Bandas de Rock Nacional

Historia de la Música en Argentina Primeros Compositores

Primeros Compositores de Argentina
Historia de la Música

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Período de la Organización Nacional : El período comprendido entre los años 1852 a 1910, representa la incorporación de la música argentina a los grandes centros europeos.

Desde 1848, Buenos Aires disfruta de temporadas lírico-dramáticas que hasta el día de hoy se desenvuelven año tras año con escasas interrupciones. En 1825 se representa la primera ópera completa en Buenos Aires, era el Barbero de Sevilla. Durante largos años, el cultivo de otros géneros no había alcanzado a equilibrar en intensidad la fervorosa atención dispensada a las manifestaciones operísticas.

Coexistían el teatro lírico y la música de salón, y con menor frecuencia se efectuaban sesiones de conciertos vocales e instrumentales. En general, las actividades musicales distaban mucho de la homogeneidad requerida, si bien gozaban de reconocido aprecio.

A partir del último cuarto del siglo XIX, han de arraigar fructíferamente en Buenos Aires la música de cámara, con el repertorio clasico-romántico de tríos, cuar tetos y quintetos, el pianismo de los grandes maestros y los conciertos sinfónicos, con frecuente inclusión de obras de autores ya consagrados y de otros contemporáneos.

La actividad musical se desenvolvió durante varios años en torno de dos focos principales: la ópera, en el Teatro de la Victoria, y la música vocal e instrumental de cámara, en los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Buenos Aires, Ambas demostraciones concentraron el interés de los aficionados, aun cuando la periodicidad de los espectáculos operísticos era mucho mayor que la de las sesiones filarmónicas.

Frente a la absorción ejercida por la música lírica, no desmayan las gestiones encaminadas hacia otro sentido de la actividad musical. El compositor y cantante español José Amat será quien promueve desde la Sociedad Filarmónica estas nuevas ac tividades.

En el aspecto polifónico-vocal, fue inestimable la contribución a la cultura del país de la “Sociedad Alemana de Canto”, fundada en 1862 para “estudiar y hacer conocer música alemana”, especialmente composiciones corales. Incluyó así obras   de Haydn, Mendelssohn, Mozart, Schumann, Wagner y otros maestros.

Fueron numerosos los conjuntos dedicados a un repertorio sorprendentemente variado y amplio, sobre base clasico-romántica incorporando autores contemporáneos. Algunos de los primeros conciertos sinfónicos que se efectuaron en Buenos Aires fueron auspiciados por la “Sociedad del Cuarteto”, conjunto creado en 1910.

A pesar de los esfuerzos realizados al respecto, la crítica señalaba la falta de ambiente adecuado y de gusto por lo sinfónico y hacía constar la necesidad de abrir una vía a los jóvenes, y arraigar los conciertos populares. En esta labor de arraigo de los conciertos sinfónicos ocupa un destacado lugar la labor llevada a cabo por Alberto Williams.

La enseñanza de la música :
En este aspecto, la tradición del país se remonta hasta el período de la dominación hispánica. Nacionales y extranjeros imparten enseñanza y se forman varias generaciones de artistas y aficionados que cuentan con el estímulo de un medio en don de la música es altamente apreciada. Hacia el final del siglo, varios destacados músicos argentinos emprenden en Europa las más exigentes disciplinas bajo la guía de autorizados pedagogos.

Alrededor de 1860 crece la llegada e incorporación de músicos extranjeros, algunos de probada valía, cuya formación es en muchos casos italiana.  Tres lustros más tarde se ha formado en Buenos Aires un verdadero ambiente musical en donde descuellan algunos compositores, concertistas y profesores de renombre.  La pieza de salón y las artificiosas fantasías sobre temas operísticos, comienzan a dar lugar paulatinamente a las obras magistrales de clásicos y románticos que comienzan a ser divulgados.

La Gaceta Musical de Buenos Aires realiza una tesonera labor en pro de la creación de un Conservatorio Argentino, a pesar de la hostilidad e incomprensión por parte de algunos sectores, esta labor dará sus frutos con la creación en 1874 de la Escuela de Música y Declamación de la Provincia de Buenos Aires. Las funciones del director fueron desempeñadas por Nicolás de Bassi.

Las clases comprendían : composición e historia musical, solfeo y lectura musical, canto, declamación, piano, órgano, violín y viola, violoncelo, contrabajo, instrumentos de viento de madera, instrumentos de viento de cobre, arpa. Se creaba asimismo una Comisión cuyos miembros tenían la función de inspeccionar el funcionamiento de las clases y el estricto cumplimiento de los reglamentos de la escuela.

La institución prosiguió su labor pese a los obstáculos y dificultades materiales, afrontando la oposición de quienes no apreciaban el alcance y significado de la educación musical debidamente sistematizada. La Escuela de Música proporcionaba tos trumentistas de orquesta, cantantes y profesores de música, y su influjo era perceptible en el nivel cultural de Buenos Aires. En 1882, por falta de una subvención nacional que pudiera suplir la provincial que había sido retirada hacía tiempo, no pudieron pagar se las deudas de alquiler. Los instrumentos fueron vendidos en pública subasta, extinguiéndose de este modo esta institución.

Pero la simiente ya se había propagado. En 1880 el compositor Juan Gutiérrez había fundado el Conservatorio de Música de Buenos Aires, de índole privada. Una “escuela de música de la capital” funcionó también en 1880 bajo la dirección de Ricardo Pérez Camino.

Clemente Greppi, director de los coros de niños del Teatro de la Opera y del Nuevo Teatro Colón, hacia 1910, fue uno de los primeros en estimular el interés por la música en el medio escolar, mediante la acción   mimada conjunta con la práctica musical, la composición de zarzuelas adecuadas para ser representadas en escuelas, y la adopción de técnicas muy cercanas a las más modernas.

La última década del siglo pasado presencia la sucesiva y rápida erección de conservatorios y la creciente demanda de profesores de música.  En 1893 inaugura Alberto Williams el Conservatorio de Música de Buenos Aires, con planes de estudio com pletos y eficiente dotación de profesores. Muy pronto se núcleo en este instituto una significativa promoción de músicos.

En el Conservatorio Santa Cecilia se reunieron renombrados compositores, concertistas y profesores de origen italiano.  Poseía   un amplio cuerpo de profesores cuyas enseñanzas se extendían a las distintas disciplinas vocales e instrumentales, y el ámbito de la composición.

La necesidad de un instituto de índole oficial para sistematizar la enseñanza de la música se reiteró en varias oportunidades. De 1924 data el funcionamiento de una casa de estudios que respondiera a tales aspiraciones, con planes de estudio completos, enseñanza intensiva y una verdadera adecuación a las necesidades y el desarrollo del país. Este instituto es el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, y conserva el nombre de quien fuera su primer director.

Pimeros compositores argentinos :

En el transcurso del período 1852-1910 paulatinamente, y a pesar de circunstancias no siempre favorables, fueron surgiendo personalidades artísticas en el ámbito de la composición musical, muy diversas entre sí, en cuanto a las condiciones de su formación y de la efectividad de su rendimiento, pero que testimonian, en conjunto,   la, consecución de una fecunda etapa en el crecimiento del país.

A la labor realizada durante el citado período se debe el arraigo de una tradición musical argentina, cuyo desarrollo y plena expansión es periódicamente afectado por ñuctuaciones de diverso origen.

Entre los numerosos compositores argentinos podemos seleccionar a quienes nos proporcionaron un ordenamiento vertebrador y nos hacen asequibles las orien taciones esenciales de la música argentina en ese período : Juan Pedro Esnaola, Francisco Hargreaves, Alberto Williams, Arturo Beruti, Héctor Panizza y Constantino Gaito.

Las condiciones de sus respectivas formaciones musicales fueron muy diversas así como el alcance de su labor creadora.  Podemos considerar a Buenos Aires como el foco casi único de dichas actividades, si bien Tucumán, Córdoba, Mendoza y posteriormente La Plata alentaron cierta acción local.

Desde 1880 se desenvuelve una conciencia de la situación artística y social de los compositores. Se señala una concentración de los esfuerzos de los compositores en el género lírico-dramático, pero al mismo tiempo, hará eclosión en la música argentina la sinfonía, y luego el poema sinfónico de inspiración étnica que establece una línea de avance del nacionalismo musical.

Juan Pedro Esnaola ( 1808-1878 ) es la personalidad más destacada del período rosista y de los primeros años posteriores.  Fue el único de su época que supo mantener una continuidad efectiva en su labor de compositor, a pesar de las diversas funciones públicas que le fueron encomendadas.  Tempranamente había podido adquirir un nivel de formación europea gracias a su viaje a Europa. Desde 1822, año en que se inicia su actuación artística, recorre varias etapas. Esnaola efectuó el arreglo,publicado en 1860, de la música del Himno Nacional Argentino, original de Blas Parera, versión de setenta y siete compases en Mi bemol mayor. En 1944 un decreto oficializó la versión de Esnaola.

Salustiano Zavalía ( 1808-1873 ), hombre de intensa actividad pública que se destacó como compositor para guitarra y flauta. Parece haber sido un precursor del nacionalismo musical.

Amaneio Alcorta ( 1805-1862 ) es considerado como el decano de los compo sitores argentinos, a pesar de que la casi totalidad de sus obras se ha perdido, y lo poco que se conserva está disperso. Con posterioridad a su fallecimiento, no se extin gue su prestigio musical sino que alcanza a formar parte de la música argentina.

Todos estos compositores reflejan, en mayor o menor medida, su admirado por los operistas más difundidos en ese entonces : Mozart, Bellini y Rossini. Su pianismo no es ajeno a la evolución de la estilística del instrumento que se produce en Francia, y también está influido por los inicios del romanticismo musical.

Minués, valses y cuadrillas fueron las obras que ofrecieron a la sociedad de la época. Se los considera como integrantes del ciclo de la música argentina de salón. No por esto dejaron de incursionar en obras de contenido religioso. Esnaola y Alcorta dedicaron atención a la música litúrgica, que en algunos casos adoptó la polifonía vocal con acompañamiento de instrumentos.

Nicanor Albarellos ( 1810-1891 ), a pesar de ser predominantemente un intérprete, puede ser considerado como el nexo con las líneas subsiguientes de avance de la música argentina y precursor del nacionalismo musical. Se dedica a la tarea de recolectar melodías criollas, que más tarde serían incluidas por Hargreaves en sus composiciones.

Una promoción de músicos nacidos alrededor de 1830 establece un nexo de continuidad artística hasta la aparición de una pléyade de compositores, hacia 1880, en cabezados por Hargreaves.

En esta segunda generación   tiene lugar la incursión inicial por el sinfonismo, el nacimiento de la ópera argentina, la eclosión del nacionalismo musical, todo ello coexistiendo con la música de salón.  Por primera vez tiene lugar en el país la sistematización de la enseñanza musical en sus diversas disciplinas, y se consolida el ejercicio de la crítica musical y el interés en torno de la actividad artística europea.

Contemporáneamente, arraiga en Buenos Aires la música de cámara gracias a la actividad desarrollada por la Sociedad del Cuarteto, a través de la frecuentación de un amplio repertorio de los grandes maestros europeos.  Los conciertos sinfónicos fueron abriéndose paso como institución de la vida cultural porteña.  Surgía la conciencia de las posibilidades que el país podía desarrollar a través de las dotes de sus músicos, ya fueran intérpretes o compositores.  Los compositores argentinos comenzaron a obtener algún apoyo oficial que les permite capacitarse con mayor efectividad en los centros europeos.

Coetáneamente se incorporan numerosos compositores e intérpretes extranjeros, en su mayoría españoles e italianos, algunos verdaderamente destacados, que dan a conocer el más avanzado repertorio musical de la época.

Francisco Hargreaves ( 1849-1900 ) encabeza la segunda generación importante de músicos argentinos, (la tercera cronológicamente ) . Es el primer músico argentino que se decide a encaminar una significativa parte de su obra en el nacionalismo musical. Es uno de los nexos de continuidad de la tradición nacionalista musical, comenzada por Albarellos y que desembocará en Alberto Williams y Julián Aguirre. Hay en Hargreaves una cierta tendencia hacia lo fantástico, visionario, exótico. Sus primeras composiciones trasuntan rasgos de sorprendente virtuosismo instrumental y una elaborada escritura pianística, casi lisztiana. Para este instrumento compuso numerosas piezas.

Las milongas y los tristes compuestos por Hargreaves poseen un intrínseco valor musical que se manifiesta aun en la actualidad, en el acierto, la sugestión y el equilibrio de los elementos formales, aun cuando no desmienten su procedencia de la música de salón. Cultivó también un género que tuvo gran difusión en Europa y América: el melólogo, creado al parecer por Juan Jacobo Rousseau en 1770. Este es una acción escénica a cargo, por lo general, de un solo personaje, simultánea con un acompañamiento instrumental que puede ser sinfónico. En el género vocal, la producción de Hargreaves se concreta en varias obras que incluyen las manifestaciones religiosas.

En Hargreaves coexisten la búsqueda de la conformación de un léxico musical cultivado y artístico, con los requerimientos de ciertos núcleos sociales y las condiciones del gusto propias de la época. El esfuerzo más notorio, y que puede considerarse como el inaugural, lo realiza Hargreaves en el dominio del teatro lírico, con la composición de sus óperas “La gata blanca”, “II vampiro”, “Los estudiantes de Bolonia”,”Psyche” y “Una noche en Loreto”, las dos últimas sin estrenar. El estreno en 1877 de “La gata blanca” significó el estreno de la primera ópera argentina.

Poco después de 1880 es registrada en los medios artísticos de Buenos Aires, la aparición de dos jóvenes músicos, cuyas personalidades se caracterizan en ciertos rasgos, de manera bien diferenciada respecto de la de sus predecesores inmediatos. Ellos son Arturo Beruti y Alberto Williams cada uno de los cuales se orien tó hacia géneros diferentes, el primero hacia el lírico-dramático, el segundo hacia el instrumental.

Arturo Beruti ( 1862-1938 ) Una beca oficial le permite perfeccionarse en Europa, especialmente en Francia y Alemania. En el viejo mundo comienza su producción operística que alcanzará una gran difusión en la Argentina. Entre sus obras más sobresalientes podemos mencionar a “Vendetta”, “Evangelina”, “Taras Bulba”. En Buenos Aires escribe “Pampa”, “Yupanki”, “Khrysé” y “Hórrida Nox”. En 1919, estrena en el Teatro Colón “Los Héroes”, originariamente destinada al Centenario de Mayo estaba basada en un relato de Vicente Fidel López y ambientada en la Campaña de los Andes. Fue cantada en italiano.

La heterogeneidad de los materiales conocidos, y la ausencia de un índice su ficientemente clarificado para la confrontación de los mismos, son uno de los factores que tornan dificultosa la apreciación amplia y cabal de la obra de Arturo Beruti. Mientras que se realzan aspectos ignorados por sus contemporáneos, son dejados aquellos que le valieron la apreciación del momento y que muestran una excesiva sujección a los gustos de la época.

Alberto Williams   ( 1862-1952 ) desarrolló una intensa labor en el campo de la dirección orquestal, la composición, la investigación del pasado musical y la forma ción de los futuros músicos. Desde los comienzos de su carrera fue plenamente reconocido en sus valores y alentado en su perfeccionamiento. El gobierno le otorga una subvención para el perfeccionamiento durante cuatro años en Europa. Allí estuvo en contacto con altas personalidades de la música europea que lo tuvieron como alumno.

De regreso en Buenos Aires, dirige Williams su Primera Obertura de Concierto, que se ha incorporado al repertorio sinfónico argentino y perdura incólume en su brío y su lirismo comunicativo. En sus posteriores sinfonías, que alcanzarán el número de nueve, el léxico del compositor se muestra bien conformado en su estructura, de sutil y penetrante armonización, animado por momentos de fuerza dramática.

La melodía de Williams posee una amplitud y flexibilidad muy características A lo largo de su dilatada carrera asistió a notables mutaciones en los gustos y los procedimientos desarrollados por sucesivas promociones de músicos. Así desde Richard Wagner y César Franck, maestros que admiró y supo difundir en Buenos Aires a través de sus ciclos de conciertos sinfónicos; Claude Debussy que asimiló entrañablemente en aspectos en los cuales brillaron sus características personales; los sistemas de la politonalidad y polimodalidad, junto con las manifestaciones de la contemporánea creación musical centroeuropea.

En 1890, con su obra para piano “El rancho abandonado” inicia su derrotero nacionalista. Su nacionalismo trata de incorporar la sugestión paisajista conjuntamente con las características melódicas y rítmicas criollas, incluyendo alguna incursión en el pentatonismo incaico.

La amplia labor docente de Alberto Williams se nuclea alrededor del Conservatorio fundado por él en 1893 y a través del cual intentó transmitir a las nuevas generaciones musicales los logros alcanzados por la música europea y la nacional.

Julián Aguirre ( 1868-1924 ) Su nombre aparece ligado íntimamente al desarrollo del gusto y la cultura musical en la Argentina. Desarrolló las etapas de su formación artística en España. Se incorporó al núcleo de profesores del conservatorio fundado por Alberto Williams. Su labor se distingue por ser una de las primeras que influyó efectivamente en la elevación del nivel del gusto musical, en el conocimiento de los grandes autores, en particular los del romanticismo germano, en predisponer las posibilidades del público en la apreciación de las nuevas obras.

Dotado del don de la improvisación, se muestra comunicativo, bien proporcionado, aparentemente espontáneo en una música que se caracteriza por su lucidez y cuidada elaboración. Sus piezas de inspiración nacionalista no desmienten cierto parentesco con la música de salón y nos brindan clarificados ejemplos de nuestras espe cies líricas criollas. En este aspecto pueden citarse sus “Aires Criollos”, “Aires nacionales”, “Huella”, “Gato”, “Canciones”, “Tristes”. Se muestra particularmente afortunado al abordar los elementos captados del contorno urbano porteño : el Estilo y la Milonga.

También en la canción de índole escolar, alcanzó Aguirre algunas de sus mejores páginas, colocando a nuestro pafs en un lugar descollante en ese terreno.

Héctor Panizza ( 1875-1967 ) tuvo una descollante actuación en los más importantes teatros líricos del mundo, en la ardua tarea de concertar y dirigir temporadas completas y ciclos sinfónicos. Ajeno al nacionalismo musical, dio cuenta de la paulatina afirmación de su saber   y su capacidad de compositor en el género lírico-dramático, sinfónico y de cámara, al compenetrar su formación italiana con el sutil gusto armónico e instrumental francés. Es uno de los primeros operistas argentinos, tanto en su ubicación cronológica como en el nivel alcanzado tras una paulatina y firme evolución.

Pascual De Rogatis ( 1881-1980) ocupa un lugar señero como compositor de elevada calidad lírica. Representa un principio consciente y activo hacia una más vigorosa caracterización étnica y americanista en nuestra música, frente al absorbente predominio de los modelos italianos y franceses. Se da en él la presencia de un clima sonoro distinto al de la sobretensión romántica, que hace de su música algo nítido y líricamente distendido, que posee sensibilidad moderna.

Carlos López Buchardo ( 1881-1948 ), aparece con rasgos destacados en los comienzos de nuestro siglo. Alcanzará, un plano de realización magistral en nuestra música. Su primera etapa manifiesta sus dotes musicales superiores, la calidez de su armonía y una captación de las proporciones, donde se reflejan sus influencias   de Massenet y Puccini. La única expresión estrictamente operística de Carlos López Buchardo fue “II sogno di Alma “, cuyo estreno en 1914 constituyó un verdadero acontecimiento artfstico y social.

La ópera argentina : Las manifestaciones más destacadas y elocuentes propias del desenvolvimiento de la música argentina señalan el predominio casi exclusivo, hasta 1910, del género lírico dramática.

Las condiciones culturales de nuestra nacionalidad en el aspecto musical, la índole y la diversificada amplitud en el repertorio operístico aquí frecuentado con continuidad y desde tiempo atrás, pueden ser apreciadas como uno de los estímulos eficientes en tal sentido. Resultaba atrayente la oportunidad que podía ofrecer al compositor local la representación de sus óperas efectuada por los mismos prestigiosos intérpretes que tenían a su cargo el repertorio lírico de mayor difusión y prestigio.

De este modo, la actividad de los músicos argentinos se orientaba hacia el género que podía exteriorizar de manera cabal su consagración y reconocimiento por parte de autorizados críticos, empresarios de compañías líricas, editores de música y calificada concurrencia.

Durante este período, las óperas argentinas fueron cantadas, con alguna excepción en idioma italiano.  La ópera italiana ha de alcanzar en algunas de sus más significativas presentaciones un brillo suntuoso en rutilantes salas de Buenos Aires, ante una expectativa reflejada y mantenida por los comentarios periodísticos y notas críticas.

Se considera unánimemente a “La gata blanca”, música de Francisco Hargreaves, como la primera ópera de autor argentino. Fue estrenada por una compañía lírica italiana en 1877. Esta obra lírica breve, en cuanto a su extensión material, alcanzó una cálida recepción por parte del público. Esta obra puede ser considerada como un precedente histórico valioso para el estudioso, pero desvinculado de los intereses espontáneos de las generaciones subsiguientes.

En 1895 se estrena, en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, “Taras Bulba”, drama lírico cuya música pertenece a Arturo Beruti.  La presentación en Buenos Aires venía precedida por el éxito de su estreno mundial en Turín. La presentación material de esta ópera, los trajes y los decorados, fueron apreciados como manifestaciones de una riqueza deslumbradora.

El gusto de entonces reconoció la ciencia polifónica, la habilidad contrapuntística, la frecuente mutación de ritmos, reprochando en parte cierto exceso en la instrumentación y preocupación por la originalidad. Actualmente, se puede afirmar que Taras Bulba indica no sólo el comienzo de un desenvolvimiento histórico de la ópera argentina, sino también el punto de partida de una fecunda reconsideración actual de la personalidad artística de Arturo Beruti, y de su significado en el desarrollo de nuestra música.

El estreno de “Pampa” del mismo compositor, marca el ascenso a la escena lírica, por primera vez, del léxico musical de inflexiones criollas, a través de lo que más tarde viene a representar la primera promoción nacionalista en la música ar gentina. La critica señaló que “lo único realmente característico son los bailes y aires criollos, hábilmente traídos, instrumentados y condimentados para la circunstancia”.

En 1897 se estrena la ópera de Panizza, “II fidanzato del mare”. De este modo hace su aparición en la escena lírica porteña el músico argentino de carrera ar tística más dilatada de nuestra historia, La índole poética y decididamente romántica del argumento estimulaba las dotes sinfonistas del compositor. Dio oportunidad a Panizza para exhibir un léxico armónico sólido y coherente, en donde despuntaba un pro misorio estilo evolutivo, plenamente reconocido entonces.

Ver: Siglo XX: Bandas de Rock Nacional

Fuente Consultada:
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Premios Nobel Argentinos Grandes Hombres de Ciencia de Argentina

PREMIOS NOBEL ARGENTINOS

UN POCO DE HISTORIA SOBRE LOS PREMIOS NOBEL ARGENTINOS

En 1943, se produjo un golpe de Estado. En aquellos días, algunos intelectuales decidieron manifestar su oposición a los golpistas publicando una declaración en la que apoyaban la “normalidad constitucional, la democracia efectiva y la solidaridad latinoamericana”.

El médico Bernardo Houssay estaba entre ellos. El gesto le valió la expulsión de la universidad. El científico, finalmente, fundó su propio instituto privado, donde terminó de realizar las investigaciones que le harían merecedor del premio Nobel.

Esa experiencia seguramente alentó a Luis Federico Leloir a fundar, en 1945, el Instituto de Investigación Bioquímica Fundación Campomar. No contó con ninguna clase de apoyo a sus investigaciones, que condujo con equipos y laboratorios sumamente precarios. Es conocida la anécdota que relata que, mientras sus colegas en otros lugares del mundo contaban con las mejores instalaciones, el bioquímico argentino hacía sus cultivos en recipientes de plástico que habían contenido yogur Sin embargo, se hizo acreedor a un premio Nobel.

César Milstein dejó su Bahii Blanca natal para estudiar en la Universidad de Buenos Aireí donde conoció la intolerancia política y la falta de recursos. En 1962, el Instituto Malbrán, en el que trabajaba, fue arrasado por los militares. Al año siguiente, se fue a trabajar al laboratorio de Biología Molecular de Cambridge, en Gran Bretaña.

Esa decisión le evitó padecer la noche de los bastones largos, como se llamó a la brutal golpiza a profesores y estudiantes con la que la dictadura militar termino con el autogobierno universitario en 1966. En 1983, el futuro premio Nobel ofreció su colaboración al nuevo gobierno democrático. Pero siguió residiendo en Cambridge.


1-En 1947, el fisiólogo Bernardo Alberto Houssay (1887-1971) obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por sus investigaciones sobre la glándula pituitaria, que mejoraron el tratamiento de la diabetes.

2-En 1970, Luis Federico Leloir (1906-1987) recibió el Premio Nobel de Química por el descubrimiento de los procesos químicos en la formación de los azúcares en plantas y animales.

3-En 1984 el inmunólogo César Milstein (nacido en 1927) ganó el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por producir anticuerpos capaces de reconocer en la sangre moléculas extrañas a sistema ínmunológico.

En El Bicentenario N°10 , en una nota a cargo del matemático y divulgador científico Leonardo Moledo, describe asi este feliz momento argentino: El Premio Nobel concedido a César Milstein por su trabajo en el terreno de los anticuerpos monoclonales forma una tríada de laureados, junto a Bernardo Houssay y Federico Leloir. Sin embargo, no puede celebrarse como debería, como un triunfo de la ciencia argentina, ya que el trabajo de Milstein se desarrolló en Cambridge, Inglaterra, y responde a la eterna historia de exilio y prepotencia que debió sufrir la ciencia argentina.

En 1962, tras el derrocamiento de Arturo P’rondizi, José María Guido asumió la presidencia de la República. Un tal Tiburcio Padilla se hizo cargo del Ministerio de Salud Pública y una de sus primeras decisiones fue intervenir el Instituto Malbrán, relevando a su director, Ignacio Pirosky, y a cuatro integrantes de la División de Biología Molecular de la institución.

Y resulta que el jefe de la División de Biología Molecular del Malbrán se llamaba César Milstein, y trabajaba en la etapa crucial de un programa de estudios genéticos de enzimas y proteínas, todos muy avanzados para el contexto de entonces, incluso a nivel mundial. Los cesanteados fueron once, a los que hubo que sumar otros trece profesionales que presentaron sus renuncias en forma solidaria, entre ellos César Milstein y su esposa Celia Prilleintensky. La atmósfera que reinaba en el Malbrán se completaba con la sensación generalizada de que allí se estaba desarrollando una campaña aviesa de persecución antisemita.

Poco antes de haber redactado su renuncia, Milstein había enviado una carta a su colega y ex padrino en Cambridge, Frederick Sanger, en la que le decía que estaba “disponible”. Cambridge reaccionó enseguida, y César y Celia hicieron las valijas, partieron hacia Gran Bretaña y en 1964 Milstein estaba en el Medical Research Council de Cambridge, consiguiendo los primeros resultados en el camino de los anticuerpos monoclonales.

Dos décadas después, el 15 de octubre de este año, la academia sueca anunció que había sido laureado con el Premio Nobel de Medicina. Del mismo modo que en la Ilíada los dioses griegos luchaban sobre las cabezas de los guerreros, sobre la ciencia argentina, César Milstein y Tiburcio Padilla libran su batalla interminable. ¿Quién ganará al final?

Fuente Consultada: Sociedad en Red EGB 9 A-Z Editora

UN POCO DE HISTORIA SOBRE LA ENTREGA DE LOS NOBEL DE MEDICINA
REFLEJO DE UNA ÉPOCA

Creado al terminar el siglo XIX y adjudicados por vez primera en 1901, los Premios Nobel son reflejo de esos decenios que alcanzaron a ser bautizados “la bella época” y que para sus protagonistas adinerados era la expresión máxima (y al parecer definitiva y eterna) del mejor estado que podía alcanzar en todos los órdenes la especie humana.

Con ellos se pretendía destacar ante el mundo civilizado a aquellos individuos que realizaran obras, en formas de descubrimientos o invenciones, singularmente dignas de aprecio por su calidad y por la contribución trascendente al mantenimiento y perfeccionamiento de ese estado de bienestar general, que se creía haber establecido firmemente en el planeta.

En el área de la medicina, el primero de esos galardones correspondió a un investigador de la bacteriología, el alemán Emil Adolph von Behring, entonces de 47 años de edad. Gracias a él se había conseguido un método von Behring eficaz para arrancar a miles de personas de las garras inevitablemente mortíferas de enfermedades infecciosas tan temidas como la difteria y el tétano.

Al comprobar que el suero de animales, infectado, bajo circunstancias especiales, con los gérmenes productores de tales enfermedades, adquiría la propiedad de disminuir o impedir el ataque de los mismos en personas que fueran inyectadas con tal suero, von Behring había dado comienzo a la “sueroterapia”, que por varios decenios fue arma única y eficaz contra epidemias cuyo recuento de víctimas fatales se tasaban por millares hasta ese momento.

Contra el cuadro ideal de un mundo muy cercano a la perfección se levantaban insistentemente, como lo venían haciendo desde la remota antigüedad, las enfermedades epidémicas. Algunas de ellas, como el paludismo o la malaria, se consideraban parte inevitable de las condiciones de vida en ciertas regiones, a veces tan importantes como los alrededores de la imperial y sacra ciudad de Roma; otras, como la tuberculosis, tenían carta de naturaleza aún en los más elevados estratos sociales, donde la palidez, la tos persistente, la sensación de gran debilidad y permanente desgano vital, no se miraban con repulsa o preocupación sino con ojos comprensivos, como a uno de los finos estigmas propios de quienes tenían la delicada complexión aristocrática y no la fuerte contextura del gañán campesino.

Pero esa tolerancia hacia la enfermedad era más bien resignación y cuando el combate de los científicos empezó a tener éxito, el aplauso social no se hizo esperar: el primer triunfo importante contra la tuberculosis fue premiado en 1905 en la persona del alemán Robert Koch por haber identificado y cultivado el bacilo causante de este mal, que desde entonces se pasó a conocer como “bacilo de Koch”.

Contra el paludismo, se había premiado ya en 1902 al inglés Sir Ronald Ross, por descubrir que la hembra del mosquito anofeles era el transmisor de la enfermedad de los pacientes enfermos a las personas sanas, y en 1907 al francés Charles Louis Alphonse Laveran, por descubrir el germen mismo de la enfermedad.

Por supuesto, no habían sido descubrimientos realizados ese año ni trabajos del momento; el premio fue el reconocimiento a labores ya cimentadas, que habían tomado largos años para completarse, como continúa sucediendo hoy.

POLÉMICAS NO FALTAN
Siempre es posible que, cuando hay algún tema de gran interés e importancia para la ciencia, más de uno de los investigadores que trabajan en ese campo específico llegue a conclusiones exitosas al mismo tiempo. Rara vez los hallazgos importantes tienen autor único.

El comité del Premio Nobel está siempre muy atento a esta posibilidad y la regla, desde hace más de cuatro lustros, es la premiación conjunta para los dos o tres pioneros de la investigación respectiva.
Pero esa conducta no alcanza a impedir el surgimiento de polémicas, bastante amargas a veces, que giran alrededor de la verdadera primacía en el descubrimiento o por el olvido que perjudica a científicos también autores de trabajos tan importantes como los galardonados.

El primer episodio de esta clase ocurrió muy pronto, en la sexta ocasión del premio (1906) que fue también la primera en que se premiaron trabajos relacionados con el conocimiento del sistema nervioso. El comité consideró entonces que dos de los más respetados sabios europeos del momento, el español Santiago Ramón y Cajal y el italiano Camilo Golgi, merecían la distinción por igual: así la adjudicó y publicó, pero la solemne sesión de entrega tuvo caracteres de emotivo enfrentamiento entre ellos.

Empeñado en dilucidar la compleja anatomía microscópica del cerebro humano y los demás órganos que forman el sistema nervioso, Golgi había ideado, hacia 1873, un método para teñir las células de dichos órganos utilizando sales de plata, pues aquéllas no tomaban bien los colorantes con que se estudiaban otros órganos del cuerpo bajo el microscopio de luz. Con la “impregnación cromo-argéntica”, pudieron apreciarse al fin muchos detalles de la arquitectura encefálica y medular. “

De otra parte, don Santiago Ramón y Cajal, que venía estudiando la anatomía al lado de su padre (profesor de disección en la Facultad de Medicina de Zaragoza, España) desde la adolescencia, ideó hacia 1888 algunas modificaciones al método de tinción de Golgi, consiguiendo aún mayores y más completos datos sobre la neuroanatomía microscópica. Por tal trabajo se llegó a considerar su labor en ese campo tan trascendental como la que en el siglo XVI había realizado, en cuanto a la anatomía general, el gran Andrés Vesalio.

Golgi, de 63 años, y Cajal, de 54, tenían méritos suficientes para el premio en 1906; el mundo científico lo reconocía sin problemas; pero en la sesión solemne ni siquiera intercambiaron saludos protocolarios y sí se oyeron en cambio, inesperados párrafos del discurso oficial de Golgi, con amargas observaciones sobre prioridades y” propiedad intelectual” de los logros galardonados.

Similares situaciones se han planteado en otros años, aunque tal vez de modo menos espectacular. El más reciente episodio fue en 1989, cuando recayó el premio en los norteamericanos Michael Bishop y Harold Varmus, compañeros de trabajo en la Universidad de California en los Ángeles, UCLA.

Trece años antes, en 1976, dieron ellos a conocer los resultados de sus trabajos con un retrovirus cancerígeno, según los cuales el desorden de proliferación celular que llamamos cáncer se inicia por la acción de partículas llamadas “oncogenes”, ligadas a su vez, en ciertos casos, a algunos virus. Pero en la misma línea de trabajo venían otros grupos de investigadores, y la adjudicación del Nobel suscitó declaraciones desapacibles de quienes se sintieron injustamente ignorados a pesar de sus méritos; la polémica subsiguiente aún no se cierra por completo.

Historia de los Grandes Grupos de Rock Internacional The Doors

Historia de los The Doors Grupos de Rock Internacional

The  Doors: Encendiendo el fuego:

Corrían los años sesenta y el tecladista Ray Manzarek junto a sus dos hermanos fundó una banda de rock & blues llamada Rick And The Ravensask, pero ninguno de ellos tenía talento para cantar, por lo que comenzaron la búsqueda de un vocalista.

Por esa época, Ray era estudiante de cine en la UCLA de Los Angeles, y allí tenía un compañero que atesoraba el sueño de ser cantante. Fue entonces que la nueva banda decidió probar la voz de este desconocido, que dijo llamarse Jim Morrison.

The Doors grupo de rock internacional

Al escucharlo, Ray quedó inmediatamente impresionado con la voz de Jim, por lo que no dudó en que fuera parte de su banda.

Poco después ingresó a la agrupación el baterista John Densmore, y con esa formación y bajo el nombre de Rick And The Ravensask grabaron seis demos que hoy son considerados piezas de colección por los seguidores del legendario grupo californiano.

Pero lo cierto es que los hermanos de Ray no estaban satisfechos con el rumbo que estaba tomando el estilo musical de la banda, por lo que decidieron abandonar el proyecto. Así fue que ingresó el guitarrista Robbie Krieger, que era un gran amigo de Densmore, pero jamás lograron hallar a un nuevo bajista, por lo que el instrumento pasó a estar a cargo de Manzarek, quien además tocaba el teclado.

Después de aquella modificación en la formación del grupo, la banda pasó a llamarse “The Doors”, a raíz de una idea aportada por Morrison.

Así comenzaron el típico circuito de actuaciones en bares nocturnos de Los Angeles, que debían afrontar todas las bandas nuevas, iniciándose en el London Fog de Sunset Strip, y más tarde en el Whisky-A-Go-Go. No obstante, solían ser expulsados de los clubes y no les permitían volver a tocar, debido a que ya desde los comienzos Morrison se mostró como un personaje totalmente controversial.

Incluso, en una oportunidad su show fue finalizado abruptamente, luego de que la banda interpretara la canción de su autoría titulada “The End”, que para los dueños del club en el que se encontraban actuando iba demasiado lejos. Aquella canción fue precisamente la que logró que los productores de Elektra Records pusieran su atención en The Doors, y les ofrecieran un contrato.

En 1967 se lanza el primer álbum de la banda, con un título homónimo que incluyó el exitoso corte “Light My Fire”. El disco demostró el talento y poderío de la banda, que supo lograr una fusión perfecta entre el rock, el blues, el jazz y la poesía, mientras que la canción “Light My Fire” fue directo al número uno de los rankings.

Los álbumes que siguieron al debut no lograron superar en calidad compositiva a aquel primer disco, aunque lograron un gran éxito en ventas, sobre todo cuando lanzaron otro de los hits fundamentales de la banda, la canción titulada “Hello I Love You”, que sonaba en todas las emisoras radiales del mundo.

Durante ese tiempo, Morrison fue bautizado como el “Lizard King”, que en español significa el Rey Lagarto, alias que se le adjudicó debido a sus interpretaciones extravagantes en el escenario y su estilo de vida, en el que abundaban las drogas y el alcohol.

Para 1970, la banda lanzó el álbum “Morrison Hotel”, en el que se evidenció la recuperación absoluta de la energía que había caracterizado al primer disco de la agrupación, por lo que se convirtió inmediatamente en un éxito. Meses después sería editado otro clásico: “L.A. Woman”.

Aquel fue uno de los discos más controversiales de la banda, sobre todo por las historias en torno a su producción y grabación, ya que en aquella época la relación entre Morrison y el resto de los integrantes del grupo era realmente pésima, debido a que el abusivo consumo de drogas de Morrison, y sus problemas con el alcohol influía negativamente en las relaciones entre los miembros.

Hastiado de la vida de estrella de rock, y casi consumido por sus adicciones, luego de las sesiones para la grabación de “L.A. Woman”, Jim Morrison decidió mudarse a París. Su intención era comenzar nuevamente, y dejar de ser el famoso cantante de The Doors para convertirse en un reconocido poeta, por lo que intentó comenzar en Francia una carrera literaria.

Lo cierto es que su sueño quedó trunco, ya que el 3 de julio de 1971 su esposa Pam lo halló muerto en la bañera de la casa que compartían. La versión oficial señalaba que Morrison había fallecido por un problema cardíaco, pero lo cierto es que luego de la noticia comenzaron a circular todo tipo de historias en torno a su muerte, incluyendo la versión que sostiene que murió en un club nocturno de París a raíz de una sobredosis, y que luego su cuerpo sin vida fue trasladado a su casa con el fin de encubrir la causa del deceso.

Después de la trágica noticia, los miembros de la banda decidieron no reemplazar a Jim Morrison, por lo que continuaron con el formato de trío, siendo Manzarek el que pasó a ocuparse de la voz líder. Con esa nueva formación, y el permanente peso de la leyenda de Morrison, los Doors editaron dos discos, que evidenció que sin las composiciones y la voz de Morrison ya nada volvería a ser lo mismo.

Ese fue quizás el motivo por el cual decidieron terminar con la banda en 1973. Pero lo cierto es que las puertas no estaban del todo cerradas, ya que en 1978 Manzarek, Krieger y Densmore se reunieron para llevar adelante un proyecto de un nuevo disco, en el que se incluían una serie de poesías que Morrison había compuesto y grabado en París. El álbum resultante fue “An American Prayer”, que inmediatamente se convirtió en un éxito rotundo.

Mientras tanto, a pesar de la muerte, la imagen de Jim Morrison continúa vendiendo millones, y sigue siendo uno de los modelos a seguir más importante para las nuevas generaciones de aficionados al rock.