Maquiavelo

El Principe de Maquiavelo Que es Mejor Ser Amado o Temido?

Maquiavelo:De la crueldad y la clemencia:
Y sí es mejor ser amado que temido o ser temido que amado

MaquiaveloPaso a las otras cualidades ya citadas y declaro que todos los príncipes deben desear ser tenidos por clementes y no por crueles. Y, sin embargo, deben cuidarse de emplear mal esta clemencia. César Borgia era considerado cruel, pese a lo cual fue su crueldad la que impuso el orden en la Romaña, la que logró su unión y la que la volvió a la paz y a la fe.

Si se examina bien, se verá que Borgia fue mucho más clemente que el pueblo florentino que, para evitar ser tachado de cruel, dejó destruir a Pistoya.

Por lo tanto, un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos; porque con pocos castigos ejemplares será más clemente que aquellos que, por excesiva clemencia, dejan multiplicar los desórdenes, causa de matanzas y saqueos que perjudican a toda una población, mientras que las medidas extremas adoptadas por el príncipe sólo van en contra de uno.

Y es sobre todo un príncipe nuevo el que no debe evitar los actos de crueldad, pues toda nueva dominación trae consigo infinidad de peligros. Así se explica que Virgilio ponga en boca de Dido:

Res dura et regni novitas me
[talía cogunt Moliri, et late fines custode tueri. *

(*) El duro estado y la novedad del reino, a estos modos me fuerzan y, recelando de todos, cuidan las costas.

Sin embargo, debe ser cauto en el creer y el obrar, no tener miedo de sí mismo y proceder con moderación, prudencia y humanidad, de modo que una excesiva confianza no lo vuelva imprudente, y una desconfianza exagerada, intolerable.

Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado. Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro. Mientras les haces bien, son completamente tuyos: te ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, pues —como antes expliqué— ninguna necesidad tienes de ello; pero cuando la necesidad se presenta, se rebelan.

Y el príncipe que ha descansado por entero en su palabra va a la ruina, por no haber tomado otras providencias; porque las amistades que se adquieren con el dinero y no con la altura y nobleza de alma son amistades merecidas, pero de las cuales no se dispone, y llegada la oportunidad no se las puede utilizar.

Y los hombres tienen menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo y no se lo pierde nunca. No obstante lo cual, el príncipe debe hacerse temer de modo que, si no se granjea el amor, evite el odio, pues no es imposible ser a la vez temido y no odiado; y para ello bastará que se abstenga de apoderarse de los bienes y de las mujeres de sus ciudadanos y súbditos, y que no proceda contra la vida de alguien sino cuando hay justificación conveniente y motivo manifiesto; pero sobre todo abstenerse de los bienes ajenos, porque los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio. Luego, nunca faltan excusas para despojar a los demás de sus bienes, y el que empieza a vivir de la rapiña siempre encuentra pretextos para apoderarse de lo ajeno, y por el contrario, para quitar la vida, son más raros y desaparecen con más rapidez.

Pero cuando el príncipe está al frente de sus ejércitos y tiene que gobernar a miles de soldados, es absolutamente necesario que no se preocupe si merece fama de cruel, porque sin esta fama jamás podrá tenerse ejército alguno unido y dispuesto a la lucha.

Entre las infinitas cosas admirables de Aníbal se cita la de que, aunque contaba con un ejército grandísimo, formado por hombres de todas las razas a los que llevó a combatir en tierras extranjeras, jamás surgió discordia alguna entre ellos ni contra el príncipe, así en la mala como en la buena fortuna. Y esto no podía deberse sino a su crueldad inhumana que, unida a sus muchas otras virtudes, lo hacía venerable y terrible en el concepto de los soldados; que, sin aquella, todas las demás no le habrían bastado para ganarse este respeto. Los historiadores poco reflexivos admiran, por una parte, semejante orden, y por la otra, censuran su razón principal.

Que si es verdad o no que las demás virtudes no le habrían bastado puede verse en Escipión —hombre de condiciones poco comunes, no sólo dentro de su época, sino dentro de toda la historia de la humanidad— cuyos ejércitos se rebelaron en España.

Lo cual se produjo por culpa de su excesiva clemencia, que había dado a sus soldados más licencia de la que a la disciplina militar convenía. Falta que Fabio Máximo le reprochó en el Senado, llamándolo corruptor de la milicia romana. Los locrios, habiendo sido ultrajados por un enviado de Escipión, no fueron desagraviados por este ni la insolencia del primero fue castigada, naciendo todo de aquel su blando carácter.

Y a tal extremo, que alguien que lo quiso justificar ante el Senado dijo que pertenecía a la clase de hombres que saben mejor no equivocarse que enmendar las equivocaciones ajenas. Este carácter, con el tiempo habría acabado por empañar su fama y su honor, de haber llegado Escipión al mando absoluto; pero como estaba bajo las órdenes del Senado, no sólo quedó escondida esta mala cualidad suya, sino que se convirtió en su gloria.

Volviendo a la cuestión de ser amado o temido, concluyo que, como el amar depende de la voluntad de los hombres y el temer, de la voluntad del príncipe, un príncipe prudente debe apoyarse en lo suyo y no en lo ajeno, pero como he dicho, tratando siempre de evitar el odio.

Hobbes Thomas Resumen de sus Ideas Politica Filosofia

Hobbes Thomas El Leviatán
Resumen de Ideas Políticas

PENSAMIENTO E IDEAS POLÍTICAS DE THOMAS HOBBES – EL LEVIATÁN –

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Hobbes sostenía un materialismo mecanicista. Según él todo es material, tanto las cosas naturales como las artificiales e incluso las espirituales. Y la materia se encuentra regida por las leyes del movimiento. Incluso puede verse en Hobbes a un pensador que intentó hacer de la Física del Movimiento de Galileo la ley de toda realidad, siendo que para él no hay otra cosa más que cuerpos en movimiento.

Thomas Hobbes nació el 5 de abril de 1588 en Malmesbury, en Wiltshire, en Inglaterra. Se dice que su madre se puso de parto cuando oyó que la armada española había zarpado hacia Inglaterra, por lo que Hobbes destacó en su biografía que su madre «dio a luz gemelos, yo y el miedo». El miedo, efectivamente, desempeñó un papel esencial tanto en la vida como en la filosofía de Hobbes.   

Su padre era vicario de Charlton y Westport, localidades cercanas a Malmesbury, pero una disputa mantenida a la puerta de la iglesia con otro vicario, provocó su traslado a Londres. Como consecuencia de ello, a los siete años de edad, Thomas Hobbes, quedó bajo la tutela de su tío Francis, hermano mayor de su padre, que se dedicaba al comercio y no tenía más familia.

Estudió filosofía escolástica en Magdalen Hall (Oxford) , estudios que financió su tío, por lo que no lo sedujo para nada, y en 1608 obtuvo el título de Bachiller.En 1610 emprendió un viaje por Europa, acompañando a William Cavendish por Francia, Italia y Alemania, pudiendo observar de primera mano el poco aprecio del que la escolástica gozaba en esas fechas, ya en clara decadencia, y los numerosos intentos por abrir otras puertas al desarrollo del conocimiento.

Entre  1629 y 1631 viaja nuevamente a Europa, pero ya copmo tutor del hijo de Sir Gervase Clinton, donde descubrirá la geometría euclidiana, mediante la lectura de Los Elementos. Cpn este aprendizaje intentó aplicar su método a la defensa de sus ideas políticas.

Los Elementos, de Euclides, que establecen los principios de la geometría, tuvieron una profunda influencia en Hobbes. Esta obra imprimió en él la convicción de la importancia de una definición clara y de una argumentación rigurosa (en Leviatán, Hobbes sugiere que la mayoría de los errores en filosofía son consecuencia de definiciones incompletas). El biógrafo del autor, John Aubrey, explica que a los cuarenta años Hobbes leyó por primera vez a Euclides. Al ver una proposición concreta, declaró: «Por Dios, esto es imposible!». Pero, a continuación, hizo un seguimiento de la prueba hasta sus axiomas iniciales, que parecían evidentes por sí mismos, y llegó a entender que, si se aceptaban los axiomas de Euclides, aquella proposición, como todas las otras, eran consecuencia de una lógica diáfana. Esto inspiró a Hobbe a utilizar un método similar con lo que asentó su filosofía política en verdades generales sobre los seres humanos, que a su vez se basaban en principios metafísicos. Trató de establecer definiciones simples, como la idea de que lo: hombres llaman «bueno» aquello que desean (»Cualquiera que sea, el objeto de un apetito o deseo es aquello a lo que el ser humano llama bueno»; Leviatán, y argumentó a partir de estas definiciones hasta llegar a conclusiones particularmente controvertidas: sobre todo, la de la necesidad de un soberano absoluto. Por desgracia, las demostraciones de la filosofía política hobbesiana nunca parecen tener el rigor y la fuerza de las demostraciones de la geometría euclidiana.

En general, Hobbes se muestra partidario de las explicaciones mecanicistas del universo, frente a las teleológicas, defendidas por los aristotélicos y la escolástica. También tiene ocasión de conocer a Galileo, durante un viaje por Italia en 1636, bajo cuya influencia desarrolla su filosofía social, basada en los principios de la geometría y de la ciencia natural.

Un siglo después, en una Inglaterra convulsa por las luchas civiles entre los partidarios del rey absoluto Carlos I y los defensores de la soberanía del Parlamento, un hombre miedoso y timorato, Hobbes, edificó una grandiosa construcción teórica para justificar la existencia del poder y del estado.

La brutalidad de la guerra, observó Hobbes, constituye un signo de cómo sería la vida sin gobierno, en el «estado de naturaleza». Tal situación, afirmaba Hobbes, seria calamitosa. En ausencia de un gobierno, cada persona sospecharía de manera natural de las demás, con lo que se destruiría cualquier posibilidad de cooperación fructífera. Según Hobbes, todas las personas serían iguales en el sentido de que cualquiera podría matar a otra —al menos con la ayuda de terceros—, de modo que nadie resultaría invulnerable a ataques.

Maquiavelo había descrito simplemente los mecanismos de funcionamiento del poder, Bodin había justificado la necesidad de que en algún lugar del estado radique el centro del poder soberano. Hobbes fue más allá y respondió, desde su perspectiva, a la clásica pregunta ¿por que es necesario el estado?

Según el filósofo, lo bueno para el hombre es todo aquello que le resulta agradable y útil. El primero de todos los bienes estriba en la propia conservación, siendo la muerte el mayor de todos los males. Así, los individuos buscan todo lo que les es grato y llegará un tiempo en que desearán la paz, cuando adviertan los incontables sufrimientos que provocan las discordias y las luchas. A partir de estos datos surge en Hobbes la idea del «derecho natural», que es el fundamento de la teoría del Estado

Maquiavelo había descrito simplemente los mecanismos de funcionamiento del poder, Bodin había justificado la necesidad de que en algún lugar del estado radique el centro del poder soberano. Hobbes fue más allá y respondió, desde su perspectiva, a la clásica pregunta ¿por que es necesario el estado?
En su obra Leviatán, a través de un método deductivo perfectamente hilvanado y basándose en unos principios absolutamente materialistas, Hobbes desciende desde el estudio de los cuerpos y la física al de la psicología humana y de aquí al estudio del funcionamiento de la sociedad y la política. Estos tres estadios son consecuencia uno de otro. Hobbes parte de un criterio sobre la psicología de la naturaleza humana absolutamente pesimista: el hombre recibe, a través de sus instintos, dos tipos de sensaciones: unas, agradables, le producirán placer y bienestar; otras, desagradables, le crearán malestar, dolor. El hombre tiende a potenciar al máximo las primeras y evitar las segundas. Por otra parte, la naturaleza humana incita a conseguir el máximo placer con el mínimo esfuerzo posible; pero los bienes que la naturaleza proporciona al hombre son escasos y difíciles de conseguir.

A partir de aquí Hobbes efectúa una abstracción histórica con el fin de dotar de coherencia a su razonamiento. En la sociedad o mundo primitivo los hombres vivían libremente sin leyes, sin estado, sin gobernantes; se dedicaban a la recolección, a la agricultura, a la ganadería. Ahora bien, guiados por los instintos egoístas, comenzaron a pelear entre ellos por disputarse las mejores tierras, los mejores pastos para el ganado.

Algunos, más astutos, a costa de un esfuerzo mayor, acumulaban grano y cosechas en previsión de años de escasez; pero otros, siguiendo el principio del mínimo esfuerzo, robaban a su vecino, al que no le quedaba otro recurso que defenderse exponiéndose a perder la vida y la de los suyos. Así, esa sociedad primitiva era una «guerra de todos contra todos»; los hombres eran libres, pero a cambio de no tener seguridad ni siquiera para sus vidas, a cambio de no poder garantizar el disfrute de su trabajo, de no poder potenciar al máximo su bienestar personal, porque éste se basa en la acumulación de las riquezas, en el aumento del poder personal, imposibles en la sociedad primitiva en la que el hombre era «un lobo para con los demás hombres».

Frente a tal situación, los hombres decidieron prescindir de la libertad absoluta que tantos prejuicios le ocasionaba y pactaron una sociedad política organizada. Para ello, cedieron una parte de su libertad personal a un tercero, el más apto, el más inteligente y soberano, para que pusiera orden al caos, para dictara unas leyes y obligara a su cumplimiento, castigando a los transgresores. Este soberano común, es decir el estado, instituido por todos los hombres, si se justifica y si garantiza aquello para lo que fue creado el mantenimiento de la seguridad, del orden, del del cual los hombres puedan disfrutar de sus bienes de sus propiedades.

La existencia de un gobierno o soberano crea las condiciones gracias a las cuales es posible confiar unos en otros, y de resultas disfrutar de todos los beneficios de la cooperación. Además, Hobbes creía que tal institución debía tener un poder absoluto e ilimitado para poder garantizar la paz. La defensa que hizo Hobbes de la soberanía absoluta no convenció a mucha gente. Una crítica importante es que muchas personas tendrían más motivos para temer a un tirano que a otros seres humanos en el estado natural. Otra objeción es que el absolutismo es innecesario, pues incluso un soberano con poderes más limitados, quizá por una constitución, podría acabar con la guerra de todos contra todos.

En 1672 termina su autobiografía, que trasladará posteriormente a verso, en latín. Tres años después publicará su traducción de la Iliada y de la Odisea. Muere el 4 de diciembre de 1679, en Hardwick, a la edad de 91 años.