Dinastias Chinas

Primera Republica de China Revolucion de 1911 Antecedentes

Resumen Primera República de China
 Antecedentes de la Revolución de 1911

China es el único gran país del mundo que nunca ha estado de una manera efectiva bajo el dominio de un país europeo. Además, como es sabido, durante un período de dos milenios el imperio chino consiguió evitar contactos con civilizaciones que pudieran parangonársele en esplendor y poderío. Fue la primera Guerra del Opio, en 1840-1842, la que obligó a China a iniciar sus contactos con Occidente.

Las guerras con los países europeos la forzaron a abrir sus puertos al comercio extranjero, convirtiéndose los mismos en enclaves semicoloniales. Durante un siglo, la economía, los puertos y las industrias más importantes estuvieron a merced de las potencias extranjeras.

De cualquier forma, en el curso de los primeros cincuenta años de contacto con los europeos, China se mantuvo por completo impermeable a las ideas que éstos intentaban introducir en el país.

Tecnológicamente China estaba muy atradsada y  necesitaba modernizarse para competir con Occidente, por lo que debían acabar definitivamente con el ciclo de los emperadores de 2000 años de antiguedad y finalmente en 1911 fue sepultada la dinastía Qing, pero siempre el liderazgo y la jerarquía, elementos centrales en su cultura, siguieron primando en los habitantes de China.

Como toda revolución, la de 1911 en China distó obviamente de ser obra de una sola persona, pero le cupo el rol principal en esa historia, por ser quien fue proclamado presidente provisional, a Sun Yat-sen, hoy considerado padre de la patria posimperial, así como luego Mao Zedong sería considerado padre del Estado moderno chino.

Este intento revolucionario duró cuatro décadas tumultuosas entre invasiones y guerras civiles, hasta que en 1949 Mao Zedong proclamó la República Popular. En todo caso, el orden jerárquico asumió otros modos, pero manteniendo rasgos de obediencia gobernante-gobernado que están muy arraigados desde Confucio. Surgen las figuras de Sun Yat-sen y otros revolucionarios de las ciudades de Wuchang y Nanjing.

sun yat sen

Sun Yat-sen,  el dirigente revolucionario chino quien  fuera el artífice del derrocamiento de la dinastía Qing en 1912 y del establecimiento de la China moderna de carácter republicano. Hoy considerado padre de la patria posimperial.

Antecedentes de la Revolución de 1911:

Tras la Rebelión Bóxer de 1900, la dinastía Qing (bajo la regencia de la emperatriz viuda Ci Xi) realizó un último pero sustancial esfuerzo para reformar el sistema imperial chino. El Estado abolió el sistema de exámenes confucianista, se crearon academias militares similares a las de Occidente y se concedieron becas para cursar estudios en universidades extranjeras. Estas reformas crearon un espíritu nacionalista y revolucionario en los estudiantes chinos y formaron un grupo llamado: Liga Revolucionaria Unida cuyo líder fue doctor Sun Yat-sen

Los militares de las academias chinas adoptaron la misma posición ultranacionalista y culparon a los manchúes de la pobre situación del país, dando comienzo a una serie de asambleas regionales exigiendo la creación de una constitución republicana.

Se fue creando un clima de desestabilizador en todo el país y el 10 de octubre de 1911, un grupo de soldados revolucionarios pertenecientes a las fuerzas destacadas en Wuchang se amotinó y derrotó a las tropas pro-gubernamentales enviadas para sofocar la revuelta. A continuación, fuerzas de otras provincias del sur y el centro de China proclamaron su independencia de la dinastía Qing.

emperador puyi

El último emperador de China de la dinatía Qing (Manchúes) accedió al trono en 1908, cuando todavía era un niño, bajo la regencia de su padre, el príncipe Chun. Obligado a abdicar cuatro años más tarde, tras el triunfo de la Revolución republicana, siguió no obstante viviendo en la Ciudad Prohibida de Pekín con el nombre de Henry Puyi, conservando el título de emperador si bien como prisionero del gobierno republicano. En 1924 se le obligó a abandonar el palacio y, en 1932, los japoneses le presionaron para que se convirtiera en regente del Estado títere de Manchukuo.

Durante la revolución el  poder de Sun fue escaso, porque quien comandaba las tropas militares al norte, Yuan Shikai, fue haciéndose el hombre fuerte y fue proclamado presidente en 1915, aunque ya gobernaba en los hechos desde 1912… Sun se fue exiliado nuevamente, pero en 1917 intentó recuperar el poder y junto con Chiang Kai-shek formó el Kuomintang o partido republicano-nacionalista. En el frente unido con los comunistas del partico de Mao Tse Tung, combatió la invasión japonesa. En 1925, Sun, enfermo de cáncer, murió cuando negociaba en Pekín un acuerdo de reunificación nacional.

Para llegar a los acontecimientos decisivos de 1911 hubo varios protagonistas más, como para solo citar a algunos, Liang Qichao, fundador del periódico Nuevo Ciudadano y rival de Sun con su Partido Progresista; Chen Duxiu, luego uno de los fundadores del PCCh y del diario Nueva Juventud (en rigor, dirigentes comunistas como Li Dazhao o el propio joven Mao, entonces un estudiante de facultad en Xiang Xiang, formaron parte de toda aquella efervescencia china para sacarse de encima a la última y decadente dinastía); o Chiang Kai-shek, quien a la sazón estaba en Japón y fue llamado por Sun para que se hiciera cargo de un nuevo ejército. Aun antes que ellos, varios intelectuales habían expresado su repudio a la humillación de la corte en 1895 frente a Japón y desertaron del régimen imperial chino.

Aunque la Revolución Republicana puso fin al régimen imperial chino, no consiguió sustituirlo por un sistema de gobierno eficaz. En las décadas posteriores, la población china padeció el acoso de jefes militares, guerras civiles, golpes de Estado e incursiones de enemigos extranjeros. Finalmente, la República instaurada por Sun Yat-sen fue sustituida en 1949 por la nueva República Popular China gobernada por el revolucionario comunista Mao Zedong , pero esa es ya otra historia.

El fin de la dinastía de los manchúes (Qing) no condujo a la modernidad ociidental a China , por el contrario, se abrió un período de violentos sucesos internacionales, como fueron las dos guerras mundiales, la Revolución soviética, el imperialismo japonés, la guerra civil entre nacionalistas y comunistas, que marcaron más de tres décadas de frustraciones y decadencia y que continuaron el período de humillaciones que ya habían generado en China las potencias occidentales. En estos años, la disputa interna central se dio entre el Kuomintang, del mariscal Chiang Kai-shek, y el PCCh, de Mao Zedong, que resultó ganador en 1949.

El Desarrollo de la Revolución:
China y Japón:
  Los japoneses, que eran considerados como «piratas enanos» y seres inferiores, consiguieron infligir a los chinos una grave derrota militar en 1895 y ocuparon Formosa (Taiwán); la causa de este repentino poderío japonés no era otra que la capacidad para aprender de Occidente, y esto produjo el despertar de ciertos círculos intelectuales chinos que predicaron la necesidad de romper con el multi-secular aislamiento.

La velocidad de la modernización japonesa no tiene paralelo en la historia del mundo moderno. En la década de 1850 las islas estaban indefensas. Medio siglo más tarde, en 1905 los japoneses alcanzaron una victoria aplastante sobre Rusia, que durante la mayor parte del siglo XIX había sido considerada como la mayor potencia militar del planeta. La transformación de Japón en un estado moderno empezó con la subida al trono del emperador Mutsu-Hito, en 1867.

Los manchúes cayeron en 1911, haciendo su irrupción en la vida política china los nacionalistas republicanos, cuyo objetivo inmediato era crear un estado fuerte y centralizado. Aunque la república se proclamó en 1912, los auténticos rectores del país hasta 1937 -fecha de la invasión japonesa- fueron los militares. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles dejó de lado las reclamaciones chinas y reconoció formalmente el dominio de Japón sobre la base de Kiao-Tchen, antes mencionada.

El mal trato que China recibió de sus aliados hizo del nacionalismo chino un auténtico movimiento de masas. Al mismo tiempo, la Rusia bolchevique levantaba todas las imposiciones que desde la época del zar pesaban sobre China y restituía los territorios antaño arrebatados. Sun Yat-Sen, el líder del movimiento republicano, que pasó a llamarse Kuomintang, volvió sus ojos hacia la Unión Soviética y la alianza con este país hizo que la influencia del Partido Comunista Chino aumentase notablemente, pero no fue por mucho tiempo, pues esa alianza pronto decaería y serían enemigos.

La crisis mundial de 1929 provocó un alarmante descenso en el precio de la seda -principal producto japonés de exportación-, y el malestar se hizo general, alcanzando al ejército, que pasó a controlar abiertamente la política exterior. Entre 1931 y 1936 Japón desarrolló campañas militares en el norte de China. El control de los civiles sobre la vida política del país se vino abajo.

Pese a ello, Japón nunca fue un estado fascista en el sentido europeo. No forjó ni un führer ni un sistema de partido único, pero compartió con la Alemania nazi (con la que Japón firmó una alianza en 1936) un nacionalismo violentamente agresivo y la convicción de que la democracia parlamentaria era incompatible con la grandeza nacional. El argumento utilizado por Japón para justificar su expansión en el Asia continental fue el mismo que utilizó Alemania en Europa: la necesidad de «espacio vital».

Las campañas militares japonesas en China tuvieron importantes efectos sobre la vida de este último país. El ejército republicano del Kuomintang, mandado por Chiang Kai-Shek, parecía más ocupado en luchar contra los comunistas de Mao -y contra sus consignas de «revolución campesina»- que en hacerlo contra el enemigo exterior japonés. La segunda gran debilidad del Kuomintang fue su incapacidad para promover una guerra de guerrillas.

Después de 1939, con gran parte de China en poder japonés, Chiang Kai-Shek se puso a la defensiva, en tanto que los comunistas libraban una intensa campaña guerrillera en la China ocupada, con el propósito de luchar contra los japoneses y extender al mismo tiempo la revolución en el campo. De la misma manera que el expansionismo japonés durante la primera Guerra Mundial había traído como consecuencia un distanciamiento entre China y Occidente, la nueva agresión japonesa que se manifestaba en el curso de la segunda Gran Guerra estaba creando las condiciones para una victoria comunista en el país.

La guerra civil se saldó con la victoria de los ejércitos comunistas, dirigidos por Mao Tse-Tung, sobre las tropas de Chiang Kai-Chek, que se vio obligado a retirarse a la isla de Taiwan (Formosa).

En 1949 el revolucionario comunista Mao Zedong funda la nueva República Popular China gobernada por el hasta su muerte en 1976.

China Post Guerra Mundial: La primera intervención internacional de la nueva China se produjo con ocasión del conflicto de Corea. Este país había sido dividido en dos zonas, norte y sur, con arreglo al paralelo 38. La mitad se colocó bajo supervisión soviética en tanto que la mitad sur bajo control norteamericano.

En 1948 se creó la República de Corea, en el sur, más o menos independiente, y poco después la República Popular Democrática de Corea, en el norte. El paralelo 38 se había convertido en el telón de acero de Extremo Oriente.

En junio de 1949 fueron retiradas de Corea del Sur las tropas de ocupación norteamericanas. La Unión Soviética instigó una invasión de Corea del Sur por el ejército del Norte, y la guerra comenzó el 25 de junio de 1950. Los norteamericanos respondieron de inmediato a este reto enviando tropas y suministros al Sur; poco después las Naciones Unidas recomendaron una acción militar de sus propias tropas «para repeler el ataque armado».

En septiembre de 1950 tropas norteamericanas desembarcaron en Inchon, y la política de Estados Unidos se centró en librar una guerra limitada que no provocara la participación directa de la Unión Soviética o de China. Sin embargo, el general norteamericano MacArthur tenía unos planes más agresivos, y sus tropas penetraron en octubre de 1950 en territorios del Norte.

Aunque la Unión Soviética no respondió a la provocación, China sí lo hizo y sus tropas detuvieron a las fuerzas norteamericanas. En diciembre de 1950, Estados Unidos y Gran Bretaña abandonaron su objetivo de unir el Norte y el Sur de Corea y firmaron una declaración señalando su intención de respetar el paralelo 38.

Las relaciones entre los dirigentes chinos y la URSS fueron cordiales hasta  1966.  En aquellos momentos China iniciaba una fase de luchas inernas por el poder. En agosto de aquel año hicieron su primera operación los llamados «guardias rojos» en lo que sería elinicio de la Revolución Cultural. En abril de 1975, el general Chang Kai-Chek murió en Taiwan.

En el continente, el Congreso Nacional del Pueblo Chino dirigió al país desde una nueva perspectiva, promoviendo una cierta relajación ideológica interior y la recuperación de contactos internacionales, incluso con Estados Unidos. El 9 de septiembre de 1976 murió Mao Tse-Tung y le sucedió Hua Kuo-Feng. La reacción contra el maoísmo no cesó de ganar fuerza desde entonces.

La política de puertas abiertas y de modernización y liberalización de la economía, encabezada por Deng Xiaoping, se impuso en todos los órdenes de la vida del país, si bien se vio malograda por la represión con que el régimen respondió a los disturbios de 1989, motivados por las urgentes demandas de democratización. Él Partido sigue, pues, controlando la vida del país.

El Japón, cuyo monarca Hiro-Hito estuvo al frente del Estado más de 60 años, se ha convertido en la segunda potencia industrial del mundo, y su liderazgo en productividad y tecnología de vanguardia es ya indiscutible.

Ver: China Hoy – La Apertura Capitalista

Fuentes Consultadas:
Atlas Historia del Mundo Desde los Orígenes de la Humanidad Hasta Nuestros de Días – Editorial Parragon
Historia – Sin Fronteras – Tomo II Edad Contemporánea Edciones Nauta S.A.
Enciclopedia Electrónica Encarta Microsoft
Todo Lo Que Necesitas Saber Sobre China Restivo-NG  – Editorial Paidós
El Derrumbre del Humanismo Daniel Muchnik-Alejandro Gravie – Editorial Edhasa

Los Mongoles: Gengis Khan Kublai Imperio Mongol Invasiones Barbaras

Los Mongoles: Las Invasiones de Gengis Khan y Kublai

Genghis Khan: Los mongoles irrumpieron en la historia, saliendo de su oscuridad, a principios del siglo XIII, cuando Temujin (Herrero), un jefe tribal, unió a un cierto número de tribus negligentemente organizadas en una fuerza única y disciplinada. Con ella sometió a las tribus restantes y convirtió a los mongoles en una eficiente fuerza de choque.

En 1206 Temujin asumió el título de Genghis Khan (Rey de la Tierra).

El primer objetivo de Genghis Khan estaba al alcance de la mano: las ricas y civilizadas tierras de la China septentrional, en que la una vez poderosa dinastía Sung había dejado de tener influencia.

Estas tierras septentrionales habían caído en manos de los Kin (o Chin), un pueblo agrícola, cazador y pescador de la zona más tarde llamada Manchuria.

Estimulados por la opresión, los Kin se habían convertido en un pueblo guerrero a principios del siglo XII, derrotando a la dinastía Sung del Norte y poniendo a la China septentrional bajo su dominio. Su régimen era brutal y convirtieron en esclavos a muchos de los Han que vivían en la China septentrional.

Genghis empezó su ofensiva contra los Kin en la forma clásica mongol, es decir, reteniendo los tributos. Al mismo tiempo, hizo un pacto secreto con los Sung en la parte meridional de China. Empezó su ataque a la provincia de Hsi-Hsia, en lo que ahora es la China centroseptentrional, en 1211.

El imperio Kin estaba protegido por la Gran Muralla de China, construida hacía más de mil años, pero por aquel tiempo estaba bastante mal conservada. Los mongoles, expertos en asedios, traspasaron pronto la muralla y las fortificaciones, donde los soldados Kin habían buscado refugio, matando a las guarniciones y a los civiles.

Veamos la historia con mas detalles….

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Este pueblo nómada de las estepas eurasiáticas fundó en el siglo XIII, bajo el liderazgo de Gengis Khan, el mayor imperio de la historia.

Eran una tribus de jinetes nómadas de las estepas del Asia Central,  su lugar de origen coincide aproximadamente en la actualidad con la república de Mongolia y las franjas meridionales de Siberia.

En el siglo XIII, bajo el liderazgo de Gengis Khan protagonizaron un movimiento de expansión de tal magnitud, que el imperio mongol llagó a extenderse desde China por el Este, a Rusia y el imperio islámico por el Oeste.

EL PAÍS MÁS «AISLADO» DEL MUNDO: Mongolia no es una isla, y, sin embargo es el país más «aislado» del mundo: en los cuatro puntos cardinales, cadenas montañosas y desiertos lo separan de los países limítrofes: Rusia y China.

La tierra de los mogoles es un extenso altiplano: solamente contando los límites del Estado mogol, su superficie es de 1.530.000 kilómetros cuadrados; y, para tan inmenso territorio, la población alcanza escasamente al millón de habitantes.

Es una región totalmente falta de agua; en verano es recalentada por el sol, y en invierno queda cubierta por una blanca capa de nieve.

Tiene una variación térmica realmente impresionante: de +37° en verano a —45° en invierno.

No obstante no hay que creer que el altiplano mogol sea un desierto sin vida; al contrario, cuando se derrite la nieve, crece por todos lados una espesa hierba que constituye un óptimo forraje para los numerosos animales de los rebaños.

MAS SOBRE LA VIDA DE LOS MONGOLES: Desde los tiempos más antiguos conocidos, toda la vida de los mongoles dependía de los animales y sus productos. Las ovejas, cabras y reses les proporcionaban alimento, ropa, tiendas y equipo de montar; sus caballos, pequeños y achaparrados, y sus camellos transportaban a los mongoles y su equipo de una tierra de pastos a otra.

Los niños mongoles, alimentados con leche fermentada de yegua llamada kumis, aprendían pronto a montar y, al igual que sus padres, se sentían más a sus anchas a caballo que a pie. Grandes perros salvajes acompañaban a los nómadas en sus correrías conduciendo a sus animales domésticos y guardando sus campamentos.

Entre los pocos productos no animales que los mongoles llevaban se encontraban las estructuras de madera de sus tiendas portátiles de fieltro (llamadas gerss o yurts) y una coraza de madera o hierro que les cubría el pecho y que elaboraron para la guerra organizada.

Su principal arma era el arco; los niños se adiestraban pronto a disparar flechas con pequeños arcos. A medida que crecían, aumentaban el tamaño de sus arcos y la longitud de sus flechas.

mapa mongoles

KUMIS Y TE CON MANTECA
También la alimentación de los mongoles es curiosa. Son esencialmente «carnívoros»: comen carne de caballo, de yac (especie de buey, de pelo abundante, que ellos emplean como bestia de tiro), pero no rechazan tampoco la carne de perro ni la del icneumón, una especie de mangosta. Crían vacas de las que sacan bastante cantidad de leche; ésta les sirve para la preparación de cremas frescas y de quesos.

Los mongoles antes de Gengis Khan: Los pueblos mongoles pertenecen al amplio grupo de pueblos mongoloides, del que también forman parte chinos, japoneses, coreanos, thais, etc. Su medio geográfico configuró una forma de vida nómada, basada en el pastoreo de cabras, ovejas y caballos, muy similar a la de otros pueblos esteparios, como los turcos y los tunguses (manchúes), con los que también comparten una filiación lingüística (lenguas uralo-altaicas).

Parece que su hábitat original se situaba en las llanuras al sureste del lago Baikal, aunque algunos grupos se extendieron al norte del mismo, en la taiga siberiana, donde vivían de la caza. Su forma de vida motivó la extremada sencillez de las sociedades mongolas.

Agrupados en tribus, vivían en tiendas que transportaban consigo en sus desplazamientos en busca de nuevos pastos, no practicaban la agricultura ni tenían ciudades o asentamientos permanentes. El chamanismo y la veneración de los fenómenos naturales constituían sus principales prácticas religiosas.

Estas circunstancias motivaron el que los mongoles raramente fundaran estados, aunque se dieron algunas excepciones. Como otros pueblos nómadas, los mongoles eran excelentes arqueros y jinetes.

Convertidos en una fuerza guerrera, su extremada movilidad y velocidad hacía de ellos una seria amenaza para cualquier ejército. Gracias a ello consiguieron fundar efímeros Estados en diversas épocas, como el reino de Yen (siglo IV), el imperio juan-juan (siglos V y VI) o el de los kihtan (siglos X y XI) al norte de China, o el de los kara-kitai (siglos XI y XII) en Asia Central.

A causa de la inestabilidad interna y de la presión de otros nómadas, frecuentemente azuzados por el imperio chino, estos Estados solían desaparecer rápidamente, y las tribus mongolas volvían a su existencia errante.

Gengis Khan

Gengis Khan En 1196 Temuyin, un jefe de clan mongol, fue elegido khan o kan(soberano) por una asamblea de las tribus.

En pocos años sometió a su autoridad a todas las tribus turcas y mongolas que vivían en torno al Baikal, y en 1206 fue proclamado khagan (soberano supremo) por todas las comunidades, y adoptó el nombre de Gengis Khan (soberano universal). Organizó su nuevo Estado sobre dos pilares.

El ejército fue dividido en tres tipos de fuerzas: una caballería pesada para romper las formaciones enemigas, una caballería ligera (la especialidad mongola), que con sus continuos y rápidos ataques y retiradas hostigaba y debilitaba al enemigo hasta vencerlo, y cuerpos auxiliares de ingenieros e infantería, normalmente reclutados entre los pueblos sometidos, y empleados en los asedios de ciudades.

Los hombres eran repartidos en nuevas unidades, rompiendo las tradicionales agrupaciones tribales, lo que daba cohesión al conjunto, reforzado por la presencia de los 10.000 bahadur, la guardia personal del Khan.

La movilidad y sobriedad de este ejército y la organización de un eficaz sistema de correos (yam) permitían desplazar rápidamente grandes contingentes de tropas a lo largo de enormes distancias y concentrarlas por sorpresa contra el enemigo, con efectos devastadores.

El ejército mongol era extraordinariamente autosuficiente. Los soldados viajaban con su familia, de modo que el ejército consistía en una enorme multitud de viajeros sin motivo ni necesidad de volver a casa.

Sus tácticas militares se basaban en las técnicas de los nómadas para cazar animales en grupo.

Las fuerzas mongolas se desplegaban en una sola línea, rodeaban toda una región y luego se aproximaban por todos los lados, de modo que nadie podía escapar a su cerco.

Gracias a la cuidadosa planificación de sus consejos militares (llamados kurultaí) y a los excelentes reconocimientos del terreno que realizaban en sus veloces caballos, la victoria no tardaba en llegar. Sus primeras víctimas fueron los Jin, los enemigos de los Song del Sur.

Gengis les declaró la guerra en el año 1211 e inició sus avances con dos ejércitos de cincuenta mil arqueros, pero luego se dio cuenta de que, en realidad, no contaba con los recursos necesarios para tomar sus ciudades. Recurriendo a varios ingenieros chinos y algunos guerreros musulmanes para que le enseñaran a construir las máquinas de guerra y las catapultas gigantes (trabucos) utilizadas por los bizantinos, Gengis empezó a construirlas por su cuenta mediante los recursos que encontraba sobre el terreno, como los árboles.

Cuando Gengis se enfrentaba a una ciudad, daba a elegir a los dirigentes del enemigo entre dos opciones: rendirse o morir. Era un hombre de palabra. Si un mandatario era tan orgulloso como para presentar batalla, Gengis no mostraba ningún tipo de clemencia. Si se rendía, su pueblo era perdonado, pero a cambio se le exigía lealtad absoluta.

Cuando en el año 1209, un gobernante de Turfán –ciudad oasis situada en la actual región autónoma de China– se sometió a la autoridad de los mongoles, Gengis Kan no sólo perdonó la vida a su pueblo, los uiguros, sino que además éstos se pusieron a trabajar para los mongoles y se convirtieron en el motor de su burocracia imperial enseñando a leer y escribir al pueblo nómada, que hasta entonces había sido analfabeto.

En el año 1213 los mongoles ya habían llegado hasta la Gran Muralla y, en menos de dos años, se habían introducido en el corazón de la China septentrional. En el año 1215 asediaron y saquearon la capital de los Jin:Yanjing (Pekín en la actualidad).

Una vez sometido el pueblo Jin, la ira de Gengis Kan se dirigió contra el emperador musulmán -que al parecer le había insultado sin razón- de Jwarazm, imperio que se extendía desde el extremo occidental de China hasta el mar Caspio.

Luego Gengis Kan se dirigió hacia el norte, hasta llegar a Rusia, donde su ejército se dividió en dos y conquistó Georgia y Crimea. En su camino de vuelta hacia Mongolia derrotaron a un ejército ruso dirigido por seis príncipes, incluido el gobernante de Kiev. Como era costumbre en la tradición mongola, los príncipes fueron ejecutados sin derramar ni una gota de sangre: murieron aplastados bajo el peso de la mesa de banquete en la que los generales mongoles celebraron su festín victorioso.

Por otro lado, la yasa era la ley imperial que daba cohesión y organizaba el conjunto de las Instituciones del Imperio. La soberanía era electiva dentro de la familia de Gengis Khan, cuyos miembros acaparaban los máximos poderes civiles y militares. La cancillería imperial y el tribunal supremo eran dirigidos por mongoles. El Imperio se dividía en distritos militares, y los jefes del ejército, miembros del gran consejo imperial, se encargaban también de la administración, auxiliados por una numerosa y eficiente burocracia, escogida entre los pueblos sometidos.

Con estos elementos, los mongoles emprendieron una espectacular serie de conquistas. En 1209 sometieron el reino tungús de Xixia, después conquistaron el norte de China hasta Pekín (1215). Gengis Khan obtuvo el vasallaje pacífico de los kara-kitai (1218) y atravesó sus tierras en 1221 para conquistar el sultanato turco musulmán de Jwarizm (noreste de Irán). Combinando la tolerancia con las poblaciones sometidas pacíficamente y la mayor crueldad con los enemigos vencidos, convirtió el terror en un arma tan eficaz como su ejército. Sus lugartenientes Subotay y Djebe realizaron una incursión al sur de Rusia, venciendo a os cumanos y los rusos en Kalka, en 1223.

En 1225 Gengis regresó a China, donde volvió a luchar contra los Jin para someterlos de nuevo. Al cabo de poco tiempo, Gengis Kan murió: nadie sabe cómo. Algunos dicen que cayó de un caballo. Otra leyenda cuenta que fue asesinado por una bella princesa tangut: cuando estaban a punto de hacer el amor, lo castró con un cuchillo que llevaba escondido en la ropa interior para vengarse de él por haber exterminado a su pueblo.

Cuando murió Gengis, el Imperio mongol abarcaba desde la costa oriental de China hasta el mar Caspio. Pero sus hijos lo ampliarían aún más creando nuevos imperios en Rusia, Siberia y Asia central.

Sus primeros sucesores

A la muerte de Gengis Khan (1227) el imperio, que se extendía desde Manchuria hasta el mar Caspio, estaba repartido entre su hijos, bajo la soberanía del Gran Khan. En 1229 la asamblea de los nobles mongoles eligió para este puesto a Ogodei. este continuó las conquistas mientras organizaba el imperio, estableciendo la capital en Karakorum (1235).

El imperio Km del norte de China fue totalmente conquistado (1234), así como gran parte de Persia (1239). Batu, sobrino de Ogodei, acompañado por Subotay y Mangu, marchó sobre Occidente, destruyendo a los búlgaros del Volga (1236), aplastando a los rusos y tomando Kiev (1240). Atacó entonces Polonia, Hungría y Alemania, llegando hasta el Adriático (1241). Pero cuando iba a atacar Viena, la noticia de la muerte de Ogodei le hizo volver rápidamente a Karakorum para defender sus derechos al trono. Tras un periodo de minorías y regencias (1241-51), durante el reinado de Mangu Khan (1251-59) el imperio alcanzó su máxima extensión. Su hermano Hulagu, gobernador de Persia, acabó con la secta de los asesinos (1256) y conquistó todo Irak, ejecutando al último califa de Bagdad (1258), pero fue vencido por los mamelucos de Egipto en Am Yalut (1260).

Kublai Khan y la disgregación del Imperio

Kublai, otro hermano de Mongu, encargado de la conquista del Imperio chino de los Song, fue elegido Gran Khan (1260-1294). En seguida trasladó su capital a Pekín, llamada Kanbalik. Desde allí completó la conquista de toda China (1279) y envió expediciones contra Japón, Indochina e Indonesia. Bajo su reinado y el de sus sucesores, el Imperio chino-mongol alcanzó una gran prosperidad, gracias al orden interno y a que la tolerancia y la paxmongólica impuestas sobre gran parte de Asia favorecían enormemente el intercambio de ideas y mercancías. Fue en esta época cuando el famoso viajero veneciano Marco Polo llegó a la corte del Gran Khan, donde recibió cargos y honores. También llegaron otros comerciantes y misioneros, como el franciscano Ruysbroek.

Pero también en esta época comenzó la disolución del inmenso Imperio. La smización del Khan y de la dinastía Yuan por él fundada hizo que otros miembros de la familia se rebelaran contra su autoridad. Su nieto Kaidu fundó un kanato independiente en Asia central, que sólo fue sometido por Timur (1295-1307), sucesor de Kubiai, que no pudo impedir sin embargo la pérdida de control sobre los khanatos o khanatos occidentales. La misma dinastía Yuan fue derrocada en China por los Ming (1368) y sus descendientes se retiraron de nuevo a Mongolia.

Los khanatos de Asia central y occidental

A partir de 1260 el imperio se había convertido en una federación de khanatos, bajo la soberanía cada vez mas teórica del Gran Khan, frecuentemente enfrentados entre sí.

En Asia central, el kanato de Yagatay, tras una fase de expansión, comenzó su declive a la muerte de Kaidu (1301), mientras se turquizaba e islamizaba progresivamente. Tras sufrir el embate de Tamerlán (finales del siglo XIV) y la presión de los rusos, se dividió en varios khanatos que fueron progresivamente absorbidos por el Imperio ruso (siglos XVI-XX).

Al oeste, el khanato de Quipcap o de la Horda de Oro, en Siberia occidental, impuso su autoridad a los principados rusos y llegó a amenazar Bizancio. Islamizado superficialmente, se alió con los mamelucos, ayudando a su victoria en Am Yalut. Debilitado por la rebeldía de los príncipes de Moscú (1380) y la derrota a Tamerlán (1395), perdió definitivamente el control sobre Moscovia en 1480, y se escindió en los khanatos de Kazán, Astrakán y Crimea. El último de ellos logró resistir el expansionismo ruso hasta fines del siglo XVIII

Las conquistas de Hulagu en Persia llevaron a la fundación del Imperio de los llkharies o Iljanes. Éstos, tras algunos intentos de alianza con la cristiandad europea contra los mamelucos y los príncipes musulmanes de Siria, acabaron convirtiéndose también al Islam a finales del siglo XIII. Esto no impidió la disgregación de su imperio a la muerte de Abu Said (1335).

Los timuríes: En 1360, el turco islamizado Tamerlán (Timur Lenk, «el cojo») se proclamó descendiente de Gengis Khan y unificó a las tribus turcas y mongolas de Asia central. En una serie de campañas devastadoras sometió a su autoridad toda Persia, el khanato de Quipcap (1396), el norte de la India (1399) y el sultanato otomano de Asia Menor (1402). Pero a su muerte (1405), su gran Imperio, con capital en Samarcanda, se desintegró rápidamente.

Un descendiente suyo, Babar, fundó en 1506 el Imperio mogol de la India, que gobernaría durante dos siglos la mayor parte del subcontinente, hasta su sometimiento por los ingleses entre los siglos XVIII y XIX

PARA SABER MAS…

LOS MONGOLES eran una tribu nómada. Recorrían las estepas (llanuras sin vegetación) de Asia Central, con sus rebaños de ovejas, cabras, vacas y caballos. Vivían en tiendas circulares llamadas yurts.

MUJERES MONGOLAS: Las mujeres mongolas conducían las caravanas que llevaban los utensilios domésticos. Cocinaban y eran las encargadas de confeccionar la tela para los vestidos y los yurts. Cuidaban de los rebaños de ovejas, cabras y vacas, mientras que los hombres se ocupaban de los caballos.

DIETA: Los hombres mongoles montaban yeguas, cuya leche les proporcionaba además energía extra. En las largas travesías colocaban la carne debajo de la silla de montar para que se ablandara y así poderla comer cruda. Su alimentación básica consistía en carne y leche ya que no eran agricultores. En lugar de ello comerciaban con cereales, arroz, té y con productos como la seda y los metales.

MAESTROS EN EL ARTE DE MONTAR: Los mongoles dependían de la fuerza y de la velocidad de sus caballos. Los niños aprendían a sostenerse en las sillas de montar antes que a andar. Incluso adiestraban a los perros de caza a sentarse en los cuartos traseros de los caballos mientras ellos iban al galope. Para perfeccionar la montura practicaban el polo.

JINETES-CORREO El imperio mongol estaba unificado gracias a un complicado sistema de comunicaciones. Las noticias se transmitían por un servicio de correo a caballo. Un jinete-correo de élite podía cubrir una extensión de 130 km al día parando sólo una vez para comer y beber. Los jinetes advertían de su llegada a las áreas de descanso mediante las campanillas que tenían atadas a su silla. Allí cambiaban de caballo y obtenían alimento, y en pocos minutos volvían a estar en ruta. Los mercaderes que atravesaban el imperio mongol a través de las rutas comerciales que iban de este a oeste también usaban estas zonas para descansar.

CREENCIAS RELIGIOSAS: Los dioses de los mongoles eran espíritus benignos y malignos que habitaban en el agua, el fuego, el sol y el viento. Las corrientes de agua eran sagradas para los mongoles y se consideraba una falta muy grave bañarse en ellas o ensuciarlas de cualquier manera. Los chamanes mongoles, vestidos con túnicas blancas, se comunicaban con estos espíritus mediante los sueños y las invocaciones. Sin embargo, a medida que encontraron otras culturas, fueron abandonando muchos de sus ritos primitivos.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo A y B Jackson Spielvogel
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo 1
Historia del Mundo Grupo Z Multimedia DK
Atlas de la Historia del Mundo Kate Santon y Liz McKay
Gran Enciclopedia de la Historia Todolibro
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El despotismo ilustrado: Carlos III, Federico el Grande, Pedro I

El Despotismo Ilustrado y Sus Representantes
Carlos III, Federico el Grande y Pedro I de Rusia

Despotismo ilustrado, concepto político que hace referencia a una forma de gobierno, vinculada a ciertas monarquías europeas del siglo XVIII, en la que los reyes, sin renunciar a su condición de soberanos absolutos, trataron de aplicar determinadas medidas “ilustradas”, de corte reformista e incluso progresista, surgidas precisamente en esa centuria, denominada genéricamente Siglo de las Luces ó la Ilustración.

El surgimiento de las ideas de la Ilustración en el siglo XVIII ejerció un fuerte impacto en las monarquías europeas. En algunos casos, las nuevas ideas provocaron una actitud represiva frente a ellas y una afirmación de los valores tradicionales. En otros, la colaboración entre la Ilustración y el estado dio lugar al surgimiento de un nuevo tipo de monarquía que buscaba compatibilizar el fortalecimiento del poder del rey y el desarrollo ordenado y equilibrado de la sociedad. A estos reyes se los conoció como «déspotas ilustrados».

Los monarcas ilustrados más importantes fueron Federico II de Prusia, María Teresa y José II de Austria, Catalina II de Rusia y Carlos III de España. Muchos filósofos se instalaron en las cortes de estos reyes, que manifestaban el deseo de efectuar reformas basadas en las ideas de las Luces.

Aunque el término “despotismo ilustrado” fue acuñado en el siglo XIX, nació para intentar definir comportamientos políticos del siglo XVIII. Durante éste, numerosos soberanos de Europa defendieron una práctica ilustrada del poder, intentando proyectar en sus actuaciones el rey-filósofo del que hablaban Voltaire y otros pensadores de la Ilustración. Entre los déspotas ilustrados más significativos del periodo deben ser citados los ejemplos de Carlos III en España, José I el Reformador en Portugal, Federico II el Grande en Prusia, Catalina II la Grande en Rusia y el emperador José II.

Los déspotas ilustrados compartían una misma concepción del estado. Éste era concebido como un «hecho artificial», creado por el hombre y entregado, mediante un contrato (revocable), al soberano. El rey, que detentaba todo el poder, era el primer servidor del estado. Su función principal era la de proporcionar la felicidad a sus subditos pero sin su participación. Una frase sintetizaba esta idea: «Todo para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo».

Todos ellos intentaron impulsar, en alguna medida, reformas en distintas áreas (educación, justicia, agricultura, libertad de prensa o tolerancia religiosa).

Los gobiernos de los déspotas ilustrados presentaron una serie de características comunes:

Tendencia a la centralización y burocratización administrativa. Los monarcas ilustrados efectuaron reformas administrativas tendientes a lograr una burocracia más eficiente mediante la creación de órganos administrativos centralizados. En Prusia, por ejemplo, Federico II creó ministerios especializados (de Justicia, de Minas, de Construcciones, etc.) y mejoró los métodos de selección de los funcionarios.
Reorganización de todo el sistema fiscal. Se intentó llevar a cabo una distribución más equitativa de las obligaciones fiscales mediante la abolición de algunas exenciones impositivas que beneficiaban a la Iglesia y la nobleza.

Reforma del sistema judicial a través de la redacción de códigos. En 1787, por ejemplo, José H de Austria promulgó un nuevo código penal que abolía la tortura y limitaba la pena de muerte.

Énfasis en la difusión de la educación y la cultura a través de la creación de instituciones educativas.

Tolerancia religiosa. La política de tolerancia religiosa, cuyo representante más importante fue José II, tenía como fin lograr la afirmación de la soberanía del estado sobre la Iglesia.

Entre los representantes destacados del despotismo ilustrado encontramos a Carlos III de España, Federico II de Prusia, María Teresa, y José II de Austria y Catalina II de Rusia. A España le dedicaremos posteriormente una atención especial porque las’ medidas tomadas por los monarcas del siglo XVIII afectaron sus posesiones coloniales en América.

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Carlos III EspañaFederico II de Prusia
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Catalina II de RusiaJosé II de Austria
Pese a todo, y aunque tales regímenes supusieron cierto avance respecto a las tiranías despóticas, constituyeron sistemas de gobierno que todavía deben ser enmarcados en la concepción absolutista (en ningún caso democrática) del poder, en tanto que no supusieron ninguna delegación del mismo en órganos representativos. Por otro lado, la efectividad real de las reformas emprendidas por los déspotas ilustrados fue escasa y pocas superaron el estadio de simples medidas económicas.

En realidad, el déspota ilustrado sólo pretendía responder con sus actos al modelo de “hombre honesto” del siglo XVIII: intelectual, racionalista cultivado, amante de las artes y mecenas de los artistas, e innovador en materia política.

Por ello se rodeaba de auténticos filósofos (Voltaire en la corte de Federico II o Denis Diderot en la de Catalina II) o dejaba la aplicación de las reformas en manos de auténticos políticos ilustrados.

En este sentido fueron significativos los reinados de Carlos III (rodeado de administradores como José Moñino, conde de Floridablanca, Pedro Rodríguez Campomanes, Pedro Pablo Abarca, conde de Aranda, o Gaspar Melchor de Jovellanos, todos ellos figuras claves de la Ilustración española) y de José I (cuya política ilustrada estuvo en manos del que fuera verdadero dirigente de Portugal en aquellos años: Sebastião José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal).

Por último, citar el componente paternalista que caracterizó a estos reyes. Claro testimonio de ello son las palabras que el propio Federico II escribió en una de sus obras de filosofía política: “Los hombres han elegido a aquel de ellos que consideran más justo para gobernarles y mejor para servirles de padre”.

LAS REFORMAS SOCIALES
Más igualdad: Aun a riesgo de irritar al clero y a la nobleza, reyes como José II les suprimieron los antiguos privilegios. Los nobles perdieron sus latifundios, y la servidumbre de los campesinos quedó abolida. El ceremonial fastuoso de las cortes y el lujo desmedido redujéronse a un estilo sencillo y a veces a extremos de austeridad, como Federico de Prusia.

Más libertad: La tolerancia religiosa, la libertad de prensa y la libertad de trabajo fueron concesiones que los reyes otorgaron a sus pueblos a condición de que éstos se dejasen gobernar.
Ninguno toleró tanto la libertad de prensa como Federico II. «Yo dejo decir a mi pueblo lo que quiere —solía manifestar— y él me deja hacer lo que a mí más me agrada.» Y agregó cierta vez, con motivo de algunos libelos mordaces que lo vapuleaban: «Razonad cuanto queráis y sobre lo que queráis; pero obedeced».

Más justicia: Europa soportaba los defectos y abusos de una justicia envilecida por las arbitrariedades, torturas, confiscaciones de bienes, persecuciones por motivos religiosos y cárceles inhumanas. Fue necesario, pues, una profunda reforma legislativa y judicial. Reyes como José II promovieron también trabajos de codificación. Por otra parte, las tendencias filantrópicas de la época suscitaron medidas que hoy llamaríamos de «justicia social», en favor de los pobres, de los enfermos, de los niños y de los incapaces. Por ejemplo: la difusión de la vacuna antivariolosa, la educación de sordomudos, y los asilos.

Más cultura: Difundir la instrucción pública fue como una consigna. Por otra parte se favorecieron la investigación y el estudio con la fundación de academias y sociedades científicas, bibliotecas, museos, etcétera.

Más urbanismo: Dando por descontado que un aumento de población había de ser beneficioso para el progreso y el bienestar, Federico II y Catalina de Rusia fomentaron la inmigración y con ella colonizaron extensas regiones del país mientras fundaban muchos pueblos. Carlos III lo intentó también en España. Por otra parte, las viejas ciudades fueron provistas de obras y servicios públicos, y estimuladas con excelentes resultados.

Más riqueza: Mediante amplias franquicias de comercio y navegación se estimularon estas actividades, que tuvieron especial desarrollo en los puertos libres fundados por Austria y Gran Bretaña. Además, para que la exportación superara- a la importación, se fomentó intensamente la industria mediante la concurrencia de expertos técnicos y abultados capitales. En Gran Bretaña las máquinas empezaron a transformar el taller en fábrica; es decir, en «gran industria», con lo que decayeron las artesanías y adquirió fabuloso auge el comercio internacional Las potencias coloniales lograron grandes ganancias económicas que les permitieron financiar compañías de navegación y otras empresas.

PARA SABER MAS…

El despotismo ilustrado: «Todo para el pueblo pero sin el pueblo». El despotismo ilustrado fue una conducta o una práctica de gobierno más que una doctrina política. Se trataba de propugnar reformas en diferentes planos: avances en la administración, la creación de riqueza, el impulso a la enseñanza.

La aplicación concreta del despotismo ilustrado determinó la toma de distintas medidas:

POLÍTICASECONÓMICASEDUCATIVASRELIGIOSAS
Los monarcas impulsaron las reformas administrativas. Se acentuó la centralización de los Estados: pretendieron eliminar las instituciones locales y otorgarle a la burocracia una organización simple y ordenada, más «racional», de acuerdo con los principios de la Ilustración.Para fomentar el progreso, valor tan apreciado por los ilustrados, se apoyaron las empresas económicas.
Se estimularon las actividades agrícolas, manufactureras y comerciales.
Se dio impulso a la educación con la creación de institutos de enseñanza, academias y sociedades científicas. Se puso énfasis en las ciencias físicas y naturalesLos monarcas del despotismo ilustrado eran partidarios de la tolerancia religiosa, pero pretendieron imponer el regalismo, de acuerdo con su política de centralización estatal.

Origenes del Imperio Chino China en la antiguedad

Orígenes del Imperio Chino

Datos geográficos de la China:

Extensión: 9.572.900 km2

Población: 1.288.892.000 h.

Densidad: 134,6 h/Km²

Capital: Pekín (Beijing).

División administrativa: 22 provincias.

Sus costas están bañadas por varios mares formados por el Océano Pacífico, que reciben los nombres de mar del Japón, mar Amarillo, mar de Corea y mar de la China.

Varias cadenas de altas montañas separan el territorio chino, casi por todas partes, de las comarcas que lo limitan, a saber: la Siberia, el Turkestán independiente, el Indostán y la Indochina, que, juntamente con el mar, trazan límites naturales que le aíslan en cierto modo del resto del mundo.

Los ríos considerables que atraviesan este inmenso país son el Amarillo y el Azul, que difunden la riqueza por infinitos canales, debiendo notarse el Canal imperial, de 1.200 kilómetros de largo, que es el mayor del mundo entero. Entre los importantes lagos de China es digno de mención el Tungtin que tiene 320 kilómetros de contorno.

Origen de los Chinos:  Los chinos pertenecen a la raza amarilla o mongólica. Parece cierto que son menos antiguos que los indios, y hasta se cree que no son sino indios de la casta militar, que renunciaron sus privilegios.

Sus tradiciones nos enseñan que bajaron de la meseta del Asia Central, al lado de la India, y se extendieron hacia el oriente.

Historia: Los chinos han tratado siempre de exagerar su antigüedad, pero han visto desmentidas sus relaciones por la ciencia moderna.

Se admite generalmente que esta nación existe como tal desde -hace unos 4.500 años, pues los más ardientes defensores de la cronología china no colocan el principio de los tiempos históricos en sus anales más allá de 2.637 años antes de Jesucristo.

El primer emperador de la China fue Yao, que se le representa bajo la imagen de un príncipe modelo, que se ocupa en determinar el curso del sol, de la luna y de las estrellas; administraba justicia en persona; se cuidaba de ver si el pueblo sufría; labró tierras incultas y abrió canales para hacer correr las aguas después de una gran inundación, y hasta hizo desecar el suelo de su imperio, que las primeras colonias encontraron tal vez cubierto aún por las aguas del diluvio.

Cuando las fuerzas le faltaron por hallarse en la ancianidad, se asoció a Chun, quien le sucedió en el trono. Chun fué después reemplazado por Yu. Los reinados de estos tres emperadores son alabados por los chinos, que ponderan su genio, sus costumbres y sus virtudes.

Yu había designado a uno de sus ministros para sucederle; pero los grandes del imperio dieron el trono a su hijo Kí, dando así principio al derecho de herencia.

Con este soberano empieza la primera dinastía, llamada de los Hia (año 2205 a. de J.C.), los que tomaron el título de rey, porque el de emperador era difícil de llevar después de Yao, Chun y Yu.

La historia de los reyes de esta dinastía es una serie de crímenes vergonzosos, de vicios y excesos que provocaron revoluciones sin fin, hasta que el último rey, Ki, fué destronado.

La segunda dinastía fue la de los Chang, durante cuyo reinado las hordas del mediodía invadieron el imperio, llevando por todas partes la desolación y la muerte. A esto se agregó la guerra civil, que por espacio de veinte años sembró la confusión más horrorosa en todo el imperio.

Arrojado de su trono el último de los Chang, empezó la tercera dinastía, la de los Tcheú.

Aunque empezó bien, el orden se alteró luego, y esta dinastía se sostuvo por muchos siglos en medio de un caos indescriptible, hasta que perdió el poder y empezó a reinar la dinastía cuarta, la de los Thsin, que restauró la unidad del país.

El primer emperador (Qin Shi Huang) de esta dinastía mereció ser llamado el Alejandro de la China, por sus conquistas. Hizo construir notables obras públicas, entre otras, la Gran muralla. A su muerte, el imperio se dividió, y la familia de Thsín pereció víctima de una rebelión.

La quinta dinastía es la de los Han que subsistió hasta el año 220 de nuestra Era.

En su tiempo, la China principia a entrar en relación con la India y el imperio romano. Las diez y seis dinastías que se han sucedido desde aquella época hasta nuestros días no ofrecen nada interesante.

A pesar de su antigüedad, ni los griegos ni los romanos tuvieron ideas exactas de este país; lo conocieron vagamente bajo el nombre de Sérica, derivado de la voz ser, que en lengua tártara significa seda.

Gobierno: En la China no hubo castas; puede considerarse este pueblo como una familia que, desarrollándose, llegó a formar un gran imperio. El rey ejercía un poder absoluto sobre las personas y las cosas; pero semejante despotismo se hallaba atemperado por los Letrados, que constituían una secta, para entrar en la cual no se necesitaba más que estudiar y quedar bien en los exámenes.

El rey o emperador no podía conferir poder ni dignidad a persona, alguna que no fuese designada por los Letrados, y debía respetar a éstos cuando le decían la verdad.

Por lo demás, el soberano era déspota, cuando dirigía la palabra a sus cortesanos, éstos debían prosternarse; cuando salía, se cerraban todas las puertas; los que lo encontraban en su camino, debían volver las espaldas; le precedían muchos acompañantes prontos a (lar la muerte o a castigar al que faltaba a lo ordenado.

Civilización: Los chinos han sido siempre atentos y minuciosos, y hubieran podido progresar más de lo que han progresado sino hubiesen sido detenidos por una multitud de preocupaciones.

Desde muy antiguo conocen la numeración por decenas, la música, la pintura, el arte de escribir, el papel y la impresión. La seda, el barniz, la pólvora, la brújula, los pozos artesianos y el alumbrado de gas se descubrieron en China antes que en Europa. Ver: Inventos Chinos

Merecen alabanza los caminos que atraviesan montes y valles, con puentes suspendidos sobre hondos precipicios o sobre ríos anchísimos; así como las tumbas y las torres incrustadas de porcelana.

Sus progresos en medicina y astronomía fueron menos sensibles; en la primera de estas ciencias estudiaron casos especiales, pero sin deducir ninguna teoría; tenían gran práctica en el pulso y observaban con mucho cuidado los síntomas de las enfermedades, pero eran extravagantes en las aplicaciones.

En cuanto a su astronomía, nunca consistió en otra cosa que en observaciones sencillas y groseras, puesto que no conocían los instrumentos necesarios para estudiarla con provecho.

Religión: En los principios, los chinos profesaban un sistema más bien moral que religioso. Seiscientos años antes de la Era cristiana, el budismo se extendió por toda la China, donde todavía es profesado por la mayor parte de sus habitantes. Esta religión reconoce un ser supremo, todopoderoso, representado por Budha, personaje que subsiste eternamente en la persona del gran lama. Supone además un gran número de dioses subalternos y de espíritus subordinados unos a otros y diferentes en rango y poder.

Unos quinientos años antes de J. C., el filósofo chino Confucio enseñó una nueva religión, el confucismo, la que reconoce un solo Dios, pero no admite altares ni sacerdotes.

Costumbres: Según algunos tratadistas, el pueblo chino se ha hecho notable por su avanzada civilización, pero se le reprocha su carácter disimulado, su inclinación al engaño y a la mentira. Los chinos son apasionadísimos al juego. Es general el Uso de talismanes y amuletos. Viven sobriamente de arroz, gatos, serpientes y ratones; son poco aficionados a los licores, pero beben mucho té. En las fiestas públicas y domésticas gastan sus ahorros. La mujer es comprada por la familia, y el que la quiere gratis, va a buscarla a la casa de expósitos.

El infanticidio es común entre los chinos, echando los pequeñuelos a los perros o al río. El tipo de belleza consiste para ellos en tener la frente ancha, la nariz, pequeña, los ojos oblicuos, grandes orejas y cabellos muy negros. Una de las costumbres extrañas de este pueblo es la que privaba casi a las señoras de la facultad de andar, pues desde niñas les ponían un calzado especial que les doblaba los dedos sobre la planta, deformando el pie de manera que quedaba hecho una especie de muñón. Y en eso hacían consistir la principal belleza de la mujer.

¿Qué no Inventaron los Chinos? : Allá en la infancia, supe que China era un país que estaba al otro lado del Uruguay y se podía llegar allí si uno tenía la paciencia de cavar un pozo bien hondo. Después, algo aprendí de historia universal, pero la historia universal era, y sigue siendo, la historia de Europa.

El resto del mundo yacía, yace, en tinieblas. China también. Poco o nada sabemos del Pasado de una nación que inventó casi todo. La seda nació allí, hace cinco mil años. Antes que nadie, los chinos descubrieron, nombraron y cultivaron el té. Fueron los primeros en extraer sal de pozos profundos y fueron los primeros en usar gas y petróleo en sus cocinas y en sus lámparas.

Crearon arados de hierro de porte liviano y máquinas sembradoras, trilladoras y cosechadoras, dos mil años antes de que los ingleses mecanizaran su agricultura. Inventaron la brújula mil cien años antes de que los barcos europeos empezaran a usarla. Mil años antes que los alemanes, descubrieron que los molinos de agua podían dar energía a sus hornos de hierro y de acero.

Hace mil novecientos años, inventaron el papel. Imprimieron libros seis siglos antes que Gutenberg, y dos siglos antes que él usaron tipos móviles de metal en sus imprentas. Hace mil doscientos años inventaron la pólvora, y un siglo después el cañón.

Hace novecientos años, crearon máquinas de hilar seda con bobinas movidas a pedal, que los italianos copiaron con dos siglos de atraso. También inventaron el timón, la rueca, la acupuntura, la porcelana, el fútbol, los naipes, la linterna mágica, la pirotecnia, la cometa, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la laca, la pintura fosforescente, los carretes de pescar, el puente colgante, la carretilla, el paraguas, el abanico, el estribo, la herradura, la llave, el cepillo de dientes y otras menudencias. (Fuente Consultada: «Espejos» Eduardo Galeano)

PARA SABER MAS…

LA ORGANIZACIÓN de la corte de los emperadores han fue el modelo de gobierno ideal para todos los emperadores chinos que hubo después.

GOBIERNO CRUEL
Chin ShihHuang Ti (h 259 a.C.-210 a.C.), el primer emperador de China, fue un gobernante tiránico. Sin embargo, durante su corto y opresivo mandato de 11 años unió todos los reinos rivales para formar un solo imperio y unificó la moneda y los sistemas de medida de todo el territorio. Chin Shih Huang Ti también construyó nuevas carreteras y canales, y acabó la Gran muralla para mantener a las tribus bárbaras fuera del territorio chino.

FUNDAMENTOS DE UN IMPERIO
Lui Pang (256 a.C.-195 a.C.) fundó la dinastía han en el 202 a.C., y continuó con algunas de las normas que había establecido Chin Shih Huang Ti, quien había fijado las bases para que el imperio han gobernara China durante los 400 años siguientes.

LA VIDA DEL EMPERADOR El poder del imperio han se basaba en el emperador y en su corte. Aquél vivía en un magnífico palacio amurallado y estaba protegido por soldados y un gran séquito de sirvientes y oficiales. Vivía separado de sus subditos y cualquier circunstancia de su vida, como la ropa que llevaba o los alimentos que comía, estaba rodeada de una solemne ceremonia.

JARDINES PARA EL DESCANSO
Los emperadores tenían jardines que ocupaban grandes extensiones de terreno alrededor del palacio. Estas zonas de descanso y recreo estaban reservadas exclusivamente para el emperador y su corte, y en ellas solían crecer plantas exóticas.

LOS MANDARINES El emperador han delegaba el poder en los mandarines para que administraran el imperio. Estas personas eran siervos civiles aristócratas que debían someterse a unas pruebas muy competitivas para ocupar el puesto. Los jóvenes que querían llegar a obtener uno de estos cargos debían estudiar durante años para preparar el examen.

CONFUCIO
Los oficiales de la corte estaban entrenados en la doctrina de Confucio (h. 551 a.C.-479 a.C.), cuyas enseñanzas hacían hincapié en la importancia de la obediencia y el orden en la vida diaria, lo que incluía el respeto por los antepasados. Durante su vida, Confucio había viajado por toda China enseñando a los hijos de los nobles cómo se debía gobernar un país.

TIEMPOS DE ESPLENDOR China tuvo una época de esplendor durante el mandato de la dinastía han. Las tumbas que se han encontrado demuestran el lujoso ritmo de vida que llevaban las personas adineradas del período han. A los muertos, por ser antecesores de los vivos, se les tenía que proporcionar todo tipo de comodidades. Además de alimentos, medicinas y cosméticos, las tumbas estaban llenas de objetos preciosos hechos de oro, bronce, jade y seda.

DESCUBRIMIENTOS E INVENTOS
En esta época hubo un florecimiento de la literatura y la erudición. En el s. I d.C. un oficial de la corte descubrió la manera de hacer papel, lo que contribuyó al desarrollo de la educación y a la organización del imperio. Los astrónomos también realizaron importantes descubrimientos. Dedujeron, por ejemplo, los movimientos de la luna y de las estrellas y por qué ocurrían los eclipses. Los inventores del período han perfeccionaron los relojes de sol y de agua.

Fuente Consultada:
Las Setentas Maravillas del Mundo Antiguo Chris Scarre
La Historia del Mundo DK Grupo Z