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Biografia de Bello Andrés Resumen Obras Mas Importantes

Resumen Biografía de Bello Andrés – Obra Literaria

Andrés Bello: Está considerado como el primer sabio de América en orden cronológico. Fue uno de los hombres de mayor cultura y talento del período neoclásico, y al mismo tiempo, uno de los más grandes maestros que ha dado hasta el presente Hispanoamérica.

Aunque venezolano por nacionalidad, puede ser considerado ciudadano de toda la América del Sud, por la influencia de su obra y su amor a estos países.

Nació en Caracas el 29 de noviembre de 1781. Fue poeta, jurisconsulto, filólogo y diplomático. Desde niño demostró un talento extraordinario.

Fue su profesor Fray Cristóbal de Quesada, que le inició en los estudios de castellano, latín y humanidades. Después cursó los estudios de Derecho y Medicina, pero los abandonó para seguir la carrera administrativa.

En 1802 ingresó como oficial segundo de la Secretaría en el Gobierno de Venezuela, donde pronto puso de relieve su competencia y laboriosidad.

Andrés Bello vivió durante las tres últimas décadas de la colonia española en Venezuela (donde nació, en la ciudad de Caracas) y algo más del primer medio siglo de vida independiente hispanoamericana.

De este período, los veinte primeros años corresponden al tiempo de lucha por la independencia nacional, cuyo desarrollo, vicisitudes y triunfo observó Bello desde Londres.

Los últimos treinta y tantos años de su vida, pasados en Chile, son los de la fijación de la existencia política y cultural de los nuevos estados de Hispanoamérica.

En líneas generales fue éste el tiempo de Bello: Colonia (en Caracas, 1781-1810); Guerras de Independencia (Londres, 1810-1829), gobierno y edificación de las nacionalidades hispanoamericanas (Chile, 1829-1865).

Su pensamiento está determinado por tales circunstancias, a las cuales debe siempre referirse lo que produjo, como único modo de explicar el alcance de su obra.

Si a esa condición externa se añade la consideración de las ideas y propósitos, de los conocimientos y carácter de Bello —es decir, su peculiaridad individual— podrá valorarse la significación de cuanto el intelectual venezolano llevó a cabo.

Para un hombre de su mentalidad, la vida colonial debía ofrecer escasas perspectivas de actuación pública.

No así en lo que atañe al estudio. Bello, como los hombres más notorios de su generación, se dedicó al conocimiento de la naturaleza y al estudio del pensamiento humano, a las letras.

El trópico brindaría continuos descubrimientos a su inquietud. Andrés Bello llevará impreso para siempre, en su sensibilidad, el paisaje de la tierra, que habrá de darle el principal tema de sus más grandes poemas, escritos en Londres.

En su primera juventud no fueron el latín y la ciencia escolástica las únicas dedicaciones: estudió el castellano, iniciando en ese tiempo sus investigaciones de la lengua (El análisis ideológico de los tiempos en la conjugación castellana); aprendió francés e inglés, ciencias médicas, geografía (de la cual fue maestro de Bolívar), matemáticas, filosofía, historia, de la que es muestra su Resumen de la historia de Venezuela, y otras muchas disciplinas.

Bello comenzó a editar por su propia cuenta en 1823, La Biblioteca Americana, que tuvo que suspender muy pronto, pero obtuvo mayor éxito con la revista trimestral El Repertorio Americano (1826), la cual alcanzó sólo a los cuatro números.

En el primer número apareció la Silva a la agricultura en la zona tórrida, una de sus mejores composiciones. Esta pieza lo colocó casi de inmediato en primera linea entre los escritores hispanoamericanos.

En los diecinueve años que Bello residió en Chile se cimentó su fama de erudito serio y responsable, dueño de un criterio crítico moderno y objetivo, así como también su fama de poeta sin par entre los hispanoamericanos.

Llegó a ocupar también algunos cargos diplomáticos, como ser el de secretario de la legación de Chile (1822) y luego igual jerarquía en la legación de Colombia (1824).

Andrés Bello

En las horas libres las dedicaba al estudio intenso de las humanidades, y su permanente asistencia a la biblioteca del Museo Británico le permitió obtener una cultura excepcional en su época. Aprendió griego, publicó una versión al español moderno del Poema del Cid, con notas, algunos ensayos literarios, y realizó valiosas traducciones.

La Caracas colonial pudo dar un hombre como Bello, quien, situado en Londres entre destacadas personalidades españolas e hispanoamericanas, tuvo capacidad para desempeñar un papel de primer orden.

No era gratuita la consideración y el respeto hacia Bello por parte de hombres como Blanco White, Gallardo, Salva, José Joaquín de Mora, Mendívil, entre los españoles; Fernández Madrid, García del Río, Irisarri, Olmedo, Egaña, Pinto, entre los hispanoamericanos; Holland, James Mili, Hamilton, entre los ingleses.

En Caracas, Bello había logrado asentar sólidamente las bases de su saber y de su carácter.

Los pocos escritos que se conservan de su juventud manifiestan los rasgos generales de la formación clasicista de las escuelas coloniales.

Virgilio y Horacio son los maestros epirituales de los jóvenes universitarios; con ellos, los clásicos castellanos; y, además de los textos de estudio generales de su tiempo, los pocos libros que podían adquirirse por vías clandestinas.

Se conservan de Bello algunos poemas primerizos y el texto en prosa del Resumen de la historia de Venezuela.

Hay noticias de trabajos gramaticales suyos y es sabido que fue redactor de La Gazeta de Caracas, aunque resulte difícil identificar sus escritos.

Se sabe, además, de la destacada presencia de Bello en las tertulias caraqueñas, con sus poemas originales y traducidos que le granjearon la denominación de Cisne de Anauco.

Entre los escasos restos de sus escritos juveniles que se poseen figura la égloga conocida por el primer verso Tirsis, habitador del Tajo umbrío.

Es un poema en quince octavas reales, de versificación superior al resto de sus composiciones juveniles, al menos de las conocidas hasta la fecha.

No logra el pleno acierto expresivo en cuanto a lenguaje se refiere, pero es interesante transcribir algunas de sus partes para esclarecer un aspecto de las fuentes formativas del ilustre caraqueño.

Hay en la égloga componentes latinos, influencia de la poesía bucólica española del siglo XVI. La fecha de creación, imprecisa, puede situarse alrededor de 1805, o sea a los veintitantos años de edad del poeta.

En resumen, la figura de Bello, joven, en Caracas al cambiar el siglo, aparece como la de un entusiasta colaborador de cuanta empresa cultural se iniciaba.

Se vislumbraba en él a un humanista en ciernes cuando en 1810 sale para Londres en misión oficial del nuevo gobierno venezolano, acompañando a Bolívar y a López Méndez.

La misión consistía en captar la adhesión del gobierno inglés y disponer de su ayuda para la lucha emancipadora que había comenzado.

En 1807 fue recompensado por el rey de España con una distinción honorífica, la de Comisario de Guerra por los extraordinarios servicios prestados.

Fallecido su padre en 1806 y su protector Vasconcellos en 1807, quedaron Bello y su familia en situación apurada.

Poco después fue nombrado secretario de la Junta  Central de Vacuna en Caracas, quedando desde entonces unida su vida a la historia de Venezuela.

En 1809 se reveló como poeta con imitaciones de Virgilio y de Horacio.

Participó en unión de Bolívar y López Madoz en el movimiento separatista contra España, siendo enviado a Londres, en 1810, en misión diplomática por el Gobierno Central de Caracas.

Residió en Londres durante diecinueve años, durante los cuales desempeñó el cargo de Secretario de las legaciones de Chile, Colombia y Venezuela, al par que dedicaba sus horas libres al estudio de la lengua griega, la filosofía y la literatura y gramática castellanas, dedicando también su atención a la enseñanza y al periodismo.

Bello elevó el tono de la diplomacia por medio de documentos meditados con maduro estudio y escritos en un lenguaje digno y correcto.

En 1810 fue enviado a Londres por el recién formado gobierno de Venezuela. En 1829 llegó a Chile, contratado por el gobierno, para servir un cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fue nombrado, además, primer rector de la Universidad de Chile, que se fundó en 1842. Su obra fue de dimensión continental.

El Código Civil de la República de Chile sirve de modelo a la codificaciones de otros países de América, y su Gramática de la Lengua Castellana se orienta a preservar la unidad idiomática de los pueblos del continente.

Hacia el año 1829 marchó a Chile para desempeñar un importante cargo oficial que el Gobierno de dicha República le había ofrecido.

Allí se le confio la dirección del periódico oficial de la nación, y desde sus columnas procuró ilustrar a la opinión pública chilena de las directrices que el Gobierno se había trazado.

Fundó el Colegio de Santiago, dedicándose a la enseñanza de diversas disciplinas y alternando sus actividades de la Administración con el profesorado.

El Gobierno, agradecido a su obra de cultura, convirtió en Universidad el Colegio, y Bello pasó a ser profesor y rector de la misma, alcanzando extraordinario prestigio, tanto por sus enseñanzas como por su modo de apreciar los asuntos internacionales.

Por encargo de los Estados Unidos arbitró en 1864 una cuestión pendiente entre la gran República del Norte y la del Ecuador.

También en 1865 fue solicitado su consejo por Colombia y el Perú para otra cuestión análoga. Su actividad era incansable.

Quiso remediar todas las lagunas que notaba en la enseñanza, y apreciando la falta de libros adecuados para la ilustración de la juventud, escribió un tratado de Derecho romano, otro de Derecho internacional, una Cosmografía, una Historia de la literatura antigua, una Gramática castellana, una Ortografía y métrica de la lengua castellana y otros trabajos eminentemente didácticos.

Redactó un Proyecto de Código Civil que sirvió de base al promulgado en 1865. Su Gramática de la lengua castellana (1847) le valió el nombramiento de miembro honorario de la Academia Española; dicha obra y sus celebradas poesías Silvas americanas son consideradas como sus mejores producciones.

Andrés Bello falleció en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865.

Bello recibió por gracia la nacionalidad chilena y realizó la parte más importante de su obra en este país. En el centenario y en el bicentenario de su natalicio, se han organizado homenajes, seminarios y actos académicos que comprenden todo el ámbito hispanoamericano.

Hay un hecho en la historia cultural de Venezuela que por su importancia merece ser destacado. Se trata del primer intento de crear una revista venezolana, El Lucero, emprendido por Andrés Bello y Francisco Isnardy en 1809.

Sus promotores solicitaron el apoyo del Real Consulado, y éste contestó en oficio del 28 de noviembre de 1809 acogiendo el proyecto con simpatía y animando a que imprimieran el prospecto y llevaran a término la obra planeada «que tanto debe contribuir a la ilustración y utilidad de los habitantes de Venezuela».

El texto del oficio dice así:
«Este Real Consulado ha visto del modo más satisfactorio el convencimiento del celo por su instituto con que Vmds. solicitan su protección para proporcionar al público el periódico llamado El Lucero, y enterado con suma complacencia, en la sesión de Gobierno celebrada ayer, del prospecto y representación, con que lo produjeron, acordó dispensarla en la mayor extensión a un papel, que tanto debe contribuir a la ilustración y utilidad de los habitantes de Venezuela, y como se promete que los conocimientos de Vmds. llenarán cuanto anuncian, dispuso anticiparles expresivas gracias, y que se les faciliten los escritos y noticias que se encuentren en sus archivos relativos a los objetos de que han de tratar, y los demás auxilios que se juzguen conducentes o necesarios y se hallen a nuestro alcance.

También estimó conveniente acordar suscribirse por veinticuatro ejemplares del papel indicado para repartir entre sus empleados en la forma que se hará saber a Vmds. al tiempo de ejecutarla, y que se impriman por su cuenta ciento del prospecto para calcularlo.

Todo lo que participamos a Vmds. para su inteligencia y satisfacción.»

El 3 de enero de 1810, ya impreso el prospecto, el Real Consulado ordenaba abonar el importe de la obra de impresión, hecha probablemente por Gallagher y Lamb.

El Lucero no pasó de ahí. No es probable que llegara a imprimirse algún número, por lo menos no ha llegado hasta hoy noticia de su existencia.

El mismo prospecto es pieza quizá definitivamente perdida. Nadie ha tenido la suerte de examinarlo con intención de historiador. No obstante puede rehacerse el carácter de la revista planeada por Bello e Isnardy, gracias a la preciosa información que da el Semanario del Nuevo Reino de Granada, de Caldas. La importancia de ese documento exige su transcripción:

NOTICIA LITERARIA: «Por el último Correo de Caracas hemos recibido el prospecto de un nuevo periódico intitulado El Lucero. Sus AA. D. Andrés Bello y D. Francisco Isnardy ofrecen llenar los números de este papel con artículos muy interesantes, y muy varios. Tales son: la Moral Civil; el Bello sexo; las Ciencias útiles; la Historia natural de Venezuela; la Física; la Medicina; la Química y Botánica; la Eloquencia y la Poesía; la pureza de la lengua; el Teatro; la Historia; y la estadística de Venezuela. Este nuevo papel lo ha tomado baxo de su protección ese Real Consulado de Comercio, esperamos que con este apoyo no tenga la suerte de casi todas las empresas literarias de América. Se suscribe en Caracas, y en toda esa Capitanía General, a cinco pesos por semestre.»

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica – Andrés Bello
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Andrés Bello, “El Educador de América” – Editorial Planeta

Biografia de EDITH PIAF Su Vida, sus amores y sus desgracias

Biografía de EDITH PIAF Su Vida, sus amores y sus desgracias

La vida de Edith Piaf (1915-1963) es una historia complicada. Edith Giovanna Gassion nació en 1915, en plena calle de París. Su madre separada y en plena pobreza, dá a luz con la ayuda de un gendarme.

También sus padres eran alcohólicos por lo que fue dejada al cuidado de su abuela quien regenteaba un “burdel”.

A los cuatro años sufrió de meningitis, la cual le generó una ceguera temporaria.

Ya de adolescente trabajó con su padre viajando con un circo o haciendo acrobacias en las calles. Probó fortuna con el canto callejero, junto a su media hermanaMamone (hija ilegítima de su padre), recogiendo pocas monedas diarias.

A los 16 años quedó embarazada, pero su hija Castelle falleció a los dos años de meningitis, además ella quedó imposibilitada de tener hijos.

En 1935 cuando cantaba en una avenida de París, fue vista por un empresario llamado Louis Lepleé, el cual quedó fascinado y la contrató para que trabajara en su bar, Lepleé fue quien la bautizó como “Piaf”, que significa pequeño gorrión, pues la veía como un pajarito con una poderosa voz.

Leplée la convirtió en una estrella enseñándole a mostrar su lento ante el público; aquel cabaret era además un lugar donde venían muchas celebridades de la capital. Pero su vida nunca fue camino de rosas; al poco tiempo, Leplée, al que ella llamaba “papa” apareció muerto en su despacho.

Aquel día no sólo perdió a su amigo y patrón , sino que la policía la trató como sospechosa del asesina.

A partir de este momento ella comenzó a beber y a drogarse de forma infernal, y se acostaba con cualquiera.

Edith era de esas mujeres que cuando se enamoran, lo hacen hasta la médula. De esas que, cuando se proponen conquistar a un hombre, olvidan el sentido de la dignidad.

Independientemente de las circunstancias en que se produjeran sus relaciones sexuales, Edith probó de todo y gozó con cada uno de sus amantes.

La palabra exceso no formaba parte de su vocabulario.

A finales de los años treinta del pasado siglo conoció al letrista Raymond Asso, quien la ayudó a salir de la cloaca en que había convertido su vida. De nuevo volvió a cosechar grandes éxitos gracias a sus canciones más famosas, como Je ne regrette rien, La vie en rose, Les amants de Paris, y otras.

Sus éxitos le proporcionaron grandes sumas de dinero que ella derrochaba con sus amantes y ayudando a todo aquel que se lo pidiera.

Pero su gran amor, «el único hombre al que he querido», según ella misma afirmó, fue el boxeador Marcel Cerdan, un marroquí de origen humilde que llegó a convertirse en una gloria nacional para Francia.

Se conocieron en París en noviembre de 1945 en un club en el que ella cantaba. Marcel se emocionó con su voz.

El encuentro decisivo no se produjo hasta 1947, en un restaurante francés de Nueva York. Enseguida se gustaron, quedaron para cenar y él se quedó en el hotel de Edith. En marzo de 1948 se produjo un nuevo encuentro.

Aunque ambos intentaron ser discretos, porque él estaba casado y tenía tres hijos, un periódico les descubrió.

Cerdan se las arregló para evitar que Marinette, su esposa, rompiera el matrimonio, pero sin dejar a Edith.

El 23 de mayo de 1948, Cerdan perdió por primera vez un combate y los periódicos acusaron a Piaf de traerle mala suerte. Sin embargo, sólo fue un revés pasajero y el 21 de septiembre se convirtió en campeón del mundo de los pesos medios.

Ella tenía tal pasión por Marcel que nunca estaba satisfecha y necesitaba tenerlo a su lado en cada minuto de su vida.

El llevaba una vida dedicada a su profesión, boxeando por distintos países de Europa, y ella necesitaba su cálida compañía, hasta que un día le rogó por su presencia. Cerdán subió a un avión, del cual no bajaría jamás pues se estrelló en una isla.

Edith estuvo a punto de acabar con su vida, pero Momone la vigiló y sedó para evitar otra tragedia.

Cuando Marcel se marchó, Edith volvió a su vida agitada. La menuda parisiense (medía 1,47 m.) fue una devoradora de hombres.

En aquellos momentos vivió sendos romances con el cantante Jean-Louis Jaubert y con el actor John Garfield. Entre otros amantes de la cantante se encuentran Eddie Constantinn, Yves Montand, Georges Moustaki y Charles Aznavour.

La tensión sexual que le producía el deseo del otro la hacía dormir con los puños cerrados. Le gustaban especialmente los hombres de ojos azules, pero no le hacía ascos a nadie. Sus relaciones siempre eran apasionadas y destructivas.

Ella se dejaba abofetear o maltratar por sus amantes, a cambio les era infiel siempre. Quizá la única excepción fue la que hizo con Yves Montand.

En 1958 conoció a Georges Moustaki, con el que mantuvo un al faire que duró algo más de un año. Ella entonces tenía cuarenta y dos y él sólo veintitrés, según Georges tenían una buena relación pero el alcohol y las drogas los separó.

Ella se encerraba en su cuarto a tomar cerveza, la que mezclaba con ansiolíticos y anfetaminas. Moustaki fue reemplazado por Douglas Davis un joven pintor.

En 1959 a Edith le diagnosticaron un cáncer, lo que ya no le permitiría recuperarse jamás, e ir debilitándose día a día.

Bajo estas circunstancias, un año antes de morir contrajo matrimonio con un peluquero con ambición de carrera en el mundo de la canción, llamado Théo Sarapo que tenía entonces veintiséis años.

Murió en 1963, a su entierro en París, , asistieron más de cuarenta mil personas. Todavía hoy en día se descubren flores frescas en la tumba donde está enterrada, en el cementerio de Pére-Lachaise Fue una mujer que conoció la más terrible de las desgracias, que es estar rodeada de personas que la adoraban mientras ella vivía en la más absoluta de las soledades.

El fin del amor

El 28 de octubre de 1949 se estrelló el avión en el que viajaba Cerdan camino de Nueva York. Allí se encontraba Edith, quien le había apremiado para que se reuniera con ella.

En memoria de Cerdan, Edith escribió «La belle histoire d’amour»: «Je n’oublierai jamais /Nous deux, comme on s’aimait /Toutes les nuits, tous les tours, 1… La belle histoire d’amour… 1… La bel/e histoire d’amour… /Pourquoi m’as-tu laissée ? /Je suis seule á pleurer, /Toute seule á chercher…»

La vida de Edith Piaf fue movida y azarosa.

Empezando por su nacimiento que fue en una esquina de una calle parisiense, donde su madre, alcohólica, fue atendida por dos policías. La misma Edith, muchos años después, acabaría como su madre tirada en la calle.

En 1951, tuvo un grave accidente de coche en el que se rompió varias costillas. Para aliviar su dolor los médicos le recetaron morfina, pero Piaf se convirtió en adicta y empezó a beber, y como su madre, a recoger hombres en las calles para aliviar su soledad.

Edith, quien estuvo a punto de suicidarse al enterarse de la muerte de Marcel, se volvió a casar dos veces más, pero jamás olvidó a Cerdan ni pudo quitarse de la cabeza que en parte había sido culpa suya.

RECORDANDO «EL HIMNO AL AMOR» DE EDITH PIAF

Fuente Consultada: 99 amores de la Historia y Sexoadictas

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Biografia de Grandes Artistas de la Historia

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¿Cuál ha sido la función del arte en los diversos periodos históricos? Solo apuntaremos que las funciones cumplidas por el arte han sido tan variadas a lo largo del tiempo como el propiciar una buena caza (según sucedió en algunas manifestaciones del arte parietal paleolítico), contribuir a la divinización o exaltación del soberano desde muy diversos aspectos (Egipto, Asiría, Roma, absolutismo moderno, entre otros muchos ejemplos), enseñar determinada doctrina a un pueblo, con referencias primordiales al cristianismo (arte paleocristiano o románico).

En cualquier caso parece admitido que en épocas pretéritas del arte occidental y de modo general hasta el siglo XIX, la producción artística respondía a exigencias colectivas, polarizadas en ocasiones en un individuo o clase dominante, y reflejo en mayor o menor grado de la realidad objetiva circundante, pero inteligible por el pueblo en general. Sin embargo, la revolución industrial y el desarrollo del capitalismo que sitúa a la burguesía en la cima de la sociedad produce un indudable cambio en la situación. De un lado, el artista comienza a criticar al entorno en que vive sintiéndose miembro de una clase oprimida o un hombre sin clase.

De otra parte, se empieza a perder la relación directa entre el comitente de la obra artística y su autor: hacen su aparición los intermediarios, entendidos como marchantes o galerías y luego anticuarios y casas de subastas. La obra de arte pierde el valor de uso que hasta entonces tuvo para el señor o para el pueblo y adquiere un valor de cambio, convirtiéndose en una mercancía más.

La función del producto artístico es ahora la inversión, el prestigio, la decoración u otras similares. Las consecuencias de este fenómeno son múltiples y peligrosas. El artista intenta individualizar su obra y evitar que se convierta en un mero objeto de comercio, pero si pretende darla a conocer habrá de entrar en el sistema que solo contempla el arte como negocio, aunque lo niegue, porque precisamente ello hace aumentar el valor de la obra.

La hipotética solución de no integrarse lleva también en cualquier caso a distanciar -como ha venido sucediendo en los últimos decenios de manera cada vez más alarmante- el lenguaje del artista y su comprensión por la comunidad. La función comunicativa del arte se ha perdido.

ANTECEDENTES DEL ARTE: A comienzos del siglo XV, Europa occidental estaba dominada artísticamente por una concepción medieval que, al servicio de grandes príncipes, se expresaba mediante fantasías. Los pintores flamencos Campin, Van Eyck y luego Van der Weyden, emprendieron el regreso a la realidad mediante la reproducción fiel de las apariencias externas.

Al mismo tiempo, artistas florentinos planteaban la cuestión artística centrándola en el hombre y, por tanto, dando a su obra una dimensión definida y real en espacio y tiempo. Brunelleschi, Donatello y Masaccio iniciaron así, en sus respectivas artes, la corriente renacentista, aplicando los principios de la anatomía y la perspectiva.

En torno a 1500, las preocupaciones humanistas de los artistas florentinos recibieron nuevos impulsos que hicieron llegar a sus últimas consecuencias el espíritu del Renacimiento: Leonardo, a partir de la experiencia; Rafael, por la relación de afectos y el pensamiento eclesiológico, y Miguel Ángel, por su lucha atormentada con la materia en razón de su fe religiosa, son las figuras señeras de esta etapa. Entre tanto, algunos pintores germánicos -Durero y Holbein, como más destacados- difundían en el área centroeuropea y anglosajona los principios renacentistas que, asentados en la tradición medieval, daban sus mejores frutos en el ámbito del retrato y del grabado.

A lo largo del siglo XVI, los pintores venecianos opusieron a los florentinos una preocupación esencial por el color, interpretado por Tiziano con equilibrio clásico, en la fábula mitológica; por Tintoretto, a través del lenguaje manierista en fantasmagorías religiosas, y por Veronés, como cronista de fastos decorativos.

Preocupación paralela a la de éste mostró el arquitecto véneto Palladio, uniendo arquitectura y naturaleza, mientras Vignola, su contemporáneo, preparaba el barroco en Roma creando la iglesia contrarreformista. Herrera, que completó El Escorial, inició un estilo geométrico y austero de amplia repercusión en el arte castellano durante más de medio siglo.

Antes de que finalice el siglo XVI, Carracci y Caravaggio encarnan una tendencia opuesta al manierismo dominante y a su intelectualismo, volviendo a la naturaleza por vías de belleza idealista o de extremado realismo.

Nacía así la pintura barroca, que habría de hallar la máxima expresión de la realidad en el dinamismo y exuberancia del flamenco Rubens, en la transfiguración luminosa y psicológica del holandés Rembrandt y en la sencilla y difícil veracidad del sevillano Velázquez.

Pasado el primer cuarto de siglo XVII, el barroco penetra en la arquitectura a través de la obra romana de dos arquitectos enfrentados: Bernini, también escultor, de arte teatral, pero equilibrado y apasionadamente cristiano, y Borromini, de formas onduladas y cambiantes, frenético y angustiado; unos años más tarde. Guarini, en Turín, desarrollaría con extrema fantasía las ideas del último.

En el postrer tercio del siglo XVII, los artistas franceses, más racionales y clasicistas, se expresaban con grandeza armónica y proporcionada como homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, relacionando en Versalles todas las artes.

Mientras, en España, Churriguera acaba definitivamente con lo herrériano en un estilo opulento y dinámico que dejó larga estela, sobre todo en el retablo castellano.

El carácter sustancialmente ornamental del barroco logra su último esplendor por obra del turinés Meissonnier, cuyos hallazgos en torno a la roca marina -la rocalla- y otras formas asimétricas sirven de base al amable estilo rococó, tan acorde con las exigencias de la sociedad francesa del segundo tercio del siglo XVIII.

El redescubrimiento de la antigüedad desplazó definitivamente, en el último tercio del siglo, a lo barroco y rococó, dando lugar al llamado neoclasicismo; fue el escocés Adam quien acertó a aplicar la decoración antigua a la arquitectura y a otras artes suntuarias.

Por encima de lo rococó y lo neoclásico, anunciando impresionismos y expresionismos, el aragonés Goya, a caballo entre los siglos XVIII y XIX. mostró una imaginación y una audacia creadora como pintor y grabador que inaugura espiritualmente el arte moderno.

Ya en el siglo XIX, las tendencias pictóricas se suceden en Francia e irradian al resto de Europa. Neoclasicismo y romanticismo dominan la primera mitad del siglo.

Después de 1848, las reivindicaciones sociales y políticas, los avances de la técnica y la ciencia, repercuten de forma importante en la pintura: irrumpe el realismo de Courbet despreciando idealismos y fantasías para poner en primer término los aspectos más prosaicos de la vida cotidiana.

Sobre 1870, una nueva tendencia surge en el panorama francés, representada por Monet como su cultivador más genuino: el impresionismo, con sus estudios del efecto de la luz sobre el color y las formas.

Y poco más tarde, Gézanne, al ver en la naturaleza formas geométricas esenciales, comienza a derribar el sistema de representación natural que, en sustancia, permanecía inalterado desde el Renacimiento.

El cubismo que Picasso inventó hacia 1909 -imágenes mentales, no naturales, representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen una figura o un objeto- inaugura una nueva era artística. La aportación de Kandinsky -su primera acuarela abstracta es de 1910-, al prescindir de cualquier motivo cognoscible y utilizar solo formas y colores, completaba la revolución.

Solo unos años más tarde, tres arquitectos, Gropius, Mies van der Robe y Le Corbusier, pioneros de una nueva etapa racionalista y humanista, trataban con sus edificios de mejorar la vida humana a través de la modificación de la vivienda y la ciudad.

Hasta su muerte lucharon por conseguir que sus ejemplos no quedaran en meras obras artísticas aisladas, sino que su multiplicación práctica contribuyera al bienestar general del hombre sobre la Tierra.

ALGUNOS TÉRMINOS UTILIZADOS EN LA JERGA DEL ARTE

Abocinado: vano cuya anchura aumenta o disminuye progresivamente.
Ábside: parte de una iglesia situada en la cabecera, normalmente de planta semicircular.
Adintelada: con cubierta horizontal para los vanos.
Aletones: elemento arquitectónico de perfil sinuoso, que enlaza en su frente un cuerpo inferior con otro superior de menor anchura.
Arco apuntado: el que consta de dos porciones de curva que forman un ángulo en su parte superior.
Baldaquino: dosel, generalmente sobre columnas, que cubre un altar.
Basa: parte inferior de la columna.
Bóveda de cañón: cubrimiento semicilíndrico.
Bóveda de medio cañón: cubrimiento de una nave que se origina por el desplazamiento de un arco a lo largo de un eje longitudinal.
Capitel: elemento superior de la columna que sostiene el arquitrabe (o parte baja del entablamento), el arco, etc.
Cátedra: sitial, trono.
Columna estriada: aquélla que está recorrida verticalmente por estrías.
Composición: técnica de distribuir armónicamente los elementos de una obra de arte (masas, volúmenes, colores, etc.).
Crucero: espacio donde se cruzan perpendicularmente dos naves.
Estuco: mezcla de cal, yeso cocido, arcilla y mármol pulverizado.
Expresionista: que intensifica la expresión más allá de lo natural, deformándola, con el fin de comunicar, con mayor vehemencia, estados de ánimo, sentimientos, etc.
Frescos: pintura sobre un muro, con revoque húmedo de cal grasa y arena, realizada con colores disueltos en agua.
Hierática: majestuosa, rígida y contenida, aunque no inexpresiva.
Litografía: grabado sobre plancha de piedra pulimentada.
Maestro de cantería: grado máximo en el arte del trabajo de la piedra; hasta el siglo XV, por lo general, proyectaba y ejecutaba la obra arquitectónica, es decir, era también un arquitecto.
Modernismo: movimiento cultural nacido a fines del siglo XIX, que se extendió también a las llamadas artes decorativas. De estilo rebuscado y tendente a la idealización, dotó a objetos y figuras de un movimiento en espiral muy dinámico y gustó del arabesco fantástico y complicado.
Muebles taraceados: decorados mediante incrustaciones de madera de distinto color o de otros materiales.
Pilar: elemento de soporte del edificio, normalmente de sección poligonal.
Romanticismo: movimiento artístico que se inicia en el segundo decenio del siglo XIX y que supone una reacción contra el academicismo neoclásico. Se caracteriza, en pintura, por el gusto por temas históricos, literarios, y por los paisajes, a través de los cuales se comunica una emoción personal con sensibilidad apasionada.

Biografia de Amadeus Mozart

Fuente Consultada: Maestros del Arte José M. Cruz Valdovinos Aula Abierta Salvat