La Reina de Saba Visita a Salomon Historia o Leyenda Enigma Riqueza



Historia: La Reina de Saba Visita al Rey Salomón

La Reina de Saba es  personaje bíblico,  que según la leyenda creó la primera dinastía real como Makeda, esposa del rey Salomón. El libro de los Reyes de la Biblia  relata su visita a la corte de Salomón, en Jerusalén, con una caravana de camellos cargados de especias, oro y joyas, movida por la esperanza de impresionar al rey con su riqueza. Sin embargo, el esplendor de la corte de Salomón la abrumó, atribuyendo su prosperidad y la de sus súbditos al dios hebreo Yahvé. La reina acosó a Salomón con capciosas o complicadas preguntas y quedó sorprendida ante el conocimiento revelado por sus respuestas.

Dice la Biblia que Salomón respondió a todos los enigmas que le planteó la reina de Saba. Pero la reina misma es un enigma: ¿De dónde venía? ¿Por qué emprendió el viaje desde Etiopía hasta Jerusalén? ¿Y quiénes son esos falachas que dicen descender de ella?

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No es posible eludir la figura de la reina de Saba. Se la menciona en la Biblia -aunque sin darle nombre propio-, y en el Corán, con el nombre de Balkis, denominación que, por cierto, lleva la heroína de numerosos relatos árabes y persas. Tiene un lugar tan importante en la tradición etíope -se la llama Makedo– que los emperadores y los falachas (los judíos de Etiopía) han optado por considerarse descendientes de ella.

En la Biblia, el largo pasaje del libro de los Reyes, dedicado al reino de Salomón, se compone de dos partes. En la primera de ellas, donde se consignan los grandes y nobles actos del rey, se relata la visita de la reina de Saba a Jerusalén.

Intrigada por las historias sobre la fabulosa riqueza y la sabiduría del rey Salomón, la reina de Saba viaja de Arabia a Jerusalén para reunirse con él, según esta pintura del siglo XV.La Biblia (Libro de los Reyes, 10:10) recoge que el rey Salomón, rey de Judea, en su visita al reino de Saba, recibió innumerables presentes en oro, especias y piedras preciosas de la reina que en aquel momento dirigía el país. El pasaje Bíblico se refiere a la reina Makeda. Ambos, más tarde, tendrían un hijo juntos, de quien el rey Salomón, recuerda el gran parecido físico que el niño tenía con su abuelo, el legendario Rey David.

¿De dónde venía la reina? El reino de Saba ocupaba un territorio que actualmente forma parte de Yemen del Norte, en la parte suroeste de la península arábiga, y cuya capital era Marib. Pero los sabeos también habían fundado colonias más al Norte; es decir, más cerca de Jerusalén, y se supone que fue de una de esas colonias de donde partió la reina de Saba.

¿Por qué Jerusalén? La identidad de la Reina de Saba ha sido durante mucho tiempo un tema de debate. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que se trata de Makeda, la reina etíope.

Según el folklore etíope, cuando el príncipe Tarmin volvió de un viaje comercial a Israel, trajo información sobre la sabiduría del gran Rey Salomón. A Makeda le fascinó lo que le contaron sobre el monarca de Judea y preparó una caravana cargada de regalos para vivsitar a semejante personaje.



El relato bíblico asegura que la reina, atraída por la enorme «fama» de Salomón, había acudido para «ponerlo a prueba por medio de enigmas». Sin embargo, la riqueza del reino de Israel sin duda no era ajena a los motivos del viaje.

En efecto, el texto menciona también que se realizó un intercambio de mercancías: la reina aportó grandes cantidades de plantas aromáticas, piedras preciosas y 120 talentos de oro; en tanto que el rey «prometió a la reina de Saba todo cuanto ella deseara, sin contar los obsequios que k había dado». Sabiendo que los sabeos eran grandes comerciantes, puede suponerse que desde entonces se establecieron relaciones comerciales entre los dos pueblos.

Una riqueza como para dejar sin aliento «La reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que él había construido, los alimentos de su mesa, las habitaciones de sus sirvientes, la calidad de sus criados y sus libreas, sus escanciadores, los holocaustos que ofrecía en la casa del Señor, y quedó sin aliento.»

Al encontrarse, el rey y reina se enamoraron mutuamente, quedando ella admirada de los conocimientos de él, él, de la inteligencia y hermosura de Makeda. Según la tradición etíope, de este amor nacería Menelek, con quien daría comienzo la más larga dinastía real.

Los soberanos de Etiopía

La leyenda etíope cuenta que el rey Salomón y Makedo se amaron y que de su unión nade un hijo, Menelik. Este Menelik, soberano judío, habría de ser el primer emperador de Etiopía. Dicha leyenda surgió muy tardíamente, durante el siglo XIII o el XIV.

A partir de ella, todos los emperadores de Etiopía ostentan el título de «león vencedor de la tribu de Judá», y su emblema, que représenla una estrella de seis picos, recuerda la estrella de David. Se pueden encontrar indicios de esta leyenda en la existencia de un judaísmo etíope, que por su parte ejerció una gran influencia sobre el cristianismo de este país; ése es el motivo, por ejemplo, de que los cristianos de Etiopía practicaran la circuncisión .de los varones inmediatamente después de balizado su bautismo.

Las peculiaridades de los falachas

El origen de los falachas, los judíos de Etiopía, sigue siendo un tanto oscuro. La opinión pública descubrió su existencia en 1985, cuando llevaron a cabo una emigración masiva desde Sudán hasta Israel. Gracias a un acuerdo del gobierno marxista-leninista de Addis Abeba, esa pequeña comunidad de judíos negros recibió autorización para subir a los aviones que los llevarían a Jerusalén.

Diez años antes, cuando el gran rabino sefa1í de Israel había reconocido a los falachas , como judíos, los había emparentado con el pueblo elegido, retomando la teoría que hacía de ellos los descendientes de la tribu descendiente de Dan había sido deportada a Asiría por Sargón, rey de Babilonia; desde ahí, atravesando Yemen, pudo haber llegado a Etiopía.

La reina de Saba, la tribu de Dan: dos de las muchas maneras de describir un itinerario de la diáspora. Una cosa es cierta: la implantación del judaísmo en Etiopia es muy antigua y esto, por lo demás, es lo que dio tiempo a los falachas para desarrollar sus numerosas peculiaridades: su mesías, que se llama Théodoros, debe reinar durante 40 años en Jerusalén y luego otros 40 años en Etiopía antes de que se abra la era de la paz universal; los falachas tienen monjes y monjas; no creen en el Talmud y sólo reconocen la ley escrita; su Tora no está escrita en hebreo sino en lengua gueza, es decir, en etíope antiguo; además, practican la excisión, de acuerdo con la tradición de los países del Cuerno de África.

Una lectura de la Biblia

Más que por su simple realidad histórica, verdaderamente poco accesible, la visita de la reina de Saba a Salomón interesa a aquellos que ven en la Biblia un libro inspirado, que debe interpretarse, es cierto, pero que es el medio elegido por Dios para indicar su voluntad a los fieles.



Salomón le había pedido a Dios que le diera sabiduría, una sabiduría que debe entenderse a la vez como una actitud de sumisión ante la voluntad divina y como una capacidad de discernimiento; precisamente lo que el rey demostró tener en su célebre juicio.

En el relato bíblico, el papel de la reina de Saba es demostrar que, incluso para los gentiles -los que no son judíos-, la sabiduría de Salomón y la prosperidad del reino que le fue confiado son un signo del inmenso poder del Dios de Israel. «Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel», dijo a Salomón la reina de Saba. «Porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.» Salomón, creyente consumado, es así un signo para los que no creen.

La declaración de la reina de Saba muestra, asimismo, la dimensión verdaderamente universal del mensaje divino, aun si éste se dirigía entonces de manera privilegiada a el pueblo elegido.

Jesús utilizaría este episodio de la reina de Saba contra sus correligionarios que se negaban a reconocerlo como lo que era: «El día de juicio, la reina del Mediodía se levantará con esta generación y la condenará, pues ella vino del fin del mundo para escuchar la sabiduría, de Salomón. ¡Pues bien!, aquí hay algo más que Salomón.»

Homenaje de la reina a Salomón

«Era muy cierto lo que yo había escuchado en mi país sobre tus palabras y sobre tu sabiduría. No podía creer lo que se decía hasta que vine y lo vi con mis propios ojos; ¡pero no me habían revelado siquiera la mitad! Tú superas en sabiduría y en cualidades la reputación de que escuché hablar. Dichosa tu gente, dichosos tus sirvientes, que pueden estar permanentemente ante ti y escuchar tu sapiencia. Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel; porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.»

Ver: El Cristianismo en África

Traducción ecuménica de la Biblia (1 Reyes X, 6-9)

Fuente Consultadas:
Los Últimos Misterios del Mundo Reader´d Digest
Wikipedia
Los Misterios de la Biblia.

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