Ramírez y la Delfina

Los Amantes de Teruel Historias de Amor

Los Amantes de Teruel – Historias de Amor

El viajero que llega a Teruel, pequeña capital de provincia rodeada de un hermoso y áspero paisaje de colinas y barrancos, dividida por el profundo tajo del río Turia, de inmediato se siente asombrado ante la belleza de varias torres que emergen del perfil de la ciudad.

Destacando contra el cielo del Bajo Aragón, puede apreciar cuatro esplendidas muestras del arte mudéjar: La Catedral, San Pedro, San Salvador y la postrer de la Merced invitan a subir y admirar fachadas e interiores.

En la obligada visita a la iglesia de San Pedro, sorprende encontrar en uno de sus anexos un moderno sepulcro realizado en alabastro cuyo motivo es, sin duda alguna, profano; contemplamos dos sepulturas, adornadas con sendas figuras yacentes, mujer y varón, ambos jóvenes, captados en el momento final en que pretenden entrelazar sus manos, en un intento de permanecer unidos en la eternidad.

El monumento, esculpido en 1956 por Juan de Ávalos, es un homenaje que la ciudad rinde a dos de sus conciudadanos más universales: Isabel de Segura y Diego Marcilla, a quienes, quizá para que pudiesen gozar en el recuerdo lo que no lograron en vida, han sido unidos para siempre en un único nombre: Los Amantes de Teruel.

No es esta la única leyenda sobre amores trágicos que recoge la memoria popular turolense, ¿acaso la dura geografía propicia pasiones igualmente extremas? Pero, sin duda, Isabel y Diego se han erigido en el paradigma de amor imposible llevado a sus últimas consecuencias.

Existen múltiples versiones de la trágica historia, la mayoría difieren en los detalles, pero conservan lo esencial del argumento:

A principios del siglo XIII, viven en Teruel dos familias, probablemente hidalgas y, por lo que se sabe, en buena armonía. Mientras que los Segura disfrutaban de una posición económica acomodada, los Marcilla no parece que tuviesen tal suerte. Isabel de Segura, heredera de los primeros, y Diego Marcilla, segundón de la otra, eran dos jóvenes de parecida edad, se conocían desde niños, jugaron juntos y al llegar a la adolescencia trocaron amistad por un profundo amor.

En su momento, de común acuerdo con su amada, el joven solicitó la mano de Isabel. D. Pedro de Segura, padre de la novia, se opuso tajantemente, alegando la falta de recursos de los Marcilla, que en el caso de Diego estaba agravada por la legislación civil: la herencia familiar, escasa o abundante, pasará íntegra al hermano primogénito.

Ante esta negativa, Diego Marcilla solicita de D. Pedro, un plazo de cinco años para intentar mejorar su suerte. Estamos en el Aragón de la Reconquista, el poder almohade acaba de ser destrozado en forma definitiva en las Navas de Tolosa; ahora, el territorio controlado por los musulmanes aparece como presa fácil para el empuje cristiano, está al alcance de la mano de guerreros afortunados conseguir riqueza y honor. El tesón de los novios vence la inicial reticencia paterna y se consigue el acuerdo; de inmediato el joven parte a la guerra.

Pasan los cinco años y Diego no regresa ¿habrá muerto en el empeño? ¿será que olvidó su promesa?. La falta de noticias autoriza al padre de Isabel para, sin faltar a su palabra, concertar la boda de su hija con D. Pedro Fernández de Azagra, hermano del señor de Albarracín, cuya familia es probablemente la más acaudalada y poderosa de la frontera.

El día de la boda, a celebrar en la principal iglesia de la ciudad, todo Teruel se encuentra en fiestas, no en balde se están uniendo dos familias de lo más notable. Un jinete cruza la muralla a través del portillo de la Andaquilla, extrañado por el alegre ambiente que reina en las calles, pregunta la causa y al oír la respuesta su rostro palidece, corre hacia la iglesia, atraviesa la nave principal, y llega a los pies del altar mayor justo a tiempo para escuchar la bendición del sacerdote a los recién casados.

Se trata, como era de imaginar, de D. Diego, ahora rico y ennoblecido por su valor y decisión en el campo de batalla. Ante lo inevitable de su suerte, solicita de Isabel un único beso de despedida; la reciente esposa, haciendo honor a su nuevo estado, se lo niega y el infeliz amador cae muerto, ¡fulminado a sus pies!

Al día siguiente, tienen lugar los funerales por el desgraciado guerrero. En mitad de la ceremonia aparece una dama ataviada de riguroso luto, que acercándose al catafalco, donde se expone al fallecido, le besa y a continuación cae muerta a su lado. Es Isabel, quien no ha podido sobrevivir a aquella única prueba de amor.

Las tres familias afectadas, con una profunda impresión por el imprevisto desenlace, una vez superado el horror inicial, deciden enterrarlos juntos, en la nave de la misma iglesia donde ha culminado la tragedia.

¿Leyenda o realidad? Es difícil responder. Los numerosos estudios – no todos objetivos ni desinteresados – parecen alimentar la segunda hipótesis. Existe un acta notarial fechada en 1619 que atestiguan una exhumación realizada en 1555 durante unas obras en la iglesia de San Pedro. Enterrados bajo el pavimento aparecen los cadáveres de un varón y una mujer, que son los restos que ahora reposan bajo el mausoleo de Juan de Ávalos. Los resultados de los análisis realizados en el año 2004 corroboran el origen medieval, aunque con ciertas discrepancias según las diferentes muestras.  Mientras que algunas apuntan a 1260 como antigüedad máxima, con un margen de error de unos cuarenta años, en buena armonía con la fecha de 1217, donde varias crónicas sitúan los hechos; otras las datan entre los siglos XIV y XV. Una plausible explicación sería la posible contaminación con otras fuentes ocurridas durante algún traslado o levantamiento no registrado.

Parece cierto que al descubrirse los cadáveres, de inmediato fueron atribuidos a Los Amantes de Teruel. Esta reacción popular probaría que ya en aquella lejana fecha existía una fuerte tradición oral sobre la veracidad de la leyenda. Tradición que fue recogida en forma literaria por primera vez en el drama “Los Amantes”, del autor valenciano Rey de Artieda, impreso en 1581, pero probablemente escrito con anterioridad. Con Rey de Artieda comienza una larga compilación teatral: Tirso de Molina; Moreno Carbonero; Hartzembusch, cuya versión romántica, estrenada en 1837, es quizá la más difundida; sin olvidar el género lírico, donde el compositor Tomás Bretón estrena en 1889 “Gli Amanti di Teruel” de la que diez años después realiza la versión en español, son los principales exponentes de esta corriente. Las diferentes versiones adornan la acción con distintos episodios periféricos, según el gusto de cada época, pero el esquema fundamental, responde al narrado anteriormente.

Para terminar, permítase una breve reflexión personal. Impresiona que sea la pura fatalidad quien decide el destino de los amantes. Todos los personajes, incluido D. Pedro de Segura, tienen un comportamiento razonable. Al final, el tiempo se erige en autentico protagonista de la tragedia. No existen enemigos declarados que se opongan explícitamente a la felicidad de la pareja; circunstancia que difiere notablemente de otras historias análogas: D. Pedro y Dª Inés de Castro, por ejemplo, pero esto es ya argumento de otro relato.

José Andrés Martínez

Collado Villalba, Marzo de 2005.

Amores Prohibidos y Tragicos Violeta y Alfredo Historia de Amores

Amores Prohibidos y Trágicos Violeta y Alfredo

LA TRAVIATA:

Opera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi, basada en la obra de teatro La dama de las camelias de Alejandro Dumas, hijo. Alfredo se enamora de Violetta, una cortesana parisina, sin saber que ella padece tuberculosis.  Violetta corresponde a ese amor y van a vivir juntos al campo.

El padre de Alfredo la visita para rogarle deje a su hijo antes de que el escándalo afecte a la familia y la boda de la hermana de Alfredo.

Violetta renuncia a su verdadero amor y para ahogar su pena, ella se consume aún más profundamente en su libertinaje. Alfredo la confronta en una fiesta y la deshonra tirándole dinero  el cual el siente que le debe por los servicios prestados mientras vivieron juntos.

Violeta se desmaya abrumada por la enfermedad y la pena. Alfredo es desafiado a un duelo por el varón Duophal, el acompañante de Violeta, en el momento en que esta recupera sus fuerzas y confiesa su amor por Alfredo.

Un tiempo después de la fiesta, Violeta agonizante por la tuberculosis avanzada recibe una carta señalando que Alfredo había sido informado del sacrificio hecho por ella para él y su hermana. Alfredo (vivo después de herir al varón Duophal en el duelo) se apresura a llegar a su lado, comprendiendo al fin que Violeta se había sacrificado a sí misma por él y le suplica que lo perdone. Ella muere en sus brazos.

Lugar: Paris en el siglo XVIII

Amores Tragicos: Romeo y Julieta Bajar Libros Shakespeare

Amores Tragicos: Romeo y Julieta

Amores Tragicos: Romeo y JulietaTragedia de William Shakespeare sobre las desventuras e una pareja de enamorados que sufre la terrible enemistad de sus familias: Montague  and Capulet, Montescos y Capuletos, en la ciudad de Verona, ltalIa.

La muerte de ambos cierra la historia de amor más conocida de la Tierra.

En una de las líneas más sentidas, Julieta dice: ‘Romeo, Romeo, ¿por qué eres Romeo» haciendo referencia al nombre que obligaba a la separación de ambos.

Las líneas siguientes de respuesta se han convertido en uno de los clásicos de la lengua: ¿Acaso lo que llamamos rosa, tendría un aroma tan dulce si lo llamáramos por cualquier otro nombre?».

Todo indica que Shakespeare basó su obra en un largo poema narrativo de un autor inglés que murió en 1563, Arthur Broke o Brooke, quien, a su vez, se había apoyado en la traducción francesa de un cuento del italiano Matteo Bandello (1485-1561).

Shakespeare reformuló la historia.  La sitúa en Verona durante el mes de julio.  En un baile de máscaras se conocen Romeo Montesco y Julieta Capuleto, quienes se sienten inmediatamente atraídos.  Romeo le declara su amor cuando la visita en el balcón de la casa familiar.

Pero siendo conscientes del odio que separa a las dos familias nobles, eligen casarse en secreto ante el sacerdote Lorenzo.  Luego, en una lucha personal, uno de los Capuletos mata a un amigo de Romeo y éste a su vez, da muerte al matador.  Romeo es obligado por su familia a ocultarse en Mantua.  El padre de Julieta, que desconoce la boda secreta, quiere obligar a su hija a casarse con el conde Paris. Julieta visita al sacerdote pidiéndole consejo, pues ni quiere ni puede romper su voto matrimonial.

El religioso le da entonces una poción que produce en las personas la apariencia de la muerte secándolas profundamente.  De tal forma, piensa el sacerdote, Romeo vendrá en su rescate.

Ella toma el engendro.  Romeo regresa a Verona al tener noticias de la muerte de Julieta y, lleno de odio, mata a Paris.  Luego encuentra a Julieta ‘muerta».  Incapaz de soportar tanto dolor, Romeo le da un último beso y toma él sí un veneno real.  Cuando Julieta se recupera del letargo y comprueba la muerte de Romeo, ella también se suicida.

Tras la terrible tragedia de muertes y odios rodeando el amor imposible y eterno, las familias superan las distancias y se reconcilian.  Romeo y Julieta ha sido llevado al cine, al teatro, a la danza, se han compuesto sinfonías, conciertos, poemas sinfónicos, ballets y se han producido centenas de pinturas y esculturas.

Amores Trágicos de la Historia 

Ines de Castro y Pedro de Portugal: Un Amor Trágico

Dª Inés de Castro y D. Pedro I de Portugal

La terrible historia de D. Pedro y Dª Inés, a bela garça, transcurrió en el convulso Portugal de principios del Siglo XIV. Sólo aspiraban a amarse, pero la fatalidad los hizo protagonistas y víctimas de la compleja política ibérica; en aquel tiempo aún más confusa por la implicación de los reinos peninsulares en la guerra de los Cien Años, comenzada en 1337.

En seis siglos, es probable que, con ánimo de embellecerla, la historia haya incorporado alguna escena de dudosa veracidad.

Pero el cuerpo principal del romance está documentado con rigor, resultando tan estremecedor, que no necesitaría adorno alguno para transmitir tal halo de tragedia que la convierte en incomparable.

PRINCIPALES PERSONAJES

Dª Inés de Castro (1320 -1355): La heroína de nuestro relato.

Nacida en la comarca de Limia, en la actual provincia de Orense, tierras de la profunda Galicia. Hija natural de Pedro Fernández de Castro y Aldonza Soares de Valladares; su destino estuvo en gran parte marcado por los orígenes familiares.

Al ser biznieta de Sancho IV de Castilla, resultaba prima segunda de Pedro I.

Sus dos hermanastros, hijos legítimos del padre, participan en numerosas revueltas palaciegas que influyeron en el desenlace fatal.

Queda huérfana de madre siendo muy niña, fue enviada al castillo de Peñafiel (Valladolid), donde creció en compañía de Constanza Manuel, destinada a ser su dama de compañía. En tal desempeño escolta a su señora y amiga a la corte lusitana donde debe reunirse con su marido, el príncipe Pedro.

El Príncipe heredero, D. Pedro (1320 – 1367): ¿Héroe o villano? No es fácil discernir; la Historia lo recuerda con los apelativos de “El Cruel” y también “El Justiciero”.

En 1329 se pactó sus esponsales con la princesa Blanca de Castilla; la unión nunca se consumó, al parece por impedimento físico y mental de la novia y el vínculo fue anulado. En 1334 se acuerda una nueva boda con Dª Constanza Manuel. Nadie podía imaginar el trágico desenlace de la unión.

El Rey de Portugal, D. Alfonso IV, “El Bravo” (1290 – 1357). El malvado del romance. Dueño de vidas y haciendas no vacila en eliminar cuanto se interpone en sus deseos.

Hijo de D. Dinis y la reina Santa Isabel. Casó con la infanta Dª Beatriz, hija del rey Sancho IV de Castilla. De temperamento belicoso, las crónicas lo muestran en continuo enfrentamiento con padre, hermanos y hermanastros; con la vecina Castilla mantuvo innumerables guerras. Según los usos de la época, la consiguiente “paz perpetua” era sellada con bodas reales. Además de la propia, los dos casamientos que concertó para su heredero, fueron con sendas nobles castellanas.

La Princesa Constanza Manuel (1318 – 1349): Víctima inocente de la fatalidad. A pesar de intentarlo, no pudo evitar la infidelidad de su marido.

Segunda esposa de D. Pedro. Cuando sólo contaba cuatro años, su padre, el Infante D. Juan Manuel II, intentó convenir su casamiento con el rey de Castilla, Alfonso XI; fracasado en su ambición, vuelve la mirada hacia el entonces príncipe Pedro de Portugal, esta vez con éxito. La boda se realiza por poderes y cuatro años más tarde marcha a Lisboa a reunirse con su marido, propiciando de manera inocente el drama que nos ocupa.

La historia de amor

El desastre comienza a gestarse alrededor del año 1338, fecha en que la comitiva nupcial de Dª Constanza Manuel hace su entrada en la corte lusitana. La ceremonia religiosa se celebra en la Catedral de Lisboa, oficiada por el propio Arzobispo, con la pompa que exige el rango social de los contrayentes.

Las crónicas narran que, ya en el primer encuentro, D. Pedro quedó prendado de Dª Inés, a quien describen como: “bellísima, de esbelto cuerpo, ojos claros y colo de garça”. No se conoce con exactitud cuando nació la pasión entre ambos jóvenes, pero debió ser con relativa presteza.

Lo confirmaría una anécdota ocurrida en 1343. Constanza urde una estratagema para separar a los enamorados; designa a Inés madrina del recién nacido infante D. Luis, confiando en que el parentesco espiritual así adquirido indujese a los amantes a poner término a la relación.

No se sabe si el artificio surtió efecto, la fortuna, una vez más, se muestra esquiva con la princesa. El infante muere a los pocos meses y el romance continúa.

Ante el giro de los acontecimientos, el rey decide actuar con energía. Destierra a Inés de Portugal, confiando en que la separación física de los amantes mitigue su ardor. La maniobra surte poco efecto. En espera de tiempos mejores, de acuerdo con D. Pedro, la novia busca refugio en el castillo de Albuquerque, pequeña localidad extremeña a la vista de la frontera portuguesa.

En Octubre de 1345, muere la infortunada Constanza al dar a luz al Infante D. Fernando. La viudedad del príncipe elimina gran parte de las razones de escándalo aducidas por los contrarios al idilio, circunstancia que D. Pedro aprovecha de inmediato.

En contra de la voluntad real, rescata a Dª. Inés del exilio; la pareja marcha a vivir lejos de la corte, al norte de Portugal, allí nacieron sus cuatro hijos, los Infantes D. Alfonso (muerto aún niño), D. João, D. Dinis y Dª. Beatriz. Mas adelante, ante la aparente calma de la situación, retornan a Coimbra, yendo a vivir en la vecindad del Convento de Santa Clara, en una finca situada en las laderas del valle que baña el río Mondego.

En recuerdo de los sucesos que narramos, el solar se donde se asentaba es llamado “Quinta das lágrimas” (¿Algún idioma iguala al portugués en poner nombre al hado?)

En esta época feliz el príncipe se alejó de la política, de la corte y de sus obligaciones de heredero. Pero pronto, la apacible vida de los amantes se verá turbada por causas a las que desearían permanecer ajenas. Un sinfín de circunstancias confluyen para sellar el destino fatal de nuestra protagonista.

• En primer lugar se encuentra la cuestión dinástica: Alfonso IV intenta varias veces organizar para su hijo una tercera boda con princesa de sangre real, pero Pedro rechaza tomar otra mujer que no sea Inés. El único hijo legítimo de Pedro, el futuro rey Fernando I de Portugal, se mostraba un niño frágil, mientras que los bastardos de Inés prometían llegar a la edad adulta. Si el infante muriese, sin duda reclamarían derechos a la corona, sumergiendo al reino en nuevas calamidades.

• En segundo término hallamos la complicada situación política: Los reinos peninsulares se han convertido en campo de batalla diplomática, donde Inglaterra y Francia, enfrentados en su interminable guerra, tratan de atraerlos a su bando. Las diputas internacionales entremezcladas con las propias luchas dinásticas, justifican el apelativo de “época turbulenta”. D. Fernando y D. Álvaro Pires de Castro, hermanastros de Dª Inés, aparentan un progresivo ascendiente sobre el príncipe, induciéndolo a inclinar su política hacia Castilla, donde llega a presentar su candidatura al trono.

El Rey aunque preocupado por las implicaciones políticas que conlleva la influencia de la familia Castro, es en particular sensible el riesgo de futuros conflictos civiles enfrentando hijos legítimos con bastardos, moneda de cambio en la época.

La reiterada negativa del príncipe a contraer nuevo matrimonio real no contribuye a ahuyentar los temores. Dª Inés es un obstáculo en apariencia infranqueable. Parecería que sólo la muerte podría separar a los enamorados.

¿La muerte? No es obstáculo insalvable. En consejo celebrado en el palacio de Montemor-o-Velho D. Alfonso presta su conformidad al asesinato de la infortunada enamorada.

La sentencia se ejecutará en la propia residencia de la pareja en Coimbra, aprovechando alguna ausencia de D. Pedro, muy aficionado a la caza.

Llegados a este punto, las versiones discrepan sobre la secuencia de los hechos, la más enternecedora afirma que el rey manda llamar a Dª Inés para comunicarle la sentencia fatal. Ella acude acompañada de sus cuatro hijos. El gran Luis Camões en la estrofa 127 del canto III de “Os Lusíadas” narra así la petición de clemencia de Dª Inés:

Ó tu, que tens de humano o gesto e o peito

(Se de humano é matar hûa donzela,

Fraca e sem força, só por ter sujeito

O coração a quem soube vencê-la), A estas criancinhas tem respeito,

Pois o não tens à morte escura dela;

Mova-te a piedade sua e minha,

Pois te não move a culpa que não tinha.

¿Las súplicas surtieron efecto? En principio así lo parece, el rey autoriza el regreso de Inés a su residencia; pero de inmediato cambia de parecer y ordena a tres cortesanos cumplir la sentencia. Otras crónicas no recogen esta entrevista; el veredicto se ejecuta nada más pronunciado.

Existiese o no la audiencia real, todas las versiones coinciden en la continuación: Pero Coelho, Álvaro Gonçalves y Diego López Pacheco se dirigen al Monasterio de Santa Clara, próximo a la “Quinta das lágrimas”, que alojaba a Inés y sus hijos en la ausencia de D. Pedro.

En el jardín, en presencia de los niños, la degüellan sin piedad. Era el 7 de Enero de 1355.

La Venganza

La desaparición de Inés no propició la esperada tranquilidad. De inmediato D. Pedro culpa a su padre del asesinato.

En unión de los Castro, agrupa en torno suyo una facción de la nobleza y encabeza una revuelta contra el Rey.

Los sublevados llegan a poner sitio a Oporto, pero antes de que las aguas salgan por completo de cauce, la reina Dª Beatriz interviene entre los contendientes, logrando, sino la reconciliación, al menos la paz, que se formaliza el 15 de Agosto del mismo año en Canaveses.

Por este acuerdo, el rey delega una parte importante de sus responsabilidades en el heredero, quien, a cambio, depone las armas, promete olvidar el pasado y perdonar a todos los implicados en la conjura que acabó con la vida de Dª Inés.

El comportamiento de D. Pedro, en contra de la leyenda que trata de mostrarlo desconsolado, es bastante contradictorio.

La revuelta contra el padre, principal responsable del crimen, no parece muy convincente; en tan solo ocho meses aplaca su ira hasta el punto de llegar a un acuerdo favorable para sus aspiraciones de poder.

En 1356, apenas un año después del crimen, Dª Teresa Lourenço le da un nuevo hijo, el futuro João I, vencedor de los castellanos en la batalla de Aljubarrota e instaurador de la dinastía Aviz: es el auténtico superviviente de toda la trama

En 1357 muere Alfonso IV, el heredero pasa a ceñir la corona y da comienzo una venganza, tan cruel, que ha pasado a los anales.

Los asesinos de Inés, por consejo del rey moribundo, buen conocedor de su hijo, se habían exilado a Castilla. D. Pedro negocia con el rey castellano – que por capricho del destino tiene igual nombre y apodo, Pedro I, “El Cruel” o “El Justiciero” y también arrastra una amplia historia de pasiones – intercambiar los tres verdugos por algunos refugiados en Portugal. Como no podía ser menos, los reyes llegan a un acuerdo, Pero Coelho y Álvaro Gonçalves son devueltos a Portugal; Diego Lopes Pacheco, más afortunado, consigue cruzar a tiempo la frontera con Aragón y de allí pasa a Francia, donde se pierde su rastro.

La venganza fue consumada en el palacio de Santarém en presencia de otros cortesanos. D. Pedro mandó preparar un espléndido banquete de ceremonia mientras las víctimas eran amarradas a sendos postes de suplicio y torturados con toda crueldad.

Luego, mientras comía con parsimonia, (e bebe o seu vinho tinto, según las crónicas portuguesas) ordenó al verdugo arrancarles el corazón: a Gonçalves por la espalda y a Coelho por el pecho. Por último, insatisfecho con el tremenda martirio, aún tuvo ira suficiente para morder aquellos corazones, que para él, por siempre serían malditos.El Mito

En 1360, el ya rey Pedro I realizó en presencia de la corte la famosa declaración de Cantanhede, jurando que un año antes de la muerte de Inés ambos habían contraído matrimonio secreto.

De esta forma ella alcanzaba el rango de reina y se legitimaban los hijos habidos en aquella unión.

Los historiadores dudan de que la boda se hubiese podido celebrar; los contrayentes eran primos, para que el matrimonio fuese válido debían solicitar bula papal, documento imprescindible, de cuya existencia no se tiene prueba alguna.

D. Pedro, no muy dado a sutilezas legales, actuó acorde a su juramento. En el Monasterio de Alcobaça, sede de la mayor iglesia portuguesa, ordeno esculpir un túmulo funerario para Inés.

Cuando estuvo finalizado, ordeno el solemne traslado de los restos desde Coimbra hasta la nueva sepultura.

La lúgubre comitiva que trasportaba el cadáver, enlutada con todo rigor, era encabezada por el propio rey acompañado por prelados, cortesanos y burgueses. En el camino, el pueblo llano era obligado a salir a su paso, llorando y rezando por el alma de la fallecida.

Prosigue la leyenda. Una vez llegados a la corte, destino final de la comitiva, el cadáver se engalanó con vestimentas reales y sentado en el trono, todos los nobles fueron obligados a prestarle homenaje como reina de Portugal, besando su mano en señal de fidelidad y vasallaje. Por último, se depositó con enorme protocolo en el bello sepulcro tallado para ella.

La crónica moderna duda que la macabra ceremonia tuviese lugar; entonces ¿Cómo se explica el arraigo de la leyenda?.

Quizá, el dramatismo de la escena es tan intenso, que ha impresionado la imaginación popular hasta el extremo de convertirla en el núcleo central del mito de nuestra heroína, la desgraciada Inés de Castro ¡REINÓ DESPUÉS DE MORIR!

La última escena, en mi opinión la más hermosa, sucede siete años más tarde. Antes de morir el rey encarga tallar para él, otro túmulo funerario en el mismo estilo que el anterior de Inés; ambos tenían que ser colocados pies contra pies para que, el día de juicio, al despertar, lo primero que viese cada amante, con sus miradas cruzadas frente a frente, fuese la figura del otro, Ambas sepulturas, de estilo gótico, pueden admirarse en el Monasterio de Alcobaça. Se consideran los más bellos ejemplares del arte funerario portugués.

La última escena, en mi opinión la más hermosa, sucede siete años más tarde. Antes de morir el rey encarga tallar para él, otro túmulo funerario en el mismo estilo que el anterior de Inés; ambos tenían que ser colocados pies contra pies para que, el día de juicio, al despertar, lo primero que viese cada amante, con sus miradas cruzadas frente a frente, fuese la figura del otro, Ambas sepulturas, de estilo gótico, pueden admirarse en el Monasterio de Alcobaça. Se consideran los más bellos ejemplares del arte funerario portugués.

Biografia Isabel de PortugalJosé Andrés Martínez

Collado Villalba, primavera 2005

Biografia de Marco Antonio General y Politico Romano

Biografia de Marco Antonio-General y Politico Romano

Comparándolo con César, el genial estadista, y con Octavio, el político realizador, Marco Antonio es el hombre de la gran oportunidad fracasada.

El asesinato de los idus de marzo del 44 alumbra la figura de aquel hombre de 38 años, de aspecto imponente, dotado de cierta caballerosidad, de palabra fácil y agradable y de alguna sagacidad política.

Entonces era cónsul de Roma, y como lugarteniente de César y militar experimentado, en él convergieron las miradas de todos los que seguían la política del gran caudillo difunto.

general marco antonio

En este momento, Marco Antonio supo obrar con astucia, decisión y energía. Se apoderó del tesoro público y de los papeles de César; contuvo las veleidades tiranicidas del Senado, amenazándole con las tropas del Tíber, e incluso se prestó a una concordia con los asesinos, Bruto y Casio.

Pero poco después, aprovechaba a fondo esta primera victoria para hacerse dueño del poder mediante varios golpes teatrales: lectura del testamento de César y preparación escénica de los funerales del imperator.

El pueblo romano se amotinó contra los republicanos, la Curia fue incendiada y los conjurados se vieron obligados a huir de Roma.

Así llegaba al poder el hijo de Marco Antonio Crético. En su juventud había estudiado en Grecia, y luego había servido en las legiones de Gabino en Egipto y Palestina y de César en las Galias.

Aquí se distinguió por algunos actos de valor, los cuales le valieron el favor del gran caudillo.

Este le utilizó desde entonces como instrumento de sus planes políticos, Cuestor en Roma (52) y luego tribuno de la plebe (50), defendió los intereses de su general contra el partido pompeyano.

Cuando se hizo inevitable la guerra civil, Antonio fué uno de los que cruzaron, el Rubicón. Al mando del ala derecha del ejército de César contribuyó a la victoria de Farsalia (48),

Por sus méritos militares, César le recompensó con la dignidad de magister equitus (dirección política de Italia) y de cónsul de Roma en 44.

Desde este cargo supo aprovechar, según hemos visto, el asesinato de César para entronizar su persona, aclamada por las legiones y el populacho romano.

Pero si Antonio poseía ideas y condiciones políticas, faltábale lo esencial para triunfar: la virtud y la moderación.

Dejóse arrebatar por sus apetitos groseros, por la codicia y la sensualidad.

En un mes, traficando con los cargos, las funciones y las dignidades, recurriendo incluso a la falsificación de los papeles de César, reunió una fortuna escandalosa.

Pero cuando más seguro se creía de su triunfo, apareció en escena el sobrino de César, Octavio, el cual regresaba de Macedonia. Marco Antonio recibió a aquel joven débil y enfermizo con arrogancia.

Pero desde aquel momento ya no dirigiría más la marcha de los acontecimientos, sino que sería arrastrado por ellos a capricho de Octavio.

La rivalidad entre Antonio y Octavio no tardó en estallar, mucho más cuanto el partido senatorial jugaba en Octavio su última carta de salvación.

En 43, de regreso de un viaje a Macedonia para reclutar refuerzos, el primero intenta arrebatar la Cisalpina a Décimo Bruto y muy pronto encierra a su adversario en Módena.

Pero en el curso de dos batallas sucesivas (Forum Gallorum y Módena), es derrotado por las legiones mandadas en auxilio de la ciudad por Roma.

El gran triunfador de la jornada es Octavio. Antonio se refugia en las Galias.

Aquí reúne trece legiones. Pero cuando se disponía a marchar sobre Italia, Octavio, que mientras tanto ha roto con los cesaricidas, le ofrece un arreglo para repartirse el poder. Así se forma el segundo triunvirato, el 29 de octubre de 43.

Triunviro investido del imperio y con poder constituyente, dueño absoluto de las Galias, Antonio dirige los preparativos, bélicos para acabar con el partido republicano, muy fuerte en Oriente.

Es él quien acaudilla la expedición y quien en los momentos decisivos de las dos batallas de Filipos (octubre del 42), obtiene con su valor y su pericia militar la victoria para los triunviros, que se les escapaba a causa de la debilidad del ala del ejército mandado por Octavio.

Triunfador en aquellas memorables jornadas, que aniquilaron al partido republicano, Marco Antonio tiene ante sí, de nuevo, a la fortuna que le sonríe.

Pero por segunda vez la rechaza, y en lugar de pasar a Roma, como Octavio, para deducir los resultados políticos de la victoria militar, se deja llevar por su temperamento pródigo, autoritario y sensual, y se hunde en los placeres de Oriente, al lado de la bellísima Cleopatra, la reina de Egipto.

Mientras Octavio se asegura poco a poco el dominio de Occidente, en la mente de Antonio surge la idea helenística de una monarquía romana a estilo oriental.

La experiencia del pasado le había mostrado que una gran guerra victoriosa era el procedimiento más seguro para escalar el poder. Así pues, quiso abrirse el camino a la monarquía romana por la conquista del reino de los partos.

Pero desde 41 Marco Antonio había hallado en Cleopatra su genio maléfico, que de fracaso en fracaso, de falta en falta, y de locura en locura, arruinó su porvenir político.

Sólo en 36 inició la expedición, cuyo resultado fue desastroso, como también fué estéril la emprendida dos años más tarde, a pesar de haber alardeado de la conquista de Media.

Pero si su política exterior fué desafortunada, su gobierno interior puede considerarse lamentable. Explotó las provincias para sacar de ellas dinero para sus caprichos y sus orgías.

Enajenó parte de los territorios romanos en provecho de Cleopatra y de los hijos que de ella había tenido (Alejandro y Tolomeo Filadelfo).

Reunió provincias, deshizo reinos, removió límites y autoridades para complacer a su amante.

Su actitud fue un constante desafío al patriotismo romano, e incluso sus amigos despreciaron el nombre de quien, reivindicando los sueños de un Mitrídates, quería someter Roma a Oriente.

Por tanto, cuando Octavio marchó contra Antonio con sus legiones, ya no era para dirimir un simple antagonismo personal, sino para defender la misión imperial de Roma.

El espíritu de Occidente le acompañaba. Y el Occidente triunfó en Actium el 2 de septiembre de 31 al obtener una victoria rotunda sobre la flota de Cleopatra y Marco Antonio.

Este se suicidó en agosto del siguiente año, después de la caída de Alejandría en poder de las legiones octavianas.

fuente