Galielo Galilei

Biografía: Vida y Obra de Tycho Brahe Astronomo de la Antiguedad

Biografía: Vida y Obra de Tycho Brahe Astrónomo

INTRODUCCIÓN: El astrónomo danés Tycho Brahe (1546-1601) fue el primero en construir un observatorio con grandes instrumentos de mucha exactitud. Es famoso por sus extensas y precisas observaciones registradas, que sirvieron a Kepler para fundar sus tres leyes del movimiento planetario.

A los trece años de edad, Tycho Brahe fue enviado por su tío a estudiar en la Universidad de Copenhague. Mientras se hallaba allí, un eclipse de sol despertó su interés por la astronomía.

Al cumplir los dieciséis años su tío lo mandó a la Universidad de Leipzig para que estudiase leyes, pero en realidad la mayor parte del tiempo lo dedicó a la astronomía. Contaba 17 años cuando observó una cercana aproximación de Júpiter y Saturno.

biografia Tycho Brahe astronomo

Advirtió que las tablas que registraban su curso eran inexactas y procedió a corregirlas. Su siguiente descubrimiento de importancia lo llevó a cabo a los 26 años, al observar que en la constelación de Casiopea había aparecido una nueva estrella y demostró que se encontraba a mucha mayor distancia que la Luna.

En aquellos tiempos los astrónomos creían con Aristóteles que todo cuanto existía más allá de la Luna, era inmutable. Ésta resultó la primera evidencia de que la afirmación aristotélica era falsa.

Debido a su interés por el mundo de los astros y a la circunstancia de que su esposa no era de origen noble, no fue admitido por la aristocracia.

Afortunadamente gozó de la protección del rey Federico II de Dinamarca, quien le regaló la isla de Huen para que construyera en ella un observatorio y le asignó un sueldo.

Desde allí observó el cometa de 1577 y comprobó que en la época en que realizó sus mediciones, se encontraba tres veces más lejos que la Luna. Esto echó por tierra otra de las teorías de Aristóteles, según la cual los cometas proceden de la atmósfera de la Tierra.

Los instrumentos de su observatorio eran muy exactos. Todas las observaciones realizadas anteriormente arrojaban como gran exactitud un sexto de grado, en tanto que los instrumentos de Brahe eran de 30 a 60 veces más exactos.

Aun cuando no tenía telescopio, observó diariamente el Sol y los planetas durante muchos años y llevó un registro cuidadoso de sus determinaciones. Al morir Federico II, los enemigos de Tycho renovaron su persecución y tuvo que abandonar la isla de Huen. El emperador Rodolfo II le asignó una pensión para que pudiese realizar sus trabajos en un observatorio cercano a Praga, con Kepler en calidad de ayudante.

Falleció en 1601 y legó a Kepler los registros de sus observaciones realizadas en el observatorio de Huen. Kepler los utilizó para deducir sus leyes del movimiento planetario.

COMPLEMENTO BIOGRÁFICO DE TYCHO BRAHE
Enamorado de las ciencias que le ofrecían, con la descripción del firmamento, inagotable fuente de íntimas satisfacciones, Tycho Brahe, señor de Knudstrup, a la muerte de su padre, en 1571, abandonó su señorío para retirarse al monasterio de Herrisdvad, donde estableció un observatorio y un laboratorio químico. Observando la constelación de Casiopea descubrió la aparición de una nueva estrella.

Se debe a Brahe el descubrimiento de dos nuevas desigualdades en la Luna, como asimismo la variación y ecuación anual. Alcanzó gran fama en su época y disfrutó del favor del emperador Federico II, quien a! cederle la isla de Huen, le costeó los gastos de un moderno observatorio, a pesar de la oposición tenaz de la aristocracia por haberse casado con una plebeyo. El sistema cosmológico de Tycho Brahe, completamente erróneo, participa de los de Tolomeo y de Copérnico.

iNSTRUMENTO DE TYCHO

Instrumento de Tycho Brahe Para Determina Posiciones de Estrellas y Planetas

Sextante

Sextante

UNA COMPLETA BIOGRAFÍA

TYCHO BRAHE astronomo

1-Tycho Brahe             

Tycho (o Tyge) Brahe nació el 14 de diciembre de 1546 en Knudstrup, Escania; hoy Suecia pero entonces perteneciente a Dinamarca. Hijo del gobernador del castillo de Helsingborg, fue apadrinado por su tío Joergen.

El tío Joergen era un gran terrateniente y vicealmirante que había pedido a su hermano que cuando tuviera un hijo quería apadrinarlo y adoptarlo hasta el punto de considerarlo como hijo suyo. El gobernador le prometió a su hermano que así sería pero un incidente vino a postergar la promesa.

La madre de Brahe dio luz a gemelos, pero uno de ellos murió, de modo que como era de esperar, la situación cambió, y no fue hasta que Brahe tuvo un hermano cuando pasó a ser adoptado por su influyente y acaudalado tío.

En 1559 fue enviado a la Universidad de Copenhague para iniciar su educación. Estudió primeramente Derecho y Filosofía como correspondía a su condición nobiliaria y como procedía para acceder a sus futuros cargos estatales. Todo iba bien hasta que un suceso vino a cambiarle su orientación.

El 21 de agosto de 1560 Tycho Brahe observó un eclipse de Sol que le dejó completamente admirado. El muchacho, que no había cumplido los catorce años, acababa de sentir que los sucesos astronómicos le habían despertado un tremendo interés. Adquirió libros sobre Astronomía y leyó apasionadamente a Tolomeo. No obstante, los estudios había que continuarlos y dos años más tarde fue enviado por su tío a estudiar a la Universidad de Leipizg.

Su tío Joergen observaba que la afición a la Astronomía de su sobrino tendía a alejarle del verdadero cometido nobiliario. La Astronomía no era una profesión adecuada para un noble así que le puso bajo la tutoría de Anders Vedel: uno de los grandes historiadores daneses. Para desgracia de su tío y para bien de la ciencia, el muchacho no dejaría su pasión por la Astronomía en ningún momento y Vedel desistió de la vigilancia encomendada un año después.

En agosto de 1563, cuando tenía dieciséis años, Tycho observó una conjunción entre Saturno y Júpiter. El fenómeno no tendría más trascendencia sino fuera porque se dio cuenta de que las tablas alfonsinas -las vigentes por entonces- predecían el acontecimiento con un mes de retraso. Fue entonces cuando el joven decidió definitivamente su futuro dando un paso importantísimo: supo de inmediato que había que realizar las observaciones con precisión.

Para ello debían usarse instrumentos precisos con los cuales realizar éstas observaciones y así corregir las tablas astronómicas de su tiempo. Si Tycho no descubrió nada, ya con darse cuenta de la falta de precisión que existía en las observaciones, lo descubrió todo. Se convirtió en un fanático por la exactitud.

Tycho prosiguió sus estudios en distintas universidades, pasó por Wittenberg, Rostock, Basilea y Ausburgo. Aumentaba constantemente su colección de instrumentos astronómicos así como sus conocimientos matemáticos. En 1565, durante su época universitaria, se batió en duelo con un joven danés como consecuencia de una riña que tuvieron por saber quien sabía más sobre matemáticas. El tiempo probablemente le dio la razón al astrónomo pero también le marcó con el puente de la nariz rota, puente que hubo que sustituir con una placa de metal realizada con oro y plata y que Continuamente necesitaba untar con un ungüento.

2.- Más allá de las Nubes

Tras acabar sus estudios Tycho regresó a su Dinamarca natal. El 11 de noviembre de 1572 volvía del taller de alquimia de su tío y en el camino hizo algo que muchos de nosotros hemos hecho en más de una ocasión: lanzar una mirada al cielo. Quedó fascinado. Observó en la constelación de Casiopea una estrella muy brillante, incluso superaba el brillo del planeta Venus. Estaba asombrado; no se lo creía. Llamó a varios campesinos para que certificaran que su observación no era una ilusión. La nmutabilidad de los cielos propuesta por Aristóteles indicaba que todo los cambios que

ocurrían en el cielo se producían a partir de la esfera inmediatamente inferior a la Luna y eran considerados fenómenos meteorológicos. Esta doctrina llevaba siglos imponiéndose y por tanto una estrella nueva en el cielo era, cuando menos, incómoda. Plinio nos cuenta en su Historia Natural que Hiparco otro grandísimo observador- vio un suceso similar en el año 125 a.C., pero, como correspondía a la doctrina aristotélica, fue considerado como un suceso atmosférico y no tuvo mayor trascendencia. Los astrónomos de la época, encabezados por Brahe, creyeron que las líneas de investigación a seguir debían seguir dos rumbos: observar si la estrella se movía e intentar calcular su distancia. Observadores como Maestlin (antiguo profesor de Kepler) y Thomas Digges usaron hilos para demostrar que la estrella no se movía. Brahe, en cambio, usó un preciso sextante, llegando a la misma conclusión. Era un problema. Tycho no solo acababa de descubrir una supernova (que fue

visible durante dieciocho meses y de la que hoy podemos ver sus residuos) sino que le daba un mazazo tremendo a toda la doctrina aristotélica. Tycho comprendió que sus observaciones debían ser publicadas, aunque no era esto una tarea precisamente de nobles. No obstante Brahe lo consideró oportuno y publicó en 1573 un librito llamada «Nova Stella» en la que, además de indicar la inmovilidad de la nueva estrella, dio por primera vez el nombre de NOVA a este tipo de estrellas. El librito se iniciaba con unas cartas introductorias, seguía con unos almanaques, unos diarios meteorológicos y astrológicos (sí, también Tycho se dedicó a esto), unos versos, y el resto, unas veintisiete páginas, contenían las explicaciones

sobre la nueva estrella y los instrumentos utilizados para observarla. Tycho, «el fenix de la Astronomía», como le llamaba Kepler, se había convertido, pese a su juventud, en el astrónomo más importante de su tiempo.

3.- El Ojo que todo lo vigila

Tycho tenía una aptitud nobiliaria curiosa. Como él mismo diría, su vida la hacía entre «caballos, perros y lujo» aunque pueda considerarse como una queja, la segunda parte de su vida transcurrió en el mismo ambiente pero aumentado con majestuosas comidas y grandes borracheras. Por otra parte, Tycho optó por una profesión no adecuada para un noble, desechando de ésta forma su

futuro político, y además, se casó con una campesina (para colmo sin pasar por la Iglesia). De todas formas su afán por realizar observaciones meticulosas no cesó ni un sólo momento.

Tres años después de la aparición de la nueva estrella Tycho tenía ya noticias de contar con la gracia del rey Federico II y con buena parte de la aristocracia danesa. Se dedicó a viajar -uno de

sus placeres- para ver a sus amigos de Frankfurt, Basilea, Wittemberg, Venecia y Cassel. Precisamente en Cassel estaba instalado su amigo Guillermo IV, el landgrave del rey Federico II, quien también era astrónomo o, al menos, disponía de un observatorio astronómico en su ciudad. Fue precisamente el landgrave el que intercedió con el rey para que Tycho pudiera disponer de un observatorio adecuado.

Federico II aceptó la oferta realizada por el landgrave y decidió ofrecerle varias zonas en las que Tycho pudiera asentarse pero éste no aceptó. Decidió quedarse en Basilea así que, ante la negativa del astrónomo, el monarca optó por entregarle una isla entera, el mando para gobernarla y una suma anual de dinero que se situaba entre las más altas de toda Dinamarca. De esta forma Tycho dejó Basilea y se fue a la isla de Hven, situada entre Suecia y Dinamarca, a la que posteriormente llamaría Uraniburg. Uraniburg debía ser un sueño. Tycho se hizo con los servicios de un arquitecto alemán para realizar su excéntrica ciudad estelar. Veamos un relato que nos hace Arthur Koestler del observatorio:

«[…] Fachada renacentista coronada con un domo en forma de cebolla

flanqueada por torres cilíndricas, cada una de ellas con un techo móvil que

albergaba los instrumentos de Tycho, y rodeada por galería de relojes,

cuadrantes solares, globos y figuras alegóricas. En el sótano se hallaba la prensa

de imprimir de Tycho, abastecida por su propio molino de papel, su horno de

alquimista, y una prisión particular para arrendatarios indóciles.»

Era una construcción costosísima en la que hoy día sólo faltaría Dalí para adornar con lienzos surrealistas las paredes del observatorio. Disponía en el interior de su biblioteca de una esfera de un metro y medio de diámetro en la que iba grabando cada una de las estrellas con una precisión incalculable para la época. De hecho, Tycho realizó un catálogo indicando las posiciones precisas de 777 estrellas, añadiendo posteriormente 293 estrellas -no tan precisas- con las que conseguía un catálogo de 1000 estrellas, un número redondo. Más tarde, embarcado en su excentricidad, Tycho construyó otro observatorio. Esta vez subterráneo al que llamó Stjoerneburg, la ciudad estrella, con el que protegería a sus instrumentos de las vibraciones que causaba el viento.

Una vez instalado en su observatorio, Tycho observaba todo lo que podía. Vigilaba el cielo constantemente. En 1577 apareció un cometa en el cielo que le sirvió a para dar un nuevo golpe a la teoría aristotélica y, por añadidura, a él mismo: aún creía en la teoría geocéntrica de Tolomeo. Con sus instrumentos, que seguía siendo los mejores para la época y su agudeza visual, observó que la paralaje del cometa indicaba que estaba más de seis veces más distante que la Luna y, además, creyó en la posibilidad de que el cometa tuviera una órbita distinta a la circular algo que no cuadraba para nada con la concepción cosmológica que regía en aquellos tiempos y en la que él creía. Si la órbita del cometa era como él creía que tendría que destrozar todas las esferas aristotélicas. Tenía que pensar una solución. El sistema en el que confiaba se revolvía contra él mismo.

4.- El Nuevo Sistema

En la faceta astronómica Tycho Brahe hizo multitud de observaciones astronómicas que le permitieron detectar que los movimientos lunares variaban, calculó la longitud de un año con un error que no llegaba a un segundo, y observó todos los movimientos planetarios. Por lo demás en la isla de Hven se sucedían todo tipo de visitas de aristócratas y gobernantes, en un devenir de grandes cenas, todo tipo de lujos y con su bufón Jepp haciendo payasadas constantemente. En la sombra, los antiguos habitantes de Hven pasaron a ser tratados con mayor dureza a medida que pasaban los años desde la llegada del astrónomo a la isla. Brahe llegó a tener acongojado hasta al propio rey Federico II del que se mofaba cada vez que creía oportuno. Es indudable que todas las conclusiones que sacaba de sus propias observaciones le hacían pensar. No concordaban con el sistema en el que siempre creyó. Pensó en un nuevo concepto cosmológico a medio camino entre el sistema geocéntrico y el heliocéntrico. Según éste Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol, y éste. a su vez, giraba, con toda la corte planetaria, alrededor de la Tierra. Sistemas similares se habían propuesto por Reymers Bear, latinizado como Ursus, (al que Brahe le acusó en 1588 de haberle robado sus teorías en una visita que hizo a Hven en 1584), y también por un tal Helisaeus Roeslin.

5.- Praga

En 1588 Federico II, que le aguantaba todo lo inaguantable a Tycho, murió. Su sucesor, Christian IV no iba a ser tan condescendiente con el arrogante astrónomo. Harto de aguantarlo durante los primeros años de su mandato y repleto de protestas por los maltratados habitantes de Hven, Christian IV le llamó la atención a Tycho y empezó por bajarle sus emolumentos. Ante esto tras 22 años en la isla de Hven, donde realizó sus «viriles, precias y absolutamente exactas» observaciones, Tycho decidió abandonar Dinamarca no sin antes expresar su malestar al rey.

Inició su periplo viajero con toda su corte de familiares, sirvientes y por supuesto con su enano Jepp por tierras alemanas y en 1599, invitado por el emperador Rodolfo II llegó a Praga. El emperador decidió alojarlo en el castillo de Benatek situado a una treintena de kilómetros de la hoy capital checa y lo nombró matemático imperial. Pero no todo fue como en Hven. Rodolfo II le había

asegurado 3000 florines anuales para que se quedase en Praga (además de, evidentemente, ofrecerle el castillo) pero dicha cifra apenas llegaba a la mitad. El encargo de Tycho de que sus instrumentos llegaran a Praga cada vez se hacía más de rogar. Esto motivó continuas desavenencias entre Tycho y la corte del emperador. Pero la persona a la que Tycho esperaba con más ansiedad estaba aún por llegar.

6.- El Invitado

Entre 1595 y 1596, cuando aún continuaba vigente la pelea por la autoría del nuevo sistema cosmológico entre Tycho y Ursus, Johannes Kepler acababa de publicar su Mysterium Cosmographicum. Kepler optó por enviar, sin saber de la pelea entre ambos astrónomos, un ejemplar a cada uno. Mientras que Kepler nunca recibió respuesta de Ursus (pero que en cambio usó los escritos de Kepler en su propio beneficio), Tycho, sabiendo de la valía del joven astrónomo, fue más ávido y le indicó que aplicara sus descubrimientos geométricos a su sistema, instándole a visitar y quedarse en Praga con él. Eso fue a principios de diciembre de 1599. Kepler llegó a Praga a mediados de enero de 1600 después de un tortuoso viaje desde Gratz. No se me quita de la memoria lo bien reflejado que está este instante en el capítulo segundo de la magistral serie Cosmos del fallecido Carl Sagan… Cuando Kepler llegó a Praga con su familia no pudo tener peor recibimiento. El gran astrónomo Brahe no había cedido en recibirle y tuvo que conformarse con ser guiado por el hijo mayor del danés, Longomontanus, y el junker de Brahe, un tal Tengnagel, quienes procuraron emplear la mayor antipatía posible con el nuevo invitado. Varias semanas después Brahe recibió a Kepler. La antipatía del hijo de Brahe fue a más. Máxime cuando Tycho le había encomendado a su hijo la tarea de estudiar Marte, tarea esta que le fue arrebatada en favor de Kepler quien, a la sazón, estudiaba Júpiter. Kepler, halagado, le prometió a Brahe que en tan solo ocho Días solucionaría todos los problemas que daba la órbita del planeta. Kepler comenzó a trabajar de inmediato y pronto se dio cuenta que en ocho días no iba a solucionar ni la parte más ínfima del problema. En su fuero interno Kepler quería usar los datos de Brahe (los mejores existentes) para construir su propio sistema del universo, los sólidos pitagóricos y la armonía de los mundos debían encajar con las observaciones. Brahe también sabía eso. Y no solamente esto, sabía que no iba a resistir mucho tiempo para crear su sistema semigeocéntrico. Ambas ideas no cesaban de aparecer en la mente de Brahe, quien consciente del problema, decidió enseñar a pescar a su discípulo pero no sin dificultades. No ayudaba para nada a Kepler. Es famosa la cita de Kepler al respecto: «Tycho no me daba ninguna oportunidad de compartir sus experiencias. Lo único que conseguía [Kepler] era que en el transcurso de una comida y mientras hablábamos de otros asuntos, mencionara [Brahe], como de pasada, hoy la cifra del apogeo de un planeta, mañana los nodos de otro». La tensión entre Kepler y Tycho iba en aumento. En abril de 1600 Kepler decidió irse a Praga y abandonar el castillo de Benatek manifestando que la vuelta requeriría, al menos, cumplir los compromisos iniciales en cuanto al dinero, al modo de trabajo y a las condiciones humanas. Kepler no quería más humillaciones. A pesar de todo el carácter de Kepler hizo que se tuviera que tragar su razonable orgullo y pedir disculpas al noble. El danés, altanero, decidió aceptarlas y en una muestra de necesidad interior fue a Praga para volver a llevar a Kepler a su propio castillo. Kepler consiguió, por añadidura, todos los datos de Marte. Tenía vía libre y, en años sucesivos, lo demostraría, llegando a ser uno de los grandes baluartes de la Revolución Científica.

7.- Ne Frusta Vixisse videar

La cantidad inmensa de observaciones realizadas por Tycho después de tantos años y en tantos lugares cesaron en octubre de 1601 de forma inmediata. El que había sido su discípulo durante dieciocho meses y que sería su sucesor en el cargo de matemático imperial, nos cuenta el fin de Brahe. Nada mejor para conocerlo:

El 13 de octubre, Tycho Brahe, en compañía del maestro Minkowitz, acudió a cenar en casa del ilustre Rosenberg, y retuvo sus aguas más allá de lo que exige la cortesía. Al beber más, sintió que la tensión de su vejiga se incrementaba, pero puso la educación por delante de su salud. Cuando regresó a su casa, apenas fue capaz de orinar…

Tras cinco noches sin dormir, seguía sin poder soltar su agua sin experimentar grandes dolores, e incluso así la evacuación era difícil. El insomnio prosiguió, con fiebre interna que desembocó gradualmente en delirio, y la comida que comía, y que no podía retener, exacerbaba el mal. El 24 de octubre, su delirio cesó durante varias horas, la naturaleza venció y expiró pacíficamente entre los consuelos, plegarias y lágrimas de su gente.

Como correspondía a un gran noble, Tycho Brahe fue enterrado en Praga en una ceremonia grandiosa en su honor. Lamentablemente todo su instrumental astronómico y que había servido para acceder a tantos datos celosamente guardados por la naturaleza quedó viejo, inutilizado, y fue quemado durante la Guerra de los Treinta Años. En los momentos delirantes de sus últimos días, Tycho no paraba de repetir una frase que pasaría a la historia como símbolo de lo que había hecho y lo que quería que se hiciese: Ne frusta vixisse videar: Que no parezca que he vivido en vano. La ciencia astronómica no sólo sabe que Tycho no vivió en vano sino que le debe buena parte de su historia futura.

Enviò: Francisco Rodríguez Bergali

Astronomia Antigua Sistema Geocentrico: Hiparco y Tolomeo Ptolomeo

Astronomia Antigua Sistema Geocentrico: Hiparco y Tolomeo

La astronomía en la Antigüedad: Desde hace siglos, en las escuelas se enseña que la Tierra gira sobre sí misma en 24 horas y en un año alrededor del Sol. Se considera un hecho bien establecido y loes. Pero eso no significa que sea evidente. De lo contrario Copérnico no sería considerado un gran científico ni mucho menos revolucionario.

De hecho, hasta el siglo XVI se pensó que la Tierra estaba quieta y que era el Sol el que, diaria y anualmente, giraba a su alrededor, explicando así el sucederse del día y de la noche y el cambio anual de las estaciones. Lo afirmaban los mejores científicos del momento, que eran tan inteligentes como los actuales.

Por tanto, está claro que para entender la aportación de Copérnico y sus méritos tenemos que comprender cuáles eran los problemas que se planteaban entonces y qué solución les dio. Para ello es necesario retroceder hasta los griegos y señalar algunos puntos básicos que nos ayudarán a entender el punto de partida de Copérnico. (abajo Astronomo Tolomeo)

Astronomo Tolomeo

Los grandes descubrimientos astronómicos: Hiparco

Los astrónomos helénicos y alejandrinos dieron al patrimonio de los conocimientos astronómicos el carácter de ciencia, interpretando los fenómenos celestes por medio de la geometría y la trigonometría. Se dedicaron además a la observación directa del cielo. Sobresale en este período la figura de Hiparco, el más grande astrónomo de la antigüedad.

Nacido en Nicea, en Bitinia, en la primera mitad del siglo II a. C., Hiparco trabajó en Alejandría y sobre todo en Rodas, donde implantó una especie de observatorio. A él se debe la invención de la dioptra (instrumento para la medida de ángulos) y de otros muchos medios técnicos de observación, gracias a los cuales logró estudiar la bóveda celeste con extrema precisión. Hiparco descubrió 1.206 estrellas y las clasificó en su célebre Catálogo estelar, unas tablas muy precisas de los planetas y sus movimientos. Pero su mayor gloria consiste en haber descubierto el fenómeno llamado de la presesión de los equinoccios.

Debido a la atracción de otros cuerpos celestes sobre la Tierra, el eje terrestre oscila lentamente sobre sí mismo como el eje de un trompo en movimiento. En consecuencia, las prolongaciones ideales del eje sobre los polos se mueven lentamente, apuntando sucesivamente a distintas constelaciones. De este modo, en el equinoccio de primavera, cuando los dos polos están a la misma distancia del Sol, este astro parece, de un año al otro, moverse respecto al «fondo» formado por las constelaciones lejanas.

Hiparco observó que las «latitudes» (o declinaciones) de las estrellas observadas permanecían constantes respecto a las medidas anteriores; las «longitudes» (o ascensiones rectas), en cambio, aumentaban todas en la misma magnitud. Hiparco, con notable precisión, calculó que el aumento anual de la ascensión recta de las estrellas era de 50 segundos, equivocándose poquísimo con respecto a los valores reales.

El sistema tolemaico: En el 47 a. C. la biblioteca de Alejandría se incendió, privando al mundo de preciosos documentos y tratados sobre ciencia y literatura. Este terrible suceso habría impedido conocer el progreso de la astronomía antigua de no ser porque, tres siglos después de la muerte de Hiparco, Claudio Tolomeo compendió y completó los descubrimientos de sus predecesores.

En el siglo II d.C., Claudio Tolomeo planteó un modelo del Universo con la Tierra en el centro. En el modelo, la Tierra permanece estacionaria mientras los planetas, la Luna y el Sol describen complicadas órbitas alrededor de ella. Aparentemente, a Tolomeo le preocupaba que el modelo funcionara desde el punto de vista matemático, y no tanto que describiera con precisión el movimiento planetario. Aunque posteriormente se demostró su incorrección, el modelo de Tolomeo se aceptó durante varios siglos.

Tolomeo no fue un científico genial e innovador. Sus observaciones, realizadas en Alejandría, le llevaron sólo a la formulación de una teoría personal sobre los movimientos de los cinco planetas conocidos en aquella época (Mercurio, Venus, Júpiter, Marte, Saturno). La más importante contribución de Tolomeo a la astronomía es su Almagesto (ver abajo) , precisa y completa síntesis de las teorías de sus predecesores.

En esta obra, trata su autor de geocentrismo, de nociones de geometría plana y esférica y de los movimientos del Sol y de la Luna, de los eclipses, de las estrellas fijas y de todos los demás importantes fenómenos relativos al cielo, ilustrados con las tablas de Hiparco. La explicación que dio Tolomeo de los movimientos celestes se conoce como sistema tolemaico. Según esta teoría, los cuerpos celestes completan cada día una revolución en torno a la Tierra.

En este movimiento, el Sol quedaba un poco rezagado con respecto a los demás astros, ya que cada día se movía ligeramente hacia oriente, y lo mismo sucedía con algunos planetas. Júpiter, Marte y Saturno, en cambio, se desplazaban hacia occidente. Aunque, como se ha visto, se trataba de un sistema complicado, fue empleado durante muchos siglos para interpretar y predecir los fenómenos celestes.

ASTRONOMÍA MODERNA
Copérnico y e heliocentrismo

Durante toda la edad media, la sistematización teórica de la ciencia astronómica permaneció en el mismo punto exacto donde la había dejado Tolomeo. Con el paso del tiempo, la observación práctica del cielo se fue generalizando y aumentó el número de astrónomos y de observatorios. El sistema geocéntrico propuesto por Tolomeo ya no era satisfactorio y hacía falta una auténtica revolución de ideas que barriera la apatía y el estancamiento de largos siglos. Su artífice fue Nicolás Copérnico, quien dio un nuevo impulso a la investigación y la observación astronómicas.

La teoría de Copérnico establecía que la Tierra giraba sobre sí misma una vez al día, y que una vez al año daba una vuelta completa alrededor del Sol. Además afirmaba que la Tierra, en su movimiento rotatorio, se inclinaba sobre su eje (como un trompo). Sin embargo, aún mantenía algunos principios de la antigua cosmología, como la idea de las esferas dentro de las cuales se encontraban los planetas y la esfera exterior donde estaban inmóviles las estrellas.

Copérnico nació en Torun (Polonia) el 19 de febrero de 1473. Después de estudiar en las universidades de Cracovia, Bolonia y Ferrara, enseñó matemáticas y astronomía en Roma. Se graduó en derecho canónico y fue nombrado canónigo de Frauenburg (1505). Allí estudio apasionadamente los textos antiguos y, tras redescubrir a Heráclides y, sobre todo, a Aristarco, se convenció de la corrección de la teoría heliocéntrica. Sus ideas las expuso primero en un librillo, el Comentariolus. (Ampliar sobre Copérnico)

Geocentrismo, geostatismo y las alternativas fallidas. Aristóteles fue el más grande cosmólogo de la Antigüedad. Y Ptolomeo, que aceptó buena parte de la física aristotélica, fue el más grande astrónomo griego. Ambos, como la inmensa mayoría de los griegos cultos, postulaban una cosmología geocéntrica, es decir, con la Tierra en el centro del universo, geostática, es decir, con la Tierra inmóvil en dicho centro. El geocentrismo y el geostatismo dominaron totalmente la astronomía y la cosmología hasta el siglo XVI. Habla buenas razones para que fuera así.

Como es bien sabido, en el mundo griego se propusieron cosmologías alternativas. Por ejemplo, los atomistas afirmaban que el universo es infinito y está compuesto por infinitos átomos que se combinan de distintos modos para constituir los cuerpos que componen el universo y los objetos que vemos. En ese universo no había centro y la Tierra era un simple cuerpo más. Pero los atomistas no desarrollaron con un mínimo de detalle ni una física que explicara mínimamente los movimientos de los cuerpos celestes: los del mundo sublunar, como había hecho Aristóteles.

Tampoco elaboraron una astronomía que explicara y fuera capaz de predecir los movimientos de los cuerpos celestes, como había hecho Ptolomeo. No obstante, hubo astrónomos que sí propusieron modelos astronómico-cosmológicos alternativos.

El Almagesto es el nombre arabizado de la Sintaxis matemática de Ptolomeo, obra astronómica en la cual, como lo indica el nombre, culmina la antigua concepción de explicar los fenómenos celestes mediante hipótesis y construcciones geométricas, sin realidad física alguna.

En ese tratado Ptolomeo perfecciona, modifica y combina el mecanismo de las excéntricas y epiciclos introducido por Hiparco, explicando el movimiento de cada planeta y otros fenómenos astronómicos. En el Almagesto aparece una «tabla de cuerdas» para medir los arcos, en cuya construcción Ptolomeo utilizó teoremas geométricos propios que hoy llevan su nombre, y un catálogo de millares de estrellas distribuidas en unas 40 constelaciones.

El Tetrabiblos de Ptolomeo es un tratado de índole distinta del Almagesto. No posee el rigor matemático de éste, pues está compuesto más bien a la manera caldea —utilizando cálculos aritméticos aproximados— y se le considera el tratado teórico fundamental de la astrología, ya muy difundida en el mundo grecorromano en este período en el cual, por lo demás, existe también el desarrollo, de otra seudociencia: la alquimia, actividad más de este mundo, pues no maneja astros como la astrología, sino realiza experiencias y manipulaciones y cuyo origen debe verse en una mezcla de prácticas de tecnología química y de especulaciones filosóficas y religiosas de fondo místico, que se funden en la época alejandrina, dando lugar a los primeros escritos alquímicos.
(Fuente: El Saber en la Historia José Babini)