Características del Capitalismo

El Utilitarismo y La Felicidad General Mayor Placer y Bienestar Social

El Utilitarismo y La Felicidad General
El Mayor Placer y Bienestar Social

¿Cómo puede obtenerse la mayor felicidad para la comunidad? ¿Puede ser feliz una sociedad  en la que cada uno persigue sus propios intereses? He aquí unos puntos de vista objeto de polémicas.

La motivación que hay tras las acciones del hombre es su deseo de experimentar placer y evitar el dolor. En esta tesis se apoya una importante teoría del siglo XIX que se denomina principio de la utilidad: el mayor bien del mayor número de personas.

Según ella, todas las acciones humanas tienen su explicación en la forma en que asocian los hombres el placer y el dolor con las diversas formas de conducta; su objetivo consiste siempre en obtener la mayor cantidad posible del primero y evitar la mayor cantidad posible del segundo. Debe juzgarse la rectitud de conducta según la cantidad de felicidad obtenida en términos de placer, entendiendo el concepto de placer en su sentido más amplio.

A partir del siglo XVII se había ido desarrollando gradualmente una nueva aproximación empírica a las cuestiones humanas, por la que empezaba a reconocerse la importancia de principios psicológicos tales como la asociación de ideas. Sin ella, nunca habría sido posible formular el principio de la utilidad. En ética, política y derecho se manifestaba una actitud acorde con la aproximación empírica general. Ya no se podían atribuir los conceptos del bien y del mal a una especie de adecuación intrínseca a la naturaleza de las cosas: era preciso abandonar la vieja teoría de la ley natural.

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Jeremy Bentham

El utilitarismo es la concepción para la cual las acciones deben juzgarse como buenas o malas en atención a su capacidad para incrementar o reducir el bienestar humano o la «utilidad». Desde Bentham se han propuesto múltiples interpretaciones de la utilidad, pero para él consistía en la felicidad y el placer humanos, y su teoría de las acciones correctas se resume en ocasiones como el fomento de «la mayor felicidad del mayor número posible».

Francis Hurcheson (1694-1747) fue uno de los primeros en formular la nueva teoría. Claude Helvetius, en su obra De l’esprit (1758), la propugnó en Francia como instrumento para la reforma social. Partiendo del hecho de que el hombre actuará básicamente según su propia conveniencia, infiere que el único criterio general para juzgar los actos
es el principio del mayor bien para el mayor número de personas.

Sobre esta base se hace posible reformar la sociedad mediante una legislación, haciendo que el obedecerla sea ventajoso y conveniente para todos. Para ello se disponen diversas penas como castigo a los actos que vayan en contra del bien común.

Al evaluar las posibilidades de sufrimiento los hombres se sienten incitados a la obediencia. Debemos notar en este punto que la nueva perspectiva utilitarista se basa en ciertos supuestos propios no examinados.

En primer lugar se da por sentado que el mayor bienestar posible de la comunidad es consecuencia de la persecución por parte de cada cual, adecuadamente motivada, de los propios intereses. Se presupone que la igualdad de los intereses individuales y la armonía entre ellos reside en cierto modo en la naturaleza de las cosas.

La negación de la libertad
Los escritos de Paul Holbach (1723-89) subrayan la misma fuerza utilitarista, especialmente en lo que concierne a la naturaleza del gobierno. El bien de la humanidad se ve frustrado precisamente cuando los gobiernos se apartan del principio de la utilidad. La clase dirigente explota entonces al resto de la sociedad, negándole esa libertad a la que tienen derecho todos los hombres como único medio para realizar su propia felicidad y el bien común.

Lo único que se necesita para remediar los defectos del mal gobierno es la educación: una vez que los hombres hayan descubierto dónde reside su verdadera conveniencia, no tardarán en adoptar el principio adecuado.

El movimiento fisiocrático, nacido en la Francia del siglo XVIII, adoptó también el principio de la utilidad, pero combinándolo con la opinión de que el gobierno no debe intervenir en la esfera de la economía: se sirve mejor al bien común dejando que ésta siga su curso natural sin impedimentos.

La doctrina del laissez-faire del liberalismo económico habría de influir a su vez sobre los economistas británicos: queda bien evidente en esa especie de fatalismo económico de David Ricardo (1772-1823) o Thomas Malthus (1766-1834).

Jeremy Bentham se halla todavía entre nosotros: en su testamento legaba su cuerpo 2 la ciencia, pero dispuso que el esqueleto, vestido con sus ropas, se exhibiese en una urna para servir de inspiración a sus discípulos y a la  posteridad.

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David Hume señaló que los hombres actúan con frecuencia siguiendo sus impulsos y sin considerar previamente los resultados de sus  actos.

En el movimiento de reforma
liberal surgido durante el siglo XIX causaría cierta tensión, puesto que’se vio claramente que no era tan sencillo conciliar los ideales de la Revolución Francesa: libertad e igualdad parecían en cierto sentido antagónicas. Es en esta dificultad donde hallaría una de sus fuentes de inspiración el movimiento revolucionario de Marx y Engels.

En la obra de David Hume (1711-76) hallamos una aplicación directa del principio de la utilidad. Hume sostuvo que, de hecho, los hombres decidían el distinto curso de sus actos evaluando el equilibrio entre el bien y el mal que podría resultar. Al mismo tiempo estableció un punto muy importante al observar que, por lo general, no se calcula la acción en sentido estricto, sino que los hombres actúan según sus impulsos a la luz de lo que en ese momento consideran como más adecuado a sus mejores intereses.

Cesare Beccaria (1738-94), seguidor italiano de Helvetius, propuso la reforma del derecho penal sobre la base del principio de la utilidad. Con un espíritu muy propio de la Ilustración, pretendió abolir la tortura judicial y la pena de muerte, insistiendo en que ercastigo no debería ser más de lo necesario para hacer al crimen poco atractivo en comparación. Además debería suprimirse todo aplazamiento y, sobre todo, toda duda respecto a cual sería tal castigo.

Aumento de la felicidad
En tanto que el fermento de la Ilustración conducía en Francia a la revolución de 1798, en Inglaterra tomó un sesgo mucho menos violento. La reforma se fue operando gradualmente, gracias a los esfuerzos de los radicales filosóficos, en línea directa con los grandes filósofos empiristas. Uno de los más influyentes fue Jeremy Bentham (1748-1832). Pese a no ser un pensador verdaderamente original, dio notable impulso a la causa de la reforma con sus detallados estudios, especialmente en el campo de las leyes. Siguió a Helvetius y Beccaria y, al igual que ellos, adoptó el principio de la utilidad como dogma básico.

El criterio para juzgar si una acción es buena o mala es el aumento de la felicidad o la disminución de la infelicidad. Lo que produce la felicidad es el placer o la ausencia de dolor; se supone que lo único que persigue el hombre por su propia causa es el placer y la evitación del dolor. Naturalmente, hay que tomar el concepto de placer en un sentido adecuadamente general. Pero nunca se explica con claridad cómo debe entenderse. Bentham va más allá y afirma que se puede atribuir a cada placer y a cada dolor una especie de valor numérico en una escala general, no sólo para una persona, sino para diferentes personas.

Evidentemente, este método de los equilibrios de placer no es un principio ético muy útil para servir de guía y norma de conducta. De hecho, el cálculo de Bentham es la parte más endeble de todo su método: incluso sus propios seguidores pudieron verlo. Por otra parte, no está nada claro cómo debe efectuarse la reducción de todas las cosas a una sola escala, ni tan siquiera si ello es posible.

Sin embargo, y como guía para la reforma legal, el principio de la utilidad tiene indudablemente cierto mérito. Con arreglo a él, Bentham examina todo el campo de la ley y de los procedimientos legales. En vez de las viejas justificaciones teóricas que acompañaban a la teoría de la ley natural, Bentham valoraba todas las disposiciones legales por medio del principió de la utilidad.

En tanto que los teóricos de la ley natural condenarían el robo, por ejemplo, por ir contra el derecho de propiedad, los utilitaristas lo condenan porque la inseguridad que crea menoscaba la felicidad humana. En derecho penal especialmente establecieron un sistema de sanciones cuya finalidad consistía en hacer que al hombre le resultase desagradable cometer un delito.

La proporción de la pena es tal, que sólo las consideraciones utilitaristas pueden disuadir al criminal. Bentham sostuvo que la bárbara severidad de los castigos entonces al uso era un error, no tanto a causa de su crueldad como porque no se ajustaba al principio de la utilidad. Con todo, trabajó seriamente en favor de la reforma penitenciaria, propugnando mejores condiciones para los presos y un trato más humano; por desgracia, sus esfuerzos para que el gobierno adoptase el nuevo tipo de prisión que él mismo había diseñado resultaron infructuosos.

Aún estaba muy lejana la reforma penal: a finales del siglo XVIII, el niño que fuese descubierto robando un pan porque tenía hambre, corría el riesgo de morir ahorcado.

Uno de los aspectos legales que hoy día vuelven a atraer una vez más la atención de los reformadores es el campo de los procedimientos. En él formuló Bentham importantes sugerencias que se hallan entre sus proposiciones más originales y, al mismo tiempo, menos afortunadas en la práctica. También aquí se hallaba demasiado adelantado a su tiempo, pues argüyó que los tediosos procedimientos y la oscuridad del lenguaje legal eran un obstáculo para la auténtica jurisprudencia.

Las actuaciones legales resultaban así indebidamente largas, costosas e inciertas. Lo que él proponía a cambio era un sistema en el que los litigantes pudiesen reunirse en una especie de ambiente de comité, con el juez como presidente y arbitro de la causa.

Lo mejor para la comunidad
En la esfera de la economía, el principio utilitarista negó toda intervención del gobierno. Ello se debió en parte a la creencia de que el libre intercambio de los intereses propios de cada individuo conduciría al mejor resultado posible para la comunidad en conjunto.

Otro concepto que respaldaba dicha actitud era la convicción de que las leyes económicas actuaban, en términos generales, como las leyes físicas de Newton, por lo que resultaba sencillamente inútil intervenir. Esto pone de relieve uno de los aspectos más débiles de la teoría utilitarista, no sólo en la esfera de la economía, sino también en los campos legal y político: los utilitaristas omitieron por completo toda consideración de la fuerza de las tradiciones e instituciones que se han desarrollado a lo largo de la historia.

La tarea de los primeros utilitaristas en el campo político era, en cierto modo, limitada. La función del gobierno quedaba para ellos muy restringida, ya que no incluía los asuntos económicos. Tanto Bentham como James Mill (1773-1836) eran partidarios de la ampliación del derecho político sobre la base del principio de la utilidad: al conceder el voto a mayor número de personas, y al reducir el período de mandato de los representantes elegidos, el gobierno podría hallarse más directamente relacionado con la mayor felicidad del mayor número  de seres.

Thomas Malthus fue, junto con Ricardo, una importante figura en el desarrollo de la teoría económica en la Gran Bretaña, si bien es mucho más conocido por su teoría sobre la expansión de la población, teoría que no ha  perdido vigencia.

Según el filósofo inglés de finales del siglo XYIII Jeremy Bentham: «La mayor felicidad del mayor número es la medida de lo que es correcto o equivocado». Este principio creaba una ciencia de la toma de decisiones ética, un medio de resolver controversias por métodos prácticos y contrastables que, llevados al extremo, podían llegar a ser cuantitativos y estadísticos. Con este objetivo, Bentham inventó un método para «calcular la felicidad») que abarcaba siete dimensiones del placer y del dolor: la intensidad (¿cómo de intenso es el placer o el dolor?), la duración (¿cuánto tiempo dura?), la certeza (¿qué probabilidades hay de que el resultado final sea ese tipo de sensación?), la propincuidad (¿con qué prontitud se producirán los resultados?), la fecundidad (si el resultado es placentero, ¿puede ser seguido por sensaciones del mismo tipo?), la pureza (¿es probable que el resultado sea seguido por sensaciones del tipo contrario?) y la extensión (¿a cuántas personas afectará?). Alguien que contemple la posibilidad de empezar a fumar puede hacer un cálculo de este tipo al plantearse: «¿Merece la pena?». En la esfera pública, esta es la estrategia de los economistas para realizar el análisis coste-beneficio, en el que se sopesan, por ejemplo, los costes de los sistemas de seguridad ferroviarios frente al número de vidas que salvarán.

El abandono de un principio
Sin embargo, pronto se hicieron evidentes los fallos del primer programa utilitarista en el campo económico. Lejos de mejorar la suerte de la humanidad en conjunto, el crecimiento no regulado del industrialismo sumió a vastos contingentes de población en las condiciones más abyectas de sordidez y miseria. Tenía que haber algún error básico en los viejos supuestos.

Así supo reconocerlo John Stuart Mill (1806-1873), que fue descubriendo gradualmente la necesidad de modificar la filosofía utilitarista. Sufrió en parte la influencia de la filosofía idealista germánica, y en parte de la de Auguste Comte (1798-1857).

Como resultado, el utilitarismo de John Stuart Mill representa en ciertos aspectos un abandono total del antiguo principio de la utilidad. Si bien lo establece explícitamente, en la práctica está muy lejos de aplicarlo, cosa que por otra parte resulta imposible dado sus nuevos puntos de vista, puesto que introduce distinciones entre los placeres, y ello impide el tipo de comparaciones que requerían los cálculos de Bentham.

Además, al definir el placer simplemente como lo que el hombre desea, y al admitir que algunos de esos placeres son buenos como fines en sí mismos, independientemente de las consecuencias, lo que realmente hace es abandonar el utilitarismo. Sigue prodigando alabanzas a la vieja doctrina, pero ya no se adhiere a ella. Al mismo tiempo, es incapaz de desarrollar una doctrina nueva coherente: Mill tiene conciencia de los problemas, pero no sabe hacerles frente. Su actitud es más contemplativa que de acción.

En su famoso ensayo Sobre la libertad describe la libertad de pensamiento y de discusión como acordes con el principio de la utilidad, puesto que permite difundir las nuevas ideas y estimula la inventiva; pero también dice que la negativa de esta libertad perjudica a la naturaleza moral del hombre. Evidentemente, considera la libertad como una cosa buena en sí misma.

En la época de Mill, las amenazas a la libertad no estaban ya en las restricciones impuestas por una mayoría invasora que trataba de suprimir las opiniones de la minoría. No creía que la tarea del gobierno consistiese en intervenir para ayudar al pueblo; era mejor dejarle defenderse por sí mismo, a fin de fortalecer su propio sentido de autoconfianza.

Sin embargo. Mill empezaba a comprender al mismo tiempo la necesidad de que el Estado introdujese una legislación protectora en el orden económico —legislación que, de hecho, llevaba ya algún tiempo en vigor. Ella contribuía a evitar la explotación de las mujeres y los niños, y garantizaba unos niveles adecuados en las condiciones de trabajo, aspecto en el que habían resultado totalmente inoperantes los motivos utilitaristas privados.

Ciertamente, y a pesar de las tradicionales sospechas liberales contra la interferencia, Mill era partidario de varias actuaciones gubernativas; pero fue incapaz de establecer un criterio general respecto a qué legislación era deseable y cuál no.

La doctrina del utilitarismo sigue siendo importante en la única esfera donde puede resultar hasta cierto punto plausible, esto es, como una especie de guía aproximada para la legislación. Cuando se establecen, por ejemplo, unas disposiciones para el tráfico, el objetivo es promover el bien general.

Que la evaluación del problema sea correcta y la finalidad conseguida es ya, naturalmente, otra cosa. Además, hay ciertas ocasiones en las que el legislador confunde el bien general con sus propias conveniencias administrativas. Gran parte de la legislación social se basa en el supuesto de que habrá de proporcionar el mayor bien a la mayoría de personas. Sin embargo, el principio utilitarista puede degenerar en tiranía.

Una de las mayores dificultades de Mill fue reconciliar la utilidad con la libertad. Pero para este problema no existe una solución general.

Reformas Urbana en París del Barón Haussmann con Napoleón III

LA VIDA EN PARIS DURANTE EL GOBIERNO DE NAPOLEÓN III

LA VIDA PARISIENSE: Durante los primeros años del gobierno de Napoleóm III, Francia estaba feliz, o bien, pareccía serlo. En todo caso el emperador reinaba sin competir el poder. La vida política casi no existía. La oposición oposición  republicana estaba dominada o en el exilio; por más que Víctor Hugo fustigaba a «Napoleón el Pequeño», sus ideas apenas conseguían abrirse camino. La prensa estaba amordazada y bajo la continua amenaza de una amonestación que podía llevar consigo la desaparición del periódico.

Las mismas elecciones no alcanzaban a despertar a los franceses de su apatía política. Eran los prefectos, que disponían de plenos poderes, quienes las manejaban: escogían los candidatos adictos al régimen y favorecían su propaganda; al mismo tiempo, los candidatos de la oposición se encontraban con muchas dificultades: no conseguían hallar salas de reuniones; los impresores, ante las presiones oficiales, se mostraban vacilantes, etc. Los mismos patronos de las fábricas incitaban a los obreros a que votasen «bien», ya que, en caso contrario, correrían el riesgo de ser despedidos. A todo esto se denominaba candidatura oficial.

Una misa en Paris

Una misa en una capilla de Paris

Algunas gentes, en los salones parisienses, se burlaban de ello, o hacían chistes; pero era una oposición estéril La pasión po-lícita estaba extinguida No era tiempo de grandes esperanzas revolucionarias. Los franceses habían abandonado un idealismo que se juzgaba pasado de moda, por un realismo vulgar: ganar dinero y divertirse. Los bancos se desarrollaban rápidamente, en una época en que la estabilidad política estimulaba las inversiones.

El Gobierno daba el ejemplo, emprendiendo grandes obras. Era el momento de los ferrocarriles; y las carreteras se desarrollaban igualmente. A petición de Napoleón III, el prefecto del Sena, barón Haussmann, emprendió la reconstrucción de París. Era conveniente que el emperador del pueblo tuviera la más hermosa capital del mundo, que el dinamismo del soberano por elección rompiera con el mediocre tradicionalismo de los príncipes hereditarios de la vieja Europa.

París debía ser la capital del mundo. Por tanto, tenían que desaparecer los tugurios y los barrios inmundos: era necesario también dar muestras de un humanitario desvelo.

Haussmann comenzó a hacer derribos, y a trazar, a través de todo París, grandes avenidas modernas. Estas serían bellas y famosas; por otra parte, tendrían la ventaja, al no estar empedradas, sino cubiertas con macadán, de impedir el levantamiento de barricadas sirviéndose del pavimento; por último, el ejército podría en ellas disparar fácilmente en los disturbios.

Barón Houssmann

Georges Eugène Haussmann (1809-1891), político y urbanista francés, responsable de la drástica remodelación del trazado de París durante el reinado de Napoleón III (1852-1870). Fue el encargado de llevar a cabo las reformas que necesitaba el área de París en un escaso periodo de tiempo.Haussmann propuso una nueva ciudad, heredera de los esquemas barrocos de perspectivas y simetrías. Urbanizó la periferia, abrió nuevas calles anchas y rectilíneas, trasladó las estaciones de tren fuera del núcleo urbano, conectadas por una trama racional, organizó nuevos parques (como el Bois de Boulogne), construyó numerosos edificios públicos y planteó un nuevo sistema de alcantarillado y abastecimiento de agua.

Todo  esto  significaba  gastos,   especulación, realización de negocios. Todo el mundo se benefició un poco de ello. Se hicieron algunas fortunas colosales. Morny continuó siendo uno de los mejor situados.

Época de actividad febril, pero también de diversiones, en la que reinaba sobre la vida parisiense, Jacques Offenbach, al son de cuyas ligeras melodías bailaba todo París, así como los innumerables viajeros que acudían allí a distraerse. «Los cuentos de Hoffmann» y «La Bella Elena», obras amables, músicas sencillas y alegres, caracterizaron a esta época, que no buscaba más que la diversión, dejando a otros el cuidado de dirigir el país.

La moral era poco rígida. Si, en la Corte, la nobleza se dedicaba a juegos inocentes como el de la gallina ciega, en otros sitios reinaban las mujeres fáciles, que se paseaban por el Bosque de Bolonia en magníficos carruajes, a la espera de conquistar a los caballeros ricos, deseosos de mostrar al todo París su buena fortuna, y capaces de arruinarse por estas mujeres. El mismo emperador, a su vez, multiplicaba sus aventuras amorosas.

Las clases inferiores participaban, asimismo, de la euforia general. La riqueza del país iba en aumento: el ahorro se desarrolló hasta doblar sus efectivos, el consumo fue en pos de los progresos de la industria, los grandes almacenes se desarrollaron. El «Bon Marché», por ejemplo, redujo el margen de sus beneficios, esperando así vender más productos. Los clientes podían encontrar en el mismo comercio todo lo que necesitaban; podían entrar en él, sin verse obligados a comprar nada, pero, ¿quién era capaz de resistir a la tentación? El nuevo sistema de venta causó furor; el «Bon Marché» obtuvo un éxito extraordinario, y Zola

describió todo este en su obra «Au bon-heur des Dames». Pero no fue sólo París quien se benefició con la situación.

En provincias, se multiplicaron las vías de comunicación. En lo sucesivo, el campo quedaba menos aislado, y podía participar de las grandes transformaciones comrecia-les. Las arenas de las Landas fueron saneadas: se plantaron bosques de abetos, que servirían para proveer de viguetas a las minas. En los Alpes, se inició la apertura de un túnel a través del Mont Cenis. Por último, sobre todo, y contra el parecer de los expertos, y a pesar del escepticismo de los ingleses, se emprendió, a partir de 1859, una obra digna de los faraones: la construcción del canal de Suez.

El Mediterráneo no sería ya, en adelante, un callejón sin salida. Sus ciudades y sus puertos se aprestaron a renacer. En previsión de este capital acontecimiento, la política exterior francesa se reanimó, con el propósito de convertir el Mediterráneo en una especie de «mare nos-trum» galo.  La pacificación de Argelia, la intervención en Italia, la defensa de los Santos Lugares. Pero este cuadro podría parecer demasiado hermoso. Zola describiría su otra cara: la miserable situación de los obreros,  el  alcoholismo,  la  represión  policíaca.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

El Socialismo Científico Fundamentos e Ideas de Marx y Engels

CARACTERÍSTICAS DEL SOCIALISMO CIENTÍFICO Y SU DIFERENCIA CON EL UTÓPICO

A lo largo de los dos siglos anteriores se han sucedido ideas y programas socialistas muy divergentes: desde los planes idealistas de los primeros socialistas utópicos, pasando por los proyectos revolucionarios de Marx y Engels, quienes dieron un soporte teórico y práctico a partir de una concepción materialista de la historia. El marxismo sostenía que el capitalismo era el resultado de un proceso histórico caracterizado por un conflicto continuo entre clases sociales opuestas. El socialismo ha tenido muchas encarnaciones, pero sus valores centrales y sus objetivos básicos han mantenido una notable constancia. Los socialistas de todos los tipos coinciden en su oposición a las muchas y palpables injusticias provocadas por el capitalismo. Fundamentalmente todos los «socialistas» buscan crear una sociedad más justa haciendo frente a la tendencia del capitalismo a concentrar la riqueza y el poder en manos de la minoría.

Los Primeros Socialistas Aunque numerosos principios del socialismo pueden retrotraerse a mucho antes, los primeros pensadores que recibieron el nombre de socialistas surgieron, sobre todo en Francia y Gran Bretaña, en las décadas de 1820 y 1830. La mayoría de los primeros radicales sociales, llamados utópico, (ver: socialismo utópico) actuaban espoleados por las salvajes desigualdades causadas por la industrialización, en la que empresarios y propietarios de fábricas acumulaban fortunas gracias a los trabajadores,quienes, en su inmensa mayoría, trabajaban jornadas interminables por salarios míseros en condiciones peligrosas e insalubres.

Mrax y Engels

Karl Marx  fue, junto a Friedrich Engels, el fundador del socialismo científico. Autor del Manifiesto Comunista y de El capital, ambas obras se convirtieron en el sustrato ideológico de dicho movimiento, que pronto pasaría a ser conocido por el nombre de comunismo.

Socialismo científico: El pensamiento socialista fue producto de los grandes alcances científicos del siglo XIX y del desarrollo de las ciencias sociales, que los pensadores alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) utilizaron para fundamentar su teoría.

carl marx socialismo cientificoAsí, desarrollaron su propia ideología conocida como socialismo científico, que desplazó a los socialistas utópicos, porque partía de la realidad económica y social concreta que se vivía bajo el sistema de producción capitalista, con la finalidad de establecer leyes y reglas de conducta y acción correspondientes.

Autor de varias obras, Marx publicó en 1848, junto con Engels, El Manifiesto Comunista. En él se hacía un llamado a los obreros de todo el mundo para que se unieran, y rompieran con la organización social de la sociedad burguesa capitalista y pasaran de «ser esclavos a dueños de su propio destino».

Según Marx, históricamente los conflictos existentes en toda sociedad tenían su origen en la lucha de clases. En el caso de la sociedad capitalista, las dos clases con intereses  contrapuestos eran la obrera y la burguesía. Esta última explotaba a la primera y se había enriquecido  al  obtener beneficios extras con su trabajo.

Para terminar con esta injusta situación era necesario construir una sociedad comunista, es decir, una sociedad igualitaria donde ya no habría ni explotadores ni explotados,   por lo que los obreros teman que organizarse para tomar el poder, utilizando la vía revolucionaria si era necesario, con lo que se establecería un nuevo orden social.

Marx explicó que el trabajo del hombre basado sólo en los beneficios era una brutalidad física y una bancarrota moral:
[La burguesía] en el lugar de todas las innumerables libertades, bien adquiridas y escrituradas, ha establecido como única libertad la del libre     comercio sin escrúpulo. En una palabra, la burguesía ha sustituido la explotación envuelta en     ilusiones religiosas y políticas por la explotación franca, descarada, directa y adusta.

El capitalismo había provocado el derrumbamiento de los valores de la familia:
La burguesía arrancó el velo patético-sentimental que encubría las relaciones familiares reduciéndolas a una mera relación de dinero.
Su necesidad de crecimiento económico constante había creado un apetito insaciable de conquistas globales. La necesidad de colocar sus productos en mercados cada vez más amplios empuja a la burguesía a los más apartados rincones del planeta. En todas partes tiene que afincarse, echar raíces y establecer relaciones.

Evolución del socialismo utópico al socialismo científico: En el curso de la revolución industrial, la sociedad capitalista fue revelando cada vez más sus contradicciones. Se manifestaba con nitidez cada vez mayor la pringipal contradicción del capitalismo, la contradicción entre el carácter social dé la producción y la forma capitalista privada de apropiación de sus frutos. La realidad capitalista refutaba sin dejar lugar a dudas las viciosas concepciones de los ideólogos burgueses, que proclamaban la identidad de los intereses del trabajo y del capital y afirmaban que el pueblo alcanzaría el bienestar general gracias al desarrollo de la sociedad burguesa.

En el proceso de la revolución industrial no sólo se formó la ideología burguesa; cristalizo también la ideología proletaria. Las obras de los socialistas utópicos Claudio E. Saint-Simón, Carlos Fourier y Roberto Owen expresaban ya teóricamente, aunque de modo imperfecto, los intereses del proletariado.(El socialismo utópico debe su nombre a la obra Utopía, del pensador inglés Tomás Moro, quien describe en ella la isla fantástica de ese nombre, en la que existía un régimen social ideal).

En 1802 Saint-Simón publicó su libro Cartas de un vecino de Ginebra, en la que argumentaba su idea de que «todos los hombres deben trabajar». En 1825 apareció su trabajo El nuevo cristianismo, en el que este noble representante del socialismo utópico-crítico declaró abiertamente que el fin de la sociedad debía ser el de mejorar la suerte de la   «clase   más  numerosa y más  pobre».

Los   discípulos de Saint-Simón expresaron su ideal socialista con las palabras: «A cada uno, según su capacidad; a cada capacidad, según sus obras» (esta consigna fue modificada por Marx y Engels, que la expresaron así: «Dé cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo»).

En la primera mitad del siglo XIX aparecieron también los trabajos de Carlos Fourier, otro gran representante del socialismo utópico-crítico. Fourier demostraba en sus obras que el régimen capitalista, con todos sus vicios, debería ceder lugar a un régimen social superior. Sin embargo, Fourier era enemigo de la lucha revolucionaria; confiaba en que, mediante la propaganda, se lograría persuadir a los capitalistas de las ventajas del nuevo régimen. Por ello las obras de Fourier (la principal es El nuevo mundo industrial y societario) deben principalmente su importancia a que contiene una ingeniosa y mordaz crítica de las lacras del régimen capitalista.

El representante más notable del socialismo utópico en Inglaterra fue Roberto Owen. En su libro Sistema social, Owen expone la necesidad de una transformación radical dé toda la sociedad para convertirla en una unión de comunidades comunistas. Owen trató de plasmar en hechos su doctrina fundando tales comunidades. La primera colonia comunista, llamada «Nueva Armonía», surgió en Norteamérica, en el Estado de Indiana. Sin embargo, no tardó en fracasar, ya que era un pequeño y solitario islote en medio del proceloso océano de la anarquía capitalista de la producción. Durante toda su actuación, Owen mantuvo una actitud negativa hacia la lucha política de la clase obrera y se pronunció contra las huelgas.

En Alemania, el representante del socialismo utópico fue Guillermo Weitling. En sus obras, Weitling criticó con brillantez y audacia la sociedad burguesa de su tiempo. Era contrario a la propiedad privada, viendo en ella la «fuente de todos los males» de la humanidad. A diferencia de la mayoría de los socialistas utópicos, Weitling exhortaba al   proletariado   a   que   luchase   él   mismo   para derrocar el régimen odiado y construir una nueva sociedad.

Sin embargo, Weitling estimaba que los mejores luchadores por el régimen comunista no eran los proletarios industriales, sino el proletario e incluso los bandidos, por considerarlos la capa más enemiga de la sociedad capitalista. Marx y Engels consideraron el comunismo de Weitling el primer movimiento teórico independiente del proletariado alemán. Sin embargo el movimiento encabezado por él fue degenerando en una , secta y penetrándose de ideas religiosas por lo que acabó en la más completa degradación.

Todos los socialistas utópicos señalaban en una u otra medida las agudas contradicciones de la sociedad capitalista: el rápido incremento de la producción y la pauperización del proletariado las crisis de superproducción y el contraste entre la ciudad y el campo. Caracterizando los trabajos de íos «Socialistas utópicos Marx y Engels dijeron: «Estas obras socialistas y comunistas encerraban también elementos de crítica. Atacaban todos los cimientos de la sociedad existente. Por eso proporcionaron un material sumamente valioso para ilustrar a los obreros».

Pero las ideas de los socialistas utópicos nacieron en un período en que la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía apenas si se había desarrollado. Los socialistas utópicos veían en el proletariado la clase que más sufría pero no la creían capaz de hacer cambiar de modo radical con sus propias fuerzas, la sociedad.

Por eso ninguno de ellos actuó como representante del proletariado exclusivamente: querían liberar de golpe a toda la humanidad, y no, en primer lugar, a una determinada clase social. Los socialistas utópicos no vinculaban la transformación socialista de la sociedad con la lucha revolucionaria de las clases oprimidas y mantenían una actitud negativa hacia esa lucha. Vinculaban el surgimiento del régimen socialista con la actividad filantrópica de las capas superiores de la sociedad, suponiendo que sus mejores representantes, penetrados de las nobles ideas socialistas, crearían un nuevo orden social.

Las concepciones de los socialistas utópicos no fueron ni podían ser la bandera del proletariado combatiente, pues no expresaban de modo científico los intereses cardinales de la clase obrera y eran tan sólo utopías, sueños irrealizables. Ni siquiera los mejores representantes del socialismo utópico supieron descubrir las leyes objetivas del capitalismo ni hallar la fuerza social capaz de construir la nueva sociedad.

Los discípulos de los grandes socialistas utópicos cerraban obstinadamente los ojos para no ver en la clase obrera a una fuerza histórica independiente, predicaban la necesidad de transformaciones pacíficas y seguían apelando, preferentemente, a las clases poseedoras y negando la lucha de clases. Por ello, a medida que fue creciendo el papel político revolucionario del proletariado, esas doctrinas se volvieron cada vez más reaccionarias. El desarrollo de la revolución industrial y la activación e intensificación de la lucha revolucionaria del proletariado planteaban imperiosamente la tarea de crear una teoría amplia, omnímoda y verdaderamente científica, una concepción proletaria nueva, revolucionaria. Esa tarea la cumplieron Carlos Marx y Federico Engels.

Carlos Marx y Federico Engels dieron respuesta a las cuestiones vitales planteadas ante el movimiento obrero. Expusieron científicamente en sus trabajos la inevitabilidad del hundimiento del régimen capitalista y del triunfo de un nuevo régimen, el socialista. Mostraron que el socialismo no es una invención de soñadores, sino el resultado inevitable del desarrollo de la sociedad burguesa.

Carlos Marx y Federico Engels demostraron que el artífice de la nueva Sociedad sería el proletariado y que la lucha de éste contra los capitalistas llevaría necesariamente al establecimiento de la dictadura del proletariado. A su vez, la dictadura del proletariado sería tan sólo un medio de transición, por la supresión de todas las clases, a la sociedad sin clases. Marx y Engels enseñaron que la clase obrera, vinculada con la gran industria, la forma más avanzada de economía, era edificación socialista y comunista en la Unión Soviética y por la experiencia de la clase obrera y las masas trabajadoras de las democracias populares, que construyen el socialismo.

El marxismo es la mayor realización del pensamiento humano, una poderosa arma espiritual de transformación revolucionaria de la sociedad y guía para la acción de los proletarios, los demócratas, los patriotas y todos los hombres honestos de la tierra.

El marxismo surgió durante la revolución industrial. En aquellos tiempos el capitalismo se desarrollaba todavía en línea ascendente, la incompatibilidad de los intereses de burgueses y proletarios no había alcanzado el actual grado de antagonismo, y las contradicciones del régimen burgués apenas si empezaban a perfilarse. Desde entonces las cosas han cambiado mucho: hace tiempo que el capitalismo perdió definitivamente todo carácter progresista paraconvertirse en un freno del desarrollo social.

Las fuerzas de la paz, la democracia y el socialismo, que en aquella época apenas si habían surgido, son hoy el factor decisivo del desarrollo de la historia. La nueva época ha permitido enriquecer con espíritu creador el marxismo, aportándole nuevas tesis y deducciones. No obstante, lo principal y decisivo en la teoría del comunismo científico, la tesis de la inevitabilidad del hundimiento del capitalismo y de su sustitución por el comunismo, queda en pie. La vitalidad de dicha tesis la confirma todo el  curso   del   desenvolvimiento   histórico.

Con el correr del tiempo, el socialismo evidencia cada vez más su superioridad no sólo en la esfera política, sino también en la económica. En las ramas principales de la ciencia y de la técnica se aprecian con mayor nitidez cada día las ventajas del socialismo.

PRINCIPALES OBRA DE CARL MARX
1841Diferencia entre las filosofías de la naturaleza de Demócrito y Epicuro (tesis doctoral)
1844Manuscritos económico-filosóficos
1845La sagrada familia (contra Bruno Bauer y la izquierda hegeliana; en colaboración con Friedrich Engels)
1845-1846La ideología alemana (primera exposición de la concepción materialista de la historia; en colaboración con Engels)
1847Miseria de la filosofía (contra las tesis de Pierre Joseph Proudhon)
1848Manifiesto Comunista (en colaboración con Engels)
1852El 18 brumario de Luis Bonaparte (ensayo histórico-político sobre el golpe de Estado acaecido en Francia el 2 de diciembre de 1851)
1859Crítica de la economía política
1867El capital (vol. I; los vols. II y III fueron editados y publicados por Engels, con carácter póstumo, en 1885 y 1894, respectivamente)
1871La guerra civil en Francia (análisis de la experiencia de la Comuna de París)
1875Crítica del programa de Gotha (publicada por Engels, con carácter póstumo, en 1891)

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov
Enciclopedia Digital Encarta Entrada: Socialismo
50 Cosas Que Hay Que Saber Sobre Política Ben Dupré

El Socialismo Utopico Origen, Fundamentos e Ideas Saint Simon

RESUMEN DEL SOCIALISMO UTÓPICO – PENSADORES E IDEAS FUNDAMENTALES :SAINT SIMON

Desde el incio del siglo XIX se designa socialismo a las teorías y acciones políticas que persiguen una economía basada en la democratización de los sistemas de producción (máquinas, materias primas, etc.) bajo el control estatal, que puede ser total o parcial. Nació como respuesta a las injusticias vividas por los obreros en los inicios de la era capitalista cuando los patrones eran los dueños absolutos de los elementos de producción y explotaban laboralmente a familias enteras en pos de sustanciosas ganancias. El objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, pero con el tiempo se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo.

Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes.

Mrax y Engels

Karl Marx  fue, junto a Friedrich Engels, el fundador del socialismo científico. Autor del Manifiesto Comunista y de El capital, ambas obras se convirtieron en el sustrato ideológico de dicho movimiento, que pronto pasaría a ser conocido por el nombre de comunismo.

DESTINO TRÁGICO DE LOS CAMPESINOS MODESTOS Y DE LOS OBREROS

Ya fuera en calidad de siervos, de asalariados, de aparceros o de jornaleros, la condición de los pequeños campesinos era miserable en toda Europa. En los países más ricos, como Francia, Inglaterra y los Países Bajos, debían trabajar en el campo, mientras que sus mujeres hilaban o tejían, el día entero, por algunos centavos, para asegurarse sus pobres comidas, compuestas de pan, queso y legumbres. En Inglaterra, el movimiento de los «acotados» redujo a muchos de ellos al estado de indigentes.

En Irlanda, el hambre fue tan terrible, que los campesinos se sublevaron, en varias ocasiones, incendiando y saqueando las tierras de los «landlords». En Rusia, donde, además de su miseria, los siervos, sufrían el yugo de su señor, estallaron centenares de sublevaciones populares; en 1848, los campesinos del sur de Alemania, oprimidos por los usureros, se sublevaron.

La lenta emigración hacia las ciudades comenzaba para todos aquellos que la tierra no podía alimentar. Pero allí les esperaba una suerte igualmente difícil. La clase obrera, que nacía en esta primera mitad del siglo XIX, sufrió, efectivamente, las peores condiciones de su existencia: en todas partes, los salarios nominales registraban una baja, mientras que el coste de vida, en particular los el trabajo de los niños se votó igualmente en Francia, pero no fue jamás aplicada.

Las condiciones de trabajo continuaban siendo, en 1850, igualmente desastrosas: el frío o el calor intensos, la falta de luz, la estrechez de los locales, la vida colectiva en los dormitorios y la presencia continua de los tiránicos vigilantes, que no lograban acabar con la indisciplina, explicaban las enfermedades (raquitismo, tuberculosis), el alcoholismo, la prostitución, las alta natalidad que oprimía a la clase obrera europea.

Numerosos obreros se rebelaban contra su situación: en Inglaterra, en Francia, en Bélgica, los obreros rompían las máquinas, como terribles competidores. Las huelgas esporádicas estallaban en las minas y en los talleres, siendo frecuentemente sofocadas por la fuerza; la de los empleados de las fábricas de seda de Lyon («canuts»), que lucharon «por el pan y el trabajo», con sus seis mil muertos, ha pasado a la historia como la más sangrienta. Pero la falta de asociaciones obreras llevaba estas sublevaciones al fracaso.

Las corporaciones y las mutualidades no agrupaban entonces más que a la aristocracia obrera (artesanos especializados, trabajadores cualificados) cuyas cotizaciones permitían ayudar a los acciden tadados, enfermos v los parados deprofesión.

PRIMEROS REFORMADORES Y UTOPISTAS
En 1830, fueron muchos los que, ante la situación miserable de las clases populares y el enriquecimiento escandaloso de una minoría privilegiada, pusieron en tela de juicio los fundamentos de la sociedad y, en nombre de la caridad cristiana o de la justicia social, propusieron reformas o construyeron nuevos sistemas políticos.

En Francia apareció, en 1829, el movimiento católico liberal en torno a los sacerdotes Lammenais y Lacordaire, y del joven par de Francia, el conde de Montalembert.

Hostiles a las ideas del Antiguo Régimen y a la enfeudación de la Iglesia al estado monárquico, se pronunciaron en su periódico «L’Avenir» por la separación de la Iglesia y el Estado, por la libertad de conciencia, de prensa, de asociación, de enseñanza, por la soberanía del pueblo y por el sufragio universal.

Condenados por el Papa en la Encíclica «Mirari vos» (1832), sospechosos al gobierno francés, el movimiento fue frenado y «L’Avenir» dejó de publicarse. Pero la doctrina se mantuvo y fue el origen de la iniciativa tomada en 1833 por un joven estudiante, Federico Ozanam, que creó la sociedad de San Vicente de Paul, de ayuda mutua y de caridad.

saint simonLas primeras obras socialistas que intentaban reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, en provecho de las clases explotadas, eran, en gran parte, utópicas; tenían, sin embargo, el mérito de dar a conocer una serie de nociones de las que se derivaría el socialismo posterior.

Uno de los primeros socialistas fue el conde de Saint-Simón; este noble arruinado fue el autor de doctrinas económicas y sociales poco seguidas mientras él vivió.

Llevaban consigo una violenta crítica del régimen social fundado en la competencia y en la explotación de la clase más numerosa por una minoría de poseedor res casi siempre inactivos, y llegaban a la conclusión de la necesidad de suprimir a esta clase privilegiada.

Sus bienes y sus capitales pasarían al Estado, único propietario legítimo; la sociedad sería reorganizada y jerarquizada, según la capacidad de cada uno; el poder del rey y de la Iglesia sería sustituido por el de los trabajadores, sabios, banqueros, industriales, obreros…, animados por una misma fe en la ciencia y en el progreso.

Fueron los discípulos de Saint-Simón (Enfantin y Bazard) los que dieron a conocer su doctrina; intentaron organizar una vida comunitaria, de acuerdo con los principios del maestro: «a cada uno según sus capacidades, a cada capacidad según sus obras»; pero desavenencias internas y un proceso intentado por el Estado dieron fin a este proyecto. El «saint-simonismo», por el lugar que otorgaba a la economía, tuvo una cierta influencia sobre los industriales y los hombres de negocios del Segundo Imperio.

El inglés Robert Owen, contemporáneo de Saint-Simón, preconizaba un socialismo anti-estatal, donde el poder de decisión pertenecería a los trabajadores reagrupados en cooperativas propietarias del capital y de la maquinaria. La reunión de estas cooperativas en una federación central permitiría canjes armoniosos. Owen quiso poner en práctica sus ideas y fundó una colonia modelo en los Estados Unidos, con el nombre de «New Harmony».

El socialismo utópico: Una corriente ideológica precursora de los movimientos socialistas fue el socialismo utópico, que tuvo especial importancia en las primeras décadas del siglo XIX. De forma global, se caracterizaba por su crítica a la situación social creada por el capitalismo, europeo, y por el carácter predominantemente moral de sus teorías, en el que se aunaban influencias románticas y cristianas, hasta desembocar en una concepción casi mística de la vida y de las relaciones labo-rales. Así.Saint-Simon (1760-1825) abogaba en sus escritos por un tipo de sociedad basado en un fuerte desarrollo industrial y gobernada por un conjunto de sabios, banqueros y empresarios que debería   respetar  determinadas   normas morales y favorecer a las clases más humildes.

Esta fracasó, pero Owen había puesto las bases de un sindicalismo que alcanzaría gran difusión en Inglaterra, poco después. Se encuentran preocupaciones similares en el francés Fourier: el Estado debía desaparecer, en provecho de los falansterios, asociaciones libres y autónomas de trabajo, donde cada uno podría dedicarse a las ocupaciones que eligiera; la vida comunitaria, que permitía a cada cual desarrollarse, era obligatoria.

Fourier pensaba que estas unidades, que agruparían alrededor de 2.000 individuos de ocupaciones complementarias, permitirían llegar al enriquecimiento general.

Si bien los falansterios constituidos por sus discípulos no pudieron desarrollarse, sus conceptos sobre las asociaciones de trabajadores fueron aceptados igualmente por el movimiento socialista.

En los años que precedieron a 1848, la multiplicación de los sistemas socialistas demostró la atención cada vez mayor que se prestaba a aquellos problemas. Algunos reformadores, como Louis Blanc, se propusieron hacer del Estado su único patrono; todas las industrias privadas se incorporarían a los talleres sociales, donde los trabajadores elegirían sus jefes y repartirían sus beneficios.

Otros, como Cabet (autor del «Viaje a Icaria»), iban más lejos aún, haciendo del Estado el único propietario, que distribuiría a cada uno el trabajo y los productos que necesitara. Proudhon combatió la idea misma de la propiedad: «la propiedad es un robo»; el autor de «Filosofía de la miseria» (1846) predicaba la supresión del Estado y de las leyes, y los sustituía por contratos individuales, única garantía de una libertad total.

Excluyendo toda soberanía, incluso la del pueblo («el sufragio universal es una lotería»), y todo sistema de gobierno, Proudhon anunciaba el anarquismo.

La diversidad de los sistemas indicaba claramente que el socialismo no era un partido político provisto de un programa bien definido. Sin embargo, al final de este período, algunos reformadores intentaron organizar las masas obreras, a fin de que influyeran más eficazmente en la escena política.

En París se fundó, en 1836, la Federación de los Justos por los emigrados revolucionarios alemanes, de los que el sastre Weitling era la figura más notable; en 1847, en el Congreso de Londres tomó el nombre de «Liga de los comunistas».

En esta ocasión, Carlos Marx y Federico Engels redactaron el «Manifiesto del partido comunista». Esta llamada a una agrupación internacional de las fuerzas socialistas, lanzada en 1848, no sería escuchada hasta años después.

fabrica de medias

Fábrica de medias perteneciente a Manufacturas Owen y Unglow, en Inglaterra.

SINTESIS: Los socialistas utópicos partían del principio de que el ser humano era bueno por naturaleza y que si se le ofrecía una auténtica igualdad de oportunidades, sin injusticias ni egoísmos, dejarían de haber pobres y ricos, y todos ios hombres serían realmente iguales.

El socialismo utópico propugnaba por una sociedad donde no hubiera explotadores ni explotados, y reinara la felicidad y la armonía entre los hombres.

Para conseguirlo debían aprovecharse las ventajas de la industrialización y el trabajo colectivo, organizados ambos de modo igualitario, es decir, suprimir la propiedad privada de los medios de producción, como los campos de cultivo, fábricas, máquinas, etcétera, para que pasaran a ser rropiedades colectivas.

Entre los teóricos del socialismo utópico destacaron los franceses Sainat Simón y Fourier, así como el inglés Robert Owen, quien desde una tura filantrópica introdujo mejoras sociales en sus fábricas, se preocupó por la educación de los obreros y apoyó las asociaciones cooperativistas.

cuadro socialismo utopico

Dimensión de futuro: El «socialismo utópico» —representado por estos autores y muchos otros en toda Europa y América— preparó el camino al nacimiento y desarrollo del «socialismo científico» o «marxismo». Algunas de las tesis de esta doctrina fueron iniciadas por los ilustrados pensadores de principios del siglo XIX. El pensamiento de Marx y Engels se perfiló en parte al definirse en contraste con la ideología utópica.

Hemos visto en otros post cómo Owen y los demás autores defienden la propiedad colectiva de los bienes, cómo Fourier reniega de la civilización elaborada sólo en la defensa de los intereses de la clase empresarial, y cómo Saint-Simón anuncia —aunque tímidamente— la confusión creciente entre el mundo político y los intereses económicos.

Dar un paso más e interpretar toda la Historia como dependiente en parte del desarrollo de la lucha de clases, fue obra de Marx y Engels.

La aportación genuina de estos autores es precisamente enraizar la solución a la injusticia capitalista en la lucha del propio proletariado en defensa de sus intereses, y hacer ver que esta lucha surge de la situación relativa de las clases.

Los socialistas utópicos no desempeñan un papel relevante en el desarrollo de la historia de la organización social precisamente porque sus actuaciones no se fundamentaron en las fuerzas sociales existentes, sino que confiaron en la actuación de un Estado —que en principio defendía los valores contrarios— o bien en la actuación paternalista de gentes de buena voluntad.

Sin embargo, sí ocupan un lugar relevante en la historia del pensamiento al realizar los primeros análisis de las contradicciones que el sistema capitalista industrial llevaba consigo.

BIOGRAFIA DE SAINT SIMON:

Filósofo y sociólogo francés, inspirador de la Fisiopolítica, nace y muere en París. Hombre de negocios, participa en la guerra de independencia de los Estados Unidos; su verdadero nombre es Claude-Henri, conde de Rouvroy.

Propone la conformación de una confederación europea semejante a la unión de Estados proyectada en Estados Unidos, con un gobierno y un parlamento comunes, anticipándose a lo que hoy se conoce como la Comunidad Europea de Naciones. Hace esta propuesta en una de sus primeras obras, La reorganización de la sociedad europea, publicada en 1814.

Estudioso de los Enciclopedistas, aplica por primera vez la ciencia a los problemas sociales, inaugurando una nueva ciencia que tiene como modelo la fisiología s y que denomina Fisiopolítica, a la que Comte dará más tarde el nombre de Sociología.

El ideal político de Saint-Simon dista de la democracia y centra el ejercicio del poder en las élites, las que considera necesarias. Al frente de la nueva sociedad política que proyecta en sus obras coloca a los científicos y a los productores, reunidos estos últimos en un consejo industrial que reemplaza los parlamentos integrados por militares y funcionarios. Dicha sociedad se funda en el trabajo como camino hacia el progreso y el papel del Estado se reduce al de asegurar el orden público.

Los planteamientos de Saint-Simon cambian, sin embargo, durante su vida. Consciente de las insuficiencias de una organización racional, en su obra El nuevo cristianismo, publicada en 1825 plantea la necesidad de una identidad religiosa orientada a la práctica de una fraternidad humana, cuyo deseo sea el de preocuparse por las clases menos favorecidas.

Saint-Simon formula la teoría de la propiedad social de los medios de trabajo, que inspira varias revoluciones; la teoría del progreso como factor de la armonía universal; la función clave de la banca, y la restricción de la burocracia política en la administración de las fuerzas productivas.

Entre sus principales obras están Del sistema industrial (1821) y Opciones literarias, filosóficas e industriales, publicada en 1825, año de su muerte.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

 

 

 

La Segunda Internacional Obrera Asociaciones de Trabajadores

La Segunda Internacional Obrera
Asociaciones de Trabajadores

El fracaso de la Comuna de París  la disolución de la Primera Internacional no pusieron un al movimiento obrero, sino que, por el contrario, éste vio incrementadas sus fuerzas, en todos los países de Europa se organizaron partidos socialistas. Estos partidos continuaban aspirando a la misma meta que el socialismo originario: sustituir la sociedad capitalista por una organización social más justa, donde hubiese desaparecido la explotación del hombre por el hombre.

CUADRO SINTESIS

cuadro sobre la primera internacional

Sin embargo, los métodos cambiaron. Los primeros pensadores socialistas consideraban que era necesaria la revolución para que la clase obrera llegase al poder; en cambio ahora, al haberse extendido el sufragio universal por casi todos los países, el socialismo se orientó hacia formas más pacíficas, participando en las elecciones y consiguiendo situar diputados obreros en los distintos Parlamentos.

Era lógico, por otra parte, que los numerosos partidos y sindicatos de trabajadores que aparecieron por todas partes, al tener una misma ideología y utilizar unos mismos métodos, se unieran. Y así, en 1889 se fundó en París la llamada Segunda Internacional. Dos importantes diferencias presentaba esta organización con respecto a la primera: por lo pronto, sólo formaban parte de ella los grupos socialistas, por cuanto se había excluido a los anarquistas; en segundo lugar, frente al centralismo de la AlT , el nuevo organismo tenía una estructura descentralizada y flexible, de tal manera que, en la práctica, se limitaba a orientar y a mantener informados a sus adheridos.

La Segunda Internacional llevó a cabo una labor eficaz y su influencia se extendió rápidamente por toda Europa. A ella se debió el establecimiento del 1 de mayo como jornada reivindicativa de los trabajadores de todo el mundo. Igualmente, a partir de su Fundación comenzó a notarse una mejora en el nivel de vida de la clase obrera, que consiguió, entre otras conquistas, la reducción de la jornada laboral y subidas en los salarios.

Las continuas luchas de los obreros por sus reivindicaciones obligaron a los gobiernos a reconocer las libertades de organización y reunión, y el derecho a la huelga. En 1889 se fundó en París la I Internacional.

A la vez, los partidos socialistas europeos crecieron de forma espectacular. El más importante de ellos, el alemán, en 1912 tenía ya 110 representantes en el Parlamento, periódicos en todas las ciudades, cooperativas, agrupaciones deportivas y círculos culturales obreros. En Francia, a principios del siglo XX, el socialismo contaba con cerca de un millón y medio de electores. En el Reino Unido, el Partido Laborista atraía no sólo a los obreros, sino también a los intelectuales y filósofos más destacados. En España, el Partido Socialista Obrero Español, fundado en 1879 por Pablo Iglesias (1850-1925), creaba por odas partes, en unión con la UGT, las llamadas Casas del Pueblo.

Junto con la expansión surgió una nueva generación de pensadores socialistas. Entre ellos hay que citar al alemán Bernstein (1850-1932), discípulo de Marx, del que discrepaba al señalar que el capitalismo no podía ser destruido por una revolución y que, en consecuencia, la estrategia correcta para llegar al socialismo era la de luchar por conseguir reformas que fuesen poco a poco acabando con las injusticias.

También alemán, aunque de origen checo, fue Karl Kautsky (1854-1938), quien insistió sobre todo en el respeto a las libertades democráticas y en la necesidad de que los partidos socialistas llegasen al poder a través de elecciones parlamentarias. Por último hay que nombrar también el francés Jean Jaurés (1858-1914), cuya obra como político y escritor se orientó especialmente a resaltar el caracter humanista y pacífico del socialismo; y a la polaca Rosa Luxemburg 1871-1919), opuesta al revisionismo le Bernstein, defensora de la acción le masas y participante activa en los Sucesos que desembocaron en la revolución rusa de 1905.

Congreso de la 2° Internacional

El 1 de mayo: En diciembre de 1888 el Congreso de Sindicatos de EE. UU., reunido en Saint Louis, decidió organizar manifestaciones el 1 de mayo en favor de la jornada de ocho horas y para recordar la sangrienta jornada de represión ocurrida en Chicago dos años antes, por motivos similares. En las reuniones de la Segunda Internacional (1889) se aprobó una resolución en la que se llamaba a los obreros para que manifestasen su solidaridad en todos los países en una fecha determinada.

De esta forma, el 1 de mayo de 1890 se produjeron huelgas y manifestaciones en numerosos lugares de Francia, Italia, Bélgica, Suecia, Gran Bretaña, Portugal y España. En el Congreso de la Internacional celebrado en Bruselas en 1891 se institucionalizó la fecha del 1 de mayo como día para celebrar huelgas y manifestaciones solidarias, «siempre que las condiciones de los países lo permitan». Aunque la interpretación de esta cláusula dio lugar a algunas disensiones, sobre todo en la zona germánica, desde esa fecha el 1 de mayo se convirtió en la jornada reivindicativa por excelencia.

Resumen de la Deuda Externa Argentina Origen Causas e Historia

Resumen de la Deuda Externa Argentina

Entre 1973 y 1978, la acción concertada de los países exportadores de petróleo llevó a un aumento abrupto en su precio mundial. Como estos países no podían gastar todos sus inesperados beneficios en sus propios mercados, comenzaron a efectuar depósitos masivos de divisas en bancos internacionales, mayoritariamente de capitales norteamericanos.

Estos bancos, se encontraron así con importantísimas sumas de dinero disponible que les permitieron ofrecer créditos a bajas tasas de interés. Los banqueros de Europa y los Estados Unidos pensaron que los países latinoamericanos, manejados mayoritariamente por dictaduras que no tendrían que responder ni ante la prensa ni ante la oposición, serían buenos clientes para sus créditos.

Así comenzó un verdadero aluvión de créditos. Entre 1970 y 1980, América latina incrementó su deuda externa de 27 mil a 231 mil millones de dólares, lo que implicaba un pago anual de intereses por 18 mil millones.

A lo largo de la década de los 80, el gobierno de los Estados Unidos, los banqueros privados y las autoridades del Fondo Monetario Internacional, impusieron duros términos en el régimen de pago de las deudas a los países de la región: recortes presupuestarios, suspensión de partidas económicas destinadas a salud, educación y acción social. Sólo silos gobiernos aceptaban estos ajustes se hacían acreedores de nuevos préstamos para pagar las cuotas de los adquiridos con anterioridad.

Estas reformas “sugeridas” por los banqueros y los organismos internacionales de crédito incluían la apertura de la economía al mercado y a las inversiones extranjeras y el fin del Estado benefactor. Estas medidas de neto corte neoliberal, requerían ajustes estructurales en la política económica y significaron el abandono de las políticas económicas y sociales basadas en la industrialización y la expansión del salario y el mercado interno en los países latinoamericanos.

La Deuda Externa, la mayor estafa al pueblo argentino:

La deuda externa es la madre de todos nuestros males. La deuda externa es un instrumento que un país utiliza para crecer en base a un plan programado, estudiado, discutido y aprobado por los congresales. La finalidad ultima de endeudarse es la de generar riquezas para el bienestar de los habitantes del país.

Brasil ha logrado incorporar tecnología e insertarse en el mercado internacional, otros países como Argentina pidió dinero con tal irracionalidad que solo logró arruinarse.

En la historia de este país hay tres argentinas distintas:

  1. a) La agraria, cuyo modelo generador de riqueza fue el modelo agro-exportador en la pampa húmeda que fue pensado por la clase conservadora de 1880. Finalizó en 1945.
  2. b)     Nace la patria industrial con el gobierno de Perón, se empieza a producir bienes y energía. (1945-1976)
  3. c)      Nace con el golpe militar la argentina financiera o especulativa dirigida por el ministro         Martínez de Hoz. No responde a ningún modelo, no quiere producir riqueza ni distribuirla,ese plan no sirve y nos lleva a la decadencia.

1976 Golpe Militar, Martínez de Hoz flamante ministro, su segundo fue Kleim. Fueron los padres de la deuda, estancamiento productivo, cierre de empresas, desocupación. Patria financiera.

Un poco de historia:

En 1936 llega a Argentina Franklin Roosevelt, para proponer un tratado latinoamericano de asistencia mutua. Argentina es pro-británica, no lo acepta, EE.UU. se enoja. Tratado de Breton Wood, para el nuevo sistema monetario internacional, el patrón monetario será ahora entre el oro y el dólar. Argentina disiente. Comienza la segunda guerra mundial argentina no toma partido y permanece neutral.

EE.UU. quiere colocar bases militares en el Río de la Plata, argentina no acepta, es como entregarle parte de nuestra soberanía para siempre. Todo esto hace que este país sea declarado incorregible e intratable, EE.UU. se propone destruir la capacidad productiva del país, Perón lo siente hasta sus últimos días.

Termina la segunda guerra mundial, Inglaterra junto a EE.UU. tratan un plan conocido como el Imperio Global, que tiene tres misiones:

  1. a) Reducir la población del tercer mundo (son 5000 millones)
  2. b) Controlar todos los recursos naturales del planeta
  3. c) Subordinar la producción de esos países de acuerdo a los intereses de los países desarrollados.

En economía hay dos forma de generar riquezas:

  1. a) por medio del trabajo y la producción
  2. b) Absorbiendo la riquezas de los demás ya sea a través de la usura, la renta y la especulación.

La muerte de los 55 niños por día es parte del plan imperio global. Está en el libro “La Cuarta Guerra Mundial, el imperio contra el tercer mundo”

Aparece el FMI. para intervenir entre la banca internacional y los gobierno, para muchos es para estafar a los pueblos y naciones. Perón tampoco lo aceptó hasta que en 1957 ingresa al sistema. Es una estrategia para el sometimiento futuro de los países pobres por los desarrollados.

En Argentina hubo cuatro gobierno que fueron democráticos y derrumbados por dictaduras, y ninguno contrajo deuda externa. Fueron Irigoyen, Perón, Ilia e Isabel Martínez.

Guerra de Iom Kipur, EE.UU. apoya a Israel con armas y equipos bélicos en el medio oriente, la OPEP decide limitar la exportación de petróleo hasta tanto no se desarme la zona de guerra. El precio del barril de petróleo se multiplica por 3. Todos los subproductos aumentan notablemente. Los países de la OPEP multiplican sus ganancias.

Aparecen los “petrodólares”árabes en los bancos americanos. Ese dinero es destinado a América Latina en préstamos sin muchas exigencias y controles. Comienza la patria financiera. La plata dulce, aparecen cientos de bancos y financieras. La clase media estaba contenta, se viajaba por todo el mundo y había productos importados de lo que se busque. Estaba de moda el ”deme dos”.

En Argentina Hoz junto a Kleim y el FMI estipulan mensualmente la cantidad de dinero y destinos de los préstamos. El Fondo solo lleva el control del endeudamiento y daba seguridad a los acreedores de cobro a futuro. El Banco Central nunca registro contablemente los ingresos de dinero. Había una libreta negra, del tipo “despensa”.

Hoz dice que debe endeudarse para tecnificar el país y para tapar agujeros de una mala administración anterior. Además aduce que muchos países han tenido que pasar por esta etapa de apoyo económico. Un país que no se endeuda no puede progresar, ni crecer. El director de YPF con solo firmar un pedido de prestamos de dinero, era suficiente para que llegue el dinero, pero que luego quedaba en el camino en el tesoro nacional para determinar su destino. Había mucha gente vinculada con esta estafa: funcionarios públicos, gerentes, empresarios,  directores, todos delincuentes internacionales, que trabajaban para la usura de la banca externa y para sus propios intereses.

Antes de entregar el poder a la democracia, Cavallo (imagen) , Aleman, Dianella, Pastore, Sigot, Gonzalez Solar presidente del banco central, deciden estatizar la deuda privada de cientos de empresas. Cerca de 14.000 millones de dólares, que sumado a la deuda inicial se llega al monto de 40.000 millones.

Se hizo mediante un “seguro de cambio” que consistía en asegurarle al deuda el valor del dólar al momento del pago de la deuda. Por ejemplo si debía 10.000 dólares a un valor de $10. por dólar, cuando llegue el momento de abonarla, puede ser 3 años o mas, el deudor solo abona los 10.000 a 10 pesos el dólar, la diferencia en caso de un aumento del dólar lo absorbe el estado, el pueblo. Es decir se transfirió la deuda privada a la sociedad Argentina.

Machinea que estaba en el Banco Central en 1985, cuando Alfonsín era presidente, hace los pagaré de la deuda privada.

Lo más triste de esto, es que gran parte de la deuda estatizada era “auto-prestamos”es decir prestamos que se hacia la misma empresa con dinero que tenia ahorrado en banco exteriores. El banco emisor del crédito era el testaferro de la empresa y el cómplice se esta estafa. Muchas empresas fueron descubiertas como: FATE, SADE, algunas del grupo TECHINT, BGH, SIDECO. Pero se detuvo la investigación en el gobierno de Alfonsín, Mars, fue el que firmó esta decisión.

Las siguientes empresas se beneficiaron con la estatización:

AUTOPISTAS URBANAS

CELULOSA ARGENTINA

ACINDAR

BRIDAS

ALPARGATAS

SIDERCA

SEVEL

IMB

MERCEDES BENZ

ESSO

FIAT

FORD

PIRELLI

LOMA NEGRA

BANCOS DE ITALIA, RIO, FRANCES, LONDRES, GALICIA Y OTROS MAS

Cavallo transfirió la deuda al ministerio de economía, pero este a su vez, lo trasfiere al City Bank para que administre la deuda argentina junto a otros 7 bancos mas de su dependencia. Como el Banco Central no tenía registros de los endeudamientos, solo estadísticas aproximadas, estos bancos fueron los encargados de determinar la deuda de los argentinos, y como la deberá pagar. También determinó los intereses hasta esa fecha.

Llega la década del 80, casi todos los países latinoamericanos no pueden pagar la deuda, menos los intereses. Para tratar de una lograr una renegociación, Brady, secretario del Tesoro de EE.UU., una especia de ministro de economía de los países latinos, lanza un plan para toda Latinoamérica, el Plan Brady. Se pensó que era la solución final al tema de la deuda Sudamérica.

Se idea un “canje de deuda”, los bancos tenían bonos de cada país como garantía de la deuda contraída. (eran bonos de baja calidad, por incobrables) Esos bonos valían poco y podían ser recomparados por el mismo país para achicar su deuda, como fue el caso de Brasil. A partir del  Plan de Brady,  EE.UU. garantizaba esos bonos (ahora eran de alta calidad) con el mismo tesoro americano, por lo que tomaron valor y pasaron de 18 ctvos. cada uno a $1.00, es decir se multiplicó por cinco. Estos bonos fueron vendidos por los bancos tenedores  a sus distintos clientes, de aquí en mas los bancos cobraron y los clientes serian los nuevos acreedores de la deuda Argentina. Con esos bonos después compraron las empresas públicas privatizadas.

La entrada a este Plan nunca fue tratada en el Congreso de la nación, como así tampoco se trató cada pedido de préstamos internacionales. Se podía haber comprados los bonos viejos a bajo precio y hoy tendríamos una deuda sumamente controlada. El Congreso debería determinar concretamente cuanto se adeuda realmente y adonde fueron a parar los montos pedidos.

También mucho bancos como el Nación, Desarrollo y Ciudad de Bs.As. avalaba créditos a importantes empresas privadas, por amor a sus “amistades”. Estos créditos nunca fueron pagados, al caer el aval, el estado debió hacerse cargo.

Un Sr. Declarado ciudadano ilustre, llamado Alejandro Olmos, tuvo una visión muy rápida y certera de esta estafa y presentó una denuncia judicial contra el Ministro De Hoz, la cual llevó 18 años de investigación, y en el 2000 el Juez Ballestero, dio un fallo histórico, confirmando que luego de años de estudios y controles, la deuda externa no tiene ningún tipo de justificación: ni económica, administrativa ni financiera, y que el monto de la misma es el resultado de la irracionalidad de muchos dirigentes políticos y económicos, en la época del proceso militar.

Esta conclusión se presentó con todos los detalles de la investigación de 50 peritos de muy alto nivel, en el Congreso, donde nunca hubo quórum para su tratamiento definitivo. Hoz fue sobreseído y demás culpables están libres.

Como epílogo se puede decir que la dictadura militar ha dejado dos huellas importantes en todos los argentinos

  1. a) El terrorismo de estado, donde ha violado los derechos humanos y la propiedad privada  de todos los ciudadanos
  2. b) El incontrolado endeudamiento con la banca internacional.

Hay un proyecto conocido como la Unión Sudamericana para negociar la deuda, ya que representa a 500 millones de latinos frente a los países desarrollados. También se va a presentar una denuncia frente al Tribunal de la Haya para que se investigue esta estrategia, para endeudar a los países del tercer mundo, sometiéndolos a una vida muy dura y comprometiendo a varias generaciones hasta el cobro de la misma.

José Ingeniero, primer secretario del partido socialista, ya vislumbraba este plan del imperialismo, para dominar e hipotecar nuestra soberanía y futuro. (Descargar Libros Sobre La Deuda Externa)

PARA SABER MAS…
La verdad contable

Hasta 1992 cuando la Argentina quería saber cuánto debía tenía que preguntarle a los bancos. La supuesta deuda externa no estaba registrada, hasta que se empezó a hacerlo en la Cuenta de Inversión. Además, el Banco Mundial de 1992 recomendó que, a los efectos de poder hacer comparaciones, se utilizara el mismo método, la contabilidad de doble asiento.

Construir esa contabilidad llevó desde 1992 hasta 1998. En el año 1998 se hizo el primer Balance Consolidado de Argentina, consolidado por todos los Organismos Multilaterales, y por las autoridades de la Nación. A partir de 1998 se empezaron a llevar las cuentas con esa metodología por lo que fue posible cruzar los números y calcular los índices de Solvencia y Liquidez que determinan si, en definitiva, el solicitante puede ser considerado sujeto de crédito.

Mientras índice de Solvencia es todo el Activo contra todo el Pasivo, el índice de Liquidez surge de la comparación del Activo Disponible de todo el año para atender el pago del Pasivo Exigible. Si ese número da menor que uno, ningún banco le da un crédito. En razón de mis tareas corno perito en el juicio por el llamado Megacanje designado por la Fiscalía Federal, tuve entonces acceso a la información contable -entonces bastante reservada- que hoy está publicada en las páginas web del Ministerio de Economía.

En 1998, ese primer balance mostró que el índice de Solvencia fue de 0,5, y que por ser menor que uno el país no podía ser considerado sujeto de crédito pues surgía claramente que no iba a poder pagar lo que estaba tomando, máxime teniendo en cuenta que desde 1998 los índices de liquidez fueron bajando desde 0,27, 0,23, al 0,19 en el 2001, cuando estalló la crisis.

A pesar de estos números -que cualquier auditor puede comprobar- el FMI siguió dando su famosa «luz verde», para que bancos y brokers de todo el mundo siguieran operando con los bonos del país. En 1998 la Argentina estaba ya en una situación de insolvencia económica y financiera, momento en que tendría que haberse presentado con la mayor transparencia a Concurso de Acreedores o Default, porque estaba técnicamente quebrada. No tenía activos para responder al pasivo y menos aún la liquidez necesaria para atender los compromisos de ese año y los siguientes.

¿Qué ocurre entre los particulares cuando los deudores no quieren mostrar su insolvencia y continúan renovando créditos? Se ofrecen garantías adicionales, por ejemplo hipotecas, activos físicos no fácilmente liquidables. Frecuentemente, esta situación beneficia a ciertos acreedores a quienes el deudor pretende beneficiar, otorgándoles cierto privilegio. En los concursos preventivos hay acreedores que son privilegiados, que cobran el 100%; que en el caso de las sociedades son los salarios o las cargas sociales y deudas impositivas. La hipoteca también establece un privilegio, pero puede determinarse que si el acreedor conocía la situación financiera del deudor al momento de otorgar la hipoteca ello configura una maniobra para quedarse con una garantía privilegiada y dejar afuera al resto de la masa de acreedores; en ese caso esa hipoteca no es reclamable, y es nula.

Debemos tener en cuenta que en general lo que los bancos quieren es cobrar, mientras que los usureros quieren quedarse con los activos de los deudores. Es el caso de los fondos buitres con propuestas como cambiar deuda por tierra y otros «creativos» inventos que se han propuesto.

Así como los particulares pueden otorgar garantías, también los países pueden hacerlo, pero ¿qué podía ofrecer nuestro país como garantía? Al equipo económico se le ocurrió la cesión a los acreedores de los ingresos impositivos futuros, lo que constituiría ofrecer la renta de los argentinos, situación perfectamente encuadrada en el artículo 29 de la CN cuando afirma que el «El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincias, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarle:, sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable y sujetarán a lo:-; que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los  infames traidores a la Patria».

Cabe preguntarse: ¿los auditores del FMI no se dieron cuenta de esta situación?

En todas las publicitadas reuniones con el FMI ¿no se discutía nada de todo esto? Con el agravante que 1998 es un año muy emblemático porque el Dr. Carlos Menem, como presidente de la Argentina, fue invitado a la Asamblea General del FMI en septiembre, en Washington, para compartir el podio con Michael Camdessus, Director Gerente del FMI, y con el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. Desde esa tribuna se les dijo a 187 países reunidos en aquella asamblea, que tenían que seguir el modelo de la Argentina.

Cierto es que pese a que a la Argentina no se le podía dar créditos, los auditores del FMI venían a Buenos Aires, revisaban las cuentas, tenían entrevistas y finalmente daban luz verde, lo cual hacía que el resto del mundo, ya sean países o individuos privados, asumieran que el país podría pagar sus deudas. Entonces bancos y brokers, en base a esa información falsa de los auditores, seguían operando con bonos y ello agravó el posterior default.

La situación anterior debió haber sido conocida por el FMI, pero como no lo dijo se constituyó así en partícipe necesario para establecer una estafa, que llevó a la debacle no sólo económica sino fundamentalmente social de nuestro país.

En realidad, la deuda nunca se pudo pagar porque al contener deuda odiosa, se generaron intereses sobre intereses a partir del cambio unilateral de las tasas que a partir de un 1% ó 2% anual en 1973 llegaron, años después, hasta el 22%.

Haciendo las cuentas se comprueba que el pago anual no alcanzaba para pagar los intereses, entonces éstos se capitalizaban y la deuda se convirtió así en una bola de nieve. Esta situación constituye usura, fenómeno perverso que existe cuando un deudor paga pero cada vez debe más.

El Art. 1198 de nuestro Código de Comercio es muy sabio cuando dice que «los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe y de acuerdo con lo que verosímilmente las partes entendieron o pudieron entender, obrando con cuidado y previsión. Los contratos bilaterales conmutativos y los unilaterales onerosos y conmutativos de ejecución diferida y continuada si la prestación a cargo de una de las partes se torna excesivamente onerosa por acontecimientos extraordinarios e imprevisibles, la parte perjudicada podrá demandar la resolución del contrato.

El mismo principio se aplicará a los contratos aleatorios cuando la excesiva generosidad se produzca por causas extrañas al riesgo propio del contrato».

El Art. 11 de la Ley de Quiebras de los Estados Unidos, establece que cuando una empresa entra en quiebra sus bienes son rematados y sus acreedores cobran lo que queda. Pero también en la misma ley existe el artículo 9° que determina el operativo de la verificación de acreedores y en función de eso se pagan primero las necesidades básicas para atender la población, y luego, si queda algo se reparte. Esta fundamental verificación no solo lo hace con el monto y plazo determinados sino al origen de la operación, que es justamente lo que no se hizo en Argentina.

ALGUNOS CONCEPTOS:

Acuerdo «stand by»: Tipo de acuerdo financiero que comprende el otorgamiento de un préstamo atado al cumplimiento de ciertas pautas de política económica. Este tipo de acuerdos se establece entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el gobierno de un determinado país.

Centralización La centralización del capital tiene lugar cuando una empresa o grupo económico adquiere otras empresas, incrementando sus recursos y su participación en el mercado.

Concentración: Proceso en el que unas pocas empresas (o sólo una) acrecienta su participación en un mercado como resultado de una mejor posición para afrontar la competencia con otras empresas.

Fondo Monetario Internacional (FMI): Organismo financiero internacional de gran peso en la economía mundial. Su creación data del período próximo a la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de proveer préstamos en divisas para los países con dificultades en sus balanzas de pago.

Fuga de capitales:Proceso mediante el cual residentes de una economía remiten fondos fuera del país, por ejemplo, la apertura de una cuenta en un banco radicado en el exterior o la adquisición de títulos públicos o acciones de empresas también radicadas en el exterior.

Privatización: Venta de empresas u otros activos estatales a empresarios privados.

Ingreso y Egresos de Dólares a Argentina

Fuente Consultada: Argentina 2010 Esperanza o Frustración Moisés Resnick Brenner

Breve Resumen sobre el Capitalismo y Liberalismo

Breve Resumen sobre el Capitalismo y Liberalismo

El Capitalismo: Sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados. Aunque tiene sus orígenes en la antigüedad, el desarrollo del capitalismo es un fenómeno europeo; fue evolucionando en distintas etapas, hasta considerarse establecido en la segunda mitad del siglo XIX.

Capitalismo explotadorDesde Europa, y en concreto desde Inglaterra, el sistema capitalista se fue extendiendo a todo el mundo, siendo el sistema socioeconómico casi exclusivo en el ámbito mundial hasta el estallido de la I Guerra Mundial, tras la cual se estableció un nuevo sistema socioeconómico, el comunismo, que se convirtió en el opuesto al capitalista.

El término kapitalism fue acuñado a mediados del siglo XIX por el economista alemán Karl Marx. Otras expresiones sinónimas de capitalismo son sistema de libre empresa y economía de mercado, que se utilizan para referirse a aquellos sistemas socioeconómicos no comunistas. Algunas veces se utiliza el término economía mixta para describir el sistema capitalista con intervención del sector público que predomina en casi todas las economías de los países industrializados.

Se puede decir que, de existir un fundador del sistema capitalista, éste es el filósofo escocés Adam Smith, que fue el primero en describir los principios económicos básicos que definen al

 capitalismo. En su obra clásica Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776), Smith intentó demostrar que era posible buscar la ganancia personal de forma que no sólo se pudiera alcanzar el objetivo individual sino también la mejora de la sociedad.

Los intereses sociales radican en lograr el máximo nivel de producción de los bienes que la gente desea poseer. Con una frase que se ha hecho famosa, Smith decía que la combinación del interés personal, la propiedad y la competencia entre vendedores en el mercado llevaría a los productores, «gracias a una mano invisible», a alcanzar un objetivo que no habían buscado de manera consciente: el bienestar de la sociedad.

Características del capitalismo (ampliar)

A lo largo de su historia, pero sobre todo durante su auge en la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo tuvo una serie de características básicas.

En primer lugar, los medios de producción —tierra y capital— son de propiedad privada. En este contexto el capital se refiere a los edificios, la maquinaria y otras herramientas utilizadas para producir bienes y servicios destinados al consumo.

En segundo lugar, la actividad económica aparece organizada y coordinada por la interacción entre compradores y vendedores (o productores) que se produce en los mercados.

En tercer lugar, tanto los propietarios de la tierra y el capital como los trabajadores, son libres y buscan maximizar su bienestar, por lo que intentan sacar el mayor partido posible de sus recursos y del trabajo que utilizan para producir; los consumidores pueden gastar como y cuando quieran sus ingresos para obtener la mayor satisfacción posible.

Este principio, que se denomina soberanía del consumidor, refleja que, en un sistema capitalista, los productores se verán obligados, debido a la competencia, a utilizar sus recursos de forma que puedan satisfacer la demanda de los consumidores; el interés personal y la búsqueda de beneficios les lleva a seguir esta estrategia.

En cuarto lugar, bajo el sistema capitalista el control del sector privado por parte del sector público debe ser mínimo; se considera que si existe competencia, la actividad económica se controlará a sí misma; la actividad del gobierno sólo es necesaria para gestionar la defensa nacional, hacer respetar la propiedad privada y garantizar el cumplimiento de los contratos. Esta visión decimonónica del papel del Estado en el sistema capitalista ha cambiado mucho durante el siglo XX. 

Orígenes

Tanto los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema económico no apareció hasta el siglo XIII en Europa sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a «realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras».

Este impulso natural hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes travesías y expediciones de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de aquellas tierras.

El orden económico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La importancia de la producción no se hizo patente hasta la Revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX.

Sin embargo, ya antes del inicio de la industrialización había aparecido una de las figuras más características del capitalismo, el empresario, que es, según Schumpeter, el individuo que asume riesgos económicos. Un elemento clave del capitalismo es la iniciación de una actividad con el fin de obtener beneficios en el futuro; puesto que éste es desconocido, tanto la posibilidad de obtener ganancias como el riesgo de incurrir en pérdidas son dos resultados posibles, por lo que el papel del empresario consiste en asumir el riesgo de tener pérdidas.

El camino hacia el capitalismo a partir del siglo XIII fue allanado gracias a la filosofía del renacimiento y de la Reforma. Estos movimientos cambiaron de forma drástica la sociedad, facilitando la aparición de los modernos Estados nacionales que proporcionaron las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo del capitalismo. Este crecimiento fue posible gracias a la acumulación del excedente económico que generaba el empresario privado y a la reinversión de este excedente para generar mayor crecimiento. 

Mercantilismo

Desde el siglo XV hasta el siglo XVIII, cuando aparecieron los modernos Estados nacionales, el capitalismo no sólo tenía una faceta comercial, sino que también dio lugar a una nueva forma de comerciar, denominada mercantilismo. Esta línea de pensamiento económico, este nuevo capitalismo, alcanzó su máximo desarrollo en Inglaterra y Francia.

El sistema mercantilista se basaba en la propiedad privada y en la utilización de los mercados como forma de organizar la actividad económica. A diferencia del capitalismo de Adam Smith, el objetivo fundamental del mercantilismo consistía en maximizar el interés del Estado soberano, y no el de los propietarios de los recursos económicos fortaleciendo así la estructura del naciente Estado nacional. Con este fin, el gobierno ejercía un control de la producción, del comercio y del consumo.

La principal característica del mercantilismo era la preocupación por acumular riqueza nacional, materializándose ésta en las reservas de oro y plata que tuviera un Estado. Dado que los países no tenían grandes reservas naturales de estos metales preciosos, la única forma de acumularlos era a través del comercio.

Esto suponía favorecer una balanza comercial positiva o, lo que es lo mismo, que las exportaciones superaran en volumen y valor a las importaciones, ya que los pagos internacionales se realizaban con oro y plata. Los Estados mercantilistas intentaban mantener salarios bajos para desincentivar las importaciones, fomentar las exportaciones y aumentar la entrada de oro.

Más tarde, algunos teóricos de la economía como David Hume comprendieron que la riqueza de una nación no se asentaba en la cantidad de metales preciosos que tuviese almacenada, sino en su capacidad productiva. Se dieron cuenta que la entrada de oro y plata elevaría el nivel de actividad económica, lo que permitiría a los Estados aumentar su recaudación impositiva, pero también supondría un aumento del dinero en circulación, y por tanto mayor inflación, lo que reduciría su capacidad exportadora y haría más baratas las importaciones por lo que, al final del proceso, saldrían metales preciosos del país.

Sin embargo, pocos gobiernos mercantilistas comprendieron la importancia de este mecanismo.

 Inicios del capitalismo moderno

Dos acontecimientos propiciaron la aparición del capitalismo moderno; los dos se produjeron durante la segunda mitad del siglo XVIII. El primero fue la aparición en Francia de los fisiócratas desde mediados de este siglo; el segundo fue la publicación de las ideas de Adam Smith sobre la teoría y práctica del mercantilismo.

Los fisiócratas

El término fisiocracia se aplica a una escuela de pensamiento económico que sugería que en economía existía un orden natural que no requiere la intervención del Estado para mejorar las condiciones de vida de las personas. La figura más destacada de la fisiocracia fue el economista francés François Quesnay, que definió los principios básicos de esta escuela de pensamiento en Le Tableau économique (1758), un diagrama en el que explicaba los flujos de dinero y de bienes que constituyen el núcleo básico de una economía.

Simplificando, los fisiócratas pensaban que estos flujos eran circulares y se retroalimentaban. Sin embargo la idea más importante de los fisiócratas era su división de la sociedad en tres clases: una clase productiva formada por los agricultores, los pescadores y los mineros, que constituían el 50% de la población; la clase propietaria, o clase estéril, formada por los terratenientes, que representaban la cuarta parte, y los artesanos, que constituían el resto.

La importancia del Tableau de Quesnay radicaba en su idea de que sólo la clase agrícola era capaz de producir un excedente económico, o producto neto. El Estado podía utilizar este excedente para aumentar el flujo de bienes y de dinero o podía cobrar impuestos para financiar sus gastos. El resto de las actividades, como las manufacturas, eran consideradas estériles porque no creaban riqueza sino que sólo transformaban los productos de la clase productiva. (El confucionismo ortodoxo chino tenía principios parecidos a estas ideas). Este principio fisiocrático era contrario a las ideas mercantilistas. Si la industria no crea riqueza, es inútil que el Estado intente aumentar la riqueza de la sociedad dirigiendo y regulando la actividad económica.

La doctrina de Adam Smith

Las ideas de Adam Smith no sólo fueron un tratado sistemático de economía; fueron un ataque frontal a la doctrina mercantilista. Al igual que los fisiócratas, Smith intentaba demostrar la existencia de un orden económico natural, que funcionaría con más eficacia cuanto menos interviniese el Estado.

Sin embargo, a diferencia de aquéllos, Smith no pensaba que la industria no fuera productiva, o que el sector agrícola era el único capaz de crear un excedente económico; por el contrario, consideraba que la división del trabajo y la ampliación de los mercados abrían posibilidades ilimitadas para que la sociedad aumentara su riqueza y su bienestar mediante la producción especializada y el comercio entre las naciones.

Así pues, tanto los fisiócratas como Smith ayudaron a extender las ideas de que los poderes económicos de los Estados debían ser reducidos y de que existía un orden natural aplicable a la economía. Sin embargo fue Smith más que los fisiócratas, quien abrió el camino de la industrialización y de la aparición del capitalismo moderno en el siglo XIX.

 La industrialización

Las ideas de Smith y de los fisiócratas crearon la base ideológica e intelectual que favoreció el inicio de la Revolución industrial, término que sintetiza las transformaciones económicas y sociales que se produjeron durante el siglo XIX. Se considera que el origen de estos cambios se produjo a finales del siglo XVIII en Gran Bretaña.

La característica fundamental del proceso de industrialización fue la introducción de la mecánica y de las máquinas de vapor para reemplazar la tracción animal y humana en la producción de bienes y servicios; esta mecanización del proceso productivo supuso una serie de cambios fundamentales: el proceso de producción se fue especializando y concentrando en grandes centros denominados fábricas; los artesanos y las pequeñas tiendas del siglo XVIII no desaparecieron pero fueron relegados como actividades marginales; surgió una nueva clase trabajadora que no era propietaria de los medios de producción por lo que ofrecían trabajo a cambio de un salario monetario; la aplicación de máquinas de vapor al proceso productivo provocó un espectacular aumento de la producción con menos costes. La consecuencia última fue el aumento del nivel de vida en todos los países en los que se produjo este proceso a lo largo del siglo XIX.

El desarrollo del capitalismo industrial tuvo importantes costes sociales. Al principio, la industrialización se caracterizó por las inhumanas condiciones de trabajo de la clase trabajadora. La explotación infantil, las jornadas laborales de 16 y 18 horas, y la insalubridad y peligrosidad de las fábricas eran circunstancias comunes. Estas condiciones llevaron a que surgieran numerosos críticos del sistema que defendían distintos sistemas de propiedad comunitaria o socializado; son los llamados socialistas utópicos.

Sin embargo, el primero en desarrollar una teoría coherente fue Karl Marx, que pasó la mayor parte de su vida en Inglaterra, país precursor del proceso de industrialización, y autor de Das Kapital (El capital, 3 volúmenes, 1867-1894). La obra de Marx, base intelectual de los sistemas comunistas que predominaron en la antigua Unión Soviética, atacaba el principio fundamental del capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción. Marx pensaba que la tierra y el capital debían pertenecer a la comunidad y que los productos del sistema debían distribuirse en función de las distintas necesidades.

Con el capitalismo aparecieron los ciclos económicos: periodos de expansión y prosperidad seguidos de recesiones y depresiones económicas que se caracterizan por la discriminación de la actividad productiva y el aumento del desempleo. Los economistas clásicos que siguieron las ideas de Adam Smith no podían explicar estos altibajos de la actividad económica y consideraban que era el precio inevitable que había que pagar por el progreso que permitía el desarrollo capitalista. Las críticas marxistas y las frecuentes depresiones económicas que se sucedían en los principales países capitalistas ayudaron a la creación de movimientos sindicales que luchaban para lograr aumentos salariales, disminución de la jornada laboral y mejores condiciones laborales.

A finales del siglo XIX, sobre todo en Estados Unidos, empezaron a aparecer grandes corporaciones de responsabilidad limitada que tenían un enorme poder financiero. La tendencia hacia el control corporativo del proceso productivo llevó a la creación de acuerdos entre empresas, monopolios o trusts que permitían el control de toda una industria.

Las restricciones al comercio que suponían estas asociaciones entre grandes corporaciones provocó la aparición, por primera vez en Estados Unidos, y más tarde en todos los demás países capitalistas, de una legislación antitrusts, que intentaba impedir la formación de trusts que formalizaran monopolios e impidieran la competencia en las industrias y en el comercio. Las leyes antitrusts no consiguieron restablecer la competencia perfecta caracterizada por muchos pequeños productores con la que soñaba Adam Smith, pero impidió la creación de grandes monopolios que limitaran el libre comercio.

A pesar de estas dificultades iniciales, el capitalismo siguió creciendo y prosperando casi sin restricciones a lo largo del siglo XIX. Logró hacerlo así porque demostró una enorme capacidad para crear riqueza y para mejorar el nivel de vida de casi toda la población. A finales del siglo XIX, el capitalismo era el principal sistema socioeconómico mundial. 

Ver: Historia de las Ciudad Industrial

El capitalismo en el siglo XX

Durante casi todo el siglo XX, el capitalismo ha tenido que hacer frente a numerosas guerras, revoluciones y depresiones económicas. La I Guerra Mundial provocó el estallido de la revolución en Rusia. La guerra también fomentó el nacionalsocialismo en Alemania, una perversa combinación de capitalismo y socialismo de Estado, reunidos en un régimen cuya violencia y ansias de expansión provocaron un segundo conflicto bélico a escala mundial.

A finales de la II Guerra Mundial, los sistemas económicos comunistas se extendieron por China y por toda Europa oriental. Sin embargo, al finalizar la Guerra fría, a finales de la década de 1980, los países del bloque soviético empezaron a adoptar sistemas de libre mercado, aunque con resultados ambiguos. China es el único gran país que sigue teniendo un régimen marxista, aunque se empezaron a desarrollar medidas de liberalización y a abrir algunos mercados a la competencia exterior.

Muchos países en vías de desarrollo, con tendencias marxistas cuando lograron su independencia, se tornan ahora hacia sistemas económicos más o menos capitalistas, en búsqueda de soluciones para sus problemas económicos.

En las democracias industrializadas de Europa y Estados Unidos, la mayor prueba que tuvo que superar el capitalismo se produjo a partir de la década de 1930. La Gran Depresión fue, sin duda, la más dura crisis a la que se enfrentó el capitalismo desde sus inicios en el siglo XVIII. Sin embargo, y a pesar de las predicciones de Marx, los países capitalistas no se vieron envueltos en grandes revoluciones. Por el contrario, al superar el desafío que representó esta crisis, el sistema capitalista mostró una enorme capacidad de adaptación y de supervivencia. No obstante, a partir de ella, los gobiernos democráticos empezaron a intervenir en sus economías para mitigar los inconvenientes y las injusticias que crea el capitalismo.

Así, en Estados Unidos el New Deal de Franklin D. Roosevelt reestructuró el sistema financiero para evitar que se repitiesen los movimientos especulativos que provocaron el crack de Wall Street en 1929. Se emprendieron acciones para fomentar la negociación colectiva y crear movimientos sociales de trabajadores que dificultaran la concentración del poder económico en unas pocas grandes corporaciones industriales.

El desarrollo del Estado del bienestar se consiguió gracias al sistema de la Seguridad Social y a la creación del seguro de desempleo, que pretendían proteger a las personas de las ineficiencias económicas inherentes al sistema capitalista.

El acontecimiento más importante de la historia reciente del capitalismo fue la publicación de la obra de John Maynard Keynes, La teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936). Al igual que las ideas de Adam Smith en el siglo XVIII, el pensamiento de Keynes modificó en lo más profundo las ideas capitalistas, creándose una nueva escuela de pensamiento económico denominada keynesianismo.

Keynes demostró que un gobierno puede utilizar su poder económico, su capacidad de gasto, sus impuestos y el control de la oferta monetaria para paliar, e incluso en ocasiones eliminar, el mayor inconveniente del capitalismo: los ciclos de expansión y depresión.

Según Keynes, durante una depresión económica el gobierno debe aumentar el gasto público, aun a costa de incurrir en déficits presupuestarios, para compensar la caída del gasto privado. En una etapa de expansión económica, la reacción debe ser la contraria si la expansión está provocando movimientos especulativos e inflacionistas.

 Previsiones de futuro

Durante los 25 años posteriores a la II Guerra Mundial, la combinación de las ideas keynesianas con el capitalismo generaron una enorme expansión económica. Todos los países capitalistas, también aquéllos que perdieron la guerra, lograron un crecimiento constante, con bajas tasas de inflación y crecientes niveles de vida. Sin embargo a principios de la década de 1960 la inflación y el desempleo empezaron a crecer en todas las economías capitalistas, en las que las fórmulas keynesianas habían dejado de funcionar.

La menor oferta de energía y los crecientes costos de la misma (en especial del petróleo) fueron las principales causas de este cambio. Aparecieron nuevas demandas, como por ejemplo la exigencia de limitar la contaminación medioambiental, fomentar la igualdad de oportunidades y salarial para las mujeres y las minorías, y la exigencia de indemnizaciones por daños causados por productos en mal estado o por accidentes laborales. Al mismo tiempo el gasto en materia social de los gobiernos seguía creciendo, así como la mayor intervención de éstos en la economía.

Es necesario enmarcar esta situación en la perspectiva histórica del capitalismo, destacando su enorme versatilidad y flexibilidad. Los acontecimientos ocurridos en este siglo, sobre todo desde la Gran Depresión, muestran que el capitalismo de economía mixta o del Estado del bienestar ha logrado afianzarse en la economía, consiguiendo evitar que las grandes recesiones económicas puedan prolongarse y crear una crisis tan grave como la de la década de 1930. Esto ya es un gran logro y se ha podido alcanzar sin limitar las libertades personales ni las libertades políticas que caracterizan a una democracia.

La inflación de la década de 1970 se redujo a principios de la década de 1980, gracias a dos hechos importantes. En primer lugar, las políticas monetarias y fiscales restrictivas de 1981-1982 provocaron una fuerte recesión en Estados Unidos, Europa Occidental y el Sureste Asiático.

El desempleo aumentó, pero la inflación se redujo. En segundo lugar, los precios de la energía cayeron al reducirse el consumo mundial de petróleo. Mediada la década, casi todos las economías occidentales se habían recuperado de la recesión. La reacción ante el keynesianismo se tradujo en un giro hacia políticas monetaristas con privatizaciones y otras medidas tendentes a reducir el tamaño del sector público.

Las crisis bursátiles de 1987 marcaron el principio de un periodo de inestabilidad financiera. El crecimiento económico se ralentizó y muchos países en los que la deuda pública, la de las empresas y la de los individuos habían alcanzado niveles sin precedente, entraron en una profunda crisis con grandes tasas de desempleo a principios de la década de 1990.

La recuperación empezó a mitad de esta década, aunque los niveles de desempleo siguen siendo elevados, pero se mantiene una política de cautela a la vista de los excesos de la década anterior.

El principal objetivo de los países capitalistas consiste en garantizar un alto nivel de empleo al tiempo que se pretende mantener la estabilidad de los precios. Es, sin duda, un objetivo muy ambicioso pero, a la vista de la flexibilidad del sistema capitalista, no sólo resulta razonable sino, también, asequible. 

El Liberalismo

Doctrinario económico, político y hasta filosófico que aboga como premisa principal por el desarrollo de la libertad personal individual y, a partir de ésta, por el progreso de la sociedad. Hoy en día se considera que el objetivo político del neoliberalismo es la democracia, pero en el pasado muchos liberales consideraban este sistema de gobierno como algo poco saludable por alentar la participación de las masas en la vida política.

A pesar de ello, el liberalismo acabó por confundirse con los movimientos que pretendían transformar el orden social existente mediante la profundización de la democracia. Debe distinguirse pues entre el liberalismo que propugna el cambio social de forma gradual y flexible, y el radicalismo, que considera el cambio social como algo fundamental que debe realizarse a través de distintos principios de autoridad.

El desarrollo del liberalismo en un país concreto, desde una perspectiva general, se halla condicionado por el tipo de gobierno con que cuente ese país. Por ejemplo, en los países en que los estamentos políticos y religiosos están disociados, el liberalismo implica, en síntesis, cambios políticos y económicos.

En los países confesionales o en los que la Iglesia goza de gran influencia sobre el Estado, el liberalismo ha estado históricamente unido al anticlericalismo. En política interior, los liberales se oponen a las restricciones que impiden a los individuos ascender socialmente, a las limitaciones a la libertad de expresión o de opinión que establece la censura y a la autoridad del Estado ejercida con arbitrariedad e impunidad sobre el individuo.

En política internacional los liberales se oponen al predominio de intereses militares en los asuntos exteriores, así como a la explotación colonial de los pueblos indígenas, por lo que han intentado implantar una política cosmopolita de cooperación internacional.

En cuanto a la economía, los liberales han luchado contra los monopolios y las políticas de Estado que han intentado someter la economía a su control. Respecto a la religión, el liberalismo se ha opuesto tradicionalmente a la interferencia de la Iglesia en los asuntos públicos y a los intentos de grupos religiosos para influir sobre la opinión pública.

A veces se hace una distinción entre el llamado liberalismo negativo y el liberalismo positivo. Entre los siglos XVII y XIX, los liberales lucharon en primera línea contra la opresión, la injusticia y los abusos de poder, al tiempo que defendían la necesidad de que las personas ejercieran su libertad de forma práctica, concreta y material.

Hacia mediados del siglo XIX, muchos liberales desarrollaron un programa más pragmático que abogaba por una actividad constructiva del Estado en el campo social, manteniendo la defensa de los intereses individuales. Los seguidores actuales del liberalismo más antiguo rechazan este cambio de actitud y acusan al liberalismo pragmático de autoritarismo camuflado.

Los defensores de este tipo de liberalismo argumentan que la Iglesia y el Estado no son los únicos obstáculos en el camino hacia la libertad, y que la pobreza también puede limitar las opciones en la vida de una persona, por lo que aquélla debe ser controlada por la autoridad real.

Surgimiento del Primer Capitalismo en la Edad Media