Vida de Moisés

Los Profetas de la Biblia Los Mayores: Isaias – Jeremias Ezequiel

Profetas de la Biblia – Profetas Mayores: Isaías. Jeremías. Ezequiel. Daniel.

LOS PROFETAS: Origen:Las invasiones y los desastres que durante dos siglos fueron azote de los reinos de Israel y de Judá, habían perturbado grandemente a los israelitas.

«¿Por qué, se preguntaban, nuestro Dios el Eterno no nos defiende de nuestros enemigos?».

Algunos imaginaron que el Dios de Israel no era el más poderoso, y empezaron a adorar a los dioses de los pueblos vencedores, a los de los asirios, Baal y Astarté, y «todo el ejército de los cielos», es decir, el sol, la luna y los astros.

Otros se decían: «el Eterno es más poderoso que los otros dioses. Si no defiende a su pueblo, es que no quiere defenderle, que está irritado contra nosotros.

Precisa apaciguarle, haciendo lo que le agrade». Y acudían al templo de Jerusalen a sacrificar bueyes y quemar perfumes, llevaban a los sacerdotes los diezmos de sus cosechas y donativos en metálico, ayunaban y se cubrían de ceniza. A pesar de esto, los desastres continuaban.

Entonces aparecieron los profetas. Se ha traducido por este nombre griego, que significa «los que dicen el porvenir», el nombre hebreo nabí, que quiere decir «los que ven».

Eran, por lo común, hombres de condición modesta, a veces sencillos pastores, mal vestidos, que llegaban del campo o del desierto donde habían meditado largo tiempo.

Iban unas veces a Israel, otras a Jerusalem, a hablar al rey y a los sacerdotes en nombre del Eterno. Reprochaban al pueblo sus faltas y anunciaban las desventuras con que Dios iba a castigarle.

El más antiguo fue el célebre profeta Elias, que a mediados del siglo IX apareció en el reino de Israel, reinando Acab.

Sus predicaciones y sus luchas contra el culto de Baal son conocidas por la tradición; pero no se ha conservado ninguna de sus obras.

Otro de ellos fue Amos, pastor de una aldea judía, que vino por el año 750 a.C. a Betel, en el reino de Israel, a anunciar la voluntad de Dios, Se dirigió así a los jefes del pueblo: «Habéis edificado, dijo, casas de piedra tallada, pero no las habitaréis. Habéis plantado excelentes viñas, pero no beberéis el vino, porque vuestros crímenes son numerosos.

Oprimís al justo, recibís regalos y forzáis el derecho de los pobres.

Odiad el mal, amad el bien, haced reinar la justicia, y quizá el Eterno, el Dios de los ejércitos, tenga piedad de los restos del pueblo de José»

Pensaban los israelitas que la piedad consistía en realizar las ceremonias del culto. Amos vino a decir en nombre del Eterno: «Odio, desprecio vuestras fiestas. .. Cuando me presentáis holocaustos y ofrendas, no me causa ningún placer.

Los terneros cebados que me sacrificáis, ni siquiera los miro. ¡Lejos de mí el ruido de vuestros cánticos; pero que la justicia brote como corriente de agua! «

Más tarde, cuando la destrucción del reino de Israel, vivió en el de Judá el más célebre de los profetas, Isaías.

Por espacio de cuarenta años, en nombre del Eterno, habló al pueblo, a los sacerdotes, al rey, echándoles en cara sus culpas y anunciándoles nuevas desventuras.

Decía también que Dios quiere ser honrado, no con ceremonias, sino con una conducta virtuosa.

«¿Qué me importa la multitud de los sacrificios? dice el Eterno. Estoy hastiado de los holocaustos de carneros y de la grasa de las terneras.

No me causa ningún placer la sangre de los toros, de los corderos y de los machos cabríos. Cuando venís a mi presencia, ¿quién os pide que manchéis mis atrios? Dejad de traer vanas ofrendas.

Me causa horror vuestro incienso y vuestras fiestas de la luna nueva y vuestras asambleas. . . Vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos.

Quitad de delante de mi vista vuestras malvadas acciones. Dejad de obrar mal. Aprended a hacer el bien.

profetas de la biblia
Algunos profetas de la Biblia

Proteged al oprimido. Sed justos con el huérfano. Defended a la viuda. Y aun cuando vuestros pecasos fueran rojos como el carmesí, se tornarán blancos como la nieve».

En castigo de sus culpas, afirmaba Isaías, el Eterno entregará los judíos a los asirios, que se apoderarán de Jerusalem. Pero a la vez, Isaías anunciaba que vendrían tiempos mejores.

«Cuando el Señor haya realizado su obra, en la montaña de Sión, castigará al rey de Asiría, cuyo corazón está lleno de orgullo. Así habla el Eterno, el Dios de los ejércitos: » ¡Oh, pueblo mío que habitas en Sión, no temas al asirio!.

Te pega con el palo, como en otro tiempo los egipcios. Pero espera un poco y el castigo cesará, y mi cólera se volverá contra él y le destruirá.

«Luego saldrá una rama del tronco de David, y nuevo tronco nacerá de sus raíces. . . El espíritu del Eterno estará con él., . Juzgará a los pobres con equidad y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. . .

«En este tiempo el lobo habitará con el cordero, y la pantera dormirá junto al cervatillo.

La ternera y el leoncillo estarán juntos, y un niño pequeño los conducirá. . . En este día el descendiente de David será como bandera para los pueblos. . . En este tiempo, el Eterno tenderá de nuevo su mano. . . Reunirá a los desterrados de Israel de los cuatro confines de la tierra»

Esta promesa del profeta sostuvo el valor de los judíos, aun después de la destrucción de Jerusalem.

Esperaron la venida del hijo de David, que debía restablecer el reino de Israel y hacer reinar en toda la tierra la justicia y la felicidad. Tal es el origen de la creencia en el Mesías.

Un siglo más tarde, cuando el reino de Judá empezó a ser amenazado por los caldeos, apareció ei profeta Jeremías.

Entró en el atrio del Templo un día de fiesta y dijo: «He aquí cómo habla el Eterno: Si no me escucháis y obedecéis mi ley, destruiré este templo como el de Siloh, y esta ciudad quedará despoblada».

Se prendió a Jeremías y se quiso condenarle a muerte, pero los jefes del pueblo le mandaron libertar.

El ejército caldeo llegó muy pronto, mandado por el hijo del rey de Babilonia. Jeremías apareció en público con un yugo al cuello, y aconsejó al rey Joaquín que se sometiera a los caldeos.

«Si una nación se niega a presentar el cuello al yugo del rey de Babilonia, la castigaré, dice el Eterno, con la espada, el hambre y la peste, y la aniquilaré.

No escuchéis a los que os dicen; No quedaréis sujetos al rey de Babilonia, porque os profetizan mentira». El rey se irritó contra Jeremías y quiso hacerle matar, pero el profeta consiguió huir.

Cuando Nabucodonosor sitió a Jerusalem, Jeremías quiso salir de la ciudad, pero fue golpeado, y apresado.

Allí decía: «He aquí cómo habla el Eterno: El que permanezca en esta ciudad, perecerá; el que salga para rendirse a los caldeos, tendrá la vida salva, porque esta ciudad será entregada al ejército del rey de Babilonia, que se apoderará de ella».

Los jefes dijeron a Sedecías: «Hay que hacer morir a este hombre, que desalienta a nuestros soldados y a todo el pueblo». El rey les entregó a Jeremías.

Le arrojaron a la cisterna de la prisión, en la que ya no quedaba agua. Jeremías cayó en el barro y habría muerto de hambre, pero un sirviente de la presión tuvo piedad de él y obtuvo permiso para sacarle con cuerdas.

Sedecías mandó consultar en secreto al profeta, que respondió: «Si vas a rendirte a los jefes de los caldeos, tendrás la vida salva y la ciudad será perdonada. Si no, los caldeos quemarán la ciudad y no escaparás de sus garras».

Después de destruida Jerusalem, Jeremías, que había permanecido en Judea, pronunció sus famosas lamentaciones sobre las ruinas de la ciudad santa. «¡Hela aquí, pues, sentada, solitaria, esta ciudad tan populosa! Semeja una viuda … los caminos de Sión están de luto, porque ya nadie va a sus fiestas, sus puertas están desiertas, sus sacerdotes gimen. . .

Porque ei Eterno la ha rebajado a causa del gran número de sus culpas».— «¡Vosotros todos los que pasáis por aquí, dice, —mirad y ved si hay un dolor semejante al mío! «

El Eterno ha derribado a todos mis guerreros. . . Los reyes de la tierra no habrían creído, —nadie en el mundo habría creído—, que el enemigo entrase por las puertas de Jerusalem. ¡Desgraciados de nosotros, porque hemos pecado! «

Los judíos, conducidos cautivos a diferentes ciudades de Caldea, permanecieron en ellas más de medio siglo.

Conservaban la fe en el Eterno, su Dios, y esperaban confiados los días mejores anunciados por los profetas.

Dos profetas más, Ezequiel y Daniel, aparecieron durante el cautiverio y consolaron a su pueblo contando las visiones que el Eterno les enviaba.

«El Eterno, dice Ezequiel, tendió su mano sobre mí y me depositó en medio de un valle lleno de huesos humanos, y me dijo: «Hijo del hombre, ¿estos huesos podrán revivir?».

Yo respondí: «Señor, tú lo sabes». Me dijo: «Habla a estos huesos y diles: Huesos desecados, escuchad la palabra del Eterno».

Hablé y en seguida oí un ruido, los huesos se movieron y se juntaron, les vinieron nervios, carne y piel. Luego el Eterno me dijo: Habla y di: «Espíritu, ven de los cuatro vientos, sopla sobre estos muertos y que revivan». —Hablé y el espíritu penetró en ellos y recobraron la vida y se alzaron sobre sus pies. Era un ejército numeroso.

El Eterno me dijo: «Estos huesos son el pueblo de Israel, y dicen: Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza destruida. Diles: He aquí cómo habla el Eterno: Abriré vuestros sepulcros, os haré salir de ellos y os conduciré de nuevo al país de Israel».

Los profetas habían sido en vida enemigos de los sacerdotes y muchas veces de los reyes, habían despreciado el culto practicado en el Templo y concebido la religión de manera muy distinta a la Ley.

Pero después del cautiverio, desapareció el recuerdo de esta oposición y los judíos aprendieron a leer con respeto las obras de los profetas, que fueron reunidas en la Biblia a los antiguos libros sagrados.

Desde entonces «la Ley» y «los Profetas» formaron el conjunto de la religión judía.

ISAÍAS (765?-690? a. de J. C.)

Con Isaías empieza la serie de los grandes profetas de judá, en la época de la destrucción de Samaría y de la sumisión de los reyes de Jerusalén a Asiría.

Nacido probablemente en la misma ciudad de Jerusalén, de un tal Amos, hombre de estirpe aristocrática y muy hacendado, Isaías se dedicó al ministerio profético hacia los veinticinco años de edad, en 740, en la fecha en que murió el rey Azarías.

Profeta Mayor Isaias

Hasta entonces el reino de Judá había vivido en circunstancias relativamente prosperas, a excepción de un período en que había estado avasallado a la idolátrica dinastía de Israel.

El mismo Azarías había sometido a algunas tribus vecinas de su territorio.

La prosperidad siguió durante los reinados de Johatán y Áhaz, aunque este último, para defenderse de las amenazas de Damasco e Israel, llamó en su auxilio a Tiglatpileser III de Asiría (734), contra la opinión formal de Isaías.

De este modo se inició el vasallaje directo del pueblo judío a Asiría, cuya primera etapa da comienzo en 722 con la conquista de Samaría por Sargón II, la destrucción del reino de Israel y la deportación de sus habitantes.

Con el aniquilamiento de Samaría y la sumisión de Judá a Asiría, la idolatría se enseñorea de Judá, fomentada por los mismos reyes. Sin embargo, Ezequías recibe una prueba del poder de Jehová y rectifica la conducta de sus antecesores.

En efecto, había cometido la torpeza de aliarse con los adversarios de Senaquerib, que comprendían los babilonios de Marduk-apal-idina, los fenicios de Elulaios y los egipcios de Tirhaka.

Los ejércitos asirios aplastaron a los sublevados en Babilonia y derrotaron a la coalición occidental en los campos de batalla de Eltekeh (701).

Cuando Senaquerib se disponía a poner sitio a Jerusalén, una peste se difundió entre sus huestes, lo que le obligó a levantar el asedio. Isaías, que había predicho este acontecimiento, logró que Ezequías se desprendiera de los cultos idolátricos y volviera, a la pureza de la religión de Jahvé.

Los ejércitos asirios aplastaron a los sublevados en Babilonia y derrotaron a la coalición occidental en los campos de batalla de Eltekeh (701).

Cuando Senaquerib se disponía a poner sitio a Jerusalén, una peste se difundió entre sus huestes, lo que le obligó a levantar el asedio.

Isaías, que había predicho este acontecimiento, logró que Ezequías se desprendiera de los cultos idolátricos y volviera, a la pureza de la religión de Jahvé.

Durante este reinado, el profeta gozó de gran predicamento en la corte.

Pero cuando Manases heredó en 692 la corona de su padre, se restauró la idolatría y se propagaron los cultos asiriobabilónicos.

Incluso se llegó a perseguir a los servidores del verdadero Dios, y es fama que en esta persecución murió martirizado Isaías, el profeta de los arrebatos sublimes y majestuosos.

Durante este reinado, el profeta gozó de gran predicamento en la corte. Pero cuando Manases heredó en 692 la corona de su padre, se restauró la idolatría y se propagaron los cultos asiriobabilónicos.

Incluso se llegó a perseguir a los servidores del verdadero Dios, y es fama que en esta persecución murió martirizado Isaías, el profeta de los arrebatos sublimes y majestuosos.

Isaías se esforzó en hacer comprender la necesidad de no imitar a Israel en su impiedad. Por el contrario, Judá debía buscar su salvación no en fortalezas deleznables, sino en la gracia de Jahvé, cuyo poder era más grande que todas las alianzas, pues de El eran el castigo y el triunfo.

Los mismos asirios eran únicamente un instrumento de Dios, a cuya voluntad se sometían todas las naciones del mundo. ((Santo, santo, santo es el Dios de los ejércitos, y su gloria llena toda la Tierra.» Estas memorables palabras indican que en Isaías se supera el concepto de un Dios nacional, para llegar a la conclusión de la universalidad de los designios de Jahvé.

Pero la experiencia convence a Isaías de lo prematuro de sus doctrinas. Sólo con el transcurso del tiempo, después que la fe haya madurado en el corazón de los elegidos, será posible el reino de Dios.

Y entonces profetiza el advenimiento del Mesías, bajo cuyo reinado se restaurarán el imperio y la gloria de David.

EZEQUIEL (627?-573? a. de J. C.)

He aquí al tercero de los grandes nabis del pueblo de Israel. Contemporáneo de Jeremías, y, por lo tanto, testigo de uno de los mayores dolores históricos de su nación, Ezequiel es el hombre invadido por la idea de Dios, que busca en la interpretación de sus designios hallar el nervio de acero para soportar las calamidades de la cautividad de Babilonia.

Profeta Exequiel

Su figura adquiere una grandiosidad trágica, y muy pocos son los rasgos de sus profecías que se libran de la aspereza dramática de su vigorosa personalidad.

Nació hacia el año 627, en el último período de esplendor de Judá bajo la sabia dirección del rey Josías. Su juventud, por lo tanto, se desarrolló bajo el signo de la nueva ley, el Deuteronomio, encontrado por aquel entonces en un escondrijo de las paredes del templo de Jerusalén (621).

Fue educado desde la infancia en la observación más rigurosa de las leyes y de la ortodoxia, tal como correspondía a su estirpe sacerdotal.

Ya mayor, cuando Ezequiel cobró la plenitud de su inteligencia, sus años fueron ensombrecidos por la tormenta que se formaba en el horizonte y que, por último, iba a descargar como un alud devastador sobre el reino de Judá.

En efecto, la descomposición del Imperio asirio permitió una nueva tentativa para recuperar la plena independencia política.

Por Palestina pasaron los orgullosos ejércitos de Neco, el faraón egipcio, y a poco regresaron del Eufrates después de haber sido derrotados por las tropas de Nabucadrezar (Nabucodonosor) de Babilonia (609).

Esta victoria dió al soberano mesopotámico el dominio del Próximo Oriente hasta la península del Sinaí. Pero el rey Johakim, despreciando las fuerzas de aquel poderoso monarca, creyó llegada la hora de desprenderse del vasallaje extranjero. Se sublevó, y fue derrotado.

Su hijo Jeconías, su sucesor en el trono, fué hecho prisionero, y con él muchos judíos fueron arrancados de la patria y trasplantados a la Baja Mesopotamia (597).

Entre los deportados — en su mayoría aristócratas y guerreros — figuraba Ezequiel. Allí, en un país extraño y de costumbres idolátricas, el nabi levanta su voz ante los ancianos de la comunidad de exilados de Tel Aviv.

Entre 594 y 593 tiene la primera comunicación con la Divinidad, en el valle del río Kebar. La grandeza de la visión le deja petrificado por siete días.

Luego, ya no le abandonará jamás la palabra de Dios, y sus escritos resonarán con sus acentos o bien referirán acciones simbólicas que continuarán expresando los designios divinos, hasta su última profecía, escrita en 573.

Gozando de relativa libertad, pues Ezequiel, consciente del poder de Babilonia, se mantiene leal a sus señores, puede mantener relaciones con los judíos que permanecieron en la lejana patria.

Este hecho amplifica su obra y da mucha influencia a sus profecías. En realidad, es uno de los forjadores del nuevo Israel, purificado en el crisol de la desgracia.

La destrucción de Jerusalén, las aflicciones sobrevenidas al pueblo judío a la «Casa de la rebeldía» , son exponentes de la necesidad de purificarse y de librarse para siempre de las inmundicias que se levantan como una barrera entre Dios y su pueblo.

Despedazada la unidad nacional, Ezequías indica el nuevo camino del perfeccionamiento religioso individual y favorece el desarrollo de la doctrina de la retribución o castigo personal en la vida de ultratumba.

De esta manera, por la mejora de todos, reflejada en un nuevo esplendor del culto y del rito, llegarán los, tiempos en que, como indicó con vehemencia el gran profeta Isaías, Dios trasplantará un cedro en la cumbre más prominente de la Tierra al que irán a acogerse todos los pájaros.

Y en esta idea de la universalidad de la idea mesiánica en la casa de David, culmina el espíritu profético de Ezequiel.

JEREMÍAS (650?-585? a. de J. C.)

El profeta de las profundidades desgarradoras de las Lamentaciones vivió en la época de la primera gran catástrofe del pueblo judío. Ni el ejemplo candente de la destrucción de Samaría ni las doctrinas de los nabis, entre las que había descollado el gran Isaías, habían servido para mantener a la realeza de Judá en el puro culto del Señor.

Profeta Mayor Jeremias

Judá tendía poco a poco a un sincretismo religioso, espoleado por la servil imitación de los cultos de los grandes pueblos de Oriente: los egipcios y los babilónicos, sucesores del Imperio asirio en la hegemonía política de aquel espacio.

En esta lucha de carácter político y religioso, entre las vacilaciones, las esperanzas y los retrocesos, ejerció su ministerio Jeremías, que por su actividad y la grandeza de su doctrina es considerado como el último gran profeta del pueblo hebreo antes del cautiverio de Babilonia.

Nació Jeremías en Anathoth, una aldea situada en las cercanías de Jerusalén, en el seno de una familia de abolengo sacerdotal.

El muchacho, de carácter dulce y pacífico, fue educado por su padre Helcio, el cual hizo de él un ferviente adorador de Jahvé.

La pugna ideológica con la idolatría que le rodeaba, determinó la vocación profética de Jeremías.

En 626 abandonó su familia y su apacible hogar para lanzarse al torbellino de los conflictos políticorreligiosos.

Esta vida le disgustaba en el fondo de su intimidad. Pero antes que dar satisfacción a los deseos de su persona, era preciso servir a Dios.

Y en este servicio Jeremías, enardecido por el incendio de su fe, dio pruebas del alto temple de su espíritu.

Su participación en la vida pública, anunciando los males que obrevendrían a Judá si no se acataba la ley de Dios, coincidió con la reforma religiosa del rey Josías, motivada por el hallazgo del Libro de las Leyes (621) correspondiente a la-mayor parte del actual Deuteronomio.

Josías aplicó sus preceptos, inspirados en el más acabado cumplimiento de la ley divina. Pero su fracaso ante los egipcios y su muerte en la batalla de Megido (608), determinaron una reacción del elemento idolátrico.

Fue entonces cuando Jeremías se mostró un profeta de gran talla: predicó contra la corrupción en el templo y en la realeza y profetizó el fin de la monarquía en el exilio. Insultado, encarcelado, a punto de ser asesinado por los fanáticos, nada bastó para doblegar la energía de su propaganda.

Muerto el rey Johakim, los acentos de Jeremías cobraron tonos de calma desoladora, pues estaba convencido del próximo fin de Judá.

En efecto, en 597 Jerusalén cayó en poder de los babilonios, y el rey Jeconías llevado al destierro con la corte real y los nobles partidarios de Egipto.

Bajo el reinado de Sedecías (597-586), no corrigiéndose la idolatría, Jeremías volvió a pregonar la destrucción de Judá, pero ahora con la esperanza de que el Señor no la querría definitiva, sino para la redención y purificación de su pueblo en la penitencia.

Sus palabras se cumplieron al pie de la letra: en 586 Jerusalén caía por segunda vez en poder de Nabucadrezar; fue arrasada por completo y sus habitantes, con los del reino, fueron deportados en masa a Mesopotamia. Jeremías, que había sufrido mucho durante el asedio, quiso permanecer en Palestina para ayudar a la reconstrucción del país.

Pero fue llevado a Egipto por un grupo de fanáticos antibabilónicos (585). Es posible que muriera poco después, martirizado, en Tafni.

DANIEL (siglo VI a. de J. C.)

Entre los grandes profetas del pueblo hebreo, Daniel ocupa un lugar característico por la potencia de su genio, la extremada importancia de sus revelaciones y la sugestión de sus manifestaciones apocalípticas.

Vivió durante uno de los momentos más amargos de la existencia histórica de los israelitas, cuando sufrían cautiverio en Babilonia bajo Nabucadrezar. Pero también es posible que presenciara su liberación por el rey persa Ciro, y que él mismo muriera en Jerusalén, en la patria recobrada.

Profeta Mayor Daniel

Durante su vida profetizó de modo claro el sucederse de los imperios, y anunció con precisión maravillosa la venida del Mesías — bajo su forma de Hijo del Hombre—y su muerte, con el triunfo final del nuevo reino y la destrucción de Jerusalén.

Llevado a la corte de Nabucadrezar por mandato de este monarca y elección del jefe de los eunucos, Daniel debía pertenecer a la aristocracia hebrea y quizás era de estirpe real, aunque esta afirmación sea de época muy posterior.

Sus compatriotas le reconocían como hombre — todavía era muy joven — de gran prudencia, santidad y rectitud de juicio, como lo había demostrado al deshacer las viles calumnias que pesaban sobre la casta Susana.

Ya en Babilonia, fué instruido en la literatura de aquel imperio. Muy pronto dio pruebas asombrosas de la penetración de su espíritu al revelar el secreto de los sueños de Nabucadrezar, entre los cuales el del coloso de pies de barro, derribado por una piedra que se precipitaba desde el monte.

Esta admirable sabiduría le valió ocupar un alto cargo en la corte, y fue uno de los tres ministros que regían a los sátrapas del imperio.

Pero a pesar de esta brillante carrera, jamás renegó de su fe, antes al contrario, la demostró en muchas ocasiones ante Nabucadrezar y sus sucesores.

Durante el breve gobierno de Belshassar, hijo de Natonido, Daniel interpretó las palabras Mane, Thecel, Phares, escritas de modo misterioso en la sala de banquetes del príncipe, revelándole la próxima caída de su Estado.

En efecto, muy pronto Ciro se apoderó de Babilonia (539). El conquistador renovó las tentativas de forzar a los judíos a la idolatría; con este motivo, Daniel fué condenado a muerte y echado a la fosa de los leones.

El Señor le salvó de este martirio. Salió inmune de la prueba; sus enemigos fueron castigados y, en cambio, Ciro le dispensó nuevos favores. Es posible que muriera a los tres años de la toma de Babilonia, aunque este dato es muy inseguro.

La fuerza apocalíptica de los escritos de Daniel, el encadenamiento maravilloso de su biografía y la potencia de su penetración histórica, hicieron de él uno de los grandes profetas, honrado por los judíos y venerado por la tradición cristiana posterior.

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Historia del Arca de Noe Para Niños Cuento Bíblico Infantil

EL ARCA DE NOÉ PARA LOS NIÑOS

Dios había decidido destruir al hombre por sus pecados. Entonces dijo a Noé:

-Llegó ya el fin. Haz para ti un arca de madera; en el arca dispondrás celdas, y la calafatearás con brea por dentro y por fuera. La longitud del arca será de 300 codos (unos 160 metros) y de 30 codos (16 metros) su altura. Harás en el arca una ventana, pondrás la puerta en un costado del arca, y harás en ella tres pisos, uno abajo; otro en medio y otro arriba.

Y he aquí que voy a inundar la tierra con un diluvio de aguas para hacer morir todo vestigio de vida debajo del cielo; todas cuantas cosas hay en la tierra perecerán. Mas contigo yo estableceré mi alianza; y entrarás en el arca tú y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo.

arca de noe

Y de todo lo que vive, de toda la carne, meterás en el arca de dos en dos, macho y hembra de cada especie, para que vivan contigo.

Tomarás contigo toda especie de comestibles… y te servirán tanto a ti como a ellos de alimento.

Ejecutó, pues, Noé todo cuanto le había mandado Yahvé (El que es).

Cuando se abrieron las compuertas del cielo entró Noé en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. Asimismo los animales…

Y  estuvo lloviendo sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches… Y crecieron las aguas y levantaron el arca, la cual se elevó sobre la tierra.

Las aguas siguieron creciendo, y vinieron a cubrirse todos los montes encumbrados debajo de todo el cielo. Y pereció toda carne que se movía sobre la tierra… desde el hombre hasta las bestias… Sólo quedó Noé y los que estaban con él en el arca.

Las aguas dominaron sobre la tierra por espacio de ciento cincuenta días.

Dios se acordó de Noé… e hizo soplar el viento sobre la tierra, y las aguas bajaron. Y se cerraron los manantiales del abismo y las compuertas del cielo; y se atajaron las lluvias. Y se fueron retirando de las tierras las aguas, retrocediendo poco a poco, y empezaron a menguar después de los ciento cincuenta días.

Y  el séptimo mes, a los veintisiete días del mes, el arca reposó sobre los montes de Ararat.

Las aguas continuaban menguando hasta el décimo mes. El mes décimo, el primer día del mes, se descubrieron las cumbres de los montes.

De allí a cuarenta días abrió Noé la ventana que tenía hecha en el arca y soltó al cuervo, el cual salió, yendo y viniendo, hasta que las aguas se secaron sobre la tierra. Soltó después de él a la paloma, para ver si ya las aguas habían disminuido en la superficie de la tierra. La paloma, como no hallase dónde poner su pie, volvió al arca, porque había aún agua sobre toda la tierra.

Alargó su mano Noé y tomándola la metió en el arca. Esperando, pues, otros siete días más, por segunda vez echó a volar la paloma fuera del arca. La paloma volvió a él por la tarde, trayendo en el pico un ramo verde de olivo, y Noé conoció que las aguas habían cesado de cubrir la tierra. Aguardó aún otros siete días y soltó a la paloma, la cual no volvió ya más a él.

El año 601, en el mes primero, primer día del mes, se retiraron las aguas de sobre la tierra.

En el mes segundo, a veintisiete días del mes, quedó seca la tierra. Entonces habló Dios a Noé diciendo:

-Sal del arca tú y tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos contigo. Saca también fuera todos los animales…
Salió Noé… y edificó un altar a Yahvé y ofrendó frente al altar. Y Yahvé se complació en aquel olor de suavidad, y dijo:

-Sabed que voy a establecer mi pacto con vosotros… y no perecerá ya más toda carne con aguas de diluvio.

Y dijo Dios:

-Ésta es la señal de la alianza… Pondré mi arco en las nubes… y me acordaré de mi alianza con vosotros… y ya no habrá más aguas de diluvio que destruyan a todos los vivientes.

Génesis, VI-VIII

EL CUENTO EN IMÁGENES

La gente, al ver el Arca, se burlaba de Noé y sus palabras.

«Entra entonces en el Arca con tus hijos, tu mujer y dos animales de cada especie», ordenó Dios a Noé.

Los torrentes se convirtieron  en ríos y éstos desbordaron inundando los campos.

Sólo el Arca flotaba segura sobre aquella tumultuosa extensión de agua.

Noé envió un cuervo que no volvió. Después una paloma que regresó en seguida. Siete días más tarde soltó otra paloma que retornó con una ramita de olivo en el pico.. .

Cuando Noé salió del Arca, inmediatamente levantó un altar para agradecer a Dios la protección dada a él y a su familia.

Explicación Científica del Diluvio Universal

Salomon Gran Rey de Israel Biografía e Historia del Pueblo

Biografía de Salomón:Gran Rey de Isarel

Salomón, hijo de David, sucedió a su padre en 970, reinando otros cuarenta años, o sea, hasta 930 antes de Jesucristo. Fue de genio pacífico y amante del saber y del bienestar. Su reinado fue próspero, llegando el pueblo hebreo, durante su mandato, a la cumbre de su poder y grandeza. Consolidó y aun extendió las conquistas de David.

Su amistad fue buscada por otros reyes, entre ellos por Hiram, rey de Tiro, que le ofreció maderas y artífices calificados para la edificación del palacio real y del templo de Jerusalén. Contrajo matrimonio con la hija de un rey egipcio. Realizó la construcción del templo y de otros magnos edificios, para lo cual sometió a servidumbre a todos los extranjeros residentes en sus Estados.

En la edificación del templo se invirtieron siete años, comprendidos desde el cuarto hasta el onceno de su reinado. Fue un monarca sabio y prudente, dado a la poesía. Se le considera autor del Cantar de los Cantares, del Eclesiastés y de parte de los Proverbios. Pero tan excelentes cualidades fueron ensombrecidas por su sensualidad, que le llevó a la mayor relajación.

Tuvo varias esposas y concubinas, y dejándose guiar por la influencia de algunas de ellas, extrañas al pueblo judío e idólatras, llegó a permitir el alzamiento de templos a otras divinidades distintas de Jahvé.

Consecuencia de ello.fue el debilitamiento de la fe en muchos sectores del pueblo hebreo, con el consiguiente quebranto de su unidad espiritual, que precedió a su decadencia política.

En el curso de un reinado de cuarenta años, Salomón logró aumentar el prestigio de su reino, ampliando los lazos diplomáticos y comerciales con varios estados, y por sobre todo, mediante la construcción del templo al cual su nombre quedó unido para siempre.

El Esplendor Salomónico. Sucesor de David fue el rey Salomón (975-935 a. de. C.), que dio a la monarquía de Israel su configuración definitiva. Pudo hacerlo no sólo por la privilegiada situación en que heredó el trono, sino por sus extraordinarias dotes de estadista y su talento diplomático, a los que unía una certera visión comercial.

Más que guerrear, Salomón prefirió pactar ventajosamente con otros Estados, en especial con aquellos que podían convertirse en una fuente de recursos, tanto en carácter de mercados proveedores o consumidores (Egipto) como a titulo de intermediarios eficaces (ciudades fenicias, especialmente Tiro).

Así, Salomón dio salida a los saldos exportables de Israel (cereales, sándalo, miel, cera de abejas, etcétera) y se procuró metales preciosos (oro de Ophiren el sur de Arabia) y artículos de lujo especialmente reexportados desde Fenicia.

Esta equilibrada y hábil política económica le permitió acumular ingentes riquezas y construir el fastuoso templo, su propio palacio y otro para la reina, que tal vez fue una princesa egipcia (la tradición lo hace también marido de una hija de Hiram I, rey de Tiro), lo que permite suponer que Salomón utilizó el casamiento como un instrumente más de su política exterior.

Asimismo, este rey supo dar estructura orgánica a la administración interior, subdividiendo el territorio en doce provincias, cada una de las cuales era gobernada por un praepósito directamente responsable ante Salomón.

Es evidente la intensión fiscal de esta reorganización , que incluso motivó reacciones populares por el aumento de las cargas impositivas. Cada región estaba obligada a arbitrar los medios para sostener durante un mes los gastos de la fastuosa corte salomónica. La época de Salomón había de señalar también un notable cambio en la estructura económica y social del pueblo de Israel, pues, con el auge del comercio y ha riqueza, surgieron intereses y modos de vida nuevos.

Ello motivó la aparición de una aristocracia del dinero que, junto con la corte, gravitó pesadamente sobre los humildes. Es evidente que se configuró cada vez con mayor nitidez un abismo que separaba los ricos de los pobres, y mientras los segundos pasaban hambre y necesidades de todo tipo, los más favorecidos vivían rumbosamente en sus palacios o grandes casas, con abundante servidumbre.

A la muerte de Salomón, su reino se vio sacudido por conmociones internas y peligros de orden externo no menos graves. De ese modo, no sólo Israel se redujo en su territorio, sino que inclusive llegó a parcelarse en dos reinos autónomos: Israel, con Samaria por capital, y Judá, con su capital en Jerusalén.

REALIZACIONES DE PRESTIGIO: Con el fin de demostrar la grandeza de su reinado, Salomón emprendió la realización de imponentes construcciones. En el cuarto año de su reinado, se dedicó a la edificación del Templo de Jerusalén, destinado a convertirse en el centro de culto de todas las tribus de Israel y a simbolizar la presencia divina. Decidió emplazarlo en el monte Moriah, donde David había levantado un altar, en el cual se encuentra actualmente la Cúpula de la Roca. Al igual que su padre, se volvió hacia el rey fenicio Hiram 1 de Tiro, que le envió artesanos especializados, así como materiales preciosos: cedro del Líbano, ciprés y oro.

Esta magnificencia no pudo enmascarar los numerosos problemas que conoció el reino. Tributario de una deuda de 120 talentos de oro a Hiram, Salomón tuvo que entregarle veinte ciudades de Galilea. Con el fin de financiar las construcciones, el ejército y los lujos de la corte, aumentó los impuestos e impuso trabajos obligatorios. El descontento del pueblo se acentuó, sobre todo porque la tribu de Judá, a la cual pertenecía el rey, estaba exenta de estas cargas

El edificio, compuesto de tres salas, era de forma rectangular. Al interior, los muros estaban recubiertos con madera de cedro enchapada en oro. En la última cámara, el santo de los santos, se encontraba el Arca de la Alianza, considerada la morada de Yahvé. A continuación, en el lado sudoeste se edificó el palacio, comunicado con el templo. Veinte años fueron necesarios para finalizar este conjunto arquitectónico, siete para el templo y trece para el palacio. Su esplendor reflejaba el brillo del reinado de Salomón.

El juicio de Salomón: Si sus contemporáneos mostraron cierto descontento hacia él, la posteridad idealizó su figura. Salomón ha sido representado como la encarnación del soberano perfecto, caracterizado por la magnificencia y la sabiduría. Numerosas leyendas insisten sobre este último rasgo. Salomón sería el autor de tres mil proverbios.

El episodio más célebre es, seguramente, el del «juicio de Salomón»: dos mujeres se presentaron ante el soberano, afirmando cada una ser la madre del mismo infante. Con el fin de determinar cuál era la verdadera madre, Salomón decidió que el niño fuera partido en dos. Para salvarlo, una de ellas se opuso a la sentencia y prefirió que el niño fuera entregado a la otra mujer. Salomón le devolvió entonces el infante a ella, su verdadera madre.

EL TEMPLO DE SALOMÓN Y LA MASONERÍA:

TEMPLO DE SALOMON

Templo de Salomón: El rey Salomón gobernó Israel entre 976 y 926 a. C. Consagró su reinado a la unificación de su pueblo, y con ese fin erigió el Templo de Jerusalén, para que fuera centro de veneración religiosa y símbolo de la unidad nacional. El templo era un edificio completamente simbólico: su plano, construcciones y ornamentos representaban la síntesis de todas las ciencias. Era el Universo, la filosofía, el cielo… Salomón lo había concebido, e Hiram Abif, arquitecto y decorador de la ciudad de Tiro, lo había construido con enorme inteligencia. Para el mejor desarrollo de la obra, Abif dividió a los trabajadores, de acuerdo con la labor que realizaban, en maestros, compañeros y aprendices, estructura que los masones han tomado históricamente como forma de organización.

Hiram Abif
El arquitecto del templo de Salomón en Jerusalén es un ejemplo de integridad para los masones. Según la leyenda, Hiram Abif fue asaltado por tres compañeros que querían conocer los secretos de su magistral ciencia constructiva. Les dijo que sólo tres personas los conocían y que no podía v transmitirlos sin su autorización. Los agresores golpearon a Hiram, que se resistió a revelar sus conocimientos y acabó muriendo por ello.

El Rey David de Israel Historia Resumida de su Reinado

El Rey David de Israel

David, que reinó durante cuarenta años, fue el verdadero fundador de la monarquía en Israel, después del fallido intento de Saúl.

Si bien no logró unificar a las distintas tribus, su perspicacia política le permitió mantenerlas dentro de un marco común.

A la muerte de Moisés, el pueblo eligió á Josué por jefe. Este condujo a los israelitas al asedio de la ciudad cananea de Jericó.

Los cananeos fueron vencidos y las tribus de Israel se establecieron en Palestina.

Durante este período se limitaron a hacer una guerra de emboscadas; cada tribu obraba por cuenta propia y no existía un jefe que los mandara.

Más tarde aparecieron hombres a los que Dios ordenaba salvar a su pueblo; se llamaron. jueces o sufetes.

En épocas difíciles y turbulentas eran jefes militares; en tiempos de paz administraban justicia. Los más importantes fueron: Gedeón, Jefté, Sausón y Samuel.

A este último, el pueblo le pidió que designara un rey. Finalmente, las tribus de Israel habían dejado de lado sus diferencias y se habían unido, acosadas por el peligro filisteo.

Por orden de Dios, Samuel designó a Saúl primer rey del Pueblo Elegido (1080 a. de J. C.). Organizó un poderoso ejército, que fue derrotado por los filisteos, y pereció junto a su hijo Jonatán cerca de las montañas Gelboe.

Hacia fines del siglo XI a.C. surgió una nueva amenaza, los filisteos, que, repelidos por Ramsés III, se instalaron en la costa cananea y extendieron sus dominios gracias a un poderoso ejército. Para hacerles frente, las doce tribus debieron unirse y elegir un jefe.

Saúl, dotado de una prestancia física extraordinaria, fue designado por el profeta Samuel y aclamado como rey por el pueblo.

Sin embargo, debido a sus éxitos militares contra los filisteos, usurpó las atribuciones sacerdotales de Samuel, realizando holocaustos en su ausencia; éste rompió relaciones con Saúl y ungió en secreto uno de los servidores del rey David.

Su sucesor, David, estableció la capital del reinó en Jerusalén. Creó un arsenal, modificó la organización militar y derrotó a los enemigos de Israel. Esas victorias tuvieron resultados duraderos.

Como los israelitas llevaban vida errante, no pudieron dedicarse a las artes. Y cuando Salomón, hijo de David, quiso agrandar su palacio, edificar mansiones y levantar un templo, tuvo que llamar artesanos y obreros de Fenicia, de Siria y de Babilonia.

Nunca conocieron los hebreos una época más floreciente que la vivida bajo su reinado. Desgraciadamente, estaban rodeados de poderosos vecinos y no pudieron gozar de paz por mucho tiempo.

Vivían en estado de guerra casi continuo. Salomón se propuso construir un templo en el sitio ya escogido por David.

A David, nacido en la tribu de Judá, sólo le bastó una hazaña para hacerse famoso. Mató con su honda al gigante filisteo Goliat, cuya muerte desencadenó la huida del enemigo.

Esta victoria le dio popularidad, pero al mismo tiempo despertó la envidia de Saúl, que escuchaba a las mujeres cantar: «Mil hombres mató Saúl y diez mil mató David».

El rey intentó eliminarlo encomendándole misiones peligrosas: le prometió la mano de su hija Mikol a condición de que le trajera como dote cien prepucios de filisteos. La trampa no funcionó porque David trajo doscientos y la desposó.

Como la animosidad de Saúl creció, David tuvo que huir y ponerse al servicio de los enemigos de Israel. Akis, rey filisteo de Gat, lo envió a Siquelag, cerca de Gaza, desde donde encabezo vanas correrías contra los amalecitas y otras tribus del desierto.

Cuando estuvo terminado exigió que las fiestas sagradas se celebraran sin excepción en Jerusalén. Los últimos años del rey fueron poco edificantes. Dejó implantar en Israel los cultos extranjeros y cargó a su pueblo con grandes impuestos.

A su muerte, en el 974 antes de Jesucristo, los judíos se dividieron en dos Estados: el reino de Judá y el reino de Israel.

Este último fue destruido por los asirios al mando del rey Salmanasar. El reino de Judá cayó en poder de Nabucodonosor III quien. en el año 606, llevó a casi todos los habitantes cautivos a Babilonia.

El exilio duró 70 años, al cabo de los cuales consiguieron volver a su patria. En 169, bajo el gobierno de los macaebos , se declararon independientes, pero en el año 65 antes de Jesucristo, sus disensiones provocaron la intervención de los romanos y las legiones sometieron a Jerusalén.

A su muerte, el reino se dividió en cuatro tetrarquías, cuyos jefes, los procuradores, tomaban una importancia cada vez mayor.

Pero el espíritu de libertad de los judíos tenía raíces demasiado hondas para que pudieran soportar el nuevo yugo.

Se sublevaron y dieron muerte a algunos romanos.

La represión fue implacable. Vespasiano invadió Judea y llevó contra ella una guerra sin piedad.

Cuando fue proclamado Emperador, su hijo Tito tomó el mando de las legiones y, al año siguiente (70 de nuestra era), Jerusalén caía en su poder y el Templo era destruido.)

El templo de Salomón, uno de los edificios más grandiosos de la antigüedad, fue levantado en el año 900 antes de Jesucristo.

Destruido una primera vez por ‘los babilonios, fue reconstruido con mayor magnificencia. Pero los romanos los arrasaron nuevamente en el año 70 antes de Jesucristo.

Explicación de las 10 Plagas de Egipto

Grandes Profetas de la Historia Fundadores de Religiones Biografias

Grandes Profetas de la Historia

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MoisésBudaConfucioJesucristoMahoma

Iluminados o portadores de la palabra divina, los profetas han erigido poco a poco todas las creencias religiosas que dominan en el mundo en la actualidad. Actualmente, al hablar de profetas, se hace referencia más bien a los falsos profetas: individuos que propagan oráculos fantásticos próximos al engaño. Sin embargo, la palabra profeta califica también a los hombres que, en el pasado, fueron intérpretes de una voluntad superior que les ordenaba a los hombres amarse más y sobre todo adorar a Dios.

En obediencia a una voluntad superior
Fue en torno al Mediterráneo -en Grecia y en Egipto-y en Asia central -de manera especial en la India-, cuna de las primeras civilizaciones occidentales y orientales, donde aparecieron los profetas. Ya se trate de Abraham, Moisés, Natán, Isaías, Buda, Zoroastro, Jesucristo o Mahoma, todos forman parte de nuestro patrimonio cultural.

La historia hace de ellos seres de excepción, quizá porque generalmente cada uno de ellos se presentó como una figura única e incomparable, es decir irreemplazable, y en ello no había orgullo de su parte; simplemente eran como poseídos por aquel en cuyo nombre hablan  y quien les permite realizar acciones  extrañas y sobrenaturales: Moisés dividiendo el Mar Rojo para salvar a su pueblo; Jesús transformando agua en vino o multiplicando los panes. Y es que no se toma la decisión de ser profeta: se es por obediencia a la voluntad apremiante de una naturaleza trascendental.

Una existencia marginal
A menudo es en la soledad de las montañas o en el desierto en donde los profetas han recibido los mensajes divinos que la han difundido entre los hombres. Pues, mediante la palabra o por escrito, esos hombres elegidos han intentado hacer manifiesta una verdad hasta ese momento escondida o alterada, reformar un comportamiento pervertido con el tiempo o a devolverle vigor.

A menudo, su deseo de reforma los enfrentaba con la religión dominante -ése fue el caso de Buda en la India o de Zoroastro en Persia o, cuando llegaban a reunir un grupo importante de fieles, con el orden  político, como fue el caso de Jesús, que repudiaba la autoridad de Roma; o de Mahoma, que desafiaba la de Bizancio.

Así, su vida consistió, muy a menudo, en una larga cadena de pruebas. Nómadas en su mayor parte, muchos fueron expulsados de su país, algunos fueron hechos prisioneros y otros, asesinados.

A esos marginados es a quienes las grandes religiones del mundo deben el hecho de haber surgido, así como una multitud de sectas y de herejías -como el shivaísmo o el vishnuismo en la India, el chiísmo o el kharidjismo en el Islam, o incluso los valdenses en el ámbito cristiano.

ALGO MAS….
OTRO GRAN FILOSOFO CHINO

mencio filosofo chinoDe entre sus grandes filósofos, tres tuvo China que han sido de suma importancia para su historia: Mencio, Confucio y Lao-tse, los cuales sobresalen con mucho de los demás. Si maestro Kung fue conocido en Occidente como Confucio, maestro Meng también recibió un nombre latino: Mencio.

Su vida presenta mucha semejanza con la de Confucio y provenía de la misma provincia (la actual Shandong). Igual que Confucio, vivió en una época de política confusa (h. 371-h. 288 a. de J.C.).

Como profesor, viajó largamente por China enseñando su forma de pensar, hasta que, al fin, se retiró desilusionado, para terminar su vida dedicado plenamente a la meditación.

Mencio creía en los héroes legendarios de los antepasados, pero, al contrario que Confucio, no quiso aceptar todo lo que contaba la Historia. Creyó también en la bondad ingénita del hombre, que le permite distinguir entre lo bueno y lo malo, y esperó que cada individuo sometiera su actuación a este principio. Un joven está lleno de bondad congénita. Por los tristes ejemplos que le ofrece la vida, el hombre razonable se dará cuenta a tiempo de que su bondad disminuye, lo que le impelirá a reforzarla y cultivarla.

Aunque esto no es fácil, tiene el estímulo de la «doctrina del amor distinguido». Por ejemplo: el individuo que ama a sus padres es un ser natural; si no los ama, es un animal, y por tanto, como hombre, es contranatural. De este amor por los padres viene a desarrollarse el amor hacia el prójimo.

Como el hombre es bueno por naturaleza, no hay diferencia entre ellos. Todos somos iguales. Cada ser humano es, según Mencio, «una complejidad acabada perfectamente», pero esto no quiere decir que no haya hombres «más altos» y «más bajos», por decirlo en lenguaje sencillo.

Aunque todos seamos buenos por igual, no somos iguales de inteligentes ni igualmente dotados, lo que es decisivo en la vida social.
Aparte de amor para todos, Mencio ponía justicia en cualquier cosa: «El espíritu del hombre es justicia». Sólo hombres verdaderamente buenos pueden reinar. Como en tiempos de Mencio el gobierno dejaba bastante que desear, no cesó de criticar acremente a los gobernantes feudales. Esto le llevó a reconocer el derecho a la revolución cuando el país estuviera mal gobernado.

Para el filósofo, las órdenes del cielo (según las cuales el emperador estaba sentado en un trono de dragones) eran algo muy sagrado, contra lo que ningún gobernante podía oponerse. El pueblo debía ocupar siempre el primer plano; el emperador sería su servidor. Si no tenía condiciones para desempeñar su tarea, debería ser destronado para siempre.

He aquí las reglas que Mencio daba para el buen gobierno: escuelas para todos, leves castigos para los malhechores, reducidos impuestos, reparto equitativo de riquezas, tierras en propiedad inalienable y definitiva para los campesinos, protección del estado para todo el mundo.

Estas normas tan actuales de Mencio han permitido que los chinos le consideren como el segundo filósofo, inmediatamente detrás de Confucio, que es el primero. Cuando, bajo la dinastía Song, nació el neoconfucianismo, las normas de Mencio tuvieron gran influencia, porque ciertamente se veía en ellas algo nuevo por completo.

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 7 Salvat La Nación El Origen de las grandes religiones

La Reina de Saba Visita a Salomon Historia o Leyenda Enigma Riqueza

Historia: La Reina de Saba Visita al Rey Salomón

La Reina de Saba es  personaje bíblico,  que según la leyenda creó la primera dinastía real como Makeda, esposa del rey Salomón. El libro de los Reyes de la Biblia  relata su visita a la corte de Salomón, en Jerusalén, con una caravana de camellos cargados de especias, oro y joyas, movida por la esperanza de impresionar al rey con su riqueza. Sin embargo, el esplendor de la corte de Salomón la abrumó, atribuyendo su prosperidad y la de sus súbditos al dios hebreo Yahvé. La reina acosó a Salomón con capciosas o complicadas preguntas y quedó sorprendida ante el conocimiento revelado por sus respuestas.

Dice la Biblia que Salomón respondió a todos los enigmas que le planteó la reina de Saba. Pero la reina misma es un enigma: ¿De dónde venía? ¿Por qué emprendió el viaje desde Etiopía hasta Jerusalén? ¿Y quiénes son esos falachas que dicen descender de ella?

reina de saba visita a salomon rey

No es posible eludir la figura de la reina de Saba. Se la menciona en la Biblia -aunque sin darle nombre propio-, y en el Corán, con el nombre de Balkis, denominación que, por cierto, lleva la heroína de numerosos relatos árabes y persas. Tiene un lugar tan importante en la tradición etíope -se la llama Makedo– que los emperadores y los falachas (los judíos de Etiopía) han optado por considerarse descendientes de ella.

En la Biblia, el largo pasaje del libro de los Reyes, dedicado al reino de Salomón, se compone de dos partes. En la primera de ellas, donde se consignan los grandes y nobles actos del rey, se relata la visita de la reina de Saba a Jerusalén.

Intrigada por las historias sobre la fabulosa riqueza y la sabiduría del rey Salomón, la reina de Saba viaja de Arabia a Jerusalén para reunirse con él, según esta pintura del siglo XV.La Biblia (Libro de los Reyes, 10:10) recoge que el rey Salomón, rey de Judea, en su visita al reino de Saba, recibió innumerables presentes en oro, especias y piedras preciosas de la reina que en aquel momento dirigía el país. El pasaje Bíblico se refiere a la reina Makeda. Ambos, más tarde, tendrían un hijo juntos, de quien el rey Salomón, recuerda el gran parecido físico que el niño tenía con su abuelo, el legendario Rey David.

¿De dónde venía la reina? El reino de Saba ocupaba un territorio que actualmente forma parte de Yemen del Norte, en la parte suroeste de la península arábiga, y cuya capital era Marib. Pero los sabeos también habían fundado colonias más al Norte; es decir, más cerca de Jerusalén, y se supone que fue de una de esas colonias de donde partió la reina de Saba.

¿Por qué Jerusalén? La identidad de la Reina de Saba ha sido durante mucho tiempo un tema de debate. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que se trata de Makeda, la reina etíope.

Según el folklore etíope, cuando el príncipe Tarmin volvió de un viaje comercial a Israel, trajo información sobre la sabiduría del gran Rey Salomón. A Makeda le fascinó lo que le contaron sobre el monarca de Judea y preparó una caravana cargada de regalos para vivsitar a semejante personaje.

El relato bíblico asegura que la reina, atraída por la enorme «fama» de Salomón, había acudido para «ponerlo a prueba por medio de enigmas». Sin embargo, la riqueza del reino de Israel sin duda no era ajena a los motivos del viaje.

En efecto, el texto menciona también que se realizó un intercambio de mercancías: la reina aportó grandes cantidades de plantas aromáticas, piedras preciosas y 120 talentos de oro; en tanto que el rey «prometió a la reina de Saba todo cuanto ella deseara, sin contar los obsequios que k había dado». Sabiendo que los sabeos eran grandes comerciantes, puede suponerse que desde entonces se establecieron relaciones comerciales entre los dos pueblos.

Una riqueza como para dejar sin aliento «La reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que él había construido, los alimentos de su mesa, las habitaciones de sus sirvientes, la calidad de sus criados y sus libreas, sus escanciadores, los holocaustos que ofrecía en la casa del Señor, y quedó sin aliento.»

Al encontrarse, el rey y reina se enamoraron mutuamente, quedando ella admirada de los conocimientos de él, él, de la inteligencia y hermosura de Makeda. Según la tradición etíope, de este amor nacería Menelek, con quien daría comienzo la más larga dinastía real.

Los soberanos de Etiopía

La leyenda etíope cuenta que el rey Salomón y Makedo se amaron y que de su unión nade un hijo, Menelik. Este Menelik, soberano judío, habría de ser el primer emperador de Etiopía. Dicha leyenda surgió muy tardíamente, durante el siglo XIII o el XIV.

A partir de ella, todos los emperadores de Etiopía ostentan el título de «león vencedor de la tribu de Judá», y su emblema, que représenla una estrella de seis picos, recuerda la estrella de David. Se pueden encontrar indicios de esta leyenda en la existencia de un judaísmo etíope, que por su parte ejerció una gran influencia sobre el cristianismo de este país; ése es el motivo, por ejemplo, de que los cristianos de Etiopía practicaran la circuncisión .de los varones inmediatamente después de balizado su bautismo.

Las peculiaridades de los falachas

El origen de los falachas, los judíos de Etiopía, sigue siendo un tanto oscuro. La opinión pública descubrió su existencia en 1985, cuando llevaron a cabo una emigración masiva desde Sudán hasta Israel. Gracias a un acuerdo del gobierno marxista-leninista de Addis Abeba, esa pequeña comunidad de judíos negros recibió autorización para subir a los aviones que los llevarían a Jerusalén.

Diez años antes, cuando el gran rabino sefa1í de Israel había reconocido a los falachas , como judíos, los había emparentado con el pueblo elegido, retomando la teoría que hacía de ellos los descendientes de la tribu descendiente de Dan había sido deportada a Asiría por Sargón, rey de Babilonia; desde ahí, atravesando Yemen, pudo haber llegado a Etiopía.

La reina de Saba, la tribu de Dan: dos de las muchas maneras de describir un itinerario de la diáspora. Una cosa es cierta: la implantación del judaísmo en Etiopia es muy antigua y esto, por lo demás, es lo que dio tiempo a los falachas para desarrollar sus numerosas peculiaridades: su mesías, que se llama Théodoros, debe reinar durante 40 años en Jerusalén y luego otros 40 años en Etiopía antes de que se abra la era de la paz universal; los falachas tienen monjes y monjas; no creen en el Talmud y sólo reconocen la ley escrita; su Tora no está escrita en hebreo sino en lengua gueza, es decir, en etíope antiguo; además, practican la excisión, de acuerdo con la tradición de los países del Cuerno de África.

Una lectura de la Biblia

Más que por su simple realidad histórica, verdaderamente poco accesible, la visita de la reina de Saba a Salomón interesa a aquellos que ven en la Biblia un libro inspirado, que debe interpretarse, es cierto, pero que es el medio elegido por Dios para indicar su voluntad a los fieles.

Salomón le había pedido a Dios que le diera sabiduría, una sabiduría que debe entenderse a la vez como una actitud de sumisión ante la voluntad divina y como una capacidad de discernimiento; precisamente lo que el rey demostró tener en su célebre juicio.

En el relato bíblico, el papel de la reina de Saba es demostrar que, incluso para los gentiles -los que no son judíos-, la sabiduría de Salomón y la prosperidad del reino que le fue confiado son un signo del inmenso poder del Dios de Israel. «Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel», dijo a Salomón la reina de Saba. «Porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.» Salomón, creyente consumado, es así un signo para los que no creen.

La declaración de la reina de Saba muestra, asimismo, la dimensión verdaderamente universal del mensaje divino, aun si éste se dirigía entonces de manera privilegiada a el pueblo elegido.

Jesús utilizaría este episodio de la reina de Saba contra sus correligionarios que se negaban a reconocerlo como lo que era: «El día de juicio, la reina del Mediodía se levantará con esta generación y la condenará, pues ella vino del fin del mundo para escuchar la sabiduría, de Salomón. ¡Pues bien!, aquí hay algo más que Salomón.»

Homenaje de la reina a Salomón

«Era muy cierto lo que yo había escuchado en mi país sobre tus palabras y sobre tu sabiduría. No podía creer lo que se decía hasta que vine y lo vi con mis propios ojos; ¡pero no me habían revelado siquiera la mitad! Tú superas en sabiduría y en cualidades la reputación de que escuché hablar. Dichosa tu gente, dichosos tus sirvientes, que pueden estar permanentemente ante ti y escuchar tu sapiencia. Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel; porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.»

Ver: El Cristianismo en África

Traducción ecuménica de la Biblia (1 Reyes X, 6-9)

Fuente Consultadas:
Los Últimos Misterios del Mundo Reader´d Digest
Wikipedia
Los Misterios de la Biblia.

Explicacion Cientifica del Diluvio Universal Historia Arca de Noe

HISTORIA BIBLICA: EL DILUVIO UNIVERSAL – EL ARCA DE NOÉ

EL DILUVIO UNIVERSAL: Cientos de leyendas por todo el mundo relatan o mencionan una inundación catastrófica, un diluvio regenerador, que acaba con cualquier vestigio de vida en la Tierra y del que sólo sobreviven unos pocos elegidos.

“Viendo, pues, Dios que la tierra estaba corrompida (por cuanto lo estaba la conducta de todos los mortales sobre la tierra), dijo a Noé: Llegó ya el fin de todos los hombres decretado por Mí: llena está de iniquidad toda la tierra por sus malas obras; Yo los exterminaré, pues, juntamente con la tierra.

Verdaderamente terribles en su simplicidad son las palabras con que en la Biblia se anuncia el Diluvio Universal, el duro castigo al que Dios debió recurrir cuando los hombres llenaron la tierra con sus pecados. Entre tantos perversos sólo quedaba un hombre justo, Noé, quien con sus hijos había atesorado las palabras de los patriarcas y permanecido fiel al culto del verdadero Dios. Por esta razón el Señor lo llamó y, después de comunicarle su decisión, le ordenó construir una gran Arca. Noé, con la ayuda de sus hijos, se puso a trabajar inmediatamente. Cuando le preguntaban para qué construía una barca tan grande y extraña en un paraje tan distante del mar, respondía:
“Me lo ha ordenado Dios, que quiere castigar vuestros pecados si no os arrepentís y hacéis penitencia.”

Pero la gente se reía de él y de sus palabras, y se alejaba, meneando la cabeza, pues lo creían loco. El Arca tenía 162 metros de largo, 27 de ancho y 16 de alto. Su interior estaba dividido en tres pisos, recibía luz por un gran agujero abierto en el techo y tenía una sola ventana y una sola puerta, exactamente como Dios lo había ordenado. Para construirla se necesitaron cien años: cien años que Dios quiso conceder a los hombres como aviso del castigo inminente y como una invitación al arrepentimiento. Pero nada podía ya conmover el corazón de aquellos seres encallecidos por el vicio y el pecado.

Finalmente, Jehová llamó de nuevo a Noé y le dijo:
“Dentro de siete días comenzará el Diluvio y por cuarenta días y cuarenta noches haré llover sobre la tierra y destruiré a todos los hombres. Entra entonces en tu barca, con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. De cada especie animal has de tomar dos; un macho y una hembra, para que la especie no desaparezca. Ocúpate además de reunir en el Arca los alimentos necesarios para tu familia y para todos los animales.”

Explicacion Cientifica del Diluvio Universal Historia Arca de NoeNoé cumplió las órdenes recibidas, entre las risas y las burlas de la gente. Dios mismo, desde fuera, cerró la puerta del Arca y la lluvia comenzó a caer con violencia. Los torrentes se transformaron en ríos; los se desbordaron e inundaron los campos y el nivel del mar comenzó a subir prodigiosamente. Las aguas invadieron toda la tierra sumergiendo y destruyendo cuanto encontraban a su paso. Desaparecidas ciudades, que eran el orgullo de los hombres, y se derrumbaron los templos erigidos a los falsos dioses.

El violento ruido de la lluvia y el rumor ensordecedor de las olas, que avanzaban inexorablemente, cubrieron los alaridos aterrorizados de las bestias. entremezclados con el inútil lamento de los hombres. Aquéllos que se habían mofado de Noé por su fidelidad al Señor, trataron en vano de salvarse refugiándose en la copa de los árboles y disputando a los animales un lugar sobre los montes más altos, mientras invocaban la ayuda de sus ídolos. Todos fue. ron alcanzados y arrebatados por las aguas, que superaron en ocho metros la cima de la montaña más alta de la tierra. Con ellos desaparecieron todos los animales. Sólo el Arca flotaba segura en aquella tumultuosa extensión de agua.

Pasados los cuarenta días cesó de llover y se levantó un viento fuerte y cálido que, poco a poco, secó las tierras inundadas. Pero sólo después de casi siete meses, el Arca, transportada por la corriente, encalló en la cima del monte Ararat que se encuentra en Armenia, Asia Menor. Noé dejó pasar otros cuarenta días, al cabo de los cuales, al ver qué el nivel del agua continuaba bajando, quiso probar si la tierra estaba suficientemente seca para él y los suyos.

Abrió la ventana e hizo salir al cuervo. Éste encontró alimento en la carroña de los animales ahogados y no volvió más al Arca. Noé probó entonces con una paloma; ésta no encontró alimento adecuado y regresó. Siete días después Noé repitió la prueba, y esta vez la paloma regresó con una ramita de olivo en el pico. Noé comprendió entonces. que la tierra estaba seca y las plantas renacían. Esperó todavía siete días, después de los cuales dejó salir la paloma por tercera vez. Ésta no regresó más al Arca.

Sin embargo, debió transcurrir otro mes antes de que Dios ordenase a Noé salir del Arca, con todos sus animales. Al poner, el pie sobre la tierra, todavía convulsionada por la furia de las aguas, su primer pensamiento fue levantar un altar y hacer un sacrificio para agradecer a Dios la protección dada a él y a su familia. El Señor, complacido por aquel acto de profunda fe, trazó en el cielo un arco iris de siete colores y le dijo:
“Creced y multiplicaos y poblad la tierra. Este arco entre las nubes es y será siempre el signo de mi alianza con los hombres.”

Con esta promesa, Noé y sus hijos, únicos sobre. vivientes del género humano, retomaron posesión de la tierra, reducida a una vasta soledad pantanosa. Dura era la tarea quÉ les esperaba, pero la fe en Dios, reforzada por Sus palabras, los asistía; y nada es imposible cuando la fe mueve a los hombres.

La Ciencia Intenta Explicar el Diluvio:

El antecedente más claro de Noé es un antiguo mito sumerio que más tarde quedaría recogido en el poema épico conocido como Epopeya de Gilgamesh hallado en las minas de la Biblioteca de Asurbanipal en Nínive en 1872, y cuyo protagonista es Utunapishtim, que sobrevivió con toda su familia a bordo de un arca, tras siete días de lluvia. Puesto que Abraham, el patriarca hebreo, era natural de Ur, una de las más importantes ciudades de Babilonia, es fácil suponer que los patriarcas llevaran con ellos el antiguo relato cuando emigraron desde Mesopotamia, incorporándolo a su propia tradición.

Las excavaciones efectuadas en Ur entre 1922 y 1929 dieron con una capa de arcilla de 2,5 metros de espesor que con seguridad sólo pudo ser resultado de una inundación de gran magnitud; fue databa alrededor de 3500 a.C. Los sedimentos descubiertos podrían corresponder a crecidas excepcionales de los ríos Tigris y Éufrates o a una gran inundación regional.

En 1929, luego de excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el emplazamiento de la antigua ciudad sumeria de Ur, el Dr. Wooley descubrió una capa arcillosa de más de dos metros de espesor. Los análisis mostraron que se trataba de sedimentos dejados por las aguas. Además, bajo la capa de arcilla aparecen vestigios de una civilización aún más antigua.

Los expertos aceptan que, después de la última glaciación, el Mar Negro se inundó cuando el nivel creciente de las aguas desbordó el Mediterráneo y colmó el hasta entonces lago de agua dulce, provocando una inundación catastrófica. Pero los científicos no se ponen de acuerdo en el momento en que ocurrió la inundación, ni con qué rapidez. La  mayoría cree que ocurrió hace unos 9.000 años y que fue gradual. Pero a finales de los años noventa se planteé que una entrada de agua masiva a través del Bósforo habría provocado una inundación hace unos 7.150 años, tan rápida y extendida, que obligó a los pobladores a desplazarse muy lejos, incluso hasta la Europa continental.

La expedición a Turquía de 2003, patrocinada por National Geographic, que trabajaba con esta teoría, no logró hallar evidencias contundentes que relacionasen la inundación del Mar Negro con el diluvio bíblico

El Arca de Noé Para Niños

Las Diez Plagas de Egipto Origen, Antecedentes y Significado

Origen de las Diez Plagas de Egipto

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO
MOISÉS DEBE CONDUCIR A LOS ISRAELITAS EN EGIPTO
POR ORDEN DE DIOS PIDE PERMISO AL FARAÓN DE EGIPTO

Plaga 1: El Agua Se Convierte En Sangre

Plaga 2:La Invasión de las Ranas

Plaga 3:Enjambres de Mosquitos

Plaga 4:Los Tábanos

PLaga 5:La Peste del Ganado

Plaga 6:Las Úlceras

Plaga 7:El Granizo

Plaga 8:Las Langostas

Plaga 9: Las Tinieblas

Plaga 10: Muerte de Primogénitos Egipcios

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ANTECEDENTES DE LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO:

José llega a Egipto: la historia bíblica de Jacob, hijo de Isaac y nieto de Abraham, cuenta que luchó durante una noche con el ángel del Señor, quien le disloca la cadera y lo bautiza con el nombre de Israel, tomó como esposas a Lía y Raquel, hijas de su tío Laban, a quien también le robó sus ovejas.

Lía da a Jacob diez hijos  y Raquel otros dos: José y Benjamín, el menor. Los hijos de Lía se sienten molestos por el amor de Jacob hacia José y por el gran porvenir que éste sueña para sí mismo, de modo que lo venden como esclavo en Egipto.

Estando prisionero en Egipto, logró el reconocimiento del faraón por su habilidad para interpretar con certeza los sueños del faraón que éste manda almacenar provisiones, consiguiendo evitar con ello una hambruna en Egipto. José hace carrera y, cuando la hambruna amenaza a sus parientes, quienes lo habían rechazado, consigue que éstos se trasladen hasta Egipto con un permiso de residencia ilimitado y puedan ser alimentados.

Historia de Moisés: En Egipto viven bien, pero caen paulatinamente en la esclavitud convirtiéndose en victimas de la xenofobia y persecusiones violentas. El Faraón, por temor a la extranjerización de su pueblo, organiza una matanza masiva de niños. Sólo se salva de ella el pequeño Moisés, pues su madre lo echa en una cesta a las aguas del Nilo, de donde lo rescata una de las hijas del Faraón que lo educa como a un aristócrata.

moises salvado de las aguas

Moisés no puede soportar ni aceptar el mal trato que sufren los judíos y da muerte a un esbirro egipcio especialmente sádico. Después tuvo que exiliarse y marchar a Madián, donde se casó y cuidó el rebaño de su suegro. Allí se le apareció Dios, en forma de zarza ardiente, y le ordenó sacar de Egipto a los hijos de Israel y conducirlos a la Tierra Prometida de Canaán, de la que manaban leche y miel.

el pueblo judio en egipto sufre persecusiones

Fabricar ladrillos para las construcciones de Egipto era una de las agotadoras tareas asignadas a los hebreos que trabajaban para el faraón, según muestran estas pinturas de una tumba de Tebas. Los obreros hebreos laboraban bajo condiciones brutales e infrahumanas, muchas veces peores que las de los propios esclavos. Estaban organizados en cuadrillas de trabajo bajo la supervisión de capataces egipcios. Carecían de derechos civiles y se les daba lo necesario para vivir. El trabajo era agotador. Pasaban muchas horas bajo el sol moldeando ladrillos después de mezclar arena, agua, lodo y paja.

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Dios Pide a Moisés Que Conduzca Al Pueblo Hebreo

La misión de Moisés: El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. 

El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios.

Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas».

«Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?». 

«Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña».

El Señor dijo a Moisés: «Pronto verás lo que voy a hacer al Faraón. . . Pronto verás sí dejará o no marchar al pueblo: será él mismo quien a viva fuerza le echará de su tierra. Mientras tanto, recuerda que soy Yavé y me aparecí a Abrahán, a Isaac y a Jacob, como Dios Omnipotente.

Moisés obedeciendo a la llamada de Dios, se pone enteramente al servicio de su pueblo israelita.

Acepta su misión que es preparada por una serie de castigos divinos — las diez plagas de Egipto — que parecen fenómenos típicamente egipcios, propios de aquella tierra de fábula.

El corazón del Faraón se endureció. . .

El Señor dijo a Moisés: «Te daré tanto poder sobre el Faraón que tendrá que temerte y rendirse a ti. Aarón, tu hermano, que tiene la lengua suelta, será tu profeta, y dirá al Faraón que deje, por fin, marchar al pueblo de Israel, esclavo desde hace ya demasiado tiempo.

El corazón del Faraón se endurecerá y no consentirá tal cosa; pero Yo multiplicaré mis porte» en la tierra de Egipto y los egipcios tendrán que reconocer que el Dios de los hebreos es el Dios verdadero y único. Si el Faraón pidiera una prueba de tu misión profética, di a Aarón que tire delante de él su cayado de pastor y éste se convertirá en serpiente».

Así dijo el Señor… Moisés y Aarón tenían ochenta años el uno y, ochenta y tres el otro respectivamente, cuando se presentaron al Faraón como enviados y mensajeros de Dios; le dijeron lo que el Señor les había mandado decir y, en prueba de su misión, Aarón tiró ante el rey su cayado, que se convirtió en serpiente.

Maravillado el Faraón, llamó a sus magos v encantadores; éstos también echaron sus cayados, que por sus sutiles encantamientos se convirtieron igualmente en serpientes. Pero la serpiente de Aarón las devoró al instante.

Quien obraba no era Moisés, sino el Señor en Moisés; más allá de todo poder de encantamiento se encontraba el poder milagroso de Dios. Pero el corazón del Faraón se endureció y no quiso escuchar la palabra del Señor.

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Primera Plaga: El Agua Convertida en Sangre

El Señor dijo a Moisés: «Has visto que se ha endurecido el corazón del Faraón y no quiere liberar a mi pueblo…Mañana cuando pasee por la orilla del Nilo con el cayado-serpiente en la mano y dile que deje marchar a Israel al desierto para sacrificar a su Dios.

Si no hace caso, golpea con el cayado las aguas del Nilo y éste se convertirá en sangre; y, como el Nilo, también los demás ríos serán sangre; y los canales, y los estanques, y los embalses se trocarán en sangre; y el pueblo de Egipto no tendrá ya agua para beber».

plaga de egipto el agua se convierte en sangre

A la mañana siguiente, Moisés y Aarón se presentaron al Faraón, que paseaba por la orilla del Nilo; y cuando Aarón le hubo comunicado la orden del Dios de los hebreos, hallándole indócil a ella, golpeó con el cayado el agua del gran río. que fue trocada en sangre; y sangre fueron los canales, y los estanques, y los embalses de los contornos. Los peces morían y los egipcios no tenían agua que beber: un espectáculo realmente horrible.

El Faraón llamó a los magos y encantadores del país y éstos, habiendo hecho excavar nuevos pozos, consiguieron lo mismo con sus encantamientos.

Y el Faraón, volviendo las espaldas a los mensajeros de Dios, regresó al palacio, sin permitir la marcha de Israel. Su corazón se había endurecido y tampoco esta vez hizo caso a la voz del Señor.

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Segunda Plaga: Las ranas:

El Señor dijo de nuevo a Moisés: «Vuelve al Faraón y, en mi nombre, mándale que deje marchar a Israel al desierto, donde debe encontrar a su Dios. Si no obedece, castigaré a su país con una enorme invasión de ranas. Contra él y sus familiares y sus siervos avanzarán ejércitos de ranas; y su casa y sus estancias, y los hornos y todo será invadido por las ranas, y todo quedará devastado por ellas».

plagas de egipto las ranas

Moisés y Aarón comunicaron al rey la orden del Señor.

Pero el Faraón se mantuvo inflexible. Aarón extendió entonces su mano, que empuñaba el cayado-serpiente, y de súbito, de los ríos, de los canales y de los estanques vinieron ranas, tantas ranas que la tierra quedó cubierta de ellas; todo el país fue un pulular de ranas: por los caminos, en las casas, bajo los tejados, sobre los lechos, en los hornos, en los pozos, en los platos; por doquiera hubo un brincotear y croar de ranas. El Faraón llamó a sus magos y encantadores; y éstos hicieron lo mismo, de modo que la invasión de las ranas fue ya total. No sabía el Faraón que sus magos y encantadores repetían, casi como un eco, el castigo de Dios sobre él.

Fastidiado y humillado, el Faraón llamó a Moisés y Aarón y les rogó que hicieran cesar la insoportable plaga: inmediatamente después, liberaría a Israel.

Moisés aceptó el pacto y oró al Señor. Éste escuchó la oración de Moisés: murieron las ranas, y las casas, los patios y los caminos quedaron libres de ellas. Los egipcios hicieron montones y montañas con ellas y eran tantas que su hedor infectaba el aire de todos los alrededores.
Pero el Faraón, al verse aliviado de aquel azora insoportable, no mantuvo su palabra y no permitió que Israel partiera.

El corazón del Faraón se había endurecida aún más.

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Tercera plaga: Los Mosquitos:

Entonces el Señor dijo a Moisés: «Di a Aarón que esgrima el cayado y golpee el polvo del suelo y éste proliferará mosquitos, una irrupción de mosquitos sobre todo el país de Egipto durante una jornada entera».

Y Aarón extendió la mano con que sostenía el cayado y golpeó el polvo del suelo; y de repente el aire fue un enjambre de mosquitos, rana nube de mosquitos, que atacaban a las personas y » animales e incluso las cosas. Todo el polvo » tierra se convirtió en mosquitos en el país de Egipto.

enjambre de mosquitos


Llamados por el Faraón, los magos intentaron  hacer otro tanto. Pero la prueba no tuvo éxito y  los mosquitos se cebaban furibundos sobre los hombres,  los animales y los mismos magos. Ya nadie sabía defenderse de la ferocidad de sus picadura ni de la molestia de sus zumbidos.

Dijeron entonces los magos al Faraón  «Aquí está el dedo de Dio!» Esto es una burla del Dios de los hebreos». Mas, pasada aquella jornada, el Faraón despreció el castigo de Dios y no permitió que partiera Israel. Al aumentar su pertinacia, el corazón del rey se había endurecido.

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Cuarta plaga: Los Tábanos:

El Señor dijo de nuevo a Moisés: «Mañana preséntate una vez más al Faraón cuando se halle paseando por la orilla del Nilo y dile:

«Así te habla el Señor Dios de los hebreos: Deja marchar a mi pueblo, para que me haga sacrificios en el desierto, donde Yo le encontraré. Si también ahora te obstinas en no dejarle salir, haré llover sobre ti, sobre tu casa y sobre todo tu pueblo, nubes de tábanos que molestarán de modo insoportable.

Únicamente quedará libre de ellos la tierra de Gesén, donde vive mi pueblo. Sabe por esto que el Dios de Israel es el único Dios verdadero».

plagas de egipto los tabanos

Y así fue. Enjambres de grandes tábanos cayeron sobre el Faraón, sobre su casa y sobre su pueblo.

El Faraón hizo llamar a Moisés y Aarón y les dijo: «Haced aquí, en tierra de Egipto, los sacrificios que debíais hacer a vuestro Dios».

Le contestó Moisés: «Los sacrificios que ofrecemos a nuestro Dios no placen a los ojos de los egipcios, que nos lapidarían por envidia. Déjanos, pues, marchar al desierto». El Faraón respondió: «Os dejaré marchar, mas antes libradme de la insoportable molestia de los tábanos».

Dijo Moisés: «El Señor librará a Egipto de este azote, pero tú no nos defraudes otra vez». Y oró al Señor para que cesara la plaga. Cesó ésta, en efecto, y en poquísimo tiempo no quedó ya un solo tábano. Pero una vez cesado el azote, tampoco el Faraón dejó marchar a Israel. Su corazón se había endurecido.

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Quinta Plaga: La Peste  En El Ganado

Nuevamente el Señor ordenó a Moisés que fuera al Faraón y le mandara dejar marchar a su pueblo, para que éste pudiera salir de Egipto y le ofreciera, entonces, sacrificios en el desierto.

En caso contrario, su mano se descargaría sobre todo el ganado de Egipto, sobre los caballos y los asnos, sobre los camellos, los bueyes y las ovejas, con una tremenda mortandad. En cambio, del ganado de los hijos de Israel ni un solo animal perecería.

Y el Señor puso un término: «Mañana haré esto».  Al día siguiente, el Señor realizó la amenaza y fue grande la mortandad entre los camellos y los caballos, los asnos y los bueyes: un verdadero exterminio. En cambio, no murió una sola cabeza del ganado de Israel. Y envió el Faraón a ver, y se halló que nada había muerto de lo que poseía Israel.

Mas tampoco esta vez obedeció el Faraón al Señor, porque su corazón se había endurecido.

plaga del ganado en egipto

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Sexta Plaga: Las Úlceras

El  Señor dijo a Moisés y Aarón: «Tomad ceniza de los hornos de ladrillos y echadla a lo alto, en grandes puñados. Caerá como finísimo polvo y cubrirá todo Egipto, y a los hombres, y los animales, en los cuales producirá úlceras que darán horribles pústulas».

Moisés y Aarón tomaron ceniza de horno y en presencia del Faraón la echaron hacia el cielo. Bajando luego en polvo muy tenue sobre los animales y los hombres, produjo al instante molestísimas úlceras y pústulas. Ni siquiera los magos pudieron salvarse de ellas. Pero el corazón del Faraón se había endurecido y también esta vez despreció el castigo del Señor.

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Séptima Plaga: Dios Envía el Azote del Granizo

De nuevo el Señor ordenó a Moisés: «Preséntate mañana al Faraón y dile: «Así habla el Señor Dios de los hebreos: deja marchar a mi a sacrificar en el desierto, donde me encontrará.  Si no lo haces, enviaré todas mis plagas contra contra tu pueblo, para que conozcas que nadie semejante a Mí sobre la tierra.

Y si hubiese mi poder y te hubiese alcanzado a ti y a tu con la peste, como he alcanzado tu ganado, ya no estarías en el mundo, ro te he dejado la vida, para que veas mi y mi nombre sea glorificado por doquier, te obstinarás aún en no dejar partir a mi es bien, mañana a esta hora, haré caer una granizada, como jamás se vio en Egipto el día de su fundación; y quien se encuentre ampo, si no corre a los refugios, será alcanzado a y morirá».

plagas de egipto

luego a Moisés: «Si el Faraón no escucha mi mandato, extiende la mano y el cayado hacia el r caerá la granizada sobre Egipto»: Moisés, en efecto, extendió la mano hacia el cielo y de este cayó una granizada gruesa y tupida; mientras tumbaban los truenos y deslumbraban los relámpagos.

Y todo fue azotado por el granizo: el verde de los campos y el grano que ya había en las espigas, el lino en flor y la cebada; todo fue destrozado, los árboles de los campos y los techos de las casas, y los siervos y el ganado que no se habían puesto bajo resguardo.

Pero la tierra de Gesén, donde se hallaban los hijos de Israel, ni siquiera se enteró de la temible tempestad.

Asustado el Faraón, hizo llamar a Moisés y Aarón y les dijo:
«Me doy cuenta de haber pecado.
«El Señor es justo y yo y mi pueblo somos culpables.
«Rogad al Señor que haga cesar los truenos y los relámpagos y el granizo y os dejaré marchar en libertad».

Le respondió Moisés: «Levantaré al Señor mis manos, y los truenos cesarán, y cesará el granizo. para que tú sepas que la tierra es del Señor. Pero sé que no temes aún al Señor…: No obstante, hizo su oración y cesaron los truenos y el granizo, Pero el Faraón, al ver que todo había terminado no dejó marchar a los hijos de Israel porque se había endurecido nuevamente su corazón.

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Octava plaga: las langostas

El Señor dijo a Moisés: «Vuelve al Faraón, porque he permitido que se endureciese su corazón para realizar estos prodigios en medio del pueblo y que tú puedas contar a tus hijos y a los hijos de tus hijos los prodigios que Yo hice en tierra de Egipto; y reconozcan todos que Yo soy el Señor».

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Moisés y Aarón volvieron al Faraón, pues, y le dijeron:

«El Señor Dios de Israel te pregunta hasta cuándo vas a despreciar su mandato de dejar partir a su pueblo para que le encuentre en el desierto y le sirva allí libremente.

Y te advierte una vez más que si rehusas obedecerle, mañana mismo hará venir la langosta sobre todo tu territorio, en número tan grande que cubra el suelo; y devorará lo que ha quedado tras el granizo; e invadirá los caminos, las casas, los huertos y los graneros: será una irrupción como jamás vieron los padres de tus padres, desde la creación hasta hoy».

Volvieron luego la espalda al Faraón y salieron.
Entonces los siervos de éste le dijeron:

«¿Hasta cuándo nos traerá desgracias ese hombre? Deja que esa gente se marche y sirva en paz a su Señor. – «¿No ves que Egipto ha quedado desolado?»

Y llamaron, pues, a Moisés y Aarón y los persuadieron para que volviesen al Faraón, que les dijo:

«Id y servid al Señor Dios vuestro. Pero, ¿quiénes van a marchar?»

Respondió Moisés: «Partimos todos: con nuestros niños, y nuestros ancianos, y las mujeres, y los rebaños; porque hemos de celebrar una fiesta del Señor».

Dijo el Faraón con gesto desconfiado: «Que el Señor sea testigo que yo os dejo marchar, a vosotros y vuestros niños. Pero hay alguno entre vosotros que alimenta malas intenciones. . . Marchaos, pero solamente los hombres».

Y los alejó de su presencia.
Dijo entonces el Señor a Moisés: «Extiende tu mano y que la langosta invada toda la tierra de Egipto».

Moisés tendió la mano y el cayado sobre Egipto y el Señor hizo soplar un viento caluroso sobre el país que trajo langostas en cantidad incalculable, como no hubo jamás en el pasado ni volverá a haber en el porvenir.

Eran tantísimas que Egipto quedó oscurecido y cubrieron todo el país y devoraron todo lo que había quedado después de la granizada: de modo que no quedó nada verde, ni la hierba de los campos ni los frutos de los árboles.

El Faraón hizo llamar entonces a Moisés y Aarón y les dijo: «De nuevo he pecado contra Dios y contra vosotros». Y agregó luego el Faraón: » «Perdonadme también esta vez y rogad al Señor Dios vuestro que aleje de mí y de mi pueblo este exterminio».
Cuando salió del palacio real. Moisés rezó al Señor; y éste suscitó un viento del Oeste que barrió la langosta y la arrojó al «mar de las cañas» o Alar Rojo.

Pero permitió que se volviese a endurecer el corazón del rey, quien tampoco esta vez dejó marchar a los hijos de Israel.

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Novena Plaga: Las Tinieblas

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTOEl Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo y descenderán sobre la tierra de Egipto espesas tinieblas».

Moisés extendió la mano y durante tres días ocuparon el cielo y la tierra densas tinieblas; los egipcios no se veían los unos a los otros y en aquellos días nadie pudo salir de su casa.

Solamente los hijos de Israel continuaron teniendo aire y sol en sus casas, en la comarca de Gesén.

Fue entonces cuando el mismo Faraón hizo llamar a Moisés y le dijo:
«¡Marchaos, marchaos, por favor! Y haced sacrificios en el desierto al Señor Dios vuestro.


«Que vuestras mujeres y niños partan con vosotros también; mas quédense aquí vuestros rebaños».

Respondió Moisés: «También nuestros rebaños han de venir con nosotros, porque de ellos hemos de escoger las víctimas para los sacrificios. Incluso tú mismo debieras darnos víctimas para los holocaustos que vamos a ofrecer al Señor».

Pero el Señor permitió que el corazón del rey se endureciese aún más, y tampoco esta vez los dejó marchar.

El Señor Habla Nuevamente Con Moisés

Dijo el Señor a Moisés: «Haré venir aún otra plaga sobre el Faraón y sobre Egipto; después, os dejará marchar; él mismo, incluso, os echará de su tierra».

Y Moisés advirtió al Faraón: «Así habla el Señor: Al filo de la medianoche Yo saldré por las calles y pasaré entre las casas de Egipto y morirán todos los primogénitos: desde el primogénito del Faraón que se sienta en el trono al primogénito de la esclava que hace girar la rueda del molino.

Y habrá grandes lamentaciones por todo Egipto, como jamás ha habido. Pero entre los hijos de Israel todo estará en calma, para que se conozca la clara separación que Dios ha hecho entre israelitas y egipcios. Incluso — continuó Moisés — todos tus siervos vendrán a mí e inclinándose me rogarán que parta con todo mi pueblo».

Pronunciadas estas palabras, Moisés dio la espalda al Faraón.

Y el Señor dijo a Moisés: «El Faraón no te escuchará y yo multiplicaré mis prodigios en la tierra de Egipto».

Moisés y Aarón hicieron prodigios ante el Faraón; pero éste no dejó marchar a los hijos de Israel de su país, porque su corazón se había endurecido.

Institución de la Pascua

El Señor quiso que el día memorable de la liberación fuese recordado con un rito solemne.

Eran los primeros días del Abib o mes de las espigas (aproximadamente, nuestra época de marzo y abril), cuando el Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Sea este mes el principio del año religioso, v el día diez, cada cabeza de familia adquiera un cordero — o un cabrito —, sin defecto alguno, macho y de un año.

Sea alimentado hasta el día decimocuarto y por la noche de ese día toda la asamblea de Israel, reunida, lo sacrifique al Señor. Luego, asado al fuego, cómase en la misma noche, con pan ácimo (sin levadura) y lechugas silvestres y amargas.

Que todos lo coman así: ceñidos los costados, con los pies calzados y el bastón en la mano, en la actitud de quien se pone en camino: es la Pascua ( o el Paso) del Señor».

E inspiró el Señor a Moisés que dijera estas cosas.

Moisés llamó a todos los ancianos de Israel y les repitió la orden:
«Escoged un cordero sin mancha para vuestras familias y celebrad la Pascua.

«Con un manojo de hisopo, mojado en la sangre recogida en el plato, untad el dintel de la puerta y que ninguno de vosotros salga hasta la mañana.

Por la noche pasará el Señor para castigar a los egipcios, pero no entrará en las casas cuya puerta esté teñida de sangre, ni permitirá al destructor que entre en ellas para herir. Observad todo esto como ley perpetua, para vosotros y para vuestros hijos: y una vez entrados en la tierra prometida por el Señor, observad este rito solemne.

Y cuando vuestros hijos os pregunten qué significa, les responderéis: ‘Es el sacrificio de la Pascua (o Paso) del Señor, cuando Egipto, pasó castigando las casas de los egipcios y salvó las casas de Israel; y ayudó a nuestro pueblo a pasar de la esclavitud del Faraón a la libertad del desierto, donde debía encontrar a su Dios’.

«En vuestros relatos a los hijos y a los hijos de vuestros hijos se transmitirán, como un patrimonio de fe esencial, estas palabras: Patres nostri annuntia verunt nobis: nuestros padres nos refirieron estas maravillas de Dios».
Al oír estas palabras, los ancianos se inclinaron en señal de acatamiento.

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Décina Plaga: Muerte de los Primogénitos de  Egipto

muerte de primogenitos


Hacia la medianoche, murieron todos los primogénitos de Egipto: desde el primogénito del Faraón que se sentaba en el trono al primogénito del prisionero que estaba en la cárcel.

Y el Faraón y sus siervos y todos los egipcios se levantaron de noche, y en todo el país hubo llantos, porque no existía una casa donde no hubiera un muerto.

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTOCuando vio toda Ja tierra blanqueando de huesos y de sepulcros, el Faraón se asustó; y habiendo llamado a Moisés le ordenó que partiese inmediatamente con todo su pueblo y sus rebaños; que se fuese al desierto a hacer sacrificios al Señor.

También los ancianos y los servidores del Faraón ansiaban que llegase la hora de la partida de Israel: «Si no —decían—, aquí morimos todos».

¡La liberación, al fin! Pero ésta no era sólo la fuga de Israel de Egipto, la victoria de Moisés sobre la injusticia faraónica y el cese de una pesada esclavitud, sino algo más profundo y místico: realizaba la aspiración, viva siempre, de poseer la tierra que el Señor había prometido a su pueblo.

Por este objetivo, religioso y nacional, había luchado Moisés valientemente con el Faraón.

Partieron, pues, de Ramesés, en número de casi seiscientos mil y por la prisa de la partida cada cual llevaba entre los pliegues del manto la masa para el pan, todavía ácima. Los hombres adultos a pie, las mujeres y los niños en los camellos y muchos rebaños de toda clase de ganado, se dirigieron en caravana primero a Sucot y luego a Etam, en los linderos del desierto.

En este punto el Señor habló a Moisés y le dijo:
«Di a los hijos de Israel que cambien de ruta y vayan a acampar frente a Baalsefón, junto al mar».