Biografia de Bello Andrés Resumen Obras Mas Importantes



Resumen Biografía de Bello Andrés – Obra Literaria

Andrés Bello: Está considerado como el primer sabio de América en orden cronológico. Fue uno de los hombres de mayor cultura y talento del período neoclásico, y al mismo tiempo, uno de los más grandes maestros que ha dado hasta el presente Hispanoamérica.

Aunque venezolano por nacionalidad, puede ser considerado ciudadano de toda la América del Sud, por la influencia de su obra y su amor a estos países.

Nació en Caracas el 29 de noviembre de 1781. Fue poeta, jurisconsulto, filólogo y diplomático. Desde niño demostró un talento extraordinario.

Fue su profesor Fray Cristóbal de Quesada, que le inició en los estudios de castellano, latín y humanidades. Después cursó los estudios de Derecho y Medicina, pero los abandonó para seguir la carrera administrativa.

En 1802 ingresó como oficial segundo de la Secretaría en el Gobierno de Venezuela, donde pronto puso de relieve su competencia y laboriosidad.

Andrés Bello vivió durante las tres últimas décadas de la colonia española en Venezuela (donde nació, en la ciudad de Caracas) y algo más del primer medio siglo de vida independiente hispanoamericana.

De este período, los veinte primeros años corresponden al tiempo de lucha por la independencia nacional, cuyo desarrollo, vicisitudes y triunfo observó Bello desde Londres.

Los últimos treinta y tantos años de su vida, pasados en Chile, son los de la fijación de la existencia política y cultural de los nuevos estados de Hispanoamérica.

En líneas generales fue éste el tiempo de Bello: Colonia (en Caracas, 1781-1810); Guerras de Independencia (Londres, 1810-1829), gobierno y edificación de las nacionalidades hispanoamericanas (Chile, 1829-1865).

Su pensamiento está determinado por tales circunstancias, a las cuales debe siempre referirse lo que produjo, como único modo de explicar el alcance de su obra.



Si a esa condición externa se añade la consideración de las ideas y propósitos, de los conocimientos y carácter de Bello —es decir, su peculiaridad individual— podrá valorarse la significación de cuanto el intelectual venezolano llevó a cabo.

Para un hombre de su mentalidad, la vida colonial debía ofrecer escasas perspectivas de actuación pública.

No así en lo que atañe al estudio. Bello, como los hombres más notorios de su generación, se dedicó al conocimiento de la naturaleza y al estudio del pensamiento humano, a las letras.

El trópico brindaría continuos descubrimientos a su inquietud. Andrés Bello llevará impreso para siempre, en su sensibilidad, el paisaje de la tierra, que habrá de darle el principal tema de sus más grandes poemas, escritos en Londres.

En su primera juventud no fueron el latín y la ciencia escolástica las únicas dedicaciones: estudió el castellano, iniciando en ese tiempo sus investigaciones de la lengua (El análisis ideológico de los tiempos en la conjugación castellana); aprendió francés e inglés, ciencias médicas, geografía (de la cual fue maestro de Bolívar), matemáticas, filosofía, historia, de la que es muestra su Resumen de la historia de Venezuela, y otras muchas disciplinas.

Bello comenzó a editar por su propia cuenta en 1823, La Biblioteca Americana, que tuvo que suspender muy pronto, pero obtuvo mayor éxito con la revista trimestral El Repertorio Americano (1826), la cual alcanzó sólo a los cuatro números.

En el primer número apareció la Silva a la agricultura en la zona tórrida, una de sus mejores composiciones. Esta pieza lo colocó casi de inmediato en primera linea entre los escritores hispanoamericanos.

En los diecinueve años que Bello residió en Chile se cimentó su fama de erudito serio y responsable, dueño de un criterio crítico moderno y objetivo, así como también su fama de poeta sin par entre los hispanoamericanos.

Llegó a ocupar también algunos cargos diplomáticos, como ser el de secretario de la legación de Chile (1822) y luego igual jerarquía en la legación de Colombia (1824).

Andrés Bello



En las horas libres las dedicaba al estudio intenso de las humanidades, y su permanente asistencia a la biblioteca del Museo Británico le permitió obtener una cultura excepcional en su época. Aprendió griego, publicó una versión al español moderno del Poema del Cid, con notas, algunos ensayos literarios, y realizó valiosas traducciones.

La Caracas colonial pudo dar un hombre como Bello, quien, situado en Londres entre destacadas personalidades españolas e hispanoamericanas, tuvo capacidad para desempeñar un papel de primer orden.

No era gratuita la consideración y el respeto hacia Bello por parte de hombres como Blanco White, Gallardo, Salva, José Joaquín de Mora, Mendívil, entre los españoles; Fernández Madrid, García del Río, Irisarri, Olmedo, Egaña, Pinto, entre los hispanoamericanos; Holland, James Mili, Hamilton, entre los ingleses.

En Caracas, Bello había logrado asentar sólidamente las bases de su saber y de su carácter.

Los pocos escritos que se conservan de su juventud manifiestan los rasgos generales de la formación clasicista de las escuelas coloniales.

Virgilio y Horacio son los maestros epirituales de los jóvenes universitarios; con ellos, los clásicos castellanos; y, además de los textos de estudio generales de su tiempo, los pocos libros que podían adquirirse por vías clandestinas.

Se conservan de Bello algunos poemas primerizos y el texto en prosa del Resumen de la historia de Venezuela.

Hay noticias de trabajos gramaticales suyos y es sabido que fue redactor de La Gazeta de Caracas, aunque resulte difícil identificar sus escritos.

Se sabe, además, de la destacada presencia de Bello en las tertulias caraqueñas, con sus poemas originales y traducidos que le granjearon la denominación de Cisne de Anauco.

Entre los escasos restos de sus escritos juveniles que se poseen figura la égloga conocida por el primer verso Tirsis, habitador del Tajo umbrío.



Es un poema en quince octavas reales, de versificación superior al resto de sus composiciones juveniles, al menos de las conocidas hasta la fecha.

No logra el pleno acierto expresivo en cuanto a lenguaje se refiere, pero es interesante transcribir algunas de sus partes para esclarecer un aspecto de las fuentes formativas del ilustre caraqueño.

Hay en la égloga componentes latinos, influencia de la poesía bucólica española del siglo XVI. La fecha de creación, imprecisa, puede situarse alrededor de 1805, o sea a los veintitantos años de edad del poeta.

En resumen, la figura de Bello, joven, en Caracas al cambiar el siglo, aparece como la de un entusiasta colaborador de cuanta empresa cultural se iniciaba.

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Se vislumbraba en él a un humanista en ciernes cuando en 1810 sale para Londres en misión oficial del nuevo gobierno venezolano, acompañando a Bolívar y a López Méndez.

La misión consistía en captar la adhesión del gobierno inglés y disponer de su ayuda para la lucha emancipadora que había comenzado.

En 1807 fue recompensado por el rey de España con una distinción honorífica, la de Comisario de Guerra por los extraordinarios servicios prestados.

Fallecido su padre en 1806 y su protector Vasconcellos en 1807, quedaron Bello y su familia en situación apurada.

Poco después fue nombrado secretario de la Junta  Central de Vacuna en Caracas, quedando desde entonces unida su vida a la historia de Venezuela.

En 1809 se reveló como poeta con imitaciones de Virgilio y de Horacio.

Participó en unión de Bolívar y López Madoz en el movimiento separatista contra España, siendo enviado a Londres, en 1810, en misión diplomática por el Gobierno Central de Caracas.

Residió en Londres durante diecinueve años, durante los cuales desempeñó el cargo de Secretario de las legaciones de Chile, Colombia y Venezuela, al par que dedicaba sus horas libres al estudio de la lengua griega, la filosofía y la literatura y gramática castellanas, dedicando también su atención a la enseñanza y al periodismo.

Bello elevó el tono de la diplomacia por medio de documentos meditados con maduro estudio y escritos en un lenguaje digno y correcto.

En 1810 fue enviado a Londres por el recién formado gobierno de Venezuela. En 1829 llegó a Chile, contratado por el gobierno, para servir un cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Fue nombrado, además, primer rector de la Universidad de Chile, que se fundó en 1842. Su obra fue de dimensión continental.

El Código Civil de la República de Chile sirve de modelo a la codificaciones de otros países de América, y su Gramática de la Lengua Castellana se orienta a preservar la unidad idiomática de los pueblos del continente.

Hacia el año 1829 marchó a Chile para desempeñar un importante cargo oficial que el Gobierno de dicha República le había ofrecido.

Allí se le confio la dirección del periódico oficial de la nación, y desde sus columnas procuró ilustrar a la opinión pública chilena de las directrices que el Gobierno se había trazado.

Fundó el Colegio de Santiago, dedicándose a la enseñanza de diversas disciplinas y alternando sus actividades de la Administración con el profesorado.

El Gobierno, agradecido a su obra de cultura, convirtió en Universidad el Colegio, y Bello pasó a ser profesor y rector de la misma, alcanzando extraordinario prestigio, tanto por sus enseñanzas como por su modo de apreciar los asuntos internacionales.

Por encargo de los Estados Unidos arbitró en 1864 una cuestión pendiente entre la gran República del Norte y la del Ecuador.

También en 1865 fue solicitado su consejo por Colombia y el Perú para otra cuestión análoga. Su actividad era incansable.

Quiso remediar todas las lagunas que notaba en la enseñanza, y apreciando la falta de libros adecuados para la ilustración de la juventud, escribió un tratado de Derecho romano, otro de Derecho internacional, una Cosmografía, una Historia de la literatura antigua, una Gramática castellana, una Ortografía y métrica de la lengua castellana y otros trabajos eminentemente didácticos.

Redactó un Proyecto de Código Civil que sirvió de base al promulgado en 1865. Su Gramática de la lengua castellana (1847) le valió el nombramiento de miembro honorario de la Academia Española; dicha obra y sus celebradas poesías Silvas americanas son consideradas como sus mejores producciones.

Andrés Bello falleció en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865.

Bello recibió por gracia la nacionalidad chilena y realizó la parte más importante de su obra en este país. En el centenario y en el bicentenario de su natalicio, se han organizado homenajes, seminarios y actos académicos que comprenden todo el ámbito hispanoamericano.

Hay un hecho en la historia cultural de Venezuela que por su importancia merece ser destacado. Se trata del primer intento de crear una revista venezolana, El Lucero, emprendido por Andrés Bello y Francisco Isnardy en 1809.

Sus promotores solicitaron el apoyo del Real Consulado, y éste contestó en oficio del 28 de noviembre de 1809 acogiendo el proyecto con simpatía y animando a que imprimieran el prospecto y llevaran a término la obra planeada «que tanto debe contribuir a la ilustración y utilidad de los habitantes de Venezuela».

El texto del oficio dice así:
«Este Real Consulado ha visto del modo más satisfactorio el convencimiento del celo por su instituto con que Vmds. solicitan su protección para proporcionar al público el periódico llamado El Lucero, y enterado con suma complacencia, en la sesión de Gobierno celebrada ayer, del prospecto y representación, con que lo produjeron, acordó dispensarla en la mayor extensión a un papel, que tanto debe contribuir a la ilustración y utilidad de los habitantes de Venezuela, y como se promete que los conocimientos de Vmds. llenarán cuanto anuncian, dispuso anticiparles expresivas gracias, y que se les faciliten los escritos y noticias que se encuentren en sus archivos relativos a los objetos de que han de tratar, y los demás auxilios que se juzguen conducentes o necesarios y se hallen a nuestro alcance.

También estimó conveniente acordar suscribirse por veinticuatro ejemplares del papel indicado para repartir entre sus empleados en la forma que se hará saber a Vmds. al tiempo de ejecutarla, y que se impriman por su cuenta ciento del prospecto para calcularlo.

Todo lo que participamos a Vmds. para su inteligencia y satisfacción.»

El 3 de enero de 1810, ya impreso el prospecto, el Real Consulado ordenaba abonar el importe de la obra de impresión, hecha probablemente por Gallagher y Lamb.

El Lucero no pasó de ahí. No es probable que llegara a imprimirse algún número, por lo menos no ha llegado hasta hoy noticia de su existencia.

El mismo prospecto es pieza quizá definitivamente perdida. Nadie ha tenido la suerte de examinarlo con intención de historiador. No obstante puede rehacerse el carácter de la revista planeada por Bello e Isnardy, gracias a la preciosa información que da el Semanario del Nuevo Reino de Granada, de Caldas. La importancia de ese documento exige su transcripción:

NOTICIA LITERARIA: «Por el último Correo de Caracas hemos recibido el prospecto de un nuevo periódico intitulado El Lucero. Sus AA. D. Andrés Bello y D. Francisco Isnardy ofrecen llenar los números de este papel con artículos muy interesantes, y muy varios. Tales son: la Moral Civil; el Bello sexo; las Ciencias útiles; la Historia natural de Venezuela; la Física; la Medicina; la Química y Botánica; la Eloquencia y la Poesía; la pureza de la lengua; el Teatro; la Historia; y la estadística de Venezuela. Este nuevo papel lo ha tomado baxo de su protección ese Real Consulado de Comercio, esperamos que con este apoyo no tenga la suerte de casi todas las empresas literarias de América. Se suscribe en Caracas, y en toda esa Capitanía General, a cinco pesos por semestre.»

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica – Andrés Bello
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Andrés Bello, “El Educador de América” – Editorial Planeta

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