Los Vinos de España

Los Vinos de Francia Características y Regiones Vinicolas Historia

Los Vinos de Francia
Regiones Vinícolas y Características

Los vinos franceses sirven de referencia a los vinos del resto del mundo. Cuando se establece una clasificación de vinos, Francia parece ocupar de modo natural el primer o segundo lugar. Hace una veintena de años se podía afirmar que los mejores vinos del mundo eran franceses, exceptuando los blancos alemanes y los vinos dulces de la península Ibérica.

Actualmente, Francia tiene que enfrentarse a la competencia y a las imitaciones en todos los niveles de calidad. Sin embargo, en cualquier país, cuando se quiere elaborar un gran vino se intenta imitar, para superarlo, lo que se hace en Francia.

Francia es el segundo país productor de vino. Más de la tercera parte de la producción mundial procede de los viñedos franceses. Los vinos del Bordelais, Borgoña y Champaña gozan de fama mundial, pero el mantenimiento de este renombre requiere constantes cuidados por parte de los viticultores franceses.

Francia, poseedora de grandes riquezas naturales y arqueológicas y de un patrimonio artístico y literario que hacen de ella uno de ios más importantes países del mundo, se siente, con razón, orgullosa de su producto más exportado: el vino. Los viñedos franceses ocupan el primer lugar en el mundo, y Francia proporciona la cuarta parte de la producción mundial de vino.

La vid es originaria de Asia, donde era cultivada por los hebreos. Ya en el siglo I antes de Jesucristo, encontramos viñedos en toda Francia, especialmente en Borgoña, y hoy día rinden tanto como el cultivo del trigo.

Todas las regiones vinícolas de Francia son de población muy densa, pues la explotación racional de las viñas requiere mucha mano de obra.

La madurez de los racimos exige alrededor de doscientos días de una temperatura media de 18 grados. Provenza y, sobre todo, el Languedoc producen grandes cantidades de vino destinado al consumo corriente. Los viñedos mediterráneos aportan la mitad de la producción francesa.

En su origen, las vides se plantaban únicamente en la falda de las colinas, pero el cultivo se ha extendido a las llanuras. Este monocultivo se ha desarrollado hacia el sur hasta el Rosellón y la Camargue. La región del Bajo Ródano produce un vino excelente y de fama mundial, como el cháteauneuf-du-pape.

En la Champagne, Alsacia y Borgoña se dan vinos de gran calidad. Los viñedos del sudoeste constituyen la transición entre el norte y el Mediterráneo y de ellos se elaboran los deliciosos vinos de Burdeos, así como el coñac y el armañac.

Los viticultores del mediodía no tienen que preocuparse de preservar las vides del frío, pero la naturaleza del suelo y la protección de las cepas contra los insectos representan graves problemas. A veces un año malo provoca la quiebra de una empresa.

Aunque la cosecha haya dado excelentes resultados, queda por hacer un minucioso trabajo del que dependerá la calidad del vino. Hecha la selección de las uvas, se aplastan éstas o se pisan. El fermento que posee la uva en la piel empezará a actuar en la masa de las uvas aplastadas. Si se trata de obtener vinos tintos, no se separa el zumo para que al fermentar la masa, absorba ésta la materia colorante de la uva. Si no es así, el zumo se separa antes de que empiece la fermentación. Ésta hace que una parte del azúcar se transforme en alcohol y en anhídrido carbónico, que se desprende.

bodega de vinos en francia

Antigua prensa de uvas y barriles para el añejamiento del vino

Durante esta operación debe vigilarse el mosto: hay que airearlo, enfriarlo y calentarlo según las circunstancias. La temperatura más favorable para la fermentación está comprendida entre los 25 y los 32°. Al llegar a los 42° la fermentación se detiene. Entonces se trasiega y se pone en toneles, y la parte espesa se deja en las cubas. Esta operación se repite varias veces.

El vino sufre todavía otras muchas manipulaciones para asegurar su conservación o preservarlo de impurezas. Los vinos de grandes cosechas envejecen en toneles y sólo se envasan al cabo de dos, tres o cuatro años.

En cuanto a los vinos de Champaña, se envasan cuando son muy nuevos y fermentan en las botellas. La presencia del anhídrido carbónico hace que el champaña sea espumoso. La eliminación de los posos formados por la fermentación es todo un arte, pues hay que colocar las botellas inclinadas boca abajo durante cierto tiempo para que el poso se deposite en el gollete.

Entonces se deja escapar un poco del contenido de la botella a fin de que arrastre todas las impurezas. Las botellas se cierran definitivamente después de haber añadido un licor más o menos azucarado según la clase de champaña.

El nacimiento del champagne

botella champage perignon
Es poco probable que un vino como el Champagne haya tenido un auténtico inventor, pero los escritores atribuyeron la paternidad a dom Pierre Péri-gnon, monje benedictino de la abadía de Hautvillers, cerca de Épernay. a fines del siglo XVII. Dom Pérignon mejoró sistemáticamente el tinto ya célebre de la región: se dedicó a desarrollar un vino muy pálido, casi blanco, a partir de las mejores pinot noir, con una vendimia esmerada y un prensado rápido seguido de la mezcla delicada de los diferentes pagos del viñedo. También consiguió producir un vino blanco efervescente, pero, en aquella época, toda presencia de gas en la botella era signo de una vinificación defectuosa. Hubo que esperar todavía dos siglos hasta que espumoso y champagne se convirtieran en sinónimos.
Un autor inglés evocó el champagne «espumoso» en 1664 y la primera mención de las burbujas apareció en Francia en 1712, cuando la corte del duque de Orleans lanzó la moda de esta nueva bebida. No obstante, a fines del siglo XVIII, sólo el 10 % de los vinos de Champagne eran espumosos, mientras que la mayor parte de la producción se elaboraba en vino blanco natural (especialmente de Sillery) y tinto.

Ver Mapa Regiones Vinícolas de Francia

tabla de produccion de vino en el mundo

La gama de los vinos franceses
Una de las razones del predominio de Francia reside en la extraordinaria gama de vinos que produce. La diversidad de sus climas permite hacer desde blancos ligeros en el Loira hasta tintos potentes en el sur. Francia ha sabido aprovechar sus ventajas geográficas para imponer vinos o regiones vinícolas que reinan en todo el planeta. Burdeos, Borgoña y Champagne son zonas que elaboran estilos de vino aún no igualados, aunque a menudo imitados. Mouton-Rothschild, Chambertin, Krug… son los nombres más famosos que existen.

Luego están el Loira, el Ródano y Alsacia, que quizá producen vinos más inimitables. Sin olvidar el gran número de denominaciones y de regiones de donde proceden los vinos más tradicionales: Cahors y Madiran, Provenza o Jura. Todas estas regiones, y otras, elaboran también algún vino fino, reputado en el extranjero. Finalmente, existe toda una serie de vinos bastante desconocidos fuera de las fronteras francesas, e incluso fuera de su propia región de origen, pero que ofrecen una gran variedad: el «blanquette» de Limoux, por ejemplo, el maravilloso marcillac tinto de las colinas de Aveyron, o los deliciosos, y sorprendentes, blancos de Bellet, cerca de Niza.

Hay que mencionar también las regiones vinícolas de gran producción, donde se pueden encontrar islotes de calidad entre los vinos baratos de mezcla: los caldos del Languedoc, los vinos del Minervois o de Cor-biéres, sin olvidar los vinos dulces naturales, típicamente franceses.

Estos vinos tienen más de dos siglos de antigüedad. De hecho, había más antes de que la filoxera y la evolución comercial forzaran a muchos viticultores a reconvertirse, dejando sus viñedos yermos. Sin embargo, durante la década de los 80, se desató una oleada de innovaciones en las regiones vinícolas francesas, del sur principalmente, dando nacimiento a nuevos estilos de vinos. A la lista de los grandes y menos grandes clásicos se han añadido vinos muy prometedores.

En las colinas del Midi, la recuperación de la tradición de vides viejas y bajos rendimientos, unida a los últimos progresos de la tecnología, se ha traducido en la producción de vinos cuya calidad entusiasma a los catadores de París, de Londres o de Nueva York. Hay que destacar que el mismo fenómeno se ha extendido a Provenza, al sur deRódano y al suroeste.

Vocabulario del Vino Francés: Los términos sobre la cata, la producción y la descripción están definidos en el glosario. He aquí ciertos términos particulares que se pueden encontrar en las etiquetas o en las clasificaciones de vinos:

Millésime: año de la cosecha.

Mise en bouteilles au cháteau/domaine: embotellado en el lugar de producción. También puede tratarse de una bodega cooperativa.

Mise en bouteilles dans nos caves: se refiere en general a las bodegas de un négociant.

Négociant: comprador que revende a mayoristas y a grandes superficies o a importadores extranjeros.

Négociant-eleveiir: compra el vino, lo mezcla, lo cría en sus bodegas y lo embotella.

Négocíant-embouteilleur: procede al embotellamiento y gestiona existencias.

Vignoble: puede ser una sola parcela de terreno o de toda una región. En este caso está subdividido en zonas.

Propriétaire-récoltant: propietario de un viñedo que también produce su vino.

Vigneron: puede tratarse tanto de un vendimiador como de un viticultor propietario.

Ver: Historia del Vino

Ver: Vinos de España

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – Los Vinos de Francia
Enciclopedia del Vino Editorial Larousse – Los Vinos Franceses

Industria Vinicola en España Regiones, Producción, Variedades de Uvas

Industria Vinícola en España Regiones, Producción, Variedades de Uvas, Historia

El cultivo de la vid parece casi tan antiguo como el hombre mismo. La tradición judía  otorga tal paternidad a Noé, y la griega tiene que remontarse a épocas mitológicas para encontrar al primer viticultor en la divinizada figura de Dioniso (Baco).  Los griegos introdujeron la viticultura y enología en Italia y pronto los vinos romanos estuvieron en condiciones de competir con los griegos. Durante la gloriosa época del imperio los romanos extendieron el cultivo de la vid por todas las regiones soleadas de Europa, especialmente por España, demostrando ya un hábil conocimiento de las técnicas vinícolas.

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La propagación del cristianismo en España resultó muy favorable al desarrollo de la viticultura. Conoció un auge extraordinario du rante los siglos XI y XII. Indispensable el vino para el sacrificio en la misa, no era de extrañar en mayor o menor escala se favo reciera su cultivo en las proximi dades de las iglesias y monasterios románicos que durante aquellos siglos se erigían.

España, con la mayor extensión de viñedo del planeta, es el tercer productor de vino de la Unión Europea, después de Italia y Francia, y el cuarto a escala mundial. Afamada por sus vinos generosos, como el conocido jerez, produce también vinos tintos, blancos y espumosos, que van desde el más modesto hasta el más refinado. La personalidad de los vinos españoles está fuertemente marcada por la geografía del país.

En efecto, España se compone de una extensa meseta central situada a 650 m. por encima del nivel del mar y rodeada por todas partes de macizos montañosos. La viticultura se practica en todo el territorio nacional. Los mejores vinos proceden de variedades que gustan de la altitud (hasta 500 m. en la Rioja Alta y en la Rioja Alavesa; entre 700 y 800 m. en el Alto Penedés y en Ribera del Duero). Estas viñas gozan de una excelente insolación y, al mismo tiempo, no sufren de la canícula ni de noches demasiado frías.

tabla de produccion de vino en el mundo

Italia, con una producción de vino próxima a los 45 millones de hectolitros (hl), se sitúa a la cabeza de esta clasificación de la economía mundial, por delante de Francia y España, cuyas producciones estimadas ascienden a 44 y 40 millones de hectolitros, respectivamente.

Una división geográfica
La mayoría de los grandes vinos de mesa españoles provienen de las regiones septentrionales; es decir, de oeste a este, Galicia, valles del Duero y del Ebro, y Cataluña. Por el contrario, los mundialmente famosos vinos generosos proceden de las zonas meridionales (Huelva, Montilla-Moriles, Jerez y Málaga). Los mejores pagos se encuentran a menudo en los suelos relativamente pobres de los valles montañosos, sobre subsuelos de arcilla.

En contrapartida, los valles fluviales del Ebro y del Duero son ricos en tierras aluviales. El clima español goza de la misma diversidad: el oeste sufre la influencia del Atlántico, que aporta frescor y humedad; las zonas interiores central y septentrional conocen un clima de tipo continental con veranos cálidos e inviernos fríos; la costa este tiene un clima mediterráneo. Pero, al margen de esos macroclimas, se pueden distinguir numerosos microclimas, que son decisivos para la aclimatación de las diferentes variedades viníferas.

Así, por ejemplo, el Penedés costero tiene un microclima mediterráneo ideal para ciertas variedades tintas como la garnacha; pero en el Penedés medio ya se cultivan cabernet sauvignon y chardonnay; y un poco más en el interior -aunque a unos 800 m. de altitud-, en el Penedés superior, se aclimatan perfectamente las variedades blancas aromáticas como la parellada, la riesling, la gewürztraminer, etc.

España ocupa el tercer puesto entre los países vinícolas del mundo, después de Francia e Italia. Puede decirse que no existe región alguna de la península en la que no se cultive la vid y en la que no se produzcan vinos de extraordinaria calidad. Famosos en todo el mundo son los vinos de la Rioja, Andalucía, la Mancha, Cataluña, Aragón, etc., buena parte de los cuales se destinan a la exportación. El vino es una de las grandes riquezas de España

La historia del vino en España
Hace 3.000 años, los fenicios transportaron la Vitis vinifera desde su cuna originaria en el Mediterráneo oriental hasta la costa catalana y levantina, llegando por el sur hasta Gadir (Cádiz) y Tartessos. Los vinos más apreciados del Mediterráneo habían sido siempre los tintos, bien pigmentados y madurados al sol. Así eran los vinos «oscuros» que bebíanlos griegos en sus colonias ibéricas.

Los romanos, 1.000 años más tarde, aportaron sus propios métodos de elaboración, que consistían en prensar las uvas -sin despalillar- en lagares de piedra, dejándolas fermentar de modo natural.

Este método «rural» todavía se emplea localmente en algunas zonas, como la Rioja Alavesa, para producir vinos tintos jóvenes. El cultivo de la vid prosiguió luego bajo el dominio de los moros, pero esencialmente para la uva de mesa. A partir de su unificación, en 1492, España no cesó de prosperar y, paralelamente, de producir y consumir cada vez más vino.

Los vinos de graduación generosa (jereces, malvasías canarias, vinos dulces catalanes, fondillones de Alicante) fueron los primeros en adquirir fama internacional, dado que se podíar. exportar y soportaban las largas travesías por mar protegidos por su riqueza alcohólica. Por este motivo, aparecen ya citados por los más ilustres clásicos, desde Chaucer hasta Shakespeare. Su prestigio llega hasta d siglo XIX, cuando todavía Dumas hace jurar a sus mosqueteros por el vino de Alicante.

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España es el país de la Unión Europea que posee la mayor extensión de tierra plantada de vides. Las zonas de viñedo están dispersas por todo el país y delimitadas por el relieve: una extensa meseta central rodeada por cadenas de montañas perforadas regularmente por largos valles fluviales. De modo esquemático se podría decir que el norte de España . produce vinos de mesa, el centro vinos comunes y el sur vinos de aperitivo -como el jerez- o vinos de postre. En este mapa vemos las denominaciones de origen (DO) del país y la única denominación de origen calificada (DOCa). Rioja.

España produce gran variedad de vinos. Apenas hay provincia en el territorio nacional —las húmedas del norte son las menos productoras— que no pueda enorgullecerse de sus vinos, y se ha afirmado que la cartografía vitivinícola española es tan amplia como la geográfica, pues no sólo regiones y provincias, sino también comarcas e incluso pueblos y lugares relativamente pequeños dan sus nombres a afamados vinos. Algunas de tales poblaciones han adquirido en este sentido resonancia mundial, como los buenos y generosos vinos de Jerez y Málaga, Moriles-Montilla (Córdoba), Valdepeñas (la Mancha), etc.

Dentro de la nación tienen renombre, debido al gran número de tipos y variedades, los vinos de Haro, en la Rioja (sobre todo gustosos vinos de mesa de la Rioja Alta), Cariñena (Aragón), Tudela (Navarra), etcétera. En Cataluña son notables los tintos del Priorato y se producen vinos generosos, espumosos y malvasías. Alella (Barcelona), Valls (Tarragona), Villafranca del Panadés y San Sadurní de Noya son importantes centros vinícolas de la región catalana.

En levante se producen exquisitos vinos de mesa en Sagunto, Requena, Utiel, Denia, Jumilla, Yecla y Mazarrón. Más hacia el interior, en la parte meridional de la meseta, gozan de asta fama los de Valdepeñas y Manzanares (Ciudad Real). Junto a los tintos del Priorato, mantienen su secular prestigio los de Guadalcanal (Sevilla).

Toro (Zamora), y Montánchez (Cáceres), ña olvidar los del Condado (La Palma del Condado y Moguer, en la provincia de Huelva) y los de Ribeiro y Trives en Orense. En el húmedo país vasco se cultiva el típico chacolí, vino ligero y algo agrio. Finísimos son los vinos blancos de Rueda y Nava del Rey, en la provincia de Valladolid.

La variedad del amontillado, que tiene su origen en la población de Montilla (Córdoba), puede obtenerse también en Jerez de la Frontera. Los buenos vinos generosos de esta ciudad gaditana se han dado a conocer internacionalmente con las denominaciones de Xeres y Sherry.

Se elaboran con uva blanca y se guardan en bodegas no subterráneas, donde adquieren «solera». Existen imitaciones de ellos en el extranjero —en Inglaterra,  por ejemplo—,  donde  se aplican semejantes procedimientos. Dejaremos, finalmente, constancia de los vinos de mesa menorquines y de los moscateles canarios.

Como puede verse, el mapa vinícola español no sólo comprende toda la península, sino las islas. La calidad de estos vinos es tal que se exportan en gran cantidad a todos los países del mundo.

Desde principios de la década de los 80, una nueva generación de empresarios se hizo cargo de muchas cooperativas que estaban atravesando momentos difíciles o sencillamente contrató sus servicios, exigiéndoles una calidad irreprochable. Al mismo tiempo, el coste de las instalaciones modernas de vinificación iba bajando hasta el punto de que podían dotarse de ellas incluso empresas de tamaño reducido. La crianza de los vinos se hace indistintamente en cavas subterráneas o en naves situadas en superficie. Los vinos generosos, protegidos por el alcohol y por el velo de levaduras de flor, se benefician de la crianza en superficie en las típicas bodegas jerezanas, caracterizadas por su techos altos y sus arcos de medio punto. Por el contrario, los delicados vinos de mesa se crían mejor en las cavas subterráneas, ya que así gozan de excelentes condiciones de oscuridad, frescor, humedad, etc. Lo mismo ocurre con los vinos espumosos españoles, que reciben el nombre de «cavas» precisamente porque también se elaboran con una crianza en largas galerías subterráneas.  

LA LEGISLACIÓN ESPAÑOLA: España está sometida a la legislación de la Unión Europea, que define dos categorías de vinos: los «vinos de mesa» y los VCPRD (vinos de calidad producidos en regiones determinadas), equiparables a las actuales DO.

Niveles de calidad
Aparte de las clasificaciones oficiales, España conserva sus diversas denominaciones, inspiradas en el sistema francés, pero también sus designaciones, en un esfuerzo por informar a los consumidores.

Vino de mesa es la categoría básica. Los vinos pueden proceder de cualquier zona de España y no llevar mención de origen geográfico ni de cosecha. El término «vino de mesa» puede ir seguido por el nombre de una región. Se trata de una categoría intermedia entre el «vino de mesa» y el «vino de la tierra». Veintiocho comarcas tienen el derecho de utilizar su nombre para describir un vino, por ejemplo el Vino de Mesa de Betanzos.

Esta categoría de vino se suele llamar «vino comarcal». También se emplea este tipo de identificación para los vinos que no entran en el sistema de denominaciones (véase más abajo). Por ejemplo, Yllera, en Castilla y León, que toma el nombre de su autonomía: Vino de Mesa de Castilla y León.

Estos vinos pueden llevar la mención de añada y tener una calidad igual o superior a la de muchos vinos con denominación de origen. Así ocurre ya en otros países europeos, como Italia, donde algunos elaboradores se apartan de la rutina tradicional y refugian sus vinos más interesantes y peculiares bajo estas menciones.

Vino de la tierra es el que procede de una de las 28 zonas delimitadas reconocidas por su carácter específico y que aspiran a un futuro estatuto de DO.

Denominación de origen (DO) es la categoría más extendida entre los vinos de calidad. Esta denominación se da a los vinos que responden a ciertos componentes de cepas, un modo de cultivo y un origen geográfico. El estatuto de DO es comparable a la AOC francesa o a la DOC italiana.

Denominación de origen calificada (DOCa) es una especie de «súper DO» reservada a vinos que cumplen criterios muy precisos de calidad y regularidad. Rioja ha obtenido ya el derecho a ostentar esta denominación a partir de la cosecha de 1991; pero otras regiones españolas siguen muy de cerca el mismo camino.

Las designaciones de los vinos La legislación española se ha armonizado para que los términos que califican los vinos sean usados siempre en el mismo sentido y bajo el mismo criterio.

Vino joven: embotellado inmediatamente después de su clarificación, también se llama «vino del año». La Subdirección General de Denominaciones de Calidad (antiguo INDO) trata de estimular la sustitución del término «sin crianza» por «joven» para calificar un vino que no ha sido criado en madera. Algunos vinos «sin crianza» pueden haber envejecido un año en depósito antes de mejorar media docena de años en botella.

Vino de crianza: depende de las reglamentaciones de cada DO. En líneas generales es un vino que puede comercializarse después de haberse añejado dos años enteros, de los cuales seis meses o doce por lo menos en barricas de roble.

En algunas regiones, como Rioja y Ribera del Duero, es difícil encontrar vinos de crianza con menos de 12 meses en barrica. Los crianzas blancos o rosados deben envejecer un año en bodega, de los cuales seis meses en barrica.

Reserva: el vino tinto tiene que envejecer tres años en bodega, de los cuales uno, por lo menos, en barrica, y ser comercializado en su cuarto año. Para el rosado y el blanco, la espera es de dos años, seis meses en barrica, y pueden ser comercializados en su tercer año.

Gran reserva: esta categoría sólo existe para las añadas particularmente logradas. Los tintos deben madurar cinco años, de los cuales un mínimo de dos en madera, y ser vendidos en su sexto año. Los gran reserva blancos y rosados son muy raros. Han de ser criados durante cuatro años, seis meses por lo menos en barrica, y no comercializarse antes de su quinto año.

Leer una etiqueta
La etiqueta principal del vino índica su nivel en la jerarquía; pero generalmente se encuentran los datos más útiles en una contraetiqueta pegada al dorso de la botella o en un sello de papel encolado por encima del tapón. La contraetiqueta lleva la sigla oficial del Consejo Regulador (el organismo de tutela de las DO), un número de orden que permite identificar el origen de la botella y, a menudo, un mapa del viñedo del que procede.

Cada región tiene su propia rutina burocrática en la importancia que concede a una u otra mención en las etiquetas. Al margen de estas preferencias de mercadotecnia, todos los vinos españoles embotellados cumplen las normativas de las etiquetas de la UE, indicando marca, elaborador, denominación de origen, grado, capacidad de la botella, añada, tiempo de crianza, etc. La lectura de la contraetiqueta, en los casos en que está bien documentada, puede aportar mucha información al consumidor.

Ver: Historia del Vino

Ver: Vinos de Francia

Fuente Consulatad:
LAROUSE de los Vinos Los Secretos del Vino- Países y Regiones Viticolas
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa  Tomo 2 Los Vinos de España

   

España Primitiva Pre Romana Pobladores y Cultura

España Primitiva Pre Romana
Pobladores y Cultura

ESPAÑA PRERROMANA
Tiempos prehistóricos
España se halla situada en la península Ibérica, separada del África por el estrecho de Gibraltar, y de Francia por los montes Pirineos.

Poco se sabe acerca de los primeros habitantes. Los más antiguos —período del paleolítico inferior— trabajaban la piedra a golpes para obtener hachas de mano.

En el paleolítico superior habitó en la península la raza de Cro-Magnon, formada por hombres de alta talla que sabían dominar el fuego y cubrían su cuerpo con pieles de animales. De este período han quedado expresiones de arte rupestre en las paredes de las cavernas que utilizaban como viviendas.

En las Cuevas ce Altamira (Santander) se han encontrado figuras de bisontes, jabalíes, un caballo salvaje y una cierva; los contornos son incisiones y las pinturas realizadas con materias colorantes naturales.

En el V y IV milenios (a. C). pueblos procedentes de! norte de África —o quizás del valle del Danubio— penetraron en España e introdujeron la cultura neolítica. Conocían la agricultura y la ganadería, mejoraron las armas de piedra y fabricaron vasijas de barro cocido.

La abundancia de cobre y estaño brindó características particulares a la cultura del bronce, cuyas muestras más importantes se han encontrado en las ruinas de la localidad de El Agar (Almería).

La utilización del hierro marca el comienzo de los tiempos históricos.

mapa de espana pre romana

Primeros pobladores históricos
Se afirma que, en los comienzos de los tiempos históricos, los más antiguos pobladores de España fueron los iberos —que penetraron por el sur— probables integrantes de un grupo racial de tipo mediterráneo-africano. Sin embargo, otros estudiosos sostienen que los primeros habitantes de esa época fueron los ligures, llegados a la península por el norte.

En la región sur de la península (Andalucía, parte de Murcia y Alicante) floreció una brillante civilización, la de los Tartesios, cuya antigüedad no puede precisarse pero que seguramente es muy remota. Su origen es incierto, aunque algunos historiadores creen que este pueblo pertenece a la familia de los iberos. Los tartesios formaron un gran imperio comercial que tuvo importantes relaciones con los mercaderes fenicios y griegos.

En el siglo VI (a. C.) penetraron en España los celtas, pueblo de origen indoeuropeo que procedía de las costas del mar del Norte. Luego de cruzar los Pirineos, los recién llegados ocuparon la parte noroeste de la península. Eran altos, rubios y vigorosos; llevaban armas y utensilios de hierro e introdujeron en España ese tipo de cultura.

Los celtas se dividieron a su vez en cuatro ramas: los lusitanos y los gallegos, que ocuparon el oeste de la península —en el sur y en el norte, respectivamente—, y los astures y los cántabros que se instalaron en la parte meridional sobre las costas del mar Cantábrico.

Los celtas se extendieron por toda la península, especialmente en la región occidental. Pero en la meseta la penetración fue contenida por los iberos, quienes se opusieron al avance de los invasores.

Se afirma que de ese contacto se produjo la fusión de las dos razas en una sola que se llamó de los celtíberos. En el siglo IV (a. C.) la zona central de España estaba ocupada por este nuevo pueblo, mientras que en el norte y en el sur seguían dominando los celtas e iberos, respectivamente.

Cultura
Si bien las manifestaciones artísticas de la España primitiva poseen caracteres propios, es indudable que fueron notablemente influidas por los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. Por tal causa, los pobladores de la región sudoriéntal muestran rasgos culturales muy distintos de los que poseen los habitantes del interior, que vivieron alejados de esas influencias.

Los fenicios estimularon la industria y el comercio; además, introdujeron objetos artísticos de oro, plata, marfil y vidrio, con marcados caracteres orientales.

Los griegos gravitaron enormemente en el aspecto cultural y artístico. Lo demuestran la acuñación de monedas y, sobre todo, la arquitectura y la escultura. Los españoles no se limitaron a copiar los modelos griegos, sino que asimilaron el arte helénico y supieron darle caracteres propios.

En la región sudoriental, de cultura más desarrollada y que recibió mayor Influencia griega, se han encontrado restos de numerosas poblaciones y santuarios construidos en lugares elevados así como también valiosas piezas escultóricas, entre las que se destacan: La Leona de Bocairente y la famosa Dama de Elche.

Leona de

Leona de Bocairente

la dama de elche

Dama de Elche: 
La dama de Elche, junto a la dama del Cerro de los Santos y la de Baza (las tres en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid) son tres excepcionales ejemplos de escultura ibérica. Es un busto de carácter funerario con influencias del arcaísmo griego y el arte púnico. Resalta la ornamentación de su tocado con dos rodetes a ambos lados del rostro. Se trata de un busto femenino en piedra caliza, descubierto en 1897 en La Alcudia (Elche). Ricamente alhajada, lleva una tiara ceñida con una diadema, dos grandes ruedas sobre las orejas para recoger el pelo y collares sobre el pecho. Algunos especialistas consideran que el orificio que presenta en la espalda corresponde a una urna cineraria.
Fuente Consultada:Historia I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel