Hipócrates

Biografia de Galvani Luis Experimentos Cientificos Vida y Obra

Biografía de Galvani Luis
Experimentos Científicos – Vida y Obra

Nacido en Italia, Galvani se formó como médico en la universidad de Bolonia, pero es más conocido por sus teorías sobre la electricidad animal y por su descubrimiento accidental de que la electricidad podía hacer que se moviera la pata de una rana muerta (fenómeno que inspiró el Frankenstein de Mary Shelley). En 1762 fue nombrado profesor de anatomía de la universidad de Bolonia y, en 1772, rector de la misma.

Por lo general, los científicos más conocidos son aquellos que descubren leyes naturales de cierta importancia, tales como Newton, Darwin, Einstein, etc. La misma consideración, sin embargo, hemos de prestar a aquellos otros investigadores —tales como Luis Galvani— dedicados a acumular hechos experimentales, sobre los cuales ha de basarse toda conclusión de tipo general, con alguna significación en el progreso de la ciencia.

Galvani y la electricidad

Galvani dedicó su vida a la experimentación. Fue un investigador extremadamente cuidadoso, a la par que un agudo observador. Es probable, sin embargo, que hoy día resultara completamente desconocido, si en el curso de sus investigaciones no hubiera realizado una observación que abriría el camino a un mejor entendimiento de la electricidad y a su utilización como fuente de energía. Galvani nació en Bolonia, en el norte de Italia, en 1737.

Comenzó estudiando la carrera de teología, para abandonarla al cabo de cierto tiempo y dedicarse a la medicina. Permaneció toda su vida en Bolonia, primero practicando la medicina y más adelante dando clases en la Universidad.

En 1775 fue nombrado catedrático de anatomía. Sus primeras investigaciones estaban dirigidas al estudio de diferencias estructurales de los animales. En 1780, a la edad de 43 años, inició una serie de experimentos para estudiar los efectos de la electricidad sobre los músculos; estos experimentos se prolongaron durante más de once años, y los efectuó en animales, generalmente en patas de rana.

En el curso de sus cuidadosas investigaciones, Galvani previo unos cuantos fenómenos eléctricos de gran importancia, tales como ondas eléctricas, inducción magnética, oscilaciones eléctricas, etc. Sin embargo, nunca profundizó en el estudio de estos fenómenos, cuya total explicación habría de venir mucho después.

UNA  NUEVA FUENTE  DE ELECTRICIDAD
Como fuente de energía eléctrica Galvani utilizaba las simples máquinas electrostáticas existentes en su tiempo, aparatos muy primitivos que se cargaban por fricción. En otras ocasiones empleó las perturbaciones eléctricas producidas por las tormentas, por lo que tenía que realizar sus experimentos al aire libre, en plena tempestad. Cada relámpago producía una contracción en la pata de la rana.

Para conducir la corriente eléctrica, Galvani utilizaba grandes objetos metálicos. Por ejemplo, solía colocar el músculo de la pata de la rana haciendo contacto con una verja metálica, mientras que unía el nervio a un anzuelo de bronce.

En 1786 Galvani observó un fenómeno que habría de reportarle su fama futura: notó que si utilizaba como conductores dos metales distintos, se producía la contracción del músculo aun cuando el cielo estuviese despejado. En este sentido, Galvani llevó a cabo una serie de experimentos adicionales, pudiendo confirmar que la intensidad de la contracción dependía de la naturaleza de los metales que utilizaba.

Con esta observación quedaban sentadas las bases para el desarrollo de una nueva fuente de electricidad, distinta por completo de las máquinas de fricción y de los relámpagos. Desgraciadamente, Galvani nunca tuvo conciencia de la importancia de su descubrimiento, ya que pensaba que la electricidad provenía del propio animal.

La explicación del fenómeno iba a ser establecida, años después, por un compatriota suyo, Alejandro Volta, quien demostró que la corriente eléctrica producida se originaba al poner en contacto  dos  metales  distintos.

SOBRE SU VIDA: También Galvani, al igual que muchos otros que luego se convirtieron en famosos estudiosos, en su adolescencia había iniciado la carrera sacerdotal; pero prevaleció su afición por las ciencias naturales y se alejó del seminario. Se dedicó a la medicina y, en particular, a las investigaciones anatómicas; obtuvo su graduación a los 22 años, y a los 25 había sido nombrado ya profesor de anatomía en la célebre Universidad ele Bolonia.

Durante los años de desempeño de su profesión demos: verdadera pasión por el trabajo y por la ciencia, así como prudencia, seriedad y responsabilidad en el control de los resultados de sus investigaciones antes de darlas a publicidad.

Sus primeras observaciones sobre las contracciones musculares de las ranas debidas a la acción de estímulos el eléctricos llevan, en sus cuadernos de apuntes, la fecha del 6 de noviembre de 1780; pero no las hizo públicas hasta 1791.

Un día Galvani, en compañía de algunos alumnos, realizaba experimentos en su laboratorio relativos a los nervios de las ranas. Durante el trabajo una rana descuartizada sobre una mesa, en donde se hallaba también un aparato de electricidad. Uno de los alumnos estaba hurgando con un bisturí de hierro entre los nervios de la rana cuando percibió que el animal, no obstante estar muerto, se movía con enérgicas contracciones.

El interés de Galvani ante el singular fenómeno lo llevó a abandonar toda otra investigación para dedicarse, con febril curiosidad, al análisis de este suceso. La prueba, llevada a cabo repetidas veces, proporcionó siempre el mismo resultado. Se estableció, sin lugar a dudas, que para provocar las contracciones era indispensable tocar el nervio con un cuerpo conductor. Se podía ejercer, incluso, sin la máquina eléctrica: bastaba con tocar los nervios y los músculos con las dos puntas de un compás construido con dos metales distintos para producir las mismas contracciones.

Galvani se convenció de que el cuerpo de la rana (lo mismo, por supuesto, que el de cualquier otro animal) debía contener una carga eléctrica, y llamó a esta fuerza «electricidad animal».

Durante años y años continuó con sus investigaciones, hasta que se decidió a publicar sus conclusiones en un libro intitulado «Sobre las fuerzas de la electricidad en los movimientos musculares».

El libro suscitó mucho interés en cuantos se ocupaban de este tipo de fenómenos y, sobre todo, en su colega Alejandro Volta, profesor de la Universidad de Pavía, quien dejó consignado en sus escritos el entusiasmo con que había acogido el suceso: «Desde hace unos ocho o diez días me hallo consagrado al estudio de la electricidad animal, de acuerdo con las revelaciones que pone de manifiesto el estupendo descubrimiento del señor Galvani».

Pero, mientras repetía él mismo la experiencia, una duda comenzó a preocuparle. Notó que, para la verificación del fenómeno, se requería la presencia de dos metales distintos. Se inclinó, entonces, a pensar que el cuerpo de la rana, en el fenómeno, tenía sólo la función de reaccionar ante la pequeña descarga eléctrica producida por el compás bimetálico.

También Volta expuso su opinión en diversas publicaciones, y nació así entre los dos una polémica que se hizo famosa en la crónica de las ciencias. Por momentos merecía prevalecer la tesis de Galvani, y poco después aparecían como justas las aserciones de Volta. La prueba definitiva de la exactitud de su posición sólo Volta la logró en 1799 cuando, con su pila eléctrica, demostró que metales diversos en contacto con un ácido producen energía eléctrica.

Galvani había sufrido en aquellos años muchas graves amarguras. En 1797 se había proclamado la República Cisalpina, y él, debido a sus íntimas convicciones religiosas, se negó a prestar juramento a un Estado cuyos principios se manifestaban contrarios a los suyos. Esta negativa le costó la pérdida de la cátedra de anatomía que durante tanto tiempo dictara en la Universidad de Bolonia. Se vio obligado a refugiarse en casa de un hermano y vivió en la pobreza sus últimos años.

Las autoridades rectificaron su anterior decisión y dispusieron que Galvani fuera repuesto en sus funciones docentes. Pero la muerte de éste se produjo el 4 de diciembre de 1798, antes de que la feliz nueva pudiera serle comunicada.

La Higiene en la Alimentacion El Cuidado de la Salud Personal

La Higiene en la Alimentación
El Cuidado de la Salud Personal

la higiene en el pasado

Imagen de 1870 cuando anciana en Venecia despioja a una joven que vivían a sus anchas en ropas y cabellos.

  Las Pestes en la Historia
  La Medicina en Grecia y Roma
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  Malas Noticias en el Mundo

LA HIGIENE DE LA ALIMENTACIÓN.
Toda persona en condiciones normales suele orientarse por sí misma, sea por el apetito, sea por la costumbre, hacia una dieta conveniente para su salud. De todos modos, hoy se cometen en el campo de la alimentación muchos abusos, los cuales pueden desembocar en diversos trastornos del organismo.

La nutrición de un hombre normal será suficiente si toma al día un litro de leche, una ensalada y dos platos complementarios de verduras tiernas, un plato de carne y dos huevos, a lo cual puede añadirse pan, mantequilla y fruta.

La dieta vegetariana pura contiene únicamente verduras y frutas, y si no se le adicionan otros alimentos, prácticamente no puede proporcionar una nutrición suficiente, puesto que el intestino humano no está acondicionado para contener la cantidad de alimentos que serían necesarios para un régimen a base de verduras solamente. La dieta lactoovo-vegetariana, constituida por leche, huevos y verduras, es más normal y con ella no se sobrecarga el tubo digestivo y, en cambio, se proporcionan al organismo suficientes calorías.

Es importante mantenerse en un término medio, pues la ingestión de carne no envilece, como creen algunas personas, sino que constituye un medio normal de adquirir proteínas y otras sustancias de tipo vitamínico, pero no debe abusarse de comidas muy sobrecargagas de proteínas y grasas, defecto muy extendido entre las clases sociales pudientes, pues ello ocasiona no pocos trastornos, como la arteriesclerosis, la obesidad, lesiones cardíacas, etc. La alimentación será, pues, sencilla, proporcionada, con suficiente, pero no excesiva, cantidad de proteínas y con un claro predominio de alimentos frescos y naturales (frutas, verduras, etc.).

La leche de vaca posee la mayoría de los elementos nutritivos necesarios: proteínas, azúcar, grasas, sales minerales, etc. La calidad de proteínas que contiene es parecida a la de las carnes y muy superior a la de las gramíneas y verduras. El azúcar de la leche se denomina lactosa e interviene activamente en el proceso de la agnación de la leche, pues fermenta y da lugar a ácido láctico.

La grasa de la leche contiene gran cantidad de vitamina A. Entre sus sales, la más abundante es el calcio. También es rica en vitaminas B, E y D. La leche es el alimento más fácilmente digerible, puesto que se aprovecha con suma facilidad todo su contenido. Entre los productos lácteos destacan por su gran poder alimenticio la mantequilla y el queso.

La carne es muy rica en proteínas, mientras que su contenido en grasa varía según su naturaleza. Posee escasas vitaminas, aunque el valor alimenticio de algunos productos animales (hígado, por ejemplo) es bastante elevado. El inconveniente que presenta la ingestión de carnes son sus residuos, ya que a veces cuestan de eliminar y predisponen para diversas enfermedades. En la dieta normal no debe incluirse un plato de carne y pescado en la misma comida.

El pescado no difiere en cuanto a su valor nutritivo de las carnes en general, pero se ha de prestar gran atención a su conservación, pues se deteriora con facilidad.

Los huevos poseen gran valor nutritivo. Sus proteínas son de excepcional calidad y su grasa se asimila por el organismo con suma facilidad. Contienen vitaminas en cantidad apreciable y diversos minerales (calcio, fósforo, hierro). Después de la leche, el huevo es el mejor alimento para un organismo en crecimiento.

El trigo contiene almidón, proteínas, vitaminas y minerales en abundancia. La harina corriente obtenida a partir del mismo, a pesar de habérsele separado gran parte del salvado, retiene muchas de sus sustancias nutritivas. El centeno es parecido en su composición al trigo, pero el pan que se obtiene con él, resulta más oscuro. La cebada suele utilizarse para ser añadida a la sopa, papillas, etc.

El maíz se emplea sobre todo en la nutrición del ganado, pero también constituye un buen alimento para el hombre. Contiene más grasa que otros granos. La avena posee también mucha grasa y se emplea, principalmente, para los desayunos. Es laxante. El arroz es el alimento básico de diversos pueblos orientales.

El contenido en azúcares de las gramíneas es casi constante. Sus proteínas no son de gran calidad y suelen carecer de algún que otro elemento imprescindible para la dieta del hombre.

Entre los azúcares, el que corrientemente se consume es la sacarosa, que se desdobla en el organismo en dos partes: glucosa y levulosa. La primera es la que se asimila. Hay muchas sustancias alimenticias que contienen gran cantidad de azúcar: jarabes, miel, frutas en conserva, mermeladas, compota, jaleas, confituras, etc.

El azúcar se asimila con facilidad y ofrece al organismo los hidratos de carbono en forma pura, produce una rápida recuperación de energías y es conocido el hecho de que muchos individuos sometidos a intensas pruebas físicas (deportistas, etc.) resisten mejor si toman azúcar durante las mismas. Otra gran ventaja de este alimento es la sensación de saciedad que proporciona.

Es útil que las personas sometidas a dietas de adelgazamiento o escasas por cualquier otra razón, tomen siempre un postre azucarado, ya que con ello queda satisfecho su apetito. No hay que abusar, por otra parte, de este alimento, puesto que, ingerido en gran cantidad, puede producir una irritación del tubo digestivo, así como coadyuvar a la obesidad.

Las verduras son muy útiles por su gran contenido en vitaminas, minerales (hierro), pero carecen casi por completo de valor calórico, Sirven, además, para regularizar el régimen intestinal, pues la gran cantidad de residuos (sobre todo celulosa), favorece la marcha de las deposiciones. Su cocción destruye muchas de sus vitaminas.

Las Guerras Médicas Causas y Desarrollo Cronologia

Causas de las Guerras Médicas – Grecia Contra los Persas

Este enfrentamiento entre el poderoso imperio persa y las polis griegas encabezadas por Atenas y Esparta señala el comienzo del periodo clásico en Grecia.

Los griegos designaron a los persas con el nombre demedos, término que, en pluridad, correspondía a un pueblo emparentado con ellos y que formaba parte de su imperio

Aunque generalmente se habla de las guerras médicas con referencia a los dos intentos de invasión de la Grecia continental por los persas (490-478 a.C.), el conflicto entre ambos pueblos fue más prolongado, y las tensiones continuaron hasta la conquista del imperio persa por Alejandro Magno, en 330 a. C.

Introducción y Causas:

Al llegar al siglo V a.C., en el mundo antiguo sobresalían el inmenso imperio persa, gobernado por Darío, y las repúblicas griegas, independientes entre sí, que prosperaban materialmente y habían alcanzado un notable desarrollo cultural.

Entre ambos se encontraban las colonias griegas emplazadas en el Asia Menor que se empeñaban en conservar su tradición helena, aunque sometidas a la dominación persa que las ahogaba en sus posibilidades de desarrollo y les impedía el normal abastecimiento de trigo desde el mar Negro.

Fue en estas circunstancias que, en el año 499 a.C., la colonia griega de Mileto, situada en la Jonia, se rebeló contra los persas y con la ayuda de Atenas emprendió la lucha contra Sardes, sede de la satrapía más próxima, que fue saqueada e incendiada.

El rey Darío juró vengar esta afrenta y para no olvidar su juramento ordenó a uno de sus esclavos que todos los días le repitiera tres veces que debía acordarse de los atenienses.

En poco tiempo los persas recuperaron la iniciativa y vencieron a los jonios —que habían quedado solos— en Efeso y luego destruyeron sus naves en las proximidades de la isla de Lade.

De esta manera Mileto, que fue arrasada, quedó nuevamente sometida y todas las colonias griegas del Asia Menor prometieron acatamiento a los persas.

Seguidamente, Darío envió emisarios a todas las ciudades de la Helade, para exigirles la sumisión, como represalia por la ayuda prestada por Atenas a la colonia sublevada. Todas, las ciudades griegas, con excepción de Esparta y Atenas, se sometieron ante el rey persa.

Tal actitud asumida por los espartanos y atenienses, significó el comienzo de las guerras médicas, así denominadas, porque los griegos llamaban medos a los persas.

La revuelta de Jonia

En 545 a. C. Ciro el Grande había extendido la soberanía persa sobre Asia Menor, incluyendo las polis griegas de la costa y las islas próximas (Jonia).

Éstas soportaban cada vez peor la pérdida de su autonomía, la imposición de gobiernos tiránicos y la competencia comercial de los fenicios, favorecidos por los persas. Por ello, en 499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el dominio de los persas aqueménidas.

Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes (498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria enviaron algunos barcos.

Mientras tanto, los persas recuperaron la iniciativa. Aprovechando la desunión entre los sublevados fueron imponiendo de nuevo su autoridad sobre ellos. La vic­toria naval de Lades (495) y la destrucción de Mileto, cuyos habitantes fueron deportados a Mesopotamia, señalaron el restablecimiento del poderío persa.

Los disturbios habían convencido al rey persa Darío de que para asegurar su dominio en Asia Menor debía controlar todo el Egeo, incluyendo las polis de Europa. La expedición dirigida por Mardonio, yerno de Darío, sometió Tracia y Macedonia (492), pero la destrucción de su flota junto al monte Athos le impidió avanzar más allá.

Maratón: En 490 una gran expedición con 50.000 hombres al mando de Datis y Artafernes salió de Cilicia para castigar a Atenas y Eretria por su participación en los sucesos de Jonia.

Les acompañaba Hipias, antiguo tirano ateniense, hijo de Pisístrato, que todavía contaba con partidarios en la ciudad, a pesar de la reciente instauración de la democracia por Clístenes (507). Tras someter las Cícladas y tomar Eretria, este ejército desembarcó en la llanura de Maratón, al nordeste de Atenas.

Las tropas atenienses, integradas por 10.000 hoplitas (infantería pesada) y algunos aliados de Platea, dirigido por Milcíades, decidió atacar y cargó inesperadamente contra los persas, rechazándolos hasta el mar(490).

El soldado Filípides, que había vuelto de Esparta justo a tiempo para la batalla, corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para dar la noticia de la victoria; el esfuerzo le costó la vida.

El rápido regreso de las tropas a Atenas impidió un nuevo desembarco del ejército persa, que se retira finalmente a Asia. Los espartanos llegaron demasiado tarde para servir de ayuda, y la gloria de Maratón correspondió por entero a la democracia ateniense.

La muerte de Milcíades (488) llevó al poder a Temístocles, que emprendió una importante reforma de la flota, aprovechando los ingresos extraídos de los nuevos filones de plata de las minas del Laurión (483).

La segunda guerra médica: Las revueltas en el imperio y la muerte de Darlo (486) impidieron a los persas. Gran parte de las polis griegas (con algunas excepciones importantes) se unieron para su defensa en la Liga Helénica, fundada en el congreso panhelénico del Istmo (481), a pesar de las recomendaciones de neutralidad o sumisión del oráculo de Delfos.

Esparta, la mayor potencia militar griega y líder de la Liga del Peloponeso, encabezaría sus fuerzas. realizar una nueva expedición de castigo. Pero en 484 el nuevo rey Jerjes, hijo de Darío, comenzó los preparativos de una gran campaña para invadir Grecia.

Las cifras proporcionadas por el historiador griego Herodoto son seguramente exageradas, pero es probable que la expedición contase al menos con 300.000 hombres y 600 navíos, además de una espectacular logística.

CRONOLOGÍA
546a.C.  Los persas conquistan el reino de Lidia y las ciudades y colonias griegas de Asia.
500 a.C. Las ciudades jonias se rebelan contra el dominio persa. Incendio de Sardes.
493 a. C. Darío I destruye la flota y el ejército de los rebeldes jonios. Mileto, que inició la revuelta, es saqueada.
492 a. C. El general persa Mardonio toma con su ejército Tracia y Macedonia.
490 a.C.  Primera guerra médica. Los persas conquistan las Cicladas occidentales y arrasan Eretria. Victoria ateniense en Maratón.
480 a. C.  Segunda guerra médica. Jerjes, sucesor de Darío I, invade Grecia. Fracasa el intento de detener a los persas en el paso de las Termpilas. Victoria naval griega en Salamina.
479 a. C.  Victoria de los hoplitas espartanos en Platea y de la flota ateniense en Micala (Jonia). Fin de la segunda guerra médica.
478 a.C.  Atenas funda, junto con muchas polis costeras e insulares del Egeo, la liga de Délos,
477 a.C. Pausanias, rey de Esparta y héroe en Micala, es destronado por su despotismo.
471 a.C. En Atenas, el gran estratega de Salamina, Temístocles, es condenado al destierro. Comienza su gobierno Cimón.
465 a. C. Atenas pasa a la ofensiva contra Persia. Vence en la doble batalla del Eurimedonte
448 a. C. Paz de Calías, ya en el período clásico. El Imperio persa reconoce la hegemonía ateniense en el Egeo.

En junio de 480 el inmenso ejército de Jerjes, con el Gran Rey al frente, cruzó los Dardanelos por un doble puente de barcas.

Avanzó fácilmente a través de Macedonia y Tesalia, y no se encontró con la primera línea de defensa griega hasta llegar al desfiladero de las Termópilas en tierra y el cabo Artemisión en el mar.

Los 7.000 hombres mandados por el rey espartano Leónidas rechazaron durante dos días al ejército persa, hasta que una traición permitió a éste cruzar por un paso secreto y rodearlos.

Ante la inevitable derrota, Leónidas envió a sus tropas al sur, permaneciendo él con 300 hoplitas espartanos y 700 hombres de Tespis y Tebas. Todos perecieron en defensa de la posición. Esta resistencia desesperada permitió a la flota griega, encabezada por los atenienses, replegarse ordenadamente y conservar sus efectivos.

El ejército de Jerjes avanzó entonces por Grecia central, con el apoyo de algunas polis. La nueva estrategia griega era plantear la defensa del istmo de Corinto, cerrando el paso al Peloponeso.

Atenas fue evacuada por sus habitantes y ocupa­da por los persas, que incendiaron la acrópolis como represalia por la destrucción de Sardes dieciocho años antes.

Pero Temístocles convenció al estado mayor griego para presentar batalla a la flota persa en la bahía de Salamina, cerca de Atenas.

Se sirvió de una estratagema para atraer a la numerosa escuadra enemiga hacia un angosto paso y privarla de capacidad de maniobra; al cabo de unas horas era vencida por las trescientas naves griegas, ante los ojos de Jerjes (septiembre de 480).

El dominio del mar había pasado a los griegos, y Jerjes regresó a Asia para orga­nizar refuerzos, aunque una nueva insurrección en Babilonia le impidió renovar sus campañas en Europa.

Dejó en Grecia un importante ejército al mando de Mardonio, reforzado con aliados griegos (tesalios, macedonios, beocios).

Mientras éste invernaba en Beocia surgieron disputas en el seno de la Liga Helénica sobre la estrategia a seguir. Esparta y las ciudades del Peloponeso pretendían mantenerse a la defensiva en el istmo, mientras que Atenas, Megara y Egina querían expulsar al enemigo de sus puertas.

Tras graves tensiones y una nueva invasión persa del Ática, al fin se decidió el envío de un ejército aliado a Beocia, al mando del espartano Pausanias.

Sus 40.000 hoplitas y 7.000 auxiliares (el mayor ejército nunca reunido por los griegos) se enfrentaron al superior ejército persa en la llanura de Platea (primavera de 479).

A pesar de su ventaja inicial, Mardonio fue vencido y muerto, y gran parte de su ejército destruido.

Su lugarteniente Artabazo condujo a los supervivientes de vuelta a Asia. Al mismo tiempo, una flota griega mandada por el rey espartano Leotiquidas destruía una base naval persa y las naves fondeadas en Mícala, frente a la isla de Samos.

No sólo se había salvado la in­dependencia de las polis de Grecia, sino que éstas controlaban ahora el Egeo. La flota mandada por Pausanias tomó Bizancio, abriendo el paso al mar Negro, y las islas de Quíos, Lesbos y Samos se unieron a la Liga (478).Sin embargo, una vez conjurado el peligro persa la unidad griega resultó efímera, por los intereses contrapuestos de las diferentes ciudades.

La Liga de Delos: Esparta, poco amiga de aventuras fuera del Peloponeso, se desinteresó de los asuntos del Egeo oriental, arrastrando consigo al resto de la Liga del Peloponeso.

Fue Atenas, apoyada en su potente flota, la que tomó la iniciativa y formó la Liga de Delos (476) con numerosas polis de las Cícladas, Asia Menor y la zona de los estrechos.

La alianza, comprometida en la lucha por la liberación de las ciudades griegas de la dominación persa, fue diseñada por el ateniense Arístides el Justo. É

ste compartió el poder en Atenas con Cimón, hijo de Milcíades, partidario de la lucha a ultranza contra los persas. Temístocles, que veía en el poder de Esparta la verdadera amenaza para la grandeza ateniense (como se demostraría poco después en las guerras del Peloponeso), fue des­plazado del poder (471).

En 468 Cimón venció a la escuadra persa en el Eurimedonte.

El fracaso de una expedición a Egipto y los sobornos persas lograron expulsarlo del poder, y la facción popular encabezada por Efialtes rompió las relaciones con Esparta, disolviendo la Liga Helénica (460).

Sin embargo, Cimón recuperó el poder y dirigió una nueva campaña en Chipre, donde murió (450).

Sus victorias permitieron a su cuñado Calias firmar con los persas la paz que lleva su nombre (449), que aseguró la libertad de las ciudades griegas y frenó a los persas en el Egeo.

Atenas, con la ayuda de sus aliados, se había convertido en la potencia hegemónica del mundo griego, desarrollando un poderoso imperio marítimo y comercial. Sus abusos y la oposición de Esparta conducirían posteriormente a la guerra del Peloponeso.

Temístocles
General y político (525-460 a. C.)

Estadista ateniense nacido en el seno de una familia modesta, no obstante lo cual pudo convertirse en una relevante figura en su ciudad y asumir la jefatura del partido democrático cuya divisa era: Guerra contra los persas.

Convencido de la necesidad que tenía Atenas de contar con un puerto y una flota, dedicó todos sus esfuerzos a procurarle ambas cosas.

Así, durante su arcontado (493 a. C.) hizo votar la construcción del puerto del Pireo, si bien al año siguiente una expedición persa paralizó las obras que sólo pudieron ser retomadas en tiempos de Pericles.

Luego se propuso la construcción de doscientas galeras, para lo cual derivó los recursos obtenidos en la explotación de las minas de Laurión, que antes eran repartidas entre los ciudadanos, a las arcas del Estado.

Temístocles pudo realizar sus planes luego del destierro de Arístides y venció a los persas en la batalla de Salamina (480 a. C.); pero luego fue víctima de intrigas y calumnias y condenado al ostracismo. Se refugió junto a Artajerjes, pero cuando éste quiso convencerlo de traicionar a su patria, se negó terminantemente y se suicidó con veneno.

Biografia de William Harvey Descubridor de la Circulacion de la Sangre

Biografia de William Harvey
Descubrimiento de la Circulación de la Sangre

Durante la ultima década del siglo XVI, y a lo largo del XVII. se hicieron grandes adelantos científicos.

Se destacan los nombres de Torricelli, Gilbert, Galileo, Kepler, Newton y Boyle, por nombrar solamente unos pocos.

Pero en medicina hay un nombre importante, el de Guillermo Harvey, cuyos estudios sobre la circulación de la sangre, ya descubierta por Miguel Servet, revolucionaron la medicina.

En 1628 publica un pequeño libro de medicina impreso en Holanda. En él afirma que el corazón es el órgano que hace circular la sangre por el cuerpo.

Muchos de los científicos del siglo XVII que investigaban animales vivos estaban muy influenciados por los antiguos filósofos griegos Aristóteles y Galeno.

William Harvey rompió esta sumisión ciega hacia el pasado, y al hacerlo descubrió que la sangre circula por el cuerpo.

Esto contrastaba con el concepto establecido que decía que la sangre se producía constantemente en el hígado y se consumía en el cuerpo.

Más que adoptar el punto de vista de los filósofos, que ponía un gran énfasis en pensar lo que ocurría.

Harvey formó su opinión después de llevar a cabo experimentos y disecciones. S

u interés por la anatomía lo llevó también a estudiar los orígenes de la vida: los primeros días de los embriones mamíferos.

El sistema de circulación sanguínea fue descubierto por el fisiólogo inglés Willíam Harvey.

Hasta las primeras décadas del siglo XVII, se creía que el cuerpo humano fabricaba constantemente sangre nueva para sustituir la sangre vieja y estancada, que era eliminada.

Harvey demostró que en el cuerpo humano había un máximo de cinco litros de sangre en permanente circulación.

Nacido en Folkstone, el 1º de abril de 1578, Harvey estudió medicina en la Universidad de Cambridge y en la prestigiosa Escuela Médica de Padua, en Italia. Murió en Inglaterra en 1657.

BIOGRAFIA DE WILLIAM HARVEY

HARVEY WILLIAM: (Folkstone, 1 de abril de 1578 – Londres, 3 de junio de 1658). Médico, fisiólogo y embriólogo inglés. Ingresa en el Grammar School de Canterbury a los 10 años. Posteriormente, en el Caius College, donde empezó a orientar su vida hacia la ciencia.

En 1598 va a Padua, donde reside hasta 1602, que es cuando obtiene el título de doctor y tiene como profesor a Fabrizio, quien le enseña unos hallazgos anatómicos y embriológicos que van a ser decisivos en su orientación y desarrollo dentro de la embriología y fisiología.

La introducción del método galileano en las diferentes ramas de la investigación no se detiene en las fronteras de la ciencia de lo inanimado; sus repercusiones fueron profundas en la biología,

donde la aplicación de los principios mecánicos a los fenómenos de la vida condujo a inventar las bases de la fisiología moderna. El más brillante de los progresos realizados en este sentido es el descubrimiento de la circulación de la sangre.

En el siglo XVII muchos científicos creían ciegamente en los escritos de Aristóteles, que apuntaba que las cosas estaban presentes en el cuerpo porque habían sido colocadas allí deliberadamente para llevar a cabo una función específica. Mediante el estudio de la forma y la posición de un órgano se podría determinar su función. Su tamaño daría cuenta de su importancia. William Harvey tomó este concepto y lo extendió no sólo a la observación del cuerpo, sino a la realización de experimentos en animales vivos.

Harvey (1578-1658) nació en Folkestone. Se educó en la Canterbury Grammar School y en el Caius College de Cambridge. Luego se trasladó a Padua para estudiar medicina, siendo Fabricius uno de sus maestros. Después de graduarse en medicina, volvió a Inglaterra y se estableció en Londres, donde trabajó como médico. Fue nombrado médico del Hospital de San Bartolomé y más tarde llegó a ser catedrático de anatomía y cirugía. En 1618 fue nombrado médico de Jaime I y, más tarde, de Carlos I de Inglaterra.

Para los científicos médicos, la otra gran autoridad era el físico griego Galen, que trabajó un tiempo considerable bajo el anfiteatro de Roma en el siglo II. El abastecimiento regular de gladiadores heridos le dio un acceso sin precedentes a heridos. Galeno ideó un concepto completo de la sangre, pero por desgracia, un concepto totalmente erróneo. Apuntó que había dos tipos de circulación de la sangre desde las heridas.

En una la sangre era roja brillante y salía a chorros y en la otra era azul oscura y fluía de forma constante. Estas observaciones lo convencieron de que éstos eran dos tipos diferentes de sangre. También creyó que había un tercer tipo de sangre que fluía entre los nervios.

Galeno creía que la comida se convertía en líquido en el estómago. Este líquido pasaba por el hígado, dónde se convertía en sangre. Esta sangre fluía por el cuerpo en las venas y se consumía en el cuerpo. Parte de la sangre iba al corazón, dónde se mezclaba con aire de los pulmones y formaba un «espíritu vital», que pasaba después al cuerpo a través de las arterias. Parte de esta sangre iba al cerebro y se retinaba en «espíritus animales». Ésta se distribuía por todo el cuerpo por medio de los nervios.

Según Galeno, el corazón era una caldera que quemaba el aceite que producía el hígado. Los gases pasaban por la arteria pulmonar y salían por la tráquea; después de todo, apuntaba él, podías ver estos gases los días fríos.
Nadie tomó en serio este punto de vista hasta que los anatomistas del siglo XVI comenzaron a analizar el corazón. Para los conceptos de Galen tenía que haber unos poros que permitieran que la sangre pasase entre las cavidades del corazón, pero nadie encontró estos poros. Estaba claro que algo no cuadraba.

A mediados del siglo XIII el árabe IBN AL NAFIS entrevió vagamente la circulación pulmonar y en el siglo XVI el italiano REALDO COLOMBO y el catalán MIGUEL SERVET —quemado por herético en la hoguera que encendieron fanáticos calvinistas— negaron la existencia de invisibles pasajes de la sangre a través del tabique interventricular y reconocieron que la sangre iba del lado izquierdo al derecho por intermedio de los pulmones.

Al hallazgo de esta “pequeña circulación” un eminente discípulo de COLOMBO, el botánico ANDREA CISALPINO, agregó algunas indicaciones sobre una posible gran circulación. Estas investigaciones e hipótesis fueron reunidas en una magnífica síntesis hecha por el médico inglés WILLIAM HARVEY (1578-1657), que había estudiado en Padua el arte de GALENO.

HARVEY observó que las válvulas de la vena impiden que la sangre avance en otro sentido que no sea hacia el corazón, y procuró demostrar matemáticamente —a la manera de GALILEO— la realidad de la circulación cerrada. Midió la capacidad del corazón y encontró que la cantidad de sangre empujada en el cuerpo por cada sístole es de dos onzas.

El corazón palpita setenta y dos veces por minuto, de modo que por hora arroja dentro del sistema 2 x 60 x 72, es decir, 8.640 onzas, que es el triple del peso del cuerpo humano. ¿De dónde viene y a dónde va toda esa sangre? Evidentemente el alimento es incapaz de suministrar tal cantidad de líquido sanguíneo. Se impone así la conclusión de que la sangre recorre siempre la misma ruta para volver a su punto de partida y que continúa su interminable circulación hasta la muerte.

La publicación de Anatómica de motu cordis que un punto de inflexión en la historia de la medicina. Tiraba por tierra siglos de confianza en la filosofía griega y daba la entrada a una nueva etapa de ciencia. Publicado en 1628 enseña como circula la sangre en un organismo y dá por tierra el antiguo concepto de la inmovilidad sanguínea. Se inicia así un enfrentamiento entre ambas teorías, hasta que finalmente en 1661 el italiano Marcelo Malpighi demuestra que la sangre es impulsada de las arterias hacia la venas a través de los capilares.

Unos datos sobre su vida: En 1604 en Inglaterra, contrae matrimonio con la hija de un médico londinense. En 1606 es nombrado médico del Hospital de San Bartolomé de Londres. Pero el afán científico que despertó en él Fabrizio le lleva a solicitar del College of Physicians el cargo de profesor en un curso de Anatomía en 1615. En 1616 aparecen unas notas suyas con unas ideas revolucionarias sobre la circulación sanguínea. Pero hasta 1628 no publica definitivamente su descubrimiento, que le da gloria y aumenta su prestigio.

En 1632, Carlos I le nombra médico de Cámara, y en la guerra civil le encomienda el cuidado de sus hijos. Su gran lealtad al rey le hace acompañarle en su retirada a Oxford, en 1642, donde fue maestro en el Merton College. En 1646 regresa a Londres y en 1651 publica su concepción de la embriología.

En cuanto a la obra científica de Harvey, hay que destacar dos aspectos fundamentales: la descripción de la circulación sanguínea y sus doctrinas embriológicas. En sus indagaciones sobre la función circulatoria, da respuesta a cuatro cuestiones importantísimas: el significado de la contracción cardíaca, el paso de la sangre desde el lado derecho del corazón al izquierdo, el movimiento circulatorio de la sangre por todo el organismo, y las consecuencias que estos hallazgos tienen en la Medicina y en la Biología.

Para llegar a estas conclusiones, Harvey se apoya en tres hipótesis: que la cantidad que pasa de la vena cava al corazón es muy superior a la cantidad de alimento ingerido; que en los miembros, la sangre afluye por las arterias y refluye por las venas en cantidad muy superior a la necesaria para su nutrición; por último, la sangre retorna al corazón por las venas únicamente. También observó la velocidad con que un organismo se desangra al sufrir una artriotomía, la vacuidad de las arterias en un cadáver. Todos estos descubrimientos suscitaron una gran polémica, ya que los galenistas negaron toda validez a sus conclusiones.

Como embriólogo, estudiando la generación del pollo y de los animales vivíparos le permitió llegar a importantes hallazgos y elaborar su doctrina embriológica. Distinguió dos modelos de generación: la epigénesis y la metamorfosis. La primera, propia de los animales superiores; y la segunda, de los seres inferiores. Pero, al igual que ocurrió con sus descubrimientos circulatorios, su doctrina embriológica tampoco fue aceptada. Empezó a tener vigencia histórica en el siglo XVIII.

Los resultados de su trabajo sobre la circulación de la sangre fueron publicados el año 1628 en su libro De Motu Cordis. Pero los apuntes de su primera clase como profesor, en 1615, muestran que ya sostenía la teoría de que la sangre pasa de las arterias a las venas, que el corazón es una bolsa musculosa y que «el movimiento de la sangre es un ciclo continuo, producido por el latir del corazón».

También se dio cuenta de que las válvulas de las venas sirven para impedir que la sangre circule en dirección opuesta. Antes del descubrimiento de la circulación de la sangre, se pensaba que ésta sufría una especie de flujo y reflujo desde y hacia el corazón. No se sabía que la sangre circulaba a través del cuerpo, principalmente porque no se habían descubierto vías de unión entre las arterias y las venas. Se veía que las arterias se ramificaban en vasos cada vez más pequeños al penetrar en los órganos, pero, en un tiempo en el que no existía la ayuda del microscopio, no podían verse los finos vasos que k hacen la unión (capilares).

A pesar de que Harvey no disponía de microscopio para observar los capilares, estaba firmemente convencido de la existencia de canales, a. través de los cuales la sangre pasa de las arterias a las venas.

ALGO MAS…
LOS ESTUDIOS DEL CIENTÍFICO:

Harvey, que no en vano había sido alumno de Pabrice d’Acquapendente, se interesó especialmente por los estudios sobre la circulación de la sangre. Durante años realizó experimentos, uno tras otro, sobre animales y hombres, vivos y muertos, sin desanimarse nunca. Durante sus investigaciones llenaba cuadernos y cuadernos de apuntes.

El 17 de abril de 1618, Harvey pronunció desde la cátedra universitaria su primera y famosa disertación sobre la circulación de la sangre, que causó el efecto de una bomba en el campo científico. Los estudiosos de todas las naciones se interesaron en seguida por este joven profesor de 40 años, y por su teoría revolucionaria. La mayoría de los médicos de esa época seguían, en efecto, las teorías de Galeno que, en lo referente a la circulación, estaban muy equivocadas. Harvey demostró, con pruebas exactas, cuál era el estado de la cuestión.

Después de otros diez años de investigaciones y estudios, Harvey publicó (1628) su famosa obra escrita en latín (la lengua de los estudiosos de esa época) «Exercitatio anatómica de motu cordis e sanguinis in animalibus«, es decir: «Ejercitación anatómica sobre el movimiento del corazón y de la sangre en los animales» (no era muy prudente decir «en los hombres»).

En este libro, de gran importancia en la historia de la medicina, Harvey demostró con pruebas indiscutibles que el corazón se contrae durante la sístole, y que arroja la sangre, por el lado izquierdo, dentro de las arterias, que la llevan por todo el cuerpo. Luego, la sangre regresa a través de las venas, y la parte derecha del corazón la bombea a los pulmones, de donde pasa, ya purificada, a la parte izquierda, lista para ser nuevamente distribuida. También afirmó que en el corazón no había comunicación directa entre la parte izquierda y la derecha.

Aclaremos que antes de Harvey otros científicos habían sentado algunos principios relativos a la función del corazón en el mecanismo de la circulación sanguínea. Éste ya había sido entrevisto por el español Miguel Servet, en 1553, y por los italianos Realdo Colombo y Andrés Cesalpino, en 1558 y 1559 respectivamente. Pero Harvey fue el primero en describir claramente el cuadro completo de la circulación, y el primero en demostrarlo con una serie de pruebas y cálculos exactos. Describió cuidadosamente el corazón y su funcionamiento y, especialmente, fue el primero en afirmar que el corazón es una bomba. El viejo y glorioso Harvey murió en Rochampton el 3 de junio de 1657.

Vida De Pare Ambrosio Aporte Medico del Cirujano Real

Vida del Cirujano Real Paré Ambrosio: Médico del Renacimiento

BIOGRAFIA DE AMBROSIO PARE, CIRUJANO REAL: (Bourg-Hersent, Laval, 1509 – París, 20 de diciembre de 1590) Ambrosio Paré fue médico real en tiempos de Catalina de Médicis y con esto queda acreditada su fama.

En su juventud había sido aprendiz de barbero, y es bien sabido que en el siglo XVI a los barberos se les consideraba casi como médicos.

Pero Paré fue algo más, porque no fue un médico vulgar sino un hombre autodidacta que llegó a la más alta cima de su profesión, y que llegó a poner en ridículo a los profesores de la Sorbona de París.

Por su condición de médico de la Corte, fue testigo de muchos hechos históricos en los que, queriendo o sin querer, tuvo que tomar una parte muy importante. Pare Ambrosio

Muchos fueron los nobles y soldados a los que tuvo que operar o curar Ambrosio Paré, el cual descubrió nuevos métodos para tratar las heridas.

Si antes éstas se trataban cauterizándolas por el fuego, o regando la herida con aceite de saúco y tríaca (que por contener opio actuaba como sedante) hirviendo, Paré, aunque al principio también aplicó este tratamiento a los heridos, en cierta ocasión en que se terminó su provisión de aceite de saúco, aplicó en su lugar una mezcla de yemas de huevo, aceite de rosas y trementina.

Al día siguiente de esta aplicación provisional, Paré comprobó que los heridos se hallaban muy mejorados, especialmente más que los tratados por el fuego o con el aceite de saúco.

Asimismo, Paré modificó la cirugía de su época, utilizando la sutura de los vasos sanguíneos, lo cual anulaba en muchas ocasiones la necesidad de proceder a una amputación.

En 1559, en la toma de Calais por los franceses, asistió al duque de Guisa de una herida mortal.

Los demás médicos del duque desistieron alegando que el duque no tenía remedio y su orgullo les impedía aceptar que un cirujano no académico como Paré pudiera hacer algo que ellos no podían.

No sin muchos impedimentos consiguió Paré salvar al duque, el cual a partir de entonces llevó el sobrenombre del «acuchillado» por la tremenda cicatriz que le quedó en la cara.

Tuvo también un papel destacado en el desarrollo de la obstetricia, mostrando que era posible dar la vuelta al niño antes del parto cuando se presentaban complicaciones debidas a su posición (versión podálica).

Otras de sus aportaciones fueron la técnica más adecuada para la extracción de proyectiles y la utilización de tubos para drenar abscesos, bragueros para hernias y prótesis de miembros amputados.

También inventó numerosos instrumentos ingeniosos, no sólo para uso de la cirugía, sino también con otros fines, como por ejemplo el baño de vapor  fue uno de sus múltiples inventos.

Se trata de una bañera cerrada que se comunica con una estufa llena de agua. Cuando el agua se calienta llena la bañera de vapor.

medicina Paré baño vapor

Las guerras proporcionaron una amplia experiencia a los cirujanos que trabajaban al servicio de los ejércitos. Uno de los mejores de la época fue el francés Ambroise Paré (1509-1590), que inició su carrera como aprendiz de barbero.

En uno de sus escritos, Paré recordaba que en una ocasión le faltó aceite para curar a un grupo de soldados. «Me ví obligado a aplicar en su lugar un digestivo de yema de huevo y aceite de rosas y terebinto».

Al día siguiente encontró que quienes habían sido tratados con el nuevo producto se mostraban mejor y sentían menos dolor en las heridas.

El cirujano francés también ideó una técnica para las suturas faciales que mejoraba la cicatrización de las heridas y desarrolló otra para las amputaciones, que consistía en utilizar el músculo y la piel para recubrir el hueso, lo que facilitaba el posterior uso de prótesis.

Este último avance supuso un gran hito en la cirugía militar, ya que mejoró la calidad de vida de los soldados mutilados.

El Rey Enrique II y el Cirujano Paré

Fue Nostradamus quien profetizó en una célebre cuarteta la muerte del monarca francés, Enrique II. La cuarteta decía así:

El león joven al viejo dominará,
en campo bélico, en duelo singular.
En jaula de oro los ojos le destrozará.
Dos clases en una y cruelmente morirá.

Efectivamente, con motivo de la boda de su hija Isabel con Felipe II, y de la de su hermana con el duque de Saboya, el soberano francés organizó durante aquel mes de julio de 1559 una serie de festejos, bailes, cacerías y torneos.

En uno de éstos, cuando el rey ya había justado con otros caballeros, desafió personalmente a Gabriel, conde de Montgomery; éste aceptó el reto, partieron los dos jinetes al encuentro, y la lanza del conde chocó con el casco de acero del monarca, rompiéndose en
astillas, una de las cuales atravesó el globo ocular, llegando al cerebro.

Naturalmente, llamaron inmediatamente a Ambrosio Paré, el cual desde el principio comprendió la suma gravedad del caso.

A fin de estudiar la herida, y la trayectoria seguida por la astilla de acero de la lanza, Paré ordenó traer a su laboratorio dos cabezas de dos criminales que acababan de ser ejecutados.

Paré tuvo que repetir sus investigaciones varias veces, hasta lograr que una astilla semejante a la que tenía el rey moribundo incrustada en su cerebro, siguiese la misma trayectoria en una de las cabezas, que previamente él había disecado.

Pero todo fue inútil. La profecía de Nostradamus se cumplió y Enrique II falleció el 10 de julio de 1559, a causa de una infección cerebral.

Sin embargo, Paré continuó gozando del favor de la Corte durante los reinados de Francisco II y de Carlos II, pese a los rumores de que el célebre cirujano había envenenado al primero de los dos monarcas por instigación de Catalina de Médicis.

Hasta el reinado de Enrique III, el de los Cuarenta y Cinco, estuvo Paré en la Corte.

Durante toda su profesión, Ambrosio Paré escribió diversos tratados de medicina y cirugía, hasta un total de treinta y seis volúmenes, en los que expuso todo lo aprendido a través de su experiencia.

Si más no, y a pesar de los fallos debidos inevitablemente a la parquedad de medios con los que contaba, Ambrosio Paré debe ser considerado como un verdadero innovador de la medicina, y descubridor de varios métodos de cirugía.