Gobierno de Azaña Manuel

Gobierno de Azaña Manuel Reformas Agraria y Militar

Gobierno de Azaña Manuel Reformas y Biografia

Manuel Azaña (1880-1940) fue un escritor y político español fue ministro de la Guerra en el gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora tras el advenimiento de la II República, en abril de 1931.

Después de la dimisión de éste, en octubre de ese año pasó a encabezar su primer gobierno. En 1933 dimitió como jefe del gabinete.

Principal dirigente de la coalición política del Frente Popular, formó de nuevo gobierno en febrero de 1936 y resultó elegido por las Cortes presidente de la República tres meses después.

El estallido de la Guerra Civil en julio de ese año vació su cargo de contenido.

En febrero de 1939 presentó su dimisión después de que, días antes, se refugiara en Francia ante el avance decidido de los ejércitos franquistas.

Biografia de Azaña Manuel Presidente España en la Guerra Civil
Manuel Azaña presidía la II República de España durante la Guerra Civil que tuvo lugar entre 1936 y 1939. Tropas sublevadas procedentes de África al mando del general Franco penetran en la Península, y el gobierno republicano repliega sus fuerzas para defender la continuidad de la II República. La Guerra Civil española estalla en julio de 1936.

Nacido en Alcalá de Henares en 1880, Manuel Azaña fue uno de los políticos más destacados de la etapa republicana española. Doctorado en derecho por la Universidad de Zaragoza, Azaña fundó el partido Acción Republicana en 1925.

Sus dotes políticas y su carácter dialogante lo llevaron a la presidencia del gobierno en 1931 y en febrero de 1936 y en mayo de ese año a la presidencia de la República, poco antes del estallido de la Guerra Civil.

Con él dió comienzo el bienio denominado «republicano-socialista», «reformista» o «social-azañista», en el que, a partir de la nueva Constitución, se intentaron reformar las estructuras de un estado que arrastraba graves deficiencias que hacían imposible su incorporación al mundo del siglo XX surgido de las recientes convulsiones internacionales.

Defensor de la democracia: Tras asumir la presidencia, Manuel Azaña trató de apaciguar el clima de violencia que vivía el país.

Pero, a pesar de esto, no pudo evitar el alzamiento encabezado por el general Francisco
Franco, quien representaba a los sectores más conservadores del país.

El presidente Manuel Azaña defendió la República identificándola con la democracia.

Ante el avance de las tropas sublevadas, Azaña trasladó la sede del gobierno de Madrid a Valencia y más tarde a Barcelona.

El triunfo de los sublevados en 1939 lo obligó a exiliarse a Francia, donde dimitió el cargo.

Murió en Montauban al año siguiente.

Su gobierno elaboró un amplio programa de reformas.

1) Reformas militares. La república heredó unas fuerzas armadas entroncadas con la monarquía y sobrecargadas de oficiales, jefes y generales y, en gran parte, hostiles al nuevo régimen.

Azaña ofreció a los militares la posibilidad de abandonar el servicio, pero sin dejar de percibir los ingresos correspondientes a su grado, las dieciséis divisiones orgánicas fueron convertidas en ocho, se eliminaron los empleos de teniente general y capitán general, la justicia militar quedó circunscrita a los delitos de índole castrense y fue suprimida la Academia General Militar, en Zaragoza.

Por otra parte, la situación en el seno del ejército estaba dividida entre la Unión Militar Española (UME), antimonárquica y con tendencias totalitarias, y la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA), de orientación democrática.

2) Los nacionalismos. La proclamación de la república dio paso a una
situación política proclive a dar respuesta a las aspiraciones autonomistas de las regiones, pues la Constitución reconocía esa posibilidad.

En Cataluña había triunfado la Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y el 18 de abril de 1931 quedó constituida la Generalitat como nuevo gobierno autónomo.

El estatuto de autonomía fue aprobado en plebiscito el 3 de agosto, pero la línea federalista que mostraba encontró la oposición del gobierno del estado.

El fallido golpe de estado del general Sanjurjo, en agosto de 1932, aceleró los debates y el 9 de septiembre el estatuto fue aprobado en las Cortes.

También en el País Vasco y Navarra existía un profundo deseo autonomista.

En septiembre de 1931 se presentó un proyecto de estatuto, fruto del trabajo conjunto de nacionalistas y tradicionalistas.

El Partido Nacionalista Vasco (PNV) mostró su disposición al diálogo con las fuerzas que apoyaban al gobierno y su apoyo al régimen de libertades, pero el tradicionalismo se oponía a la república y a la democracia.

La actitud de los carlistas paralizó la posibilidad de conseguir un estatuto de autonomía, cuya aprobación no se produjo hasta 1936.

3) Reforma agraria y legislación social. Cambiar las estructuras socioeconómicas del medio agrario era fundamental en un país donde casi la mitad de la población desarrollaba sus actividades diarias en este ámbito.

Los grandes terratenientes querían seguir manteniendo su control sobre la sociedad rural, pero los campesinos querían tomar la tierra.

Un pequeño grupo de propietarios era dueño de enormes extensiones y en los latifundios masas de jornaleros sin tierra y yunteros reclamaban el reparto del campo, mientras que en los minifundios los dueños de minúsculas parcelas estaban en una situación económica no muy distinta de la del jornalero.

El 15 de abril de 1931 el gobierno provisional reconoció la función social de la propiedad privada y dictó normas referidas a la prórroga de los contratos de arrendamiento, prohibición de mantener tierras sir cultivar y a la jornada laboral en las faenas del campo, entre otras.

La reforma agraria fue objeto de numerosos debates dentro y fuera del gobierno y varios proyectos a ley sufrieron el rechazo de las Corte, hasta que el 9 de septiembre de 1932 quedó aprobada la ley de Bases de la Reforma Agraria, cuya aplicación quedó encomendada al Instituto de Reforma Agraria (IRA).