Filósofos de la Ilustración

Biografia Ortega y Gasset Jose Su Obra Literaria y Filosofia

Biografía Ortega y Gasset José
Su Obra Literaria y Filosofía

Ortega y Gasset José: Escritor y pensador español (Madrid 1883 – id. 1955). Nació en el seno de una familia de periodistas y hombres de letras. Estudió con los jesuítas y se doctoró en Filosofía en Madrid con una tesis sobre Los terrores del año mil. Durante dos años estudió en Berlín, Leipzig y Marburgo. A su vuelta obtuvo, con veintisiete años, la cátedra de Metafísica de la universidad madrileña, que desempeñó hasta 1936.

Fundó, entre otras publicaciones, la Revista de Occidente (1925), y poco después la editorial del mismo nombre (ambas, la revista y la editorial, tuvieron un importante papel como instrumentos para la difusión en España del pensamiento extranjero contemporáneo). Publicó sus primeros ensayos, Meditaciones del Quijote, en 1914.

Firmante del «Manifiesto de los intelectuales» en pro de la República, después de su proclamación fue diputado, pero pronto rompió con el republicanismo. En 1936, al desencadenarse la guerra civil española, salió de España y no volvió hasta 1948. Viajó a Francia, Holanda, Argentina y Portugal.

 

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Con José Ortega y Gasset vuelve a primer plano el ideal de europeización que fue característico de la generación krausista, frente al retroceso que, en esta línea, significan los hombres de la generación del 98 y, en particular, Unamuno. Pero, lo mismo que este último, Ortega ha de ser considerado como un pensador independiente, de rasgos personales muy acusados.

A su regreso fundó el Instituto de Humanidades. Es copiosa su producción ensayística, reunida en gran parte en el Espectador, de ocho volúmenes (1916-1928). A su vuelta fundó con su discípulo Julián Marías el Instituto de Humanidades (1948), donde impartió conferencias y cursos, apartado del mundo dogmático e intolerante de la vida académica de la época franquista.

Es célebre su frase: «yo soy yo y mi circunstancia». Ortega denominó a su pensamiento filosofía de la razón vital», pues si la vida es el núcleo de su pensamiento, la razón se presenta en necesaria coexistencia con ella. Su concepción de la realidad es básicamente irracional y vitalista.

 Según sus teorías, la razón debe servir a los impulsos espontáneos en lugar de dominarlos (razón vital o raciovitalismo). Todos los puntos de vista se justifican, pero parcialmente; para conocer la verdad sería preciso poderlos asumir simultáneamente. En España invertebrada (1922) se ve evidenciada su constante reflexión sobre la historia, la vida y el futuro de su país. La más célebre de sus obras es La rebelión de las masas (1930).

Otras obras suyas son: El tema de nuestro tiempo (1921), Las Atlántidas (1924), La deshumanización del arte (1925), Rectificación de la república (1931), En torno a Galileo (1933), La historia como sistema (1935), Ideas y creencias (1940), Estudios sobre el amor (1941), Rápeles sobre Velázquezy Goya (1950) y, postumamente, ¿Qué es filosofía? (1958), Idea del teatro (1958), y Origen y epílogo de la filosofía (1960).

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Ortega nació en Madrid. Estudió en el colegio de jesuítas de Miraflores (Málaga) y los estudios universitarios los realizó en Madrid. En 1904 obtuvo el doctorado en filosofía y letras y luego marchó a Alemania, donde realizó estudios en las universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo, sede del neokantismo. Por aqul entonces era el auge de la «generación del 98», pero, como decíamos, Ortega no perteneció a ella.

Desde 1910 hasta 1936 fue catedrático de metafísica de la universidad de Madrid. Al comenzar la guerra civil, salió de España y residió en Francia, Holanda, Argentina y finalmente se instaló en Portugal. En 1945 regresó a España, pero no volvió a ocupar su cátedra. Fundó en 1948, junto con Julián Marías, el Instituto de Humanidades.

La mayor parte de la producción literaria de Ortega está contenida en sus ensayos, artículos de periódicos y revistas. Por esto sus obras, aun las de mayor extensión, y a pesar de retoques posteriores, se presentan fragmentadas en secciones relativamente independientes.

Aunque casi cada página de la voluminosa obra de Ortega contiene reflexiones filosóficas, las obras más interesantes en conjunto para la historia de la filosofía son las siguientes: Meditaciones del Quijote (1914), El tema de nuestro tiempo (1923), Kant, reflexiones de centenario (1924), Las Atlántidas (1924), La «Filosofía de la Historia» de Hegel y la historiología (1928), Filosofía pura. Anejo a mi folleto «Kant» (1929), Pidiendo un Goethe desde dentro (1932), Guillermo Dilthey y la idea de la vida (1933-1934), Historia como sistema (edición inglesa en 1935, española en 1941); los «Prólogos» a las traducciones de la Historia de la Filosofía de Vorlánder y de la de Bréhier, escritos en 1921 y 1942, respectivamente.

Ediciones postumas: El hombre y la gente (1957), Qué es filosofía (1958), La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva (1958), Origen y epílogo de la Filosofía (1960).

Desde el punto de vista de la filosofía de la historia y para conocer la visión política de Ortega, tienen especial valor: Vieja y nueva política (1914), España invertebrada (1921), Mirabeau o el político (1927), La rebelión de las masas (1930), Rectificación de la República (1931), Meditación de Europa (1960), Una interpretación de la historia universal en torno a Toynbee (1960).

Entre los muchos escritos de Ortega que no abordan directamente temas filosóficos podemos citar: Ensimismamiento y alteración, Meditación de la técnica, Estudios sobre el amor, Personas, obras, cosas, La deshumanización del arte, así como los artículos recogidos en los ocho volúmenes de El Espectador, en cuyas páginas «ideas, teorías y comentarios se presentan con el carácter de peripecias y aventuras personales del autor», escribe el propio Ortega. Una importancia capital para conocer el pensamiento de Ortega y de su escuela la tuvo la fundación de la Revista de Occidente.

La obra de Ortega y Gasset se extiende a lo largo de más de cincuenta años, por consiguiente no es extraño hallar en ella una evolución constante, sobre todo si se tiene en cuenta el carácter histórico que el autor atribuye a todos los fenómenos humanos. De aquí que la diferencia que hay entre el Ortega de 1902 y el de 1955 no hay que atribuirla tanto al hecho de haber envejecido cincuenta años, sino más bien al profundo cambio que ha sufrido el mundo, en el que vive y del cual habla, y sus circunstancias.

El año 1923 representa para algunos autores una división del pensamiento de Ortega en dos grandes períodos, presidido cada uno de ellos por una intención distinta.

En el período anterior a 1923 habría un cierto dogmatismo, una especie de prisa para llegar a formulaciones absolutas. Por el contrario, en el período posterior a 1923, Ortega desplegaría todo su sentido de los matices, con una constante preocupación por no dejarse engañar por las apariencias o por: sus  propios deseos. Es la época en que escribe La rebelión de las masas.

Una nueva etapa, según palabras del mismo Ortega, la constituyen los años 1933-1935; finalmente, en 1936, Ortega sale de España, viaja, cae enfermo y pasa por serias dificultades materiales.

Durante veintidós siglos el realismo ha dominado el pensamiento occidental, entendiéndose por realismo la actitud en que se supone que las verdaderas realidades son las cosas. Desde Descartes aparece una nueva tesis, el idealismo. Según esta teoría la realidad primaria es el yo y de él derivan y dependen las cosas.

Es cierto, como afirma el idealismo, que sólo puedo saber las cosas en cuanto que estoy presente a ellas, pero se equivoca al subrayar la independencia del sujeto. Para Ortega, la verdadera realidad primaria es el yo con las cosas, o la vida, que no es más que el quehacer del yo con las cosas. «Yo soy yo y mi circunstancia», escribe en 1914.

Lo real es la vida misma del hombre, su vida, y la llama realidad radical, en el sentido de que en ella radican todas las demás, las realidades radicadas. Fuera de mi vida no puedo encontrar ninguna realidad. El hombre rinde al máximo de su capacidad es cuando adquiere la plena conciencia de sus circunstancias. Porque en esto precisamente consiste la vida humana: en un quehacer entre las cosas. La vida es dada, pero no es dada hecha, sino por hacer.

El hombre, pues, para poder vivir tiene que decidir, preferir una posibilidad a otra, y esta decisión o elección tiene que justificarla. Por consiguiente, la vida es intrínsecamente moral.Todo quehacer humano es moral (o inmoral) y, a la vez, es libre.

Ortega tiene una visión penetrante en cuanto a las realidades sociales, políticas e histórico-políticas. Es en este terreno de la filosofía de la historia en donde ha alcanzado sus mayores éxitos por la originalidad de sus concepciones.

Concibe la vida social como un quehacer comunitario en el que se desarrollan al máximo, de un modo espontáneo, las virtualidades humanas en la realización de una empresa nacional, con «conciencia de actitud histórica» y vital, bajo la dirección intelectual de los mejores y dentro de un estado cuya intervención coercitiva queda reducida al mínimo. La clave de este ideal es la prestancia intelectual de las minorías selectas y la docilidad de las masas para dejarse regir por aquéllas.

El pensamiento de Ortega se suele dividir en tres etapas:

Etapa objetivista (1902-1914): influido por el neokantismo alemán y por la fenomenología de Husserl, llega a afirmar la primacía de las cosas (y de las ideas) sobre las personas.

Etapa perspectivista (1914-1923): se inicia con Meditaciones del Quijote. En esta época, Ortega describe la situación española en España invertebrada (1921).

Etapa raciovitalista (1924-1955): se considera que Ortega entra en su etapa de madurez, con obras como El tema de nuestro tiempo, Historia como sistema, Ideas y creencias o La rebelión de las masas.

Muchos filósofos coinciden en que Ortega es, sin duda alguna, el pensador español más universal de la época contemporánea; ninguno ha alcanzado tanta fama entre los círculos cultos nacionales y extranjeros. Este éxito se debe a varias causas, entre las cuales tiene un peso decisivo el arte exquisito de su estilo, gracias al cual los temas filosóficos han estado al alcance de gran número de personas.

Por otra parte, el modo humano de enfrentarse con la cultura en sus manifestaciones actuales e históricas, así como la fina penetración de su espíritu para descubrir y revelar lo más íntimo de las situaciones humanas y sociales, ha dado cauce popular a su pensamiento, que comprende una gran variedad y riqueza de temas, como hemos visto.

Es un sistema abierto que permite toda clase de innovaciones y descubrimientos. Su fecundidad ha sido muy grande y ha inspirado un movimiento filosófico que actualmente está defendido por todos los países de habla hispánica y que se le conoce con el nombre de «Escuela de Madrid».

Falleció en Madrid, el 18 de octubre de 1955.

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EL RACIOVITALISMO: Esta postura filosófica se fundamenta en la razón vital, que es simultáneamente una razón de tipo biológico, histórico y biográfico. Ortega reacciona frente a la imposición de la razón abstracta de origen socrático.

Es inaceptable que la razón haya suplantado a la vida, según Ortega: «el tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad, localizarla dentro de lo biológico, supeditarla a lo espontáneo. [..,] La misión del tiempo nuevo es precisamente convertir la relación y mostrar que es la cultura, la razón, el arte, la ética quienes han de servir a la vida».

Se valora la razón, pero teniendo en cuenta las necesidades vitales, y se pone al servicio de la vida, que es la raíz de cualquier otra realidad. De esta forma Ortega superó la visión biologicista de la razón que era defendida por algunos autores de su época. La razón vital trabaja desde el sujeto inmerso en su circunstancia, por lo tanto, desde su realidad social e histórica.

Esta identificación de la razón vital como razón histórica dio paso a la siguiente etapa de su pensamiento donde se preocupó de la interpretación de la historia y de la sociedad.

Influencia del pensamiento de Ortega: A su alrededor, en la Facultad de Filosofía de Madrid, se forjó toda una generación de filósofos especialmente fecundos como Xavier Zubiri, José Gaos, García Morente, María Zambrano, Francisco Ayala y Julián Marías (que denominó al grupo Escuela de Madrid).

Desgraciadamente, la Guerra Civil forzó al exilio a muchos de ellos, que continuaron su labor filosófica en América. Esto condujo a una amplia difusión del pensamiento orteguiano, que, paradójicamente, contrasta con el silencio que padeció la filosofía de Ortega en los círculos académicos hasta mediados de los años sesenta.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: José Ortega y Gasset “el filósofo de la razón vital” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19 Historia de la Filosofía Edit. Santillana – La Nación –

Movimientos Culturales: Humanismo,Renacimiento e Ilustracion

Tres Movimientos Culturales de la Edad Moderna:
Humanismo,Renacimiento e Ilustración

HUMANISMORENACIMIENTOILUSTRACION
  El HumanismoEl RenacimientoLa Ilustración

1-Edad Moderna: Humanismo

El Humanismo surgió en las ciudades italianas, donde se formó un importante grupo de hombres de letras que participaron activamente en la sociedad. Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana.

Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad. Humanistas y burgueses coincidieron en el intento de crear una cultura laica, diferente de la medieval tradicional. Buscaron en los pensadores de la Antigüedad, como Platón y Aristóteles, el punto de apoyo para sus ideas. Pretendieron que el conocimiento le diera al hombre mayores posibilidades de felicidad y libertad.

El nuevo ideal de vida de los humanistas básicamente implicaba:

Una afirmación de la presencia del hombre en el mundo: los humanistas consideraban al hombre como centro y medida de todas las cosas. Expresaban su orgullo y simpatía por las realizaciones humanas y tenían gran confianza en el destino de la humanidad. Consideraban al hombre como un ser libre y superior a otras criaturas.
Una revalorización de la vida en la tierra: apreciación que señalaba una diferencia con el pensamiento medieval, que consideraba más importante la vida ultraterrena.

El ejercicio de la crítica socio-cultural: atacaron a las autoridades tradicionales, como la Iglesia en sus poderes terrenales, y a los rígidos métodos de enseñanza e investigación que no permitían e1 adelanto de los conocimientos. Proponían la discusión de las teorías, la observación de los hechos, los procedimientos inductivos (de lo particular a lo general).

Los humanistas lograron un rango social importante, pero su vida no era fácil. Alcanzaban el nivel profesional después de años de estudio y muchos esfuerzos. Estudiaban desde niños o muy jóvenes gran cantidad de horas diarias muchas de ellas a la luz de las velas. Algunos solían describir su existencia de este modo: «durante el día trabajo para vivir y durante la noche me visto con mis mejores galas, voy a la biblioteca y me uno con los pensadores antiguos».

Los burgueses se transformare» en mecenas y protegieron a intelectuales y artistas. Eran poderos: económicamente y querían aparecer también como «piadosos». Los Médicis de Florencia fueron un ejemplo del mecenazgo ejerció, por la alta burguesía.

2-Edad Moderna: Renacimiento

El Renacimiento surge en Italia en los primeros decenios del siglo XV (1400), y se extiende hasta mediados del siglo XVI (1550). Su primer centro de desarrollo artístico fue la ciudad de Florencia, reemplazado hacia el siglo XVI por la ciudad de Roma.

Si bien su origen y crecimiento se producen en Italia, se difunde y expande por el resto de Europa, e irradia su influencia en Francia, Alemania y luego en Holanda y España. Este movimiento de renovación artística surge ante la necesidad de expresar las profundas transformaciones que se habían operado en la realidad de la época.

El término Renacimiento implica un renacer de las tradiciones del arte griego y romano. Sus artistas tuvieron como fuente de inspiración y como guía las expresiones de la antigüedad clásica, pero crearon nuevos modos de construir, de pintar, de esculpir, y definieron las formas más típicas del nuevo arte. De la preocupación por el hombre, como centro de todas las cosas, surge la necesidad de expresar fielmente la vida terrenal. Se profundiza entonces el estudio de la «naturaleza», es decir, el mundo del hombre y del ambiente que lo rodea.

Nuevas técnicas para un arte nuevo: El hallazgo de nuevas técnicas de expresión, como la perspectiva y la pintura al óleo, permite al artista expresar la realidad con mayor precisión.

De todas ellas, la perspectiva es el descubrimiento que ha caracterizado las formas expresivas del arte renacentista en todas sus manifestaciones. A partir del uso de la perspectiva fue posible representar en una superficie plana los objetos con la forma y la disposición con que aparecen a la vista.

Juntamente con la perspectiva nace la concepción de «proyecto»; es decir, e! dibujo previo en el papel de lo que más tarde será la obra terminada. El proyecto a su vez se convierte en la esencia de la obra de arte, como expresión intelectual del artista.

El artista y su público: La producción artística del arte de los primeros tiempos del Renacimiento mantiene todavía su carácter artesano, dado que se adecúa al pedido del cliente. El origen de las obras producidas no se debe al impulso creador individual de un artista determinado, sino al requerimiento del cliente.

Los encargos eran específicos, desde un cuadro para un altar de una capilla o para un ambiente determinado hasta un retrato de un miembro de la familia, o una estatua hecha para ser colocada en un lugar prefijado.
El mercado del arte se caracteriza entonces por la demanda de cierto tipo de obras por encargo.

Aquellos que fomentan el arte a través de su protección o mecenazgo provienen de la rica burguesía o de la sociedad de las cortes principescas. Son el público de los artistas del Renacimiento, en definitiva, una élite adherida al movimiento humanístico, que reemplaza progresivamente a la Iglesia como depositaría de las grandes realizaciones artísticas de la época.

Lentamente comienza a reconocerse la autonomía de las artes mayores, alejadas de la utilidad práctica de las artesanías (bordados, orfebrería, mobiliario, mayólicas, etcétera).

Los artistas abandonan entonces su posición de artesanos pertenecientes a un taller o gremio para transformarse en una clase de «intelectuales libres», con un determinado reconocimiento social y económico. A medida que se afianza esta posición, se liberan del encargo directo de sus protectores y dan comienzo a obras concebidas por su propia voluntad o inspiración, como creadores autónomos. En forma paralela a este cambio de modalidad en la generación de una obra, aparecen las figuras de expertos, aficionados y coleccionistas de obras de arte.

Con el Renacimiento se origina el concepto de «genio», como expresión del ímpetu creador y fuerza espiritual de un individuo; el arte es elevado a la categoría de ciencia y el artista igualado al humanista.

3-Edad Moderna: Ilustración

El siglo XVII fue una época de gran actividad intelectual y progreso en Europa. Fue ello consecuencia del renacimiento del saber que con tanto vigor se manifestó en el siglo XVI y que daba sus frutos en el siglo siguiente con el inicio de los descubrimientos científicos, de los métodos filosóficos, y la producción de grandes obras literarias.

Se define como la Ilustración  a los movimientos filosóficos entre los siglos XVII y XVIII en los cuales se hacía hincapié en la fuerza de la razón humana y se criticaban las prácticas religiosas y políticas oscurantistas. La Ilustración, alimentada por descubrimientos científicos además de filosóficos, tuvo profundos efectos en toda Europa en cuanto al desarrollo económico y político, al crear un clima conducente a la investigación y la innovación; también se puede apreciar su influencia en las revoluciones francesa y estadounidense.

La mejora en los procedimientos filosóficos consistió en la sustitución del método deductivo de Aristóteles por el método inductivo. Aun siendo varios los filósofos que preconizaron este sistema, fue Bacon de Verulam uno de sus más señalados propugnadores. En una brevísima síntesis, diremos que el sistema deductivo parte de una presunción general que estima como cierta la sistematización de algunos hechos semejantes al fenómeno particular observado, que se considera comprendido entre aquéllos.

El sistema inductivo, por el contrario, va del hecho particular conocido, a la norma general, que se formula en virtud de las analogías observadas. Es principio esencial en este método la experimentación; es decir, que no se admite explicación ni consecuencia de ningún fenómeno que no haya comprobado previamente por la experiencia.

Este método experimental ha producido y sigue produciendo cada día resultados prodigiosos en todos los campos de la ciencia. Al fomento de los estudios científicos, artísticos y literarios de todo orden contribuyeron la fundación de las academias nacionales y sociedades científicas, artísticas y literarias que fueron apareciendo sucesivamente en todos los países de Europa.

Fuente Consultada: Historia 2 De la Modernidad a los Tiempos Contemporáneos Silvia A. Vázquez de Fernández