Cuadro Sinóptico de El Nazismo en Alemania

Biografia de Federico II de Alemania Historia de su Reinado

Biografia de Federico II Barbarroja de Alemania – Historia de su Reinado

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: El hijo de Barbarroja, Enrique VI (1190-1197), fue tan poderoso como su padre en Alemania, y por su matrimonio ocupó el reino de Sicilia; es decir, se hizo dueño de toda la Italia Meridional. Pero murió, no dejando más que un hijo muy pequeño.

Entonces empezó de nuevo en Alemania la guerra civil entre las dos grandes familias, los Hohenstaufen y los Welf, y hubo dos reyes a la vez. El Papa aprovechó la ocasión para reclamar el derecho de decidir quién era el rey legítimo.

Más tarde el Papa hizo reconocer rey en Alemania al joven hijo de Enrique VI, Federico, que era ya rey de Sicilia (1213).

BIOGRAFIA E HISTORIA DE FEDERICO II

FEDERICO II DE ALEMANIA: Hijo de Enrique VI y de la princesa italiana Constanza de Altavilla, Federico II nació el 26 de septiembre de 1194 en lesi, en la marca de Ancona. Falleció en Torremaggiore (Italia) el 13 de diciembre de 1250.

Fue criado en Italia, y siempre mas feliz en ese país que en Alemania. Su juventud fue un poco conflictiva.

A los tres años de edad perdió a su padre y a los cuatro a su madre, de modo que el reino de Sicilia cayó en poder de una turba de nobles, legados y aventureros que se disputaron ávidamente el gobierno y las riquezas del Estado.

Sólo después de varios años de lucha durísima, Inocencio III, a quien Constanza había confiado la tutela de su hijo, logró restablecer la autoridad de su pupilo y la de la Iglesia en la Italia meridional.

En 1208, y por consejo del papa, Federico se proclamó mayor de edad. Tenía entonces catorce años, pero su desarrollo físico y moral era muy precoz.

Rey Federico II de alemania

Federico II de Hohenstaufen, llamado «stupor mundi».Fue rey de Sicilia y Jerusalén, y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico

Federico Barbarroja no había logrado restablecer por completo la autoridad imperial en Italia. Pero ahora Federico II nieto de Barbarroja recoge su herencia e intentará , por última vez, restaurar la potencia del Imperio en Italia y Alemania. Al servicio de esta política puso todo lo que tenía: inteligencia, actividad, energía, atrevimiento, despreocupación e, incluso, cinismo. Al fracasar en el empeño, se derrumbaba para siempre el poder del Sacro Imperio romano de la nación germánica

Sus enemigos le censuraban aún el haber aprendido en Sicilia las costumbres de los musulmanes. Tenía astrólogos y médicos de esta religión.

Llevaba a la guerra un elefante que trasportaba una torre cuadrada con el estandarte del Imperio, y camellos que conducían en palanquines a las mujeres de su séquito.

Tenía una colección de animales raros, leones, panteras, leopardos, hienas. Tenía también una tropa de soldados sarracenos que combatían con el arco, y les dejaba practicar la religión musulmana.

Había prometido no conservar el reino de Sicilia e ir a la Cruzada. Como no cumplía sus promesas, acabó por indisponerse con los Papas.

Entonces empezó una larga guerra (1230-1250) entre el emperador, dueño de Alemania y la Italia meridional, y el Papa, apoyado por la mayor parte de las ciudades lombardas.

El emperador fue durante mucho tiempo el más fuerte, y destruyó el ejército de los lombardos.

El Papa, no viéndose seguro, huyó a Lyon (1245), y allí reunió un Concilio. La guerra fue entonces a muerte.

El Papa excomulgó a Federico y declaró a todos sus subditos desligados del juramento de fidelidad. Los obispos de Alemania se sublevaron y eligieron otros reyes.

Como Federico hubiera muerto (1250), el Papa se negó a reconocer a su hijo Conrado, y manifestó que había que exterminar aquella raza de víboras. Conrado IV murió pronto (1254), no dejando más que un hijo de dos años. Entonces ya no hubo rey en Alemania.

Algunos príncipes extranjeros, tentados por este título de rey, trataron de que se lo dieran los príncipes alemanes.

Se estableció en Alemania la costumbre de que algunos de los obispos y los príncipes tuvieran el derecho de designar el rey. Estos electores daban sus votos al que los pagaba.

Eligieron a Ricardo, hermano del rey de Inglaterra, que los pagaba con los tributos que imponía a los ingleses; luego al rey de Castilla Alfonso X, que ni siquiera se fue a Alemania.

Hasta 1273 ningún rey fue reconocido por todos. Se ha llamado a este período el largo interregno.

Entonces, a falta de un rey, cada príncipe fue enteramente dueño en su terreno, y cada territorio vino a ser un pequeño Estado independiente, como en Francia en tiempo de los primeros Capeto.

Pero el fraccionamiento fue mucho más grande en Alemania. Los condados eran más pequeños que en Francia, y hubo un número mucho mayor de ellos. En cuanto un conde dividía su territorio entre sus hijos, cada uno de ellos era conde, y hubo así más de 300 condados.

Además, en los ducados de Occidente, muchos caballeros ya no obedecían anadie y hacían la guerra por su cuenta.

Establecidos en sus castillos en las montañas que dominan los ríos, sobre todo el Rhin, bajaban al camino, detenían a los mercaderes, robaban sus barcas y se apoderaban de sus bagajes, los conducían prisioneros y los encerraban en prisiones subterráneas para obligarles a pagar rescate.

Se les llamó caballeros-bandidos.

Las ciudades que habían dependido del emperador ya no tenían quien las gobernara y protegiese. Se hicieron ciudades libres, es decir, pequeñas repúblicas.

Los príncipes, los condes, los caballeros, las ciudades se hacían la guerra entre sí. Los alemanes echaban de menos el tiempo en que el emperador era bastante fuerte para mantener la paz y se consolaban con una leyenda.

En las montañas del Harz, en una cumbre aislada, el Kiffhaüser, se alza una vieja torre, resto de un castillo del emperador.

En el interior de la montaña está encerrado el emperador Federico. No ha muerto, está dormido. Cada cien años se despierta. Luego vuelve a dormirse, esperando que le llegue su hora.

Un pastor, conducido por enanos, ha llegado a este retiro. Ha visto al emperador sentado delante de una mesa. Su barba al crecer había atravesado la tabla.

El emperador se ha despertado y le ha dicho: «¿Los cuerpos rondan todavía la montaña? «. —Sí, dijo el pastor, —entonces no ha llegado todavía mi hora». Y ha vuelto a dormirse.

Cuando la hora haya llegado (se dice que entonces la barba habrá dado tres veces vuelta a su mesa) el emperador se levantará, irá a colgar su escudo de un peral seco y restablecerá el orden en Alemania.

El emperador de esta leyenda era en un principio Federico II. Más tarde se ha creído que se trataba de Federico Barbarroja.

fuentes

Historia de Alemania Primitiva Pueblos y Formacion del Imperio

Historia de Alemania Primeros Pueblos y Formación del Imperio

LOS PUEBLOS DE ALEMANIA: Cuando el Imperio de Carlomagno fue dividido entre sus nietos (843), uno de los tres reinos se formó con todos los países situados entre el Rhin y el Elba habitados por los alemanes. Pero el rey llevó todavía el título de rey de los francos, pues hasta el siglo XI no se ha empleado la palabra Deutsch (alemán).

rey carlomagno
Rey de los Francos: Carlomagno

Todos los pueblos alemanes tenían la misma manera de vivir y hablaban una misma lengua; pero se dividían aún en varias pequeñas naciones.

Cuando un franco se casaba con una mujer bávara, se decía aún que se casaba con una extranjera.

De aquellos pueblos los más poderosos eran los francos y los sajones. Los francos ocupaban las dos orillas del Rhin y la comarca del Main (la Franconia).

Los sajones poseían toda la llanura del norte, entre el Rhin y él Elba. Los suabos (o alamanes) habitaban el sudoeste entre la Selva Negra y el Lech.

Los bávaros ocupaban la llanura del Danubio. Cada uno de aquellos pueblos obedecía a un jefe de guerra (herzog).

La comarca situada entre el Mosa y el Rhin, llamada Lotaringia (Lorena), donde casi todos los habitantes hablaban francés, fue desde el año 911 sometida por los reyes de Alemania, y en ella hubo un duque de Lorena.

Estos países eran menos ricos y estaban peor cultivados que Francia. No había ciudades más que en la orilla izquierda del Rhin, Basilea, Estrasburgo, Maguncia, Worms, Espira, Tréveris, Colonia. En Sajonia no las había.

En los territorios del antiguo reino merovingio no había más que grandes terratenientes, y casi todos los guerreros combatían a caballo como en Francia.

Pero en Sajonia quedaban todavía aldeanos dueños de tierras que combatían a pie, a la manera de los antiguos francos.

El rey, según la costumbre de los carolingios, era elegido, es decir, reconocido por los grandes, pero siempre designado en la familia real.

Aquellos reyes no tenían residencia fija, vivían del producto de las cosechas del patrimonio real, e iban de un extremo a otro de su reino con una escolta de caballeros.

Como Francia, Alemania no estaba ya en disposición de defenderse. Los piratas daneses saquearon durante largo tiempo las costas y las orillas de los ríos, y si sus visitas fueron menos frecuentes que en Francia, era porque había menos que robar.

OTÓN: El hijo de Enrique, Otón, era ya un hombre cuando murió su padre. Fue reconocido rey sin discusión (36).

Los duques y los principales guerreros se reunieron en Aquisgrán —la antigua residencia de Carlomagno, considerada la capital del reino de los francos— y tuvieron asamblea en el pórtico adjunto a la iglesia. Allí se había colocado un trono.

Oton fundador del sacro imperio romano
Emperador OTON I, fundador del sacro imperio romano

Otón se sentó en él y todos se llegaron a poner las manos en las suyas y a rendirle homenaje. Mientras tanto los obispos esperaban dentro de la iglesia.

El arzobispo de Maguncia llegóse ante Otón, le tomó de la mano, le llevó a la iglesia y dijo a los asistentes: «Os traigo a Otón, designado por el rey Enrique, elegido por Dios, y al que los príncipes acaban de hacer rey.

Si lo aprobáis, alzad las manos». La muchedumbre alzó las manos y aclamó al rey. Otón, vestido a la usanza franca, se adelantó al altar donde estaban depositadas las insignias reales: la espada, el cinturón, el manto y la diadema.

El arzobispo tomó la espada y, al entregársela, le dijo: «Recibe esta espada para combatir a todos los enemigos de Cristo, bárbaros o malos cristianos». Luego le colocó el manto, le entregó el cetro, le ungió aceite consagrado y le puso en la cabeza la diadema de oro.

Hecho lo cual le condujo a un trono puesto entre dos columnas de mármol, y se celebró la misa. Acabada la ceremonia el rey volvió a palacio. Se sentó a una mesa de mármol y, según antigua costumbre, los duques se pusieron a servirle.

El duque de Franconia llevaba los platos, el de Suabia echaba el vino en las copas, el de Lorena vigilaba el servicio, el de Baviera se ocupaba de los caballos (no había duque de Sajonia, puesto que Sajonia era de Otón).

Otón fue ante todo guerrero, tenía el andar firme, aspecto de fortaleza, el pecho velludo «como un león», el rostro encarnado, larga barba, y sus ojos, nunca quietos, se abrían y cerraban «como si acechase una presa». No había aprendido a leer y pasaba la vida cazando o en la guerra.

Otón fue más poderoso que sus predecesores. No obstante, le costó muchas veces trabajo hacerse obedecer. Pasó quince años peleando con los duques sublevados uno tras de otro.

Cuando los duques murieron o fueron destituidos, los sustituyó con gente de su familia, sus hijos o sus yernos. Pero sus mismos parientes se sublevaron varias veces.

Los húngarons volvieron a entrar al pillaje en Alemania. Su ejército, subiendo por el Danubio, fue a sitiar Ausburgo.

Otón reunió a los caballeros alemanes y llegó en auxilio de la ciudad. Los húngaros levantaron el sitió y fueron a acampar a una gran llanura donde les era más fácil maniobrar. Otón fue allí a acampar también. Un río, el Lech, le separaba de los húngaros.

Dividió su ejército en ocho cuerpos de mil hombres cada uno. Eran caballeros cubiertos con la cota de malla y que combatían con lanza, como los francos de la época.

Los húngaros, que llegaban al galope según su costumbre, pasaron el río muy rápidamente y corrieron contra los alemanes.

Parte de ellos, dando un rodeo, atacaron bruscamente el campamento de Otón, pusieron en fuga a los que le defendían, luego cargaron por retaguardia contra el ala izquierda del ejército alemán.

Otón envió parte de su ala derecha en auxilio del ala izquierda, en tanto el resto de su ejército se mantenía firme.

Frente a él los húngaros, con sus caballos pequeños y con arcos, no podían romper la línea de los caballeros alemanes fuertemente armados, y corrían a lo largo de ella lanzando sus flechas. Otón mandó cargar a sus jinetes en toda la línea.

Los húngaros huyeron, se arrojaron al río y lo pasaron; pero la orilla del otro lado era escarpada, los caballos no podían trepar por ella y muchos se ahogaron. Aquella misma noche, los alemanes hicieron suyo y saquearon el campamento enemigo.

Luego persiguieron a los húngaros, muchos de los cuales cayeron a manos de los aldeanos. Tres jefes húngaros fueron hechos prisioneros y Otón los mandó ahorcar inmediatamente. Fue ésta la última invasión húngara en Alemania (955).

RESTABLECIMIENTO DEL IMPERIO:  Durante el siglo que siguió a la muerte de Carlomagno, siempre se había encontrado un rey que tomase el título de emperador.

El último había sido un rey de Italia. Pero a partir del año 926, ya no había habido emperador. No quedaba más que un señor italiano que continuaba haciéndose llamar rey de los lombardos.

Ocurrió que dos pretendientes, después de haber peleado el uno contra el otro, se pusieron de acuerdo para llevar a la vez el título.

Uno de ellos murió (950), dejando una viuda joven y linda, Adelaida, y un tesoro. El otro, Beranger, quiso que su hijo se casase a la fuerza con Adelaida, que no le quería. Encerró a la joven en una fortaleza, con una sola sirvienta. Adelaida, pariente de una princesa alemana, envió un mensaje a Otón pidiéndole auxilio.

Otón reunió un ejército, pasó los Alpes y bajó a Italia. Los guerreros italianos no podían ofrecerle resistencia. Su rey huyó de Pavía, capital de los lombardos, en la que Otón entró, y desde aquel momento se hizo llamar rey de los francos y de los lombardos.

Adelaida, con su sirvienta y un sacerdote, había huido por ün subterráneo de la fortaleza donde estaba encerrada. Recibió a los mensajeros de Otón, que le enviaba regalos y le rogaba que fuese su esposa, y aceptó.

El casamiento se celebró con gran ceremonia (951) y luego Otón regresó a Alemania.

Diez anos más tarde, el Papa Juan XII, habiéndose incomodado con Beranger, rogó a Otón que fuera en su auxilio. Otón pasó los Alpes con su ejército, penetró en Pavía sin encontrar resistencia, y luego, atravesando Italia, llegó a Roma, donde entró entre las aclamaciones del pueblo.

Como Otón era el príncipe más poderoso de toda Europa, quiso recobrar aquel título de emperador que había ostentado Carlomagno.

Pero se había establecido la costumbre de que el Papa tan sólo pudiera coronar emperador. Con su ejército, Otón era dueño de Roma, y el Papa podía temer haber perdido su libertad.

Para tranquilizarle, Otón encargó a algunos de sus compañeros que en su nombre hicieran el siguiente juramento: «A ti, señor Juan, yo el rey Otón, juro que ayudaré con todo mi poder a la Iglesia romana, y a ti su cabeza. Jamás te haré perder la vida o los miembros, o la dignidad que tienes. Todo lo que caiga en mis manos del patrimonio de San Pedro, te lo entregaré».

El Papa condujo a Otón a la iglesia de San Pedro, y allí, en presencia de la muchedumbre reunida, le proclamó emperador y le dio la corona.

Luego el Papa y los nobles principales de Roma juraron permanecer fieles a Otón. De esta suerte el rey de Alemania vino a ser emperador y soberano de Italia y de Roma (962).

EL SANTO IMPERIO ROMANO GERMÁNICO: En lo sucesivo todos los reyes de Alemania tuvieron derecho a ser emperadores y reyes de Italia.

Pero antes de ostentar el título de emperador, necesitaban ir a Roma para que el Papa los coronase. El rey reunía en Alemania a todos los príncipes y a los prelados con sus escoltas de caballeros, este ejército bajaba a Italia, y a esto se llamaba la expedición romana.

En Alemania lo mismo que en Francia, el rey debía ser elegido, es decir, proclamado por los principales personajes del reino.

No era hereditaria la corona. Pero, lo mismo que en Francia, cuando el rey dejaba un hijo, éste era siempre quien le sucedía. Había, por tanto al igual que en Francia, una dinastía real. Pero en Francia la misma familia continuó durante varios siglos, y en Alemania la familia del rey se extinguió varias veces.

Hubo, por tanto, que elegir rey en una nueva familia, y se dieron sucesivamente tres dinastías de reyes y emperadores.

La dinastía de Sajonia se extinguió muy pronto con el nieto de Otón, que tuvo por sucesor a su pariente Enrique II, muerto también sin heredero (1024).

El pariente más cercano de la familia, Conrado, duque de Franconia, fue elegido por la asamblea de los señores alemanes e inauguró la dinastía de Franconia, que duró hasta 1125.

El reino de Arles, formado por los territorios existentes entre el Ródano y los Alpes, estaba habitado por población francesa. Pero el último rey de Arles, que murió sin dejar ningún hijo, legó su reino a Conrado y le envió su diadema y su cetro.

Conrado ocupó con su ejército el país y se hizo elegir y coronar rey de Arles.

Los reyes de Alemania, ya soberanos de la Lorena y de Italia, al ser reyes de Arles acabaron de reunir a Alemania toda la antigua herencia de Lotario.

El conjunto de sus reinos se llamó el Santo Imperio Romano Germánico. La parte más importante seguía siendo Alemania, el único país donde el emperador era realmente obedecido.

En Italia sólo se obedecía al emperador mientras cruzaba el país con su ejército. En el reino de Arles y en el ducado de Lorena, donde la población era francesa, cada príncipe era dueño de su territorio.

Habiéndose extinguido la dinastía de Franconia (1125), los obispos hicieron que fuera elegido rey Lotario, duque de Sajonia y aliado del Papa, en lugar del más próximo pariente Conrado, duque de Suabia.

Se encendió la guerra entre los partidarios de las dos familias: Welf, partidarios de Lotario; Waiblingen, partidarios de Conrado. Habiendo muerto Lotario sin sucesión, Conrado fundó la dinastía de Suabia, llamada también Hohenstaufen por el castillo de donde procedía la familia.

Ampliar: Sacro Imperio Romano

FEDERICO BARBARROJA
Conrado no dejaba más que un hijo varón. Su hermano, Federico, se hizo reconocer rey (1152) y fue el más poderoso de todos los emperadores.

Federico I (llamado Barbarroja por los italianos) era de mediana estatura, pero muy robusto y bien proporcionado, con rostro blanco y sonrosado, ojos claros y vivos, rubios cabellos rizados, las cejas prominentes, larga barba rubia, dientes blancos y lindas manos.

Su rostro tranquilo y risueño no dejaba aparecer el dolor ni la cólera. Audaz en los combates, y muy diestro en la guerra, era prudente, reflexivo y tranquilo. Hablaba bien y tenía una memoria excelente, acordándose de la fisonomía de gentes que no había visto hacía mucho tiempo.

Afable y generosos con sus amigos, era terrible e inexorable con sus enemigos. No hablaba nunca más que alemán, y a los enviados de otras naciones, aun cuando conociera su idioma, no se dirigía más que por medio de intérprete.

Como Carlomagno, sabía hacerse obedecer, y se afanaba en el cumplimiento de sus deberes de soberano. Fue querido y respetado por las gentes que vivían a su lado.

En Alemania fue obedecido como no lo había sido ningún rey. Consiguió lo que ninguno había podido conseguir, prohibió a todos los príncipes alemanes hacerse guerra y estableció penas contra los que turbasen la paz. A esto se llamó la «paz del país» (Landfrieden).

FUENTES

Biografia de Guillermo II de Alemania

Biografía de Guillermo II de Alemania

GUILLERMO II DE ALEMANIA (1859-1941): El tercero y último emperador del Segundo Reich tuvo una influencia muy notable en la política interior y exterior de Alemania durante su reinado.

Hijo de Federico III y de Victoria, princesa de Inglaterra, nacido en Berlín el 27 de enero de 1859, demostró desde su juventud un temperamento decidido, tal vez propenso a las exageraciones, y una afición extraordinaria a los asuntos de gobierno.

Guillermo II de Alemania
Guillermo II de Alemania fue el último emperador o káiser del Imperio alemán y el último rey de Prusia. Fue el hijo primogénito de Federico III y de la princesa del Reino Unido Victoria y gobernó de 1888 a 1918.
Fecha de nacimiento: 27 de enero de 1859, Kronprinzenpalais, Berlín, Alemania
Fallecimiento: 4 de junio de 1941, Huis Doorn, Doorn, Países Bajos
Nombre secular: Friedrich Wilhelm Viktor Albrecht von Preußen

Como los príncipes Hohenzollern, fue adscrito a la vida activa militar desde que llegó a la mayoría de edad en 1877, y su contacto íntimo con la oficialidad despertó en él las mismas inclinaciones espirituales que en sus antecesores, esto es, la convicción de que la supremacía de Alemania en Europa se debía exclusivamente al ejército.

No obstante, frecuentó los cursos de enseñanza pública en el instituto de Cassel (1874-1877) y en la universidad de Bonn (1877-1879), sin que su formación política y cultural llegara a ser completa.

En 1882 intervino en la administración de la provincia de Brandeburgo y en 1886 su padre le permitió entrar en el secreto de las relaciones internacionales.

A la muerte de Guillermo I, seguida a pocos meses de distancia por la de Federico III (15 de junio de 1888), ascendió al trono imperial de Alemania y real de Prusia.

Con él llegaba al poder la generación de Sedán, esto es, la generación que había visto resolver el problema de la unidad alemana en el marco de la potencialidad de los ejércitos germánicos.

Guillermo II representa, pues, una segunda etapa en la evolución política de Alemania, caracterizada por una mayor cohesión interna y por el deseo de plasmar la hegemonía europea del Segundo Reich en una trepidante acción de política internacional.

Deseoso de imponer su criterio en los asuntos del Estado, Guillermo II, después de un viaje por Europa, que produjo un vivo revuelo político, logró que el canciller Bismarck presentara su dimisión el 20 de marzo de 1890.

Guillermo discrepaba de su ministro tanto en la política social del Estado, como en las orientaciones de su diplomacia.

Desde entonces intervino personalmente en los asuntos públicos, respaldado sucesivamente por los cancilleres Caprivi (1880-1894), Hohenlohe (1894-1900), Bülow (1900-1909) y Bethmann-Hollweg (1909-1917).

Se ocupó de modo activo del desarrollo del ejército y de la marina de guerra, lo que procuró a Alemania la hostilidad de Inglaterra.

Beneficiándose de la prosperidad económica, llevó a su país al mayor grado de esplendor conocido, e incluso obtuvo territorios coloniales en África y Oceanía. Sin embargo, su diplomacia distó mucho de alcanzar la perfección de la de Bismarck.

Partidario de una política de prestigio, Guillermo II se acarreó enemistades por actos muy poco prudentes.

En 1896 felicitó al presidente Krüger del Transvaal por su resistencia contra Inglaterra; en 1898, en un viaje a Palestina, expuso la política imperialista de Alemania en el Próximo Oriente, también poco grata a la Gran Bretaña; en 1905, en otro viaje a Tánger, se declaró protector del Islam y opuesto a la política de Francia en Marruecos.

Por último, pese a sus tentativas de mantener la tradicional amistad entre Rusia y Alemania, su apoyo incondicional a la política austríaca en los Balcanes motivó el alejamiento definitivo del Imperio de los zares.

Así, Guillermo II fue, en cierta manera, el creador de la política de acorralamiento de Alemania, de la que él mismo era el primero en lamentarse.

Al estallar la crisis internacional de julio de 1914 Guillermo II contribuyó a agudizarla, al dejar el camino libre a la imprudente política del gabinete de Viena. Sin embargo, no se le puede considerar responsable directo de la guerra de 1914 a 1918.

En el transcurso de la misma, la personalidad del emperador no se demostró a la altura de las circunstancias; su carácter inquieto, exagerado y mudable, acentuóse al compás de la mayor dureza de la lucha. Ni supo resistir a las exigencias, desorbitadas en algunos casos, del Estado Mayor, ni poner coto a la efervescencia socialista.

Después del fracaso de la ofensiva de verano de 1918, la situación llegó a ser muy difícil para la monarquía. La misma oficialidad le aconsejó su abdicación en el gran consejo de Spa (29 de octubre de 1918).

Proclamada la República en Berlín, Guillermo II abdicó, abandonó Alemania el 9 de noviembre y se refugió en Holanda.

Desde esta fecha hasta su muerte, acaecida el 4 de junio de 1941, Guillermo II residió en Dorn.

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Revolución Francesa

 

La Revolución Francesa fue un movimiento social que estalló en 1789, contra el absolutismo real y los privilegios sociales. Ese acontecimiento cambió la estructura del gobierno y la organización de la sociedad, y respondió en sus finalidades más nobles al deseo de un mejor orden político y de una más equitativa organización social. El ambiente era propicio para el estallido de la revolución. La corrupción de costumbres había llegado en la alta sociedad a un punto increíble.

La situación política de Francia respondía al absolutismo monárquico, mientras los filósofos y enciclopedistas proclamaban su repudio del absolutismo, y su admiración por el régimen constitucional inglés.

La situación social presentaba contrastes irritantes: en la cúspide, el Rey y su familia, que vivía en la opulencia, rodeado de brillante y fastuosa corte; más abajo los privilegiados del primer estado y del segundo estado, libres de impuestos, y colmados de favores y privilegios.

Por último, los no privilegiados, que formaban el tercer estado, o estado llano: legistas, burgueses enriquecidos, obreros y campesinos. Sobre estos cargaba el peso de los impuestos, aumentados continuamente, por los derroches de las altas esferas. La situación económica era difícil. El aumento de la deuda del Estado provocaba la imposición de nueyos tributos, para conjurar el déficit. (seguir leyendo: Revolución Francesa)

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Antecedentes de la Revolución Rusa

Durante el siglo XIX gobernaron Rusia varios zares que, a pesar de implantar distintas reformas de carácter liberal, parecieron preocuparse muy poco de la miserable vida de los campesinos y de la gran masa de la población.

El descontento frente a la forma autocrática de gobierno de los zares creció gradualmente en el medio obrero y campesino, así como entre los intelectuales.

El hambre y las condiciones de trabajo de los campesinos y de los obreros condujeron a la formación de un proletariado rural y otro industrial.

A principios del siglo xix, Rusia estaba gobernada por un zar autócrata, y carecía de Parlamento y de Constitución.

La población rusa estaba compuesta por los boyardos o nobles (de los que había alrededor de cien mil familias), del clero ortodoxo, a menudo analfabeto, brutal y fanático, y de la burguesía (intelectuales y mercaderes), que residía en las ciudades, las más importantes de las cuales eran Moscú, San Petersburgo (hoy Leningrado), Azov, Novgorod, Kiev y Tsaritsin (hoy Volgogrado).

En último lugar figuraban los campesinos o mujiks, vasallos de la corona o de los nobles. Éstos podían azotarlos o venderlos a su antojo. Los mujiks estaban a veces sujetos al servicio militar obligatorio durante períodos de veinticinco años.

Podían ejercer algunos de los oficios más bajos, como cochero, cocinero, criado o jardinero, pero en realidad sólo eran esclavos que tiraban de sus propios arados de madera y que podían ser vendidos con sólo poner un anuncio en el periódico.

Pablo I, hijo de Catalina, subió al trono en 1796. Tenía cuarenta y tres años, y su reinado duró únicamente cinco. Desposeyó a la nobleza de algunos de los privilegios que les fueran concedidos en 1785 y volvió a fijar impuestos sobre los dominios, declarando de nuevo obligatorio el servicio militar.

Pero nadie pensó en mejorar la situación de los campesinos. Éstas y otras medidas hicieron muy impopular al zar Pablo I, y cuando, en 1801, fue asesinado, respiró toda Rusia.

Le sucedió el despótico Alejandro I. Durante su reinado Rusia desempeñó por primera vez un papel importante en el concierto internacional al obligar a Napoleón a abandonar Moscú en 1812.

Alejandro I extendió considerablemente el territorio nacional con las conquistas de Besarabia, Finlandia y gran parte de Polonia y del Cáucaso.

Le sucedió su hermano Nicolás I, que reinó durante treinta años. El cambio de reinado fue motivo de desórdenes internos. Los decabristas o decembristas, grupo compuesto por oficiales e intelectuales de ideas liberales, exigieron una constitución.

La conspiración fue dominada rápidamente, y sus jefes, ahorcados o desterrados a Siberia.

Nicolás I reforzó su policía secreta y adoptó para los ferrocarriles del país un ancho de vía distinto del normal en el resto de los países europeos. También limitó a quinientos el número de estudiantes que podían matricularse en una misma universidad.

Tales medidas iban encaminadas a impedir la entrada en Rusia, en la medida en que ello fuera posible, de las ideas liberales esparcidas.

por Europa. Al mismo tiempo, mejoró un poco las condiciones de vida de los campesinos y reprimió una insurrección en Polonia (1830-1831). Nicolás I sostuvo contra Turquía, Inglaterra, Francia y el Piamonte la guerra de Crimea, que acabó por perder.

Su hijo Alejandro II, que le sucedió en 1855, estaba animado por las mejores intenciones. En 1861, apoyado por su ministro Melutin, decretó la abolición del vasallaje por medio de un ucase.

El último zar de la dinastía de los Romanov fue Nicolás II (1894-1917). Era un ser débil y testarudo que se dejó llevar por los que le rodeaban. Él y su familia vivieron en continuo temor de perder a su único hijo, el zarevich, que padecía hemofilia.

El siniestro Rasputín, que ejercía beneficiosa influencia sobre el muchacho, llegó a ser todopoderoso en la corte. Después de la desastrosa guerra contra Japón, en 1904-1905, en la que el ejército ruso sufrió derrota tras derrota, estalló en San Petersburgo una revuelta que recibió el nombre de «domingo sangriento».

El domingo 22 de enero de 1905, varios miles de trabajadores se dirigieron al Palacio de Invierno para exigir al zar la adopción de reformas liberales. Aunque era una manifestación pacífica —muchos de los manifestantes llevaban consigo iconos y cantaban himnos religiosos—, la tropa abrió fuego contra ellos cuando rehusaron dispersarse.

El descontento de la población creció considerablemente.

De igual modo, el motín que se declaró a bordo del acorazado Potemkin, en el mar Negro, trajo consigo una sucesión de movimientos subversivos y revueltas que el zar nunca consiguió reprimir totalmente.

Después de vencer las principales dificultades, Nicolás II se avino a que fuera elegida una duma o asamblea nacional representativa. Podía expresar su oposición, pero el poder imperial anulaba su efectividad tanto como la división de la propia duma en diferentes partidos : demócratas constitucionales o «cadetes», socialrevolucionarios y socialdemócratas (marxistas). Del seno de estos últimos saldrían los bolcheviques de Lenin.

El ministro Stolypine era del parecer que había que estimular la propiedad individual de bienes raíces. Era preciso, según él, asignar tierras a aquellos que parecían más dotados en el terreno económico y dejar que la industria absorbiera al resto de la población. De este modo hizo aparición el kulak, o campesino rico, mientras el mir o comunidad rural desaparecía.

A fin de aportar fondos con que cubrir los grandes desembolsos que originó la construcción de líneas de ferrocarril estratégicas y el incremento del potencial militar, hubo que aumentar de modo considerable las exportaciones de trigo. Esto significó para el pueblo ruso un período de privación y de hambre que originó el nacimiento de un proletariado rural.

Al mismo tiempo, la industria empezaba a desarrollarse: la cuenca hullera del Donetz, instalaciones petroleras en el Cáucaso e industrias más ligeras en los alrededores de Moscú y de San Petersburgo. Esta transformación de la economía rusa creó el proletariado industrial.

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El término «nazismo» resulta del apócope de Nacional Socialismo. Se lo conoce también por «razismo», por su exaltación de la raza aria, y por «hitlerismo» derivado del nombre de su Jefe.

El nazismo es un totalitarismo racial.

Fue fundado por Adolfo Hitler, en Alemania. El uniforme distintivo de los nazis era la camisa parda y su emblema la cruz esvástica.

Al perder la primera guerra mundial, Alemania se vio obligada a aceptar una paz rigurosa y vengativa que le fue impuesta por el Tratado de Versalles.
El pueblo alemán no se resignó a esa humillación y a las duras consecuencias de la derrota. El 9 de noviembre de 1918 abdicó el emperador Guillermo II e inmediatamente los socialistas se hicieron cargo del gobierno y proclamaron la República.

Al año siguiente, el 31 de julio de 1919, se proclamó la Constitución de Weimar, de carácter democrático, republicano y federal.

En enero de 1923 ejércitos franco-belgas ocuparon la región del Rhur con sus importantes yacimientos mineros, por la demora de Alemania en pagar las reparaciones de guerra. Se creó, entonces, una difícil situación agravada por la caída vertical del marco, completamente desvalorizado por las fabulosas emisiones de papel moneda hechas por el gobierno, con la peregrina idea de auxiliar a los obreros. Adolfo Hitler (1889-1945), austríaco de nacimiento, había fundado en 1919 en Munich, el Partido Nacional Socialista, llamado más tarde Partido Nazi.

El 8 de noviembre de 1923 intentó un golpe revolucionario en Munich, «el putsch de la cervecería», para derrocar al gobierno, pero fracasó.

Durante el año de cárcel escribió Hitler sus principales ideas políticas en el libro titulado «Mi lucha». Al recobrar la libertad, a fines de 1924, reanudó su campaña en pro del resurgimiento de Alemania, alcanzando gran popularidad y conquistando muchos adeptos.

En las elecciones de 1932 el Partido Nazi obtuvo enorme mayoría.

De acuerdo a la Constitución, el presidente Hindenburg nombró a Hitler, Canciller del Reich.

Muerto al año siguiente Hindenburg, Hitler reunió en su per sona los cargos de canciller y de presidente, decisión que fue ratificada por un plebiscito que le concedió además el título de Fürher (Caudillo).

Alemania adoptó el nombre de Tercer Reich, se abolió la Constitución de Weimar, se reemplazó la bandera de la República por la insignia esvástica del nazismo.

Hitler convirtió a Alemania en un estado unitario; proclamo único partido legal al Nacional-Socialista y disolvió a los partidos opositores; renovó la legislación y creó Tribunales del Pueblo.

La palabra traición tuvo un significado muy amplio y los acu sados de traición fueron juzgados con gran severidad y en forma secreta por los «Tribunales del Pueblo».

Se crearon campos de concentración. Se persiguió a los judíos, se les privó del derecho de ciudadanía y se les prohibió las actividades lucrativas.

Como es común en los regímenes totalitarios, agrupó a los obreros de sindicatos que debían responder al «Frente de Trabajo Alemán»; restringió las libertades, fiscalizando en forma absoluta el periodismo, la enseñanza, la radio, el cine, etc., y se crearon organismos para la represión brutal de cualquier intento de oposición.

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