Aislacionismo de Estados Unidos

Historia de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

Historia de la Biblioteca del Congreso de EE.UU.

En la conversión de las independientes bibliotecas norteamericanas en una organización nacional tuvo un papel decisivo la actuación de la Biblioteca del Congreso, que durante la primera mitad del siglo XIX se limitó a ser una biblioteca especial al servicio de los congresistas y de los miembros del gobierno.

Surgió con el siglo XIX, cuando el Congreso se estableció definitivamente en Washington. Sus inicios desde 1802 fueron muy modestos.

Establecida en una habitación, sólo había alcanzado 3.000 volúmenes en 1814 cuando fue incendiado el Capitolio, donde se encontraba, por las tropas británicas.

Se rehizo con la biblioteca privada (6.500 volúmenes) del ex presidente Jefferson y en 1824 fue instalada en el nuevo edificio del Capitolio, donde sufrió otro incendio en el que se perdieron parte de los 50.000 libros que había reunido.

Biblioteca del Congreso de EE.UU.

La idea de dotar al país de una Biblioteca Nacional estuvo a punto de realizarse a mediados de la centuria, aunque esta misión iba a recaer en la de la Smithsonian Institution por la iniciativa de su bibliotecario, Charles Coffin Jewett, autor de un ambicioso plan para la reunión de la bibliografía nacional y de la propuesta de la ley del depósito legal, que concedió sendos ejemplares de las obras acogidas al Copyright a las bibliotecas del Congreso y de la Smithsonian Institution.

Pero Jewett tuvo que dimitir y marchó a Boston donde fue nombrado superintendente de la recién creada biblioteca pública.

El que consiguió para la Biblioteca del Congreso el primer puesto en el país y su carácter de Biblioteca Nacional fue otro de los grandes bibliotecarios norteamericanos, Ainsworth Rand Spofford (1825-1908), periodista, que entró en la biblioteca como simple bibliotecario en 1861 y cuatro años más tarde fue nombrado por Lincoln director, cargo que ocupó treinta años.

La Biblioteca contaba entonces con 82.000 volúmenes y siete empleados. Spofford a través de compras, y también de la ley del depósito legal de 1870, procuró con éxito reunir en ella los escritos norteamericanos de cualquier materia, y sin renunciar por ello a su misión de biblioteca al servicio del gobierno.

Los libros crecieron con tal velocidad que fue preciso construir un edificio nuevo que cuando se terminó, en 1897, fue considerado por su iluminación bien resuelta, sus estanterías metálicas y la bondad de los materiales de construcción, el mayor, más seguro y costoso de los edificios bibliotecarios del mundo.

Esto obligó a un aumento considerable del personal y a la búsqueda de un sistema de clasificación que sirviera para la abundante colección. Se terminó creando uno específico con el cual se recatalogaron y reclasificaron todoslos fondos.

Tras de una encuesta en el Congreso, en la que los principales bibliotecarios criticaron la actuación de Spofford y pidieron un mayor protagonismo entre las bibliotecas del país para lo cual debía ser la mejor organizada y la mejor dotada, le sucedió (1899) el neoyorquino George Herbert Putnam, que había sido director de la Biblioteca Pública de Minneapolis y de las bibliotecas del Ateneo y Pública de Boston.

George Herbert Putnam
George Herbert Putnam ha sido uno de los más sobresalientes directores de la Biblioteca del Congreso.

Su nombramiento fue un triunfo de los bibliotecarios que deseaban que el puesto fuera ocupado por un profesional.

Puso en marcha la venta y distribución de las fichas catalográficas que han sido y siguen siendo utilizadas por la mayoría de las bibliotecas del país, patrocinó el canje nacional e internacional de publicaciones y fomentó el préstamo inter-bibliotecario y la creación del National Union Catalogue.

Creó la biblioteca nacional de ciegos y consiguió la construcción de un anejo, que antes de pasar un cuarto de siglo se quedó pequeño, por lo que ha sido preciso construir otro mayor que lleva el nombre del presidente Madison.

Cuando se retiró, en 1939, Putnam era el más respetado de los bibliotecarios americanos y la Biblioteca la que contenía la más amplia colección bibliográfica del mundo, con valiosos manuscritos y libros raros, secciones especiales, como la de música, y numerosas más sobre temas muy variados.

Hoy las cifras de la biblioteca parecen fantásticas. Sobrepasa los ochenta millones el número de piezas, que se incrementan anualmente con un millón más. De ellas más de veinte millones son libros. Tiene 4.500 incunables y numerosos libros raros y manuscritos valiosos, así como grandes colecciones especializadas en obras chinas, japonesas, hebreas, eslavas, españolas, etc.

En general, posee una muy rica y completa colección de todo lo que se imprime en el mundo y sus fondos más voluminosos corresponden al grupo de ciencias sociales y lengua y literatura.

Sus catálogos tienen más de sesenta millones de fichas, sirve anualmente tres millones de libros en sus locales y presta para su consulta fuera más de 100.000.

Dispone de más de 5.000 empleados y de un presupuesto superior a los doscientos millones de dólares.

Existen en los Estados Unidos dos bibliotecas complementarias de la Biblioteca del Congreso que reciben el nombre de nacionales. En primer lugar está la Biblioteca Nacional de Medicina, situada en Bethesda, junto a la capital, pero ya en el estado de Maryland.

Fundada en 1836 como Biblioteca Médica del Ejército, en la actualidad, con sus dos millones de volúmenes, es la mayor biblioteca médica del mundo.

Desarrolló un catálogo de materias indizando los artículos de las revistas profesionales, que le permitió, cuando fue posible la utilización de ordenadores en las tareas bibliográficas, la organización del sistema MEDLARS (Medical Literature Analysis and Retrieval System), que ha permitido la edición del Index Medicus, capaz de proporcionar rápida información sobre cualquier cuestión médica.

La otra biblioteca nacional es la National Agricultural Library (Beltsville, Maryland), fundada en 1862, cuyo crecimiento y volumen han llegado a ser semejantes a los de la anterior y cuyo fondo, unos dos millones de volúmenes, además de en las materias agrarias, está especializado en botánica, zoología y química.

Rematemos el capítulo con la rápida mención de tres bibliotecas nacionales, dos rusas y una italiana, surgidas en este siglo.

Durante el siglo XIX, y las dos primeras décadas del presente, la biblioteca mayor de Rusia, y la que podía considerarse Biblioteca Nacional fue la Pública e Imperial de San Petersburgo, cuyos inicios arrancan de finales del siglo XIX cuando Catalina la Grande quiso fundar una gran biblioteca a base de los libros que formaban la creada en Varsovia por los hermanos Zaluskie incautada por las tropas rusas en 1796, cuyos fondos eran ricos en libros polacos y de los países occidentales europeos, pero pobres en libros rusos, defecto que fue pronto corregido en Rusia con la concesión del depósito legal a favor de la nueva biblioteca y con la compra de colecciones nacionales.

También se sumaron a los 250.000 libros y manuscritos traídos de Varsovia, importantes adquisiciones hechas en el exterior, como la colección formada por Dubrovski, que consiguió, durante la Revolución Francesa, valiosos manuscritos depositados en la abadía de Saint Germain des Prés, entre los que había algunos procedentes del viejo monasterio de Corbie y que allí habían llevado los benedictinos para preparar sus ambiciosos estudios históricos.

No pudo abrirse al público hasta 1814, muerta ya Catalina, y el primer crecimiento importante se produjo en la segunda mitad del siglo, en que llegó a ser, por sus dimensiones, la segunda del mundo después de la Nacional de París; el segundo fue a causa de la Revolución Soviética, como consecuencia de la cual ingresaron varios millones de obras procedentes de otras bibliotecas privadas y públicas confiscadas.

En 1932 fue rebautizada con el nombre del escritor M. E. Saltykov-Shchedrin, cuando había cedido el primer puesto entre las bibliotecas rusas a la Biblioteca Nacional de la URSS Lenin, de Moscú.

En la actualidad posee unos veinte millones de piezas, entre ellas la más completa colección de obras rusas anteriores a la Revolución y de obras extranjeras sobre Rusia; la biblioteca de Voltaire; 5.000 incunables; los archivos musicales de los grandes compositores rusos; el más antiguo manuscrito ruso fechado (siglo XI), el Evangelio de Ostromir, etc.

En estos momentos, la Biblioteca Nacional de la URSS es la mencionada Biblioteca Lenin de Moscú, que abrió sus puertas en 1862 como parte del museo fundado por el conde Rumiantsev, instalado en un bello edificio muy cerca del Kremlin.

Gozó pronto del depósito legal, lo que le permitió aumentar sus fondos, lo mismo que los donativos, que no le faltaron, de escritores y generosos mecenas, llegando antes de la Revolución a reunir un millón de piezas. Aunque antes de ésta no fue muy frecuentada, a ella acudieron famosos escritores como Tolstoi, Dostoievski y Chejov, y científicos eminentes, como Mendeleyev.

El triunfo de la Revolución y el traslado de la capital a Moscú la convirtieron en la biblioteca central del país y en la favorecida receptora de más de siete millones de piezas procedentes de las bibliotecas incautadas.

Fue protegida especialmente por Lenin, que la utilizó mucho, y por él en 1925 se convirtió en nacional. Desde entonces ha sido grande el crecimiento de sus colecciones, cerca de treinta millones de piezas, entre ellas doce millones de libros, a los que hay que sumar una cantidad similar de volúmenes de periódicos, más cientos de miles de mapas, partituras y rollos de microfilm.

Tiene libros y manuscritos en 347 lenguas, entre las cuales se cuentan las 91 de los pueblos que integran la URSS. Atendida por 3.000 personas, dispone de 2.600 puestos de lectura distribuidos en 26 salas especializadas en diversas materias. Atiende a más de dos millones de lectores al año, a los que presta unos doce millones de obras impresas.

La Biblioteca orienta el trabajo de las otras bibliotecas a través de la sección de Metodología; resuelve cuestiones bibliográficas en la de Bibliografía; estudia la mecanización en la de Automatización, y realiza investigaciones sobre los rendimientos de los servicios bibliotecarios y los hábitos de lectura de los diversos grupos sociales y regionales en la de Investigación Biblioteconómica y Bibliográfica.

El fruto de su actividad se refleja en los 350 títulos que publica anualmente, entre los que destaca el enorme repertorio (30 volúmenes) con un nuevo sistema de clasificación bibliográfica (BBK).

Consecuencia de la unidad política italiana fue la fundación (1875) en Roma de la Biblioteca Nazionale Vittorio Emmanuele II, abierta al público al año siguiente con 120.000 volúmenes, la mayoría de los cuales procedía de los conventos de Roma suprimidos.

El crecimiento de su colección fue grande en el siglo XIX y en el XX, por lo que a mediados de éste fue preciso pensar en un nuevo edificio, al que fue trasladada en 1975.

En este nuevo local dispone de 1.200 puestos de lectura y en sus depósitos guarda dos millones y medio de volúmenes, entre ellos cerca de 2.000 incunables y más de 6.000 manuscritos. A sus actividades nacionales nos hemos referido anteriormente.

Biografia de George Washington

Biografia de Franklin Benjamin

Fuente Consultada: Biblioteca del Libro – Historia de las Bibliotecas – Hipólito Escolar – Capítulo 16

Bibliografía del capítulo: Barnett, Graham Keith: Histoire des bibliothéques publiques en France de la Revolution á 1939, París, 1987.
Foskett, D. J. (ed.), Reader in comparative librarianship, Englewood, 1976.
Hamman, A.-G.: Lépopée du libre. Du scribe á Vimprimerie, París, 1985.
Harris, Michae! H. (ed.): Reader in American Library History. Washington, 1971.
Kelly, Thomas: History of Public Librarles in Great Britain 1845-1975, London, 1977.


El Aislacionismo de EE.UU Presidencias de Harding y Coolidge

El Aislacionismo de EE.UU Post Guerra Mundial
Presidencias de Harding y Coolidge

El AISLACIONISMO fue una política que implicaba una participación mínima en los asuntos internacionales, en particular en alianzas militares. Fue la que aplicaron los EE.UU. hasta principios del siglo XX, como reflejo en parte de la hostilidad de las comunidades alemana e irlandesa del Medio Oeste contra la Gran Bretaña, su Imperio y sus aliados. El aislacionismo impidió a los EE.UU. ingresar en la sociedad de naciones y aseguró la victoria electoral del Presidente Harding (1865-1923) en las elecciones de 1920.

A lo largo de los decenios de 1920 y 1930 los sentimientos aislacionistas siguieron siendo muy fuertes y llevaron a una serie de Leyes de Neutralidad promulgadas entre 1935 y 1939 por las cuales se prohibió hacer préstamos y enviar armas o municiones a beligerantes en una guerra civil o internacional. Pero desde 1945 los EE.UU. se han visto obligados a adoptar el papel dirigente en el Occidente, aunque los republicanos conservadores siguieron practicando una forma de aislacionismo a principios del decenio de 1960, al propugnar la retirada a una «fortaleza América» muy defendida y sin obligaciones en el exterior, junto con la retirada de las Naciones Unidas.

Aislacionismo, antigua política exterior de Estados Unidos que evitaba las alianzas con otras naciones para preservar su libertad de acción en los asuntos internacionales. Nunca se aplicó en el terreno económico o cultural porque el aislacionismo estaba pensado ante todo para mantener la joven nación lejos de los conflictos nacionalistas y dinásticos de las potencias europeas.

La Primera Guerra Mundial sacudió los supuestos liberales y racionales de fines del siglo XIX y principios del XX de la sociedad europea. La increíble destrucción y muerte de casi diez millones de personas socavaron la idea misma de progreso. Las nuevas técnicas de propaganda habían manipulado a pueblos enteros para que se involucraran en una matanza sin sentido y por último, la Primera Guerra Mundial señaló el fin de la hegemonia europea sobre los asuntos mundiales.

En 1917, la Revolución Rusa sentó los fundamentos para la creación de un nuevo poder soviético y, además, Estados Unidos ingresó en la hierra. No obstante, el fin de la era europea no fue del todo evidente, porque lo eclipsaron dos acontecimientos: el aislacionismo estadounidense y el retiro de los soviets de los asuntos internacionales, mientras alimentaban el desarrollo de su propio sistema socialista. Pese a que estos acontecimientos fueron sólo temporales, crearon un vacío político en Europa que muy pronto sería ocupado por el renacimiento del poder alemán.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: La Gran Guerra había tenido resultados mucho más importantes que las cláusulas del Tratado de Versalles, muy pronto incumplidas, mal aplicadas, y origen de futuros conflictos. Mientras Europa estaba devastada y arruinada, e Inglaterra, aunque al margen de la invasión, había tenido que recoger de todas partes los capitales que constituían su poder, para financiar su esfuerzo de guerra, los Estados Unidos salían del conflicto con ligeras pérdidas (125.000 muertos) y un poder colosal.

De deudores, habían pasado a ser acreedores de Europa, por miles de millones de dólares. Este era, en fin, uno de los hechos más importantes, con la Revolución rusa, de la que nadie podía imaginar que saliese una URSS tan fuerte, veinte años después.

La deuda contraída por Europa con los Estados Unidos ascendía a unos 7 mil millones de dólares, a los que se sumarían, algo más tarde, 3 mil millones más para la reconstrucción del viejo continente.

presidente wilson

El presidente estadounidense Thomas Woodrow Wilson emprendió la mejora de la vida política, económica y social de su país a comienzos del siglo XX. Tuvo una ambiciosa visión para el cargo presidencial y buscó mejorar casi todos los aspectos de la vida nacional desde la presidencia. Durante sus dos mandatos (1913-1921), Wilson llevó a cabo significativas reformas sobre los aranceles aduaneros, los trusts, las relaciones laborales, la agricultura y la banca.

Los Estados Unidos se encontraban, al fin, con un aparato de producción considerablemente desarrollado. Ciertamente, Wilson había sufrido grandes decepciones con motivo de la Conferencia de la Paz, no sólo por parte de los europeos, como Clémenceau y Lloyd George, sino también a causa de la vieja tradición aislacionista que animaba al partido republicano y a una fuerte minoría del demócrata. Los Catorce Puntos, el idealismo de Wilson, los grandes principios de la S. de N. habían suscitado una dura oposición.

Adherirse a la S. de N. era meterse en el engranaje de los conflictos que desgarraban a los incorregibles europeos. «Nosotros no podemos retroceder» —había dicho Wilson—. El Senado, todopoderoso en materia de política exterior, no lo entendía así, y en la discrepancia estaba apoyado por la respetada opinión del viejo Teodoro Roosevelt y por los multimillonarios Mellon y Frick, que pagaron gigantescas campañas contra la S. de N., «esa cosa nefasta, con la aureola de un nombre edificante». Las minorías alemanas, italianas, irlandesas, que, por razones diferentes, consideraban injustos los tratados, eran también hostiles.

Para colmo de desgracias, Wilson sufrió un ataque de hemiplejía en septiembre de 1919, de modo que el dirigente de la oposición senatorial, Cabo-Lodge, resultó vencedor, y la firma del tratado de paz fue rechazada por 55 votos.

Como puede verse los norteamericanos,  de   acuerdo con esta política, deseaban tener el menor compromiso posible con Europa y con los inmigrantes. Entre 1920 y 1924, la inmigración disminuyó notoriamente. El nacionalismo, alimentado por el conflicto, continuó terminado éste, y potenciado por la Revolución Rusa, se dirigió contra los políticos reformistas y los dirigentes y militantes sindicales. Estos últimos estaban, en su mayoría,   integrados  por  inmigrantes  que  no eran considerados auténticos norteamericano.

Una breve crisis (1918-1920), acompañada de numerosas huelgas, aumentó miedos y rencores Profesores universitarios y realizadores cine matográficos fueron objeto de todo tipo de agre siones y denuncias. Muchos inmigrantes fueron deportados. La comunidad negra fue hostigada El Ku Klux Klan (organización secreta racicista terrorista) no sólo actuó en el sur de los Estado Unidos (donde había sido creada a la finalización de la Guerra de Secesión), sino en el oeste, y ne víctimas fueron, además de personas de raza n gra, miembros de la comunidad judía y católica.

PRESIDENCIA DE HARDING:
Vencido por la enfermedad, Wilson llegó hasta las elecciones de 1920. Los demócratas eligieron como candidato al gobernador de Ohio, James Cox, y, como vicepresidente, al joven Franklin Delano Roosevelt, pariente de Teodoro, y que se había distinguido como Secretario de Estado adjunto a la marina, en el gobierno Wilson.

 Harding  presidente de ee.uu.

Pero fue elegido el candidato de los republicanos, W. G. Harding, senador de Ohio y periodista, con una mayoría de 7 millones de votos. América había manifestado su deseo de volver al orden antiguo: distancias respecto a Europa, liberalismo, «laissez-faire», iniciativa privada, etc. Wilson murió, cuatro años después, sin resignarse nunca al fracaso de sus esperanzas.

Harding era muy distinto del austero moralista y profesor a quien sucedía: hombre de buena presencia, «bon vivant», aficionado al golf, al alcohol, a los cigarros y al poker. En plena prohibición, se veían grandes vasos de whisky en la mesa presidencial, cuando jugaba al poker con sus viejos amigos de Ohio. Estaba   rodeado   de  unas   gentes   bastante mal educadas, que ponían los pies sobre las mesas, y algunos de cuyos elementos se dejaban  corromper  y  traficaban   con   su  influencia.

La era de Harding empezó mal: la crisis financiera y económica y el paro (el ejército ya no compraba, y Europa disminuía  sus   importaciones)   duraron  hasta 1922. La campaña «anti-roja» y anti-sindical paralizaba el movimiento obrero.

CASO DE SACCO Y VANZETTI

Los salarios, insuficientes, limitaban el consumo. Dos italianos de ideas anarquistas, Nicolás. Sacco y Bartolomé Vanzetti fueron acusados de robo y asesinato de un cajero de Massachussetts. No había pruebas válidas, pero su fama de anarquistas bastaba.

caso de sacco y vanzetti

Ellos afirmaron siempre su inocencia, y el asunto Sacco-Vanzetti apasionó e indignó al mundo entero, desde 1921, fecha del primer proceso, hasta 1927, en que los dos hombres acabaron en la silla eléctrica, lo que desencadenó vivas manifestaciones en todas partes. Había llegado la hora del racismo y de la xenofobia: en 1921, la inmigración fue súbitamente reducida, a causa del paro. Desde entonces, sólo se admitía el 3 % de inmigrantes de cada nación, en función del número de compatriotas instalados ya en el país.

Dicho de otro modo, aquellas cuotas favorecían a las naciones cuya emigración había sido numerosa y antigua (anglosajones, escandinavos, alemanes), en perjuicio de los pueblos del Mediterráneo y de la Europa Oriental, la «segunda ola», más reciente. Por último, no se admitían más que 100.000 inmigrantes al año, sometidos a severas formalidades en Long Island. En 1923, se produjeron grandes escándalos a consecuencia de unas investigaciones acerca de los que rodeaban a Harding, y hubo hasta suicidios.

El presidente especulaba en la Bolsa. Partió para un viaje, salpicado por aquellos turbios asuntos de «barriles», y murió, repentinamente, de un ataque. El vicepresidente Coolidge le sucedió y permaneció en el cargo hasta 1928.

CALVIN COOLIDGE Y LA PROSPERIDAD
Calvin Coolidge nació en Plymouth (Vermont) el 4 de julio de 1872. Se licenció en filosofía y letras por el Amherst College en 1895, y posteriormente estudió derecho. Fue presidente de Estados Unidos (1923-1929). Falleció en 1933.

Coolidge era muy diferente de Harding: puritano de Nueva Inglaterra, de una moralidad perfecta, tenía el aspecto de un clérigo. Hablaba poco, y sus principios eran sencillos: «Menos gobierno en los negocios, y más negocios en el gobierno».

Coodlidge Calvin presidente de estados unidos

Coolidge se mostró tajante con respecto al pago de las deudas contraídas por los aliados con Estados Unidos durante la I Guerra Mundial, aunque adoptó una actitud más flexible a la hora de establecer el calendario de los plazos de las devoluciones. Durante su mandato, se moderó la política intervencionista en Latinoamérica mantenida por los anteriores presidentes.

Disminuyó los gastos federales, suprimió todo lo que quedaba de los controles del Estado y ayudó a las nuevas industrias. Modesto, iba regularmente a la iglesia, convencido de que las riquezas recompensaban el trabajo y la virtud. Enriquecerse no podía desagradar a Dios.

En las elecciones de 1924, venció fácilmente al candidato demócrata Davis, y su victoria reforzó sus principios: un gobierno que gastase poco y que dejase en libertad el mecanismo de la economía. Las dificultades de la postguerra iban desapareciendo, y el presidente pudo decir que el país se hallaba en «un estado de alegría, pocas veces visto en la historia de la humanidad».

Empezaba la edad de oro de los negocios, que recordaba los últimos decenios del siglo pasado, pero los héroes del día no eran sólo los «reyes», los magnates de las grandes empresas, sino los pequeños comerciantes  emprendedores, «ejecutivos», es decir, los cuadros dirigentes de las sociedades parecían, todos ellos, llamados a un porvenir dichoso. Las masas mismas, por el sistema de acciones, de distribución de beneficios y por las excepcionales facilidades de crédito que les permitían comprar cosas, automóviles,   radios   y   neveras,   parecían   ver aumentar su nivel de vida, de un modo regular.

En una optimista atmósfera de «colaboración de clases», los patronos favorecían los sindicatos de empresa, que renunciaban a la huelga a cambio de acuerdos  «libremente   negociados»,   nunca   desventajosos, por otra parte, para los capitalistas. La concentración  de  capitales   aumentó  notablemente,  a pesar de las leyes  «anti-trusts». Doscientas   sociedades   gigantes detentaban el 50 % de la riqueza industrial (el petróleo, el acero, las industrias químicas, el cobre y el aluminio, el tabaco, los transportes,  etc.).

El  automóvil  alcanzó un éxito espectacular:  de 1919 a 1929, el número de coches pasaba de 7 a 23 millones. Los salarios  altos eran efectivos en un cierto número de ramas industriales. Pero en el cuadro también había sombras: con el desarrollo de nuevas fuentes de energía (electricidad,  petróleo, nafta),  la demanda de carbón descendía, y los países, como Francia y Bélgica, que habían vuelto a poner en   funcionamiento   sus   minas,   inundadas por los alemanes, habían cesado en sus importaciones masivas.

Los distritos mineros sufrían paro y miseria, y las huelgas se multiplicaban, pero no detenían la baja de los salarios. El poderoso sindicato de John L. Lewis perdía cada vez más  afiliados. Los granjeros seguían también excluidos de la prosperidad:   producían   demasiado   y   los precios de sus artículos descendían.

Durante la guerra, habían comprado muchas máquinas, y se habían endeudado, creyendo que sus ventas iban a mantenerse. Por el contrario, los precios de los productos industriales   habían   aumentado.   Los   granjeros mantuvieron el Farm Bloc (bloqueo agrícola)   en   el  Congreso,  cuyos   representantes prepararon una ley que preveía la compra por el gobierno de los excedentes. Almacenados en los silos, los cereales se venderían al extranjero,  según las necesidades, pero Coolidge puso el voto presidencial a la ley, lo que aumentó notablemente el descontento en el Oeste.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo XII El Aislacionismo Americano Edit. CODEX