Las Proteínas

La Enfermedad de Vaca Loca en el Ganado Bovino: Su Transmision

La Enfermedad de Vaca Loca

La ganadería comprende las diversas actividades (alimentación, selección, reproducción e higiene) que se desarrollan en la cría de animales, con el fin de obtener determinados productos principalmente destinados a su consumo por el ser humano.

La ganadería constituye para la mayoría de los países una actividad fundamental.

Con la cría de ganado, el ser humano obtiene productos esenciales en la cadena alimentaria, como carnes, huevos, leche y todos sus derivados.

El ganado puede ser usado como medio de transporte, ya sea de carga o de tracción; incluso en algunos países, como la India, para trabajos forestales.

ANIMAL VACA ENFERMA

Se crían animales para extraerles sus lanas y pieles que luego serán utilizadas por las industrias textiles, peleteras y de calzado.

Muchos bienes fabricados por el hombre usan como materia prima productos animales: los cosméticos, los sueros, algunas medicinas, abonos, bisutería, etc.

La equitación y la lidia de toros son actividades con muchísima demanda en ciertos grupos sociales de determinados países.

Algunas especies domésticas se criar como animales de compañía o para distintos servicios, como en el caso de los perros, los cuales se utilizan para pastoreo, caza y como apoyo en determinadas acciones de la policía, el ejército y los bomberos.

En los países desarrollados, la producción de animales, generalmente, forma parte de las explotaciones agrícolas, en estrecha unión con los restantes componentes de la explotación (producción forrajera, instalaciones, mano de obra, etc.).

En la mayoría de los casos, la ganadería tiene como objeto la transformación de productos vegetales, o subproductos industriales, en productos animales: los animales se dividen en los que pueden consumir vegetales celulósicos espontáneos o cultivados gracias a los microorganismos que se encuentran en su conducto digestivo (caballos, rumiantes, conejos) y los que sólo consumen alimentos con un porcentaje más reducido de materias celulósicas, como el grano (cerdo y aves de corral).

En algunos países, la ganadería evoluciona cada vez más hacia formas industriales.

Aunque esta última tendencia se manifiesta en casi todas las especies, se ha llegado a comprender que las estructuras artesanales de producción, del tipo de la explotación familiar, pueden resultar tan eficaces como las estructuras industriales, a condición de que estén bien dirigidas y que se sitúen en un entorno muy estructurado en lo que concierne especialmente a aprovisionamiento y desarrollo (cooperativas, grupos de productores, etc.).

El Mal de la «Vaca Loca»

Desde mediados de la década de los ochenta del siglo XX, el territorio europeo es escenario de una catástrofe de dimensiones aún por definir, que afecta sobre todo al ganado vacuno.

La encefalopatía espongiforme bovina (EEB) se ha propagado vertiginosamente.

En Inglaterra, país más afectado, se han tenido que sacrificar decenas de miles de cabezas. España, Francia y Alemania han dado ya la voz de alarma al detectar nuevos casos en sus territorios.

La mayor gravedad radica en que es una enfermedad transmisible al hombre a través de la ingestión de tejidos infectados (óseos o carnicos).

En la Unión Europea se está manifestando una situación de creciente preocupación al confirmarse la aparición de casos de la variante humana de la encefalopatía espongiforme bovina, la enfermedad de Creutzfeld-Jacob.

El fenómeno neurodegenerativo denominado, en una acepción general, como encefalopatías espongiformes transmisibles es conocido desde hace tiempo.

El nombre proviene de las observaciones al microscopio que permiten ver el cerebro infectado lleno de poros, como si fuera una esponja.

Estas enfermedades provocan un fallo en el control motor, seguido, en general, por demencia, a veces por parálisis y, finalmente, la muerte.

La referencia más temprana se tiene en 1732, cuando se describieron los síntomas en ovejas.

En esta especie animal y en la cabra, la encefalopatía se denomina scrapie o tembladera, pero no fue hasta dos siglos más tarde, en 1938, cuando se demostró que era una enfermedad transmisible.

Existen enfermedades neurodegenerativas similares en diversas especies animales, tales como ciervo, alce, visón, felinos y bovinos.

En este último caso recibe el nombre de encefalopatía esoongiforme bovina (EEB).

En humanos, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob fue ‘dentificada en 1920, aunque no se asoció al scrapie hasta 1950.

¿ Cómo se transmite la encefalopatía espogiforme bovina?

El periodo de incubación es variable, en general, entre tres y cinco años, aunque Ppuede ser superior.

La vaca cuando enferma, parece nerviosa, pierde peso, tiene dificultades para andar y la producción de leche desciende.

La procedencia de la enfermedad en las reses es todavía objeto de debate.

Parece ser que la forma bovina tiene su origen en el scrapie de las ovejas.

Estudios epidemiológicos indican que son fuente de contaminación ha sido la utilización de carcasas de animales contaminaos (vacas y ovejas) para fabricar piensos para el ganado vacuno.

Se cree que la enfermedad ha derivado de la inclusión de material bovino contaminado en la fabricación de los piensos, que se produjo entre 1978 y 1980.

El rápido incremento de los enfermedad a mediados de los noventa (850 casos por semana en 1994) se debe probablemente a la inclusión de animales enfermos, no diagnosticados como tales, la fabricación de piensos para consumo bovino.

Esta práctica se prohibió en julio 1988 en el Reino Unido pero la materia prima siguió exportándose.

La mayor parte de los casos descritos en países europeos tiene su origen en animales exportados Reino Unido o alimentados con harina de dicha procedencia.

En estos momentos, la incidencia de la EE. UU. en el conjunto de la Unión Europea está disminuyendo.

En el Reino Unido se ha producido un descenso del 40 en el número de casos descritos en el 2000 respecto a 1999 (1.136 casos), valor que debe compararse con los 36.000 casos descritos en 1992, el año de mayor incidencia.

La medida comunitaria que obliga desde el 1º de enero del 2001 a la realización de un test post mortem para descartar el mal en todos los bovinos de mas de 30 meses que vayan a entrar en la cadena alimentaria, producirá, sin duda, un aumento del número de animales enfermos detectados.

Con todo, los casos positivos corresponden, cada vez más, a animales de mayor edad, lo cual es un buen síntoma, ya que puede presuponerse que la mayoría han nacido, y probablemente si han sido infectados, antes de la crisis de marzo de 1996 (cuando se detectó nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob en la especie humana, as ciada al consumo de carne de reses afectadas).

Debido a que el periodo de incubación en las vacas es de 3-5 años, con cierta variación, la eficacia de las medida adoptadas sólo podrá ser valorada totalmente en los años 2004-2005.

Medidas para controlar el mal de las «vacas locas» en la Unión Europea

Los expertos afirman que la enfermedad puede erradicarse con la normativa en vigencia pero que para ello resulta imprescindible que los países extremen el celo para garantizar los controles del ganado y la exclusión de las harinas de origen animal en su alimentación.

La medidas adoptadas por la Unión Europea para frenar la expansión de la epidemia son:

En julio de 1994 se prohibió el uso de harinas de carnes y huesos de mamíferos para la fabricación de alimentos para rumiantes. La prohibición se convirtió en total (para todo el ganado) a partir del 1º de enero del 2001.

Se introdujeron medidas más eficaces para tratar los despojos de animal contaminados, con el fin de reducir la capacidad infecciosa al mínimo (a partir de abril de 1997).

— Se adoptaron medidas de vigilancia activa para la detección, control y erradicación de la EEB a partir de mayo de 1998, que se complementaron a partir del. de enero del 2001 con la obligatoriedad de analizar todas las reses de más de meses de edad antes de su introducción en el mercado para consumo human

Se obligó a la eliminación de los restos animales considerados de riesgo dula espinal, cerebro, ojos y amígdalas) de ternera, oveja y cabra en toda la a partir de octubre del 2000, a los que se añadió el intestino a partir de diciembre del mismo año.

Dichos restos no pueden ser usados para el consumo de humanos ni para el de animales.

Precisamente, se ha comprobado que las partes señaladas, las cuales habían sido ya descartadas en varios países miembros con anterioridad, son responsables de la infección en un 95% de los casos. Sin embargo, el desbloqueo a las propuestas de la Comisión Europea en algunos países no se ha producido hasta muy recientemente, tras la aparición de casos de EEB en países como Alemania y España.

— Se prohibió el uso de animales no aptos para el consumo humano en la fabricación de piensos a partir de marzo de 2001.

Aparte de éstas, algunos países, especialmente aquellos que tienen una mayor incidencia de la enfermedad, han adoptado otras medidas específicas.

Es de destacar que todas las decisiones comunitarias sobre este tema están basadas en la evaluación y asesoramiento científico y se revisan de forma continua para actualizarlas en función de la nueva información científica.

Por su parte, la Comisión Europea realiza inspecciones en los países miembros para verificar la correcta aplicación de las normas.

En definitiva, las medidas adoptadas han consistido en eliminar de la cadena alimentaria (humana y animal) todas las partes del ganado susceptibles de ser vehículos de alto riesgo de contaminación, es decir, médula espinal, cerebro, ojos, amígdalas e intestinos.

Se consideran tejidos con un cierto riesgo de infección las vísceras (riñones, hígado, pulmón, páncreas, nódulos linfáticos y placenta).

El comité de científicos de la Comisión Europea ha valorado la inclusión de los chuletones, ya que en principio pueden ser considerados alimentos de riesgo, si no han sido bien cortados, por su cercanía a la espina dorsal.

Los bistés se consideran seguros, aunque se puede incrementar la seguridad si se eliminan los nervios y el tejido linfático de la carne.

La leche y sus derivados, el sebo y la gelatina son considerados seguros.

Entre los materiales no alimentarios susceptibles de suponer algún limitado riesgo de transmisión, están las vacunas (humanas y veterinarias) y los cosméticos preparados con material bovino.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal (Espasa Calpe)

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Propiedades de las Proteínas:Concepto y Clasificación

Propiedades de las Proteínas:Concepto y Clasificación

LAS PROTEÍNAS: Existe una gran preocupación por las proteínas en la alimentación. Y no es en vano, pues estos nutrientes presentan dos características peculiares:

Forman la base de la estructura del organismo, siendo el componente más importante de los músculos, de la sangre, de la piel y de todos los órganos internos.

Los huesos también están formados por proteínas de colágeno, sobre los que asientan el calcio y otros minerales.

Un 17% del peso de nuestro cuerpo está formado por proteínas, es decir, de 10 a 12 kilos para un adulto normal.

No se almacenan en el organismo constituyendo una reserva alimentaria, a diferencia de lo que ocurre con las grasas o los hidratos de carbono.

Por ello, es necesario ingerirlas de forma constante a lo largo de la vida.

Propiedades de las Proteínas:Concepto y Clasificación

• PROTEÍNAS:

Las moléculas de hidratos de carbono y grasas, contienen solamente carbono, hidrógeno y oxígeno, pero las proteínas tienen, además, átomos de nitrógeno y algunas veces átomos de azufre y fósforo, y ocasionalmente hierro, yodo u otros elementos.

Sus moléculas son las más complicadas de todas las sustancias, porque en cada una de ellas se encuentran grandes cantidades de átomos combinados y distribuidos de distinta manera.

Esto explica también, que el número de proteínas diferentes sea realmente asombroso, hasta el extremo que cada especie viviente tiene algunas que son características de ella y no se encuentran en ninguna otra.

La importancia de las proteínas reside en que, junto con el agua, forman las bases de toda la materia viviente o protoplasma.

También forman parte del material hereditario llevado en los cromosomas de los núcleos celulares.

Las enzimas, catalizadores que son muy necesarios para la vida, son proteínas.

Las proteínas también se usan como depósitos alimenticios, particularmente en las semillas de muchos vegetales.

Puede compararse a las proteínas con los polisacáridos. ya que sus moléculas están formadas por uniones. Muchas moléculas de azúcar se unen para formar un polisacárido.

Las unidades que componen las proteínas se llaman aminoácidos.

El más simple de los aminoácidos es la glicina o ácido aminoacético.

Su fórmula es: NH2CH2COOH.

El grupo NH2 , (grupo amino) es básico, y el hidrógeno del grupo carboxilo (—COOH) lo hace ácido.

Las sustancias que pueden actuar como bases o como ácidos se llaman anfoteros.

El grupo básico amino de una molécula de aminoácido, puede reaccionar con el grupo ácido carboxilo de otra molécula para formar un dipéptido.

De esta manera pueden unirse por sus extremos muchos aminoácidos, formando largas cadenas llamadas polipéptidos y eventualmente moléculas proteicas.

Cada molécula de proteína está formada por grandes cantidades de aminoácidos.

Se conocen alrededor de veinticinco aminoácidos.

Dentro de ciertos límites, los animales pueden sintetizar (esto es, construir) algunos aminoácidos a partir de moléculas más simples.

También pueden convertir algunos aminoácidos en otros.

Sin embargo, una cantidad de aminoácidos no puede sintetizarse ni obtenerse, a partir de otros; tienen que estar presentes en la dieta y se llaman aminoácidos esenciales, para distinguirlos de los otros no esenciales.

Los aminoácidos son capaces de combinarse en variadas proporciones y puede repetirse muchas veces la misma serie de varios aminoácidos, o series levemente distintas, de manera tal que puedan formarse grandes cantidades de proteínas diferentes.

Las proteínas que se encuentran en los núcleos de las células se llaman nucleoproteínas.

Se cree que los cromosomas están formados en su mayor parte por nucleoproteínas, y se ha demostrado que al gunos virus consisten en masas de nucleoproteínas.

De este modo, ciertas nucleoproteínas deben considerarse como causantes de varias enfermedades infecciosas.

Se piensa también, que las nucleoproteínas de las células animales y vegetales, son las productoras de otras proteínas, quizá produciendo las enzimas capaces de unir ios aminoácidos necesarios.

En el núcleo, moléculas de importancia (ácidos nucleicos) que están dispuestas en hilera sobre los cromosomas, contienen moléculas de azúcar.

Los ácidos nucleicos (principalmente él ácido dexosirribonucleico o DNA), junto con ciertas proteínas, nucleoproteínas, forman las bases del material hereditario, cuyas «instrucciones» regulan todas las actividades de un organismo.

En otros post hemos visto, los hidratos de carbono (o carbohidratos), las grasas (o lípidos) y las proteínas, constituyen compuestos orgánicos que, en variables proporciones, se encuentran en el protoplasma de la. célula, tanto animal como vegetal.

Si bien estos compuestos del carbono son, además de las fuentes permanentes de energía, los proveedores de los elementos que se transforman en sustancia viva, no por esto, todo es material de restauración, ni combustible que se emplee de inmediato.

Gran parte es almacenado cómo reserva, y es así como las plantas guardan en sus diversos órganos sustancias amiláceas (almidón secundario), lípidos (en semillas, frutos y cortezas) y reservas proteicas (yemas y bulbos, y aleurona en semillas), y los animales, grasas (compuestas por glicerol y ácidos grasos) que acumulan como material energético que oportunamente empleará el organismo.

En el cuerpo humano, por ejemplo, las grasas dedepósito o lípidos de reserva, yacen, sobre todo, en el panículo adiposo subcutáneo (la mitad de la grasa total del organismo), envolviendo los ríñones, en el mesenterio y entre los espacios intermusculares.

En los distintos animales, la composición, consistencia y proporción del tejido adiposo varía con el régimen alimenticio y con el clima

La fauna circumpolar y muchos mamíferos marinos se protegen con una gruesa capa aislante de tocino (de más de cuarenta centímetros de espesor en las ballenas) que impide la pérdida de calor del cuerpo en el agua.

Los animales hibernantes (o de reposo invernal) reducen la frecuencia cardíaca y respiratoria, así como su metabolismo, y viven durante el período de letargo a expensas de su grasa de depósito.

Las plantas almacenan materiales energéticos para los períodos de inactividad fotosintética: la reserva más común es el almidón (sustancia insoluble en agua) que se deposita en tallos y raíces, para ser transformado nuevamente en azúcares para su asimilación.

La semilla acumula alimento (proteínas, grasas, almidones) para el germen, en los tejidos nutricios (albumen) que acompañan al embrión, o en los cotiledones.

La plántula vivirá y se desarrollará merced a ese alimento hasta el momento en que funcionalmente pueda obtenerlo del medio en que vive.

Entre los carbohidratos del grupo de los polisacáridos, hemos nombrado ya a la celulosa.

La celulosa responde a la fórmula (C6H10O5) y constituye el tejido de sostén en la arquitectura de las plantas.

(En las largas cadenas de una compleja molécula de celulosa, n puede representar millares.)

Forma la pared resistente de la célula vegetal y su estructura fibrosa le confiere enorme importancia industrial como material textil. (Su gran valor para la industria, reside en el hecho de que es insoluble en la mayoría de los solventes, aunque al ser atacada por ácidos, como el nítrico, acético o sulfúrico, origina esteres de fácil disolución en solventes orgánicos.).

La celulosa tiene una gran variedad de aplicaciones (sedas artificiales, papel, celuloide, explosivos, etc.), que abarcan desde los tejidos que el hombre viene utilizando desde los albores de su industria (por ejemplo, el algodón, muchos siglos antes de Cristo) hasta los plásticos, a los cuales los nuevos y constantes adelantos de la ciencia y de la técnica otorgan ilimitadas posibilidades.

Los compuestos orgánicos llamados proteínas, que constituyen los elementos fundamentales del protoplasma celular de los seres vivientes, se caracterizan por contener invariablemente nitrógeno, además del carbono, el hidrógeno y el oxígeno (y eventualmente, azufre, fósforo, hierro y yodo).

La molécula proteica (la mayor y más compleja de todos los elementos protoplasmáticos) cuya estructura no es cabalmente conocida, se sabe no obstante que está formada por unidades más simples, los aminoácidos (se han señalado alrededor de treinta y cinco aminoácidos distintos, veinticinco de los cuales fueron identificados por investigaciones posteriores).

Los aminoácidos difieren en la estructura de sus fórmulas, aunque en todos ellos figure un grupo básico amino (NH2) y un grupo ácido (COOH).

Las proteínas representan elementos imprescindibles para la nutrición del organismo, pues además de suministrar energía, es a sus expensas que se reponen los materiales de desgaste, y se reparan tejidos, plasma sanguíneo, hemoglobina y la proteína orgánica que incesantemente es catabolizada.

La deficiencia de proteínas en el organismo, se traduce, entre otros trastornos, en alteraciones funcionales y disminución de la resistencia a las infecciones y traumatismos.

Sólo ciertos aminoácidos pueden ser sintetizados por el organismo animal (los vegetales los sintetizan a todos).

Se denominan entonces esenciales los aminoácidos que, siendo imprescindibles en la dieta del individuo, el organismo no puede sintetizarlos y debe procurárselos mediante la ingestión directa o indirecta de vegetales (el término esencial no implica preponderancia de un aminoácido sobre otro).

Las proteínas formadas solamente por aminoácidos, como son las que se encuentran en la leche (caseína), en la clara del huevo (albúmina), la queratina de las estructuras córneas de los animales (astas, pezuñas, pelo, uñas) se denominan simples.

Las que se componen de aminoácidos y otros complejos orgánicos, como la’ hemoglobina, las lipo-proteínas, las glucoproteínas y las nucleoproteínas, constituyen proteínas conjugadas.

La importancia que el déficit proteico tiene para la salud, es hoy bien conocida por la medicina, de manera que es posible corregir los trastornos que esta carencia produce, mediante una adecuada dieta.

Repetidas experiencias indican que, en el hombre, es suficiente un gramo de proteína por kilogramo de peso y por día, tratando de que, la mayor proporción corresponda a proteínas de origen animal (leche, carne, visceras glandulares, huevo).

CONCEPTO Y CLASIFICACIÓN:

Se designa con el nombre de proteínas un conjunto de sustancias nitrogenadas muy complejas, que se encuentran formando parte de la materia viviente.

Su importancia fundamental se debe al papel que desempeñan en la formación y funciones de la célula viva; hasta ahora, ésta constituye, precisamente, el único sistema capaz de sintetizarlas.

Las proteínas se encuentran profusamente en el proto-plasma celular, en los virus, en los genes, en los anticuerpos, etc.

Están compuestas de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, en una proporción sensiblemente constcrnte; casi todas poseen, además, azufre, aunque este elemento no es indispensable.

Entre sus propiedades generales, merecen destacarse:

1°) tienen elevado peso molecular, que oscila entre 10.000 y 1.000.000 de unidades (la sal común o cloruro sódico, por ejemplo, no llega a 60 unidades);

2°) como consecuencia de su elevado peso molecular, forman soluciones coloidales con el agua;

3°) son muy inestables frente a los cambios de temperatura y acidez (pH);

4°) en solución, constituyen iones anfóteros, es decir, ,se comportan unas veces como ácidos y otras como bases; por eso actúan como dipolos frente a campos eléctricos.

Las proteínas están formadas, generalmente, por una serie de unidades más sencillas, que se denominan aminoácidos porque llevan un grupo amínico (-NH2), de carácter básico, y un grupo carboxilo (-COOH), de carácter ácido; de aquí las propiedades anfóteros de todas las proteínas.

Los aminoácidos constituyen los eslabones de la gran molécula proteica.

Las proteínas se pueden clasificar en sencillas (simples) y conjugadas. Las primeras son aquellas que por hidrólisis (escisión por el agua) rinden exclusivamente aminoácidos; las segundas son las que están formadas por un grupo proteico (una proteína sencilla) y un grupo prostético (un agrupan-tiento orgánico distinto de las proteínas).

En las proteínas sencillas se agrupa, a su vez, otra serie de ellas, clasificadas de acuerdo con sus solubilidades:

1°) albúminas, solubles en agua y soluciones salinas;

2°) globulinas, insoluoles en agua y solubles en soluciones salinas;

3°) prolaminas, insolubles en agua y en alcohol absoluto, pero solubles e» alcohol al 70 %;

4°) glutelinas, insolubles en disolventes neutros (agua, soluciones salinas, etc.) y solubles en ácidos y álcalis;

5°) escleroproteínas, insolubles en agua y no hidrolizables por las enzimos proteolíticas. Se dividen en colágenos, que, tratadas con agua hirviendo, dan gelatinas; elastinas, que no dan gelatinas y se encuentran en los tejidos elásticos; queratinas —existentes en los pelos, uñas y cuernos—, caracterizadas por su gran proporción de azufre,

6°) distónos, poseen carácter básico y se encuentran en los tejidos glandulares;

7°) protaminas, muy semejantes a las histonas, pero de peso molecular más bajo. No contienen azufre y, por tanto, poseen un elevado porcentaje de nitrógeno.

Las proteínas conjugadas se clasifican en varios grupos, según el grupo prostético que proporcionen: por hidrólisis:

1°) nucleoproteínas, en las que el grupo prostético es de ácido nucleico;

2°) mucoproteínas, que contienen aminoazúcares como grupo prostético;

3°) lipoproteínas, grupo prostético de fosfolípidos y esferoides;

4°) cramoproteínas, pigmentos coloreados, como la hemoglobina, la clorofila y las flavoproteínas;

5°) fosfoproteínas, que contienen, como grupo prostético, ácido fosfórico (caseína, vitelina, etc.); son solubles en álcalis;

6°) metolproteínas, que portan elementos metálicos (hierro, magnesio y cobre).

Esta clasificación no es rígida, puesto que algunas proteínas podrían incluirse en varios grupos; así, la hemoglobina, que está clasificada como cromoproteína por su color, podría estar incluida en las metolproteínas, porque contiene hierro.

Proteína vegetal versus proteína animal

Hasta hace poco se creía que los vegetarianos debían combinar diferentes fuentes de proteínas en cada comida para obtener los ocho aminoácidos que proporcionan proteínas completas.

La razón es que la mayoría de las proteínas de origen vegetal (que no contienen los ocho aminoácidos esenciales) son incompletas.

Los consejos más recientes, sin embargo, afirman que una dieta variada, que contenga una amplia gama de alimentos proteínicos vegetarianos, es suficiente, y es innecesario tener que preocuparse demasiado por consumir proteínas completas en cada comida.

No obstante, la Sociedad Vegetariana hace una excepción con los niños pequeños, a cuyos padres se les aconseja que utilicen el método de la combinación en cada comida para garantizar la ingesta adecuada de proteínas.

Este método consiste en mezclar legumbres con cereales (por ejemplo, judías sobre una tostada, pita y puré de garbanzos, arroz y ensalada de judías), cereales con un producto lácteo (queso sobre una tostada, cereales y leche) o legumbres con féculas (patatas y lentejas guisadas).

Los estudios con vegetarianos adultos demuestran que éstos tienden a consumir menos proteínas que los no vegetarianos.

Sin embargo, como ya hemos visto en el primer capítulo, muchos de nosotros comemos más proteínas (en ocasiones, muchas más) de las que necesitamos.

¿Qué cantidad de proteínas deberíamos tomar?

Las autoridades sanitarias recomiendan que hasta un 15 % de las calorías de nuestra dieta provenga de las proteínas.

La OMS sugiere entre un 10 y un 15 %, un intervalo con el que coincide la mayoría de profesionales de la nutrición.

Una guía más precisa, según los especialistas, consiste en calcular 0,75 g de proteínas por día y kilogramo de peso, lo que se acerca al nivel del 10 % en la mayoría de los casos.

Esta cifra es menor que la cantidad media que se toma en la actualidad (13,5 % aproximadamente); es decir, muchas personas toman más proteínas de las necesarias.

Reducir ligeramente el consumo de proteínas permite el aporte de más calorías a partir de hidratos de carbono complejos, muy importantes para la salud.

El cuadro superior muestra la ingesta recomendada de proteínas según el cálculo de 0,75 g por día y kilogramo.

¿Qué pasa si tomamos demasiadas proteínas?

Cada gramo de proteínas contiene 4 calorías.

Todas las proteínas que consumimos y no son necesarias para las funciones anteriormente mencionadas pueden ser convertidas en glucosa y utilizadas como fuente de energía.

Teniendo en cuenta que las fuentes animales tradicionales de proteínas son más caras que las fuentes de energía que proceden de los hidratos de carbono, es posible que su bolsillo también prefiera no gastar el dinero en proteínas que no necesita.

Por supuesto, si la ingesta media actual de proteínas se cifra en un 13,5 %, se deduce que algunas personas consumen una cantidad muy superior.

Una dieta rica en proteínas (sobre todo, en proteínas de origen animal) ha sido relacionada con la desmineralización de los huesos: en la orina se excreta más calcio, por lo que las mujeres deben tener especial cuidado en reducir el consumo de proteínas a menos del 15 %.

Se tienen claros indicios de que las dietas ricas en proteínas (en especial, las de origen animal) ejercen un efecto perjudicial a largo plazo en la función renal.

Asimismo, se cree que el consumo elevado de proteínas puede estar relacionado con la hipertensión.

Por estas razones, las autoridades sanitarias recomiendan que el consumo diario de proteínas no sobrepase 1,5 g por kilogramo de peso corporal.

Por ejemplo, para una mujer de 63,5 Kg. resulta una cifra de 95 g de proteínas por día, o menos de 20 % de las calorías totales diarias (lo que demuestra que, a pesar de lo esencial de las proteínas, sobrepasar muy ligeramente y de forma habitual las cantidades que se aconsejan puede ocasionar problemas).

Fuente Consultada:
Las Claves de la Ciencias de la Salud
Nuevo Estilo de Vida-Disfrútalo Tomo I
Los Alimentos Que Consumimos Judtih Wills

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Minerales que el Cuerpo Necesita:Calcio, Yodo,Hierro,Magnesio

Minerales que el Cuerpo Necesita:Calcio, Yodo,Hierro,Magnesio

Se conocen unos veinte minerales que forman parte de la composición de nuestro organismo.

Los minerales constituyen el 5% del peso del cuerpo, es decir unos 3,5 kilos para un adulto de 70 kilos (154 libras).

En nuestro organismo, los minerales están renovándose continuamente.

Cada día se eliminan con la orino, las heces, el sudor y otras secreciones, unos 30 gramos de minerales? los cuales tienen que ser necesariamente reemplazados por medio de los alimentos.

Minerales que el Cuerpo Necesita:Calcio, Yodo,Hierro,Magnesio

La fuente más importante de minerales son los alimentos de origen vegetal en su estado natural, especialmente si proceden de cultivos biológicos.

Por ello, las dietas cárnicas, y las basadas en productos refinados tienden a ser deficitarias en minerales.

Esto se agrava por el hecho de que los suelos de cultivo se empobrecen en minerales, debido el uso intensivo de abonos inorgánicos.

En realidad, es posible que los productos que adquirimos en el mercado contengan menos minerales de los que deberían tener según las tablas de composición de los alimentos.

Por ello debemos prestar especial atención a los minerales de la dieta, sobre todo al calcio y al hierro.

Los Minerales: calcio, yodo

Los Minerales que el cuerpo necesita

Calcio:

Es al mineral más abundante del organismo, cuyas sales forman la sustancio que confiere dureza al esqueleto y a la dentadura.

El cuerpo de un adulto contiene entre 1 y 1,5 kilos de calcio la mayor parte del cual (el 99%) se encuentra en los huesos y en los dientes, y una pequeña parte (el 1%) en la sangre y en el resto del organismo.

Además de formar parte del esqueleto, el calcio realiza otras interesantes funciones en el organismo.

  • Interviene en la transmisión de los impulsos nerviosos, especialmente en el corazón, manteniendo de esta forma el ritmo cardíaco.
  • Es necesario para que la sangre coagule con normalidad.
  • Regula el equilibro ácido-básico de la sangre, evitando que esta se vuelva demasiado ácida. De esta forma, neutraliza la acidez que normalmente se produce en el metabolismo de las proteínas.

El calcio necesita de la vitamina D para poder ser absorbido en el intestino, y pasar así a la sangre. Una deficiencia de vitamina D produce los mismos síntomas que la falta de calcio.

La deficiencia de calcio se manifiesta en primer lugar por un cuadro clínico llamado tetania, que se caracteriza por calambres musculares, que pueden lLgar a verdaderos espasmos.

Cuando persiste, se producen alteraciones del ritmo cardíaco (palpitacionesY irritabilidad nerviosa, pérdida de la dureza normal de los huesos (raquitismo en los niños, osteoporosis y osteomalacia en los adultos), dolores en las arLiculaciones y pérdida de piezas dentarias.

Necesidades diarias de calcio
Niños800
Jóvenes 11-241200
Hombres Adultos800
Mujeres Adultas800
Embarazadas1200
Madres que Lactan1200

El calcio en la alimentación vegetariana: El calcio es un mineral muy abundante en los alimentos vegetales, especialmente en las nueces o frutos secos y en las leguminosas.

Una alimentación a base de fruta, cereales y hortalizas aporta sobradamente el calcio que necesita el organismo, con notables ventajas sobre la alimentación cárnica.

Entre los alimentos animales, solo la leche y sus derivados contienen cantidades importantes de calcio, pero es muy escaso en la carne y en el pescado.

Hay que tener presente que el ácido oxálico contenido en algunos alimentos puede dificultar la absorción del calcio, al formar con él sales insolubles (oxalato cálcico).

Aunque los alimentos ricos en ácido oxálico, como el cacao, las espinacas y las acelgas, también contienen abundante calcio, es prudente tomarlos en pequeñas cantidades cuando se requiere una dieta alta en calcio.

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Fósforo:

La práctica totalidad del fósforo que contiene el organismo se halla en los huesos y en los dientas, combinado con el calcio. La cantidad de fósforo que se ingiere con la dieta, debe estar en relación con la de calcio.

El fósforo se halla ampliamente distribuido entra todos los alimentos, tanto vegetales como animales, por lo que su aporte no supone ningún riesgo.

La leche y sus derivados son la mejor fuente de calcio entre los productos de origen animal. Sin embargo, la leche de vaca contiene abundante grasa, necesaria para el desarrollo del ternero, pero no para los seres humanos, especialmente si son adultos. El sésamo y los frutos secos oleaginosos proporcionan tanto o más calcio que la leche, con la ventaja de no contener grasas saturadas ni colesterol.

Por el contrario, el principal problema del fósforo es su exceso en relación al aporte de calcio. Esto ocurre especialmente en las dietas ricas en carne, pues esta contiene mucho fósforo y muy poco calcio (hasta diez veces más en la carne de cerdo).

Este exceso de fósforo en la dieta cárnica hace que el calcio sea peor aprovechado, y es otro factor más que explica la mayor frecuencia de osteoporosis entre las mujeres que consumen mucha carne.

En los alimentos vegetales, así como en la leche y en los huevos, la cantidad de fósforo guarda una relación mucho más equilibrada con la de calcio, de forma que con una alimentación ovolactovegetariana no existe riesgo de ingerir un exceso de fósforo.

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Hierro:

El organismo de un adulto contiene entre 3 y 4 gramos de hierro. Esta es ciertamente una cantidad muy pequeña, pero realiza funciones de importancia vital. La mayor parte del hierro se encuentra en la sangre formando parte de la hemoglobina, que da el típico color rojo y permite el transporte del oxígeno desde los pulmones hasta todas las células.

En el organismo el hierro no existe como elemento químico aislado, que se comporta como un auténtico veneno, sino unido a proteínas, especialmente la llamada ferritina

Necesidades diarias de hierro: La mayor parte del hierro que hay en el organismo se recicla, por lo que en condiciones normales las pérdidas de este mineral son muy pequeñas. El hiervo se pierde con las células que se descarnan de la piel y de las mucosas que revisten el tubo digestivo y las vías urinarias. Esto supone 0,91 miligramos diarios para un adulto.

Las almendras son uno de los alimentos más ricos en calcio (266 mg. por 100 gr. Su contenido en fósforo (454 mg. por 100 gr. guarda una proporción bastante equilibrada con el de calcio.

Necesidades diarias de hierro
Niños10
Hombres 11-2412
Hombres Adultos10
Mujeres 11-5015
Mujeres 51+10
Embarazadas30
Madres que Lactan15

En ciertas situaciones, aumentan las necesidades de hierro:

  • Las mujeres que menstrúan pierden 2 miligramos diarios con la sangre menstrual, por lo que una mujer pierde durante los días de la regla tres veces más hierro que normalmente.
  • Durante el embarazo y la lactancia aumentan las necesidades de hierro, pero esto queda compensado con el hecho de no haber pérdidas menstruales.
  • En la adolescencia se intensifica la demanda de hierro como consecuencia del crecimiento y de la aparición de la menstruación en las muchachas.
  • Cualquier hemorragia anormal produce pérdidas importantes de hierro, que pueden provocar fácilmente un estado anémico.

El hierro de los vegetales se encuentra en forma de sales férricas, mientras que el de los alimentos animales, llamado también hierro hem, aparece en forma de sales ferrosas.

Ambos tipos de hierro se absorben con dificultad en el intestino, hasta el punto de que solo de un 10% al 20% del hierro de procedencia vegetal es absorbido, y un 30% del hierro que se encuentra en la carne o en los alimentos animales. Por ello, al calcular las necesidades diarias, se debe pensar en ingerir, como medida de seguridad, diez veces más del hierro que realmente necesitamos.

El hierro en la alimentación vegetariana:

El hierro se halla ampliamente distribuido en todos los alimentos animales y vegetales, y una dieta variada aporta sobradamente las necesidades diarias, incluso para las mujeres. La menor absorción del hierro procedente de los vegetales, se compensa sobradamente por dos hechos:

  • La concentración de hierro en la mayoría de los alimentos vegetales es más alta que en las carnes, excepto en el hígado. La leche apenas contiene hierro.
  • Se ha comprobado que la vitamina C, mucho más abundante en la dieta vegetal, aumenta considerablemente la absorción de hierro, llegando a duplicarla. Esta es una importante razón para tomar en cada comida hortalizas y/o fruta fresca, ricas en vitamina C.

Las dietas vegetales no tienen por qué ser pobres en hierro, sino todo lo contrario.

De hecho, la anemia por causas alimentarias es bastante frecuente, afectando por igual tanto a los que comen carne como a los vegetarianos.

Durante una época se pensó que la carne era necesaria por su contenido en hierro, y que quienes no la tomaban, corrían el riesgo de anemia.

Pero hoy sabemos que la dieta vegetal es superior en cuanto a contenido de hierro, y que su absorción no plantea problemas si se consumen abundantes alimentos frescos ricos en vitamina C.

Los frutos secos (nueces), las legumbres y los cereales poseen más hierro que la carne, excepción hecha del hígado. La harina de soja, con la cual se fabrica la carne vegetal, tiene tres veces más hierro que la carne de vaca (la de mayor contenido en hierro).

La OMS recomienda el consumo abundante de melocotones (duraznos), albaricoques, ciruelas, uvas y pasas, como excelentes fuentes de hierro, por su fácil digestión y absorción.

El alga espirulina, la levadura de cerveza y el polen son, junto con la soja, los alimentos vegetales más ricos en hierro.

En personas que presentan una absorción baja de hierro, o cuando aumentan las necesidades diarias, puede resultar recomendable tomar suplementos de este mineral.

Además de los preparados farmacéuticos clásicos, los hay también procedentes de extractos vegetales.

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Yodo:

El organismo necesita el yodo para sintetizar con él las hormonas producidas en la glándula tiroides. Estas hormonas cumplen importantes funciones mnetabólicas:

  • Aceleran la combustión de los nutrientes que nos proveen de energía (hidratos de carbono, grasas y proteínas).
  • Son imprescindibles para el desarrollo normal del sistema nervioso en los niños, de forma que cuando escasean por falta de yodo, se produce una forma dc retraso mental (cretinismo).

Cuando un adulto sufre carencia de yodo, el tiroides se hipertrofia (aumenta de tamaño), para intentar compensar la carencia y producir así la suficiente hormona tiroidea. A este aumento de tamaño se lo llama bocio simple (hay otras causas de bocio).

Las necesidades de yodo son muy pequeñas: 0,14 miligramos diarios. Normalmente la fruta y las hortalizas pueden aportar suficiente cantidad de yodo, si el suelo en el que se han cultivado lo contiene. Pero hay terrenos pobres en yodo (generalmente los alejados de las costas), y otros que se han empobrecido de este mineral por causa de la agricultura intensiva, que agota las reservas minerales de los terrenos. Por ello no son raras las deficiencias. Para prevenirlas, conviene:

  • Usar sal marina, o que haya sido enriquecida con yodo
  • Consumir algas alimentarias.

Los pescados también contienen abundante yodo, aunque su consumo no resulta imprescindible para satisfacer las necesidades diarias.

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Magnesio:

El cuerpo de un adulto contiene de 20 a 25 gramos de magnesio.

Forma parte de la estructura de los huesos, junto con el calcio y el fósforo, aunque en mucha menor proporción.

El magnesio es un componente esencial del principal pigmento del mundo vegetal, la clorofila, al igual que el hierro lo es de la hemoglobina de la sangre.

El magnesio ha cobrado importancia en los últimos años, debido a que se han descubierto numerosas funciones fisiológicas en las que desempeña un papel decisivo.

Ocurre con frecuencia que la alimentación habitual aporta cantidades insuficientes de este importante mineral.

Ello es debido a un consumo escaso de cereales integrales, frutos secos (nueces, almendras, etc.), ricos en magnesio, así como al empobrecimiento de los suelos en este minera!.

El abuso permanente de los abonos nitrogenados en la agricultura intensiva causa desequilibrios bioquímicos en los suelos, y, como consecuencia, en los vegetales que crecen en ellos.

Las plantas ya no contienen la cantidad de minerales que deberían tener, especialmente de magnesio, que es uno de los más sensibles al empobrecimiento del suelo.

Esta es la razón por la cual se debe prestar una atención especial al magnesio, y recurrir, en determinados casos de carencia, al uso de suplementos minerales como el cloruro de magnesio.

Necesidades diarias de magnesio
Niños80-170
Hombres 15-18400
Hombres Adultos350
Mujeres 15-18300
Mujeres Adultas280
Embarazadas320
Madres que Lactan355

Las fresas <frutillas) contienen una amplia gama de sales minerales, entre ellas el magnesio. que las hace diuréticas y muy apreciadas en las enfermedades de los riñones.

Hay que tener presente que las necesidades diarias de magnesio, establecidas por el U.S. National Research Council es de 350 mg. para hombres adultos y 280 mg. para mujeres adultas al dia. Aunque es cierto que el consumo de grandes dosis de sales de magnesio no tiene efectos indeseables, tampoco está probado que tenga una acción terapéutica especial. El exceso de magnesio se elimino con las heces, provocando además un efecto laxante.

El uso de suplementos de magnesio en forma de soles, está indicado en los casos siguientes:

  • Cuando existe el riesgo de que el aporte alimentario sea insuficiente, por consumir pocos vegetales frescos, o porque estos procedan de tierras de cultivo empobrecidas por el uso intensivo de abonos químicos
  • En épocas de la vida en las que hay un aumento de las necesidades diarias (crecimiento, embarazo, lactancia).
  • Cuando la absorción intestinal está alterada por diversas afecciones digestivas, como por ejemplo colitis o intervenciones quirúrgicas.

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• Funciones

Actúa como catalizador de numerosas reacciones químicas que se llevan a cabo en el organismo, relacionadas con la combustión de los nutrientes y la producción de energía.

Realiza una función especialmente importante en el sistema nervioso, regulando la transmisión de sus impulsos a lo largo de los nervios periféricos

La carencia de magnesio se manifiesta de formas muy variadas:

  • Cansancio general y sensación de fatiga.
  • Calambres musculares, contracturas, temblores en los párpados o en otros músculos (fenómeno conocido como fasciculaciones musculares).
  • Alteraciones neurovegetativas con tendencia al espasmo en diversos órganos, que se manifiestan por: dolores de estómago, colon irritable, dolor o espasmo uterino durante la regla (dismenorrea), sensación de opresión en el pecho y palpitaciones cardiacas entre otros.

Los frutos secos, los cereales, las legumbres y las verduras, son la fuente más importante de magnesio. Una dieta vegetariana variada puede satisfacer sobradamente las necesidades de magnesio, especialmente si procede de cultivos biológicos en los que se usan abonos orgánicos que contienen una amplia gama de minerales.

Ver: Tabla de Calorías de los Alimentos

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Importancia de los Hidratos de Carbono en la Alimentacion

Importancia de los Hidratos de Carbono en la Alimentación

Los hidratos de carbono, son también conocidos como glúcidos por su sabor dulce más o menos intenso (glúcido proviene de la raíz griega gluco, dulce).

Son la principal fuente de energía para todas las funciones del cuerpo, y proporcionan calorías de una forma rápida.

Químicamente, sus moléculas están formadas únicamente por átomos de carbono, hidrógeno y oxígeno.

Según el tamaño de su molécula, los hidratos de carbono se clasifican en tres grupos: monosacáridos, disacárídos y polisacáridos.

A los dos primeros se los llama también azúcares.

Importancia de los Hidratos de Carbono en la Alimentacion

Composición Química:

Monosacáridos

Están formados por una sola molécula, y pueden ser asimilados y absorbidos de forma directa y rápida por el organismo.

Los monosacáridos más comunes en la naturaleza son la glucosa o dextrosa, y la fructosa o levuloso.

Ambas están formadas por los mismos átomos, y difieren tan solo por su distribución en la molécula.

La glucosa y la fructosa se encuentran en todas las frutas, así como en la miel.

Disacáridos

Son hidratos de carbono formados por dos moléculas de monosacáridos.

Para ser aprovechados por el organismo, los disacáridos se han de descomponer en sus dos moléculas elementales, tarea que llevan o cabo las enzimas durante el proceso de la digestión.

Los disacáridos más comunes son:

• La sacarosa o azúcar de caña, que también se encuentra en la remolacha, el plátano, la piña tropical o ananás y en otras muchas frutas.

Está formada por la conjunción de una molécula de glucosa y otra de fructosa, que al unirse pierden una molécula de agua:

glucosa + fructosa = sacarosa ± agua

• La maltosa, que se encuentra principalmente en la malta procedente de la cebada, y también en otros cereales. Está formada por dos moléculas de glucosa.

• La lactosa, que se encuentra en la leche de los mamíferos, en proporción de unos 40 gramos por litro en la leche de vaca, y unos 50 a 60 en la leche humana. Su molécula resulta de la combinación de dos monosacáridos: glucosa y galactosa.

Polisacáridos

Son hidratos de carbono complejos, cuya molécula está formada por la unión de muchos monosacáridos generalmente glucosa.

Se encuentran sobre todo en los granos de los cereales (trigo, arroz, cebada, maíz etc.), así como en las raíces y tubérculos (patata, nabo, etc). Existen tres tipos de polisacáridos o hidratos de carbono complejos:

Almidón: Su molécula está formada por largas cadenas de moléculas de glucosa, unidas de una forma especial.

Se encuentra en semillas, raíces, tubérculos, hojas y frutos, y es el principal componente de la harina.

El almidón lo producen únicamente los vegetales. Los animales lo aprovechan a base de separar, durante el proceso de la digestión, las diversas moléculas de glucosa que lo forman.

Este proceso lo llevan a cabo unas enzimas llamadas amilasas, que son segregadas junto con la saliva y sobre todo en el páncreas.

El almidón es la reserva de energía alimentaria más importante del mundo vegetal.

Dextrinas: Son fragmentos de la molécula de almidón, que resultan de la acción de las amilasas.

Estas enzimas rompen primeramente el almidón en pequeños fragmentos, antes de separar por completo todas las moléculas de glucosa que lo forman.

Por ello se puede decir que las dextrinas son almidones predigeridos.

En el pan o en los cereales dextrinados, por ejemplo, se somete al almidón de la harina a la acción química de las amilasas, enzimas que rompen parcialmente las largas cadenas de moléculas de glucosa

De esta forma, la digestión resulta más fácil, pues el aparato digestivo ya se encuentra con una parte del trabajo hecho.

Celulosa: Es la sustancia orgánica más abundante de la naturaleza. Este polisacárido se encuentra presente en todas las plantas, formando la estructura o fibra de sus tejidos: semillas, raíces, tallo, hojas, frutos, etcétera.

En las semillas o granos de los cereales, se encuentra en la capa que los recubre, conocida como salvado.

En las raíces, hojas y en la fruta, se encuentra entremezclada con la estructura vegetal.

A la celulosa se le llama también fibra vegetal.

Forma las paredes de las células vegetales, de donde viene su nombre de celulosa.

Combinada con la lignina, forma la madera de los árboles.

Su molécula está formada por una larga cadena de moléculas de glucosa, pero unidas de tal forma, que nuestro aparato digestivo es incapaz de romperla, y por lo tanto, no la puede aprovechar.

Glucógeno: Es similar químicamente al almidón, pero lo producen los animales a partir de la glucosa que se libera durante la digestión, y que es absorbida y pasa a la sangre.

El glucógeno se almacena en el hígado, y constituye una reserva de energía que el organismo puede utilizar rápidamente, volviéndolo a convertir en glucosa, ante cualquier demanda de energía (esfuerzo físico o intelectual, por ejemplo).

El glucógeno se encuentra en los productos de origen animal (hígado y músculos) en pequeñas cantidades, siendo prácticamente nulo su valor alimenticio.

Objetivos de una dieta sana en cuanto a hidratos de carbono

Según las recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud), una alimentación sana debe tender a:

1. Aumentar el consumo de hidratos de carbono complejos (hasta el 70% de la energía ingerida).

2. Reducir el consumo de hidratos de carbono simples refinados (azúcar blanco) tanto como resulte posible, hasta llegar a prescindir completamente de ellos (limite inferior — 0%).

Esto significa que deben consumirse abundantemente los siguientes alimentos:

• Cereales

(trigo, cebada, avena, centeno, maíz, arroz, mijo, etc.): Son la principal fuente de hidratos de carbono complejos (almidón).

Según la OMS, el consumo abundante de cereales (especialmente la avena), tiene efectos beneficiosos sobre la diabetes y sobre otros trastornos metabólicos, y disminuye el riesgo de padecer cáncer.(ver: Los Cereales)

Los cereales debieran volver a ser, como lo han sido durante toda la historia, la base de la alimentación humana.

La mayor parte de la energía que necesitamos deberla provenir de ellos.

No ocurre así en la típica dieta occidental a base de carne, productos lácteos, conservas y alimentos refinados industrialmente, en la que la proporción de energía procedente de los hidratos de carbono complejos no llega al 50%.

Los expertos en nutrición aconsejan un uso abundante de cereales, tanto en el desayuno (en forma de pan, de copos o hervidos en papilla, etc.) como en la comida principal del mediodía.

Los cereales auténticamente integrales tienen además la ventaja de incluir de germen del grano (rico en vitaminas B y E, y en aminoácidos esenciales), y su cubierta o salvado (rica en fibra vegetal).

• Tubérculos

(patatas o papas, por ejemplo) y leguminosas, también ricas en hidratos de carbono complejos (almidón), además de ser una buena fuente de proteínas de gran valor biológico.

La dieta occidental típica, a base de carne, leche y sus derivados, es muy pobre en fibra vegetal (entre 3 y 10 gramos diarios).

En cambio, la dieta a base de cereales, hortalizas y fruta, suple generosamente las necesidades diarias de fibra vegetal, según las recomendaciones de la OMS.

Debe reducirse al mínimo el consumo de dulces, pasteles, bombones y refrescos ricos en azúcar.

Según la OMS, el consumo de azúcar refinado (blanco), proporciona energía sin nutrientes; es decir, aporta calorías, pero no los minerales y vitaminas necesarios para la metabolización de ese azúcar.

En consecuencia, provoca un empobrecimiento en dichas sustancias.

En cambio, el azúcar sin refinar (moreno), la miel, y sobre todo, los azúcares naturales contenidos en la fruta, van acompañados de abundantes vitaminas y minerales, que permiten su buen aprovechamiento metabólico.

Digestión y utilización de los hidratos de carbono

Los hidratos de carbono complejos se transforman en glucosa en el intestino; pero a diferencia de lo que ocurre con los azúcares simples, la transformación en glucosa se produce lentamente (mientras que dura la digestión), y su paso a la sangre se produce escalonadamente.

Por el contrario, los azúcares simples (mono o disacáridos) pasan rápidamente a la sangre, con lo que aumenta bruscamente el nivel de glucosa.

Esto provoca una respuesta intensa del páncreas, que debe segregar rápidamente insulina para poder metabolizar toda esa glucosa. Y como resultado de ello, se produce un nuevo descenso de glucosa en sangre (crisis de hipoglucemia).

Esas oscilaciones bruscas en el nivel de glucosa provocado por el consumo de dulces, pasteles, bombones, etcétera, obliga al páncreas, y al conjunto del organismo, a realizar un gran esfuerzo metabólico, predisponiendo para enfermedades como la diabetes o la arteriosclerosis.

No así los hidratos de carbono complejos (almidón de los cereales, tubérculos y legumbres), que al digerirse y pasar lentamente a la sangre, mantienen un nivel constante de glucosa durante varias horas, y permiten un mejor funcionamiento del páncreas.

Ello explica, además, el hecho de que después de desayunar un dulce, o la típica tostada con mermelada, se vuelva a tener hambre al poco tiempo; mientras que después de un desayuno a base cereales integrales, no se tiene hambre en toda la mañana.

Una dieta a base de cereales, frutas y verduras y hortalizas, cumple a plena satisfacción todas las necesidades de hidratos de carbono.

Además, aporta especialmente los hidratos de carbono más saludables: el almidón y la fibra vegetal.

La celulosa o fibra vegetal es un tipo especial de hidrato de carbono que no se absorbe (no pasa del intestino a la sangre), y por lo tanto el organismo no la puede utilizar como fuente de energía.

Toda la que se ingiere, es expulsada con las heces. Esto determinó que hasta hace unas décadas, no se le concediera ninguna importancia fisiológica.

Pero ahora comprendemos la importancia de esa fibra vegetal aparentemente inútil:

Actúa como una auténtica escoba en el intestino, absorbiendo toxinas y arrastrando sustancias nocivas como los ácidos biliares precursores del colesterol, entre otras, hasta formar las heces.

La celulosa o fibra vegetal se hincha con el agua, aumentando varias veces su volumen.

De esta forma da consistencia a las heces, y facilita su tránsito por el colon hasta su expulsión por el recto.

Cuando la dieta contiene poca celulosa por ser pobre en fruta, cereales integrales y hortalizas. Las heces son duras, resecas y concentradas, con lo que obligan al intestino a realizar grandes esfuerzos para eliminadas.

Esto causa o agrava numerosos trastornos, como los divertículos intestinales, las hemorroides y hasta el cáncer de colon.

La celulosa (fibra vegetal), es exclusiva del reino vegetal. Ningún alimento animal (carne, pescado, leche o huevos) contiene celulosa.

Así pues, aunque no proporciona energía, ni pasa a la sangre, es un componente imprescindible en una dieta sana y equilibrada, ya que evita el estreñimiento y baja el colesterol.

La Glucosa: El combustible universal

La glucosa, de fórmula química C6H1206, es el principal combustible de nuestro organismo.

Puede decirse que desde el punto de vista energético, los seres humanos somos, biológicamente, un motor que funciona a base de glucosa.

Todos los hidratos de carbono de los alimentos se transforman en el tubo digestivo en glucosa, que pasa a la sangre y es llevada a todas las células de nuestro organismo.

Pero su depósito principal está en el hígado, que actúa como almacén regulador.

La glucosa se almacena en esta glándula en forma de glucógeno, polisacárido de reserva, que se convierte de nuevo en glucosa cuando las necesidades del cuerpo lo requieren.

De esta forma, el hígado se encarga de mantener un nivel de glucosa en la sangre bastante constante: aproximadamente un gramo por cada litro de sangre (100 mg/mi).

En las células de los músculos también se almacena una pequeña cantidad de glucosa en forma de glucógeno, que se transforma de nuevo en glucosa cuando se realiza cualquier actividad física.

Cuando el nivel de glucosa en la sangre baja, y las reservas del hígado o de los músculos (que duran solo para unas horas), no consiguen subirlo, por estar ya agotadas, se produce una situación de hipoglucemia.

Si esto ocurre de forma brusca, sin dar tiempo a que el organismo busque otras reservas de energía, se producen llamativos síntomas, como sensación de mareo, hambre intensa, pérdida de fuerza e incluso pérdida de conocimiento con caída al suelo, fenómeno que se conoce como lipotimia o desmayo.

La glucosa es transportada con la sangre a todas las células del cuerpo.

Gracias a la energía que proporciona cuando se quema, combinándose con el oxigeno en el interior de las células, la glucosa hace que todo el organismo funcione: que los músculos se contraigan, que se produzca calor en el cuerpo, y que el cerebro desarrolle sus funciones, especialmente el pensamiento.

De hecho, este maravilloso órgano necesita, para funcionar correctamente, que se le suministren dos sustancias de forma interrumpida: la glucosa y el oxígeno. Cada día nuestro cerebro consume unos 140 gramos de glucosa.

Para que la glucosa pueda penetrar en el interior de las células y ser allí quemada, produciendo energía, necesita de la acción de la hormona insulina.

Cuando no hay suficiente insulina en la sangre, porque el páncreas no la produce, la glucosa se acumula en la sangre, aumentando su nivel en ella, en lugar de entrar en las células para ser utilizada.

Una vez en las células, la glucosa necesita vitaminas del grupo B para poderse metabolizar, es decir, para poderse quemar y producir energía.

Por ello, al consumir azúcar refinado (sacarosa prácticamente pura), el organismo tiene que utilizar sus propias reservas de vitaminas 3 para poder metabolizarlo, con el riesgo de agotarlas.

El azúcar refinado es un alimento muy pobre: solo aporta calorías, pero no las sustancias necesarias para poderlas aprovechar.

PARA SABER MAS…

Hidratos de carbono: fuente de energía

La necesidad más constante y básica del cuerpo (aparte del agua) es la energía. Se requiere energía para respirar, para moverse, para funcionar, para ponerse en marcha, para reparar y para crecer.

Como las máquinas, precisamos una fuente externa de energía, pero nuestro combustible debe provenir de lo que comemos y bebemos.

Esa energía se mide en kilocalorías (popularmente denominadas calorías).

Cuando gastamos energía, quemamos calorías, y cuando comemos, las ingerimos.

La cantidad de energía o calorías que nuestro cuerpo necesita en un día depende de la estatura, la edad, la proporción de musculatura con respecto a las grasas, el nivel de actividad y muchos otros factores.

Las necesidades medias aproximadas (NMA) para los niños, los adolescentes y los ancianos aparecen en el capítulo tres.

La energía también se mide, en ocasiones, en kilojulios (1 kilocaloría = 4,18 kilojulios).

NECESIDADES DIARIAS MEDIAS DE ENERGÍA E HIDRATOS DE UN ADULTO

Calorías/DíaH.de C./DíaMáximo Azúcar/Día (g.)
Mujeres19-50194025852
51-59190025350
Hombres19-59255034068

Para mantener un peso adecuado y estable, el aporte de energía (alimento) y el gasto energético deben estar equilibrados.

La falta de aporte y el exceso de gasto pueden provocar pérdida de peso; el exceso de comida y la ausencia de gasto dan lugar a un aumento de peso (debido al exceso de calorías, que se convierten en grasa corporal) y a una posible obesidad.

Todos los alimentos y las bebidas que contienen calorías aportan energía en forma de hidratos de carbono, grasas, proteínas o alcohol.

Apenas existen alimentos que contengan sólo uno de esos elementos (las principales excepciones son los aceites, que únicamente contienen grasa, y el azúcar, que se compone exclusivamente de hidratos de carbono).

La mayoría de los alimentos constituyen una mezcla de mas de un elemento (además de las combinaciones de vitaminas y minerales).

Por ejemplo, el pan es rico en hidratos de carbono, pero también lleva proteínas y grasas; la leche entera contiene hidratos de carbono, grasas y proteínas en cantidades razonables; la carne es una mezcla de proteínas y grasas, etc.

Aunque todos los tipos de calorías (ya provengan de hidratos de carbono, grasas, proteínas o alcohol) aportan energía, la mayor parte de la energía aportada debe proceder de los hidratos de carbono.

El cuadro siguiente muestra la proporción en que cada uno de los nutrientes que aportan energía debería estar presente en una dieta sana e incluye un 5 % de alcohol (fuente de energía en la mayoría de dietas).

Grasas33-35%
ProteínasHasta un 15%
Hidratos de Carbono47-50%
Alcohol0-5%

Algunos países recomiendan niveles de hidratos de carbono más elevados que otros (por ejemplo, Estados Unidos, 55 %; Suecia, 60 %), y la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que entre el 55 y el 75 % de nuestra ingesta total de calorías debería provenir de los hidratos de carbono. Sin duda, niveles de hasta el 60 % de las calorías diarias totales resultan buenos para la salud y son asequibles, siempre y cuando las grasas y las proteínas se reduzcan.

Existen dos tipos principales de hidratos de carbono: las féculas y los azúcares.

En la actualidad, alrededor del 60 % de los hidratos de carbono que consumimos son féculas, y aproximadamente el 40 % provienen de azúcares.

Los alimentos con fécula proceden de las plantas: cereales para el desayuno, pan, patatas, legumbres, pasta y arroz.

Las verduras también contienen féculas, aunque en cantidades variables.

Las frutas, en cambio, carecen de ese elemento (a excepción de los plátanos).

Los hidratos de carbono de estos alimentos se denominan polisacáridos y se conocen como hidratos de carbono complejos.

Los azúcares intrínsecos, como los que se encuentran en las frutas (los hidratos de carbono de casi todas las frutas son azúcares) y las verduras (por lo general, una mezcla de azúcares y féculas), forman parte de la estructura celular del alimento.

Los azúcares extrínsecos (en ocasiones, llamados libres), como los del azúcar de mesa, la miel, los zumos de frutas, los pasteles, las galletas, la bollería, etc., no forman parte de la estructura celular del alimento, sino que son refinados, privados de la fibra, o bien se añaden durante el proceso de fabricación.

La leche contiene un azúcar extrínseco, la lactosa, que no suele agruparse con los otros azúcares extrínsecos en términos de nutrición.

Los hidratos de carbono complejos y los azúcares intrínsecos deben formar el grueso de una dieta sana.

La OMS aconseja que al menos el 50 % de las calorías de la dieta provengan de hidratos de carbono complejos.

Se trata de los alimentos vegetales que no sólo aportan al cuerpo una forma de energía fácilmente convertible, sino también toda una gama de otros nutrientes vitales.

Además, apenas presentan inconvenientes para a salud y, por tanto, pueden llenar el hueco energético que se produce cuando reducimos el consumo de grasas

Los hidratos de carbono también evitan que las proteínas se conviertan en energía, lo que puede ser importante si las necesidades proteicas son elevadas o si el consumo es bajo.

Cuanto más puros sean los hidratos de carbono que se consuman, mejor para la salud.

Las dietas pobres en hidratos de carbono y ricas en grasas están relacionadas con el aumento del riesgo de diversas enfermedades, incluidas las cardíacas, algunos tipos de cáncer (en especial, el de colon), el estreñimiento y la obesidad.

Los alimentos sin refinar o apenas refinados, como el arroz y el pan integrales, las frutas y las verduras frescas, las legumbres, los frutos secos y las semillas, contienen todos o casi todos los nutrientes originales (fibra, vitaminas, minerales y otros de reciente descubrimiento, unos interesantes compuestos denominados fitoquímicos.

Los hidratos de carbono refinados, como el arroz, la pasta y la harina, contienen esos elementos en menor proporción, aunque su consumo resulta recomendable.

Muchos productos elaborados con féculas, como la pastelería industrial y las galletas, han perdido gran parte de las fibras, las vitaminas, los minerales y los compuestos fitoquímicos naturales.

Además, pueden contener elevados niveles de los tipos menos sanos de grasas y azúcares extrínsecos y, por tanto, es recomendable reducir su consumo de forma drástica.

Un informe reciente de la OMS apunta que los azúcares extrínsecos pueden consumirse con moderación como parte de una dieta sana, pero siempre de forma moderada, ya que el consumo elevado de azúcares extrínsecos no lácteos constituye una de las principales causas de caries y pérdida de piezas dentales.

Otro dato importante es que una dieta rica en alimentos grasos y azucarados, como los aperitivos, los dulces y los pasteles, puede carecer de nutrientes esenciales y aporta elevadas cantidades de calorías.

Muchos expertos coinciden en que el creciente consumo de esos tipos de alimentos está relacionado con los niveles (también en aumento) de sobrepeso y obesidad.

Resulta muy fácil consumir mucho más azúcar extrínseco del que se imagina.

Para alcanzar el límite del 10 % total de energía (52 g de azúcar), basta con que una mujer tome sólo una pequeña rebanada de bizcocho (24 g de azúcar) y una lata de refresco de cola (36 g de azúcar), o por poner otro ejemplo, dos cafés endulzados con dos cucharadas de azúcar cada uno (20 g de azúcar), más dos galletas digestivas cubiertas de chocolate (20 g de azúcar) y un vaso de sidra dulce (12 g de azúcar).

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