llegaban de los Estados del Norte políticos que se hacían elegir por los negros para todos los cargos lucrativos del Estado.

Se los denominó carpet-baggers, porque llegaban al país trayendo por todo equipaje un saco de mano (carpet-bag). En algunos Estados se sirvieron de su poder para hacer votar sumas que se guardaban, o fondos para ferrocarriles que no se construían.

Los blancos, para impedir que los negros votasen, emplearon la fuerza. En Texas se constituyó una sociedad secreta, el Ku-Klux-Klan, para asustar a los negros. Los miembros se daban nombres terribles (furia, hidra, titán).

Se disfrazaban con la cabeza metida en una calabaza que se habían agujereado para ver, con una cara horrible pintada en el pecho, e iban de noche a sorprender a los negros, les daban latigazos y les prohibían votar.

Más tarde, en el estado de Misisipí, aparecieron jinetes vestidos de rojo que de noche detenían a los negros para impedirles ir a las reuniones.
Poco a poco los blancos consiguieron alejar a los negros de las urnas y recuperaron la mayoría en todo el Sur.

Los negros se reconcentraron en la parte más meridional y más caliente del país, a lo largo de la costa. Había a fines del siglo XIX en esta región, denominada la zona negra, más de ocho millones de almas de este color.

Estos negros, rechazados de la sociedad de los blancos, forman un pueblo extraño al lado de los americanos.

Es uno de los problemas de la vida política de los Estados Unidos saber lo que llegará a ser de esta población.

fuente

Historia de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

Historia de la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

En la conversión de las independientes bibliotecas norteamericanas en una organización nacional tuvo un papel decisivo la actuación de la Biblioteca del Congreso, que durante la primera mitad del siglo XIX se limitó a ser una biblioteca especial al servicio de los congresistas y de los miembros del gobierno.

Surgió con el siglo XIX, cuando el Congreso se estableció definitivamente en Washington. Sus inicios desde 1802 fueron muy modestos.

Establecida en una habitación, sólo había alcanzado 3.000 volúmenes en 1814 cuando fue incendiado el Capitolio, donde se encontraba, por las tropas británicas.

Se rehizo con la biblioteca privada (6.500 volúmenes) del ex presidente Jefferson y en 1824 fue instalada en el nuevo edificio del Capitolio, donde sufrió otro incendio en el que se perdieron parte de los 50.000 libros que había reunido.

Biblioteca del Congreso de EE.UU.

La idea de dotar al país de una Biblioteca Nacional estuvo a punto de realizarse a mediados de la centuria, aunque esta misión iba a recaer en la de la Smithsonian Institution por la iniciativa de su bibliotecario, Charles Coffin Jewett, autor de un ambicioso plan para la reunión de la bibliografía nacional y de la propuesta de la ley del depósito legal, que concedió sendos ejemplares de las obras acogidas al Copyright a las bibliotecas del Congreso y de la Smithsonian Institution.

Pero Jewett tuvo que dimitir y marchó a Boston donde fue nombrado superintendente de la recién creada biblioteca pública.

El que consiguió para la Biblioteca del Congreso el primer puesto en el país y su carácter de Biblioteca Nacional fue otro de los grandes bibliotecarios norteamericanos, Ainsworth Rand Spofford (1825-1908), periodista, que entró en la biblioteca como simple bibliotecario en 1861 y cuatro años más tarde fue nombrado por Lincoln director, cargo que ocupó treinta años.

La Biblioteca contaba entonces con 82.000 volúmenes y siete empleados. Spofford a través de compras, y también de la ley del depósito legal de 1870, procuró con éxito reunir en ella los escritos norteamericanos de cualquier materia, y sin renunciar por ello a su misión de biblioteca al servicio del gobierno.

Los libros crecieron con tal velocidad que fue preciso construir un edificio nuevo que cuando se terminó, en 1897, fue considerado por su iluminación bien resuelta, sus estanterías metálicas y la bondad de los materiales de construcción, el mayor, más seguro y costoso de los edificios bibliotecarios del mundo.

Esto obligó a un aumento considerable del personal y a la búsqueda de un sistema de clasificación que sirviera para la abundante colección. Se terminó creando uno específico con el cual se recatalogaron y reclasificaron todoslos fondos.

Tras de una encuesta en el Congreso, en la que los principales bibliotecarios criticaron la actuación de Spofford y pidieron un mayor protagonismo entre las bibliotecas del país para lo cual debía ser la mejor organizada y la mejor dotada, le sucedió (1899) el neoyorquino George Herbert Putnam, que había sido director de la Biblioteca Pública de Minneapolis y de las bibliotecas del Ateneo y Pública de Boston.

George Herbert Putnam
George Herbert Putnam ha sido uno de los más sobresalientes directores de la Biblioteca del Congreso.

Su nombramiento fue un triunfo de los bibliotecarios que deseaban que el puesto fuera ocupado por un profesional.

Puso en marcha la venta y distribución de las fichas catalográficas que han sido y siguen siendo utilizadas por la mayoría de las bibliotecas del país, patrocinó el canje nacional e internacional de publicaciones y fomentó el préstamo inter-bibliotecario y la creación del National Union Catalogue.

Creó la biblioteca nacional de ciegos y consiguió la construcción de un anejo, que antes de pasar un cuarto de siglo se quedó pequeño, por lo que ha sido preciso construir otro mayor que lleva el nombre del presidente Madison.

Cuando se retiró, en 1939, Putnam era el más respetado de los bibliotecarios americanos y la Biblioteca la que contenía la más amplia colección bibliográfica del mundo, con valiosos manuscritos y libros raros, secciones especiales, como la de música, y numerosas más sobre temas muy variados.

Hoy las cifras de la biblioteca parecen fantásticas. Sobrepasa los ochenta millones el número de piezas, que se incrementan anualmente con un millón más. De ellas más de veinte millones son libros. Tiene 4.500 incunables y numerosos libros raros y manuscritos valiosos, así como grandes colecciones especializadas en obras chinas, japonesas, hebreas, eslavas, españolas, etc.

En general, posee una muy rica y completa colección de todo lo que se imprime en el mundo y sus fondos más voluminosos corresponden al grupo de ciencias sociales y lengua y literatura.

Sus catálogos tienen más de sesenta millones de fichas, sirve anualmente tres millones de libros en sus locales y presta para su consulta fuera más de 100.000.

Dispone de más de 5.000 empleados y de un presupuesto superior a los doscientos millones de dólares.

Existen en los Estados Unidos dos bibliotecas complementarias de la Biblioteca del Congreso que reciben el nombre de nacionales. En primer lugar está la Biblioteca Nacional de Medicina, situada en Bethesda, junto a la capital, pero ya en el estado de Maryland.

Fundada en 1836 como Biblioteca Médica del Ejército, en la actualidad, con sus dos millones de volúmenes, es la mayor biblioteca médica del mundo.

Desarrolló un catálogo de materias indizando los artículos de las revistas profesionales, que le permitió, cuando fue posible la utilización de ordenadores en las tareas bibliográficas, la organización del sistema MEDLARS (Medical Literature Analysis and Retrieval System), que ha permitido la edición del Index Medicus, capaz de proporcionar rápida información sobre cualquier cuestión médica.

La otra biblioteca nacional es la National Agricultural Library (Beltsville, Maryland), fundada en 1862, cuyo crecimiento y volumen han llegado a ser semejantes a los de la anterior y cuyo fondo, unos dos millones de volúmenes, además de en las materias agrarias, está especializado en botánica, zoología y química.

Rematemos el capítulo con la rápida mención de tres bibliotecas nacionales, dos rusas y una italiana, surgidas en este siglo.

Durante el siglo XIX, y las dos primeras décadas del presente, la biblioteca mayor de Rusia, y la que podía considerarse Biblioteca Nacional fue la Pública e Imperial de San Petersburgo, cuyos inicios arrancan de finales del siglo XIX cuando Catalina la Grande quiso fundar una gran biblioteca a base de los libros que formaban la creada en Varsovia por los hermanos Zaluskie incautada por las tropas rusas en 1796, cuyos fondos eran ricos en libros polacos y de los países occidentales europeos, pero pobres en libros rusos, defecto que fue pronto corregido en Rusia con la concesión del depósito legal a favor de la nueva biblioteca y con la compra de colecciones nacionales.

También se sumaron a los 250.000 libros y manuscritos traídos de Varsovia, importantes adquisiciones hechas en el exterior, como la colección formada por Dubrovski, que consiguió, durante la Revolución Francesa, valiosos manuscritos depositados en la abadía de Saint Germain des Prés, entre los que había algunos procedentes del viejo monasterio de Corbie y que allí habían llevado los benedictinos para preparar sus ambiciosos estudios históricos.

No pudo abrirse al público hasta 1814, muerta ya Catalina, y el primer crecimiento importante se produjo en la segunda mitad del siglo, en que llegó a ser, por sus dimensiones, la segunda del mundo después de la Nacional de París; el segundo fue a causa de la Revolución Soviética, como consecuencia de la cual ingresaron varios millones de obras procedentes de otras bibliotecas privadas y públicas confiscadas.

En 1932 fue rebautizada con el nombre del escritor M. E. Saltykov-Shchedrin, cuando había cedido el primer puesto entre las bibliotecas rusas a la Biblioteca Nacional de la URSS Lenin, de Moscú.

En la actualidad posee unos veinte millones de piezas, entre ellas la más completa colección de obras rusas anteriores a la Revolución y de obras extranjeras sobre Rusia; la biblioteca de Voltaire; 5.000 incunables; los archivos musicales de los grandes compositores rusos; el más antiguo manuscrito ruso fechado (siglo XI), el Evangelio de Ostromir, etc.

En estos momentos, la Biblioteca Nacional de la URSS es la mencionada Biblioteca Lenin de Moscú, que abrió sus puertas en 1862 como parte del museo fundado por el conde Rumiantsev, instalado en un bello edificio muy cerca del Kremlin.

Gozó pronto del depósito legal, lo que le permitió aumentar sus fondos, lo mismo que los donativos, que no le faltaron, de escritores y generosos mecenas, llegando antes de la Revolución a reunir un millón de piezas. Aunque antes de ésta no fue muy frecuentada, a ella acudieron famosos escritores como Tolstoi, Dostoievski y Chejov, y científicos eminentes, como Mendeleyev.

El triunfo de la Revolución y el traslado de la capital a Moscú la convirtieron en la biblioteca central del país y en la favorecida receptora de más de siete millones de piezas procedentes de las bibliotecas incautadas.

Fue protegida especialmente por Lenin, que la utilizó mucho, y por él en 1925 se convirtió en nacional. Desde entonces ha sido grande el crecimiento de sus colecciones, cerca de treinta millones de piezas, entre ellas doce millones de libros, a los que hay que sumar una cantidad similar de volúmenes de periódicos, más cientos de miles de mapas, partituras y rollos de microfilm.

Tiene libros y manuscritos en 347 lenguas, entre las cuales se cuentan las 91 de los pueblos que integran la URSS. Atendida por 3.000 personas, dispone de 2.600 puestos de lectura distribuidos en 26 salas especializadas en diversas materias. Atiende a más de dos millones de lectores al año, a los que presta unos doce millones de obras impresas.

La Biblioteca orienta el trabajo de las otras bibliotecas a través de la sección de Metodología; resuelve cuestiones bibliográficas en la de Bibliografía; estudia la mecanización en la de Automatización, y realiza investigaciones sobre los rendimientos de los servicios bibliotecarios y los hábitos de lectura de los diversos grupos sociales y regionales en la de Investigación Biblioteconómica y Bibliográfica.

El fruto de su actividad se refleja en los 350 títulos que publica anualmente, entre los que destaca el enorme repertorio (30 volúmenes) con un nuevo sistema de clasificación bibliográfica (BBK).

Consecuencia de la unidad política italiana fue la fundación (1875) en Roma de la Biblioteca Nazionale Vittorio Emmanuele II, abierta al público al año siguiente con 120.000 volúmenes, la mayoría de los cuales procedía de los conventos de Roma suprimidos.

El crecimiento de su colección fue grande en el siglo XIX y en el XX, por lo que a mediados de éste fue preciso pensar en un nuevo edificio, al que fue trasladada en 1975.

En este nuevo local dispone de 1.200 puestos de lectura y en sus depósitos guarda dos millones y medio de volúmenes, entre ellos cerca de 2.000 incunables y más de 6.000 manuscritos. A sus actividades nacionales nos hemos referido anteriormente.

Biografia de George Washington

Biografia de Franklin Benjamin

Fuente Consultada: Biblioteca del Libro – Historia de las Bibliotecas – Hipólito Escolar – Capítulo 16

Bibliografía del capítulo: Barnett, Graham Keith: Histoire des bibliothéques publiques en France de la Revolution á 1939, París, 1987.
Foskett, D. J. (ed.), Reader in comparative librarianship, Englewood, 1976.
Hamman, A.-G.: Lépopée du libre. Du scribe á Vimprimerie, París, 1985.
Harris, Michae! H. (ed.): Reader in American Library History. Washington, 1971.
Kelly, Thomas: History of Public Librarles in Great Britain 1845-1975, London, 1977.


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Francia: del imperio a la tercera república
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Rusia Hacia el Fin del Absolutismo
Japón: Reformas Liberales en el Oriente
Alianzas Internacionales
Religión y Ciencia
Revolución Científica
El Positivismo
La Iglesia: Rerum Novarum
La Difusión de las Ideas

En la segunda mitad del siglo XIX surge una novedad en el ámbito político: el nacionalismo, producto este de la democratización política vivenciada en esos tiempos.

Por todas partes surgían cenáculos nacionalistas, con los nombres prometedores de «Joven Italia», «Joven Alemania» y otros similares. Inspirador de la «Joven Italia», Mazzini, en su opúsculo Sobre la unidad de Italia, invocaba los elementos comunes que justificaban la independencia del pueblo italiano: «Por eso Italia será una.

Sus condiciones geográficas, su lengua y su literatura; las necesidades de defensa y de poder político; el deseo de las poblaciones, los instintos democráticos innatos del pueblo…».

En el texto de Mazzini se recogía una idea clave: la identificación de nacionalismo y democracia, frente al autoritarismo o el absolutismo de los imperios.

Mazzini

Giuseppe Mazzini

No obstante, es en Gran Bretaña y Francia entre los siglos XV y XVIII, donde puntualmente se desarrolla un proceso de construcción de Estados centralizados y modernos de toda Europa occidental.

Estos se manifestaban representantes de naciones, es decir, del conjunto mayoritario de sus habitantes que compartían una misma nacionalidad. La cual era definida por los sentimientos de pertenencia que compartían los habitantes de un mismo territorio, esta manifestación fue durante la primera mitad del siglo XIX. El compartir la lengua, la religión, la tradición y las costumbres, hicieron surgir estos sentimientos unánimes.

Se puede afirmar, que en la formación de estados nacionales fue importantísima la difusión del nacionalismo, esta corriente de pensamiento creada por intelectuales, ya sea filósofos políticos como artistas.

El pensamiento y el sentimiento nacionalistas sirvieron para unificar culturas y sociedades dentro de un estado nacional. Esta ideología también funcionó como un principio de acción política para las relaciones internacionales.

Posteriormente, y de igual manera que esta construcción de estados centralizados y modernos de Europa occidental, en la segunda mitad del siglo XIX se evidenció en Alemania e Italia. Considerándose estos nuevos estados en las representantes de las naciones alemana e italiana.

Los grupos de habitantes que no se sentían representados y a su vez representada su nacionalidad por los Estados centralizados, vieron plasmados su aliento al reclamo mediante el desarrollo de la política de democratización.

No obstante, quienes organizaban partidos políticos, eran también estos grupos que exigían el derecho a formar un estado independiente, es decir el denominado derecho de autodeterminación. Fue en las regiones de Europa cuyos habitantes habían formado parte de los imperios, como el alemán y el otomano, en donde se hicieron estos reclamos de una manera más intensa.

Sin embargo, los conflictos se multiplicaron ya que no había resultado de manera satisfactoria, la división de esos imperios en nuevos Estados. Este derecho de autodeterminación mencionado anteriormente, fue reivindicado por todos. Francia, Inglaterra y España eran estados que se habían centralizado inicialmente, y ellos tampoco quedaron afuera de los reclamos nacionalistas.

Así, estimuladas por la posibilidad de lograr sus objetivos a través de elecciones, las poblaciones regionales emprendieron movilizaciones con caracteres políticos.

LOS PRINCIPIOS NACIONALISTAS: Los elementos que integran el pensamiento de los revolucionarios nacionalista del siglo XIX, época por excelencia de estos movimientos son los siguientes:

Autodeterminación política. El gobierno que dirige la colectividad ha de estar libre de cualquier instancia exterior. Así lo afirmaba Mazzini, jurista y político italiano: «Las nacionalidades que no posean un gobierno surgido de su propia vida interna y que estén sujetas a leyes que les hayan sido impuestas desde el exterior se han convertido en medio para los propósitos de otros».

Conciencia de grupo. Que el grupo pertenezca a una sola etnia no es imprescindible, porque en ocasiones el sentimiento nacional es pluriétnico, pero la conciencia de que el grupo tiene un origen común y ha tenido un pasado común constituye un elemento cohesionador.

Credo religioso. En los siglos medievales y modernos la religión desempeñó un papel esencial en la conciencia de los pueblos, pero incluso en la Edad Contemporánea, cuando ha perdido influencia, a veces se ha erigido en un mecanismo defensivo de la nacionalidad más débil, caso de los irlandeses, católicos, frente a los ingleses, anglicanos.

Cultura y lengua propias. No surge el sentimiento nacional por generación espontánea sino que deriva de un proceso en el que desempeñan un papel minorías cultas, integradas por filólogos, historiadores, poetas, músicos, políticos. Para los alemanes fueron importantes Schelling y Fichte, para los irlandeses O’Connell, para los polacos Chopin y Mickiewicz.

ALGO MAS…

Entre los modelos políticos existentes, podemos identificar los siguientes:

Nacionalismo extremo: el nacionalismo entiende a las relaciones internacionales en términos de amenazas constantes. Los grupos nacionalistas se sienten los únicos intérpretes de los verdaderos intereses del pueblo, al que identifican con la nación. Ciertamente, no creen que los integrantes de la sociedad de una nación puedan tener intereses o ideas diferentes, ya que constituyen una unidad absolutamente homogénea. Por lo tanto, aquellos que no opinan lo mismo que ellos son considerados no sólo como enemigos, sino como extranjeros. Puesto que los comicios y el parlamento suelen mostrar que en una sociedad existen intereses opuestos, los grupos nacionalistas sienten repugnancia hacia este tipo de prácticas e instituciones. Suelen ser favorables a los gobiernos dictatoriales encabezados por las fuerzas armadas, ya que ellas dicen ser los verdaderos intérpretes de los intereses nacionales.

Comunismo: postula que la gran falacia de la democracia liberal es que defiende una igualdad política pero ignora las diferencias económicas y la explotación social. Propone una sociedad en la que estos elementos de desigualdad desaparezcan, sociedad que será construida por los explotados de la sociedad capitalista, es decir, los obreros. Mientras esta sociedad se construye, el régimen político debe ser una dictadura a la que llaman «dictadura del proletariado». Puesto que el número de obreros en la Rusia de 1917 era realmente escaso, los revolucionarios se plantearon cómo hacer el socialismo sin obreros: se elaboró una respuesta según la cual el partido comunista debía suplantar a los obreros. Paulatinamente, un líder único, Stalin, reemplazó a su vez al partido. Los enemigos del partido, primero, y los de Stalin, después, eran considerados automáticamente enemigos de la clase obrera.

Corporativismo: conciben que la sociedad no está compuesta por individuos, sino por grupos identificados por su actividad económica (trabajadores, campesinos, profesionales, etcétera.). Generalmente, los corporativistas sostenían que, en los parlamentos, no debían estar representados los diputados políticos electos por individuos aislados, sino los representantes de estos grupos de la sociedad organizados en asociaciones a las que llamaban corporaciones.

Caudillismo: la idea central del principio caudillista del Estado es que la voluntad del pueblo sólo puede expresarse a través de la voz de un líder, una persona iluminada por una aptitud especial que la distingue de todas las demás. En algunos casos, los regímenes caudillistas pueden ir acompañados de prácticas electorales similares a las de la democracia liberal, incluso estas elecciones pueden dar la mayoría al partido del líder. Sin embargo, la relación con la oposición es tirante, dado que el líder nunca acepta la existencia de más de una voluntad popular, que es la que sólo él interpreta. En otros casos, los parlamentos se eliminan, y sólo se producen elecciones plebiscitarias en las que los electores no eligen, sino que confirman o rechazan la figura del líder. La unidad entre líder y pueblo suele ser «teatralizada» a través de grandes actos masivos organizados con el apoyo de toda la infraestructura del Estado.

La democracia liberal
«Democracia» significa un gobierno que acepta que manda sobre una sociedad compuesta por ciudadanos iguales (iguales ante la ley, iguales en derechos políticos, lo cual no significa que tengan que ser económicamente iguales), y que puede gobernar sólo porque ellos le han dado ese poder. Por esta razón, se llama a los actuales presidentes «mandatarios», pues han recibido de otros el mandato de gobernar, y sin ese mandato no tendrían ningún derecho legítimo de hacerlo. Ahora bien: cómo transformar este principio de legitimidad democrática y esta idea de una sociedad individualista en un régimen político concreto o, en otras palabras, cuáles son las prácticas concretas y las instituciones de gobierno más adecuadas para canalizar la voluntad del pueblo. Ésta es la gran pregunta que caracteriza todo el ejercicio de la democracia a partir de la Revolución Francesa.

Hacia fines de la agitada historia política del siglo XIX, se aceptaron algunas respuestas para esta pregunta. La primera fue que la voluntad del pueblo soberano debía expresarse a través del mecanismo del voto para elegir representantes; la segunda, que las decisiones debían ser tomadas por las mayorías, aunque las minorías tenían derecho a existir, a ser respetadas, a criticar y a pretender transformarse en la mayoría en las siguientes elecciones; la tercera, que el gobierno debía formarse a partir de un sistema de controles y contrapesos entre sus diferentes poderes (ejecutivo, legislativo, judicial). Este conjunto de convicciones ha dado lugar a los regímenes políticos conocidos como «democracias liberales». La clave de estos regímenes son los parlamentos, una institución que se impuso a lo largo del siglo xix. Los parlamentos controlan los poderes ejecutivos. En ellos reside el poder de los diputados representantes electos, y también en ellos se expresan las minorías.

Esta concepción de la política se apoya en una visión más general acerca de la naturaleza humana, que estima que el hombre es un ser libre, cuyas acciones responden a la razón. Sin embargo, esta visión iluminista evidenciaba importantes problemas a la hora de enfrentarse con la sociedad real. Además de la oposición conservadora, las élites liberales descubrían que las sociedades sobre las que debían gobernar no se asemejaban a su ideal: en muchos casos predominaban los analfabetos; en otros, era evidente que las rígidas diferencias sociales no permitían actuar a todos con libertad; en otros las concepciones religiosas primaban sobre la «razón científica».

La consecuencia de esto solía ser un régimen político que, si bien postulaba la primacía de la soberanía del pueblo, al mismo tiempo bloqueaba toda posibilidad de participar en la política a todas aquellas personas que se consideraban no libres o no razonables. La condición de razonable se demostraba por medio del acceso a la educación formal y, sobre todo, mediante la riqueza que se hubiera acumulado. Sin embargo, una visión siempre optimista, llevaba a pensar a las élites liberales que tarde o temprano las «personas irracionales» serían redimidas por medio de la educación.

Fuente Consultada: Ciencias Sociales Historia Luchilo, Privitellio, Paz, Qués

CUADRO SINTESIS DE LA ÉPOCA:

cuadro sintesis liberalismo y nacionalismo