Conferencia de Bandubg

El tercer mundo en América Latina Arzobispo Romero Farabundo Martí

El Tercer Mundo en América Latina
Arzobispo Romero – Farabundo Martí

En la década de 1980, uno de los acontecimientos que más destacaron en la mayoría de los países latinoamericanos fue el estallido de una profunda. crisis económica, que se reflejó en el incremento de la deuda externa, lo cual la dejó fuera de control.

El modelo que otorgaba un papel central al Estado fue de gran influencia para las transformaciones políticas y económicas de las décadas anteriores. En el orden político, la existencia de un estado fuerte y con cierta autonomía formalizaba la representación de intereses a través de secres que se adherían a grupos institucionalizados, que se acercaban más a una participación real e a la simple representación.

En el orden económico, se crearon mecanismos de regulación, nacionalizaciones o inversiones directas en empresas estatales, aun cuando la inserción a una economía internacional se basara fundamentalmente en productos primarios poco elaborados, a la vez e se dependía de la tecnología extranjera. Sin embargo, los gobiernos tenían poco interés, o baja capacidad en la política fiscal, para lograr una extracción de recursos que apoyara sus proyectos económicos.

Esta debilidad política motivó el incremento de la deuda externa, lo cual obligó a los gobiernos, por un lado, a canalizar cada vez más recursos al pago de los compromisos con los organismos financieros internacionales y, por otro, a no poder aumentar el gasto social con la consecuente caída del nivel de vida de la mayoría de la población.

Algunos indicadores, como los que menciona Norman Hicks en la publicación del Sistema económico Latinoamericano (SELA), Desarrollo social y programa de ajuste, revelan que al finalizar la década de 1980, la llamada “década perdida”, América Latina pagó por el servicio de su deuda más del 4 por ciento del producto interno bruto, cuando entre 1985 y 1989 el crecimiento de de 1.5 por ciento. Para 1992, por concepto de intereses y utilidades pagó aproximadamente 30 mil millones de dólares, al tiempo que su deuda ascendía a 450 mil 875 millones de dólares ese mismo año.

En 1995, Salvador Arriola, secretario permanente del SELA, señaló que la deuda externa latinoamericana superaba los 530 mil millones de dólares (cifra que duplica los niveles de 1982, ruando estalló la crisis deudora), provocando una transferencia neta de recursos al exterior mayor los 35 mil millones de dólares. La salida de capital aumentó los índices de pobreza.

El Banco Mundial declaraba: “A principios de 1993, el 20 por ciento más pobre de la población de América Latina recibía apenas 4 por ciento del total del producto interno bruto (PIB), y el porcentaje de personas que vivía en situación de pobreza aumentó de 27 por ciento a 32 por ciento kl total de la población, en el periodo 1980-1989”.

A ello se agregaba la caída de los salarios mínimos y medios en la mayoría de las naciones latinoamericanas, que se encontraba entre 50 y 70 por ciento para los casos de México, Perú, Brasil, Venezuela en el periodo 1980-1990.

La dificultad de soportar la deuda externa, aunada a diversos factores domésticos, como la pérdida de eficacia y de legitimidad, desembocaron en la caída de los regímenes autoritarios. Los excesos de los cuerpos represivos generaron una revaloración de la democracia, como un concepto distintivo y antagónico de la experiencia política anterior.

Sin embargo, en la práctica política, debido al interés por reinstaurar el sistema democrático en los países de América Latina, se planteó el problema adicional de distinguir entre lo que se suponía un mero cambio de régimen político y a efectiva democratización de las instituciones estatales, de los procedimientos competitivos y de DS mecanismos participativos.

La crisis política y económica afectó a los gobiernos latinoamericanos, pues las contradicciones alcanzaron tal nivel que ya no se pudo gobernar. El consumo de las clases medias y las políticas de bienestar social no sólo se frenaron, sino que se abatieron. Además, los capitales mediano y pequeño, el público y el social no sólo fueron integrados o privatizados, sino que se les obligó a contribuir a la concentración especulativa del gran capital. Países y pueblos enteros realizaron grandes diferencias de excedentes, que cubrían los déficits fiscales y armamentistas de las metrópolis, e incrementaron las tasas de acumulación de los grandes negocios.

Como la reacción popular a esta política no sólo se limitaba a los grupos más explotados, sino que incluía a los sectores medios y los obreros organizados, la pérdida de los mediadores, la radicalización y la agresividad crecientes, ligados a la desesperación de los habitantes marginados urbanos, de los campesinos pobres, e las minorías indígenas, de los estudiantes e intelectuales, representaban una amenaza revolucionaria que los gobernantes de nuevo estilo enfrentaron mediante una preparación ideológica y militar rigurosamente programada.

Estados Unidos generó mecanismos de control que posibilitaron una continuidad de su hegemonía, tal como la “guerra de baja intensidad” (GBI), diseñada para satisfacer a la opinión pública estadounidense y que se aplicó en forma sistemática en América Central. Era una guerra no declarada y sin riesgos para los jóvenes norteamericanos, aunque sí para las poblaciones nativas que sufrieron los ataques.

Se procuraba que no hubiera enfrentamientos directos prolongados de las fuerzas regulares estadounidenses, y que los conflictos de larga duración estuvieran a cargo de los nativos. Las fuerzas regulares de Estados Unidos sólo intervendrían y actuarían cuando fuera oportuno, en forma rápida —con radares, aviones, naves— y siempre que las tropas domésticas hubieran sentado las bases del triunfo.

Al terminar la década de 1980 las transformaciones operadas en el contexto internacional (el derrumbe del bloque socialista y la desintegración de la Unión Soviética) trajeron una nueva estrategia diplomática hacia América Latina: el 27 de junio de 1990 el presidente estadounidense George Bush lanzó la “Iniciativa de las Américas”, con la participación de muchos países latinoamericanos. Con ella se determinaba el final de la etapa militarista y el inicio de una nueva fase democrática, de respeto a los derechos humanos y de lucha contra la corrupción en todas las naciones del continente americano. Pese a las buenas intenciones, la realidad latinoamericana empezaría a chocar con tal iniciativa.

La guerra de baja intensidad:
La lucha del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional en El Salvador

Como Nicaragua, El Salvador mantuvo una trayectoria histórico-política de lucha nacional y de resistencia antiimperialista. Tal carácter lo representó Farabundo Martí (foto), fundador del Partido Comunista en 1925, quien luchó junto a Augusto Sandino en su resistencia contra la presencia norteamericana en Nicaragua y posteriormente en su país, donde fue encarcelado y fusilado.

Entre 1932 Y 1944 el general Maximiliano Hernández Martínez mantuvo una férrea dictadura. El 90 por ciento de la riqueza estaba en manos del solo 5 por ciento de la población; no había expectativas de democracia. Durante las décadas de 1960 y 1970 los monopolios se incrementaron.

Se producía casi exclusivamente para el exterior y se agudizaba la explotación obrera. Los movimientos populares se organizaron contra la explotación masiva, la dependencia económica y el mal uso de los recursos naturales nacionalizados.

Las tensiones sociales se acumulaban por el aumento del desempleo y el hambre, la escasa atención médica y la casi inexistente educación. Los cambios debían ser políticos y sociales para destruir al régimen opresivo.

El engaño en los procesos electorales generó manifestaciones estudiantiles que fueron disueltas con las armas. Campesinos y obreros eran desaparecidos, en tanto que se torturaba y asesinaba para buscar la “pacificación”. Las huelgas populares se multiplicaban. La Universidad era ocupada por el ejército y se cerraba. La situación en el campo empeoraba. Se perseguía a la Iglesia progresista.

Entonces empezaron a surgir diferentes movimientos y fuerzas revolucionarias. La lucha guerrillera se hizo presente a través del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

El 28 de febrero de 1979 el pueblo se concentró en la Plaza de la Libertad para protestar por las elecciones fraudulentas. El gobierno respondió con una masacre. Se prohibieron los actos organizados a la vez que crecía la represión. En octubre se llevó a cabo un golpe contra Carlos Humberto Romero, quien ocupaba la presidencia desde 1977. Se reanudaron las luchas por el poder entre el Estado y los revolucionarios. Los ataques militares contra los salvadoreños eran cada vez más brutales.

La Universidad fue allanada nuevamente con tanques, morteros y cañones; quemaron la biblioteca y, con ella, documentos valiosos. Diversos organismos internacionales condenaron la violación de los derechos humanos en El Salvador, en tanto que la Iglesia, encabezada por el arzobispo Óscar Arnulfo Romero, se comprometía abiertamente con el pueblo y con los inminentes cambios sociales. Por su parte, Estados Unidos apoyaba militar, política y económicamente al régimen.

El arzobispo Romero (foto) trató de levantar el ánimo y de suavizar el proceso político, oponiéndose a la violencia, a la intromisión norteamericana y a la barbarie del ejército; en un proceso de adaptación a las nuevas circunstancias históricas, la Iglesia se sentía amenazada por la oligarquía, el imperialismo y el descrédito de las masas populares. Romero estaba de acuerdo con la organización popular, porque la consideraba como la base para la dignidad humana.

Se daba cuenta de la inutilidad de diálogo con el gobierno. Alertaba a los salvadoreños de un presupuesto de 20 millones de dólares, provenientes de Estados Unidos, para entrenar terroristas en tortura y guerra psicológica, para la construcción de pistas secretas y para sostener a las fuerzas armadas; además sabía de la existencia de una lista negra de 24 mil personas que el gobierno deseaba eliminar, tanto en territorio salvadoreña como en el exterior.

Romero pedía el cese de la represión y fue asesinado el 24 de marzo de 1980, al oficiar una misa en la capilla del hospital de la Divina Providencia. El 30 de marzo, durante su sepelio, se reunió una inmensa multitud que reafirmó su decisión de luchar contra el gobierno. Los francotiradores actuaron; la multitud pretendía refugiarse en la catedral; luego, los cadáveres y heridos se amontonaban.

El pueblo aprendió la estrategia revolucionaria y siguió su lucha a pesar de la represión militar; de sus errores y aciertos aprendió el arte de la insurrección.

En la década de 1980 el FMLN tomó fuerza. El gobierno trató de establecer el diálogo y las negociaciones mientras la represión continuaba. En noviembre de 1987, la guerrilla desencadenó una fuerte ofensiva sobra la capital salvadoreña y los principales departamentos del país, que hizo tambalear el poder de las fuerzas armadas y del gobierno de Alfredo Cristiani.

En 1990 se reanudó el diálogo de paz con temas negociación como el futuro de las fuerzas armadas, los derechos humanos, los sistemas judicial y electoral, las reformas a la constitución, los problemas económicos y sociales, que fueron verificados por la ONU.

En enero de 1992, en el alcázar del Castillo de Chapultepec en la ciudad de México, se firmaron los acuerdos de paz, abriéndose así el proceso de reconciliación sobre la base de una nueva relación basada en la dignidad, la cooperación y la vida más conveniente para el pueblo salvadoreño.

El Neocolonialismo y el Tercer Mundo

Tercer Mundo Asia (Medio Oriente) y el tercer mundo Países Pobres

Tercer Mundo Asia (Medio Oriente) – Los Países Pobres

Medio Oriente: La lucha de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP): Pese al tratado de paz entre Israel y Egipto firmado en 1977, la tensión continuó en la zona. Los palestinos no participaron dentro de las negociaciones y, por lo tanto, la lucha por la recuperación de su territorio seguía en pie. Al inicio de la década de 1980, los palestinos, con nacionalidad pero sin territorio, eran refugiados en Jordania, Siria y Líbano, desde donde constantemente atacaban los territorios bajo dominio israelí, creando problemas entre esas naciones e Israel.

Ejemplo claro de ello fue la invasión israelí a Líbano el 5 de junio de 1982, realizada para desmantelar las bases palestinas que se concentraban en dicho territorio, además de que la dirigencia de la OLP se movía en Beirut, capital libanesa. Estados Unidos apoyaba a Israel para mantener la hegemonía estratégica en la zona. Sin embargo, finalmente Israel se vio forzado a salir de Líbano en 1985.

La OLP se consolidaba a nivel internacional gracias a la fuerza que irradiaba su resistencia. En 1987 comenzó la “intimada” levantamiento diario de oposición, que los grupos de palestinos organizaron en los territorios ocupados por Israel.

La lucha continuó hasta el 13 de septiembre de 1993, cuando Yasser Arafat (foto) , líder de la OLP, y Yitzhak Rabin, primer ministro israelí, firmaron el acuerdo con el cual se concedía la autonomía a Gaza y Jericó, así como la autodeterminación de los palestinos en los territorios ocupados por israelitas desde 1967.

Dos años más tarde se sentaron las bases para crear un Estado palestino; sin embargo, ello no fue posible, pues comunidades israelíes y árabes mostraban descontento por dicho acuerdo. Se acusaba a Rabin de terminar con el ideal del gran Estado de Israel, y a Arafat, de ser un traidor a la resistencia palestina. En los primeros años del siglo XXI la situación empeoró y aún no se vislumbra la paz en esa conflictiva zona.

El conflicto Irán-Irak

En la década de 1970 Irán, al igual que Israel, era salvaguarda de la hegemonía estadounidense en Medio Oriente y, más concretamente, en la zona petrolera. Durante él gobierno de Muhammad Reza Pahlevi (foto) se nacionalizó gran parte del petróleo, sector clave de la economía, con la finalidad de estimular el desarrollo industrial siderúrgico, textil y nuclear, a la vez que se fortalecía sin medida el aparato estatal. Los intentos por consolidar una burguesía agraria e industrial prooccidental generaron corrupción y desigualdad social. Éstos, junto con otros factores, provocaron una insurrección generalizada de los iraníes el 28 de septiembre de 1978, con manifestaciones y huelgas, alentadas por el líder religioso chiíta Ruhollah Jomeini.

Se protestaba por el fracaso de los modelos occidentales de modernización, pero, sobre todo, por la pérdida de identidad cultural y la confusión moral que aquél había causado. Se buscaba volver a los principios establecidos por el Islam, a través del Corán, para guiar el desarrollo de la nación.

La fuerza del movimiento insurrecto orilló a Reza Pahlevi a abandonar el país en enero de 1979, fecha en la que se promulgó la nueva República Islámica de Irán, cuyo dirigente sería el ayatolá Jomeini. El equilibrio geopolítico económico de la zona estaba en peligro. La revolución iraní y los acuerdos de Campo David (Estados Unidos); que aislaron a Egipto del mundo árabe, fueron los motivos para que Irak, bajo el mando de Saddam Hussein (foto abajo) , tratase de unificarse con Siria para retomar el liderazgo en la región.  Entonces, se revivieron las disputas limítrofes entre Irán e Irak. Con los acuerdos de Argel, firmados en 1975, Bagdad perdía parte de su salida al golfo, a cambio de interrumpir la ayuda iraní a la rebelión kurda, la cual pretendía alcanzar el reconocimiento de su territorio dividido entre Turquía, Irak, Irán y Siria. El momento para recuperarla parecía ser 1979.

La guerra que inició Irak contra Irán en 1980, con la finalidad antes mencionada, aparentemente buscaba acabar con la revolución iraní, pretextando lo peligroso que era el mensaje fundamentalista para los gobiernos de la zona.

Arabia Saudita, Kuwait y otros países petroleros temían la expansión del mensaje chiíta, que sólo reconocía como gobernantes legítimos a los descendientes de Alí (yerno de Mahoma), y la posible ola de levantamientos populares, por lo que apoyaron la caída del régimen de Jomeini, hasta el grado de financiar a Irak para el logro de ese objetivo. No les importaba correr el riesgo de que Hussein se consolidara como el nuevo líder regional.

En 1980, el ejército iraquí penetró en territorio iraní sin éxito, ya que tuvo que replegarse y continuar la guerra desde su propio suelo.

En 1984 el conflicto no parecía inclinarse favorablemente para ningún lado, sólo se vivía un profundo desgaste en ambos contendientes. Los intereses petroleros en el Golfo Pérsico hicieron temer la extensión del conflicto a otras naciones, por lo que se buscó un cese al fuego que se firmó en 1988.

El Neocolonialismo y el Tercer Mundo

Tercer Mundo en África:Crisis Economica y Racismo en Sudafrica

Tercer Mundo en África:Crisis Economica y Racismo en Sudafrica

INTRODUCCIÓN: La crisis financiera mundial de 1973 generó la deuda externa de los países menos desarrollados.

Al convertirse la deuda en el principal problema del Tercer Mundo, se agravaron los otros problemas que repercutían en el desenvolvimiento de las naciones de ese conglomerado.

Al terminar 1987, la deuda externa superaba el billón de dólares. México, Brasil, Venezuela, Argentina, Corea del Sur, Filipinas, Indonesia, Nigeria, Chile y Yugoslavia encabezaban, en ese orden, la lista de las naciones más endeudadas.

La explicación al grave problema se encuentra, por una parte, en la actitud de los mismos deudores, cuyos gobiernos, sin ningún interés por contribuir a un verdadero desarrollo, se conformaron con destinar el apoyo financiero a programas irracionales e inflacionistas.

En América Latina era particularmente preocupante la situación. La moratoria a la que buscaron llegar los países deudores provocó que se cortaran créditos que estaban en proceso de negociación.

Se acentuaron las medidas para renegociar las deudas de las naciones con situaciones más problemáticas, aunque la imposibilidad real de que se pagara la deuda forzaba a los acreedores a “conformarse” con recibir, al menos, el pago de intereses.

No obstante, en los últimos años de la década de 1980 se continuaba una política encaminada a renegociar nuevos plazos, consolidaciones y reconversiones, brindando considerables facilidades a los deudores, para evitar situaciones de quiebra absoluta.

Un ejemplo importantísimo ocurrió en la decimocuarta cumbre de los “Siete Grandes” celebrada en Toronto, en junio de 1988, cuando se perdonó la deuda de las naciones africanas, la cual era superior a los 5 mil millones de dólares.

Sudáfrica

Ha sido uno de los países donde la colonización y el racismo llegaron a su máximo nivel.

Los graves problemas de segregación racial se superaron a partir de la década de 1990.

Localizado en el sur de África y con una gran riqueza de recursos minerales y abundante mano de obra barata, grandes capitales provenientes de Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Israel, Canadá y Alemania se dirigieron hacia el Estado sudafricano, monopolizando las actividades principales: agricultura, ganadería y, sobre todo, minería (extracción de oro, diamantes, petróleo, cobre, cromo), protegidos por su ventaja militar.

Durante muchas décadas, blancos y negros (bantúes) coexistieron en condiciones de desigualdad. El apartheid, palabra afrikaner que significa “separación”, fue la piedra angular de la estructura económica y social.

Ese nombre fue dado por el gobierno de la República Sudafricana a su sistema de segregación racial a partir de 1948, cuando se estableció como política oficial del Estado.

Así, una minoría blanca (menos del 5 por ciento de la población) legislaba sobre la forma de vida de la inmensa población de color y de origen asiático, cuyo trato era prácticamente esclavista. Todos los aspectos de la vida de los negros estaban reglamentados.

Se separan las razas en las escuelas, se establecen ghetos y zonas habitacionales especiales; se legisla en los empleos y se suprime la representación parlamentaria. Se establecen leyes especiales sobre el matrimonio y el registro de la población.

Se les segrega en los transportes; no pueden entrar a casas de los blancos sin autorización; no tienen representaciones obreras y están excluidos de asociaciones culturales.

No pueden adquirir propiedades y tienen horarios especiales para el uso de bibliotecas, zoológicos, galerías de arte, museos y jardines públicos; en las zonas rurales mueren 228 niños por cada mil, un índice de mortalidad de los más altos del mundo. Por el más insignificante motivo se les arresta, detiene indefinidamente y mantiene incomunicados, o se les deporta o destierra a zonas lejanas.

Prácticamente los negros no tenían ningún derecho: el parlamento sudafricano estaba compuesto únicamente por blancos. No tenían derecho a voto y existía una terrible censura.

Incluso los opositores blancos al apartheid también eran perseguidos y encarcelados.

La ley de “delitos criminales” castigaba por protestar contra las normas del apartheid con multas, cárcel o azotes.

Cuando se impuso un nuevo sistema de control sobre la población a través de “pases” (libretas de referencias personal), que debían portarse obligatoriamente a partir de los 16 años de edad, el Congreso Panafricanista exigió su abolición y se dio un movimiento social que fue severamente reprimido abriendo fuego contra la población y encarcelando a los líderes.

Sudáfrica es la zona más industrializada del continente africano. El ingreso per cápita de los blancos era uno de los más altos del mundo; y el de los africanos negros, de los más bajos. La educación para los blancos era gratuita y obligatoria, aunque para los negros no.

Aprendían inglés y afrikaans (lengua neerlandesa hablada en África del Sur) para recibir órdenes. Sin embargo, la introducción del afrikaans generó una gran protesta entre la población, especialmente en Soweto, donde en 1976 los escolares negros protestaron y fueron violentamente reprimidos.

Durante muchos años, varios grupos sudafricanos buscaron ayuda en organizaciones internacionales para cambiar la situación.

Su lucha no fue en vano y, finalmente, en junio de 1991, la política separatista del apartheid, símbolo mundial de la opresión racial, llegó a su fin. Después de sostener un sistema racista con base en un sinfín de matanzas de gente de color y constantes violaciones a los derechos humanos, el parlamento sudafricano derogó todas las leyes segregacionistas.

Luego de 26 años de prisión por oponerse a la opresión racial, el máximo líder sudafricano Nelson Mandela (foto)  salió en libertad. Desde entonces viajó a diversos países de Europa y América para ayudar a consolidar la democracia igualitaria en Sudáfrica.

Logró su objetivo: en 1994 se convocaron elecciones. Ejerciendo su derecho al voto, los sudafricanos eligieron a Nelson Mandela como su presidente. (ver Mandela presidente)

El Neocolonialismo y el Tercer Mundo

El Tercer Mundo ¿Por qué algunos países pertenecen al Tercer Mundo?

El Tercer Mundo, Indicadores,Factores y Características

A QUÉ LLAMAMOS TERCER MUNDO: La mayoría de los pueblos descolonizados se han visto enfrentados a graves problemas de hambre, analfabetismo, carencia de industria; pero estos problemas agobian también a naciones cuya independencia política no es reciente. Para el conjunto de países que no han realizado la Revolución Industrial se han buscado denominaciones diversas; primero se habló vagamente de “pueblos subalimentados” —la palabra hambre se rehuyó durante mucho tiempo en la literatura política y sociológica hasta que rompieron el tabú las publicaciones de Josué de Castro—, más tarde de naciones subdesarrolladas” y “en vías de desarrollo”.

El demógrafo Sauvy acuñó la denominación Tercer Mundo porque veía en estos pueblos la prolongación del Tercer Estado de la Revolución Francesa, similitud bastante forzada, ya que en el Tercer Estado se integraban también burgueses adinerados. Esta expresión terminó por aceptarse.

El drama del subdesarrollo afecta a los dos tercios de la población mundial; en pertenecer a uno u otro sector radican las más profundas diferencias entre las naciones. En 1958 Nehru expresó: “la verdadera división del mundo contemporáneo no se encuentra entre países comunistas y países no comunistas, sino entre países industrializados y países subequipados”. Algunos especialistas han ido desvelando la situación angustiosa en que viven la mayor parte de la población en una época legítimamente orgullosa de sus conquistas científicas y tecnológicas.

Debemos apuntar que bajo una misma denominación se ha incluido a naciones de niveles de riqueza muy dispares. Países paupérrimos, como Bangla Desh o Mauritania, no deberían ir en el mismo grupo que otros, productores de petróleo que presentan algunos de los rasgos definitorios del Tercer Mundo pero unas posibilidades de desarrollo utópicas para los carentes de esta fuente de ingresos.

Los países del Tercer Mundo se basan en el monocultivo, pero un producto agrícola puede bajar de precio, iniciando una espiral ruinosa. Los productores de petróleo presentan igualmente un solo producto pero su artículo les garantiza grandes posibilidades, aunque se trate de un bien no renovable, explotable durante un ciclo que esos países no parecen estar aprovechando para industrializarse.

Actualmente se suele hablar de cuatro mundos, aunque en la realidad se trata sólo de unidades nominales, para nada homogéneas. El PRIMER MUNDO, formado por el Occidente y las democracias asimilables a este modelo, ha guiado hasta ahora, bien o mal, a todo el sistema mundial, pero actualmente ya no está en grado de gobernarlo ni de modificarlo por sí solo: o se asocia con los otros o será sumergido bajo el peso de masas gigantescas y de problemas apabullantes. El SEGUNDO MUNDO, constituido por las naciones industrializadas de régimen socialista, ha realizado una tentativa más o menos lograda de reestructurarse y podrá continuar en este camino, pero en cambio no podrá aislarse: o se asocia también a los otros mundos o entrará en un proceso de involución. El TERCER MUNDO está constituido por países eufemísticamente llamados «en vías de desarrollo». Y el CUARTO MUNDO está integrado por los países más pobres y desesperados. Aquí viven tres cuartos de la humanidad que si bien no pueden aspirar por el momento a guiar todo el sistema, tienen en cambio el poder de arrastrarlo hacia situaciones sin solución: o se ponen de acuerdo con los otros mundos o serán los primeros en sucumbir. Por Aurelio Peccei

También para otros autores el Cuarto Mundo. son países en desarrollo, ricos, aunque su opulencia no será eterna. Para ellos se ha intentado la denominación de Cuarto Mundo, pero es un rótulo equívoco, porque podría pensarse que comprende a los que se encuentran en peor situación, y de hecho se ha empleado a veces para señalar niveles extremos de pobreza nacional o para referirse a los emigrados de países pobres que viven en la marginación de ciudades del Primer Mundo.

INDICADORES DEL SUBDESARROLLO

Dejando a un lado la ambigüedad del término, veamos cuáles son los indicadores que caracterizan a los países subdesarrollados, o en vías de desarrollo, como se ha preferido decir empleando una expresión más esperanzadora.

a) Baja renta por habitante. De la ínfima producción de estos países correspondería a cada habitante, en un teórico reparto igualitario, una cantidad mínima de bienes. Se dice que en el diálogo Norte-Sur las diferencias entre ricos y pobres se hacen cada vez mayores. ¿Es sólo un dicho o responde a un fenómeno real?

En 1980 en el primer puesto de la tabla de los países figuraba Emiratos Arabes Unidos con 30.000 dólares de renta per cápita, y Bhután en el último con 80 dólares. En 1997 Luxemburgo figuraba como país más rico con 37.000 dólares y Mauritania como uno de los más pobres. Estas cifras nos permiten llegar a tres conclusiones: las diferencias entre países ricos y pobres son abismales; esas diferencias no dejan de aumentar; algunos países pobres, como Mauritania entre otros, han visto empeorar gravemente su situación en los últimos años.

b) Subalimentación. Ingestión alimentaria inferior a las 2.000 calorías diarias y ausencia de proteínas y otros nutrientes en la dieta, lo que provoca problemas para el crecimiento de los niños. Intermitentemente, al compás de los vaivenes meteorológicos, hambrunas que diezman la población.

c) Alto crecimiento demográfico. Provocado por la elevada natalidad, superior al 2% anual.

d) Escasa densidad de las infraestructuras. Inexistencia de una red de transportes moderna, de organización estadística, etc.

e) Predominio del sector agrícola. Sin mecanización ni modernización de los sistemas de cultivos. Consecuencias: dependencia de las condiciones naturales; elevado empleo de mano de obra, que alcanza hasta el 50% de la población activa; trabajo precoz de los niños en labores agrarias, con perjuicio de su educación.

f)Industrialización mínima. Habitualmente de tipo extractivo (minas) o que exige empleo abundante de mano de obra. Dependencia del exterior, en cuanto a la tecnología y la comercialización de los productos.

g)Altas tasas de analfabetismo. Lacra prácticamente extinguida en los países occidentales, en algunos países del Tercer Mundo aún persisten índices que impiden cualquier programa de desarrollo. En Asia el 73% de Nepal y el 62% de Bangla Desh y Pakistán; en Africa el 86% de Níger, 69% de Sierra Leona, representan algunos de los casos más graves. En Mauritania el 62% de analfabetos ha podido ser uno de los factores en el empobrecimiento que hemos apuntado.

h)Carencia de cuadros dirigentes. En la Administración y de técnicos en la producción.

FACTORES DEL SUBDESARROLLO CAUSAS DEL ATRASO

Hemos visto que algunos países iniciaron su industrialización en fecha tardía, Japón y Rusia constituyen dos ejemplos a este respecto; sin embargo, los países atrasados se encuentran en la actualidad con obstáculos casi insalvables no sólo para cubrir el foso que les separa de los más adelantados, sino incluso para iniciar un proceso auténtico de industrialización.

Analizaremos luego las razones de esta dificultad. Pero nos interesa en este momento discenir las del retraso. La más evidente sería la historia colonial; es una explicación fácil, las metrópolis mantuvieron a sus colonias en una situación de atraso para poder aprovechar sus riquezas, en concreto para extraer sus materias primas.

Sin negar que esta situación se dio, es un factor insuficiente y, en todo caso, dejaría sin explicar el atraso de las naciones que son independientes desde el siglo XIX o antes. Bairoch ha aportado otras explicaciones. Según este autor las naciones que llegaron al año 1900 sin haber iniciado su industrialización se encontraron con una complejidad técnica que imposibilitó su pronta asimilación; de ser determinante este factor habría que concluir que Japón con el Meiji (1868) y Rusia con la emancipación de los siervos (1861) “acordaron a tiempo” su programa industrial, treinta años más de dilación les hubiera rezagado inevitablemente.

La distancia sería otro factor; la Revolución Industrial se transmitió a paises cercanos a Inglaterra, los del continente europeo, y a Estados Unidos, a través de un océano que se atravesaba con facilidad; a mayor distancia la recepción masiva y continua de avances técnicos resultaba una utopía, pero Japón o es una excepción o una refutación de este argumento. También señala Bairoch diferencias de clima; los avances técnicos de la Revolución Industrial son aplicables a la zona templada, pero no a la tropical y ecuatorial.

Finalmente, es más difícil industrializar naciones de densidad de población muy alta en relación con la densidad de las naciones europeas a principios del siglo XX. Las teorías de Bairoch han sido discutidas en sus pormenores, pero en conjunto no hay duda de que el retraso en el inicio de la industrialización complicó la posibilidad de las primeras fases de despegue y contribuyó a aumentar de forma notoria las diferencias de nivel entre los países industrializados y los no industrializados.

LOS OBSTÁCULOS PARA EL DESARROLLO:

Algunos de los problemas parecen agravarse cada año. ¿Cuáles son los obstáculos para que estos países de la constelación de la pobreza no puedan iniciar su despegue? Siguiendo a Bairoch vamos a señalar cuatro tipos diferentes:

a) El obstáculo demográfico. La tasa de aumento de la población, entre un 2,6-2,7% supone, de mantenerse, la multiplicación por 13 de los efectivos humanos en un siglo; este ritmo constituye un hecho enteramente nuevo y absorbe buena parte de las inversiones. Las economías que iniciaron su desarrollo a lo largo del siglo XIX podían crecer con una acumulación de capital del orden del 5 al 7%, pero los países subdesarrollados actuales necesitan una acumulación de capital del orden del 12% sólo para que no disminuya el nivel de vida de una población más numerosa.

Además, este aumento se produce en la población agrícola, a diferencia de Europa, que redujo el sector campesino durante la Revolución Industrial. Finalmente, la alta natalidad provoca un aumento desorbitado, proporcionalmente, de la población en edad escolar, lo que supone otras necesidades de inversión que se adicionan a las de alimentación, etc.

b) El obstáculo técnico. En los orígenes de la Revolución Industrial la simplicidad de la técnica permitía su asimilación casi inmediata; en contraste, la complejidad de la técnica actual supone unos niveles de preparación para su aprendizaje que están muy lejos de las posibilidades de los países del Tercer Mundo. Además, los bienes de equipo exigen la instalación de grandes unidades de producción, segundo factor que contribuye a que los países subdesarrollados dependan del exterior para la adquisición de su maquinaria. Consecuencia de esta dificultad de acceso a la tecnología y a las instalaciones costosas es que los pueblos atrasados en vez de alcanzar niveles de industrialización moderna están derivando hacia formas de artesanado artístico.

c) El bajo coste de los transportes. En conjunto los precios de coste del transporte han descendido en una proporción de 20 a 1, lo cual ha suprimido la barrera protectora de la distancia. Esta posibilidad de trasladar con costes bajos artículos entre los continentes constituye una tragedia para las naciones rezagadas en su industrialización.

En el campo de la agricultura importan el equipo agrícola en vez de fabricarlo, destinan parte de sus tierras a cultivos de plantación para la exportación y faltan tierras para la subsistencia, se mantienen bajos los salarios y no se produce una demanda interior. Por otra parte es posible la existencia de minería sin la creación de industrias de transformación; es decir, un país atrasado, en la actualidad, puede tener grandes riquezas mineras y extraerlas a base de comprar la maquinaria a un país industrial y venderle el minera sin trasformar; se trata de industrias extractivas- en comparación con lo que significó el carbón para Inglaterra señala inmediatamente las diferencias; Inglaterra no vendió el carbón ni compró la maquinaria al iniciar su Revolución Industrial, sino que suscitó con su riqueza minera una industria siderúrgica propia.

CARACTERÍSTICAS

Todos ellos sufren diverso grado de dependencia económica que se traduce en un cierto menoscabo de su soberanía:

• Predominio de empresas multinacionales en la explotación y en el comercio de sus recursos naturales, muchas veces en contravención a las normas legales.

• Satisfacción preferencial de las necesidades del país metrópoli sobre los intereses del país dominado, con referencia a la explotación y comercialización de sus productos.

• Progresivo deterioro de los términos de intercambio: el constante aumento de precio de los productos industriales, y la reducción del valor de las materias primas, da como resultado el endeudamiento crónico del país dominado.

• Sojuzgamiento financiero, mediante préstamos otorgados por instituciones internacionales a los países poco desarrollados, muchas veces para solventar gastos innecesarios, generando deudas externas imposibles de pagar.

En la actualidad, las voces más autorizadas del mundo proclaman la necesidad de implantar un nuevo orden económico internacional, con nuevas normas basadas en la equidad y que permitan a los países no desarrollados, merced a su propio esfuerzo y a la valorización de sus recursos, alcanzar su liberación de todo tipo de sometimiento.

PARA SABER MAS…
La ONU y el Tercer Mundo

A mediados de los años sesenta se estaban produciendo cambios sutiles pero fundamentales en la organización mundial, reflejo de los cambios operados en el mundo. Con la disolución oficial de los imperios coloniales de Europa en los años cincuenta y sesenta, los últimos vestigios de una época histórica estaban siendo reemplazados por las primeras conmociones de una nueva. Gradualmente, las dos facciones opuestas que habían dominado la política mundial desde el final de la guerra advirtieron la existencia de otro grupo, compuesto por los países recién independizados de Asia, África e Iberoamérica.

Estas naciones del Tercer Mundo, como llegaron a llamarse, sufrieron numerosas dificultades: la mayoría eran militarmente débiles, políticamente inestables y sumamente pobres, con pocos recursos industriales o intelectuales a los que recurrir. Sin embargo, constituían un alto porcentaje de la población mundial: algunas tenían recursos naturales de gran valor y —quizá lo más importante— no estaban comprometidas con ningún bloque de la guerra fría.

Su primer intento por establecer alguna forma de solidaridad política tuvo lugar en abril de 1955 en la Conferencia afroasiática de Bandung (Indonesia). Aunque los resultados de esa conferencia no fueron decisivos, los países participantes reafirmaron su intención de permanecer «no alineados» y aprovechar las rivalidades de la guerra fría para mejorar sus condiciones de vida.

Desde entonces, las naciones del Tercer Mundo han surgido como un factor imprevisible pero relevante en la política mundial, tendiendo en muchos casos a equilibrar y moderar las acciones de las superpotencias. Especialmente en la ONU, su fuerza como bloque les ha brindado un papel fundamental en casi todas las decisiones políticas. Resultado, al menos parcial, de su creciente importancia fue convencer a los Estados Unidos en 1971, tras 21 años de oposición, para que respaldasen la admisión en la ONU de la nación mayor y más poderosa del Tercer Mundo: la China de Mao Tse-tung.

Así, casi por accidente, los propósitos originales de las Naciones Unidas parecían en muchos aspectos más cerca de cumplirse que nunca. La paz mundial, o al menos la supervivencia del mundo, se aseguraron durante un período que pudo haber marcado el final de la historia conocida. Una pequeña fracción de poder se había transferido de las superpotencias a algunas de las más pequeñas, y un creciente porcentaje de la población mundial estaba representada en la organización mundial; en tres décadas, los países miembros habían aumentado de 50 a 144. El Tercer Mundo abarca el 51 por ciento de la extensión habitable del globo y su población supone el 47 por ciento de la mundial.

El futuro, por supuesto, no carecería de problemas. A medida que su poder disminuía, las grandes naciones estaban menos dispuestas a financiar la institución, especialmente las acciones a las que se oponían, como aconteció cuando la Unión Soviética, Francia y otras se negaron a sufragar en la proporción establecida la costosa intervención en el Congo. Semejante amenaza surgió de nuevo a raíz de la controvertida votación de noviembre de 1975, en la que la Asamblea General, dirigida por las naciones árabes, aprobó una resolución calificando el sionismo de una forma de racismo.

Sin embargo, persistía un hecho cierto y alentador: incluso en los momentos de mayor tensión, ninguna nación había renunciado a su calidad de miembro de la organización, en contradicción con las ruidosas dimisiones de la antigua Sociedad de Naciones. Países diversos y en diversas circunstancias continuarán sin duda encontrando defectos a las Naciones Unidas, pero es casi seguro que jamás se pondrá en duda la importancia de la Organización.

El Neocolonialismo y el Tercer Mundo

La Descolonización de Africa y Asia: Que fue este proceso y porque?

La Descolonización de África y Asia:

El proceso de descolonización constituye uno de los más decisivos factores de la configuración de una nueva realidad histórica en el panorama global de la época actual, y ha dado origen no solo a un nuevo Tercer Mundo, con una dinámica interna propia, sino también a una serie de cuestiones y problemas que se proyectan directamente en el plano de la historia universal.

DESCOLONIZACION DE AFRICA Y ASIA

Es por ello una tarea no solo posible, sino necesaria, emprender descripciones históricas de la primera fase de este naciente Tercer Mundo, que constituye el campo problemático más reciente del siglo XX, y a la vez quizá el mas importante para el futuro de la historia actual.

FACTORES DE LA DESCOLONIZACIÓN.-

La descolonización tiene como consecuencia la independencia, pero esta, sin embargo, no se alcanza en muchos países de una forma completa, pues aunque la mayoría consigue su soberanía política, los lazos que les unen al pasado colonial quedan profundamente estrechados, manteniéndose una dependencia social, económica y cultural que condicionan su posterior desarrollo cayendo en una nueva modalidad de colonialismo.

FACTORES INTERNOS

El crecimiento demográfico:

La mayoría de los países en vísperas de su revolución contaban con unos efectivos demográficos muy elevados. Las altas tasas de natalidad, típicas en los países poco desarrollados, vieron descender sus tasas de mortalidad debido a sus mejoras higiénicas y médicas que habían aportado las potencias coloniales. Se producen grandes corrientes migratorias hacía las grandes urbes. Este incremento urbano sirvió de cohesión y acercamiento a los problemas y a la vez de difusión de ideologías y actitudes hostiles a la presencia colonial.

Transformaciones económicas y sociales:

La introducción de economías especulativas y de nuevos sistemas de intercambio en las colonias, trajo como consecuencia la destrucción de los anteriores sistemas de subsistencia, a la vez que situaba a gran parte del planeta en un circuito comercial internacional que se definiría como de «intercambio desigual» al desequilibrarse claramente a favor de los colonizadores.

Para obligar a trabajar a las poblaciones dependientes en los productos o en los sectores que interesaban a Europa, y para procurarse mano de obra en las condiciones más ventajosas, se utilizaron todo tipo de coacciones y trucos, desde impuestos a pagar en jornadas de trabajo, hasta trabajos forzados, e incluso, a pesar de estar prohibido, la compra de esclavos.

Cambios culturales e ideológicos:

Las nuevas formas de vida eran el testimonio del abandono tanto de sus agrupaciones tradicionales en clanes de familias o religiosos, como de sus instituciones y costumbres. Las sociedades coloniales soportaron el proceso de aculturación, es decir, la implantación de las formas de pensamiento y los valores surgidos en Occidente. Ante el choque producido por la presencia extranjera, gran parte de la población buscó una huida refugiándose en sus mitos.

Los círculos ilustrados indígenas, pertenecientes a la burguesía, iban aumentando con la extensión de la enseñanza occidental. Esta minoría ilustrada, sin embargo, aprendió de Occidente, bien la manera de prosperar dentro del sistema establecido, o bien la de utilizar sus enseñanzas en su contra en el momento oportuno, siendo, por tanto, los principales animadores de los movimientos nacionalistas e independentistas.

Los movimientos nacionalistas y sus líderes:

Para tener éxito en las metas propuestas, es decir, para que las distintas aspiraciones y movimientos nacionalistas pudieran alcanzar la independencia respecto de sus naciones dominadoras, fue necesaria la presencia de líderes que dotaran a estos movimientos de un programa político y una autoridad moral que, fácilmente comprendidas por las masas, calaran en sus pensamientos y les llevaran a perseguir su puesta en práctica.

FACTORES EXTERNOS

La crítica anticolonial:

La oposición al régimen colonial nace casi desde los comienzos de la colonización europea, incrementándose luego a medida que el mundo occidental tuvo un mayor acceso a las libertades. Desde dentro del socialismo se condena el principio de implantación de un pueblo sobre otro.

La actitud de los intelectuales y de los círculos religiosos:

La acción misionera denuncia los abusos y sometimientos de las poblaciones indígenas, sería a través de las encíclicas como «Pacem in Terris« promulgada el 11 de abril de 1963 por Juan XXIII o la de «Populorum progressio» el 26 de marzo de 1967 de Pablo VI, en las que se apoyaban mas decididamente la causa de la emancipación.

Durante el período de entre guerras surge el apoyo de los intelectuales y políticos, como los que en 1927 integraron la Liga contra el Imperialismo, esta celebró su Primer Congreso en Moscú, con la participación de delegados procedentes de los territorios sometidos.

Mucha mas incidencia tendría posteriormente la actitud de ciertos presidentes norteamericanos, como Wilson o Roosevelt, que se convirtieron en defensores de la causa de la libertad y de la emancipación de los pueblos.

La condena del socialismo: Desde los comienzos del movimiento socialista, se hicieron patentes las discrepancias; si bien los principios del socialismo eran incompatibles con la práctica colonial, no faltaron los que veían en el colonialismo el caldo de cultivo para ulteriores revoluciones socialistas. Otros veían que, a pasear de todo lo malo, el colonialismo podría resultar ventajoso para los sometidos.

Durante las dos guerras se transmitió a las colonias una imagen muy alejada de la próspera Europa que se quería haber transmitido: los enfrentamientos y las discrepancias entre los colonizadores. Los contactos entre colonia-metrópolis acentuaron el conocimiento de las tremendas diferencias, haciendo cada vez más patente lo que les separaba. Los esfuerzos a que las colonias se vieron sometidas para apoyar a las metrópolis vinieron seguidos de compensaciones (Asambleas legislativas) vía por la cual los nativos accedieron a los círculos de decisión política. El posicionamiento de USA y URSS, a partir del ’45, contrarios a la práctica colonial aparece en pleno proceso descolonizador, acelerándolo; pero no olvidemos los intereses que ambas potencias tienen (Guerra Fría).

La Sociedad de Naciones no desarrolló demasiados temas relativos al colonialismo debido a su parálisis, lo más relevante fue la creación de los mandatos como nueva figura jurídica; se trataba de desposeer a Alemania repartiendo sus antiguas colonias al tiempo que consolidaba y aumentaba la presencia de las viejas potencias (bajo una apariencia de vía hacia la independencia). La ONU recogió en su Carta un sistema ( la administración fiduciaria) que no deja de ser una forma de tutela colonial. El sistema se basaba en el derecho de los pueblos a acceder al régimen jurídico que deseasen y la necesidad de unas condiciones previas (económicas, culturales, políticas…) para poder ejercitar plenamente esos derechos.

Con el tiempo la ONU fue haciéndose más y más portavoz de la causa descolonizadora; en la Declaración sobre la Independencia de los países y pueblos colonizados (1960) la ONU cambia de rumbo, enfrentándose al colonialismo, al que tacha de «mal absoluto». No debemos olvidar un nuevo factor descolonizador: el aopyo que a los procesos en inicio prestan los países que ya han accedido a la independencia; se trata de un movimiento de solidaridad que alcanza su cenit en la CONFERENCIA AFRO-ASIÁTICA DE BANDUNG (1955. Isla de Java, Indonesia). Un año antes, los países ya independizados, encabezados por Ceilán, India, Pakistán, Indonesia y Birmania establecieron una serie de objetivos para esta conferencia:

Favorecer las relaciones amistosas entre las naciones africanas y asiáticas.

Examinar los problemas (económicos y sociales) de los países asistentes.

Analizar lo relativo a la soberanía nacional, racismo y colonialismo.

Valorar la posición de África y Asia en el contexto mundial.

La conferencia estuvo presidida por el Presidente de Indonesia (Ahmed Sukarno) que junto con Nehru (India) fueron los padres de la idea. La presencia de delegaciones fue más asiática que africana. Paralelamente Europa se posicionó temiendo agitaciones (los líderes independentistas y los «revoltosos» fueron encarcelados).

PROCESO DESCOLONIZADOR: RASGOS, ETAPAS Y AREAS

Según M. Madridejos la descolonización pacífica implicó la alianza o el entendimiento del poder colonial con la burguesía autóctona (cuando la hubo) o con los jefes tradicionales o con algún líder carismático. Concediendo la independencia las potencias pretendían encontrar otra vía mas sutil de dominación. Esta es la vía aplicada en casi toda el África negra.

El poder colonial provocó divergencias entre las fuerzas de la colonia a fin de imponer mejor sus condiciones o de asegurarse una permanencia en la zona. Este sería el caso de la partición de la India, basada en el fanatismo religioso excitado por la metrópoli para debilitar al partido del Congreso.

Cuando la independencia fue reclamada por un movimiento popular que podría hacer cambiar al nuevo país de bando, la guerrilla o la guerra abierta fueron fenómenos corrientes. Estos fueron los casos de Malasia, Indochina y Argelia.

En zonas donde los conflictos civiles estaban presentes, las metrópolis se aliaron con los bandos más nacionalistas conservadores y no dudaron en respaldar a regímenes dictatoriales. Casos de Filipinas, Vietnam y Corea del Sur.

ETAPAS DEL PROCESO DESCOLONIZADOR.

Durante la Primera Guerra Mundial y el posterior período de entreguerras los territorios del Oriente Medio y del Sur del Mediterráneo fueron los más afectados. El avance de la oposición a la presencia europea en los países musulmanes creció, pero la desunión en el seno islámico propició la creación de nuevas formas de dominación (protectorados…) en la zona. Incluso países ya independientes (Irán, Afganistán, Turquía…) fueron víctimas de la intromisión francesa o británica en sus asuntos internos

Tras la Segunda Guerra Mundial se abre el proceso descolonizador en toda su magnitud, siendo Asia la zona en la cual el proceso, ya abierto pero no concluido desde el XIX; aquí y ahora se escapa al control europeo y norteamericano. En Asia, según J. Chesneaux debe tenerse en cuenta la acción de los grupos y partidos nacionalistas, generalmente conservadores, y en la que suele darse dos tendencias: una de organización casi secreta (caso del Kuomintang chino), y otra que se constituye en «comité de notables» (Caso del Partido del Congreso, de la India). El movimiento nacionalista se debe entender como el «conjunto de manifestaciones políticas, sociales y culturales que expresan las aspiraciones de un pueblo en su liberación». Los partidos políticos que dirigen estas actuaciones buscan, no solo la independencia, sino también una transformación social. Esta mezcla de intereses se dio mucho en el caso de Asia

Japón había ejercido sobre su entorno el principal papel imperialista. Su desarrollo económico la había convertido en la principal potencia asiática. Japón ejerció en su entorno un efecto deslumbrante. China y su revolución supuso un acicate para la insurrección y para la difusión de ideas comunistas en Asia, aunque de un comunismo adaptado que hacía imposible la existencia de un socialismo no revolucionario.

India vio como el nacionalismo, existente desde antes, cobraba vida durante la Primera Guerra Mundial , acto que coincide con la labor de Gandhi. Durante el periodo de entreguerras la actividad fue creciendo, apoyada por dos corrientes: el Partido del Congreso y la Liga Musulmana; las diferencias entre ambas acabaron dando pié a la aparición de dos países diferenciados en lo religioso: India y Pakistán.

En África la presencia europea se prolonga hasta pasada la 2 G.M. En 1975 practicamente la totalidad del continente es independiente. El proceso abarca tres periodos:

1945-1955: época de los tanteos. Los partidos nacionalistas empiezan a contar con el apoyo de las masas.

1955-1962: época de la independencia de la gran cantidad de países. . Comenzó en el Norte.

1962-1980: Se consolida el proceso. 1975 es el año de conclusión de la descolonización.

La independencia de África, como se observa, comenzó también por los países musulmanes, aunque en Africa es más tardía que en África. Aquí el anticolonialismo, además de mostrarse antirracista y nacionalista, se ha orientado frecuentemente hacia el socialismo, que se define en esta variante africana como humanista, no dogmático y basado en el carácter religioso del africano.

En el África negra, Reino Unido dio luz verde a los procesos independizadores a partir de la 2ª G.M., basándose en la experiencia asiática, ya que podía ofrecer una institución de acogida (Commonwealth). El África francesa, basada en el concepto de asimilación, había creado la Unión Francesa (equivalente al órgano británico); en el seno de esta institución fueron creciendo los partidos nacionalistas.

En el ’58 se creó la Comunidad Francesa para regular las nuevas relaciones. En 1960 se independiza la práctica totalidad de las colonias francesas. El Africa Belga comienza a plantearse tímidamente el proceso en plena efervescencia de 1950; tras problemas Bélgica reconoció rápidamente la independencia en 1960.

Las colonias españolas y portuguesas : tras su entrada en la ONU España cambia su política y provincializa las colonias africanas para, poco después, otorgar autonomías que desembocan en independencia ( Guinea : 1968) o cesión a otros países (Ifni a Marruecos 1969) o ceder la zona a varios vecino (Sahara 1975). Portugal fue el país europeo más tardío en otorgar independencia a sus colonias: la revolución de los claveles (1974) , propiciada por el descontento sobre política colonial, aceleró pacíficamente el proceso.

EL TERCER MUNDO LOS PROBLEMAS DEL SUBDESARROLLO.

La plena soberanía alcanzada por las naciones tras la independencia no ha supuesto para la inmensa mayoría de ellas una mejora en las condiciones de vida de sus habitantes. La evolución de muchos países se ha visto frenada por conflictos que son consecuencia de una inestabilidad estructural. A menudo se han sucedido enfrentamientos y golpes y contreagolpes de estado, fruto de los partidos políticos que sirvieron en su momento de catalizadores de la independencia. La tendencia al «partido único» ha sido algo a lo que pocos países se han sustraído, justificando así las dictaduras militares y los gobiernos revolucionarios. Los ejércitos han desempeñado frecuentemente un papel protagonista, aunque frecuentemente se ha visto diviidido entre una mayoría de soldados analfabetos y una minoría de oficiales aculturados y ligados a la modernidad. Conflictos fronterizos y étnicos como los presentes de Centro-África vienen a completar este panorama.

El Neocolonialismo

Según el Prof. Arroyo se trata de «el dominio o influencia de las grandes potencias sobre países políticamente independientes, para asegurarse la explotación de sus recursos económicos y su fidelidad diplomática. Como el colonialismo, es otra forma de imperialismo, pero, a diferencia de aquel, no violenta, al menos teóricamente, las instituciones soberanas del país dominado; solo se asegura el control económico». No se trata de algo nuevo, ya lo practicó USA en Sudamérica durante el XIX. Se trata de mantener las ventajas económicas, los mercados y los proveedores de materias primas pero sin ninguno de los inconvenientes de sistemas anteriores.

El Subdesarrollo.

El término intenta definir algo que solo puede explicarse por la carencia de algo ajeno. No podemos decir que sea una situación igual en todos los países que así catalogamos, pero sí que presentan rasgos semejantes. Términos anexos a este son los de «País en vías de desarrollo» (el fenómeno visto desde el lado economicista) y «Tercer Mundo / No alineados» (visto desde la perspectiva política). El subdesarrollo se manifiesta a través de una serie de rasgos y características; según el prof. Y. Lacoste , catorce son las características:

Insuficiencia alimentaria (menos de 2,600 calorías/día)

Graves deficiencias en la población (altas tasas de mortalidad infantil, analfabetismo…)

Infrautilización o desaprovechamiento de recursos naturales.

Elevado índice de agricultores con baja productividad.

Industrialización incompleta o restringida.

Hipertrofia y parasitismo del sector terciario.

Dependencia económica.

Baja renta per capita.

Dislocamiento de las estructuras tradicionales económicas y sociales.

Escasa integridad nacional.

Debilidad de las clases medias en relación con el reducido porcentaje de población urbana.

Paro, subempleo y trabajo infantil.

Elevado crecimiento demográfico.

Toma de conciencia de su estado.

Desde los años ‘50s los países económicamente desarrollados han venido sosteniendo líneas de apoyo a los subdesarrollados; desde los últimos tiempos estas se muestran insuficientes y aparecen voces contrarias a una recuperación artificiosa de estos países que solo acrecentaría las desigualdades: la deuda externa; la solución, parece estar, en lo que algunos han dado en llamar el comercio justo. Aunque este es un problema que atañe directamente a los países desarrollados, que se convierten día a día en la meta de la emigración de los no-desarrollados; parece no encontrarse una solución al problema…. Por ahora.

La DescolonizaciónEn AfricaChinaIndiaAfganistán

ORIENORITE PRÓXIMO

Los países árabes: descomposición del Imperio Turco.-

Después de la Primera Guerra Mundial, el Imperio Turco desaparece. Los ingleses y franceses pasan a tutelar la zona, mediante protectorados. Los países árabes van poco a poco adquiriendo la independencia en el Período de Entreguerras. El protectorado es una forma de dominio colonial. La colonia no pertenece a la metrópoli. Es un régimen en el que la metrópoli dirige la política exterior. La política interior es dirigida por un gobierno indígena.

La creación del estado de Israel (ver el conflicto árabe-israelí)

La creación de este estado en 1948, con apoyo de la ONU, ha originado una fuente de conflictos provocados por las rivalidades árabe-israelíes.

Desde principios del siglo XX, la población judía comienza a trasladarse a este territorio, por la tradición. Esta tendencia continúa hasta la SGM. Después de ella, el mundo, que conoce el holocausto judío, apoya la creación del Estado de Israel, para dar una patria a los judíos. Se crea en 1948 y va a ser una fuente de conflictos con los árabes.

Egipto, Irak, Líbano, Yemen, Siria, Arabia Saudita y Transjordania forman la Liga Árabe, que se enfrenta en una guerra a Israel. Pero Israel, al contar con el apoyo de EE.UU. está en superioridad y vence, ampliando sus territorios.

Hubo varios enfrentamientos más. El consejo de seguridad de la ONU se reunió varias veces y redactó resoluciones, ninguna de las cuales fue nunca cumplida por ningún bando, hasta los años 90. Los árabes se sentaron a negociar porque se les acabó el apoyo soviético.

El Tercer Mundo y el movimiento no alineado

Las colonias consiguieron la independencia. Ahora, siendo ya países, tienen muchos problemas. Son independientes políticamente, pero sufren una dependencia económica, que les hace pasar por serias dificultades. Tienen problemas sociales y políticos internos: se dan rivalidades y enfrentamientos entre distintas religiones o etnias, que llevaron muchas veces a regímenes militares dictatoriales.

El término Tercer Mundo se impuso como una forma de designar a todos aquellos países que, por encima de su adscripción al bloque occidental y soviético, se identifican con situaciones de dependencia, pobreza o subdesarrollo.

En los países tercermundistas va a nacer un movimiento que pretende dar una tercera opción, sin adherirse a ningún bloque. Es el movimiento no alineado o de no alineación. Fue impulsado por los líderes independentistas.

Estos líderes convocaron una reunión, la conferencia de Bandung, que reunía a los líderes de países del Tercer Mundo. Esta conferencia intenta recuperar la dignidad de estos países. En el acta final de esta conferencia, se defiende la independencia de los pueblos y la igualdad de las naciones; se rechaza el intervencionismo de las grandes potencias y todas las presiones que puedan ejercer; se defiende el pacifismo como forma de resolver los problemas y se reconoce la necesidad de ayuda para los países subdesarrollados.

En este sitio ver también: EL TERCER MUNDO