Horrores del Siglo XX

Origen del Dia Internacional Contra La Violencia Hacia La Mujer

Origen del Día Internacional Contra La Violencia Hacia La Mujer
Historia Hermanas Mirabal

HISTORIA DEL ORIGEN DEL DIA: En la República Dominicana se conoce como la «Era de Trujillo» a la infeliz etapa que pasaron todos ciudadanos, durante el tiránico mandato del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina a partir de 1930, cuando asumió al poder hasta 1961. No siempre lo hizo personalmente, sino a través de presidentes títeres que gobernaban según sus instrucciones.

Siempre es recordado y perdurará en la memoria nacional el genocidio de mas de 30.000 haitianos que habitaban la zona fronteriza, y en donde fueron brutalmente asesinadas las hermanas Mirabal.

Origen del Dia Internacional Contra La Violencia Hacia La Mujer Hermanas

El presidente Trujillo, conocido como «El Jefe», gobernó durantes 31 años y su gobierno se caracterizó por el anticomunismo, la represión ilegal y el culto a su personalidad.

Todas las torturas, asesinatos y desapariciones siempre fueron negadas y en muchos casos los asesinatos se «disimulaban» como accidentes ocurridos a los encarcelados.

Unos de los casos mas emblemáticos de este período corresponde a la conocidas como «Las Mirabal», cuatro hermanas que lucharon contra la dictadura de Trujillo.

Ella se llamaban Minerva, María Teresa, Patria y Bélgica Adela, de cuales las mas comprometidas y activistas políticas fueron las dos primeras y Bélgica prácticamente no participó.

La familia de estas mujeres era de una clase social media-alta, productos del éxito de los negocios de su padre, el cual perdió toda su fortuna cuando asumió al gobierno Trujillo. Como respuesta a esta situación las hermanas formaron un grupo de oposición política y dos de ellas fueron apresadas, torturadas y violadas en la cárcel, pero luego de varios encarcelamientos el gobierno decidió eliminarlas.

Las hermanas Mirabal Origen del Dia Internacional Contra La Violencia Hacia La Mujer Hermanas
Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por su oposición al dictador Rafael Trujillo.

Las mujeres fueron interceptadas por una patrulla del gobierno y obligadas, a punta de pistola, a subirse al asiento trasero del vehículo de sus verdugos, fueron llevadas a su propia casa y asesinadas por asfixia con pañuelos junto a su chofer.

Los cuerpos fueron luego apaleados para simular golpes en un accidente automovilístico. Trujillo creyó en el momento que había eliminado un gran problema. Sin embargo, el asesinato le trajo muchos inconvenientes y fue el principio de su desgracia.

La muerte de las Mirabal causó gran repercusión en la República Dominicana. La publicidad resultante provocó que el pueblo dominicano se mostrara cada vez más proclive a apoyar a las Mirabal y sus ideales.

Esta reacción contribuyó a despertar conciencia en el público y finalmente culminó con el asesinato del dictador el 30 de mayo de 1961.

“Patria, Minerva y María Teresa no han muerto, siguen vivas en su jardín para recordarles
al mundo la lucha de la violencia en contra de la mujer”.

MALTRATO Y VIOLENCIA EN EL MUNDO:

En los países donde el nacimiento de un varón se considera un regalo y el de una niña una maldición, se recurre al aborto y el infanticidio selectivos para eliminar a las niñas.

• Las niñas mueren de forma desproporcionada por abandono, porque los alimentos y la asistencia médica se destinan antes a sus hermanos, padres, maridos e hijos.

En los países en los que se considera a las mujeres propiedad de los hombres, los padres, hermanos y maridos las asesinan por atreverse a escoger sus propias parejas. Son los llamados asesinatos “de honor”. A las novias jóvenes cuyos padres no pagan dinero suficiente a los hombres que se han casado con ellas se las mata; son las llamadas “muertes por dote”.Puros asesinatos.

El brutal tráfico sexual internacional de chicas jóvenes mata a un número incalculable de mujeres.

• La violencia doméstica causa la muerte de un gran número de mujeres en todos los países del mundo. Las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidades de ser asesinadas o heridas por sus parientes masculinos que de morir debido al cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico ola guerra, todos juntos.

• Se concede tan poco valor a la salud femenina que, cada año, aproximadamente 600.000 mujeres mueren al dar a la luz. Esa cifra equivale a un genocidio como el de Ruanda cada 12 meses.

• Cada día, 6.000 niñas sufren la mutilación genital, según Naciones Unidas. Muchas mueren. Otras sufren dolores atroces durante el resto de su vida.

• Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco mujeres tiene probabilidades de ser víctima de una violación o un intento de violación a lo largo de su vida.

CASOS DE VIOLENCIA CONTRA LA MUJER: (la imágenes fueron eliminidas)

CASO 1

Bibi Aisha, de 18 años, dejó a su esposo por violencia doméstica. Cansada de dormir en un establo con animales
y de los golpes de su marido decidió escaparse, pero fue encontrada fácilmente, juzgada y condenada por la justicia talibán,
que dice: «Mujer que abandona a su marido es culpable». El mismo día de su juzgamiento, su marido
sacó un cuchillo, le cortó la nariz y las orejas; el autor es Jodi Bieber. El retrato fue captado por un fotógrafo sudafricano, y su foto
dió la vuelta al mundo, como emblema de la violencia talibán.
Hoy tiene su rostro recuperado por cirugía.

CASO 2

Shameem Akhter, de 18 años, posa para una fotografía en su casa de Jhang, Pakistán, Miércoles, 10 de julio 2008. Shameem
fue violada por tres muchachos que luego le arrojoaron ácido. Shameem se ha sometido a cirugía plástica
10 veces para tratar de recuperarse de sus cicatrices.

CASO 3

Irum Saeed, 30, posa para una fotografía en su oficina en la Universidad urdu de Islamabad, Pakistán, Jueves, 24 de julio 2008. Irum fue quemada en la cara, espalda y hombros hace doce años, cuando un niño a quien ella rechazó para contraer matrimonio arrojó ácido sobre ella en el medio de la calle.
Se ha sometido a cirugía plástica 25 veces para tratar de recuperarse de sus cicatrices.

CASO 4

Najaf Sultana, 16, posa para una fotografía en su casa en Lahore, Pakistán el Wednesday, Juio 9, 2008. A la edad de cinco años
Nayaf fue quemada por su padre mientras dormía, al parecer porque no quería tener otra niña en la familia.
Como resultado de la quema de Nayaf y se quedó ciega después de haber sido abandonada. Se ha sometido a
cirugía plástica en torno a 15 veces para tratar de recuperarse de sus cicatrices.

CASO 5

Kanwal Kayum, 26, ajusta el velo mientras posa para una fotografía en Lahore, Pakistán,
Domingo, 26 de octubre 2008
. Kanwal fue quemada con ácido hace un año por un niño a quien ella rechazó para contraer matrimonio.
Ella
nunca se ha sometido a cirugía plástica
.

Ver Una Animación Flash (no para celulares)

OTROS TEMAS RELACIONADOS

Ver: Competencia Mujer-Hombre en la Sociedad Actual

Ver: Los Derechos Sexuales y Reproductivos en Argentina

Ver: El Aborto, Consecuencias

Ver: Violaciones y Agresiones Sexuales

Consecuencias Sociales De Una Mujer Golpeada Niveles de Violencia

CAUSAS Y CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER

Los Niveles de Violencia:

Nivel Violencia 1.Disonancia cognitiva.

Nivel Violencia 2.Disonancia cognitiva.

Nivel Violencia 3.Inundación-parálisis.

Nivel Violencia 4.Socialización cotidiana.

Nivel Violencia 5.Lavado de cerebro.

Nivel Violencia 6.Embotamiento-sumisión.

Mas abajo  se explican cada caso.

violencia mujer

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CONSECUENCIAS SOCIALES:

ÁmbitoConsecuencias de la violencia en el ámbito social
TrabajoAumento del ausentismo escolar.
Aumento de la deserción escolar.
Trastornos de conducta y de aprendizaje.
Violencia en el ámbito escolar.
EducaciónAumento del ausentismo escolar.
Aumento de la deserción escolar.
Trastornos de conducta y de aprendizaje.
Violencia en el ámbito escolar.
Salud

Consecuencias para la salud física (lesiones, embarazos no deseados, cefaleas, problemas ginecológicos,- discapacidad, abortos, fracturas, adicciones, etcétera).

Consecuencias para la salud mental (depresión, ansiedad, disfunciones sexuales, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos pseudopsicóticos, etcétera).

Trastornos del desarrollo físico y psicológico. Consecuencias letales (suicidio, homicidio).

SocialFugas del hogar.
Embarazo adolescente.
Niños en situación de riesgo social (niños en la
calle).
Conductas de riesgo para terceros.
Prostitución.
SeguridadViolencia social.
Violencia juvenil.
Conductas antisociales.
Homicidios y lesiones dentro de la familia.
Delitos sexuales
EconomíaIncremento del gasto en los sectores Salud, Educación, Seguridad, Justicia.
Disminución de la producción.

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La legitimación cultural de la violencia

Para comprender el fenómeno de la violencia doméstica, resulta imprescindible comenzar por el análisis de los factores que la legitiman culturalmente.

Desde siempre, las creencias y los valores acerca de las mujeres y de los hombres han caracterizado una sociedad patriarcal que define a los varones como superiores por naturaleza y les confiere el derecho y la responsabilidad de dirigir la conducta de su mujer.

Estas actitudes y valores, que echaron raíces a través de los siglos, se traducen en estructuras sociales particulares: por ejemplo, la división del trabajo, las políticas institucionales y la discriminación de la mujer.

Los estereotipos de género, transmitidos y perpetuados por la familia, la escuela, los medios de comunicación, etcétera, sientan las bases para el desequilibrio de poder que se plantea en la constitución de sociedades privadas, tales como las que están representadas por el noviazgo, el matrimonio o la convivencia.

Investigaciones llevadas a cabo en los últimos años demuestran que, a pesar de los esfuerzos realizados por numerosas organizaciones tendientes a difundir y promover ideas progresistas acerca de la igualdad entre los géneros, cierto núcleo de premisas, constitutivas de un sistema de creencias más amplio, siguen siendo sostenidas por amplios sectores de la población. Entre ellas, las más persistentes son:

• que las mujeres son inferiores a los hombres,
• que el hombre es el jefe del hogar,
• que el hombre tiene derechos de propiedad sobre la mujer y los hijos,
• que la privacidad del hogar debe ser defendida de las regulaciones externas.

Un sistema de creencias sostenido en tales premisas tiene como consecuencia inmediata la noción de que un hombre tiene el derecho y la obligación de imponer medidas disciplinarias para controlar el comportamiento de quienes están a su cargo.

Aun cuando se modifiquen las leyes, los comportamientos tienden a seguir siendo regulados por esta normativa cultural que legitima el uso de la fuerza como «método correctivo» y como instrumento de poder dentro de las relaciones privadas.

Distintos autores han señalado el valor de los mitos culturales acerca de la violencia contra la mujer como elementos que contribuyen a la perpetuación del problema.

Precisamente, una de las características definitorias del mito es su resistencia al cambio: la fuerza del mito reside en que es invulnerable a las pruebas racionales que lo desmienten.

En el caso de la violencia doméstica, los mitos cumplen tres funciones principales:

• culpabilizan a la víctima (mitos acerca de la provocación, el masoquismo, etcétera);
• naturalizan la violencia («el matrimonio es así», «los celos son el condimento del amor»);
• impiden a la víctima salir de la situación (mitos acerca de la familia, el amor, la abnegación, la maternidad, etcétera).

Tanto los mitos como los estereotipos culturales necesitan de un vehículo para encarnarse en pensamientos, actitudes o conductas. Dicho vehículo está representado por las instituciones que, dentro de la comunidad, son verdaderas transmisoras de los mensajes culturales antes apuntados.

Es por eso que más adelante nos detendremos en el análisis del problema desde la perspectiva cíe las instituciones que intervienen directa o indirectamente en su perpetuación.

Las consecuencias de la violencia en el nivel individual

El desarrollo creciente de los estudios de victimización ha encontrado su razón en la cantidad de delitos sobre los cuales no suele haber demasiada información, tales como el maltrato a la mujer en el contexto conyugal.

En el documento de trabajo sobre víctimas de delitos, el 7° Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del » Delito y Tratamiento del Delincuente señala que este tipo de víctimas constituye una gran proporción de la «cifra oscura» de la delincuencia, lo cual ha tenido por efecto minimizar la conciencia de ciertas formas de victimización como problema social (Naciones Unidas, 1985).

En ese mismo documento se señala que la_ victimización en el seno del hogar, aparte de las consecuencias físicas, tiene efectos psicológicos profundos tanto a corto como a largo plazo. La reacción inmediata suele ser de conmoción, paralización temporal y negación de lo sucedido, seguidas de aturdimiento, desorientación y sentimientos de soledad, depresión, vulnerabilidad e impotencia.

Tras esa primera etapa de desorganización, las reacciones frente a la victimización suelen cambiar: los sentimientos de la víctima pueden pasar de un momento a otro del miedo a la rabia, de la tristeza a la euforia y de la compasión de sí misma al sentimiento de culpa.

A mediano plazo, pueden presentar ideas obsesivas, incapacidad para concentrarse, insomnio, pesadillas, llanto incontrolado, mayor consumo de fármacos, deterioro de las relaciones personales, etcétera. También se puede presentar una reacción tardía, que ha sido descrita en los manuales de diagnóstico psiquiátrico como «desorden de tensión postraumática» o «síndrome de estrés postraumático» (PTD: Post-Traumatic Disorder).

El PTD consiste en una serie de trastornos emocionales que no necesariamente aparecen temporalmente asociados con la situación que los originó, pero que constituyen una secuela de situaciones traumáticas vividas, tales como haber estado sometido a situaciones de maltrato físico o psicológico. Algunos de sus síntomas son los siguientes:

• frecuentes pesadillas,
• dificultad para concentrarse social y laboralmente,
• trastornos del sueño (el más frecuente es el insomnio),
• trastornos mnésicos,
• trastornos en la capacidad de atención y concentración,
« depresión,
• sentimientos de culpa,
• miedos diversos,
• dificultades en el aprendizaje.

Carlos Sluzki (1994) ha señalado seis niveles en los que pueden ubicarse los efectos de la violencia, según la combinación de dos variables que hace interactuar: el nivel percibido de amenaza para la persona y el grado de habitualidad de la conducta violenta.

1.Disonancia cognitiva. Cuando se produce una situación de violencia de baja intensidad en un contexto o en un momento inesperado. La reacción es de sorpresa, de imposibilidad de integrar el nuevo dato a la experiencia propia. Un ejemplo de esto es cuando las mujeres maltratadas relatan el primer episodio durante la luna de miel.

2.Ataque o fuga. Cuando se produce una situación de violencia de alta intensidad de un modo abrupto e inesperado. En esos casos, se desencadena una reacción psicofisiológica de alerta, y la reacción puede ser con una posición defensiva u ofensiva, escapándose del lugar o enfrentando la amenaza.

Es el caso de las mujeres que atraviesan los ciclos iniciales de la violencia y se ven sorprendidas por una conducta violenta desproporcionada para la situación. En esos ciclos iniciales, todavía la sorpresa obra a modo de disparador de conductas de ataque o fuga.

3.Inundación-parálisis. Cuando se produce una situación de violencia extrema, que implica un alto riesgo percibido para la integridad o la vida. La reacción puede incluir alteraciones del estado de conciencia, desorientación, etcétera, y ser el antecedente para la posterior aparición del síndrome de estrés postraumático, ya descrito. Muchas mujeres relatan esa experiencia de paralización frente a situaciones tales como amenazas con armas, intentos de estrangulamiento o violación marital.

4.Socialización cotidiana. Cuando las situaciones de maltrato de baja intensidad se transforman en habituales, se produce el fenómeno de la naturalización. Las mujeres se acostumbran a que no se tengan en cuenta sus opiniones, que las decisiones importantes las tome el hombre, a ser humillada mediante bromas descalificadoras, etcétera, pasando todas estas experiencias a formar parte de una especie de telón de fondo cotidiano que tiene el efecto anestesiante ante la violencia.

5.Lavado de cerebro. Cuando las amenazas, las coerciones y los mensajes humillantes son intensos y persistentes, a menudo la víctima incorpora esos mismos argumentos y sistemas de creencias como un modo defensivo frente a la amena/.a potencial que implicaría diferenciarse (ella cree que la obediencia automática la salvará del sufrimiento). La mujer, llegada a este punto, puede repetir ante quien intenta ayudarla que ella tiene toda la culpa, que se merece el trato que recibe, etcétera.

6.Embotamiento-sumisión. Cuando las experiencias aterrorizantes son extremas y reiteradas, el efecto es el «entumecimiento psíquico», en el que las víctimas se desconectan de sus propios sentimientos y se vuelven sumisas al extremo. En esos casos, la » justificación de la conducta del agresor y la autoinmolación alcanzan niveles máximos.

En todos los casos, estos efectos de la violencia sobre la mujer están acompañados por una sintomatología física, que suele ser ubicada por los profesionales en el difuso campo de lo psicosomático. Cefaleas, dolores de espalda, trastornos gastrointestinales, disfunciones respiratorias, palpitaciones, hiperventilación son algunos de los síntomas más frecuentes, acompañando cuadros psíquicos tales como estados de ansiedad, fobias, agotamiento, adinamia, abulia, depresión, etcétera.

El modelo profesional predominante trata de buscar la causa de los síntomas dentro de sus propios esquemas explicativos y se muestra renuente a considerar la experiencia de victimización como posible motivo.

Esta conducta de los profesionales tiende a potenciar la actitud ocultadora de la mujer (apoyada en los sentimientos de vergüenza y culpa ya apuntados) , y el fenómeno de la violencia contra la mujer queda sin diagnosticar.

Por lo tanto, se le suelen indicar tratamientos sintomáticos que no consideran las verdaderas raíces del problema. Esta actitud profesional ha sido definida como segunda victimización, ya que contribuye a legitimar la violencia ejercida contra la mujer y busca en la propia víctima los motivos o las causas de las secuelas de la victimización.

Cada disciplina ha demostrado tener sus propios obstáculos epistemológicos y metodológicos que le dificultan la comprensión de alguna de las múltiples facetas que presenta el problema. Podemos señalar algunos de los más relevantes en el caso de la psicología clínica y la psiquiatría.

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Un Caso Real: Una Mujer Golpeada

Mujtar Mai es un mujer analfabeta, perteneciente a una familia muy humilde de Pakistán. Había sido casada por arreglo cuando tenía 18 años, pero no resultó.

Decidió alejarse de su marido, al que nunca amó, y con el apoyo de su familia logró el talaq, ósea el divorcio, y a pesar que una mujer en esa situación es mal vista en esa cultura, ella enfrentó los prejuicios y salió adelante.

Fue recibida nuevamente en la casa de su familia, donde trabajó sin cesar en las plantaciones de caña y trigales, ganando míseros ingresos, que sumó a los conseguidos haciendo bordados y enseñando el Corán a los niños.

Allí vivían en condiciones lamentables, sin agua, sin electricidad, y menos aun comunicación.

En 2002 su hermano Abdul Shakoor de 12 años fue visto en publico en compañía de una joven del clan mastoi, y fue acusado de violarla, deshonrando a la familia quien pedía justicia. Mujtar tenía por aquella época 28 años y fue encargada de apaciguar los ánimos de la poderosa familia. Ella fue acompañada de su padre y su tía hasta los caseríos de los vecinos agraviados.

De rodillas frente al grupo de hombres mastoi , recitó un verso del Corán, pidió compasión por su hermano, y perdón por los hechos, pero fue desoída, sus acompañantes maniatados y ella bajo presión de las armas, fue arrastrada de los cabellos hasta un establo, donde fue maltratada y violada por los iracundos hombres.

Mujtar se sentía ultrajada y deshonrada, no encontraba consuelo, y vivía en el dolor sufriendo en cada minuto del día. No comía, ni bebía, solo quería morir… un día tomó la decisión y bebió insecticida, pero su madre logró salvarla y de rodilla le suplicó que no trate mas de suicidarse.

Mutjar comenzó a reflexionar sobre lo ocurrido, y con el apoyo del mulá Razzaq decidió contárselo a la policía, y enfrentar hasta las últimas consecuencias a esta familia de una casta poderosa, y pensó: «Que se maten ellos, no les daré la satisfacción de hacerlo yo misma».

Luego de la denuncia comenzó un revuelo loca, mas tarde regional y tomó nivel nacional. Las fotos publicas con sus ojos negros, dejaban translucir todo el dolor que había invadido su mente y corazón. Aparecieron los diarios y revistas de todo el mundo, los pakistaníes defensores de los derechos humanos se hicieron eco de la situación y marcharon pidiendo justicia por la muchacha agredida.

De pronto Mutjar se convirtió en el ícono de la lucha de la mujer por sus derechos, se transformó en una heroína y el gobierno decidió apoyarla vigilando su humilde vivienda las 24 hs. y tratando de indemnizarla con un cheque, que no podía leer, por un valor aproximado de 8.000 U$s, suma que su familia no podría lograr trabajando durante toda la vida.

Ella lo rechazó, y solo pidió poder ir a la escuela para instruirse y que se haga justicia con esos feroces mastoi. Mas tarde solo aceptó el cheque con la condición de construir una escuela para la niñas de la zona, pues era conciente que solo la educación podría sacarlas de ese infierno.

Poco tiempo después los abusadores fueron conducidos al tribunal, y ella frente a los 14 mastoi esposado contó con detalles como había sido violada. El veredicto final, se declaró culpable a 6 y condenados a muerte, el resto fue liberado.

Mutjar logró su objetivo y también su escuela.

HOY MEERWALA ES HOGAR DE UNAS 5.000 PERSONAS y tiene una extensión de 130 kilómetros cuadrados. Las encaladas casas de adobe resplandecen bajo el sol de mediodía. Los trigales tienen un color entre dorado y cobrizo, y las palmeras de dátiles se yerguen altivas en el calor del verano.

Detrás de verjas negras de hierro se levanta un recinto con muros de 1,80 metro de altura. Es la casa, escuela y centro de ayuda para mujeres violadas de Mujtar Mai. En una de las seis pequeñas aulas de la planta baja, las niñas recitan el alfabeto inglés, mientras que en otra una maestra enseña ciencias usando un libro de texto en lengua urdu.

Un cartel en la pared muestra a dos niñas paquistaníes con la siguiente leyenda: «¿Por qué no nos mandan a la escuela? Piénsenlo. También será bueno para ustedes». Una cuadrilla de albañiles construye nuevas aulas que pronto formarán una escuela secundaria.

En una oficina en la planta alta, Mujtar, vestida con chal y pantalones amarillos y sandalias blancas con ñores, escucha con atención a Nasreen Bibi, una mujer del Punjab, quien le explica entre sollozos cómo unos vecinos violaron y mataron a su hija, Quasar, de siete años.

—Salió a comprar golosinas —dice con los ojos llenos de lágrimas, y Mujtar le toma con suavidad la delgada mano—. No volví a verla con vida.

En tono suplicante le pide ayuda a Mujtar para asegurarse de que los asesinos sean llevados a juicio. Hace una pausa, sin soltar la mano de Mujtar, y entonces su hermano, Jam, prosigue con el relato:

—Antes de que enterraran el cuerpo de la niña le echaron ácido en la cara, para desfigurarla y hacerla difícil de reconocer.

Varios días después la familia encontró el cadáver de Quasar, enterrado en una fosa poco profunda.
—Tenía el rostro quemado por el ácido, así que ni siquiera muerta me dejaron ver la cara de mi hija —añade Nasreen, cubriendo las manos de Mujtar con las suyas, como si rezara—. Por favor, ayúdeme.

Mujtar le pide a un asistente que proporcione a la mujer y a su hermano los datos de un abogado a quien recurren para que asesore a las personas en estos casos. Ella misma llamará a la policía para ver si están dando seguimiento al asesinato. La desconsolada madre le da las gracias.

—No tenemos a nadie más —le dice.

En promedio, cada día cinco víctimas acuden al centro de ayuda en busca de apoyo. Mujtar no rechaza a nadie.
Hoy recibe también a otra mujer cuyo esposo la golpeó y echó de su casa a patadas. No tenía a dónde ir, más que al centro de Mujtar. Tres víctimas de violación, todas con verdadero pavor de que sus esposos las maten si vuelven a casa, viven hace tres meses en el centro con sus hijos.

Todo esto afecta mucho a Mujtar. Al conocer la historia de Nasima Labano, joven de 16 años que fue violada por ocho hombres en la vecina provincia de Sindh, casi sufrió un colapso. El caso tenía un escalofriante parecido con el suyo. Ofreció refugio a la muchacha y ayuda con los gastos legales y médicos.

Mujtar nunca alza la voz y rara vez mira a los ojos a un desconocido. Aunque ha viajado mucho y obtenido reconocimiento internacional, es extremadamente tímida y prefiere que otros hablen por ella. Pero hay elegancia, incluso gracia, en su sencillez. Su afabilidad inspira respeto. (Fuente Consultada: Revista Selecciones Mayo de 2008)

Trabajo Enviado por Alumnos de 4° Año Escuela Estrada N° 345 Santa Fe
Fuente Consultada: Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico Jorge Corsi (compilador)

Ampliar sobre el libro: Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico

Accidentes Por Escapes o Emisiones de Gases y Radiaciones Nucleares

Accidentes Por Escapes o Emisiones de Gases y Radiaciones Nucleares

Accidentes Por Escapes o Emisiones de Gases

TEMAS TRATADOS:

1-1976: Escape de Gas en Seveso
2-1984:NUbe Venenosa en la India
3-1986: Escape Radiactivo en Ucrania
4-Bomba Nuclear en Hiroshima
5-Armas Químicas en Vietnam

AL BORDE UNA CATÁSTROFE NUCLEAR
El accidente de un bombardero con cuatro bombas atómicas:

El 16 de marzo de 1966, un gran bombardero B-52 de la fuerza aérea de los EE.UU. que trasportaba cuatro bombas nucleares de 1,5 Megatones cada una, debía cargar combustible en el aire mediante el apoyo de un avión nodriza sobre la costa española del Mediterráneo. Era un proceso normal, pues se hacía muy a menudo. El avión de apoyo era un K-135 a cargo del mayor Emila Chapla, quien ya había tomando contacto con el B-52 y se colocó en posición de maniobra. El K-135 había partido de Sevilla (una base aérea de EE.UU. en España), y llevaba 110.000 litros de combustible.

El B-52 acortó distancias, tratando de llegar a la manguera que pendía de la panza del K-135. Chapla observaba que el bombardeo se acercaba a una velocidad superior a la permitida y decide avisarle, pero casi al mismo instante el B-52 choca contra la panza del K-135, produciendo graves averías en ambas naves. La estructura y la cabina estaban destruidas y el avión comenzaba a despedazarse. El capitán y los dos tripulantes se arrojaron en paracaídas, justo un momento antes de que se produjera una tremenda explosión, que hizo entrar al gigantesco bombardero en tirabuzón hacia tierra, desparramando miles de fragmentos en su camino.

Las bombas cayeron en las cercanías del pueblo de Palomares. Ninguna de ellas explotó. Lo cual hubiera sido imposible, a no ser que hubiesen sido cebadas primero a bordo del B-52. Pero se temía que las carcasas de las bombas hubieran podido abrirse, al estallar los detonadores de TNT debido al impacto. Y nadie sabía con seguridad qué efectos podría tener un escape de plutonio y uranio radiactivos sobre la desprevenida población civil de Palomares.

Enseguida se formó un equipo especializado de búsqueda y a la prensa se le suministró un escueto informe, diciendo que un avión americano había sufrido un accidente que no había producido víctimas civiles. No se hizo mención alguna a las armas nucleares que llevaba el avión, pero debido a la excesiva seguridad y controles tomados por el equipo los periodista comenzaron a sospechar e investigar, concluyendo que efectivamente el avión accidentando llevada armas de destrucción masiva. Y que esas bombas estaban ahora esparcidas por los campos de España.

Pieza tras Pieza, los periodistas armaron el rompecabezas del desastre, a pesar de que tenían prohibida la entrada en el área. El mundo exterior fue informado con grandes titulares de lo que estaba sucediendo en los alrededores del pueblecito español. Pero en Palomares no se dijo nada a los campesinos. Se les prohibió cosechar sus campos de cultivo y se les ordenó permanecer en el pueblo. A medida que las tropas y los aviones comenzaban a pulular sobre los campos cultivados, los 2.500 habitantes de la comarca de Palomares comenzaron a alarmarse.

Si hubieran sabido en qué clase de peligro se encontraban, se hubiesen sentido aún más inclinados al pánico. Porque las tres bombas que habían caído cerca del pueblo se habían abierto, debido al estallido de los detonadores, y estaban liberando plutonio y uranio hacia la atmósfera. La suave brisa que soplaba ese día estaba esparciendo a través de la polvorienta campiña española un veneno invisible.

La primera bomba que se recuperó fue descubierta en campo abierto mediante reconocimientos aéreos. El estallido del TNT había abierto un pequeño cráter. Había perdido poco contenido. Otra bomba, también astillada, se encontró en una zona montañosa, a unos cinco kilómetros de Palomares.

Una tercera bomba fue encontrada por un lugareño, junto a su casa, en las afueras del pueblo. Estaba en un pequeño cráter y despedía humo. Y no sólo humo, sino algo desconocido para el lugareño: polvo radiactivo. El desorientado español examinó la bomba destrozada, se alzó sobre ella y le dio un puntapié. Luego, fue a buscar a alguien que pudiera saber qué era aquel misterioso objeto. Y fue sólo después de algunas horas cuando la noticia llegó a oídos de los americanos: se había encontrado otra de las bombas.

Se habían recuperado tres bombas, pero ¿dónde estaba la cuarta?. Simó Orts, un pescador, proporcionó la respuesta. Simó estaba en el mar, a bordo de su barca, cuando ocurrió el accidente aéreo, a 10.000 m por encima de su cabeza. Algunos minutos después vio caer lentamente del cielo un largo objeto metálico, sostenido por dos paracaídas.

El objeto cayó al mar a unos metros de su barca, y luego se hundió con rapidez. Orts recorrió el lugar, pero todos los rastros del misterioso objeto habían desaparecido. Siguió pescando y luego navegó hacia su casa. Cuando llegó al puerto, relató a sus amigos el extraño suceso del que había sido testigo. Decidieron informar a la policía local. Pero a causa del manto de secreto que los americanos habían echado sobre lo que llamaban en clave Operación Flecha Rota, ni siquiera la policía española sabía con exactitud qué estaba pasando.

Cuando finalmente los americanos oyeron la historia del pescador, enviaron a los expertos para entrevistar e interrogar al apabullado Orts. Su descripción se ajustaba a los hechos. La bomba había caído al mar suspendida de un paracaídas, proyectado para sostenerla sobre un blanco determinado. El segundo paracaídas era el de seguridad. Orts salió en su barca con un equipo de expertos para mostrarles exactamente dónde se había sumergido la bomba en el mar. El problema consistió en que, una vez en el Mediterráneo, el pescador ya no estaba seguro de poder indicar con precisión el lugar exacto. Todo lo que los investigadores sabían era que la bomba estaba, probablemente, en algún lugar dentro de un área de quince kilómetros cuadrados, a unas seis millas de la costa, donde el escarpado fondo marino varía su profundidad entre los 25 y los 1.500 m. En alguna parte, allí abajo, estaba la cuarta bomba.

Un grupo de búsqueda marina fue convocado en las afueras de Palomares; estaba dotado de 20 barcos, 2.000 marinos y 125 hombres rana. También disponía de un batiscafo y de dos submarinos miniatura. Se ordenó al equipo buscar la bomba y encontrarla a toda costa, antes de que la deposición de arena o de lodo la ocultara de la vista.

Si no se encontraba la bomba, existía el peligro de que sus dispositivos de seguridad se oxidaran, permitiendo que los residuos radiactivos contaminaran el Mediterráneo. O que incluso provocaran una explosión capaz de crear una mortífera nube nuclear sobre la costa de España. También existía la posibilidad de que, si la bomba era abandonada, los rusos pudieran intentar encontrarla y desvelar sus secretos. La bomba debía, pues, ser hallada.

Y fue hallada. El 15 de marzo, dos meses después del accidente aéreo, la tripulación del minisubmarino Alvin descubrió una muesca en el lodo, a 800 metros. Investigaron más atentamente y emergieron. Entonces, con angustia, descubrieron que no podían dar otra vez con el sitio. Al día siguiente hallaron la pista: descubrieron un paracaídas en el fondo marino. Siguieron las cuerdas del paracaídas y allí, en una angosta saliente suspendida sobre un abismo de 150 m, descansaba la bomba.

Llevó más de tres semanas recuperarla, porque existía el peligro de hacerla caer de la saliente. Pero el 7 de abril de 1966, superadas varias amenazas de catástrofe, la bomba de hidrógeno fue izada a la superficie sin que sufriera desperfectos. Mientras tanto, gran parte de la población de Palomares estaba, en gran medida, fuera del peligro de la contaminación, y se acordó una compensación por la pérdida de los cultivos.

Se había evitado una tragedia nuclear a una escala inimaginable.

Fuente Consultada: Grandes Errores de Nigel Blundell

Reinas de Inglaterra: Mujeres de Enrique VIII Catalina Aragon

Reinas de Inglaterra: Mujeres de Enrique VIII

reinas mujers de enrique viii 3
Catalina de Aragón Ana Bolena Juana Seymour
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Ana de Cleves Catalina Howard Catalina Parr

ENRIQUE VIII DE INGLATERRA:

El turbulento y jovial rey Hal, como es afectuosamente llamado por sus súbditos el padre de Isabel, posee una manera un tanto apresurada de solucionar sus problemas amorosos. En cuanto subió al trono, a los diecinueve años (1509), necesitó garantizar la alianza entre España e Inglaterra contra su tradicional enemiga, Francia.

Se casó entonces con la viuda de su hermano Arturo, Catalina de Aragón (hija de Fernando el Católico e Isabel la Católica). Como para la Iglesia el casamiento con una cuñada era considerado incesto, Enrique VIII hizo que su primer ministro, el obispo Wolsey, hijo de un carnicero enriquecido, obtuviera del papa el permiso para contraer ese matrimonio (1509), con el pretexto de que el casamiento anterior de Catalina «no se había consumado».

Enrique mantenía buenas relaciones con el papa. Era intransigente defensor del catolicismo en la isla, en una época en que el protestantismo se extendía por Europa. El papa no tenía, pues, motivo para contrariar a tan buen aliado. Después del casamiento, sin embargo, las cosas cambiaron. La española no le daba un hijo varón; entre un aborto natural y otro, había nacido, en febrero de 1516, una niña, María Tudor.

Para un monarca de esa época, asegurar la descendencia en el trono era vital. Morir sin sucesor confirmado era casi una invitación a que los nobles provocasen una guerra civil para apoderarse de la corona. Además de eso, la alianza con España dejaba de ser conveniente para convertirse en una amenaza.

La dinastía austríaca de los Habsburgo, con el dinero de los banqueros Fugger y el control de las riquezas traídas de sus nuevas tierras de América está comprando a Europa, pagando enormes ejércitos, sobornando cuando es necesario, haciendo casamientos convenientes aquí y allá. Carlos V integró este imperio multiforme sostenido por la banca alemana y por el oro de los galeones que llegan del Nuevo Mundo. Inglaterra y su comercio se arriesgan a caer bajo ese dominio paneuropeo, como ocurrió con Flandes e Italia.

Conviene ahora conseguir alianza con Francia para enfrentar el peligro. Existe, además, un tercer motivo para el divorcio del rey Hal, pequeño para la historia, mas grande para su protagonista. Enrique es sensual, quiere disfrutar de la vida, y Catalina, su contrafigura. Además, ‘él siempre gustó de las otras mujeres.

El rey no consigue siquiera soportar su presencia, apasionado como está por la joven y vivaz Ana Bolena, dama de compañía de la reina, quien le promete un hijo varón.

Pero el papa no está en condiciones de concederle la nueva anulación pretendida. Es virtualmente un prisionero de la casa de los Habsburgo, que ya incendió Roma en 1527 y que desea en el trono inglés a Catalina de Aragón hoy y a su hija María mañana.

Una solución se impone. Si la Iglesia de Roma no puede liberarlo de ese lazo, la Iglesia de Inglaterra lo hará. Enrique consigue que varias facultades de teología declaren la nulidad de este casamiento entre cuñados. Ana Bolena está grávida; es preciso que el heredero no nazca bastardo. Enrique nombra a Crammer, un sacerdote dócil, arzobispo de Canterbury, y por su intermedio se casa secretamente en enero de 1533.

En Pascua se anuncia oficialmente el matrimonio: Ana es coronada reina. Y al mismo tiempo Enrique es excomulgado por el papa. Este acontecimiento es el que decide la separación entre Inglaterra y la Iglesia de Roma.

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LA MUJER EN LA HISTORIA

biografias de grandes mujeres de la historia

 

Mujeres Musulmanas Bosnias Torturadas y Violadas: Grbavica

 MUJERES BOSNIAS TORTURADAS

 SLOBODAN MILOSEVIC

MILES DE MUJERES MUSULMANAS FUERON TORTURADAS Y VIOLADAS SALVAJE MENTE DURANTE LA LIMPIEZA ÉTNICA ORQUESTADA POR EL LÍDER SERBIO RECIENTEMENTE FALLECIDO SLOBODAN MILOSEVIC . YA PASARON 10 AÑOS DEL FINAL DE LA GUERRA, Y MIENTRAS SE CALCULA DE 10000 LOS CULPABLES QUE SIGUEN IMPUNES, LOS HIJOS DE AQUELLAS VIOLACIONES BUSCAN LA VERDAD MIENTRAS SUS MADRES SON SEGREGADAS

Las violaron una y otra vez, noche y día, hasta cansarse. Mataron a sus maridos hijos y hermanos, delante de sus ojos. Eso fue durante la guerra declarada en Bosnia (1992-1995) por el recientemente fallecido líder serbio Slobodan Milosevic cuando la antigua república yugoslava optó por la independencia.

Diez años después de que los líderes políticos firmaran la paz en los Acuerdos de Davton, estas mujeres son aún la viva imagen del conflicto. Mientras que los hombres caídos en la guerra son shaheed —héroes—, de ellas nadie quiere oír hablar; la palabra violación es demasiado fea como para estar presente.

Estas mujeres son las víctimas olvidadas, que han necesitado de una película, Grbavica, ganadora del último Festival de Berlín, para que su país y el mundo se acuerden de que existen. Más de 20.000 bosnias musulmanas fueron sistemáticamente violadas por las fuerzas serbias en la campaña de limpieza étnica orquestada por Milosevic. Algunas dicen que les cuesta demasiado vivir, y que si no se matan es por sus hijos, muchos de ellos fruto de las violaciones que rompieron sus vidas.

En Bosnia el uso de la violación se implantó como táctica de guerra. Una comisión de las Naciones Unidas y grupos de derechos humanos descubrie— ron que los grupos paramilitares serbios habían alentado sistemáticamente la violación de mujeres bosnias musulmanas como parte del esfuerzo por «limpiar» de musulmanes la región. Así, miles de mujeres musulmanas fueron torturadas y violadas salvajemente durante la limpieza étnica orquestada por el líder serbio Slobodan Milosevic. Ya en 1993, las organizaciones de derechos humanos de Bosnia aseguraban que entre 30.000 y 50.000 mujeres y niñas habían sido violadas por los combatientes serbios en toda la república.

La mayoría de los niños concebidos en violaciones serán internados en orfanatos de Bosnia o de la vecina Croacia, y rara vez serán dados en adopción.  En el último verano de la guerra tuvo lugar el mayor genocidio ocurrido en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Srebrenica, un enclave que había sido declarado «zona de seguridad» por la ONU y estaba teóricamente protegido por los «cascos azules» holandeses, fue tomada por las fuerzas serbias, al mando del general Ratko Mladic, en julio de 1995. Los hombres de Mladic ejecutaron a más de 7.000 musulmanes, casi la totalidad de la población masculina.

 Ver: Desaparicion de mujeres y niñas en el mundo

niños serbiosPara ellas, la guerra y la barbarie de los campos de concentración no ha terminado. Viven presas de las imágenes de horror que reaparecen sin aviso y sin falta a diario en sus cabezas.

El momento en el que el soldado maloliente dice “vas a tener un hijo serbio” y la violan entre varios, cuando el uniformado toma el cuchillo y le rebana el cuello a su hijo, o el instante en que comienzan a cortarle los pechos.

Pero ni siquiera pueden permitirse pensar en todo esto, porque les toca sacar adelante a lo que ha quedado de sus familias. Sus hijos ya son adolescentes y quieren saber la verdad.

Se desconoce cuántos niños son hijos de los violadores, pero las organizaciones hablan de miles. Muchos fueron entregados en adopción en Europa, otros viven en orfanatos bosnios y muchos otros han crecido junto a sus madres, creyendo que su padre fue un shaheed, un musulmán que murió en la guerra defendiendo a su patria.

Jasmila Zbanic, la directora de Grbavica, que realizó un intenso trabajo de campo para preparar la película, explica que “las mujeres, cuando salían de los campos, se hallaban en estado de choque y no querían saber nada de sus hijos. Muchos niños acabaron en el norte de Europa. Nadie les ha seguido la pista ni se sabe cuántos son.Las madres que entregaron a sus hijos viven ahora atormentadas.»

En el Consejo Internacional para la Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura de Sarajevo explican que los soldados serbios no entregaban a las mujeres al bando enemigo hasta el séptimo mes de embarazo, cuando ya no había vuelta atrás y tenían la certeza de que no abortarían. “Querían que tuvieran hijos serbios, querían estigmatizar a toda la familia”, dice Dubravka Salvia, la directora de la asociación.

Sin ayudas estatales, estas mujeres malviven en los arrabales de las ciudades bosnias. Pese a los enormes problemas psicológicos que arrastran, carecen de seguridad social y sus ingresos se reducen a la pensión de viudez, cuando toca. Dayton y el gobierno bosnio insisten en que deberían volver a las tierras de las que fueron expulsadas, pero a ellas les aterroriza la idea del regreso, porque temen verse las caras con sus violadores, la gran mayoría aún libres.

Y las autoridades bosnias se escudan en la falta de acuerdo entre las dos entidades que forman el país —la República Serbia de Bosnia y la Federación croato-musulmana- para no dar caza a los criminales. Muchas han permanecido todos estos años calladas y sólo ahora empiezan a hablar, muy poco a poco. Saben que sus testimonios podrían encarcelar a sus agresores, aunque a duras penas conservan la fe en la Justicia.

Los expertos insisten en que vomitar el dolor es el primer paso hacia la curación, pero la mayoría no son capaces de verbalizar tantas atrocidades. Ni siquiera sus maridos —los que aún viven— lo saben y muchos de sus hijos tampoco, porque temen que las abandonen.

UN TEMA QUE NO SE TOCA. En una de las cinco colinas que rodean Sarajevo, la ciudad que estuvo cercada 43 meses durante la guerra, vive Hasija Brankovic. A sus 35 años, casi nunca habla de lo que le hicieron los soldados durante el mes que pasó en un campo de concentración en Rogatica, en la República Serbia de Bosnia. Su hermana mayor y su madre, que medio ha perdido la cabeza, también pasaron por los campos, pero ese tema no se toca, a pesar de que las tres viven en la misma casa raquítica y duermen en una única habitación, junto con otros dos hermanos pequeños.

soldados en la República Serbia de BosniaLlegaron a esa casa a los tumbos, después de que las echaran de las nueve anteriores por no pagar el alquiler.

Hasija habla de las penas que pasa para sacar adelante a esa familia, sin trabajo y sin más ayuda que la pensión de su padre, muerto en la guerra.

En total, 170 euros a los que hay que restar los 100 de alquiler. Hasija salta de un tema a otro y pronto explica que las pastillas para los nervios le impiden centrarse. Sentada en el suelo de un cuarto de estar que hace las veces de cocina y de despensa, empieza a hablar de su encierro en el campo de concentración. “Calla!”, la corta enseguida la madre, con la cabeza cubierta con un pañuelo y sin apenas dientes. La mujer teme aún represalias.

Quedamos para otro día, lejos de la presencia de la madre. “Los soldados nos llevaron a la escuela de Rogatica. Cada noche y cada día venían, con un calcetín en la cabeza, y nos preguntaban: ‘Quieres que te viole o prefieres mirar?’. A veces era un hombre, a veces un grupo. Así durante un mes.” Hasija llora, toma aire y piensa. “Mataron a mi padre y mi hermana de tres años no pudo escapar del campo. Si no fuera porque tengo que ocuparme de mi familia, me haría algo a mí misma”, asegura esta mujer que calla más horrores de los que relata. Hasija todavía no sabe si algún día testificará ante los jueces; de momento, no se siente preparada.

En el tribunal montado hace un año en Bosnia para juzgar a criminales de guerra y que reemplazará al Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY), un equipo de psicólogas atiende a las que han decidido testificar contra sus violadores. Jasmina Pusína, una de las terapeutas, explica que muchas mujeres no hablan con la esperanza puesta en el olvido. “Intentan olvidar sin sabe que nunca podrán.

Conviven con sus secretos hasta que un día se vienen abajo. Tarde o temprano sucede, es sólo cuestión de tiempo” asegura Pusína, quien explica que las terapias tratan de ensamblar las piezas del rompecabezas del horror. Los olores, los sonidos, las imágenes de los días de la tortura para hacer a las mujeres conscientes del trauma, y para que aprendan a convivir con él. Estas terapias las dirigen las ONG, que trabajan de forma intermitente, en función de las ayudas internacionales. Marijana —nombre ficticio— hace tiempo que decidió hablar y recomponer su espeluznante historia.

La ha contado en La Haya. Haber testificado no la ha vacunado, sin embargo, contra el inevitable derrumbe cada vez que revive su paso por un campo de concentración en Visegrado, al este del país. “Me violaron varias veces. Tantas que no sabría contarlas. Mi hijo, de 16 años, lo vio todo. Olían mal, a cebolla, a alcohol. Estaban muy sucios.

Me enseñaron varios cuchillos. ¿Cuál es el más afilado me preguntaron?”. Marijana rompe a llorar: “Vi cómo pasaban el cuchillo por el cuello de mi hijo. Les pedí que me mataran a mí. No entiendo qué hemos hecho para ser tan odiadas”. Vuelve el llanto y la respiración entrecortada, pero Marijana quiere continuar: “Lo tenían todo pensado, todo planeado para humillamos y destrozar a nuestra comunidad.

Ahora nosotras no jefe militar, Ratko Mladicvalemos para nada, y el gobierno hace oídos sordos, pero, si seguimos calladas, no llegaremos a ninguna parte”, afirma esta mujer que vive en Sarajevo, y que dice adivinar la llegada del frío invierno bosnio en las cicatrices de su cuerpo. Manjana reconoció en el campo de concentración a Milan Lukic, entregado por Argentina al TPIY el pasado febrero, después de siete años de fuga. Lukic operaba bajo las órdenes de los prófugos Radovan Karadzic y su jefe militar, Ratko Mladic,(foto) acusados de genocidio por la Matanza de Srebrenica, en la que exterminaron a 8.000 musulmanes bosnios en 1995.

Maida Cupina también testificó en Holanda. Fue contra Milosevic. Tampoco tiene trabajo y vive en un piso que le ha prestado el tribunal. A sus 50 años es alta y va muy arreglada. Pelo bien teñido, colorete y labios perfilados. Su imagen esconde a una mujer hundida. “Tengo que ser valiente y seguir, por mis hijos”, dice. “Me violaron delante de mi marido y de mis dos hijos. Me encerraron en casa de mi padre donde estaba disponible para los soldados durante las 24 horas.

‘Musulmana inútil’, me gritaban los serbios. Hacían orgías durante días enteros”, relata mientras empalma un cigarrillo con otro en el apartamento, prestado, donde vive con su hija, enferma de anorexia, y sin acceso a un tratamiento médico. Cupina, de 1,72 metros, llegó a quedarse en 42 kilos. Fue entonces cuando los nacionalistas fanatizados estimaron que ya no servía para sus propósitos y la intercambiaron por prisioneras serbias. Ahora dice vivir condenada a la cadena perpetua de esas imágenes, del olor a alcohol y sudor de esos hombres, tatuados en su cerebro.

Mientras Cupina habla, por el televisor desfilan las imágenes del entierro de Miíosevic en Pozarevac la ciudad natal del caudillo ultra-nacionalista serbio. “Los soldados que vinieron a Nevesinje eran serbios, no bosnios. Esto no fue una guerra civil, fue un genocidio orquestado por Milosevic. Ha muerto después de haber consumido la mayor parte del tiempo y del dinero del tribunal de La Haya. ¿Y ahora qué?”, se pregunta esta mujer.

SOSPECHOSOS EN LIBERTAD. Junto a Milosevic y al resto de los grandes nombres del TPIY, fuentes judiciales del país estiman que alrededor de 10.000 sospechosos (en su mayoría procedentes de las filas de los fanáticos serbios, pero también bosnios) siguen en libertad. La mayor parte de ellos vive en la República Serbia de Bosnia, una de las dos entidades del país, y que, tras la expulsión de miles de musulmanes durante la guerra, se ha convertido en una zona étnicamente limpia, casi sin presencia musulmana. A pesar de que Dayton reconoció el derecho al retomo de los desplazados y de que las autoridades alientan de boquilla el regreso, las víctimas insisten que, si no se detiene a los agresores no habrá vuelta posible.

Nusreta Sivac es una de las pocas que optó por el regreso y ahora le toca cruzarse en la calle con los hombres que la torturaron en los tres campos de concentración en los que estivo en 1992: Omarska, Trnopolje y Keraten conocidos por las imágenes que dieron vuelta al mundo y en las que se veía a hombres famélicos tras la alambrada.

jefe militar, Ratko Mladic

“Estuve allí casi dos meses. Hablar de que pasó dentro es durísimo”, dice Sivac, que cuenta que la tortura y las violaciones eran generalizadas y que antes de la guerra era juez Prijedor, una ciudad entonces multiétnica unos 20 kilómetros de la frontera con Croacia y donde hoy día los musulmanes forman una minúscula comunidad, asentada en Kozarac.

Allí, las casas son nuevas, levantadas sobre las cenizas a las que quedaron reducidas las viviendas de los bosnios, quemadas por los soldados y milicianos serbios.

“Siempre tuve claro que iba a volver. Esta es mi ciudad. El primer día que llegué a mi casa, había un cartel que decía: ‘Esta es la puerta de Omarska’. Ahora me encuentro por la calle con hombres que me maltrataron y otros que han salido después de cumplir dos tercios de su condena”, explica Sivac. ¿Cómo reacciona? “Les miro a los ojos. Es lo único que puedo hacer, con esa gente no se puede hablar. Para nosotras, la mejor lucha es la verdad”, dice esta mujer que ha testificado en el TPIY contra varios responsables de los campos.

Sivac, que pertenece a una asociación de mujeres víctimas de la guerra, sostiene que muchas no quieren testificar porque tienen miedo. “Los agresores siguen teniendo puestos importantes en la República Serbia de Bosnia. Muchos son héroes militares”, asegura en una cafetería con aire turco de Kozarac. Prueba de ello es lo que queda del campo de concentración de Trnopolje, hoy reconvertido en escuela y asociación de vecinos y en cuya entrada una gran águila esculpida en piedra rinde homenaje a los soldados que han dejado sus vidas para formar los cimientos de la República Srpska”. Ramos de flores frescas yacen sobre la nieve, al pie del monumento.

En ese campo, los soldados elegían cada día a unas cuantas chicas a las que se llevaban para violarlas. Unas volvían marcadas por las torturas. Otras, ni siquiera volvían.

Ahora, Sivac no tiene trabajo y es difícil que lo consiga en una comunidad en la que los musulmanes no son bienvenidos. A sus 55 años, tampoco tendrá derecho a una jubilación. En la República Serbia de Bosnia, las mujeres que estuvieron en los campos ni siquiera son consideradas víctimas del conflicto. En el resto de Bosnia, las mujeres que fueron violadas sistemáticamente durante la guerra están consideradas víctimas desde el año pasado, y en teoría, tienen derecho a una pensión, igual a Jade un hombre que perdiera una pierna por una granada. El problema, señalan las terapeutas del tribunal, es probar el daño psicológico. Por eso, algunas asociaciones piden al gobierno que promulgue una ley que se ocupe de estas mujeres, igual que se aprobó una para los desaparecidos durante la guerra.

SIN DERECHOS ESPECÍFICOS. “No hay una definición clara de quiénes son las mujeres víctimas de la guerra. No tienen ningún derecho específico”, reconoce el ministro bosnio de Derechos Humanos y para los Refugiados, Misrad Kebo, que defiende que las mujeres violadas no deben tener un tratamiento especial, y culpa a las autoridades serbias de que los violadores sigan en la calle y de que el reconocimiento como víctimas ni siquiera exista en la República Srpska. “Esto es un problema regional, no sólo interno. Estamos hablando de Mladic y de Karadzic, de gente que se encuentra a salvo en los países vecinos. Nosotros pedimos a las autoridades serbias su colaboración”, asegura Kebo en la sede del gobierno, en Sarajevo.

Kebo echa también el resto de pelotas fuera. Culpa a las mujeres de no querer hablar: “El Estado no puede hacer nada si ellas no reconocen lo que les ha pasado”. Y asegura que su gobierno no dispone de recursos para atender a estas mujeres. Sorprende, sin embargo, ver cómo Sarajevo es hoy una ciudad completamente reconstruida, donde apenas queda rastro de los morteros y las granadas en los edificios, y donde el dinero no ha alcanzado para la reconstrucción de las vidas de los que quedaron dañados de por vida por la barbarie.

A falta de iniciativas estatales, Grbavica la película bosnia recientemente premiada en Berlín, podría ser el catalizador de la esperada catarsis colectiva que anime a las mujeres a hablar y que recuerde al gobierno bosnio s cuenta pendiente con las víctimas olvidadas.

Grbavica cuenta la historia de una mujer violada durante la guerra. La precariedad económica en la que sobreviven las mujeres como Esma, la protagonista. Y habla de los hijos gestados en las violaciones, que hoy son adolescentes y que empiezan a preguntar por 1 identidad de sus padres.

LAS MENTIRAS DE LA GUERRA. Muchas de la madres que decidieron quedarse con sus hijo los han criado en los campos de refugiados, al amparo de las mentiras de la guerra. Pero es tos niños y niñas tienen hoy 14 años y quieren saber quiénes fueron sus abuelos paternos quiénes son sus tías.., y para eso no hay res puesta. Sus madres fueron violadas tantas veces que, aunque se atrevieran a decirles que si padre no fue un héroe, serían incapaces de da con su identidad. “Son niños muy inseguros muy dependientes. Viven con el temor de que sus madres, traumatizadas y apenas capaces de arrastrar su propia vida, los abandonen. Se ha producido la transmisión generacional de trauma”, estima Salvia.

Grbavica, cuya exhibición ha sido prohibida en la República Serbia de BosniaGrbavica, cuya exhibición ha sido prohibida en la República Serbia de Bosnia, y cuy estreno en Belgrado contó con la presencia de seguidores de Mladic y Karadzic que trataron de abortar la proyección, está batiendo récords de taquilla en la Bosnia croata y musulmana.

Esta película ha sido capaz de llevar las violaciones sistemáticas del ámbito de lo privado al terreno de lo público, algo inédito en Bosnia.

Que no se olvide es algo que obsesiona a su joven directora. “Fueron actos diseñados para humillar. Con ellos destruyeron tanto.., sus creencias religiosas, su autoestima, sus vidas. Todavía soy incapaz de entender cómo los hombres pueden ser capaces de utilizar la violación como un arma, cómo son capaces de tener una erección fruto del odio”, reflexiona Zbanic en Tuzla, en el noreste de Bosnia, donde recientemente se estrenó la película.

 Jasmila ZbanicEsa noche en Tuzla, los espectadores —la mayoría mujeres— salieron conmocionados de la sala. Algunas, con los ojos todavía húmedos, se han quedado sin palabras. Un poco más tarde, Eilla Vickovic, con hiyab, ya está en condiciones de hablar: “Esta película puede ofrecernos un futuro mejor a los bosnios, sobre todo a las que tienen miedo de que la sociedad no las entienda si cuentan que han sido violadas. Pero todo el mundo conoce los hechos desde hace tiempo ¿Cómo es posible que haga falta una película para entender esto?”, se pregunta.-(Foto: Jasmila Zbanic).

Por Ana Carbajosa
Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional

Desaparicion de Mujeres y Niñas en el Mundo Violencia y Abuso Sexual

GENEROCIDIO:  DESAPARICIÓN DE MUJERES – ABUSO SEXUAL Y LA MUJER GOLPEADA

Ayaan Hirsi AIf es diputada holandesa y autora del libro Yo acuso.

He llamado a un buen amigo mío que es judío y le he preguntado si le parecía apropiado que emplease el término Holocausto para calificar la violencia que se ejerce contra las mujeres en todo el mundo.

Al principio se sorprendió. Pero cuando le leí las cifras de un informe publicado por el Centro para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas en marzo de 2004, asintió sin dudarlo. (*Ayaan Hirsi AIf es diputada holandesa y autora del libro Yo acuso. Texto del discurso pronunciado en Alemania el Día de la Mujer )

Existen en todo el mundo entre 113 y 200 millones de mujeres demográficamente desaparecidas. Cada año, entre 1,5 y3 millones de mujeres y niñas pierden la vida como consecuencia de la violencia o el abandono por razón de su sexo.

Como decía The Economist del pasado 24 de noviembre, “cada período de dos a cuatro años, el mundo aparta la vista de un recuento de víctimas equiparable al Holocausto de Hitler”.

¿Cómo es posible que ocurra algo así?
He aquí algunas de las razones.

• En los países donde el nacimiento de un varón se considera un regalo y el de una niña una maldición, se recurre al aborto y el infanticidio selectivos para eliminar a las niñas.

• Las niñas mueren de forma desproporcionada por abandono, porque los alimentos y la asistencia médica se destinan antes a sus hermanos, padres, maridos e hijos.

• En los países en los que se considera a las mujeres propiedad de los hombres, los padres, hermanos y maridos las asesinan por atreverse a escoger sus propias parejas. Son los llamados asesinatos “de honor”. A las novias jóvenes cuyos padres no pagan dinero suficiente a los hombres que se han casado con ellas se las mata; son las llamadas “muertes por dote”. Puros asesinatos.

• El brutal tráfico sexual internacional de chicas jóvenes mata a un número incalculable de mujeres.

• La violencia doméstica causa la muerte de un gran número de mujeres en todos los países del mundo. Las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidades de ser asesinadas o heridas por sus parientes masculinos que de morir debido al cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico ola guerra, todos juntos.

• Se concede tan poco valor a la salud femenina que, cada año, aproximadamente 600.000 mujeres mueren al dar a la luz. Esa cifra equivale a un genocidio como el de Ruanda cada 12 meses.

• Cada día, 6.000 niñas sufren la mutilación genital, según Naciones Unidas. Muchas mueren. Otras sufren dolores atroces durante el resto de su vida.

• Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cinco mujeres tiene probabilidades de ser víctima de una violación o un intento de violación a lo largo de su vida.

El genocidio consiste en el exterminio deliberado de un gran número de personas. Y esto es genocidio. No son unos asesinatos silenciosos; todas las víctimas proclaman a gritos su sufrimiento. Y no es que el mundo no oiga esos gritos; es que nosotros, los demás seres humanos, preferimos no prestar atención.

Resulta mucho más cómodo ignorar estas cuestiones, sobre todo cuando se trata de problemas tan extendidos y —para muchos lectores de periódicos— tan lejanos. Todas las cifras son cálculos aproximados. Casi nunca hay cifras exactas en este terreno; documentar la violencia contra las mujeres no es una prioridad en la mayoría de los países. ¿Cuántos tribunales se han creado para juzgar a quienes cometen estos crímenes? ¿Cuántas comisiones de la Verdad y la Reconciliación se han instituido? ¿Cuántos monumentos nos recuerdan que debemos llorar la muerte de estas víctimas? ¿Acaso las mujeres son bienes desechables, no del todo personas?

Mientras, puedo oír las excusas habituales. “En realidad, no sabemos si es una aniquilación sistemática.” “Es su religión, ya muchas mujeres no parece que les preocupe pertenecer a esa religión.” “No se puede atacar la cultura de la gente.”

Pero el mundo no está volviéndose más violento; al menos, no para los hombres. El mundo está volviéndose palpablemente más pacífico. Y la pobreza tampoco tiene mucho que ver. Los países ricos también persiguen a las mujeres. En Arabia Saudita, las mujeres no pueden votar; no pueden salir de su barrio o su país sin permiso del padre o el marido; no pueden trabajar, ni escoger a su esposo, si no lo autoriza su guardián. Y, sin embargo, a nadie se le ocurre decir que Arabia Saudita es pobre, salvo en términos culturales.

Arabia Saudita, las mujeres

Nos enfrentamos a tres grandes retos.

En primer lugar, las mujeres no estamos organizadas ni unidas. Las mujeres de los países ricos, que disfrutamos de la igualdad bajo la ley, tenemos la obligación de movilizar a nuestras hermanas. Nuestra indignación y nuestras presiones políticas son las únicas armas que pueden promover el cambio.

Arabia Saudita, las mujeresLuego están las fuerzas del oscurantismo. Los islamitas están empeñados en revivir y extender una serie de leyes brutales y retrógradas. En los países en los que imponen la ley coránica de la sharia, a las mujeres se les expulsa del ámbito público, se les niega la educación y se les obliga a pasar toda su vida como esclavas domesticas. La lucha para combatir el islamismo es una lucha para salvar a las mujeres en cuerpo y mente.

En tercer lugar, los relativistas culturales y morales socavan nuestro sentimiento de indignación moral cuando defienden la idea de que los derechos humanos son una invención occidental. Los hombres que maltratan a las mujeres hacen uso casi constante del vocabulario que amablemente les proporcionan esos relativistas al reivindicar el derecho a regirse por un sistema de valores distinto —“asiático”, “africano” o “islámico”— en relación con los derechos humanos.

De acuerdo con este punto de vista, cuando los maridos, los padres y los hermanos pretenden que las mujeres somos posesiones suyas, están expresando su cultura o su religión, y hay que respetarles.

Tenemos que luchar para cambiar esa mentalidad. Una cultura que corta los genitales de las niñas, daña sus mentes y justifica su opresión física no es equiparable a una cultura que considera que las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres.

El 8 de marzo fue el Día de la Mujer. En ese día, todos los años, celebramos nuestros triunfos y condenamos nuestro sufrimiento. Pero un día no es suficiente. Necesitamos más de un día, más de un año, más de un decenio. Necesitaríamos todo un siglo para luchar contra el generocidio.

Ni siquiera cuando buscan sinceramente la paz se dan cuenta los hombres que nos gobiernan —porque, en su abrumadora mayoría, son hombres— de que, mientras exista la guerra contra las mujeres, la humanidad no tendrá nunca paz. Si se nos niega la educación, transmitiremos nuestra ignorancia a nuestros hijos. El abandono de las mujeres perjudica a la sociedad entera.

Cuando nos violan concebimos en medio de la humillación, y transmitimos nuestra rabia a nuestros hijos. Si no nos quieren, tampoco nosotras podemos querer; y si no nos cuidan, también nosotras descuidamos. Las mujeres tratadas con crueldad engendran mercenarios y opresores. Si nos destruyen, destruimos. Ante este horror, me siento tan impotente como cualquiera, pero sé que, para acabar con él, vamos a necesitar mucha más energía y vamos a tener que centramos. Hay tres primeros pasos que podrían dar los dirigentes mundiales para empezar a erradicar el asesinato en masa de las mujeres.

asesinato en masa de las mujeres.

• Que un tribunal de justicia como el de La Haya busque a los 113-200 millones de mujeres y niñas desaparecidas. Transformar las cifras en rostros y nombres contribuirá enormemente a erradicar la violencia.

• Es urgente un serio esfuerzo internacional para documentar con exactitud la violencia contra las mujeres y las niñas, país por país, y denunciar la realidad de sus intolerables sufrimientos. En los dos últimos siglos, los occidentales han cambiado gradualmente la forma de tratar a las mujeres. Como consecuencia, Occidente disfruta de más paz y progreso. Confío en que el Tercer Mundo comprenda ese mismo esfuerzo en este siglo que comenzamos. Igual que acabamos con la esclavitud, debemos acabar con el generocidio.

• Por último, necesitamos una campaña mundial contra las culturas que permiten este tipo de crímenes. Las culturas que defienden la eliminación física de las niñas recién nacidas, que niegan a las mujeres el derecho a gobernar su propio cuerpo y no las protegen de ninguna forma contra los peores maltratos físicos, todas esas culturas deben reformarse. No son miembros respetables de la comunidad de naciones.

Fuente Consultada: Revista Veintitrés Internacional y Enciclopedia Electrónica Cosmos

LAS MUJERES EN LA HISTORIA

historia de mujeres