La Vuelta a la Democracia

Modo de Vida en la Antidemocracia o Regimenes Totalitarios

Modo de Vida en la Antidemocracia o Totalitario

El término «antidemocracia» no existe en el vocabulario político técnico. Aquí lo usaremos para designar a los regímenes contrarios a la democracia, especialmente a los regímenes totalitarios. Existen gobiernos no democráticos que no son antidemocráticos, sino que aspiran a convertirse en democráticos.

Requisitos esenciales a la democracia son:

1. Reconocimiento de la dignidad del hombre, de su libertad y de sus derechos;

2. Reconocimiento de que la soberanía pertenece al pueblo y de que el objeto de la sociedad es servir al hombre;

3. Existencia de un poder surgido de elección popular y sometido a normas de derecho. Negación del poder incontrolado, arbitrario o despótico.

Característica de los regímenes antidemocráticos son entre otros:

1. Existencia de un poder despótico o tiránico, cuyo ejercicio no puede ser controlado por el pueblo.

2. Negación de las libertades humanas fundamentales, de asociación, de prensa, etc. En los países comunistas se niega incluso la libertad religiosa.
3. Carencia de garantías jurídicas para defensa de los derechos.

4. Imposición de una ideología a través de la propaganda, prensa, radio, escuela.

5. Existencia de un partido único y persecución a los otros grupos políticos.

Se da también otro tipo de antidemocracia, cuyo ejemplo puede ser la «democracia ateniense». Un grupo social, los hombres libres, gozan de todos los derechos, mientras la inmensa mayoría de la población, los esclavos,, están privados de ellos.

Cosa semejante sucedió, y en parte sucede aún, en los regímenes liberales individualistas. Existen teóricamente formas políticas democráticas, pero en la práctica gran cantidad de la población vive en la miseria, carente de medios económicos, de asistencia sanitaria, de educación suficiente. Se les reconocen derechos políticos, pero no se respetan sus derechos económicos y culturales.

Donde no existe justicia social no se respetan los derechos del hombre y por lo tanto no hay democracia.

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UNA FORMA DE ESCLAVITUD

En muchas sociedades antiguas existía la esclavitud. La esclavitud se originaba por nacimiento, por conquista, por compra.

Al esclavo no se lo consideraba persona. Carecía de derecho a disponer de sí mismo. Estaba sujeto al dominio y voluntad de otros.
En la época moderna hemos visto desarrollarse otra forma de esclavitud: la de los estados totalitarios.

En el nazismo, el facismo, el comunismo, el hombre ya no se pertenece a sí mismo, sino a la raza, al estado, al partido. Los hombres no son considerados como personas, sino como instrumentos, como «cosas».

Las más elementales libertades y derechos son sacrificados. Incluso los hijos pertenecen antes al Estado que a sus propios padres.

No está permitido disentir o tener opiniones contrarias al régimen imperante. Los campos de concentración, las cárceles o el confinamiento en Siberia es el destino de quienes se atreven a disentir o conspirar contra los gobernantes.

No sólo en los países totalitarios hay hombres que viven en condiciones semejantes a la de los antiguos esclavos. También en los países subdesarrollados en que no existe justicia social hay grupos humanos explotados, considerados casi únicamente como instrumentos de trabajo, a quienes la miseria, la ignorancia o la opresión no les permiten hacer valer sus derechos. En Sudamérica existen todavía muchos grupos humanos en estas condiciones.

COACCIÓN FÍSICA Y PSÍQUICA

En toda sociedad organizada existe la fuerza física o psíquica para obtener, si es necesario por su uso, el cumplimiento de las leyes y la obediencia a los gobernantes.

Se obedece por responsabilidad interna, por convicción y consentimiento, o bien se obedece por temor y obligado por la coacción.

El orden familiar pide que los hijos obedezcan por responsabilidad, por convicción, por lealtad. Pero el recto padre de familia está dispuesto, si falla la responsabilidad de sus hijos, a obligarlos a cumplir sus deberes y obligaciones.

Cosa semejante sucede en la sociedad política. Los ciudadanos deben a las leyes justas y a los legítimos gobernantes obediencia y colaboración por sentido de responsabilidad. Pero si la responsabilidad ciudadana falla, el gobierno mantiene la capacidad y los medios de obligarlos a cumplir sus obligaciones o sancionarlos por sus faltas. De otro modo no puede mantenerse el orden.

En las democracias este hecho tiene características propias:

1. Todos los miembros de la sociedad son partícipes activos de la vida comunitaria y se saben responsables del bien común. Obedecen y colaboran por responsabilidad.

2. Los gobernantes disponen de la fuerza, pero su uso está garantizado por leyes y procedimientos, de modo que sólo pueda ser usada para defensa de la justicia y del orden.

En los Estados modernos el monopolio del uso legítimo de la fuerza lo tiene el Estado. Los procedimientos judiciales, las actuaciones policiales, las sanciones aplicadas, son diversas formas de uso de la fuerza.

No debe confundirse gobierno democrático con gobierno ineficiente o débil. La democracia debe tener los medios para garantizar el orden, la justicia y obligar a todos a colaborar en el bien común. Pero rechaza la arbitrariedad en el uso de la fuerza.

La fuerza debe usarse únicamente para defensa de la justicia y protección del débil.

importa mucho en las democracias la educación de la responsabilidad de los ciudadanos y del sentido de solidaridad, de colaboración, y de obediencia a las leyes.

Importa, asimismo, que en los gobernantes, además de su honestidad y capacidad, resplandezca el sentido de justicia y de sacrificio en el servicio de la comunidad. Sólo así tendrán autoridad moral y podrán lograr, con el mínimo uso de la fuerza, la obediencia y colaboración de los ciudadanos.
Cuanto mayor es la autoridad moral que tiene un padre de familia, menos obligado se ve a recurrir al uso de la fuerza. Lo mismo sucede con los gobernantes.

Los sistemas totalitarios se caracterizan por el abuso de la fuerza.

LA SUMISIÓN POR EL TERROR

El terror, el abuso de la coacción física o psíquica son medios de que se valen los regímenes totalitarios para conseguir la obediencia y sumisión de los gobernados. «El terror» fue llamado el régimen dictatorial instaurado por Robespierre y los jacobinos durante la revolución francesa.

En los regímenes totalitarios los resortes del Estado son usados para imponer los designios o caprichos de los gobernantes. Las actuaciones judiciales y los procedimientos policiales pasan a ser instrumentos de violencia o terror al servicio de los grupos dominantes.

Los regímenes totalitarios pretenden lograr un modo uniforme de pensar, de sentir y de obrar, una fiel y sumisa aceptación de las directivas impartidas. Para esto se valen de dos medios:

1. La persuasión. Por todos los medios se busca lograr la adhesión entusiasta de los gobernados. Se montan gigantescos sistemas de propaganda, se regimenta la prensa y los medios de difusión de ideas, se utiliza toda la fuerza del sistema escolar en manos exclusivas del Estado.

2. El terror. No se permite expresión individual o social contraria al régimen. Se controlan todas las reuniones, e incluso la correspondencia y los teléfonos privados. La delación y el espionaje son armas a las que no se teme recurrir.

Se amenaza abierta u ocultamente a los disconformes. El empleo, los bienes económicos, la propia seguridad personal o de los miembros de la familia se ven amenazados. Tampoco se rehuye el uso de la violencia física, procedimientos policiales arbitrarios, secuestros, confinamiento, torturas, campos de concentración, etc.

RESISTENCIA A LA OPRESIÓN

«El hombre libre, decía Aristóteles, obedece por convicción al poder legítimo, pero no tolera el poder despótico. Prefiere la muerte a la opresión».

Ya en la Edad Media los teólogos del cristianismo elaboraron la teoría de resistencia al poder tiránico y a las leyes injustas.

No existe poder humano que sea ilimitado. Todo poder, además de las limitaciones que le impone el ordenamiento constitucional y legal de un país, está limitado:

— Por el orden ético y el derecho natural.

— Por los derechos inalienables de la persona humana.

— Por su propio fin, que es la búsqueda del bien común.

La opresión puede provenir:

1. de un poder ilegítimo o usurpador.

2. del mandato injusto o arbitrario de un poder legítimamente constituido.

Al poder ilegítimo, incluso en el caso de que sus mandatos no sean inicuos, no se le debe obediencia, ni colaboración. Sólo el impedir daños mayores a la comunidad puede obligarnos en conciencia a obedecerlo. Lo mismo puede afirmarse del poder legítimo cuando da un mandato para lo cual no tiene competencia.

Cuando el poder ilegítimo da un mandato que es contrario al orden moral se le debe resistencia, que según las circunstancias puede ir desde la simple negación de colaboración, hasta la resistencia por la fuerza.

Si el mandato injusto proviene de la legítima autoridad se deben agotar todos los medios legales y pacíficos para que lo modifique. Sólo después de agotados tales medios puede justificarse la resistencia activa.

En la democracia es primordial que los ciudadanos no sólo respeten los derechos y libertades de los demás, sino que exijan el respeto a sus propios derechos. La actitud de muchos ciudadanos que por comodidad toleran sin protestar o sin recurrir a los medios eficaces que los funcionarios, los empleados de la administración, u otros ciudadanos no cumplan sus deberes para con ellos va destruyendo el espíritu cívico sin el cual ninguna democracia perdura.

Fuente Consultada: Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-

La Globalizacion del Mundo Moderno,la Tecnologia y las Comunicaciones

La Globalización del Mundo Moderno,la Tecnologia y las Comunicaciones

A lo largo del siglo XX la Humanidad ha conocido un impresionante desarrollo de la investigación científica que, a diferencia del pasado, ha encontrado muy rápidamente aplicaciones tecnológicas. En la base del gran crecimiento económico de los países industriales está esa revolución científico-técnica que ha inundado de nuevos inventos las industrias, los hogares y la vida cotidiana de los seres humanos.

Uno de los campos donde las transformaciones han sido más revolucionarias es el de los medios de comunicación. Todo el planeta es hoy en día un sistema interconectado por redes televisivas, informáticas, telefónicas, y cualquier información es emitida y recibida en segundos. Nos sentimos copartícipes de todo lo que sucede en el mundo.

Como consecuencia de todos estos cambios, la sociedad presenta también, en el umbral del siglo XXI, características diferentes de la de nuestros abuelos. La de hoy es una sociedad esencialmente urbana, con un nuevo papel de la mujer y con un tipo de familia más reducida y más móvil.

Por último, a finales del siglo XX, la concepción decimonónica de la cultura, limitada a unos pocos y esencialmente ligada al conocimiento escrito, ha sido sustituida por una cultura de masas que presenta la ventaja de ser accesible a muchos, pero el inconveniente de simplificar o banalizar muchos de los mensajes.

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Durante siglos, los acontecimientos sucedidos en un lugar del planeta tenían importancia y consecuencias para un número limitado de personas. Los efectos de una decisión política tenían un alcance restringido a las fronteras políticas de los Estados y los fenómenos económicos se circunscribían a ámbitos locales o comarcales.

A partir del siglo XVII, la expansión comercial permitió relaciones y flujos cada vez más amplios entre los pueblos del mundo. Pero fueron la Revolución Industrial y la expansión del capitalismo los fenómenos que originaron una organización del mundo en su conjunto como un sistema global en el que las acciones en cualquier lugar del planeta iban teniendo repercusiones en puntos cada vez más alejados.

El fenómeno de la mundialización o Globalización

La Revolución Industrial abrió en Occidente las puertas a la internacionalización de la economía, de la información y de la cultura. La expansión de los europeos por el mundo impuso, mediante el colonialismo, el primer sistema internacional, dominado por Europa. La Primera Guerra Mundial puso fin a ese sistema, provocando el debilitamiento de Europa y la aparición, como nueva fuerza dominante, de Estados unidos de América.

A partir de 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó dominado por las dos grandes potencias vencedoras. EE.UU. y la unión Soviética. El resto de los países se englobaban en mayor o menor medida en uno de los bloques liderados por los dos grandes.

A partir de 1990, la caída del bloque comunista ha impuesto un nuevo sistema mundial, ya no bipolar, sino organizado alrededor de los grandes polos económicos del mundo capitalista: EE.UU.. Japón y Europa Occidental. Mercancías, capitales e informaciones, circulan a nivel planetario, con unos centros de decisión y otros dependientes en un único esquema económico y. en parte, social y político.

El progreso técnico y la liberalización de los intercambios han permitido la mundialización y la expansión del comercio. No sólo las mercancías, sino también los servicios (seguros, licencias, patentes, servicios bancarios…) y los productos culturales y artísticos circulan a una enorme velocidad.

Este gran salto se debe a la posibilidad de concentrar y transmitir rápidamente una gran cantidad de información, lo que permite comprar y vender en cualquier parte del mundo, conociendo la diversidad de la oferta y produciendo para mercados lejanos. Y a ello se añade el desarrollo del transporte, que permite mover personas y mercancías con gran facilidad y a precios cada vez más bajos.

De esta forma, a lo largo del siglo XX, el comercio mundial se ha multiplicado por 100. Esta pujanza de los intercambios comerciales es la base sobre la que se asienta la mundialización de la economía.

El mercado se ha mundializado desde el momento en que los bienes se producen en cualquier lugar a partir de materiales provenientes de cualquier otro lugar y pueden consumirse en cualquier parte del mundo.

Las economías nacionales son cada vez más dependientes de las redes económicas mundiales, tanto por el volumen de las importaciones y exportaciones, como por el poder e influencia de las empresas multinacionales, que implantan sus fábricas y operan en cualquier lugar. Por encima de la organización del mundo basada en la existencia de Estados y de territorios soberanos e independientes, la acción de las empresas y de los negocios conforma una nueva realidad en la que el campo de acción es el conjunto del planeta y en la que se crean lazos y conexiones originados por los flujos de capitales, tecnología, productos o trabajadores. Así, aunque tengan su titularidad en un Estado, su capital carece de nacionalidad, producen en diferentes países y operan en el mercado internacional.

Por eso es cada vez más difícil determinar la verdadera nacionalidad de los productos que consumimos. Se consumen productos de cualquier lugar, aprovechando la amplitud de la oferta, el mejor precio y la mejor calidad.

En la actualidad, el gran desarrollo tecnológico y la facilidad de los transportes permiten una creciente división del trabajo en el ámbito internacional. Así, una máquina, un coche o un ordenador se fabrican con una concepción mundializada de la producción y los productos se descomponen en diferentes procesos, lo que hace posible encargar cada componente del producto (carrocería de un coche, motor, tapicerías, etc.) a diferentes empresas y en diferentes países, teniendo en cuenta solamente la rentabilidad de la producción.

Centros y Periferias

La constitución progresiva del sistema mundo coloca al conjunto de los pueblos del planeta en una situación de interdependencia. Pero este término no significa igualdad, por el contrario, las desigualdades y los contrastes se han acentuado y se han reforzado las jerarquías de unos territorios sobre otros. Así, los países desarrollados ejercen una dominación económica, financiera, tecnológica y cultural sobre el resto del mundo.

En el actual sistema, los países desarrollados constituyen el «centro», área en la que el desarrollo económico y un vasto proceso de industrialización han asentado condiciones de vida más que suficientes, y en la que se concentran los poderes de decisión, de dirección y de innovación.

A esta zona se contrapone un mundo subdesarrollado, o «periferia», donde persisten graves problemas de atraso económico y social y una fuerte dependencia respecto al exterior. A ese conjunto de países se le ha denominado también, como hemos visto al tratar la descolonización, Tercer Mundo.

En el mundo actual, las relaciones económicas y los flujos de circulación de capitales, productos o informaciones se organizan alrededor de tres polos centrales: Estados unidos, Europa y Japón, cuya pujanza reposa sobre una interacción eficaz entre investigación, progreso tecnológico, capitales y desarrollo de actividades industriales y de servicios.

Otros polos secundarios han aparecido entre los países en vías de desarrollo (India, China, Sudeste asiático, Brasil, México, Argentina…) y se configura una organización en círculos concéntricos, dividiéndose la periferia en grados y abarcando realidades muy diferentes. Así, las distancias entre estos países, nuevas zonas industriales, y los marginados de África o de determinadas zonas de Asia o Centroamérica, son tan importantes como entre el centro V las zonas de la periferia que se consideran emergentes.

También las redes y los grandes núcleos de transpones y comunicaciones se distribuyen de forma desigual en e! mundo, en función de la densidad de población, de la antigüedad y calidad de las infraestructuras y de los niveles de desarrollo.

La constitución de redes densas caracteriza a los espacios integrados en los polos dominantes de las economía. De este modo, los países desarrollados son los  que concentran la mayor parte de las nuevas infraestructuras de transporte modernas y de los puntos de acceso complejos (puertos y aeropuertos internacionales, terminales de carga…). Estos espacios, por ser más accesibles, ven reforzada su posición en el sistema mundo y concentran la mayoría del comercio mundial.

El área líder de la economía mundial (EE.UU., Japón y la U.E.) mantiene su papel de predominio mediante el control de los flujos financieros. La principal Bolsa del mundo es la de Nueva York, seguida de las de Londres, Tokio. Francfort y, hoy en día, Hong-Kong y Singapur. La importancia de la Bolsa de un país es proporcional a su desarrollo económico.

Los Estados del Sur ven los precios de sus materias primas establecidos y controlados por las grandes entidades financieras e industriales por cotizaciones en bolsas que se sitúan a miles de Km. La estructura bancaria está dominada por grandes corporaciones internacionales con sede en los países desarrollados. La banca del Sur es dependiente y ejerce de elemento de unión entre el capital local y los centros internacionales de finanzas.

LAS PERSONAS EN UN MUNDO GLOBALIZADO: Estamos en los albores del siglo XXI. La Tierra se encuentra unificada por la comunicación instantánea y por una interdependencia económica y tecnológica cada vez más estrecha. A este fenómeno de interdependencia se lo denomina «globalización». La globalización comprende distintos aspectos.

Desde el punto de vista económico, se afianza a través de pautas de producción y consumo generalizadas que se consolidan y difunden, sobre todo, desde las sociedades más avanzadas.

Tres o cuatro décadas atrás, un auto se fabricaba casi íntegramente dentro de las fronteras de un país; en la actualidad la producción se distribuye en distintos lugares del globo y las empresas multinacionales que los producen no tienen una identidad nacional definida.

Las transformaciones económicas guardan estrecha relación con cambios profundos en el plano tecnológico. La verdadera revolución tecnológica producida en las últimas décadas está sustentada por progresos científicos vinculados fundamentalmente con las tecnologías de la información, que tienen impacto sobre todas las esferas de nuestra nuestra vida. Las nuevas tecnologías han modificado las formas de producción y de intercambio de bienes y servicios; han favorecido la expansión de nuevos sectores económicos y la venta de nuevos productos.

Las nuevas formas que adquirieron los medios de comunicación de masas a causa del satélite, han hechado por tierra las fronteras nacionales. En la actualidad, cada vez más personas pueden acceder a emisiones de radio y televisión de los lugares más diversos del planeta.

Desde el punto de vista de la relación jurídica entre las naciones el siglo que termina fue testigo del surgimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que constituye un fenómeno de globalización. Significó un intento de encontrar un marco jurídico internacional e implicó una posibilidad de resolver conflictos y de construir proyectos de cooperación entre los países.

También surgieron organizaciones internacionales con objetivos decididamente económicos, como el tratado NAFTA, entre México y EE.UU., o el MERCOSUR, en el que están implicados Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil; otras, como la Comunidad Europea, han constituido formas de organización política nuevas, como el Parlamento Europeo.

Todos estos elementos globalizadores transforman la vida de las personas, cambian el estilo de relaciones entre los seres humanos, influyen sobre sus gustos y costumbres.

La actual globalización de la economía y de la tecnología mundial tiene consecuencias para la vida cotidiana de las personas. Algunos aspectos de este proceso, como la importancia de los medios de comunicación y la informática, han convertido a los adolescentes en sus protagonistas. 

Como consecuencia del proceso de integración mundial iniciado a mediados del siglo XX e intensificado durante las últimas décadas, los adolescentes de todo el planeta han unificado sus formas de vestir, sus gustos en música, comidas y bebidas, hasta tal punto que se ha comenzado a hablar de la existencia de un «adolescente global».