Los Mongoles

Reformas Urbana en París del Barón Haussmann con Napoleón III

LA VIDA EN PARIS DURANTE EL GOBIERNO DE NAPOLEÓN III

LA VIDA PARISIENSE: Durante los primeros años del gobierno de Napoleóm III, Francia estaba feliz, o bien, pareccía serlo. En todo caso el emperador reinaba sin competir el poder. La vida política casi no existía. La oposición oposición  republicana estaba dominada o en el exilio; por más que Víctor Hugo fustigaba a «Napoleón el Pequeño», sus ideas apenas conseguían abrirse camino. La prensa estaba amordazada y bajo la continua amenaza de una amonestación que podía llevar consigo la desaparición del periódico.

Las mismas elecciones no alcanzaban a despertar a los franceses de su apatía política. Eran los prefectos, que disponían de plenos poderes, quienes las manejaban: escogían los candidatos adictos al régimen y favorecían su propaganda; al mismo tiempo, los candidatos de la oposición se encontraban con muchas dificultades: no conseguían hallar salas de reuniones; los impresores, ante las presiones oficiales, se mostraban vacilantes, etc. Los mismos patronos de las fábricas incitaban a los obreros a que votasen «bien», ya que, en caso contrario, correrían el riesgo de ser despedidos. A todo esto se denominaba candidatura oficial.

Una misa en Paris

Una misa en una capilla de Paris

Algunas gentes, en los salones parisienses, se burlaban de ello, o hacían chistes; pero era una oposición estéril La pasión po-lícita estaba extinguida No era tiempo de grandes esperanzas revolucionarias. Los franceses habían abandonado un idealismo que se juzgaba pasado de moda, por un realismo vulgar: ganar dinero y divertirse. Los bancos se desarrollaban rápidamente, en una época en que la estabilidad política estimulaba las inversiones.

El Gobierno daba el ejemplo, emprendiendo grandes obras. Era el momento de los ferrocarriles; y las carreteras se desarrollaban igualmente. A petición de Napoleón III, el prefecto del Sena, barón Haussmann, emprendió la reconstrucción de París. Era conveniente que el emperador del pueblo tuviera la más hermosa capital del mundo, que el dinamismo del soberano por elección rompiera con el mediocre tradicionalismo de los príncipes hereditarios de la vieja Europa.

París debía ser la capital del mundo. Por tanto, tenían que desaparecer los tugurios y los barrios inmundos: era necesario también dar muestras de un humanitario desvelo.

Haussmann comenzó a hacer derribos, y a trazar, a través de todo París, grandes avenidas modernas. Estas serían bellas y famosas; por otra parte, tendrían la ventaja, al no estar empedradas, sino cubiertas con macadán, de impedir el levantamiento de barricadas sirviéndose del pavimento; por último, el ejército podría en ellas disparar fácilmente en los disturbios.

Barón Houssmann

Georges Eugène Haussmann (1809-1891), político y urbanista francés, responsable de la drástica remodelación del trazado de París durante el reinado de Napoleón III (1852-1870). Fue el encargado de llevar a cabo las reformas que necesitaba el área de París en un escaso periodo de tiempo.Haussmann propuso una nueva ciudad, heredera de los esquemas barrocos de perspectivas y simetrías. Urbanizó la periferia, abrió nuevas calles anchas y rectilíneas, trasladó las estaciones de tren fuera del núcleo urbano, conectadas por una trama racional, organizó nuevos parques (como el Bois de Boulogne), construyó numerosos edificios públicos y planteó un nuevo sistema de alcantarillado y abastecimiento de agua.

Todo  esto  significaba  gastos,   especulación, realización de negocios. Todo el mundo se benefició un poco de ello. Se hicieron algunas fortunas colosales. Morny continuó siendo uno de los mejor situados.

Época de actividad febril, pero también de diversiones, en la que reinaba sobre la vida parisiense, Jacques Offenbach, al son de cuyas ligeras melodías bailaba todo París, así como los innumerables viajeros que acudían allí a distraerse. «Los cuentos de Hoffmann» y «La Bella Elena», obras amables, músicas sencillas y alegres, caracterizaron a esta época, que no buscaba más que la diversión, dejando a otros el cuidado de dirigir el país.

La moral era poco rígida. Si, en la Corte, la nobleza se dedicaba a juegos inocentes como el de la gallina ciega, en otros sitios reinaban las mujeres fáciles, que se paseaban por el Bosque de Bolonia en magníficos carruajes, a la espera de conquistar a los caballeros ricos, deseosos de mostrar al todo París su buena fortuna, y capaces de arruinarse por estas mujeres. El mismo emperador, a su vez, multiplicaba sus aventuras amorosas.

Las clases inferiores participaban, asimismo, de la euforia general. La riqueza del país iba en aumento: el ahorro se desarrolló hasta doblar sus efectivos, el consumo fue en pos de los progresos de la industria, los grandes almacenes se desarrollaron. El «Bon Marché», por ejemplo, redujo el margen de sus beneficios, esperando así vender más productos. Los clientes podían encontrar en el mismo comercio todo lo que necesitaban; podían entrar en él, sin verse obligados a comprar nada, pero, ¿quién era capaz de resistir a la tentación? El nuevo sistema de venta causó furor; el «Bon Marché» obtuvo un éxito extraordinario, y Zola

describió todo este en su obra «Au bon-heur des Dames». Pero no fue sólo París quien se benefició con la situación.

En provincias, se multiplicaron las vías de comunicación. En lo sucesivo, el campo quedaba menos aislado, y podía participar de las grandes transformaciones comrecia-les. Las arenas de las Landas fueron saneadas: se plantaron bosques de abetos, que servirían para proveer de viguetas a las minas. En los Alpes, se inició la apertura de un túnel a través del Mont Cenis. Por último, sobre todo, y contra el parecer de los expertos, y a pesar del escepticismo de los ingleses, se emprendió, a partir de 1859, una obra digna de los faraones: la construcción del canal de Suez.

El Mediterráneo no sería ya, en adelante, un callejón sin salida. Sus ciudades y sus puertos se aprestaron a renacer. En previsión de este capital acontecimiento, la política exterior francesa se reanimó, con el propósito de convertir el Mediterráneo en una especie de «mare nos-trum» galo.  La pacificación de Argelia, la intervención en Italia, la defensa de los Santos Lugares. Pero este cuadro podría parecer demasiado hermoso. Zola describiría su otra cara: la miserable situación de los obreros,  el  alcoholismo,  la  represión  policíaca.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Compañia de las Indias Orientales Conquista europea de la India

COMPAÑÍAS DE LAS INDIAS ORIENTALES (1600-1700)

Estas poderosas organizaciones comerciales las crearon los ingleses, los holandeses y los franceses para proteger sus intereses comerciales en el sureste de Asia.

En 1600 se formó en Londres la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. Su propósitoo era unir a los comerciantes ingleses que hacían negocios en el sureste de Asia. La competencia comercial era feroz en esta zona, que primero había sido controlada por los españoles y los portugueses. En el siglo XVII, la disputa de este lucrativo comercio con Oriente se producía entre holandeses, ingleses y franceses.

Los Países Bajos imitaron a Inglaterra y fundaron una Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602, con sede en Amsterdam y también en Batavia (Yakarta), en la isla de Java. Los franceses formaron más tarde su propia compañía de las Indias Orientales, en 1664.

Estas organizaciones se hicieron muy poderosa El comercio sólo era una de sus actividades, pues también ejercían una gran influencia política.

 Armaban sus barcos para luchar en el mar y mantenían ejércitos privados. Las compañías de las Indias Orientales fundaron bases militares y comerciales, y firmaron tratados con gobernantes locales. Lucharon contra las naciones vecinas y también entre sí. En muchos sentidos, se comportaban como estados independientes.

Los británicos cedieron el primer puesto en el control del comercio de especias a los holandeses. La India se convirtió entonces en el centro de sus actividades. A finales del siglo XVII, Inglaterra tenía los derechos comerciales de la India y varios puertos clave, como Calcuta, Madrás y Bombay. Los holandeses tenían puertos en Sudáfrica, Persia, Ceilán, Malasia y Japón, y también controlaban las Islas de las Especias (hoy Indonesia). Los franceses fueron menos afortunados en su intento de dominar la India.

Se hicieron por entonces muchas fortunas privadas. Los marinos y los comerciantes morían a menudo de enfermedades o en las batallas. Algunos establecieron sus hogares en Asia, fundando centros europeos en la India, el sureste de Asia y China. En el sigloXVII muchos viajeros europeos visitaron la India. A través de ellos comenzó a conocerse en Europa la impresionante historia y cultura de la India.

Los barcos de las compañías de las Indias Orientales, utilizados primero para el comercio, también se convirtieron en barcos de guerra para luchar contra los piratas, los asiáticos y los barcos de otras compañías.

En 1652, los holandeses establecieron una base comercial en el cabo de Buena Esperanza que servía de escala a los barcos que hacían el largo viaje desde Europa al Lejano Oriente. Posteriormente se convertiría en una colonia holandesa.

La colonia inglesa de Madrás era un importante puerto de exportación de artículos de algodón. También era el centro de una región destacada por la fabricación de telas con diseños de brillantes colores y escenas de la vida cotidiana en la India.

El control de la Compañía Británica de las Indias Orientales fue creciendo y los británicos acabaron convirtiéndose en la casta dominante de la sociedad india.

En 1750 la Compañía Británica de las Indias Orientales ya controlaba el rentable comercio entre Gran Bretaña, la India y el Lejano Oriente. Sus funcionarios eran hábiles hombres de negocio que conocían perfectamente los asuntos indios, sobre todo a gracias a los nativos que empleaban. Entablaron amistad con muchos príncipes indios y firmaron acuerdos tanto con los amigos como con los enemigos de los gobernantes mongoles.

Muchos británicos se hicieron sumamente ricos trabajando para la Compañía de las Indias Orientales y vivían en la India como auténticos príncipes. Algunos de estos nababs, como eran llamados, construyeron hermosas casas en Calcuta y en otros lugares, diseñadas por arquitectos británicos y acondicionadas con muebles de lujo procedentes de Inglaterra, la India y las otras colonias.

En Calcuta, celebraban reuniones, fiestas y bailes como si estuvieran en Gran Bretaña. Poco a poco fueron llegando a la India sus esposas y familias para compartir esta forma de vida inglesa.  En 1805, los británicos controlaban los ricos distritos textiles de Bengala, en el noreste de la India, así como las prósperas ciudades costeras del sur.

Este juguete, llamado el «tigre de Tipu», muestra a un tigre devorando a un europeo. Fue realizado para Tipu Sahib, sultán de Mysore, quien entre 1767 y 1799, con apoyo francés, intentó resistirse al control británico de sus tierras.

Pero hubo también quienes se sintieron atraídos por el arte, la cultura y la arquitectura de la India, y preferían llevar ropas indias, al menos en casa. Aprendieron el idioma y estudiaron las religiones y los textos hindúes, llevando consigo el pensamiento hindú al regresar a Gran Bretaña.

Tipu Sahib (1749-1799) de Mysore tenía un ajedrez de marfil formado por piezas de príncipes y hombres indios por un lado, y administradores y soldados de la Compañía de las Indias Orientales por el otro.

Al principio, los británicos se mezclaron con más facilidad con los indios de lo que lo harían después. En esta ilustración, el gobernador escocés sir David Ochterlony fuma en un narguile mientras preside un espectáculo musical hindú.

LA EXPANSIÓN BRITANICA

En 1780, la Compañía de las Indias Orientales controlaba la mayor parte de las zonas más prósperas de la India, pero en 1784 el Gobierno británico detuvo su expansión, a pesar de que los jefes de la Compañía pensaban de otra forma. Cuando los estados indios entablaban luchas entre sí, la Compañía simplemente se desplazaba al lugar del conflicto. En torno a 1800, la ambición de Napoleón de construir un imperio en la India asustó a los británicos y el Gobierno cambió su política para hacerla más activa. Desde 1803 a 1815, la Compañía luchó contra los mahratas, que gobernaban la India central, acabando con su poder. En otros casos adoptaron un método «más suave», utilizando el comercio para favorecer a ciertos estados indios e instalando allí sus tropas «para protegerlos».

La Compañía luchó en Birmania, donde los gobernadores locales amenazaron Bengala, y también en la frontera noroeste y en Afganistán, donde temían la influencia rusa. En 1843-1849, se anexionaron el Punjab. Donde caía una dinastía o si un estado estaba débilmente gobernado, allí se desplazaba la Compañía. Durante la década de 1830, el gobernador de la Compañía invalidó ostentosamente varias tradiciones indias e introdujo misioneros para convertir a los indios al cristianismo. La Compañía construyó carreteras, vías de ferrocarril y edificios, y expandió los negocios británicos, insistiendo en utilizar el inglés como idioma para la educación y los negocios. Como resultado de ello, el rechazo entre los indios fue poco a poco en aumento.

EL MOTÍN INDIO

Surgieron problemas entre los cipayos, los soldados indios del ejército de la Compañía. Suscitado por una terrible hambruna, el Motín indio comenzó en 1857. Los cipayos tomaron varias ciudades, incluida la capital, Delhi, y fueron asesinados hombres, mujeres y niños británicos. El motín fue sofocado violentamente por las tropas británicas. A partir de entonces, reinó la desconfianza entre ambos bandos. Los británicos comenzaron a vivir más separados de los indios, a los que mantenían aislados. El Gobierno británico se hizo con el control de la Compañía de las Indias Orientales en 1858 y la clausuró. La India era quizá la más rica y la más desarrollada de todas las colonias europeas, pero los británicos tuvieron que esforzarse mucho para controlarla.

CASAS PARA LOS NABABS

Los nababs eran funcionarios de la Compañía de las Indias Orientales que habían hecho fortuna en la India. Muchos procedían incluso de familias muy humildes y habían acudido a la India huyendo de los tiempos difíciles, buscando fortuna. Trabajaron con tesón, arriesgando su vida a causa de las guerras o las enfermedades. Los que triunfaron vivían combinando la opulencia de los gobernantes indios con el boato de los  aristócratas británicos. Construyeron grandes mansiones en ciudades como Calcuta y Delhi, y tenían muchos sirvientes.

   

Algunos rajás y príncipes se hicieron amigos de los británicos y, gracias a ello, obtuvieron muchos beneficios. La protección de los soldados británicos garantizaba el poder de un príncipe y los británicos conseguían a cambio más influencia y capacidad para comerciar en el estado de ese príncipe sin tener que gobernarlo.