Hermanos Lumiere

Calor Producido Por la Corriente Electrica Aplicaciones

Calor Producido Por la Corriente Electrica Aplicaciones

Una corriente eléctrica se asemeja a una caravana de electrones; en movimiento; el conductor sería como un bosque contra cuyos árboles chocarían los electrones al recorrerlo produciendo una agitación general. Los «árboles» son en este caso átomos o moléculas del conductor y el movimiento que nace del choque con los electrones se traduce en un aumento de las vibraciones habituales de los átomos y moléculas. Dichas oscilaciones se perciben como temperatura. De ahí que el calor sea uno de los efectos invariables de la corriente eléctrica al pasar por un conductor. Podemos decir también que ese calor se produce al tratar la corriente de superar la resistencia del conductor.

RESISTENCIA
La resistencia de una sustancia es la dificultad que ofrece al paso de una corriente eléctrica. Puesto que una corriente es un flujo de electrones que saltan de un átomo a otro, la resistencia depende fundamentalmente de la firmeza con que los electrones están sujetos a los átomos.

En un buen conductor como el cobre, algunos de los electrones están muy débilmente unidos a los átomos y ía resistencia es muy pequeña, mientras que en un mal conductor de la electricidad (aislador) como el caucho, todos los electrones están firmemente unidos a sus respectivos núcleos y la resistencia es muy grande.

En los buenos conductores la resistencia depende del calibre y de la longitud. Cuanto más grueso y corto sea un conductor, tanto menor será su resistencia; cuanto más fino y largo, más resistirá al paso de la corriente, pues al reducirse su sección los electrones tienen menos espacio para pasar.

CONDUCTIBILIDAD Y  NATURALEZA QUÍMICA
Hay dos tipos de sustancias: las que conducen la corriente, llamadas «conductoras», y las que.no la conducen o «aisladoras». Pero entre las primeras se distinguen dos clases: conductores de primera clase y conductores de segunda clase.

Entre los de primera clase se encuentran los metales, cuya estructura química no varía por el paso de la corriente eléctrica; en ellas los electrones «viajan» solos. Los de segunda clase son los electrólitos, sustancias cuyas moléculas disueltas en agua se separan en iones o partículas electrizadas que al conducir la corriente (en solución o fundidos) sufren reacciones «electrolíticas» que alteran su constitución.

En estas sustancias los electrones son transportados por los iones hasta los bornes o «electrodos». De allí la disociación de los electrólitos al apartarse los iones de cargas eléctricas opuestas.

EL CALOR,  FORMA DE ENERGÍA
Veamos qué relación hay entre calor y trabajo. El calor es una forma de energía o capacidad de realizar un trabajo que consiste en vencer una cierta resistencia. Las distintas formas de energía pueden transformarse unas en otras. Por ejemplo, un cuerpo colocado a cierta altura posee energía «potencial» que, al caer el cuerpo, se transforma gradualmente en «cinética».

Al caer contra el suelo produce una pequeña cantidad de calor, como el martillo al dar contra el clavo. La energía se conserva (éste es un principio fundamental de la Física): en el ejemplo de la caída a medida que la energía potencial disminuye, la energía cinética o de movimiento aumenta  y  la  suma de  ambas permanece  constante.

EL TRABAJO MECÁNICO
Cuando una fuerza mueve un cuerpo efectúa un trabajo mecánico (en nuestro ejemplo, la fuerza que actúa es el peso del cuerpo) y ese trabajo es igual al producto de la fuerza por el camino recorrido en su dirección, es decir, por una longitud.

De modo que si queremos expresar el trabajo en unidades, la unidad de trabajo será igual a la unidad de fuerza multiplicada por la unidad de longitud. La unidad de fuerza se llama dina (en el sistema de medidas cuyas unidades fundamentales son el centímetro, el gramo-masa y el segundo, llamado por eso «sistema c.g.s.»).

La dina es la fuerza que aplicada al gramo-masa le comunica una aceleración de 1 centímetro por segundo a cada segundo. La unidad de longitud es el centímetro. Pero como la dina es una unidad muy pequeña, el trabajo de una dina a lo largo de 1 centímetro es una unidad diminuta, llamada ergio. Por eso se usa como unidad otra de diez millones de ergios, denominada julio (o joule).

EQUIVALENTE MECÁNICO DEL CALOR
En numerosas experiencias se comprueba que a la realización de un trabajo corresponde la aparición de una cantidad de calor. Por ejemplo, cuando usamos un inflador de bicicleta comprimimos un gas (el aire) y notamos que el tubo metálico se calienta.

Si se ha convertido un trabajo T en una cantidad de calor Q que verifica que T= J x Q, esa «J» es una cantidad constante que permite calcular la reciprocidad entre joules y calorías y se llama equivalente mecánico del calor.

Su valor es 4,18 (1 caloría equivale a 4,18 joules) y lo descubrió el gran sabio inglés James Joule (1818-1889) quien también enunció una sencilla fórmula que permite conocer la cantidad de calor producida poruña corriente eléctrica.

CORRIENTE  ELÉCTRICA Y CALOR
Para abreviar sus fórmulas, los físicos representan las magnitudes por letras, que son generalmente las iniciales de la palabra o la unidad que expresan. «T» significa «trabajo», medido en joules. «I» significa  «intensidad de la corriente», medida en  amperios. «R« significa «resistencia» del circuito, medida en ohmios. «t»  significa  «tiempo»,  medido en  segundos. «V» significa «voltaje», medido en  voltios.

El   trabajo   realizado   por  una   corriente   eléctrica depende del voltaje, de la intensidad de la corriente y, naturalmente, del tiempo transcurrido, o sea T = V x I x t que ue se expresa T = V .I. t (1) pues los signos de multiplicación (.) se sobreentienden.

Pero según la ley de Ohm: volt = ohmio x amperio,… ósea V = R x I

Al reemplazar «V» por su valor I x R en la fórmula anterior tenemos: T=R x I x l x t  ósea, T = R. I². t (2)

En otros términos, el trabajo  que efectúa una corriente eléctrica es, medido en joules, el resultado de multiplicar la resistencia del circuito en ohmios por el cuadrado de la intensidad en amperios y por los segundos de tiempo transcurrido.

El trabajo se obtiene en joules. Para transformarlo en calorías (una pequeña caloría es la cantidad de calor necesaria para elevar en un grado centígrado la temperatura de un gramo de agua) basta dividir por 4,18 ya que 4,18 julios equivalen a una pequeña caloría.

De modo que conociendo esta relación podemos saber con exactitud cuánto calor produce una corriente. Pero ignoraremos aún cuánta energía   útil  se  produce porque  ésta  depende  de nuestro  designio y siempre  se  gasta  una  parte  de esa energía en fenómenos colaterales indeseables.

CÓMO SE  APROVECHA   EL  EFECTO  CALÓRICO DE LA ELECTRICIDAD
En casi todos los artefactos eléctricos que producen calor o luz se emplean hilos metálicos de muy pequeño calibre y gran longitud, o que por su naturaleza oponen mucha dificultad al paso de la corriente. Estos hilos, arrollados en espiral, se llaman resistencias y logran un rendimiento próximo al 100 % al transformar la energía eléctrica en calor (no en luz).

Otro sistema basado en el mismo principio es el arco eléctrico, donde el hilo metálico es reemplazado por dos electrodos de carbón que también constituyen una resistencia. El arco se forma merced a los vapores de carbón incandescente y se logran temperaturas muy elevadas (unos 3.600°C). Hay otros métodos de producir calor y que sólo mencionaremos. Mediante corrientes alternas de alta frecuencia es posible calentar en todo su espesor sustancias no conductoras (aisladoras llamadas también «dieléctricos»)   por  el   sacudimiento   que   el  campo eléctrico produce en su masa.

Se logra un calentamiento muy uniforme, aprovechable en ciertas industrias (plásticos). Otro método es el calentamiento por inducción en el que se utiliza un campo electromagnético variable (ya hemos visto la relación entre electricidad y magnetismo). También se logra un calentamiento muy uniforme. Pero en estos dos métodos el rendimiento es muy inferior al ciento por ciento.

RESISTIVIDAD Y RESISTENCIA
La resistencia total de un circuito depende, además de su longitud y calibre, de la resistencia especifica o resistividad de la sustancia que lo constituye, y que indicaremos por la letra «r».

La fórmula se obtiene así: la resistencia R del circuito es tanto más grande cuanto mayor es su longitud «l» y la resistividad «r» del material que lo compone. Por otra parte R es tanto más pequeño cuanto mayor es la sección «s» del conductor.

En resumen, R es igual a la resistividad multiplicada por la longitud y dividida por la sección del conductor, o sea: R = r.l/s

Esta fórmula guía a ios ingenieros en la elección de la sustancia conductora apropiada a cada caso, pues la resistividad «r» es característica de cada material, y hay tablas para conocerlas. Generalmente aumenta con la temperatura (excepto en los semiconductores, el carbón y otras sustancias o mezclas).

Ejemplo: Un calentador electrico para 220 Volt, tiene una resistencia  de 80 Ohmios. Calcular la cantidad de calor T que produce este calentador en 2 minutos.

Antiguo Calentador Eléctrico

Sabemos que: T = R. I². t

La corriente I la obtenemos de la ley de Ohm: I=V/R=220/80=2,75 Amperios

Entonces: T=80. (2.75)². 120 seg.=72.600 Joules y multiplicado por 0,24 lo pasamos a calorias: 17.224 cal.

LÁMPARAS ELÉCTRICAS DE FILAMENTO
Las aplicaciones prácticas del efecto térmico de la corriente son muy numerosas. Una de las más importantes es la lámpara eléctrica. Ésta se compone de un largo y fino filamento de tungsteno que ofrece una considerable resistencia al paso de la corriente (el filamento puede tener hasta 60 centímetros de largo aunque está arrollado en una espiral de menos de 2,5 centímetros de longitud).

La fórmula de Joule nos dice que cuanto mayor sea la resistencia del hilo conductor, mayor es el calor producido. En este caso, debido al escaso calibre y gran longitud, se produce suficiente calor como para que que el tungsteno se vuelva incandescente y emita una luz casi blanca. Aunque ahora parezca simple, los primeros intentos para hallar un filamento adecuado fueron penosos.

Thomas Alva Edison, el inventor americano de la primera lámpara eléctrica útil (1879) empleó hilos de bambú carbonizado y evitó que ardieran haciendo el vacío dentro de la lámpara, es decir, retirando el oxígeno necesario para la combustión. Luego se recurrió al filamento de tungsteno pero el metal se vaporizaba gradualmente y depositábase en una capa negruzca en la pared de vidrio. Para impedirlo, la mayoría de las lámparas actuales están llenas de un gas inerte como el argón, que no reacciona   con   el  metal   y  evita su   vaporización.

ESTUFAS ELÉCTRICAS
Las estufas eléctricas se componen también de un alambre arrollado en espiral que se calienta al rojo cuando pasa la corriente; entonces el hilo conductor no sólo caldea el aire sino que emite rayos caloríficos. El filamento se arrolla sobre un soporte de material no conductor y refractario para que soporte temperaturas bastante altas. Generalmente se usa mica o materiales cerámicos.

El metal de la resistencia es una aleación, por lo general de níquel y cromo. La mayoría de los otros metales se oxidarían (combinación con el oxígeno del aire) y se quemarían muy rápidamente. Existen calentadores llamados de inmersión porque se colocan dentro del agua que se desea calentar, construidos en forma similar a las estufas; su filamento queda  aislado  del  agua  por una  cápsula  metálica  hermética.

FUSIBLES
Los fusibles usados para proteger circuitos eléctricos, representan otra útil aplicación del efecto calórico de la electricidad. Si, por alguna razón, pasa por ellos una corriente más intensa que la prevista se calientan excesivamente y se derriten. Evitan así que el contacto fortuito entre dos cables desnudos, que permite a la corriente utilizar un camino más corto y fácil (de allí viene el nombre de «cortocircuito») sobrepase la capacidad prevista para el circuito  y pueda provocar un desastre.

El alambre de un fusible se compone de un metal o aleación de bajo punto dé fusión. Si una corriente demasiado intensa recorre el circuito engendra suficiente calor como para fundir el alambre del fusible. Esto corta el  circuito  y se  evitan  serios daños.

El fusible es un simple trozo de alambre fino cuya temperatura de fusión es muy inferior a la del resto del circuito. Se lo intercala de modo que toda la corriente deba pasar por él, y si la intensidad de ésta sobrepasa cierto límite el alambre del fusible se calienta hasta fundir, interrumpiendo el circuito.

HORNOS  ELÉCTRICOS
Otra aplicación importante son los hornos eléctricos. Existen dos tipos: el horno de resistencia que funciona como las estufas domésticas aunque en mayor escala y el horno de arco que se base en el arco eléctrico ya mencionado. Se utiliza la formación de chispas entre los dos electrodos mantenidos a corta distancia y la gran cantidad de calor producida se debe a la resistencia que ofrece el aire al paso de corriente por ser mal conductor.

Estos hornos de arco se usan para fundir metales y en algunos el metal se funde por el calor de dos electrodos de carbón puestos por encima del metal. En otros el mismo metal sirve de electrodo mientras que el otro es de carbono y se funde por el calor del arco.

PLANCHA ELECTRICA: Idem al caso anterior, utiliza calor generado por una resistencia a partir de la corriente eléctrica. las amas de casa todavía no no la podían utilizar ya que no existía la conexion a la red eléctrica y no se había inventado aun el termostato. El calor se producía en una resistencia colocada en el interior de la plancha que con el paso de la corriente eléctrica se calentaba por el efecto Joule.

Esto consiste en que la circulación de corriente eléctrica por la resistencia, desprende mas o menos cantidad de calor dependiendo de tres factores: el valor del cuadrado de la intensidad, la resistencia y el tiempo de funcionamiento del aparato eléctrico.

Fuente Consultada:
Revista TECNIRAMA N°14 Enciclopedia de la Ciencia y La Tecnología – Ciencia: La Electricidad-

Libros prohibidos en la Historia Dictadura Militar en Argentina

Libros Prohibídos en la Historia

Los libros también tuvieron sus hogueras: Los ejemplos abundan y siempre copian el mismo modelo. Parece ser que comenzó en el siglo XIV a. de C., cuando Akenatón, fundador de la primera religión monoteísta, enviaría a la hoguera todos los textos contrarios a su pensamiento. A su muerte, los sacerdotes escarnecidos se vengaron de él haciendo lo propio con sus obras.

«Abolid el pasado» diría en el año 220 a. de C. el emperador chino Qin, constructor de la Gran Muralla en cuyo interior encerraría a su país en una reunificación que rechazaba cualquier aportación exterior. Destruía toda la historia de su país y toda la filosofía china, de Confucio a Lao-Tse, porque sus principios eran contrarios a los suyos. También habría que recordar que en 1171 Saladino quemó la biblioteca de El Cairo, o también en aquella época, el saqueo de la biblioteca de Constantinopla a manos de los cruzados, donde se agrupaba toda la literatura griega.

Tenemos en la memoria los terribles excesos de la Inquisición en España, con un Torquemada que en 1490 hizo quemar todos los libros de origen hebraico; las hogueras ardieron en Granada y una muchedumbre bailó alrededor de unas brasas donde el pensamiento de Moisés y el Talmud se deshacían en humo.

Más próximo en el tiempo sucedió que, durante la revolución francesa, los comuneros destruyeron todos los textos reales y las bibliotecas del ayuntamiento. Afortunadamente la biblioteca nacional no fue destruida, pero la Alemania nazi no tuvo escrúpulos a la hora de destruir unos 12.000 libros, quemados o abandonados al saqueo, que se sumaron a los destruidos en los bombardeos aliados. Sólo unos 3.000 libros judíos fueron rescatados por los estadounidenses: los demás desaparecieron para siempre.

¿Podremos recordar sin repugnancia la triste irrupción en la historia de Pol Pot, en Camboya, que tras masacrar a las dos terceras partes de la población, dejó rienda libre a su odio hacia el papel destruyendo todos los libros del país. No quedó ni uno.

Revisitemos la destrucción, en 1944, de 80.000 libros y manuscritos de la Sociedad Real del Saber de Nápoles, para evitar que aquellos documentos, antiguos o modernos, no cayeran en manos de los aliados. O la Revolución Roja con Mao Tsé Tung a la cabeza, que ordenó a sus guardias rojos que quemasen todos los libros contrarios al régimen. O cómo fue destruida la biblioteca de Sarajevo, cruelmente bombardeada en 1992, o las del Africa negra, sometidas a la destrucción en nombre de las guerras tribales. que conllevan genocidios y políticas de «tierra quemada», como sucediera en Uganda a finales del siglo pasado.

O como la biblioteca del Instituto Bhandarkar en la India, donde a principios de enero de 2004, unos manifestantes se reunieron para protestal contra la publicación de un libro de James W. Lame. El pecado del tal Lame no era otro que narrar la vida tumultuosa de Shivaji, una importante figura religiosa y guerrera del siglo XVII. O quizás su pecado fuera haber sacado a relucir las tensiones existentes en eSe país entre musulmanes e hindúes.

Fuera como fuese, el caso es que los airados manifestantes de la brigada Sambahji destruyeron, robaron o deterioraron uno. treinta mil manuscritos antiguos. Se cree que también se llevan una tablilla asiria de 2.600 años de antigüedad.

¿Qué más podemos decir? Digamos solamente que si el hombre es un creador genial, también es el mayor destructor del planeta, si dejamos aparte las catástrofes naturales, claro.

LIBROS PROHIBIDOS POR LA DICTADURA MILITAR ARGENTINA A PARTIR DE 1976

Golpe Militar de 1976 Golpe de Estado en Argentina Dictadura Militar

Bakunin, Mijail Dios y el Estado (Dios, el Estado y la Libertad)
Bayer, Osvaldo Severino Di Giovanni. El idealista de la violencia
Bayer, Osvaldo Los vengadores de la Patagonia trágica
Benedeti, Mario Gracias por el fuego
Cuadernos de Cultura Cuaderno de Cultura n° 60
Comité Central de Partido Comunista Revista Nueva Era N° 7.
Casaretto, Martín S. Historia del movimiento obrero argentino
Castello, Beatriz Dios es fiel
Castro, Fidel La historia me absolverá
De Saint-Exupéry, Antoine El Principito
Devetach, Laura La torre de cubos
Dostoievski, Fiódor M. Crimen y castigo. Tomo I
Editorial Fundamentos La cuestión agraria y el movimiento de liberación
Enciclopedia Salvat tomos 8 y 11
Erasmo Elogio de la locura
Fanon, Frantz Los condenados de la tierra
Fayt, Carlos S. Historia del pensamiento político.
Frondizi, Arturo La lucha antiimperialista. Etapa fundamental del proceso democrático
Furtado, Celso Dialéctica del desarrollo
Gaboriau, M. – Gaudemar, P. De y otros Estructuralismo: estructuralismo e historia
Gagarin, Valentin Mi hermano Yuri
Galeano, Eduardo Las venas abiertas de América Latina
Lenin Vladimir. I. La cultura y la revolución cultural. Recopilación
Lenin, V. I. Acerca de la prensa y la literatura
Lenin, V. I. La revolución proletaria y el renegado Kautsky
Lenin, Vladimir I. Obras escogidas Vols. 1, 2 y 3
Martí, José Nuestra América y otros escritos
Marx, C. La ideología alemana. Ed. Pueblos unidos
Marx, C. Miseria de la Filosofía
Marx, C. Y Engels Manifiesto del PC
Marx, C. Y otros La sociedad Comunista.
Marx, Carlos Crítica de la Economía Política
Marx, Carlos – Engels, F Sobre el sistema colonial del capitalismo
Marx, Karl El Capital I, II, III. Crítica de la Economía Política
Perón, Eva La Razón de mi vida. Ed. Penser
Perón, Juan Domingo La fuerza es el derecho de las bestias
Perón, Juan Domingo La Hora de los Pueblos. Unidad Editora. 1982
Marx, Karl y Engels Friedrich Manifiesto del Partido Comunista
Trotski, León Historia de la revolución rusa
Varela, Alfredo Abono inagotable. Poema
Vargas Llosa, Mario La Tia Julia y el Escribidor. Ed. Punto de Lectura. 2003
Veselov, E. La evolución de la vida
Walsh, Rodolfo Operación Masacre

Fuente Consultada:
El Enigma de los Tesoros Malditos de Richard Bessiere –
Revista Muy Interesante  – Enciclopedia Encarta – Cosmos Vol. 3 –

Libros Prohibidos en la Historia-Quema Masiva de Libros- Bibliocausto

BIBLIOCAUSTO: PERSEGUIDOS POR LOS INQUISIDORES, INTEGRISTAS ISLÁMICOS, NAZIS,…

La Quema Histórica de Libros: La quema de libros es un hecho tan viejo como la historia del hombre, ya unos 1500 años antes de Cristo, un faraón egipcio que creó una nueva religión, hizo quemar todos los libros del imperio que negaran su doctrina religiosa. Obviamente como era de esperarse, cuando el Akenatón falleció, todos los sacerdotes del antiguo culto hicieron lo mismo con todas sus obras.

En China antigua, unos 200 años antes de Cristo, el famoso emperador que logró unificar gran parte de las regiones chinas, y se lo recuerda como el constructor de la Gran Muralla, incineró toda información relativa a los filósofos Confucio y Lao tse, sólo porque él no estaba de acuerdo con los principios y valores enunciados por estos pensadores, que tanto han trascendido sus pensamientos hasta nuestros días.

Otro recordado bibliocausto, que duele hasta hoy, fue la destrucción y saqueo en el siglo XII, por el jefe árabe Saladino, de la maravillosa biblioteca de Alejandría, donde estaba conservado y recopilado todo el saber de la ciencia, la literatura y filosofía griega clásica. Lo mismo puede decirse de la biblioteca de Constantinopla, cuando las expediciones de los cruzados medievales , en su camino a Jerusalen, decidieron atacar y destruir todo lo de aquella ciudad oriental.

Con la unificación de las casas de Castilla y Aragón en España antigua, los reyes Católicos, en su afán de construir un Estado unitario y acorde con su religión, necesitaron erradicar de España a las otras religiones monoteístas, en 1490 aparece así el poder absoluto de la Inquisición, a cargo de Torquema , persiguiendo a todos los herejes y haciendo humo a todo aquello que se oponía a sus principios. Las hogueras ardieron por toda la región y la gente reía, cantaba y bailaba a su alrededor, mientras las grasas cocinaban el Talmud judío.

Una bisagra en el pensamiento político-social de la historia ha sido la Revolución Francesa, que por un tiempo se radicalizó pasando por la guilltina a centenares de opositores , como asi también pasaron por la hoguerra todos los textos reales de la biblioteca del ayuntamiento. Pero si hablamos de verdaderas hogueras de textos en bibliotecas, no debemos olvidarnos de los fanáticos nazis, que sin escrúpulos y con todo el odio y violencia que los caracterizaba destruyeron 15.000 libros del judaísmo mas otros miles de política liberal y democrática. También en plena guerra los aliados con sus bombardeos masivos , han destruído enormes cantidad de bibliografía. Por esa misma época, en 1944 se quemaron 80.000 libros de la Sociedad Real del Saber de Nápoles, para evitar que no sean apoderados por los aliados.

Entre los seres mas brutales y autoritarios de la historia contemporánea, como los archiconocidos Hitler, Stalin, mas otros dictadores como el gualtemalteco Efrain Ríos Montt, hay uno que no dejó un solo libro sano en Camboya, y además masacró a la tercera parte de la población, ese repugnate dictador se llamaba Por Pot.

Siguiendo con los gobierno autoritarios, volvemos a China, pero casi la actual, cuando era gobernada por Mao Tsé Tung quien ordenó a sus guardias rojas una requisa cultural, para quemar todo libro que se oponga al régimen. En 1992 cuando se separan los países que formaban la antigua Yugoslavia, y cada región buscó su propia independencia , frente al poder supremo del Carnicero de los Balcanes, Milosevis, la Biblioteca de Sarajevo fue totalmente destruída por los bombardeos enemigos.

En otro continente, el africano, que desde la descolonización europea , las guerras tribales originaron verderos genocidios, por el control del poder político en paises como el Congo, Nigeria, Sudán , Uganda y otros. Allí fueron aniquilados todos los valores culturales, perdiendo en muchos casos la identidad nacional.

En 2004, en India, en la biblioteca del Instituto Bhandarkar centenares de manifestantes protestaban contra la edición de un libro de James W. Lame, que narraba sobre la vida agitada y escandalosa de Shivaji, quien fue una importante figura religiosa del siglo XVIII. Destruyeron y quizas también robaron 30.000 manuscritos antiguos, muchos de ellos escritos sobre tablillas de arcilla, con mas de 2500 años de antiguedad.

Porque tanta destrucción, porque tanto odio?,…parece que no aprendemos de las dolorosas experiencias pasadas, somos creadores, inventores, descubridores, por momento parecemos seres geniales y brillantes, salvamos vidas, construímos obras maravillosas, viajamos al espacio, caminamos sobre la Luna, pero cuando nos enojamos con convertimos en seres opuestos, crueles y destructores del planeta,…¿ podrá el hombre algún día superar esta paradoja?, y cuidar para siempre toda la cultura que nos identifica y nos caracteriza como el ser supremo de esta única región del Universo.

BIBLIOCAUSTO: Bajo los adoquines de la antigua Plaza de la Ópera de Berlín, muy cerca del edificio principal de la Universidad Humboldt, yace La biblioteca sumergida. Micha Ullmann, el maestro escultor israelí que la proyectó, colocó en ella estantes suficientes para albergar 20.000 volúmenes. Sin embargo, sus blancos anaqueles permanecen vacíos.

Para los berlineses son un símbolo admonitorio de lo ocurrido el 10 de mayo de 1933 en ese mismo lugar. Aquella noche, 20.000 libros seleccionados por los nazis por sus “contenidos antialemanes” fueron arrojados a una inmensa hoguera en la que se consumieron, además

de innumerables escritos de autores judíos, obras de Marcel Proust, H. G. Wells, Jack London, Thomas Mann… Casi al mismo tiempo, otras quemas masivas se sucedían en Bonn, Frankfurt, Bremen, Hannover y muchas otras ciudades alemanas entre consignas “contra la decadencia moral” y “a favor de la disciplina, la decencia y la nobleza del alma humana”.

Cánticos rituales nazis utilizados en Alemania en las quemas públicas de libros

7.°Contra la lucha de clases y el materialismo histórico, a favor de la comunidad del pueblo y de una postura vital idealista de toda la humanidad, lanzo a las llamas las obras de Marx y Kautsky.

2.»Contra la decadencia y la corrupción. A favor de la decencia en la familia y en el Estado, lanzo a las llamas las obras de Heinrich Mann, Ernst Glaesery Erich Katsner.

3.»Contra la deslealtad y la traición política. A favor de la consagración al pueblo y al Estado, lanzo a las llamas las obras de Friedrich W. Forster.

4.»Contra la sobrevaloración de los instintos, a favor de la pureza del alma, lanzo a las llamas la obra de Sigmund Freud.

5.°Contra la falsificación de nuestra historia y la profanación de sus grandes figuras, a favor del respeto por nuestro pasado, lanzo a las llamas las obras de Ludwig y Hagemann […].

7°.»Contra la traición literaria al soldado de la Primera Guerra Mundial, a favor de la educación del pueblo en el espíritu de la verdad, lanzo a las llamas las obras malditas de Erich M. Remarque. […].

• Quemar la memoria

La operación había sido coordinada por el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, quien afirmaba que esa acción constituía “el fin de la época extremista del intelectualismo judío”. Así justificó lo que él denominaba “la entrega a las llamas del espíritu diabólico del pasado”. El impacto que aquel bibliocausto causó en la sociedad europea fue enorme. Sigmund Freud, cuyos libros se encontraban entre los seleccionados para ser destruidos, comentó irónicamente a un periodista que en realidad semejante fenómeno era un avance en la historia humana. “En la Edad Media, ellos me habrían quemado”, afirmó.

La historia de la prohibición y destrucción de la palabra escrita se remonta a la elaboración de los primeros textos, grabados en Mesopotamia sobre tablillas de arcilla hace aproximadamente 5.300 años. Desde entonces, el poder religioso o político ha utilizado este mecanismo como una forma de censura que ha justificado haciéndola pasar como salvaguarda de los principios morales y las tradiciones. En su Historia universal de la destrucción de libros (Ecl. Sudamericana), el asesor de la Unesco y experto en bibliotecas antiguas Fernando Báez indica que éstos no son perseguidos como objeto físico, “sino con ánimo de aniquilar la memoria que encierran, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera Esto explica las causas de la primera prohibición de libros a gran escala de la que tenemos noticia, ordenada por el emperador chino

Chi-Huang Ti en el año 213 a. de C. El soberano mandó destruir todas las obras escritas que no versaran sobre agricultura, medicina o adivinación. En realidad, trataba así de borrar cualquier rastro de la doctrina de Confucio o las ideas que no avalaran su régimen. El cronista chino Sima Qian, que vivió entre los siglos I y II a. de C., señala que el emperador estableció entonces que “los que se sirvieran de la Antigüedad para denigrar los tiempos presentes serían ejecutados junto a sus parientes.” De hecho, ordenó asesinar a cientos de sabios que se mostraron reacios a aceptar la medida y decretó que cualquiera que guardase tablillas de bambú o maderas escritas correría la misma suerte.

Libros Prohibidos en la Historia-Quema Masiva de Libros- BibliocaustoEn 1559 vio la luz una inquietante obra que supone uno de los maximos símbolos de la persecución bibliocida: el Indice de los libros prohibidos. Aunque ya existían recopilaciones similares, ésta, encargada por el papa Pablo ¡Va la Inquisición, estaba revestida de una oficialidad que se mantuvo con diversas variaciones ¡durante 400 años! En España, la censura católica se incrementó con la llegada al trono de Felipe II, y así, en 1570 se autorizó el lndex Iibrorum prohibítorum, un catálogo que sirvió para perseguir las obras heréticas y a sus autores.

En la primera parte de Don Quijote de la Mancha, Cervantes personificó esta obsesión inquisitorial en el cura y el barbero, que queman la biblioteca de Alonso Quijano al considerar que aquellas lecturas lo habían enloquecido. Entre los autores que a lo largo de los siglos han estado en el índice se encuentran Voltaire, Daniel Defoe, Copérnico y Balzac. La edición publicada en 1948 aún contenía 4.000 títulos censurados por herejía o por su dudosa moralidad.

El 14 de junio de 1966, la Congregación para la Doctrina de la que dispuso que tanto el Indice como las penas de excomunión que estaban indicadas en el mismo ya no estaban vigentes. En la actualidad, el título IV del Código de Derecho Canónico de la Iglesia católica, referido a los instrumentos de comunicación social y especialmente a los libros, establece en sus cánones 831 y 832 que “sin causa justa yrazonable, no escriban nada los fieles en periódicos, folletos o revistas que de modo manifiesto suelen atacar a la religión católica y que “los miembros de institutos religiosos necesitan licencia de su Superior mayor (..) para publicar escritos que se refieren a cuestiones de religión o costumbres.”

• Destructores de libros

Aunque a veces es difícil distinguir las obras destruidas intencionalmente de las que desaparecieron en accidentes o víctimas del olvido, sí sabemos que en la Antigüedad los biblioclastas o destructores de libros se excedieron tanto como en épocas más recientes. Parece probado que Akhenatón, que gobernó Egipto hacia 1350 a. de C., hizo desaparecer numerosos textos relacionados con el culto a los antiguos dioses para consolidar el de Atón. La historia de este faraón, sin embargo, está cargada de una cierta justicia poética, ya que a su muerte sus detractores se encargaron de borrar meticulosamente las referencias a su nombre.

En Grecia, el primer testimonio de la destrucción de una obra literaria por la censura política se remonta al siglo V a. de C. Entonces, el sofista Protágoras de Abdera fue acusado de impiedad y blasfemia por haber afirmado en Sobre los dioses que era imposible saber si éstos existían. El libro fue buscado casa por casa, confiscado y quemado. Según relata Diógenes Laercio, el mismo Platón compartía tales aficiones pirómanas, ya que, de acuerdo con este historiador griego, no dudó en quemar todos los poemas de Sócrates.

El caso de “bibliocidia” sobre el que más líneas se han escrito es, sin duda, el de la Biblioteca de Alejandría, una joya del mundo antiguo construida a lo largo del siglo III a. de C. que fue víctima de sucesivos ataques. El primero importante se produjo en el año 48 a. de C., precisamente cuando se encontraba en uno de sus momentos de mayor auge y atesoraba, según distintas fuentes, más de 700.000 manuscritos.

• El saber antiguo, perdido

Un incendio que se propagó por el puerto devoró entonces 40.000 volúmenes que se encontraban dispuestos en distintos depósitos. Aunque no está claro que éstos formaran parte de la famosa biblioteca, Femando Báez cree que habían sido adquiridos para la misma. Otra dependencia adicional, la Biblioteca Hija, situada en el Templo de Serapis, sobrevivió hasta fines del siglo W cuando ambos fueron destruidos por un grupo de cristianos mandados por el obispo de Alejandría, Teófilo, que veía en ellos un intolerable vestigio del antiguo paganismo. En el año 415, el historiador Orosio visitó la ciudad y confirmó que “los estantes para libros habían sido vaciados”, lo que parece demostrar que la Biblioteca había desaparecido en el siglo V. Aun así, no se sabe cor certeza si todas sus instalaciones habían sido saqueadas.

Si tenemos en cuenta el testimonio de Orosio, parece poco probable que los árabes destruyeran los volúmenes sobrevivientes cuando asaltaron Alejandría er 642. Aun así, el cronista árabe Ibr al-Kifti indica que Omar 1 (586. 644) ordenó destruir los libros y los que “si contenían la misma doc. trina del Corán, no servían para nada porque se repetían, y si no no tenía caso conservarlos”. Kifti que, vale la pena aclarar, vivió siete siglos después de la toma de la ciudad, señala que los textos, entre los que se encontraban obras de Hesíodo, Platón o Gorgias, eran tantos que sirvieron como combustible durante seis meses.

Libros Prohibidos en la Historia-Quema Masiva de Libros- BibliocaustoEn la larguísima lista autores cuyas obras han sido perseguidas aparecen desde Homero, cuya Odisea desaconsejaban leer algunos filósofos clásicos, hasta J. K. Rowling y su Harry Potter, condenado por diabólico —sí, sí, diabólico— por diversas comunidades religiosas en pleno siglo XXI. Pero si hay un caso que aún continúa es el que atraviesa el escritor angloindio Salman Rushdie. Sus Versos satánicos, una obra en la que satiriza los tabúes del islamismo, fueron condenados por blasfemia poco después de su publicación en 1988. Un año más tarde, una fatwa del ayatolá Jomeini ponía precio a la cabeza de Rushdie, literalmente. El edicto era un llamamiento a todos los musulmanes en contra del escritor. Para incentivar a los fieles, Jomeini ofreció, además, una recompensa de 3 millones de dólares. Así las cosas, Salman Rushdie se vio obligado a pasar a la clandestinidad en Gran Bretaña. Incluso los traductores y editores de la obra fueron amenazados. Este mismo año, el líder espiritual iraní, el ayatolá Alí Jamenei, confirmó durante su estancia en la Meca que se mantenía la fatwa. Aún peor, cuando se solicitó que ésta fuera retirada, las autoridades iraníes respondieron que el único que podía hacerlo era quien la había expedido, en este caso, Jomeini. El problema para Rushdie es que éste murió en 1989.

• Fanatismo religioso

De lo que no hay duda es de que el fanatismo religioso y las supersticiones se encuentran detrás de buena parte de las persecuciones de libros. En la Biblia ya se reflejan conductas de este tipo. Así, en el libro de los Hechos de los Apóstoles se indica que “bastantes de los que habían practicado la magia reunieron los libros y los quemaron delante de todos”. Los escritos de la secta de los gnósticos, que sostenían que nadie se salva por la fe, sino por el conocimiento, yios de otras corrientes y personajes considerados heréticos por la Iglesia, como los del obispo Paulino de Dacia, que creía que el uso de la magia era legítimo, fueron quemados. Las confiscaciones y destrucciones de libros practicadas por la Iglesia se multiplicaron con los emperadores romanos Teodosio y Valentiniano, en especial las de los nestorianos, una secta que no reconocía la supremacía del Obispo de Roma, y alcanzaron su máximo apogeo en 1559, con la publicación del Indice de los libros prohibidos, ordenado por el papa Pablo IV

Apenas un siglo antes, los turcos habían demostrado que también sabían destruir la palabra escrita. Durante el saqueo de Constantinopla en 1453, una tarea que llevaron a cabo a conciencia, fue la de terminar con cientos de miles de manuscritos contrarios a la fe de Mahoma.

La controversia que generó la obra de Darwin Sobre el origen de las especies por medios de la selección natural se prolongó durante décadas. De hecho, en Tennessee, en 1925, casi 70 años después de que apareciera por primera vez, estaba prohibida su enseñanza, considerada contraria a la Creación bíblica. El profesor de biología John T. Scopes, que había desafiado esa ley, fue enjuiciado, declarado culpable y condenado a pagar 100 dólares, una multa anulada poco después. Eso sí, el proceso sirvió para poner en evidencia las insostenibles ideas de los que creían que la Biblia debía interpretarse literalmente, los mismos que hacia 1860 habían quemado las primeras ediciones de la obra de Darwin.

Pero es que, como demostraron los nazis ya en pleno siglo XX, la destrucción premeditada de libros no es, ni mucho menos, cosa del pasado. Se calcula que las censuras culturales llevadas a cabo por los comunistas en Alemania oriental en 1953 destruyeron no menos de 5 millones de libros. Algo parecido ocurrió durante la dictadura militar en Argentina. El 30 de agosto de 1980, conocido como ‘el día de la vergüenza del libro argentino”, fueron quemadas en Sarandí más de 1,5 millones de obras pertenecientes al Centro Editor de América Latina (CEAL).

• Prohibido pensar

Y el fenómeno continúa. Aún más recientemente, en 1992, la Biblioteca Nacional de Bosnia y Herzegovina, en Sarajevo, que había sido abierta en 1896, fue bombardeada por orden del general serbio Ratko Mladic con obuses incendiarios. La biblioteca conservaba casi dos millones de volúmenes y 155.000 obras raras. Pocos ejemplares pudieron ser salvados.

Y es que cuanto más y más variado se lee, más se piensa, algo que desde el poder con frecuencia se ha intentado impedir. Hoy, en la antigua Plaza de la Ópera de Berlín, una placa con una cita del poeta judío Heinrich Heme, cuya obra también ardió en el bibliocausto nazi, rememora aquel episodio: “Ahí donde queman libros, terminan quemando hombres”.

Devuelven 10 mil libros robados por los nazis

Una Nota en Tiempo Argentino, de 03/09/10, respecto al robo NAZI a Judíos

La Biblioteca Pública de Nuremberg, en Alemania, publicó ayer en Internet una lista con los nombres de los antiguos dueños judíos de unos 10 mil libros y documentos robados durante el régimen nazi, para que sus propietarios o los herederos de estos puedan reclamarlos.

Desde el 10 de mayo y hasta julio de 1933, al menos 21 ciudades alemanas fueron asoladas por la quema de libros del nazismo: miles de ejemplares fueron sustraídos por grupos armados de las SA y las Juventudes Hitlerianas de bibliotecas privadas y públicas y arrojados al fuego. El despojo continuó hasta 1945, pero muchos de esos libros de autores prohibidos por el régimen no ardieron, y fueron almacenados en depósitos de bibliotecas, entre otras la de Nuremberg.

La operación de confiscación masiva fue orquestada por Joseph Goebbels, el poderoso ministro de Propaganda de Adolfo Hitler, quien presidió personalmente la gigantesca pira organizada en la Opernplatz, en Berlín.

“Nuremberg es la única ciudad del mundo con tal volumen de libros robados”, dijo Eva Homrighausen, responsable de la biblioteca, al anunciar la iniciativa.

Breve Historia de la Comunicación Humana

Fuente Consultada: Revista Muy Interesante – Enciclopedia Encarta – Cosmos Vol. 3

Evolucion de los Medios de Comunicacion Primeros Sistemas

Evolución de los Medios de Comunicación

evolucion medios de comunicacion

Medio: Radio     Medio: Televisión      Medio:Cine

UN POCO DE HISTORIA…
LOS PRIMEROS PASOS EN LA COMUNICACIÓN, desde el «tam-tam» al transistor

Para un grupo social, es siempre interesante, a veces vital (en casos de guerra, invasión, epidemia o cataclismo), el saber lo que ocurre en otros lugares, en la tribu, en la ciudad o en el país vecino. Durante milenios y hasta la época moderna, jamás pudo realizarse esta aspiración más que parcialmente, con retraso e ignorando casi todo sobre tierras lejanas.

Para comunicarse era necesaria la existencia de un mensajero, corriendo hasta el límite de sus fuerzas, como el de Marathón, o a caballo. Supuso un gran avance la aparición de la escritura en los albores de los tiempos históricos, supliendo los fallos de memoria del portador.

La escritura ensanchó grandemente el campo de la comunicación. Ya fuese jeroglífica, cuneiforme o alfabética (ésta tenía la ventaja de poder expresar un gran número de ideas con pocos signos), permitió al correo—salvo accidente, destrucción de la nota, papiro o libro— transmitir el mensaje íntegro, permaneciendo en el tiempo.

A partir de entonces ya puede hablarse de historia y cultura. En 1440, con la invención de la imprenta, que posibilitó la multiplicación de los ejemplares de un mismo texto, la lectura y por tanto los conocimientos fueron accesibles ya a un mayor número de personas. Y, por fin, a todos con la institución de la escolaridad obligatoria.

Pero si la escritura vence al tiempo, no resuelve los problemas de la comunicación rápida en el espacio. En todos los tiempos, los poetas han soñado con poder trasladarse instantáneamente a otros lugares, y las brujas y videntes han pretendido poder testimoniar lo que ocurrió en aquellos momentos en sitios lejanos. Pero para saber lo que realmente pasaba, había que esperar.

Los mensajeros oficiales o privados, o el correo que comenzó a funcionar regularmente a partir del siglo XVII, dependían de la velocidad de los caballos. Para cuando se enteraban en provincias de la enfermedad del rey, éste o estaba ya sano o había muerto.

El deseo de una rápida comunicación—al menos de las noticias más importantes—y los experimentos para llegar a ello, se remontan a la más lejana antigüedad. Es muy significativo, en todo caso, que se diesen también en los pueblos primitivos.

¿Qué es el tamtam sino un código basado en la repetición, según diversos ritmos, de un mismo sonido?. Es la modulación de este sonido lo que tiene un sentido, un sentido que el destinatario descifra después que varios relevos se lo han transmitido.

Pero en este caso, al igual que sucedió con la llama, que de fanal en fanal, dio a conocer a Argos la capitulación de Troya; o que en los gritos de los vigías galos transmitiendo de puesto en puesto la noticia de la caída de Orleans, la transmisión visual o sonora no puede llegar más que a un reducido número de mensajes, gracias a un signo ya conocido que indique victoria, derrota o muerte.

Más ambiciosos y más complejos fueron los juegos de señales, en los que cada uno representaba una letra del alfabeto, que utilizaron los ejércitos de Felipe de Macedonia, tres siglos antes de Jesucristo, o en el siglo XVI el ingeniero napolitano J. B. Porta.

Pero estos dispositivos, muy sutiles sin duda, necesitaban numerosos relevos. A pesar de ello significaron un gran avance para la época.

Constituyen la prehistoria de la telecomunicación. Su historia comienza en Francia, en 1793, cuando la Convención acepta experimentar el proyecto que les presenta Claude Chappe. Se trata de instalar cada doce o quince kilómetros, sobre las colinas, postes provistos de un regulador orientable, en cuyos extremos se articulan dos brazos: «los indicadores».

El juego de regulador e indicadores permitía 192 figuras, que combinadas de dos en dos, podían proporcionar 36.864 signos.

El nacimiento del telégrafo Chappe tuvo lugar bajo dichosos auspicios. En efecto, el primer mensaje transmitido anunciaba a la Convención, el 1 de septiembre de 1794: «Conde es restituido a la República. La rendición ha tenido lugar esta mañana a las seis».

El telégrafo triunfaba al mismo tiempo que las tropas de la Revolución.

El telégrafo de Chappe, aunque inutilizable por las noches o durante los días de lluvia o bruma, tuvo mucho éxito. En 1844 ya existían cinco líneas en Francia que unían París con otras tantas capitales.

Pero en la misma época, los Estados Unidos inauguraban la primera línea de telégrafo eléctrico entre Washington y Baltimore. Se había dado la señal de partida para la telecomunicación, que pronto conocería un prodigioso desarrollo.

medios de comunicacion

En 1791, Chappe hizo la demostración de su telégrafo óptico
ante los notables de Pareé, en Sarthe .

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Tres años después, el telégrafo le permitía a Carnot leer el primer despacho a la tribuna de la Convención, anunciando una victoria. Pero el telégrafo de Chappe seria destronado por el de Morse , anunciado desde el siglo XVIII por las investigaciones de Lemonnier, cuyo extraño aparato experimental. uno de los primeros barcos para el tendido de los cables.

La electricidad, convertida en portadora de mensajes, aseguraba, gracias a su extraordinaria velocidadde 300.000 kilómetros por segundo, su transmisión instantánea.

El telégrafo de Washington se debía a la inteligencia e ingenio de Morse. Como siempre, dado que los progresos técnicos se realizan siempre por etapas, con una confrontación permanente de la teoría y de la experiencia, Morse había aprovechado los trabajos anteriores.

En efecto, en el siglo XVIII, el físico Lemonnier quiso saber hasta dónde podía transportar la electricidad un hilo metálico (electricidad estática, claro está, puesto que era la única conocida). En 1746, sintió así a una legua (alrededor de 4,500 kilómetros) la descarga de una botella de Leyde.

El principio de una señalización eléctrica fue desde entonces concebible.

El escocés Marshall, en 1783; el francés Lomond, en 1787, y el español De Salva, en 1796, propusieron tales sistemas de señalización. El más preciso fue el del ginebrino Lesage, que en 1794 construyó un aparato que constaba de 24 hilos, cada uno de los cuales, que correspondía a una letra, atraía a uno de sus extremos una bolita de saúco (a, b, c, d, etc.), cada vez que el otro recibía una descarga.

Pronto la ciencia dio un paso decisivo. Volta demuestra que la electricidad tiene las propiedades de un fluido y puede circular por un hilo conductor. Casi en seguida, entre 1802 y 1810, se conciben proyectos de telégrafos «electro-químicos».

En 1820, reflexionando sobre el descubrimiento de Oersted relativo a la acción de una corriente sobre una aguja imantada, Ampére entrevé los principios del telégrafo.

El 20 de octubre de 1820, declara en la Academia de Ciencias Este texto de Ampére anuncia ya los «telex» electromecánicos y electrónicos de hoy en día, que permiten comunicar inmediatamente un texto a un corresponsal lejano y recibir la respuesta dactilografiada sobre su propia máquina; esos «telex» en los que los secretarios de redacción de los periódicos ven llegar, de minuto en minuto, las noticias del mundo entero.

Sin embargo, el sistema de Ampére era aún muy complicado. En 1837, el inglés Wheatstone transmite cartas—de Londres a Birmingham— con tan sólo cinco hilos, más, un hilo de vuelta, y, para evitar las pérdidas de intensidad de corriente, inventa los intermedios que permiten reforzarla.

En Alemania, Steinheil, poco después, suprime el hilo de vuelta y corona con éxito sus experiencias, sobre una veintena de kilómetros, con un solo hilo. Todo, en adelante, está preparado para Samuel Morse.

En su «telégrafo», un electroimán de hierro dulce, cuando recibe la corriente, atrae a un vastago montado sobre un resorte. Este se mueve al ritmo impuesto por el corresponsal. Un punzón, gobernado por el electroimán, va trazando señales, en este caso los puntos y rayas del célebre alfabeto Morse, sobre un papel que se desarrolla bajo él.

Mientras que el telégrafo y el código Morse se generalizan, aparecen dos nuevos sistemas, el de Hughes y el de Baudot, que pronto los sustituirán. En el sistema Hughes, la máquina imprime en la llegada las letras que el operador escribió en la salida.

Baudot lo perfecciona permitiendo, con su distribución, la utilización de la línea por varias personas al mismo tiempo. Por fin, quedan reunidos comodidad, eficacia y rentabilidad, las cualidades del telégrafo moderno. Ahora no queda más que esperar los perfeccionamientos.

Desde 1858, con la instalación de la primera línea de cables submarinos entre Estados Unidos y Gran Bretaña, la distancia ya no es un obstáculo para la información. Las palabras escritas traspasan los océanos. Pronto le tocará el turno a la palabra, en espera de las imágenes.

Por medio de tantos hilos conductores y tantas agujas imantadas como letras existen, y con la ayuda de una pila colocada lejos de estas agujas y cuyos dos polos se harían comunicar alternativamente con las extremidades de cada hilo conductor, se podría establecer una especie de telégrafo, propio para escribir todos los detalles que se quisieran transmitir, a través de cualquier obstáculo, a la persona encargada de observar las letras colocadas sobre las agujas. Disponiendo sobre la pila un teclado, cuyas teclas llevasen las mismas letras y estableciesen la comunicación al pulsarlas, se podria conseguir con bastante facilidad este medio de correspondencia, y no exigiría más tiempo que el necesario para tocar la tecla por un lado y leer la letra en el otro extremo.

El cable corresponde al dominio del telégrafo y del teléfono, dominio conocido y perfectamente explotado desde finales del siglo XIX, dominio profundamente renovado desde que las técnicas de la radio han llevado a los ingenieros a reemplazar la corriente continua por corrientes de alta frecuencia, a las que se imprimen variaciones de amplitud reflejo de las variaciones de la voz.

Desde entonces la noción de frecuencia es común a las dos técnicas, a la del teléfono y a la de la radio. Permite las reuniones múltiples.

También debemos considerar aquí el nacimiento y la evolución de la radiodifusión. Esta, como todos los grandes descubrimientos técnicos, tiene su origen en la investigación científica pura.

En el siglo XIX, Fresnel, interrogándose sobre la naturaleza de la luz, descubre en 1818 su carácter ondulatorio; Faraday, en 1845, demuestra la sensibilidad de ésta a un campo magnético y Maxwell, en 1854, propone una ecuación que expresa la naturaleza a la vez magnética y eléctrica de la luz, audaz teoría que había que probar.

En 1887, los experimentos del físico alemán Heinrich Hertz confirman la intuición genial de Maxwell. En efecto, Hertz muestra cómo haciendo saltar bajo alta presión chispas provenientes de la descarga de una bobina de Ruhkorff, es posible detectar este fenómeno a distancia. Parece que hay ondas que nacen de la chispa y propagan sus efectos en todas direcciones.

Estudiando estas ondas, su dirección, su longitud, Hertz prueba que la luz es la propagación de un campo eléctrico y de un campo magnético que se engendran alternativamente, el uno y el otro, en planos perpendiculares.

Estas serán las «ondas hertzianas», que se emplearán para la transmisión de mensajes primero en morse, después extendiéndose a toda la gama de sonidos perceptibles (voz, música, ruido). En efecto, si situamos un hilo conductor en el recorrido de una onda hertziana, nace una corriente en él con la misma frecuencia de la onda, bajo la influencia de la componente magnética de ésta.

Pero, normalmente, en virtud de la oscilación del campo que la produce, esta corriente se invierte inmediatamente. Luego, si la antena es recorrida por microcorrientes de sentido contrario, el resultado es nulo.

Es necesario que no hayan más que corrientes de sentido único. Y así, sólo éstas serán detectables y podrán producir sonidos en los altavoces. Una serie de inventos conducirán progresivamente a la solución definitiva del problema.

En 1890, Branly pone a punto un tubo de limaduras de hierro que permite detectar las oscilaciones eléctricas a treinta metros; en 1894, Lodge, perfeccionando el sistema, aumenta la distancia de percepción a 800 metros; en 1895, el ruso Popoff construye la primera antena; por fin, el inglés Fleming, en 1904, con el diodo y después el americano Lee de Forest con el triodo, que permite amplificar considerablemente la potencia de la corriente, dan a físicos y técnicos la posibilidad de desarrollar y sobre todo industrializar los experimentos realizados por Marconi.

Este, tras haber hecho una transmisión a través de la Mancha, en 1899, enviaba, en 1901, un mensaje de Europa a América. Así, pues, el nacimiento y desarrollo de la radio datan de principios del siglo XX. Pero hasta el fin de la primera guerra mundial seguirán manteniéndose esencialmente la «telegrafía sin hilos», no la «telefonía sin hilos». Lo que transmiten las «radios» de los barcos o las «emisoras» militares de los tiempos heroicos, perdidas entre la maleza, son mensajes en morse.

 La radio es sobre todo útil en aquellos lugares en los que los cables telegráficos o telefónicos no existen. Es la mejor solución para mantener contacto con un navío en alta mar, paquebote, carguero o acorazado, en espera de establecerlo, también, con un avión surcando el cielo.

Faltaba un obstáculo por vencer para poder transmitir la voz a la música. La membrana de un altavoz no puede vibrar más de seis a diez mil veces por segundo (de diez a veinte mil para ciertos aparatos de alta fidelidad).

Pero las ondas de radio de algunos centenares de metros tienen una frecuencia del orden del millón de ciclos/segundo. Si captamos estas ondas con una antena y enviamos esta corriente detectada, amplificándola, a un altavoz, éste no reaccionará.

El camino a seguir consistirá en adaptar estas ondas a las frecuencias sonoras, es decir, imponer variaciones audibles de centenares o miles de ciclos/segundo a ondas de centenares de miles o millones de ciclos/segundo.

Más exactamente, modificar la amplitud—originalmente regular—de la onda escogida, llamada onda portadora, de tal forma que la curva de las variaciones de amplitud represente la evolución del sonido. Al recibirla no se retendrán más que las variaciones de la onda portadora, no la onda portadora misma, las bajas frecuencias de los fenómenos sonoros y no las altas frecuencias de la onda.

La modulación de amplitud (radio AM) ha hecho posible el paso de la telegrafía sin hilos a la radio tal como nosotros la conocemos. Desde el momento en que se pudo transmitir la voz y el sonido y que éstos podían ser recibidos conjuntamente por miles y millones de aparatos, la radio entró en su fase de explotación industrial.

Lo que fue lujo o juguete científico a principios de los años veinte, era ya, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, instrumento popular, y varias emisoras públicas o privadas ofrecían, en cada país, a su auditorio programas variados a lo largo de todo el día.

Informaciones e incluso publicidad y propaganda (ya sabemos cómo se sirvió Hitler de la radio para adoctrinar a las masas y cómo, durante las hostilidades, ésta se convirtió para los beligerantes en verdadera arma sicológica), conciertos, variedades, obras de teatro y juegos mostraban las posibilidades y la riqueza de la transmisión sin hilos.

Por otra parte, ésta no ha dejado de mejorarse. Los radioyentes de los años treinta recordarán las pruebas, a menudo necesarias, para aislar una emisora de aquellas que emitían en una frecuencia próxima (en una longitud de onda como se decía entonces).

Les parecía larga la espera entre el momento de girar el botón y el momento en que se oía el sonido. Sobre todo, recordarán los parásitos que hacían inaudibles ciertas emisiones y contra los cuales poco podían hacer.

En cualquier caso, en lo concerniente a la música, el sonido no tenía esa pureza que posee en las salas de concierto. Ha sido necesaria la adición de nuevos inventos para conseguir la perfección sonora de las cadenas de alta fidelidad, la puesta en marcha instantánea de los receptores de transistores y la calidad, si no intelectual sí al menos técnica, de la mayor parte de las emisiones de hoy en día.

Estos nuevos inventos conciernen a la construcción de los mismos aparatos, pero sobre todo a la mejora de la toma de sonido.

Hace treinta años, un solo estudio de acústica sofocada a fin de dar la impresión de «al aire libre», servía para todas las emisiones. Si el locutor que daba las noticias se encontraba a gusto, no ocurría lo mismo con una orquesta sinfónica, que formaba, al contrario, un extraño montón.

La experiencia demostró que la capacidad de un local—especialmente para música—tenía una gran importancia y debía estar en relación con el número de ejecutantes. Las dimensiones de los estudios modernos varían entre los 200 m3 para los grupos pequeños a los 1.200 m3 para las orquestas sinfónicas.

Por otra parte, el perfeccionamiento de las técnicas de registro (magnetófonos, microsurcos y discos estereofónicos) ha permitido la conservación de las emisiones con vistas a nuevas difusiones, pero sobre todo, gracias a la técnica de montaje, se han podido preparar emisiones impecables desde todos los puntos de vista, no dejando nada al azar o a las improvisaciones «en directo».

Breve Historia de la Comunicación Humana

Fuente Consultada: Maravillas del Siglo XX Tomo I

Historia de la Lampara Electrica Fabricacion y Material Usado

Historia de la Lámpara Eléctrica
Fabricación y Material Usado

La historia de la lamparita empieza hace casi doscientos años, cuando Davy, químico inglés, hizo aparecer por primera vez, ante los atónitos miembros de la Royal Institution de Londres, un brillante hilo luminoso, entre dos electrodos formados por varillas de carbón de leña y unidos a dos polos de una enorme pila eléctrica. Desgraciadamente, este “arco voltaico”, que fue llamado “huevo eléctrico de Davy”, no se prestaba para usos prácticos, porque los carbones no producían una luz estable.

Sólo después de 1840, gracias a la invención de un nuevo tipo de pila, hecha por Daniell y Bunsen, que suministraba una corriente más intensa y duradera, el problema relativo a la iluminación eléctrica pudo ser afrontado con seriedad y gradualmente resuelto. Se debe al francés Foucault el primer gran paso adelante. Sustituyendo el carbón de leña por el que se forma en las retortas durante la producción de gas de alumbrado, llegó a preparar dos auténticos aparatos de iluminación que permitieron a una cuadrilla de obreros trabajar durante una noche entera en la construcción del Palacio de la Industria (Exposición de París de 1855). Veintitrés años después, siempre en París, se llevaba a cabo, con éxito, la primera tentativa de iluminación pública en la Plaza de la Ópera.

LA LAMPARITA DE EDISON: Durante el siglo XIX se mantuvo la iluminación a gas, con su luz suave y agradable, pero el mundo estaba ya preparado para el aprovechamiento de la energía eléctrica en este campo. Un grupo de financistas e industriales norteamericanos se dirigió a Edison, inventor del fonógrafo, y ya conocido como el “Mago de Menlo Park”, para que hiciese el milagro. Edison tuvo una idea feliz; volver incandescente un filamento de carbón en una ampolla de vidrio en la que se haría previamente el vacío perfecto; pero la realización de esta idea le costó muchos años de estudio y de minucioso y perseverante trabajo.

Los experimentos iniciados por él en 1870, sólo concluyeron en 1882. Los neoyorquinos, entusiasmados con el nuevo prodigio de Edison, “mandaron a descansar” los viejos fanales de gas y el familiar farol. En realidad, la lamparita de Edison ya había tenido su bautismo de luz en la exposición universal de París de 1881. En la ampolla, la incandescencia luminosa era obtenida mediante filamentos carbonizados de fibras de bambú del Japón, y tenía la virtud de asegurar una luz constante durante centenares de horas.

Desde este momento, el problema fue solamente perfeccionar el nuevo sistema de instalación eléctrica. Una vez establecido el hecho de que las “radiaciones visibles producidas por un cuerpo incandescente aumentan con el aumento de la temperatura”, se comprendió rápidamente que el efecto luminoso sería tanto más sensible cuanto más se pudiese “elevar la temperatura del filamento e impedir la dispersión del calor”.

LA LAMPARITA DE FILAMENTO METÁLICO: A partir de 1890, las fábricas se sirvieron de sutilísimos hilos de metal, con una temperatura dé fusión mucho mas alta. Fueron sucesivamente experimentados el osmio, el tantalio, y, en 1906, el tungsteno, que es  hoy considerado el mejor porque, además de ser resistente, es también un óptimo conductor de la electricidad. Para obtener filamentos de muy pequeño diámetro, fue usada primero una mezcla de polvo de tungsteno y sustancias adhesivas.

Desde 1911, como consecuencia del progreso de los procedimientos industriales, se consiguió trefilar el tungsteno y aumentó la duración del filamento. Además se cambió la disposición del filamento mismo en la ampolla. De esta manera, su poder de absorción fue reducido a un vatio por bujía; de ahí el nombre de “monovatio” dado a este tipo de lámpara.

LA LÁMPARA DE MEDIO VATIO: Otro paso adelante fue dado, en 1913, con un nuevo procedimiento. Para aumentar la temperatura del filamento, y para frenar la dispersión de calor, se tuvo la idea de rellenar las ampollas, en las que se había hecho el vacío, con un gas inerte que no diese lugar a alteraciones químicas. Se obtuvo así el aumento de temperatura deseado, pero fue más difícil limitar la fuga de calorías. El físico Langmuir comprendió que de esto dependía la disposición del filamento dentro de la ampolla, y demostró que se podía alcanzar una dispersión mínima de calor arrollando el filamento en hélice sobre sí mismo.

Así perfeccionadas, las lamparitas con filamento en hélice fueron llamadas de “medio vatio”, pues se calculó haber llegado a crear el tipo en el cual la potencia de absorción de la corriente era reducida a la “mitad de un vatio por bujía”. Pero el triunfo más resonante fue que, con la nueva fórmula, se llegó a retardar notablemente la disgregación del filamento, logrando una duración mayor de la lamparita.

Historia de la Lampara Electrica Fabricacion y Material UsadoFABRICACIÓN, METALURGIA DEL TUNGSTENO: Si las vidrierías han resuelto fácilmente el problema del vidrio adecuado para la fabricación de ampollas (o bulbos) para lámparas, la fabricación del filamento es, en cambio, extremadamente delicada. Debido a que el metal, para ser utilizado eficazmente, no debe fundirse, se le extrae del “wolframio” mediante complicados procesos químicos.

El tungsteno, que se obtiene bajo forma de “óxido” del tungsteno puro, es mezclado primeramente a pequeñas cantidades de sustancias capaces de mejorar sus propiedades, siendo luego pasado a hornos especiales en atmósfera de hidrógeno (para evitar la oxidación) de estos hornos sale bajo forma de un tenue polvo gris.

Este polvo es prensado dentro de moldes a presión, y los panes que resultan son colocados en otros hornos (también de atmósfera hidrogenada), en los cuales adquieren la solidez necesaria. Por medio de una fuerte corriente eléctrica, estos panes son llevados a una temperatura próxima a la de fusión, sin alcanzarla; son forjados luego por un martinete, a alta temperatura, hasta obtenerse hilos finísimos.

Estos hilos pasan a la “trefilación”, pero antes de ser confiados a las hileras (que son de tungsteno o de diamante, según el diámetro que se quiere conseguir), se los somete de nuevo a alta temperatura.

Finalmente, pulido y libre de todo resto de grafito, el delgado filamento que se obtiene está listo para ser arrollado en hélice. El tungsteno es arrollado, por medio de máquinas de gran velocidad, alrededor de un soporte de acero o molibdeno. Siendo imposible desenrollar la espiral del soporte sin provocar la rotura del filamento, es necesario “disolver” el soporte mismo con un ácido que no ataque al tungsteno.

En 1835, el escocés James Bowman Lindsay fabrica el primer bulbo  experimental. Seguía sin funcionar y más de una docena de científicos lo intentaron hasta que en enero de 1879, el inglés Joseph Swan hace la primera demostración de un bulbo incandescente que no se apaga en Sunderland. Inglaterra.

Ese mismo año, en octubre, Thomas Edison que llevaba meses trabajando en el mismo invento, consigue el mismo resultado con el modelo N°9. Edison tenía más recursos, y al año siguiente puso a la venta las primeras bombillas. El truco estaba en encontrar el filamento adecuado, y hacer el vacío dentro del bulbo de vidrio.

MONTAJE DEL PIE DE LA LÁMPARA: Una parte esencial de la ampolla de las lamparitas está constituida por el pie, el cual se compone de:
a) un borde entrante de vidrio, destinado a ser soldado al cuello de la lamparita;
b) un pequeño tubo de vidrio que sirve primero para producir el vacío y después para el rellenamiento con gas;
c) un bastoncillo de vidrio al que se aplican los soportes para el filamento:
d) los hilos que traen la corriente de alimentación.

Todo, esto es sujetado sólidamente por un aplanamiento parcial de las extremidades del borde entrante y por la estrangulación del tubito de vidrio. Para obtener esta estrangulación, se ablanda el vidrio exponiéndolo a la llama, y, antes de que se endureca, un chorro de aire frío es dirigido a través de la extremidad inferior del tubito para provocar en la estrangulación misma un orificio mediante el cual el interior de la ampolla se comunica con el exterior. Los hilos conductores, fijados sólidamente dentro del pie, por medio de la estrangulación, están por lo general constituidos por tres partes distintas soldadas eléctricamente entre sí.

El pie es montado totalmente con máquinas que sueldan después en forma automática la parte superior del bastoncillo para formar un botón, sobre el cual la máquina misma fija los ganchos de sostén o apoyo. Cada uno de estos minúsculos ganchos termina en una pequeñísima “colita de cerdo” destinada a retener el filamento.

También el montaje del filamento es mecánico. Éste es fijado primeramente a la extremidad de los hilos que traen la corriente de alimentación, y aquí un dispositivo de precisión anuda los filamentos a los ganchos. El pie queda unido a la ampolla mediante la soldadura del borde entrante, hecha con la llama de un soplete de gas.

La lamparita es, al mismo tiempo, bañada por un potente chorro de aire que arrastra la parte superflua del cuello del bulbo, que sobresale del punto de soldadura. De aquí, la lámpara es transportada por cadena hacia la máquina que produce el vacío. La misma máquina, calentando la ampolla, procede a la extracción del aire y al rellenamiento con gas (generalmente formado por una mezcla de nitrógeno-argán-criptón).

Inmediatamente después del llenado, el tubito de vidrio, que ha servido para esta operación, es cerrado mediante estrangulamiento a la llama. La fabricación de la lamparita propiamente dicha, se da así por terminada. Ahora no falta más que unirla al casquillo, operación que se hace en caliente mediante resinas especiales. Existe una enorme variedad de lámparas incandescentes para cuya realización fueron necesarios años de estudio, de pacientes búsquedas y de pruebas de laboratorio.

Es útil aquí recordar que, además de las diversas lamparitas que todos conocemos, desde la pequeñísima para linterna de bolsillo hasta la grande para iluminación de calles, existen lámparas “incandescentes” destinadas a usos especiales. Estas lámparas difieren de las comunes por la disposición interna del filamento y por otros requisitos de aislamiento y sistemas de montaje, relacionados con la carga de corriente que deben absorber.

Se trata de lámparas con muy potente emisión de luz, necesarias para la fotografía, rodajes cinematográficos, proyecciones, etc. En cuanto a las lámparas fluorescentes, tan de actualidad en nuestra época, poseen, en lugar de filamento, una gruesa espiral. Tampoco debe olvidarse las lámparas térmicas que, iguales en todo a las lámparas de uso común, son hoy usadas con enormes ventajas tanto en la industria como en la terapéutica.

ALGO MAS…

Por aquella época el problema consistía en encontrar una materia más fuerte y preservando mayor resistencia al paso de la corriente que el filamento de carbón. Se veía de modo claro era necesario buscar un metal, y todos los que se ocupaban de estos trabajos comenzaron a estudiar metales raros, con la misma tenacidad que lo habrían hecho antes al ensayar las tierras de esta clase. Un investigador llamado Auer fue el primero que fabricó la lámpara de osmio, puesta a la venta en 1904.

El osmio es un metal que se encuentra entre los minerales de platino, y cuando se quema al aire se combina con el oxígeno, produciendo un vapor cáustico, peligroso. En el vacío del globo de cristal de la lámpara eléctrica no hay oxígeno que pueda actuar sobre él, y el filamento construido con este metal hizo bajar el coste de la luz a muy cerca de la mitad.

Pero—tales son las vicisitudes en las invenciones modernas—-un año después se presentó en el mercado otra nueva lámpara eléctrica con filamento de tántalo. Inventada por Werner von Bolton, esta lámpara daba un quinto más de intensidad que su rival, pero poco después, en 1905, se descubrió otro filamento de metal raro aún más eficaz.

Entre los escombros de algunas minas, había una substancia muy pesada, de color gris acerado, a la que no se encontraba ninguna aplicación. Los suecos la dieron el nombre de «tungsteno», que significa «piedra pesada».  Ahora bien: este material que, aparentemente, no tenía utilidad alguna, es hoy uno de los metales más importantes y necesarios.

 Unido con el acero, forma el empleado en las máquinas-herramientas para preparar los titiles con el corte resistente preciso para los mecanismos que marchan a gran velocidad—tornos, taladros, perforadoras, acepilladoras y tantos otros, y que han revolucionado la industria metalúrgica. Ahora el tungsteno está camino de ser el principal manantial de luz. en el mundo. Al principio, ha habido una gran lucha entre la lámpara de tungsteno y la de tántalo. Este metal pasaba por ser uno de los más duros de los conocidos, y en sus primeros ensayos, von Bolton encontró imposible taladrar una chapa de tántalo de 1,016 milímetros. Pero refinando el metal en el arco eléctrico, y reduciendo algo su dureza, fue posible estirarle hasta conseguir alambres muy finos, y laminarle para formar hojas de pequeñísimo espesor.

Por este medio, von Bolton pudo obtener un alambre estirado para servir de filamento. La lámpara de tántalo no sólo daba Un rendimiento algo mayor del doble comparada con la de carbón, sino que también, lo que era importantísimo en la práctica, su duración era mucho mayor. Como, por otro lado, se acababan de descubrir ricas minas de tántalo en Australia, la nueva lámpara prometía ser tan económica como la ordinaria.

El tungsteno produce aún mejor luz que el tántalo, y, además, su rendimiento es una mitad mayor. La unidad de energía eléctrica produce una vez y media más intensidad con el tungsteno que con el tántalo, pero se presentaba la dificultad de que el nuevo metal era tan excesivamente duro, que no se podía estirar para convertirlo en alambre, por los medios usuales. Si se disolvía y obtenía el filamento por precipitación, era éste tan quebradizo, que la lámpara resultaba muy frágil y no se podía transportar a grandes distancias, y aun colocada en las casas, duraba muy poco. Pero, al fin, el tungsteno pudo estirarse, y con él se fabrican lámparas muy resistentes, dando clara e intensa iluminación. Produce una luz blanquísima, y es tres veces más económica que la lámpara ordinaria. Gracias a ella, el alumbrado eléctrico ha llegado al mayor grado de perfección.

Ahora lo que se precisa es encontrar metal abundante y mejorar los métodos de fabricación, para poder vender la lámpara que aparece en el mercado a un precio menor. Por de pronto, se ha encontrado tungsteno en grandes cantidades en muchas partes del mundo.

CRONOLOGÍA HISTÓRICA

l802 — El británico Humphry Davy hace la primera demostración de iluminación poniendo incandescente un hilo de platino sometido al paso de una corriente eléctrica.

1807 — Davis hace una nueva demostración; esta vez del arco eléctrico entre dos electrodos de carbono.

1835 — El escocés James Bowman Lindsay fabrica el primer bulbo de luz experimental.

1841 — Primera demostración de luz eléctrica en la Plaza de la Concordia de París con el sistema de arco eléctrico.

1854 — El inventor alemán Heinrich Goebel desarrolla el primer bulbo de luz moderno, en una ampolla con un filamento de bambú carbonizado en la que se ha hecho el vacío. Pero no patenta el invento y los americanos se apuntan el tanto. Goebel denunció a Edison, pero el juez le dio la razón al americano.

1860 — El británico Joseph Swan patenta el primer bulbo incandescente, es decir, la primera bombilla experimental.

1879 — En enero, Joseph Swan muestra al mundo la primera bombilla de hilo incandescente. En octubre, Edison hace lo mismo.

1901 — La empresa inglesa Cooper Hewitt Cop. produce la primera lámpara de vapor de mercurio.

1910 — El francés George Claude fabrica el primer tubo de neón.

1933 — El americano George Elmer fabrica el primer tubo fluorescente de la historia.

Obra Maestra del cine: Ciudadano Kane Orson Welles

Obra Maestra del cine: Ciudadano Kane Orson Welles

Obra Maestra del cine: Ciudadano Kane Orson WellesEl niño prodigio de la radio y de la escena, Orson Welles, todavía era un novato del cine cuando la RKO lo introdujo en Hollywood con un contrato que le garantizaba plena libertad artística.

Encantado con los recursos de un gran estudio («es el tren eléctrico más grande que puede tener un muchacho», dijo), el director de 25 años pronto rompió las reglas no escritas del cine comercial.

Cuando se estrenó El Ciudadano en 1941, la crítica quedó deslumbrada por su estructura narrativa fracturada, los espectaculares saltos en el tiempo entre las escenas, los ángulos altos y bajos de la cámara, las tomas de acción en primer plano, medio plano y panorámico, y la banda sonora de Bernard Herrmann, que complementaba y comentaba la acción.

The New York Times comentó entusiasmado que «podría ser la mejor película de Hollywood. El novelista John O’llara, que escribía en Newsweek, escribió que era la mejor película que había visto en su vida.

Pero si el estilo de Welles fue la gloría de El Ciudadano, el antihéroe de la película constituyó su desgracia. La película, coescrita por Welles y Herman J. Mankiewicz, explica el ascenso y caída del magnate ficticio del periodismo Charles Foster Kane, inspirado en el empresario de los medios de comunicación William Randolph Hearst (interpretado por Welles).

La trama gira en torno a los intentos de un periodista por encontrar el significado de la última palabra pronunciada por Kane antes de morir: «Rosebud». (Los periodistas la vieron pero el público no pudo apreciar la escena en la que se revela que Rosebud era un trineo de la infancia de Kane). Cuando los hombres de Hearst se enteraron, amenazaron a Hollywood con revelar los escándalos del mundo del cine. Louis B. Mayer, director de la MGM, se ofreció a comprar la película a la RKO y destruirla; la mayoría de los circuitos de salas cinematográficas se negaron a exhibirla. Pero la RKO se mantuvo firme.

El Ciudadano perdió dinero (al menos al principio), pero está reconocida mundialmente como una obra maestra y como la película estadounidense más influyente desde El nacimiento de una nación. El director francés François Truffaut dijo de ella: «Esta película es la que ha inspirado más vocaciones cinematográficas en todo el mundo».

 

 

 

 

 

 

 

 

Ver Para Ampliar Este Tema: Historia de los Medios de Comunicación

Fuente Consultada: El Gran Libro del Siglo 20 (Clarín)

Principales Inventos en los Inicios del Siglo XX Avances de la Ciencia

Principales Inventos en los Inicios del Siglo XX

LOS INVENTOS DEL SIGLO XX: Introducción: En toda referencia a la historia de la ciencia y la tecnología, es preciso distinguir entre la fecha de una invención o un descubrimiento y el momento en que comienza a hacerse sentir su impacto social. A veces el intervalo es muy breve, pero en otras ocasiones puede medirse en años o incluso en décadas.

Por otra parte, las consecuencias se pueden sentir más rápidamente en algunos sitios que en otros y es posible que nunca lleguen a los parajes más remotos. Los primeros años del siglo XX, hasta la Primera Guerra Mundial, ofrecen ejemplos de todas las posibilidades.

Un caso de reacción rápida es la historia de los rayos X, después de ser descubiertos por Wilhelm Roentgen en 1895. En el plazo de un año comenzó su utilización práctica en medicina y, en 1901, Roentgen estuvo entre los agraciados con los primeros premios Nobel.

El cine se desarrolló en cambio más lentamente. La primera proyección pública de una película tuvo lugar en París en 1895. El famoso Nickelodeon de Pittsburgh abrió sus puertas al público diez años más tarde y cuando estalló la conflagración había 3.500 salas de cine solamente en Gran Bretaña. En veinte años, una nueva forma de entretenimiento masivo se había establecido firmemente.

La revolución del transporte (quizás el fenómeno de mayor relevancia social del siglo) avanzó con un ritmo cambiante. En 1900, la mayor parte del transporte por carretera dependía del caballo. Pero en 1908 Henry Ford produjo el primero de los 15 millones de automóviles «modelo T» que convertirían la conducción de vehículos motorizados en una actividad popular.

Esto sucedía sin embargo en Estados Unidos; en Europa, el público en general sólo accedió al coche privado a partir de los años 20. También en el aire la historia fue diferente.

Si bien el primer aeroplano voló en 1903, para 1914 no había probablemente más de 5.000 en todo el mundo. Durante la guerra se construyeron alrededor de 200.000 aviones militares, pero la aviación civil no tendría mayor trascendencia hasta bien entrados los años 30.

Tecnología espacial, aérea y marítima
Whittle patentó el motor a reacción en 1930 y von Ohain construyó el primer aeroplano que utilizaba este motor nueve años más tarde. En 1939, Sikorsky diseñó el moderno helicóptero. Pero si tardaron nueve años en construir el primer avión a reacción desde el invento del motor, sólo treinta años separan el Heinkel He 178 del vuelo del avión de pasajeros supersónico Concorde.

Los submarinos y navíos de propulsión nuclear debieron esperar a la década de los cincuenta, pero la avanzada tecnología de cohetes de Oberth y Von Braun en la Alemania de los primeros años cuarenta debía mucho a los lanzamientos pioneros de Goddard en Estados Unidos durante las dos décadas precedentes.

Todos ellos reconocían su deuda con la propuesta realizada por el ruso Tsiolkovsky en 1903 sobre el uso de cohetes de varias fases para su uso en el espacio. A partir de 1960, Von Braun y otros científicos americanos y rusos protagonizaron una rápida invasión del espacio y consiguieron viajar a la Luna, en un camino cuyos principales hitos son el satélite Sputnik, los cohetes Saturno, las naves espaciales Apolo, los transbordadores espaciales Columbia, las estaciones espaciales Mir y Salyut y, ya en los años noventa, la construcción de una estación espacial internacional.

Sintéticos y sustitutos
La primera parte del siglo XX revolucionó la tecnología de los productos sintéticos, con productos importantes que evolucionaban a un ritmo de diez años. El plástico de Baekeland (1909) fue seguido por el celofán en la segunda década del siglo; por la goma sintética en la tercera; por el pérspex, el polietileno, el teflón y el nilón en la cuarta; y por la producción comercial de PVC en los años de la n Guerra Mundial. Todos estos materiales iban a transformar los productos de uso diario en el hogar y en el trabajo, en los países ricos así como en los más pobres.

Tecnología de las ondas de luz y de radio
El desarrollo del radar con fines militares y de defensa aérea a mitad de la década de los treinta, gracias al trabajo de Watson-Watt entre otros, no sólo tuvo un papel importante en el resultado de la n Guerra Mundial sino que también condujo a múltiples aplicaciones para tiempos de paz en tierra, mar y aire, y a tecnologías derivadas. La invención del rayo láser, realizada por Maiman en 1960 tuvo implicaciones para la ciencia y la industria, como por ejemplo en taladrar y trabajar el metal, y abrió una nueva dimensión para la medicina y la cirugía.

Computadoras
Turing, Eckert y Mauchly crearon los fundamentos de la moderna tecnología de la información en la década de los cuarenta, junto con el desarrollo de componentes esenciales como el circuito integrado de Eisler y el transistor, inventado por Shockley y sus colegas. El chip de silicio, inventado a finales de los cincuenta por Noyce y Kilby, y el micropocesador (computadora en un chip) de Hoff de diez años más tarde iniciaron la miniaturización que estimuló el explosivo crecimiento de las computadoras personales y sus sistemas desde principios de los setenta hasta el presente. En este extraordinario viaje de progreso técnico, muchas computadoras personales ordinarias tienen mayor capacidad que las usadas por la NASA hace tan sólo treinta años.

Comunicaciones electrónicas
En la década de los veinte, John Logie Baird, Zworykin y Farnsworth compartieron los méritos de ser los inventores de la televisión y la transmisión de imágenes electrónicas que tanto ha influenciado al mundo desde el advenimiento de la televisión de masas en los años cincuenta. La pantalla visual unió la televisión y la primera generación de computadoras personales de los años setenta. Internet ha facilitado a la computadora el acceso a textos, sonidos e imágenes procedentes de una multitud de fuentes con una velocidad de desarrollo y respuesta que la mayoría de personas, hace treinta años, no hubieran creído que verían en su vida.

En 1991, el lenguaje y los vínculos de hipertexto de Tim Berners-Lee se convirtieron en el patrón estándar de comunicaciones electrónicas y recibieron el nombre de World Wide Web, dando al hasta entonces no cartografiado «ciberespacio» una dirección, caminos y mapas para «los aullantes espacios baldíos de internet».

La influencia de este diseño de red, y en general de otras mejoras en la tecnología de la información, puede apreciarse en el número de usuarios de Internet y su tasa de crecimiento. En 1969 había dos usuarios; 100 en 1977, cuando Al Gore introdujo el concepto de «autopista de la información»; 1.000 en 1984; más de dos millones en 1991, cuando se lanzó la World Wide Web; más de 60 millones en 1996 y más de 250 millones al principio del año 2000.

Embriología e ingeniería genética
El estímulo provocado por el descubrimiento del ADN, el patrón químico de instrucciones que controla el funcionamiento de los organismos, generó una revolución en la genética, la medicina, así como en las vidas y esperanzas de las gentes. Las pastillas de control de natalidad, desarrolladas en los años cincuenta por el trabajo de Pincus, Chang y otros, quitaron mucha ansiedad a innumerables familias y parejas, pero también propició una libertad sexual que sólo se ha visto frenada por el sida, por lo menos en algunas sociedades occidentales.

En Gran Bretaña, en 1978 nació la primera niña probeta y menos de veinte años después Wilmut y su equipo clonaron a Dolly, una oveja producida a partir de un embrión de una sola célula de otra oveja adulta. Con posterioridad, Dolly dio a luz naturalmente: un suceso que puede tener un efecto inmenso en las futuras perspectivas de nacimiento y vida de todos los animales.

Diagnósticos médicos y técnicas quirúrgicas
Exactamente a mitad del siglo se realizó el primer transplante de riñón con éxito y, en las décadas siguientes, y especialmente a partir de los transplantes de corazón en seres humanos iniciados por Barnard en Sudáfrica a finales de los años sesenta, las nuevas técnicas de cirugía avanzaron enormemente. La tecnología médica experimentó a lo largo del siglo XX unos progresos consistentes, de forma que en la actualidad se están desarrollando marcapasos para el cerebro que podrían tratar enfermedades como la de Parkinson, mientras que en otros muchos países han aparecido inventos de importancia.

Einthoven, en los Países Bajos, ya había diseñado a principios de siglo un electrocardiógrafo efectivo y, en ese mismo país, Kolff construyó, en los años cuarenta, un riñón artificial. Senning, en Suecia, implantó el primer marcapasos en 1958. En Estados Unidos, Drinker desarrolló el pulmón de acero a finales de los veinte y Gibbon, en los cincuenta, realizó cirugía a corazón abierto utilizando una máquina que realizaba las funciones de corazón y los pulmones. Entre 1950 y 1970, la Gran Bretaña aportó contribuciones a los sistemas médicos de escaneado. Inspirándose en la tecnología de las ondas sonoras, como los sistemas de sonar de los submarinos para detectar otros navíos, la de la computación y los rayos X, Hounsfield, Donald y otros desarrollaron los escanersde ultrasonidos para obtener y ensamblar imágenes del interior del organismo humano.

Muchos de estos inventos se han realizado mediante la contribución de equipos enteros de investigadores, por lo que la fecha de muchos de ellos no hace sino cristalizar de forma demasiado simple períodos de investigación más extensos; además de que las fechas de los inventos pueden citarse de varias formas y ser por ejemplo la fecha de la primera inspiración, la fecha en que se inscribió la patente o la fecha en la que un invento se desveló a los ojos del mundo. En particular, las constantes mejoras de los años ochenta y noventa son demasiado numerosas para aislar fechas singulares.

Los méritos que presentan estos inventores, y muchos otros, han dejado una marca indeleble en la vida del siglo XX y en la de este siglo cuyas puertas acabarnos de atravesar. Pero el comentario de Baylis que hemos citado antes sobre los «productos que funcionan en el mercado» debe ser un recordatorio de que tener éxito con un invento significa satisfacer las necesidades humanas, sociales y económicas, y al mismo tiempo, generar beneficios financieros.

Fuente Consultada:
Historia de los Inventos Desde la Antigüedad Hasta Nuestro Tiempo HFullmann
Inventos de un Siglo Que Cambiaron el Mundo Stephen Van Dulken

Ver: Nanotecnología

Primer Sistema Internacional de Comunicacion Visa Satelite Historia

Primer Sistema Internacional de Comunicación

EL INTELSAT: UN SISTEMA MUNDIAL DE COMUNICACIONES: La ficción, como en tantas otras ocasiones, ha sido finalmente superada por la realidad. Así, los sueños de unos pocos visionarios dejaron de ser tales para convertirse en un hecho tangible, en el que el hombre ha demostrado, una vez más, su creciente capacidad en el dominio de la ciencia y la técnica.

La transmisión «en vivo y en directo» de acontecimientos que se desarrollan en lejanas tierras, reflejados en la pantalla del televisor: o las fotografías «vía satélite», llegadas a las redacciones de los diarios poco después de tomadas, constituyen apenas dos ejemplos muy conocidos sobre la amplia capacidad de servicios del sistema interconectado de comunicaciones en base a satélites. Asimismo, en materia telefónica, las llamadas y conexión entre abonados de países distantes ha ganado en claridad, rapidez y seguridad.

Este sistema mundial de comunicaciones se sirve de un conjunto de satélites artificiales geoestacionarios que, al mismo tiempo, están ligados con ciento cincuenta estaciones terrestres distribuidas por todo el planeta, las que sirven de nexo con las redes loca/es de comunicación. La Organización Internacional de Telecomunicaciones por Satélite -INTELSAT- es el nombre completo del organismo reconocido comúnmente bajo su abreviatura en sigla.

Este proyecto agrupo a mas de cien países y sus servicios se extendieron no solamente a éstos sino, también, a muchos otros que sin integrar el sistema usufructúan de sus posibilidades. De esta manera, el área de cobertura logró alcanzar, prácticamente, al mundo entero.

El año de 1964 señala la fecha de estructuración de este circuito internacional. Apenas treinta años antes sólo era un proyecto irrealizable materialmente, pero sí factible en la visión futurista de la ciencia ficción. En 1945, el hoy muy conocido escritor de este género Arthur Clarke, a la sazón ingeniero en la Oficina Postal británica, proponía por vez primera la creación de un sistema de comunicaciones de enlace mundial vía satélite.

INTELSAT ha reunido una gran parte de las conquistas científicas y tecnológicas del siglo pasado, en particular las provenientes del campo de la cohetería y los artefactos orbitales lanzados por el hombre al espacio.

Los desarrollos en la electrónica, la conversión de energía solar en electricidad, la televisión en blanco y negro y en color, la telemetría y radiocontrol, los avances en el campo de las telecomunicaciones y sistemas de computación también figuran entre los principales aportes que posibilitaron la creación de esta maravilla del presente representada por el INTELSAT.

En 1965 se produce la puesta en órbita del primer satélite del sistema, el Intelsat I, el que contribuye a las comunicaciones entre Europa y EE.UU.

El artefacto orbital, de sólo 38 Kg., se conectaba con cinco estaciones terrestres -en EE.UU., Francia, Inglaterra, Alemania e Italia-; el sistema permitía el enlace entre la estación norteamericana y una europea por vez, y -su capacidad de comunicaciones era de setenta y cinco líneas telefónicas de doble vía.

En 1977, doce años después de las realizaciones pioneras, ocho satélites en dos modelos -Intelsat IV y IV-A-operan en combinación con 150 estaciones en la Tierra y cubren así las dos terceras partes de la totalidad de las comunicaciones transoceánicas.

La capacidad global del sistema comprende 7.700 líneas telefónicas de doble vía y varios miles de circuitos para televisión y transmisión de datos. Cuatro de los satélites, uno del tipo IV-A y tres del modelo IV, están en funcionamiento, en tanto que los restantes figuran como reserva disponible a entrar en funciones en caso de fallas que pudieran ocurrir en los primeros, y que determinase la salida de servicio de e/los, aun cuando un hecho de esta naturaleza es sumamente improbable.

Cada aparato contiene, en lo referente a dispositivos electrónicos, circuitos de reserva para salvar eventuales desperfectos de esta índole. La confiabilidad y seguridad del sistema INTELSAT son tales que, al año, en conjunto sólo permanece- fuera de operación el 0,1 % del total de su tiempo de servicio. En cifras aproximadas, en un año (8.760 horas) sólo se encuentra inactivo durante apenas 8 horas 45 minutos, con lo qué la prestación de servicios alcanza al 99,99 %, cifra realmente inusual.

Todos los satélites del sistema son geoestacionarios, es decir que su período orbital coincide con el de rotación de la Tierra, por lo que aparecen como fijos -orbitando sobre el ecuador- por encima de un determinado punto geográfico. La distancia entre los aparatos espaciales y nuestro planeta, determinada por la característica indicada precedentemente, alcanza los 35.800 kilómetros.

Bibliografía:  Historia – El Mundo Contemporáneo – Pigna – Mora – Bulacio y Cao