Los Genes Humanos

Descripcion de como funciona el pulmon Experimento

EXPERIMENTO: CÓMO FUNCIONA EL PULMÓN
La respiración es un proceso muy simple. El tórax constituye una caja en cuyo interior se encuentran los pulmones, sacos de un delicado tejido que presentan una gran superficie y que están en comunicación con el exterior por la nariz y la boca.

pulmón humano

Lo base inferior de la caja torácica se cierra por medio del diafragma, una lámina elástica de tejido muscular. Cuando se inspira, aumenta el volumen de la caja torácica, porque baja el diafragma y suben las costillas, movidas por la contracción de los músculos intercostales.

El aumento de volumen se traduce en una disminución de la presión en el interior de la caja torácica, es decir, de la presión sobre los pulmones; al ser menor la presión exterior de los pulmones que la interna (que es la atmosférica), los sacos se dilatan y entra aire en ellos. Esta dilatación continúa hasta que su incremento de volumen iguala al que experimentó anteriormente la caja torácica; en dicho momento, vuelven a igualarse las presiones en ésta y en el interior de los pulmones, y cesa la dilatación.

Lo espiración es un proceso pasivo; el diafragma y las costillas vuelven a su posición inicial, se presiona sobre los sacos pulmonares y ello determina la expulsión del aire. Se puede realizar un sencillo experimento que demuestra bastante fielmente este mecanismo de la respiración.

Se prepara un recipiente de cristal sin fondo (véase la figura abajo); en la boca se ajusta un tapón perforado por un tubo de vidrio, que termina, por el interior del recipiente, en dos salidos, como una Y invertida; en los extremos de ambas salidps se sujetan dos globos desinflados (los pulmones;, como los que utilizan los niños para sus juegos, y en la base del recipiente se sujeta también una membrana de goma (el diafragma) con una argolla, para poder tirar de ella.

experimento pulmon

Cuando se aumenta el volumen del recipiente al estirar hacia abajo la argolla, los globos se inflan (figura de la derecha, o inspiración); si se la suelta, vuelve a su posición primitiva y los globos se desinflan (figura  de  la   izquierda,  o  espiración).

Fuente Consultada:
Enciclopedia TECNIRAMA De La Ciencia y la Tecnología N°127

Medir la Capacidad Pulmonar Espirómetro Como se Mide?

¿COMO SE MIDE LA CAPACIDAD PULMONAR? – USO DEL ESPIRÓMETRO

LA CAPACIDAD PULMONAR
El aire es vital para nuestro organismo; en esto mezcla de gases, junto con nitrógeno, anhídrido carbónico, vapor de agua y pequeñas cantidades de gases nobles, se encuentra el oxígeno, en una proporción del 21 %, aproximadamente.

El oxígeno es, en realidad, el elemento indispensable para lo vida anima¡l; sin él no se puede verificar la combustión celular y, por tanto, todas las complicadas reacciones orgánicas que constituyen el metabolismo de los seres animados.

El hombre, como la mayoría de los animales terrestres y aéreos, dispone de pulmones para inspirar el aire y ponerlo en contacto con el sistema circulatorio, donde la sangre incorpora a su hemoglobina el oxígeno que el organismo requiere.

medicion capacidad pulmonar espirometro

Las necesidades respiratorias del hombre adulto pueden variar bastante y dependen del tipo de actividad que realice o del estado patológico en que se encuentre. Así, un hombre que realiza un trabajo físico intenso (o un atleta en plena competición) está quemando sus reservas alimen^ ticias masivamente y, por tanto, consumiendo oxígeno en igual   proporción.

Si estos esfuerzos los realiza un hombre normal, que no está acostumbrado a ellos, su respiración se hace jadeante, inspira y espira el aire a un ritmo muy superior al ordinario, porque su capacidad pulmonar no está desarrollada para llevar a cabo tales esfuerzos.

Por otra parte, cuando una persona tiene fiebre, su metabolismo, acelerado por causas patológicas, es intenso; el cuerpo no puede disipar la energía calorífica que produce y, en consecuencia, se eleva su temperatura; en tales condiciones, su respiración tiene que suplir también el incremento del oxígeno que su activo metabolismo requiere y aquélla llega, entonces, a ser jadeante, si no se toman ciertas precauciones —como guardar cama, es decir, permanecer en reposo—, para que el cuerpo tenga las menores exigencias energéticas posibles.

¿Y cuál es la capacidad pulmonar del hombre? Este término es un poco ambiguo y necesitamos aclararlo, porque existen, diversas capacidades pulmonares, que dependen de la forma en que se realice la respiración. Para explicarlo mejor, vamos a referirnos a los valores medios de un hombre  corriente.

La capacidad pulmonar de nuestro organismo se puede determinar, experimentalmente, con un aparato que se denomina espirómetro. En la figura se ha representado un esquema de dicho aparato; consta de un recipiente lleno de agua, que dispone de una campana invertida, como las utilizadas para recoger gases, equilibrada cuidadosamente, a través de una polea, por un peso determinado.

El hombre que quiere averiguar su capacidad pulmonar espira el aire por un tubo de. goma y, de esta forma, lo introduce en el interior de lá campana, provocando su ascensión; un índice, situado en la parte superior de aquélla, recorre una escala graduada y registra directamente el volumen de aire espirado por el individuo. Si el hombre inspira y espira normalmente en el aparato, el íhdice señalará 0,5 litros; es decir, el volumen de aire normal respirado por el hombre es de medio litro.

Si ahora inspira a fondo y espira normalmente, el índice señalará 2 litros; si o estos 2 litros le restamos el medio litro del aire normal, tenemos 1,5 litros, que constituyen el denominado aire complementario, que puede conseguir el hombre forzando la inspiración.

El individuo también puede realizar una inspiración normal y una espiración forzada; en. tal caso, el índice señala también. 2 litros; si de estos 2 litros restamos el medio litro del aire normal, tenemos 1,5 litros del llamado aire de reserva, otro volumen extra, del que puede disponer el hombre forzando la. espiración.

Por último, si se esfuerza tanto la inspiración, como la espiración, el espirómetro señalará 3,5 litros, volumen que constituye la capacidad vital del hombre, que, evidentemente, se compone de los siguientes términos:

Aire   normal   (0,5   l.) + Aire   complementario   (1,5   l.) + Aire   de reserva  (1,5   l.) = 3,5   litros

Pero, a pesar de todos los esfuerzos que el hombre haga, en la espiración, no puede desalojar por completo todo el aire que guarda en sus pulmones.

Quedan, otros 1,5 litros en su interior, que constituyen el volumen dé aire residual. Ere consecuencia, la capacidad total de los pulmones del hombre normal es de 5 litros, sumo de los volúmenes de aire normal, complementario, de reserva y residual. Ahora cabe preguntarse: ¿por qué muchos atletas, aun en plena, competición, están frescos y tienen el ritmo de respiración normal, según se observa?

Ello es consecuencia de la gimnasia y del entrenamiento que realizan sistemáticamente; con ejercicios respiratorios bien dirigidos y practicados, la capacidad vital de sus pulmones puede llegar a incrementarse notablemente y pasar, del valor normal (3,5 litros), a un valor de 7 litros.

Es fácil imaginar que tal capacidad respiratoria puede suministrar adecuadamente el incremento de oxígeno que exige un esfuerzo deportivo. Por ello, un buen deportista (o un hombre que quisiera mantenerse en excelente forma física) no debe abandonar los ejercicios gimnásticos.

Experimento con la Respiracion Anhídrico Carbonico

RESPIRACIÓN HUMANA: DEMOSTRACIÓN DE EXHALACIÓN DE ANHÍDRIDO CARBÓNICO

Es sabido que todos los organismos vivos superiores absorben el oxígeno del aire y expulsan anhídrido carbónico.

Así, en los mamíferos, por ejemplo, el aire entra en los pulmones y allí se verifica un cambio notable; la carboxihemoglobina de la sangre procedente de los diversos tejidos cede anhídrido carbónico (producido en la combustión celular) y capta el oxígeno del aire respirado, transformándose en oxhihemaglobina, con destino a los tejidos. Este hecho se puede poner de manifiesto fácilmente con un sencillo experimento.

Se trata de demostrar con este experimento que en el aire expelido existe anhídrido carbónico.

Se podrá argumentar “a priori” que en el aire normal (el que se aspira) ya existe esta sustancia, y que¿ por tanto, no tiene nada de extraño que se encuentre en el que se expulsa. El experimento permitirá determinar qué cantidad de CO2 tiene el aire normal, y cuál es la que se produce en la respiración.

experiencia de respiracion humana

Para detectar el anhídrido carbónico se utilizará una reacción característica. En efecto, esta sustancia reacciona con el hidróxido calcico (agua de cal), y se produce carbonato cálcico:

C02 + Ca (OH)2 —–>* CO3Ca + H2O

Como el carbonato calcico es insoluble, puede observarse la manera en que precipita de la solución, a medida que se   forma.

Se preparan dos frascos, como se indica en la figura; en cada uno de ellos se pone cierto volumen de una solución límpida de Ca(OH)2 (agua de cal filtrada). Para iniciar el experimento se aspira aire por la embocadura A, presionando con los dedos el empalme flexible 2; con ello, el aire penetra en el aparato por él tubo B, burbujea a través de la solución del primer frasco, y se separa de CO2 al reaccionar con el hidróxido calcico correspondiente; se puede observar cómo precipita el carbonato calcico formado.

Por tanto, este aire que se respira penetra en los pulmones, exento de CO2. A continuación, y presionando previamente el empalme 1, se expulsa el aire de los pulmones, también a través de la embocadura A. De este modo, el aire expulsado burbujea por la solución del segundo frasco, para salir por el tubo C.

La precipitación de carbonato calcico que tiene lugar en el segundo frasco demuestra que el aire procedente de los pulmones va cargado de anhídrido carbónico, y de la abundancia del precipitado se deduce que su concentración en esta sustancia es muy superior a la que tiene el aire atmosférico.

Cifras concretas de estas concentraciones se pueden obtener, tras una serie de aspiraciones, filtrando las soluciones recogidas en cada frasco y pasando el CO3Ca sólido que queda   en   los   filtros.

Por ejemplo, si se conoce la capacidad pulmonar dé la persona que realiza el experimento, se deducirá que, después de las respiraciones necesarias para que pase un volumen determinado de aire por los pulmones, el precipitado recogido en el primer frasco corresponde a una concentración, en anhídrido carbónico, del 0,03 % y en el segundo, de un 4 %.

Por consiguiente, el aire expulsado por los pulmones tiene unas 130 veces más anhídrido carbónico que el aire atmosférico normal.

De hecho, el aire que se respira tiene 21 % de oxigene y 0,03 % de anhídrido carbónico; el aire que se expele tiene   16′ %   de  oxígeno y 4 %   de anhídrido carbónico.

Fuente Consultada:
TECNIRAMA Enciclopedia de la Ciencia y La Tecnología Fasc. N°96

Historia de la higiene personal y de las ciudades en la historia

Historia de la higiene personal y de las ciudades

El escritor Sandor Marai, nacido en 1900 en una familia rica del Imperio Austrohúngaro, cuenta en su libro de memorias Confesiones de un burgués que durante su infancia existía la creencia de que “lavarse o bañarse mucho resultaba dañino, puesto que los niños se volvían blandos”.

Por entonces, la bañera era un objeto más o menos decorativo que se usaba “para guardar trastos y que recobraba su función original un día al año, el de San Silvestre. Los miembros de la burguesía de fines del siglo XIX sólo se bañaban cuando estaban enfermos o iban a contraer matrimonio”.

Esta mentalidad, que hoy resulta impensable, era habitual hasta hace poco. Es más, si viviéramos en el siglo XVIII, nos bañaríamos una sola vez en la vida, nos empolvaríamos los cabellos en lugar de lavarlos con agua y champú, y tendríamos que dar saltos para no pisar los excrementos esparcidos por las calles. 

la higiene humana

  • Del esplendor del Imperio al dominio de los “marranos”

Curiosamente, en la Antigüedad los seres humanos no eran tan “sucios”. Conscientes de la necesidad de cuidar el cuerpo, los romanos pasaban mucho tiempo en las termas colectivas bajo los auspicios de la diosa Higiea, protectora de la salud, de cuyo nombre deriva la palabra higiene.

Esta costumbre se extendió a Oriente, donde los baños turcos se convirtieron en centros de la vida social, y pervivió durante la Edad Media. En las ciudades medievales, los hombres se bañaban con asiduidad y hacían sus necesidades en las letrinas públicas, vestigios de la época romana, o en el orinal, otro invento romano de uso privado; y las mujeres se bañaban y perfumaban, se arreglaban el cabello y frecuentaban las lavanderías. Lo que no estaba tan limpio era la calle, dado que los residuos y las aguas servidas se tiraban por la ventana a la voz de “agua va!”, lo cual obligaba a caminar mirando hacia arriba.

  • Vacas, caballos, bueyes dejaban su “firma” en la calle

Pero para lugares inmundos, pocos como las ciudades europeas de la Edad Moderna antes de que llegara la revolución hidráulica del siglo XIX. Carentes de alcantarillado y canalizaciones, las calles y plazas eran auténticos vertederos por los que con frecuencia corrían riachuelos de aguas servidas. En aumentar la suciedad se  encargaban también los numerosos animales existentes: ovejas, cabras, cerdos y, sobre todo, caballos y bueyes que tiraban de los carros. Como si eso no fuera suficiente, los carniceros y matarifes sacrificaban a los animales en plena vía pública, mientras los barrios de los curtidores y tintoreros eran foco de infecciones y malos olores.

La Roma antigua, o Córdoba y Sevilla en tiempos de los romanos y de los árabes estaban más limpias que Paris o Londres en el siglo XVII, en cuyas casas no había desagües ni baños. ¿Qué hacían entonces las personas? Habitualmente, frente a una necesidad imperiosa el individuo se apartaba discretamente a una esquina. El escritor alemán Goethe contaba que una vez que estuvo alojado en un hostal en Garda, Italia, al preguntar dónde podía hacer sus necesidades, le indicaron tranquilamente que en el patio. La gente utilizaba los callejones traseros de las casas o cualquier cauce cercano. Nombres de los como el del francés Merderon revelan su antiguo uso. Los pocos baños que había vertían sus desechos en fosas o pozos negros, con frecuencia situados junto a los de agua potable, lo que aumentaba el riesgo de enfermedades.

  • Los excrementos humanos se vendían como abono

Todo se reciclaba. Había gente dedicada a recoger los excrementos de los pozos negros para venderlos como estiércol. Los tintoreros guardaban en grandes tinajas la orina, que después usaban para lavar pieles y blanquear telas. Los huesos se trituraban para hacer abono. Lo que no se reciclaba quedaba en la calle, porque los servicios públicos de higiene no existían o eran insuficientes. En las ciudades, las tareas de limpieza se limitaban a las vías principales, como las que recorrían los peregrinos y las carrozas de grandes personajes que iban a ver al Papa en la Roma del siglo XVII, habitualmente muy sucia. Las autoridades contrataban a criadores de cerdos para que sus animales, como buenos omnívoros, hicieran desaparecer los restos de los mercados y plazas públicas, o bien se encomendaban a la lluvia, que de tanto en tanto se encargaba arrastrar los desperdicios.

Tampoco las ciudades españolas destacaban por su limpieza. Cuenta Beatriz Esquivias Blasco su libro ¡Agua va! La higiene urbana en Madrid (1561-1761), que “era costumbre de los vecinos arrojara la calle por puertas y ventanas las aguas inmundas y fecales, así como los desperdicios y basuras”. El continuo aumento de población en la villa después del esblecimiento de la corte de Fernando V a inicios del siglo XVIII gravó los problemas sanitarios, que la suciedad se acumulaba, pidiendo el tránsito de los caos que recogían la basura con dificultad por las calles principales

  • En verano, los residuos se secaban y mezclaban con la arena del pavimento; en invierno, las lluvias levantaban los empedrados, diluían los desperdicios convirtiendo las calles en lodazales y arrastraban los residuos blandos los sumideros que desembocaban en el Manzanares, destino final de todos los desechos humanos y animales. Y si las ciudades estaban sucias, las personas no estaban mucho mejor. La higiene corporal también retrocedió a partir del Renacimiento debido a una percepción más puritana del cuerpo, que se consideraba tabú, y a la aparición de enfermedades como la sífilis o la peste, que se propagaban sin que ningún científico pudiera explicar la causa.

Los médicos del siglo XVI creían que el agua, sobre todo caliente, debilitaba los órganos y dejaba el cuerpo expuesto a los aires malsanos, y que si penetraba a través de los poros podía transmitir todo tipo de males. Incluso empezó a difundirse la idea de que una capa de suciedad protegía contra las enfermedades y que, por lo tanto, el aseo personal debía realizarse “en seco”, sólo con una toalla limpia para frotar las partes visibles del organismo. Un texto difundido en Basilea en el siglo XVII recomendaba que “los niños se limpiaran el rostro y los ojos con un trapo blanco, lo que quita la mugre y deja a la tez y al color toda su naturalidad. Lavarse con agua es perjudicial a la vista, provoca males de dientes y catarros, empalidece el rostro y lo hace más sensible al frío en invierno y a la resecación en verano

  • Un artefacto de alto riesgo llamado bañera

Según el francés Georges Vigarello, autor de Lo limpio y lo sucio, un interesante estudio sobre la higiene del cuerno en Europa, el rechazo al agua llegaba a los más altos estratos sociales. En tiempos de Luis XIV, las damas más entusiastas del aseo se bañaban como mucho dos veces al año, y el propio rey sólo lo hacía por prescripción médica y con las debidas precauciones, como demuestra este relato de uno de sus médicos privados: “Hice preparar el baño, el rey entró en él a las 10 y durante el resto de la jornada se sintió pesado, con un dolor sordo de cabeza, lo que nunca le había ocurrido… No quise insistir en el baño, habiendo observado suficientes circunstancias desfavorables para hacer que el rey lo abandonase”. Con el cuerno prisionero de sus miserias, la higiene se trasladó a la ropa, cuanto más blanca mejor. Los ricos se “lavaban” cambiándose con frecuencia de camisa, que supuestamente absorbía la suciedad corporal.

El dramaturgo francés del siglo XVII Paul Scarron describía en su Roman comique una escena de aseo personal en la cual el protagonista sólo usa el agua para enjuagarse la boca. Eso sí, su criado le trae “la más bella ropa blanca del mundo, perfectamente lavada y perfumada”. Claro que la procesión iba por dentro, porque incluso quienes se cambiaban mucho de camisa sólo se mudaban de ropa interior —si es que la llevaban— una vez al mes.

• Aires ilustrados para terminar con los malos olores

Tanta suciedad no podía durar mucho tiempo más y cuando los desagradables olores amenazaban con arruinar la civilización occidental, llegaron los avances científicos y las ideas ilustradas del siglo XVIII para ventilar la vida de los europeos. Poco a poco volvieron a instalarse letrinas colectivas en las casas y se prohibió desechar los excrementos por la ventana, al tiempo que se aconsejaba a los habitantes de las ciudades que aflojasen la basura en los espacios asignados para eso. En 1774, el sueco Karl Wilhehm Scheele descubrió el cloro, sustancia que combinada con agua blanqueaba los objetos y mezclada con una solución de sodio era un eficaz desinfectante. Así nació la lavandina, en aquel momento un gran paso para la humanidad.

• Tuberías y retretes: la revolución higiénica

En el siglo XIX, el desarrollo del urbanismo permitió la creación de mecanismos para eliminar las aguas residuales en todas las nuevas construcciones. Al tiempo que las tuberías y los retretes ingleses (WC) se extendían por toda Europa, se organizaban las primeras exposiciones y conferencias sobre higiene. A medida que se descubrían nuevas bacterias y su papel clave en las infecciones —peste, cólera, tifus, fiebre amarilla—, se asumía que era posible protegerse de ellas con medidas tan simples como lavarse las manos y practicar el aseo diario con agua y jabón. En 1847, el médico húngaro Ignacio Semmelweis determinó el origen infeccioso de la fiebre puerperal después del parto y comprobó que las medidas de higiene reducían la mortalidad. En 1869, el escocés Joseph Lister, basándose en los trabajos de Pasteur, usó por primera vez la antisepsia en cirugía. Con tantas pruebas en la mano ya ningún médico se atrevió a decir que bañarse era malo para la salud.

Revista Muy Interesante Nro.226- Que Sucio Éramos Luis Otero-
PARA SABER MÁS: Lo limpio y lo sucio. La higiene del cuerpo desde la Edad Media. Georgs Vtgatello. Ed. Altaya. 997.

LA PLACENTA-CORDÓN UMBILICAL-LIQUIDO AMNIOTICO

LOS ANEXOS EMBRIONARIOS: Ya se ha visto que en la formación del embrión interviene sólo una pequeña parte del huevo. El resto constituye los anexos embrionarios, es decir, los órganos destinados a proteger, alimentar y oxigenar al embrión, más tarde feto, durante toda su vida intrauterina. Estos anexos son la placenta, el cordón umbilical, las membranas y el líquido amniótico.

LA PLACENTA: La placenta es el órgano de intercambio entre la madre y el embrión, más tarde feto. Durante la anidación, el huevo se recubre de vellosidades, las vellosidades coriales, parecidas a las pequeñas raicillas de las plantitas. Pronto, el huevo, hundido en la mucosa, comienza a engrosar, a formar una protuberancia en el útero, y las vellosidades desaparecen, salvo en la zona de contacto del huevo con la mucosa.

placenta

Esta zona de contacto, de forma circular, constituirá la placenta. Las vellosidades se hunden en los lagos sanguíneos, los vasos sanguíneos de la madre, que se comunican entre sí y son alimentados por las arterias maternas. Las mismas vellosidades se hallan recorridas por arterias y venas. La sangre de la madre circula por los lagos sanguíneos, la del feto por las vellosidades que lo alimentan.

Entre ambas sangres hay una membrana que hace las veces de filtro. Así, a pesar de la interdependencia íntima entre los elementos maternos y los fetales, las dos circulaciones no se comunican directamente. Ambos sistemas son cerrados. Por esta razón, el hijo podrá tener un grupo sanguíneo diferente de la madre, e incluso antagónico, cuando, por ejemplo, tienen sangres con factores Ah contrarios.

El embrión, que tras ocho semanas de vida intrauterina toma el nombre de feto, recibe sus recursos a través del cordón umbilical que le une a la placenta, que a su vez se halla adherida al útero por las vellosidades. Al principio del embarazo, la placenta desempeña a la vez los papeles de pulmones, riñones, estómago, hígado, intestinos y glándulas hormonales, asegurando así todas las funciones vitales. Pero, a medida que va creciendo, las vísceras del feto van adquiriendo una cierta autonomía, con lo que la función de la placenta disminuye.

Cordón Umbilical, Membranas y Líquido Amniótico El cordón umbilical, que va alargándose progresivamente hasta alcanzar los 50 cm. en el momento del nacimiento, une al feto con la placenta. Es un conducto de alrededor de 1,5 cm. de diámetro, retorcido en espiral, recorrido por dos arterias y una vena que aseguran la circulación del oxígeno, de los alimentos y la evacuación de los desechos.

El feto se encuentra en una bolsa hermética formada por dos membranas de protección transparentes y muy resistentes: por el exterior el cordón, por el interior el amnio, que cubre la cara interna de la placenta, envuelve el cordón y continua en el ombligo. En esta bolsa hay un líquido claro, transparente, rico en sales minerales, el líquido amniótico, cuyo origen es aún mal conocido, que asegura la hidratación del feto, al tiempo que le permite agitarse y le protege contra las infecciones y los traumatismos.

EL FETO Y LAS EMOCIONES MATERNAS : A partir del sexto mes el feto es sensible a los estímulos externos. En este período se han constatado en el feto reflejos condicionados al ruido. Un prematuro de seis a siete meses es capaz de reaccionar de forma diferente ante alimentos salados o dulces y ante ciertos olores. El feto distingue la luz a los siete meses. Percibe también las sensaciones de calor o de frío y es sensible a la presión. Así pues, antes de nacer, el niño ya ha experimentado determinadas sensaciones con la ayuda de sus cinco sentidos. Entre las primeras de estas sensaciones que experimenta se hallan sin duda aquellas de lo que es agradable y desagradable.

Estas primeras actividades psíquicas del feto son, según el profesor Minkowski, “la base indeleble sobre la que se insertan todas las impresiones ulteriores”. La creencia popular dice que las envidias, las esperanzas o los temores de la madre influyen sobre el niño que pronto nacerá. Es cierto que, al alimentar la circulación sanguínea de la madre la del hijo, las modificaciones químicas ocasionadas por el estado psicológico de la madre repercuten de una manera sensible en el feto.

Así, cuando la madre se encuentra en un estado nervioso deficiente, cuando está agotada o cuando experimenta sensaciones demasiado fuertes, su equilibrio hormonal se modifica y, a través de ella, el del feto. Es por esto por lo que es deseable que una mujer encinta lleve, en la medida de lo posible, una vida tranquila y regular, tanto física como psíquicamente. Es difícil medir con exactitud los efectos que pueden producir los estados psicológicos y las emociones de una futura madre sobre el hijo que lleva. Sin embargo, se ha constatado un nexo de unión entre el psiquismo de la madre y las reacciones del feto. Esta vida intrauterina y las impresiones que deja sobre un ser aun virgen apasionan actualmente a los investigadores.

¿SE PUEDE DETECTAR LA PRESENCIA DE GEMELOS? : Teóricamente se puede saber a finales del cuarto mes si es previsible un nacimiento de gemelos, es decir desde que se pueden oír los latidos del corazón. Al final del quinto mes, el ginecólogo puede notar al tacto dos cabezas. Pero este examen es difícil ya que en el caso de gemelos el líquido amniótico es más abundante; el útero es más grueso, está más tenso, y su contenido es difícilmente controlable. Un embarazo de gemelos, desde el momento que se supone o se diagnostica, requiere una vigilancia extremadamente atenta y unos cuidados físicos en la madre para evitar un parto prematuro.

¿GEMELOS VERDADEROS O FALSOS?: En ocasiones, el ovario libera dos óvulos a la vez o. que los dos ovarios actúen simultáneamente. En estos casos, pueden quedar fecundados los dos óvulos, dando lugar a gemelosbivitelinos o falsos gemelos. Estos gemelos son en realidad niños concebidos al mismo tiempo, pero que tienen cada uno un patrimonio hereditario propio; pueden ser, por consiguiente, de sexos diferentes. Los verdaderos gemelos, por el contrario, se originan a partir de un único óvulo fecundado por un solo espermatozoide. siendo la escisión del huevo en dos partes idénticas la que da lugar a dos embriones que tienen el mismo patrimonio hereditario. Los verdaderos gemelos son pues siempre del mismo sexo y se parecen hasta en los más mínimos detalles.

LA DETECCIÓN DE LAS ANOMALÍAS CROMOSÓMICAS Los trabajos realizados por un pediatra de Chicago,Henry Nadler, hechos públicos en el congreso médico de la Haya de 1969, han puesto a punto un método que permite detectar ciertas anomalías hereditarias desde el comienzo del embarazo. Hacia el tercero o cuarto mes del embarazo, se toma una pequeña cantidad de líquido amniótico por simple aspiración a través de la pared abdominal. En este líquido flotan células provenientes del feto, que se ponen en cultivo en un medio adecuado y se multiplican.

Un estudio profundo permite identificar, si las hubiese, ciertas taras cromosómicas o ciertas enfermedades del metabolismo, es decir deficiencias en las transformaciones que se operan en el organismo. En efecto, en el momento de la fecundación puede ocurrir un accidente cromosómico. Un cromosoma de menos o, por el contrario, un cromosoma suplementario, será causa de un desequilibrio que impida el normal desarrollo del embrión. La primera célula estará al principio desvirtuada y todas las otras, nacidas de ella, llevarán la misma anomalía, con lo que el niño nacerá “diferente”. Uno de los ejemplos más típicos de estos accidentes cromosómicos es el del mongolismo o trisomia 21.

En 1959, los profesores Turpin. Lejeune y Gautier descubrieron que los pequeños retrasados mentales, a los que corrientemente se les llama mongólicos, poseían 47 cromosomas en lugar de 46. La medicina se encuentra todavía impotente ante los casos de aberración cromosómica y ciertos médicos son partidarios del aborto terapéutico. En los casos de enfermedades del metabolismo, es a menudo posible prescribir un tratamiento precoz de la madre.

 

La eugenesia las especies y la reproduccion de los mejores Darwinismo

ESPECIE: Conjunto de individuos capaces de dar origen a hijos que puedan tener descendencia fértil. Definiciones algo más concretas, hablan de «especie evolutiva», entendida como —siguiendo la definición del naturalista George G. Simpson (1902-1984)— una estirpe (o secuencia de poblaciones de ancestros-descendientes) que evoluciona separadamente de otras y que tiene un papel y unas tendencias de evolución propias y de carácter unitario.

Éste es el concepto más ampliamente aceptado y de mayor consenso, al menos entre los zoólogos. El asumir una especie como biológica, implica evolutivamente asumir que es una población reproductivamente aislada, por lo que constituye un linaje evolutivo separado y que es reforzado por una serie de barreras que pueden ser de carácter geográfico o biológico

En realidad, el concepto de especie tiene mucho de ambiguo. Generalmente, las poblaciones vecinas de un determinado animal pueden cruzarse, pero entre poblaciones de áreas geográficas más alejadas puede producirse una disminución de la fertilidad si intentan el cruzamiento, hasta llegar a la imposibilidad entre poblaciones muy distantes. Se puede entender esta reducción progresiva de la fertilidad como debida a la posesión de dotaciones cromosómicas que se van diversificando a medida que aumenta la distancia.

Eugenasia

Ahora bien, los miembros de esas poblaciones distantes e infértiles por cruzamiento, ¿pertenecen a la misma especie o a especies diferentes? Como no pueden cruzarse, habría que asignarlos a especies diferentes. Pero como están conectados por una serie continua de poblaciones cruzables, se podría considerar que, a fin de cuentas, pertenecen a la misma especie. Desde este punto de vista, el concepto de especie tiene algo de relativo, aunque, por otra parte, no deja de ser consecuente con el gradualismo histórico darwiniano.

Además, el concepto moderno de especie, basado en el aislamiento reproductivo, no es fácil de aplicar a aquellos organismos eucariotas (dotados, recuerden, de núcleos) que se reproducen sin apareamiento, de modo que cada miembro de la especie está aislado reproductivamente. Problemas parecidos los plantean aquellas especies que se reproducen de forma vegetativa (por fisión del progenitor), por partenogénesis (desarrollo a partir de óvulos no fertilizados) o por auto fertilización de un hermafrodita. En esos casos hay que recurrir a otros criterios de clasificación.

La verdad, no encuentro ningún placer en estos tipos de diferenciación que con más frecuencia de la deseada han conducido —aunque sea indirectamente— a la discriminación, a contemplar a «los otros» como enemigos, o como esclavos (esto es patente con los «otros animales», los no humanos, que nuestra especie maltrata a menudo innecesariamente). Encuentro un mayor consuelo en los análisis de parentesco  entre especies diferentes que se realizan analizando las cadenas de aminoácidos de algunas de sus proteínas, y que nos hablan de la cercanía que nos une a, por ejemplo, los caballos.

Me doy cuenta de que estos argumentos míos son, en este punto, poco científicos, pero, lo repito una vez mas: no doy la espalda a encontrar en los resultados de la investigación científica algún que otro apoyo para causas morales.

EUGENESIA: Movimiento iniciado en las últimas décadas del siglo XIX, que sostenía que la mayoría de las características humanas eran estrictamente hereditarias y que había que mejorar la especie humana, favoreciendo la reproducción de los mejores especimenes y dificultando la de aquellos con deficiencias.

Los eugenesistas mantenían que no sólo los rasgos físicos, como el color de los ojos y la altura, sino también los atributos de la personalidad estaban determinados genéticamente (en un sentido mendeliano) y que para elevar el nivel de la población había que proceder poco más o menos como los ganaderos: favorecer la reproducción de los «buenos» sujetos y aminorar, o incluso detener, la reproducción de los «malos». A finales del siglo XIX y comienzos del XX, ayudado por la credibilidad que le otorgaba una presunta base científica, el programa eugenésico se extendió ampliamente, en especial en Estados Unidos y en algunos países de Europa.

Fue en Estados Unidos donde la fe en la genética mendeliana aplicada a los seres humanos se llevó a la práctica por vez primera: en 1907 el estado de Indiana aprobó las primeras leyes. que permitían la esterilización de los enfermos mentales y criminales patológicos; a finales de la década de 1929 veintiocho estados y una provincia canadiense habían introducido legislaciones parecidas.

Detrás de las ideas eugenésicas, se encuentra la convicción de que la vida humana puede reducirse a la biología y que las instituciones humanas se conducirán mejor teniendo en cuenta las «realidades» del determinismo biológico.

Ahora bien, semejante idea es cuestionable, y ello independientemente de que el punto de partida científico sea correcto o no (ya señalaba esto a propósito del determinismo biológico), de que, por ejemplo, las ideas eugenésicas hubieran resultado ser correctas desde el punto de vista científico. El problema es que el universo en el que se mueven los seres humanos no coincide exacta, ni siquiera necesariamente, con el universo del conocimiento científico. Aldous Huxley (1894-1963) expresó de manera magnífica tal diferencia cuando escribió:

El mundo al que se refiere la literatura es el mundo en el que los hombres son engendrados, en el que viven y en el que, al fin, mueren. El mundo en el que aman y odian, en el que triunfan o se los humilla, en el que se desesperan o dan vuelos a sus esperanzas. El mundo de las penas y las alegrías, de la locura y del sentido común, de la estupidez, la hipocresía y la sabiduría. El mundo de toda suerte de presión social y de pulsión individual, de la discordia entre la pasión y la razón, del instinto y de las convenciones, del lenguaje común y de los sentimientos y sensaciones para los que no tenemos palabras… [Por el contrario], el químico, el físico, el fisiólogo son habitantes de un mundo radicalmente diverso —no del mundo de los fenómenos dados, sino de un mundo de estructuras averiguadas y extremadamente sutiles; no del mundo experiencial y de los fenómenos únicos y de las propiedades múltiples, sino del mundo de las regularidades cuantificadas

Fuente Consultada: Diccionario de la Ciencia Jose M. Sanchez Ron

La Sangre Plasma Sanguineo Globulos Rojos y Blanco Grupos sanguineos

La Sangre Plasma Sanguineo
Globulos Rojos y Blanco Grupos Sanguíneos

Introducción: Este fluido, que circula por un sistema tan complejo como el cardiovascular y puede llegar a todas las células del cuerpo, tiene funciones vitales. En primer lugar es el encargado de la respiración celular, tomando el oxígeno de los pulmones, llevándolo a todo el cuerpo y devolviendo desde allí a los pulmones el dióxido de carbono. También recolecta los alimentos disgregados por el sistema digestivo y los lleva a las células. Al pasar por el hígado y el riñón realiza una función depurativa, permitiendo que salgan de nuestro cuerpo sustancias nocivas.

Al transportar células del sistema inmunitario, actúa en la defensa de nuestro cuerpo frente a los microbios. Su función transportadora no acaba aquí, pues lleva las hormonas de un lugar a otro del cuerpo. Además, la sangre actúa en la regulación de la temperatura, haciendo que el calor generado en el cuerpo sea trasladado hacia la superficie para que se disipe.

La composición de la sangre

El volumen promedio de sangre de un hombre es de 5,5 litros, y el de una mujer de aproximadamente un litro menos. Algo más de la mitad de este volumen está formada por el plasma, la parte líquida de la sangre. Por él circulan las células sanguíneas, que son de diversos tipos: los eritrocitos o glóbulos rojos, los leucocitos o glóbulos blancos y las plaquetas o trombocitos.

El plasma sanguíneo

Tiene el aspecto de un fluido claro, algo semejante a la clara de huevo, y el 90% está formado de agua. En él se hallan disueltas importantes sales minerales, como el cloruro sódico, el cloruro potásico y sales de calcio, escindidas en sus componentes. Su concentración oscila muy poco para que no se rompa su equilibrio con el líquido que baña los tejidos ni con el intracelular. Gracias a ellas pueden disolverse las proteínas en el plasma, para ser transportadas por la sangre, y la acidez de los líquidos del cuerpo se mantiene dentro de estrechos límites.

Las proteínas más importantes que se hallan disueltas en el plasma son el fibrinógeno y la protrombina, que intervienen en la coagulación sanguínea; las al búminas, que desempeñan un importante papel en el transporte y para mantener el volumen de plasma, y las globulinas, que son parte del sistema defensivo de nuestro cuerpo. Todas estas proteínas, a excepción de las últimas, se forman en el hígado.

Además, en el plasma existen todas las sustancias transportadas por la sangre, como las partículas de alimento y los productos que son el resultado del metabolismo, y, como ya hemos mencionado, las hormonas.

composicion de la sangre

Las plaquetas o trombocitos

Estas células, encargadas de la coagulación, se originan en la médula ósea. Su tamaño es de unas dos milésimas de milímetro, tienen forma de disco y existen unas 300.000 por cada milímetro cúbico de sangre. Su principal característica consiste en que se adhieren unas a otras, por lo que tienen la capacidad de formar coágulos.

La coagulación

Un sistema tan indispensable como el cardiovascular debe poseer un mecanismo de seguridad que evite que su líquido se vierta. Ante cualquier rotura de los vasos, pues, interviene el mecanismo de la coagulación.

Cuando la pared de un vaso se rompe se ponen al descubierto zonas de tejido el mismo que son ásperas, a las cuales e pegan rápidamente las plaquetas. En pocos instantes la acumulación de ellas es grande, pero su función no se acaba en el taponamiento; las plaquetas adheridas emiten unos mensajeros químicos llamados factores de coagulación, de los que existen más de diez tipos. Gracias a ellos e forma una reacción en cadena al término de la cual el fibrinógeno, una proteína que se hallaba disuelta en el plasma, se convierte en fibrina.

Esta es insoluble y forma unos filamentos muy finos son los que se teje una red, que forma el coágulo. Además, las plaquetas emiten serotonina, que tiene el efecto de estrechar s vasos sanguíneos para que disminuya la corriente. La hemofilia es una enfermedad hereditaria producida por la ausencia de aluno de los factores de coagulación.

En otra época, uno de los grandes inconvenientes al realizas transfusiones de sangre era el hecho de poder conservar este tejido en estado líquido. La coagulación de la sangre es un proceso muy rápido, que se produce entre los 3 y los 7 minutos de practicada la extracción sanguínea; por eso, las transfusiones se hacían directamente de persona a persona.

Gracias a las investigaciones del médico argentino Luis Agote, en el año 1914 se logró que la sangre in vitro (fuera del cuerpo) se mantuviera en estado líquido, al agregarle citrato de sodio —sal inorgánica, formada por la combinación de ácido cítrico e hidróxido de sodio—.

El citrato de sodio actúa como anticoagulante. Provoca la precipitación de los iones calcio al formar un nuevo compuesto, el citrato de calcio, por lo que el calcio deja de ejercer su acción en la coagulación. De esta manera se puede tener la sangre en estado líquido por varias semanas, siempre que se mantenga refrigerada

Los eritrocitos dan a la sangre su color rojo, y ello se debe a que en el interior de cada uno de ellos existen de 200 a 300 millones de moléculas de hemoglobina, mediante las cuales realizan su función, que es el transporte de oxígeno por la sangre. La hemofilia es una enfermedad hereditaria producida por la ausencia de aluno de los factores de coagulación. La más pequeña herida puede poner en peligro la vida del enfermo, que sangra sin parar.

Los glóbulos rojos

Los glóbulos rojos, también llamados eritrocitos o hematíes, se forman en la médula roja de los huesos y subsisten durante cuatro meses. Su principal característica morfológica es que no poseen un núcleo organizado, que al pasar a la sangre ya ha desaparecido. Tienen forma de disco engrosado por el borde, su diámetro es de unas siete milésimas de milímetro, y en cada milímetro cúbico de sangre existen de 4,5 a 5,5 millones de ellos, que constituyen el 45% del volumen sanguíneo.

LOS eritrocitos dan a il sangre su color rojo, y ello se debe a que en el interior de cada uno de ellos existen de 200 a 300 millones de moléculas de hemoglobina, mediante las cuales realizan su función, que es el transporte de oxígeno por la sangre.

La hemoglobina

Esta molécula está formada por cuatro subunidades idénticas, cada una de las cuales consta de una proteína, la globina, unida a un grupo hemo. Este último tiñe de rojo la sangre y está formado por cuatro núcleos que se unen adoptando la forma de un trébol de cuatro hojas. En el centro se halla anexionada una molécula de hierro, que es la encargada de unirse al oxígeno. Efectivamente, mediante la oxidación y desoxidación del hierro cada molécula de hemoglobina capta cuatro moléculas de oxígeno de los alvéolos pulmonares. Con esta preciada carga el eritrocito viaja, pasando por la parte izquierda del corazón, hasta las células de todo el cuerpo, donde el oxígeno debe ser liberado. El dióxido de carbono, por el contrario, no se une con la hemoglobina sino que se disuelve directamente en el plasma con gran facilidad. En cambio, el monóxido de carbono, el gas que sale por los tubos de escape de los coches, sí se une con la hemoglobina, y con más facilidad que el oxígeno. Así, cuando en el aire que respiramos hay oxígeno y monóxido de carbono, este último gana la competición por unirse con la hemoglobina y la persona que lo absorbe puede morir.

Los grupos sanguíneos

En la membrana de los glóbulos rojos hay unas proteínas que no son idénticas en todas las personas. Así, no siempre un individuo puede tolerar la transfusión de sangre de otro, ya que existen reacciones del sistema defensivo. Este intenta protegerse ante estas proteínas que le son extrañas formando anticuerpos, y la sangre del receptor produce una enfermedad que puede ser mortal.

Existen muchos tipos de proteínas en los glóbulos rojos, pero las que aquí nos interesan son las del grupo ABO y las del factor Rhesus o Rh.

Grupo ARO. Pueden existir dos tipos de proteínas en el glóbulo rojo: la A y la B. Una persona que tenga la proteína A pertenecerá al grupo A, y si tiene el factor B, pertenecerá al B. Si posee ambas proteínas, será del grupo AB, y si no tiene ninguna, del O (cero). Existen, pues, cuatro tipos de personas, y cada uno de ellos repele a la proteína que no posee. Así los individuos A y O repelen la sangre de los B y los AB, mientras que los B y los O presentan una reacción defensiva frente a los A y los AB. Los individuos AB, al tener los dos grupos, pueden recibir transfusiones de todos los demás, mientras que los O no pueden recibir sangre más que de su mismo grupo, y pueden dar a todo el mundo, por lo que reciben el nombre de donantes universales.

Grupo Rh. Existe una proteína, que se encuentra en los glóbulos rojos del 85% de las personas, que se llama Rh positiva. Las restantes, o Rh negativas, si reciben sangre con la proteína, quedan sensibilizadas. Si tiene lugar un segundo contacto, se produce una reacción de rechazo, que en los hombres y en las mujeres no gestantes no entraña ningún peligro. Sin embargo, si una mujer embarazada experimenta esta reacción, porque su hijo es Rh+ y ella Rh—, se pondrá en peligro la vida del bebé. Ello se debe a que durante el embarazo algo de la sangre del bebé se mezcla con la de la madre.

Los glóbulos blancos

Los leucocitos o glóbulos blancos son las células sanguíneas encargadas de la defensa. Su tamaño es variable, de 6 a 20 micras de diámetro, y se encuentran en la sangre, según su tipo, en un número que oscila entre los 5.000 y los 9.000 por milímetro cúbico. Todos ellos tienen núcleo, aunque la forma de éste es muy distinta. Algunos de ellos, el grupo de los granulocitos, poseen unos gránulos en el citoplasma, mientras que otros, los agranulocitos, carecen de ellos. Los granulocitos se subdividen en neutrófilos, eosinófilos y basófllos, y los agranulocitos en monocitos y linfocitos.

Neutrófilos

Se originan en la médula ósea roja, donde gran proporción de ellos permanece hasta que son necesarios en la sangre. Constituyen el 70% del total de los granulocitos, y sus gránulos son pequeños y muy numerosos. El núcleo posee varios lóbulos, y el diámetro es de unas 10 micras. Su función es la fagocitosis, es decir, devorar los cuerpos extraños, después de lo cual el neutrófilo muere y es destruido, formándose partículas de pus. La vida media de estas células es de una semana.

Eosinófilos

Originados de la misma forma que los neutrófilos, los eosinófilos constituyen el 3% del total de granulocitos y su núcleo presenta sólo dos nódulos ovalados. Sus gránulos son grandes y numerosos y su diámetro de unas 10 micras. Su función es la fagocitosis, al igual que la de los neutrófilos, y su número aumenta mucho durante las alergias y las enfermedades por parásitos.

Basófilos

Los gránulos de los basófilos son gruesos pero escasos. Son células de unas 10 micras de diámetro y su núcleo tiene una forma que recuerda a una 5. Se originan en el mismo lugar que el resto de los granulocitos, y son los menos numerosos, ya que constituyen sólo el 0,5% del total. Su función no se conoce bien, pero parece que evitan la coagulación dentro de las arterias y las venas.

Monocitos

Son los más grandes de entre los glóbulos blancos, con un tamaño que oscila entre las 15 y las 20 micras. Su núcleo tiene forma arriñonada y poseen gran cantidad de citoplasma, que no tiene gránulos. Constituyen el 5% de los glóbulos blancos, y se dedican a devorar partículas de un tamaño considerable. Por tanto, al igual que los tipos antes descritos, los monocitos viven muy poco tiempo, pues mueren destruidos después de fagocitar. Algunos de ellos se desplazan hasta donde los necesitan, pero también los hay fijos en el hígado, el bazo, los ganglios linfáticos y la médula.

Linfocitos

Tienen el tamaño de un glóbulo rojo, y su núcleo es esférico y bastante grande, con una concavidad en uno de sus lados. Constituyen el 30% de todos linfocitos y se forman en la médula ósea roja. Sin embrago cuando salen de ella sufren un proceso de maduración por el cual se forman dos tipos: los linfocitos B, que pasan a los ganglios linfáticos, y los linfocitos T, que se albergan en el timo. Todos ellos viven unos cien días y se encargan del sistema de defensa específico, también llamado inmunitario, por el cual el linfocito distingue las sustancias que debe destruir de las que son propias del cuerpo. Para ello los linfocitos deben tener un cierto tipo de (<memoria» que les permita pasar sus conocimientos de una generación a la siguiente).

La sustancia atacante recibe el nombre de antígeno, y la que producen los linfocitos para neutralizarla son los anticuerpos. Los anticuerpos se unen a los antígenos de forma que éstos se hacen inofensivos, y todo el complejo es después eliminado por los eosinófilos.

Linfocitos B. Son los encargados de producir los anticuerpos y células de memoria. Éstas, una vez que han madurado y «aprendido» sobre un cierto antígeno, se dividen formando una estirpe, que puede durar varios años o toda la vida del individuo.

Linfocitos T. Estas células colaboran con los linfocitos B, y además tienen otras funciones, como la de estimular la actividad de algunas células que fagocitan.

TABLA DE COMPATIBILIDAD DE GRUPOS SANGUÍNEOS

Su Tipo de Sangre es:

Puede Recibir el Grupo de Sangre:

O- O+ B- B+ A- A+ AB- AB+
AB+ Si Si Si Si Si Si Si Si
AB- Si Si Si Si
A+ Si Si Si Si
A- Si Si
B+ Si Si Si Si
B- Si Si
O+ Si Si
O- Si

AMPLIACIÓN SOBRE LA HEMOGLOBINA:

Observando con el microscopio electrónico uno de los 25 billones de glóbulos rojos de la sangre, se pone de manifiesto una estructura interna parecida a la de una esponja. Y entre sus redes se encuentra una sustancia que es una de las maravillas de la naturaleza: la hemoglobina. Cada glóbulo rojo contiene trescientos millones de moléculas de hemoglobina.

La función confiada por la naturaleza a este elemento es fascinante, y se apoya en una serie de reacciones químicas aún poco conocidas. Todos sabemos que la sangre transporta el oxigeno, “inspirado” por los pulmones, a las distintas partes de nuestro organismo, sin excluir a las células, que lo utilizan para “quemar” los alimentas (es decir: los azúcares, las grasas y las proteínas).

De esta combustión, que suministra al hombre la energía necesaria para vivir, surgen dos nuevas sustancias: el agua y el anhídrido carbónico, que es gaseoso, pero que se disuelve en contacto con la sangre, formando bicarbonatos. Por su parte, la sangre, tras ceder el oxígeno, se carga de estos bicarbonatos y recorre un camino inverso, regresando a los pulmones- En ellos, al extremo de los bronquios más delgados, existe una gran cantidad de vesículas hemisféricas —los alveolos pulmonares—, que constituyen la terminación “ciega” de todo el sistema bronquial. Los alvéolos suelen alcanzar la asombrosa cifra de mil quinientos millones.

A ellos llega, desde el exterior, el aire cargado de oxígeno, y, a través de una intrincada red de vasos capilares, la sangre procedente de los tejidos. El oxígeno contenido en el aire pasa a la sangre atravesando la delgadísima pared de los vasos capilares (cuyo grosor no llega a una miera; es decir, a una milésima de milímetro) y la aún más delgada pared de los alvéolos. La molécula de hemoglobina, dos mil veces más pesada que la del oxígeno, es capaz de combinar sus cuatro átomos de hierro con el oxígeno del aire, formando un compuesto llamado oxihemoglobina.

Al mismo tiempo, se acidula y descompone los bicarbonatos disueltos en el plasma, dejando en libertad el anhídrido carbónico, que luego expulsan los pulmones. La oxihemoglobina, transportada por los glóbulos rojos de la sangre arterial, recorre los pulmones y llega hasta los últimos capilares sanguíneos, donde cede el oxígeno a las células, a través de las paredes de estos vasos, transformándose en hemoglobina reducida (o privada de oxígeno).

La sangre venosa transporta esta hemoglobina reducida, en unión de los bicarbonatos, hasta los pulmones, con lo cual se cierra el fantástico ciclo. Pero nada de lo dicho podría suceder sin la presencia de la hemoglobina, mágica sustancia capaz de transportar un volumen de oxígeno casi cincuenta veces superior al que contendría el agua en solución normal. Esto significa que, sin la hemoglobina, el cuerpo humano necesitaría doscientos litros de sangre en lugar de los cinco que, más o menos, tiene; y el corazón debería impulsar 160 litros por momio en vez de los cuatro habituales; y la velocidad de b sangre aumentaría hasta que cada glóbulo rojo pudiera correr todo el sistema circulatorio en medio segundo, en lugar de los 20-22 que actualmente tarda, para oxigenar los tejidos; entonces la velocidad de cambio se vería muy acelerada. Las hipótesis descriptas nos producen asombro y contribuyen a poner de manifiesto la excepcional importancia que el Lumbre tiene ese milagro llamado hemoglobina.