El Imperialismo Capitalista Europeo

Resumen sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Resumen Sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Los imperialismos, sus clases.
Abusos del sistema liberal

En la historia de la humanidad hemos tomado conocimiento de la existencia de imperios o sea grandes Estados formados por varias naciones que le están sometidas. Así en la edad antigua recordamos los imperios asirio, persa, chino, japonés, medo, romano, etc.; en la edad media, el Imperio Carolingio, el de Alemania, los imperios de Occidente y de Orieste, el de los seleucidas, el otomano, el de los mogoles, etc.; en la edad moderna, e imperio austrohúngaro, el alemán, el francés, el británico, etc.

imperialismo politico

Por imperialismo entendemos la tendencia de ciertos Estados a extender su dominio sobre otras naciones. De ello se deduce que el imperialismo no es un fenómeno exclusivo de los Estados totalitarios sino también de los Estados democráticos.

No obstante debemos recalcar que todo imperialismo, es, en si mismo, antidemocrático dado que se encuentra en pugna con los principios de igualdad jurídica de los Estados y el de no intervención en los asuntos internos de las naciones soberanas.

Existen diversas clases de imperialismos, a saber:

a.  Imperialismo económico
b. Imperialismo político
c.  Imperialismo ideológico.

A)    IMPERIALISMO ECONÓMICO

Es aquel que se lleva a la práctica con el fin de dominar el mercado de productos o financiero de otros Es tados ejerciendo su acción sobre pueblos económicamente débiles. Una de las formas más comunes de llevarlo a cabo es mediante la adquisición de las más poderosas empresas industriales y comerciales del país que se desea anexar económi camente como así también de sus servicos públicos esenciales (electricidad, gas, transportes, teléfonos, etc.).

B)     IMPERIALISMO POLÍTICO

Es el imperialismo clásico que tiene por objeto anexar al país imperialista territorios de otras naciones. Sin embargo no siempre la invasión armada o la conquista son las formas de llevar a cabo este tipo de imperialismo; a veces la celebración de tratados o acuerdos o la infiltración ideológica y la presión, que puede ejercerse sobre un determinado país obliga a países débiles políticamente a solicitar la anexión de todo o parte de su territorio a una potencia poderosa. Ejemplos de estas últimas tácticas fueron utilizadas por Hitler y la Unión Soviética. La anexión de las islas Malvinas a Inglaterra es otra de las formas de llevar a la práctica el imperialismo político.

C)    IMPERIALISMO  IDEOLÓGICO

Esta forma de imperialismo se ejerce mediante la penetración de ideas de un país a otro con el fin de ampliar su zona de influencia. Él fascismo italiano y el nazismo alemán son pruebas elocuentes de ello; en la actualidad el comunismo ha puesto en ejecución una de las mayores campañas de penetración ideológica hasta hoy conocidas.

Abusos del sistema liberal
Las dos grandes doctrinas políticas son: el liberalismo y el estatismo.

En el liberalismo se otorga un gran predominio a la libertad individual actuando en tal emergencia el Estado como un simple guardián de las cosas comunes e interviniendo sólo en aquellas actividades que no están en condiciones de asumir los particulares.

Deja librado a éstos el manejo de todos los recursos económicos y, por lo tanto, desprotegida a la comunidad de los abusos que pequeños grupos de individuos pueden llegar a cometer con miras a la satisfacción de sus minúsculos intereses.

La Humanidad ha contemplado en el pasar de su existencia numerosos ejemplos de tales abusos y de las consecuencias que ellos han tenido en la marcha de ios pueblos.

Pueblos sacrificados en base al mantenimiento de una minoría que impuso condiciones infrahumanas en aras de sus propios beneficios, clases sociales enfrentadas entre sí que convulsionaron el orden y la armonía de sus respectivos países y, por último, la reacción ante tremenda injusticia con el consiguiente accionar de una fuerza incontrolable que no siempre trajo en sus e-fectos el bienestar deseado.

De allí entonces que el liberalismo como doctrina de aplicación absoluta ha presentado grandes grietas en el tiempo que si bien ha permitido incursionar en la organización social moderna otras doctrinas de carácter no menos violentas como algunas socialistas ha tenido que soportar el freno de la intervención de la Iglesia que a través de su Doctrina Social ha tratado de poner las cosas en su lugar.

CONSECUENCIA DE LOS IMPERIALISMOS
El marxismo
Se conoce como marxismo una serie de interpretaciones y ensayos de Carlos Marx que tienden a explicar distintos fenómenos, entre los cuales se encuentra la concepción materialista de la historia (Materialismo histórico). Se conoce como concepción materialista de la historia o como materialismo histórico al estudio de los principios generales del materialismo dialéctico en el campo de la sociología, y de la historia. Es decir, a una interpretación científica de los procesos sociales en una forma ordenada, según la dialéctica y que permite explicar la evolución histórica.

Para Marx la historia del hombre en sociedad no es otra cosa que la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre. La Historia nace y se desarrolla a partir de la primera mediación que pone en relación al hombre con la naturaleza y al hombre con los otros hombres: el trabajo. El primer hecho histórico de la historia es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrear). La Historia es, por consiguiente, la historia de las fuerzas productivas y den los hechos históricos básicos que derivan de esta relación.

Se llama materialismo porque se encara la naturaleza desde el punto de vista material y se dice dialéctico porque permite la comprensión, de una manera dinámica, de los procesos que sufre la materia, Así el materialismo dialéctico establece las leyes generales, según las cuales, la materia se transforma.

Es interesante consignar que la base del materialismo dialéctico más que una creación de Marx es de su amigo Engels quien inició, aunque no terminó, una Dialéctica de la Naturaleza mediante la cual se propuso formalizar las leyes del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

Como puede interpretarse, los campos de aplicación del materialismo dialéctico son muy amplios y, en ese sentido Marx, por ejemplo, lo utilizó ampliamente en el estudio de la economía.

Sería sumamente difícil exponer detalladamente la totalidad de los trabajos de Marx y sus continuadores, pero estimamos que existen algunos puntos interesantes que son imprescindibles para comprender las ideas marxistas que fueron adoptadas por el Partido comunista y sobre todo aquellas que fueron inter-Ínretadas por Lenin y constituyen os fundamentos del actual marxismo-leninismo.

La posición del Marxismo y del marxismo leninismo será clasificada ubicándola dentro de una versión general de las distintas formas de socialismo.

Ver: El Socialismo

Las Colonias Francesas en Norteamérica Colonizacion

LA COLONIZACIÓN DE FRANCIA EN AMÉRICA DEL NORTE

Despúes de las terribles Guerras de Religión, el reinado reparador de Enrique IV volvió a ranudar las tentativas ed colonización en esta Nueva Francia, que Rovelvano había conseguido establizar por largo tiempo. Primero Richeliue y despúes Colbert continuaron la obra iniciada por Samuel Champlain, verdadero fundador del Canadá.

Enviado por una compañía mercantil instala en 1604 el primer grupo de colonos, funda Quebec en 1608 (en el mismo momento en que la colonia de John Smith comenzaba a organizarse en Virginia) y, durante ocho años, lo mismo en París que en la Nueva Francia, vela por el desarrollo de su obra.

Practica una política de alianza con los hurones y los algonquinos, contra sus enemigos los iraqueses, sostenidos por los ingleses, lo que arrastra a los colonos, poco numerosos (no llegaban a 2.000 en el año 1660), a interminables guerras indias. En el transcurso del conflicto contra Inglaterra, a la que apoyaban los protestantes de la Rochela, Quebec fue tomada por los ingleses y restituida en el año 1632. Richelieu y Colbert querían hacer del Canadá una provincia próspera que les abasteciera de ganado, de madera de construcción, de navios. Agricultores y ganaderos se instalaron a lo largo del San Lorenzo.

El rey de Francia estimaba, contrariamente a los británicos, que los protestantes no debían establecerse en la colonia (temiendo que, siendo demasiado numerosos, hiciesen secesión para unirse a sus correligionarios anglosajones). Después de la revocación del Edicto de Nantes, millares de hugonotes emigraron a Holanda y a Inglaterra, en lugar de aportar su trabajo y sus capitales al Canadá.

Desde el principio, la Iglesia Católica fue allí muy influyente; sobre todo, después de la muerte de Champlain, el obispo y el superior de los jesuítas se sentaban a ambos lados del gobernador en el consejo de la colonia. Los misioneros recibieron inmensas concesiones. El cierre del país a los protestantes y la primacía concedida a la pequeña nobleza de Bretaña y Normandía, que trasplantaron un sistema señorial y feudal arcaico, desalentaron a muchos emigrantes.

Al lado de los agricultores, otros colonos aventureros se hicieron «corredores de los bosques», penetrando hacia el interior para comprar pieles (de castor, de zorro) a los indios; y sus canoas cargadas de pieles se reunían todos los años en Montreal. En el año 1663, la Carta de la Compañía de la Nueva Francia fue revocada y la colonia devuelta al dominio real.

Ocupación francesa de Carolina—Miniaturas ejecutadas en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia»—Reproducidas con la autorización del Servicio Hidrográfico de la Marina, París.

EL PADRE MARQUETTE. CAVELÍER DE LA SALLE EL MISSISSIPI
El conde de Frontenac fue el primer gran gobernador enviado por Francia (1672-1682). Dio un vivo impulso a los viajes de descubrimiento a lo largo de las corrientes fluviales, tan importante desde el punto de vista estratégico y económico.

El jesuíta padre Marquette y Luis Joliet exploraron en una canoa el Wisconsin y fueron arrastrados hasta el Mississipí, comprobando entonces que el gran río no iba hacia el Oeste, sino hacia el Sur; después de haber alcanzado la confluencia del Arkansas, volvieron por el Illinois y la región de Chicago (1673). Un alumno de los jesuítas, Cavelier de la Salle, preparó cuidadosamente una expedición con la finalidad de bajar por el Mississipí hasta el mar. Con el caballero de Touty y el padre Hennepin, sale de Quebec en 1676 y, cruzando los Grandes Lagos y el Illinois, alcanza el río y levanta los dos fuertes de Crévecoeur y de San Luis.

En 1682, construye otro fuerte en la confluencia del Ohío, toma posesión del Arkansas y desemboca por fin en el inmenso Golfo de México, bautizando el nuevo descubrimiento con el nombre de Luisiana en honor de Luis XIV, y haciendo alianza con los indios natchez. Tardó año y medio en llegar de vuelta al Canadá.

De regreso en Francia, volvió a partir para llegar por mar a la desembocadura del Mississipí, pero erró en vano a lo largo del Golfo sin llegar a conseguirlo. Fue miserablemente asesinado a consecuencia de un motín de sus hombres (1627). Hasta comienzos del siglo XVIII no comenzó Luisiana a organizarse con la fundación de Nueva Orleáns (1718). Así, entre las colonias inglesas del Este y el interior del país, se interponían vastos territorios franceses jalonados por los fuertes de los Grandes Lagos, del Ohío y del Míssissipi.

Por otra parte, los franceses se habían instalado, a partir de 1635, en las islas de las Antillas, que los españoles habían descuidado: Martinica, Guadalupe, Santo Domingo, Santa Cruz, etc. Plantaciones de azúcar, de tabaco, de café, etc., se establecieron en ellas a fines del siglo, gracias a la mano de obra negra. Había en las «Islas» más de 50.000 esclavos, tratados con brutalidad y despreciados a pesar del «código negro» que había promulgado Colbert en 1685. Entre tanto, las colonias inglesas no habían cesado de crecer, mucho más rápidamente que el Canadá francés.

El Canadá tardó en poblarse por la falta de inmigrantes. En 1663 no contaba nada más que con 2.500 franceses, de los cuales 800 se hallaban instalados en Quebec. Campesinos y burgueses rehusaron expatriarse a un país que les parecía un desierto. Los primeros en llegar son los «comprometidos». «Entre la gente honesta viene terrible gentuza», apunta en 1642 María Guyard, primera superiora de las Ursulinas de Quebec.

EL DESENVOLVIMIENTO DEL SUR: MARYLAND Y CAROLINAS
Sir Georges Calvert era un gentilhombre católico amigo del rey Carlos I que no podía confiarle altas responsabilidades en Inglaterra a causa de su religión. En el año 1629, el rey le concedió el título de Lord Baltimore y le otorgó en propiedad las tierras que se extendían desde el norte del Potomac hasta los límites de la Nueva Inglaterra (aproximadamente, en la latitud de la futura Filadelfia).

El hijo de Lord Baltimore bautizó la región con el nombre de Maryland en honor de la reina Enriqueta María, esposa del rey de Inglaterra Carlos I, y emprendió la tarea de mejorar el dominio legado por su padre, que murió prematuramente.

Los primeros colonos llegaron en 1634. Cecil Calvert, soberano feudal, jefe tanto de la administración como de las fuerzas armadas, dio tierras a todos los gentileshombres que llevaran con ellos por lo menos cinco hombres; trató de mantener un buen entendimiento entre católicos y protestantes, lo que no siempre fue fácil después de la guerra civil en Inglaterra, donde los puritanos eran cada vez más influyentes; en 1649, fue votada un Acta de Tolerancia por la asamblea de colonos, la cual garantizaba la libertad de conciencia para todos aquellos que creían en Jesucristo.

Calvert tuvo, igualmente, muchas dificultades con los virginianos, que miraban a las gentes de Maryland como intrusos dentro de sus territorios. En el trascurso de la dictadura de Cromwell, Lord Baltimore fue privado de su gobierno y dominaron los puritanos; pero volvió a recuperar todos sus derechos después de la restauración de los Estuardos, en el año 1660.

La revolución de 1688 y el advenimiento de Guillermo III de Orange tuvieron importantes consecuencias: Lord Baltimore tuvo que convertirse al protestantismo para conservar la propiedad de sus tierras, y a la Iglesia Católica le fue prohibido celebrar públicamente sus ceremonias. La capitalidad pasó de Saint Mary’s City a la ciudad protestante de Annapolis y, en lo sucesivo, la corona de Inglaterra controlaría el gobierno. Inspirándose en el ejemplo de su padre, Carlos II quiso recompensar a los fieles que le habían ayudado a reconquistar su trono después de la muerte de Cromwell, tales como Monk, Clarendon, Carteret, etc., y les dio territorios al sur de Virginia, los cuales fueron bautizados con el nombre de Carolina en homenaje al rey y muy pronto divididos en Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Estos aristócratas pidieron al célebre John Locke (1669) que redactara una Constitución para sus Estados en la que se establecía una verdadera servidumbre ¡mientras tantas tierras estaban libres! Las Carolinas pasaron a ser colonias de la corona en 1729. Lord Berkeley y Sir Georges Carteret obtuvieron una región entre el Hudson y el Delaware, a la que llamaron Nueva Jersey, donde fueron fundadas Newark y Elisabethtown. Nueva Jersey pasó a la corona en el año 1702.

Los franceses de Canadá están agrupados en tres poblaciones principales: Quebec, Trois Riviéres y Montreal. En Quebec tenían su sede las casas comerciales que mantenían relaciones con los puertos franceses. Los negociantes de Quebec habitaban de forma permanente en la ciudad.

En cambio, en Montreal tenían su base de operaciones los comerciantes nómadas que recorrían el país en busca de mercancías -pieles, especialmente- para enviar a la metrópoli. Una red de fuertes, a la vez puestos militares y factorías comerciales, fue construida por los franceses a partir de 1675. Junto a la orilla oriental del lago Ontario se levantaba el fuerte Frontenac, avanzadilla francesa en los territorios de los iroqueses, los indígenas que habitaban aquellas tierras.

Entre los lagos Erie y Ontario estaba el fuerte Niágara; entre el lago Erie y el Michigan, el fuerte de San José de los Miamis, y en la confluencia de los lagos Superior, Michigan y Hurón se alzaba el fuerte Michillimackinac. De esta manera, la región de los Lagos quedó sometida a la dominación de los franceses.

En 1682 la población dé Canadá abarcaba 12.000 colonos, entre los que vivían más de un millar de indios. Uno de estos colonos, René-Robert Cavelier, señor de La Salle, conseguiría aumentar las posesiones de Luis XIV con una nueva colonia: Luisiana.

Ver: Fundación de New York

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Republica de Weimar Crisis Final del Primera Guerra Mundial

Finalizada la Primera Guerra Mundial con la abdicación, en 1918, del káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación en Alemania de la República de Weimar cuya presidencia quedó en manos del socialista Ebert. La vencida Alemania inició la experiencia de un régimen democrático en unas condiciones políticas y económicas muy adversas.

La nueva República, nacida en medio del desastre militar, tuvo que asumir la derrota y aceptar las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores en el Tratada de Versalles. Además, la crisis económica y el desorden político radicalizaron las posturas de los alemanes y, poco a poco, los fue conduciendo al nacionalsocialismo.

ALEMANIA Y  LA REPÚBLICA DE WEIMAR
Friedrich EbertLuego de la derrota militar y de la abdicación del emperador Guillermo II, en Alemania se intentó consolidar una república. Las fuerzas policíacas que apoyaban la constitución de una república eran el Partido Socialdemócrata que representaba a los obreros de tendencia reformista, liderado por Friedrich Ebert
(imagen), el Partido Demócrata Alemán y el Partido de Centro Católico, representantes de la burguesía liberal. La república contó también con el apoyo del ejército.

A esta alianzas se opusieron otros sectores obreros de tendencia revolucionaria que organizaron la Liga Espartaquista, que intentaron tomar el poder por medio de una insurrección popular, siguiendo el ejemplo bolchevique, pero fueron derrotados por el ejército.

A los pocos días del fin de la insurrección espartaquista, en febrero de 1919, se reunió una Asamblea constituyente en Weimar, que adoptó la forma republicana de gobierno, con un Presidente —F. Ebert ocupó ese cargo— y un Parlamento bicameral —el Reichstag y el Reichsrat— elegidos por sufragio universal.

Pero la República de Weimar —apoyada por socialdemócratas y burgueses moderados— no logró consolidarse. No contó con el apoyo de los sectores más poderosos de la burguesía industrial cuyos intereses se veían obstaculizados por la presencia en el gobierno de representantes de los obrero5 que impulsaban reformas.

Además, el gobierno republicano se propuso cumplir las obligaciones impuestas a Alemania por los tratados de paz —reparaciones y pérdidas territoriales— aun cuando la mayoría de la población no estaba de acuerdo y se oponía a ello. Entre 1919 y 1923 la crisis se profundizó. El gobierno obtuvo cada vez menos votos y los grandes capitalistas financieros impulsaron una especulación que agravó la crisis económica y la hiperinflación que desestabilizaron definitivamente a la República.

La crisis de la República: La República de Weimar, basada en una Constitución ampliamente democrática, fue incapaz de encontrar el equilibrio necesario para dar estabilidad al régimen. Los primeros años de la nueva República estuvieron marcados por diversos golpes de fuerza que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, pretendían acabar con el régimen. En 1919, en Berlín, se produjo la insurrección de los espartaquistas, que tenía como objetivo proclamar un gobierno de consejos obreros que seguiría el modelo soviético. La revuelta fue duramente reprimida y desde entonces la República se ganó la oposición del Partido Comunista Alemán.

Sin embargo, fueron los grupos nacionalistas más radicales los que llevaron a cabo diversas tentativas de golpe de estado con el apoyo de una buena parte del ejército, nostálgico del viejo orden imperial y receloso ante las claudicaciones de Versalles. De este modo, en 1920 un sector del ejército que había sido desmovilizado ocupó Berlín y colocó en el gobierno a un alto funcionario prusiano, Kapp. Rápidamente estalló una huelga general en Berlín y en el Ruhr, que hizo fracasar la insurrección militar. Pocos años después, en 1923, Adolf Hitler protagonizó un putsch en Munich con el apoyo del general Ludendorff, pero fracasó.

La situación económica atravesaba también un momento muy difícil. El endeudamiento de guerra y las fuertes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginoso de la inflación, que fue acompañada de una espectacular caída del marco alemán. Los precios y los salarios variaban a lo largo de un mismo día como consecuencia de la inflación y de la pérdida de valor de la moneda. Las personas que vivían de capitales fijos, rentas, alquileres, etc., se arruinaron y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, lo cual provocó una subida de los índices de desempleo.

La crisis llegó a su cenit en 1923, cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas galas ocuparon el Ruhr como garantía del cobro de las mismas, tal y como se había establecido en Versalles.

Entre 1924 y 1929 Alemania vivió un período de relativa estabilidad, pero la crisis de 1929, y más concretamente la retirada de los créditos americanos, agravaron las dificultades económicas y sumieron a Alemania en uña profunda crisis. En 1932 la producción había disminuido a la mitad con respecto a la de 1929.

El desempleo creció desmesuradamente, se pasó de un millón y medio de parados en 1929 a 6 millones en 1931. Los partidos gobernantes, la llamada Coalición de Weimar (Partido Socialdemócrata Alemán, Centro Católico y Partido Demócrata), fueron perdiendo el apoyo de los asalariados y de la pequeña burguesía empobrecida.

A partir de 1930 los diferentes gobiernos no tenían una mayoría coherente en el Parlamento y se apoyaban en el presidente de la República, que gobernaba por decreto. Se utilizaba con demasiada frecuencia el recurso de disolver el Parlamento y la inestabilidad ministerial (19 gobiernos en trece años) era la prueba de la fragilidad del sistema. El desorden político hacía crecer el deseo de un gobierno fuerte y estable.

Los líderes moderados de la endeble república carecían de experiencia en el ejercicio del poder. Con harta frecuencia entre 1918 y 1933 se agotaban en discusiones sin acertar a promover sus intereses comunes; con demasiada frecuencia colocaban sus órdenes en entredicho ante la fuerza bruta de los Freikorps, el Ejército o los grupos nazis paramilitares; en excesivas ocasiones pactaban con los extremistas, con la esperanza de comprometerlos en la gestión del gobierno. Mas la nueva constitución no podía por sí sola inculcar, de la noche a la mañana, hábitos ciudadanos en un pueblo cuya falta de experiencia democrática no hallaba parangón en ninguno de los países industrializados del mundo. En cualquier otra nación desarrollada, los moderados de Weimar hubieran lucido la etiqueta de conservadores. Sus jueces favorecían constantemente a los exaltados de derechas frente a sus oponentes de izquierdas. Gran número de maestros y profesores continuaban difundiendo las doctrinas de la política del poder y de la superioridad teutónica que contribuyeron, años antes, al estallido de la primera Gran Guerra. Muchos ciudadanos comenzaron a evocar con nostalgia los años de lucha y las glorias marciales, mientras se veían aherrojados a un sórdido presente de estériles rivalidades políticas y caos económico. Brotó por doquier un anhelo incontenible de unidad y disciplina; sus consecuencias, sin embargo, fueron fatales.

Después de años de tentativas infructuosas de solucionar el problema, lleno de carga emocional, de las reparaciones de guerra, la comisión aliada de reparaciones constituyó un equipo internacional de expertos en finanzas para fijar un programa de pagos hasta 1988. El grupo, presidido por el industrial americano Owen Young y con representación alemana por primera vez, diseñó un plan para aliviar la carga de la deuda de la nación derrotada y para estabilizar su sociedad dividida y sus relaciones con el resto del mundo.

El plan Young, presentado en París en junio, contenía las concesiones más favorables a Alemania que se habían hecho hasta el momento: los alemanes ya no deberían hacerse cargo del costo total de la reconstrucción; los pagos anuales se reducirían en un tercio, a unos 407 millones; se aboliría la supervisión aliada de la economía alemana junto a la comisión de reparaciones; se pagaría la deuda a una nueva banca internacional de la que Alemania sería miembro y Alemania podría declarar una moratoria parcial de los pagos durante los recesos económicos.

Los gobiernos estadounidense y alemán apoyaron el plan. Un enviado norteamericano escribió: «Todos los residuos de desconfianza y enemistad que se habían ido sedimentando desde el día del armisticio finalmente se han disuelto». No obstante, tres años después los pagos fueron suspendidos definitivamente.

Síntesis 2° Guerra Mundial

Napoleon Emperador de Francia Principales Hechos del Siglo XVIII

Coronación de Napoleón Emperador de Francia
1804:coronacion de napoleon

La carrera política de Napoleón culminó en su coronación como emperador. En este fastuoso rito de la coronación imperial los contemporáneos percibieron una contradicción: el Imperio era lo opuesto a la República, aunque el artículo 12 de la nueva Constitución afirmaba alegremente: “El Gobierno de la República se confía a un emperador”.

Napoleón Bonaparte (1769-1821). Nativo de la isla de Córcega, su padre lo envió a la escuela militar de Francia, de suerte que el muchacho entró al servicio de la nación francesa a la edad de 16 años. La Revolución Francesa de 1789 llegó en el momento oportuno para este inteligente y joven oficial, puesto que casi todas las coronas europeas declararon la guerra al gobierno revolucionario de Paris.

Napoleón logró importantes victorias, llegó a ser general, y se unió en 1799 al grupo de conspiradores que dieron el golpe de estado (coup d’état), debido la heterogénea oposición a su gobierno que desmanteló mediante drásticas represiones a derecha e izquierda, a raíz de fallidos atentados contra su persona.

Cuando Napoleón se convirtió en cónsul en 1799, Francia estaba en guerra con una segunda coalición europea, formada por Rusia, Gran Bretaña y Austria. Napoleón, entonces, se percató de la necesidad de una pausa. Observó lo siguiente al hablar con un diplomático prusiano: “La Revolución Francesa no habrá terminado mientras exista el azote de la guerra… Yo deseo la paz, tanto para asentar y dar solidez al actual gobierno francés, como para salvar al mundo del caos”.

La paz que buscaba se firmó en Amiens en marzo de 1802, dejando a Francia con fronteras nuevas y diversos territorios clientes desde el Mar del Norte hasta el Adriático. Sin embargo, la paz no duró porque tanto los británicos como los franceses la veían como algo temporal y abrigaban escasas intenciones de atenerse a sus términos. La guerra se reinició, en 1803, con Gran Bretaña, a la que pronto se adhirieron Austria, Rusia y Prusia en la Tercera Coalición.

En una serie de batallas en Ulm, Austerlitz, Jena y Eylau, entre 1805 y 1807, el Gran Ejército de Napoleón derrotó a los miembros continentales de la coalición, lo cual le dio la oportunidad de crear un nuevo orden europeo.

Consultado el pueblo francés mediante un plebiscito, la Constitución del año XII (1804) convierte a Napoleón en emperador de Francia, regula la transmisión del título por herencia y la regencia en casos de ausencia, le otorga una nómina de 25 millones de francos y reduce los poderes de las asambleas al tiempo que aumenta los del emperador.

Pero la visión de Napoleón no se circunscribe a las fronteras de Francia; sueña con hacer de París la capital del mundo y unir a Europa entera en una constelación de Estados. “Europa es una provincia del mundo y una guerra entre los europeos es una guerra civil”, dice en alguna ocasión. Y en Santa Elena: “uno de mis más grandes pensamientos fue la aglomeración de los mismos pueblos geográficos que han disuelto, despedazado, las revoluciones y la política”. Al servicio de esta idea unitaria pondrá su genio militar.

LA CORONACIÓN: El corolario de este proceso fue el ofrecimiento que le hizo el Senado al día siguiente de la corona imperial. La ceremonia de coronación se llevó a cabo el 2 de diciembre en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII, aunque Napoleón se ciñó la corona a sí mismo y después la impuso a Josefina; el pontífice se limitó a pedir que celebrasen un matrimonio religioso, en un sencillo acto que se ocultó celosamente al público. Una nueva Constitución el mismo año afirmó aún más su autoridad omnímoda.

Así surgió como líder único de Francia y conquistador de los países vecinos hasta cerca de 1807, y gobernó el mayor imperio europeo desde los romanos. Sus reformas mejoraron la educación, la banca y el sistema legal (muchos países basan todavía sus leyes en el Código Napoleónico). Su esposa Josefina no le dio herederos, así que la repudió y desposó a María Luisa, una princesa austriaca. Cuando su hijo nació, el emperador nombró al bebé Rey de Roma.

UN BREVE RESUMEN DE LA ERA NAPOLEÓNICA
La Europa Napoleónica

Las colonias americanas se habían independizado de Inglaterra en 1783 con la ayuda de Francia, que quería vengarse de la perdida de muchos de sus territorios americanos a manos de los británicos en 1763. Pero la Revolución Americana inspiró al pueblo francés para buscar su propia libertad y, en 1789, también estalló la revolución en Francia.

Los demás reinos de Europa pronto se sintieron amenazados por la Revolución Francesa, y en 1793 formaron una alianza para luchar contra Francia. Pero esta nación contaba con un ejército de más de 750.000 hombres -el mayor de Europa- y en 1797 ya había derrotado a todos sus enemigos, excepto a Gran Bretaña.

El 2 de diciembre de 1804, Napoleón se coronó a sí mismo emperador. Un año después estalló la guerra: el Tratado de Amiens, que había puesto fin a la lucha contra Inglaterra, había sido de efímera duración.

En 1805, los franceses reemprendieron el combate. Pero fueron derrotados en Trafalgar por la nota inglesa al mando de Nelson. Si Napoleón no obtuvo éxito en el mar, en tierra sus victorias fueron rotundas. Conquistó Europa gracias a una sucesión de guerras de coalición,coronadas todas por una victoria francesa (Ulm, Austerlitz, Jena, Eylau, Friedland). Los tratados de paz que ponían fin a estas guerras modificaron profundamente el equilibrio europeo.

En 1807, Napoleón firmó, cerca de Tilsit, un tratado con Alejandro, zar de Rusia. Entonces proclamó en Milán y Berlín el bloqueo continental, con el que esperaba arruinar el poder económico de Inglaterra. Como consecuencia, estallaron nuevas guerras, especialmente con Portugal y España, acusadas de no aplicar el bloqueo.

Cuando, en junio de 1808, Napoleón impuso a su hermano José Bonaparte en el trono de España, el pueblo español se alzó en armas. Comenzó así la guerra de Independencia española, que sería una de las causas fundamentales de la caída de Napoleón. Durante su gobierno reorganizó las leyes, la administración, la enseñanza y la economía de Francia.

Su ejército era invencible y, en 1812 , había conquistado la mayor parte de Europa. Pero sus intentos de dominar España encontraron gran resistencia; además, en 1812 invadió Rusia sin demasiado éxito y su ejército sufrió grandes perdidas al retirarse de Moscú en pleno invierno.A partir de ahí comenzó el retroceso del Imperio de Napoleón , que fue finalmente derrotado en Waterloo (1815) por los ingleses y sus aliados. Entonces fue condenado al destierro en una pequeña isla del Sur del Atlántico, Santa Elena, donde murió en 1821

En 1809, el poder de Napoleón había alcanzado su máximo apogeo. Ese mismo año hizo anular su matrimonio con Josefina de Beauharnais, que no le había dado hijos. En 1810 se casó con la joven archiduquesa de Austria María Luisa, que al año siguiente le dio un hijo, el rey de Roma.

Esta alegría familiar coincidiría con la decadencia de su prestigio militar y político. Los pueblos habían empezado a dar muestras de su enojo bajo el yugo de Francia. Las dificultades se agravaron con la guerra de Rusia (1812). Moscú, que había sido ocupada por el ejército francés, fue incendiada por sus propios habitantes. Napoleón tuvo que huir.

A partir de este momento, el ejército francés cosechó derrota tras derrota. En 1813, la batalla de las Naciones puso fin a la hegemonía de Napoleón en Alemania. En 1814 tuvo que enfrentarse a los enemigos que entonces invadían la misma Francia, y, por último, cuando París fue ocupado, el emperador abandonó la lucha. En Fontainebleau abdicó en favor de su hijo. Sin embargo, a él se le concedió la soberanía de la isla de Elba y conservó el título de emperador.

Se ha dicho que el poderío naval de los ingleses y el tesón de los españoles fue la barrera más grave que se opuso a sus ambiciones.

En Francia se volvió a establecer la realeza, pero durante el reinado de Luis XVIII el país no tardó en sumirse en un caos.

Al enterarse, Napoleón desembarcó en Golfo-Juan el 1 de marzo de 1815. Las tropas al mando del mariscal Ney tenían que enfrentarse al emperador, pero en lugar de hacerlo, se aliaron a él y lo llevaron a París. Sin embargo, el 18 de junio fue definitivamente derrotado en Waterloo, cerca de Bruselas.

Napoleón fue desterrado a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821. En 1840 sus restos fueron trasladados a Francia e inhumados en los Inválidos.

Biografía de Bismark Otto Ideologia y Obra Política Estadista

Biografía de Bismark Otto Ideología y Obra

Biografía de Bismark Otto SU VIDA: Otón de Bismarck, príncipe de Schónhausen, nació en esa localidad el 1° de abril de 1815, de una familia de antigua alcurnia. En 1816 la familia Bismarck se trasladó a Pomerania, en Kniephof, donde había heredado una extensísima colonia agrícola. En esa amplia casa de campo, Otón creció libre y fuerte.

El padre, culto y amante del vivir apacible, pasaba su tiempo en sus lecturas preferidas. La madre gustaba de las fiestas, del esplendor de la vida de las cortes, y era en un todo opuesta a su marido.

Bismarck sintió siempre hacia su madre una especie de aversión y, ya adulto, le reprochó su despreocupación por la educación de los hijos. Otón creció muy semejante a su padre en el carácter; de la madre heredó su aguda inteligencia y un inquieto deseo de poder y de dominio.

Esta ambición de poderío y su voluntad tenaz harían de Bismarck el hombre fuerte que tendría en sus manos la política europea durante casi treinta años: llevaría a la pequeña Prusia a dominar sobre todos los Estados germánicos y a transformarla en el poderoso Imperio alemán.

DE DIPUTADO A MINISTRO
La vida de Otón de Bismarck se identifica en buena parte con la creación del Imperio germánico. Su actividad política se inició en 1847 en el momento en que se reunían en Berlín las ocho Dietas (parlamentos) de los Estados alemanes para discutir un común estatuto. En ese entonces, Alemania era aún una nación dividida en muchos pequeños Estados independientes. Bismarck buscó el modo de poder participar en la Dieta y, en efecto, lo consiguió. Sus primeros discursos políticos tuvieron el mismo efecto que sus intervenciones juveniles en las discusiones de estudiante.

El principio de la vida política de Bismarck coincidió con el comienzo de su serena vida conyugal. Se casó en 1847 con Juana Puttkammer. Otón de Bismarck en 1851 fue promovido a embajador y, finalmente, presidente del Consejo y ministro de Relaciones Exteriores en 1862.

Ahora podría “gobernar”. En verdad, por encima de él estaba todavía un superior, el rey, y el espíritu prusiano de Bismarck respetaba la autoridad. Y por otra parte, él sabía influir sobre el rey con una astucia consumada: las decisiones que el rey tomaba eran las que Bismarck juzgaba oportunas.

Su lucha más difícil fue la que hubo de sostener cotidianamente con los ministros, embajadores y con la misma reina Augusta, que le opuso la mayor hostilidad. No existió quizás ningún hombre político que haya tenido que combatir tanto como Bismarck el odio y la incomprensión de sus conciudadanos. Con frecuencia tuvo encuentros dramáticos con el mismo rey Guillermo; si éste no cedía, el ministro le ofrecía su renuncia y entonces el rey, espantado, prontamente se retractaba y deponía su actitud.

Bismarck, además, sabía ser, no obstante su natural impulsividad, un hábil diplomático. Maniobraba de un modo que cada uno llegaba a conocer, de su política y de las conversaciones mantenidas con los ministros y con los reyes extranjeros, sólo aquello que cada cual estaba en condiciones de comprender y de justipreciar.

LA POLÍTICA DE BISMARCK
Después de haber conseguido la anexión de algunos Estados germánicos a Prusia, Bismarck preparó la guerra contra Austria: el Estado que quería disputar a Prusia la supremacía en Alemania. Mientras Prusia se aliaba con Italia, Bismarck obtuvo la neutralidad de parte de Napoleón III.

La guerra victoriosa contra Austria culminó en Sadowa (1866). Prusia salió de la guerra engrandecida, y llegó a la presidencia de la Confederación del Norte, que fue la unión de los Estados germánicos del norte, proyectada por Bismarck. Una segunda obra maestra del arte diplomático y político de Bismarck se puso de relieve en la guerra con Francia (1870), en la cual ésta quedó batida por el ejército prusiano y obligada a pedir, después de Se-dán, una paz que los prusianos hicieron terrible.

En la mente de Guillermo I, rey de Prusia en 1861, y de su brazo derecho Bismarck, nació el proyecto de unificación de Alemania. Coíi una seguridad totalmente prusiana, llevaron a cabo su plan en un espacio de seis años. Para empezar eliminaron a Austria, después a los Estados alemanes aislados, y por último, en 1870, vencieron a Francia. El rey Guillermo fue proclamado emperador en el año 1871.

Después de esta victoria, todos los Estados germánicos se unieron en una única confederación encabezada por Prusia. Guillermo I fue reconocido emperador y Bismarck confirmado como jefe del gobierno, con el nombre de Canciller del Imperio. En marzo de 1888 murió, ya nonagenario, el emperador Guillermo I y le sucedió su hijo Federico III; pocos meses después éste murió y subió al trono Guillermo II, influido por tendencias liberales. Entre los dos grandes hombres, el emperador y el ministro, se inició muy pronto una vivísima hostilidad. En 1890 Bismarck presentó su dimisión y esta vez fue por cierto aceptada. El gran estadista se retiró entonces, irritado, a sus posesiones de Friedrichsruh, donde murió en julio de 1898.

Desde su retiro censuró continuamente, por medio de la prensa, la obra de sus sucesores. Y al que le echaba en cara su obstinada crítica, respondía: “Quizás no se comprenda o no se quiera comprender que el móvil de tales críticas de ningún modo es el rencor, la venganza y mucho menos la tentativa de reconquistar el poder, sino la gravísima preocupación, que hasta me quita el sueño, por la suerte del Imperio.”

Aquel Imperio que su férrea mano había erigido en 1870 y que ya veía en peligro.

PARA SABER MAS…

El punto de partida de las políticas de Bismarck fue la reforma del ejército prusiano. El ejército reformado le sirvió para alcanzar dos objetivos:

• crear un estado nacional alemán unificado, en el que la aristocracia prusiana -núcleo dirigente del nuevo estado- ocupara una posición dominante;

• imponer un sistema de equilibrio militar entre las potencias europeas, que inhibiera cualquier intento de guerra.
La unificación y modernización del estado alemán

Con ese poderoso ejército, entre 1863 y 1870, Bismarck sometió la resistencia interna de los estados alemanes y disputó territorios a Dinamarca, Austria y Francia. En 1870, Prusia entró en guerra con Francia y, en un plazo muy breve, la derrotó y anexe los territorios franceses de Alsacia-Lorena.

Como resultado de esta política, Bismarck logró consolidar la unidad nacional. En 1871 fue proclamado el Reich (imperio alemán, una confederación integrada por veinticinco estados, cuya cabeza era el Kaiser (emperador) y cuyo núcleo administrativo y económico era el reino de Prusia. Para que el Reich funcionara como un estado unificado, Bismarck lo dotó de una administración central fuerte y burocratizada. Su intención era terminar con todas las tendencias a la dispersión y a la autonomía de los antiguos estados alemanes.

La constitución del Imperio alemán tuvo características ambiguas. Por un lado, reconocía el derecho de sufragio secreto y universal masculino (es decir, para todos los ciudadanos varones): era el sufragio más amplio de toda Europa. Por otro lado, los ciudadanos sólo votaban para elegir representantes al Reichstag (Parlamento). Y ese Reichstag tenía atribuciones restringidas: ni el Kaiser ni el canciller estaban sometidos a sus decisiones, aunque las leyes debían tener aprobación parlamentaria. El ejercite sólo debía lealtad al Kaiser, y dependía exclusivamente de él.

La política de unificación alemana se completó con un conjunto de medidas administrativas, económicas y sociales:

• para alcanzar un mercado interno nacional, creó un sistema de pesas y medidas único y una moneda nacional;

• para unificar el Poder Judicial, reformó la organización de la justicia y reordenó la jurisprudencia de los diferentes estados;

• para proteger la producción agrícola e industrial del Reich, promulgó leyes que arancelaban las importaciones.

Un conjunto de leyes sociales -seguros de enfermedad (1883), de accidentes (1884), de vejez y de invalidez (1889)- fueron sancionadas para proteger a los trabajadores de un imperio que marchaba a convertirse en la mayor potencia industrial de Europa.

LOS PLANES DEL CANCILLER DE HIERRO: El deliberado y constante deseo de Bismarck de acabar de una vez por todas con Austria le llevó a promover una segunda guerra. Esta vez concluyó una alianza conlos italianos, que también eran enemigos declarados del emperador Francisco José de Habsburgo.

Por su parte, Austria se alió a todos los rivales de Prusia en Alemania: Hannóver, Sajonia, Baviera, Würtemberg y Badén que, además, ocupaban Francfort. En el frente de Venecia, Austria se impuso a Italia.

Entonces Austria recurrió a Napoleón III, que había dado por descontada la victoria de Austria y una guerra de larga duración.

El Tratado de Praga (1866) puso fin a la Confederación alemana, que estaba bajo la hegemonía de Austria, y fue reemplazada por la Confederación de Alemania del Norte, erigida bajo la dirección de Prusia. Al mismo tiempo se concluyó una alianza defensiva con los Estados alemanes del sur: Baviera, Badén y Würtemberg se comprometieron a luchar al lado de Prusia en caso de agresión por parte de Francia. Por otra parte, la misma Prusia extendía su poder anexionándose Hannóver, el Hesse electoral, el Hesse-Nassau y Francfort. Se había trastornado el predominio austríaco sobre los Estados alemanes.

Las exigencias de Prusia se moderaron relativamente, por dos motivos: Napoleón III empezaba a mostrar una actitud amenazadora, y Bismarck no quería que se eternizara la enemistad con Austria.

En realidad, Bismarck deseaba la guerra tanto como Napoleón III, pero supo lograr que Francia iniciara el ataque. El pretexto fue la candidatura de un príncipe de Hohenzollern al trono de España: Leopoldo de Hohenzollern-Sigmaringen, emparentado con Napoleón III, pero ante todo prusiano.

Como era de esperar, Francia se opuso a esta candidatura, con la que se habría visto cercada por países sometidos a la misma dinastía. Leopoldo tuvo que renunciar. Sin embargo, Napoleón III envió a un embajador a Bad Ems, en el Rin, para que se entrevistara con Guillermo I y le pidiera que la renuncia de Leopoldo fuera definitiva.

Guillermo I mandó un mensaje a Bismarck informándole de lo ocurrido. Bismarck manipuló de tal forma esta famosa «comunicación oficial de Ems» que la hizo injuriosa tanto para Francia como para Prusia. Bismarck había previsto que esta información causaría «el mismo efecto que un trapo rojo sobre un toro galo».

En efecto, el Gobierno francés movilizó a sus tropas y el 19 de julio declaró la guerra a Prusia. Los ejércitos alemanes obtuvieron una serie de brillantes victorias. Napoleón fue hecho prisionero, y abdicó. Los alemanes ocuparon París.

Francia tuvo que ceder Alsacia y Lorena y se vio obligada a pagar una importante indemnización de guerra. El 18 de enero de 1871, el rey de Prusia Guillermo I fue proclamado emperador de Alemania en la galería de los Espejos del Palacio de Versalles.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Volumen VII CODEX
Historia 3 El Mundo Contemporáneo Santillana
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial CREDSA El Canciller de Hierro

El Imperialismo Moderno La Expansión Capitalista Mundial Europa Sobre Africa

El Imperialismo Moderno – La Expansión Capitalista

La palabra imperialismo se utiliza frecuentemente para explicar la expansión territorial y el sometimiento por la fuerza que ejerce un pueblo poderoso sobre otro más débil. En este sentido, se puede hablar de imperialismo para referirse tanto a la expansión de los antiguos egipcios como a la persa o a la romana del siglo I d.C.

Sin embargo, a principios del siglo XX, el término imperialismo adquirió un significado más preciso. Algunos pensadores comenzaron a utilizarlo para explicar el proceso de expansión que en ese momento estaban protagonizando las potencias capitalistas El imperialismo no se refirió entonces a cualquier expansión, sino a una expansión particular.

El primero en intentar una definición teórica del imperialismo fue el economista liberal inglés John A. Hobson. En su obra Imperialismo, un estudio (1902), analizó la expansión colonial europea sobre África. Advirtió que en las metrópolis había un exceso de capitales y esto hacía que no hubiera inversiones rentables.

Para poder seguir obteniendo altas ganancias, los capitalistas buscaban invertir sus capitales en los mercados ultramarinos. Por ello es que los grandes inversores de los países industrializados presionaban a sus gobiernos para que éstos emprendieran una intervención política y militar en Africa. El estudio de Hobson puso entonces el acento en que el imperialismo era una expansión colonial que obedecía a la necesidad económica de los países industrializados.

Tomando como punto de partida la obra de Hobson, los revolucionarios marxistas  Lenin y Rosa Luxemburgo expusieron el punto de vista socialista para explicar el fenómeno del imperialismo.

En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), Lenin sostuvo que el desarrollo del capitalismo lleva inevitablemente a una fase superior —la etapa imperialista—, cuyos rasgos principales son: la concentración de la producción y el surgimiento de los monopolios; la unión del capital bancario e industrial, que origina el capital financiero; la exportación de capitales; la asociación de monopolios internacionales que se reparten el mundo; el reparto territorial de todo el mundo por parte de las potencias europeas.

Lenin pensaba que la expansión de los monopolios y de las potencias imperialistas llevaría inevitablemente a un conflicto internacional, debido a que los capitalistas estaban obligados a buscar nuevos mercados. Cuando todos los mercados ya estuvieran repartidos la guerra sería inevitable.

Al mismo tiempo que Lenin y otros pensadores socialistas criticaban los efectos de la expansión imperialista, algunos dirigentes políticos de la época, como los ingleses Ceci Rhodes y Joseph Chomberlain o el norteamericano Theodor Roosevelt, la defendieron. La creían necesaria para garantizar la seguridad económica de sus naciones.

Muchos intelectuales británicos de la época ayudaron a difundir el ideal imperialista. Lord Rosebety afirmó en 1893: “Somos responsables de que el mundo, en la medida en que aún está por moldear, reciba un carácter anglosajón y no otro. El poeta Rudyard Kipling, por su parte, expuso la doctrina de la “responsabilidad del hombre blanco’. Creía que era un deber de las naciones blancas transmitir los logros de la civilización europea a los pueblos atrasados…

Teodoro RoosveltTheodor Roosevelt y el Gran Garrote. Theodor Roosevelt (1858-1919) El  presidente de los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX. Su agresiva política exterior fine conocida con el nombre de Big Stick (Gran Garrote). En un discurso pronunciado en 1899, siendo aún vicepresidente, expresó: “El desarrollo de la paz entre las naciones está confinado estrictamente a aquellas que son civilizadas. Con una nación bárbara la paz es condición excepcional. En los confines entre la civilización y la barbarie, la guerra es generalmente normal.

Que los bárbaros sean el indio rojo en la frontera de los Estados Unidos, el afgano en los confines de la India Británica o el turcomano quien limita con el cosaco de Siberia, el resultado es el mismo. A la larga, el hombre civilizado encuentra que no puede conservar la paz más que subyugando a su vecino bárbaro, pues el bárbaro no cederá más que ante la fuerza […]. Toda expansión de civilización trabaja para la paz. En otros términos, toda expansión de una potencia civilizada significa una victoria para la ley, el orden y la justicia.  (…) En todos los casos la expansión ha sido un provecho, no tanto para la potencia que se beneficia nominalmente como para el mundo entero.”

Con base en la doctrina Monroe, el presidente Theodoro Roosevelt proclamó el derecho de Estados Unidos para ayudar a cualquier nación latinoamericana amenazada por intervención, así como para fomentar gobiernos políticamente estables.

Durante su mandato (1901-1908) impuso su visión de la doctrina mencionada por los medios más duros: la política del “gran garrote” (big stick), que se tradujo en presiones para con los gobiernos latinoamericanos, pérdida de soberanía, intervenciones militares, expansión de los monopolios y explotación de los recursos naturales.

Las tropas estadounidenses permanecieron en Santo Domingo de 1904 a 1924; Cuba estuvo ocupada militarmente de 1906 a 1909; Nicaragua experimentó la invasión militar entre 1909 y 1912; Honduras de 1910 a 1912; Guatemala sufrió las presiones comerciales de la United Fruit Company en 1905; y Haití vivió el desembarco de las tropas estadounidenses en 1914.

Las administraciones de Roosevelt, Taft y Wilson expresaron el reforzamiento de la hegemonía estadounidense en América Latina, en particular en la zona centroamericana y caribeña, en el rubro de la explotación agrícola (azúcar, café y plátano).

Los grandes monopolios como la United Fruit Company, la Santo Domingo Improvement o la American Sugar Refinial estuvieron presentes en las naciones centroamericanas: la economía de enclave se desarrolló en forma especial en el sector bananero, con lo cual las economías locales dejaron de percibir importantes ingresos.

Una gran infraestructura, ferrocarriles, puertos, etcétera, surgió como consecuencia de la necesidad de transportar los productos agrícolas al mercado estadounidense.

Ver: Los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Colonialismo o Imperialismo Alemán Otto Bismark Reparto de África

Colonialismo o Imperialismo Alemán

La unificación de Alemania y las políticas impulsadas por su primer ministro Otto von Bismarck dieron lugar a un equilibrio armado entre las potencias europeas. Otto von Bismarck y la unidad alemana Otto von Bismarck fue el estadista que mejor representó la ideología autoritaria en la política europea entre 1860 y 1890.

En 1862, el rey Guillermo I de Prusia lo designó canciller (función equivalente a la de primer ministro). Al asumir, Bismarck comunicó al Parlamento prusiano: “Las grandes cuestiones de la época no se resuelven con discursos y mayoría en las votaciones -ese fue el error de 1848 y 1849- sino con sangre y hierro”.

Colonialismo o Imperialismo Aleman Otto BismarkEl gobierno presidido por Bismarck (foto) tardó en ser consciente de la importancia económica de las colonias, y sólo a partir de 1882 se fundaron las primeras sociedades alemanas para el comercio con África.

Aprovechando la hegemonía militar que tenía el segundo imperio en Europa, Bismarck convocó en Berlín, en 1884, una conferencia de naciones europeas para proceder al reparto de los territorios africanos.

Se trataba de justificar el reparto por una supuesta “misión civilizadora” de los europeos. No obstante, prueba de las motivaciones económicas que lo impulsaban sería que la mayoría de los asistentes representaban a las naciones que carecían de colonias y que tenían menor desarrollo económico, para garantizar la comercialización de sus productos en África.

En esta conferencia se acordó la concesión del Congo —hoy Zaire— a Leopoldo II de Bélgica, quien administraría este territorio de más de dos millones de kilómetros cuadrados como una finca privada.

Alemania, gracias a diferentes tratados diplomáticos, estableció durante 1884 y 1885 protectorados en África del suroeste —Namibia—, Camerún, Togo, diversas islas del Pacífico y la llamada África oriental alemana —Tanzania—, que constituirían su imperio colonial, el cual completó en 1899 con la compra a España de algunas islas del Pacífico —Marianas, Carolinas y Paláu—, además de ocupar por la fuerza la ciudad china de Tsingtao, que le permitió estar presente en el gran mercado de este país.

Las aspiraciones alemanas sobre Marruecos fracasaron en la conferencia de Algeciras, porque los británicos, recelosos del rearme alemán, prestaron su apoyo a Francia. Una nueva tentativa de incidir en Marruecos en 1 911 se solucionó al comprarles los franceses sus derechos sobre ese país, a cambio de la ampliación de la colonia del Camerún sobre el África ecuatorial francesa.

EL REPARTO DE ÁFRICA: África, un continente nuevo y lleno de riquezas, se ofrecía a la colonización europea. En Berlín se reunió la conferencia mundial que sancionó su situación colonial; comenta los términos y las ideas-fuerza que determinan la colonización y que se reflejan en el acta.

Capítulo I: Declaración relativa a la libertad de comercio en la cuenca del Congo, sus desembocaduras y países circunvecinos.

Art. 1: El comercio de todas las naciones gozará de una completa libertad: 1) En todos los territorios que integran la cuenca del Congo y de sus afluentes (…). Comprende, en consecuencia, todos los territorios drenados por el Congo y por sus afluentes, incluidos el lago Tanganica y sus tributarios orientales. 2) En la zona que se extiende al este de la cuenca del Congo, tal y como ésta queda delimitada más arriba, hasta el Océano índico (…) hasta la desembocadura del Zambeze.

Art. 2: Todos los pabellones, sin distinción de nacionalidad, tendrán libre acceso a todo el litoral de los territorios arriba enumerados, a los ríos que tengan su desembocadura sobre el mismo, a todas las aguas del Congo y de sus afluentes incluyendo los lagos, a todos los puertos situados a orillas de estas aguas (…). Todos los pabellones, sin distinción, podrán llevar a cabo toda clase de transportes y ejercer el cabotaje marítimo y fluvial, así como el barcaje.

Capítulo II: Disposiciones relativas a la protección de los indígenas, de los misioneros y de los viajeros, y la libertad religiosa.

Art. 6: Toda las potencias que ejerzan derechos de soberanía o influencia en los mencionados territorios se comprometen a velar por la conservación de las poblaciones indígenas y por la mejora de sus condiciones morales y materiales de existencia, así como a contribuir a la supresión de la esclavitud y sobre todo a la de la trata de negros.

Las potencias indicadas protegerán y favorecerán, sin distinción de nacionalidades ni de cultos, todas las instituciones y empresas religiosas, científicas o de caridad, creadas y organizadas para estos fines o encaminadas a instruir a los indígenas y a hacerles comprender y apreciar las ventajas de la civilización. Los misioneros cristianos, los sabios y los explotadores, así como sus escoltas, bienes y colecciones serán igualmente objeto de una protección especial. La libertad de conciencia y tolerancia religiosa quedan expresamente garantizadas, tanto a los indígenas como a los nacionales y a los extranjeros.

Capítulo III: Declaración relativa a la neutralidad de los territorios comprendidos en la cuenca convencional del Congo.

Art. 12: En caso de que surgiera un disentimiento grave entre las potencias firmantes de la presente acta o potencias que en lo sucesivo prestasen su adhesión a la misma, con motivo o dentro de los límites de los territorios mencionados en el art. 1 y colocados en régimen de libertad comercial, tales potencias se comprometen a recurrir a la mediación de una o varias potencias amigas antes de recurrir a las armas. Las mismas potencias se reservan, en el caso apuntado, la facultad de recurrir al procedimiento del arbitraje.

Capítulo IV: Acta de Navegación del Congo

Art. 13: La navegación del Congo, sin exceptuar ninguna de sus ramificaciones ni salidas, es y permanecerá enteramente libre para los buques mercantes cargados o en lastre de todas las naciones, tanto para el transporte de mercancías como para el de viajeros. Dicha navegación deberá conformarse a las disposiciones de la presente acta de navegación así como a los reglamentos que se establezcan en ejecución de la misma. En el ejercicio de esta navegación, los súbditos y los pabellones de todas las naciones serán tratados a todos los respecto, en pie de absoluta igualdad (…) Estas disposiciones son reconocidas por las potencias firmantes como parte , para lo sucesivo , del derecho público internacional.

La “Paz Armada”
Durante casi veinte años el equilibrio europeo descansó en la amenaza que significaba el poderoso ejército alemán. Inglaterra -concentrada en el desarrollo de su prosperidad económica, en la expansión imperial y en una concertación política entre liberales y conservadores- optó por aislarse de los problemas europeos. A la inversa, para Bismarck era prioritario el desarrollo industrial de Alemania antes que la disputa por territorios coloniales en Asia y África. Por lo tanto, se mantuvo al margen de la disputa que mantenían las potencias europeas por ampliar sus colonias y su influencia en el mercado mundial.

Hacia fines de siglo, quedaron planteados tres problemas que llevarían al estallido de la Primera Guerra Mundial:
• Desde la guerra franco-prusiana (1870), el nacionalismo francés reivindicó sus derechos sobre los territorios de Alsacia y Lorena anexados por Alemania.

• El equilibrio basado en el ejército obligó a todas las potencias europeas a ingresar en una “carrera de los armamentos” que garantizara tanto su defensa interna como su expansión imperialista.

• La llegada al trono de un nuevo Kaiser, Guillermo n, modificó la política exterior de Alemania, que se lanzó a disputar su participación en el mercado mundial y su presencia en territorios coloniales. Esta estrategia provocó la caída de Bismarck en 1890.

Otro Autores:

“La Constitución de la Alemania imperial de la década de 1870 incluía una asamblea representativa elegida por sufragio universal masculino, voto secreto, igualdad civil, un código legal uniforme, un sistema monetario único, educación secular y un comercio interior completamente libre.[…] El cuerpo de oficiales [del ejército prusiano], que naturalmente constituía el núcleo fundamental del aparato militar del imperio, no era responsable ante el canciller, sino que juraba lealtad directamente al emperador, que lo controlaba personalmente a través de su casa militar. Los rangos superiores de su burocracia (prusiana) […] se convirtieron en las décadas posteriores a 1870 en un santuario aristocrático […]. El canciller imperial no era responsable ante el Reichstag […] aunque los presupuestos y las leyes tenían que ser aprobados por el Reichstag.”

Perry Anderson.
El Estado absolutista.
Madrid, Siglo XXI, 1979.

“Hacia 1890 Europa vivía en la incertidumbre. La guerra, aunque improbable, parecía posible,  todos los Estados tenían en cuenta en sus cálculos esta eventualidad. Bismarck había dejado gravitar esa amenaza porque servía a sus fines. Además, existían en potencia innumerables conflictos. Francia y Alemania no podían reconciliarse a causa de Alsacia-Lorena. Francia e Italia se habían ensarzado en una verdadera guerra aduanera. Francia e Inglaterra, implicadas en la gran política colonial, parecían dispuestas a entenderse y firmaban en 1890 un importante acuerdo para repartirse el valle del Níger. Pero eran de temer nuevas fricciones. En 1887, Rusia e Inglaterra estuvieron al borde de la guerra a causa del Asia Central y de las fronteras de la India. Finalmente, se vislumbraba en el horizonte el nacimiento de una nueva potencia: Japón.”

Jean Baptiste Duroselle.
Europa de 1815 a nuestros días. Vida política y
relaciones Internacionales.
Barcelona, Labor, 1974.