Historia de la Invención de la Radio Primera Transmisión Radial



Historia de la Invención de la Radio
Primera Transmisión Radial

En 1887 Enrique Hertz detectó por primera vez ondas de radio. Las había producido haciendo saltar chispas a través del aire que separaba dos perillas de cobre.

La chispa producía alteraciones electromagnéticas, u ondas, que se propagaban como las ondas en el agua y producían un chisporroteo entre dos perillas de bronce que constituían los extremos de un anillo abierto colocado a una distancia de un metro, aproximadamente.

Estas ondas se propagaban con la velocidad de la luz (300.000 Km./seg.) y eran de la misma naturaleza que las ondas luminosas, excepto que su longitud de onda era mucho mayor —alrededor de un metro— comparada con los pocos diezmilésimos de milímetro de longitud de onda de la luz visible.

Las ondas de radio fueron posteriormente denominadas ondas hertzianas. La radio se ocupa de la producción de ondas hertzianas, su transmisión por el espacio y su detección en un receptor. Aunque Hertz en su famoso experimento descubrió los medios que luego harían posible las transmisiones radiales, no fue él quien inventó la radiotransmisión.

El desarrollo de la radio se extendió durante muchos años y se debió a otros tantos hombres, unos que sólo se interesaban por la faz matemática y principios físicos que habrían de respaldarla y otros que buscaban la faz práctica, tratando de mejorar los medios de transmisión y recepción.

Ninguno de. los primeros experimentadores sabía adonde los llevaría este invento, ni pudieron visualizar la tremenda importancia que la radio tendría luego como medio de comunicación.

Veinticuatro años antes del descubrimiento de Hertz, Jaime Clerk Maxwell, profesor de física experimental en Cambridge, había demostrado mediante deducciones matemáticas exclusivamente y sin hacer ningún experimento, que las ondas electromagnéticas debían existir. Hertz era un científico puro y el objetivo de sus experiencias era comprobar las ideas de Maxwell.

Las noticias del éxito en la producción y detección de ondas de radio se propagaron velozmente y los trabajos —en alemán— de Hertz fueron traducidos a todos los idiomas. Kelvin los tradujo al inglés. Oliver Lodge, en Inglaterra, y el profesor E. Branly, en Francia, mejoraron la detección al inventar un dispositivo denominado cohesor. (El detector a chispas de Hertz no era eficiente debido a que requería una onda muy poderosa para funcionar.) Éste consistía en un tubo de vidrio en el que se colocaban limaduras metálicas suavemente comprimidas por dos pistoncitos de metal.

Normalmente, el cohesor no conduce la corriente eléctrica pero las pequeñas corrientes generadas en una antena por las ondas hertzianas, hacían que las limaduras se unieran entre sí firmemente permitiendo entonces el paso de una corriente.

Empleando cohesores, Oliver Lodge transmitió y recibió el primer mensaje radial, en 1894. Utilizaba grupos de ondas para representar los puntos y rayas del código Morse, que ya se utilizaba ampliamente en telegrafía alámbrica. La transmisión de mensajes hablados a través del espacio era algo todavía inimaginado (aunque el teléfono ya permitía hablarse a través de conductores eléctricos), así que la antigua radio recibió el nombre de telegrafía inalámbrica.



El profesor ruso Alejandro Popov en 1895 utilizó un cohesor en un nuevo método para registrar relámpagos (que son también chispas eléctricas) y mostró de qué manera este método podía ser empleado para transmitir señales. Sus ideas fueron adaptadas por un joven electrotécnico italiano para el fin expreso de enviar y recibir señales electromagnéticas.

El italiano, entonces de sólo 22 años de edad, era Guillermo Marconi, quien de ahí en adelante sería líder de los que experimentaban en este campo de la telegrafía inalámbrica. En 1896 fue a Inglaterra y demostró el funcionamiento de su aparato enviando señales a través de los 400 metros que separan a la Oficina Central de Correos en St. Martin’sle-Grand, en Londres, de la calle Reina Victoria.

Aumentando la potencia de las señales, el tamaño de la antena y la sensibilidad del detector, las distancias a que podían ser transmitidas fueron siendo aumentadas gradualmente. Primero envió señales a través de la llanura de Salisbury (casi 13 Km.), luego a través del Canal de Bristol (15 Km.) y en 1897, a 130 Km. a través del mar durante maniobras navales.

La telegrafía inalámbrica salvó el Canal de la Mancha en 1899 y en 1901 cruzó el Atlántico. Marconi y dos asistentes escucharon en St. Johns, Terranova, señales en código Morse enviadas desde la estación de Poldhu, Cornvalles, a 3.200 Km. de distancia. Las señales fueron recibidas mediante una antena suspendida de un barrilete.

Marconi advirtió la importancia comercial de la telegrafía inalámbrica y poco después de establecerse en Londres formó la primera Compañía de Radio. Una de las primeras dificultades fue la de que las señales de varios transmisores podrían interferirse entre sí, siendo incapaz el receptor de seleccionar una señal por vez.

La dificultad fue resuelta por Oliver Lodge con su invención, en el año 1897, del circuito eléctrico sintonizado. Éste contiene bobinas y capacitores y puede ser sintonizado (alterando el capacitor) para recibir una señal de determinada frecuencia. Así, si los diferentes transmisores operaban a frecuencias distintas el receptor con su circuito sintonizado variable podía seleccionar uno a la vez. La longitud de onda de las señales se convirtió en lo más importante.

El experimento original de Hertz había producido ondas cortas de alrededor de un metro de longitud. Se pensaba por entonces que cuanto más larga la onda tanto más lejos podría ser transmitida, y se desarrollaron métodos para producir ondas cada vez. más largas. Esta creencia resultó ser equivocada; en realidad las ondas de todas las longitudes poseen el mismo alcance teórico. Por una serie de razones hoy en día se emplean cada vez más ondas más cortas, por ejemplo, las de V. H. F. (Very High Frequency = Frecuencia muy alta).

Otra mejora en la recepción de radio llegó en 1906, cuando un coronel del ejército estadounidense, H. H. C. Dunwoody, patentó el detector a cristal. Consiste éste en un fragmento de galena (sulfuro de plomo natural) que se conecta a una antena por medio de un fino alambre («bigote de gato»). Todo sonido transportado por la señal y recibido por la antena pasa por el cristal y es escuchado mediante un par de auriculares.

Marconi había conseguido aumentar la potencia de la señal producida por el transmisor, pero aunque los circuitos sintonizados, pulsadores y bobinas producían «pulsos», o sea grupos de ondas de radio de frecuencia determinada, no podían producirlos en forma continua.

Esto significaba que los transmisores no servían para transmitir conversaciones, porque las ondas que representan a los sonidos hablados (ondas de audiofrecuencias) deben ser transportadas por una onda continua de radio. Para esto último hubo que esperar la introducción de la válvula de radio y el desarrollo de los osciladores.



La válvula diodo fue inventada en 1904 por el profesor inglés Juan Ambrosio Fleming, con el fin de detectar las señales de radio recibidas por la antena. Debido a su relativa baratura, los cristales siguieron usándose casi universalmente hasta la década del 20.

El primer diodo se parecía mucho a una lámpara eléctrica común, pero poseía un tercer filamento conectado a ella. Muy poco después, Lee de Forest, en experimentos que llevaba a cabo en su propia y pequeña estación de radio, desarrolló la válvula de tres electrodos o triodo, de mayor sensibilidad. A continuación, Von Lieben, en Alemania, y Armstrong, en Estados Unidos, advirtieron que el triodo podía emplearse para amplificar corrientes eléctricas y para producir ondas electromagnéticas en forma continua.

Dos históricas válvulas de radio. La de la izquierda es uno de los primeros triodos desarrollados
por von Lieben en 1911. La de la derecha es uno de los primeros triodos prácticos empleados por Marconi.

Así, alrededor de 1913 todos los elementos esenciales de -la radiotelefonía estaban inventados. Se podían producir ondas de radio continuas, mezclarlas con las señales debidas a las ondas sonoras, amplificarlas, transmitirlas, detectarlas y reconvertirlas en ondas sonoras. Había, sin embargo, inconvenientes técnicos serios, al par que los propios inventores estaban sorprendidos por las enormes distancias que podían cubrir las ondas que generaban.

Las ondas radiales eran usadas para telefonía inalámbrica más bien que para radiotelefonía. El gran paso se dio poco después de la finalización de la primera guerra mundial, cuando el público pudo recibir y comprar aparatos receptores y repuestos utilizados en la guerra. Mucha gente tomó la radio como una afición y fue para ellos que la Compañía Marconi efectuó su primera transmisión radiotelefónica experimental desde Chelmsford, Essex, en 1919.

Fuente Consultada: Revista TECNIRAMA N°54.

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