Influencia de los Medios de Comunicación en la Formación de la Opinión Pública

El Rol Periodismo en la Sociedad Que es? Como Nació? Historia

El Rol Periodismo en la Sociedad – Historia

Por periodismo entendemos cualquier actividad relacionada con la recopilación, selección, elaboración y distribución de información que se transmite a través de medios diversos: prensa, radio, televisión, cine, libros y, más recientemente, Internet. (ver: Inicios del Periodismo en Argentina)

El periodismo trata  de concienciar a la sociedad presentando una imagen del mundo, mediante icografias, fotos y textos.

Condicionado por acontecimientos culturales, políticos y sociales, históricamente la transmisión de noticias ha experimentado un asombroso desarrollo.

Esto se debe gracias a los avanzados medios de comunicación de masas que actualmente nos “bombardean” de información haciéndose notable su diferencia con los primeros productos periodísticos que conoció la humanidad. Sin embargo, este cambio trae consigo nuevos lenguajes, métodos y vehículos y la frecuencia de difusión de la información; determinando así adjudicar nuevos significados a los conceptos de “periodismo” y “periodista”.

Es por esto que transitaremos brevemente por el camino del periodismo hasta llegar a su situación actual, entendiendo mejor a lo que hacemos referencia cuando decimos “cambio”.

rol del periodismo en la sociedad

Recorrido histórico

La historia de lo que conocemos hoy como periodismo, se puede remontar desde las primeras civilizaciones urbanas, tras testimonios muy antiguos. Tal es así que los Comentarii pontificum, los Annales máximi y el Acta diurna, datan desde la época del Imperio Romano. Por ejemplo, el Acta diurna era una hoja de papel en donde se detallaban los hechos políticos y sociales más importantes, colgados por lo general en plazas relevantes con el objetivo de que una gran cantidad de personas pudieran acceder a dicha información.

Esto se realizó diariamente desde el año 59 a.C. No obstante, durante la dinastía Tang en China se publicaba una gaceta denominada “pao”, que transcendió hasta 1911, tras la finalización de la dinastía Ching, pero bajo diferentes nombres y formatos. Pero verdaderos precursores de esta actividad, son los almanaques anuales e informes semestrales editados en Colonia Michel von Aítzing o Eyzenger en el siglo XVI, los cuales informaban sobre el conflicto entre católicos y partidarios de la Reforma. Además en las ferias de Frankfurt, Evzenger vendía dos almanaques anuales, llamados “Messrelatíonem” y que en Toda Europa se hicieron de un fuerte eco.

La demanda de información en los distintos centros económicos, estuvo determinado por diversos factores, y uno de ellos fue el comercio.  Tal es así, que los Awisi en Venecia, trasmitían información y noticias provenientes de los barcos, mientras que en las ferias alemanas se vendían los Zeitungen y en Londres o en Sevilla ya existía un tipo de prensa manuscrita.

Entonces podríamos decir que la característica fundamental que define al periodismo, es la determinación de otros factores, como la imprenta que permitió multiplicar las copias con la información, gracias a los transportes y el correo que divulgó con mayor facilidad y periodicidad la misma.  Logrando que de esta última tome su nombre y de manera autentica los avances técnicos y tecnológicos hicieron de esta actividad una conquista relevante en el mundo.

El emperador Rodolfo II, en 1597 fue quien encargó que se imprimieran gacetas mes a mes; diferencia que marcó una tirada que tenía una regularidad anual, luego semestral a ser mensual. La finalidad de este cambio fue neutralizar la proliferación de panfletos motivados por su enfrentamiento con húngaros y germanos. Sin embargo, Florentino Gigli ese mismo año, comenzó a editar boletines de carácter comercial, pero con una periodicidad semanal. Tal es así que en Estrasburgo, Johann Carolas publicó 52 números semanalmente, y es la primera serie periódica que se conserva desde 1609.

Así podemos decir, que las bases del periodismo tal como hoy lo conocemos sienta sus bases a comienzos del siglo XVII, aunque sólo en 1702 llega la distribución diaria gracias al periódico británico The Daily Courant, consolidándose esta forma recién hacia el siglo XIX. Este naciente periodismo respondía a una conducta publicista de los organismos oficiales los cuales monopolizaban la información de tipo política, conservada esta hasta la explosión revolucionaria burgués. Como ejemplo de ello podemos citar en 1631, La Gazzete de France, constituida por Théopheaste Renaudot.

Sin embargo, junto a esta tomó impulso una prensa no oficial, podríamos afirmar que tiene un carácter casi siempre de clandestinidad, porque son mecanismos propagandísticos en contra del poder monárquico, o luchas de religión, o la contienda nacional en los países bajos. Dirigidos a un sector cada vez más amplio de la sociedad, se crearon órganos independientes resultado de un cambio actitudinal hacia el liberalismo. Nacen así periódicos como, The Tatler (1 709-1 1), The Spectator (1711-12), The Examiner o The Rambler que empezaban a incluir artículos de opinión y que fueron imitados en toda Europa (en esta línea se sitúan El pensador (1762), de Clavijo y Fajardo; Le Journal de Paris (1777); The Times (1785); o el Diario de Barcelona, de 1792).

El siglo XIX significó para el periódico, su consagración como vehículo de comunicación de las masas, favorecido gracias al perfeccionamiento de la producción y tratamiento del papel, progresos en la industria de la ilustración gráfica, el ferrocarril como medio de transporte esencial, las telecomunicaciones y la urbanización vivenciada en lugares estratégicos del mundo.  Por otra parte, hacia 1830 se comenzó a editar revistas para un público con bajo nivel instructivo y hacia el género femenino, contribuyendo así a disminuir el índice de analfabetismo a través de la lectura de periódicos y revistas.

El periodismo evoluciona y surgen nuevas modalidades: la de los pennypapers (que costaban solamente un penique) fue una moda que, iniciada en Gran Bretaña, se extendió a otros países —los estadounidenses The Sun (1833) y The New York Herald (1836), el francés La presse o El español, de 1836—; el tratamiento informativo se conduce hacia la especialización; aparecen dos ediciones diarias (la matutina y la vespertina) para dar cabida a todo el caudal informativo; se diversifican los medios;  las agencias de información internacionales venden sus reportajes a diferentes periódicos y revistas, etc.

Cuando se consolidan los medios masivos de comunicación empiezan a nacer las diversas corrientes de la comunicación, así como los estudios sobre ella, a la vez que los géneros periodísticos se caracterizan y definen más cuidadosamente, convirtiendo al periodismo en lo que algunos teóricos han dado en llamar «el cuarto poder».

Bajo este panorama, la legislación relativa a la prensa y a los medios de comunicación ha ido variando, aunque la mayoría de estas legislaciones ha propendido por defender la libertad de prensa, todo ello siempre y cuando se actúe bajo ciertos límites, de tal manera que ni el orden público ni el buen nombre de las personas sean perturbados. (Historia del Periodismo Mundial, Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango)

Sin embargo, en 1924 la palabra escrita comienza a padecer un considerable retroceso, a causa ineludible de la radiodifusión, la cual se apropia de la inmediatez informativa. Actualmente el comercio de la televisión representa el medio de masas por excelencia, surgida en 1938 y que advirtió ser un duro golpe para la prensa en formato papel.

Pese a ello, el  periódico continúa desempeñando una función imprescindible en la actividad informativa, porque ofrece un tratamiento más amplio y profundo de los sucesos que el que proporcionan los nacientes medios de comunicación. Además, la radical revolución operada en el ámbito tecnológico reduce considerablemente el tiempo que ocupa el proceso editorial, permite abarcar más noticias y transmitir de inmediato a través de la red informática los datos que no hayan entrado en prensa.

El periodista  Profesionalidad, ética, objetividad

En el siglo XVIII comenzaron a aparecer los primeros periodistas, pero habrá que esperar hasta la siguiente centuria para asistir al nacimiento del profesional de la información tal y como hoy lo entendemos. Ya en 1883 se creó una asociación de profesionales del sector: el lnstitute of Journalists (de origen británico), que luego inspiraría la American Newspaper Guild (1933), la Fédération Nationale de la Presse Française, la Asociación Nacional de Prensa, etc.

Hasta el siglo XIX , los periodistas se iniciaban en la profesión como meros aprendices, pero ya entre 1879 y 1884, la Universidad de Missouri (Columbia, Estados Unidos) imparte un curso de periodismo, y en 1912 la Universidad de Columbia en Nueva York establece la licenciatura de periodismo (promovida por Joseph Pulitzer).

La toma de conciencia de la responsabilidad social por parte del periodista es producto de los siglos XIX y XX. Anteriormente, los periódicos eran instrumentos políticos al servicio de una determinada postura y de la denuncia de la Opuesta. Poco a poco, se fueron haciendo más independientes, como resultado de la demanda de la población, de la publicación de libros en torno a la responsabilidad del periodista y de la discusión que suscitó el tema en las reuniones de cada asociación; estos factores motivaron el auto examen de la práctica periodística, así como la elaboración de derechos y deberes).

A lo largo del siglo XX la preocupación por la profesionalidad aumentó, debido a varias causas: la organización del trabajo del periodista, la profusión de estudios acerca de la historia, los problemas y técnicas de los medios de comunicación de masas y el creciente sentido de la responsabilidad social que tienen los periodistas, lo cual se traduce en una presentación imparcial de la noticia.

Sin embargo, la imparcialidad no implica que la redacción de los hechos tenga que ser meramente descriptiva; antes bien, gozan de buena aceptación entre los lectores los artículos que interpretan y valoran la realidad (columnas, artículos de opinión, editoriales, etc.). Así, desde mediados de la década de los sesenta del siglo XX, muchas ediciones dominicales incorporan revistas donde se mezcla la información aséptica con el comentario editorial.

En estos años surge también la corriente conocida como nuevo periodismo (promovido desde Estados Unidos por N. Mailer, T. Wolfe, R. Greenfield,Ch. Bukowski, Ph. Roth, T. Southern, y otros), que se propuso una renovación del lenguaje periodístico, de tal forma que se quebrasen las fronteras de la escritura convencional y se reflejasen en la exposición la vida o los sentimientos del protagonista. Más adelante, la tendencia del periodismo industrial ha sido la de ocultar la figura del periodista —en otros tiempos muy popular, sobre todo la de aquellos que consiguieron acreditar su nombre ante los lectores—, convertido progresivamente en técnico del lenguaje para la información de una colectividad, y mediatizado siempre por la estructura de la empresa.

Es cierto que en nuestros días los medios disfrutan de libertad de información, aunque siempre con las limitaciones que imponga la legislación de cada país, la política de a empresa o el mismo Gobierno. Por ejemplo, en lugares sometidos a regímenes dictatoriales, el papel de la prensa es el de transmitir una determinada ideología, y el periodista se convierte en funcionario del Estado bajo la atenta vigilancia de la censura. n los sistemas democráticos la libertad recorre diversos grados: desde el uso discreto ocasional de la autocensura (en materias delicadas que puedan comprometer a las autoridades por ejemplo), hasta la declaración sin tapujos de la tendencia ideológica que subyace al periódico, al canal de televisión o a la cadena de radio.

EL PERIODISMO INDEPENDIENTE

Los periodistas
«La Asociación de la Prensa de Nueva York —en la década del treinta— celebraba su banquete anual. Una extensa mesa agrupaba a los más prominentes editores y periodistas de la capital mundial del periodismo moderno. Llegó la hora de los discursos. Hombres acostumbrados a callar todo el año, en el silencio verbal de la escritura, desataron sus lenguas. Ninguno desató su alma. Entonces John Swinton se puso de pie y dijo: ‘No hay en los Estados Unidos nada que pueda llamarse prensa independiente, si no es en las ciudades de escasa importancia.

Vosotros sabéis esto y yo también. Ninguno de vosotros se atreve a expresar una opinión honrada. Si lo hacéis, estáis seguros de antemano que no se publicará. Yo recibo 150 dólares a la semana por no llevar mis opiniones honradas al periódico que escribo. Si yo permitiera que una edición de mi periódico sacara a la luz opiniones honradas, antes de veinticuatro horas habría terminado.

El individuo que fuera tan insensato que se ocupara de escribir opiniones honradas se vería en medio de la calle en busca de otro oficio. El de periodista de  Nueva York consiste en la verdad, en pervertir, en envilecer, en hacer gracias a los pies de Mammón y en vender i su país y a su raza, a cambio del pan de cada día o, lo que es igual, de su salario. Vosotros  sabéis esto y yo también. ¡Que insensatez brindar por la prensa independiente! Somos instrumentos, vasallos de los ricos : están detrás de las cortinas. Somos saltarines.

Ellos tiran de la cuerda y nosotros bailamos Nuestro tiempo, nuestra vida, nuestro porvenir, todo pertenece a esos hombres. Somos prostitutas intelectuales.’ Así habló John Swinton y así podrían hablar, esencialmente, los miles de periodistas que a diario elaboran la opinión del mundo. Pero no lo hacen. ¿Por qué?» De La vida privada del periodismo, Ricardo Setaro, 1936, Ediciones de la Federación Gráfica Bonaerense.)

Reunión de la Sociedad interamericana de Prensa

Ver: El Ocio y los medios comunicación

Ver:Orígenes del Periodismo en el Virreinato

Fuente Consultada: Texto Basado en Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe -Wikipedia-Encarta

Primera Transmision de Radio en Argentina-Los Locos de la Azotea

Historia Primera Transmisión de Radio en Argentina – Los Locos de la Azotea

Un invento revolucionario de los inicios del siglo XX  fue la radiotelefonía. Un elemento doméstico utilizado para el esparcimiento e información a toda hora y que permite, simultáneamente, tener la mirada y parte de la atención, en otra cosa.

Por ello es la principal amiga de las amas de casa y del trabajador manual. Cobró vida en 1920, invadiendo todos los rincones del planeta y creciendo, técnica y profesionalmente, aún más rápidamente que la aviación. Es un elemento insustituible en la vida cotidiana y lejos de ser afectada por otros medios, hace pesar su propia influencia cómodamente.

primera transmision radiofonica

El  italiano Guillermo Marconi, efectuó los primeros experimentos a partir de 189:5, su mensaje inicial lo envió en 1901, entre dos crudades británicas Además, hasta 1920 no hubo trascendencia internacional, instalándose ese año la primera planta transmisora, en Pittsburgh, EE.UU., con receptores precarios «a cristal», con una piedra galena.

Hacia 1920, algunas personas diseminadas por todo el mundo acercaban sus oídos a un extraño artefacto mezcla de cobre y galena, e intentaban atrapar el furtivo sonido de voces o músicas lejanas.

Era el umbral de lo que más tarde sería un medio de comunicación ampliamente difundido que fue creciendo hasta alcanzar un papel relevante en la historia de este siglo: la radio.

Fue Guillermo Marconi (1874-1937) quien convirtió las experiencias de telegrafía sin hilos en un negocio de alcances mundiales que incluyó muy pronto a la radio y a la radiotelefonía.

En la Argentina, la nueva era la inició en 1897 el físico e ingeniero italiano Teobaldo J. Ricaldoni, que realizó transmisiones radioeléctricas como las que se sucedían en diversos lugares del mundo.

Razones de seguridad invocadas durante la Primera Guerra Mundial frenaron el desarrollo de la radio en nuestro país. Pero, en 1919, quince radioaficionados argentinos reinstalaron sus antenas y retomaron sus auriculares.

Fueron esos locos de la azotea, como se los llamaba, quienes –con el nombre de Sociedad Radio Argentina– iniciaron la radiodifusión mundial el 27 de agosto de 1920, con una antena instalada en las inmediaciones del antiguo teatro Coliseo.

Por los escasos veinte aparatos existentes en la ciudad se pudo escuchar en vivo la ópera Parsifal, de Richard Wagner.

En pocos meses, las audiciones se realizaban alternativamente desde los teatros Coliseo, Colón y Odeón.

Pasaban además de música, discos, noticias, recitados, propaganda y actuaciones en vivo.

El 14 de septiembre de 1923, la radio se adelantó por primera vez a las agencias de prensa: Radio Sudamérica captó la emisión norteamericana del combate de boxeo entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey.

Cuando los telegramas de Nueva York informaron la derrota de El toro salvaje de las pampas, la noticia ya era conocida. Un año más tarde, el W de octubre de 1924, Carlos Gardel cantó en Radio Splendid.

Al día siguiente, en otra jornada especial, se transmitió por primera vez un partido de fútbol, jugado entre las selecciones de nuestro país y Uruguay. Había comenzado la era de la radio.

Durante la década del 30 las estaciones y los aparatos se multiplicaron a la par que se reguló el manejo institucional. La radio se perfeccionó, introdujo nuevos vocablos en el lenguaje cotidiano –éter, sintonía, dial, antena-, dio proyección a ídolos populares –Blackie, Niní Marshall, Luis Sandrini, Discépolo– y origen a revistas especializadas –Antena, Radiolandia, Sintonía– donde se veían las caras de aquellos a quienes más se los conocía por su voz que por su figura.

La radio se metió en la vida de la gente, desató sus sueños y su imaginación, estableció lazos poderosos con los oyentes gracias a los personajes y programas que salían al aire –Los Pérez García, Glostora Tango Club-, sucumbió al poder político y propagandístico del Estado, pero resistió la competencia que le impuso la televisión.

En los años 60, con los transistores que modificaron los aparatos de radio -significó el nacimiento y popularización de la radio portátil, antecesora del actual walkman- y la incorporación masiva de las radios a los automóviles, se inició una nueva era, más cercana a nuestros días con conversaciones ante el micrófono, música grabada e información instantánea.

Han pasado casi 80 años en la historia de la radiofonía argentina y son muchas las novedades que han ganado el favor popular. Pero hoy como ayer, al levantarse o mientras desayunan, para enterarse de las últimas noticias o del estado del tiempo, muchas personas continúan encendiendo la radio.

En 1921, a sólo un año de ls experiencia de Pittsburgh, ya se habían vendido en EE.UU. 800.000 receptores. El hito inicial fue la emisión del combate entre los famosos boxeadores Jack Dempsey y George Carpentier, desde el Madison Square Garden, de Nueva York. Pronto Europa adoptó el mágico medio y su fama ganó América Latina y todos los rincones del planeta.

En Argentina tuvo tan entusiasta eco que tras la gran importancia que le dio la Marina, inmediatamente se convirtió en portador del arte.

Tanto, que en el mismo 1920 se efectuó desde el teatro Coliseo la transmisión de una ópera, a pocos días de inaugurarse la planta de Pittsburgh. El desarrollo entre nosotros fue notable y enseguida alcanzó un alto nivel de calidad que logró sus picos más importantes en las décadas del 30 y del 40.

Particularmente luego de la aparición de Radio El Mundo, cuyo edificio se convirtió en modelo único de instalaciones radiofónicas. La evolución creó un área específica que resultó amplia fuente de trabajo y de evolución en lo artístico, cultural y deportivo y de creatividad igualmente en lo periodístico y en la técnica de gran proyección.

Se formaron y perfeccionaron actores y cultores de la música y el canto. Surgieron a la popularidad programas cómicos, radioteatros que alcanzaron fama, y noticieros que se disputaron la primicia y la audiencia.

PARA SABER MAS…

Como consecuencia de una etapa de experimentación de las comunicaciones radiotelegráficas se realizaron en la Argentina las primeras transmisiones de radiodifusión.

Los llamados «radioaficionados» muñidos de rudimentarios receptores intentaron desde comienzos del siglo pasado comunicaciones a distancia que fueron perfeccionando hasta lograr el 27 de agosto de 1920 concretar la primera emisión de radiodifusión: la ópera Parsifalde Richard Wagner, transmitida desde una antena instalada en el Teatro Coliseo. (Ese mismo año en Estados Unidos la firma Westinghouse inauguraba su primera estación emisora.)

Durante la década del veinte y coincidiendo con la aparición de numerosas casas de comercio dedicadas a la venta de receptores e insumes afines, fueron multiplicándose las emisoras en Capital Federal y aparecieron algunas en las principales ciudades del interior, todas ellas producto de la iniciativa privada.

Empresarios teatrales, fabricantes y comerciantes importadores de receptores de radio o de sus componentes, empresas periodísticas; los inversores provenían de distintos ámbitos y tenían distintos objetivos que se correspondían con distintos perfiles de oyentes.

Las primeras transmisiones sonoras se dedicaron a la música culta y a los géneros menores (valses, operetas y música popular), luego incorporaron los deportes y las noticias. Dado el bajo costo requerido para fabricar un receptor, el nuevo medio estuvo al alcance de los hogares más modestos.

A medida que se multiplicaban los oyentes, los emisores comenzaban a padecer interferencias de canales y de horarios de transmisión y pronto se vio la necesidad de que el Estado ordenara el éter. En 1924 un decreto estableció un sistema de permisos para transmitir, renovables anualmente con el simple trámite de llenar una solicitud.

En principio fue el Ministerio de Marina quien acordó las licencias; a partir de 1928 se resolvió asignar el ordenamiento y supervisión a la Dirección General de Correos y Telégrafos, dependiente del Ministerio del Interior. No se advertía aún las potencialidades de la radio como difusora de información; sí empezaba a tenerse en cuenta como medio de publicidad.

En consecuencia el Estado permitió una desordenada asignación de permisos que fueron mejor aprovechados por aquellos emisores que decidieron sostenerse con avisos publicitarios y el apoyo de las empresas interesadas en captar oyentes; en la medida en que veían ampliadas sus posibilidades de financiarse, estas primeras radios pudieron mejorar sus equipos y su programación.

Es importante destacar que desde estos primeros pasos de la radiodifusión argentina se advirtieron las ventajas de complementar la actividad radiofónica con el medio gráfico (diarios y revistas afines).

Desde los primeras decretos el gobierno la consideró un servicio público más y -en este sentido- se preocupó por definir su carácter de difusor de información, manifestaciones culturales y esparcimiento, y por controlar la programación reservándose el derecho de clausurar las emisoras.

De a poco fue estableciendo la censura de ciertos contenidos que sólo podían salir al aire con permiso previo del ente regulador.

La década del treinta sería rica en debates sobre el modelo más conveniente para la radiodifusión argentina, entre dos posibles: el norteamericano basado en redes privadas financiadas por la publicidad o el inglés, organizado como una entidad nacional de carácter público sin avisos publicitarios.
(
Fuente Consultada: Grandes Debates Nacionales Pagina 12)

Historia de la Invención de la Radio Primera Transmisión Radial

Historia de la Invención de la Radio
Primera Transmisión Radial

En 1887 Enrique Hertz detectó por primera vez ondas de radio. Las había producido haciendo saltar chispas a través del aire que separaba dos perillas de cobre.

La chispa producía alteraciones electromagnéticas, u ondas, que se propagaban como las ondas en el agua y producían un chisporroteo entre dos perillas de bronce que constituían los extremos de un anillo abierto colocado a una distancia de un metro, aproximadamente.

Estas ondas se propagaban con la velocidad de la luz (300.000 Km./seg.) y eran de la misma naturaleza que las ondas luminosas, excepto que su longitud de onda era mucho mayor —alrededor de un metro— comparada con los pocos diezmilésimos de milímetro de longitud de onda de la luz visible.

Las ondas de radio fueron posteriormente denominadas ondas hertzianas. La radio se ocupa de la producción de ondas hertzianas, su transmisión por el espacio y su detección en un receptor. Aunque Hertz en su famoso experimento descubrió los medios que luego harían posible las transmisiones radiales, no fue él quien inventó la radiotransmisión.

El desarrollo de la radio se extendió durante muchos años y se debió a otros tantos hombres, unos que sólo se interesaban por la faz matemática y principios físicos que habrían de respaldarla y otros que buscaban la faz práctica, tratando de mejorar los medios de transmisión y recepción.

Ninguno de. los primeros experimentadores sabía adonde los llevaría este invento, ni pudieron visualizar la tremenda importancia que la radio tendría luego como medio de comunicación.

Veinticuatro años antes del descubrimiento de Hertz, Jaime Clerk Maxwell, profesor de física experimental en Cambridge, había demostrado mediante deducciones matemáticas exclusivamente y sin hacer ningún experimento, que las ondas electromagnéticas debían existir. Hertz era un científico puro y el objetivo de sus experiencias era comprobar las ideas de Maxwell.

Las noticias del éxito en la producción y detección de ondas de radio se propagaron velozmente y los trabajos —en alemán— de Hertz fueron traducidos a todos los idiomas. Kelvin los tradujo al inglés. Oliver Lodge, en Inglaterra, y el profesor E. Branly, en Francia, mejoraron la detección al inventar un dispositivo denominado cohesor. (El detector a chispas de Hertz no era eficiente debido a que requería una onda muy poderosa para funcionar.) Éste consistía en un tubo de vidrio en el que se colocaban limaduras metálicas suavemente comprimidas por dos pistoncitos de metal.

Normalmente, el cohesor no conduce la corriente eléctrica pero las pequeñas corrientes generadas en una antena por las ondas hertzianas, hacían que las limaduras se unieran entre sí firmemente permitiendo entonces el paso de una corriente.

Empleando cohesores, Oliver Lodge transmitió y recibió el primer mensaje radial, en 1894. Utilizaba grupos de ondas para representar los puntos y rayas del código Morse, que ya se utilizaba ampliamente en telegrafía alámbrica. La transmisión de mensajes hablados a través del espacio era algo todavía inimaginado (aunque el teléfono ya permitía hablarse a través de conductores eléctricos), así que la antigua radio recibió el nombre de telegrafía inalámbrica.

El profesor ruso Alejandro Popov en 1895 utilizó un cohesor en un nuevo método para registrar relámpagos (que son también chispas eléctricas) y mostró de qué manera este método podía ser empleado para transmitir señales. Sus ideas fueron adaptadas por un joven electrotécnico italiano para el fin expreso de enviar y recibir señales electromagnéticas.

El italiano, entonces de sólo 22 años de edad, era Guillermo Marconi, quien de ahí en adelante sería líder de los que experimentaban en este campo de la telegrafía inalámbrica. En 1896 fue a Inglaterra y demostró el funcionamiento de su aparato enviando señales a través de los 400 metros que separan a la Oficina Central de Correos en St. Martin’sle-Grand, en Londres, de la calle Reina Victoria.

Aumentando la potencia de las señales, el tamaño de la antena y la sensibilidad del detector, las distancias a que podían ser transmitidas fueron siendo aumentadas gradualmente. Primero envió señales a través de la llanura de Salisbury (casi 13 Km.), luego a través del Canal de Bristol (15 Km.) y en 1897, a 130 Km. a través del mar durante maniobras navales.

La telegrafía inalámbrica salvó el Canal de la Mancha en 1899 y en 1901 cruzó el Atlántico. Marconi y dos asistentes escucharon en St. Johns, Terranova, señales en código Morse enviadas desde la estación de Poldhu, Cornvalles, a 3.200 Km. de distancia. Las señales fueron recibidas mediante una antena suspendida de un barrilete.

Marconi advirtió la importancia comercial de la telegrafía inalámbrica y poco después de establecerse en Londres formó la primera Compañía de Radio. Una de las primeras dificultades fue la de que las señales de varios transmisores podrían interferirse entre sí, siendo incapaz el receptor de seleccionar una señal por vez.

La dificultad fue resuelta por Oliver Lodge con su invención, en el año 1897, del circuito eléctrico sintonizado. Éste contiene bobinas y capacitores y puede ser sintonizado (alterando el capacitor) para recibir una señal de determinada frecuencia. Así, si los diferentes transmisores operaban a frecuencias distintas el receptor con su circuito sintonizado variable podía seleccionar uno a la vez. La longitud de onda de las señales se convirtió en lo más importante.

El experimento original de Hertz había producido ondas cortas de alrededor de un metro de longitud. Se pensaba por entonces que cuanto más larga la onda tanto más lejos podría ser transmitida, y se desarrollaron métodos para producir ondas cada vez. más largas. Esta creencia resultó ser equivocada; en realidad las ondas de todas las longitudes poseen el mismo alcance teórico. Por una serie de razones hoy en día se emplean cada vez más ondas más cortas, por ejemplo, las de V. H. F. (Very High Frequency = Frecuencia muy alta).

Otra mejora en la recepción de radio llegó en 1906, cuando un coronel del ejército estadounidense, H. H. C. Dunwoody, patentó el detector a cristal. Consiste éste en un fragmento de galena (sulfuro de plomo natural) que se conecta a una antena por medio de un fino alambre («bigote de gato»). Todo sonido transportado por la señal y recibido por la antena pasa por el cristal y es escuchado mediante un par de auriculares.

Marconi había conseguido aumentar la potencia de la señal producida por el transmisor, pero aunque los circuitos sintonizados, pulsadores y bobinas producían «pulsos», o sea grupos de ondas de radio de frecuencia determinada, no podían producirlos en forma continua.

Esto significaba que los transmisores no servían para transmitir conversaciones, porque las ondas que representan a los sonidos hablados (ondas de audiofrecuencias) deben ser transportadas por una onda continua de radio. Para esto último hubo que esperar la introducción de la válvula de radio y el desarrollo de los osciladores.

La válvula diodo fue inventada en 1904 por el profesor inglés Juan Ambrosio Fleming, con el fin de detectar las señales de radio recibidas por la antena. Debido a su relativa baratura, los cristales siguieron usándose casi universalmente hasta la década del 20.

El primer diodo se parecía mucho a una lámpara eléctrica común, pero poseía un tercer filamento conectado a ella. Muy poco después, Lee de Forest, en experimentos que llevaba a cabo en su propia y pequeña estación de radio, desarrolló la válvula de tres electrodos o triodo, de mayor sensibilidad. A continuación, Von Lieben, en Alemania, y Armstrong, en Estados Unidos, advirtieron que el triodo podía emplearse para amplificar corrientes eléctricas y para producir ondas electromagnéticas en forma continua.

Dos históricas válvulas de radio. La de la izquierda es uno de los primeros triodos desarrollados
por von Lieben en 1911. La de la derecha es uno de los primeros triodos prácticos empleados por Marconi.

Así, alrededor de 1913 todos los elementos esenciales de -la radiotelefonía estaban inventados. Se podían producir ondas de radio continuas, mezclarlas con las señales debidas a las ondas sonoras, amplificarlas, transmitirlas, detectarlas y reconvertirlas en ondas sonoras. Había, sin embargo, inconvenientes técnicos serios, al par que los propios inventores estaban sorprendidos por las enormes distancias que podían cubrir las ondas que generaban.

Las ondas radiales eran usadas para telefonía inalámbrica más bien que para radiotelefonía. El gran paso se dio poco después de la finalización de la primera guerra mundial, cuando el público pudo recibir y comprar aparatos receptores y repuestos utilizados en la guerra. Mucha gente tomó la radio como una afición y fue para ellos que la Compañía Marconi efectuó su primera transmisión radiotelefónica experimental desde Chelmsford, Essex, en 1919.

Fuente Consultada: Revista TECNIRAMA N°54.

Historia del Cine y Su Evolución Histórica Primeras Peliculas

Historia del Cine y Su Evolución – Primeras Peliculas

LA EVOLUCIÓN DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN: A partir del incesante avance de la ciencia y de la tecnología, la comunicación dejó de ser exclusivamente oral para desarrollarse a través de otros medios, como la prensa, la radio, el cine y la televisión.

En la actualidad, las sociedades industrializadas dependen, en gran medida, de los medios de comunicación masivos. Su sistema económico —basado en la compraventa generalizada—, la compleja división del trabajo y las necesidades del Estado para cumplir con sus funciones requieren de estos medios para difundir la información del modo más rápido y a la mayor cantidad de personas posible.

De allí que cada vez sea más estrecha la relación entre los grandes grupos económicos y las grandes cadenas de comunicación.

EL CINE: En París en diciembre de 1895, los hermanos Lumiére, produjeron el primer film: La llegada del tren. El impacto de este hecho puede considerarse en gran medida por las consecuencias que desató en algunos espectadores, que huyeron despavoridos de la sala al ver a la locomotora aproximarse demasiado a la pantalla.

Las primeras películas eran de escasa duración, incluso en la actualidad serian consideradas como cortometrajes. Entre los primeros títulos se destacan Lumire en Lyon, Salida de la fabrica y El Herrero.

LUMIERE HERMANOSEl francés George Mélies (1861- 1938) fue el primero en advertir las posibilidades comerciales del cine, como espectáculo popular, con este fin incorporó el rodaje en los estudios y los trucajes, sin los cuales la producción cinematográfica resultaría imposible.

Sin embargo, Antoine Lumire (dice Lumire pero me parece que es Lumiere) le envió una carta en 1898 que expresaba: “Sr. Meliés, nuestro invento no es para venderlo.»

Puede ser explotado algún tiempo como una curiosidad científica, pero no tiene ningún interés comercial.” Aparentemente las palabras del inventor no fueron proféticas.

 Por el contrario, al poco tiempo, surgieron en Francia las primeras empresas cinematográficas: la Gaumont y la Pathé, que lanzaron sus películas comerciales y los noticieros cinematográficos. Gracias a estos desarrollos, quedaron registrados los primeros hechos políticos, artísticos, deportivos y culturales. Además, surgió un nuevo género cinematográfico que tendría un gran desarrollo a lo largo del siglo: el documental.

En las postrimerías del siglo XX, los procesos de concentración de imágenes dieron lugar a una lucha por la posesión de las patentes entre europeos y norteamericanos. De esta manera, en EEUU, Thomas Ava Edison (1847-1931) patentó una máquina y un proyector.

En pocos años, Edison —que triunfó en numerosos juicios por patentes— pasó a ser el productor de cine más destacado de los Estados Unidos y controló gran parte de la nueva industria. En 1903, produjo uno de los primeros grandes éxitos masivos.

El film se llamaba Asalto y robo de un tren. Esta producción dio lugar al nacimiento de un genero especifico que haría historia: el western (películas que contaban historias del oeste norteamericano ocurridas durante el siglo XIX marcado por la colonización y el asentamiento de flujos migratorios que provenían del este).

Las primeras salas de proyección se crearon en 1902 en Los Ángeles, creciendo en número en los años posteriores (entre 1906 y 1909). Sin embargo, este progreso seria obstaculizado por el comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914) interrumpiéndose la competencia entre los estudios norteamericanos y europeos. Hasta ese momento, el cine europeo mantenía la primacía.

Sin embargo, en  ese mismo año en una ciudad situada en los alrededores de Los Ángeles, en el estado de California (EEUU) fue construido el primer estudio cinematográfico. En ese lugar, comenzaron a trabajar numerosos productores que burlaban el monopolio ejercido por Edison.

En 1912. Charles Chaplin (1889-1977) de nacionalidad británica, creo el personaje de Charlot (Carlitos) contribuyendo junto con otras grandes figuras a la difusión mundial del cine norteamericano.

En esta etapa fundacional del cine, ocupa un destacado lugar, el realizador David Wark Griffith (1875-1948), considerado uno de los máximos creadores de la narración cinematográfica y director de uno de los primeros largometrajes del cine mudo “El nacimiento de una nación”. Se trataba de una epopeya basada en lo ocurrido en el sur derrotado, durante los años posteriores a la guerra civil norteamericana. El film reivindicaba la creación y la acción del Ku Klux Klan.

Finalizada la Primera Guerra Mundial, la supremacía norteamericana también alcanzó al cine, superando ampliamente en número y en capacidad de distribución a las producciones europeas. Frente a la experiencia traumática que habia dejado la guerra y la necesidad  de olvidarla comenzó la época de oro del cine cómico con figuras tales como Charles Chaplin (1889-1977), Harold Lloyd (1893-1971) y Buster Keaton (1896-1966).

El éxito del cine mudo se debe a varias razones: en primer lugar, resultaba accesible a las comunidades de inmigrantes, que por esa época eran muy numerosas y no dominaban el idioma inglés. En segundo lugar,  la rentabilidad que representaba para la sociedad y los empresarios norteamericanos, que veían en el cine un gran negocio y un nuevo tipo de distracción y entretenimiento accesible a la mayoría de la población. Poco a poco, fue considerada como vía de escape para los trabajadores norteamericanos frente a sus largas jornadas de trabajo, por lo general intensivas y mal remuneradas.

Los empresarios del nuevo mercado, para fomentar nuevas necesidades artificiales (no menos artificiales que las producidas en la actualidad) crearon géneros cinematográficos para todos los gustos. De esta manera, nació el western, el policial, el bélico, el cine de terror, de aventuras y el romántico, entre otros.

En Europa también el cine continuo diversificándose y constituyéndose en un espacio de critica a la sociedad de ese momento.

En la Alemania derrotada, se estrenó en 1919, El gabinete del Doctor Caligari. En medio de un clima tenso, se da lugar el desarrollo de la corriente expresionista. Esta corriente —que tenía también sus expresiones en la pintura, la música y la literatura— traducía la descomposición de la sociedad alemana de posguerra. La crítica al sistema económico y social se torna más explícita en las películas de Fritz Lang, o Metrópolis (1924), que describe un mundo de esclavos sometidos por el maquinismo.

Historia del CineEn la joven Unión Soviética, constituida a partir del triunfo de la revolución bolchevique en 1917, el cine fue utilizado como un instrumento de control social frente a la necesidad de legitimar el gobierno soviético.

En la denominada escuela rusa se destacó, Serghei M. Eisenstein Entre sus obras más destacadas se encuentran El acorazado Potemkin (1925), considerada una de las mejores películas de la historia de la cinematografía. Se trata de un cine mudo y épico, que relata la rebelión de la tripulación del acorazado Potemkin, durante el régimen zarista en 1905.

En Octubre (1927), Eisenstein narra un realismo casi documental los acontecimientos de la Revolución Rusa. Los realizadores soviéticos buscaron conciliar el cine pensado como arte con un cine de propaganda política tendiente a aumentar la adhesión del pueblo ruso a la revolución.

Bajo las mismas intenciones que en la Unión Soviética, el cine fue utilizado tanto por Hitler (Alemania) como por Mussolini (Italia) como vías de legitimación del régimen fascista.

De esta manera, en Italia, en agosto de 1932, se inauguró el Festival de Venecia, con el propósito de promocionar una imagen favorable del país y del régimen. En su primera edición, el festival permitió el encuentro de producciones americanas y europeas, y, según un crítico de la época, se tuvo la impresión de asistir al bautismo oficial del cine como arte. En las ediciones posteriores (1934 y 1935), la represión y la censura del régimen fascista se agudizaron, y las intenciones originales se frustraron.

En Alemania, con el nazismo en el poder, grandes directores debieron emigrar. El cine fue utilizado por Hitler y Goebbels como un nuevo medio para defender y difundir sus ideas totalitarias. La realizadora berlinesa Helena “Leni” Riefenstahl, amiga personal de Hitler, fue quien mejor comprendió las pretensiones del dictador.

Dirigió dos documentales, El triunfo de la voluntad, de 1936 —en el que se describe con imágenes impactantes y en un tono admirativo el Congreso del Partido nazi en Nuremberg realizado en 1934— y Las Olimpíadas, en el cual la directora filma ese evento deportivo realizado en Berlín, durante 1936. De este modo, transformó la pantalla en una vidriera del régimen.

En Europa, el cine arte encontró otros grandes creadores, entre ellos el francés René Clair (1898-1981) y el catalán Luis Buñuel (1900-1983) quien, en compañía de Salvador Dalí, realizó el primer film surrealista de la historia: El perro andaluz (1928). En él aparecen los elementos constitutivos del movimiento surrealista: el mundo de los sueños, el psicoanálisis, la crítica al sistema capitalista, a la Iglesia, al arte tradicional y al cine norteamericano.

En 1927, se estrenó en Hollywood la primera película sonora, El cantor de jazz.(ver mas abajo) El cine sonoro otorgó grandes posibilidades al nuevo género de la comedia musical y revolucionó la industria del cine.

En ese momento, Hollywood se había convertido en vanguardia del avance tecnológico. En ese mismo lugar, en 1935, se proyectó la primera película en color: “La Feria de Las vanidades”. Sin embargo, el nuevo sistema alcanzó su aceptación indiscutida con una película que se convirtió, con el paso del tiempo, en un clásico: “Lo que el viento se llevó” (1939), que retomó el tema de la Guerra Civil norteamericana.

El cine francés adquirió, a partir de los años 30, fama mundial. Su temática daba cuenta de los problemas que atravesaba la sociedad: aparecían reflejados los dramas de ciertos sectores sociales como la clase media y la obrera..

La rápida conversión del cine en una costosa empresa industrial, la llegada del sonido y la crisis económica iniciada en 1929, llevaron a la industria cinematográfica norteamericana a depender del mundo de las altas finanzas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en Europa, surgieron dos corrientes cinematográficas renovadoras: el neorrealismo italiano, durante el comienzo de la posguerra y, en los 50, la nueva ola (nouvelle vague) del cine francés.

En la destruida Italia de posguerra, un grupo de realizadores renunció al llamado “cine-espectáculo”, al estilo Hollywood y al cine monumental de la época de Mussolini y contó la realidad de su gente desde una perspectiva ética y realista.

Con precarios medios, recurriendo a la filmación con la cámara en la mano, salieron a filmar historias de la vida cotidiana en los exteriores naturales. Por renunciar a todo recurso artificioso, su cine fue llamado neorrealista.

Tres grandes creadores brillaron con luces propias: Roberto Rossellini, que conmocionó con films testimoniales y desgarradores, como Roma, ciudad abierta (1945); Vittorio de Sica (1902-74) con Ladrones de Bicicletas (1948) —considerada una de las diez mejores películas de la historia del cine— y Luchino Visconti (1906-76), quien llevó el movimiento neorrealista a su dimensión más lograda con La terra trema.Historia del Cine

Hacia la decada del 50, Federico Fellini comenzó a filmar, quien se convirtió, al poco tiempo, en uno de los grandes exponentes de la cinematografia mundial.

La influencia del neorrealismo quedaba manifiesta en sus primeras producciones. Fellini construyo su propio lenguaje, cargado de ironía contra los símbolos del poder y contra la hipocresía de la sociedad tradicional.

En Amarcord (Premio Oscar 1974) retrata, magistralmente, la Italia fascista a través de un relato autobiográfico.

En esa misma época, en Francia, un conjunto de originales directores revolucionó el cine europeo: La Nouvelle Vague mostró su disconformidad con el cine francés de su tiempo y, con películas de bajo presupuesto apuntó a la originalidad.

Historia del CinePor otro lado, el sueco Ingmar Bergman (1918- 2007), con films como El séptimo sello (1956), le otorgó al cine una dimensión filosófica no conocida hasta ese momento. Sus producciones se caracterizaron además por una dura critica a la sociedad de posguerra.

Recurriendo al aporte de una tecnología de avanzada, Hollywood siguió apostando más a las formas de transmisión que al contenido.

Presentó nuevos films en pantallas más grandes y con superiores sistemas de sonido. La idea era deslumbrar al espectador con el gigantismo. Se sucedieron películas inspiradas en la historia de Roma y del Cristianismo, con altísimos presupuestos.  

La industria cinematográfica norteamericana ha sido siempre, de manera más o menos consciente, el instrumento de una constante propaganda de los valores de los Estados Unidos. Sin ella, el mito norteamericano estaría menos presente en las mentalidades de los hombres de todo el mundo.

El cine norteamericano parece, actualmente, dominar el mercado mundial.

Esta conquista es, en realidad, una reconquista, porque a principios de los años 20, Hollywood manejaba el 80 % de la producción mundial.

Este porcentaje se redujo en las décadas siguientes debido al auge de las cinematografías nacionales y a la Segunda Guerra Mundial, que impidió la difusión del cine norteamericano en diversos países.

A  partir de 1945, comenzó la reconquista que logró sus objetivos durante las últimas décadas del siglo: la mayoría de las películas exhibidas en el mundo son, en la actualidad, de origen norteamericano. (ver Vida de Marilyn Monroe)

PARA SABER MAS… El cine aprende a hablar La rica variedad del cine mudo había sido posible gracias a la fantasía de Georges Méliés, al genio narrativo deEdwin Porter, a la imaginación de D. W. Griffith, al virtuosismo técnico de Sergei Eisenstein, y a la colaboración de un plantel internacional de pioneros del cine menos conocidos. Sólo faltaba el sonido para hacer realidad el sueño de Edison: «la imagen parlante».

Desde las primeras «salas de cinco centavos» los espectadores se habían habituado al acompañamiento musical, servido por un pianista; pero, en ocasiones, como en la primera proyección de El nacimiento de una nación, participó una orquesta de 70 maestros.

En 1923 los técnicos habían conseguido dotar de sonido al cine, especialmente en los denominados «cortos» —a menudo escenas de vodevil— que acompañaban a la película muda de mayor extensión. Más adelante, algunas producciones llevaban registros musicales, y se agregaron bandas sonoras a películas de actualidades. Sin embargo, el primer filme en que hablaron las imágenes data de 1927: El cantor del Jazz, cuyo protagonista fue el actor de variedades Al Jolson.

Concebida inicialmente para ofrecer sólo números musicales, se convirtió en el primer filme donde se escuchó la voz humana, pues el propio Jolson inesperadamente improvisó la presentación de sus canciones. Sus primeras palabras, «Hasta ahora nada habían oído ustedes», inauguraron la verdadera industria del cine, que inició entonces su prosperidad mundial. Aquel mismo año se realizaron numerosas películas y espectadores del mundo entero se agolparon para contemplarlas. En 1930 se vendían en Estados Unidos 110 millones de localidades cada semana.

En la actualidad, el cine ha llegado a ser una de las más importantes industrias de bienes de consumo. Como industria, su origen es reciente e incide en una serie de actividades de muy varia índole, desde las publicaciones gráficas hasta la industria de la confección. El filme posee la característica de ser un producto de consumo masivo. La cinematografía como fenómeno económico presenta una doble peculiaridad: su demanda no es libre, sino dirigida y, además, está ligada a las condiciones técnicas y sociales del momento.

Desde aquel día de 1903 en que Asalto y robo de un tren enajenó a los espectadores, el cine, después de sobrevivir a la guerra, la Gran Depresión, e incluso la televisión, continúa siendo en el mundo el medio más importante de difusión de cuanto significa dramatismo, aventura, diversión y entretenimiento.

La llegada del cine sonoro tuvo profundas consecuencias para la producción cinematográfica. Por un lado, se requería un nuevo tipo de actor, y muchas de las celebridades del cine mudo descubrieron que el nuevo medio superaba sus posibilidades. Se plantearon asimismo problemas técnicos. Las películas mudas se podían rodar en medio de un gran estruendo, pero el cine sonoro exigía estudios silenciosos. Hasta el ruido de las cámaras resultaba un problema. Al principio, se colocaron en cabinas a prueba de ruidos, pero finalmente se inventaron nuevas cámaras silenciosas.

Aunque el inventor norteamericano Thomas Edison contribuyó poco con la base tecnológica del cine, tuvo una influencia considerable en la organización de la nueva industria en rápida expansión. En particular, advirtió la importancia de normalizar las dimensiones y la velocidad de las películas de manera que pudieran proyectarse sin necesidad de adaptación en todas las salas del mundo. A principios de siglo estableció la película estándar, de 35 mm de ancho, cuatro perforaciones cada 2,5 cm y 16 cuadros cada 30 cm.

Estas normas acabaron adoptándose internacionalmente en 1909 y permanecieron vigentes por espacio de veinte años. En cambio, la velocidad de proyección no se controlaba tan estrechamente, y los dueños de los cines, ansiosos por recaudar cada vez más dinero, llegaban a acelerar las películas considerablemente. Para superar los problemas planteados por la reproducción del sonido, se adoptó como norma la velocidad de 24 cuadros por segundo.

LOS NUEVOS ÍDOLOS En las primeras películas americanas se mantenían en secreto los nombres de los intérpretes, pues se temía que los actores que alcanzaran la fama exigirían salarios más altos. Los productores advirtieron que una cara conocida atraía a las masas; comenzaron a anunciar a los intérpretes y así nació la estrella cinematográfica.

Italia fue el primer país europeo que veneró a las actrices de cine como «divas» o «divinas», por ejemplo Lydia Borelli, Francesca Bertini e incluso Eleanora Duse. En Alemania, actores como Paul Wegener y Asta Nielsen, danesa de nacimiento, confirieron dimensión artística al cine con sus vehementes interpretaciones.

LA GRAN PELICULA DEL OESTE NORTEAMERICANO: Con su película de 1903, El gran robo al tren, Edwin S.Porter, un camarógrafo de la compañía de producción de Thomas Edison, inició una nueva era del cinematógrafo.

En un simple filme de 12 minutos, Porter creó tres tradiciones cinematográficas: la dirección, el montaje y la película del oeste norteamericano (western).

Antes, la mayoría de las películas eran contemporáneas en el tiempo, con una larga secuencia que relataba un único acontecimiento.

La gran innovación de Porter consistió en cortar y empalmar metraje, lo que intensificaba la historia con la adición de dramatismo y suspenso.

El tratamiento del tiempo en El gran robo al tren no tenía precedentes. Un reparto de 40 actores representó un único suceso descompuesto en fragmentos: en una serie de catorce escenas unos bandidos irrumpen en un puesto ferroviario, controlan al operador, roban el tren y se esconden en los bosques. Mientras tanto, la hija del operador sale del puesto y libera a su padre.

Este organiza una batida para hacer salir del bosque a los villanos.

Sobreviene un tiroteo y la justicia triunfa cuando acaban con todos los ladrones.

El tiro más famoso de la película —y más inconexo— lo protagoniza un bandido que lleva una pistola y mira fijamente a la cámara mientras dispara aparentemente contra la audiencia.

Lo revolucionario de la técnica de Porter fue que mezclaba escenas del telegrafista con las de los bandidos, de modo que las dos historias paralelas se desarrollaban en forma simultánea. Otros directores, el más notable el francés Georges Méliés, habían presentado con anterioridad escenas en serie. Pero sus películas eran como versiones condensadas de obras teatrales. El gran robo al tren era, por primera vez, una película.

Aunque las películas de diez minutos todavía eran populares, en 1913, los asistentes al cine (cinco millones diarios en Estados Unidos) pedían a gritos filmes de largo metraje. Un vendedor de guantes cinéfilo, su cuñado y un escritor cargado de deudas se asociaron para hacer una película del oeste norteamericano picante que hizo de Hollywood la capital mundial de las películas de largometraje.

Después de ver su primera película, un ambicioso comerciante de guantes de Nueva York, Sam Goldfish, pensó que el cine tenía posibilidades y convenció a su reticente cuñado, el empresario de variedades Jesse L. Lasky, para formar una compañía de producción de largometrajes. Lasky contrató a un dramaturgo llamado Cecil B. DeMille para que aportara una visión artística.

El primer proyecto de la Jesse L. Lasky Feature Play Company fue El piel roja, un melodrama de 1905 sobre un aristócrata británico que se casa con la india que le ha salvado la vida en el salvaje oeste norteamericano.

La mayoría de las películas del oeste se rodaban en Nueva Jersey, pero DeMille quería el «auténtico oeste», de modo que se dirigió hacia Flagstaff, Arizona. Tras echar un vistazo al insípido paisaje, ordenó a su equipo que tomara de nuevo el tren hasta el final de la línea: Los Ángeles.

En Los Angeles se rodaban cortos desde 1907 pero El piel roja sería el primer largo. El rodaje, realizado ante un establo en la calle Vine, transcurrió con muchos problemas. Muy poco después de empezar a rodar, un saboteador (posiblemente de la compañía Motion Pictures Patents) irrumpió en el establo y destruyó todo lo que había realizado DeMille, que, afortunadamente, tenía un duplicado de los negativos. En dos ocasiones zumbaron las balas de un francotirador. Sin embargo, se solucionaron todos los problemas cuando El piel roja se convirtió en un éxito, precursor de la fortuna de los largometrajes en general y de la de la Lasky Company en particular.

DeMille se movió entre comedias sexuales y leyendas bíblicas y se convirtió en un titán y en un tirano. Y Hollywood se convirtió en Hollywood. ¿Qué se hizo del comerciante de guantes Sam Goldfish? Cambió su nombre por el de Goldwyn y dejó los guantes para siempre.

CINE EN COLORES: En 1922, la pantalla de cine  brilló con nuevos colores cuando Hollywood produjo su primera película en tecnicolor, una versión de Madaine Butterfly titulada La llamada del mar. Pero a pesar de los abundantes elogios que recibió la película, el tecnicolor resultaba tan caro que tuvieron que pasar muchos años antes de que se convirtiera en la materia prima de la filmación. El color, que se conseguía pintando la película a mano, formaba parte del cine desde sus comienzos.

En la primera década del siglo, las compañías británicas y francesas habían intentado producir una serie completa de colores combinando dos o tres de los primarios, pero el proceso requería una maquinaria compleja y las películas cansaban la vista. Dos científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, Herbert T. Kalmus y Daniel F. Comstock, se propusieron acabar con el problema y en 1915 fundaron la Technicolor Motion Picture Company.

En 1917 estrenaron una película que mejoraba los primeros intentos de color aunque todavía resultaba insatisfactoria. Luego, en busca de métodos para combinar dos colores primarios, rojo y verde, con resultados agradables y naturales, pensaron en una cámara que contuviera dos cintas de película, una para el rojo y otra para el verde, y un prisma que separara la luz en los dos colores primarios. Las dos cintas se combinarían al imprimir la película, lo que significaba que no harían falta proyectores especiales. En 1922 el proceso estaba prácticamente perfeccionado y Hollywood empezó a utilizarlo.

Bibliografía Consulatada:
Historia – El Mundo Contemporáneo – Pigna – Mora – Bulacio y Cao El Gran LIbro del Siglo XX de Clarín

Ver:Los Extras de Cine y Sus Riesgos