Pirata: Barbanegra

El Chocolate Historia de los Alimentos en America Comida de los Indios

ALIMENTOS DE AMÉRICA: EL CHOCOLATE

El chocolate
Otro alimento que hizo verdadero furor en Europa fue, el chocolate. Igual que el café o el té, el chocolate, es un estimulante cuyo principio activo es la teobromina, que significa «alimento de. los dioses». Este calificativo nos da una descripción mucho más exacta de su uso que cualquier apoyo botánico.

En el Méjico azteca, donde por primera vez lo vieron los europeos, el cacao era la bebida favorita de los emperadores, que eran considerados dioses. El primer europeo que probó el chocolate fue Cortés, invitado por Moctezuma, que se lo ofreció servido en una calabaza dorada.

Para preparar el chocolate, los mejicanos recogían los frutos del árbol del cacao, que siempre está verde y cuyas flores amarillas se parecen a las rosas. Luego partían las frutas y las exponían al sol hasta que «sudaban». El siguiente paso consistía en moler las vainas en un molino que llamaban metatl.

Thomas Gage, un inglés que iba a estar muy relacionado con el chocolate, asegura que su nombre procede de la onomatopeya choco-choco, que imita el chasquido del chocolate al entrar en contacto con el agua, y de atle, el nombre del molino.

El chocolate era tan caro que difícilmente pudo ser la bebida habitual de los campesinos pobres. En Méjico se utilizaba como dinero en lugar de las monedas, de las que nunca se sirvieron los aztecas. Las vainas de cacao se empaquetaban en bultos de 24.000 unidades, y éstos se constituían en la medida estándar del dinero, con los
que los mejicanos y los mayas pagaban sus impuestos.

Tal y como lo tomaron Moctezuma y Cortés, el chocolate era una bebida fría, no líquida, pero sí batida hasta conseguir una consistencia parecida a la de la miel, por lo que había que tomarlo con cuchara. Se mezclaba con toda clase de especias, incluyendo una que todavía se le añade hoy en día: la vainilla. Los aztecas, además le ponían con frecuencia maíz molido a su chocolate.

chocolate derretido

En manos europeas, el chocolate sufrió un considerable cambio. Se convirtió en una bebida auténtica, pues era tan caro que había que mezclarlo con agua. Sin embargo, se seguía batiendo y añadiéndole una gran variedad de especias, según la fórmula propia de cada consumidor.

Lo más probable es que los aztecas le introdujesen varios afrodisíacos naturales. De, hecho, tanto los franceses como los ingleses, consideraban al chocolate como un afrodisíaco.

Resulta característico de ambos temperamentos nacionales el que, mientras los franceses bebían chocolate sin ninguna prevención, estaban muy preocupados respecto al café, pues sus médicos les habían asegurado que los dejaría impotentes. Los ingleses, por su parte, estiman muy tranquilos con el café, pero les preocupaban los efectos que pudiera tener el chocolate sobre la castidad de las mujeres (la castidad de los hombros no se consideraba tan importante).

Al final del siglo XVIII ya no se consideraba que el chocolate pudiese poner en peligro la virtud femenina. Se tomaba en toda Europa, y fue una de las bebidas que hizo posible la revolución intelectual europea, conocida como el Siglo de las Luces.

Las damas francesas de cierto rango organizaban reuniones, y en sus salones se servía café o chocolate a sus imitados, que eran todos intelectuales y hombres, excepto la anfitriona. Mientras sorbían su chocolate discutían sobre los temas de actualidad y de política, como el de si los poderes del rey de Inglaterra deberían ser limitados, o lo que se podría hacer para mejorar la suerte cíe los campesinos.

El chocolate había perdido completamente su exótica reputación, hasta tal punto que con frecuencia lo bebían las colegialas y las monjas. Una de las entusiastas de esta bebida fue Madame d’Arestrel, superiora del convento de la Visitación de Belley, y que tenía un joven amigo llamado Anselme Brillat-Savarin.

La Revolución Francesa hizo que Anselme tuviese que emigrar a Nueva York, donde tuvo que ganarse la vida tocando el piano en una orquestina mientras pensaba en su gran obra gastronómica. En ella habría de incluirse la receta que la madre superiora de Belley le había proporcionado para hacer un buen chocolate.

«Hazlo en un recipiente de porcelana la noche antes de que quieras beberlo. Luego déjalo reposar toda la noche. Con este reposo adquiere una concentración y una textura aterciopelada que lo mejora infinitamente. Dios no nos guardará rencor por este pequeño refinamiento. Al fin y al cabo, ¿no es Él todo perfección?»

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

Alimentacion, Dieta y Comidas en la Edad Media Viviendas

LA EDAD MEDIA: CASAS, COMIDA Y ALIMENTACIÓN

resumen de la edad media 

EL CLIMA Y LA VIDA EN LA EDAD MEDIA: Los hombres y mujeres de la Edad Media sufrían con dureza las consecuencias del medio físico. Los rigores del invierno eran muy difíciles de combatir para todas las clases sociales, utilizando tanto los nobles como los humildes el fuego para combatirlo.

Gracias a la leña o el carbón vegetal el frío podía ser evitado y surgieron incluso rudimentarios sistemas de calefacción, siendo la chimenea el más utilizado. El refugio más empleado durante los largos y fríos inviernos eran las casas, utilizando numerosas ropas de abrigo para atenuar los rigores meteorológicos. Las pieles eran el elemento característico del vestido medieval. Para combatir el calor sólo se podía recurrir a un baño y las gruesas paredes de las iglesias y los castillos.

Otro elemento que suponía una importante limitación era la luz. Por la noche las actividades se reducían muchísimo. Incluso las corporaciones laborales prohibían a sus miembros trabajar durante la noche. Entre los motivos de estas prohibiciones encontramos la posibilidad de provocar incendios o la imperfección en el trabajo debido a la escasa visibilidad.

Las horas nocturnas solían servir a la fiesta en castillos o universidades, fiestas que se extendían a toda la sociedad en fechas señaladas como el 24 de diciembre o la noche de difuntos. Sin embargo, uno de las situaciones en las que el hombre echaba en falta la luz era por motivo de las grandes catástrofes: pestes, incendios, inundaciones, sequías, etc.

Los incendios eran práctica habitual en el mundo medieval, propagados gracias a la utilización de madera en la fabricación de las viviendas. Un descuido daba lugar a una gran catástrofe utilizándose también el fuego como arma de guerra. Las condiciones sanitarias de la población favorecerán la difusión de las epidemias y pestes, especialmente gracias a las aglomeraciones de gentes que se producían en las ciudades donde las ratas propagaban los agentes transmisores.

vino y pan , edad media

El vino y el pan serán los elementos fundamentales en la dieta medieval. En aquellas zonas donde el vino no era muy empleado sería la cerveza la bebida más consumida. De esta manera podemos establecer una clara separación geográfica: en las zonas al norte de los Alpes e Inglaterra bebían más cerveza mientras que en las zonas mediterráneas se tomaba más vino. Aquellos alimentos que acompañaban al pan se denominaban “companagium”. Carne, hortalizas, pescado, legumbres, verduras y frutas también formaban parte de la dieta medieval dependiendo de las posibilidades económicas del consumidor.

Uno de los inconvenientes más importantes para que estos productos no estuvieran en una mesa eran las posibilidades de aprovisionamiento de cada comarca. Debemos considerar que los productos locales formaban la dieta base en el mundo rural mientras que en las ciudades apreciamos una mayor variación a medida que se desarrollan los mercados urbanos. La carne más empleada era el cerdo -posiblemente porqué el Islam prohíbe su consumo y no dejaba de ser una forma de manifestar las creencias católicas en países como España, al tiempo que se trata de un animal de gran aprovechamiento- aunque también encontramos vacas y ovejas.

La caza y las aves de corral suponían un importante aporte cárnico a la dieta. Las clases populares no consumían mucha carne, siendo su dieta más abundante en despojos como hígados, patas, orejas, tripas, tocino, etc. En los periodos de abstinencia la carne era sustituida por el pescado, tanto de mar como de agua dulce. Diversas especies de pescados formaban parte de la dieta, presentándose tanto fresco como salazón o ahumado. Dependiendo de la cercanía a las zonas de pesca la presentación del pescado variaba. Judías, lentejas, habas, nabos, guisantes, lechugas, coles, rábanos, ajos y calabazas constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta mientras que las frutas más consumidas serían manzanas, cerezas, fresas, peras y ciruelas. Los huevos también serían una importante aportación a la dieta. Las grasas vegetales servirían para freír en las zonas más septentrionales mientras que en el Mediterráneo serían los aceites vegetales más consumidos. Las especias procedentes de Oriente eran muy empleadas, evidentemente en función del poder económico del consumidor debido a su carestía. Azafrán, pimienta o canela aportaban un toque exótico a los platos y mostraban las fuertes diferencias sociales existentes en el Medievo.

Las carnes debidamente especiadas formaban parte casi íntegra de la dieta aristocrática mientras que losmuchos monjes no consumían carne, apostando por los vegetales. Buena parte del éxito que cosecharon las especias estaría en sus presuntas virtudes afrodisíacas. Como es lógico pensar los festines y banquetes de la nobleza traerían consigo todo tipo de enfermedades asociadas a los abusos culinarios: hipertensión, obesidad, gota, etc.

El pan sería la base alimenticia de las clases populares, pudiendo constituir el 70 % de la ración alimentaria del día. Bien es cierto que en numerosas ocasiones los campesinos no comían pan propiamente dicho sino un amasijo de cereales -especialmente mijo y avena- que eran cocidos en una olla con agua -o leche- y sal. El verdadero pan surgió cuando se utilizó un ingrediente alternativo de la levadura. Escudillas, cucharas y cuchillos serían el menaje utilizado en las mesas medievales en las que apenas aparecen platos, tenedores o manteles. La costumbre de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa estaba muy extendida.

No se introducen productos nuevos, sino que alguno de ellos se hizo más popular y otros se integran masivamente como símbolo de estatus social o manifestación religiosa. Al final de la Edad Media se sigue manteniendo la división geográfica entre la cocina del norte donde predomina el uso de la grasa animal y la del sur, mediterránea, que emplea el aceite de oliva; pero también se puede distinguir una cocina aristocrática, en la que se produce una mayor variedad de productos, de técnicas de preparación y de complejidad de esta elaboración, con intervención de especias, protagonismo de asados de volatería y de guisos de pescado, todo con adornos y aderezos de salsas y sofritos, así como una notable intervención de la confitería.

La predilección por los sabores aportados por las especias se presenta de manera distinta en los países de Europa. En Francia es el jengibre la más usada, seguida de la canela, el azafrán, la pimienta y el clavo; en Alemania, se emplea sólo la pimienta y el azafrán y en menor medida el jengibre; los ingleses son los más particulares, pues prefieren la cubeba, el macís, la galanga y la flor de canela, mientras los italianos fueron los primeros en utilizar la nuez moscada.

Frente a esta cocina muy refinada, cara y con fuertes variedades regionales, encontramos una cocina popular, menos cambiante, más unida a las necesidades y a la producción del entorno, con predominio de guisados en olla, donde la carne debía cocer largo rato porque los animales eran viejos y, por tanto, más dura, se acompañaba de verduras y legumbres y se completaba con elevadas cantidades de plan.

Tanto en las regiones donde ya había una enorme tradición, como en otras, se generaliza la elaboración de morcillas con la sangre del cerdo, con piñones, pasas y azúcar, o las tortas de harina de mijo o de castañas también con la sangre del animal, pudiendo entenderlo como un intento de demostrar su raíz cristiana y alejar cualquier sospecha de judaísmo.

Los Hogares y La Alimentación: Según los datos arqueológicos las casas altomedievales eran muy simples, por regla general. Su tamaño era reducido y estaban construidas en madera, adobe y piedras, utilizando paja para el techo. Las cabañas de los campesinos solían medir entre 2 y 6 metros de largo por dos de ancho, horadando el piso para crear un ambiente más cálido. En su interior habitaban la familia y los animales, sirviendo estos de “calefacción”.

Las casas podían tener una cerca alrededor donde se ubicaría el huerto, uno de los espacios más queridos en la época. Allí se cultivaban las hortalizas, las legumbres y las pocas frutas que constituían parte de la alimentación de los campesinos El mobiliario de las casas era muy escaso. Algunas ollas de cerámica, platos y marmitas, una mesa y taburetes para comer a su alrededor ya que los germanos abandonaron la costumbre romana de comer acostados y apoyándose sobre un codo. Al ubicarse alrededor de la mesa se emplearon cuchillos y cucharas, aunque serían las manos la pieza más utilizada para comer. La comida más fuerte era la de la tarde, rompiéndose el tópico que en la época medieval se pasaba habitualmente hambre.

Al principio de la comida se servía la sopa, invento franco consistente en caldo de carne con pan. Después se comen las carnes, tanto en salsa como a la parrilla, acompañadas de verdura -coles, nabos, rábanos, aliñados con especias, ajo y cebolla, considerando que las especias favorecían la digestión-. Era habitual que los platos se aliñaran con garum, condimento de origen romano elaborado a partir de la maceración de intestinos de caballa y esturión en sal. El vino y la cerveza regaban estas pantagruélicas comidas habituales en la nobleza. Como no todos los platos eran devorados, las numerosas sobras caían en manos de los esclavos y sirvientes que daban debida cuenta de ellas.

Son frecuentes los testimonios que aconsejan abandonar esta dieta para sustituirla por “raíces, legumbres secas y gachas con una pequeña galleta, a fin de que el vientre no esté pesado y asfixiado el espíritu” como recomienda san Columbano a sus monjes. Un monje nos cuenta que “no probaba ni siquiera el pan y sólo bebía cada tres días una copa de tisana” mientras que un rico bretón llamado Winnoch se jactaba de comer sólo hierbas crudas. Pero estos casos no eran lo habitual ya que Fortunato manifiesta que sale de las comidas “con el vientre inflado como un balón” mientras que Gregorio de Tours monta en cólera cuando hace referencia a dos obispos que pasan todo el día comiendo, “se volcaban sobre la mesa para cenar hasta la salida del sol”, durmiendo hasta el atardecer. Las dietas de los monjes eran abundantes. En un día un monje solía consumir 1700 gramos de pan, litro y medio de vino o cerveza, unos 80 gramos de queso y un puré de lentejas de unos 230 gramos.

Las monjas se contentan con 1400 gramos de pan y 130 gramos de puré, añadiéndose el queso y el vino. Los laicos suelen engullir kilo y medio de pan, 100 gramos de carne, 200 gramos de puré de legumbres secas y 100 de queso, regado también con litro y medio de vino o cerveza. Las raciones alimentarias rondarían las 6.000 calorías ya que se consideraban que sólo son nutritivos los platos pesados, convirtiéndose el pan en el alimento fundamental de la dieta. En algunos casos, cuando no había platos, los alimentos se tomaban sobre el pan. De estos datos podemos advertir que la obesidad estaría a la orden del día, por lo menos entre los estamentos noble y clerical, si bien los campesinos también hacían comidas fuertes cuyas calorías quemaban en su duro quehacer diario.

Las fiestas eran iguales a exceso en la época altomedieval. Las raciones alimenticias de monjes y clérigos aumentaban en un tercio, alcanzando las 9.000 calorías gracias a doblar la ración diaria de potajes, sopas o pures y recibir medio litro más de vino junto a media docena de huevos y un par de aves. Los canónigos de Mans recibían en determinadas fiestas un kilo de carne con medio litro de vino aromatizado con hinojo o salvia. Si advertimos que el calendario cristiano contaba con unos sesenta días festivos al año -más las festividades locales- podemos imaginar el peso alcanzado por algunos monjes.

En época de Cuaresma la carne se sustituye por pescados: lenguados, arenques, congrio o anguilas. Estas pesadas comidas requerían de largas digestiones “acompañadas de siestas, eructos y flatulencias expresadas de la manera más sonora posible, porque tal cosa se consideraba como prueba de buena salud y de reconocimiento al anfitrión” en palabras de Michel Rouche. Buena parte de la culpa de estas comilonas está en la mentalidad de la época al asociar la salud, las victorias militares o la progenie con las plegarias y los banquetes que se prolongaban durante dos o tres días.

Las Republicas Francesas Resumen e Historia de su Formación

Las Repúblicas Francesas
Resumen e Historia de su Formación

revolucion francesa

EL REINO DE FRANCIA

rey de los francos carlomagnoA la muerte de Carlomagno (año 814), el vasto territorio del imperio fue dividido entre sus tres hijos. Mas no duró largo tiempo esa división; en el año 843 los descendientes de Carlomagno decidieron rehacer la distribución de territorios, que delineó los que habían de ser, posteriormente, los reinos de Francia, Italia y Alemania.

Una nueva época se inició en la historia de Francia en el año 987, con la ascensión al trono de Hugo Capeto. Con él comenzaba la lucha contra los grandes feudatarios que pretendían restringir el poder real. Esta lucha, que duró casi tres siglos, pudo considerarse terminada alrededor del año 1300 bajo el reinado de Felipe el Hermoso. Una larga y dura guerra contra Inglaterra puso en serio peligro al reino de Francia; la capital y casi la mitad del territorio fueron ocupados por los ingleses.

Si los franceses consiguieron, finalmente, arrojar a los invasores (hacia 1453), fue gracias a la intervención de una joven: Juana de Arco. Obtenida la venia del rey para marchar a la cabeza de las tropas en traje de guerrero, la valiente doncella arrastró con su ejemplo a millares de voluntarios. Esta joven singular, desde entonces el símbolo del pueblo francés, con su heroísmo superó innumerables dificultades y obtuvo las primeras victorias que levantaron el ánimo público. Entregada a los ingleses, fue condenada a la hoguera cuando solamente contaba diecinueve años de edad.

DINASTÍAS QUE REINARON EN FRANCIA
LOS MER0VINGI0S: Meroveo, elegido rey de los francos en e! siglo V de la era cristiana, fue el fundador de la dinastía. El último rey merovingio fue Childerico III, destronado por Pipino el Breve en 752.

LOS CAR0LINGI0S: Esta dinastía tomó su nombre de Carlomagno, su más afamado soberano. Se inició con Pipino el Breve y terminó en 987.

LOS CAPETOS: Hugo Capeto, elegido rey de Francia en 987, fue e¡ fundador de está dinastía que, en sus diversas ramas, reinó hasta el año 1848 (con excepción de la Primera República y de! imperio napoleónico: 1804-1814). Se divide en tres ramas: los Capetas directos, hasta Carlos IV (1328); los Valois, hasta Enrique III (1589); los Borbones, hasta Luis XVI (1792) y, después de la Revolución, hasta Luis Felipe (1848).

LA MONARQUÍA ABSOLUTA

LUIS XIV de franciaDurante más de doscientos años, desde mediados del siglo XV y casi hasta fines del siglo XVII, Francia hallóse empeñada en contiendas contra España y Austria. Ya en él siglo XVI, al conflicto exterior se agregó el religioso, que en Francia llegó hasta la guerra civil.

El rey Enrique IV de Borbón (1589-1610) resolvió el problema: dio plena libertad religiosa, firmó la paz con España y fundó el imperio colonial. A su muerte, y merced a la acción de dos hábiles ministros, los cardenales Richelieu y Julio Mazarino, Francia logró mantener una posición de primer orden entre las potencias europeas. A la muerte de Mazarino en el año 1661, Luis XIV tomó con resolución la dirección del gobierno y Francia pudo considerarse la nación más poderosa de Europa.

El reinado de Luis XIV, uno de los más largos en la historia de Europa, se cuenta, sin duda, entre las épocas más importantes de la historia francesa. Con él comenzó en Francia la monarquía absoluta. Luis XIV fue, en efecto, el rey absoluto por excelencia. En cierta oportunidad afirmó: “El Estado soy yo”.

Para lograr el acatamiento de los nobles, que no habrían tolerado un poder real tan absoluto, Luis XIV los hospedó en la inmensa y suntuosa casa real de Versalles, permitiéndoles llevar vida ociosa y dispendiosa, a cargo, por supuesto, del Estado. Pero los gastos excesivos originados para sufragar las fastuosas fiestas de la corte y para satisfacer las crecidas pensiones de los nobles, condujeron a Francia a condiciones económicas gravísimas.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA
Luis XIV murió en 1715, decepcionado del fruto de las guerras que había provocado o en las que había intervenido. La situación de Francia se agravaba día a día por el desorden siempre creciente. Luis XV, el sucesor, decía: “La buena máquina durará tanto como nos”. Luis XVI, aseen-; dido al trono en el año 1774, era un hombre bueno, poco inteligente y sin ningún carácter; aunque bien intencionado, no hubiera podido, frente a la nobleza y el clero, acostumbrados a sus enormes privilegios, subsanar con simples decretos un estado de cosas que venía arrastrándose desde mucho tiempo atrás.

Nombró a un buen ministro, Turgot, pero éste, que era de la escuela de los economistas del siglo XVIII , tuvo que renunciar frente a la hostilidad de los privilegiados.

Convocados los Estados Generales, en 1789, para remediar la situación económica, los acontecimientos se precipitaron. El 20 de junio de 1789, los representantes del “tercer estado”, burgueses, profesionales, comerciantes, industriales y campesinos, que eran en realidad las víctimas de la desigualdad social, pronunciaron el famoso juramento de la Cancha del Juego de Pelota: “No separarse hasta haber dado a Francia una Constitución”. Días después se reunió la Asamblea Constituyente y ante el peligro que ella corría, por la concentración de tropas, el pueblo se levantó. La toma de la fortaleza de la Bastilla abatió un símbolo de la arbitrariedad despótica y enardeció la voluntad popular. La Asamblea promulgó la Declaración de los Derechos del Hombre. La huida del rey indignó al pueblo de París, que sospechaba sobre todo de la reina María Antonieta.

Luis XVI, condenado a muerte, fue ejecutado en 1793. Una era de terror surgió en Francia, y fueron muchos los aristócratas y sospechosos que fueron llevados ante la justicia y en muchos casos guillotinados. La Revolución Francesa fue una revolución social de fundamental trascendencia en el mundo occidental.

LA PRIMERA REPÚBLICA
El 22 de setiembre de 1792 surgió la República Francesa, cuya Constitución daba al pueblo aquello por lo cual luchara: libertad e igualdad. Austria y Prusia, temerosas de que ese incendio llegara hasta sus dominios, declararon la guerra a Francia.

Poco después (1793), intervinieron también Inglaterra, Holanda, España y Cerdeña. La energía del gobierno revolucionario y el espíritu admirable del pueblo, decididos a defender sus derechos, levantaron un ejército que, después de su primera victoria en Valmy, no se conformó ya con defenderse, sino que pasó a la ofensiva llevando por Europa las ideas de la Revolución.

Surgió entonces un joven general, que bien puede llamarse un genio de la guerra: Napoleón Bonaparte. Después de una campaña fulminante en Italia, llevada directamente contra el emperador de Austria, fue venciendo poco a poco a todos los enemigos de Francia, con excepción de Inglaterra.

EL IMPERIO

NAPOLEON INapoleón obtuvo en 1799 el cargo de primer cónsul, luego fue cónsul vitalicio (1802) y en 1804 emperador de los franceses. Las coaliciones contra él se sucedieron y las batallas que libró se tradujeron casi invariablemente en victorias. Pero después de sufrir grandes descalabros en España y tras la desastrosa campaña de Rusia, fue vencido en Leipzig (1813).

Confinado en la isla de Elba, pudo aún reconquistar el poder por un breve período de cien días. Derrotado definitivamente en Waterloo (18 de junio de 1815), fue desterrado a Santa Elena, pequeña isla del Atlántico, donde murió en el año 1821.

LA SEGUNDA REPÚBLICA (1848) Y EL SEGUNDO IMPERIO (1852)

napoleon III de FranciaLuis XVIII, que había sucedido a Napoleón, dejó como heredero a su hermano Carlos X, quien cayó en la revolución de 1830.Luis Felipe de Orleáns le sucedió, y gobernó hasta 1848 como monarca constitucional, en medio de la oposición de los “legitimistas”, “republicanos”, “bonapartistas” y “socialistas”, no obstante el tono algo liberal de su gobierno.

En 1848, un movimiento revolucionario derribó a Luis Felipe. Surgió entonces la Segunda República y con ella la magia del nombre de Bonaparte: para unos, promesa, para otros amenaza.

Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón I, antiguo afiliado a las sociedades carbonarias italianas, fue elegido presidente de la Segunda República en 1848, por el voto de cinco millones y medio de franceses; en 1852 fue designado presidente por diez años y, en el mismo año, emperador hereditario. Asumió el poder con el nombre de Napoleón III.

LA TERCERA REPÚBLICA
El segundo imperio duró menos de dieciocho años. Después de haber logrado preponderancia en Europa, Napoleón III, envuelto en las maniobras de Bismarck, ministro de Prusia, declaró a ésta la guerra, que fue desastrosa para Francia. Cercado en Sedán, el emperador debió rendirse v esto fue como la señal para un levantamiento de los republicanos franceses, que proclamaron la Tercera República (4 de septiembre de 1870).

El régimen republicano provocó los ataques de monárquicos y bonapartistas. La prosperidad de Francia avanzó, y consiguió formar el segundo imperio colonial del mundo, después de Inglaterra.

En la primera Guerra Mundial, Francia fue aliada de Inglaterra, Rusia, Italia, Estados Unidos y Bélgica, en contra de Alemania y del imperio austro-húngaro. Alemania fue derrotada. Al estallar la segunda Guerra Mundial, Francia estaba otra vez en primera línea, aliada con Inglaterra y posteriormente (1941), con Estados Unidos, en contra de Alemania, Italia y el Japón. A un año apenas del comienzo de la guerra, ocupada Francia en sus tres cuartas partes por el ejército alemán, firmó un armisticio.

El general De Gaulle no lo aceptó, y decidió continuar la lucha junto a los aliados; huyó al extranjero y fundó el gobierno de “Francia Libre”. Muchos militares se le adhirieron y, en 1944, al desembarcar los aliados en Francia para expulsar a los alemanes, figuraban entre aquellos las tropas de “Francia Libre”, al mando del general De Gaulle.En 1945 terminó la guerra y Francia integró el conjunto de las naciones vencedoras.

LA CUARTA REPÚBLICA

de gaulle francia Apenas terminada la guerra, los franceses encomendaron a De Gaulle la formación de un nuevo gobierno. Se proclamó así la Cuarta República, que luego eligió autoridades con una nueva constitución. Pero un nuevo problema surgió para Francia.

Dos colonias africanas: Túnez y Marruecos, exigieron su independencia.

La Cuarta República, que estaba enfrentando el complejo problema, ofreció el poder al general De Gaulle, ya retirado de la vida pública. El 31 de mayo de 1958 se le concedieron plenos poderes, y su gobierno enfrentó una política de decidida reorganización.

 

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revolucion francesa

Pintura Sobre Las Luchas Durante La Revolución Francesa

La Revolución Francesa fue el cambio político más importante que se produjo en Europa, a fines del siglo XVIII. No fue sólo importante  para Francia, sino que sirvió de ejemplo para otros países , en donde se desataron conflictos sociales similares, en contra de un  régimen anacrónico y opresor, como era la monarquía. Esta revolución significó el triunfo de un pueblo pobre, oprimido y cansado de las injusticias, sobre los privilegios de la nobleza feudal y del estado absolutista.

Durante el reinado de Luis XIV (1643-1715) (foto), Francia se hallaba bajo el dominio de una monarquía absolutista, el poder de rey y de la nobleza era la base de este régimen, pero en realidad el estado se encontraba en una situación económica bastante precaria, que se agravó por el mal gobierno de Luis XV (bisnieto de Luis XIV), y que tocó fondo durante el reinado de Luis XVI, gobernante bien intencionado, pero de carácter débil, por lo que se lo llamaba el buen Luis.

“Los gastos militares y un lustro de malas cosechas crearon una gravísima situación social. La mayoría de la población se vio en la miseria mientras el lujo y el despilfarro del rey y la nobleza continuaban como si nada. Luis XVI se negó a realizar cualquier tipo de reforma y defendió los privilegios de la aristocracia frente al hambre de sus súbditos, que se estaban hartando de la injusticia.” Fuente Consultada: Felipe Pigna

 El mantenimiento de un estado absolutista demandaba mucho dinero, ya que:

* Existía un gran número de funcionarios en el gobierno y cada uno buscaba su propio beneficio

* Se tenía que mantener un gran  ejército permanente.

* La corte vivía rodeada de lujos.

Algunos ministros de Hacienda trataron de encontrar una solución a esta crisis, pero sus medidas sólo complicaron más la situación.

 Aparece un nuevo problema:

  • En envió de  tropas a América de Norte, para defender su posiciones territoriales, antes el avance de gobierno inglés, en la guerra de los Estados Unidos.
  • Consecuentemente la monarquía se endeudó mucho más.

 Soluciones Propuestas:

  • Se recurrió al tradicional intento de aumentar los impuestos.
  • Se trató de conseguir que la nobleza también aporte su correspondiente diezmo, medida que provocó la ira y oposición de esta última clase social, que estaba dispuesta a defender sus privilegios feudales, hasta el punto de enfrentar la monarquía.
  • Para que no se empeorara su situación económica la nobleza trató de acaparar más cargos en la burocracia estatal, y además, aumentó la explotación de los campesinos que trabajaban en sus tierras, exigiéndoles   mayores contribuciones.

Resumiendo:

a- La economía del país estaba arruinada.

b- Los nobles consecuentemente sufrían dramas financieros.

c- El clero no recibía el diezmo por parte del pueblo.

d- La burguesía quería acceder a cargos públicos.

e- Los campesinos estaban cansados del poder feudal.

La sociedad estaba compuesta por tres sectores sociales llamados estados.

El primer estado era la Iglesia; sumaba unas 120.000 personas, poseía el 10% de las guerras de Francia y no pagaba impuestos. Recibía de los campesinos el “diezmo”, es decirla décima parte del producto de sus cosechas. Sólo la Iglesia podía legalizar casamientos, nacimientos y defunciones, y la educación estaba en sus manos. El segundo estado era la nobleza, integrada por unas 350.000personas. Dueños del 30 % de las tierras, los nobles estaban eximidos de la mayoría de los impuestos y ocupaban todos los cargos públicos. Los campesinos les pagaban tributo y sólo podían venderles sus cosechas a ellos. Tenían tribunales propios, es decir que se juzgaban a sí mismos.

El tercer estado comprendía al 98% de la población, y su composición era muy variada. Por un lado estaba la burguesía, formada por los ricos financistas y banqueros que hacían negocios con el estado; los artesanos, funcionarios menores y comerciantes. Por otra parte, existían campesinos libres, muy pequeños propietarios, arrendatarios y jornaleros. El proletariado urbano vivía de trabajos artesanales y tareas domésticas. Finalmente estaban los siervos, que debían trabajo y obediencia a sus señores. El tercer estado carecía de poder y decisión política, pero pagaba todos los impuestos, hacia los peores trabajos y no tenía ningún derecho. La burguesía necesitaba tener acceso al poder y manejar un estado centralizado que protegiera e impulsara sus actividades económicas, tal como venia ocurriendo en Inglaterra.

Viendo la difícil situación económica que se asomaba, la nobleza exigió que se llamara a Estados Generales, para el tratamiento de una ley de impuestos. La monarquía prácticamente arruinada económicamente y sin el apoyo de gran parte de la nobleza, estaba en la ruina.

Cuando se reunieron en los Estados Generales (1789), la situación de Francia estaba sumamente comprometida, ya que el pueblo no soportaba más tan penosa vida, y existía un gran descontento social. Como se dijo, las clases sociales existentes en ese momento eran: la nobleza, el clero y la burguesía, pero al contar los votos de la nobleza y del clero, que pertenecían a un estamento privilegiado, superaban en número a la burguesía, y por lo tanto siempre se tomaban las decisiones que a esta sector le convenía. Solucionado este sistema de conteo, el tercer estamento (la burguesía) pudo tomar el control de la situación, y comenzó a sesionar como Asamblea Nacional,  y juraron solemnemente que ésta no se disolvería hasta tanto no se logre conformar una Constitución Nacional.

En 14 de Julio de 1789, la burguesía se vio apoyada por un gran sector explotado por la nobleza, los campesinos, que en medio de una agitada multitud revolucionaria formada por hombres y mujeres, saturados de injusticias y de hambre, se dirigen violentamente a la Bastilla, símbolo del régimen absolutista, donde funcionaba como cárcel de los opositores al sistema de gobierno, y toman la toman por la fuerza. Esta demostración atemorizó a los partidarios del antiguo sistema, y sirvió para inclinar la balanza en favor de los revolucionarios, desplazando así del poder a los nobles y partidarios del absolutismo.

Paralelamente se produjo en las zonas rurales levantamientos de los campesinos contra los señores feudales, lo cuales fueron asesinados, y sus castillos saqueados e incendiados. A este movimiento social por la justicia y fraternidad de los hombres en 1789, se lo conoce como elGran Miedo.

La Asamblea Nacional estaba formada por la burguesía, que inicialmente para luchar contra la monarquía, lo hizo en forma unificada, pero en realidad la burguesía no era una clase social homogénea, sino que estaba dividida en la alta burguesía –banqueros, financistas, comerciantes, propietarios- y en la baja burguesía formada por los profesionales (abogados y médicos), pequeños comerciantes y dueños de talleres.

Cuando llegó el momento de decidir por la forma de gobierno, la alta burguesía apoyó a los girondinos, oriundos de la provincia de La Gironda, que querían llegar a un acuerdo con la monarquía e instaurar una monarquía constitucional, es decir, tenía una actitud moderadora respecto a los cambios políticos.

Por otro lado estaban los jacobinos, que tenían ideas más revolucionarias y de cambios radicales, con tendencia a la instauración de una república democrática, con derechos a la participación política y con la aplicación de medidas más equitativas para la repartición de la riqueza y la lucha contra el hambre popular. Dicho nombre proviene de que se reunían en asambleas, llamadas clubes , en un convento ubicado sobre la calle San Jacobo.

Los diputados de la asamblea, decidieron eliminar los privilegios de la nobleza, se les obligó a pagar impuestos y se eliminó el diezmo a la Iglesia. Pocos días después la asamblea dicta la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, esta proclama se transformó en la síntesis de las ideas revolucionarias, basadas en tres banderas: igualdad, fraternidad y libertad.

Les interesaba la libertad para comerciar, la defensa de la propiedad privada y la igualdad de los ciudadanos ante la ley.

El 3 de Septiembre de 1789, se proclamó la Constitución de carácter moderado, en donde la alta burguesía había logrado prevalecer sus ideales, de negociar con el antiguo régimen, quedando a cargo del poder ejecutivo el rey (Luis XVI), el poder legislativo lo ejerció una asamblea formada por la burguesía y el poder judicial, se compuso de jueces electos. Se estableció que sólo podían votar aquellos que pagaban ciertos impuestos, y de esta manera se pone en evidencia que las banderas de igualdad proclamada por los revolucionarios tenía ciertas limitaciones.

La nobleza de esta manera se vio con sus poderes recortados, lo que los motivó a tratar de crear alianzas y buscar apoyos en otros países con gobiernos absolutista, y de paso tratar de evitar que estos movimientos se expandan a otros reinos, y para ello no había mas remedio que la guerra. Países como Austria y Prusia, atacaron a los franceses en los límites de su territorio y lograron contenerlos, pero los cuidados que tuvieron los países limítrofes con Luis XVI, hicieron evidente de la alianza que existía entre éste y la intervención extranjera, de esta manera el pueblo francés destronó al rey, y luego se lo decapitó. Más tarde fue ejecutada su mujer: María Antonieta. La asamblea nacional fue desplazada y un nuevo cuerpo de representantes reunidos en una Convención, comenzó a dirigir el nuevo gobierno republicano, liderado por la baja burguesía, dependiente del partido jacobino.

El cambio de mayor importancia es que ahora los representantes podían ser elegidos mediante el sufragio universal, permitiendo una mayor participación de sectores humildes y populares, llamados sans culottes (sin calzones).Desde 1792 los jacobinos lograron el control de la Convención, y sus principales activistas fueron:Dantón, Robespierre, Marat y Saint Just.

La república jacobina en el plano exterior debió frenar el avance de los ejércitos extranjeros, en el plano interior debió combatir la aristocracia, y terminar con la resistencia de los girondinos, que se oponían a la nueva forma de gobierno. Para tomar mejor partido de su control, los jacobinos hicieron alianzas con los sans-culottes, y durante 1793, se creó una institución destinada a establecer un rígido control de los opositores, y castigarlos duramente y aplicar la pena de muerte a todos aquellos que no apoyaban el sistema de gobierno republicano. Este instrumento fue dirigido en persona por Robespierre. Se trataba de mantener dominados a sus opositores, a través del miedo, por lo que se lo llamó: El terror revolucionario.

El gobierno revolucionario de 1793: Durante la guerra, en el interior de Francia hubo levantamientos organizados por partidarios de la monarquía y por grupos opuestos a la Constitución civil del clero. Ante la emergencia, la Convención decidió crear varias instituciones que tendrían a cargo el gobierno del país en la grave situación:

EL COMITÉ DE SALVACIÓN PÚBLICA: Integrado por nueve miembros con amplios poderes de gobierno.
EL COMITÉ DE SEGURIDAD GENERAL: Con atribuciones de policía y seguridad interna. Se dedicaba a investigar el comportamiento de los supuestos enemigos de la Revolución.
EL TRIBUNAL REVOLUCIONARIO: Con extensos poderes judiciales.

La medidas tomadas por la Convención no pudieron atender a todas las exigencias del sector popular, que seguían sufriendo la crisis económica. Se trató de llevar un control de precios para los alimentos básicos, aplicando severa penas a quienes no las acataban, pero no se logró el efecto deseado, lo que llevó al sector de los sans-culottes a romper su alianza con los jacobinos, creando una fisura y debilidad al partido gobernante.

Robespierre: Con Robespierre al frente, se estableció un gobierno revolucionario, el Comité de Salvación Pública,  que suspendió algunas garantías constitucionales, mientras la situación de guerra pusiera en peligro la Revolución, y se utilizó el Terror, un estado de excepción, para perseguir, detener y, en su caso, guillotinar a los sospechosos de actividades contrarrevolucionarias. Ante la guerra y la crisis económica se tomaron toda una serie de medidas para favorecer a las clases populares y que fueron signo del nuevo carácter social de la República.

— La venta en pequeños lotes de los bienes expropiados a la nobleza para que pudieran ser adquiridos por los campesinos.

— Ley que fijaba el precio máximo de los artículos de primera necesidad y la reglamentación de los salarios.

— Persecución de los especuladores, confiscación de sus bienes y distribución de ellos entre los pobres.

— Obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza primaria, prohibición de la mendicidad, atención a los enfermos, a los niños y a los ancianos.

— Proceso de descristianización, que comportó la sustitución del calendario cristiano por el que se iniciaba con la proclamación de la República y la sustitución del culto católico por un culto cívico; el de la razón.

Las reformas de Robespierre concitaron muy pronto la oposición de la mayor parte de la burguesía, que veía peligrar sus propiedades. Por otro lado, su forma de gobernar, dictatorial, desagradaba a muchos porque a cualquier crítica se respondía con la detención y la muerte. Cuando la guerra dejó de ser un problema y las victorias del ejército republicano garantizaban la estabilidad de la República, gran parte de los diputados de la Convención se pusieron de acuerdo para dictar una orden de detención contra Robespierre, que fue guillotinado el 28 de julio de 1794.

Conociendo la debilidad de este gobierno, la alta burguesía aprovechando la situación, y deseosos de terminar con los “excesos del populacho” en Julio de 1794, produjeron un golpe de estado, desplazando la república y creando un Directorio, que para lograr su autoridad se apoyaron en los militares. Los líderes de la Convención fueron guillotinados.

El Directorio, eliminó la libertad política de votar a los más humildes, se eliminó el control de precios y se tomaron medidas que favorecieron a los comerciantes y especuladores. Este nuevo régimen, el Directorio, fue contestado tanto por los realistas, partidarios de volver al Antiguo Régimen, como por las clases populares, de­cepcionadas por el nuevo rumbo político. Así, el sistema fue evolucionando hacia un autoritarismo, que acabó por recurrir al ejército y entregarle el poder. De todas maneras, el sector popular siguió pasando por las misma penurias de siempre y míseras condiciones de vida.

Entre los militares que apoyaban al Directorio, se encontraba Napoleón Bonaparte, que no tardó en hacerse del poder, mediante un golpe militar, aprovechando el gran prestigio que se había ganado en las diversas victorias militares en otros países. En 1799 se apoderó del gobierno se Francia, y se coronó como Primer Cónsul, concentrando cada vez más poder, hasta llegar a emperador en 1804. Con el tiempo la burguesía lo apoyó, ya que conservó muchos de los principios declarados en la Constitución, especialmente aquellos que beneficiaban a la burguesía más acomodada. A su vez estos lo apoyaban, porque evitaban el regreso de la república jacobina y del antiguo régimen aristocrático.

Consecuencias de la Revolución Francesa
1-Se destruyó el sistema feudal
2-Se dio un fuerte golpe a la monarquía absoluta
3-Surgió la creación de una República de corte liberal
4-Se difundió la declaración de los Derechos del hombre y los Ciudadanos
5-La separación de la Iglesia y del Estado en 1794 fue un antecedente para separar la religión de la política en otras partes del mundo
6-La burguesía amplió cada vez más su influencia en Europa
7-Se difundieron ideas democráticas
8-Los derechos y privilegios de los señores feudales fueron anulados
9-Comenzaron a surgir ideas de independencia en las colonias iberoamericanas
10-Se fomentaron los movimientos nacionalistas   

AMPLIACIÓN DEL TEMA
SOBRE EL TERROR REVOLUCIONARIO

Comandado por hábiles generales, el ejército revolucionario logró rechazar al enemigo: el 20 de setiembre de 1792, derrotó a los prusianos en Valmy, obligándolos a abandonar Francia, y el 6 de noviembre traspuso la frontera e invadió Bélgica.

El mismo día en que llegó a París la noticia de la gran victoria, de Valmy, el gobierno revolucionario proclamó la República.

Un mes más tarde, Luis XVI fue condenado a muerte como “reo de conspiración contra la libertad de la nación y de atentado contra la seguridad del Estado”. El 21 de enero de 1793, murió guillotinado en París, en la Plaza de la Revolución (actual Plaza de la Concordia).

La muerte del rey produjo la reacción inmediata de los más poderosos monarcas europeos. España, Holanda, Portugal, Rusia e Inglaterra se unieron a Austria y Prusia en su guerra contra Francia.

La situación se tornó de pronto muy grave. Mientras Francia se hallaba amenazada por el avance de tropas enemigas, una parte del pueblo comenzó a dar señales de hostilidad hacia los revolucionarios, acusándolos de haber provocado el ataque de las naciones europeas al dar muerte al rey. En Lyon, en el mismo París y especialmente en la Vandée, el pueblo se sublevó.

Los revolucionarios más decididos resolvieron proceder con rigor extremo: instituyeron el “Comité de Salud Pública”, bajo las órdenes de Maximiliano Robespierre, con la misión de condenar a muerte a todos los sospechosos de no adherirse a los principios de la Revolución.

En un año, a partir de julio de 1793, Robespierre envió a la guillotina a miliares de personas, sin entablarles proceso alguno. Este período se conoce con el nombre de “El Terror”.

FIN DE LA REVOLUCIÓN: La inaudita ferocidad de Robespierre acabó por disgustar a ¡os mismos revolucionarios: el27 de julio de 1794, muchos de ellos se rebelaron contra el sanguinario dictador, que fue detenido y enviado a la guillotina, juntamente con sus más crueles subalternos.

Así, con la muerte de Robespierre, el poder pasé a manos de hombres decididos a hacer triunfar los principios de la Revolución, sin dejarse llevar por excesos de violencia. En 1795, brindaron finalmente a Francia una Constitución que respetaba plenamente los derechos del hombre y del ciudadano, votados en 1789 por la Asamblea Constituyente. Prescindiendo de los deplorables actos de violencia, debe reconocerse que la Revolución logré mejorar considerablemente las condiciones políticas y sociales de Francia:

1) Fue abolido el absolutismo monárquico (e! pueblo pudo hacer valer su voluntad a través de sus representantes).
2) Fueron reducidos los privilegios de que gozaban los nobles y el clero.
3) Fue proclamada la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

La Revolución Francesa consiguió hacer triunfar los principios que habrían de cambiar radicalmente las condiciones sociales de la época.

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El Idealismo Aleman Filosofia en el siglo XIX Johann Gottieb Fichte

El siglo XIX: EL IDEALISMO ALEMÁN

En la segunda mitad del siglo XVIII hasta el Romanticismo, alrededor de 1800, la ciencia y el arte culminan unas transformaciones que se pueden resumir con los términos temporalización y humanización.

Temporalización significa en la biología y la cosmología la apertura de nuevas dimensiones de la historia de la naturaleza mediante puntos de vista evolucionistas.

Así, p. ej., la teoría kantiana del nacimiento de los sistemas solares a partir de una niebla de gases, y con ella también la teoría del nacimiento de la tierra, exigen la suposición de un espacio de tiempo para el nacimiento que no se encuentra en relación ninguna con la idea que se tenía entonces de la antigüedad de la tierra.

También la variedad biológica de géneros (mucho antes de Darwin) es lentamente historizada, es decir, frente a la suposición de una cantidad en principio idéntica de especies y de géneros, es entendida como el resultado de transformaciones a largo plazo. El mundo pasa a ser el producto de un proceso que se remonta hasta tiempos inmemoriales. En las teorías del lenguaje, de los signos y del arte, esta temporalización se muestra en la suposición de que los significados se forman en un proceso de concesión de sentido concreto que está determinado por síntesis temporales de la multiplicidad y que, además, tiene distintos aspectos en diferentes épocas. Según esto, los significados no son atemporales en un doble sentido. La idea barroca de que el mundo se podría representar a sí mismo de modo objetivo, por así decir, en una enorme tabla de signos, desaparece completamente. Una humanización, no entendida aquí como la creación de condiciones humanas, se muestra en el crecimiento de la antropología, de la ciencia del ser humano, en la medicina y en una incipiente sociología.

El idealismo alemán, recoge una preocupación por la libertad y la unidad frente al extranjero, esa pasión por la nación alemana, por analizar el concepto de pueblo (volkgesit). Los movimientos nacionalistas coinciden con este clima intelectual. Los temas principales de los filósofos idealistas serán entonces:

1. Desarrollo de la doctrina kantiana: Kant fue, en efecto, el punto de partida. Iniciador y maestro, no escapó a la crítica ni fue seguido fielmente. Pero no todo se redujo a él.

2. Preocupaciones religiosas: aparece un espíritu heterodoxo de carácter místico o panteísta. En el idealismo se plantea el problema de la relación entre lo finito y lo infinito, la relación entre filosofía y religión.

3. Interés por el mundo clásico: en la madurez de Goethe y en la mayoría de los romántico. Es un referente permanente para Hegel.

4. La estética: Lo bello, adquiere como categoría, una importancia relevante, ya Kano se había ocupado de estudiarla. Schiller habría dicho: “Para resolver en la experiencia el problema político es preciso tomar el camino de lo estético, porque a la libertad se llega por la belleza”.

5. La dimensión histórica

6. El romanticismo: La pasión por el infinito, la fusión con la Naturaleza, la identificación de filosofía, poesía y religión, la fuerza creativa del hombre, da a lugar una interesante cooperación en la cual los poetas se inspiran en los filósofos.

7. Carácter teórico: los desarrollos teóricos del idealismo no conducen a revoluciones sociales o políticas.

Fuente Consultada: Historia de la Filosofia -Desde la antiguedad hasta nuestro dias –

Diferencias entre filibusteros corsario bucanero pirata Barbanegra

La expansión europea  del siglo XVI a partir de la Toma de Constantinopla, también fue en parte producto de las rivalidades entre las naciones de esa región, también profundizó e incrementó las tensiones entre ellas. Conflictos penosos surgieron por las cargas que provenían del Nuevo Mundo y de Asia. Las guerras entre ingleses y holandeses, y la rivalidad entre los británicos y franceses sobre India y América del Norte, se convirtieron en una parte de un nuevo modelo de pugnas en todo el mundo en el siglo XVIII . Esta rivalidad dio origen a la piratería financiada por los estados, en la cual los gobiernos autorizaban a los capitanes particulares a atacar los navíos enemigos y quedarse con una parte de la carga.

Diferencias entre Corsarios, piratas, filibusteros y bucaneros
filibusteros y corsariosEl corsario actuaba siempre en nombre del rey, que le reconocía como fuerza militar exterior. Si era capturado, la «la patente de corso» de que disponía, le evitaba la soga; siempre y cuando no hubiera saqueado y asesinado como un pirata cualquiera durante su misión oficial, cosa bastante frecuente, pero cuando actúa con lealtad hacia
 su país, tiene derecho a una parte del botín. (imagen: Francis Drake)

Para definirlo mejor, digamos que era una especie de mercenario que ofrecía sus servicios al mejor postor. Sucedía incluso que un corsario se hacía tránsfuga y pasaba de estar al servicio de un príncipe a ponerse a las órdenes de otro príncipe rival aun respetando las leyes marítimas de la época. Por otra parte, un corsario no siempre era propietario de su barco. A veces había sido fletado por un armador, que tenía derecho a percibir parte de un botín cuya cuantía calculaba en base al valor del navío.

El reparto del Nuevo Mundo por los países hegemónicos de la época España y Portugal, con el apoyo del Papa, hizo que países emergentes como Francia y mas tarde Inglaterra, entorpecieran el tráfico marítimo y sacaran grandes beneficios, en una guerra no declarada. Corsarios conocidos fueron John Hawkins y Francis Drake al servicio de la corona británica ó Robert Surcouf al servicio francés ó el famoso corsario americanoJhon Paul Jones.

El pirata, por el contrario, trabajaba por cuenta propia. Es un simple particular, que saquea, mata y extermina a su aire para apoderarse de un botín cualquiera. Si era apresado lo ahorcaba «alto y corto» según la expresión de la época (alto para que todos lo vean y corto para ahorrar soga)Los piratas eran aventureros sin escrúpulos, que huía de la miseria o de la justicia de sus países de procedencia. Se aposentaba en las pequeñas islas de las Antillas y atacaba naves y ciudades españolas en América Central.

Los piratas No dependían de nadie, ni tenían que rendir cuentas a nadie, por lo cual no tenían la protección de ningún país y eran perseguidos por todos aquellos, cuyos buques habían sido atacados. Sus actos podían ser brutales, ya que su ley era la codicia y con tal de conseguir los metales preciosos, podían hacer cualquier cosa. Al ser mercenarios experimentados en la lucha cuerpo a cuerpo, aprovechando su superioridad numérica y la velocidad de sus naves que principalmente trasportaban hombres, podían apoderarse de naves de carga, con escasa tripulación y con marineros con poca experiencia militar.
Su método de lucha era fundamentalmente destruir el velamen del barco, e impedir su capacidad de maniobrar y huir. A continuación, podían realizar un abordaje y una victoria en la mayor parte de las ocasiones.

Existen ligeras diferencias entre filibusteros y bucaneros con respecto a los anteriores. Los filibusteros eran básicamente corsarios que combatían a los españoles. Instalados en las Antillas, eran célebres por su astucia y su crueldad. Sentían un profundo respeto hacia sus capitanes y castigaban el robo o la traición severamente. El significado etimológico de filibustero es «libre acumulador de botín».

Los bucaneros no eran más que filibusteros que trataban mediante el ahumado las carnes de animales, pero no sólo lo hacían para su propio consumo, sino que también intercambiaban la carne así conservada por pólvora, armas y ron. Este procedimiento de conserva lo habían aprendido de los indios caníbales, que cortaban a sus prisioneros en pedazos y los cocían y ahumaban sobre las brasas de enormes hogueras. Añadiremos como curiosidad que llamaban «barbacoas» a estas grandes piras, palabra que por deformación se convirtió en «barbecue».

ALGO MAS…
LOS CORSARIOS

¿Qué diferencia existe entre los conceptos “pirata” y “corsario”: la de que el pirata asaltaba y robaba con el único fin de enriquecerse a sí mismo, y el corsario realizaba las mismas tareas, pero encargado, o mejor dicho, “autorizado” a hacerlo, por un Estado, que así se servía de sus depredaciones para dañar a otras determinadas potencias marítimas. Los demás Estados debían, por lo tanto, tener en cuenta la bandera del barco corsario, y sus marineros no debían ser considerados bandidos, sino combatientes. El enemigo se portaba de manera distinta según llegara a capturar a un pirata o a un corsario: el pirata era ahorcado sin más trámite, mientras que al corsario se lo trataba como prisionero de guerra. La calidad de corsario se comprobaba por la “patente de corso” que le daba el gobierno al cual servía.

Así las cosas, era lógico que todos los piratas trataran de ponerse al servicio de cualquier soberano. Y los gobernantes de Túnez, Argelia y Trípoli expidieron en abundancia las patentes de corso, a cambio de un porcentaje en los botines. El mismo sultán de Constantinopla tomó a su servicio a los más famosos piratas berberiscos; éstos se mostraron tan hábiles y audaces que en poco tiempo se convirtieron en los almirantes de la marina otomana. Las flotas de corsarios tuvieron durante muchos años en jaque a toda la marina de la cristiandad; en octubre de 1541, la flota española fue destruida por Barbarroja, quien ocupaba el cargo de Gran Almirante de la flota turca.

El ocaso de la piratería berberisca comenzó con la derrota de piratas y turcos en la batalla de Lepanto (1571), bravo desquite tomado por los españoles al mando de don Juan de Austria, hijo de Carlos V. No sólo comenzó entonces la declinación de la piratería, sino también del poderío turco. En los siglos siguientes, hasta terminar el XIX, la actividad de los piratas en el Mediterráneo fue siendo menos intensa; con la completa colonización de las costas africanas se dispersaron las últimas bandas berberiscas.

Fuente Consultada:
El Enigma de los Tesoros Malditos de Richard Bessiere –
Sitio web:
http://www.thalassa-online.com/revista/article.phtml?id=588
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

Los Bucaneros Origen Isla Tortuga Ataques a Barcos Españoles Caribe

Los Bucaneros – Siglos XV-XVIII

LOS BUCANEROS
La necesidad de las expediciones navales de largo recorrido de procurarse carne fresca, dio lugar a lo que tal vez sea el episodio más extraño del relato que cuenta cómo los alimentos cambiaron el curso de la historia; me refiero a la era de los bucaneros.

Hacia principios del siglo XVII, en las islas del Caribe, algunas pequeñas comunidades de colonos europeos, no españoles, emprendieron el floreciente negocio de aprovisionar a los barcos de pasaje con carne fresca recién curada.

Las carnes de vacuno y de porcino se curaban en casa siguiendo una antigua receta de los indios de la zona. Los caribes han contribuido a enriquecer el vocabulario de la lengua inglesa con muchas más palabras que cualquier otro grupo de indios, y «bucanero» es una de ellas.

El bucanero construía un enrejado de palos, que los caribes llamaban barbacoa, debajo del cual encendían una hoguera de leña. Encima se colocaban lonchas de carne recién cortadas, alimentándose el fuego con ramas verdes, para que produjesen mucho humo, con una llama pequeña. La carne se secaba, se ahumaba, y se asaba al mismo tiempo, convirtiéndose en carne conservable, de color rojo-rosa, y que desprendía un aroma tentador. Los caribes la llamaban boucan».

El boucan tenía un sabor delicado, y era al mismo tiempo un magnífico antídoto contra el escorbuto. Se trataba de un aumento que ni siquiera un cocinero inglés podía estropear, pues se podía comer crudo, masticándolo como si fuese un embutido, o ablandarlo en agua para después guisarlo al estilo tradicional.

El boucan se podía preparar salando la carne antes de cortarla, o untando las lonchas con salmuera y colgándolas al sol para que se secasen sin tener míe recurrir a ahumarlas. La carne ahumada se podía conservar durante varios meses, pero la que se secaba al sol tenía que ser consumida con bastante rapidez, y en las húmedas bodegas de un barco se estropeaba muy pronto.

El boucan que se conservaba mejor era el que se hacía con carne de jabalí, y se empaquetaba en bultos de cien piezas, cada una de las cuales se vendía por seis monedas de a ocho, equivalentes a una libra y diez chelines del actual dinero inglés. Por lo tanto, haciéndose bucanero se podía ganar mucho, pues los gastos eran mínimos, y todo lo que hacía falta era ser un buen cazador.

Pequeñas partidas de unos siete bucaneros organizaban una expedición de caza. Cada uno de ellos llevaba un fusil especial, con un cañón larguísimo de 4 pies y medio, y con una culata en forma de pala. También llevaban enrolladas una manta y una tienda de lona ligera, un machete y un cuchillo marinero para cortar la espesa maleza de la jungla caribeña.

Los bucaneros vestían gruesas polainas, pantalones y chaquetas de lino, y calzaban mocasines; todo ello teñido de rojo por la sangre de los animales que cazaban.

Tanto la chaqueta como la camisa que llevaban debajo no se lavaban nunca y acostumbraban untarse la cara con grasa. Tornaban todas estas precauciones con la esperanza de que los mosquitos no les atacasen.

Las junglas del Caribe estaban llenas de enemigos mortales, como la víbora de cabeza de lanza, o el arbusto venenoso manichel, pero la única criatura a la que los bucaneros tenían auténtico pánico era el mosquito.

La parte más interesante del equipo del bucanero era su gorra. Se trataba de un sombrero moderno con todo el borde recortado, excepto en su parte delantera, para darle sombra a los ojos. Fue el precursor de las gorras de los jinetes y de los jugadores de béisbol.

Detrás de los bucaneros iban sus sirvientes o mayordomos, y casi siempre se trataba de infortunados esclavos blancos importados de Europa. Si dejaban caer los fardos de pieles y de boucan eme transportaban, o hacían cualquier cosa que disgustase a sus amos, se exponían a ser azotados brutalmente, y a que untasen sus heridas con una mezcla de zumo de limón, sal y pimienta roja.

Prácticamente el único gasto del bucanero era la pólvora, y como no podía permitirse el lujo de errar el tiro con demasiada frecuencia, se hizo tan experto que casi podía acertar a una moneda en el aire. Así pues, en su día, los bucaneros fueron los mejores tiradores del mundo.

La mayoría de ellos se estableció en la costa norte de Haití y de la isla de. la Tortuga. La Tortuga era su base; allí compraban municiones; cuchillos, hachas y todos los demás pertrechos. Cuando divisaban un contrabandista danés que se dirigía al paso entre la isla de Cuba y Haití, salían a su encuentro en sus pequeños bergantines, confiados en que le podrían vender su carne ahumada a buen precio, y los barcos ingleses y franceses fondeaban cerca de sus bases para comprar provisiones en su viaje de regreso a casa.

La mayoría de los bucaneros eran franceses o ingleses, pero también había entre ellos indios campeches, esclavos negros evadidos, muchos holandeses, e incluso irlandeses de Montserrat. Algunos eran hombres honrados —exiliados por cuestiones religiosas, náufragos, y pequeños terratenientes expulsados de Barbados y de otras islas de la zona por los grandes cultivadores de azúcar.

Otros eran piratas, criminales, desertores y demás gente de mal vivir. Sin embargo, aunque hubiesen sido tan honrados como el que más, los españoles nunca los habrían aceptado como vecinos de unas islas que ellos consideraban suyas.

En 1638, decididos a terminar con el problema de los bucaneros de una vez por todas, los españoles atacaron la isla de la Tortuga, capturaron a todos los que encontraron y colgaron a los que no se rindieron. Con esta masacre de unas trescientas personas, las esperanzas de los bucaneros de ganarse la vida honradamente, suministrando su carne ahumada a los buques de paso, se esfumaron para siempre.

Sin embargo, el día del ataque a la Tortuga, la mayoría de los bucaneros estaban cazando, y escaparon así de la ira de los españoles. Cuando regresaron y comprobaron los estragos de la incursión, enterraron a sus compañeros, y sobre sus tumbas juraron que no descansarían hasta haberlos vengado. De esa forma, se juramentaron y constituyeron la confederación de «La Hermandad de la Costa».

La idea de que un pequeño grupo de bandidos pudiese desafiar al vasto imperio español, en cuyos dominios no se ponía el sol, le habría parecido ridícula a cualquiera que desconociese la Hermandad. Los bucaneros no dejaban nada al azar.

Como escribió Alexander Exquemelin, uno de sus cirujanos, los bucaneros «nunca están desprevenidos», ninguno de ellos se aparta ni un segundo de su mosquete de treinta cartuchos, de un machete y de las armas que constituyen la base de su supervivencia, sus pistolas.

Como sabía que a campo abierto no podía competir con la magnífica caballería española, la Hermandad de la Costa decidió atacar a los españoles en el mar. Al principio salían en canoas, compradas a los indios campeches, o en sus pequeños bergantines. Estos barcos tan pequeños eran prácticamente invisibles a la luz del ocaso, y podían llegar fácilmente hasta cerca de un galeón sin que éste se diese cuenta.

Una vez puestos a tiro, los que tenían mejor puntería, que al igual que sus compañeros iban echados en el fondo de la canoa para que sus movimientos no fuesen demasiado bruscos, se incorporaban y disparaban contra el timonel y contra al vigía de cubierta.

Antes de que el resto de la tripulación pudiese reaccionar, las canoas ya habían llegado hasta el barco, y una oleada de hombres realizaba el abordaje, disparando los varios fusiles que llevaba cada uno. El galeón capturado, ahora bajo la enseña de los bucaneros, partía de nuevo en busca de presas de mayor envergadura.

Exquemelin nos ha descrito un ataque típico de los bucaneros, y es muy posible que él mismo formase, parte activa de esta historia, aunque modestamente oculte su participación.

El vicealmirante de la flotilla española se había destacado algo del resto del convoy, cuando el vigía de cubierta le informó haber avistado un pequeño barco en la lejanía, advirtiéndole de que podía tratarse de un bucanero. El oficial contestó despectivamente que no tenía nada que temer de un barco de ese tamaño.

Sospechando con razón que el vicealmirante estaría demasiado confiado como para vigilar adecuadamente los movimientos de su nave, el capitán bucanero se mantuvo al acecho hasta el anochecer. Entonces llamó a sus hombres (eran veintiocho) y les recordó que les quedaba poca comida, que el barco se encontraba en malas condiciones y podía hundirse en cualquier momento, pero que había una forma de salir del apuro: capturando el galeón español y repartiéndose las riquezas que sin duda llevaría.

Los bucaneros juraron enfervorizados que le seguirían y que estaban dispuestos a luchar con todo su entusiasmo, pero por si alguno de ellos estaba más remiso, el capitán ordenó al cirujano que hundiese, el barco tan pronto como el grupo atacante hubiese abordado al galeón español.

Los bucaneros realizaron el abordaje en apenas un minuto y en completo silencio, sorprendiendo al capitán y a sus oficiales jugando a las cartas en su camarote. Ante la amenaza de las pistolas el vicealmirante entregó el barco.


El botín capturado en un barco de este tipo sería suficiente para convertir en multimillonario a cada uno de los veintiocho asaltantes. Un galeón español, el Santa Margarita, que se hundió en Cayo Oeste en 1622, en pleno apogeo de los bucaneros, reportó a sus rescatadores,. hace poco tiempo, nada menos que 13.920.000 dólares.

Un galeón que se capturase en aquellos años debería ser aún más valioso, pues además de las joyas y de los lingotes de oro y plata, transportaría todo tipo de bienes perecederos. Se cuenta el caso curioso de que unos bucaneros que interceptaron un cargamento de cacao, lo tiraron al mar porque creyeron que se trataba de estiércol de caballo.

El aliciente del botín era un incentivo contra el que no era suficiente el valor que podían oponer los españoles. En 1668, como punto álgido de la época de, los bucaneros, Henry Morgan saqueó Panamá. «Aunque nuestro número es pequeño», dijo a sus hombres, «nuestros corazones son grandes, y cuantos menos sobrevivamos más fácil será repartir el botín, y a más tocaremos cada uno».

Henry Morgan fue el último de los bucaneros. Con el tiempo llegó a conseguir el perdón real, un título nobiliario, y que le nombraran gobernador de. Jamaica. Nunca regresó a su Gales natal, y se instaló en Port Royal, bebiendo ron hasta morirse.

El poder en el Caribe pasó de las manos de la Hermandad de la Costa, a las de: La marina de Francia e Inglaterra, y aquellos hermanos que no pudieron adaptarse de una continua lucha contra los españoles a una relativa paz, zarparon hacia el oriente, en busca de una nueva carrera como piratas en las costas de la India y de Madagascar.

Es difícil deducir cuáles fueron las consecuencias de la era de los bucaneros. Para los españoles, la aparición de los que ellos llamaban «los diablos del infierno», fue evidentemente desastrosa.

Se puede compartir la opinión de los españoles, sobre todo cuando se leen algunos de los relatos de Exquernelín sobre Pedro el brasileño, el cual solía pasear por las calles de Jamaica segando a hachazo limpio piernas y brazos de inocentes transeúntes; o sobre el primer jefe del cirujano, que colocaba un barril de vino en mitad de la calle, y obligaba a todo el que pasaba por delante a beber de él o morir allí mismo de un pistoletazo; o respecto a otros amigos suyos que asaban mujeres desnudas sobre piedras calientes, luchaban bajo el agua contra los caimanes, o torturaban a los prisioneros para que les revelasen dónde escondían sus tesoros.

Quizás la consecuencia de la aparición de los bucaneros no fue lo que realizaron de hecho, sino lo que impidieron que ocurriese. Mientras la Hermandad de la Costa asestaba duros golpes al pulpo español en su mismo centro del Caribe, sus tentáculos tenían que retraerse para proteger sus puntos más vitales.

Por lo tanto, el imperio español no pudo expansionarse hacia las incipientes colonias que se estaban formando a lo largo de la costa norteamericana, como hubiera sido razonable, y como muchas personas esperaban y otros temían.

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

Enfermedades de los Marineros Escorbuto Historias de Marineros

Enfermedades de los Marineros – Escorbuto

El escorbuto: Muchos pasajeros y miembros de la tripulación, además de sufrir un hambre horrible, tenían que padecer las consecuencias de la llamada enfermedad del marinero, es decir, del escorbuto.

Cuando finalmente el Virginia Merchant consiguió echar el ancla junto a las costas americanas, lo primero que hubo que hacer fue trasladar los enfermos a tierra para que comiesen alimentos frescos y pudiesen recuperarse.

El escorbuto es una avitaminosis producida por el déficit de vitamina C. Era corriente en los marinos que subsistían con dietas en las que no figuraban fruta fresca ni hortalizas, fue reconocida hace más de dos siglos por los médicos navales británicos, que la prevenían o curaban añadiendo jugo de lima a la dieta.

El escorbuto es una enfermedad producida por la falta de vitamina C, la vitamina que contienen las frutas, las verduras, y la carne fresca. Casi todos los animales, excepto el hombre, son capaces de sintetizar la vitamina C, por lo que no tienen necesidad de una dieta a base de frutas y verduras que la contenga, ya que tienen en su sangre suficiente ácido ascórbico, que es otra manera de llamar a la vitamina C.

Debido a este fenómeno, una de las formas de proporcionarse la vitamina C es comerse un animal recién sacrificado, como las ratas que el coronel Norwood y sus compañeros tuvieron que tomar a bordo del Virginia Merchant. Sin embargo, como hemos visto, nunca había suficientes ratas para todo el mundo.

Para combatir el escorbuto, los marineros solían tomar cítricos, que tienen un alto contenido de esta vitamina. Por supuesto, aquellos marineros no lo sabían, ni sabían siquiera lo que era una vitamina, pero comprobaron por experiencia que este cambio de dieta les curaba de la «enfermedad del marinero».

Jacques Cartier, cuando se vio atrapado en el invierno de 1535-36 entre los hielos de lo que hoy se llama Quebec, vio cómo el noventa por ciento de sus hombres enfermaba de escorbuto, y cómo se recuperaron a la semana de beber una infusión de cortezas del árbol de la vida.

Ya en 1601, los marineros de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, tenían conciencia de la relación que existía entre comer naranjas y limones, y la curación del escorbuto. Así, anclaban en el extremo sur de Madagascar, compraban grandes cantidades de cítricos, y después de exprimirlos, echaban su zumo en los barriles como remedio «antiescorbútico».

También otros marineros, especialmente los mediterráneos, tomaban zumos de limón directamente como preventivo de la enfermedad, pero tuvo que pasar mucho tiempo antes de que esa costumbre fuese generalmente adoptada.

Una de las razones que propiciaron este retraso era que muchas personas, y más particularmente los médicos, atacaban enérgicamente la idea de que fuese sano el comer fruta o el beber su zumo, y que desde luego con ello no se curaba nada.

Es más, algunas personas llegaban a atribuir la gran mortandad que se producía en los viajes marítimos, a que los marineros tomaban demasiadas frutas tropicales cuando llegaban a su destino.

Así pues, el escorbuto siguió haciendo estragos entre las tripulaciones de los barcos que realizaban largas travesías. En 1619, por ejemplo, Jens Munk, un almirante danés, condujo una expedición de dos barcos y sesenta y cuatro hombres a la desembocadura del río Churchill, en la bahía de Hudson.

Los daneses pasaron ahí el verano, y permanecieron en bastante buen estado de salud durante los primeros meses del invierno, pero a partir de ahí, empezaron uno tras otro a coger el escorbuto, y en el mes de junio sólo sobrevivían cuatro; Munk entre ellos.

Al final de la primavera ártica empezaron a retoñar unos cuantos brotes verdes, y Munk y sus compañeros los chuparon desesperadamente. No podían masticar, pues el escorbuto les había dejado sin dientes y con las encías muy hinchadas.

Con un esfuerzo sobrehumano, los supervivientes, ahora reducidos a tres, consiguieron fletar el más pequeño de los navíos y ponerlo rumbo a Dinamarca. El escorbuto había acabado con los sesenta y un exploradores.

Una de las características más lamentables de esta enfermedad era que marcaba la diferencia entre el tener» y el «no tener». Aquellos que «no tenían» probablemente se morirían de escorbuto, mientras contemplaban cómo se mantenían relativamente sanos los que «tenían» sus propias provisiones guardadas en su camarote.

Louis Antoine, conde Bougainville (1729-1811) partió en un viaje alrededor del mundo en 1767. ‘ha a ser un viaje que habría de tener todo tipo de repercusiones importantes, y no sólo, por supuesto, por el descubrimiento de la buganvilla, una de las flores tropicales más bellas que se conocen.

Uno de los oficiales que acompañaba a Bougainville escribió un diario durante el viaje, y los siguientes extractos dan fe de las extremas diferencias que existían a bordo, entre los que, como Bougainville, poseían provisiones especiales, y aquellos que tenían que depender de la comida general del barco.

Puesto que si escribo este diario es para que pueda servirle de provecho a mi hijo, voy a intentar no omitir ninguna apreciación que pudiera serle útil. Por lo tanto me veo en la obligación de advertirle que nunca se embarque en expediciones de este tipo (aunque piense comer en la mesa del capitán), sin llevar consigo considerables provisiones de cacao, café, y tortas para hacer caldo. Los pollos no aguantaron demasiado bien, pues se negaron a comer nuestro grano, al que no estaban acostumbrados, y murieron bastantes.

Al final, varios miembros de la expedición han contraído el escorbuto, y por desgracia me encuentro entre ellos. Tengo la boca completamente estropeada, y no podemos mejorarnos comiendo carne fresca porque no tenemos dientes con qué masticarla. Ayer, con gran esfuerzo, me comí una rata a medias con el Príncipe de Nassau.

Confesamos que estaba muy rica, y que nos podríamos dar por satisfechos si pudiésemos comer rata con frecuencia, y silos demás decidiesen que este tipo de carne les daba asco…

A la hora de cenar se sirvió un nuevo guiso. Estaba hecho cociendo el cuero de las bolsas que habían contenido la harina. Dejándolo en agua, se puede conseguir ablandar un poco este cuero, luego se le arrancan los pelos, pero a pesar de ello, no es ni la mitad de bueno que las ratas. Hoy también sacaron a la mesa tres ratas, que fueron auténticamente devoradas…

Monsieur de Bougainville tiene para su servicio exclusivo dos cocineros, un mayordomo, dos camareros y tres negros. No puedo dejar de señalar que si ya es difícil para los oficiales el verse obligados a comer la ración normal de la tripulación, es más duro el no ver nunca al jefe de la expedición sentarse a comer con ellos, aunque en principio no tendría que haber ninguna otra mesa.

El está acostumbrado a tomar chocolate, preparado con pasta de almendras, azúcar y agua. Este es el único extra que añade a su dieta sobre nuestras provisiones. Podría añadir que disfruta también de la leche que le proporciona una cabra que embarcó en Montevideo (hoy la van a sacrificar).

Sin embargo, estas pequeñas diferencias, unidas a otras provisiones que sin duda existirán, aunque las desconocemos, son las que marcan la gran diferencia entre su estado y el nuestro. Él parece saludable, lozano, y su cara presenta una maravillosa redondez, que nos hace avergonzarnos de nuestro aspecto famélico y hambriento.

Bebidas antiescorbúticas: El chocolate no servía para combatir el escorbuto, pero al menos permitía que el agua fétida no resultase tan repugnante. El escorbuto iba a seguir siendo el gran azote de los navegantes de altura hasta el siglo XVIII, cuando en 1753, un cirujano naval escocés llamado James Lind, después de cuidadosos experimentos, publicó su Tratado sobre el escorbuto. Este estudio demostraba que la enfermedad se producía por una deficiencia, que se podía curar comiendo naranjas o limones, o bebiendo sus zumos.

Sin embargo, a Lind se le prestó poca atención hasta que el capitán James Cook (1728-79) se interesó por sus trabajos. Cook había llegado a ser capitán partiendo de los puestos subalternos más bajos -algo que hubiera sido imposible en la armada francesa- y por lo tanto podía hablar con los marineros en su propio lenguaje.

En sus viajes exploratorios llevó consigo algunos barriles de zumo de limón y de repollo fermentado, convenciendo a sus hombres para que lo probasen. El resultado fue que ni uno solo de los miembros de su tripulación murió de escorbuto, en ninguna de las tres grandes travesías que realizó.

A pesar de ello, la Royal Navy no incluyó raciones antiescorbúticas de forma oficial en su flota hasta 1795, dieciséis años después de la muerte de Cook, y fue el zumo de lima, en lugar del de limón, el escogido, a pesar de que éste era menos efectivo que el de otros cítricos. Esta preferencia por el zumo de lima, fue por lo que los marinos americanos dieron a los ingleses el apodo de «Limeys».

ALGO MAS….En el año 1937 el científico húngaro Albert Szent-Gyor-gyi recibió el premio Nobel de Medicina por sus estudios sobre la acción terapéutica de una serie de productos naturales, contra el escorbuto (enfermedad que afectaba a los navegantes, que no ingerían por períodos prolongados de tiempo frutas y verduras frescas), derivados de extractos de naranjas e identificados como una nueva vitamina. De esta manera nací-a la ahora famosísima vitamina C.

A tal punto llega su utilidad que en el mundo se realizan Congresos internacionales sobre ella, el último en San Diego, California, USA, en 1991. En los “noventa” el ácido ascórbico (nombre químico de la vitamina) se convirtió en un verdadero fármaco y ha dejado de ser un valioso factor alimentario para convertirse en una droga de sumo interés en la biología y la medicina.

El ácido ascórbico es esencial para casi todos los tejidos, y. si bien la mayor parte de los seres vivientes no necesitan tomarlo de la naturaleza, puesto que lo fabrican en su metabolismo, para algunas especies, entre ellas el hombre, no es así. En otras palabras, debemos tomar esta vitamina desde las plantas y las frutas; dada su abundancia, esta tarea no resulta difícil.

Con una alimentación a base de carne, frutas y verduras frescas, los pueblos cazadores del período Paleolítico incorporaban diariamente alrededor de 390 mg de Vitamina C, bastante más que el hombre americano promedio de nuestros días, quien sólo toma 90 mg cada 24 horas.

Esta cantidad está muy poco por encima de las necesidades diarias (sólo un tercio), por debajo de las cuales pueden aparecer los primeros síntomas de la carencia. Algunos disturbios depresivos pueden agravarse, y varios cuadros, vinculados sustancialmente con el efecto de los radicales libres sobre las membranas de las células (oxidación y envejecimiento), pueden acelerar la aparición de enfermedades inflamatorias y degenerativas crónicas.

Fuente Consultada:
La Búsqueda de las Especias de Ritchie
Revista Muy Interesante N°86

Vida a bordo de los Marineros El Hambre en el Mar Enfermedades Marinos

Los Marineros-El Hambre en el Mar-Enfermedades

El hambre en el mar: La auténtica pesadilla de un viaje marítimo no era el tener que comer la espantosa comida de a bordo, sino la falta total de alimentos.

Escuchemos en este sentido un relato de la época: el coronel Norwood, un caballero partidario del exiliado rey Carlos II, decidió marcharse de Inglaterra en compañía de dos amigos, el mayor Francis Morrison y el mayor Richard Fox, embarcándose el 23 de septiembre de 1649 con rumbo a Virginia. Zarparon a bordo «de un sólido barco, mal llamado el Mercader de Virginia, y que podía transportar trescientas toneladas».

A los veinte días de partir, «el barrilero empezó a quejarse de que nuestro barril de agua estaba casi vacío, indicándonos que en la bodega no quedaba suficiente para abastecer una familia tan grande (unas trescientas treinta personas) durante un mes».

Afortunadamente, la Fayal, una de las islas Azores, apareció en el horizonte, y allí se podrían renovar sus provisiones de agua. Sin embargo, «a la segunda noche de haber anclado en aquellos parajes, nuestros botes aparecieron destrozados por negligencia de los marineros, que habiendo gustado generosamente del vino, estaban borrachos perdidos, tirados a lo largo del barco y en un estado lamentable.

Hacer la aguada era una cosa extremadamente aburrida», decía Norwood, «pero además se tardaba tanto por culpa de las disputas de borrachos entre nuestros hombres y los isleños, así que, tras unos días de estancia en la isla, nuestro capitán decidió zarpar, pues el barco se deterioraba cada vez más por culpa de los licores. Y si bien conseguimos una buena provisión de agua, su cantidad apenas justificaba el gasto de cerveza que se tuvo que hacer para conseguirla».

Después de embarcar «una partida de cerdos de capa negra, para poder tener carne fresca, e innumerables melocotones», estos últimos para el consumo personal de Norwood, el Virginia Merchant se hizo de nuevo a la mar.

Al cabo de poco tiempo llegó a las Bermudas, pero al cambiar de rumbo hacia el norte, se vio metido en medio de un temporal que le arrastró hasta las playas de Hatteras. La galerna desmanteló el barco, llevándose también el castillo de proa (con uno de los cocineros dentro).

Tanto los pasajeros como los tripulantes quedamos en un estado lamentable, así como los alimentos que pudieron rescatarse. Parecía que íbamos a tener que soportar unas penalidades extremas, dado que la tormenta, al llevarse el castillo de proa, y al haber inundado la bodega, nos dejó el pan (la base de nuestra alimentación) tremendamente estropeado, y ya no había forma de guisar la carne, pues nos habíamos quedado sin cocina.

El continuo y violento movimiento del barco hizo que no se pudiera guisar. La única manera de hacer fuego en cubierta consistía en serrar un barril por la mitad, lastrarlo, y convertirlo en una hoguera sobre la que se pudiesen hervir unos guisantes con carne salada. Pero tampoco esto resultaba fácil, y muchas veces nuestros esfuerzos se veían frustrados, y la caldera se volcaba para desesperación de nuestros estómagos vacíos.

La tormenta seguía, y a pesar de los meritorios esfuerzos realizados para reparar el barco, seguían sin avisar ninguna costa americana; «nuestras provisiones de agua habían desaparecido, y la carne no estaba en condiciones de ser comida. Las vituallas que nos quedaban sólo nos permitían distribuir una galleta por persona y día, y aun con este racionamiento no teníamos para mucho tiempo».

La galerna continuó:

Empezamos a sentir un hambre acuciante. Las mujeres y los niños lloraban desconsoladamente. El infinito número de ratas que habían constituido nuestra pesadilla durante el viaje, se convirtieron en presas deseadas y perseguidas, vendiéndose incluso algunas de ellas. Concretamente, una rata bastante gorda llegó a alcanzar un precio de diecisiete chelines en nuestro mercado particular.

Es más, antes de que acabase el viaje (y esta información no la comprobé directamente, aunque la fuente me merece confianza), una mujer embarazada ofreció veinte chelines por una rata, pero su propietario se negó a vendérsela, y la mujer falleció.

Aunque los pasajeros y la tripulación del Virginia Merchant, empezaban a perder la batalla contra el hambre, no decidieron poner todas las provisiones en común, como les recomendaba Norwood.

Así se sucedieron tristemente muchos días y muchas noches, hasta que llegó la sagrada fiesta de la Navidad, que nos aprestamos a celebrar de forma muy melancólica. Sin embargo, para resaltar la fecha, decidimos agrupar todos los restos de comida que nos quedaban y hacernos un pudín mezclando frutas, especias y agua de mar, y friendo la pasta resultante.

Nuestra acción despertó la envidia de los demás pasajeros, que no obstante no se entrometieron en nuestra tarea, y salvo algún regalo que enviamos a la mesa del capitán, pudimos disfrutar de nuestro pudín de Navidad sin tener que soportar ningún incidente.

Mi mayor angustia era la sed. Soñaba con bodegas y grifos que me echaban agua por la garganta, y estos sueños hacían que el despertar fuese peor todavía. Encontré una ayuda muy especial al disfrutar de la amistad del capitán, que me permitió compartir algunos tragos de un clarete que tenía escondido en su bodega particular.

El escorbuto: Muchos pasajeros y miembros de la tripulación, además de sufrir un hambre horrible, tenían que padecer las consecuencias de la llamada enfermedad del marinero, es decir, del escorbuto. Cuando finalmente el Virginia Merchant consiguió echar el ancla junto a las costas americanas, lo primero que hubo que hacer fue trasladar los enfermos a tierra para que comiesen alimentos frescos y pudiesen recuperarse.

El escorbuto es una avitaminosis producida por el déficit de vitamina C. Era corriente en los marinos que subsistían con dietas en las que no figuraban fruta fresca ni hortalizas, fue reconocida hace más de dos siglos por los médicos navales británicos, que la prevenían o curaban añadiendo jugo de lima a la dieta.

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

¿SABES PORQUE LOS PIRATAS USABAN ARITOS?

aritos de los piratas

PARA SABER MAS…

El escaso tonelaje de las carabelas hacía que las dotaciones fuesen muy limitadas en número. Por esto las misiones que cada tripulante tenía que cumplir estaban rigurosamente determinadas y la disciplina era férrea. El mando correspondía al capitán, autoridad suprema a bordo y responsable del éxito de la expedición. Como su misión fundamental era mandar hombres, podía no ser un marino.

Aunque durante el período de los descubrimientos casi siempre fueron gentes avezadas en la navegación. Las expediciones las realizaban varias naves. El capitán de la más importante era a la vez jefe de la flota. Recibía el título de capitán general o capitán mayor.

La segunda autoridad a bordo es el maestre. Como se encarga del mando directo de la tripulación y dirige las maniobras del buque en el mar, y al atracar y desatracar en los puertos, debe ser un navegante experimentado. Cuida también de la carga y descarga de la nave y de las cuestiones de orden administrativo. Su situación es difícil, pues se encuentra entre el capitán, autoridad suprema, y la tripulación, a la que deberá tratar directamente.

El piloto es el tercer oficial sobre la nave. Es el técnico en navegación, el que maneja los instrumentos para tomar el punto, y tiene a su cuidado las cartas marinas.

Por debajo de estos tres oficiales está el contramaestre, el primero de los suboficiales. Toda la nave depende él. Está encargado de servir de enlace entre los oficiales y la tripulación, con la que convive. Ante el capitán y ante el maestre, es el responsable de cuanto ocurre a bordo.

Son también suboficiales el despensero y el alguacil. El primero vigila y distribuye las provisiones. El alguacil es una especie de asistente del contramaestre y además el verdugo que ejecuta los castigos corporales que impone a veces el capitán.

Entre la tripulación existen, además de los marinos y grumetes, una serie de hombres especializados. Carpinteros, toneleros, calafates, cada uno de ellos capacitado en los oficios que su nombre indica. Algunos ejercen actividades curiosas.

El cirujano es a la vez curandero y barbero. A veces viaja un intérprete, ducho en lenguas. La efectividad de esta medida puede no ser muy grande. El intérprete que acompañó a Colón en el primer viaje conocía, como lengua de enlace, el árabe. Le sirvió con los indios del Caribe tanto como le hubiera servido de alcanzar Catay o Cipango, los objetivos colombinos.

En las armadas importantes viajaba también un jefe de artillería: el condestable. Los veedores eran unos funcionarios reales encargados de velar por los intereses económicos de la corona. El escribano estaba encargado de llevar el diario de a bordo y de consignar las tomas de posesión de las nuevas tierras.

En total, el número de tripulantes oscilaba entre 25 y 60, según el tamaño de las embarcaciones. En las flotas se aprovechaba la movilidad de las carabelas menores para misiones de reconocimiento y descubierta, mientras las naos y carabelas de mayor tonelaje tenían la ventaja de poder transportar una carga mayor.

La vida a bordo estaba sujeta a los servicios y guardias. Como el cómputo de tiempo era absolutamente necesario para calcular la longitud a que se hallaba la nave, el reloj de arena señalaba todos los relevos. Había un grumete encargado de dar la vuelta al reloj tan pronto como el último grano de arena caía desde la ampolleta superior a la inferior. Una ampolleta tardaba en vaciarse media hora.

Cada ocho ampolletas, esto es, cada cuatro horas, cambiaba la guardia. Los tres oficiales se turnaban, dos veces al día cada uno, en el mando de la fracción de tripulantes que estaba de guardia y que atendía al timón, a la brújula, al reloj, a la sonda y al servicio de serviolas. Las horas de relevo más corrientes eran las 3, 7, 11, 15, 19y23. Las comidas se realizaban a las horas de relevo, en dos turnos, uno para la guardia entrante y otro para la saliente.

La monotonía debía de ser la nota dominante en la vida marinera mientras reinaba el buen tiempo y los víveres no escaseaban. Por el contrario, cuando los elementos se mostraban desfavorables sólo el mantenerse a flote debía costar un esfuerzo sobrehumano. Las compensaciones económicas podían ser muy variables, según la duración, la peligrosidad y el éxito de la expedición.

El sistema de retribución más común fue el de participación en los beneficios. A la vuelta de una expedición, tras haber cubierto gastos y pagado las primas por servicios distinguidos, se repartían los beneficios entre quienes habían financiado la empresa y la tripulación. Los tripulantes se repartían su parte de manera proporcional a los cargos que habían desempeñado.

En ciertas ocasiones se pagaban sueldos fijos, que eran relativamente elevados. Por término medio un grumete cobraba unos 700 maravedís mensuales; un marino, 1.000; un piloto o contramaestre, 2.000, y 3.000 los capitanes. Además, en los viajes con sueldo fijo, los tripulantes estaban autorizados a comerciar con cierta pequeña cantidad de mercancías por su cuenta (pacotilla).

Fuente Consultada: Historia Universal Tomo 13 Salvat

Cómo se Alimentaban Los Marineros En El Siglo XV? La Comida y bebida

¿Cómo se Alimentaban los Marineros en el Siglo XV?

Las raciones del marinero: Los viajes y los descubrimientos que caracterizaron la revolución de las especias tuvieron éxito, no gracias a la alimentación de las tripulaciones y de los conquistadores que los realizaron, sino a pesar de ella.

Durante toda esta época, el sentimiento general era de que un capitán sólo podía retener a sus fuerzas si las alimentaba y les daba de beber en forma continua, y por supuesto, lo que se les proporcionase tenía que ser lo mismo que hubiesen tomado en Europa.

La verdad es que la alimentación de los tripulantes y de las guarniciones en aquellos climas calurosos, vista desde la perspectiva de nuestros días, era la menos adecuada que pudiera pensarse.

Barco Pirata

Por ejemplo, todas las provisiones de carne estaban saladas, pues de otra forma no se hubiesen conservado bien en un clima cálido, y a menos de que se les diese un tratamiento especial para quitarles la sal antes de consumirlas, provocaban mucha sed.

Sin embargo, ya en tiempos de Cromwell, se estipuló que los marineros de la armada británica tenían que recibir diariamente dos libras de carne de vacuno o de cerdo saladas, o en su lugar libra y media de pescado. La carne normalmente estaba en proceso de descomposición, si no es que estaba completamente podrida, y aunque no lo estuviese, todas las vitaminas de la carne fresca se habían destruido debido al método de conservación.

Después de la carne, el componente principal de la ración era el pan, normalmente en forma de galletas de barco. Los «biscuits» (la palabra procede de bis y cutre, términos franceses que significan «cocer dos veces») por regla general no se hacían a bordo, sino en el puerto, y en ocasiones estaban hechas desde hacía un año, o incluso más. Si las galletas procedían de la intendencia del gobierno, podía darse el caso de que estuviesen hechas hasta cincuenta años antes.

La preparación de las galletas de barco era un proceso sofisticado que exigía varias categorías de trabajadores especializados, que se conocían como quemadores, maestros, conductores, enrolladores y ayudantes.

Una vez medidas las cantidades justas de harina y agua, y echadas en la artesa, llegaba el conductor, que con sus fornidos brazos golpeaba, aporreaba, levantaba y volteaba la mezcla hasta que tomaba la consistencia de una masa… Luego venía el enrollador, que después de colocar la masa encima de una plataforma, se subía en uno de los extremos de un rodillo, llamado palo de corte.

El enrollador, cabalgando sobre este rodillo, lo hacía saltar de una forma un poco ridícula, dándole a la masa un tratamiento que era una mezcla de golpearla y enrollaría. El sistema resultaba poco higiénico, pues en el proceso la masa se sobaba bastante.

A continuación, la masa aplastada, formando una capa delgada, se cortaba en lonchas con unos cuchillos enormes. Éstas, a su vez, se volvían a cortar en forma de pequeños cuadraditos, y cada cuadradito se trabajaba manualmente para darle la forma redonda de una galleta.

Las galletas se marcaban, se punzaban, y se introducían con destreza en la boca del horno por medio de una pala que las iba distribuyendo por el interior de éste. La tarea de lanzar las galletas para que cayesen en el lugar preciso, se convirtió en una habilidad muy apreciada.

La galleta, una vez terminada, era dura como una piedra, y producía agujetas en las mandíbulas de cualquiera que no fuese un gorgojo galletero. Mientras permanecían en espera de ser empaquetadas, o cuando se abrían a bordo del barco, las atacaba normalmente una especie de mosca que ponía sus huevos en ellas, y con el paso del tiempo nacían las larvas. Los marineros veteranos solían golpear las galletas contra la mesa antes de comerlas, con la esperanza de que saliesen los gorgojos y se marchasen, pero éstos no siempre los complacían.

La ración de pan, en tiempos de Cromwell, era de una libra y media, además de un galón de harina. Con esta última, los marineros intentaban hacer su propio pan, siempre que el cocinero estuviese dispuesto. La harina, igual que las galletas, normalmente estaba también llena de insectos.

La bebida a bordo: Lo peor de la vida a bordo era la bebida. Cromwell había ordenado que sus marineros dispusiesen de un galón de cerveza por semana -un margen generoso, incluso aunque no hubiese ninguna otra bebida disponible a excepción del agua.

Tal y como se fabricaba en el siglo XVI, la cerveza no se podía conservar mucho tiempo en un barco’. Por lo tanto, Cromwell suprimió la ración de cerveza, y decidió que en su lugar los marineros tenían que beber ron. Afortunadamente, la Royal Navy disponía de grandes cantidades de ron desde que los ingleses conquistaron Jamaica en 1655.

Cuando se estaba en la mar, nadie bebía agua voluntariamente, pues se guardaba en barriles, e invariablemente se volvía verde y viscosa al cabo de pocos días. Los londinenses alardeaban, e hicieron creer a los capitanes de barco, que el agua del Támesis se conservaba mejor que cualquier otra, con lo que muchos barcos zarparon de Londres con sus barriles llenos de un liquido de alcantarilla.

Gran parte de la vida de un capitán de barco se pasaba buscando puntos en tierra donde poder rellenar sus barriles de agua -una tarea larga y penosa, que fue la causante de no pocas hernias de los marineros. Cualquier lugar se hacía famoso entre los navegantes si en él se podían renovar las provisiones de agua, y en este sentido alcanzaron especial notoriedad la isla de Santa Elena y el Cabo de Buena Esperanza.