Arte Islamico

Invasion Musulmana a España La Conquista Arabe y su Influencia

Invasión Islámica a España
La Conquista Arabe y su Influencia – Al Andalus-

¿Qué supuso la civilización árabe en la Europa del siglo X? ¿Cuál fue su aportación cultural y científica? Un emporio llamado Córdoba: baños y bibliotecas.

En el siglo X Europa atravesaba uno de los momentos más oscuros de su historia. Hacía ya tiempo que el gran Imperio romano había sucumbido ante la invasión de los bárbaros.

En lugar del poderoso Imperio habían surgido muchos estados pequeños, fragmentados, que no gozaban de la seguridad, prosperidad y cultura de antaño.

Pero en el sudoeste de Europa apareció una brillante civilización que contrastaba con toda esta mediocridad.

Su centro estaba en Córdoba, que entonces era la ciudad más grande, más rica y más culta de Europa occidental.

Los viajeros que llegaban a ella se maravillaban ante sus calles principales, iluminadas y pavimentadas, un lujo desconocido en aquella época.

La ciudad era famosa por la arquitectura de sus edificios, por su población de medio millón de habitantes, y por sus trescientos baños públicos, setenta bibliotecas y numerosas librerías.

Todos los sabios de Europa reconocían el alto nivel intelectual y artístico de Córdoba, con la que sólo Bizancio podía compararse.

El rasgo más sobresaliente de la ciudad eran sus setecientas mezquitas.

Córdoba era en el siglo X la capital de la España musulmana.

mezquita arabe en cordoba

Interior de la mezquita de Córdoba, verdadera joya del arte árabe. El dominio de los musulmanes en el campo de la medicina, la agricultura y el comercio convirtió a España en uno de los países más prósperos de Europa.

La leyenda del conde Don Julián: Desde la caída del Imperio romano, del que era una provincia, la península ibérica había sufrido numerosas invasiones de los bárbaros, la más importante de las cuales fue la de los visigodos, que crearon una monarquía de casi dos siglos de duración.

A principios del siglo VIII, tropas árabes cruzaron el estrecho de Gibraltar y, después de la batalla de Guadalete, en que fueron derrotados los visigodos, invadieron la península.

Según la leyenda, la invasión tuvo su remoto origen en los amores prohibidos de don Rodrigo, último rey godo, y la hija del conde don Julián, influyente personaje de la Corte.

Éste, como venganza personal, habría alentado a los moros del norte de África a penetrar en territorio hispano y a poner fin a la monarquía visigoda. Aunque la historia del conde don Julián no hubiese sido verdadera, lo cierto es que los árabes se aprovecharon de la decadencia y de las luchas internas de los visigodos.

Las más importantes ciudades, Toledo y Sevilla, cayeron en seguida en su poder, y en el espacio de siete años (711-718) la mayor parte de la península estaba bajo su dominación. Los musulmanes se mantuvieron en España siete siglos: aunque la Reconquista comenzó en seguida (718), no se completó hasta 1492, bajo el reinado de los Reyes Católicos.

La invasión de los árabes, aunque repentina e inesperada, era una consecuencia natural de los deseos expansionistas del Imperio musulmán. A raíz de la muerte de Mahoma (632), los pueblos árabes, exaltados por su fe religiosa, habían extendido ampliamente sus fronteras. Atacando a todos sus vecinos, habían mermado el imperio bizantino y debilitado el persa.

En el transcurso de un siglo se apoderaron de Irak, Siria y Egipto y avanzaron por la costa del norte de África. Empujados por el deseo tanto de riquezas como de someter al infiel, según el precepto coránico, la invasión del decadente reino visigodo era sólo una cuestión de tiempo o de oportunidad.

Los musulmanes no pensaban detenerse en España. En el año 720 cruzaron los Pirineos y penetraron en el reino de los francos. Tomaron Narbona y saquearon los principales monasterios del sur de Francia. Pero en 732, en la batalla de Poitiers, cerca de Tours, fueron vencidos por Carlos Martel, príncipe franco.

ejercito musulman ataca españa

Ejército islámico preparados para atacar

Los historiadores consideraban esta derrota como la salvación de la ristiandad frente a la amenaza musulmana. ja. realidad es que las luchas en los Pirineos ontinuaron durante varias décadas. Solamente después de bastantes derrotas los musulmanes decidieron abandonar sus ambiciones de conquistar el reino franco.

Para la Europa cristiana fue más importante el fracaso de los musulmanes en el Este. En los años 717 y 718 atacaron Constantinopla y si el emperador bizantino, León Isaurio, no les hubiese rechazado, seguramente toda la Europa oriental habría caído en su poder, como más tarde ocurrió con los turcos otomanos.

A diferencia de los romanos, e incluso de los visigodos, los musulmanes fueron incapaces de crear un gobierno fuerte y centralizado que dominase a todos los pueblos ibéricos. Nunca pudieron someter por completo los núcleos de resistencia establecidos en el noroeste del país, que darían lugar a los reinos cristianos y a la Reconquista.

Los dominios árabes, que recibieron el nombre de Al-Andalus, carecían de fronteras fijas por el norte, y entre ellos y el territorio de Carlo-magno quedaba una extensa zona de nadie en la que los combates eran continuos. Carlomagno intentó por su parte someter a los musulmanes, pero desistió después de ser derrotado en Zaragoza en 778.

Los árabes tenían que enfrentarse también con los deseos de independencia de los gobernadores de las provincias extremas y con los rebeldes habitantes de las ciudades. Tales insurrecciones provocaron una serie de matanzas sangrientas. En 797 el gobernador de Toledo, creyendo que el pueblo le era hostil, celebró un banquete al que invitó a los huéspedes más representativos.

Cuando entraron en el patio del castillo, fueron decapitados. Poco tiempo después, los habitantes de un barrio entero de Córdoba —unas trescientas personas— fueron asesinados y sus casas destruidas.

En los primeros años de dominación musulmana, gran parte de las luchas no se debían a diferencias religiosas entre moros y cristianos, sino a las ansias de poder de los dirigentes locales. La religión no importaba demasiado; de hecho, se cambiaba con frecuencia de credo religioso para poder jurar fidelidad al nuevo dueño.

El Cid fue uno de los primeros caballeros castellanos que ayudaron a los reyes árabes: en su caso, el rey de Zaragoza, al que ayudó en numerosas empresas.

Las dificultades de los musulmanes para crear un estado organizado se vieron agravadas por las divisiones entre ellos. Surgió una fuerte rivalidad entre árabes y bereberes, tribu del norte de África que había sido convertida al Islam y había aportado grandes contingentes de hombres para la invasión de España.

releieve en madera arabes

Relieve en madera, en la catedral de Toledo, que representa la rendición de Granada, el último reino musulmán, en 1492. A la victoria cristiana siguió una ola de persecuciones y destrucción.

Esplendor del califato: Abderramán III emprendió la tarea de unificar y fortalecer el reino musulmán. Como primera medida proclamó la independencia del emirato de Córdoba —hasta entonces dependiente de Damasco— convirtiéndolo en califato. Los reyes cristianos habían logrado llegar en sus incursiones hasta los alrededores de la ciudad.

Gradualmente, Abderramán III recobró las provincias perdidas y penetró en los reinos cristianos de León y Navarra. Bajo sus sucesores y hasta finales del siglo X, el imperio musulmán en España alcanzó el máximo de su poderío.

La civilización árabe que floreció en este período, con centro en Córdoba, tenía su origen, en parte, en la tolerancia de los musulmanes con los pueblos sometidos. Aunque existia un estado de guerra permanente con los reinos del norte, los cristianos que vivían en la zona árabe disfrutaban de completa libertad religiosa.

El Islam ordenaba someter, pero no convertir, a los no creyentes. Los judíos, que habían sido muy perseguidos por los visigodos, pudieron vivir en paz bajo la dominación musulmana; fueron los mercaderes judíos quienes impulsaron el comercio de la España musulmana confiriéndole una gran prosperidad.

Pero tanto judíos como cristianos tenían que pagar fuertes tributos, sufrían de una cierta desigualdad ante la ley y eran considerados inferiores.

Los cristianos, por su parte, reconocían que los árabes habían creado una civilización más refinada que la suya propia. Las ciudades hispánicas, en franca decadencia con los visigodos, habían revivido. Existía un orden y una organización nuevos.

Los musulmanes eran mejores comerciantes, arquitectos, ingenieros y granjeros. Eran más cultos e instruidos. Los cristianos, incluso los reyes de los reinos del norte, se daban cuenta de todo esto.

La historia ha dejado constancia de que cuando los gobernantes cristianos necesitaban un cirujano, un arquitecto, un maestro de música o un sastre, lo pedían a Córdoba.

Pero estaban decididos a superar su inferioridad y reconquistar sus tierras. Este espíritu no estaba, sin embargo, muy extendido entre los cristianos que vivían en territorio musulmán. Muchos de ellos se convirtieron al Islam, recibiendo el nombre de «muladíes».

La distinción entre musulmanes hispánicos y de origen árabe fue siendo cada vez más difícil, debido sobre todo al elevado porcentaje de matrimonios mixtos que se daban en todos los niveles sociales. Incluso los nobles, y hasta los reyes cristianos, ofrecían sus hijas en matrimonio a los reyes musulmanes. Muchos cristianos, si bien no renegaron de su fe, adoptaron las costumbres árabes.

En el terreno del comercio existia una colaboración muy estrecha entre judíos, cristianos y musulmanes. Con el esfuerzo conjunto de todos ellos, la España musulmana llegó a ser una de las zonas más prósperas y más densamente pobladas de Europa.

La agricultura gozó de un gran desarrollo gracia nuevos métodos de regadío introducidos por los árabes, así como a los nuevos cultivos arroz, algodón, naranjas, albaricoques  y melocotones. Los árabes crearon una importante industria en al-Andalus, en la que destacaba principalmente la textil, de cueros y de cerámica. Su comercio llegó hasta la India y Asia central.

La enseñanza y la investigación alcanzaron niveles muy altos: los musulmanes fueron los introductores en Europa del pensamiento griego y del arte bizantino y persa.

La medicina y la ciencia estaban muy adelantadas respecto a otros países, y la educación tan extendida que una elevada proporción de españoles musulmanes sabían leer y escribir, hecho insólito en el resto de Europa.

Los reinos de Taifas: Sin embargo, a principios del siglo XI comenzó la decadencia del Imperio musulmán. Disputas intrascendentes entre los jefes rivales debilitaron la autoridad central, dando a los reyes cristianos la oportunidad que esperaban. En lugar de pagar sus tributos a los árabes, los cristianos empezaron a exigírselos a ellos.

El rey Altonso VI llego incluso a cobrar tributo a Sevilla, la ciudad más poderosa después del declive de Córdoba. En 1085 los cristianos reconquistaron Toledo, que ya nunca más volvió a estar en manos de los árabes.

La derrota les causó tal conmoción que resolvieron pedir ayuda a los almorávides, tribu de bereberes del norte de África. Estos no supieron restaurar la brillante civilización de sus predecesores árabes.

Miles de cristianos y judíos abandonaron al-Andalus huyendo de su fanática intolerancia. Más tarde, en 1146, otra tribu beréber, los almohades, procedente también del norte de África, acudió en ayuda de los almorávides, incapaces de resistir el empuje de los reyes cristianos. Los almohades convirtieron Sevilla en un importante centro cultural, pero no pudieron detener el avance de la Reconquista.

En 1212 Alfonso VIII les infligió una derrota decisiva en la batalla de las Navas de Tolosa. Con ello se desvanecieron todas las esperanzas de restablecer el imperio musulman en España. Al-Andalus se escindió en unos pequeños reinos llamados de «taifas».

La fuerza de los cristianos se había visto siempre mermada por las incesantes luchas internas. Pero en 1230, con la unión de León y Castilla, cobraron nuevas energías y lanzaron una gran ofensiva contra los árabes.

Rápidamente, Fernando III reconquistó Córdoba (1236), Valencia (1238), y Sevilla, después de un duro asedio (1248). Sólo quedaba un reino árabe, el de Granada.

Y aunque estaba obligado a pagar un pesado tributo a los cristianos, desarrolló una cultura y un arte excepcionales, cuya mejor muestra es la Alhambra. Igual que Córdoba y Sevilla anteriormente, se convirtió en un centro de comercio y de ciencia, atrayendo a numerosos sabios de Europa y de Oriente. Durante el reinado de los Reyes Católicos, Granada fue conquistada en 1492.

El gobierno de los cristianos no fue tan tolerante como el de los musulmanes.

Fernando e Isabel expulsaron a los judíos (1493) e intentaron convertir a los musulmanes al cristianismo.

Algunos lo hicieron, recibiendo el nombre de moriscos, pero la Inquisición recién establecida tenía como fin descubrir a aquellos cuya conversión no fuese sincera.

Los manuscritos árabes se quemaron públicamente; más tarde, Felipe II ordenó la destrucción de todos los baños públicos construidos por los árabes. Finalmente, en 1609 los moriscos que quedaban en el país, medio millón, fueron deportados en masa.

Se calcula que entre 1492 y 1609 unos tres millones de musulmanes fueron desterrados o ejecutados. La España cristiana no encontraba lugar para ellos.

La historia de los musulmanes en España tuvo un final poco glorioso. Sin embargo, Europa estaba en deuda con ellos por haber sido los transmisores de la filosofía griega y del arte y la ciencia orientales.

Los filósofos españoles, como Maimónides y Averroes, no sólo interpretaron y tradujeron las doctrinas de los clásicos, sino que las transmitieron a los sabios que acudían a Toledo o a Sevilla.

Muchos descubrimientos se conocieron en Europa gracias a los árabes, como el papel. Es probable que la numeración arábiga y el concepto de cero entrasen en Europa a través de España, aunque también pudo ser por Italia. Pero, sobre todo, los musulmanes crearon en España una civilización propia, de la que hoy perduran muchas cosas.

Realizaron grandes esfuerzos para crear belleza en todos los campos. La poesía y la música eran las bellas artes que más cultivaron. Introdujeron además el laúd y la guitarra oval. Gran parte de sus mezquitas y palacios han resistido el paso del tiempo como testimonios de un pasado lleno de riqueza y cultura.

Fuentes Consultada:
Protagonista de la Historia de Espasa-Calpe – Wikipedia – Artehistoria
La LLave del Saber – Pasado y Presente del Hombre Tomo I – Al Andalus – Ediciones Cisplatinas S.A.

Origen del Califato Omeya y Abasida Historia de las Dinastías Arabes

Origen del Califato Omeya y Abásida
Historia de las Dinastías Arabes

HISTORIA: Mahoma murió sin descendencia masculina y no dejó resuelta la fórmula política de su Estado ni la cuestión sucesoria. Su actuación esencial fue como enviado de Dios o profeta y este cargo no podía dejarse en legado.

Los jefes y gobernantes que le sucedieron tomaron el título de Califas o Sucesores, y el primero de ellos fue su suegro Abu-Bekr (padre de Aixa, esposa favorita de Mahoma) que había actuado inseparablemente del Profeta desde los días de la Héjira. Este primer sucesor era hombre de carácter recto y enérgico. Hizo desaparecer a nuevos profetas que habían surgido. Terminó la conquista de Arabia y derrotó a los bizantinos cerca de Jerusalén.

historia de mahoma

En 635, fue elegido para sucederle Omar. Bajo su gobierno se conquistó Siria, Persia, Egipto y parte del norte de África (Libia, Barca y Trípoli).

En Egipto aprovechó las rivalidades existentes entre diversos sectores de la población, principalmente entre los coptos y bizantinos (este aprovechamiento de circunstancias políticas propicias; fue el procedimiento al que frecuentemente recurrieron los sarracenos y puede explicar la rapidez y rotundidad de sus éxitos). Sólo encontraron resistencia seria en Alejandría, que fue sitiada, tomada tras un largo asedio, e incendiada, siendo pasto de las llamas su famosa biblioteca.

Los primeros cristianos fueron quienes denominaron bajo el apelativo de “sarracenos” a los árabes instalados,
en los comienzos, en las regiones que actualmente ocupan desde Siria hasta Arabia Saudí. También fueron llamados moros.

La expansión religiosa, política y geográfica del Islam se hizo a través de la guerra, conocida como jihad o guerra santa, con la excepcional fuerza combativa de los beduinos. A la muerte del profeta, el califa Omar –su sucesor– no encontró mejor remedio para acabar con las disputas interminables de aquellos nómades que lanzar a esos jinetes y camelleros al jihad.

Así fue como las tribus de beduinos realizaron las primeras conquistas. ¿Cómo eran aquellas jihad? Basta imaginar el andar de aquellos grupos reducidos, montados a caballo o camello, a través de enormes distancias, con sus convoyes, tiendas de piel de camello y de cabra, llevando su nueva fe como estandarte y su ancestral espíritu guerrero.

Golpeando como una lluvia incesante sobre las ciudades y pueblos sedentarios, hasta terminar dominándolos. La expansión se hizo, fundamentalmente, hacia el oeste. No hacia el norte, porque allí los desiertos fríos reemplazan a los desiertos cálidos y los camellos no podían resistir temperaturas tan bajas. Esa es la razón por la cual los árabes no triunfaron en el siglo VII en Asia Menor.

Con la sola excepción del Asia Menor, salvada por los bizantinos, los conquistadores árabes se apoderaron de todo Medio Oriente y se extendieron en forma rápida también hacia el oeste. Tan vertiginoso avance se debe, fundamentalmente, a tres razones: lo inesperado del ataque, el veloz ritmo que tuvieron las campañas militares, y un tipo de ataque destructor a partir del aislamiento de las ciudades atacadas hasta obligarlas a rendirse, una tras otra.

Pero no solo el éxito militar alcanza para explicar la rápida expansión árabe: la región atacada y sus ciudades, además, estaban entrando en una lenta decadencia. Habían perdido dinamismo y protagonismo histórico.

Lo que sí mantenía vigente al Medio Oriente era una  antigua afinidad religiosa y moral: creencias, mitos, costumbres.

Como la nueva fe que trajeron los conquistadores árabes se había forjado dentro del mismo marco, no les resultó extraña. Después de la derrota militar siguió entonces una rápida asimilación al Islamismo: la nueva religión puso a aquellas viejas ciudades de nuevo en vigencia, con las fuerza renovadas.

El califa Omar fue asesinado en 644 por un esclavo persa. Fue elegido para sucederle Otmán, de la familia de los omeyas, quien, en 656, fue asesinado en su propio domicilio por unos sediciosos.

En la época de los califas electivos, el tercer califa  fue un Omeya: Otmán (570-656),
rico comerciante de La Meca casado sucesivamente con dos hijas de Mahoma.

A Otmán sucedió Alí, primo y yerno de Mahoma. Había pretendido anteriormente su elección. Tuvo desde el principio la enemiga de los partidarios de Otmán, uno de cuyos parientes llamado Moawia (ó Muawiya) , que gobernaba Siria, se alzó con el país al par que Aixa, viuda de Mahoma, se sublevaba en Mesopotamia. Acudió a las armas Alí, y aunque apresó a la segunda y venció al primero, no pudo, merced a un ardid de los soldados enemigos, consumar su victoria.

 Tras un convenio en que se acordó un arbitraje, cuyo resultado amañó Moawia en su favor, tuvo Alí que abandonar su cargo y, asesinado poco después, quedo Moawia como califa (661). Moawia situó la capital en Damasco. Esta decisión no fue caprichosa, sino que tenía una clara finalidad política.

Con el califa Walid I, que reinó del 705 al 715, se llega a la cumbre del poder de la dinastía omeya.

A Walid I le sigue Sólimán (715-717), luego Omar II, luego Yazid II, Hisham (724-743) , Walid II, Yezid III y finalmente Meruán II.

SINTESIS: DINASTÍA O CALIFATO OMEYA:  La familia de los Omeyas, descendiente de un tío de Mahoma, se hizo dueña del califato entre los años 661 y 750.

ya para entonces, el islam había trascendido las fronteras de la Península Arábiga para extenderse en forma vertiginosa por todo el Medio Oriente y el oeste de África. Los omeyas residieron en Damasco (Siria), para poder vigilar mejor el sistema administrativo y financiero del gobierno.

Además, continuaron con la expansión (también llamada «guerra santa» o jihad) e incorporaron nuevas tierras al inmenso imperio. Una de sus grandes conquistas fue la Península Ibérica, adonde ingresaron en el año 711: después de vencer a los visigodos, se apoderaron de casi todo el territorio, excepto una pequeña porción en el extremo norte.

España se convertirá en un emirato dependiente del califa de Damasco.

Si bien debieron renunciar a la conquista de Bizancio (el «fuego griego» flotando sobre el agua incendió sus naves) y también del reino franco (Carlos Martel los expulsó en el 732 después de rechazarlos en Poitiers), los califas de Damasco reinaron desde el Atlántico hasta los confines de la China y de la India.

En cien años, la antigua comunidad de la ciudad de Medina había dado origen al más vasto imperio de la época. Claro que, y este es todo un detalle, en los países conquistados, la administración seguía en mano de los pueblos «indígenas», los escritos se redactaban en griego o en persa antiguo. Y el arte continuaba siendo de inspiración netamente helenística.

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LA DINASTIAS ABASIDA:

HISTORIA: Poco tiempo se mantuvo el extenso imperio formado por las conquistas de los sarracenos o moros, bajo el gobierno de un solo califa.  Como dijimos antes al omeya Walid I (705-715)  sucedió su hermano Solimán (715-717), hombre relajado y cruel, y a éste Omar II (717-720), que intentó dar unidad política y religiosa al heterogéneo imperio.

Poco tiempo despúes apareció en escena otro personaje, Abul-Abbas, biznieto de Abbas, tío del Profeta, el cual se sumó al partido de los descendientes de Alí, que se adjudicaban la legitimidad en la sucesión, y procediendo con actividad y energía logró destronar , vencer y dar muerte a Meruán II, proclamándose califa y ordenando el exterminio de toda la familia de los omeyas.

Un joven miembro de aquella familia llamado Abderramán logró escapar de la matanza y, tras andar algún tiempo errante por el África, pudo llegar a España y fundó en ella la dinastía omeya española.

Así en el año 755 el imperio se dividió en dos califatos, el de Occidente, que comprendía solamente España con su capital en Córdoba y el imperio sarraceno de Oriente, que abarcaba el norte de África y todos los países orientales y cuya capitalidad fue trasladada de Damasco a Bagdad.

El califa de Bagdad fue considerado generalmente como jefe del mundo islámico, fundando asi  la dinastía de los abasidas (de Abbas, su primer califa), el segundo de ellos se trasladó a Mesopotamia, y estableció la capital del imperio en Bagdad, como ya hemos dicho.

Pero los abasidas, en su oposición a todo cuanto pudiera recordar la actuación de los omeyas, volvieron a considerarse como jefes religiosos mezclando la religión con la política; el efecto de este sistema fue el de robustecer el poder despótico de los soberanos que actuaban como los antiguos reyes orientales.

Se implantaron algunas reformas como la de las postas oficiales, que en realidad vinieron a ser una red de información policial al servicio del monarca.

El primer califa fue Abul-Abbas (750-754), apodado el Saffah (el sanguinario, por las grandes matanzas que ordenó). A éste sucedió su hermano Almansur, que reinó hasta 775. Realizó importantes obras; implantó el árabe como idioma oficial; mejoró la economía del país, que alcanzó gran prosperidad y protegió las letras y ciencias, que florecieron en su reinado.

El más famoso de todos los califas de Bagdad fue Harún-ar-Raschid, que subió al trono en 786 y bajo su gobierno alcanzó su corte un inusitado esplendor. En Las Mil y una Noches podemos encontrar relatos y estampas de la vida que llevaba aquel monarca y el pueblo de su capital.

Era artista y magnánimo pero cometió grandes crueldades. Sostuvo campañas afortunadas con los bizantinos.

En su tiempo un rebelde llamado Edris, de la familia de Alí, fundó en Fez el reino independiente de los edrisitas y enviado para combatirle Ibrahim-Ben-Aglab, se sublevó en Túnez y estableció la dinastía de los aglabitas, con su capital en Keruán.

Muerto Harún-ar-Raschid en 809 se sucedieron numerosos califas en medio de sangrientos desórdenes y asesinatos. Abundaron las divergencias religiosas, y los musulmanes se dividieron en numerosas banderías.

Los califas, sintiéndose inseguros, se acogieron a la custodia de una guardia personal formada por mercenarios extranjeros que acabaron por adueñarse de la situación.

Las provincias fueron cayendo unas tras otras en poder de los turcos, hasta que en 1258 los mongoles, bajo el mando de Hulagu, un nieto de Gengis Kan, conquistaron el califato de Bagdad y derrocaron la dinastía de los turcos selyúcidas.

SINTESIS DE LA DINASTIA ABASIDA: A mediados del siglo VIII se produjo una gran conmoción en el mundo islámico, al pasar el califato a manos de la dinastía Abasida (750-945) después de una cruenta lucha. El estandarte negro reemplazó a partir de entonces al estandarte blanco de los omeyas, que de algún modo representaban a lo más puro de la descendencia árabe.

Con los abásidas, el eje político dejará de ser Damasco para pasar a ser Bagdad. El Islam se replegará un poco más sobre el este y abandonará un tanto la zona del Mediterráneo. Durante el mismo período se construyeron grandes ciudades como Samara (sobre el Tigris), Basora, que es un gran puerto, y El Cairo.

En tanto, Abderramán, único sobreviviente de la matanza de los Omeyas ordenada por los Abasidas, desembarcó en España en el 755 y logró hacer reconocer su autoridad.  Creó así un emirato, ahora dependiente de Bagdad.

En el año 929, Abderramán III, imitando el ejemplo de sus correligionarios de Túnez, adoptó el título de califa, instalando la capital del Califato en Córdoba. Durante ese siglo, España se convirtió en un polo cultural y literario que asombró a Europa, hasta entonces sumida casi en la barbarie.

La fuerte organización del Califato de Córdoba duró hasta el 1002, cuando se desmembró en una serie de reinos llamados de Taifas (banderías), lo que favoreció la marcha de la reconquista cristiana de España. Este largo proceso lo había iniciado aquel pequeño núcleo del norte que resistió la entrada de los árabes en el 711.

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ALGO MAS…
EL MUNDO ISLAMICO 500-800 d.C.

La administración de los omeyas
BAJO LOS CALIFAS omeyas (661-750), el Islam dominó la tercera parte del mundo antiguo, formando así el imperio más extenso jamás visto. Las fronteras permanecieron relativamente estables bajo la siguiente dinastía abasida (750-1258), cuando se incrementó el comercio a larga distancia y las condiciones pacíficas estimularon el crecimiento económico.

También hubo un deslumbrante florecimiento cultural que sintetizó con éxito muchos de los progresos de pueblos sometidos, incluidos los greco-romanos del Mediterráneo oriental y los persas de Irán. Se produjo un renacimiento en la construcción de magníficos edificios con artesanos talentosos y un nuevo desarrollo del saber.

Los palacios en medio del desierto, en Siria y Jordania, incorporaron baños y mosaicos en la mejor tradición greco-romana y fueron construidos por los descendientes directos de artesanos que habían gozado de la protección bizantina. Los eruditos y científicos islámicos copiaron y desarrollaron el trabajo de sus predecesores greco-romanos. En algunos aspectos, efectivamente, fueron los omeyas y abasidas, más que Bizancio o Europa occidental, los herederos de las artes y el saber de Grecia y Roma.

Con la ascensión de la dinastía abasida, hubo un cambio en la perspectiva cultural trasladándose desde el Mediterráneo hacia Mesopotamia y Persia. La capital omeya había sido Damasco, pero en el 766 los abasidas la trasladan a Bagdad.

Estratégicamente ubicada a orillas del Tigris, en la encrucijada de las principales rutas comerciales de Oriente y Occidente, Bagdad se convirtió en un poderoso símbolo del dominio abasida.

La Ciudad Circular, un complejo administrativo, tenía dobles defensas de ladrillos de barro con cuatro entradas en los puntos cardinales.

El califa ubicó su palacio en el centro de la Ciudad Circular; los funcionarios habitaban en un anillo de residencias, al interior de las murallas. Los mercados y la mayoría de la población se ubicaban afuera, alrededor del antiguo centro de Al Karkh.

Las mezquitas, los edificios más importantes del Islam, existían en todas los pueblos islámicos. A pesar de las variaciones, todas consistían en un patio y salón cubierto para oraciones con un mihrab, un nicho en la muralla, que indicaba la dirección de la oración, hacia La Meca.

Otra característica era el minarete, o torre, desde el cual todavía se hace el llamado a oración. Una de las mezquitas más grandes se construyó en España, en Córdoba, se comenzó en el 785 y era capaz de albergar a 5.500 fieles; sin embargo, la mayor de todas era la Gran Mezquita, erigida en Samarra, Irak, por el califa Al-Mutawak-kil en 849-850.

Aunque, probablemente, el más imponente de los antiguos edificios religiosos del Islam no es una de estas grandes mezquitas sino el santuario menor de la Cúpula de la Roca en Jerusalén, ricamente decorado con mosaicos de frutas, vino y árboles se consideraba idolátrico,representar figuras humanas y animales en un contexto religioso.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal de la Civilizacion Tomo II Editorial Biblioteca Hispania Ilustrada  – Los Sarracenos –
La Magia del Islam Historia de la Humanidad Para Principiantes  – Colección Biliken Cuadernillo Nº11

Biografia de David Siqueiros Muralista Resumen Obra Artistica

Biografía de David Alfaro Siqueiros
Muralista Mexicano – Resumen Obra Artística y Política

David Alfaro Siqueiros (1896-1974) es, sin duda, junto con José Clemente Orozco y Diego Rivera, el artista que más ha contribuido a la creación y desarrollo del movimiento muralista mexicano, surgido a raíz de la revolución de 1910, y cuyo momento de esplendor se centra entre 1920 y 1940. Comprometidos igualmente los tres artistas con la revolución, Siqueiros destaca ante todo por ser un personaje esencialmente revolucionario, tanto en el campo de la pintura como en sus ideas y vida social.

De carácter inquieto y luchador, fue un hombre fundamentalmente político y un agitador sindical por excelencia, características éstas que combinará a lo largo de su vida con las de artista creador y progresista.

Fue un hombre formado artística y socialmente al calor de la revolución, nunca separó ideología y arte, manteniendo vivo en todo momento un compromiso revolucionario que le llevará a decir la siguiente frase en la que se resume toda su vida y su obra: «Contribuir a la transformación política de México, empezando por la restitución de sus libertades democráticas, tiene que ser mi primera tarea como hombre, como ciudadano y como pintor».

David Siqueiros pintor y revolucionario mexicano

Nace Siqueiros el 29 de diciembre de 1896 en el estado mexicano de Chihuahua; su padre, Cipriano Alfaro Palomino, era un prestigioso abogado y su madre, Teresa Siqueiros Barcenas, hija de Filippo Siqueiros, hombre político y poeta, muere cuando él tenía sólo dos años.

Así, el pequeño David será educado por sus abuelos paternos hasta los siete años, edad en la que ingresa en el Colegio franco-inglés de los hermanos maristas.

Más tarde continúa sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, en Ciudad de México, aunque pronto se verán interrumpidos al estallar el movimiento revolucionario, iniciado en el norte del país, contra el régimen dictatorial cíe,, general Porfirio Díaz.

El joven Siqueiros se une al movimiento cuando apenas cuenta dieciséis años.

Entre 1914 y 1918, Siqueiros tiene una gran actividad política y militar: se incorpora al estado mayor del general Manuel M. Diéguez, formado casi en su totalidad por estudiantes revolucionarios, y participa en vanas batallas en los estados de Jalisco, Guanajuato, Colima, Sonora… La participación en estas luchas contra la dictadura de Victoriano Huerta le proporciona el conocimiento de su patria y la formación ideológica necesaria para llevar adelante sus compromisos revolucionarios.

En 1919, el gobierno le envía a Europa con misiones artísticas y diplomáticas. Visita en primer lugar París, donde establece contacto con el arte moderno, desde Cézanne a Picasso.

También allí tiene lugar su decisivo e importante encuentro con Rivera; ambos artistas discuten sobre la necesidad de realizar en su país una pintura monumental y grandiosa, y al mismo tiempo popular, que refleje los problemas planteados por la revolución.

La experiencia europea va a ser decisiva en la formación artística y revolucionaria del joven Siqueiros. Todo lo aprendido en estos años se refleja claramente en su Manifiesto a los artistas de América, publicado en 1921 en Barcelona en la revista Vida americana.

En dicho manifiesto, compuesto por tres breves escritos, hace un llamamiento al «arte monumental y heroico, a un arte humano, a un arte público, con el ejemplo directo y vivo de las grandes y extraordinarias culturas prehispánicas de América».

En 1922, Siqueiros decide regresar a su patria e inicia una etapa de gran dedicación a la pintura mural y a las actividades sindicales y políticas más radicales. Ingresa en el Partido Comunista y promueve la organización del Sindicato de Pintores, Escultores y Grabadores Revolucionarios.

A su llegada a México, el secretario de Instrucción Pública, José Vasconcelos, le encarga junto a un gran número de jóvenes pintores mexicanos, entre los que cabe señalar a Diego Rivera, Orozco, Xavier Guerrero, Fermín Revueltas, Fernando Leal, Jean Charlot, Amado de la Cueva y Emilio García Cachero, integrantes todos ellos del movimiento muralista, la realización de la primera gran obra mural mexicana, en la Escuela Preparatoria Nacional, donde tendrán la oportunidad de contar, en sus muros, la historia de su propio país.

Durante cuatro años, con una dedicación casi exclusiva a la política de 1926 a 1930, dirige la Federación Minera y la Confederación Obrera de Jalisco; anima las huelgas que se producen en las minas de El Amparo, Cinco minas, La mazata, Piedra bola, Los Jiménez, etc., y participa como representante de los trabajadores en diversos congresos internacionales

Por su compromiso revolucionario, fue encarcelado en varias ocasiones y se vio finalmente obligado al exilio en 1932.

En mayo de 1930 es detenido y permanece hasta diciembre en la penitenciaría del Distrito Federal. Allí realiza una serie de obras de formato pequeño a las que denomina retablos. Durante este período Siqueiros se revela como un artista que domina plenamente sus medios expresivos y con un estilo propio que le diferencia marcadamente de sus colegas.

Siqueiros decide expatriarse se establece en Estados Unidos, concretamente en California, por estar más cerca de la frontera de su país. La Chouinard School of Art de Los Angeles le invita a dar un curso sobre pintura mural.

Siguiendo su teoría de que las artes plásticas sólo pueden aprenderse con la práctica, como se hacía en los talleres del Renacimiento, forma con sus alumnos un equipo de trabajo denominado Mural Block of Painters y programa la realización de una pintura al fresco en la pared exterior de la escuela.

Como consecuencia de la publicidad que este mural le proporciona, la institución Plaza Art Center, patrocinada por numerosas empresas relacionadas con la venta de aparatos y materiales para la pintura, le invita a ejecutar un mural, también exterior, de 270 metros cuadrados, con el tema América tropical.

A su vuelta a México, en 1934, es nombrado presidente de la Liga Nacional contra el Fascismo y la Guerra.

En esta misma época sostiene una fuerte polémica con Rivera (y, a través de éste, con casi todos sus antiguos colegas del período muralista anterior) que significó el inicio de la revisión de todo lo que se había hecho en el campo de las artes plásticas después de la revolución.

Con el fin de ampliar su experiencia de Los Angeles y continuar la búsqueda e investigación de nuevos materiales para su pintura, Siqueiros funda a finales de 1935 en Nueva York un taller experimental el Siqueiros Experimental Workshop, donde con ayuda de especialistas profundiza tanto en el conocimiento de los nuevos materiales cromáticos que facilita la industria, como en nuevos métodos y herramientas para la realización de sus murales.

Pronto abandonará Siqueiros, una vez más, todo lo relacionado con el mundo de la pintura para dedicarse de lleno a sus actividades políticas: en 1937 llega a España para participar en la guerra civil en las filas del ejército republicano, en el que ejercerá cargos de gran responsabilidad.

A su vuelta a México, en 1939, Siqueiros retorna a la pintura mural. Termina así una fase técnico-experimental e inaugura una gran etapa en la que realiza las obras más importantes de su trayectoria artística.

El primer mural que pintará en su país, en ese mismo año, es el titulado Retrato de la burguesía, en la sede del Sindicato de la electricidad, en el que intenta reflejar todas las contradicciones de la sociedad.

En 1940, se le acusa de tomar parte en la lucha política contra León Trotski y será encarcelado. Una vez puesto en libertad, abandona de nuevo su país. Se traslada a Chile, y en la población de Chillan realiza, en 1941, para la biblioteca de la Escuela México, un importante mural: Muerte al invasor, en el que se describe la lucha de los pueblos mexicano y araucano por su libertad e independencia.

Cuauhtémoc será uno de los personajes preferidos de Siqueiros y un tema sobre el que vuelve en varias ocasiones.

Durante los años de la segunda guerra mundial y tras su experiencia en Chillan, Siqueiros inicia una serie de viajes a países de Latinoamérica -Cuba, Ecuador, Colombia, Perú, Panamá- donde pronuncia varias conferencias, incitando a los artistas a luchar con su arte por la victoria de la democracia contra el nazismo.

En Cuba pinta, en 1943, tres murales, de los cuales sólo quedan referencias fotográficas, ya que han sido destruidos: Alegoría de la igualdad y de la fraternidad de las razas blanca y negra y El nuevo día de las democracias.

Al terminar la guerra; Siqueiros quiere culminar las actividades que durante tantos años había desarrollado en contra del fascismo y lleva a cabo una obra de grandes dimensiones en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México.

Era un encargo del gobierno mexicano para conmemorar el aniversario de la revolución de 1910 y la victoria militar de las democracias.

En 1944, Siqueiros está de nuevo en México, donde crea el Centro de Arte Realista, con el fin de hacer nuevos experimentos en el campo de la pintura.

Invitado en 1948 por la Escuela de Bellas Artes de San Miguel Allende a dar un curso sobre pintura mural, decide, tal como lo había hecho anteriormente en Los Angeles, realizar con sus alumnos un mural donde llevar a la práctica sus teorías. Para ello elige un salón abovedado del antiguo convento de Santa Rosa, sede de la Escuela, y en él desarrolla el tema Monumento al general Allende.

Su reconocimiento internacional se produce en la bienal de Venecia de 1950, en la que estuvo presente con un pabellón personal que fue galardonado con el segundo premio, otorgándose el primero a Matisse.

Su triunfo supuso además la valoración de la pintura mexicana moderna en el mundo de la cultura.

En 1955 visita Francia, Polonia y la Unión Soviética, y será entonces cuando en su Carta abierta a los pintores escultores y grabadores soviéticos, exponga las posiciones de los artistas del realismo mexicano frente al formalismo soviético y occidental.

En el mural que en 1957 inicia en el Museo Nacional de Historia de Chapultepec, desarrolla Siqueiros por vez primera el tema de la revolución mexicana.

Como otras veces, en 1959, vuelve Siqueiros a sus actividades políticas y revolucionarias; viaja a La Habana y a Caracas, donde pronuncia una serie de conferencias y, a su regreso a México, la represión del gobierno del presidente Adolfo López Mateos contra la huelga de los ferroviarios le lleva a participar activamente en la fundación y en las actividades del Comité de Defensa de Presos Políticos.

Por todo ello será encarcelado el 9 de abril de 1960 y aunque su condena fue de ocho años, sólo permanece cuatro en la penitenciaría de Lecumberri, pues en julio de 1964 le indultan en reconocimiento de su obra artística.

Durante estos años de cárcel, Siqueiros se dedica por entero a la pintura y realiza más de doscientas obras, aunque en condiciones poco favorables, pues además de tener que pintar en su propia celda, se vio obligado, por falta de espacio, a realizar cuadros de caballete y de reducidas dimensiones, algo totalmente contrario a sus teorías pictóricas.

Su último y gigantesco proyecto será: Historia de la humanidad, para la sala de la Unión de Congresos del Parque Lama de Ciudad de México. Esta inmensa obra, comenzada en 1965 e inaugurada oficialmente en 1971, la realiza cuando contaba ya 70 años y a ella se va a dedicar con ilusionada y juvenil pasión los últimos de su vida.

Es la pintura mural más grande que se haya ejecutado jamás, con 4.600 metros cuadrados de superficie continua. Consigue así uno de sus mayores deseos: crear un mural sin fin, que cubriera por dentro y por fuera, en bóvedas y paredes, una superficie gigantesca.

marcha de la humanidad siqueiros

Cuando Siqueiros tiene 72 años, después de su salida de la cárcel, recibe del gobierno de su país el Premio Nacional de Arte, otorgado con anterioridad a Orozco y Rivera, que significaba el mayor reconocimiento oficial.

Siqueiros fue también un prolífico escritor y publicó varios ensayos en los que expuso tanto sus doctrinas políticas como las técnicas y artísticas.

Siqueiros vivió y trabajó, hasta su muerte, acaecida el 7 de enero de 1974, con la mente puesta en los destinos de su pueblo y del hombre en general.

Ver: Obras Artísticas de David Siqueiros

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo IV- Entrada: David Alvaro Siqueiros  “pintor y revolucionario” – Editorial Planeta

 

 

Arquitectura Árabe o Islamica Arco Herradura, Arabescos, Alminares

Arquitectura Árabe o Islámica
Arco Herradura, Arabescos, Alminares

El arte musulmán nació del contacto con otras culturas. Sin embargo, la religión restringió la exteriorización de la forma artística en la construcción de mezquitas y palacios. En cambio, fue mayor la riqueza de la decoración y de los motivos ornamentales. La cerámica, el estuco, los frisos y los arabescos abundan en las paredes y en los arcos de herradura con motivos en madera, cobre o bronce.

En el momento en que los árabes, espoleados por su reciente fe en Mahoma, se lanzaron a la conquista del mundo, sólo eran nómadas sin el menor pasado cultural. Todo lo referente al arte les era extraño y el primer contacto lo tuvieron en los países conquistados, de tradiciones artísticas y culturales bien establecidas; a saber, Siria, Egipto y Mesopotamia.

Los musulmanes tuvieron el enorme mérito de no ignorar este capital y mucho menos de destruirlo. Por el contrario, lo aceptaron y adaptaron a sus necesidades personales y estéticas. Esta mezcla, esta fusión de valores artísticos extranjeros y conceptos propios, es una de las más importantes características del arte musulmán cuyo florecimiento duró tres siglos. La influencia de la religión en la estética es una segunda característica de este arte.

Por tal motivo, dado que el Islam veía con malos ojos la representación de seres vivos, la escultura y la pintura no existen prácticamente, pero como los califas y altos dignatarios eran protectores naturales de las artes, sus palacios y casas estuvieron ricamente decorados. Esto explica que en todos los países musulmanes se encuentren, a pesar de todo, frescos murales y frisos con numerosos personajes.

Sin embargo, todo esto repercute en el arte decorativo. Pero fue un arte decorativo que no conquistó las mezquitas, en las que, no obstante, la creación artística se manifestaba con mayor fuerza. Puede decirse, pues, que la escultura, así como la pintura, tuvieron sólo un papel secundario en todas las manifestaciones y creaciones artísticas del Islam.

Por el contrario, los motivos decorativos son mucho más importantes y ricos, hasta el punto que constituyen la característica esencial de la arquitectura. Con frecuencia las formas estructurales se ven sofocadas por exuberantes motivos decorativos, tanto en el interior como en el exterior de las construcciones. Asimismo, el artista usa como temas, puertas, hornacinas y arcos. Así, los arcos de herradura se han extendido a través de todo el Islam.

arcos herradura de la arquitectura arabe

Santa María la Blanca, en Toledo, que fue primero una sinagoga y después una iglesia católica, es un testimonio de la influencia e importancia del   estilo   árabe   en   España

El carácter ornamental llevado al máximo en la arquitectura musulmana impidió que fuera monumental. Este abuso de técnicas decorativas se debe al hecho de que los artistas musulmanes copiaron de otros pueblos los medios de exprésión artística.

Los asirios y los persas les transmitieron el arte de la loza y la cerámica, pero hay que reconocer el valor de sus trabajos en yeso, que les permitía dar a una pared desnuda la finura ; riqueza de un tapiz.

El estuco, mezcla de cal muerta, polvo de mármol y agua, les permitió realizar magníficos frisos que rodeaban arcos o dividían las paredes en varios paneles.

El arabesco es una de estas magníficas decoraciones murales. Se compone de figuras geométricas y líneas íntimamente mezcladas (ajaracas y almocárabes, atauriques), hojas estilizadas o motivos de escritura en árabe arcaico, particularmente destinado a este efecto.

En Córdoba, Granada y Sevilla, donde abundan las obras maestras de la arquitectura musulmana, encontramos otra forma de decoración de complicada poligonía, en «estalactita», es decir, que cae del techo. Asimismo se hizo empleo intensivo de mosaicos esmaltados.

Las mezquitas de España y Sicilia están adornadas con notables cinceladuras en madera y marfil. En otros países musulmanes predominó, sobre todo, la cerámica, tanto para el revestimiento del suelo como para la decoración de objetos de uso. El trabajo del cobre y el bronce, así como la perfección alcanzada en el arte del vidrio, completan la muy variada gama del arte ornamental musulmán.

Esta profusión y riqueza de motivos decorativos, ¿pueden considerarse una compensación o reacción contra la sobriedad del moblaje y la ausencia de cualquier otra ornamentación en las mezquitas? Cualquiera que sea el tipo al que pertenezca la mezquita, el único mobiliario está constituido por el mimbar, pulpito desde el cual el játib pronuncia la plática del viernes.

Este pulpito está situado en una especie de hornacina llamada mihrab, practicada en medio de la pared posterior de la mezquita y que señala la dirección de La Meca. La entrada al santuario está delimitada por un pequeño patio rectangular en medio del cual se alza la fuente que sirve para las abluciones rituales. Por el contrario, no hay bancos, sillas ni cuadros. Cada mezquita está coronada por un alminar. Los entendidos pueden reconocer el estilo arquitectónico de la mezquita observando su alminar…

Desde esas torres, siempre distintas, pero siempre esbeltas, donde mayormente se evidencia la diversidad y evolución del estilo árabe, e incluso sus influencias, el almuédano convocaba o convoca a los fieles a la oración.

alminar en la arquitectura árabe

Alminar árabe:El Corán es el libro sagrado de los musulmanes. Contiene los preceptos y dogmas que muchos musulmanes saben de memoria. «Los cinco pilares del islam» tiene especial importancia; junto con la fe en Alá, la oración, la caridad, el ayuno y la peregrinación a La Meca, forma el centro de las preocupaciones espirituales de los discípulos de Mahoma

Fuente Consultada:Enciclopedia Juvenil – Tomo I Credsa AZETA – Historia del Arte Árabe