Obras de Julio Roca

Primer Tranvía Electrico de Buenos Aires Historia

Información obtenida de una nota del diario «La Nación»

«Aquel que dijo que «el mundo marcha» reconocería, si volviese a la vida, que en los días que alcanzamos, de admirables progresos de todo género, sería más apropiado decir que «el mundo vuela».

Nos referimos a la introducción en Buenos Aires del sistema eléctrico de tranvías en sustitución del de sangre, o fuerza animal, existente hasta ahora, cuyo acto inicial ha llevado a cabo el ingeniero electricista norteamericano, Sr. Carlos Bright, conocido ya entre nosotros por otras valiosas empresas del ramo, que funcionan en el día regularmente.

Saben ya los lectores de LA NACIÓN en qué consiste dicho primer acto de la reforma de que se trata la construcción del «Tranvía eléctrico de Buenos Aires», cuya línea una vez terminada recorrerá el trayecto siguiente: punto de partida, esquina de Piedras y Paseo de Julio; siguiendo por ésta, el Retiro, la Recoleta y Centro América hasta tomar el bulevar Las Heras, por el cual continuará hasta los portones del Parque 3 de Febrero. Por esta vía, en su prolongación, buscará luego la dirección de Belgrano, pasando por la avenida Vértiz, frente al Hipódromo Argentino y el Tiro Federal; y llegado al término fijado por ahora al trayecto, recorrerá una buena parte de la población de Belgrano.

Lo hecho hasta ahora es solamente un trozo de línea, entre Canning y Palermo, por Las Heras, a guisa de ensayo tranquilizador de los ánimos municipales, sobre los cuales no ejerció suficiente influencia el hecho de estar tan generalizado en el mundo el sistema en cuestión, para librarlos de desconfianzas y temores.

A pedido, pues, de la honorable corporación se hizo el tal trozo de línea, largo como de un kilómetro. En tres meses prometió Mr. Bright, ¡yankee al fin! Tener todo listo para la demostración práctica y antes de los noventa días, como buen yankee, anunció que estaba pronto. Nada faltaba para mostrar, en pequeño, lo que será en grande la instalación, completa en todas sus partes.

tranvia electrico de bs.as.

Pero si la municipalidad tenía sus dudas, Bright y los suyos sabían perfectamente de dónde venían a dónde iban y qué era lo que tenían entre manos, por lo que dudaron un instante del éxito.

Solamente los interesados directa o indirectamente en el asunto, conocían su mar-,cha rápida y segura, teniéndolo al público casi olvidado y, sin embargo, al mismo tiempo que avanzaba por entre los barriales de Las Heras los rieles y los alambres de Bright, rumbo a los verdes prados de Palermo, se resolvía prácticamente la larga y trascendental cuestión del establecimiento de los tranvías eléctricos en todas las direcciones del municipio.

Ya a Flores le tarda ver llegar los lindos coches de la línea que hacia allí se encamina; la vieja empresa del tranvía a Belgrano, que no sabía, por lo general, de mejoras de ninguna clase, se electriza, ante el poderoso rival que de improviso ha surgido a su lado, potente y luminoso, al punto de que la impacienta no poder reemplazar inmediatamente sus caballos; y así, todos y por todas partes, veteranos, del oficio y nuevos en él, como si súbitamente se hubiera hecho la luz, relegando al pasado lo que hasta ayer se tenía por lo mejor.

Es que, efectivamente, se había hecho la luz, y ya no era cuestión lo que lo fue por tanto tiempo entre nosotros, mientras en todo el mundo, siguiendo el movimiento norteamericano, se extendía una red de tranvías del nuevo sistema.

Las causas de esta rápida propagación son varias: mayor economía del sostenimiento y, por consiguiente, de los pasajes; marcha tan rápida como se quiere, según las exigencias del uso; aumente del tamaño y consiguientemente de la comodidad de los vehículos; aseo de los mismos y del trayecto que recorren; profusión de la mejor luz conocida; reducción del transporte, para las clases trabajadoras, a menos de la mitad de los precios que actualmente se pagan; facilidad en detener la marcha casi instantáneamente: riesgos de accidentes, iguales o menores que con la tracción de sangre; suavidad de movimiento; supresión de los sacudimientos bruscos, en los arranques y paradas, y del temible «completo» calefacción o refrescamiento de la atmósfera, en el interior del vehículo, según las estaciones, por medio de aparatos eléctricos.

Los coches de la clase traída por la empresa del Tranvía Eléctrico de Buenos Aires, tienen un motor de 23 caballos anexo a cada eje, cuyo poder combinado es más que suficiente para cualquier exigencia del servicio regular.

El sistema es conocido con el nombre inglés de Trolley, derivado del de la rueda ó roldana del extremo superior de la percha destinada a establecer la comunicación entre el hilo conductor de la corriente eléctrica y los motores del fondo del vehículo.

En cuanto a los postes destinados a sostener el alambre conductor, la experiencia ha demostrado que la colocación en el centro es la mejor para las avenidas y calles anchas y el de doble fila, a los lados de la vía, con alambre de suspensión, al que más bien consulta las conveniencias generales en las calles angostas.

Así, siendo unánime el reconocimiento de la superioridad de la tracción eléctrica. unos opinan que el Trolley no sería práctica en calles como las de Buenos Aires, generalmente angostas, no precisamente por lo peligrosos, sino por lo incómodo y de mal efecto estético.

Por nuestra parte, deseando que siga tan provechosa discusión, deseamos más todavía que siga el establecimiento de tranvías eléctricos, cualquiera que sean sus aparatos o mecanismo especiales, mientras no obstaculicen el tránsito o comprometan la seguridad pública.

Porque la verdad sea dicha; Buenos Aires que ha estado siempre atento a los progresos del mundo y dispuesto a adoptarlos permitiéndolo las circunstancias, ha dado algo remiso en esto de la locomoción eléctrica, olvidando que «la ciudad de los tranvías», como se le ha llamado, estaba obligada por tan merecido como honroso título, a ser de las primera de América en implantar la reforma.

Habiendo los inspectores municipales informado favorablemente, y confirmado este informe por la observación personal del intendente, se ha autorizado a la empresa Bright para hacer andar los coches en el trayecto inaugurado, cobrando diez centavos por pasaje, más para evitar la aglomeración de gente que por otro interés. También han sido autorizados los trabajos de prolongación, esperando el Sr. Bright tener lista la línea desde Paseo de Julio y Piedad hasta el Hipódromo Argentino y el Tiro Federal, para octubre próximo.»

Fuente Consultada: El Diario Intimo de un País – La Nación

Historia de la sociologia? Resumen de su Origen y Conceptos Basicos

Historia de la Sociología
Resumen de su Origen y Explicación de los Conceptos Básicos

Entre todas las ciencias sociales, la sociología es la más joven: nació algunos años antes de comenzar nuestro siglo. Si bien es cierto que la preocupación por los fenómenos sociales siempre estuvo presente en la historia de las ideas del hombre, nunca se constituyó en una «ciencia»; es decir, no definió su campo de investigación (objeto) o el modo a través del cual habría que conocerlo (método) hasta fines del siglo XIX.

A partir de entonces, la sociología se desarrolló con increíble rapidez: la Revolución Industrial, surgida en Europa y en los Estados Unidos, hacía de cada fábrica y de cada conglomerado urbano una fuente inagotable de problemas sociales.

Era un período de progreso y de optimismo científico, en cuyo transcurso se formularon las principales corrientes del pensamiento sociológico, encabezadas por Auguste Comte, Herbert Spencer, Emile Durkheim, Vilfredo Pareto y otros. Se reclamaba para la recién nacida sociología un status semejante al de las ciencias naturales (química, física, biología).

Los precursores de esta disciplina creían que los fenómenos sociales debían de estar regidos por leyes «naturales e invariables», cuyo descubrimiento debía ser el objetivo de la investigación sociológica. Algunos de ellos —como Durkheim— llegaban incluso a hablar de la existencia de patrones sociales regulares y autónomos, como si se tratase de fenómenos de la naturaleza (comparables con las leyes de la electricidad), e introdujeron métodos de análisis cuantitativos para estudiarlos.

Comte fue el primero que presentó los hechos sociales como objeto de una ciencia, positiva en la metodología y basada en la observación empírica del fenómeno social, que se desarrolla al compás del desarrollo general del espíritu humano. La misma orientación positivista poseen los estudios de H. Spenser, É. Durkheim —uno de los fundadores de la moderna sociología, a la que dio carácter científico—, que define el hecho social por su exterioridad respecto a las conciencias individuales (conciencia colectiva), y los funcionalistas R. Merton y T. Parsons. Frente al positivismo, autores como W. Pareto, T. Mannheim o M. Weber, elaboraron teorías subjetivistas. Este último, al analizar las diferencias entre ciencias humanas y naturales respetó la singularidad del fenómeno humano. El marxismo aportó una interpretación distinta, llamada dialéctica, al afirmar que el modo de producción de la vida material, la existencia social del hombre, condicionan su conciencia (materialismo histórico), teoría asumida por Lenin, Luxemburg, Gramsci, etc.

Una ciencia social:

En realidad, toda esa euforia y todas esas ansias de lograr que la sociología fuera reconocida como una ciencia legítima encubrían una profunda desconfianza de parte de los propios investigadores frente a cualquier observación no comprobada por el método experimental, como, por ejemplo, en el caso de las reacciones químicas.

Por otra parte, el hecho de dotar a la investigación sociológica con una metodología común a las ciencias «consagradas» puede favorecer la obtención de resultados y facilitar las operaciones, pero no la pone a salvo de las interpretaciones personales del investigador ni confiere a la sociología la tan ansiada neutralidad.

Primero, porque no existen ciencias «neutras»: todas las formas de conocimiento son un producto del intelecto de seres humanos que viven en una determinada época y dentro de una determinada sociedad, con sus valores y aspiraciones característicos. En los tiempos de Galileo, por ejemplo, la ciencia oficial sostenía que el Sol giraba en torno de la Tierra. Cuando dicho científico probó lo contrario, las autoridades científicas repudiaron el descubrimiento, porque éste afectaba las bases del orden social establecido.

Si un conocimiento tan «neutro» como lo es la física choca con ciertos prejuicios (o incluso con valores aceptados de buena fe), ¿qué no se debe esperar de las ciencias humanas, en las que el hombre es, al mismo tiempo, investigador y objeto de estudio? ¿Cómo puede escapar un sociólogo de la red de valores que integran su personalidad, cuando intenta analizar un fenómeno cualquiera?.

Tomemos como ejemplo el prejuicio racial: el investigador puede abrigar o no ese prejuicio, o bien ser o no víctima de él, no hay una quinta posibilidad. Dicho en otras palabras, el científico participa necesariamente en el fenómeno que estudia, y en cualquier caso tiene una opinión formada sobre el asunto (opinión que no es científica). Antes de investigar el fenómeno, ya ha formulado un juicio de valor al respecto, influido por sus propias vivencias.

Esto no invalida en absoluto el conocimiento sociológico, pues éste puede esclarecer una serie de comportamientos irracionales y nocivos para la comunidad, como lo es el racismo, por ejemplo. No cabe duda que el prejuicio creado en torno del color de la piel está lejos de haber sido erradicado, pero la sociología es capaz de probar que las ideas que lo sustentan son falsas. Varias investigaciones sociológicas han demostrado que los prejuicios nacen de tensiones sociales no resueltas y que se los enmascara con argumentos de orden biológico.

A pesar de los inmensos obstáculos con que se enfrenta continuamente, la sociología ha obtenido finalmente su lugar dentro del llamado «mundo de las ciencias», principalmente porque logró obtener conocimientos acumulativos: cuenta con una serie de hipótesis comprobadas que propician el desarrollo de otras tesis. Tal es el caso de las investigaciones acerca de la influencia de los medios de comunicación de masa en el comportamiento del público, y de las motivaciones de los consumidores, en las cuales se basan las técnicas de la publicidad.

El conjunto de conocimientos adquiridos por la sociología revela una faceta de la realidad, pero al mismo tiempo se mantiene abierto para recibir informaciones que permitan dar validez o rechazar las nuevas hipótesis que surjan. el objeto de la sociología Para que una disciplina tenga razón de ser debe investigar la realidad desde un ángulo tal que jamás haya sido abordado por otras ramas del saber.

Un genetista y un físico pueden investigar un mismo fenómeno, pero cada uno de ellos sacará conclusiones diferentes. En las ciencias sociales ocurre lo mismo: economía, política, historia, antropología y sociología son disciplinas que estudian la sociedad, de la cual cada una investiga un sector e intenta explicarlo.

El trabajo del sociólogo consiste en esclarecer cómo y por qué las sociedades se organizan, se mantienen en funcionamiento y se transforman, y al mismo tiempo buscan las causas de esos hechos. En síntesis, la sociología se preocupa por descubrir cómo se estructuran las relaciones sociales.

Se trata de una tarea difícil. La sociedad abarca una gran variedad de fenómenos interrelacionados, que se hallan en constante cambio. Para darse una idea, baste con recordar las alteraciones que experimentaron en los últimos años los conceptos de moral, los sistemas educativos, la estructuración de los partidos políticos, la organización de los gremios, etcétera.

Frente a esta variedad, la sociología ha tenido que especializarse en varias ramas. La sociología general, por ejemplo, se ocupa de los grandes problemas metodológicos y estudia la dinámica de los fenómenos sociales: qué es lo que caracteriza a la sociedad, la acción, la relación y la organización social; la socialización; los tipos de sociedades; las relaciones existentes entre la sociología y las demás ciencias, etcétera.

Dentro del marco de la sociología general, los autores definen las líneas básicas que seguirán en sus investigaciones. Una vez elegido el método, el científico se especializa en el tema de su interés. Hay tantas especialidades como fenómenos y problemas sociales; o sea, todas las formas de comportamiento que tengan un significado grupal.

medios de comunicacion

Los medios de comunicación de masa modelan los patrones sociales y los vuelven deseables para la mayoría de
la población. El lujo, la comodidad y la posesión de objetos significan bienestar, prestigio y felicidad.

Una gran contribución:

La sociología se nutre de las informaciones obtenidas por otras ciencias afines. La historia, la política, la economía y la psicología son indispensables a los investigadores, al igual que la estadística, la cual permite medir la frecuencia, en un grupo humano, del fenómeno estudiado.

El sociólogo Theodor Adorno, por ejemplo, realizó una investigación sobre el autoritarismo en los Estados Unidos, cuyos resultados fueron compilados en el libro La personalidad autoritaria, obra de cerca de mil páginas. El científico partió de la hipótesis que sostiene que las convicciones políticas, sociales y económicas de un individuo forman un patrón coherente, como si estuviesen ligadas por una «mentalidad» o «espíritu». Ese patrón expresaría tendencias latentes en su personalidad. Adorno trataba de detectar los factores sociales y psicológicos que volvían al individuo potencialmente fascista; es decir, sensible a lo antidemocrático.

Con ese objetivo, Adorno y su equipo utilizaron tres métodos básicos: cuestionarios distribuidos entre un cierto número de individuos, con preguntas formuladas a partir de la hipótesis fundamental (la existencia de un patrón de personalidad autoritaria) ; entrevistas individuales, a nivel más profundo, con personas manifiestamente autoritarias; después, con los resultados obtenidos en las dos primeras etapas, se formaron grupos para discutir el problema (grupos integrados por individuos total o parcialmente autoritarios) .

Con los datos logrados mediante la combinación de los tres métodos, Adorno formuló un cuestionario general, respondido por un gran número de personas. Este trabajo, además de confirmar la hipótesis inicial, reveló que la personalidad autoritaria se forja en individuos que recibieron una educación rígida e inflexible, ya sea por pertenecer a familias extremadamente disciplinadas y puritanas o poco afectivas, o bien por haberse educado en escuelas con características semejantes. Tal conclusión resultó muy novedosa en esa época (década de 1940), porque hasta entonces solamente el psicoanálisis había tratado los problemas de carencia afectiva, tomando en consideración sus consecuencias sociales.

violencia
La violencia política generalizada y la tendencia a la burocratización del trabajo son fenómenos típicos de nuestra época. Por esa razón, son estudiados con interés por los sociólogos.

…los precursores de la Sociología

La Sociología nació en medio de las grandes transformaciones económicas, políticas y sociales que dieron lugar al mundo moderno tal como hoy lo conocemos. Frente a esas transformaciones, los fundadores de esta ciencia se preguntaron: ¿en qué se diferencian las sociedades del pasado de las del presente?, ¿cómo y por qué cambia una sociedad?, ¿qué factores crean divisiones o mantienen unida a la sociedad?

Para responder estas preguntas, Karl Marx (1818-1883) se interesó por la economía porque, comprendiendo cómo cambia la producción de los bienes en una sociedad a lo largo de la historia, podría comprender las diferencias entre las sociedades pasadas y presentes, por qué se producen las desigualdades y los conflictos sociales.

Para Max Weber (1864-1920), si bien la economía es importante para explicar estas cuestiones, las ideas vigentes en una sociedad también explicaban cómo y por qué cambian las sociedades a lo largo del tiempo. Por ejemplo, las ideas religiosas tenían una fuerte influencia en el modo en que una sociedad organizaba su vida y el trabajo.

Por su parte, a Emite Durkheim (1868-1917) le preocupaba analizar qué mecanismos producían las divisiones o uniones en una sociedad, es decir, qué hace que ios miembros de una sociedad cooperen unos con otros. Para él, en las sociedades más primitivas los seres humanos se encuentran unidos por lazos comunitarios, mucho más fuertes que en la sociedad industrial.

Esto significa que la comunidad en que vivían era determinante en su vida. Eso lo llevó a pensar que, para explicar la conducta humana, no basta con analizar a los individuos aisladamente porque la sociedad tiene influencia en las acciones y pensamientos de las personas.

Es decir, la sociedad es más que la suma de los individuos que la componen, tiene una existencia propia que se manifiesta en las normas, valores o creencias que se imponen a los individuos que forman parte de ella.

Fuente Consultada: Sociedad en Red EGB 9 A-Z Editora

Ver:Costumbres y forma de vida sociedad argentina

Batalla del Rio de la Plata Graf Spee Hundimiento y Salvamento

Batalla del Río de la Plata Graf Spee
Hundimiento y Salvamento

buque graf spee

La voladura del acorazado alemán frente a la rada del puerto de Montevideo

El «Graf Spee» en el Río de la Plata. De repente, enlos albores del verano del 39, los uruguayos cobraron conciencia que la guerra iniciada tres meses y medio atrás en Europa no era asunto ni lejano ni ajeno, y que podía golpear las puertas de nuestro país. El 13 de diciembre de ese año el Río de la Plata fue testigo de un enfrentamiento bélico de inusual crudeza para estas latitudes. Por un lado el acorazado alemán «Graf Spee», por el otro, los cruceros británicos «Ajax» y «Exeter» y el neozelandés «Achules». La dureza del encuentro dejó serias averias en el buque nazi, que se resguardó en el puerto de Montevideo pero que, en virtud de la neutralidad uruguaya, fue obligado a zarpar a las 72 horas. Atento a la inviabilidad de seguir combatiendo, su capitán, Hans Langsdorff, decidió su voladura, lo que ocurrió a la vista de una muchedumbre agolpada en la costa.
Previamente la tripulación desembarcó en Buenos Aires, donde poco después se suicidó el capitán del «Graf Spee».

Un acorazado alemán hundido en el Río de La Plata

Un acorazado alemán hundido en el Río de La PlataEl Tratado de Versalles prohibía a Alemania armar barcos de más de 10.000 toneladas; por esta limitación, los técnicos alemanes se habían ingeniado para montar verdaderas fortalezas flotantes en miniatura, que por su velocidad y potencia eran el orgullo de la ingeniería naval del Tercer Reich.

El Graf Spee era técnicamente un acorazado de bolsillo, con una estructura de planchas de acero, equipado con motares Diesel y 28 bocas de fuego. Antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el acorazado alemán debía tomar posición en el Atlántico sur para sorprender a las desprevenidas naves enemigas.

El alto mando alemán ordenó a su marina llevar el conflicto a las aguas del Océano Atlántico, a fin de evitar que llegaran, desde Estados Unidos, armas y alimentos a Inglaterra y los países que resistían la invasión. En diciembre de 1939 se produjo finalmente un combate naval entre barcos británicos y el Graf Spee, que fue obligado a refugiarse en el puerto de Montevideo.

El crucero del Admiral Graf Spee, destinado a operar en el Sur del Ecuador, resultó el más fructífero: del 30 de Septiembre al 7 de Diciembre de 1939 hundió 9 vapores. El buque tenía una tripulación compuesta por 44 oficiales y 1.050 suboficiales y marinos. Podía navegar a 26 nudos y tenía una autonomía de 19.000 millas.Contaba con dos torres, cada una con tres cañones de 280mm., y un blindaje de 140mm en la superestructura y partes vitales. El armamento secundario estaba compuesto por ocho torres de 150mm./cuatro por banda, además de armamento antiaéreo, seis tubos lanzatorpedos de 533 mm. y dos hidroaviones tipo Arado.

Su capitán tomó la decisión de hundirla cuando, con su tripulación, pasó a Buenos Aires. Las crónicas periodísticas de la época cuentan cómo llegaron a Dársena Norte, los trámites de identificación y su instalación en el Hotel de Inmigrantes. Pero por su condición de alemanes de Tercer Reich, fueron confinadas o internados en las serranías de Córdoba. Años más tarde, tres miembros de la tripulación del Graf Spee se convirtieron en propietarios de lotes en el balneario de Villa Gesell, cuyas primeros habitantes, como su fundador, fueran de origen alemán.

La Batalla del Río de la Plata (conocida localmente también como Batalla de Punta del Este) fue la primera batalla naval entre buques ingleses y alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Además, fue el único episodio de la guerra desarrollado en América del Sur, en aguas territoriales uruguayas. Participaron el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee, los cruceros ligeros Ajax y Achilles y el crucero pesado Exeter

La misión del Graf Spee era apostarse en el Atlántico Sur, para lo cual zarpó del puerto de Wilhelmshaven el 21 de agosto de 1939, 11 días antes de la apertura de las hostilidades. Durante la travesía lo acompaña el Altmark que, en lugares previamente decididos en pleno mar, lo abastece de combustible y provisiones. El comodoro de la flota inglesa Harwood, informado del ataque a un barco mercante llamado Streonshalh, decidió recorrer y vigilar la zona del hundimiento, ya que el Streonshalh había indicado por radio su posición antes de sumergirse definitivamente.

Contaba con los cruceros Ajax y Achilles y el pesado Exeter (ver abajo imágenes).El encuentro se produjo el 13 de Diciembre de 1939 al amanecer, frente al Río de la Plata y el Graf Spee abrió el fuego a las 06.17 contra el Exeter y lo averió seriamente y gracias a la certera actuación de los otros dos cruceros evitaron que diera su golpe definitivo.

De todas maneras Langsdorff trató de escaparse con una cortina de humo, buscando refugiarse en un puerto neutral, pues sabía que no podía contra esos tres cruceros. Luego de un acuerdo diplomático en el puerto de Montevideo, las autoridades permiten entrar al puerto por 72 horas, pero luego debía partir mar adentro, por lo que Hitler ordenó el hundimiento inmediato del Graf Spee.

Antes del hundimiento, la tripulación fue traspasada al buque mercante alemán Tacoma, llevada a mar abierto y embarcada en unidades pequeñas que la llevaron a Buenos Aires. El 22 de diciembre de 1939, 1.055 marinos del Graf Spee llegaron al puerto de Buenos Aires. El destino de estos hombres despertó no pocos mitos y fue obsesión de investigadores y curiosos. Las fugas permanentes, el retorno de muchos de ellos al frente de combate y la participación en actividades de espionaje rodearon a la historia de misterios.

El 17 de Diciembre, una hora antes de que expirase el plazo de Uruguay, el Graf Spee salió del puerto, y a las 20:00 Hs, frente a una multitud el Graf Spee explotó en llamas y voló por los aires, y se hundió a 4 millas del puerto, lo hizo lentamente a vista de todos desde tierra. Su capitán se suicidó y la tripulación quedó internada en Bs.As. Para 1942 ya quedaba poco del buque visible sobre el agua. Compañías Uruguayas de salvamento cortaron la superestructura para  aprovechar el acero y el pecio fue abandonado hacia 1943.

  
Hans LangsdorffHans Langsdorff
Hans LangsdorffAjax 
ExeterComodoro Harwood
ExeterComodoro Harwood

El 20 de diciembre Langsdorff se suicidó, dejando esta carta para el ministro alemán:

Excelencia:
Después de una larga lucha con mi conciencia he llegado a la grave decisión de hundir el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee para impedir que caiga en manos enemigas. Estoy convencido de que, dadas las circunstancias, esta decisión es la única posible, después de haber llevado mi buque hasta la trampa de Montevideo. Dada la insuficiente cantidad de municiones que me queda, cualquier tentativa de abrirme camino combatiendo en mar abierto está destinada al fracaso. Sin embargo, en aguas profundas, y empleando el resto de las escasas municiones puedo hundir el navío e impedir al enemigo que se apodere de él.

Antes que exponer mi buque al peligro de caer en manos enemigas, aun después de una batalla, he decidido no combatir, sino destruir todas las instalaciones de a bordo y hundirlo. Pero dándome cuenta de que esta decisión pudiera ser mal interpretada por personas desconocedoras de mis motivos, o atribuida parcial o enteramente a razones personales, he decidido afrontar las Consecuencias derivadas de la misma. No es necesario recordar que para un comandante que tenga sentido del honor su destino personal no puede ser distinto del de su buque.

He retardado la puesta en práctica de mi decisión hasta el momento en que la responsabilidad de mis actos no pueda afectar ya a los hombres que están bajo mi mando. Después de la decisión tomada hoy por el Gobierno argentino, no puedo hacer nada más por mi tripulación. Tampoco estoy en situación de participar activamente en la lucha que mi país está sosteniendo. La única cosa que ahora me queda por hacer es demostrar con mi muerte que, los que combaten al servicio del Tercer Reich, están dispuestos a morir por el honor de su bandera.

Soy el único responsable del hundimiento del acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee. Me alegra saber que con mi muerte se limpiará cualquier posible mancha con respecto al honor de la bandera. Haré frente a mi destino con mi fe firme en la causa y en el futuro de la nación y de mi Führer.

Os escribo esta carta, Excelencia, al caer la tarde, después de una serena y meditada decisión, afín de que vos podáis informar a mis superiores y, si fuera necesario, desmentir cualquier malentendido.

Características Técnicas del Graf Spee:

el Graf Spee:

A causa de las restricciones impuestas por el tratado de Versalles, Alemania no podía construir buques cuyo desplazamiento superase las 10.000 toneladas, con lo que de su programa naval quedaban excluidos los acorazados. Entonces fue necesario idear un tipo de barco que, aun siendo de desplazamiento reducido, contase con una artillería superior a la de un crucero pesado y con un blindaje cuyo grosor lo hiciera invulnerable a los proyectiles de 203 mm. El resultado fue el acorazado de bolsillo «Graf Spee», botado en Wilhelmshaven en 1934, barco capaz de enfrentarse con cualquier unidad más rápida que él y lo bastante rápido, como para despegarse de los pesados buques de línea que podían hacerle frente con garantías. Sus motores Diesel le conferían una autonomía enorme: 19.000 millas.

Pertenecía a la misma clase el Deuschtland (Lützow a partir del 15-11-1939 – Deuschte Werke de Kiel) y el Admiral Scheer (Marinewerft de Wilhemshaven). En 1940 fueron reclasificados como cruceros pesados. Las tres unidades diferían notablemente entre sí en estructura y características.

Astillero: Marinewerft de Wilhemshaven – Colocación de quilla 1-10-1932; Botadura 30-6-1934; Alistamiento 6.1.1936; Hundido: 17.12.1939.
Desplazamiento: Estándar: 12.100 t.; normal: 14.600 t; plena carga: 16.200 t.
Dimensiones: Eslora total 186,0 m.; Eslora entre pp 181,7 m; manga 21,6 m; calado p.c. 7,4 m.
Motores: 8 motores diesel MAN de 9 cilindros acoplados (4 por eje) por reductores hidráulicos Vulkan. Potencia 52.050 HP a dos ejes. Velocidad 28,5 nudos. Combustible 2.800 t. de gasoil naval. Autonomía 8.900 millas marinas a 20 nudos.
Armamento: 6 de 280/54.4; 8 de 150/55; 6 de 105/65 a.a.; 8 de 37 a.a.; 10 de 20/65 a.a.; 8 tlt de 533 mm; 1 catapulta; dos hidroaviones Arado Ar 196.
Protección: Vertical max. cintura 80 mm, mamparas 40 mm.; horizontal max. 45 mm.; artillería máx. torres g.c. 140 mm; barbetas 100 mm.; puente máx. vertical 150 mm, horizontal 20 mm.
Dotación: 30 oficiales y 950 suboficiales y marineros.

 

LA PATAGONIA REBELDE Represión de Campesinos Obreros Resumen Causas

LA PATAGONIA REBELDE Causa de la Represión a Campesinos y Obreros en la Patagonia

Introducción: En Santa Cruz, los trabajadores de las estancias y los frigoríficos protagonizan una huelga.

El detonante son los despidos, provocados por la crisis lanera mundial, pero los reclamos revelan problemas más profundos: pago en vales o mercancías, hacinamiento en las viviendas, arbitrariedad de patronos, ausencia de autoridad pública. La huelga trae desmanes: ataques a estancias, cobos, secuestros.

Actúan militantes anarquistas y “maximalistas”, lo que aumenta el pánico de los propietarios.

El presidente Yrigoyen envía tropas, al mando de Héctor B. Varela, un militar sensible a los problemas de los trabajadores, que propone un laudo contemplando la mayoría de sus demandas.

Patagonia Rebelde

La solución escandaliza a los grandes propietarios, a las empresas extranjeras vinculadas con ellos y a la Liga Patriótica de Manuel Carlés, que acusa de blandura al gobierno radical. Los propietarios hacen caso omiso del laudo, por lo que se reanuda la huelga y reaparecen los piquetes y los saqueos. Varela vuelve con sus tropas e instrucciones ambiguas: debe poner orden.

Luego de haber exigido una rendición incondicional, opta por una dura represión: por lo menos 400 personas son fusiladas, en una acción que sólo se completó a principios del año siguiente.

“La Patagonia trágica”

Las huelgas de peones ovejeros en la Patagonia ensombrecieron los dos últimos años de la presidencia de Yrigoyen. Estas huelgas respondían a trastornos en la economía; la guerra había bajado el precio internacional de la lana, único producto de la región.

Los territorios del Sur estaban casi al margen del gobierno central, a pesar de lo cual los presidentes Roca en 1899 y Sáenz Peña en 1912 habían visitado la Patagonia.

Fue precisamente en la parte más austral, en Santa Cruz, donde se desarrollaron las grandes huelgas de peones ovejeros que afectaron a los estancieros locales y a la poderosa compañía de las familias Menéndez y Braun.

Se reclamaba un sueldo mínimo de 100 pesos, comida en buen estado, dignas condiciones de higiene, velas para alumbrar en la noche y que las instrucciones de los botiquines sanitarios estuvieran en español en lugar de inglés.

La huelga de los peones en plena temporada de la esquila, en 1920-1921, recrudeció el temor a la acción de los bolcheviques.

A esto se sumó la sospecha de que Chile estaba detrás de los agitadores. Enterado de la crisis y presionado por Gran Bretaña, que estaba preocupada por las difíciles circunstancias de los compatriotas hacendados en Patagonia, el presidente radical Hipólito Yrigoyen envió en enero de 1921 a Santa Cruz a tropas del ejército al mando del teniente coronel Héctor Benigno Varela con la orden de normalizar la situación.

La represión, encomendada por Yrigoyen al teniente coronel Héctor Varela, tuvo lugar en dos etapas.

En la primera se llegó a un acuerdo pacifico entre patrones y huelguistas; en la segunda, 1921-1922, los peones ocuparon los establecimientos rurales y tomaron como rehenes a los hacendados o a sus mayordomos.

La represión militar de violencia inaudita estuvo a cargo de dos regimientos de caballería. Varela decretó por su cuenta la ley marcial y fusiló a decenas de huelguistas en las cercanías del lago Argentino y en otros parajes.

Una de las situaciones más sangrientas se vivió en la Estancia La Anita, donde centenares de obreros cayeron abatidos frente a pelotones de fusilamiento.

También se produjo un episodio trágico en los campos del establecimiento ganadero Bella Vista. Los cadáveres de los 200 peones que resultaron asesinados allí fueron trasladados a una fosa común en lo que hoy se conoce como el Cañadón de los Muertos, cerca de la localidad de Gobernador Gregores. Entre las 1500 víctimas que aproximadamente dejó el accionar militar en el sur argentino, se encontraban Hugo Soto y Facón Grande.

«Varela comenzó a dar cumplimiento a su bando y una a una fueron recuperadas las estancias. El grueso de los huelguistas, que se había reunido en la estancia La Anita, fue rodeado por las tropas de Varela, quien los intimó a la rendición incondicional. Antonio Soto, secretario de la Federación, y otros dirigentes les advirtieron a sus compañeros que no se rindieran porque serían masacrados.

La asamblea decidió por amplia mayoría entregarse. Soto por primera vez desobedeció la decisión de la mayoría y decidió partir a Chile con un grupo de compañeros. Los trabajadores de La Anita que se entregaron, unos 400, fueron despojados de sus pocos bienes materiales por los «defensores de la propiedad privada». Luego debieron pasar por estrechos corrales donde fueron golpeados, rapados con las máquinas de esquila por la soldadesca y encerrados en los galpones de las estancia.

Allí, sentados espalda contra espalda, cada uno debía sostener una vela encendida para su mejor vigilancia. A la mañana siguiente fueron obligados a formar en dos largas columnas. Varela en persona acompañado de los estancieros y miembros de la Liga Patriótica identificaban a los delegados de estancia.

A los delegados identificados, a los sospechosos, a los no simpáticos o no del todo complacientes, a los que les debían más de tres meses de sueldo, todos ellos cayeron bajo las balas del Regimiento 10 de Caballería comandado por Varela, quien previamente les hizo cavar a cada uno su propia tumba. En total fueron salvajemente fusilados en todo el territorio de Santa Cruz unos 1.500 trabajadores.» Fuente Consultada: Diario Clarín Por Felipe Pigna

Ante la gravedad de lo ocurrido, Yrigoyen desautorizó al represor. En 1923, apenas ocurridos estos acontecimientos, Varela era asesinado por un anarquista que deseaba venganza.

Las huelgas y fusilamientos concluyeron, pero las pasiones que dejó atrás el genocidio no quedarían a la deriva. Kurt Gustav Wilckens, un anarquista alemán que había sufrido el fusilamiento de su hermano, iniciaría la cadena de venganzas, un año después de la masacre.

Llegó a Buenos Aires para matar a Varela. Lo siguió cerca de su casa en el barrio de Palermo, le arrojo una bomba y luego lo liquidó con algunos balazos. (imag. izq. Wilckens)

Un centinela mató a Wilckens al encañonarlo por la mirilla del calabozo donde la víctima cumplía arresto. Finalmente, la secuencia de revanchas llegó a su fin con el homicidio del centinela por parte de un antiguo huelguista patagónico.

Para el Ejército, Varela era un militar ejemplar, mal recompensado por el gobierno. Para los elementos progresistas del país, la represión era injustificable y desmesurada. Se preguntaban La Vanguardia y Crítica:¿Le habrá dado Yrigoyen carta blanca al coronel Varela, para finalmente no hacerse responsable de las consecuencias?

Lo cierto es que al finalizar el mandato presidencial, en 1922 se había estrechado el margen de acción del primer gobierno elegido democráticamente por el pueblo. A pesar de esto, el sistema se mantenía con solidez apreciable. Hipólito Yrigoyen, hombre de transición formado como sus contemporáneos en la creencia en el progreso indefinido de la humanidad, debió experimentar no sólo la resistencia al cambio de los factores tradicionales de poder, sino también los primeros indicios de la quiebra del esquema económico que desde 1870 venía asegurando la prosperidad argentina.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR OSVALDO BAYER Historiador
Periódico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929
1500 Obreros Fusilados en el Sur

[…] El panorama al comenzar las huelgas rurales era el siguiente: por un lado, la tierra dividida en latifundios. Todo había comenzado con la concesión Grünbein, a principios del siglo, cuando el presidente Julio Argentino Roca otorgó 2.517.274 hectáreas de campo a 19 estancieros británicos, nueve alemanes, cuatro franceses, seis españoles, un norteamericano, un chileno y un uruguayo, es decir, a ningún argentino.

Por otra parte, Mauricio Braun poseía ya en 1920 1.376.160 hectáreas de tierra patagónica, con 1.250.000 lanares que producían 5.000 millones de kilos de lana, 700 mil kilos de cuero y 2.500.000 kilos de carne anuales. Braun, además, poseía la Compañía Minera Cutter Cove, el Banco de Chile y Argentina, los frigoríficos de la South American Export Syndicate, la compañía de seguros La Austral, etc. Otros dos grandes poseedores de la fortuna patagónica fueron el español José Me-néndez y el portugués Nogueira.

Así como los propietarios dominaban la economía, tenían influencia en la política. A pesar de eso, se fueron organizando (a comienzos del siglo) a lo largo de las ciudades costeras patagónicas las primeras Sociedades Obreras de Oficios Varios, en sus comienzos de ideología anarquista. Fue así que comenzaron las primeras acciones por reivindicaciones obreras, al mismo tiempo que eran reprimidas con violencia por las policías de esos lugares. Toda esa lucha obrera tuvo un aire épico ya que no era fácil enfrentar al poder de las patronales que contaban, por supuesto, con el poder político y policial. Hubo una serie de movimientos reivindicativos hasta que se llegó a la primera gran huelga rural, en 1920.

Los centros activos de esa huelga estuvieron en las organizaciones obreras de Río Gallegos (cuya dirección la llevaba a cabo el joven español Antonio Soto), en Puerto Santa Cruz, a cargo también de un español, Ramón Outerello; en San Julián, donde sobresalía el dirigente obrero porteño Albino Arguelles, y en Puerto Deseado y la línea ferroviaria adyacente, donde actuaba el entrerriano José Font, llamado por la población «Facón Grande».

El paro del campo fue total. Justo en el tiempo de la esquila de la lana. La situación cobró gravedad ya que hubo enfrentamientos entre los trabajadores y la policía. En Puerto Deseado es muerto un manifestante y en El Cerrito, en un tiroteo, caen muertos cuatro policías y dos trabajadores. El clima se agrava. La embajada británica protesta ante el presidente Yrigo-yen y lo mismo la Sociedad Rural. La influencia política de ambas es muy grande, de manera que Yrigoyen resuelve enviar a Santa Cruz el regimiento 10 de Caballería, al mando del teniente coronel Várela, a terminar con el conflicto.

El militar observará los hechos y obligará a firmar entre las dos partes el primer convenio de trabajo rural santacruceño. Resuelto el caso, el regimiento vuelve a Buenos Aires. Se producirá entonces un hecho que nadie esperaba: los estancieros se niegan a cumplir con el convenio recientemente firmado. Se origina otra vez la huelga rural en toda Santa Cruz. La situación se agrava. Yrigoyen envía otra vez al Ejército. Pero esta vez con un respaldo inusitado: pena de muerte a quien se resista a volver al trabajo. Los trabajadores no esperaban algo así y, pese a todo, proseguirán la huelga.

Várela aplicará entonces la pena de muerte «por subversión». Se calcula en 1.500 el número de peones fusilados. Los estancieros festejarán esto con una fiesta en el local de la Sociedad Rural de Río Gallegos, donde le cantarán a Várela el «for he is a jolly good fellow» («porque eres un buen camarada»).

Se trata de la represión obrera más sangrienta de la historia argentina. Se hizo durante un gobierno elegido por el pueblo. Nunca hubo explicaciones.

Las únicas que reaccionaron fueron las prostitutas de Puerto San Julián que rechazaron a los soldados gritándoles «asesinos». La sociedad toda guardó silencio.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Fuente Consultada: La Argentina Historia del País y de Su Gente María Saenz Quesada
Los Años del Peronismo 1946-2006 Roberto Baschetti Caras y Caretas
La Primera Presidencia de Perón – Biblioteca Política Argentina

Gobierno de Campora Hector Resumen Anmistia Politica Liberacion Presos

Gobierno de Cámpora Héctor Resumen
Anmistía Política y la Liberación Presos

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA DE CÁMPORA:

El gobierno militar, a cargo de Agustín Lanusse, avanzó en la transición por medio de dos gestos: en septiembre devolvió el cadáver de Evita, que permanecía oculto desde hacía muchos años, y en noviembre de 1972 permitió el regreso del líder justicialista. En realidad, se trató de una visita que duró unos días y en la que selló un acuerdo con Ricardo Balbín.

El Perón que había vuelto del exilio parecía un político dispuesto a negociar con todos con tal de rescatar al país de una inestabilidad de casi dos décadas. Además del apoyo sindical, representado por el secretario general de la CGT José Rucci, también contaba con la adhesión de muchos grupos armados.

El propio Perón reivindicó el uso de la violencia en el contexto de esa época e incorporó a Rodolfo Galimberti, uno de los jefes de Montoneros, al Consejo Superior del peronismo. En ese organismo convivía un extraño elenco que incluía a su esposa «Isabel», al ultraderechista teniente coronel Jorge Manuel Osinde y a Héctor J. Cámpora, que había reemplazado a Paladino como delegado personal de Perón gracias a su legendaria lealtad.

Ese mismo año se formó el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), una coalición integrada por el peronismo y otros partidos menores. Perón intentó conciliar las corrientes renovadoras e históricas que se disputaban la conducción del movimiento y designó en la fórmula presidencial a Cámpora y Vicente Solano Lima. El primero se hallaba cercano a la juventud radicalizada y el segundo era un peronista conservador.

Las acciones terroristas habían proseguido con bombas, sabotajes, asaltos y copamientos. El 10 de abril de 1972 el ERP secuestró y mató a un alto ejecutivo de la fábrica de automóviles Fiat; ese mismo día, el grupo Montoneros asesinó en Rosario a un general del Ejército. La respuesta del gobierno resultó ambivalente. Por un lado, se crearon tribunales especiales para juzgar a los guerrilleros; por el otro, las Fuerzas Armadas ejercieron la represión ilegal mediante el secuestro y la tortura de activistas, y en agosto asesinaron a unos guerrilleros detenidos en la base aeronaval de Trelew.

Sorpresivamente, Perón convocó a Héctor Jorge Cámpora y lo designó su delegado personal en reemplazo de Jorge Daniel Paladino. Cámpora, que había sido presidente de la Cámara de Diputados entre 1948 y 1952, se había mantenido en un segundo plano desde la fuga de la cárcel de Río Gallegos en 1957 junto a John William Cooke, Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly y José Espejo.

Desde abril de 1971, el presidente Alejandro Lanusse había iniciado la búsqueda de una salida política para la Revolución Argentina, negociando con los partidos reunidosen La Hora del Pueblo, de la que Paladino era un importante animador. La designación de Cámpora indicaba que Perón quería controlar personalmente, y sin intermediarios independientes, la compleja negociación que iniciada. Por lo pronto, Perón acusó a Paladino de ser «agente del dictador Lanusse» y acentuó sus ataques al Gobierno. Además, estimulaba a los grupos juveniles y atacaba a las Fuerzas Armadas desde la revista Las Bases, quo dirigía la hija de su secretario López Rega.

Héctor Cámpora (frejuli)El 11 de marzo de 1973 se realizaron los comicios. El FREJULI obtuvo el 49,6 por ciento de lo votos, seguido muy atrás por Balbín, con el 21,3 por ciento. La UCR reconoció la virtual victoria de Cámpora y decidió no presentarse a la segunda vuelta en el orden nacional.

El acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo, fue acompañado por una gran movilización popular a Plaza de Mayo y manifestaciones en las ciudades más importantes del interior del país. Al finalizar el acto, grandes columnas encabezadas por las organizaciones juveniles se dirigieron a la cárcel de Villa Devoto y exigieron la libertad de los presos políticos.

Luego de varias horas, y para legalizar esa situación «de hecho», el gobierno decretó la libertad de todos los detenidos a través de una ley de amnistía. Esta medida provocó la crítica de diferentes sectores de la opinión pública.

Los acontecimientos de esa jornada marcaron el tono del breve gobierno de Cámpora, que duró menos de dos meses. Fue un gobierno signado por la movilización popular y la expectativa de cambios revolucionarios. Durante ese período dirigentes de la izquierda peronista ocuparon puestos relevantes en el gobierno. Es el caso de las gobernaciones de Buenos Aires, Córdoba , Mendoza, algunos ministerios y banca en la Cámara de Diputados , las universidades y otras instituciones gubernamentales.

De todas maneras siempre se intentó buscar un equilibrio de poder entre la izquierda y derecha peronista. Además Perón buscaba impulsar una estrategia política conciliadora con las restantes fuerza políticas.

Cámpora tenía mejor relación con los sectores de la izquierda peronista, sectores que serán absorbidos por Montoneros, eran los únicos que no cuestionaban su papel como representante del líder, viendo en esa aceptación la posibilidad de integrar espacios del poder. Los sectores tradicionales del sindicalismo y de la derecha peronista, en cambio, ya desde su nombramiento habían trabado su accionar.

La presencia de figuras como los presidentes de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós, en el acto de asunción de Cámpora, el 25 de mayo de 1973, luego sería usada para acusar al Tío de «agente de la infiltración marxista», aunque las invitaciones habían contado con el aval de Perón.

En el gabinete ministerial no predominaban las figuras ligadas a la denominada «Tendencia Revolucionaria». Salvo la Cancillería, donde fue designado Juan Carlos Puig, hombre vinculado con la Iglesia, y el Ministerio del Interior, ocupado por Esteban Righi, los demás ministerios tuvieron al frente a los mismos funcionarios que luego acompañaron a Raúl Lastiri y a Perón en su tercera presidencia. Entre ellos, se destacaban el secretario privado del líder, José López Rega, en Bienestar Social; el ministro de Trabajo, el sindicalista Ricardo Otero, y el de Hacienda y Finanzas, José Gelbard, dirigente de la CGE.

El 20 de junio Perón regresó de forma definitiva al país y comenzaría una nueva etapa del gobierno peronista, ahora con el líder en su tierra. Ese día fue también uno de los momentos mas triste de la historia política argentina, pues se convirtió en escenario de una sangrienta batalla en la cual la mayoría de los concurrentes se encontró atrapada entre dos fuegos. Nunca se supo con exactitud la cantidad de muertos, porque no hubo interés en realizar una investigación seria del hecho. Algunos reportes hablan de una decena de víctimas fatales y de unos trescientos sesenta heridos. Otros informes sostienen que hubo más de un centenar de muertos. Para evitar el riesgo de un posible atentado, el avión de Perón aterrizó en el aeropuerto militar de Morón.

Como se expresa en el libro «El Libro de los presidentes argentinos»:

La «Masacre de Ezeiza» puso en tela de juicio la capacidad del Presidente para conjurar los enfrentamientos internos. Una intensa campaña contra sus más cercanos colaboradores -Righi y su sobrino Mario-, y el hecho evidente de que el poder no residía en la Casa Rosada sino en la mansión de la calle Gaspar Campos donde se instaló Perón, llevaron a Cámpora a ofrecerle al líder su renuncia.

El 4 de julio, una reunión reservada de la cúpula justicialista, realizada en Gaspar Campos, definió los pasos que seguirían, de los que la ciudadanía sólo tuvo noticias ciertas una semana después. El jueves 12 de julio, Cámpora anunció su dimisión para que, mediante nuevas elecciones, el general Perón pudiese acceder al gobierno. También renunció Solano Lima, y el vicepresidente primero del Senado, Alejandro Díaz Bialet, fue enviado especialmente a la reunión de Países no Alineados. De este modo, la Presidencia provisional de la Nación fue ocupada por Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno de López Rega. En cuarenta y nueve días había concluido el gobierno constitucional más breve de toda la historia argentina.

El 13 de julio Cámpora renunció y Raúl Lastiri ocupó la presidencia provisional. Lastiri formaba parte del entorno que había convivido con Perón en Madrid hasta su regreso, al igual que Osinde y José López Rega, secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social.

El 23 de septiembre se convocaron a nuevas elecciones y la fórmula Perón-Perón salió vencedora con el 62% de los votos.

Incondicional de Perón
[Cámpora] era un típico peronista […] que había llegado a la política «sin saber por qué»; es decir sin etiquetas ni compromisos del pasado, en ese aluvión que Sanmartino quería relegar a lo zoológico porque no podía admitir un reacomodamiento de las placas sociales que convertía en ciudadanos a todos los que habían estado excluidos y relegados, efectivamente, a la zoología. Cámpora respondía a los agravios al modo de esas flamantes «muchachas peronistas», como Juanita Larrauri, que recogían el salivazo de los niños bien («Juanita, al Bajo, a seguir con tu trabajo») y lo convertían en desafío: «Con bombacha o sin calzón, todas somos de Perón». Si le decían «obsecuente» respondía que sí lo era, «de puro consecuente». A los que lo llamaban «sirviente de Eva» les contestaba orgulloso: «Me honra que me consideren su sirviente porque la sirvo lealmente». Pero el calificativo que más defendía era el de «incondicional», porque su lealtad a Perón no ponía condiciones y se confundía con su sentimiento religioso: el amor al General respondía a la sed oculta de mito, al hondón de las relaciones padre-hijo y debía expresarlo de manera fanática. Curiosa, por otra parte, en un hombre que tendía a evitar los extremos y las confrontaciones. Y así, sería él mismo, con su increíble falta de malicia y su debilidad por la hipérbole, el que alimentaría el estereotipo «contrera» del mucamo idiota.

Miguel Bonasso, El presidente que no fue.

AMNISTÍA POLÍTICAS ARGENTINAS
1973, 25 de Mayo: un indulto masivo impuesto desde la calle:

El principio de la violenta década de los ’70 tuvo entre sus hechos salientes el crecimiento de la violencia guerrillera, su represión legal e ilegal y la apertura electoral. Al finalizar el gobierno de Lanusse, las cárceles estaban pobladas por cientos de presos políticos y sociales cuya «inmensa mayoría, —escribe Bonasso- eran combatientes de las organizaciones guerrilleras».

La tentativa del saliente poder militar de condicionar al nuevo gobierno y evitar la liberación de esos presos vinculados con la subversión guerrillera iba contra la tendencia predominante, y fracasó. El 25 de Mayo, al asumir la presidencia Héctor). Cámpora, la situación de aquellos detenidos, con cuya lucha se identificaban cientos de miles de quienes manifestaban en calles y plazas, aparecía como un tema inmediato e ineludible. («¡El Tío Presidente/ libertad a los combatientes!»era uno de los slogans voceados en la jornada.) La mayoría de la gente parecía compartir esa postura, suponiendo que era uno de los pasos necesarios camino a la democratización.

El nuevo mandatario anunció un proyecto de amnistía en su mensaje al Congreso. Pero los hechos protagonizados por activistas y simpatizantes en torno de la cárcel Villa Devoto (parecía que llegarían al asalto de la prisión) obligaron a la firma apresurada, la misma noche, de un decreto de indulto en el que se disponía la libertad de cientos de detenidos, pues se «…impone el cumplimiento del mandato popular recibido el 11 de marzo último y dadas las características del momento por el cual atraviesa el país… «.

En la confusión, alguna mano aviesa logró incluir en la lista de presos a liberar a un famoso criminal internacional. (En el anecdotario de la época quedaron registradas «oportunas» manifestaciones de solidaridad de los delincuentes comunes encarcelados, con los presos políticos.)

Según Bonasso se trató del «…único preso común que logró evadirse» esa noche. El caso fue «utilizado en la campaña montada por la derecha…».

Fuente Consultada:
Compendio de Historia Argentina Mariana Vicat
Cuatro Décadas de Historia Argentina – P. Dobaño – M. Lewkowicz
El Libro de los Presidentes Argentinos del Siglo XX Deleis-Tito-Arguindeguy
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo – Santillana
Fascículo de Grandes Debates Nacionales Pagina/12

Presidencia Julio Roca Segundo Gobierno Ley Ricchieri

Presidencia Julio Roca
Segundo Gobierno La Ley Ricchieri

LA SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA (1898-1904): Al finalizar la presidencia de Uriburu. el país vivía un estado peligroso a causa de una posible conflagración exterior. Fue éste uno de los argumentos que favorecieron la elección de Roca, quien, por otra parte, manejó hábilmente sus recursos políticos. Para muchos, parecía el hombre necesario para enfrentar una crisis exterior. El 12 de octubre de 1898 fue proclamado presidente de Argentina.

La segunda presidencia de Julio A. Roca (1898 – 1904) tiene caracteres diferentes a los de la primera, pues debe adecuarse a circunstancias muy distintas. El propio PAN (Partido Autonomista Nacional, ensayo de «partido único») va sufriendo crisis decisivas. Las condiciones del mundo y del país no eran las mismas y estos años finiseculares fueron grávidos de acontecimientos que preanunciaban una época plena de inquietudes.

Se había saludado al siglo XX con la euforia propia del siglo precedente, y Roca era hombre de su tiempo. El siglo XX dio en seguida la pauta de que el cambio no era meramente cronológico. Por lo demás se venía preanunciando el sentido de una crisis de estructuras que en Europa se hizo sentir en seguida y cuyos ecos llegarían poco después a nuestra tierra. (Fuente: Galleti Alfredo  La Política y los Partidos)

Julio Argentino Roca Presidente de Argentina

SEGUNDA PRESIDENCIA DE ROCA (1898-1904)
El general Roca, senador por Tucumán, presidente del Senado, y durante algunos meses, de la República, por licencia otorgada al doctor Uriburu (octubre de 1895 a febrero de 1896), gozaba de una gran influencia política. Los grupos dominantes de las provincias (dueños de las denominadas «situaciones»), le respondían; tanto allí como en la capital, la oposición se abstenía de concurrir a los comicios. En ese ambiente de pasividad cívica surgió la candidatura de Roca para un segundo período presidencial.

El doctor Pellegrini la proclamó, en una asamblea de personalidades, reunida en el teatro Odeón de la capital. A los amigos disconformes con su actitud les replicó: «Roca debe ser presidente; sólo él evitará la guerra con Chile, y esa cuestión es más importante que cualquier otro interés del país». Las relaciones con el Estado vecino, en efecto, se habían tornado críticas una vez más.

Las elecciones dieron un fácil triunfo a la fórmula encabezada por Roca, a quien acompañaba como vicepresidente el doctor Norberto Quirno Costa. Tomaron posesión de sus altos cargos el 12 de octubre de 1898.

LA POLÍTICA INTERNACIONAL. Roca desarrolló una hábil política internacional; estrechó la amistad con el Brasil, mediante un cambio de visitas con el presidente de esa nación, Campos Salles. También visitó oficial mente el Uruguay. Con respecto a Chile, Roca y Errásuriz, presidentes de las dos naciones, se entrevistaron a bordo de barcos de las respectivas escuadras, en el estrecho de Magallanes (1899), gestión directa y personal que contribuyó al feliz desenlace del conflicto, pse mismo año fue resuelta la cuestión de la puna de Atacama.

Una junta mixta, integrada por el señor Buchanan, ministro de Estados Unidos de América en Buenos Aires, adoptó una línea convencional,que dividió la zona controvertida, adjudicando a Chile la porción noroeste y a la Argentina la sudeste.

Por los pactos de mayo, firmados en 1902, Chile y la Argentina acordaron la venta de los buques de guerra que habían contratado en Europa, la reducción de sus ejércitos y la resolución inmediata del pleito de límites sobre la base de un fallo arbitral del nuevo rey de Inglaterra, Eduardo VII Una comisión de peritos ingleses marcó una frontera intermedia entre las altas cumbres y la línea divisoria de aguas.

 Por iniciativa de una comisión de damas, en un punto divisorio de la cordillera fue erigida en 1904 una estatua de Cristo, hito simbólico de paz y fraternidad

En materia de derecho internacional, cupo al ministro de Relaciones Exteriores doctor Luis María Drago formular una doctrina en defensa de la soberanía americana. El gobierno venezolano había dejado pendientes ciertas deudas contraídas con banqueros de Alemania y Gran Bretaña. Los gobiernos de esos Estados exigieron su pago inmediato, y al no conseguirlo, enviaron buques de guerra que bombardearon algunos puertos de Venezuela. La «doctrina Drago» sostuvo entonces el principio de que ninguna nación acreedora debe emplear la fuerza para obligar a otra al pago de sus deudas. El conflicto fue arreglado con la intervención amistosa de Estados Unidos de América.

LA GESTIÓN ADMINISTRATIVA Y ECONÓMICA. En 1901, el ministro de Guerra, coronel Pablo Ricchieri, obtuvo la sanción de una ley que implantó el servicio militar obligatorio. El antiguo ejército profesional se transformó en otro de ciudadanos, elevó el nivel de la tropa, hizo de los cuarteles una escuela de democracia, y permitió preparar de una manera eficiente y uniforme las fuerzas armadas de la Nación.

La segunda presidencia de Julio A. Roca (1898 - 1904)Las finanzas sufrieron el efecto de los grandes gastos ocasionados por los preparativos militares y navales: cerca de 80 000 000 de pesos.

Para aliviar la pesada deuda que recaía sobre la economía pública, el gobierno presentó un proyecto de unificación. Un sindicato de banqueros pagaría las deudas existentes, a cambio de una nueva, por el total, al 4 por ciento de interés anual. Los títulos serían colocados al tipo de 75 por ciento.

Como una de las cláusulas acordaba en garantía los ingresos fiscales, incluso los de la aduana, la opinión estime lesionada la soberanía nacional. Se produjeron en la capital algunos desórdenes, Roca, por consejo de Mitre, retiró el proyecto, ya aprobado por el Senado.

En 1899 una nueva ley de Conversión fijó el valor de un peso papel en cuarenta y cuatro centavos oro.El comercio alcanzó un extraordinario desarrollo; de 301 000 000 de pesos oro en 1899, pasó a 451.000.000 en 1904; las exportaciones superaron siempre a las importaciones. Los ferrocarriles aumentaron sus líneas en 4.000 kilómetros. Fueron construido; puertos fluviales, como el de Rosario y Concepción del Uruguay, y en once capitales de provincia comenzaron los servicios de agua potable. Las obras de irrigación favorecieron especialmente a Mendoza, San Juan, San Luis y los valles de los ríos Colorado y Negro.

LA CUESTIÓN SOCIAL. La gran prosperidad económica, sin embargo, sólo beneficiaba a un reducido grupo de personas y de empresas, en su mayoría extranjeras. El nivel de vida de la masa proletaria y campesina era muy bajo, por los salarios escasos y la falta de amparo legal. En Buenos Aires, Rosario y otros puntos las familias obreras se hacinaban en sucios conventillos.

La inquietud tomó auge con la divulgación de las teorías socialistas y anarquistas y el desarrollo de las industrias. Aparecieron los primeros sindicatos, que se confederaron en entidades considerables. Comenzaron a estallar huelgas, y su violencia cada vez mayor impuso la declaración del estado de sitio y provocó choques entre los obreros y la policía.

En 1902 se sancionó, tras un breve debate, la ley de Residencia, que autorizaba al Poder Ejecutivo para expulsar del país a los extranjeros agitadores. El Ministro del Interior  Joaquín V. González presento al Congreso un proyecto de Código de Trabajo, en procura de soluciones amplias y racionales de justicia social.

LAS FUERZAS ARMADAS. El país no estaba preparado para utilizar los instrumentos de guerra adquiridos con premura por el presidente anterior. Faltaban jefes técnicamente capaces, personal especializado, tripulaciones instruidas, arsenales, armamentos, etc.

La creación del ministerio de Marina, a cargo de Martín Rivadavia, permitió el aprovechamiento de la escuadra adquirida con tantos sacrificios. Se iniciaron entonces las obras del Puerto Militar o Puerto Belgrano, que seria la mayor base en su género en América del Sur. y se habilitó el apostadero de Río Santiago. Con el objeto de modernizar el ejército, y con la colaboración del genera) Luis M. Campos, se creó la Escuela Superior de Guerra y la Escuela Normal de Tiro.

El coronel Pablo Ricchieri, segundo ministro de Guerra, inició una nueva era en la organización militar. Convirtió al ejército argentino en un organismo moderno y eficiente, superando el sistema de la Guardia Nacional. En diciembre de 1901 se promulgó una ley sobre la organización de) ejército y el servicio militar obligatorio: la llamada Ley Ricchieri.

ALGO MAS…
La política exterior
Para solucionar el enojoso conflicto limítrofe con el país trasandino, el presidente Roca concertó una entrevista con su colega chileno —señor Errázuriz—, conviniéndose que la reunión se realizara en el estrecho de Magallanes, frente a Punta Arenas.

Roca subió a bordo del acorazado O’Higgins para estrechar la mano de Errázuriz y más tarde el presidente chileno trasbordó al acorazado Belgrano para saludar al presidente argentino.

Ambos mandatarios se ocuparon del problema limítrofe austral, sujeto en esos momentos al  arbitraje de Gran Bretaña.

También trataron la cuestión de la Puna de Atacama, donde las dos naciones sustentaban puntos de vista distintos. Este pleito internacional fue resuelto ese mismo año, por mediación de Guillermo Buchanan, ministro de los Estaaos Unidos en Buenos Aires. Con los 42.000 km2 que correspondieron a nuestro país, se formó el territorio nacional  de los Andes.

El 28 de mayo de 1902, los gobiernos de Argentina y Chile firmaron en la ciudad de Santiago tres convenios —conocidos como Pacto de Mayo—, a fin de facilitar la solución del problema limítrofe en las regiones australes.

Las negociaciones establecieron:
a) la limitación de armamento, es decir, que ambos gobiernos suspendían la adquisición de nuevos barcos de guerra en Europa y disminuían sus unidades en uso, hasta una cierta equivalencia;
b) el arbitraje general o sea someter las diferencias al arbitraje de Gran Bretaña, país que debía designar una comisión técnica para demarcar la frontera.

Poco más tarde, el rey Eduardo VII —por intermedio de una comisión presidida por Mr. Holdich— fijó un límite intermedio y con esto quedó sellada la amistad argentino-chilena.

En cumplimiento de una hábil’ política internacional, el Presidente Roca intercambió visitas con Campos Salles, el primer mandatario brasileño; también estrechó vínculos con Perú y Bolivia.

En diciembre de 1902, las naciones americanas fueron conmovidas cuando naves británicas, alemanas e italianas atacaron y bloquearon la costa de Venezuela, debido a que este país había suspendido los pagos de la deuda exterior.

Ante el incidente, el Dr. Luis María Drago —ministro de Relaciones Exteriores argentino— defendió la soberanía americana y proclamó que ninguna nación acreedora debe emplear las armas sobre otra para saldar deudas. La pacífica intervención de Estados Unidos solucionó el conflicto venezolano.

La nota argentina produjo repercusión en el exterior y fue incorporada, con el nombre de Doctrina Drago, a las normas del Derecho público internacional.

Fuentes Consultadas:
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz
de Miretzky – Mur – Ribas  – Royo
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Argentina y El Mundo Astolfi José C.
Enciclopedia Historia Argentina Tomo 13
La Argentina Historia del País de y De Su Gente María Sáenz Quesada
HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

El Fraude Electoral Caudillos Electorales La Elecciones Nacionales

El Fraude Electoral en las Elecciones Políticas

Origen de la OligarquíaLa Semana TrágicaGrito de AlcortaReforma Universitaria

ELECCIONES Y FRAUDES
LOS PARTIDOS POLÍTICOS Y EL PODER

Entendemos por partido político aquella agrupación de personas constituida en torno a un plan o programa común destinado a aplicarse en la vida política, social y económica de un país a través del ejercicio del poder o desde la oposición. Hacia 1890 la vida de las agrupaciones políticas era mucho menos orgánica que en la época actual. Un partido era una simple reunión, no siempre coherente ni duradera, de gente simpatizante con una ideología, con un caudillo o con un, grupo de dirigentes.

LA VIDA POLÍTICA ARGENTINA DURANTE El, SIGLO XIX. De hecho, la vida política estaba regida por minorías que pugnaban por el poder o lo poseían. Como se señaló más de una vez en muchos casos el objetivo supremo de esa lucha fue el poder y. en su beneficio, los principios e ideas fueron dejados de lado.

Esta afirmación explica las frecuentes alianzas entre grupos al parecer irreconciliables, los acuerdos, las uniones electorales, etc. La mayoría de los partidos carecía de principios ideológicos claramente definidos. En general, eran tendencias que variaban con el tiempo, aunque coincidían en ciertos asuntos fundamentales.

ELECCIONES Y FRAUDE. Sólo grupos minoritarios tomaron parte real en la vida pública. En las elecciones legislativas celebradas en la ciudad de Buenos Aires en 1864 —que entonces contaba con 160.000 habitantes— hubo 3.074 votantes inscriptos; de ellos, concurrieron a las urnas 2.882.

La violencia y el fraude —generalmente ejercido con el concurso de la autoridad local— eran una constante de la vida política. Este vicio, arma favorita de los clubes políticos (luego llamados comités) se acentuó en las últimas décadas del siglo XIX, contribuyendo a crear los factores que llevaron al estallido de 1890.

El control de los cargos de gobierno
Uno de los recursos en los que se basó el funcionamiento del sistema de gobierno oligárquico fue el control del acceso a los cargos de gobierno y a  la administración. Eran los miembros de la clase gobernante quienes —a través del Partido Autonomista Nacional elegían a las personas destinadas a ocupar los cargos y a cumplir una especie de carrera: diputado nacional, senador nacional, ministro del poder ejecutivo nacional, gobernador, y presidente o vicepresidente.

El grupo de la clase gobernante que había ocupado todos o el mayor número de estos cargos controlaba la sucesión presidencial. En la práctica, la elección de cada nuevo presidente la realizaba el presidente saliente con el consejo de aquellos que ocupaban los cargos de gobierno más importantes.

Elección de Diputados Nacionales en Capital Federal
Elección de Diputados Nacionales en Capital Federal

Insulsas, desanimadas, soñolientas y aburridas resultaron las elecciones del domingo. Parecía como si la gente, preocupada por las triquiñuelas entre el doctor Yofre y el Intendente, no pensase en otra cosa. Los atrios no olían á pólvora, sino A fastidio. De ellos, como Bullrich cuando ahora se refiere al municipio, podía decirse: »No hay ni una rata».
El fenómeno es digno de tenerse en cuenta: los desocupados que suelen asistir á los remates campestres cuando se les ofrece un almuerzo a la criolla, no quisieron asistirá las elecciones de Flore» donde estaba preparado un respetable y suculento asado con cuero.

En Balvanera. la parroquia batalla dora y bochinchera en otros tiempos, no ocurrid cosa digna de recordarse; por no haber nada no hubo ni votantes siquiera. En San Cristóbal votaron 1617 ciudadanos, batiendo el record de las elecciones, en todos sentidos. Como en los teatros donde hay poca comparsería, entraban por un lado y salían por otro los votantes, siempre los misinos, formando algo así como una serpiente que se muerde la cola. Tal lo aseguran testigos respetables, á quienes hay que creer porque no eran ni volantes ni candidatos.

En San Bernardo, en San Carlos, en la Piedad, en San Juan Evangelista, en San Telmo, en el Socorro, en San Nicolás, en Monserrat, en toda partes ocurrió lo mismo.

Todas y cada una de las parroquias parecían remedo de las sesiones que celebra la comisión encargada del recibimiento de Campos Salles: todo el mundo , bostezaba; la soledad de dos ó más escrutadores en compañía era capaz de aburrir á un cartujo.

A pesar de ello, el fraude fue superior a de años anteriores. Es un progreso que debe tenerse en cuenta: 16618 votantes figuraron é hicieron triunfar á los candidatos del acuerdo. La gente  echaba de menos melancólicamente tos buenos tiempos en que se andaba á balazos, y el que más y el que menos sentíase con vocación de sangrador en los atrios. —Antes había partidos—decían algunos:—partidos políticos antes de las elecciones y partidos por el eje después de ellas. Hoy no queda nada de eso.

El fraude electoral:
El otro recurso en el que se basaba el funcionamiento de este sistema de gobierno fue el fraude electoral. A partir de 1880, la clase gobernante mantuvo las reglas de la democracia política: convocó a elecciones en el orden nacional, provincial y municipal; y, como desde 1863, las sucesivas leyes electorales nunca restringieron el derecho de sufragio de los ciudadanos sobre la base de una determinada capacidad económica o cultural.

Sin embargo, el gobierno controlaba los comicios interviniendo de diferentes formas en el momento de la emisión del voto por parte de los ciudadanos. Intervenía en las comisiones empadronadoras que conformaban el registro electoral y —con las ventajas que le daba el hecho de que el voto era voluntario y no era secreto— organizaba el voto colectivo, el voto doble, la repetición del voto y la compra de sufragios.

Por estos medios, aseguraba que los representantes elegidos para integrar las asambleas legislativas fueran personas que estaban, de acuerdo con el gobierno.

Los caudillos electorales actuaban en todos los distritos, en la campaña y en las ciudades. Eran instrumentos necesarios. Algunos testimonios evocan al caudillo como un arquetipo de lealtad hacia su protector; otros como un hombre de lealtades difusas y cambiantes que combinaba, según la circunstancia, el apoyo con la amenaza.

El caudillo electoral desplegaba su acción ofreciendo servicios, pactando acuerdos cambiantes, haciendo presente su disconformidad mediante la sustracción de sufragios de una lista cuando sobrevenían arreglos previos no del todo satisfactorios. Según testigos de la época, uno de estos caudillos —Cayetano Ganghi, un italiano y comerciante de libretas cívicas que sirvió a los grandes de Buenos Aires— le dijo a Roque Sáenz Peña: «Roca es un poroto a mi lado. Tengo 2.500 libretas.» Según estos testigos, él inventaba la nacionalización de ciertos extranjeros —entre quienes tenía un gran prestigio—, y recogía sus libretas y las catalogaba y acumulaba pacientemente.

Fragmento Tomado de Natalio Botana, historiador argentino contemporáneo, El orden conservador

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
EL FRAUDE ELECTORAL DOMINA LA ESCENA POLÍTICA DE LA DÉCADA

Las elecciones complementarias de diputados nacionales se han efectuado ayer en la provincia de Buenos Aires sin que el más fuerte partido opositor se hiciera presente. Comprobada en las del 6 la inutilidad del esfuerzo contra la coacción oficial, el radicalismo desistió de someterse a esta nueva prueba, y dejó que el partido gobernante se adjudicara sin dificultad votos que, de cualquier manera, no alterarán el resultado inevitable de comicios sin garantías.

Ante situaciones exactamente iguales, la oposición de otras provincias -como los mismos radicales en Santa Fe y los liberales en Corrientes- declararon que concurrirían a las elecciones de ayer con el único objeto de documentar el fraude y obligar al oficialismo a poner en juego sus recursos ilegítimos. Esta es la conducta que, en nuestro concepto, se debe seguir, por las razones permanentes que más de una vez hemos expuesto y en las que ha de confiarse para un futuro restablecimiento del orden institucional.

Tal discrepancia, entretanto, no podría significar, en el caso de Buenos Aires, ninguna atenuación del juicio severo que merecen las demasías gubernativas que han puesto a la oposición de esa provincia en la imposibilidad de aproximarse a las urnas. Los métodos de intimidación allí empleados de algunos años a esta parte fueron perfeccionados por la reforma de la ley electoral que suprimió prácticamente el voto secreto -establecido, en principio, por su artículo 1°- al eliminar la cláusula que prohibía a los electores presentarse en el local donde funciona una mesa receptora de votos, exhibiendo su boleta de sufragio.

En las elecciones nacionales no se les puede exigir que las exhiban; pero esa restricción legal no tiene ninguna importancia para lo hombres de acción a quienes se confía la tarea de impedir que la voluntad popular se manifieste libremente. Tanto en el orden local como en el nacional, las elecciones bonaerenses se efectúan bajo el mismo régimen de arbitrariedad implacable.

El grado de crudeza a que llegan esos procedimientos; la falta de disimulo con que, en las puertas mismas de la Capital Federal, se producen actos que hasta hace poco tiempo habrían parecido inauditos, son de una evidencia pública tan definitiva que resultaría ocioso detenerse una vez —as a caracterizarlos.

Se fueron agravando a medida que se comprobaba su impunidad, certificada por el sugerente silencio de las autoridades federales. Hoy ya constituyen un sistema riguroso, cuyos usufructuarios se sienten cada día más satisfechos de sus resultados y más dispuestos a extender su aplicación. Buenos Aires retorna, decididamente, hacia la edad de oro de las unanimidades legislativas y las elecciones canónicas. La oposición abandona los comicios y al Gobierno le falta poco para disponer de la totalidad de las bancas en la Legislatura.

Por mucho que se haya retrogradado durante los últimos seis años en materia de cultura política, parece llegado el momento de preguntar si es admisible que semejante anormalidad se prolongue, convirtiéndose en régimen ordinario lo que al comienzo se pretendió disculpar como transitorio expediente rusticado por las exigencias de una hora de transición. La responsabilidad de esta crisis, que afecta el decoro de nuestro pueblo y nos disminuye moralmente, en una hora tan difícil de la historia del mundo, no podría ser limitada a los ejecutores inmediatos de las irregularidades electorales. Sería imposible rehuirla, sobre todo cuando no se trata sólo de elecciones provinciales, sino de las correspondientes al Congreso de la Nación.

El gobierno federal no puede desentenderse de la forma en que ellas se efectúen, convirtiendo en sus árbitros inapelables a los gobernadores de provincia. Tanto menos cuanto que esa tolerancia sólo se extiende a los gobernadores bienquistos en la Casa Rosada, como bastaría a demostrarlo el ejemplo contrario de San Juan.

La tenaz esperanza popular en el restablecimiento más o menos próximo de la normalidad supuso que el cambio de gobierno determinaría un progreso hacia ese rumbo. Nadie creyó discreto esperar una rectificación brusca que restableciera de la noche a la mañana el imperio de la legalidad.

Pero se confiaba en una reacción moderadora, que empezara por corregir, cuando menos, los alardes de desprecio por las formas. Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y otras provincias acaban de probar que nada ha cambiado. Hay interés por saber si quienes pueden impedirlo admiten que tal sea la suerte definitiva de nuestras instituciones.

Fuente Consultada:
Historia 3 La Nación Argentina e Historia Argentina y Contemporánea Alonso-Elizalde-Vázquez
La Nación 135 Años Testimonios de Tres Siglos

Causas de los Fracasos de la Oposicion a Rosas Juan Manuel

Causas de los Fracasos de la Oposición a Rosas Juan Manuel

El fracaso de la tentativa unitaria para organizar el país abrió un nuevo paréntesis en la vida nacional. La lucha de partidos e intereses, sangrienta a veces, caracterizó el panorama nacional por más de veinte años. Unitarios y federales fueron las divisas enfrentadas en esa lucha, pero tras esa dualidad se ocultaron tantos matices, que se hace muy difícil dividir la lucha entre dos bandos. Para muchos historiadores modernos el entrenamiento real es el protagonizado por los intereses de las provincias r los de la capital-muerto.

Juan Manuel de Rosas es la expresión más acabada de esa confusión: su proclamado federalismo estará fuertemente influido por la defensa de los intereses locales. De cualquier manera, en torno a él se centra la lucha política en Ion años que van desde la tentativa unitaria de recuperar el poder (1828) hasta la batalla de Caseros.

Juan Manuel de Rosas

Juan Manuel de Rosas

A pesar de tan grandes esfuerzos y de los realizados posteriormente, no consiguieron derribar a Rosas.
Varias fueron las causas del fracaso:

1° La falta de unidad. Mientras los federales tenían una sola cabeza, Rosas, sus opositores estuvieron siempre divididos y procuraron excluirse; de aquí una serie infinita de intrigas, espionajes y rencores. Rivera, uruguayo ante todo, dominado por secretas ambiciones expansionistas sobre la Mesopotamia, con frecuencia contrarió la obra común. No acudió en apoyo de Be ron de Astrada, se opuso a la expedición de Lavalle, anuló la victoria de Paz en Caaguazú, y entró en conflicto con el mismo general, cuando tomó a su cargo la defensa de Montevideo, poniéndole en el caso de renunciar.

La falta de acuerdo impidió una acción conjunta y simultánea: la expedición de Lavalle, la sublevación de los hacendados del sur de Buenos Aires y la Liga del Norte, que mejor concertadas hubieran acorralado a Rosas, resultaron tres episodios aislados y sucesivos, que éste pudo dominar.
La rivalidad entre Lavalle y Lamadrid contribuyó después a la derrota de los dos.

2° La inferioridad del comando. Paz, el mayor talento militar de la época, no consiguió el apoyo suficiente. Lavalle, aunque de proverbial temeridad, carecía de altas dotes estratégicas. Esto era tanto más lamentable cuanto que, dominado por el deseo de ser él solo quien derribase a Rosas, alejó de su lado a los mejores jefes y no quiso escuchar consejos.

Rosas no era tampoco un estratego; exceptuando la batalla de Caseros, que perdió, no dirigió ninguna operación militar de gran estilo; pero contaba con jefes capaces, como Oribe, Pacheco, Mansilla, Urquiza, Garzón, Chilabert, Costa, Lagos, etc.

3° La falta de disciplina. Las tropas, salvo las del general Paz, no formaron un ejército ordenado. Constituidas en su gran mayoría por civiles, su entusiasmo y coraje no podían suplir la falta de otras cualidades indispensables a la milicia.

«La subordinación —dice Paz en sus Memorias, refiriéndose a las tropas de Lavalle— era poco menos que desconocida. Todo se hacía consistir en las afecciones y la influencia personal de los jefes; toda autoridad, toda obediencia, todo derivaba de la persona del general, y es seguro que si éste hubiese faltado, se hubiera desquiciado en un día el ejército Libertador…, no se pasaba lista, no se hacía ejercicio periódicamente, no se daban revistas. Los soldados no necesitaban licencia para ausentarse por ocho o quince días… De aquí resultaba que una cuarta parte del ejército estaba fuera de las filas, porque andaba seis, doce, veinte o más leguas; de modo que cuando se quería que estuviese reunido, era preciso recurrir a arbitrios ingeniosos.»

El armamento, no obstante los valiosos aportes de los franceses, era irregular; las municiones, escasas; las caballadas, desatendidas.

Rosas, por el contrario, disponía de un excelente parque y maestranza, donde se acumulaban y reparaban las armas. Los caballos eran objeto de un cuidado particular, por ser el elemento fundamental de movilidad; los arreos, bien trabajados, y los uniformes confeccionados según patrones tipos. Los soldados, reclutados en parte entre sujetos maleantes y vagos, estaban hechos a todas las fatigas, y sometidos a una disciplina de hierro, donde no faltaba el cepo, los rebencazos y el fusilamiento. Sus crueles desmanes y la degollación de los vencidos no eran producto del desorden, sino desahogos de ferocidad, consentidos y aún ordenados, que cesaban inmediatamente, cuando los jefes lo estimaban oportuno.

4° La política de Rosas. Conseguía atraer adversarios, apremiados por la necesidad o disgustados con sus compañeros. Supo aprovechar y azuzar las ya citadas rivalidades y recelos recíprocos de sus enemigos. Los conflictos con el extranjero le permitieron atraerse el «sentimiento patriótico», grato a su energía frente a las agresiones de las grandes potencias. Muchos de sus adversarios políticos no estaban conformes con la intromisión armada del extranjero. .

5° La oposición resultó más eficaz en la propaganda intelectual que en la acción bélica. La palabra clara e ilustrada de los adversarios concluyó por convencer y atraer a la parte sana del federalismo bajo el liderazgo de
Urquiza, factor decisivo para la caída del régimen.

Los errores tácticos del unitarismo y el político de solicitar la ayuda de, Francia e Inglaterra. Una nación interviene en los conflictos internos de otra teniendo siempre en vista sus propios intereses, y no los del bando que la reclama. Así, Francia, con el Tratado de Arana-Mackau, abandonó bruscamente al unitarismo, dejándolo librado a su suerte; Inglaterra se acercó o alejó de Rosas según las exigencias del comercio británico. Puede suceder, sin embargo, que haya coincidencia de intereses.

Tal sucedió cuando Rosas amenazó la independencia del Uruguay y Paraguay, y la integridad territorial y el régimen monárquico del Brasil. La caída de Rosas fue para estos países una necesidad tan esencial como para sus enemigos internos. Urquiza, como veremos, supo emplearlos aliándose con el Brasil y Uruguay, asegurando la neutralidad benévola de Paraguay.

Festejos Centenario de la Independencia Argentina 1816-1916

Festejos Centenario de la Independencia Argentina 1816-1916

Centenario de la Independencia: La guerra europea, que entraba ya en su tercer año, y la agitada situación política del país, enfrentado con el problema de la renovación de los poderes nacionales, influyeron en el ánimo público para que la celebración del Centenario de la Independencia no alcanzara la magnitud que tuviera, en el año 10, la recordación a un siglo de Mayo.

El primero de estos factores determinó, asimismo, que no concurrieran las brillantes embajadas de seis años antes, si bien América se asoció al acontecimiento y saludó la mayoría de edad de la República nacida en San Miguel del Tucumán. De ahí que naves del Brasil y del Uruguay m hicieran presentes en la imponente revista realizada en la tarde del 8 de julio, en la rada del puerto de la Capital, donde se concentró el mayor poderío naval que bajo una sola bandera se había reunido hasta entonces en Sudamérica.

Las 20 unidades, que en conjunto sumaban 119.500 toneladas, con 346 cañones, tripuladas por 278 ríes y oficiales y 5.740 marineros, formó en dos filas encabezadas, respectivamente, por los acorazados Rivadavia » Moreno.

El crucero presidencial Buenos Aires, en el que embarcaron el primer mandatario, los embajadores y lo más granado de la sociedad de entonces, pasó entre las dos columnas. Al tiempo que se escuchaba una salva de 21 cañonazos, las tripulaciones coreaban un vigoroso «Viva la República».

Ese mismo día se inauguró una exposición de Artes Gráficas y hubo una recepción en la Casa de Gobierno. El 9, la ciudad despertó bajo un canto de campanas, pues los bronces e todas las iglesias fueron echados a vuelo con el amanecer. La Plaza de Mayo fue el punto de reunión del pueblo, que luego del solemne tedeum, oficiado a las 13, presenció la revista militar que duró exactamente una hora.

A las 15.30, cuando ya había pasado la última compañía de tropas de línea y lo hacían los «boy scouts«, millares de ciudadanos se sumaron a la columna juvenil. En esas circunstancias se destacó de la multitud un hombre joven, gatillando un revolver con el que apuntaba al balcón donde se hallaba el presidente, doctor Victorino de la Plaza. Falló el primer tiro, pero el segundo hizo que una bala se incrustara cerca del lugar que ocupaba el mandatario.

Tras la primera reacción de pánico, el público intentó linchar al autor, Juan Mandrini, de 25 años, impidiéndolo la policía, que lo arrestó de inmediato. Al ser apresado, el homicida gritó: «¡Viva la anarquía!».

El presidente no advirtió que había sido objeto de un atentado, hasta que fue informado, «Es necesario perdonarlo», exclamó, ordenando la libertad del detenido. Este episodio no empañó el brillo de la fiesta, aunque pudo imprimirle un sello trágico. Y tanto es así, que pronto fue olvidado. Mandrini, en libertad, siguió escribiendo versos en el humilde hogar de sus padres, inmigrantes, mientras la Nación, de un siglo de edad, continuaba su marcha de progreso.

festejos 1916

SE VA A SOLEMNIZAR LA IMPONENTE CELEBRACIÓN
El presidente Victorino de la Plaza y autoridades dirigiéndose a la Catedral

Fuente Consultada: LA RAZÓN 75 AÑOS – 1905-1980 Historia Viva – Año 1916

Historia del Ferrocarril Argentino Primeros Ferrocarriles en Argentina

Historia del Ferrocarril Argentino
Primeros Ferrocarriles en Argentina

Introducción: Durante la presidencia de Roca, la red ferrocarrilera argentina se extendió de 2.315 km a poco más del doble. A partir de entonces, dicha red fue incrementándose paulatinamente mediante el aporte de capitales nacionales y extranjeros.El trazado de los tendidos de la época indicó, con claridad, el sentido de la economía nacional: valorizar las tierras, producir materias primas, y hacerlas llegar a la capital, donde se concentraban las finanzas.

Las inversiones fueron emprendidas por el Estado; pero luego, se produjo la participación de los capitales ingleses, que formularon el famoso plan radial, es decir, la conversión de todas las líneas en Buenos Aires, con el propósito de concentrar la riqueza en esta ciudad y, en especial, en su puerto, con fines de exportación. Ver abajo los esquemas de las redes ferroviariarias entre 1890 y 1910.

Ver:Como se Viajaba En Tren En Argentina

EL CAMINO DE HIERRO:  La aplicación de máquinas movidas por la fuerza del vapor en los diversos órdenes de la producción y del transporte fue uno de los hechos sobresalientes —si no el más importante— de la evolución económica y técnica de la humanidad durante el siglo XIX. En el marco de los transportes terrestres, el ferrocarril fue el resultado más revolucionario de ese progreso técnico.

Fue en Europa —fundamentalmente en Inglaterra— y en los Estados Unidos de América donde el ferrocarril alcanzó mayor desarrollo. Desde la inauguración de las primeras líneas. en la tercera década del siglo, la expansión ferroviaria fue realmente explosiva. Ese proceso se aceleró notablemente a partir de 1860: en esa fecha existían 200 000 kilómetros de vías en todo el mundo; en 1910 esa cifra se había quintuplicado. Sobre un millón de kilómetros existentes en esa última fecha, más del 70 % se repartía entre Europa y Estados Unidos de América. Las consecuencias del uso del ferrocarril fueron trascendentales en todos los aspectos de la vida humana:

• Se aceleraron las comunicaciones aumentando el contacto entre los pueblos, con las lógicas derivaciones sociales y culturales.
• Fue posible el transporte más rápido de gran cantidad de mercaderías y materias primas, contribuyendo a incrementar el comercio y la industria.
• Proporcionó un nuevo mercado para la inversión de capitales en un momento de plena expansión del capitalismo.

EL FERROCARRIL EN LA REPUBLICA ARGENTINA: Las primeras ideas para la instalación de ferrocarriles en nuestro país se concretaron pocos años después de Caseros. En un país de vastos territorios, cuyos centros de población y producción se encontraban aislados por enormes extensiones desiertas, el ferrocarril podía significar la solución a profundos problemas sociales y económicos. Al mismo tiempo que servia como medio de colonización y enriquecimiento —si se lo explotaba convenientemente— el “camino de hierro”, junto con el telégrafo que también comenzó su difusión en las mismas décadas podía ser un instrumento eficaz para consolidar la unidad de la nación.

En 1854 Urquiza encargó la realización de estudios con vistas a trazar un ferrocarril que uniera Rosario y Córdoba. El objetivo evidente era vincular el interior del país con el puerto más importante que poseía la Confederación en ese momento y que Urquiza pensaba oponer al predominio de Buenos Aires. Los estudios se realizaron, pero la idea no pudo concretarse en ese momento, dada la situación interna de la Confederación Argentina. En el mismo ano, una ley de la provincia de Buenos Aires autorizaba la construcción de una línea ferroviaria hacia el oeste. Para concretarla, un grupo de ciudadanos había formado, con capitales locales, una compañía denominada Sociedad camino-ferrocarril al oeste.

El primer ferrocarril argentino. En 1855 esa compañía inició los trabajos de tendido de las vías del Ferrocarril del Oeste, el primero instalado en el país. Para realizarlo se trajeron técnicos y material de Europa. El 29 de agosto de 1857, con la presencia de los más destacados personajes de la política local, se inauguraron los primeros diez kilómetros de la línea. La estación terminal estaba construida en la plaza del Parque (donde hoy se levanta el Teatro Colón), las vías circulaban por las calles Lavalle, Callao, Corrientes.. . A partir de Once continuaban sobre el trazado actual hasta Flores.

La primera locomotora, denominada La Porteña, fue adquirida en Europa, donde se la había utilizado, con fines militares, durante la guerra de Crimea. La línea del Ferrocarril del Oeste tuvo un rápido progreso: en 1860 sus rieles alcanzaban la localidad de Moreno; seis años más tarde tocaban Chivilcoy. a 159 kilómetros de su punto de partida. En 1862 el gobierno de la provincia de Buenos Aires compró la empresa a sus primitivos dueños y retuvo su propiedad hasta 1890.

Durante esas tres décadas, la expansión y el progreso del Ferrocarril del Oeste fueron constantes. Incorporó numeroso material rodante: a Ja veterana locomotora que inaugurara la línea, se sumaron otras: Rauch, Pringles, Indio amigo. Luz del desierlo... Una de ellas, Voy a Chile, revelaba claramente la idea de extender las vías hasta el país vecino.

En 1890 la línea principal y los ramales secundarios alcanzaban más de 1.200 kilómetros de extensión. Las vías tocaban, entre otros puntos. Nueve de Julio, San Nicolás. La Plata, Ensenada, Cañuelas.

El Ferrocarril del Oeste, levantado con el esfuerzo de ciudadanos argentinos y del gobierno de la provincia era, por entonces, una de las más prósperas empresas nacionales y sus tarifas y costos competían ventajosamente con las líneas férreas de capital extranjero.

Sin embargo, la expansión del ferrocarril en el país pronto perdió el carácter de empresa totalmente nacional. Los capitales ingleses, a los que la economía local estaba íntimamente vinculada vieron un ventajoso medio de inversión en empresas ferrocarrileras del país y pronto beneficiados por la liberal política económica seguida por los gobiernos locales, sobre todo desde 1880, alcanzaron predominio sobre las líneas de origen local.

La entrega de tierras en propiedad a los lados de las vías y la garantía otorgad por el país, que pagaba subsidios a las empresas que no alcanzaron el nivel de ganancia previsto, fueron poderosos estímulos para la inversión extranjera, que no siempre tuvo en cuenta el interés local y muchas veces el trazado de las líneas buscó más el beneficio económico que el fomento del desarrollo nacional.

La política de privatizar los ferrocarriles en beneficio de los inversores extranjeros —apoyada en el argumento de ser necesario su aporte por la escasez de recursos locales y el estado económico del país— se acentuó, como dijimos, desde 1880 y hasta esa fecha los ferrocarriles de capital extranjero eran equivalentes a los nacionales; a partir de entonces predominaron lo primeros.

PARA SABER MAS…
HISTORIA DEL FERROCARRIL OESTE

Scalabrini relata:
«El primer ferrocarril argentino nace oficialmente el 12 de enero de 1854, fecha de la ley provincial que acuerda a un grupo de ciudadanos porteños la concesión para construir una línea ferroviaria desde la ciudad de Buenos Aires al Oeste, indefinidamente.

Casi todos los integrantes de la Sociedad del Camino-Ferrocarril al Oeste’ eran comerciantes de la ciudad: Felipe Llavallol, Francisco Balbín, B. Larroude, Mariano Miró, Daniel Gowland, Manuel J. de Guerrico, Norberto de la Riestra, Adolfo van Praet, Esteban Ramos y Vicente Basavilbaso. […]

Durante los 27 años en que perteneció al gobierno de la provincia de Buenos Aires, el Ferrocarril Oeste fue la línea más lujosa, la menos dispendiosa en sus erogaciones burocrático-administrativas, la que ofrecía al productor fletes y pasajes más económicos. […] La primera estación se estableció en el Parque, donde hoy se levanta el Teatro Colón. Para evitar expropiaciones, las vías tomaban la calle Lavalle y seguían por Callao, Corrientes, Centroamérica hasta empalmar en la actual plaza del Once con el trazado que se mantiene hoy, rumbo a Flores.»

En 1860, el Ferrocarril Oeste medía 39 kilómetros de longitud: en ese momento los comerciantes ingleses empezaron a invadir las antesalas oficiales. Luego de otorgarle una serie de créditos para su funcionamiento, el gobierno decidió tomar la línea a su cargo, y lo hizo en 1862, cuando decide también prolongarla hasta Mercedes.
El ferrocarril no era sólo un negocio en sí; además de reactivar el circuito económico, valorizaba las tierras circundantes.
En noviembre de 1864, dos años después de haberlo adquirido, el gobierno trataba de deshacerse del Ferrocarril Oeste.

La empresa tenía un activo de 21.707.983 pesos, la ofreció en venta a 2.500.000,garantizando la provincia al comprador una ganancia mínima del siete por ciento durante veinte años.
«El capital inglés —escribe Scalabrini— no se deja atraer: comprar el Oeste exige una inversión mínima de medio millón de libras que no está dispuesto a poner.»

En 1867, la empresa empezó a generar ganancias: ese año dejó una ganancia neta de 5.823.230 pesos, y al año siguiente 5.351.425.

En 1889, el gobernador de Buenos Aires, Máximo Paz, envió un mensaje a la Legislatura en el que propuso la venta del Ferrocarril Oeste en subasta pública, fijando un precio mínimo de 34 millones de pesos. Finalmente se cerró trato con H. G.Anderson de la Western Railway, en la suma de 41 millones. Quien recibió el ferrocarril en nombre de la empresa inglesa fue el ingeniero Santiago Brian, durante muchísimos años gerente del Ferrocarril Oeste.
Fuente: Argentinos Jorge Lanata

La expansión ferroviaria: 1890-1913
El tendido de nuevas líneas de ferrocarril -alentado por el boom cerealero- atrajo, además de los ingleses, a otros inversores extranjeros, como los franceses. Sólo en 1905 se solicitaron 44 concesiones. Paralelamente, se acentuó la concentración de ramales en la pampa húmeda: en 1910, sobre el total de 28.000 kilómetros existentes, 19.000 se localizaban en esa región. También se produjo un proceso de fusión de empresas. Las compañías más grandes absorbieron a las más pequeñas y monopolizaron el transporte en vastas zonas agrícolas. Las ganancias declaradas de las compañías ferroviarias se incrementaron más de cinco veces entre!890 y 1910.

Al acercarse el vencimiento de las franquicias arancelarías otorgadas a las primeras compañías, se sancionó en 1907 la Ley Emilio Mitre, por la cual el Estado acordó la prórroga de las franquicias aduaneras hasta 1947, a cambio de ejercer un cierto control sobre la fijación de las tarifas. Esto significó la libre importación de los materiales para la construcción y explotación ferroviaria por cuarenta años. Los impuestos internos fueron suplantados por una única contribución nacional del 3% sobre las ganancias. El control tarifario se aplicaría sólo si los ingresos de las compañías superaban el 17% de su capital durante tres años seguidos.

La expansión ferroviaria
«El avance del ferrocarril que llega a Córdoba en 1870 es paralelo al proceso de poblamiento y expansión agrícola del sur de Santa Fe y Córdoba, aunque hasta esa fecha sus efectos multiplicadores sean poco notables. La importancia del nuevo medio de transporte como elemento transformador comienza a percibirse desde el momento en que se une a la ciudad mediterránea -Córdoba- con el puerto de Rosario y provoca la reorientación de la corriente comercial hacia el Atlántico mientras consolida una real unificación económica de Litoral e Interior. A partir de la década del 70 la influencia de esta línea sobre la economía de la región es indiscutible; con ella se vincula el progresivo aumento en los valores de las tierras, el crecimiento de núcleos urbanos a lo largo de su trazado, la aceleración en el ritmo del movimiento colonizador -en el que participa directamente la compañía como empresaria- y la expansión de la agricultura. Cumplida la primera etapa, el estado tomó a su cargo la prolongación de las líneas a Tucumán y Cuyo, coherente con la política liberal que entendía obligación del gobierno asumir aquellas obras de interés público que no ofrecían aliciente a la empresa privada por su escasa rentabilidad inmediata.»

HAYDÉE GOROSTEGUI DE TORRES.
Argentina. La organización nacional.
Buenos Aires, Paidós, 1984.

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Fuente Consultada: El Diario Intimo de un País – La Nación