Historia de la Radio

Publicidades Antiguas Argentinas Evolucion de la Publicidad Grafica

Publicidades Antiguas en Revistas Argentinas

EVOLUCIÓN DE LA PUBLICIDAD GRÁFICA

Temas y contenidos de la antigua propaganda
La revisión actual de un «anuncio» de principios de siglo puede deparar la sorpresa de su actualidad estética; a esto contribuye el actúa! retorno a la antigua gráfica «Art Nouveau». Pero el cotejo de un número amplio de avisos de entonces y de ahora mostraría diferencias mucho más importantes que esos parecidos. Hay un rasgo, en los avisos de principios de siglo, que llama jocosamente la atención sin que se aprecie su importancia conceptual.

Aquellos anuncios promocionaban, con raras excepciones, medicamentos y elixires para el beneficio, la curación o —en más esporádicas ocasiones— el embellecimiento del cuerpo. Había también, principalmente en revistas, avisos de bienes muebles o inmuebles, pero entonces el esfuerzo conceptual era menos y se cumplía, en general, en forma directa.

Los contenidos explícitos aludían más al bienestar individual y físico que a la búsqueda de status y de goce social. No podría encontrarse, en las revistas de entonces, el conjunto de metáforas, comparaciones, citas, trozos poemáticos y juegos de palabras que encabezan los avisos gráficos actuales. No se velaba, como se hace ahora, la intención inmediatamente vendedora de cada mensaje.

Las relaciones entre los temas tratados por los distintos mensajes referidos a un mismo producto eran del carácter más general. No hubiera podido concebirse, por ejemplo, la persistencia con que en una campaña publicitaria contemporánea se alude a un mismo rasgo del producto, promoviéndolo a una jerarquía superior a la de todos los otros aunque corresponda a una característica aparentemente secundaria (la «francesidad» de los automóviles Peugeot, por ejemplo).

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El aspecto formal: los pasos de una adecuación
Intercalados con los habituales «reclamos» que apenas ilustraban sus comunicaciones con la imagen de un envase o de una figura humana que simbolizaba al usuario ideal del producto, comienzan a publicarse, ya entrado el siglo, avisos en los que el cuidado y la imaginación gráfica se convierten en el principal motivo de atracción de la pieza. Representan el impacto, algo tardío, de la corriente artística y artesanal del Art-Nouveau.

El Art-Nouveau se expresaba en el diseño gráfico, en la arquitectura y en distintas «artes aplicadas» a través de sus característicos rasgos formales: guardas con líneas en forma de látigo, referencias abstractas a formas vegetales, representaciones exóticas o místicas, organizaciones formales complejas y asimétricas, utilización general de colores planos y tonos suaves.

Por primera vez, las comunicaciones publicitarias eligen así una vía de acercamiento al gusto del público que no se relaciona, en absoluto, con los temas específicos de cada mensaje.

Los avisos empiezan a revestirse de volutas y elementos gráficos que confieren al producto promovido un tono de modernidad y refinamiento cabalmente «postizo», preanunciándose la variedad infinita de recursos retóricos a que apelaría, después, la comunicación masiva comercial. Pero debe advertirse que, tanto en aquel como en otros períodos publicitarios anteriores al que vivimos, la ornamentación gráfica y tipográfica responde a gustos generales de un público determinado, sino de adecuar cada comunicación a los cánones de perfección vigentes para el público culto. Las ornamentaciones recargadas del Art Nouveau dejan paso, en la segunda mitad de los años 20, a las figuras rectilíneas y las variaciones geométricas del Art Déco.

El carácter más simétrico y elementalizador de esta moda visual determinó la aparición de mensajes gráficos sumamente vigorosos, y de comercialización masiva. Muchos de los avisos de diarios y revistas de los años 30 se convierten así en verdaderas reproducciones de «afiches» callejeros, con su misma búsqueda de elementalidad visual y de síntesis y su mismo esquematismo de texto. Comenzarán a popularizarse imágenes estereotipadas de los consumidores de determinados productos o símbolos comerciales muy concretos y de gran impacto visual.

Acá también, la uniformidad de la publicidad impresa se debió a la imposición generalizada de una corriente estética; pero el carácter sintetizador y repetitivo que asumieron sus comunicaciones visuales provocó, por primera vez, la aparición de un fenómeno publicitario y comercial nuevo: el de la «imagen visual de marca». Determinados nombres comerciales quedaban claramente asociados, ahora, con una determinada tipografía, un determinado personaje o una determinada guarda, mientras se simplificaban los antiguos y primeros logotipos (representaciones gráficas normalizadas de nombres comerciales).

En la década del cuarenta, ya extinguidos los últimos estallidos imaginativos del Art-Déco, se abandona todo tono eufórico en la gráfica publicitaria, y comienza un período invadido por lo que dio en llamarse «ilustración publicitaria».

La influencia de la publicidad norteamericana, conjugada tal vez con el tono apagado impuesto en diarios y revistas por los tiempos de guerra, convierte a la generalidad de las apelaciones promocionales en formulaciones didácticas, adornadas con particulares dibujos a pluma. Se trata de ilustraciones de intención realista, sin preciosismo alguno y con cierto «dejo» profesional manifestado a través de un deliberado descuido.

Se difunden los relatos en historieta, con sencillas anécdotas acerca de los efectos en la vida social y amorosa de la utilización de un dentrífico, una crema de afeitar, etc., y se afirman los rasgos de la comunicación gráfica más «antiestética» de todos los tiempos. Se prepara así el telón de fondo para la aparición de una nueva corriente favorable a un diseño gráfico «limpio», adecuado a cánones más rigurosos.

En la década del 50 aparecen publicaciones especializadas sobre diseño y tipografía cuyo espíritu habría de influir después en el diseño publicitario. Se crean agencias que aplican muy pronto los criterios de la «gráfica suiza»: cuidadosa selección tipográfica (se importan tipos de características muy netas y simples como el Etrusco), fotografismo (se abandonan las imprecisiones del dibujo, sobre todo del difundido en la década anterior), utilización de los blancos (terminan los avisos abigarrados y estentóreos), adecuación a módulos estrictos (evitando variaciones profundas entre avisos de una misma campaña y descompensaciones dentro de una misma comunicación).

La nueva corriente obtiene sus principales éxitos en campañas de publicidad para clientes específicamente industriales sin llegar, en general, a integrarse con comunicaciones referidas a productos de compra cotidiana.

Tal vez por esta razón, aun en las mismas agencias adscriptas a la gráfica suiza, toma rápido incremento, en el período siguiente, la corriente de la «nueva ilustración» conectada con el surgimiento, con epicentro en Estados Unidos e Inglaterra, del arte y la gráfica «pop».

Rápidamente decaído en los mercados de arte, el «pop» persiste en la gráfica publicitaria, acompañado por un resurgimiento de las elegantes complicaciones lineales del Art Nouveau y, más recientemente, de las figuras planas, el sentido de síntesis y la tipografía fantasiosa del Art-Déco, de los años 20 y 30.

Pero contemporáneamente con esta nueva extensión del dibujo y la ilustración, toma incremento, a partir de mediados del decenio 60, una aplicación a las comunicaciones locales de una exitosa corriente publicitaria norteamericana: la de la publicidad seca y agresiva hacia el competidor, el lector y aun —aparentemente— el emisor de! aviso. Eligiendo un estilo de diseño serio y repetitivo, esta escuela publicitaria apuesta en general al impacto de un título insólito, de tono irrespetuoso y que muchas veces entra en deliberada colisión con la ilustración correspondiente. Sus hallazgos son siempre de «humor intelectual», aunque vehiculicen reflexiones de sentido común.

Los mecanismos publicitarios
Los mecanismos mediante los cuales la publicidad ejerce su acción son múltiples y complejos, por ejemplo: Asociando la marca a situaciones personales y sociales que tienen un gran valor para el consumidor. El bienestar, el confort, el status, el éxito sexual, el equilibrio familiar, etc. Dotando a la marca de propiedades positivas: tal bebida es fresca, tal otra es pura; tal cigarrillo es suave, tal otro tiene aroma excelente, etc. No importa si estas propiedades existen en realidad en la marca: interesa sólo que no sean contradictorias con lo que el consumidor espera de ellas.

Articulando las propiedades del producto y las situaciones personales y sociales prometidas por su consumo en un sistema verosímil para el receptor. Insistiendo en el nombre de la marca o en la exhibición de su envase, con el fin de mantenerlos presentes en la memoria del consumidor. Este mecanismo, presente en toda publicidad, es central en los anuncios de vía pública —afiches y carteles— y corresponde a la denominada acción subliminal de la publicidad. Los anuncios subliminales, de lectura y comprensión muy rápidas, intentan fijar en la memoria el mensaje sin que medie un proceso voluntario de atención.

A esta serie de operaciones publicitarias por todos reconocida, debiera agregarse: Transmitiendo una idea de poder económico y social. El mero acto de hacer publicidad demuestra que una marca «está viva», que está en condiciones de enfrentar los enormes costos de la publicidad. Exhibiendo «creatividad», ingenio artístico de los autores del anuncio.

Este último factor ha sido señalado con toda claridad por Umberto Eco, un especialista italiano en artes y comunicaciones de masas: «la creatividad —sostiene Eco— volcada en un anuncio de un producto, logra del consumidor no sólo el consenso ‘este producto me gusta’ sino también la idea de que ‘este producto me habla de un modo singular’ y en consecuencia, ‘éste es un producto inteligente’.»

LA PUBLICIDAD EN EL MUNDO MODERNO
Desde el punto de vista económico, la publicidad desempeña un importante papel en la sociedad capitalista: contribuye a garantizar que los productos industriales encuentren su clientela dispuesta a adquirirlos, consumirlos y gastarlos. Esta función es tanto más importante en los productos perecederos, como los alimentos, las gaseosas o los cigarrillos, que después de un lapso más o menos breve de almacenamiento pierden sus propiedades.

Pero también es imprescindible para aquellos productos que apuestan a la moda, o que se manufacturan dentro de lo que se ha llamado la «obsolescencia planificada», como es el caso del calzado, la vestimenta, el mobiliario y los automóviles, cuyos estilos pierden vigencia con rapidez. Pero el reconocimiento de esa función generadora o aceleradora de la demanda en la sociedad capitalista no debe oscurecer otro aspecto económico de la publicidad: su carácter de «industria» con una importante participación en la renta nacional.

Esta participación, del orden del 1 al 3 % total del producto bruto de los países capitalistas, alimenta con enormes sumas de dinero a importantes actividades de la economía: buena parte del negocio de la prensa, de la TV y la radio, de la impresión, de la fotografía, el cine y la fonograbación. El hecho de que el 70 % o más de la inversión publicitaria total se vuelque como ingreso de los medios de comunicación de masas adquiere profundo sentido ideológico y cultural.

Los medios de comunicación de masa, en su mayoría, dependen de la publicidad para su subsistencia. De ahí que se hable del poder de los anunciantes sobre los medios de comunicación: ¿qué medio de comunicación se atreverá a enfrentar a un fuerte anunciante?; ¿cuántos medios de comunicación pueden permitirse la aventura de criticar un sistema del cual la publicidad como industria forma parte, sin perder el favor de agencias y anunciantes y, con éste, su fuente de ganancias?

Fuente Consultada:  Enciclopedia de los Grandes Fenómenos del Siglo XX Tomo 1

Publicidades Gráficas Antiguas de Remedios     

Origen del Daguerrotipo

Inicios del Cine Cómico en EE.UU.

Primera Transmision de Radio en Argentina-Los Locos de la Azotea

Historia Primera Transmisión de Radio en Argentina – Los Locos de la Azotea

Un invento revolucionario de los inicios del siglo XX  fue la radiotelefonía. Un elemento doméstico utilizado para el esparcimiento e información a toda hora y que permite, simultáneamente, tener la mirada y parte de la atención, en otra cosa.

Por ello es la principal amiga de las amas de casa y del trabajador manual. Cobró vida en 1920, invadiendo todos los rincones del planeta y creciendo, técnica y profesionalmente, aún más rápidamente que la aviación. Es un elemento insustituible en la vida cotidiana y lejos de ser afectada por otros medios, hace pesar su propia influencia cómodamente.

primera transmision radiofonica

El  italiano Guillermo Marconi, efectuó los primeros experimentos a partir de 189:5, su mensaje inicial lo envió en 1901, entre dos crudades británicas Además, hasta 1920 no hubo trascendencia internacional, instalándose ese año la primera planta transmisora, en Pittsburgh, EE.UU., con receptores precarios «a cristal», con una piedra galena.

Hacia 1920, algunas personas diseminadas por todo el mundo acercaban sus oídos a un extraño artefacto mezcla de cobre y galena, e intentaban atrapar el furtivo sonido de voces o músicas lejanas.

Era el umbral de lo que más tarde sería un medio de comunicación ampliamente difundido que fue creciendo hasta alcanzar un papel relevante en la historia de este siglo: la radio.

Fue Guillermo Marconi (1874-1937) quien convirtió las experiencias de telegrafía sin hilos en un negocio de alcances mundiales que incluyó muy pronto a la radio y a la radiotelefonía.

En la Argentina, la nueva era la inició en 1897 el físico e ingeniero italiano Teobaldo J. Ricaldoni, que realizó transmisiones radioeléctricas como las que se sucedían en diversos lugares del mundo.

Razones de seguridad invocadas durante la Primera Guerra Mundial frenaron el desarrollo de la radio en nuestro país. Pero, en 1919, quince radioaficionados argentinos reinstalaron sus antenas y retomaron sus auriculares.

Fueron esos locos de la azotea, como se los llamaba, quienes –con el nombre de Sociedad Radio Argentina– iniciaron la radiodifusión mundial el 27 de agosto de 1920, con una antena instalada en las inmediaciones del antiguo teatro Coliseo.

Por los escasos veinte aparatos existentes en la ciudad se pudo escuchar en vivo la ópera Parsifal, de Richard Wagner.

En pocos meses, las audiciones se realizaban alternativamente desde los teatros Coliseo, Colón y Odeón.

Pasaban además de música, discos, noticias, recitados, propaganda y actuaciones en vivo.

El 14 de septiembre de 1923, la radio se adelantó por primera vez a las agencias de prensa: Radio Sudamérica captó la emisión norteamericana del combate de boxeo entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey.

Cuando los telegramas de Nueva York informaron la derrota de El toro salvaje de las pampas, la noticia ya era conocida. Un año más tarde, el W de octubre de 1924, Carlos Gardel cantó en Radio Splendid.

Al día siguiente, en otra jornada especial, se transmitió por primera vez un partido de fútbol, jugado entre las selecciones de nuestro país y Uruguay. Había comenzado la era de la radio.

Durante la década del 30 las estaciones y los aparatos se multiplicaron a la par que se reguló el manejo institucional. La radio se perfeccionó, introdujo nuevos vocablos en el lenguaje cotidiano –éter, sintonía, dial, antena-, dio proyección a ídolos populares –Blackie, Niní Marshall, Luis Sandrini, Discépolo– y origen a revistas especializadas –Antena, Radiolandia, Sintonía– donde se veían las caras de aquellos a quienes más se los conocía por su voz que por su figura.

La radio se metió en la vida de la gente, desató sus sueños y su imaginación, estableció lazos poderosos con los oyentes gracias a los personajes y programas que salían al aire –Los Pérez García, Glostora Tango Club-, sucumbió al poder político y propagandístico del Estado, pero resistió la competencia que le impuso la televisión.

En los años 60, con los transistores que modificaron los aparatos de radio -significó el nacimiento y popularización de la radio portátil, antecesora del actual walkman- y la incorporación masiva de las radios a los automóviles, se inició una nueva era, más cercana a nuestros días con conversaciones ante el micrófono, música grabada e información instantánea.

Han pasado casi 80 años en la historia de la radiofonía argentina y son muchas las novedades que han ganado el favor popular. Pero hoy como ayer, al levantarse o mientras desayunan, para enterarse de las últimas noticias o del estado del tiempo, muchas personas continúan encendiendo la radio.

En 1921, a sólo un año de ls experiencia de Pittsburgh, ya se habían vendido en EE.UU. 800.000 receptores. El hito inicial fue la emisión del combate entre los famosos boxeadores Jack Dempsey y George Carpentier, desde el Madison Square Garden, de Nueva York. Pronto Europa adoptó el mágico medio y su fama ganó América Latina y todos los rincones del planeta.

En Argentina tuvo tan entusiasta eco que tras la gran importancia que le dio la Marina, inmediatamente se convirtió en portador del arte.

Tanto, que en el mismo 1920 se efectuó desde el teatro Coliseo la transmisión de una ópera, a pocos días de inaugurarse la planta de Pittsburgh. El desarrollo entre nosotros fue notable y enseguida alcanzó un alto nivel de calidad que logró sus picos más importantes en las décadas del 30 y del 40.

Particularmente luego de la aparición de Radio El Mundo, cuyo edificio se convirtió en modelo único de instalaciones radiofónicas. La evolución creó un área específica que resultó amplia fuente de trabajo y de evolución en lo artístico, cultural y deportivo y de creatividad igualmente en lo periodístico y en la técnica de gran proyección.

Se formaron y perfeccionaron actores y cultores de la música y el canto. Surgieron a la popularidad programas cómicos, radioteatros que alcanzaron fama, y noticieros que se disputaron la primicia y la audiencia.

PARA SABER MAS…

Como consecuencia de una etapa de experimentación de las comunicaciones radiotelegráficas se realizaron en la Argentina las primeras transmisiones de radiodifusión.

Los llamados «radioaficionados» muñidos de rudimentarios receptores intentaron desde comienzos del siglo pasado comunicaciones a distancia que fueron perfeccionando hasta lograr el 27 de agosto de 1920 concretar la primera emisión de radiodifusión: la ópera Parsifalde Richard Wagner, transmitida desde una antena instalada en el Teatro Coliseo. (Ese mismo año en Estados Unidos la firma Westinghouse inauguraba su primera estación emisora.)

Durante la década del veinte y coincidiendo con la aparición de numerosas casas de comercio dedicadas a la venta de receptores e insumes afines, fueron multiplicándose las emisoras en Capital Federal y aparecieron algunas en las principales ciudades del interior, todas ellas producto de la iniciativa privada.

Empresarios teatrales, fabricantes y comerciantes importadores de receptores de radio o de sus componentes, empresas periodísticas; los inversores provenían de distintos ámbitos y tenían distintos objetivos que se correspondían con distintos perfiles de oyentes.

Las primeras transmisiones sonoras se dedicaron a la música culta y a los géneros menores (valses, operetas y música popular), luego incorporaron los deportes y las noticias. Dado el bajo costo requerido para fabricar un receptor, el nuevo medio estuvo al alcance de los hogares más modestos.

A medida que se multiplicaban los oyentes, los emisores comenzaban a padecer interferencias de canales y de horarios de transmisión y pronto se vio la necesidad de que el Estado ordenara el éter. En 1924 un decreto estableció un sistema de permisos para transmitir, renovables anualmente con el simple trámite de llenar una solicitud.

En principio fue el Ministerio de Marina quien acordó las licencias; a partir de 1928 se resolvió asignar el ordenamiento y supervisión a la Dirección General de Correos y Telégrafos, dependiente del Ministerio del Interior. No se advertía aún las potencialidades de la radio como difusora de información; sí empezaba a tenerse en cuenta como medio de publicidad.

En consecuencia el Estado permitió una desordenada asignación de permisos que fueron mejor aprovechados por aquellos emisores que decidieron sostenerse con avisos publicitarios y el apoyo de las empresas interesadas en captar oyentes; en la medida en que veían ampliadas sus posibilidades de financiarse, estas primeras radios pudieron mejorar sus equipos y su programación.

Es importante destacar que desde estos primeros pasos de la radiodifusión argentina se advirtieron las ventajas de complementar la actividad radiofónica con el medio gráfico (diarios y revistas afines).

Desde los primeras decretos el gobierno la consideró un servicio público más y -en este sentido- se preocupó por definir su carácter de difusor de información, manifestaciones culturales y esparcimiento, y por controlar la programación reservándose el derecho de clausurar las emisoras.

De a poco fue estableciendo la censura de ciertos contenidos que sólo podían salir al aire con permiso previo del ente regulador.

La década del treinta sería rica en debates sobre el modelo más conveniente para la radiodifusión argentina, entre dos posibles: el norteamericano basado en redes privadas financiadas por la publicidad o el inglés, organizado como una entidad nacional de carácter público sin avisos publicitarios.
(
Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12)

Biografia de Niépce Historia de las Primeras Fotografias Daguerrotipo

Biografia de Niépce – Historia de las Primeras Fotografías

Joseph Niépce: La primera imagen real

Aquella descolorida, desgastada e incluso casi ilegible fotografía de un paisaje reducido tomado desde una ventana en Le Gras, que intenta acercarnos a la historia del desarrollo científico que se vivía allá por la década de 1820 no es otra cosa que la primera fotografía que se ha podido captar en la historia de la humanidad, siendo Joseph Nicéphore Niépce el hombre que se ubicó detrás de la precaria máquina que permitió tomar aquella imagen.

Ese es precisamente el motivo por el cual Niépce logró trascender y pasar a ser parte de la historia, gracias al desarrollo y puesta en marcha de un método que había denominado heliografía, con el cual pudo fijar para siempre aquella primera imagen real.

Nacido en la ciudad francesa de Charlon-sur-Saône en 1765, Joseph Niépce, gracias a su talento, logró llegar a ser con sólo treinta años profesor en el colegio Oratorian, oficial en el Ejército francés, y Administrador del distrito de Niza, en Francia. Pero lo cierto es que aquella ocupación no despertaba su pasión, por lo que en 1795 decidió dimitir de su cargo para dedicarse por completo a la investigación científica, en trabajos que llevó a cabo junto con su hermano Claude.

Desde el siglo XVI, la cámara oscura permitía obtener sobre una pared la imagen de objetos proyectados a través de un orificio perforado en la pared opuesta. Las investigaciones sobre la óptica mejoraron el principio con lentes convergentes, espejos y diafragmas que acomodaban la imagen a la percepción humana y a la representación ilusionista.En forma paralela, durante cuatro siglos, físicos y químicos trataron de explicar un fenómeno observado desde la Antigüedad: la modificación de ciertas sustancias (principalmente el nitrato o el cloruro de plata) cuando eran expuestas al calor, a la luz y al aire.

Así fue que para 1807 los hermanos Niépce lograron inventar un motor de combustión interna, denominado Pireolóforo, el cual funcionaba con combustible en polvo. Luego de aquello, Claude se mudó a París y posteriormente a Londres, donde intentó producir el Pireolóforo para su comercialización. Mientras tanto, Joseph continuó abocado a las investigaciones.

Para 1813, Joseph Niépce comenzó a acercarse al arte popular de la litografía, disciplina que lo fascinaba, siendo este su primer acercamiento a los que luego daría lugar al nacimiento de la fotografía. No obstante, encontró que no tenía el talento suficiente para ello, y mientras su hijo Isadore se dedicaba a la litografía impulsado por su padre, Joseph combinó distintas técnicas para crear la Heliografía, es decir la escritura a través del uso de la luz del sol, para lo que utilizó un barniz especial sensible a la luz.

En su búsqueda constante, Niépce decidió hallar una forma de producir imágenes de la naturaleza de forma directa, por lo que comenzó a realizar diversos ensayos en base a diferentes métodos.

Así fue que Niépce concluyó con la combinación de las técnicas empleadas por un lado en la llamada cámara oscura, inventada por el alemán J. H. Schulzeobserved, y por el otro la heliografía, dando como resultado la fotografía.

Se cuenta que la primera imagen captada fue tomada por el propio Niépce desde su taller, el cual poseía una ventana que daba al patio de la finca de su familia. Aquello ocurrió en 1816, y para lograrlo utilizó papel sensibilizado con cloruro de plata, lo que le permitió capturar una vista desde la cámara oscura. Pero lo cierto es que aquella imagen se desvaneció después de poco tiempo, ya que aún no había podido hallar un método que le permitiera que las imágenes tomadas pudieran ser conservadas de forma permanente. 

Niepce patentó, en 1807, un notable motor de combustión interna que construyó con la ayuda de su hermano Claude: el pireolóforo. Verdadero precursor del motor Diesel, este aparato, basado en la combustión instantánea de pólvora de licopodio —pronto remplazada por petróleo—, estaba destinado a propulsar un barco fluvial en el Saona. Pero, a pesar del estímulo recibido de Lazare Carnot de un intento de asociación con Claude Francois Jouffroy d’Abbans, el invento no llegó a ser explotado y su único efecto fue arruinar temporalmente a su creador y encaminarlo a otros experimentos.

Algunas otras investigaciones le permitieron a Niépce incluir una serie de elementos más a su invención, como por ejemplo la utilización de un diafragma de cartón frente a la lente de la cámara oscura, como el que había utilizado Galileo en su Telescopio, y la inclusión de ácido nítrico para fijar la imagen. Aquello permitió que las fotografías tomadas duraran más tiempo, pero era cuestión de horas para que desaparecieran.

Entre 1817 a 1825, Niepce experimentó con la producción de imágenes negativas y positivas grabadas en metal y vidrio con diferentes tipos de ácidos sensibles a la luz, pero nada de aquello le dio resultado.

Finalmente, en 1826 Niepce logró captar por primera vez una fotografía permanente, para lo que utilizó una cámara oscura profesional diseñada por los parisinos Charles y Vincent Chevalier. Era un caluroso día de verano, Niepce volvió a acercarse a la ventana de su taller y retrató la primera imagen de la naturaleza, como lo había soñado. Aquella simple vista del patio de su casa se convirtió en la primera fotografía del mundo, que logró conservarse gracias a haber estado expuesta por más de ocho horas al sol.

A partir de allí, Niépce comenzó una amistad con Louis Jacques Mandé Daguerre con quien firmó un acuerdo en 1829 que posibilitó la asociación de ambos inventores por el lapso de diez años. En el ínterin Niépce murió, precisamente el 5 de julio de 1833, debido a un infarto, por lo que todas las ganancias recibidas por la invención del primer método para tomar fotografías quedaron en manos de su socio, quien por fortuna supo asegurar el futuro de la fotografía.

El día 21 de Septiembre se celebra el día del fotógrafo porque  se cree estaría  relacionado con la fecha donde fue realizado el primer daguerrotipo en América Latina., (que fue el invento precursor de la fotografía moderna) La novedad del invento fue anunciada, el 19 de agosto de de 1839, ante la Academia de Ciencias de París, Daguerre (su “discutible “creador) publicó un manual con la técnica, que fuera traducido en 8 idiomas.

 LA HISTORIA DE LAS PRIMERAS FOTOGRAFÍA:

Una invención permanente
A comienzos del siglo XIX, la asociación de la cámara oscura y de las  investigaciones en química dio origen a las primeras y fugitivas fijaciones de imágenes. Nicéphore Niepce, en 1826, logró fijar una imagen «heliográfica» sobre una placa de cobre plateada recubierta con betún de judea, tras una exposición de ocho horas. Después de su muerte, Daguerre, con quien se había asociado en 1829. redujo el tiempo de exposición, aseguró la permanencia de la imagen mediante un baño de sal y bautizó este procedimiento con el nombre de «daguerrotipo».

El éxito inmediato del daguerrotipo, hecho público por Arago en 1839, opacó otras invenciones contemporáneas, como el calotipo de William Henry Fox Talbot o el positivo directo sobre papel de Hippolyte Bayard. El procedimiento de Daguerre constituyó, en realidad, un momento en la larga historia de esta invención.

Del negativo-vidrio recubierto con albúmina (1848, Abel Niepce) a la impresiónalbumínica sobre papel (Louis-Désiré Blanquart-Evrard) —que se transformó en el principal medio hasta fines de siglo-, del colodión (1851, Frederick Scott Archer), procedimiento rápido que reducía el tiempo de exposición a dos o tres segundos, al gelatinobromuro de plata (1871, Richard Maddox) o a la película flexible en celuloide envasada en bobina (1888, George Eastman), la historia de la invención de la fotografía se extendió por todo el siglo XIX.

Ciencias y bellas artes: el «lápiz de la naturaleza» El procedimiento de Daguerre fue presentado por Arago el 19 de agosto de 1839 ante la Academia de Ciencias y la Academia de Bellas Artes. La presencia de un auditorio científico y la de uno artístico prenunciaría el doble status de la fotografía, motivo de numerosos debates posteriores.

El pintor Paul Delaroche, en un informe preliminar, hablaba de «dibujos fotográficos» y Arago de «cuadros en los que la luz engendra los admirables dibujos del señor Daguerre». Traducía así, sin saberlo, el photogeníc drawing(«dibujo fotogénico») de Talbot, definido como el «proceso mediante el cual objetos naturales se delinean ellos mismos sin ayuda del lápiz del artista».

Este «naturalismo» auguró crisis más agudas: si bien la fotografía, primero considerada como un instrumento de dibujo (al igual que la cámara oscura en su época), revelaba un dibujo natural, ponía en entredicho la concepción misma del disegno, garante de la buena pintura desde el Renacimiento, y despojaba al pintor de su monopolio.

primera fotografia de 1826 de Niepce

Esta fotografía es la más antigua que se conserva. La tomó en 1826 Nicéphore Niepce desde una buhardilla de su casa de la localidad francesa de Saint-Loup-de-Varennes. Su soporte fue una placa de cobre recubierta de betún de Judea y requirió ocho horas de exposición. En 1829, Niepce se asoció con el pintor Louis Daguerre. Eue éste quien, a la muerte de Niepce, en 1833,  perfeccionó  el  revelado (mediante vapores de mercurio) y la fijación (con hiposulfito sódico) de las imágenes fotográficas. Su procedimiento, conocido como daguerrotipia, empleaba como soporte sensible una placa
de plata recubierta de yoduro de plata; el método fue adquirido por el gobierno francés en 1839, y se popularizó rápidamente.

Los orígenes y el desarrollo de la fotografía
En 1900, los principios básicos de la fotografía fija estaban firmemente establecidos. La aparición en 1888 de la primera cámara Kodak producida en masa había convertido a la fotografía en un pasatiempo popular.

En 1900, una persona de cada diez en Estados Unidos y Gran Bretaña poseía una cámara, aunque la afición se extendió más lentamente en el resto de Europa. Pero si bien los principios estaban establecidos, el futuro reservaba grandes cambios tanto para la cámara como para el material sensible. Incluso durante la Segunda Guerra Mundial, los profesionales utilizaban cámaras grandes de madera y bronce.

Para entonces ya no era técnicamente necesario emplearlas y su utilización no era más que un reflejo de la falta de visión de los editores. Hasta 1940, la revista Life se negó a aceptar pruebas de placas de menos de 20X25 cm. En esa época, las manejables cámaras miniaturizadas, cuyo prototipo era la Leica de 1925, podían producir resultados igualmente buenos con película de 35 mm. La mayoría de los fotógrafos aficionados habían adoptado ya los rollos de película, aunque más cortos y de formato mayor que 35 mm.

Uno de los problemas básicos de la fotografía reside en conseguir que la imagen enfocada en la película sea el objeto deseado. Para lograrlo, es preciso disponer de algún dispositivo de enfoque, que puede consistir simplemente en dos marcos, como los visores de un rifle, o en una sencilla serie externa de lentes, que reflejan la imagen sobre una pequeña pantalla de cristal. Este dispositivo introduce a su vez el problema de la paralaje, como consecuencia de que el eje del sistema óptico de la cámara no coincide con el del sistema de enfoque.

El sistema réflex de lentes gemelas, inventado por Rollei en 1929, consistía esencialmente en una cámara doble. La cámara superior reflejaba sobre un visor exactamente la misma imagen que la cámara inferior enfocaba en la película. La réflex de una sola lente, más compacta, en la que la imagen visible es reflejada por un espejo que se desplaza en el momento de la exposición, apareció a principios de los años 30.

También mejoró radicalmente la calidad de las lentes. Ya en 1902, la lente Tessar aceptaba un diafragma de f4,5, pero la Leica de 1925 consiguió reducir esta cifra a f 3,5 y a principios de los años 30 se habían logrado diafragmas de f 1,8. La velocidad de exposición experimentó asimismo grandes adelantos. La popular cámaraCompur, fabricada por la empresa Deckel de Munich, ofrecía una velocidad máxima de 1/250 de segundo cuando se comercializó por primera vez en 1912, pero en 1935, la velocidad máxima era ya de 1/500.

Niepce no se limitó solamente, en el curso de sus investigaciones, a perfeccionar las superficies sensibles. Pensó también en reproducir los colores, aunque tuvo que desistir de tal empresa, que no sería acometida hasta muchos años después. Experimentó diferentes soportes; ideó reducir la abertura de los objetivos primitivos que utilizaba, a fin de aumentar la nitidez de las imágenes; inventó el «diafragma» móvil, que cincuenta años más tarde habría de ser «reinventado»; pensó incluso en la posibilidad de cambiar de óptica a sus cámaras según las necesidades de reproducción que se le presentaran. También fue idea de Niepce el «descentramiento» en la cámara para corregir las perspectivas sobre el cristal esmerilado y el fuelle. Muchas de esas ideas se perdieron para volver a ser descubiertas más tarde cuando la fotografía había dado ya pasos de gigante.

Al morir Niepce en 1833, su hijo siguió intentando comercializar los descubrimintos de su padre, cuyas tierras de Gras y Charlon-sur-Saone habían quedado cargadas de hipotecas.

Sin embargo, un investigador tenaz como era Nicephore Niepce, nunca había perdido la esperanza; cuatro años antes de su muerte había iniciado un acuerdo de colaboración con otro pionero de la fotografía no menos ilustre y conocido: Santiago Mandé Daguerre, con el que se puso en contacto a través de un amigo común, el óptico Chevalier, al cual ambos encargaban cámaras oscuras.

LOS ARTISTAS DE LA IMAGEN
Los primeros profesionales de la fotografía salieron de los círculos de investigadores y científicos y del ambiente bohemio de las artes. especialmente de la pintura, en cuyos talleres se había comenzado pe: criticar la técnica , motejándola de «arte sin alma».

Sin embargo, las necesidades económicas y el afán de probar. fueron más fuertes que las consideraciones estéticas y un gran número de ellos terminó entre lentes y reveladores.

En su fuero interno se consolaron prometiéndose rescatar el «vil juego mecánico» del ¡click!, para convertirlo en expresión artística.

Muchos lo consiguieron.
Entre los clásicos más notables del primer período, cabe destacar a Octavius Hill, Robert Adamson, Julia Margaret Cameron, Robert Felton, Félix Nadar, Mathew Brady, Edward Maybridge, Lewis Carroll (autor de «Alicia en el País de las Maravillas»), Eugene Atget, los hermanos Alinari, Eric Salomón, Man Ray, etc.

De la segunda etapa -la moderna-, son notables los trabajos de Aléxander Rodcenko, Dorothea Lange, Maholy Nagi, Brassai, Lartigue, Ansel Adams, Cecil Beatón, Bill Brandt, Henri Cartier-Bresson, Yousuf Karsh, Paolo Monti, Robert Capa, David Duncan, Irving Penn, David Hamilton, etc.

De estos precursores merecen especial mención Hill, Adamson, Julia Margaret Cameron, Felton, Nadar y Man Ray.

El Primer Reportaje Gráfico.
D.Octavius Hill.(1802-1870) y Robert Adamson. (1821-1848). El pintor paisajista Octavius Hill, escocés y amigo de Sir David Brewster, inventor de la estereoscopia, se dedicó a la fotografía en 1843, cuando debió recurrir a este sistema como apoyo en la ejecución de una pintura monumental de 470 eclesiásticos para la iglesia nacional escocecsa. Hill se puso en contacto con Robert Adamson, que tenía un estudio fotográfico en Edimburgo para realizar este trabajo. Utilizaron la técnica de negativo sobre papel. La actividad de Hill y Adamson no se limitó sólo al retrato, sino que se extendió a la arquitectura escocesa y a la vida de los pescadores de Newhaven .

Este último trabajo constituye el primer «reportaje fotográfico». El alto nivel técnico y artístico de las mil quinientas fotografías que hicieron Hill y Adamson entre 1843 y 1847, convierten a esta colección en las más bellas imágenes del siglo XIX.

Julia Margaret Cameron. (1815-1879). Fue una de las primeras mujeres que se interesó en la fotografía. Se dedicó particularmente al retrato. Nacida en la India, a su regreso a Inglaterra frecuentó el célebre salón de su hermana, que constituía un activo centro de reunión de pintores, literatos, artistas y científicos de la época victoriana. La galería de los retratos de estos hombres son el cimiento de su fama en la fotografía.

Roger Felton (1819-1869). Pintor y abogado inglés, se inició en la fotografía en 1845. Está considerado como el primer cronista, reportero gráfico y corresponsal de guerra del mundo. Es famoso en la historia de la fotografía por sus imágenes tomadas durante la guerra de Crimea, en 1855.

Llevando tras de sí un voluminoso equipo de campaña, que incluía, además de placas y baños, el cuarto obscuro, tomó parte en muchas batallas, captando innumerables escenas bélicas, con la finalidad principal de documentar los acontecimientos.

Félix Nadar (1820-1910). Gaspar Félix Tournachon, más conocido por su pseudónimo de Nadar fue quizás, el más famoso de los fotógrafos de fines de siglo en Europa. Bajo sus múltiples facetas de aeronauta, dramaturgo, fotógrafo, caricaturista y actor ha sido, sin duda, uno de los personajes más atractivos de esa época.

Empezó a dedicarse a la fotografía en 1850 . Fue, sobre todo, un retratista. Por su estudio desfilaron los más célebres hombres de su tiempo. Provenían de todo los campos. Allí posaron Balzac, Baudelaire, Bakunin, George Sand, Daumier, Víctor Hugo, etc.

En sus retratos, fuertes y equilibrados, la imagen se concreta en la búsqueda de una expresividad psicológica del personaje, en la que se revela la experiencia de caricaturista y diseñador de Nadar.

Su galería de retratos se hizo famosa y todavía hoy parece que no ha sido igualada. Nadar realizó también -por primera vez- una serie de fotografías aéreas de París, elevándose en un globo que él mismo ideó y construyó.
Nadar es un personaje que está entre la historia y la leyenda y su fama se debe mucho a su obra de fotógrafo, pero también en gran parte a sus numerosas aventuras.

Murió en 1910, después de haber podido felicitar a Blériot por su travesía en avión sobre el Canal de la Mancha. Michel Braive ha dicho de él que «una de sus aventuras más relevantes fue la de poder vivir hasta los noventa años».

Mathew Brady, (1823-1896) y su equipo. A los dieciséis años pintaba miniaturas bajo la dirección de William Page. Se dedicó posteriormente a la fotografía con Samuel Morse y Draper, que fueron los primeros en introducir el daguerrotipo en los Estados Unidos. En 1844 abrió un gran estudio en Nueva York, que se transformó en una verdadera agencia foto periodística.

Al principio se dedicó al retrato y formó una colección con los personajes más importantes de su país, la que posteriormente le sirvió de base para publicar en 1850 el volumen «Galería de Hombres Ilustres».

En 1856 hizo venir de Escocia a Alexander Gardner, que fue su primer colaborador. Cuando estalló la guerra civil norteamericana, Brady decidió documentar los acontecimientos bélicos al lado de los nordistas. Con la autorización de Lincoln organizó un equipo de fotógrafos gastándose 100 mil dólares de su bolsillo. Veinte grupos se repartieron por todos los frentes para reportear la contienda. Brady se transformó así en «el fotógrafo de la guerra de secesión americana» y creó la primera agencia de distribución fotográfica para los periódicos del interior y exterior del país.

La colección de estas fotografías se conserva hoy en los archivos norteamericanos.

Man Ray (1890 ) Pintor norteamericano, cuya obra la desarrolló en Europa, donde se trasladó muy joven. Fue uno de los sostenedores del «dadaísmo» y formó parte del grupo de la Bauhaus en Dessau.En este grupo se dedicó a la experiencia fotográfica junto a Moholy Nagi. Sus fotogramas, parecidos a los de Nagi, fueron llamados «Rayographs», porque se obtenían por medio de placas impresionadas por Rayos X. Man Ray se dedicó también al cine de vanguardia, entre los años 1920 y 1930.

DEL FOGONAZO DE MAGNESIO AL ¡CLICKI POPULAR
Durante siglos la aristocracia había perpetuado su imagen a través del retrato. Miles de pintores, genios los menos, meros artesanos la mayoría, se habían encargado mediante su talento de fijar los rasgos de la rancia estirpe de su época, que deseaba, por medio de la tela y el óleo trascender a su tiempo dejando pruebas policromadas de su paso por la vida.

Este «celo por la trascendencia existencial» a la postre fue un positivo aporte al desarrollo del arte pictórico, pues permitió que hoy se conozca la obra de muchos creadores que de otra manera hubieran tenido poca o ninguna posibilidad de dedicarse de lleno a desarrollar sus aptitudes. Cuando cayó el viejo orden y la revolución política e industrial puso en el sitio del aristócrata al buen burgués, este heredó gran parte de los gustos de sus antecesores, por lo que también se mandó a hacer un retrato para mostrar, tratando de imitar a la nobleza de viejo cuño -aunque sin su estilo-, la posición que ocupaba en la sociedad.

Al democratizarse aún más el proceso, la clase media de comerciantes, funcionarios e intelectuales vieron con espanto que -debido a la inflación- era muy poco probable que alcanzaran a colgar algo que se pareciera a un retrato sobre la chimenea.

Para llenar esta necesidad nació la «miniatura», arte que no era nuevo pero que sirvió muy bien para satisfacer la creciente demanda, luego de sacrificar bastante la calidad de la obra.

Estos pequeños retratos fueron, durante años, la foto de bolsillo de los que no podían darse el gusto de poseer una panorámica al óleo de su personalidad.

Cuando el daguerrotipo irrumpió en escena el cambio fue instantáneo. Con muy poco dinero hasta un obrero especializado podía procurarse una prueba visible y palpable de su existencia, salida de los estudios y los laboratorios de algunos de los primeros fotógrafos de ese tiempo.

Mientras que los miniaturistas quedaban botados en el camino, ópticos y químicos hacían verdaderos milagros y ya en 1840 el equipo completo había dejado de pesar catorce kilos y bajaba hasta diez. Ese mismo año también se lograban notables progresos tendientes a satisfacer a los impacientes: ya no había que permanecer inmóvil durante quince minutos después del ¡click!, ahora bastaban cinco solamente. Por esos mismo años, Estados Unidos se veía invadido por «Saloons» fotográficos. Allí se podía conseguir una buena reproducción por cinco dólares, mientras que los nuevos aportes técnicos, hacían cada vez más económica la moda.

Sin embargo, no siempre el público quedaba satisfecho con el resultado. Quería algo más. Este problema fue subsanado en parte por el muniqués Hampftangl, quien inventó el «retoque». En la exposición francesa de 1855 se exhibieron, por primera vez, pruebas retocadas. El retoque fue recibido con beneplácito por la clientela que exigía milagros y fue un factor decisivo en el posterior desarrollo de la fotografía. Supuso así mismo el comienzo de una etapa de decadencia, en la cual la ejecución de retratos relamidos eliminaba todo rasgo de fidelidad, despojando a la obra de su valor esencial.

Al poco tiempo no sólo se retocaba, sino que también se coloreaba el retrato. Disdiri fue quien puso de moda el estilo, buscando siempre dar la razón al cliente. El sucedáneo del retrato al óleo de la antigua nobleza ya estaba al alcance de todo el mundo.

CRONOLOGÍA DE LA EVOLUCIÓN:

1490 — Leonardo da Vinci describe por primera vez los principios de la cámara oscura en el Atlantic Codex. En el exterior de la caja oscura se encuentra el universo, dentro, el material fotosensible; si hacemos un agujero, todo el universo entrará y quedará plasmado en una foto.

1825 — El francés Nicéphore Niépce realiza la primera fotografía de la historia de un hombre llevando un potro. El 21 de marzo de 2002 la fotografía fue vendida en Sotheby de París por algo más de cuatrocientos mil euros.

1839 — Primera cámara de Daguerre fabricada en París por Giroux. Costaba unos 45 euros. Los daguerrotipos se hacían sobre una placa cubierta de plata tratada con vapor de yodo para volverla sensible. Luego se revelaban con vapor de mercurio y se fijaban con solución salina.

1880 — Kodak patenta por primera vez una cámara de fotografía. George Eastman acuña una frase que se hizo muy célebre para su venta: «Tú aprietas el botón, nosotros hacemos el resto».

1893 — Primer flash de la historia diseñado por el francés Chauffour para una cámara submarina. Una pequeña cantidad de magnesio debía arder dentro de un bulbo de vidrio con oxígeno.

1924 — Oskar Barnack desarrolla la primera cámara de 35 mm. Leica, presentada en Leipzig, Alemania.

1926 — Kodak presenta la primera cámara de bolsillo, la Kodak 1A Pocket Camera, de la que hacen distintos modelos.

1948 — Edwin Land comercializa la primera cámara Polaroid capaz de realizar una fotografía instantánea.

1957 — Russel A. Kirsch escanea la primera fotografía de la historia en un ordenador, una imagen de su hijo.

1964 — Primera foto de la luna realizada por un satélite.

1969 — Los estadounidenses Willard Boyle y George Smith desarrollan el CCD capaz de registrar la imagen mediante una serie de células fotoeléctricas o píxeles y guardarlas en una tarjeta de memoria.

1971 — Polaroid comercializa la primera cámara completamente automática que toma la foto, la revela y la expulsa sola, la SX70-Land.

1975 — Kodak pone a punto el primer prototipo de cámara digital, desarrollada por el ingeniero Steve Sasson.

1976 — Primera cámara con microprocesador, la Canon AE-1, primera cámara SLR con objetivo de 110 mm, la Minolta Zoom SLR y primera cámara digital con una resolución de 10.000 píxeles, la Fairchild MV-101.

1987 — Kodak fabrica la primera cámara digital con un millón de píxeles, la Videk Megaplus.

1988 — Primera cámara digital con una tarjeta de memoria extraíble, la Fuji DS-1P.

HECHOS, sucesos que estremecieron al siglo N°30  El Triunfo de la Imagen

Historia del Cine y Su Evolución Histórica Primeras Peliculas

Historia del Cine y Su Evolución – Primeras Peliculas

LA EVOLUCIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: A partir del incesante avance de la ciencia y de la tecnología, la comunicación dejó de ser exclusivamente oral para desarrollarse a través de otros medios, como la prensa, la radio, el cine y la televisión.

En la actualidad, las sociedades industrializadas dependen, en gran medida, de los medios de comunicación masivos. Su sistema económico —basado en la compraventa generalizada—, la compleja división del trabajo y las necesidades del Estado para cumplir con sus funciones requieren de estos medios para difundir la información del modo más rápido y a la mayor cantidad de personas posible.

De allí que cada vez sea más estrecha la relación entre los grandes grupos económicos y las grandes cadenas de comunicación.

EL CINE: En París en diciembre de 1895, los hermanos Lumiére, produjeron el primer film: La llegada del tren. El impacto de este hecho puede considerarse en gran medida por las consecuencias que desató en algunos espectadores, que huyeron despavoridos de la sala al ver a la locomotora aproximarse demasiado a la pantalla.

Las primeras películas eran de escasa duración, incluso en la actualidad serian consideradas como cortometrajes. Entre los primeros títulos se destacan Lumire en Lyon, Salida de la fabrica y El Herrero.

LUMIERE HERMANOSEl francés George Mélies (1861- 1938) fue el primero en advertir las posibilidades comerciales del cine, como espectáculo popular, con este fin incorporó el rodaje en los estudios y los trucajes, sin los cuales la producción cinematográfica resultaría imposible.

Sin embargo, Antoine Lumire (dice Lumire pero me parece que es Lumiere) le envió una carta en 1898 que expresaba: “Sr. Meliés, nuestro invento no es para venderlo.»

Puede ser explotado algún tiempo como una curiosidad científica, pero no tiene ningún interés comercial.” Aparentemente las palabras del inventor no fueron proféticas.

 Por el contrario, al poco tiempo, surgieron en Francia las primeras empresas cinematográficas: la Gaumont y la Pathé, que lanzaron sus películas comerciales y los noticieros cinematográficos. Gracias a estos desarrollos, quedaron registrados los primeros hechos políticos, artísticos, deportivos y culturales. Además, surgió un nuevo género cinematográfico que tendría un gran desarrollo a lo largo del siglo: el documental.

En las postrimerías del siglo XX, los procesos de concentración de imágenes dieron lugar a una lucha por la posesión de las patentes entre europeos y norteamericanos. De esta manera, en EEUU, Thomas Ava Edison (1847-1931) patentó una máquina y un proyector.

En pocos años, Edison —que triunfó en numerosos juicios por patentes— pasó a ser el productor de cine más destacado de los Estados Unidos y controló gran parte de la nueva industria. En 1903, produjo uno de los primeros grandes éxitos masivos.

El film se llamaba Asalto y robo de un tren. Esta producción dio lugar al nacimiento de un genero especifico que haría historia: el western (películas que contaban historias del oeste norteamericano ocurridas durante el siglo XIX marcado por la colonización y el asentamiento de flujos migratorios que provenían del este).

Las primeras salas de proyección se crearon en 1902 en Los Ángeles, creciendo en número en los años posteriores (entre 1906 y 1909). Sin embargo, este progreso seria obstaculizado por el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914) interrumpiéndose la competencia entre los estudios norteamericanos y europeos. Hasta ese momento, el cine europeo mantenía la primacía.

Sin embargo, en  ese mismo año en una ciudad situada en los alrededores de Los Ángeles, en el estado de California (EEUU) fue construido el primer estudio cinematográfico. En ese lugar, comenzaron a trabajar numerosos productores que burlaban el monopolio ejercido por Edison.

En 1912. Charles Chaplin (1889-1977) de nacionalidad británica, creo el personaje de Charlot (Carlitos) contribuyendo junto con otras grandes figuras a la difusión mundial del cine norteamericano.

En esta etapa fundacional del cine, ocupa un destacado lugar, el realizador David Wark Griffith (1875-1948), considerado uno de los máximos creadores de la narración cinematográfica y director de uno de los primeros largometrajes del cine mudo “El nacimiento de una nación”. Se trataba de una epopeya basada en lo ocurrido en el sur derrotado, durante los años posteriores a la guerra civil norteamericana. El film reivindicaba la creación y la acción del Ku Klux Klan.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, la supremacía norteamericana también alcanzó al cine, superando ampliamente en número y en capacidad de distribución a las producciones europeas. Frente a la experiencia traumática que habia dejado la guerra y la necesidad  de olvidarla comenzó la época de oro del cine cómico con figuras tales como Charles Chaplin (1889-1977), Harold Lloyd (1893-1971) y Buster Keaton (1896-1966).

El éxito del cine mudo se debe a varias razones: en primer lugar, resultaba accesible a las comunidades de inmigrantes, que por esa época eran muy numerosas y no dominaban el idioma inglés. En segundo lugar,  la rentabilidad que representaba para la sociedad y los empresarios norteamericanos, que veían en el cine un gran negocio y un nuevo tipo de distracción y entretenimiento accesible a la mayoría de la población. Poco a poco, fue considerada como vía de escape para los trabajadores norteamericanos frente a sus largas jornadas de trabajo, por lo general intensivas y mal remuneradas.

Los empresarios del nuevo mercado, para fomentar nuevas necesidades artificiales (no menos artificiales que las producidas en la actualidad) crearon géneros cinematográficos para todos los gustos. De esta manera, nació el western, el policial, el bélico, el cine de terror, de aventuras y el romántico, entre otros.

En Europa también el cine continuo diversificándose y constituyéndose en un espacio de critica a la sociedad de ese momento.

En la Alemania derrotada, se estrenó en 1919, El gabinete del Doctor Caligari. En medio de un clima tenso, se da lugar el desarrollo de la corriente expresionista. Esta corriente —que tenía también sus expresiones en la pintura, la música y la literatura— traducía la descomposición de la sociedad alemana de posguerra. La crítica al sistema económico y social se torna más explícita en las películas de Fritz Lang, o Metrópolis (1924), que describe un mundo de esclavos sometidos por el maquinismo.

Historia del CineEn la joven Unión Soviética, constituida a partir del triunfo de la revolución bolchevique en 1917, el cine fue utilizado como un instrumento de control social frente a la necesidad de legitimar el gobierno soviético.

En la denominada escuela rusa se destacó, Serghei M. Eisenstein Entre sus obras más destacadas se encuentran El acorazado Potemkin (1925), considerada una de las mejores películas de la historia de la cinematografía. Se trata de un cine mudo y épico, que relata la rebelión de la tripulación del acorazado Potemkin, durante el régimen zarista en 1905.

En Octubre (1927), Eisenstein narra un realismo casi documental los acontecimientos de la Revolución Rusa. Los realizadores soviéticos buscaron conciliar el cine pensado como arte con un cine de propaganda política tendiente a aumentar la adhesión del pueblo ruso a la revolución.

Bajo las mismas intenciones que en la Unión Soviética, el cine fue utilizado tanto por Hitler (Alemania) como por Mussolini (Italia) como vías de legitimación del régimen fascista.

De esta manera, en Italia, en agosto de 1932, se inauguró el Festival de Venecia, con el propósito de promocionar una imagen favorable del país y del régimen. En su primera edición, el festival permitió el encuentro de producciones americanas y europeas, y, según un crítico de la época, se tuvo la impresión de asistir al bautismo oficial del cine como arte. En las ediciones posteriores (1934 y 1935), la represión y la censura del régimen fascista se agudizaron, y las intenciones originales se frustraron.

En Alemania, con el nazismo en el poder, grandes directores debieron emigrar. El cine fue utilizado por Hitler y Goebbels como un nuevo medio para defender y difundir sus ideas totalitarias. La realizadora berlinesa Helena “Leni” Riefenstahl, amiga personal de Hitler, fue quien mejor comprendió las pretensiones del dictador.

Dirigió dos documentales, El triunfo de la voluntad, de 1936 —en el que se describe con imágenes impactantes y en un tono admirativo el Congreso del Partido nazi en Nuremberg realizado en 1934— y Las Olimpíadas, en el cual la directora filma ese evento deportivo realizado en Berlín, durante 1936. De este modo, transformó la pantalla en una vidriera del régimen.

En Europa, el cine arte encontró otros grandes creadores, entre ellos el francés René Clair (1898-1981) y el catalán Luis Buñuel (1900-1983) quien, en compañía de Salvador Dalí, realizó el primer film surrealista de la historia: El perro andaluz (1928). En él aparecen los elementos constitutivos del movimiento surrealista: el mundo de los sueños, el psicoanálisis, la crítica al sistema capitalista, a la Iglesia, al arte tradicional y al cine norteamericano.

En 1927, se estrenó en Hollywood la primera película sonora, El cantor de jazz.(ver mas abajo) El cine sonoro otorgó grandes posibilidades al nuevo género de la comedia musical y revolucionó la industria del cine.

En ese momento, Hollywood se había convertido en vanguardia del avance tecnológico. En ese mismo lugar, en 1935, se proyectó la primera película en color: “La Feria de Las vanidades”. Sin embargo, el nuevo sistema alcanzó su aceptación indiscutida con una película que se convirtió, con el paso del tiempo, en un clásico: “Lo que el viento se llevó” (1939), que retomó el tema de la Guerra Civil norteamericana.

El cine francés adquirió, a partir de los años 30, fama mundial. Su temática daba cuenta de los problemas que atravesaba la sociedad: aparecían reflejados los dramas de ciertos sectores sociales como la clase media y la obrera..

La rápida conversión del cine en una costosa empresa industrial, la llegada del sonido y la crisis económica iniciada en 1929, llevaron a la industria cinematográfica norteamericana a depender del mundo de las altas finanzas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en Europa, surgieron dos corrientes cinematográficas renovadoras: el neorrealismo italiano, durante el comienzo de la posguerra y, en los 50, la nueva ola (nouvelle vague) del cine francés.

En la destruida Italia de posguerra, un grupo de realizadores renunció al llamado “cine-espectáculo”, al estilo Hollywood y al cine monumental de la época de Mussolini y contó la realidad de su gente desde una perspectiva ética y realista.

Con precarios medios, recurriendo a la filmación con la cámara en la mano, salieron a filmar historias de la vida cotidiana en los exteriores naturales. Por renunciar a todo recurso artificioso, su cine fue llamado neorrealista.

Tres grandes creadores brillaron con luces propias: Roberto Rossellini, que conmocionó con films testimoniales y desgarradores, como Roma, ciudad abierta (1945); Vittorio de Sica (1902-74) con Ladrones de Bicicletas (1948) —considerada una de las diez mejores películas de la historia del cine— y Luchino Visconti (1906-76), quien llevó el movimiento neorrealista a su dimensión más lograda con La terra trema.Historia del Cine

Hacia la decada del 50, Federico Fellini comenzó a filmar, quien se convirtió, al poco tiempo, en uno de los grandes exponentes de la cinematografia mundial.

La influencia del neorrealismo quedaba manifiesta en sus primeras producciones. Fellini construyo su propio lenguaje, cargado de ironía contra los símbolos del poder y contra la hipocresía de la sociedad tradicional.

En Amarcord (Premio Oscar 1974) retrata, magistralmente, la Italia fascista a través de un relato autobiográfico.

En esa misma época, en Francia, un conjunto de originales directores revolucionó el cine europeo: La Nouvelle Vague mostró su disconformidad con el cine francés de su tiempo y, con películas de bajo presupuesto apuntó a la originalidad.

Historia del CinePor otro lado, el sueco Ingmar Bergman (1918- 2007), con films como El séptimo sello (1956), le otorgó al cine una dimensión filosófica no conocida hasta ese momento. Sus producciones se caracterizaron además por una dura critica a la sociedad de posguerra.

Recurriendo al aporte de una tecnología de avanzada, Hollywood siguió apostando más a las formas de transmisión que al contenido.

Presentó nuevos films en pantallas más grandes y con superiores sistemas de sonido. La idea era deslumbrar al espectador con el gigantismo. Se sucedieron películas inspiradas en la historia de Roma y del Cristianismo, con altísimos presupuestos.  

La industria cinematográfica norteamericana ha sido siempre, de manera más o menos consciente, el instrumento de una constante propaganda de los valores de los Estados Unidos. Sin ella, el mito norteamericano estaría menos presente en las mentalidades de los hombres de todo el mundo.

El cine norteamericano parece, actualmente, dominar el mercado mundial.

Esta conquista es, en realidad, una reconquista, porque a principios de los años 20, Hollywood manejaba el 80 % de la producción mundial.

Este porcentaje se redujo en las décadas siguientes debido al auge de las cinematografías nacionales y a la Segunda Guerra Mundial, que impidió la difusión del cine norteamericano en diversos países.

A  partir de 1945, comenzó la reconquista que logró sus objetivos durante las últimas décadas del siglo: la mayoría de las películas exhibidas en el mundo son, en la actualidad, de origen norteamericano. (ver Vida de Marilyn Monroe)

PARA SABER MAS… El cine aprende a hablar La rica variedad del cine mudo había sido posible gracias a la fantasía de Georges Méliés, al genio narrativo deEdwin Porter, a la imaginación de D. W. Griffith, al virtuosismo técnico de Sergei Eisenstein, y a la colaboración de un plantel internacional de pioneros del cine menos conocidos. Sólo faltaba el sonido para hacer realidad el sueño de Edison: «la imagen parlante».

Desde las primeras «salas de cinco centavos» los espectadores se habían habituado al acompañamiento musical, servido por un pianista; pero, en ocasiones, como en la primera proyección de El nacimiento de una nación, participó una orquesta de 70 maestros.

En 1923 los técnicos habían conseguido dotar de sonido al cine, especialmente en los denominados «cortos» —a menudo escenas de vodevil— que acompañaban a la película muda de mayor extensión. Más adelante, algunas producciones llevaban registros musicales, y se agregaron bandas sonoras a películas de actualidades. Sin embargo, el primer filme en que hablaron las imágenes data de 1927: El cantor del Jazz, cuyo protagonista fue el actor de variedades Al Jolson.

Concebida inicialmente para ofrecer sólo números musicales, se convirtió en el primer filme donde se escuchó la voz humana, pues el propio Jolson inesperadamente improvisó la presentación de sus canciones. Sus primeras palabras, «Hasta ahora nada habían oído ustedes», inauguraron la verdadera industria del cine, que inició entonces su prosperidad mundial. Aquel mismo año se realizaron numerosas películas y espectadores del mundo entero se agolparon para contemplarlas. En 1930 se vendían en Estados Unidos 110 millones de localidades cada semana.

En la actualidad, el cine ha llegado a ser una de las más importantes industrias de bienes de consumo. Como industria, su origen es reciente e incide en una serie de actividades de muy varia índole, desde las publicaciones gráficas hasta la industria de la confección. El filme posee la característica de ser un producto de consumo masivo. La cinematografía como fenómeno económico presenta una doble peculiaridad: su demanda no es libre, sino dirigida y, además, está ligada a las condiciones técnicas y sociales del momento.

Desde aquel día de 1903 en que Asalto y robo de un tren enajenó a los espectadores, el cine, después de sobrevivir a la guerra, la Gran Depresión, e incluso la televisión, continúa siendo en el mundo el medio más importante de difusión de cuanto significa dramatismo, aventura, diversión y entretenimiento.

La llegada del cine sonoro tuvo profundas consecuencias para la producción cinematográfica. Por un lado, se requería un nuevo tipo de actor, y muchas de las celebridades del cine mudo descubrieron que el nuevo medio superaba sus posibilidades. Se plantearon asimismo problemas técnicos. Las películas mudas se podían rodar en medio de un gran estruendo, pero el cine sonoro exigía estudios silenciosos. Hasta el ruido de las cámaras resultaba un problema. Al principio, se colocaron en cabinas a prueba de ruidos, pero finalmente se inventaron nuevas cámaras silenciosas.

Aunque el inventor norteamericano Thomas Edison contribuyó poco con la base tecnológica del cine, tuvo una influencia considerable en la organización de la nueva industria en rápida expansión. En particular, advirtió la importancia de normalizar las dimensiones y la velocidad de las películas de manera que pudieran proyectarse sin necesidad de adaptación en todas las salas del mundo. A principios de siglo estableció la película estándar, de 35 mm de ancho, cuatro perforaciones cada 2,5 cm y 16 cuadros cada 30 cm.

Estas normas acabaron adoptándose internacionalmente en 1909 y permanecieron vigentes por espacio de veinte años. En cambio, la velocidad de proyección no se controlaba tan estrechamente, y los dueños de los cines, ansiosos por recaudar cada vez más dinero, llegaban a acelerar las películas considerablemente. Para superar los problemas planteados por la reproducción del sonido, se adoptó como norma la velocidad de 24 cuadros por segundo.

LOS NUEVOS ÍDOLOS En las primeras películas americanas se mantenían en secreto los nombres de los intérpretes, pues se temía que los actores que alcanzaran la fama exigirían salarios más altos. Los productores advirtieron que una cara conocida atraía a las masas; comenzaron a anunciar a los intérpretes y así nació la estrella cinematográfica.

Italia fue el primer país europeo que veneró a las actrices de cine como «divas» o «divinas», por ejemplo Lydia Borelli, Francesca Bertini e incluso Eleanora Duse. En Alemania, actores como Paul Wegener y Asta Nielsen, danesa de nacimiento, confirieron dimensión artística al cine con sus vehementes interpretaciones.

LA GRAN PELICULA DEL OESTE NORTEAMERICANO: Con su película de 1903, El gran robo al tren, Edwin S.Porter, un camarógrafo de la compañía de producción de Thomas Edison, inició una nueva era del cinematógrafo.

En un simple filme de 12 minutos, Porter creó tres tradiciones cinematográficas: la dirección, el montaje y la película del oeste norteamericano (western).

Antes, la mayoría de las películas eran contemporáneas en el tiempo, con una larga secuencia que relataba un único acontecimiento.

La gran innovación de Porter consistió en cortar y empalmar metraje, lo que intensificaba la historia con la adición de dramatismo y suspenso.

El tratamiento del tiempo en El gran robo al tren no tenía precedentes. Un reparto de 40 actores representó un único suceso descompuesto en fragmentos: en una serie de catorce escenas unos bandidos irrumpen en un puesto ferroviario, controlan al operador, roban el tren y se esconden en los bosques. Mientras tanto, la hija del operador sale del puesto y libera a su padre.

Este organiza una batida para hacer salir del bosque a los villanos.

Sobreviene un tiroteo y la justicia triunfa cuando acaban con todos los ladrones.

El tiro más famoso de la película —y más inconexo— lo protagoniza un bandido que lleva una pistola y mira fijamente a la cámara mientras dispara aparentemente contra la audiencia.

Lo revolucionario de la técnica de Porter fue que mezclaba escenas del telegrafista con las de los bandidos, de modo que las dos historias paralelas se desarrollaban en forma simultánea. Otros directores, el más notable el francés Georges Méliés, habían presentado con anterioridad escenas en serie. Pero sus películas eran como versiones condensadas de obras teatrales. El gran robo al tren era, por primera vez, una película.

Aunque las películas de diez minutos todavía eran populares, en 1913, los asistentes al cine (cinco millones diarios en Estados Unidos) pedían a gritos filmes de largo metraje. Un vendedor de guantes cinéfilo, su cuñado y un escritor cargado de deudas se asociaron para hacer una película del oeste norteamericano picante que hizo de Hollywood la capital mundial de las películas de largometraje.

Después de ver su primera película, un ambicioso comerciante de guantes de Nueva York, Sam Goldfish, pensó que el cine tenía posibilidades y convenció a su reticente cuñado, el empresario de variedades Jesse L. Lasky, para formar una compañía de producción de largometrajes. Lasky contrató a un dramaturgo llamado Cecil B. DeMille para que aportara una visión artística.

El primer proyecto de la Jesse L. Lasky Feature Play Company fue El piel roja, un melodrama de 1905 sobre un aristócrata británico que se casa con la india que le ha salvado la vida en el salvaje oeste norteamericano.

La mayoría de las películas del oeste se rodaban en Nueva Jersey, pero DeMille quería el «auténtico oeste», de modo que se dirigió hacia Flagstaff, Arizona. Tras echar un vistazo al insípido paisaje, ordenó a su equipo que tomara de nuevo el tren hasta el final de la línea: Los Ángeles.

En Los Angeles se rodaban cortos desde 1907 pero El piel roja sería el primer largo. El rodaje, realizado ante un establo en la calle Vine, transcurrió con muchos problemas. Muy poco después de empezar a rodar, un saboteador (posiblemente de la compañía Motion Pictures Patents) irrumpió en el establo y destruyó todo lo que había realizado DeMille, que, afortunadamente, tenía un duplicado de los negativos. En dos ocasiones zumbaron las balas de un francotirador. Sin embargo, se solucionaron todos los problemas cuando El piel roja se convirtió en un éxito, precursor de la fortuna de los largometrajes en general y de la de la Lasky Company en particular.

DeMille se movió entre comedias sexuales y leyendas bíblicas y se convirtió en un titán y en un tirano. Y Hollywood se convirtió en Hollywood. ¿Qué se hizo del comerciante de guantes Sam Goldfish? Cambió su nombre por el de Goldwyn y dejó los guantes para siempre.

CINE EN COLORES: En 1922, la pantalla de cine  brilló con nuevos colores cuando Hollywood produjo su primera película en tecnicolor, una versión de Madaine Butterfly titulada La llamada del mar. Pero a pesar de los abundantes elogios que recibió la película, el tecnicolor resultaba tan caro que tuvieron que pasar muchos años antes de que se convirtiera en la materia prima de la filmación. El color, que se conseguía pintando la película a mano, formaba parte del cine desde sus comienzos.

En la primera década del siglo, las compañías británicas y francesas habían intentado producir una serie completa de colores combinando dos o tres de los primarios, pero el proceso requería una maquinaria compleja y las películas cansaban la vista. Dos científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, Herbert T. Kalmus y Daniel F. Comstock, se propusieron acabar con el problema y en 1915 fundaron la Technicolor Motion Picture Company.

En 1917 estrenaron una película que mejoraba los primeros intentos de color aunque todavía resultaba insatisfactoria. Luego, en busca de métodos para combinar dos colores primarios, rojo y verde, con resultados agradables y naturales, pensaron en una cámara que contuviera dos cintas de película, una para el rojo y otra para el verde, y un prisma que separara la luz en los dos colores primarios. Las dos cintas se combinarían al imprimir la película, lo que significaba que no harían falta proyectores especiales. En 1922 el proceso estaba prácticamente perfeccionado y Hollywood empezó a utilizarlo.

Bibliografía Consulatada:
Historia – El Mundo Contemporáneo – Pigna – Mora – Bulacio y Cao El Gran LIbro del Siglo XX de Clarín

Ver:Los Extras de Cine y Sus Riesgos

Obra Maestra del cine: Ciudadano Kane Orson Welles

Obra Maestra del cine: Ciudadano Kane Orson Welles

Obra Maestra del cine: Ciudadano Kane Orson WellesEl niño prodigio de la radio y de la escena, Orson Welles, todavía era un novato del cine cuando la RKO lo introdujo en Hollywood con un contrato que le garantizaba plena libertad artística.

Encantado con los recursos de un gran estudio («es el tren eléctrico más grande que puede tener un muchacho», dijo), el director de 25 años pronto rompió las reglas no escritas del cine comercial.

Cuando se estrenó El Ciudadano en 1941, la crítica quedó deslumbrada por su estructura narrativa fracturada, los espectaculares saltos en el tiempo entre las escenas, los ángulos altos y bajos de la cámara, las tomas de acción en primer plano, medio plano y panorámico, y la banda sonora de Bernard Herrmann, que complementaba y comentaba la acción.

The New York Times comentó entusiasmado que «podría ser la mejor película de Hollywood. El novelista John O’llara, que escribía en Newsweek, escribió que era la mejor película que había visto en su vida.

Pero si el estilo de Welles fue la gloría de El Ciudadano, el antihéroe de la película constituyó su desgracia. La película, coescrita por Welles y Herman J. Mankiewicz, explica el ascenso y caída del magnate ficticio del periodismo Charles Foster Kane, inspirado en el empresario de los medios de comunicación William Randolph Hearst (interpretado por Welles).

La trama gira en torno a los intentos de un periodista por encontrar el significado de la última palabra pronunciada por Kane antes de morir: «Rosebud». (Los periodistas la vieron pero el público no pudo apreciar la escena en la que se revela que Rosebud era un trineo de la infancia de Kane). Cuando los hombres de Hearst se enteraron, amenazaron a Hollywood con revelar los escándalos del mundo del cine. Louis B. Mayer, director de la MGM, se ofreció a comprar la película a la RKO y destruirla; la mayoría de los circuitos de salas cinematográficas se negaron a exhibirla. Pero la RKO se mantuvo firme.

El Ciudadano perdió dinero (al menos al principio), pero está reconocida mundialmente como una obra maestra y como la película estadounidense más influyente desde El nacimiento de una nación. El director francés François Truffaut dijo de ella: «Esta película es la que ha inspirado más vocaciones cinematográficas en todo el mundo».

 

 

 

 

 

 

 

 

Ver Para Ampliar Este Tema: Historia de los Medios de Comunicación

Fuente Consultada: El Gran Libro del Siglo 20 (Clarín)