Religión Musulmana

Los Patriarcas de la Biblia Abraham Isaac Jacob y Jose

Historia de los Patriarcas de la Biblia

LOS PATRIARCAS: En tiempos del primer Imperio caldeo, había bandas de pastores que recorrían los grandes desiertos situados entre el Eufrates y Siria.

El jefe de cada una de ellas, el patriarca, tenía consigo varias mujeres, gran número de hijos y muchos servidores.

Vivían todos juntos como una gran familia y obedecían todos al patriarca.

Cada familia llevaba rebaños de carneros, cabras o camellos. Se paraba en los sitios donde había hierba, plantaba las tiendas de piel de camello y a su resguardo dormía.

Luego, cuando la hierba se había agotado, se ponía de nuevo en camino para buscarla en otro lugar.

Su vida era muy sencilla. Se alimentaban con leche y carne, se vestían con grandes trozos de paño, no habitaban en casas, y en punto a enseres, sólo tenían algunas vasijas de barro, unas cuantas alfombrillas de pelo de camello y cofres.

En punto a alhajas, ajorcas de oro o de plata que las mujeres se ponían en los tobillos, collares, pendientes y anillos para la nariz. De esta manera viven todavía los beduinos de Arabia.

patriarcas de biblia
Abraham es detenido por un ángel que evita la prueba del sacrificio exigida por Dios

PRIMER PATRIARCA ABRAHAM

Unos de aquellos patriarcas, Abraham, salió con su tribu de Caldea y atravesó todo el desierto hasta la Siria.

En la Biblia puede leerse su historia.

Tenía ya setenta y cinco años cuando oyó la voz de Dios: «Sal de tu país, le decía, y ve a la tierra que te mostraré. Haré de tus hijos una gran nación, haré tu nombre grande, y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu persona».

Abraham partió como Dios le ordenaba. Su sobrino Lot le acompañaba, llevando ambos consigo toda la familia.

Caminaron largo tiempo juntos, hasta Siria, luego, hasta Egipto. Llegaron al fin a un país donde no había bastante hierba para todos sus ganados, lo cual ocasionó disputas entre los pastores de Abraham y los de Lot.

Abraham dijo a Lot: «Que no haya, te lo ruego, disputas entre tú y yo y entre nuestros pastores, porque somos hermanos. Sepárate de mí, y si vas a la izquierda, yo iré a la derecha, y si te encaminas a la derecha yo iré a la izquierda».

Lot bajó a la llanura del Jordán, que estaba bien regada y parecía un jardín. Se estableció cerca del mar Muerto, en el territorio de Sodoma, cuyos habitantes estaban muy corrompidos. Abraham fue a acampar cerca de Mambié y allí erigió un altar a Dios.

Un día, Abraham oyó de nuevo la voz de Dios: «Abraham, no temas nada, soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande».

Abraham respondió: «Señor Dios, ¿qué me darás? Voy a morir sin hijos y mi único heredero será mi servidor Eliezer».

—La voz de Dios respondió: «No será él tu heredero, sino un hijo nacido de ti».

La voz le mandó entonces a salir de su tienda, y le dijo cuando estuvo fuera: «Mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes contarlas. Tan numerosa será tu descendencia».

La mujer de Abraham, Sara, no tenía hijos. Dijo a su marido: «Toma mi sirvienta, Agar, la egipcia. Quizá tendré hijos mediante ella».

Agar tuvo un hijo, Ismael.

Más tarde Sara tuvo también un hijo, Isaac. Abraham se llenó de alegría y celebró un gran festín el día que Isaac fue destetado. Ismael se burló del niño.

Sara irritada dijo entonces a Abraham: «Arroja a esta sirvienta y a su hijo».

Abraham se levantó muy temprano, cogió pan y un odre de agua, que dio a Agar, y la despidió con su hijo.

Agar marchó al desierto y se perdió. Cuando se acabó el agua del odre, dejó a Ismael debajo de un arbusto.

Fue a sentarse a tiro de flecha para no ver morir a su hijo y rompió a llorar.

Un ángel de Dios la llamó entonces: Agar, dijo, no temas nada. Dios ha oído la voz de tu hijo. Levántate, coge al niño, yo haré de él una gran nación». Agar, abriendo los ojos, vio entonces un pozo.

Fue a llenar en él el odre y dio de beber a su hijo. Ismael llegó a ser hábil arquero y fue pregenitor de la nación árabe.

Lot, que había permanecido en Sodoma, estaba una tarde sentado a la puerta de su morada, cuando vio llegar a dos viajeros.

Eran ángeles de Dios. Lot fue a su encuentro y se prosternó ante ellos: «Entrad, les dijo, en la casa de vuestro servidor, lavaos los pies y pasad la noche en mi casa. Os levantaréis de madrugada para proseguir vuestro camino». Y les dio de comer.

No se habían acostado todavía, cuando las gentes de Sodoma llegaron delante de la casa y a grandes voces pidieron a Lot que les entregase a los extranjeros para ultrajarles. Lot se negó. Las gentes de Sodoma quisieron derribar la puerta, pero los ángeles les dejaron ciegos.

Luego dijeron a Lot: «Haz salir de esta ciudad a toda tu familia, pues vamos a destruir esta ciudad porque sus crímenes son grandes».

Al alborear, los ángeles cogieron de la mano a Lot, a su mujer y a sus dos hijos y les hicieron salir de la ciudad recomendándoles que no volvieran la cabeza para mirar. La mujer de Lot desobedeció, volvió la cabeza y fue transformada en estatua de sal.

Lot y sus dos hijos llegaron a una aldea en el momento de salir el sol. inmediatamente cayó una lluvia de azufre y de fuego sobre Sodoma y Gomorra y destruyó las dos ciudades con todos sus habitantes.

Dios, para poner a prueba a Abraham, le dijo un día: «Coge a tu hijo único, tu muy amado Isaac, y ve a ofrecérmelo en sacrificio en la cima de una montaña que te indicaré».

Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su burro y marchó con Isaac y dos Servidores. Luego partió leña para la hoguera del sacrificio.

Al tercer día vio a lo lejos el lugar que Dios le designaba y ordenó a sus servidores que quedasen esperándole en tanto subía con su hijo a la montaña para adorar a Dios.

Cargó la madera en los hombros de Isaac y partió con él llevando el cuchillo y el tizón encendido. «Padre, decía Isaac, he aquí el fuego y la leña, ¿pero dónde está el cordero para el sacrificio? » Abraham respondió: «Hijo mío, Dios proveerá». Y siguieron caminando.

Cuando hubieron llegado a lo alto de la montaña, Abraham hizo un ara y en ella puso la leña.

Luego ató a su hijo, le colocó en el altar encima de la leña y asió el cuchillo para degollarle.

En aquel momento un ángel dio voces: «¡Abraham, Abraham, no pongas la mano sobre este niño, porque ahora sé que temes a Dios, puesto que no te has negado a darle tu único hijo! » .

Abraham, alzando los ojos, vio un carnero sujeto a un arbusto por los cuernos, se apoderó de él y le degolló en lugar de su hijo. Luego oyó otra la voz que decía: «Porque no me has negado a tu único hijo, te bendeciré y tu posteridad será numerosa como las estrellas del cielo y las arenas del mar».

ISAAC Y REBECA

Abraham, antes de morir, quiso casar a su hijo. Hizo jurar a su servidor Eliezer que iría a su país para buscar mujer a Isaac, porque no quería mujeres del país de Canaán, en que habitaba.

Eliezer cogió diez camellos, los cargó de presente y se fue a Caldea, a la aldea que habitaba Nacor, hijo del hermano de Abraham.

Llegó al atardecer, se detuvo fuera de la aldea y cerca de los pozos, y dejó descansar a los camellos sobre las rodillas. Era el momento en que las muchachas salían de sus casas par ir a buscar agua.

Isaac Patriarca de la biblia

Eliezer se puso a orar: «Eterno, Señor de mi dueño Abraham, haz que encuentre lo que busco. Las doncellas van a venir al pozo; que la joven que me dé de beber a mí y a mis camellos, sea la que has destinado para Isaac». En aquel momento apareció una linda joven, el cántaro al hombro.

Era Rebeca, hija de Nacor. Bajó a la fuente, llenó su cántaro y volvió a subir. Eliezer corrió a su encuentro y le dijo: «Déjame beber un poco de agua en tu cántaro».

Ella respondió: «Bebe, señor». Y bajó el cántaro a su mano. Cuando hubo acabado de beber, le dijo: «Voy a coger agua para tus camellos». Vació su cántaro en el abrevadero y volvió a coger agua, hasta que todos los camellos dejaron de estar sedientos.

Eliezer la miraba con sorpresa, pero sin decir nada. Cuando ios camellos hubieron acabado de beber, sacó un anillo y dos brazaletes de oro, puso los brazaletes en los brazos de Rebeca y le preguntó: «¿De quién eres hija? ¿Queda en la casa de tu padre lugar donde pasar la noche?» Respondió que era hija de Nacor y que había lugar en su casa.

Entonces Eliezer se prosternó diciendo: «Bendito sea el Eterno, Señor de mi dueño Abraham, que me ha conducido a la casa de mi dueño».

La joven corrió a advertir a su madre. Su hermano Laban, que había visto los brazaletes y el anillo de oro, fue a buscar a Eliezer y le llevó a la casa.

Mandó descargar los camellos y les dio forraje.

Dios agua a Eliezer para lavarse los pies y le sirvió de comer. «No comeré, dijo Eliezer, antes de haber dicho lo que tengo que decir».

Y contó de dónde había venido, cómo buscaba esposa para su joven dueño y cómo había rogado a Dios que se la designara. El padre y el hermano de Rebeca respondieron: «El Eterno ha hecho estas cosas.

No tenemos nada que decir. Toma a Rebeca y que sea esposa del hijo de tu dueño, como el Eterno ha dicho».

Eliezer se prosternó para dar gracias a Dios, luego dio a Rebeca objetos de oro y plata y vestidos. Al día siguiente pidió volver a casa de su dueño.

El hermano y la madre de Rebeca quisieron retenerla diez días más. Respondió: «No me retraséis, puestp que el Eterno ha hecho que resulte bien mi viaje».

Dijeron: «Llamemos a la muchacha y consultémosla». Luego preguntaron a Rebeca: «¿Quieres irte con este hombre?» Respondió: «Iré». Y partió, llevando consigo a su hermano y a su nodriza.

Una tarde, Isaac estaba en el campo y vio llegar camellos, uno de ellos montado por una joven. Era Rebeca. Alzando los ojos vio a Isaac y bajó de su camello, preguntando a Eliezer: «¿Quién es este hombre? » Respondió: «Es mi señor». Entonces cogió su velo y se tapó. Eliezer contó a su joven dueño cuanto le había sucedido. Isaac tomó de la mano a Rebeca y la llevó a la tienda de su madre Sara. Luego se casó con ella.

JACOB Y ESAU

Rebeca permaneció mucho tiempo sin tener hijos. Por fin Isaac imploró al Eterno, y dio a luz dos hijos. El primero era rubio y todo cubierto de pelo, y fue llamado Esaú.

Al crecer, se hizo hábil cazador que pasaba la vida en el campo. El segundo, Jacob, fue hombre de suaves costumbres que permanecía de ordinario en la tienda. Isaac amaba a Esaú porque le llevaba caza. Rebeca prefería a Jacob.

Un día Jacob hacía un guiso de lentejas, Esaú volvió de la caza cansadísimo y dijo a su hermano: «Déjame comer de este plato, porque estoy muy cansado». Jacob le respondió «Véndeme entonces tu derecho de primogenitura».

Esaú se dijo: «Voy a morirme de hambre, ¿de qué me servirá ese derecho?» Y lo vendió para que Jacob le diese las lentejas.

Isaac envejeció y quedó casi ciego. Un día llamó a Esaú y le dijo: «Soy viejo y no sé el día de mi muerte. Coge tu arco y tus flechas, ve a buscarme caza y prepárame un plato como yo lo quiero, para que te bendiga antes de morir».

En tanto Esaú estaba de caza, Rebeca contó a Jacob lo que había dicho su padre y añadió: «Ve a coger en el rebaño dos buenos cabritos, haré con ellos a tu padre un plato de los que le gustan, se lo llevaremos para que coma, a fin de que te bendiga antes de su muerte».

—»Pero, dijo Jacob, mi hermano Esaú es velludo y yo no lo soy.

— Quizá mi padre me toque y me tomará por impostor y atraeré sobre mí.

no una bendición, sino una maldición». Su madre le dijo: «¡Que la maldición caiga sobre mí! » Jacob la obedeció y preparó el plato. Luego Rebeca cogió los lindos vestidos de Esaú, hizo que Jacob se los pusiera y cubrió sus manos y su cuello con la piel de los cabritos.

Jacob se acercó a Isaac con el plato y el pan y dijo: «¡Padre mío! » Isaac respondió: «Heme aquí, ¿quién eres? —»Soy Esaú, tu hijo amado». «He hecho lo que me habías ordenado.

Levántate, siéntate y come de mi caza».— «¿La has encontrado ya?» —»Es que el Eterno la ha hecho venir delante de mí».— «Acércate para que te toque, que sepa si eres mi hijo Esaú». Jacob se acercó y le tocó su padre.

No reconoció las manos que estaban cubiertas de pelo, y dijo: «La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú».

Hizo que le trajeran el plato, comió y bebió vino. Luego dijo a su hijo que viniera a besarle.

Palpó sus vestidos, que eran los de Esaú, y le bendijo, diciendo: ¡Dios te conceda el rocío del cielo y la substancia de la tierra, trigo y vino en abundancia! ¡Los pueblos te sean sometidos y las naciones se prosternen ante ti! ¡Sé dueño de tus hermano y que los hijos de tu madre se prosternen ante ti! «

Acabada la bendición, salió Jacob, y Esaú volvió de la caza. Hizo un plato con lo que había traído llevólo a su padre y le pidió que le bendijera. Isaac, muy conmovido, le dijo: «¿Quién me ha traído caza y yo le he bendecido?» Esaú empezó a gritar, y luego dijo: «Bendíceme también, padre mío». Pero Isaac respondió: «Tu hermano ha venido con engaño y se ha llevado tu bendición. Le he hecho tu dueño y le he dado a todos tus hermanos por servidores. ¿Qué puedo hacer por ti? «

Esaú, irritado, dijo que mataría a Jacob. Rebeca tuvo miedo e hizo que su hijo marchase al país de su hermano Laban.

JACOB EN CASA DE LABAN

Marchó Jacob. Llegada la noche, detúvose para dormir y cogió una piedra sobre la cual reposó la cabeza. Durmióse y tuvo un sueño. Vio una escala apoyada en tierra y que en lo alto tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles de Dios.

El Eterno estaba en lo alto y dijo a Jacob: «Soy el Eterno, el Dios de Abraham, el dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te pertenecerá a ti y a tus descendientes, tu posteridad será numerosa como el polvo del suelo.

Jacob patriarca de la biblia

Estoy a tu lado, velaré por ti a donde quiera que vayas, y te volveré a este país». Jacob despertó, tuvo miedo y dijo: «Esta es ¡a casa de Dios, la puerta del Cielo». Y a guisa de monumento, puso derecha la piedra en que había dormido.

Cuando hubo llegado al país de Laban, se detuvo delante de un pozo cerrado con una gran piedra y al que se llevaban a beber los ganados.

Preguntó a los pastores si conocían a Laban. Le enseñaron una doncella que venía con su rebaño y le dijeron que era Raquel, hija de Laban.

Jacob apartó la piedra que tapaba el pozo y ayudó a la joven a dar de beber a sus ganados. Luego manifestó ser hijo de Rebeca. Acudió Laban, le abrazó y le rogó que fuese a su casa.

Al cabo de un mes le dijo: «¿Es preciso, porque seas mi pariente, que me sirvas de balde? Dime qué salario quieres». Jacob dijo: Te serviré siete años para obtener tu hija menor».

Era Raquel. Jacob sirvió siete años que le parecieron unos días, porque amaba a Raquel. Luego reclamó su mujer. Laban celebró las bodas, pero en lugar de Raquel puso a su hija mayor Lía.

Jacob se quejó del engaño. «No es costumbre en el país, respondió Laban, dar la menor antes que la mayor». Jacob consintió en quedarse otros siete años para obtener a Raquel y casó con ella al cabo de los siete años.

Permaneció en el país, adquirió grandes rebaños y tuvo doce hijos, de los que dos eran de Raquel.

VUELTA DE JACOB

Los hijos de Laban censuraron a Jacob por haberse hecho rico a expensas de su padre. Se decidió entonces voíver al país en que había nacido, y partió en secreto con su familia y sus rebaños.

Pasó cerca de la comarca donde su hermano Esaú estaba establecido y le envió mensajeros para que le refirieran sus aventuras e imploraran su perdón.

Los mensajeros volvieron diciendo: «Tu hermano viene a tu encuentro con 400 hombres». Jacob se asustó mucho, creyendo que su hermano venía a matarle.

Apartó, para ofrecerlos como regalo a Esaú, 200 cabras y 20 machos cabríos, 200 ovejas y 20 carneros, 30 camellos con sus crías, 40 vacas y 50 toros, 20 borricas y 10 burros, y con ellos formó cinco rebaños.

Ordenó a los pastores que fueran delante, dejando un intervalo entre cada rebaño, y les dijo a cada uno: «Cuando te encuentres con Esaú y te pregunte quién eres, a dónde vas y de quién es el rebaño, responderás: Es de tu servidor Jacob, que lo envía como regalo a su señor Esaú». Jacob esperaba calmar de este modo a su hermano.

Envió a su familia al otro lado del torrente y se quedó solo. Durante la noche tuvo que luchar con un desconocido de fuerza prodigiosa que, no habiendo podido derribarle, le hirió en la cadera y le dejó cojo.

Cuando llegó el día, el hombre dijo a Jacob: «Déjame marchar, porque ya es de día». Jacob respondió: «No te dejaré partir antes de que me hayas bendecido? «. «¿Cuál es tu nombre? » —»Jacob».— «Tu nombre, dijo aquél, ya no será Jacob, sino Israel, es decir, el que combate por Dios». Jacob comprendió que había luchado con un enviado de Dios.

Llegó Esaú al frente de 400 hombres. Jacob puso en línea a su familia y se prosternó siete veces, yendo al encuentro de su hermano.

Esaú se conmovió, corrió a su encuentro, se arrojó a su cuello y ambos lloraron. Luego Esaú, viendo a las mujeres y a los hijos de Jacob, preguntó quiénes eran. «Son, respondió Jacob, los hijos que Dios ha concedido a tu servidor».

Las sirvientas se acercaron con sus hijos y se prosternaron ante Esaú. Luego Lía y sus hijos, por último Raquel y su hijo.

Esaú no aceptó al pricipio los rebaños que Jacob le ofrecía, diciendo: «Estoy en la abundancia, hermano mío, conserva lo que te pertenece». Pero, a instancia de Jacob, accedió. Luego se separaron.

Jacob fuese al lado de Isaac, que murió a la edad de ciento ochenta años.

JOSÉ VENDIDO POR SUS HERMANOS

El hijo mayor de Raquel, José, era el preferido de su padre, y sus hermanos tuvieron envidia de él.

Aumentó su odio contándoles un sueño que había tenido: «Estábamos ocupados en el campo atando gavillas. Mi gavilla se alzó y se tuvo derecha, las vuestras la rodearon y se prosternaron ante ella».

Jose patriarca de la biblia
Jose vendido a Putifar por sus hemanos envidosos

—»¿Esto significa, dijero sus hermanos, que reinarás sobre nosotros?» Otro día contó: «He soñado que el sol, la luna y once estrellas se prosternaban ante mí». Su padre le regañó diciendo: » ¡Haría falta, pues, que viniéramos yo, tu madre y tus once hermanos a prosternarnos delante de ti! «.

Un día, Jacob envió a José a obtener noticias de sus hermanos que habían llevado un rebaño a pacer muy lejos.

Sus hermanos dijeron, viéndole llegar: «He aquí el soñador, matémosle, arrojémosle a una cisterna, y diremos que una fiera le ha devorado, y así veremos qué será de sus sueños».

Rubén les dijo: «No derraméis sangre, arrojadle solamente en la cisterna». Pensaba darle libertad cuando sus hermanos hubieran partido.

José llegó. Sus hermanos le despojaron de la túnica y le arrojaron a una cisterna que no tenía agua, sentándose luego para comer.

En aquel momento pasó una caravana que iba a Egipto, con camellos cargados de incienso y perfumes. Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganaremos con hacerle perecer?.

Vendámosle a estos mercaderes, porque es nuestro hermano, nuestra carne».

Los otros le atendieron, sacaron a José de la cisterna y le vendieron por veinte monedas de plata. Luego cogieron su túnica, y habiendo matado un macho cabrío, la empaparon en la sangre.

Le enviaron a Jacob, mandándole decir que la habían encontrado en el campo. Jacob le reconoció y dijo: «Es la túnica de mi hijo, una fiera le ha devorado».

Desgarró sus vestiduras, sujetóse un saco a la cintura en señal de luto y no quiso oír palabra de consuelo. Decía: «Lloraré hasta que descienda en busca de mi hijo a la morada de los muertos».

Invasion Arabe a España y su Influencia Resumen de la Historia

La Invasion Arabe a España y su Influencia Resumen de Historia

¿Qué supuso la civilización árabe en la Europa del siglo X?. ¿Cuál fue su aportación cultural y científica? Un emporio llamado Córdoba: baños y bibliotecas.

En el siglo X Europa atravesaba uno de los momentos más oscuros de su historia. Hacía ya tiempo que el gran Imperio romano había sucumbido ante la invasión de los bárbaros.

En lugar del poderoso Imperio habían surgido muchos estados pequeños, fragmentados, que no gozaban de la seguridad, prosperidad y cultura de antaño.

Pero en el sudoeste de Europa apareció una brillante civilización que contrastaba con toda esta mediocridad.

Su centro estaba en Córdoba, que entonces era la ciudad más grande, más rica y más culta de Europa occidental.

Los viajeros que llegaban a ella se maravillaban ante sus calles principales, iluminadas y pavimentadas, un lujo desconocido en aquella época.

La ciudad era famosa por la arquitectura de sus edificios, por su población de medio millón de habitantes, y por sus trescientos baños públicos, setenta bibliotecas y numerosas librerías.

Todos los sabios de Europa reconocían el alto nivel intelectual y artístico de Córdoba, con la que sólo Bizancio podía compararse.

El rasgo más sobresaliente de la ciudad eran sus setecientas mezquitas.

Córdoba era en el siglo X la capital de la España musulmana.

mezquita arabe en cordoba

Interior de la mezquita de Córdoba, verdadera joya del arte árabe. El dominio de los musulmanes en el campo de la medicina, la agricultura y el comercio convirtió a España en uno de los países más prósperos de Europa.

La leyenda del conde Don Julián: Desde la caída del Imperio romano, del que era una provincia, la península ibérica había sufrido numerosas invasiones de los bárbaros, la más importante de las cuales fue la de los visigodos, que crearon una monarquía de casi dos siglos de duración.

A principios del siglo VIII, tropas árabes cruzaron el estrecho de Gibraltar y, después de la batalla de Guadalete, en que fueron derrotados los visigodos, invadieron la península.

Según la leyenda, la invasión tuvo su remoto origen en los amores prohibidos de don Rodrigo, último rey godo, y la hija del conde don Julián, influyente personaje de la Corte.

Éste, como venganza personal, habría alentado a los moros del norte de África a penetrar en territorio hispano y a poner fin a la monarquía visigoda.

Aunque la historia del conde don Julián no hubiese sido verdadera, lo cierto es que los árabes se aprovecharon de la decadencia y de las luchas internas de los visigodos.

Las más importantes ciudades, Toledo y Sevilla, cayeron en seguida en su poder, y en el espacio de siete años (711-718) la mayor parte de la península estaba bajo su dominación.

Los musulmanes se mantuvieron en España siete siglos: aunque la Reconquista comenzó en seguida (718), no se completó hasta 1492, bajo el reinado de los Reyes Católicos.

La invasión de los árabes, aunque repentina e inesperada, era una consecuencia natural de los deseos expansionistas del Imperio musulmán.

A raíz de la muerte de Mahoma (632), los pueblos árabes, exaltados por su fe religiosa, habían extendido ampliamente sus fronteras. Atacando a todos sus vecinos, habían mermado el imperio bizantino y debilitado el persa.

En el transcurso de un siglo se apoderaron de Irak, Siria y Egipto y avanzaron por la costa del norte de África.

Empujados por el deseo tanto de riquezas como de someter al infiel, según el precepto coránico, la invasión del decadente reino visigodo era sólo una cuestión de tiempo o de oportunidad.

Los musulmanes no pensaban detenerse en España. En el año 720 cruzaron los Pirineos y penetraron en el reino de los francos.

Tomaron Narbona y saquearon los principales monasterios del sur de Francia. Pero en 732, en la batalla de Poitiers, cerca de Tours, fueron vencidos por Carlos Martel, príncipe franco.

ejercito musulman ataca españa

Ejército islámico preparados para atacar

Los historiadores consideraban esta derrota como la salvación de la ristiandad frente a la amenaza musulmana. ja. realidad es que las luchas en los Pirineos ontinuaron durante varias décadas. Solamente después de bastantes derrotas los musulmanes decidieron abandonar sus ambiciones de conquistar el reino franco.

Para la Europa cristiana fue más importante el fracaso de los musulmanes en el Este.

En los años 717 y 718 atacaron Constantinopla y si el emperador bizantino, León Isaurio, no les hubiese rechazado, seguramente toda la Europa oriental habría caído en su poder, como más tarde ocurrió con los turcos otomanos.

A diferencia de los romanos, e incluso de los visigodos, los musulmanes fueron incapaces de crear un gobierno fuerte y centralizado que dominase a todos los pueblos ibéricos.

Nunca pudieron someter por completo los núcleos de resistencia establecidos en el noroeste del país, que darían lugar a los reinos cristianos y a la Reconquista.

Los dominios árabes, que recibieron el nombre de Al-Andalus, carecían de fronteras fijas por el norte, y entre ellos y el territorio de Carlomagno quedaba una extensa zona de nadie en la que los combates eran continuos.

Carlomagno intentó por su parte someter a los musulmanes, pero desistió después de ser derrotado en Zaragoza en 778.

Los árabes tenían que enfrentarse también con los deseos de independencia de los gobernadores de las provincias extremas y con los rebeldes habitantes de las ciudades.

Tales insurrecciones provocaron una serie de matanzas sangrientas. En 797 el gobernador de Toledo, creyendo que el pueblo le era hostil, celebró un banquete al que invitó a los huéspedes más representativos.

Cuando entraron en el patio del castillo, fueron decapitados.

Poco tiempo después, los habitantes de un barrio entero de Córdoba —unas trescientas personas— fueron asesinados y sus casas destruidas.

En los primeros años de dominación musulmana, gran parte de las luchas no se debían a diferencias religiosas entre moros y cristianos, sino a las ansias de poder de los dirigentes locales.

La religión no importaba demasiado; de hecho, se cambiaba con frecuencia de credo religioso para poder jurar fidelidad al nuevo dueño.

El Cid fue uno de los primeros caballeros castellanos que ayudaron a los reyes árabes: en su caso, el rey de Zaragoza, al que ayudó en numerosas empresas.

Las dificultades de los musulmanes para crear un estado organizado se vieron agravadas por las divisiones entre ellos.

Surgió una fuerte rivalidad entre árabes y bereberes, tribu del norte de África que había sido convertida al Islam y había aportado grandes contingentes de hombres para la invasión de España.

releieve en madera arabes

Relieve en madera, en la catedral de Toledo, que representa la rendición de Granada, el último reino musulmán, en 1492. A la victoria cristiana siguió una ola de persecuciones y destrucción.

Esplendor del califato: Abderramán III emprendió la tarea de unificar y fortalecer el reino musulmán.

Como primera medida proclamó la independencia del emirato de Córdoba —hasta entonces dependiente de Damasco— convirtiéndolo en califato.

Los reyes cristianos habían logrado llegar en sus incursiones hasta los alrededores de la ciudad.

Gradualmente, Abderramán III recobró las provincias perdidas y penetró en los reinos cristianos de León y Navarra.

Bajo sus sucesores y hasta finales del siglo X, el imperio musulmán en España alcanzó el máximo de su poderío.

La civilización árabe que floreció en este período, con centro en Córdoba, tenía su origen, en parte, en la tolerancia de los musulmanes con los pueblos sometidos.

Aunque existia un estado de guerra permanente con los reinos del norte, los cristianos que vivían en la zona árabe disfrutaban de completa libertad religiosa.

El Islam ordenaba someter, pero no convertir, a los no creyentes.

Los judíos, que habían sido muy perseguidos por los visigodos, pudieron vivir en paz bajo la dominación musulmana; fueron los mercaderes judíos quienes impulsaron el comercio de la España musulmana confiriéndole una gran prosperidad.

Pero tanto judíos como cristianos tenían que pagar fuertes tributos, sufrían de una cierta desigualdad ante la ley y eran considerados inferiores.

Los cristianos, por su parte, reconocían que los árabes habían creado una civilización más refinada que la suya propia.

Las ciudades hispánicas, en franca decadencia con los visigodos, habían revivido. Existía un orden y una organización nuevos.

Los musulmanes eran mejores comerciantes, arquitectos, ingenieros y granjeros. Eran más cultos e instruidos.

Los cristianos, incluso los reyes de los reinos del norte, se daban cuenta de todo esto.

La historia ha dejado constancia de que cuando los gobernantes cristianos necesitaban un cirujano, un arquitecto, un maestro de música o un sastre, lo pedían a Córdoba.

Pero estaban decididos a superar su inferioridad y reconquistar sus tierras. Este espíritu no estaba, sin embargo, muy extendido entre los cristianos que vivían en territorio musulmán.

Muchos de ellos se convirtieron al Islam, recibiendo el nombre de «muladíes».

La distinción entre musulmanes hispánicos y de origen árabe fue siendo cada vez más difícil, debido sobre todo al elevado porcentaje de matrimonios mixtos que se daban en todos los niveles sociales.

Incluso los nobles, y hasta los reyes cristianos, ofrecían sus hijas en matrimonio a los reyes musulmanes.

Muchos cristianos, si bien no renegaron de su fe, adoptaron las costumbres árabes.

En el terreno del comercio existia una colaboración muy estrecha entre judíos, cristianos y musulmanes.

Con el esfuerzo conjunto de todos ellos, la España musulmana llegó a ser una de las zonas más prósperas y más densamente pobladas de Europa.

La agricultura gozó de un gran desarrollo gracia nuevos métodos de regadío introducidos por los árabes, así como a los nuevos cultivos arroz, algodón, naranjas, albaricoques  y melocotones.

Los árabes crearon una importante industria en al-Andalus, en la que destacaba principalmente la textil, de cueros y de cerámica. Su comercio llegó hasta la India y Asia central.

La enseñanza y la investigación alcanzaron niveles muy altos: los musulmanes fueron los introductores en Europa del pensamiento griego y del arte bizantino y persa.

La medicina y la ciencia estaban muy adelantadas respecto a otros países, y la educación tan extendida que una elevada proporción de españoles musulmanes sabían leer y escribir, hecho insólito en el resto de Europa.

Los reinos de Taifas: Sin embargo, a principios del siglo XI comenzó la decadencia del Imperio musulmán.

Disputas intrascendentes entre los jefes rivales debilitaron la autoridad central, dando a los reyes cristianos la oportunidad que esperaban.

En lugar de pagar sus tributos a los árabes, los cristianos empezaron a exigírselos a ellos.

El rey Altonso VI llego incluso a cobrar tributo a Sevilla, la ciudad más poderosa después del declive de Córdoba.

En 1085 los cristianos reconquistaron Toledo, que ya nunca más volvió a estar en manos de los árabes.

La derrota les causó tal conmoción que resolvieron pedir ayuda a los almorávides, tribu de bereberes del norte de África.

Estos no supieron restaurar la brillante civilización de sus predecesores árabes.

Miles de cristianos y judíos abandonaron al-Andalus huyendo de su fanática intolerancia.

Más tarde, en 1146, otra tribu beréber, los almohades, procedente también del norte de África, acudió en ayuda de los almorávides, incapaces de resistir el empuje de los reyes cristianos.

Los almohades convirtieron Sevilla en un importante centro cultural, pero no pudieron detener el avance de la Reconquista.

En 1212 Alfonso VIII les infligió una derrota decisiva en la batalla de las Navas de Tolosa. Con ello se desvanecieron todas las esperanzas de restablecer el imperio musulman en España.

Al-Andalus se escindió en unos pequeños reinos llamados de «taifas».

La fuerza de los cristianos se había visto siempre mermada por las incesantes luchas internas.

Pero en 1230, con la unión de León y Castilla, cobraron nuevas energías y lanzaron una gran ofensiva contra los árabes.

Rápidamente, Fernando III reconquistó Córdoba (1236), Valencia (1238), y Sevilla, después de un duro asedio (1248).

Sólo quedaba un reino árabe, el de Granada.

Y aunque estaba obligado a pagar un pesado tributo a los cristianos, desarrolló una cultura y un arte excepcionales, cuya mejor muestra es la Alhambra.

Igual que Córdoba y Sevilla anteriormente, se convirtió en un centro de comercio y de ciencia, atrayendo a numerosos sabios de Europa y de Oriente. Durante el reinado de los Reyes Católicos, Granada fue conquistada en 1492.

El gobierno de los cristianos no fue tan tolerante como el de los musulmanes.

Fernando e Isabel expulsaron a los judíos (1493) e intentaron convertir a los musulmanes al cristianismo.

Algunos lo hicieron, recibiendo el nombre de moriscos, pero la Inquisición recién establecida tenía como fin descubrir a aquellos cuya conversión no fuese sincera.

Los manuscritos árabes se quemaron públicamente; más tarde, Felipe II ordenó la destrucción de todos los baños públicos construidos por los árabes.

Finalmente, en 1609 los moriscos que quedaban en el país, medio millón, fueron deportados en masa.

Se calcula que entre 1492 y 1609 unos tres millones de musulmanes fueron desterrados o ejecutados.

La España cristiana no encontraba lugar para ellos.

La historia de los musulmanes en España tuvo un final poco glorioso. Sin embargo, Europa estaba en deuda con ellos por haber sido los transmisores de la filosofía griega y del arte y la ciencia orientales.

Los filósofos españoles, como Maimónides y Averroes, no sólo interpretaron y tradujeron las doctrinas de los clásicos, sino que las transmitieron a los sabios que acudían a Toledo o a Sevilla.

Muchos descubrimientos se conocieron en Europa gracias a los árabes, como el papel.

Es probable que la numeración arábiga y el concepto de cero entrasen en Europa a través de España, aunque también pudo ser por Italia.

Pero, sobre todo, los musulmanes crearon en España una civilización propia, de la que hoy perduran muchas cosas.

Realizaron grandes esfuerzos para crear belleza en todos los campos.

La poesía y la música eran las bellas artes que más cultivaron. Introdujeron además el laúd y la guitarra oval.

Gran parte de sus mezquitas y palacios han resistido el paso del tiempo como testimonios de un pasado lleno de riqueza y cultura.

Fuentes Consultada:
Protagonista de la Historia de Espasa-Calpe – Wikipedia – Artehistoria
La LLave del Saber – Pasado y Presente del Hombre Tomo I – Al Andalus – Ediciones Cisplatinas S.A.

Calendario Musulman Año Islamico Origen y Diferencias Historia

Calendario Musulman Año Islámico: Origen y Diferencias

Origen del Calendario Musulmán

Mahoma, lider musulmanSegún la tradición, el profeta Mahoma huyó de La Meca a Medina la noche del 15 al 16 de julio de 622 de nuestro calendario. Esta emigración

(hedjra en árabe, «hégira» en español) es el punto de partida de la cronología musulmana, fechada el 15 de julio por los historiadores y el 16 por algunos astrónomos.

Hacia 630, el califa Umar I, emir de los creyentes, fijó el inicio de la era de la hégira. Investigaciones posteriores han puesto de manifiesto que la huida del Profeta tuvo lugar unos días más tarde, el 22, 23 o 24 de septiembre de 622, pero se mantuvo la fecha tradicional.

El calendario musulmán tiene 12 meses de 30 y 29 días alternativamente. El último mes, el de El AId el Kebir, tiene un día adicional en los años llamados «extraordinarios» o «abundantes», que son, en un ciclo de 30 años, los años 2, 5, 7, 10, 13, 16, 28, 21, 24, 26 y 29 de este ciclo. (Algunos expertos consideran abundante el año 15° del ciclo en lugar del 16°.)

El año musulmán es un año lunar de 354 o 355 días. Con relación a nuestro calendario, empieza de un año a otro con un adelanto de 10 a 12 días. Así, por ejemplo, el mes del ramadán (90 mes, mes del ayuno) empezó el 11 de mayo en 1986, el 30 de abril en 1987, el 18 de abril en 1988, el 7 de abril de 1989, el 28 de marzo de 1990, el 17 de marzo de 1991, etc.

El inicio del mes se establece en función de la observación directa de la Luna. Puesto que circunstancias accidentales pueden impedir la observación de la primera aparición del astro, la fecha de inicio de un mismo mes puede variar de una localidad a otra, lo que perjudica la precisión de las dataciones.

Cien años de la hégira equivalen a 97 años solares ± 8 días y 4 horas. A la inversa, 100 años solares corresponden a 103 años musulmanes + 24 días y 12 horas.

La conversión de las fechas de la hégira en fechas de la era cristiana exige cálculos bastante complejos que tienen en cuenta los ciclos de 30 años del calendario musulmán (10.631 días), los periodos de 4 años (1.461 días) del calendario juliano, el tiempo transcurrido entre el inicio de la era cristiana y el 16 de julio del 622 (227.016 días), el desfase entre los calendarios juliano y gregoriano y la duración de los meses en cada sistema.
Para un cálculo aproximado pero rápido, pueden utilizarse las siguientes fórmulas simplificadas:

  1. Conversión de un año musulmán en año gregoriano:

(año musulmán x 0,97) + 622 = año gregoriano.
Ejemplo:
1391 de la hégira x 0,97 1349,27; 1349,27 + 622 = 1971,27 (es decir de 1971 a 1972 de nuestra era).

  1. Conversión de un año gregoriano en año musulmán:

(año gregoriano —622)/0,97 = año musulmán
Ejemplo:
1947 de nuestra era — 622=1325;
(1325 / 0,97) = 1365,97 (es decir de 1365 a 1366 de la hégira).

Meses del Calendario Musulmán:     

 Nombre literarioNombre popularDuración
    MuharramAchura30 días
    SafarChaia achura29 días
    Rabí al- ‘awwalEl Mulud30 días
    Rabí ath-thaniChaia el Mulud29 días
    Djumada al-’awwalDja30 días
    Djumada th-thaniDjtima29 días
    RadjabRedjeb30 días
    Cha’banChaban29 días
    RamadánRamadán30 días
    ChawwalEl Aid es Seghir29 días
    Dhu al-qaadaBin el aiad30 días
    Dhu al-hidjdjaEl Aid el Kebir 29 o 30 días

Correspondencia entre los calendarios musulmán y gregoriano para fines del siglo xx

El 1 de Muharram es el primer día del año musulmán.
El 1 de Muharram de 1411 es el 14 de julio de 1990

1412   —                 13 de julio de 1991
1413  —                  2 de julio de 1992
1414   —                 21 de junio de 1993
1415   —                 10 de junio de 1994
1416   —                 31 de mayo de 1995
1417  —                  19 de mayo de 1996
1418   —                 9 de mayo de 1997
1419   —                 28 de abril de 1998
1420   —                 18 de abril de 1999
1421   —                 6 de abril de 2000
1422  —                  25 de marzo de 2001

El 1 de Muharram de 1411 es el inicio del ciclo de 30 años que abarca el fin del siglo XX y el principio del siglo XXI).

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

Así como el nacimiento de Cristo marca el comienzo de la era cristiana, en el mundo musulmán la predicación de Mahoma inicia un nuevo cómputo de años.

El punto de partida de esta nueva era es la hégira, la huida de Mahoma y de sus seguidores de La Meca a Yatrib, la futura Medina. Cuando el califa Umar la instituyó como punto de partida de la era islámica, decidió que empezara el primer día del año lunar en que tuvo lugar (1° de Muharram).

Para obtener la relación de los años musulmanes con los de la era cristiana (calendario gregoriano) se sustrae 1/33 del año musulmán y se añade 622.

Para obtener la relación de los años de la era cristiana con los años de la era musulmana se resta del año cristiano 622 y se añade 1/32 de la sustracción.

La base del calendario lunar islámico es el calendario de los árabes preislámicos, que proviene del hebreo.
El calendario islámico tiene un año con 12 meses de 29 y 30 días alternativamente, por lo que debían intercalar un mes cada dos o tres años debido a la diferencia respecto el calendario solar.

El profeta prohibió explícitamente las intercalaciones de los meses: «El número de meses, para Dios, es de doce. Fueron escritos en la Escritura de Dios el día que creó los cielos y la tierra. De ellos, cuatro son sagrados: ésa es la religión verdadera (…)». Los judíos, que tienen un calendario lunisolar, también deben intercalar un decimotercer mes cíclicamente en su calendario.

Los meses lunares o lunaciales comienzan a partir de la primera observación directa del creciente de la Luna y cada mes comprende el período de tiempo entre la aparición de una Luna nueva y la siguiente.

Los meses islámicos son: Muharram, Safar, Rabi I, Rabi II, Yumada I, Yumada II, Rayab, Shaabán, Ramadán, Sawwal, Dulgaada y Dulhiyya.

Los días de la semana se expresan con el nombre del ordinal que les corresponde a partir del domingo, que es el primero, hasta el séptimo, el sábado; el viernes recibe el nombre de «día de la reunión» porque es el día de la oración colectiva del mediodía en la mezquita. No se trata de un día de descanso semanal obligatorio como pasaba en el sábado de los judíos o en domingo, día del Señor de los cristianos, sino de un día laborable. La razón es que los musulmanes consideran que Dios no se cansó después de haber realizado la Creación: «Creamos los cielos, la tierra y lo que entre ellos está en seis días, sin sufrir cansancio». Los días empiezan cuando se pone el Sol.

calendario musulman

Dos páginas del Almagesto, del siglo XV. La cronología propia de los musulmanes data del califato de Umar, quien instituyó una nueva era tomando como punto de partida convencional la fecha de la emigración de Mahoma desde La Meca a Medina, en el año 622.