La Vida del Hombre Primitvo

Consecuencias Sociales de la Agricultura Primitiva Sedentarismo

ORIGEN DEL SEDENTARISMO Y LAS PRIMERAS CIVILIZACIONES
LOS CAMBIOS SOCIALES DEL HOMBRE A PARTIR DE LA AGRICULTURA

LA MAYOR REVOLUCIÓN DE LA HISTORIA HUMANA

Si un visitante de otro planeta hubiese abandonado el nuestro hace unos 7.000 años atrás y regresado 3000 años después, se habría asustado. Cuando partió todavía vivíamos en pequeños grupos que corrían detrás de los animales. Y en la segunda oportunidad hallaría enormes ciudades florecientes en Egipto, Mesopotamia, India, China. Multitudes laboriosas cultivan la tierra, domestican animales, funden los metales, crean religiones; sacerdotes escriben y estudian.

¡En 3.000 años se hicieron más cosas que en todo el medio millón anterior! Ese progreso extraordinario presenta, no obstante, una faz adversa: la guerra permanente devasta ahora a los grupos humanos. Enormes ejércitos, integrados por miles o cientos de miles de hombres, se traban en lucha en todos los lugares donde la civilización se está desarrollando.

Es muy cierto que también hubo guerras entre las tribus cazadoras. Pero eran choques esporádicos sin mayor importancia y, por lo general, sin grandes pérdidas. Son distintas de las guerras libradas entre los primeros agricultores —los imperios campesinos—, cuyas atrocidades sólo serán superadas por las nuestras (disponemos de medios más eficaces) .

Esa corta y explosiva revolución —la más importante de la historia humana por sus consecuencias— fue llamada Revolución Neolítica (palabra derivada de sus objetos de piedra pulida).

Las grandes invenciones tecnológicas de la Revolución Neolítica fueron, cronológicamente: la domesticación de los animales, la agricultura y la fundición de los metales. Y ellas tuvieron, como sus más importantes consecuencias sociales, el hombre ahora se asienta en un lugar fijo y se inicia el surgimiento de las ciudades, un gigantesco incremento de la población, la aparición de la escritura y la división del trabajo.

hombre prehistoria

Los primeros hombres fueron cazadores y recolectores; dependían totalmente de sus habilidades y de la naturaleza. Tenían pocas opciones en cuanto a comida, vestido y refugio. Las pieles fueron sus primeras ropas; vivieron en cuevas antes de construir casas, y su preocupación era mantener encendido el fuego. La primera gran revolución en la historia de la humanidad fue el desarrollo y la expansión de la agricultura, que data de los cultivos de trigo y cebada en el Medio Oriente. La agricultura significaba sedentarismo, pues requería planeación: cuándo y cómo sembrar o segar. La agricultura exigía trabajo arduo.

La Caza del Mamut
Por ejemplo, excavaban fosas en senderos muy transitados y las cubrían de ramas. Entonces la presa caía y le era imposible salir. De esta manera, hasta un poderoso mamut podía ser cazado, aunque seguramente tras una maniobra prolongada y sangrienta.

Los renos siguen rutas muy definidas en sus dos migraciones anuales. Así pues, los cazadores los emboscaban en los momentos en que eran más vulnerables, como al cruzar un río. Los rebaños de animales que pacen, como caballos y bisontes, siempre están alertas, y atacan al sentir el más leve indicio de peligro. Los cazadores también aprovechaban esto: acechaban al rebaño desde tres lados, se acercaban y, al dar una señal, saltaban y gritaban tirando piedras y tal vez agitando antorchas encendidas.

El rebaño huía por el lado descubierto y que aparentemente los ponía a salvo, pero en realidad eran conducidos hacia el borde de un precipicio o un cañón, donde los animales eran masacrados.

Quienes vivían cerca del mar o visitaban las costas tenían otra abundante fuente de alimento: pescado, focas, aves marinas, mariscos y algas. Los que vivían tierra adentro disfrutaban de salmón, trucha, anguila y lucio. Otro de sus ingeniosos inventos fue el anzuelo: una astilla de hueso con camada unida a un hilo de cuero o a un tendón.

Cuando un pez mordía la carnada, el anzuelo se le atoraba en la garganta, y entonces era arrastrado. No se han conservado redes hechas de fibras de plantas o de cuero, pero se cree que existieron porque se han encontrado piedrecitas con muescas que posiblemente sirvieron de contrapeso de las redes. Los pescadores también inventaron el arpón de tres dientes. El pez era atravesado con el largo diente central, y los dientes curvos laterales impedían que escapara.

En la primavera, el salmón nadaba corriente arriba para reproducirse, lo cual significaba bonanza gastronómica para los Cro-Magnon. Así lo confirman los abundantes depósitos de escamas y huesos hallados en algunos lugares. El salmón era lanceado al subir contra corriente, y los ingeniosos Cro-Magnon tal vez ponían trampas apilando piedras: los peces nadaban por la entrada en forma de embudo hacia un estanque cuya única salida eran los dientes del arpón. Posteriormente se secaba, ahumaba y almacenaba una buena parte de la pesca.

APARECEN LOS PASTORES NÓMADES.
LA HISTORIA SE ESTA ANUNCIANDO

No es difícil imaginar cómo se produjo la domesticación de los animales. Los cazadores de manadas —de caballos, toros salvajes, etc.— descubrieron una manera práctica de capturarlos sin gran esfuerzo. Hacían que la manada escapase en dirección a un despeñadero, matando a muchos animales de una sola vez. O conseguían acorralarlos en un desfiladero e inmediatamente les arrojaban piedras, desde arriba.

De esas emboscadas cuya finalidad era la matanza debe haber surgido la idea de no ultimar a algunos de los animales, a fin de preservar la carne viva, ya que ésta era la única manera de mantenerla fresca. Y de esa separación de animales para matarlos más tarde debe, a su vez, haber surgido la idea de conservar las hembras con las crías, para aprovechar la leche. Preservar a los animales condujo a la necesidad de alimentarlos. Con el tiempo, esos cazadores comprendieron mejor los hábitos de sus presas y pudieron así desarrollar las técnicas de alimentación, cría y pastoreo de los animales.

Los cazadores nómades se transformaron en pastores nómades. Un pequeño grupo humano apacentaba una manada de caballos, vacunos, camellos, etc., viviendo de su carne y leche y defendiéndolos de otros predadores. Pero seguían siendo nómades como los primitivos, porque las manadas agotaban rápidamente los pastos y era necesario emigrar en busca de nuevos pastos para el ganado y sobrevivir.

El pastoreo poseía una gran ventaja sobre la caza; la comida y la vida eran más seguras, si se era capaz de cuidar de la manada. Pero, lógicamente, no todos los cazadores se tornaron pastores. Hace unos milenios, la mayoría de la humanidad continuaba viviendo de la caza y la recolección: permanecía primitiva. Pero algunas culturas, al dedicarse al pastoreo, alcanzaron una etapa superior del desarrollo humano.

Las mujeres encontraron un nuevo lugar en ese sistema, y surgieron nuevos oficios, como la alfarería, la joyería y los textiles. Como la agricultura proporcionaba sustento a poblaciones más numerosas, cuando se introdujo a Europa, la población se decuplicó. No había desarrollo donde no había agricultura.

La palabra «cultura» está relacionada con la palabra que se refiere al cultivo de la tierra, «agricultura», y la palabra «civilización» proviene del latín civitas, «ciudad». En las ciudades se desarrolló el arte de la escritura, lo que permitió registrar la historia mientras acontecía: historia no sólo de acontecimientos, sino también de transacciones entre escribas, campesinos, artesanos, religiosos y oficiales. Los registros se anotaban en piedra, arcilla, papiro, pieles y papel.

La vida en la ciudad provocó contrastes entre pobres y ricos, contrastes que existieron aun en las ciudades-Estado de la refinada Grecia, cuyo pueblo fue el primero en reflexionar acerca de la condición humana, la verdad, la belleza y la calidad de la vida. La violencia ha formado parte de la condición humana desde tiempos muy remotos, cuando las ciudades se convirtieron en imperios a expensas de sus vecinos y lucharon contra otros imperios.

Para la gente común, las guerras eran devastadoras. Los ciudadanos padecían la ambición de sus gobernantes, ya que junto con los ejércitos llegaban saqueo, violaciones y destrucción.

El último imperio de la Antigüedad, Roma, ofreció ley y orden dentro de los territorios conquistados por sus legiones. La riqueza de esas tierras, principalmente agrícolas, mantuvo una capital imperial que en su apogeo tuvo más de un millón de habitantes: sólo en el siglo XVIII surgió otra ciudad europea de dimensiones semejantes.

En Oriente existió otro gran imperio, con un estilo de vida distinto del europeo, tanto en la ciudad como en el campo: China. Los funcionarios que la gobernaban no eran religiosos sino burócratas, pero tenían un código moral basado en los preceptos de Confucio.

En el mundo antiguo surgieron otras grandes religiones que predicaron sus propios preceptos morales. Una de ellas, el cristianismo, se convirtió en la religión del Imperio Romano. La caída de Roma ante los llamados «bárbaros» marcó el fin del mundo antiguo. Pero el cristianismo sobrevivió a Roma, y la cronología cristiana aún se usa en casi todo el mundo. Los cristianos se enorgullecían de su herencia, cuyo efecto fue igualmente grande tanto en la vida cotidiana como en la espiritual.

Fuente Consultada:
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo I
Diccionario Insólito Tomo I Luis Melnik
Enigmas de la Humanidad – Misterios Sin Resolver.

La Revolucion Urbana La agricultura y la Division del Trabajo Clanes

La Revolucion Urbana
La agricultura y la Division del Trabajo

LA REVOLUCIÓN URBANA: La consecuencia más importante de la agricultura fue la de permitir el arraigo al suelo, y, consiguientemente, con el aumento de los alimentos, un aumento explosivo de la población. Hasta entonces éramos pocos. Pero cada semilla plantada produce 1.000 nuevos granos: unos para plantar, y otros para comer.

Le bastan agua, sol y abono. Por primera vez los hombres, en  lugar de vivir «al día», pudieron guardar parte del alimento producido como reserva. En los períodos de escasez, sequía e inundación, ya no sería necesario que una parte de la población muriese de hambre. La relativa seguridad que el pastoreo deparó a la humanidad se convirtió en una regla con la agricultura.

Además, por primera vez en la historia, las sociedades agrícolas dividieron el trabajo. Antes, en las sociedades de cazadores o pastores, todos participaban de la obtención de la comida, cazando o pastoreando, de la misma manera en que todos los hombres tomaban las armas cuando se trataba de defender la pradera de invasores.

Pero, con el aumento de producción de comida que permitió la agricultura, bastaba que sólo una parte de los hombres se dedicase a producirla. El resto se especializó en la fabricación de cerámica, objetos metálicos, otros instrumentos, o se dedicó al comercio. Otros sectores de la población creaban el embrión del Estado: la administración y el ejército.

Al parecer, fue regla general que el sacerdocio, surgido de los hechiceros y magos primitivos, constituyera la primera casta ilustrada, la de los «intelectuales», formando las primeras burocracias administrativas. A su lado surgió también el grupo militar. Y ninguno de ellos producía comida. Vivían enteramente del trabajo campesino.

Tuvieron, no obstante, mucha importancia debido al enorme relieve que la rapiña y el saqueo asumieron en los comienzos de nuestra historia. Porque sólo ahora, con la aparición de las ciudades y de la escritura, podemos de hecho hablar de historia.

Puesto que la agricultura depende del suelo adecuado, fue preciso construir viviendas en gran escala allí donde las plantas crecían con más facilidad. El asentamiento se hizo permanente a medida que se fueron construyendo poblados con los materiales disponibles —madera, paja, ladrillos o piedra—. Las estacadas protegían a los pobladores de sus enemigos y los cercados defendían al ganado del ataque de los animales salvajes.

Una vez que los hombres se hubieron asentado —proceso que tuvo lugar en diversas épocas en distintas partes del mundo— surgieron una serie de problemas.

Ante todo, los alimentos cosechados y cultivados debían ser almacenados para su uso ulterior. Como consecuencia tomó un gran impulso la alfarería.

Los primeros ejemplos datan, probablemente, de las épocas pastoriles, pero con el progreso de la actividad agrícola los recipientes fueron absolutamente esenciales. Con junquillos trenzados se hicieron cestos y redes para pescar.

También hizo su aparición el tejido de paño. Los cazadores y pastores utilizaban pieles de animales como vestimenta y protección; los agricultores comenzaron a hacer vestidos de tela.

NÓMADES CONTRA CAMPESINOS: Entre los años 3000 y 2000 a.C. la Humanidad se concentró en algunos valles muy fértiles de Egipto, Mesopotamia, India y China, donde florecieron grandes ciudades, unificadas bajo un poder centralizador que se ocupaba especialmente de la irrigación y de la guerra. Son los Estados de que nacieron los primeros imperios.

En torno de ellos deambulaban, con sus rebaños, masas de pastores nómades, atraídas por las riquezas de los grandes centros y por la codicia de las reservas de granos de los campesinos.

Buena parte de la historia antigua consiste en la narración de la lucha entre los nómades y los civilizados campesinos (civilización viene de civis, hombre de ciudad), por la posesión de las riquezas que la agricultura produce. Y es, también, la historia del pillaje de un pueblo por otro.

Durante casi 5.000 años, los nómades con sus manadas no dejaron nunca de presionar sobre los imperios campesinos. Los arios, que en el 2000 a.C. invadieron el valle del río Indo —donde se elevaban las metrópolis de Harappa y Mohenjo Daro—, eran pastores nómades.

Los hunos que invadieron Europa y la China hacia el 400 d.C., eran pastores nómades. Los mongoles, que hicieron lo mismo en el siglo XII, eran pastores nómades.

Los nómades son pobres y llevan una vida frugal. En las ciudades se disfruta de una relativa abundancia.

Los civilizados están divididos en estamentos con funciones diversas (campesinos y terratenientes, artesanos y comerciantes, religiosos y militares) . Los nómades forman clanes.

El clan es un tipo de parentesco que los pastores heredaron de los cazadores. Consiste en un grupo de personas que cree poseer un antepasado común, muchas veces un animal mitológico o un vegetal. Existen los clanes del águila, del camello, de la palmera, y así sucesivamente.

A las personas de un mismo clan les está prohibido casarse entre sí. Es el llamado tabú del incesto, que para nosotros equivale al impedimento del matrimonio entre hermanos. Los miembros del clan están obligados a protegerse mutuamente.

En esta sociedad, los «vínculos de sangre» tienen la máxima importancia y constituyen la única lealtad que no puede ser violada sin dejar, al hacerlo, de cometer un crimen irreparable. Cuando los miembros de clanes distintos se casan, los hijos pasan a formar parte del clan del padre, si se trata de una sociedad de clanes patrilineales, o de la madre, si fuesen matrilineales.

Los clanes son autosuficientes, cada cual posee su propio armamento, sus cabezas de ganado, etc.

Sus conductores y representantes ante los demás clanes son los miembros más viejos. Pueden ser un poco más ricos o un poco más pobres, pero, por lo general, los clanes viven en la igualdad originada por la escasez. El hecho de que todos los hombres porten armas y se sientan ligados por una solidaridad de sangre, otorga a los nómades de las planicies una tremenda eficacia bélica.

Se desplazan fácilmente con sus manadas. Atacan, ora aquí, ora allá. Los civilizados deben defender lugares fijos y grandes poblaciones. La regla histórica tradicional era que los nómades irrumpieran en el interior de las regiones cultivadas.

En un principio sólo saquean. Pero luego los conquistadores se enfrentan con el problema de tener que gobernar sus conquistas. Lo primero que queda amenazado es el sistema de los clanes, posible únicamente en la pobreza primitiva.

Apenas la inyección de riqueza resultante del saqueo comienza a circular entre los nómades, surgen clanes ricos y pobres, e individuos más ricos y más pobres. Los más pobres se tornan dependientes de los más ricos, y el dinero y las posesiones pasan a tener más importancia que el parentesco.

Los intereses del dinero disuelven los «vínculos de sangre» y los nómades, que, al tornarse en la nueva nobleza de la sociedad campesina, en un principio mantuvieron sus costumbres ancestrales, terminan por ser absorbidos por las formas de vida de los agricultores.

La nueva nobleza «se civiliza» y se vuelve muy parecida a la que sustituyó. Y no podría ser de otro modo: los pastores representaban un tipo de organización social menos productivo que los campesinos. Su relativo igualitarismo se mantenía porque en su sociedad no hay abundancia para acaparar.

Por eso, de la misma manera como la aparición de los pastores con sus manadas hizo perder a los cazadores su importancia en la historia de la humanidad, los agricultores hicieron perder la suya a los nómades. Hasta hoy existen cazadores, como los papúes y los bororós, y pastores, como los zulúes y los kikuyus (África). Pero lo que importa para el futuro de nuestra especie transcurre en las grandes metrópolis.

IMPERIO CONTRA IMPERIO: Además de las guerras que los nómades entablan con los imperios, otra lucha permanente de la Antigüedad es la de los imperios entre sí.

La agricultura, la división del trabajo artesanal y los progresos técnicos de las ciudades permitieron una acumulación de riqueza. Y todos codician ese «sobrante» que posee el vecino. La guerra y la piratería son constantes en el mundo antiguo.

Algunos pueblos llegaron a especializarse en el pillaje: Yebal (Biblos) , Sidón, Tiro, Ugarit, ciudades fenicias situadas en la costa de la actual Siria, son núcleos de piratas que también comercian. Talasocracias (dominaciones del mar) , que saquean o comercian aunque también produzcan.

Un tercer tipo de conflicto se desarrolló en el mundo antiguo, además del que enfrenta a los nómades y sedentarios, y a los imperios o reinos entre sí. Aquel que opone a los esclavos o a otros grupos sojuzgados contra la sociedad estratificada que soportan.

La esclavitud es un fenómeno rarísimo entre los primitivos. El prisionero de guerra era sacrificado, comido (en caso de que fuesen caníbales),canjeado o, simplemente, terminaba incorporándose a la tribu.

El trabajo esclavo no abunda entre los pastores nómades, porque es difícil retener al esclavo pastor y no hay muchas formas de explotarlo. Con el surgimiento de la agricultura, sin embargo, la práctica de la esclavitud se generaliza. Las guerras y la piratería son fuente permanente de cautivos. Esos cautivos, cuando provienen de otros imperios campesinos, conocen la agricultura y sus técnicas —saben trabajar—.

Los nuevos Estados, las burocracias sacerdotales, la nobleza y aun los graneles o medianos agricultores que pueden comprar prisioneros, todos se dedican a explotar cada vez más el trabajo gratuito, que rinde a sus dueños una enorme, grande o mediana acumulación de riquezas.

En los primeros milenios de la historia humana el sistema esclavócrata no dejó de extenderse. Fue así como, varias veces, en los antiguos imperios campesinos, no sólo había invasiones de bárbaros, sino también insurrecciones internas.

Esos tres tipos de conflicto que existieron en la historia antigua aparecen generalmente en forma combinada. En la mayor crisis social de la Antigüedad —el derrumbe del Imperio Romano—, los tres factores, luchas entre imperios, invasiones de bárbaros e insurrecciones o desinterés social internos, produjeron una mezcla tan explosiva, que toda la organización política del Mediterráneo se desplomó.

ALGO MAS…

También todas estas actividades agrícolas entrañaban el desarrollo de herramientas nuevas y mejores. El cultivo de los campos hizo necesario el invento del arado, arrastrado por hombres o por animales domésticos. La construcción de chozas se hizo más elaborada, como sucedió con los diversos utensilios domésticos. Una vez que una sociedad se basaba en la agricultura podía hacerse con reservas alimenticias para depender menos del esfuerzo inmediato del momento. Cuando el hombre ya no tuvo necesidad de aplicar toda su energía a la producción de alimentos, pudo comenzar el desarrollo de la cultura y el arte.

Para una sociedad agrícola, el ciclo de las estaciones tenía una importancia fundamental. Consecuentemente, el hombre se dedicó a estudiar el tiempo y el transcurso cíclico del año. Este estudio estaba relacionado en parte con prácticas propiciatorias y supersticiosas, pero al mismo tiempo encontramos en ellos el origen mismo de la astronomía: observando los astros y su trayectoria aprendió el hombre a datar las operaciones necesarias para el rendimiento eficaz de una economía agrícola.

Todos estos progresos habían tenido lugar en la Edad de Piedra. La próxima etapa en el desarrollo del hombre se produjo cuando aprendió a utilizar los metales. Los primeros en conocer dicha técnica fueron los primitivos pobladores de Mesopotamia, hace unos 5.000 años. Desde entonces, el hombre ha aprendido cada vez más de su medio material y a construir herramientas también más perfeccionadas y poderosas.

La historia de la humanidad es la historia de un continuo progreso y de un incesante aprendizaje, salvando siempre las dificultades que iban surgiendo.

Junto al desarrollo de herramientas más eficaces se produjo el de un pensamiento racional de mayor complejidad. Lo más importante fue la aparición de la escritura, que permitió trasmitir de generación en generación las experiencias y descubrimientos de los grandes hombres sin el peligro de que se perdieran por falta de memoria.