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Biografía de Botticelli Sandro Artista Renacentista Vida y Obra

Biografía y Obra de Botticelli Sandro – Artista Renacentista

Sandro Botticelli(Florencia 1445-1510).

Hijo de un curtidor, nació en Florencia en 1444.

A temprana edad abandonó sus estudios académicos para trabajar con un orfebre.

Su interés por la pintura y el dibujo se desarrolló en este trabajo y fue aceptado como aprendiz en el taller del pintor florentino Fray Filippo Lippi.

A partir de 1470 tuvo su propio taller, empezó a trabajar para los Médicis y tuvo numerosos encargos.

En 1478 ya había alcanzado la madurez que representa un cuadro maravilloso, La primavera.

En 1480 llevó a cabo notables pinturas murales en la iglesia de Todos los Santos de Florencia, su ciudad natal. Un año más tarde estuvo en Roma, donde formó parte del equipo encargado de las composiciones murales para la Capilla Sixtina.

En 1482 ya estaba de vuelta en Florencia, donde tuvo numerosos encargos: mártires, Crucificados, Vírgenes, Pietá… Hacia 1485 pintó las cuatro tablas de la Historia de Nastagio degli Onesti (tres de ellas se conservan en el Museo del Prado de Madrid).

Hacia 1490 emprendió una serie referente a la Divina comedia de Dante. Sus últimos años se vieron ensombrecidos por las dificultades económicas.

Botticelli es el pintor más notable de la segunda mitad del siglo XV. Era un hombre cultivado y de temperamento artístico apasionado. Vivió de corazón la aparición del humanismo en la corte de Lorenzo de Médicis.

Al final de su vida, influido por las prédicas de Savonarola, reformador religioso que propugnaba la austeridad, dejó de tratar temas mitológicos y profanos y renunció a los hallazgos de la perspectiva, volviendo así a una pintura medieval (La natividad mística).

BREVE FICHA BIOGRAFICA

•  Nació en Florencia, en el seno de una familia de humildes artesanos.

• Su nombre era Alessandro Di Mariano Filipepi, pero se lo conoció como Sandro Botticelli.

• Desde muy joven, su padre le enseñó el oficio de orfebre.

• A los diecisiete años se trasladó a Prato y fue alumno de Fra Filippo Lippi, un pintor muy famoso de su época. Con su guía, realizó sus primeros trabajos hacia 1465.

• Hacia 1467 se estableció en Florencia y empezó a dirigir un taller de pintura.

• En 1470 recibió el primer encargo de una institución oficial para realizar una pintura.

• En 1474 se trasladó a Pisa, para pintar una serie de frescos.

• Pronto comenzó a trabajar para la poderosa familia Medici, relación que mantuvo durante muchos años. Bajo la protección de estos importantes mecenas, se dedicó especialmente a pintar retratos.

Obras religiosas: Desde 1475 realizó varias obras que aumentaron su prestigio.

• En 1481 viajó a Roma invitado por el papa Sixto IV para trabajar en la decoración de la  Capilla Sixtina.

• Su éxito creció y recibió numerosos pedidos de las familias más destacadas de Florencia.

• A partir de 1490 le sobrevino una época de pobreza y se dedicó a pintar temas bíblicos.

•  Murió en Florencia, el 17 de mayo de 1510.

Sus Pinturas: 

• Botticelli admiraba la Antigüedad y el mundo de los dioses griegos; por eso, Lino de los temas favoritos de sus pinturas era la mitología.

• Para realizar varios de sus cuadros se inspiró en obras literarias.
Así hizo casi cíen dibujos para ilustrar La Divina Comedia, de Dante.

• Durante mucho tiempo retrató a algunos de los personajes más destacados de su época, entre ellos a los Medid, filósofos, sabios y poetas.

• Hoy su producción se considera la más representiva del Renacimiento florentino y algunos cíe sus cuadros son auténticas obras maestras.

SU BIOGRAFÍA:

Durante el siglo XV, entre los artistas que rodeaban a la familia de los Médicis, en Florencia, se hallaba Sandro Botticelli, el único artista quizás que, por sus dotes y su óríeligencia, había resumido en el arte figurativo la particular actividad intelectual de ese momento histórico.

Nació Sandro en Florencia, alrededor del año 1445.

Su padre. Mariano Filipepi, de oficio curtidor, declaró en 1458 ez las oficinas del Registro Civil, entre otras cosas: «mi hijo Sandro, de trece años, es enfermo y se consagra a la lectura».

El hogar paterno, ubicado en un barrio de tintoreros y curtidores, no era el más propicio para la salud del niño, ya endeble de nacimiento.

Desde la infancia, se mostró extraño e inquieto: ocupaba su tiempo leyendo o fantaseando, sin querer cumplir estudios regulares.

En vista de ello, el padre dispuso que el niño aprendiera el oficio de orfebre, y lo envió a los talleres de un tal Botticello. Cierta versión afirma que el joven adoptó el seudónimo bajo el cual se lo conoce, en memoria de ese su primer maestro.

En aquel tiempo, los orfebres tenían sólidos conocimientos de pintura y de escultura, y muchos famosos pintores y escultores egresaron de esos talleres.

Las condiciones artísticas que hasta entonces dormitaban en su alma cerrada y enigmática, se manifestaron pronto en el joven Sandro.

El trato asiduo que, por razón de su oficio, tenía con los grandes artistas florentinos, despertaron en él un interés creciente por la pintura, y un buen día abandonó los talleres del orfebre.

Alrededor de 1472, había establecido un floreciente taller propio y fue hecho miembro de la Cofradía de San Lucas, una importante sociedad de artistas florentinos.

Los artistas que trabajaban en Florencia lo hacían bajo el patrocinio de la Iglesia y opulentas familias locales. Como dijimos antes una de las más ricas y poderosas de estas familias eran los Médicis.

Fue para un miembro de esta familia, un primo de Lorenzo el Magnífico, que Botticelli pintó sus obras más importantes, una de las cuales es el Nacimiento de Venus, pintado en la década de 1480.

El Nacimiento de Venus Sandro Botticelli

El Nacimiento de Venus: Fue la época de sus grandes composiciones mitológicas. El nacimiento de Venus (1482), que fue concebido como contraparte de La Primavera, es una alegoría que exalta los ideales formales e intelectuales: lo bello, la perfección del cuerpo femenino, asociado al bien, en una naturaleza armoniosa.

Desde 1475 más o menos, Botticelli, como discípulo de Fra Filippo Lippi e influido también por Verrocchio, había llevado su propio estilo a las mayores posibilidades de elegancia y nitidez cromática.

Dentro de esta faceta de su arte, realizó por encargo de Lorenzo di Pier Francesco de Medici (sobrino de Lorenzo el Magnífico) esta tabla y la de la Primavera, así como la de Palas y el centauro, de fecha algo posterior.

Las tres se pintaron para decorar la villa de aquel encumbrado personaje en Castello.

La Primavera data de 1477-78 y muestra al artista ya liberado por completo de influencias ajenas, expresándose a través de su lirismo lineal; los otros dos cuadros muestran, en cambio, un propósito de monumentalidad que en el artista aparece poco después de 1480.

El Nacimiento de Venus es, por su concepción, la pintura más clásica de las tres, aunque ciertas asimetrías tienden a romper la firmeza de la composición simétrica.

El desnudo cuerpo de la diosa delata poética languidez, en su fluidez extrema, en relativo contraste con el grupo formado por los Céfiros,
que es compacto.

Fueron los años más felices de la hermosa Florencia, enriquecida por el admirable gobierno de Lorenzo el Magnífico, ese hombre tan diverso y completo, que poseía las virtudes más preciadas.

Podemos imaginar a Lorenzo y Sandro paseando por las alamedas de los famosos jardines, conversando sobre temas artísticos o cambiando retruécanos.

Si damos crédito a las anécdotas que se refieren a la vida de estos personajes, deduciremos que eran hombres ocurrentes y dotados de un gran sentido del humor: siempre estaban dispuestos a los sutiles juegos de ingenio.

La fama de Botticelli se esparció muy pronto y, en 1481, fue convocado a Roma por el Papa Sixto IV, para pintar tres frescos decorativos en la recientemente construida Capilla Sixtina del Vaticano.

Cuando finalizó su trabajo, regresó a Florencia donde había gran interés por su obra.

Durante este período produjo gran cantidad de cuadros religiosos y mitológicos.

En Florencia, su ciudad dilecta, alcanzó las más altas expresiones, tanto en las composiciones de temas religiosos como  en  las  profanas.

Junto con los más famosos artistas de la época, Botticelli fue invitado a presentar proyectos para la fachada de Santa María del Fiore que debía terminarse en el año 1491.

Además, para los Medicis, pintó e historió un Dante sobre pergamino, obra maravillosa dé incomparable valor.

Interpretó la Divina Comedia de acuerdo con el gusto de la época y su inspiración personal, que afortunadamente lograron perfecta coincidencia.

De la vasta producción de aquel período se destacan La Virgen de la Granada, y La Virgen del Magníficat.

En el medallón del Magníficat, Botticelli introdujo curvas dulcísimas y suaves, con las que logró expresar su fuerte sensibilidad y la honda religiosidad que la acompañaba.

Ya con una melancolía más marcada, La Virgen de la Granada representa la máxima realización de aquellos años.

Con el pasar del tiempo, el conflicto religioso latente en su alma se acentuó, a tal punto que se alejó de los temas a los que antes había dedicado lo mejor de su arte.

Fueron cada vez más numerosas las obras de carácter religioso.

Las que vieron la luz en la última década del siglo XV acentuaron el sentimiento de congoja interior que ya aparecía, más difuso, en la producción pictórica anterior.

Ese aspecto particular del arte de Botticelli debe relacionarse con los trágicos acontecimientos políticos que siguieron a la muerte de Lorenzo de Médicis, acontecimientos que tuvieron por protagonista, y después por mártir, a Jerónimo Savonarola, como veremos a continuación.

En 1489 hubo un levantamiento político en la ciudad, y el fraile dominico Savonarola asumió el gobierno de Florencia.

Esto involucró profundamente a los patrocinadores de Botticelli, los Medici, algunos de los cuales fueron conminados a abandonar la ciudad.

Savonarola fue quemado en la pira en 1489, y Lorenzo de Medici regresó el mismo año pero no reanudó el patrocinio a Botticelli, quien podría haber simpatizado con las opiniones de Savonarola.

A partir de esta fecha, recibió pocos encargos y no se le mencionó nuevamente en los registros de la Cofradía de San Lucas, desde 1505, excepto por una breve referencia hecha a su muerte, en 1510, cuando fue enterrado en la Iglesia del Año Santo, en su ciudad natal de Florencia.

Botticelli, como la mayoría de los pintores de su tiempo, estuvo profundamente vinculado con el arte, comparativamente nuevo, de la perspectiva.

Esto se puede apreciar claramente en la composición de su trabajo; pero, es por el gran sentido de movimiento y vida que sus obras son más notables. Es este sentido del movimiento el que diferenció el trabajo de Botticelli del de sus contemporáneos.

La tendencia que constantemente sintió aquel elegante pintor de transformar en mito y alegoría los temas narrativos pudo manifestarse, en su última época (tras la crisis religiosa que en él produjeron las predicaciones de Savonarola), en los diseños a la punta de plomo que hizo para ilustrar un códice, in folio, de la Divina Comedia, para aquel mismo patrón que le había encargado el grupo de obras de que el Nacimiento de Venus forma parte.

La palabra de Savonarola lo llevó de las alturas de su arte paganizante, hacia una rigurosa observancia de la fe… Su espíritu sufrió una conmoción.

El mundo en que hasta entonces había creído, el dogma político con que los Médicis habían gobernado, velando por el bienestar de sus protegidos, la sociedad próspera y orgullosa en que había vivido, ¿eran, pues, impíos?.

Tuvo momentos de devoción casi enfermiza y de penoso abandono. Sus ideales experimentaron profundos cambios.

El afecto que el artista tuvo por Savonarola fue muy grande y, cuando éste murió en la hoguera como hereje, se sintióhondamente perturbado. Savonarola le había abierto nuevos horizontes, le había despertado la creencia en Dios, y gracias a él pudo sentir, al acercarse el final de su existencia, el consuelo de la fe.

Dar forma a las ideas
El prestigio de Botticelli comenzó con sus primeras obras florentinas: el Díptico de Judith (1472-1473) y La Primavera(1478).

Gracias a ello fue llamado a Roma en 1481 para ejecutar los frescos de una parte de la Capilla Sixtina: Hechos de la vida de Moisés, El castigo de los rebeldes y Las tentaciones de Cristo. De regreso en Florencia, los encargos aumentaron.

diptico de judith
Díptico de Judith (1472-1473)

tentaciones de cristo de botticelli

Las tentaciones de Cristo, fresco en la Capilla Sixtina

la primavera de botticelli
La Primavera (1478)

Fue la época de sus grandes composiciones mitológicas. El nacimiento de Venus (1482), que fue concebido como contraparte de La Primavera, es una alegoría que exalta los ideales formales e intelectuales: lo bello, la perfección del cuerpo femenino, asociado al bien, en una naturaleza armoniosa.

Las últimas obras de Botticelli estuvieron marcadas por las ideas de Savonarola. Su arte, influido por la prédica del monje, se tornó sombrío, en concordancia con el nuevo clima cultural de la ciudad, que obligó a huir a los Medici en 1494 y que rechazó los ideales humanistas.

Aunque la edad de oro del neoplatonismo florentino, en las artes como en las letras, llegó a su fin de modo brusco, nunca dejó de fascinar, a la manera de un paraíso perdido. La influencia de las composiciones sabias de Botticelli se observa, por ejemplo, en Filippino Lippi, Lorenzo di Credi y Piero di Cósimo. Pero también mucho después.

Al fundar los prerrafaelistas ingleses su movimiento en el siglo XIX, miraron su obra y ese tiempo en que las artes, la filosofía y las letras exaltaban por igual la grandeza del hombre y la armonía entre lo ideal y lo sensible.

La Adoración de los Magos Botticelli, 1475

La Adoración de los Magos
Botticelli, 1475

La existencia de Botticelli transcurrió entre dos siglos. Pero a los sesenta años, se encontró vencido por la edad. Su arte nada podía expresar al nuevo siglo, fecundo en artistas de mentalidad   y  gustos  muy distintos   a   los  suyos.

Su mundo había desaparecido para dejar paso a una nueva época. Ya podía admirarse el David que Miguel Ángel había hecho colocar en la Plaza de la Señoría de Florencia, y ¡cuan distinta era esta obra de la concepción artística de Botticelli!
Sus más queridos amigos también habían desaparecido. Se aferró entonces, desesperadamente, a su tradición artística, pero sus manos estaban debilitadas y ya no respondían a su inspiración.

Evocó en su memoria los grandes versos de los poetas florentinos, los alegres sonetos de Lorenzo el Magnífico. Sandro había pertenecido a esa época. Ése había sido el tiempo de su juventud. No le quedaba sino esperar el final de una existencia que era sólo recuerdo.

El 17 de mayo de 1510, Sandro Botticelli expiró. Pero la humanidad ha heredado su obra inmortal y hecho justicia a su talento.  

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Cabeza  de la Virgen del Magnificat, Florencia (Galería de los Oficios)

Fuente Consultada:
Cien Obras Maestras de la Pintura de Marcial Olivar
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Larousse
LO SE TODO Tomo V Biografía de Botticelli

La Familia Borgia Biografia e Historia

La Familia Borgia – Biografia e Historia

familia italiana borgia

LISTA DE TEMAS TRATADOS:

1-Rodrigo Borgia
2-César Borgia
3-Lucrecia Borgia
4-El Humanismo
5-El Renacimiento
6-Etapas Arte en Europa
7-Los Médicis
8-Florencia Renacentista

La leyenda de los Borgia: Ya a partir del siglo VI el papa había sido tradicionalmente no sólo la cabeza visible de la Iglesia occidental, sino también un soberano temporal.

Ambas funciones resultaban fundamentalmente irreconciliables, por lo que, en el siglo XV, la Iglesia había perdido gran parte de su pureza y fervor original: no sólo se había convertido al papado en una posición política, sino que además Alejandro reconocía abiertamente el hecho de tener hijos, pese al voto de celibato a que le obligaba su condición de clérigo; hay que reconocer, por lo demás, que su caso no fue excepcional en la época.

Pero los hijos de Borgia se convirtieron en leyenda. Los historiadores difieren bastante en cuanto a su número, aunque los más famosos fueron tres: Juan, duque de Gandía, César, que se adueñó de la nobleza sometiéndola a las órdenes del papa, y Lucrecia.

Juan, el mayor, es el más oscuro, mientras que Lucrecia se ganó una triste reputación en la corte de su padre, al menos si tenemos en cuenta las crónicas contemporáneas; sus tres matrimonios obedecieron en gran parte a los intereses papales.

De todos ellos, tal vez fuese César el que más mereció su fama. Fue ambicioso y despiadado: el cumplimiento de las órdenes de su padre le acarreó enemistades con algunas de las familias más poderosas de Italia.

Sin embargo, fueron sus esfuerzos los que lograron unificar los Estados papales y consolidar la posición del Vaticano en Italia.

Es probable que, a los ojos de la Roma del siglo xv, el mayor crimen de Alejandro fuese su origen y nacimiento español. De hecho, Borgia no es sino una italianización del apellido valenciano Borja.

Pocas de las historias que le hicieron tan notorio están comprobadas, pero Julio II, su sucesor, que conspiró incansablemente junto al cardenal Della Rovere para derribar a los Borgia, odiaba todo lo español; ahí podría estar la base sobre la que se cimentó la triste reputación de la familia.

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LA FAMILIA BORGIA: Domingo, 16 de agosto de 1492. Todo a lo largo del camino que une la Basílica de San Pedro con la Iglesia de San Juan de Letrán, las casas están adornadas con pendones de colores, tapices de seda y cortinas de terciopelo.

La multitud, volcada sobre los balcones y ventanas de los edificios, espera impaciente. De pronto, los murmullos cesan, sofocados por el sonar festivo de las campanas: se aproxima el cortejo de Coronación del nuevo Papa.

Es un espectáculo ya conocido por los romanos, pero que no se cansan de aplaudir. Inician el desfile las tropas mercenarias, seguidas por los familiares y por la Casa del Papa, los cardenales, obispos montados en caballos con suntuosos arreos.

Vienen luego los siervos de la Iglesia, los tiranos —gobernantes absolutos— de Perusa, Bolonia, Pésaro y otras varias ciudades, conduciendo el estandarte del pontífice. El capitán general de la Iglesia, con armadura y yelmo, escolta el incensario. Poco después, en un caballo blanco, protegido del sol por un dosel amarillo y bermejo, llega Su Santidad, el sucesor de Pedro.

«Roma era grande bajo César: hoy es mayor. César era un hombre. Alejandro VI es un dios», gritan los ciudadanos. Muchos, sin embargo, permanecen silenciosos. Para ellos, el nuevo pontífice es un pecador condenado al Infierno. Además, es un extranjero. Treinta y siete años de cardenalato y el cargo de vicecanciller de la Santa Sede bajo cinco Papas no bastan para que los italianos olviden el origen español del Cardenal Rodrigo Borgia (Borja).»

Al llegar a Letrán, un presagio desfavorable: Alejandro, agotado por el calor, se cae desmayado en bra/os tle un cardenal. Poco después vuelve en sí. Pero todos los que asisten a la escena piensan si acaso al Papa, que tiene la misma edad del fallecido Inocencio VIII, no le aguardará el mismo destino.

PARA UNA CARRERA RÁPIDA ENEMIGOS BRILLANTES: «Tez morena, alto, ojos negros y boca un tanto grande. Cada vez que se presenta en público extrema los cuidados de sí.

Es extraordinariamente elocuente y enemigo de toda persona cuya pulcritud deje que desear». Así veían los contemporáneos al cardenal Rodrigo Borgia, durante tanto tiempo el segundo hombre de los Estados Pontificios.

Rodrigo llegó a Italia con su hermano mayor, Pedro Luis, llamado por su tío, Alfonso Borgia, a la sazón Papa Calixto III.

Fueron cubiertos de honras. Para Pedro Luis se creó el título de Cardenal-sobrino, depositario del poder temporal del papado. Rodrigo fue consagrado Cardenal en 1456. Tenía 25 años. A los 27 recibió la vicecancillería de la Iglesia. Al año siguiente fue consagrado obispo de Valencia, el más rico obispado cíe España.

Los poderosos vasallos del Papa miraban con envidia a aquellos jóvenes de tan rápida carrera. La muerte de Calixto III, sin embargo, daría al más joven de los Borgia ocasión para mostrar sus cualidades personales.

Rodrigo consiguió salvar la vida de su hermano, amenazado por los Orsini, grandes señores romanos. Pedro Luis huyó de la ciudad. Rodrigo, entretanto, permaneció en su cargo, conduciéndose con tanta habilidad que logró decidir la elección de su candidato para el Trono de San Pedro.

Aquel joven y poderoso señor, a quien las circunstancias habían brindado un capelo cardenalicio, no conseguía vivir sin la compañía de hermosas mujeres. Rodrigo no era un pecador rodeado de santos. El propio Papa, ante el proceder del Clero de la época, solía decir:

«Que los Padres no se casen es muy razonable, pero que se casen lo es todavía más». El Cardenal Borgia, sin embargo, exageraba, hasta el punto de tener Pío II que escribirle para hacerle severas críticas: «Querido hijo, cuando varias señoras (. . .) se reunieron en vuestros jardines (…),
Vuestra Dignidad, olvidado del cargo que ocupa, permaneció junto a ellas entre las 7 y las 22 horas. Se danzó de manera disoluta. Allí, ninguno de los placeres de amor fue olvidado (…). Los. maridos, los hermanos, los padres de las jóvenes señoras y las mozas invitadas no fueron admitidos para que vuestra diversión pudiese verse aún más libre de todo obstáculo. Nuestro disgusto es indecible (. . .) «.

Rodrigo decíase arrepentido y prometía enmendarse. Sin embargo, sería conocido para siempre como «el Cardenal que nunca duerme solo en su lecho.»

En 1468, el inquieto Cardenal hízose amante de Giovanna del Catanei, hermosa joven de apenas dieciséis años.

En 1474, le consiguió un marido «cómodo», a tiempo para que el primer hijo, César, naciese en legítimo casamiento. El segundo, Juan, nace en 1476. En 1480, la Cataneida a luz una mujercita, Lucrecia. Dos años más tarde llegaría Godofredo. Son, todos ellos, hijos reconocidos del Cardenal Borgia, naturalizados españoles y exentos de cualquier restricción debida a su nacimiento; les estarán reservadas grandes honras.

Pero aquella rubia Lucrecia tendrá un destino muy amargo. Será dada en matrimonio a cambio de ocasionales alianzas políticas, y verá a sus esposos separarse de ella toda vez que tales alianzas pierdan vitalidad.

Su belleza, sumada al poderío de su casa, contribuirán a hacer de ella la víctima natural de las calumnias de los enemigos de los Borgia.

La que fuera un simple juguete en manos de su padre y de sus hermanos, será considerada por muchos como el «cerebro maldito» de la familia. El nombre de Lucrecia Borgia pasará a la historia como sinónimo de corrupción y crimen.

JUDÍOS, MOROS Y MARRANOS: EL PARTIDO DE LA PAZ
Lucrecia descubrió pronto que el hombre alto y moreno que la alzaba en los brazos llamándola «mi rubiecita» era su verdadero padre. Descubrió también su posición de niña privilegiada en la sociedad italiana de la época, llena de hijos naturales.

Bien pronto los pequeños Borgia fueron retirados de la compañía de la madre para que recibiesen una educación a la altura de su nacimiento.

Lucrecia fue confiada a una prima del Cardenal Borgia, Adriana de Mila, viuda de Ludovico Orsini, de quien tuviera un hijo, Orso. Adriana cuidaba también de Julia Farnese, novia de Orso desde la niñez.

En compañía de Adriana de Mila pasó Lucrecia sus seis primeros años. Jugaba con sus hermanos y con Julia y Orso.

A veces visitaba a su madre. Aprendió a tocar el laúd, a cantar y bailar, a bordar. Estudiaba francés y español, asistía a representaciones teatrales en latín, al aire libre, en los patios de los grandes palacios romanos.

Recibió la formación de una joven princesa del Renacimiento italiano, hija de una de las más poderosas personalidades de la Iglesia.

Roma necesitaba un gobierno fuerte y capaz. Al tradicional equilibrio político de Italia, en que ninguna ciudad era lo bastante fuerte como para asumir la hegemonía absoluta sobre las demás, agregóse un nuevo factor: interés en la península por parte de franceses y españoles.

La gran aristocracia italiana —los Visconti, los Sforza, los Médicis, los d’Este, los Montefeltro— tuvo que contar con ese nuevo factor en sus maquinaciones políticas.

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