La Edad Media

Las Obras de Arte Mas Importantes de la Historia Pinturas

LAS 10 PINTURAS MAS IMPORTANTES DE LA HISTORIA

Obras de Arte Mas Importantes:

1-Obra: Las Meninas
2-Obra: La Gioconda
3-Obra: El Grito
4-Obra: Guernica
5-Obra: La Noche Estrellada
6-Obra: La Joven de la Perla
7-Obra: La Ronda de la Noche
8-Obra: Tarde de Domingo en la Isla de la Grande Jatte
9-Obra: La Persistente Memoria
10-Obra: El Nacimiento de Venus

La teoría del arte: La disciplina que se preocupa de definir teóricamente la belleza se denomina estética. Cada época -como también cada creador o cada ser humano, en general- tiene unos valores estéticos propios, que son esenciales para comprender las directrices generales de las obras de arte. Esos valores estéticos encierran contenidos muy variados, que van desde la preferencia por ciertas formas, colores, volúmenes o espacios hasta la adecuación a determinadas funciones o usos.

La belleza de un objeto concentra valores sensoriales, más o menos intuitivos, y valores intelectuales,
gados a los anteriores; la síntesis de ambos produce una determinada emoción artística.

Cuando en arte hablamos de belleza nos estamos refiriendo a un proceso complejo de contemplación y reflexión. Por lo tanto, la formulación que se hace de la belleza, ya sea, de modo general, en un período histórico, a sea en un pensador, artista, coleccionista o crítico concreto, cuyas ¡deas nos interesan para comprender las obras de arte, determina siempre la existencia de un modelo, que se toma como medida de juicio.

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1-LAS MENINAS
Diego Velázquez, en 1656
Es la obra cumbre de la pintura española, y una de las pinturas más importantes del arte universal.
Es probablemente el cuadro más comentado, discutido, analizado e imitado de la historia.

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2-LA GIOCONDA
Leonardo Da Vinci, 1503 a 1519
La Mona Lisa recibe cada año a más de 6 millones de visitantes, pero sólo permanecen mirándola una media de 15 segundos.Existen muchas teorías sobre la identidad de la modelo y el significado de su enigmática sonrisa.

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3-EL GRITO
Ervard Munch, en 1983
El Grito es uno de los íconos culturales del siglo XX, se la considera la más famosas del expresionismo. Es en realidad el título de cuatro cuadros del noruego Edvard Munch (1863-1944), pero la más conocida es la que se halla en la Galería Nacional de Noruega. Esta versión ha sido víctima de un robo de proporciones mediáticas.

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4-GUERNICA
Pablo Picasso, en 1937
Guernica, cuadro pintado por Pablo Picasso en 1937, inspirado en el bombardeo del pueblo vasco de Guernica y Luno (Vizcaya) por la aviación alemana al servicio de Francisco Franco.

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5-LA NOCHE ESTRELLADA
Vicent Van Goht, 1889
Vincent van Gogh pintó su famosa obra “La noche estrellada” un año antes de su muerte, en junio de 1889. No sólo es una de las mayores obras del artista, también es una de las más importantes obras de arte en la historia de la pintura occidental.

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6-LA JOVEN DE LA PERLA
Johannes Vermeer, 1665
La joven de la perla, también conocida como Muchacha con turbante, es una de las obras maestras del pintor holandés Johannes Vermeer y, como el nombre implica, utiliza un pendiente de perla como punto focal. La bella muchacha recorta su busto de perfil ante un oscuro fondo neutro, girando la cabeza en tres cuartos para dirigir su intensa mirada hacia el espectador.La pintura se encuentra en el Mauritshuis en La Haya.

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7-LA RONDA DE LA NOCHE
Rembrandt, 1642

Se puede afirmar que este es el cuadro más famoso, y probablemente el más importante de Rembrandt Van Rijn, uno de los pintores barrocos más relevantes de la historia del arte Universal. Su nombre actual se debe al aspecto provocado por la suciedad y la oxidación del barniz, que hacía que se viera muy oscuro y que apenas se distinguieran las figuras. Fue encargado a Rembrandt para decorar la sala principal de la sede de la Milicia Cívica de Ámsterdam que se encargaba de mantener el orden en la ciudad, que no fue del agrado de sus clientes, que no supieron apreciar la fuerza expresiva de la composición.

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8-TARDE DE DOMINGO EN LA ISLA DE LA GRANDE JATTE
Georges Seurat, 1884-1886

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte” es el cuadro más ambicioso de Georges Seurat y también la obra cumbre del puntillismo. El puntillismo o divisionismo es una técnica pictórica basada en estudios científicos que se habían hecho sobre el color.

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Dali Salvador

9-LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA
Salvador Dalí, 1931

La persistencia de la memoria: Dalí expresa la inutilidad del tiempo que se intenta conservar u ordenar mecánicamente, puesta de manifiesto mediante la destrucción de los mencionados relojes blandos y mediante el reloj duro infestado por semejantes insectos. El siempre repetía:“El tiempo es de la pocas cosas importantes que nos quedan”.

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Botticelli

10-EL NACIMIENTO DE VENUS
Sandro Botticelli, 1485

 “El nacimiento de Venus”, fue realizado en témpera sobre lienzo por el pintor Sandro Botticelli en 1485. Se trata, por lo tanto, de una obra pictórica representativa del Renacimiento italiano, concretamente del período del Quatrocentto. Las figuras la escena nos transmite un remanso de paz, en un parque de ensueño. Ese es precisamente el encanto de esta obra, en la que las cosas no son lo que parecen.

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Biografia de Caravaggio Resumen de su Vida y Obra Artistica

Resumen Biografía de Caravaggio y Su Obra Artística
Artista de la Pintura del Barroco Italiano

Caravaggio, cuyo nombre real era Michelangelo Merisi (Milán, 1573 – Porto Ercole, 1610), artista pintor italiano,  uno de los exponentes más destacados de la escuela naturalista que surgió en Italia como oposición a la corriente manierista triunfante durante el siglo XVI. En sus cuadros, tanto profanos como religiosos, no utilizó otro modelo más que la cruda realidad sin someter a los personajes a proceso alguno de idealización.

Esta forma de tratar las composiciones religiosas atrajo la atención de la Contrarreforma por su carácter devocional que facilitaba la identificación de los fieles con los modelos de santidad, aunque, en algún caso, la excesiva vulgaridad de aquellos le valió algún problema con la Iglesia. Fue asimismo muy importante su utilización del claroscuro para imprimir dramatismo a sus obras.

Caravaggio pintor italiano
Su nombre real era Michelangelo Merisi, nació el 28 de septiembre de 1571, fue un pintor italiano,  de gustos auténticamente plebeyos, siempre listo para reñir, siempre dispuesto a crear obras maestras. Una mente perturbada de donde salía también la luz. . . Una vida extraordinaria, aventurera. . . La diosa fortuna le brindó sus sonrisas y él las rechazó: no le gustaban sus modales.

No lejos de la vetusta y placentera ciudad de Bérgamo, escondida entre los árboles, está la aldea de Caravaggio. Los habitantes de toda esa comarca saben emocionarse ante la belleza; entre ellos encontramos numerosos mecenas y también importantes centros donde se rinde culto al arte. Grandes artistas nacieron en ella y fueron luego a Milán, Venecia, Roma, para perfeccionarse con ilustres profesores y llegar, a su vez, a ser maestros.

Uno de ellos —Miguel Ángel Merisi, que primero fue a Milán y luego a Roma en busca de fortuna— estaba dotado de un talento tan original y vigoroso que los romanos, para distinguirlo mejor de Miguel Ángel Buonarroti, o bien- para definir aún más su pintura tan deliciosamente impregnada de vida popular, lo designaron con el nombre de su ciudad natal. Por eso el mundo entero lo conoció y lo conoce aún con el nombre de  Caravaggio.

Nació Miguel Ángel Merisi en el año 1571. Su padre, Fermo Merisi, era arquitecto y le enseñó a dibujar desde pequeño. El niño empezó a cubrir de frescos todas las paredes que encontraba. ¿Cuál fue la señal que reveló al padre la vocación de su hijo? Es difícil asegurar la autenticidad de lo que diremos, pero es agradable creer en la leyenda. Dice ésta que, muy niño aún, Miguel Ángel era capaz de dibujar personas de tamaño natural, cuya semejanza con el modelo era asombrosa. Sorprendido el padre de su precoz talento, no titubeó en enviarlo a Milán para que allí conociera los secretos de la pintura.

Hombre de vida airada, Michelangelo Merisi estudió inicialmente en Milán con el manierista Peterzano, contra cuya estética reaccionó ásperamente. Autodidacto en lo sucesivo, su pintura suscitó violentos rechazos. Mas a pesar de las críticas de los artistas, el público apreció sus telas rugosas, erizadas de pastosidades y dominadas por lo que a partir de él se ha llamado tenebrismo.

Sea lo que fuere, lo cierto es que el jovencito entró en calidad de discípulo en el estudio de Peterzano. Tenía entonces once años. Era un adolescente turbulento, fuerte, de ojos oscuros, que siempre había vivido en contacto con la naturaleza.

Amaba el juego, la lucha, era aplomado en sus réplicas y hablaba con voz enérgica. En ese tiempo la pintura de moda era amanerada, rebuscada. Se veían personajes en posturas artificiales, vírgenes y santos enredados en vestimentas demasiado amplias, y los fondos de las telas aparecían siempre sobrecargados de flores y frutas.

Esas imágenes se parecían más a comediantes que a personajes sagrados. En el estudio de Peterzano se cultivaban esas tendencias y los discípulos se esforzaban en asimilar el estilo del maestro.

Pero Miguel Ángel Merisi, rebelde en su vida, lo era también en el arte. Nunca se sometió a los llamados buenos modales, que entonces tenían fuerza de ley. Sin perder tiempo en prosternarse frente a los lienzos de su maestro, buscaba, entre los hombres de la calle y las tabernas, los modelos de su gusto, de ademanes y expresiones naturales.

Le encantaba promover desórdenes en el taller y molestar con bromas pesadas a los clientes de Peterzano. Incitaba a sus compañeros a la indisciplina y enfrentaba a su maestro con ese descaro, tan espontáneo, que conservó toda la vida.

Vivió cuatro años en Milán. Concluido su compromiso con Peterzano, inició la búsqueda de nuevos horizontes. No disponía de mucho dinero, tal vez el justo para poder comer modestamente una vez al día, pero estaba seguro de lo que deseaba y tenía, a pesar de su alma vagabunda, una gran fuerza de voluntad y un irresistible anhelo de producir obras maestras.

Dirigió sus pasos a Roma, donde los primeros tiempos de su estada fueron muy duros. Enfermó de paludismo y lo cuidaron en el hospital de la Caridad, mas no llegó a sanar completamente. Algunos de sus autorretratos pintados en esos años, lo presentan pálido y demacrado por la fiebre. La miseria no contribuía a acelerar su convalecencia.

Se estableció en Roma hasta que, obligado a huir por haberse visto envuelto en una sangrienta reyerta, se refugió en Napóles (1606). Recorrió el sur del país perseguido por la justicia hasta que pasó a Malta (1607), donde fue recibido en la orden de San Juan. Encarcelado un año más tarde por ofensas a un caballero de la orden, logró huir a Sicilia y de alli a Milán.

Caravaggio no habitó jamás en los barrios aristocráticos, donde los artistas de la época instalaban pintorescos y lujosos talleres, y adonde la gente de la nobleza concurría encantada para encargar su retrato. Vivió siempre entre los pobres, quienes compartieron con él su escasa comida y su albergue, incluyéndolo también en sus riñas y sus luchas.

Sin embargo, días mejores se avecinaban. Cuando los romanos se dieron cuenta de lo bien que pintaba y dibujaba, comenzó a ganar dinero. El cardenal Del Monte fue uno de los primeros que, al mirar uno de sus cuadros, Los tramposos, valoró la precisión y el vigor de los personajes, que parecían vivientes. Adquirió la tela y llevó al pintor a su palacio. El cuadro ocupó un lugar de honor, y su autor, colmado de atenciones y cuidados, ataviado con ropa nueva de pies a cabeza, fue presentado a todos los ilustres amigos que el cardenal recibía en palacio.

Entre dos riñas, entre dos comidas: una en la mesa del cardenal, otra en alguna taberna, ya vestido como un señor y escoltado por un paje, ya llevando un jubón roto y en compañía de Cuervo, su perro negro, Caravaggio buscaba todas las oportunidades para pintar y los encargos afluían…

No podemos afirmar que hiciera un solo gesto para asir la fortuna, ni grandes esfuerzos para conservarla.A los poderosos rendía la pleitesía suficiente para no convertirlos en enemigos; pero pintaba mucho mejor cuando estaba inspirado que cuando lo movía el afán de lucro. Satisfacía a sus clientes sSolamente cuando los gustos de éstos no chocaban con los suyos propios. La gente de sociedad, acostumbrada a los refinamientos de los pintores en boga, se escandalizaba al ver las caras plebeyas de los santos y las vírgenes de Caravaggio.

Su San Jerónimo de músculos poderosos, su San Mateo sentado descuidadamente entre jugadores vulgares, y esa Madona echada en la cama, con los miembros aún deformados por los últimos sufrimientos de la agonía, le valieron críticas violentas de sus contemporáneos. Sin embargo, entonces como ahora, tuvo sus admiradores.

Se apreciaba su espontaneidad en la interpretación de los hechos, en la evocación de los personajes, así como su sinceridad y profundidad, pues su luz penetraba muy hondo en las almas. Sabía expresar el amor de los hombres hacia Dios y el amor de Dios hacia los hombres. Pero sin refinamientos, sin empalagar, huyendo de lo rebuscado.

A despecho de lo que podían pensar los atildados señores de la época, Caravaggio tuvo numerosos defensores y encontró amigos y discípulos entre los jóvenes pintores romanos, y los halló más adelante en Nápoles, en España y en los Países Bajos.

Si nosotros fuésemos pintores y tuviéramos que retratar a Caravaggio, lo haríamos con un pincel en una mano y un puñal en la otra. Porque sus cuadros fueron tan numerosos como sus peleas.

Después de haber dado muerte a un hombre y para no caer bajo el rigor de la justicia, tuvo que huir de Roma y refugiarse en Nápoles, donde felizmente su arte le había valido una fama mayor que la de sus fechorías. Tenía entonces 35 años, pero aparentaba mucho más, ya que las consecuencias del paludismo, la agitada vida y el temor a la justicia habían quebrantado su salud.

En Napoles no alteró sus costumbres: nuevos cuadros y nuevas riñas. ¿Buscaba, tal vez, reproduciendo con todo el vigor de su genio La flagelación, La Última Cena, El entierro de Santa Lucía, redimirse a los ojos de Dios? Esas manos, que tantas veces habían golpeado a sus semejantes, dieron al mundo obras místicas que se cuentan entre las más bellas de todos los tiempos.

De Nápoles pasó a Malta, que estaba en poder de los Caballeros de San Juan desde hacía 75 años. Fue recibido con grandes honores, y el gran maestre de la orden, Alof de Wignacourt, le encargó su retrato, actualmente en el museo del Louvre, y una Degollación de San Juan Bautista destinada a la catedral de Malta.

Pero la calma había durado mucho tiempo. Riñó con un caballero de la orden y fue encarcelado por mandato del gran maestre. Logró evadirse y huyó a Sicilia. Sus últimos años fueron los más dolorosos. Acorralado por la justicia, cuya sombra creía ver constantemente, mirado con desconfianza por aquéllos que aún le amaban, pero que veían ya en él los signos precursores de la locura, roído por la duda y la angustia, joven todavía pero envejecido por tantas pruebas, recibió un golpe fatal. . .

En 1609, cuando subía a bordo de una falúa que lo conduciría a Génova, la policía lo confundió con otra persona y lo detuvo. Mientras lo interrogaba y comprobaba su error, la falúa emprendió viaje llevando todos sus bienes. Desesperado, Caravaggio, bajo los implacables rayos del sol, corrió a lo largo de la playa, tratando de alcanzar el barco. Sus fuerzas lo traicionaron y se desplomó en la arena, murio un 18 de julio de 1610.

 

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La Caída de San Pablo: El pintor barroco italiano Caravaggio es autor de numerosas obras de temática religiosa y dramático realismo de carácter tenebrista. Una de las peculiaridades de la Conversión de san Pablo es que el motivo central de la composición es el cuerpo del caballo en lugar de la figura del santo. Fue pintada en 1601 y se encuentra en la capilla Cerasi de Santa Maria del Popolo de Roma (Italia).

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Narciso Junto a la Fuente: Nos encontramos ante una de las últimas obras que realizó el pintor italiano Michelangelo Merisi da Caravaggio en su segunda etapa.

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La decapitación de San Juan Bautista o Degollación de San Juan Bautista, 1607-08, (Barroco Italiano), Museo de San Juan de La Valetta (Malta)

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La Crucifixión de San Pedro es un óleo sobre lienzo realizado por el artista italiano Caravaggio en 1601. La obra es de estilo Barroco.

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San Jerónimo penitente o San Jerónimo en meditación, 1605, (Barroco Italiano), Museo de Montserrat, Monasterio de Montserrat, Barcelona.

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Muerte de la Virgen, La Dormición o El Descendimiento, 1605-06,  (Barroco Italiano), Museo Nacional del Louvre, París.

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Las siete obras de misericordia, 1606,  (Barroco Italiano), Iglesia del Monte Pío de Misericordia, Nápoles (ITA)

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Salomé recibe la cabeza de San Juan Bautista, obra de Michelangelo Merisi, más conocido como el Caravaggio, creador del tenebrismo, estilo caracterizado por el contraste entre luces y sombras.

 

OTRAS OBRAS ARTISTICAS DE CARAVAGGIO

OBRA ARTISTICA DE CARAVAGGIO

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

Caravaggio era un hombre pendenciero, violento y amigo de los excesos. Llegó a Roma en 1600 en una situación de extrema necesidad, pero en la ciudad logró rehacerse hasta consagrarse como uno de los mejores pintores del Barroco. Desde esa fecha y hasta 1606, año en que se vio obligado a huir a Nápoles tras asesinar a Ranuccio Tomassoni, Caravaggio dejó en la ciudad algunas de las obras pictóricas más importantes del siglo XVII.

Entre ellas se encuentran David con la cabeza de Goliat y Niño con un cesto de frutas, actualmente en la Galería Borghese; La buenaventura, en los Museos Capitolinos; Descanso en la huida a Egipto, en el Palacio Doria Pamphili y Judith y Holofernes, en la Galería Nacional de Arte Antiguo.

Las pinturas fueron el primer encargo de relevancia que recibió Caravaggio al llegar a la ciudad. El efecto que causaron en los pintores de la época provocó que comenzasen a imitar el tenebrismo y la exuberancia del milanos. A pesar de ello, no todos recibieron las obras con la misma admiración.

Uno de los lienzos, el que representa a San Mateo y el ángel, fue rechazado por el cardenal Del Monte, persona que había realizado el encargo siguiendo las órdenes dejadas a su muerte por Matteo Contarelli, propietario de la capilla.

Las razones esgrimidas eran, sencillamente, que el santo aparecía con las piernas desnudas y sucias. Tampoco gustó que el ángel, que se apoyaba en el hombro del anciano, tuviera excesiva cercanía con el evangelista. El hecho de que le cogiese la mano para ayudarle a escribir el texto sagrado en lugar de inspirárselo fue la gota que colmó el vaso.

El lienzo, sustituido por el que se muestra actualmente en la capilla, fue adquirido por el banquero Vincenzo Giustiniani. Sus herederos lo vendieron al Kaiser Friederich Museum de Berlín. Sin embargo, el cuadro parecía estar destinado a su desaparición y así fue. Tras la caída de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial, la primera versión de San Mateo y el ángel fue destruido y sólo se conservan algunas reproducciones fotográficas.

La humanización de los personajes sagrados a través de detalles como la suciedad fue una constante en los cuadros de Caravaggio. También una de las razones por las que sería duramente criticado. Así sucedió con La virgen de Loreto, lienzo que se muestra en la basílica de San Agustín.

La mujer que sirvió de modelo para la virgen era una prostituta llamada Lena. Ante ella se postran dos peregrinos, uno de los cuales tiene los pies sucios y maltratados. En 1604, fecha de realización de la obra, en plena Contrarreforma, ambos detalles fueron muy mal recibidos. Algunos no dudaron en calificar el cuadro de herejía.

La Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro, se encuentran en la Iglesia de Santa María de Pueblaen Roma. Ambos trabajos son segundas versiones realizadas en 1601 tras haber sido rechazadas por aquellos que los encargaron. Entre las quejas de los clientes estaba, por ejemplo, que San Pablo aparecía excesivamente pequeño en comparación con el caballo. Esa primera versión de la conversión fue adquirida por la familia Odescalchi Balbi. La primera versión de la crucifixión, lamentablemente, se perdió.

Ambas piezas son una apoteosis del claroscuro, la torsión de los cuerpos, la complejidad en la composición y el escorzo. Especialmente la de San Pedro, que muestra al santo en el momento de cumplir su último deseo: ser crucificado boca abajo por haber negado a Cristo tres veces. Una actitud extrema, tremendamente barroca.

Fuente Consultada
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX – Biografía de Caravaggio –
Nota Revista Ling Abril 2017 Nota: Vida de Caravaggio

Biografía de Monet Claude Pintor Impresionista Vida y Obra

Vida y Obra de Monet Claude Pintor Impresionista

SINTESIS BIOGRÁFICA: Pintor francés, nace en París y muere en Giverny. Jefe del movimiento impresionista que se levanta contra la tradición académica, tiene contacto con el mar en el puerto de El Havre, tema que trata a lo largo de su obra.

A los 15 años atrae la atención de Eugéne Boudin, quien se ofrece a guiarlo por los caminos de la pintura. En 1859 entra en la Academia Suiza, donde complementa su formación artística. Va a Argelia para prestar el servicio militar y luego se traslada a París, donde ingresa en la academia de Gleyre.

Tiene contacto con Renoir, Sisley y Bazille, sus eternos compañeros del impresionismo. Su primera obra de importancia El almuerzo campestre (1866, Ermitage, Leningrado), la realiza durante sus visitas a Fontainebleau.

También tiene contacto con Constable y Turner durante una breve estadía en Londres, Inglaterra La niebla londinense plasmada por éstos influye notoriamente en su estilo así como en la técnica para traducir la luz solar en sus lienzos. A este período pertenecen Londres, efecto en la niebla (1889, París) y El Parlamento británico (Museo Paume, París).

En sus numerosas series demuestra la forma en que el impacto de la luz puede cambiar el aspecto de las cosas, como se aprecia en las 20 variantes de la Catedral de Rouen. También son famosas las series de Las Ninfas y la Estación de San Lázaro (1876). Otras de sus obras son Impresión (1872), El puente de Waterloo (National Gallery, Washington) y Rué Montorgueil (1878, Museo de Rouen).

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BIOGRAFIA Y OBRA ARTÍSTICA: Un frío día del otoño de 1840 nacía en París el segundo hijo de Adolphe y Louise-Justine Monet. Un día, el 14 de noviembre, que pasaría a la historia: Claude Oscar,  sería considerado el padre de un estilo artístico que legó algunos de los cuadros más bellos de la historia: el impresionismo. Parisino, sí, pero educado en la ciudad portuaria de Le Havre, adonde su familia se trasladó cuando Claude tenía 5 años. Allí, a la orilla del mar, se impregnaría del paisaje marino, de la brumosa luz del norte que tanta influencia tendrá sobre su obra.

Claude Oscar Monet  (1840-1926), pintor impresionista francés que llevó a su máxima expresión el estudio de los estados transitorios de la luz natural y se convirtió  más tarde en uno de los líderes del movimiento “Impresionista”

Nació en París el 14 de noviembre de 1840, su familia se trasladó a Le Havre en 1845 y creció sintiendo un gran amor por el mar y su ambiente. Esta fascinación quedó demostrada en muchos de los paisajes marinos que” pintó durante su vida.

Estudió dibujo en su adolescencia y pintó marinas al aire libre con Eugène Louis Boudin. Qunice años tenía este joven y ya era conocido como caricaturista en Le Havre. Allí le hacían encargos por los que recibía 20 francos.

Hacia 1859 había decidido firmemente comenzar su carrera de artista y para ello pasaba largas temporadas en París, en donde solicitó una beca de estudios en la Escuela de Bellas Artes de París. A los 18 años, sin saber que su solicitud de beca había sido rechazada, el joven ya era habitué en el ambierte artístico parisino, donde conoció a quien sería su gran amigo: el periodista y político Georges Clemenceau.

En 1861 fue llamado a realizar el servicio militar y asignado al cuerpo de caballería en Argelia, de donde regresó antes de tiempo, enfermo de fiebre tifoidea. Aunque breve, la experiencia africana fue importante: “Las impresiones de color que recibí allí —dirá luego— no iba a asimilarlas hasta más tarde, pero el germen de mi búsqueda ya existía”.

Nuevamente en París, Monet ingresó en el atelier de Charles Gleyre, donde conoció a Pierre-Auguste Renoir, Frédéric Bazille y Alfred Sisley Éstos fueron tiempos de gran apremio económico para el artista, pues su padre redujo y luego suprimió el apoyo.

Claude Oscar Monet Pintor Impresionista

MONET CLAUDE OSCAR(1840-1926)- Claude Monet, quien fue más tarde uno de los líderes del movimiento “Impresionista”, nació en París el 14 de Noviembre de 1840. En 1859 Monet visitó París, donde trabajó en la Academia Suiza. Allí conoció a Camille Pissarro y se unió a la nueva ola de artistas que trataban de liberarse de las actitudes tradicionales en la pintura.En la década de 1860 se le asoció con el pintor pre-impresionista Édouard Manet y con otros pintores franceses que más tarde formarían la escuela impresionista: Camille Pissarro, Pierre Auguste Renoir y Alfred Sisley.

Después, en 1863, estuvo una vez más en París donde conoció a Renoir, Sisley, Cezanne, Whistler y Manet. En 1870, visitó Inglaterra donde hizo estudios más amplios de la luz al aire libre. Por esta época tenía una esposa y un hijo y su talento había sido reconocido, aunque en 1874, en la primera gran exhibición “Impresionista” de París, su obra fue atacada.

Fue uno de sus cuadros, llamado Impresión, que le dio a la Prensa una denominación convenientemente despreciativa para todo el movimiento. Más adelante Monet pintó una serie de impresiones del valle de río Sena, por las cuales es famoso, y continuó con la idea de estudiar un objeto particular bajo diferentes luces y ángulos.

Entre estas series están las de Los Álamos, Mañanas en el Sena y La Catedral de Rouen. Su interés en el arte Japonés le condujo a diseñar su propio jardín de aguas en Giverny, con un puente japonés. Este jardín fue el motivo de su trabajo en sus últimos años, y pese a su deficiente visión continuó haciendo estudios con él hasta su muerte, ocurrida el 5 de Diciembre de 1926.

CRONOLOGÍA POR ETAPAS DE SU VIDA:

1840-1858: Aunque nace en París, pasa su infancia en Le Havre. Allí destaca como caricaturista, y en el medio artístico de la ciudad conoce a Boudin, un paisajista que será su primer mentor.

1841-1843 Se populariza el uso de pintura al óleo envasada en tubos de estaño, lo que revoluciona las técnicas pictóricas y favorece a los paisajistas que trabajan al aire libre.

1858-1870: París: Decidido a hacer carrera como actor, se traslada a París donde, en la academia Suisse, coincide con los pintores que integrarán el movimiento impresionista. Conoce los primeros éxitos como pintor en los Salones de 1865 y 1866.

1870 Monet se casa con Camille La guerra franco-prusiana les obliga a refugiarse en Londres.

1871-1878: Argenteuil. Instalado en Argenteuil, se convierte en elgran aglutinador de los impresionistas, quienes realizan su primera exposición en 1874. Tiene su primer hijo con Camille Doncieux. Conoce a Alice Hoscliedé.

1874 Inauguración de la Opera Garnier, uno de los edificios más destacados del Plan Haussmann, que moderniza París poniendo fin a su trazado medieval.

1879-1880: Nace su segundo hijo y, poco después, muere su primera esposa. Monet vive con sus doshijos. Alice Hoschedé y los seis hijos de ésta. Su situación económica es, como siempre, apurada, pero sigue trabajando con absoluta pasión y la crítica empieza a reconocerle como el representante más destacado del movimiento impresionista.

1881-1882: Poissy: Esta población no le inspira tanto como lo hicieran sus residencias anteriores. Realiza numerosas expediciones de pintura para inmortalizar los paisajes de Dieppe.Varengeville, Pourvilleylos acantilados de la isla de Saint-Martín, además de sus cuadros de l’Etretat.

1882 El médico alemán Robert Koch descubre el bacilo de la tuberculosis. Al año siguiente descubriría el del cólera.

1883-1891: En Giverny establecerá su hogar definitivo, dando rienda suelta a sus dos pasiones: la pintura y la horticultura. El reconocimiento artístico viene acompañado de la bonanza económica.

1892-1898: Ruán: La década de los años noventa inaugura una nueva etapa dentro de su pintura, que da paso a las series. De éstas, una de las más famosas es la que dedica a la catedral de Ruán, que le consagra como pintor ante las nuevasgeneraciones.

1892 La muerte el año anterior de Ernest Hoschedé facilita que Monet y Alice regularicen su situación el 16 de julio.

1899-1926: Jardín de Agua.En sus últimos años trabaja con ahínco en la serie de las Ninfeas, que donará al Estado francés en 1922 ante la Insistencia de Clemenceau.

Monet participó en la revolución de la pintura de paisaje, practicada en lo sucesivo al aire libre mediante una ejecución rápida y en contacto directo con la naturaleza para preservar la espontaneidad del gesto, la fidelidad al motivo y la autenticidad de las impresiones transcriptas sobre el lienzo. Sus obras encuadradas, si no compuestas, y a menudo retocadas en el taller, no dejaban de expresar fenómenos atmosféricos transitorios y evanescentes. En efecto, además de los temas tomados de la vida moderna (cafés, diversiones, trenes), Monet se dedicó principalmente a pintar las aguas (mar y ríos), la nieve, el cielo y el aire, “lo que se encuentra entre el motivo y yo”, a saber, el efecto producido por la luz y la atmósfera.

SOBRE EL MOVIMIENTO IMPRESIONISTA:

Durante el último cuarto del sigloXIX, el realismo de Courbet, después de vivificar todos los géneros sobrevivió renovándose con la denominación muy acertada de “impresionismo”. El realista quería captar la realidad, el impresionista se conforma con anotar la impresión que recibe.

Atento a la apariencia, naturalmente tendía a considerar ante todo la luz, que es el elemento primordial en este dominio. El objeto   solo   es   una   pantalla  que   recibe   diversas luces; su color interesa menos que el de los rayos.

Los “impresionistas”, que salieron del taller donde Courbet pintaba aún objetos sólidos modelados por luces directas y sombras negras, captaron al  aire libre el cambiante desorden de los rayos solares, los múltiples reflejos que se mezclan, e incluso las “impresiones” de deslumbramiento y de irisación, todas las fantasías del dominio óptico que dependen tanto de las reacciones imprevisibles de nuestro órgano visual como de una realidad objetiva. Esa búsqueda de efectos, hasta entonces dejados de lado por considerarse que ocultaban la verdad de las cosas, ha llevado a  una  transformación  fundamental  de  la técnica de la pintura.

El arte pictórico eliminó deliberadamente lo esencial  de  lo  que  constituía  su ley desde el Renacimiento: el color local, la pincelada subordinada al modelado, la continuidad de los tonos y su sumisión al dibujo, el sacrificio de la forma   escultórica   al   juego   de   la  policromía.   Eí beneficio de esta conmoción fue la revelación de una naturaleza mucho más colorida, más tornasolada que ese universo usual que ha perdido la frescura debido a hábitos seculares.

Claude Monet nos ha mostrado que las viejas piedras de una catedral desgastada por el tiempo brillan bajo la luz como un torrente de pedrerías. El impresionismo renovó también nuestra visión de las actitudes de la vida. Degas no dejó de revelar aspectos de humanidad en los cuales no habían reparado las miradas. Es indiscutible que estos descubrimientos, amargos o divertidos y a veces indiscretos, han enriquecido nuestros juicios con matices irónicos.

obra de monet Impresion sol naciente

Impresión, Sol Naciente, una de las obras mas famosas de Monet

Cuadro mítico  del movimiento, quizás el más popular de la historia de la pintura: en 1874, Impresión, sol naciente hace su entrada en la historia. El público lo descubre en la primera exposición colectiva del Grupo de Batignolles. Existe constancia de la reacción que provocó en la prensa de la época. Leroy, de Le Charivari, titula su artículo «La Exposición de los impresionistas», y elige este lienzo como blanco preferido.

Para él «el papel pintado en estado embrionario estarnas acabado que esta marina». Por el contrario, Philippe Burty da las gracias a Monet «por captar impresiones tan fugaces». Armand Silvestre, otro amigo de los pintores, se aproxima a la visión de Monet, Pissarro y Sisley para explicar: «Sólo persigue un efecto de impresión, la búsqueda de la expresión se la deja a los apasionados de la línea.» Se comenta además la similitud de este lienzo con una acuarela.

En la actualidad se comprenden con más precisión las intenciones de este cuadro que el artista ejecuta en el hotel de l’Amirauté en Le Havre. El lienzo plasma el instante más fugitivo, cuando el sol emerge de la bruma.

El lienzo restituye exactamente el sentimiento de lo efímero ligado a una hora incierta de la mañana en que los humos contaminan el color de las nubes, y los mástiles se tifien con los colores del agua.

ALGUNOS PASAJES DE SU VIDA:

Con 26 años, luego de pintar otra de su grandes obras, llamada “Mujeres en el Jardín“, regresa a Honfleur y durante el invierno 1866-1867 crea sus primeros paisajes nevados con diferentes versiones de La carretera de la granja Saint-Simeón.

Obra de Monet Mujeres en el Jardín

En primavera, llega una decepción: el Salón rechaza sus obras, ya que el jurado considera su técnica demasiado brutal. Monet se dedica entonces, como Renoir, a pintar vistas de París, temas que deberían de venderse en aquel año de exposición universal.

Al mismo tiempo, viaja a menudo entre la capital, donde Camille está esperando un hijo, y Sainte-Adresse, donde su familia, que no quiere ni oír hablar de su relación sentimental, le brinda apoyo económico. «Tengo una veintena de lienzos que progresan a buen ritmo, unas marinas impresionantes, figuras, jardines, en fin, de todo», dice a Bazille el 25 de julio de 1867. Precisamente, Bazille será el padrino de su primer hijo, Jean, que nace el 8 de agosto; la madrina es la compañera de Pissarro.

El cuadro Barcos zarpando de los muelles de Le Havre destaca en el Salón de 1868, donde es admitido gracias al apoyo de Daubigny Zola subraya la modernidad y la originalidad del pintor en un artículo premonitorio: «No me preocupo por él; domará a las multitudes en cuanto se lo proponga.» Poco después, Monet pasa algún tiempo en una aldea a orillas del Sena, Glotón.

Obra de Monet Barcos Zarpando del Muelle de Havre

Barcos zarpando de los muelles de Le Havre fue comprado en la Exposición  Marítima Internacional por un familiar de Saint-Simeón, Louis-Joachim Gaudibert, yerno de un rico notario de Le Havre. Este primer mecenas del pintor le encarga unos cuantos retratos -Monet hace uno, magistral, de su mujer: La señora Gaudibert y le asigna una renta que le permite instalarse con Camille y Jean en Étretat.

Aquí pinta uno de los cuadros que anuncian mejor la inminente evolución de su estilo: Bennecourt, nombre de la aldea que se ve en la orilla opuesta del río, en la cual Daubigny atraca a menudo su barcaza taller, acompañado de Coroty Guillemet.

Viaje por Francia: Monet se instaló primero en lle-de-France (Bougival, Argenteuil, Vétheuil, Poissy), y luego en Giverny; también residió frecuentemente en el extranjero (Gran Bretaña, Países Bajos e Italia) y recorrió Francia de Norte a Sur, pintando el campo (serie de Almiareó, el valle de la Creuse), los puertos (Le Havre y Honfleur), la costa en Normandía (Etretat y Varengeville), en Bretaña (Belle-lle), en el Sur (Antibes) y, por último, los lugares destacados (la catedral de Rúan).

Siempre en busca de las transformaciones de un lugar por la luminosidad, las estaciones y el paso del tiempo, esbozó de este modo en su obra una imagen caleidoscópica del paisaje francés, y terminó incluso por encarnar la pintura francesa a los ojos de los extranjeros, en particular de los estadounidenses, que pronto se convirtieron en apasionados coleccionistas de sus telas asegurándole, así, renombre internacional.

Atento al paisaje: A lo largo de su vida, Monet visitó muchos pequeños poblados, fascinado por los paisajes y las vistas que capturaba para sus cuadros. De los pueblos portuarios tomó la esencia de los movimientos del agua, y de los rurales, las imágenes cotidianas del campo. Su residencia final, a la que dedicó años de cuidado y estudio, fue fijada en Giverny. En la primavera, numerosos turistas la visitan para apreciar las flores del estanque, aquellas que Monet Inmortalizó.

Ver Mapa Arriba: Los Caminos del Artista

6:Londres (1870 y 1888): Claude Monet y su mujer Camilie buscaron asilo en la capital británica durante la guerra franco-prusiana.

5-Étretat(1868): Gracias a una renta que recibe de su mecenas Gaudibert, Monet se instala junto a Camilie y su pequeño hijo Jean en este pequeño poblado de playas y acantilados.

1-París: En esta ciudad, donde nació y vivió durante largos períodos, Monet conoció la gloria como pintor en las exposiciones impresionistas.

9-Giverny (1883-1926): En esta pequeña comunidad rural, Monet estableció su residencia definitiva. Allí construyó su célebre jardín y vivió hasta su muerte, en 1926.

7-Argenteuil (1871-1878): En esta ciudad, situada a orillas del Sena y a pocos kilómetros de París, Monet realiza algunas de sus obras más características.

2-Le Havre (1845-1857): En esta ciudad portuaria pasó su infancia e ingresó en el medio artístico como caricaturista.

4-Honfleur (1863-1865): Esta pequeña ciudad fue retratada más de una vez por Monet, quién se mostró muy interesado por las vistas del puerto en la desembocadura del Sena.

8-Ruán (1892-1894): En esos años visita tres veces la capital de la Alta Normandía, donde se consagra a estudiar su catedral; así comienza una nueva etapa en su pintura, que tendrá gran aceptación en los ambientes artísticos parisinos.

1-Argelia (1861-1862): Se dirige a esta colonia francesa para realizar el servicio militar, y regresa antes de tiempo a causa de la fiebre tifoidea.

Con 31 años,  ya instalado en Argenteuil en 1871,Monet hizo de su casa un centro artístico de gran vitalidad. Allí perfeccionó su estudio de la relación entre la luz y las aguas, y comenzó a trabajar a bordo de su pequeño barco-taller, con el que se acercaba a las aguas del Sena para obtener vistas tan novedosas como originales.

Por esa época, Monet participó en la constitución de una sociedad de pintores, escultores y grabadores que se pronunciaron en contra de los dictámenes de los Salones y decidieron organizar una exposición independiente. Fue allí donde su famoso cuadro: Impresión, sol naciente, pasaría a la historia del arte por haber dado nombre a uno de los movimientos más importantes de la pintura occidental.

obra de monet

Almuerzo Campestre
Claude Monet, 1865-1866 (Fragmento central de la composición) Oleo sobre tela, 192 x 217 cm Colección particular Del motivo al taller. En esta obra, fragmento central de una composición inconclusa, el artista unió sesiones de pose al aire libre con el trabajo de composición y de ampliación en el taller. El espacio y la atmósfera resultaron de los efectos de luminosidad en el follaje, en los vestidos y en el mantel blanco que acompasaron la composición. La vida familiar. Monet pintó aquí un homenaje y, a la vez, un reto a Manet, y se orientó hacia la representación de la vida moderna: imagen de las distracciones, decorado natural, vestimenta contemporánea y simplicidad de la escena (actitudes y accesorios).

RSGATAS EN ARGENTEUIL Claude Monet, hacia 1872
Oleo sobre tela, 48 x 75 cm Museo de Órsay, París
Una precisión topográfica. Este boceto, realizado sin duda enteramente en el lugar, revela la atenta observación del artista, al Igual que las variaciones de intensidad y de cualidad luminosas según las zonas y la naturaleza de los objetos. La realidad y su reflejo, a través de una composición en espejo, coexisten en el plano del lienzo, fundidos en una misma gama cromática (azul-blanco, verde-rojo). La pincelada fragmentada disolvió con sus espaciamientos el contorno de los objetos.

Autorretrato

Alamos a orillas del Epte
Claude Monet, 1891
Oleo sobre tela, 80 x 92 cm Colección particular
El sentido del espacio. Monet
construyó un espacio cadencioso y ágil mediante un juego de líneas (verticales y curvas) donde los planos se escalonan y donde la mirada se pierde en el encogimiento de los árboles y sus límites confusos.
El trabajo en serie. Este lienzo pintado probablemente desde una embarcación, pertenece a una serie de veinticuatro variaciones sobre el tema de los árboles, de sus reflejos en el agua y de la transparencia del aire.

NENUFARES AZULES
Claude Monet, 1916
Oleo sobre tela, 200 x 200 cm Museo de Orsay, París
Inmersión en el color. Monet desplegó un conjunto de contrastes cromáticos: colores fríos interrumpidos por destellos de blanco, rosado y amarillo. La luz brota de la sombra con gran intensidad. Las pinceladas libres y largas se amoldan a las formas y tejen a superficie. Sin un horizonte, a mirada se pierde en la extensión del estanque de nenúfares que Monet creó en Giverny: un jardín que el pintor diseñó inspirado en el paisajismo japonés. El espacio autónomo en lo sucesivo, se concreta con trazos verticales y horizontales, y con juegos cromáticos que sugieren efectos de superficie y de profundidad.

Fuentes Consultadas:
Historia Visual del Arte Edit. Larousse La Nación Entrada: Impresionismo-Monet
Grandes Pinturas de la Historia Cuadernillo “Mujeres en el Jardín” MONET Editorial Clarín
Grandes Maestros de la Pintura MONET  Editorial SOL S.R.L.
Historia de la Pintura Louis Houticq Editorial Universitaria de Buenos Aires
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Editorial Ariel Entrada: Monet Claude Oscar

Florencia en el Renacimiento Política de Lorenzo Medicis

Historia de Florencia en el Renacimiento
Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

Florencia, ciudad-estado
El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central. Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI. Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez. Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia. En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes. En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado. Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

Lorenzo el Magnífico
En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto. El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte. Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía. Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo. Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos. Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres. Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca. Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa. Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración. En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores. En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón. Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola. Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo. Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico. El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico. Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV. Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal. Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola. El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época. En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho. Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo
La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra. Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad. Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes. En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos. Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política. Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos. En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia. Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas. Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política. El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular. Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia. Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada. Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba. A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales. Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Vision Medieval del Universo Las Esferas Celestes y el Hombre

Cosmología Medieval del Universo
Las Esferas Celestes

Tenemos en nuestra mano una bola de marfil labrado. Es obra de un artesano chino y tiene taladrado un diseño por el que podemos ver en su interior otra bola más pequeña y dentro de ésta, otra. Hay diez bolas en total y sólo la menor es sólida. Estamos sosteniendo lo que un hombre medieval consideraría como la verdadera representación del Universo; nuestra mano simboliza  el poder de  Dios.

10 bolas de marfil representan el universo medieval

La idea básica de esta concepción del Universo era ya muy antigua hace mil años. Parte de los escritos de Aristóteles, ampliados y extendidos por Ptolomeo, un griego del siglo II de la era cristiana. Los detalles ulteriores se tomaron de otros pensadores a través de los siglos, especialmente por lo que se refiere a las propiedades e influencias de los diversos planetas.

La característica de nuestro mundo que más había atraído al brillante intelecto especulativo de Aristóteles era su constante cambio, frente a la aparente inmutabilidad del resto del Universo. Al carecer de telescopio o cámara fotográfica para ayudarse en sus observaciones, las estrellas le parecían eternas e inalterables. Por ello, consideró que el Universo estaba dividido en dos partes: naturaleza (fisis) y cielo (uranos).

El primero terminaba antes de empezar el segundo, en la órbita de la Luna, donde el aire de la naturaleza dejaba paso a una atmósfera más pura e inalterable a la que llamó éter.

Edad Media Venus

Venus era un planeta afortunado que ejercía una influencia beneficiosa sobre la Tierra. En su pabellón, el poeta inglés Chaucer vio «instrumentos de cuerda y cantos, fiestas y danzas … y toda la circunstancia del amor».

Los cuatro elementos
¿De qué se creó el mundo en un principio ? La respuesta es los cuatro Contrarios: caliente, frío, mojado y seco. Toda vida y toda materia procede de diversas formas de equilibrio o desequilibrio entre éstos, pues para el pensador medieval toda materia tiende hacia el lugar que le corresponde y donde podría estar en reposo.

Ello quedó claramente expresado por Macrobio, filósofo que vivió a principios del siglo V. Los Contrarios —decía— se combinan para formar cuatro elementos, que constituyen la materia. Lo caliente y lo seco se unieron para formar el fuego; lo caliente y lo mojado constituyen el aire; lo frío y lo seco, la tierra; lo frío y lo mojado, el agua.

Mientras pudieron moverse libremente, la gravedad, o pesadez, de la tierra y el agua les hicieron buscar el centro de la Tierra, mientras que la levedad, o ligereza, del fuego y el aire, los elevaron.

El elemento más ligero, el fuego puro (y, por tanto, invisible), formó una esfera por debajo de la órbita de la Luna y es a ella a la que las llamas, que eran impuras (y, por tanto, visibles), aspiraban al elevarse. El aire, que tenía un cierto grado de peso, estaba debajo y el agua, que es lo suficientemente gruesa como para poder tocarse, más abajo todavía, mientras que los restos más pesados de la materia creada se hundían en el punto más bajo de todos, unidos al frío eterno, para formar la Tierra.

La Tierra, que el hombre medieval culto sabía que era redonda, constituía el punto más bajo de todo el Universo. Estaba colocada en el centro sólo para que los demás cuerpos celestes tuvieran un punto alrededor del cual girar.

Éstos eran las esferas, sin peso, huecas, transparentes y lo suficientemente fuertes como para soportar el peso de un planeta, que estaba fijado a cada una de ellas. El cuerpo más cercano a la Tierra era la Luna; más allá, por orden de distancia creciente, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno.

La octava esfera era la de las «estrellas fijas», siempre en la misma posición con relación a los planetas, llamada stellatum. Más allá estaba la Esfera Cristalina y a continuación el Primum Mobile o Primer Móvil, una esfera que no contenía ningún planeta y que, por tanto, no podía ser trazada por el ojo humano. Se creía que era la responsable del movimiento de las otras esferas.

Para el poeta italiano Dante y toda la cristiandad medieval, más allá del Primer Móvil brillaba el Empíreo, «ese Cielo que es pura luz, luz intelectual, lleno de amor», la morada de Dios, el Primer Motor y la única Existencia verdadera.

Por tanto, el poder de Dios causaba la rotación del Primer Móvil, que giraba de este a oeste, completando su órbita cada veinticuatro horas. Sin embargo, las esferas más bajas estaban ligadas al «gran año», una revolución de oeste a este que tardaría 36.000 años en completarse. De hecho, su movimiento real era hacia el oeste, al ser empujadas hacia atrás en el camino que trataban de tomar por impulso del Primer Móvil, que las atraía.

Se sabía que la Tierra es pequeña e insignificante entre los cuerpos creados. El Universo era enorme, pero podía ser comprendido; dentro de él, el hombre era lo más bajo, pero conocía sus límites.

Edad Media, la alquimia

El intento de convertir los metales inferiores en oro era una importante ocupación medieval. Estos alquimistas contemplan el resultado   de  su  fracaso.

Las predicciones astrológicas
Estas esferas afectaban en gran medida a los habitantes de la Tierra. Gobernaban las plantas y los minerales, los temperamentos y los sucesos históricos a través de las influencias que transmitían, que la «ciencia» de la astrología se encargaba de interpretar.

Dicha ciencia, basada en la regularidad de los movimientos celestes, afirmaba que, partiendo del conocimiento del Universo, podían predecirse los acontecimientos relacionados con el hombre. Tales creencias fueron condenadas por la Iglesia, pero, a pesar de ello, tenían numerosos partidarios. En la Edad Media estaban extendidas y subsistieron en el Renacimiento.

Saturno ejercía una influencia siniestra sobre la Tierra. Producía el plomo, el carácter melancólico en el hombre y los acontecimientos desastrosos en la historia. Era el más terrible de los planetas, y por ello recibía el nombre de Infortuna Major o el Mayor Infortunio.

El metal de Júpiter era el brillante estaño; traía la paz y la prosperidad e inspiraba en el hombre una disposición alegre, noble y equilibrada. Era el mejor de los planetas y se le llamaba la Mayor Fortuna.

Marte era otro planeta desgraciado. Se le denominaba Infortunio Menor. Su metal era el hierro y su temperamento belicoso.

Por el contrario, el Sol era un planeta afortunado. Confería a los hombres la sabiduría y la liberalidad y gobernaba los sucesos felices. Su metal era el oro, en torno al cual surgió la ciencia de la alquimia. Se creía que, si llegaba a producirse un oro en forma apta para beber, el «oro potable», sería el elixir de la inmortalidad.

Venus o Afrodita también era afortunada: la Fortuna Menor. Su metal era el cobre o cyprium, el metal chipriota, y Afrodita era una diosa especialmente consagrada a Chipre. Concedía la belleza, el amor y los sucesos dichosos.

Mercurio era el planeta de la rapidez, la actividad y la inteligencia. Dotaba a todas las profesiones de entusiasmo y habilidad, incluyendo el propio aprendizaje, y su metal era naturalmente el mercurio. También gobernaba la estudiada prosa retórica de los filósofos.

La Luna marcaba la frontera entre la antigua división de Aristóteles en aire y éter, entre el mundo mortal y el inmortal. Por encima de la Luna todo era incorruptible y necesario; por debajo, corruptible, mudable y contingente ante la actuación del «azar» y el destino. Encima estaba el reino de la gracia; debajo, el de la naturaleza.

En los reinos situados por encima de la Luna no  existía el «azar» ni,  consecuentemente, el cambio. El metal lunar era la plata y su carácter la inconstancia, la afición a la vida errante y la tendencia a los accesos de locura (de los lunáticos).

Los habitantes de las esferas etéreas
Todo el universo celestial fue creado por Dios y las esferas mantenían su círculo eterno para demostrar su aspiración de amor por Él. Esta capacidad de amor sugiere algo sensible y, efectivamente, se creía que cada esfera estaba animada por una Inteligencia, una criatura movida por «amor intelectual» hacia su Creador. Regocijándose en la gloria de Dios, lanzaban sus planetas alrededor del cielo en una gran danza.

Las Inteligencias eran sólo una pequeña parte de los moradores de la esfera etérea: también había nueve órdenes de ángeles. Estaban divididos en tres jerarquías de tres órdenes cada una. El primero y más cercano a Dios era el orden de los Serafines, que descollaban en inteligencia, y de los Querubines y Tronos, que se abrasaban en el ardor del amor.

El Querube era el terrible poder de la caritas pura, el amor libre de debilidades o imperfecciones humanas. Los ángeles de la segunda jerarquía se ocupaban de gobernar la naturaleza: las Dominaciones formulaban sus leyes, obedeciendo la voluntad de Dios; las Virtudes, cuyo nombre latino significa más bien «eficacias» o «eficiencias», las ponían en acción y las Potestades preservaban de la desgracia a todo el proceso.

Sólo la tercera jerarquía, la más baja, se preocupaba por los asuntos de los simples seres humanos. Los Principados vigilaban los negocios de las naciones. Los Arcángeles y Ángeles, los dos últimos órdenes, cuidaban de los seres humanos individualmente considerados y, como consecuencia, son los que han sido recordados por más largo tiempo.

El hombre, ser racional
¿Y el hombre? Era animal como las bestias, pero racional como los espíritus.

Era el espejo del mundo, «que comprende, como los ángeles, que vive, como los árboles, que  existe,  como  las  piedras»,  como  dijo san Gregorio Magno. El alma del hombre procede directamente de Dios y tiende a volver a Él. Por tanto, todas las esperanzas del hombre son una manifestación de la ley general de gravedad y levedad.

El alma tiene tres partes y las tres se encuentran en el hombre. La más baja, el alma vegetativa, es la facultad que gobierna los procesos vitales: nutrición, crecimiento, digestión, cicatrización de las heridas y también generación. Ésta es la única alma de las plantas.

Los animales tienen también un alma sensitiva (su significado actual es más bien sensorial) con cinco sentidos, que son la vista, oído, etc., y cinco juicios: el sentido común, que convierte la mera sensación en consciencia localizada; la imaginación, o facultad que presenta ante la mente lo que no tiene delante, en el sentido de que un «hombre imaginativo» considera todas las posibilidades prácticas; la fantasía, que estaba más próxima a lo que ahora llamaríamos imaginación ; la memoria, y la estimación, que ahora llamaríamos instinto.

Sólo el hombre poseía además un alma racional, compuesta de dos facultades: el intellectus (intelecto) y la ratio (razón). La primera era el don más alto;  se ocupaba de las causas originariasde las cosas, de investigar y aprehender la verdad. Era una versión brumosa de la inteligencia pura de los ángeles. La ratio realizaba la tarea más pesada de establecer relaciones de causalidad, pasando de la premisa a la consecuencia.

El alma tripartita del hombre era paralela a la organización global del cosmos y de la sociedad. Todas las partes quedaban resueltas en esa armonía que era la aspiración y el deseo del pensamiento medieval. En el cosmos, Dios, por medio de sus órdenes de ángeles, gobernaba al hombre; en la sociedad, el rey, por mediación de sus caballeros, gobernaba al pueblo, y en e! hombre, el alma racional (razón), por medio del alma sensitiva (emoción), ejercía el gobierno sobre el alma vegetativa (apetito).

Los cuatro temperamentos

En cuerpo y alma, el hombre era un microcosmos. Lo mismo que los cuatro Contrarios primarios del mundo se combinaron para producir los elementos, así también en el hombre dieron lugar a cuatro fluidos o humores.

Caliente más seco producía el humor colérico (bilis amarilla); caliente más mojado, el sanguíneo (sangre); frío más seco, el melancólico (bilis negra), y frío más mojado, el flemático.

Un hombre de salud perfecta tenía los cuatro humores mezclados exactamente en la proporción correcta, pero esto era muy raro. Normalmente predominaba uno. La mezcla daba al hombre su «complexión» o «temperamento». Un mal carácter significaba una mala mezcla que salía al exterior, y un hombre bueno, cuando estaba irritado, podía sufrir un cambio de complexión y perder la calma.

El   hombre  de   complexión  colérica  erauna persona muy tensa, que se dejaba llevar fácilmente por cualquier camino, excitable y vindicativo. Se creía que los sueños eran un modo de determinar la complexión de un hombre. El colérico tendería a soñar con cosas brillantes y peligrosas: fuego, relámpagos, espadas.

personalidad segun los cuatro humores

Uno de los cuatro humores dominaba a cada hombre, dándole su especial «complexión» o «temperamento». 1. El hombre de complexión sanguínea tenía las mejillas sonrosadas y era equilibrado. 2. El hombre flemático era lento y pálido. 3. El hombre colérico era muy tenso. 4. El hombre melancólico era delgado y se obsesionaba por las dificultades. Estas ideas subsistieron hasta el siglo   XVIII.

El humor dominante del hombre sanguíneo era la sangre, el más noble, amigo de la naturaleza y la vida. Sería corpulento, de mejillas sonrosadas, ligeramente mordaz, con facilidad para dormir y soñar con caballos, flores rojas, mujeres rubias: un gran contraste con el hombre flemático, grueso, lento y pálido, con sus sueños de peces. La complexión melancólica era la más «neurótica» en el sentido moderno: individuos delgados, nerviosos, que padecen insomnio  y  pesadillas.

Ni que decir tiene que los humores eran pura materia y, por tanto, no podían verse afectados por el alma, que es completamente inmaterial. Para salvar el abismo, se pensó en unas exhalaciones llamadas «espíritus» (en sentido químico) que surgían de lo mejor de la sangre. Si no brotaban, el individuo se sentía abatido. Los espíritus vitales del hombre le unían a su alma vegetativa; los espíritus animales, a su alma sensitiva, y los espíritus intelectuales, a su alma racional. Cuando éstos últimos se desordenaban, se volvía loco.

Tal era el hombre medieval en su atestado y ordenado universo. Su concepción total parece tan ajena a la era científica que la reacción inmediata puede ser la risa o el desdén. No cabe duda de que los hombres de la Edad Media eran crédulos; les resultaba difícil admitir que el contenido de los preciosos libros podía no ser cierto y atribuían una indebida autoridad a sus fuentes. Pero lo que hicieron fue construir, a partir de la información recibida, una síntesis comprensiva de todo el Universo. A ello aspiraban Dante en su Divina Comedia y Santo Tomás en su Summa Theologica.

La necesidad de explicar los misterios del Universo es la clave del pensamiento de la Edad Media, pues engendraba un sentido de confianza mezclado con humildad al definir la situación exacta del hombre en la Creación.

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Biografía de Brunelleschi Arquitecto de la Catedral de Florencia

VIDA Y OBRA DE FELIPE BRUNELLESCHI, ARTISTA DEL RENACIMIENTO

Filippo Brunelleschi (1377-1446), nació en Florencia (Italia) en  1377, fue un gran artista italiano, y se lo considera uno de los maestros fundamentales de la transición hacia el renacimiento. Sus aportaciones, como la recuperación de los motivos clásicos y la capacidad para trasladar a sus obras las leyes matemáticas de la proporción y la perspectiva, le convirtieron en el primer arquitecto de la edad moderna.

Recibió una formación de escultor como numerosos arquitectos del Renacimiento (Miguel Ángel, Sansovino). Formó parte del gremio de los orfebres y participó en 1404 en el concurso para la nueva puerta del baptisterio de Florencia. Ese mismo año, el artista alcanzó la fama con el encargo de la construcción del duomo que corona la catedral. La altura del edificio, la amplitud de la cúpula, su peso, hicieron de esta empresa una hazaña, un proyecto arquitectónico que sólo un ingeniero podía enfrentar.

Felipe Brunelleschi

FLORENCIA EN EL SIGLO XV: A comienzos del siglo XV, Florencia salió de una dolorosa crisis política y bancaria. Su resistencia a los ataques exteriores fue estratégica, pero también cultural y artística. La ciudad buscaba imponerse como el centro de un mundo nuevo, tomando como referencia el modelo de la Antigüedad.

Las corporaciones florentinas, que reunían un número creciente de artistas, convocaron numerosos concursos para responder a importantes encargos públicos y privados, con lo que dieron inicio a un nuevo tipo de mecenazgo. El carácter “comercial” del contrato que ligaba el encargo al artesano-artista tuvo gran éxito en la historia de las artes.

En los concursos, los artistas más dotados se destacaban. Y entre ellos se produjo una fuerte competencia. Tal es el caso de la iglesia de Orsanmichele: llamaron a los mejores escultores (Donatello, Lorenzo Ghiberti, Nanni di Banco) para decorar una serie de hornacinas (nichos) originales y ostentosas en el exterior del edificio. Pero los concursos más famosos fueron los de la cúpula de Santa María del Fiore y el de las puertas del baptisterio.

Corría el año 1401. En Florencia, ciudad que estaba alcanzando la cumbre de su desarrollo económico, la vida artística bullía intensamente. Una de las consecuencias de esa efervescencia artística fue el concurso abierto para la segunda puerta del Bautisterio, en el que participaron los más grandes escultores de la época. Entre ellos se presentó un joven, Felipe Brunelleschi, que interpretó el tema propuesto: “El sacrificio de Isaac”, representándolo en una placa de marco mixtilíneo con una violencia dramática, un vigor de formas y un preciso sentido del espacio completamente nuevos e inesperados en la escultura florentina.

La placa sorprendió mucho a los jueces: en efecto; se trataba del primer paso hacia la revolución artística que poco después desencadenaría el mismo Brunelleschi, junto con Donatello y Masaccio, en la capital toscana. Sin embargo, el concurso fue ganado por Lorenzo Ghiberti, cuyo gusto, con tendencias aún góticas y sensible a las elegancias estilísticas de Andrés Pisano, era más fácilmente comprensible para los florentinos de su tiempo.

Sacrificio de Isaac

El sacrificio dc Isaac Lorenzo Ghiberti, 1401-1402 Museo del Bagello, Florencia
De la simplicidad a la tensión dramática. El abandono del estilo gótico (es decir, “bárbaro”) a partir del siglo xv condujo a los artistas a buscar en la Antigüedad para renovar su lenguaje plástico. No obstante, el dominio de la perspectiva fue considerado el verdadero progreso. Una obra innovadora. Ghiberti organizó su composición en torno de la diagonal formada por el saliente rocoso, dividiendo el espacio terrestre que concentra la dimensión anecdótica (los dos sirvientes, el asno y la lagartija) y el espacio donde se desarrolla la acción divina, cuyos protagonistas son Abraham, Isaac y el ángel. Con este relieve de gran fluidez, que evidencia un dominio del arte del bronce (el relieve fue fundido en una sola pieza), el joven Ghiberti creó una fórmula Innovadora, verdadero manifiesto de los nuevos tiempos, legitimado por el jurado.

El SACRIFICIO DE ISAAC Felipe Bruneileschi, 1401-1402 Museo del Bargello, Florencia La maestría de la técnica. Por el contrario, Bruneileschi inscribió la escena en un triángulo. En la base se encuentran los dos sirvientes encorvados. En lo alto, Abraham, con el cuerpo y los brazos estirados, sostiene firmemente la cabeza de Isaac en su mano, mientras que un soplo divino levanta su toga. A la Izquierda aparece un ángel. Este sujeta el brazo de  Abraham y le muestra el carnero para el sacrificio. El juego de manos y el intercambio de miradas confieren a esta enérgica escena toda su tensión. Sin embargo, la técnica empleada por Bruneileschi fue menos innovadora que la de Ghlberti, ya que las piezas fundidas en forma separada fueron posteriormente montadas sobre la plancha de bronce. La fineza del pulido de los más mínimos detalles revela, no obstante, un gran dominio de la técnica del bajorrelieve.

Felipe Brunelleschi había expresado claramente sus ideas reformistas con la placa presentada en el famoso concurso de 1401. Desgraciadamente han desaparecido los testimonios de los estudios que siguieron a dicha placa en el campo de la escultura, y también los de sus primeras pinturas. Pero no hay duda que estaban destinados a confirmar, como las dos tablillas en que representó en perspectiva el Bautisterio y el Palacio de la Señoría, los nuevos principios en que se fundaba su lenguaje artístico.

Y fue luego en el campo de la arquitectura, con la Cúpula de Santa María de la Flor (o Fiore), con el Hospital de los Inocentes, con la Basílica de San Lorenzo, donde dio la medida plena de su genio creador.

En abierto contraste con las delicadezas rítmicas del gótico, a la sazón consideradas ya como germánicas y “bárbaras”, concibió un arte que fuera una manifestación nacional, o, mejor aún, un exponente de la latinidad. Por otra parte, corresponde a Brunelleschi el mérito de haber inventado la perspectiva científica; es decir, de haber organizado sobre sólidas bases matemáticas la representación, en un plano bidimensional, de los elementos tridimensionales de un edificio. Se trataba de crear un orden, fijando relaciones y proporciones claras y armónicas entre los diferentes órganos de la construcción, agrupándolos en una unidad de espacio de modo tal que todas las líneas esenciales del edificio parecieran confluir naturalmente hacia un único punto de fuga.

El límpido y racional equilibrio propio de las primeras construcciones de Brunelleschi, no es sino el reflejo de la claridad intelectual de sus concepciones arquitectónicas. Fiel a dichas concepciones, Brunelleschi prosiguió su actividad proyectando la Sacristía Vieja de San Lorenzo y la Capilla de los Pazzi, una obra maestra absoluta del arte, en la que la serena geometrización, especialmente en el interior del edificio, determina un ritmo maravilloso. La Iglesia del Espíritu Santo, en la que perfecciona el plano de San Lorenzo,  fue la última  de  sus  grandes  obras.

La construcción de Santa María del Fiore
Después de la demolición de Santa Reparata, en 1296, Arnolfo di Cambio emprendió ios trabajos de la nueva catedral, Santa Maria del Fiore, concebida para ser la más bella de la Toscana. La elección de una larga nave con cúpula octogonal fue adoptada definitivamente en 1357, pero la construcción de la cúpula planteó rápidamente problemas técnicos y quedó pendiente.

En 1418 se realizó un concurso, seguido por otro en 1420. Brunelleschi y Ghiberti fueron premiados en abril de 1420 y nombrados “expertos de la cúpula” con el contramaestre Battista de Antonio. En 1436, la construcción de la linterna fue también motivo de un concurso. El jurado escogió el modelo de Brunelleschi, destacando la calidad de su iluminación, su ligereza y su resistencia a las intemperies.

Cupula Catedral de Florencia

León Battista Alberti escribió a propósito de esta monumental empresa arquitectónica que debía ser el símbolo del esplendor de Florencia en el Renacimiento: “¿Qué arquitecto antes de ti, Filippo [Brunelleschi], osó construir un conjunto de tales dimensiones, erigido hacia el cielo y tan grande como para poder cubrir con su sombra a todos los toscanos y ejecutarlo sin cimbra ni envigado? Tu habilidad es tan grande […] que parece increíble para los contemporáneos como ignorada por los antiguos”.

Obras del Arquitecto  Brunelleschi

La maestría de la arquitectónica. Brunelleschi, inspirándose en técnicas de la Antigüedad, consiguió hacer la cúpula más ligera: creó un doble cascarón (interno y externo) con una vía de circulación entremedio, eliminando así los contrafuertes exteriores y ofreciendo una lectura simple de los volúmenes. Un zuncho de madera fue colocado sobre el borde del tambor, en el cual se levantaron una estructura de ladrillos “en espina de pez” y tres niveles de largas piedras, unidas entre sí por cadenas de hierro. En la cima, la linterna cumple la función de clave de bóveda de la cúpula: su peso asegura la estabilidad del conjunto del sistema estructural.

FELIPE: BRUNEL-LESCHI (1377-1446): Nave central de la Basílica de San Lorenzo.Florencia. La suprema claridad lineal de los perfiles de piedra y la maravillosa concepción perspectiva de la Basílica de San Lorenzo, revelan el talento de Felipe Brunelleschi, que entre 1421 y 1428 se dedicó a la reconstrucción del hermoso  edificio.

FELIPE BRUNELLESCHI   (1377- 1446): Palacio Fitti. Florencia.
Entre las varias construcciones civiles atribuidas a Felipe Brunelleschi, se puede contar con cierto fundamento e! Palacio Pitti, a pesar de los substanciales agregados  posteriores.

FELIPE BRUNELLESCHI (1377- 1446):Hospital de los Inocente Florencia (1419-1424)

La influencia de Brunelleschi fue enorme entre sus contemporáneos y sus sucesores inmediatos, como Michelozzo, Donatello o el propio Ghiberti, e incluso ha llegado hasta el siglo XX, dado que los críticos modernos le han destacado como el primer arquitecto racionalista. En su tiempo ya fue considerado como una de las figuras más decisivas del renacimiento italiano, el gran genio que reformó el arte medieval y definió el nuevo orden interno y el lenguaje arquitectónico. Murió en Florencia en 1446.

Fuentes Consulatadas:
ARTERAMA  Fasc. N°53 Editorial CODEX Enciclopedia de las Artes
Enciclopedia Electrónica ENCARTA
Historia Visual del Arte Edit. Larousse

 

Los Mandarines en China Antigua Función Pública y Formación

FORMACIÓN Y FUNCIÓN DE LOS MANDARINES CHINOS

LA DECADENCIA MANCHU: En 1796, moría Kien Lung, emperador de China. Su reinado estuvo marcado por grandes victorias, que permitieron extender, especialmente hasta el Sinkiang occidental, las fronteras chinas. Pero, después de él, la dinastía manchú, la de los Tsing, conoció, con Kia K’ing y Tao Kuang, muchas desventuras, pues los europeos se hicieron más presentes cada vez en las puertas de China.

El Celeste Imperio era demasiado extenso para que las órdenes del emperador llegasen regularmente hasta las fronteras más lejanas. Sin embargo, la dinastía manchú no toleraba las disidencias, las tentativas de descentralización, sino que, víctima de la extensión de su territorio, se veía constreñida, de vez en cuando, a descargar grandes golpes. Caían las cabezas de algunos oposicionistas, o de los funcionarios a los que se consideraba responsables; el terror inspiraba a todos los demás una relativa calma; pero, poco a poco, la naturaleza humana volvía por sus fueros.

Para imponer su poder a los pueblos que habían conquistado, los emperadores disponían de tres instrumentos esenciales: el ejército, la nobleza y los letrados. El ejército contaba de 300.000 hombres. Poca cosa para tan vasto imperio; pero se bastaba para hacer respetar el orden en las fronteras, a condición de que el adversario no dispusiera, como los europeos, de armas demasiado diabólicas.

La nobleza se hallaba dividida en dos clanes: la que habitaba las mansiones fortificadas del campo y dominaba a la gran masa campesina, y la que vivía junto al emperador. Los nobles eran mantenidos lujosamente, pero no tenían ningún poder. Como Luis XIV, aparentemente, el emperador estimaba que el tenerlos ociosos era el medio mejor de privar a los príncipes de todo espíritu de revuelta.

Paralelamente, los chinos podían recibir títulos nobiliarios en agradecimiento a los servicios prestados. Mas, frente a éstos, reinaba también la desconfianza. La simple cólera del emperador podía precipitar al desventurado al fondo de la escala social. Y otro servicio prestado podía volver a situar al mismo personaje en el vértice dela escala aristocrática. Nadie tenía derechos; todo el mundo tenía sólo deberes. Nada les era dado para siempre a los príncipes: ni la gloria, ni la caída de ella. Manteniendo esta inseguridad de situaciones, el emperador tenía la ventaja de conservar las riendas de un poder descentralizado.

mandarines

LOS MANDARINES: En efecto, el país funcionaba, sobre todo, gracias a los miembros de la tercera clase importante: la de los letrados, que, responsable de la Administración, dirigía la nación. Estos letrados, llamados «mandarines» por los portugueses, eran los ganadores de unos concursos extremadamente difíciles. Recluidos durante tres días y dos noches, los candidatos debían pasar tres series de pruebas: la primera estaba constituida por diversas composiciones de carácter literario, relativas a los textos más antiguos, en la que el arte de manejar el pincel revestía capital importancia. Esto equivaldría, en nuestros días, a reclutar funcionarios especialistas en finanzas y estadística, exigiéndoles por todo bagaje intelectual un profundo conocimiento de la poesía de Virgilio y un talento caligráfico.

Una vez pasadas las pruebas, el candidato entraba a formar parte de la casta de los letrados. Tenía derecho a un cargo público y a lucir el famoso botón del color correspondiente a su grado, al concurso ganado. Pero estos funcionarios estaban mal pagados. Por eso, imbuidos de su superioridad, no vacilaban en aceptar pequeños regalos. He aquí el extraño imperio que los europeos tenían ante sí.

Los mandarines eran contratados después de haber realizado un examen basado en el programa de estudios establecido por el confucianismo. En los primeros años de la historia china el examen consistía en la resolución de problemas administrativos prácticos; más adelante, en tiempos de las dinastías Ming y Qing, los exámenes se centraban en un conocimiento rutinario de los clásicos chinos. Sin embargo, existían también otros medios para convertirse en mandarín: el apadrinamiento oficioso y el parentesco con la aristocracia o el soberano. Los exámenes tenían tanto prestigio que algunos candidatos se pasaban toda la vida tratando de aprobarlos y otros llegaban incluso a castrarse para mejorar su concentración.

Los escasos conocimientos que éstos tenían sobre el «Imperio del Medio» estaban a menudo deformados por los rumores. Así, la religión china les parecía algo incomprensible: aquella mezcla inextricable de religiones les parecía un subproducto de la más primaria de las supersticiones. El europeo, hombre de orden, no había conocido más que religiones bien jerarquizadas, en las que todos sus fieles compartían una misma fe. Y la sensación de hallarse ante una superstición en materia religiosa era suficiente para suscitar nobilísimas  vocaciones  misioneras.

Los europeos, estupefactos ante las extravagancias chinas, visibles tanto en sus costumbres y en sus trajes como en su arte, les calificaban, por tanto, de «bárbaros». En cuanto a los chinos, pensaban lo mismo de los europeos. Encontraban ridiculas sus largas narices, se burlaban de sus estrechos trajes, dentro de los cuales los hombres aparecían tiesos, y hallaban mal hechas las prendas (los chaquets), que no podían cerrarse y poseían un apéndice inútil que les colgaba por detrás. ¡Y qué decir de aquellos sombreros en forma de tubo de chimenea!

Los mandarines hablaban un dialecto especial que hoy en día es la lengua china más hablada.Más de mil millones de sus habitantes, el 95% de la población, habla chino frente a las otras minorías que hablan idiomas de diferentes familias lingüísticas, como el tibetano, el mongol, el lolo, el miao y el tai.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Historia de la Orden del Cister Bernardo de Claraval

Historia de la Fundación de la Orden del Cister

La orden del clster es unaorden monástica católica reformada, cuyo origen se remonta a la fundación de la Abadía de Cister por Roberto de Molesmesen 1098. Debe su considerable desarrollo a Bernardo de Claraval. su influencia y su prestigio personal hicieron que se convirtiera en el cistercíense Más Importante del Siglo XII, aún no siendo el fundador sigue siendo todavía hoy el maestro espiritual de la Orden.El Císter proporcionó numerosos santos a la Iglesia, comenzando por  san Roberto de Molesme, san Esteban Harding, y san Bernardo de Clairvaux (o de Claraval).

Todo empezó en el ano 1098, cuando un grupo de 21 monjes benedictinos, con su abad Roberto al frente, salieron del Monasterio de Molesme, movidos por el Espíritu Santo, en busca de un lugar solitario, Citeaux (Cister), donde poder buscar a Dios con mayor autenticidad y sencillez, llevando una vida en pobreza y soledad, y proveyéndose de lo necesario con su propio trabajo. Su norma de vida seña el Evangelio y la Regla de San Benito en toda su pureza.

El 21 de marzo fue la fecha elegida para establecerse en el Nuevo Monasterio. Los comienzos no fueron fáciles; la pobreza material y la escasez de vocaciones se prolongarían varios años. Pero esto no arredró el ánimo de los monjes, que trabajaron por convertir aquel lugar inhóspito en un vergel.

El santo fervor de los hermanos hizo que Odón, el duque de Borgoña, les favoreciera abundantemente, contribuyendo a lo construcción del Monasterio y entregándoles tierras y ganados para su sustento. Cister fue elevado al rango de Abadía, bajo el patrocinio del Obispo de Chalons, titular de aquella diócesis (en la actualidad Dijon).

primer monasterio de cister

Este monasterio situado al sur de Navarra, a 34 kilómetros de Tudela, es el primer monasterio que la
Orden del Císter construyó en la Península Ibérica.

HISTORIA DE SU FUNDACIÓN: En Lombardía, se inició a un movimiento que exigía un retorno a la pobreza y abstinencia de la Iglesia primitiva.En el siglo XI, el obispo Pedro Damián estimuló esta acción, y creó, a su vez, comunidades de clérigos, en las cuales la vida monástica se desplegó en una asombrosa austeridad.

De todas partes surgieron tendencias extremistas que, superando la experiencia de Cluny, buscaban otras vías de salvación. Así procedieron los que, influidos por la lectura de los Padres del desierto, llegaron a preconizar una vida solitaria.

En 1084, un monje llamado Bruno fundó la orden de los cartujos, partiendo de un monasterio organizado por él cerca de Grenoble: la Gran Cartuja. Después, ante los desórdenes internos que se produjeron en el monasterio, varios monjes, bajo la dirección del abad Roberto de Molesme, quien ya había cuestionado y alejado de la Orden de Cluny , decidieron abandonarlo en 1098.

Encontraron el sitio adecuado en la árida región borgoñona de Citeaux, (traducida al español como Císter) donde levantaron una capilla y un modesto cenobio. Los primeros tiempos no fueron fáciles, debido a lo inhóspito del lugar. Aparte de las privaciones inherentes a la vida monacal, su ignota ubicación no atraía nuevos monjes para aumentar su número o emprender nuevas fundaciones. La falta de agua obligó a Roberto a trasladarse a un emplazamiento cercano que pertenecía a la diócesis de Dijon, ciudad capital del ducado de Borgoña. Tanto el obispo como el duque Eudes de Borgoña prestaron ayuda a aquellos monjes tan virtuosos, contribuyendo a la erección del monasterio y entregándoles tierras y ganado para su subsistencia.

Esta orden fundada en 1098 por Roberto de Molesme, la comunidad cisterciense vivirá en una austeridad voluntaria y total, sin ningún regalo en el vestido o en la comida.

Estos monjes vestidos de blanco, que dormían en una sala común y comían juntos en un refectorio, se consagraron a la oración y al trabajo de los campos, pero, a diferencia de los de Cluny, no percibían ninguna renta de sus tierras. Los monjes estaban divididos en dos categorías: los más instruidos y aquéllos cuyo origen social era elevado, llegaban a ser monjes de coro y no estaban obligados más que a los ejercicios espirituales, a diferencia de los «conversos», vestidos con hábitos pardos, a quienes su pobreza de procedencia conducía a trabajar los campos, y, por ello, se convertían en la mano de obra de los padres blancos.

El papa Urbano II concedió a la nueva Orden el estatuto de Privilegio Romano, al tiempo que exigía a Roberto que reasumiera su antiguo puesto en Molesme, a pedido de los monjes que habían permanecido en esa abadía. Su sucesor fue el hasta entonces prior del Císter, un monje llamado Alberico, que gobernó con acierto la congregación consolidando su prestigio y sus bienes.

Otro destacado abad de esa época fue Esteban Harding, resultó un gran promotor del Císter, que bajo su guía experimentó una notable expansión. Fue autor del Exordio Parvo y de la «Carta de Caridad», escritos que fijaron definitivamente las normas de vida de la Orden, su organización interna y, en definitiva, su Regla. Bajo la conducción de Esteban Harding (posteriormente canonizado) se fundaron las primeras cuatro nuevas abadías, conocidas como «las cuatro hijas del Císter».

En 1112 se presentó en Citeaux un grupo de treinta laicos encabezados por un joven llamado Bernardo, que pidieron ingresar como monjes. Esteban aceptó ese ruego y tres años después envió a Bernardo a fundar una nueva abadía en Clairvaux (Claraval). Esta congregación fue una inesperada y brillante estrella en la aún escasa constelación del Císter.

El Císter alcanzó renombre en toda Europa, gracias al ingreso de este joven noble de excepcional valor, seguido de sus compañeros: San Bernardo. En 1115, San Bernardo fundó cerca de Troyes su propia abadía: la de Claraval. Excelente polemista, San Bernardo representó, en el siglo XII, un papel muy importante en las famosas discusiones entre teólogos, en las cuales fue el adversario de Abelardo; después representó, igualmente, un gran papel en la segunda cruzada.

Su comunidad interna llegó a reunir 700 monjes, más otros miles en los 160 monasterios que dependían de ella. El polifacético Bernardo de Clairvaux obtuvo un particular poder dentro de la Iglesia, que le permitió tanto inspirar la fundación de la Orden del Temple como intervenir con autoridad en los conflictos del Vaticano.

Cuando murió, en 1153, la orden cisterciense estaba ya sólidamente implantada y tenía a su cabeza una direción colectiva: el Capítulo General, que reunía todos los años a los abades de las diferen tes casas. Durante casi dos siglos, las abadías aparecieron como puertos donde se refugiaba lo más noble y elevado del hombre medieval: el trabajo, la cultura y la fe.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Historia de la Orden de Cluny Fundación y Reformas

FUNDADOR DE LA ORDEN DE CLUNY: PROPÓSITO ESPIRITUAL

Monasterio de Cluny, abadía benedictina situada en la región de Borgoña, Francia, que desempeñó un papel importante en la renovación monástica francesa y europea durante los siglos X y XI. Desde un punto de vista arquitectónico, la iglesia de Cluny fue el mayor templo románico de la edad media

ANTECEDENTES: En el paisaje de la Baja Edad Media, los monasterios y conventos eran una imagen habitual, día a día la cantidad de abadías se agrandaban muy pronto, gracias a las numerosas donaciones. Se levantaban generalmente en lo alto de un peñón, en lo profundo de un bosque, o en otros sitios aislados del mundo para favorecer el recogimiento y la oración. En teoría, las órdenes religiosas y sus monasterios representaban la opción más pura y radical de quienes se sentían predestinados para servir pacíficamente a Dios, con la mayor pureza y devoción. Para que lo representara cerca de los poderes laicos, el abad nombraba a un procurador. Paralelamente a esas actividades, las abadías no tardaron en convertirse en centros culturales de primer orden, de donde salieron, como en Bizancio, múltiples obras de arte, flor y nata de la cultura medieval.

Por otro lado en la práctica eran muchos los que, sin gran vocación religiosa, elegían el monacato como manera de escapar de la inseguridad, la violencia y la miseria que impregnaban el Medievo.

Eso llevó a un paulatino relajamiento de los votos de castidad y obediencia que obligaban a los monjes; mientras los abades y priores se saltaban las reglas de pobreza y humildad acumulando riquezas y convirtiéndose en verdaderos señores feudales. Se produjo entonces un efecto contrario porque la nobleza comenzó a colocar a sus miembros al frente de los monasterios importantes, para obtener más tierras y poderío. La enco nada querella de las investiduras alcanzó así a las ordenes religiosas, que llegaron a sufrir un gran desprestigio ante la po blación.

En aquel siglo de barbarie, donde todas las conquistas de la civilización estaban en peligro de desaparecer para siempre, es admirable el paciente trabajo de aquellos monjes copistas que habían consagrado toda su vida a transmitir a los siglos venideros las obras maestras de los tiempos pasados. En el siglo X, en la región de Macón, surgió una abadía cuyo renombre iba a extenderse rápidamente por toda Europa. Un nuevo período se abrió para los monasterios: el de la organización de órdenes jerarquizadas.

LA NUEVA ABADÍA DE CLUNY
Fundada en el año 910 por un gran señor, Guillermo, duque de Aquitania, la abadía apareció como la ciudadela de la ortodoxia benedictina, frente a la degeneración que siguió al enriquecimiento de los otros monasterios. El abad Bernon decidió, pues,   introducir  la   Regla de San Benito, tal como había sido interpretada en el siglo IX por el abad aquitano Benito de Aniano. Este último, en una capitular fechada en el año 817, había impuesto a los monasterios el retorno a una vida más estricta, que implicaba, entre otras cosas, la reducción de los estudios y el incremento de los oficios litúrgicos. Los monjes, vestidos, de negro, repartían la jornada entre la oración y el trabajo manual.

abadia de cluny

Quince años después, el segundo abad de Cluny, san Odón, encaró una reforma sustancial con el fin de recuperar las virtudes evangélicas. Centró la vida monacal en el Oficio Divino (Opus Dei), aumentó el tiempo dedicado a la oración, fomentó el canto gregoriano en las ceremonias litúrgicas e hizo cumplir severamente las normas de clausura y de silencio.

Consiguió para su nueva Orden la calidad de prelatura independiente, es decir, que en lo religioso obedecía directamente al papa, y en lo terrenal sólo al emperador. En su apogeo la Orden de Cluny llegó a poseer mas de mil casas regulares en toda Europa, dirigidas desde la poderosa abadía fundadora.

guillermo de aquitania

En el año 893, la villa de Cluny, en la Borgoña francesa, fue adjudicada por Carlomagno al duque Guillermo de Aquitania. Éste la donó a la Orden de San Benito en 910, para que se levantara allí una abadía en honor de san Pedro y san Pablo.

Los monjes hacían voto de castidad, y se habían comprometido a vivir pobremente, renunciando a toda posesión personal. Desde entonces, se sucedieron, al frente de la abadía, abades de gran valor, tales como Odón, Aymard, Maíeul. Rápidamente, las donaciones afluyeron a la abadía. Poco a poco, los monjes sufrieron la terrible atracción del siglo; al vivir en la opulencia, abandonaron el trabajo de la tierra a colonos, para no consagrarse más que a la oración litúrgica «Opus Dei». Directamente dependiente de Roma, para evitar toda ingerencia laica, la abadía recibió el privilegio de la exención, lo cual la sustraía de la intervención del episcopado.

Al final del siglo X, varias congregaciones religiosas recurrieron a los abades de Cluny, para que reorganizasen sus monasterios según las reglas cluniacenses. De esta forma, se creó una orden cluniacense constituida por una serie de congregaciones, sometidas todas ellas a la autoridad única y total del abad de Cluny. A finales del siglo XI, varios cientos de casas difundieron la extraordinaria celebridad de la que llegó a ser la más poderosa institución de la Iglesia católica. Este formidable desarrollo, que correspondía a un deseo de renovación espiritual, condujo, finalmente, a una lenta corrupción de las costumbres cluniacenses.

La obra de Cluny destacó por su acción a favor de la paz, el fomento de las peregrinaciones y la hospitalidad, la dedicación a la enseñanza en las escuelas cluniasensis y la protección e impulso de las artes. Pero lamentablemente a esta última inclinación debió tanto su esplendor como su decadencia.

Comprometida en la culminación de la arquitectura religiosa románica, encaró sucesivamente tres reformas de la gran abadía, cada cual más ambiciosa en dimensiones y en esplendor que la anterior. En la última versión, la iglesia presentaba cinco naves con doble crucero y un ábside con un am plio coro y una giróla de capillas radiales, coronada por una im ponente bóveda de cañón ojival.

Las dos poderosas torres latera les y la suntuosa decoración expresaban una mundana admiración por la belleza y un pecaminoso deseo de ostentación Por lo menos esa era la opinión de Roberto, abad cluniacense de Molesme, cuya pía indignación lo llevó a desvincularse de su descarriada casa central.

Por otro lado en la Edad Media, la riqueza era una fuerza corruptora que ningún obstáculo podía detener, si no era el apasionado deseo de pureza que animaba a numerosos cristianos, por lo que Cluny sufrió los ataques de los fieles, indignados por la vida fácil y cómoda de los cluniacenses. Desde entonces, fue una forma de monarquía aristocrática, integrada en el medio feudal, la que reinó en el edificio coronado por cuatro campanarios. Aparecieron nuevas corrientes rigoristas que llegarían a superar,  necesariamente, la Gregoriana.

Entre los numerosos religiosos cluniacenses que fueron canonizados, se cuentan el abad san Odón y el ex monje san Gregorio VII, el gran pontífice de la Edad Media. También fue abad de Cluny san Pedro el Venerable, que casi se pierde la canonización por haber respaldado al monje intelectual y polémico Pedro Abelardo.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Gremios en la Edad Media y la Organizacion Laboral

Los Gremios y Cofradías de Artesanos
Organización Laboral en la Edad Media

GREMIOS O CORPORACIONES MEDIEVALES:

En el siglo XII ya está instalado el artesano con su pequeño taller en un burgo. En los últimos tiempos ha progresado notablemente. Desarrolla una gran actividad. Cada vez fabrica mayor cantidad y más variedad de objetos: armas, ropas, sombreros , arcones, calzados, carretones, féretros, etc. Cuenta ahora con la seguridad de poder vender toda su producción. Los mercaderes ambulantes van de castillo en castillo, de ciudad en ciudad.

En las ciudades, los comerciantes organizan ferias, y en estas ferias compran los señores y los campesinos, que ahora utilizan la moneda para adquirir las mercaderías. El trueque o intercambio de productos ha sido reemplazado por este sistema, que se incorporará ahora definitivamente al mundo del comercio.

Además de un comercio regional, cuentan con la gran demanda de un comercio internacional entre los puertos de Oriente y los puertos del Mediterráneo Occidental (Italia, Sicilia, Francia, Provenza, Aragón, Mallorca).

Por lo tanto, la fabricación debe aumentar. Aunque el taller no se amplía, pues sólo siguen trabajando en él cinco o seis artesanos, la técnica mejora con los nuevos telares a pedal que se incorporan, y además, con la aplicación de los molinos de agua, cuyas fuerzas se utilizan tanto para moler el trigo como para golpear el paño en el batán. Son famosos los paños flamencos, que luego los florentinos perfeccionan con un mejor teñido y más delicada presentación. La industria del cuero, del hierro, la fabricación de armas y de navios enriquece a la burguesía.

Vendedor de Pescado en la Edad Media

COMERCIANTES Y ARTESANOS SE ORGANIZAN

El comerciante, que vive de la exportación y de la importación, está dispuesto ahora a emprender un viaje, y prepara su caravana.   A partir de este momento comienzan todas las dificultades, que luego se acrecentarán. Si la ruta que siue es terrestre, no faltarán robos y ataques hasta de los mismo señores feudales; si la ruta es mar´tima , se sabe que los piratas estarán en acecho.   No se puede viajar solo, sino en unipo; no se debe enviar un solo barco, sino tratar de organizar una flotilla.   Hay que con seguir guardias para cuidar las caravanas.

Hansa, Guilda, Liga, Hermandad: Por eso los mercaderes empiezan a asociarse en forma permanente. Estas asociaciones se llamaron Guildas en Inglaterra. En Alemania aparece con esta misma intención la Liga hansiática Hansa (Federación de ciudades libres).

En Italia se organizará la Liga Lombarda, y en España la Hermandad de las Marismas (1296), que agrupa a las ciudades marítimas. Cualquier mercader podía ingresar al principio en estas asociaciones, pero después las cosas se complicaron. En ellas se vigiló la competencia, se organizaron las ferias, se exigió una determinada nacionalidad para sus miembros, y además mediante estas ligas las ciudades se protegieron. Tenían sus milicias y hasta una armada.

Corporaciones o Gremios: Las asociaciones de artesanos aparecieron más tardiamente que las de mercaderes. Cada corporación corresponde a un oficio determinado y demuestra en sus severos reglamentos la modalidad de la época:  el ordenamiento jerárquico, rígido.   Para abrir un taller se necesitaba que la corporación lo aprobara. Los precios y los salarios eran fijos.

En el escalón más bajo estaban:

♦     Los aprendices (discipuli), los que debían aprender a trabajar, de 10 a 12 anos de edad. Vivían con su maestro y debían servirlo en el taller y en el hogar durante tres años.

♦    Los compañeros (famuli), es decir los obreros que trabajaban con el maestro dos o tres años.

♦    Los maestros (magistri), los dueños del taller. Sólo cuando se llegaba a ser maestro se podía abrir un taller.
Al que no pertenecía a la corporación, no le estaba permitido ejercer en esa rama de la artesanía.

Las corporaciones o gremios eran también centros de ayuda mutua; ayudaban al enfermo, a la viuda, al huérfano. Así, el estatuto del gremio de los sastres de Londres fijaba una pensión que se le debía pagar a cualquiera de sus miembros, impedido de trabajar.

Cofradías: En España existían las Cofradías, asociaciones profesionales con fines benéficos, de acentuado carácter religioso, vinculadas con un santo al que tomaban como protector.

Las cofradías de mareantes (marineros, pescadores, etc.), fueron las más antiguas. En el sur de España, en Sevilla especialmente, los pilotos, navieros y contramaestres se unieron en la Cofradía de Nuestra Señora del Buen Aire. Junto a las cofradías aparecen los gremios, las verdaderas corporaciones profesionales, menos importantes allí que en Francia e Italia, naciones de fuerte artesanía.

En España, país esencialmente ganadero, fue importante el Concejo la  Corporación de la Mesta   (1273), asociación de pastores y propietarios que llegó a ejercer un verdadero control del comercio ganadero.

Boticario en la Edad Media

DISTINTAS CATEGORÍAS DE BURGUESES

A la ciudad medieval la dirigen magistrados y un consejo municipal o ayuntamiento. Los ciudadanos más ricos y poderosos piensan que a ellos solos les corresponde gobernar la ciudad. Esta oligarquía o patriciado urbano se considera muy superior y bastante próximo a la nobleza.

A veces, también poseía tierras como la nobleza, pero se diferenciaba de ella por la riqueza monetaria que había adquirido con la actividad industrial o comercial de sus antepasados. Este patriciado urbano no se dedicaba ahorn a ningún trabajo; sólo colocaba sus capitales en empresas que otros atendían. Por debajo de ellos en la escala social, estaban los mercaderes, los fuertes empresarios y los navieros con barcos de su propiedad y mercaderías acumuladas, dispuestos a llegar hasta China para conseguir el máximo beneficio de sus fuerzos y su audacia.

Luego venían los pañeros, drogueros, cirujanos, notarios y los artistas importantes, como los maestros de obras de las catedrales. Todo ellos miraban con desprecio a los artesanos o gente de oficios (menestrales): carpinteros, herreros, sastres, zapateros, pequeños comerciantes, y a su vez, no consideraban por encima del resto de los habitantes de la ciudad. Todos los burgueses, a pesar de las diferentes categorías sociales estable cidas, se sienten hijos de su propio esfuerzo y no creen que dentro de la vida urbana deban existir vallas sociales infranqueables.

AMPLIACIÓN DEL TEMA…

CORPORACIONES: Durante mucho tiempo, cada artesano pudo trabajar libremente, pero, poco a poco, las profesiones se’ fueron organizando en corporaciones. Se comenzaba siendo aprendiz: los muchachos aprendían el oficio en la tienda u obrador del patrón; vivían con él y eran utilizados para todas las tareas,   incluidos   los   trabajos   domésticos que les imponía la mujer del patrón. No estaban remunerados; su trabajo servía para pagar, además del alojamiento y la comida, la formación profesional. Después, el aprendiz se convertía en obrero u oficial.

Para hacerse maestro y tener derecho a abrir un taller e instalarse por su cuenta, tenía que realizar una «obra maestra», que le ocupaba largos meses y que le exigía el empleo de materias primas costosas.

El acceso a la maestría era, pues, difícil, sobre todo en algunos oficios, porque, para evitar la competencia y limitar su número, se tendía a cobrar derechos de entrada, y, además, los encargados de juzgar las «obras maestras» se mostraban cada vez más severos. Lo más sencillo, por supuesto, era ser hijo o yerno de un maestro; en este caso, las barreras se alzaban.

Esto dio lugar a una herencia de los oficios paralela a la de los feudos, que permitió mantener en la sociedad una rigidez que se consideraba necesaria para la buena marcha del mundo. Desde luego, estos exámenes estaban justificados, a veces: así, hoy podemos admitir que el oficio de barrer: fuera objeto de una reglamentación precisa, pues los miembros de esta profesión actuaban también como cirujanos.

Para hacer frente al egoísmo de los maestros, los obreros se asociaban, a veces, en gremios. Estas organizaciones permitían discutir con más eficacia las condiciones de los salarios, representando el papel de los sindicatos contemporáneos. Sin embargo, las corporaciones, dirigidas por los maestros, consiguieron generalmente quebrantar estas asociaciones disidentes, a las que calificaban de asambleas facciosas.

Los maestros, pues, no admitían la lucha de clases en el seno de su profesión. Estimaban que las corporaciones velaban por el bien de todos y que había que continuar unidos para oponerse a las clases dominantes de la aristocracia.

De hecho, las corporaciones desempeñaron en Italia, y particularmente en Flandes y en París, un papel revolucionario, que prefiguraba el del Tercer Estado en la revolución de 1789. Así, en el siglo xiv, Esteban Marcel se apoyó en los carniceros para oponerse al poder real; por su parte, Jacobo van Artevelde recibió en Gante el apoyo de las corporaciones.

LAS COFRADÍAS

En el curso de esa Edad de la Fe que fue la Edad Media, era normal que las corporaciones, organizaciones económicas, se relacionaran con lo religioso. Gada corporación formaba normalmente una cofradía; cada cofradía rendía culto a un santo particular (a Eloy los orfebres, a Crispín los zapateros, a José los carpinteros) y edificaba una capilla en la que se reunía.

Además, las cofradías organizaban procesiones y fiestas, obligaban a sus miembros a asistir a las exequias de los cofrades muertos y, sobre todo, era un organismo de asistencia mutua, encargado de ayudar a los compañeros pobres, enfermos o ancianos. Algunas cofradías llegaron a crear centros hospitalarios. Tanto los aprendices como los oficiales y los maestros estaban, pues, unidos por un conjunto de lazos económicos, jurídicos, políticos, religiosos y sentimentales que los hacían solidarios y los protegían, pero que impedían las innovaciones.

Nuestra mentalidad moderna encuentra normal la competencia: que quien descubra un truco técnico, que quien dé pruebas de inventiva, consiguiendo fabricar a menos precio, quite la clientela a un competidor, nos parece justificado. La Edad Media, en cambio, consideraba esto desleal y deshonesto. Se condenaba el progreso, que podía arrebatar el pan de la boca de los cofrades.

Las corporaciones, al reglamentar los precios y las técnicas de fabricación, conseguían la seguridad de sus miembros, pero paralizaban los progresos técnicos. Por esto la Revolución Francesa, que suprimió las corporaciones en nombre de la libertad individual, favoreció el progreso técnico, pero, al mismo tiempo,el aplastamiento de los misérrimos proletarios del siglo XIX.

LA CORTE DE LOS MILAGROS

Sin embargo, existía la miseria en las ciudades: el vagabundeo, la mendicidad y el bandidaje hacían estragos tanto en la ciudad como en el campo. Las guerras, los disturbios y las epidemias hacían crecer el número de los desheredados de la sociedad. La mendicidad era para algunos un género de vida normal, que la moral cristiana no reprobaba. Guillebert de Metz llegó a jactarse de los ochenta mil mendigos que, según él, probaban el esplendor de París.

Como ocurría siempre en la Edad Media, la cifra era exagerada. Los verdaderos pobres podían quejarse de la competencia que les hacían los «caimanes» o falsos mendigos, que sabían remedar admirablemente innobles enfermedades y que se disfrazaban para presentar a la compasión pública heridas sangrientas, aplicándose una mezcla de harina, pintura y sangre. Algunos, con moras y bermellón, hacían apiadarse a los transeúntes, echando sangre por la boca y por la nariz. Muchos niños eran raptados, mutilados y puestos a mendigar. La «Corte de los Milagros» bordeaba la callejuela laboriosa.

Vendedores de falsas reliquias, monederos falsos, tramposos, malhechores, intentaban escapar a la justicia mostrando una tonsura y afirmando  que  sólo podían  ser  juzgados  por las autoridades eclesiásticas. Todos ellos hacían de las ciudades lugares peligrosos. Para poner fin a los manejos del hampa, fueron promulgadas diversas ordenanzas; sin embargo, su repetición periódica prueba que eran ineficaces.

Como la Mafia contemporánea, los maleantes formaban una corporación con sus reglamentos interiores y su jerarquía de aprendices, oficiales y maestros; la «obra maestra» consistía en cortar la bolsa de una mujer arrodillada en una iglesia, o asaltar sin ruido a un burgués. Sólo les faltaba el santo patrono.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Historia Oton I Emperador del Sacro Imperio Romano Vida

HISTORIA DE OTON EL GRANDE, EMPERADOR

El 2 de febrero de 962 después de Jesucristo, en la Basílica de San Pedro, de Roma, se repetía la misma ceremonia con la cual, en el año 800, Carlomagno había sido reconocido emperador del Sacro Imperio Romano: el papa Juan XII colocaba la corona imperial sobre la cabeza de Otón I, rey de los germanos. En esa forma, después de casi dos siglos, resurgía el Sacro Imperio Romano. Y como se lo debía a un soberano alemán, fue llamado Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón I, llamado El Grande, fue rey de Germania (936-973) y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (962-973). En el ejercicio del primero de sus citados títulos, su reino se vio consolidado y fortalecido. Obtuvo el dominio del norte de la actual Italia al contraer matrimonio con la reina viuda de Lombardía, Adelaida, a la que había ayudado a derrotar al usurpador Berengario II. Coronado emperador del Sacro Imperio por el papa Juan XII, pretendió la subordinación de la Iglesia a la autoridad imperial.

 

Emperdor Oton I

LUCHA CONTRA LOS FEUDATARIOS
El mismo día de su coronación como rey de Alemania (año 936) Otón I quiso mostrarse magnífico con los feudatarios que intervinieron en la ceremonia: asignó a cada uno de ellos importantes cargos de corte (chambelán, comandante de caballería, etc.).

Con dicho acto, el joven soberano quiso demostrar que deseaba vivir en armonía con todos los nobles de su reino. Pero, aquélla tuvo breve duración: poco después, los feudatarios más poderosos (los duques de Bohemia, de Franconia, de Suabia) se rebelaron con la intención de constituir en sus territorios reinos independientes.
Sin embargo, no tardaron en comprender que tenían que habérselas con un soberano enérgico, dispuesto a hacer reconocer a toda costa sus derechos de rey.

Efectivamente, Otón I enfrentó a los feudatarios rebeldes y, después de dos años de guerra, logró derrotarlos y someterlos a su autoridad. Y como se dio cuenta de que tarde o temprano los feudatarios volverían a rebelarse, Otón I les quitó el dominio de muchas tierras y las concedió en feudo a hombres de la Iglesia (especialmente obispos, que tuvieron el título de condes).

Una vez que hubo consolidado su poder en Alemania, Otón pudo considerarse el soberano más poderoso de Europa, y tratar de alcanzar la meta a que aspiraba desde hacía años: hacer resurgir el gran imperio fundado por Carlomagno y destruido por sus sucesores. El programa no era ciertamente fácil: para reconstituir la unidad del Imperio Carolingio había que someter a los reinos de Francia y de Italia, que hacía tiempo se habían independizado.

VICTORIA SOBRE LOS HÚNGAROS
Cuando todo parecía ir perfectamente, Otón recibió una tremenda noticia: hordas de húngaros, procedentes de las regiones danubianas, habían invadido Alemania. Dejando el trono de Italia a Berenguer II, que ie había hecho acto de sumisión y promesa de fidelidad, Otón regresó a Alemania para enfrentar a los invasores.
En una sangrienta batalla, librada en las cercanías de Augusta, Otón I logró exterminar al ejército enemigo. Merced a esta victoria, los húngaros fueron expulsados para siempre a sus tierras de origen.

OTÓN I EN ITALIA
Mientras Otón meditaba planes para poner en ejecución su gran programa, he ahí que la fortuna le salió al encuentro ines– eradamente. Adelaida, viuda de Lotario, rey de Italia, le pidió que se dirigiera a ese país para ayudarle a recuperar el reino, que le había usurpado Berenguer II, marqués de Ivrea.

Para liberarse de Berenguer, también los feudatarios italianos se sintieron inclinados a reconocer la autoridad del rey extranjero.

A Otón I no podía presentársele una ocasión más favorable para poner pie en la península italiana. En septiembre de 951 llegó a Italia, donde no encontró ninguna resistencia. Berenguer, despavorido, se había refugiado en Ivrea. Adelaida, que esperaba ser repuesta en el trono de Italia, fue pedida como esposa por Otón I. Así, este soberano obtuvo lo que deseaba: Italia podía considerarse uno de sus reinos.

REY DE ITALIA Y EMPERADOR
Mientras tanto, Berenguer II no sólo había actuado como si fuera un rey independiente, sino que también trató de conquistar los territorios de la Iglesia. Entonces, el papa Juan XII, para defenderse de la amenaza de Berenguer, decidió pedir ayuda a Otón I.

Y he aquí que en el invierno de 962, Otón I llegó nuevamente a Italia. Los príncipes y prelados italianos se reunieron en Milán, declararon a Berenguer derrocado y ofrecieron el reino a Otón I. Poco después, en Pavía, el soberano alemán fue coronado rey de Italia. Alemania e Italia, unidas, podían formar un imperio. Otón I pensó, entonces, que había llegado el momento de ceñir la corona imperial. “Si, con la ayuda de Dios, Roma me ve entre sus murallas —escribió al Papa— yo levantaré con toda mi potencia a la Iglesia Romana y a Ti, que eres su Jefe”.

Una declaración de esta naturaleza no pudo dejar insensible a Juan XII. Otón I fue coronado emperador, y al papa Juan XII le pareció que en ese momento resurgía en Europa el Sacro Imperio Romano.

LA IGLESIA AL SERVICIO DEL IMPERIO
En cuanto logró su coronación, Otón I se apresuró a dar a conocer sus verdaderas intenciones. Mediante un edicto estableció que el derecho de nombrar a ios pontífices correspondía solamente al emperador. Si en el tiempo de Carlomagno, el imperio había estado al servicio de la Iglesia, ahora, con Otón I, la Iglesia se encontraría sujeta al imperio. No obstante, Otón I no había finalizado sus planes de conquista. Ahora aspiraba a la posesión de Italia meridional, aún en manos de los bizantinos. . Pero, en 973, cuando se preparaba para llevar a cabo la conquista, murió a la edad de 61 años, después de 37 de reinado.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – Oton I Emperador

Fotos de Catedrales del Mundo Iglesias Templos

Fotos de Catedrales del Mundo

¿Qué hizo posible la erección de las magníficas y avanzadas catedrales góticas en una época comí la Edad Media, considerada primitiva y oscura? ¿Qué intereses políticos y conjuras eclesiásticas impulsaron su construcción? ¿Qué papel jugaron las intrigas palaciegas medievales? ¿Fueron esas enigmáticas catedrales monumentos simbólicos de sectas ancestrales? ¿Quiénes guardaban los secretos constructivos de su sorprendente armonía y equilibrio? ¿Cómo influyeron en el desarrollo de las ciudades y en la vida cotidiana de los campesinos? Y, finalmente, ¿Qué mensajes crípticos se ocultan aún en sus rincones y sus ornamentos?

Explica Chanelle en su libro “Más Allá de las Catedrales“: «El arte gótico es un resurgimiento de los principales mitos del paganismo», el autor vincula las catedrales góticas con tradiciones místicas como las de los druidas, los eremitas y los cataros, conjugándolas con los arcanos de los alquimistas, el procaz paganismo de las fiestas medievales o los secretos orientales que guardaban celosamente los templarios.

De este modo, consigue mpstrar el auténtico submundo que latía bajo el asombroso florecimiento cultural del siglo XII. Además, revela sin tapujos la cara oscura del papel de la Iglesia en todos los aspectos de la vida durante la Edad Media, desde las luchas internas del Vaticano hasta la instigación de la macabra cruzada, albigense; pasando por las intrigas y traiciones cometidas para imponer el poder terrenal del Papado sobre imperios y reinos, la corrupta «querella de las investiduras», la venta de absoluciones e indulgencias, el oportunismo de los obispos y abades, el lujo y,erotismo en los conventos y, sobretodo, los infernales crímenes de la Santa Inquisición.

El  Sagrado Río Ganges El Fujiyama Palacio Potala Mar de los Sargazos

 

Origen del trueque y el comercio con la moneda metalica Historia

Origen del trueque y el comercio con la moneda metalica

CUANDO Y POR QUÉ NACE EL TRUEQUE: La primera condición para que exista intercambio de bienes es la capacidad de producir excedente. El excedente es una parte de la producción que no se necesita consumir. Si una sociedad dispone de excedente, puede intercambiarlo por algún producto que posea otra sociedad (y que tampoco necesita consumir).

En la más remota prehistoria, cuando los hombres se dedicaban a la caza y la recolección, la producción de excedentes era casi nula. Además, por las características de sus productos, esos excedentes no se hubieran podido almacenar. Pero desde las primeras actividades productivas, el excedente permitió emprender el hábito de intercambiar productos.

Las primeras formas de comercio entre los hombres consistieron justamente en el intercambio de productos mano a mano: lo que uno tenía y no necesitaba, se cambiaba por lo que el otro tenía y no necesitaba. Esa forma de intercambio se denomina trueque.

El trueque se mantuvo por mucho tiempo, aun en sociedades sedentarias: un jarrón de vino por una bolsita de trigo, pieles de abrigo por un arma de caza, lana de oveja por pescados.

¿Por qué se abandonó el trueque? El desarrollo de nuevos bienes de consumo y el crecimiento de la actividad comercial demostró que este sistema era poco práctico: en primer lugar porque no siempre el otro necesitaba aquello de lo que uno disponía. Por ejemplo, si un artesano de sandalias quería comprar pan, siempre debía encontrar un panadero que necesitara sandalias ó averiguar qué necesitaba el panadero, conseguirlo con su producción de sandalias. y recién después ofrecérselo en trueque.

En segundo lugar, también era un problema determinar cuál era el valor exacto de los productos a intercambiar: ¿cuánta lana por un jarrón de vino? ¿de qué tamaño debía ser el jarrón? ¿una vaca valía lo mismo que un camello?

Para resolver estos primeros problemas los hombres buscaron un producto de referencia: los valores de todas las mercaderías se establecerían en base a ese producto. Esa referencia es el primer paso en la historia de la moneda.

UNA MONEDA CON MUCHAS FORMAS

Una moneda es, de hecho, un elemento intermedio que sirve para facilitar los intercambios. Si todos los hombres establecían el valor de sus productos sobre la base de la misma mercancía, el intercambio era mucho más simple. Los primeros bienes de referencia fueron el trigo o el ganado. Entonces, era posible establecer el precio de los diferentes productos: por ejemplo, obtener una vaca a cambio de una cantidad establecida de cereales.

Estos primeros bienes de referencia reunían dos características principales: eran aceptados por la mayoría de los hombres, y eran sumamente útiles. Sin embargo, pronto surgió un nuevo problema. El bien de referencia debía ser divisible, debía poder fragmentarse para intercambios menores, cotidianos, por objetos de menor valor. Además, debía simplificarse también su traslado, su cuidado y su almacenamiento.

Así, los objetos que funcionaban como bienes de intercambio fueron haciéndose más pequeños y fácilmente manipulables: collares hechos con caracoles o caparazones, barbas de ballena, cocos, bolsitas con sal, etc.

LA APARICIÓN DE LA MONEDA METÁLICA

Según el historiador griego Herodoto, las primeras monedas metálicas surgieron en el Asia Menor, en el siglo VIII a.C., debido a que un rey lidio se propuso simplificar la recaudación de los impuestos y su almacenamiento. Así, habría reemplazado productos como el ganado, el trigo o la madera, que su pueblo le tributaba, por su equivalente en monedas fabricadas con una mezcla de oro y plata. Sin embargo, es probable que mucho tiempo antes las monedas metálicas hayan surgido en otro lugar.

Hacia el año 3000 a.C, en la Mesopotamia asiática, asirios y babilónicos comenzaron a utilizar como bienes intermedios para los intercambios barras de oro y plata. También se utilizaban otros metales, como el cobre, el bronce o el hierro. Sin embargo, se preferían los dos primeros (oro y plata) ya que tenían algunas ventajas sobre los otros: en primer lugar su escasez, lo que los hacía valiosos, y en segundo lugar su incorruptibilidad. Esto último se refiere tanto a que es difícil falsificarlos como a que pueden almacenarse mucho tiempo sin echarse a perder (al contrario del hierro que se oxida).

El desarrollo de las actividades comerciales, sobre todo a través del imperio romano, extendió la utilización de monedas metálicas. Desde entonces son los Estados los que monopolizan la acuñación (fabricación de monedas). Además, las monedas solían tener un sello grabado: la figura de algún dios, la efinge del un emperador, o algún otro símbolo. Estos sellos garantizaban la pureza y el peso del material con que la moneda había sido acuñada.

BILLETE PAPEL MONEDA

Papel Moneda Emitido Por Alemania

NUEVAS FORMAS DE PAGO

 El desarrollo de las actividades comerciales y el intercambio de productos traídos y llevados a largas distancias propios de la Edad Moderna europea, hizo necesario el desarrollo de nuevas técnicas que facilitaban el uso del dinero.

Muchas de estas técnicas fueron en realidad apropiadas por los europeos, a partir del siglo XV, de otras regiones en las que existían con anterioridad. Por ejemplo, las letras de cambio existían en el mundo árabe musulmán desde el siglo X. Estas surgieron porque en diferentes lugares se utilizaban diferentes monedas. Con estos documentos se garantizaba que una persona pudiera cobrar una deuda en un lugar lejano, con la moneda de su lugar de residencia pero por un importe equivalente a la moneda del lugar en el que se había realizado la venta.

Otra novedad europea del siglo XV fueron los billetes a la orden (o sea, órdenes de pago para determinada persona) que dieron origen al cheque. Este evitaba que una persona tuviera que caminar por la calle transportando dinero, por lo que permitía comerciar con mayor seguridad. El dinero real se encontraba depositado en un banco y el cheque permitía a quien lo había recibido extraerlo cuando quisiera.

á partir del siglo XVI se generalizó la utilización de monedas de plata debido a la gran cantidad de ese material extraído de las minas americanas. Más tarde, a a finales del siglo XVIII surgió el papel-moneda, o sea, el billete actual. También fabricado por el Estado con exclusividad, su aceptación es forzosa (o sea, ningún comerciante puede exigir el pago en oro o en plata; debe aceptar el billete de curso legal).

TARJETA DE CREDITO

Actualmente existen tarjeta de crédito como otra forma de pago. Estas permiten inclusive
aplazar el pago del producto adquirido

PARA SABER MAS…
Fuente Consultada : Economía Las ideas y los Grandes Procesos Económicos – Rofman-Aronskind-Kulfas-Wainer
Los frutos de la especialización en el trabajo
A medida que las sociedades se tornaban más complejas, y las actividades productivas se diversificaban, se fue produciendo una progresiva división del trabajo, por la cual las personas se especializaron en determinadas tareas. Así muchos se dedicaron a trabajar los metales, el cuero o el barro; otros a producir alimentos -como el pan, el aceite o el vino-; algunos se ocuparon de perfeccionar las técnicas de los cultivos, o bien, a construir canales para que el agua llegara a regiones desérticas, etcétera.

La especialización creciente reforzó la necesidad de intercambiar lo que cada persona producía en exceso respecto de sus necesidades, con los productos que otros tenían para ofrecer a partir de su propio esfuerzo. Éste fue el origen del comercio, que empezó a desarrollarse bajo la forma del trueque.

Del trueque al uso del dinero
Por medio del trueque, las personas intercambiaban objetos o servicios, sin utilizar dinero. El inconveniente de esta forma de intercambio es que lo que una persona está dispuesta a dar debe coincidir con lo que la otra desea recibir, y viceversa.

La paulatina aparición del dinero, que podía ser cualquier bien que, gracias a sus propiedades, pudiera intercambiarse por cualquier otro, significó un progreso, ya que facilitó las transacciones y permitió satisfacer una cantidad mayor de necesidades.

Por ejemplo, en algunas regiones la sal era usada como dinero, ya que era útil y apreciada por todos, y cualquiera estaba dispuesto a recibirla como forma de pago. En otros lugares se utilizaban cueros o camellos.

Como muchos de los bienes usados como moneda local eran perecederos -es decir que se destruían con el tiempo-, y no servían para comerciar con otras regiones -ya que allí no los valoraban de la misma forma-, progresivamente se fueron adoptando los metales preciosos (en especial, oro y plata), que tenían tres ventajas: eran aceptados por diversos pueblos, eran resistentes al tiempo debido a sus características físicas y podían ser transportados con mayor comodidad que otros objetos.

Fuente Consultada: Sociedad  – Historia 8to. Año Vicens Vives (Maria P. González y Marissa Massone)

La Guerra de Los 100 Años:Francia Contra Inglaterra Juana de Arco

Guerra de Los 100 Años:Francia Contra Inglaterra

La famosa «Guerra de los Cien Años» que enfrentó a Francia y a Inglaterra en la Edad Media, duró exactamente ciento dieciséis años, desde 1337 a 1453. El conflicto estuvo frecuentemente interrumpido por largos períodos de inactividad, debidos al cansancio de los combatientes o a treguas.

En medio de las desgracias, se produjeron en Francia profundas transformaciones, que favorecieron el paso de la antigua sociedad feudal a una forma de Estado más moderno, en el que la autoridad monárquica se hallaba considerablemente reforzada. Pero, incluso conservando la cronología clásica, no hay que olvidar que, en realidad, el conflicto franco-inglés comenzó en el siglo precedente por el matrimonio de Enrique II Plantagenet y Leonor de Aquitania.

Para los soldados de la época, el año 1337 no señalaba el comienzo de una nueva guerra, sino la continuación de las luchas que anteriormente habían enfrentado ya a Enrique II y Ricardo Corazón de León con Luis VII y Felipe Augusto.

batalla de CrecyLa principal riqueza de Inglaterra en los tiempos medios radicaba en la exportación de lanas a las ciudades flamencas. Entre el rey de Francia y el conde de Flandes reinaba excelente armonía, mal vista por los ingleses, temerosos de perder sus mercados.

Una disputa dinástica estimuló la ambición del monarca inglés Eduardo III (1327-1377) el cual hizo valer sus derechos a la corona de Francia, por ser hijo de Isabel, hermana del último monarca francés Carlos IV el Hermoso, fallecido sin dejar descendencia.

Los franceses eligieron rey a Felipe de Valois (1328-1350) y ello fue causa del estallido del conflicto. Flandes se vio invadido por Felipe VI de Francia, mientras Eduardo desembarcó en las costas de Normandía con un ejército de 30.000 hombres.

Los franceses fueron vencidos en la batalla de Crecy (1346), que tuvo una gran significación militar, ya que en ella fueron empleadas por primera vez las armas de fuego. Poco después los ingleses tomaron la plaza de Calais. Muerto el rey francés, le sucedió su hijo Juan el Bueno, y la guerra volvió a reanudarse, viéndose Francia nuevamente invadida.

El príncipe de Gales, llamado también el Príncipe Negro (por el color de su armadura), derrotó a un numeroso ejército francés en la batalla de Poitiers, en la que Juan el Bueno, extenuado, chorreando sangre y sudor, fue hecho prisionero y conducido a Inglaterra. Varios años después fue puesto en libertad después de haberse comprometido a pagar un fuerte rescate.

No obstante, la batalla de Crécy no fue decisiva. Los ingleses sencillamente no contaban con los recursos para subyugar a Francia. Las treguas, las hostilidades a pequeña escala y algunas batallas importantes se combinaron en una orgía de —al parecer— interminable lucha. Eduardo III y su hijo Eduardo, el príncipe de Gales —conocido como el Príncipe Negro—, libraron las campañas inglesas. Las campañas que el Príncipe Negro realizó en Francia fueron devastadoras. Evitando las batallas campales, sus fuerzas arrasaron deliberadamente las tierras y quemaron las cosechas, así como ciudades y villas completas no fortificadas, además de saquear cualquier cosa que fuera de valor. Para los ingleses, tales campañas fueron fructíferas; para los franceses significaron hambre, privaciones y muerte. Cuando al ejército del Príncipe Negro se le forzó a presentar batalla (bajo el mando del rey Juan II) fueron derrotados y el rey capturado. Con esta batalla de Poitiers concluyó la primera fase de la Guerra de los Cien Años.

Al llegar a Francia, encontró a su país empobrecido y sumido en la anarquía. Los vasallos, aldeanos y burgueses se habían sublevado contra los nobles a quienes culpaban de los reveses guerreros y de la derrota de Poitiers, y los caminos se encontraban infestados de salteadores.

Juan el Bueno no pudo pagar el rescate equivalente a unos cuarenta millones de francos y regresó a Londres donde vivió prisionero aunque esta condición no le impedía divertirse en continuas fiestas. Por la paz de Brétigny, Inglaterra adquirió la cuarta parte del territorio francés.

Carlos V el Sabio (1364-1380), hijo de Juan el Bueno, fue quien sacó a Francia de su lamentable estado, gracias a los méritos personales de un joven caballero bretón llamado Beltrán Du Guesclín (1320-1380).

Reorganizó el Ejército y libró al país de la terrible plaga de las “Compañías” constituidas por bandas de mercenarios dedicados al pillaje y que sembraban el terror. Debido a dichas bandas, comarcas y pueblos enteros quedaron deshabitados. En Picardía, los aldeanos llegaron a vivir escondidos en cuevas.

Du Guesclín, nombrado condestable, expulsó a los ingleses de casi todas las plazas que ocupaban, con la sola excepción de una estrecha faja de litoral (Calais, Cherburgo, Brest, Burdeos, Bayona). Después pudo dar un gran impulso a la prosperidad del país. Muerto Carlos V, y durante la minoridad de su hijo Carlos VI, Francia se vio ensangrentada por una guerra civil ocasionada por el asesinato de Felipe de Orleans.

En ella lucharon dos bandos rivales: los Borgoñeses y los Armagnacs. El país se cubrió de ruinas y de sangre. Unos y otros, con tal de exterminar a los contrarios, llegaron a ofrecer a los ingleses la mitad del reino. El rey de Inglaterra, Enrique V, se declaró en contra de los Armagnacs, derrotándoles en Azincourt.

Tras apoderarse de Caen y Rouen, logró la firma del Tratado de Troyes, en virtud del cual resultaba el rey inglés heredero de la corona francesa. Al fallecer en 1442 los monarcas Enrique V de Inglaterra y Carlos VI de Francia, se intentó proclamar rey de este país al niño Enrique VI de Inglaterra, de acuerdo con una de las cláusulas del famoso Tratado de Troyes. Un movimiento nacionalista se colocó al lado del Delfín desposeído, verdadero heredero de la corona, que fue proclamado rey de Francia con el nombre de Carlos VII.

Solamente las provincias centrales guardaron fidelidad al monarca. Muchos nobles y ciudades francesas, entre ellas París, se habían pasado al bando inglés, mientras la guerra se recrudecía ante la indiferencia e ineptitud del rey francés al ver que los ingleses sitiaban a Orleans, la única ciudad que les cerraba el paso hacia el Sur de Francia.

ESTADO DE FRANCIA E INGLATERRA AL INICIO DE LA GUERRA: En las primeras décads del siglo XIV el reino de Francia era, indiscutiblemente el mas poderoso de Europa. Felipe el Hermoso había sabido mantener la paz de Francia. cuyas fronetras se habían ensanchado por la anexión de Borgoña, aportada en dote al futuro Felipe V; por otra parte, alcanzó un gran impulso demográfico, y contaba alrededor de quince millones de habitantes-al comienzo de la guerra. Este desarrollo permitió emprender grandes roturaciones y desecamientos, emigrando el excedente de la población rural hacia las ciudades, que conocieron en esta época una intensa actividad comercial y artesana. París, con sus 200.000 habitantes, estallaba dentro del recinto construido por Felipe Augusto.

La industria pañera, la primera del reino, estaba concentrada en las ciudades de Flandes, tales como Arras, Douai, Ypres, Brujas, Gante, Lille, Toutnai. Las Ferias de Champaña, a pesar de cierta decadencia, seguían siendo un lugar de cita internacional.

Este desarrollo económico general se traducía en un importante tráfico marítimo; el rápido desenvolvimiento de puertos como Calais y La Rochelle, lo testimonia.

Paz y prosperidad son siempre signos de un Estado fuerte; la autoridad monárquica aumentaba, apoyándose en consejos y resortes administrativos cada vez más perfeccionados, como aquellos bailes y senescales enteramente entregados a la causa monárquica, cuyo espíritu hacían triunfar en las provincias; el clero, sometido al rey, le proporcionaba el dinero que necesitaba y había renunciado, en parte, a su fuero,, puesto que los acusados de los tribunales eclesiásticos podían siempre apelar al del rey.

Pero lo que aureoló de un prestigio moral particular al reino de Francia, fue la presencia, durante cerca de un siglo, de papas franceses en Aviñón (1309-1378), los cuales mostraron sus simpatías, quizá demasiado frecuentemente, hacia su país de origen.

En fin, la nobleza era impotente ante esta realeza que consiguió imponerle un edicto que prohibía las guerras entre vasallos, y que, por medio de arma tan eficaz y potente como la apelación al Parlamento, pudo inmiscuirse en los tribunales señoriales y en la administración de los grandes feudos. La nobleza francesa, batalladora y revoltosa, había quedado reducida a los torneos y a las fiestas.

DEBILIDAD DEL EJERCITO
Pero dos cosas faltaban a la monarquía: un ejército regular y finanzas estables, debilidades que habían de serle fatales durante la Guerra de los Cien Años. En caso de guerra, el rey de Francia convocaba la hueste de los vasallos, que comprendía, de una parte, a la nobleza, que debía armar por su cuenta a cierto contingente de caballeros, y, de otra, a las «gentes de a pie» enviadas por las comunidades rurales y las ciudades.

Pero los grandes vasallos no llevaban con ellos más que un número reducido de caballeros, y la hueste llegaba a reunir con dificultad un ejército mayor de 10.000 hombres, de los cuales los dos tercios eran jinetes, y el tercio restante, soldados de a pie.

La caballería había sido considerada en Francia, en todo tiempo, como la única fuerza válida, porque este cuerpo agrupaba a toda la flor y nata de la nobleza francesa, famosa por su valor, su temeridad y sus hazañas, mientras que la gente de a pie, constituida por villanos y burgueses, no era más que una fuerza secundaria, considera incapaz de hazañas caballerescas.

La Guerra de los Cien Años había de revelar el error de tal apreciación.

La hueste, convocada en el último momento, se reunía muy lentamente, hacia la mitad del verano; como los caballeros no prestaban servicio más que 40 días al año, y tres meses la infantería, no podía acometerse ninguna acción de envergadura, ya que el ejército se deshacía al cumplir el tiempo de servicio y con la llegada de los primeros fríos.

Este hecho explica la escasez de grandes batallas campales en la Guerra de los Cien Años, cuya historia queda reducida a breves incursiones devastadoras en terreno enemigo.

La imposibilidad de constituir un ejército permanente y numeroso se debía, sobre todo, a la debilidad de los recursos financieros del reino. No existía ninguna legislación fiscal permanente y, fuera de las rentas de su dominio, el rey no disponía más que del producto de impuestos excepcionales, decretados cuando estallaba una guerra, los cuales no eran concedidos por los tribunales soberanos más que después de largas discusiones y a cambio de beneficios sustanciales, y que la población pagaba a regañadientes.

CINCO MILLONES DE INGLESES
¡Cuánto más fácil y menos próspero aparecía en la misma época el reino de Inglaterra! El país era pobre y poco poblado,puesto que contaba alrededor de cinco millones de habitantes. El suelo estaba mal explotado, y los recursos agrícolas eran mediocres.

La única riqueza consistía en la cría extensiva de ovinos, cuya lana era exportada en bruto a las ciudades pañeras de Flandes. Londres parecía un burgo, en comparación con París.

En cuanto al poder real, si bien se apoyaba en un administración y en órganos de gobierno más numerosos y más especializados que en Francia, porque estaban constituidos desde la época del Conquistador, tenía que hacer frente continuamente a las revueltas de los barones, que trataban de acrecentar su independencia y someter la monarquía.

Eduardo I supo contenerlos, arrastrándolos a la conquista del país de Gales y de Escocia, pero su hijo, Eduardo II, luchó toda su vida contra ellos, antes de acabar asesinado, víctima de una conjura de la que formaba parte su propia mujer, Isabel, así como el amante de ésta, Mortimer, y los barones cansados de la tiranía real.

El 20 de enero de 1327, el joven Eduardo III, que contaba entonces 16 años, subía al trono de Inglaterra. Pero, demasiado inexperto, dejó dirigir el reino, durante tres años, a Mortimer. Este impuso tal terror que se atrajo muy rápidamente la hostilidad de la nobleza.

Cuando, en el año 1330, Eduardo quiso reinar solo, mandó asesinar a este aventurero que le estorbaba, inaugurando solemnemente su reinado, que había de ser uno de los más largos de la historia (1327-1377). Elegante, muy cultivado, Eduardo era también un rey hábil, tenaz en sus propósitos, gran diplomático y. sobre todo, notable estratega.

CRONOLOGÍA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS

1337Comienzo de Hostilidades
1346Batalla de Crecy
1356Batalla de Poitiers
1359Paz de Bretigny
1377Muerte de Eduardo III
1396Tregua de 20 años
1415Enrique V reinicia la guerra (1413-1922)
1415Batalla de Agincourt
1429-1431Recuperación Francesa Bajo Juana de Arco
1453Fin de la Guerra

LA GUERRA SEGÚN UN CRONISTA DE LA ÉPOCA: En su narración de la Guerra de los Cien Años, el cronista del siglo XIV Jean Froissart describió el saqueo de la ciudad fortificada francesa de Limoges perpetrado por elPríncipe Negro (Eduardo, príncipe de Gales). Proporciona un vivido ejemplo de cómo eran tratados los no combatientes durante la guerra.

Jean Froissart, Crónicas
Por aproximadamente un mes, ciertamente no más, el Príncipe de Gales permaneció a las puertas de Limoges. Durante ese tiempo no permitió que se llevaran a cabo asaltos o escaramuzas, sino que avanzó de manera constante y laboriosa en la tarea de zapa. Los caballeros y la gente de la ciudad que estaban dentro —que sabían lo que estaba pasando— comenzaron a cavar por su parte, con la esperanza de matar a los mineros ingleses, pero resultó un fracaso.

Cuando los zapadores del rey, quienes conforme cavaban apuntalaban constantemente el túnel completaron su trabajo, le dijeron al príncipe: “Mi señor, cuando os plazca, podemos ya derribar una gran parte del muro en el foso, de manera que entréis a la ciudad de la manera más fácil y segura”.

El príncipe estuvo muy complacido de oír esto. “Excelente”, comentó. “Mañana, a las seis en punto del día, enseñadme lo que podéis hacer”.

Cuando supieron que era la hora señalada, los mineros comenzaron un fuego en la mina. En la mañana, justo a la hora que el príncipe había especificado, una gran sección de la muralla se desplomó, atascando el pozo en el lugar donde cayó.

Para los ingleses —que estaban armados y a la espera— fue un signo placentero. Los soldados de infantería pudieron entrar a sus anchas, y así lo hicieron. Corrieron hacia la puerta, cortaron las barras que la sostenían y la derribaron. Hicieron lo mismo con las barreras exteriores sin que enfrentaran resistencia alguna.

Todo se hizo tan rápido, que a la gente de la ciudad la tomaron desprevenida. Enseguida el príncipe, el duque de Lancaster, el conde de Cambridge, Sir Guichard d’Angle, junto con todos los demás y sus respectivos hombres irrumpieron en la ciudad, seguidos por los saqueadores de a pie, y todos con un humor como para dar rienda suelta a la devastación y para cometer asesinatos de manera indiscriminada, pues ésas eran sus órdenes. Se dieron escenas lamentables. Hombres, mujeres y niños se arrojaron de rodillas ante el príncipe suplicando: “¡Tened piedad de nosotros, gentil señor!” Pero estaba tan encolerizado que no escuchó. A ningún hombre ni mujer se les hizo caso, sino que a todos los que pudieron encontrar fueron pasados por las armas, incluyendo a muchos que, por ningún motivo, podían ser culpables.

No entiendo cómo pudieron ser inmisericordes con gente que era tan insignificante para cometer traición. Pero incluso ellos pagaron por eso, y pagaron más caro que los jefes que sí cometieron traición.

No hay hombre tan insensible que, si hubiese estado en Limoges ese día, y recordara a Dios, no hubiera llorado amargamente ante la espantosa carnicería que aconteció allí. Más de tres mil personas —hombres, mujeres y niños— fueron sacadas a rastras para cortarles la garganta. Que Dios haya recibido sus almas, porque fueron verdaderos mártires.

batalla de crecy

Batalla de Crécy. En esta ilustración de un manuscrito del siglo xv se muestra la batalla de Crécy, el primero de varios desastres militares sufridos por los franceses en la Guerra de los Cien Años; además, se ilustra la razón de por qué los ingleses preferían los arcos largos sobre las ballestas. A la izquierda, los ballesteros franceses dejan de disparar y aprestan sus armas dándole vuelta a la manivela, mientras que los arqueros ingleses siguen disparando sus arcos (un arquero diestro podía disparar diez flechas por minuto).

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PARA SABER MAS…

A PESAR DE SU NOMBRE, la guerra de los Cien Años no fue una larga contienda, sino una serie de cortos conflictos interrumpidos por largas treguas. La guerra, que persistió durante 116 años, de 1337 a 1453, giraba alrededor de la legitimidad del trono de Francia.

LUCHA POR EL TRONO En 1328, el rey francés Carlos IV (1294-1328) murió sin heredero. Los nobles coronaron a su primo, Felipe de Valois (1293-1350). En 1337, Eduardo III (1312-77), rey de Inglaterra, reclamó sus derechos al trono francés, debido a que su madre, Isabel, era hermana de Carlos IV. En 1337, el rey de Francia confiscó los terrenos de Eduardo III en el país, lo cual motivó el estallido de la guerra.

LA PRIMERA INVASIÓN La flota inglesa derrotó a la francesa en la batalla de Sluis (1340), lo que otorgó a Eduardo III el control del canal de la Mancha, el estrecho marítimo que separa Francia de Inglaterra. Desde sus bases en la costa norte de Francia, los soldados asediaban y destruían pueblos franceses.

VICTORIAS INGLESAS: Al comienzo, los ingleses obtuvieron grandes victorias. En 1346 los arqueros ganaron frente a la caballería francesa la importante batalla de Crécy, en el norte de Francia. En 1355, los ingleses, encabezados por el hijo mayor de Eduardo III, el príncipe de Gales (1336-76), vencen nuevamente a sus enemigos. Eduardo era conocido también como el Príncipe Negro debido al color de su armadura. En 1356, en la batalla de Poitiers, en Francia central, el príncipe de Gales obtuvo otra gran victoria. El rey francés Juan II (1319-64) fue capturado durante la batalla y se pidió por él un rescate de 4 millones de coronas de oro.

EL TRATADO DE BRETAÑA Tras una serie de derrotas, los franceses terminaron por aceptar la devolución a Eduardo III de sus territorios en Francia por medio del tratado de Bretaña. El rey inglés desistió de sus pretensiones al trono y rebajó el rescate por el rey francés de 4 a 3 millones de coronas de oro.

MUERTE DE EDUARDO III: La muerte de Eduardo III (1377) determina una tregua. Como los ingleses no disponían de hombres suficientes para controlar sus territorios en Francia, los franceses recuperaron muchas tierras.

ENRIQUE V: Al cabo de 38 años, la guerra se reinició. Enrique V (1387-1422), el hijo mayor de Eduardo III, vuelve a reivindicar los derechos al trono francés. En la batalla de Azincourt (1415), las reducidas fuerzas de Enrique logran vencer a un gran ejército francés. Como el Príncipe Negro, Enrique V utilizó a la perfección a los arqueros. Bajo su mando, los ingleses ganaron muchas batallas.

EL MATRIMONIO DE ENRIQUE V Enrique V ocupó gran parte del norte de Francia, forzó al rey francés Carlos VI (1368-1422) a desheredar a su único hijo, el Delfín, y a nombrar a Enrique como heredero del trono francés. Enrique V se casó con la hija del rey de Francia, Catalina de Valois y, según lo estipulado en el tratado de Troves, se reconoció que el hijo de ambos debía ser rey de Francia e Inglaterra. Sin embargo, Enrique V murió tan sólo 15 meses después de su boda. Dejaba un hijo, quien se convertiría en Enrique VI de Inglaterra (1421-71). Cuando el rey francés Carlos VI murió, ese mismo año, el infante Enrique VI de Inglaterra no heredó el trono de Francia.

JUANA DE ARCO: Una joven campesina francesa conocida como Juana de Arco (1412-31) dominó la última etapa de la guerra de los Cien Años. Decía haber tenido visiones y escuchado voces que le ordenaban salvar a Francia de sus enemigos. Juana acudió en ayuda del hijo desheredado de Carlos VI, el Delfín (heredero al trono francés). Al mando de las fuerzas de éste, Juana de Arco condujo a los franceses a la victoria.

EL SITIO DE ORLEANS: En 1429, Juana de Arco levantó el sitio de Orleans y logró que Carlos VII (1403-61) fuera coronado rey de Francia. Pero Juana fue capturada por los borgoñones, aliados de los ingleses, quienes la vendieron a Inglaterra. Juana de Arco fue sometida a un juicio por brujería y quemada en la hoguera como hereje en 1431, a la edad de 18 años, en la ciudad francesa de Rúan.

FIN DE LA GUERRA Las ludias continuaron intermitentemente durante algunos años. Alrededor de 1453, los ingleses sólo conservaban en Francia el puerto de Calais. La guerra de los Cien Años había terminando. A pesar de ello, los reyes de Inglaterra continuaron llamándose a sí mismos “reyes de Francia e Inglaterra” hasta 1801.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo A y B Jackson Spielvogel
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo 1
Historia del Mundo Grupo Z Multimedia DK
Atlas de la Historia del Mundo Kate Santon y Liz McKay
Gran Enciclopedia de la Historia Todolibro

Ver: Juana de Arco y El Final de La Guerra de los 100 Años

Ordalías o Juicios de Dios Los castigos y torturas en la Edad Media

LA EDAD MEDIA: ORDALIAS O JUICIOS DE DIOS

resumen de la edad media 

Juicios de Dios en la Edad Media Europea:

Se llaman «ordalías» o «juicios de Dios» a aquellas pruebas que, especialmente en la Edad Media occidental, se hacían a los acusados para probar su inocencia. El origen de las ordalías se pierde en la noche de los tiempos, y era corriente en los pueblos primitivos, pero fue en la Edad Media cuando tomó importancia en nuestra civilización.

En el lento camino de la sociedad hacia una justicia ideal la ordalía representa el balbuceo jurídico de hombres que se esfuerzan por regular sus conflictos mediante otro camino que no sea el recurso de la fuerza bruta, y en la historia del derecho es un importante paso hacia adelante.

Hasta entonces lo que imperaba era la ley del más fuerte, y si bien con la ordalía la prueba de la fuerza continúa, se coloca bajo el signo de potencias superiores a los hombres.

Varios eran los sistemas que se usaban en las ordalías. En Occidente se preferían las pruebas a base del combate y del duelo, en los que cada parte elegía un campeón que, con la fuerza, debía hacer triunfar su buen derecho. La ley germánica precisaba que esta forma de combate era consentida si la disputa se refería a campos, viñas o dinero, estaba prohibido insultarse y era necesario nombrar dos personas encargadas de decidir la causa con un duelo.

La ordalía por medio del veneno era poco conocida en Europa, probablemente por la falta de un buen tóxico adecuado a este tipo de justicia, pero se utilizaba a veces la curiosa prueba del pan y el queso, que ya se practicaba en el siglo II en algunos lugares del Imperio romano. El acusado, ante el altar, debía comer cierta cantidad de pan y de queso, y los jueces retenían que, si el acusado era culpable, Dios enviaría a uno de sus ángeles para apretarle el gaznate de modo que no pudiese tragar aquello que comía.

La prueba del hierro candente, en cambio, era muy practicada. El acusado debía coger con las manos un hierro al rojo por cierto tiempo. En algunas ordalías se prescribía que se debía llevar en la mano este hierro el tiempo necesario para cumplir siete pasos y luego se examinaban las manos para descubrir si en ellas había signos de quemaduras que acusaban al culpable.

El hierro candente era muchas veces sustituido por agua o aceite hirviendo, o incluso por plomo fundido. En el primer caso la ordalía consistía en coger con la mano un objeto pesado que se encontraba en el fondo de una olla de agua hirviendo; en el caso de que la mano quedara indemne, el acusado era considerado inocente.

En 1215, en Estrasburgo, numerosas personas sospechosas de herejía fueron condenadas a ser quemadas después de una ordalía con hierro candente de la que habían resultado culpables. Mientras iban siendo conducidas al lugar del suplicio, en compañía de un sacerdote que les exhortaba a convertirse, la mano de un condenado curó de improviso, y como los restos de la quemadura hubiesen desaparecido completamente en el momento en que el cortejo llegaba al lugar del suplicio, el hombre curado fue liberado inmediatamente porque, sin ninguna duda posible, Dios había hablado en su favor.

En algunos sitios se hacía pasar al acusado caminando con los pies descalzos sobre rejas de arado generalmente en número impar. Fue el suplicio impuesto a la madre del rey de Inglaterra Eduardo el Confesor, que superó la prueba.

La ordalia por el agua era muy practicada en Europa para absolver o condenar a los acusados. El procedimiento era muy simple: bastaba con atar al imputado de modo que no pudiese mover ni brazos ni piernas y después se le echaba al agua de un río, un estanque o el mar.

Se consideraba que si flotaba era culpable, y si, por el contrario, se hundía, era inocente, porque se pensaba que el agua siempre estaba dispuesta a acoger en su seno a un inocente mientras rechazaba al culpable.

Claro que existía el peligro de que el inocente se ahogase, pero esto no preocupaba a los jueces. Por ello, en el siglo IX Hincmaro de Reims, arzobispo de la ciudad, recomendó mitigar la prueba atando con una cuerda a cada uno de los que fuesen sometidos a esta ordalía para evitar, si se hundían, que «bebiesen durante demasiado tiempo».

Esta prueba se usó mucho en Europa con las personas acusadas de brujería.

En todas las civilizaciones, las ordalías que tuvieron un origen mágico estaban encargadas a los sacerdotes, como comunicadores escogidos entre el hombre y la divinidad, y cuando la Iglesia asumió junto a su poder espiritual parcelas del poder temporal, tuvo que pechar con la responsabilidad de una costumbre que era difícil de hacer desaparecer rápidamente, y no pudiendo prohibiría bruscamente se esforzó en modificar progresivamente su uso para hacerle perder el aspecto mágico que la Iglesia consideraba demasiado vecino a la brujería.

La ordalía fue, pues, practicada como una apelación a la divina providencia para que ésta pesase sobre los combates o las pruebas en general, y los obispos se esforzaron en humanizar todo lo que en ella había de cruel y arbitrario.

Durante la segunda mitad del siglo XII el papa Alejandro III prohibió los juicios del agua hirviendo, del hierro candente e incluso los «duelos de Dios», y el cuarto concilio Luterano, bajo el pontificado de Inocencio III, prohibió toda forma de ordalía a excepción de los combates: “Nadie puede bendecir, consagrar una prueba con agua hirviente o fría o con el hierro candente.» Pero, no obstante estas prohibiciones, la ordalía continuó practicándose durante la Edad Media, por lo que doce años después, durante un concilio en Tréveris, tuvo que renovarse la prohibición.

Los defensores de la ordalía basaban su actividad en ciertos versículos del Ahtiguo Testamento, en los que algunos sospechosos de culpabilidad eran sometidos a una prueba consistente en beber una pócima preparada por los sacerdotes y de cuyo resultado se dictaminaba si el acusado era culpable o no.

Las ordalías a base de ingerir sustancias venenosas eran poco usadas en Europa debido a la dificultad de encontrar pócimas adecuadas debido a la escasez de sustancias venenosas, pero en pueblos de Asia o Africa, especialmente en este último continente, se usaron con profusión hasta nuestros días. Muchas veces las autoridades coloniales tuvieron que intervenir prohibiendo este tipo de actuaciones, pero sin gran resultado. Ignoro si hoy, con la independencia de las antiguas colonias y la subsiguiente de los tribunales coloniales, continúan practicándose ordalías con el veneno, tan frecuentes en otro tiempo.

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Cinturon de Castidad Historia y Origen Consecuencias Edad Media

Historia del Cinturón de Castidad

QUIEN INVENTÓ EL CINTURÓN DE CASTIDAD?

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/castidad.jpgEl control de la sexualidad femenina se remonta casi a los orígenes de la civilización. Según los historiadores, en Oriente, las prácticas para evitar que la mujer tuviera relaciones con otros hombres que no fuera el cónyuge eran bastante habituales y en ciertas ocasiones, crueles.

Así, por ejemplo, para evitar embarazos entre las esclavas sudanesas se les cosía literalmente el órgano sexual con anillos de metal, e incluso en casos extremos, concretamente en los harenes, se utilizaban métodos más drásticos como destruir el clítoris y la vagina.

Sin embargo. el control genital que más aceptación obtuvo en Occidente fue sin lugar a dudas el cinturón de castidad. Este instrumento de origen semita, fue introducido en Europa en la Edad Media, tras las Cruzadas en Tierra Santa El cinturón consistía en un estuche de metal -hierro o plata- que se ceñía al cuerpo de la dama.

Para reforzar los mecanismos de seguridad, una gruesa barra pasaba entre las piernas, lo que hacía difícil el caminar. Esta tortuosa coraza sólo tenía dos rendijas, que permitían la evacuación corporal, pero que a la vez impedían la penetración de cualquier objeto, ya que estaban flanqueadas por afiladas púas.

Mientras llevaban colocados estos aparatos, las mujeres no podían asear sus partes intimas, lo que constituía un foco de infecciones.

Fuente Consultadas:
Secretos y Misterios de la Historia – Rearder’s Digest
Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook

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miselaneas de la historia

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española, “es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo”, y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas ,pero interesantes como para ampliar nuestra cultura general.

Biografia Reina Leonor de Aquitania Madre Ricardo Corazon de Leon

Biografía Reina Leonor de Aquitania

Esposa de dos de los más poderosos soberanos del siglo XII, Leonor de Aquitania desempeñó un papel político al que no parecía estar predestinada debido a su condición de mujer. Esta mujer poderosa contribuyó a la difusión de la cultura cortesana.

Biografia Reina Leonor de Aquitania Leonor nació en 1122, en un castillo de Bordelais. Era nieta del primer trovador conocido, el duque de Aquitania, Guillermo IX, cuyas posesiones abarcaban todo el sudoeste de Francia, desde los Pirineos hasta el Poitou; en la zona se hablaban todas las variedades de la lengua de oc.

En el seno de su familia, la niña desarrolló el gusto por las letras y la poesía, al igual que una gran sensibilidad por el refinamiento del amor cortés que apenas empezaba a nacer. Como primogénita del duque de Aquitania, Guillermo X, heredó a su muerte este extenso territorio, rico y reacio a toda autoridad extranjera. Poderosa, bella y cultivada,

Leonor era un excelente partido que el rey de Francia se apresuró en codiciar para su hijo de dieciséis años. Luis VI el Gordo, sintiendo la muerte cercana, adelantó el matrimonio: el 25 de julio de 1137, el joven Luis VII y Leonor se casaron y luego fueron coronados en Burdeos. A los quince años, Leonor se convirtió en la reina de Francia.

Los primeros meses en la corte de Francia fueron sin duda difíciles. Acostumbrada al sol, las fiestas y el refinamiento meridionales, debió habituarse a vivir al lado de un marido muy piadoso, formado en una educación austera, y alimentado por los textos religiosos e históricos.

Sin embargo, la pareja parecía entenderse bien y Luis estaba muy enamorado de su joven esposa. Leonor, cuya personalidad estaba bien asentada, ejercía una clara influencia sobre su marido: se dedicó a preservar los intereses de su familia y se preocupó por participar en los asuntos del reino.

Cuando en 1146 resonó el llamado a la segunda cruzada, naturalmente Leonor entusiasta, decidió acompañar a Luis. La aventura fue un fiasco. El humillante fracaso militar fue rápidamente atribuido por la presencia de la reina y su séquito. La empresa terminó con graves tensiones y la pareja real, ya que la reina regresó de la cruzada mancillada por una sospecha de adulterio.

A pesar de los esfuerzos de los círculos allegados a los reyes, preocupado por la idea de ver Aquitania -que Leonor poseía en propiedad-  sustraerse al poder los Capetos, ambos esposos pronto solicitaron el divorcio, que solamente la Iglesia podía conceder. Un concilio reunido rápidamente consta: el 18 de marzo de 1152 la consanguinidad de ambos esposos, quienes efectivamente eran primos lejanos.

En realidad, fueron otras las razones que llevaron a la discusión del matrimonio. Más que la consaguinidad, reconocida y frecuente en reuniones reales, fueron el presunto adulterio, las diferencias culturales entre ambos esposos y sobre todo la falta de un heredero varón después de quince años de matrimonio los que acabaron con esta unión.

La historia de la reina Leonor podría haberse detenido con este divorcio. Sin embargo, apenas unas semanas más tarde, la duquesa de Aquitania, en la plenitud de la treintena. se casó con Enrique Plantagenet, de dieciocho años, futuro rey de Inglaterra. Enamorada de este joven que había conocido el año anterior, Leonor dejó a Luis sus dos hijas, María y Alix, para viajar hacia su nuevo destino.

En 1154, cuando Enrique sucedió a su padre Godofredo Plantagenet, el rey de Inglaterra devino señor feudal de Aquitania. Además, Enrique II Plantagenet obligó al conde de Nantes a entregarle sus posesiones, lo que le permitió ser más poderoso que el rey de Francia: los dominios del reino eran mucho más extensos que los del primer esposo de su mujer y formaran una franja continua desde Aquitania hasta Normandía.

La situación generada por el segundo matrimonio de Leonor fueron de los orígenes de la trágica rivalidad franco-inglesa, que ensangrentó ambos países hasta finales de la guerra de los Cien Años.

La vida de la reina de Inglaterra fue muy distinta a la de la reina de Francia. Su marido exigió que desempeñara las funciones de una soberana feudal. Lo acompañó en sus largas peregrinaciones, ya que su presencia era necesaria para asentar el poder de su marido frente a los aquitanos, siempre listos a la rebelión. Además, tuvo ocho hijos, de los cuales cuatro fueron varones, ella que sólo había tenido con Luis VII dos hijas en quince años de matrimonio.

A pesar de su gran actividad, Leonor no olvidó su gusto por el arte y la cultura. Estableció una espléndida corte en Poitiers donde acogió a trovadores y escritores, los que en muchos casos le dedicaron sus obras. La reina apoyó e inspiró a numerosos artistas, entre los cuales uno de los más famosos fue Bernardo de Ventadour.

LOS PLANTAGENET: La dinastía de los Plantagenet debe el nombre que le otorgaron los historiadores a Godofredo V, conde deAnjou, que debido a su afición por la caza, ¡había multiplicado las tierras y plantado retamas (genéts)! Tras recibir en herencia los condados de Anjou, Turena y Maine, Godofredo Plantagenet desposó en 1128 a Matilde, hija del último rey normando de Inglaterra, Enrique I Beauclerc. Aunque Godofredo no pudo hacer valer los derechos de su esposa sobre la corona, logró recuperar el ducado de Normandía en 1144.

Su hijo, Enrique II, añadió Aquitania gracias a su matrimonio con Leonor y obligó en I 154 al rey de Inglaterra, Esteban de Blois, a reconocerlo como sucesor. De esta manera, nació el «imperio Plantagenet», que creció aún más durante el reinado de Enrique II, con Irlanda, el condado de Nantes, e incluso, Bretaña. Aunque los Plantagenet perdieron durante el siglo XIII la parte continental de este gigantesco territorio, a excepción de Aquitania, se mantuvieron en el trono de Inglaterra hasta la llegada de los Tudor en 1485.


UNA MUJER PODEROSA: La pasión de Leonor por las letras no la desvió de los asuntos políticos. Siempre deseosa de desempeñar un papel en los asuntos del reino, obtuvo el derecho de reinar formalmente sobre el ducado de Aquitania al lado de su joven hijo Ricardo, mientras su marido residía principalmente en Inglaterra.

En este contexto escribió una nueva página en la vida de Leonor. | Enrique II no era un muy buen marido. -Mientras más pasaba el tiempo, más parecía que la había desposado por sus tierra: Distaba mucho de ser un modelo de virtud, ya que frecuentaba numerosas amantes y se enamoró de una cierta Rosamunda Clifford.

El sentimiento de traición se sumó a las veleidades del gobierno de Leonor. En 1173, la reina decidió vengase sublevando a sus hijos contra su padre,  Enrique el Joven, luego Ricardo Corazón de León y Godofredo lideraron la revuelta en Aquitania, con el apoyo del rey Francia, Luis VII, quien parecía haber olvidado la amargura de su divorcio y sólo consideraba la oportunidad política de una alianza con su antigua esposa. Sin embargo, Enrique II tomó prisionera a Leonor y puso como condición para liberarla la rendición de sus hijos. Las armas fueron rápidamente depuestas, sobre todeo después que Luis VII demostró ser un apoyo  de poco valor, igual al marido mediocre que había sido.

Leonor sin embargo fue liberada, y la fiera aquitana pasó más de quince años en «libertad vigilada», rajo el ojo atento de Enrique II. Éste no aceptó ninguna petición de gracia y Leonor logró recuperar su libertad solamente en 1189, cuando su marido murió. Aunque ya tenía sesenta y siete años, le esperaba una nueva prueba.

Su hijo Ricardo, a partir de entonces rey de Inglaterra, planeaba partir a la tercera cruzada. Durante su ausencia, ella administró el reino: Leonor tenía finalmente el poder y debía hacer frente a las intrigas de su hijo menor, Juan «sin Tierra», pero no sin ambición, este hijo, poco amado, intentó en efectivamente  aprovechar la ausencia de su hermano rara apoderarse del trono: el complot fracasó, en parte gracias a la energía despicada por la reina, cuando Ricardo recuperó finalmente el reino, ella decidió, a la edad de setenta y dos años, retirarse a la abadía de Fonterault. Su retiro sin embargo sólo fue relativo, ya que siguió atenta a los asuntos del reino y al conflicto que lo oponía a Francia.

Salía de las sombras cada vez que su opinión o intervención eran necesarias. Destrozada por la muerte accidental de Ricardo Corazón de León en 1199, que recibió una flecha mortal durante el asedio a un castillo lemosín, Leonor encontró sus fuerzas para ayudar en la coronación Juan sin Tierra, pensando así proteger a Inglaterra de la codicia del nuevo rey de Francia, Felipe Augusto. Tenía ochenta y dos años cuando falleció en la tranquilidad de su retiro. Enterrada en Fontevrault al lado de Enrique II y de Ricardo Corazón de León, sigue siendo, nueve siglos más tarde, una de las figuras femeninas más destacadas de la Edad Media.

FONTEVRAULT: La abadía donde se retiró Leonor de Aquitania al final de su vida fue fundada hacia 1101 por Roberto de Arbrissel, en compañía de un grupo heteróclita de discípulos que compartían el mismo ideal de vida ascética y evangélica. Este lugar frecuentado por nobles damas y leprosos, hombres y mujeres, era motivo de gran escándalo para los prelados y también para el abuelo de Leonor, Guillermo IX de Aquitania, que había visto cómo este apasionado predicador se había llevado sus dos esposas y su amante. Aunque su funcionamiento se reglamentó, Fontevrault siguió siendo una abadía donde las mujeres mandaban a los monjes.

Biografia de Maimonides El Pensamiento Medieval Filosofo Arabe

BiografÍa de Maimonides El Pensamiento Medieval Filosofo Árabe

Biografia de Maimonides El Pensamiento Medieval Filosofo ArabeMAIMÓNIDES. (Córdoba, 1135 – El Cairo, 1204)

Moseh ben Maymon, llamado por los judíos Ramban y por los latinos Maimónides, fue un filosofo hispanojudío.

Recibió las primeras enseñanzas de su padre, un sabio y docto talmudista. Tras la invasión de los almohades (1148), quien instaló la política de intolerancia en el al-Andalus, la familia simuló su conversión a la fe islámica y se instaló en diversas ciudades de España y África: Fez, Alejandría y El Cairo.

En esta ultima ciudad, llegó a ser médico del último rey fatimí, al-’Adid, y nagid o guía espiritual de la comunidad judía de Egipto.

Su principal contribución consistió en asentar la teología judaica sobre los principios de la razón (según la filosofía aristotélica). Este papel se puede comparar al de Averroes en el Islam y Santo Tomás en el cristianismo.

Entre sus escritos más importantes se destacan, los comentarios al Talmud, un breve compendio de Lógica, la «Carta de la consolación», tratados médicos y, sobre todo, sus obras «Luz» (1168), comentarios a la fe judía; «La tradición de la ley» (1180) código de prescripciones legales sobre la vida práctica, y «Guía de los perplejos» (1170), gran tratado de teología y filosofía dirigido a quienes encuentran oposición entre fe y conocimiento.

De esta manera, a partir de sus conocimientos sobre medicina, escribió un buen número de tratados, como el que dedicó al sultán Saladino, el Tratado sobre los venenos y sus antídotos el año 1199, al hijo del sultán, Al-Fadl, Guía de la buena salud (1198) y la Explicación de las alteraciones (1200). Sus obras adquirieron reconocimiento y prestigio, otorgándole numerosos discípulos. También es autor de obras filosóficas de gran peso en el pensamiento medieval, escritas durante los últimos años de su vida, como el Tratado sobre la resurrección de los muertos (1191).

Sin embargo, la más reconocida fue la Guía de perplejos (1190), constituye la clave de su pensamiento filosófico, ejerciendo una fuerte influencia en círculos tanto judíos como cristianos y sobre todo escolásticos.

Esta obra establece una conciliación entre la fe y la razón dirigida a quienes dudaban entre las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica, que imperaban por entonces. A partir de ello, demostraba que no hay contradicción en los puntos en que fe y razón parecen oponerse. Es decir, establecía una conciliación entre el sentido literal de las escrituras y las verdades racionales, acudiendo a la interpretación alegórica en casos de conflicto.

No obstante, surgieron polémicas por parte de “antimaimonistas” – básicamente, por parte de un grupo de musulmanes que pretendían una lectura literal del Coran, los mutallajim – que lo tacharon de racionalista. A pesar de ello fue una obra muy comentada y de gran influencia en el mundo musulmán y la escolástica cristiana, por ejemplo en Santo Tomás de Aquino.

Su influencia en los círculos de pensamiento más importante encuentra explicación en esta formación bidireccional: la tradicional judía y la árabe profana (con sus incorporaciones de la griega), a partir de las enseñanzas de su erudito padre Maimum, por lo que escribió obras en hebreo como también en árabe, en una prosa que se caracteriza sobre todo por la sistematización y la claridad expositiva.

De sus obras surge el movimiento intelectual judaico de los siglos XIII y XIV que se extendió por España y el sur de Francia. Partidario del realismo teológico ha llegado a ser considerado precursor de las ideas de Spinoza, pero filosóficamente no se le considera muy original por seguir básicamente a Aristóteles, apartándose de él en puntos que parecen contradictorios a las creencias y tradiciones judías. Por lo tanto, su carácter es conciliador.

Sin embargo, su vida estuvo marcada por la persecución y el ostracismo: sufrió continuas dificultades y persecuciones, tanto por parte de los musulmanes (denunciado como apóstata del islamismo, sólo la protección personal del visir de Saladino, al-Fádil, le salvó de la muerte), como de los judíos tradicionalistas que recelaban de su tendencia racionalista (llegando incluso a recurrir a la Inquisición para que condenara sus obras.

Dinastia China Shang Primeras Civilizaciones Chinas

Dinastía China Shang

Ver Dinastía ManchúVer Dinastía Qin

LA DINASTÍA SHANG (1766-1122 A.C.): En China, las primeras civilizaciones surgieron en torno al año 3200 a.C. a orillas de los principales ríos: el Huang He (Amarillo), el Chang Jiang (Yangtsé) y elXi Jiang. Al igual que los pueblos de Sumer, Egipto y el valle del Indo, los agricultores chinos dependían de los ríos de su país para el transporte de mercancías y para regar sus cosechas: los arrozales necesitaban las inundaciones de primavera. Pero los chinos también se enfrentaban a dos peligros; las inundaciones  excesivas y las incursiones devastadoras de tribus procedentes del norte y del oeste.

Podemos decir que como ocurrió en Egipto, Mesopotamia y las ciudades del valle del Indo, hay un río en los comienzos de la civilización china: el poderoso e impredecible río Amarillo. Hacia 4000 a.C., la gente comenzó a cultivar, primero mijo y luego arroz, a lo largo del más septentrional de los principales ríos de China. Las leyendas chinas atribuyen el origen político de la nación a determinados individuos semimíticos, entre los que figuran un Emperador Amarillo, hacia 2700 a.C., tres reyes sabios (de 2350 a.C.) y una dinastía Hsia que duró hasta 1776 a.C. según antiguas narraciones.

LAS PRIMERAS CULTURAS: Las primeras ciudades de China aparecieron en el norte hacia el año 3000 a.C., durante el período Longshan, en torno al Huang He (río Amarillo). Según la tradición,Huangdi, el Emperador Amarillo, fue el primer emperador hacia el año 2700 a.C. La primera dinastía fue la Xia, que gobernó durante cuatro siglos desde el año 2200 a.C. Se cree que Yu, su fundador, fue quien «domesticó» los ríos al construir diques para detener las inundaciones y también canales de irrigación.

Como los historiadores no tienen pruebas de que el Emperador Amarillo, los tres reyes sabios o la dinastía Hsia sean o no leyenda, consideran a la posterior casa Shang, llamada también Yin, como la primera dinastía (con firmes evidencias) que unió las antagónicas y guerreras ciudades-estado del río Amarillo, en el siglo XVI a.C. Algunos historiadores advierten, sin embargo, que la misma casa Shang solía considerarse también una mera leyenda, hasta que los arqueólogos hallaron, en los años 1920 d.C., huesos oráculos, es decir huesos sobre los cuales los escribas Shang grabaron los registros históricos de la dinastía. Como esta evidencia demostró que la dinastía Shang era real, los historiadores prudentes creen que algún día los arqueólogos demostrarán la existencia de las dinastías anteriores.

La dinastía Shang gobernó el norte de China durante más de seis siglos. Vivieron en una cadena de ciudades a lo largo del Huang He y tenían su capital en Anyang, una ciudad con muchos palacios y templos, construidos principalmente con madera tallada. La dinastía Zhou sustituyó a la Shang en el año 1122 a.C.

El pueblo Shang cultivaba mijo, trigo y arroz, y también moreras para alimentar a los gusanos de seda, gracias a los que producían un espléndido tejido. Criaban ovejas, cerdos, vacas, perros y gallinas, y cazaban ciervos y jabalíes salvajes. Los Shang empleaban caballos para arrastrar arados, carros y carretas. Al principio utilizaban las conchas de cauri como moneda, y después se sirvieron del bronce. Eran muy hábiles en los trabajos con bronce y jade, y realizaban objetos tanto religiosos como cotidianos muy elaborados.

También bajo el gobierno de los Shang, que establecieron su capital en Anyang (a partir de 1300 a.C.), los chinos primitivos trazaron un mapa del cielo con los movimientos del Sol y las estrellas para predecir la llegada de las estaciones, llevaron registros astronómicos que rivalizan con los egip­cios y diseñaron un excelente calendario de 12 meses.

LA ESCRITURA CHINA Hacia el año 1600 a.C., los Shang desarrollaron las primeras formas de la caligrafía china: una escritura pictórica en la que cada letra representaba una palabra. La escritura china que conocemos hoy evolucionó a partir de la escritura shang. Los Shang adoraban a sus antepasados, a quienes consideraban sabios guías de su vida, y consultaban oráculos cuando debían tomar decisiones.

EL BRONCE El bronce es una mezcla de cobre y estaño que, cuando se pule, parece oro. Los Shang prosperaron gracias a su trabajo con este metal, un material muy duro que tenía muchos usos en herramientas, artículos domésticos y armas. El bronce también se utilizaba para fabricar adornos y artículos religiosos o artísticos. Se fundía en moldes de ardua donde se labraban ornamentos o motivos de cualquier índole. El uso del bronce supuso un inmenso avance tecnológico en todo el mundo.

Imágenes Arriba:
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Hueso de un oráculo datado 1300 a.C. Se han encontrado muchos de estos huesos grabados con los primeros pictogramas (pintura-escritura) chinos. Los adivinos los utilizaban para predecir el futuro.

2-La tradición cuenta que la seda fue descubierta hacia el año 2690 a.C. por la emperatriz Xiling Ji, la esposa del legendario Emperador Amarillo, Huandgi, del que se afirma que llevó la civilización, la medicina y la escritura a China. La emperatriz descubrió que los gusanos de seda se alimentaban de las hojas de morera y por eso hizo plantar estos arbustos. La seda se hilaba en tinos tejidos que eran tan valiosos que se utilizaban incluso como una especie de moneda. La fabricación de la seda fue un secreto muy bien guardado por los chinos durante unos 3000 años.

3-Este recipiente para vino se llamaba pou. Seguramente se utilizó para almacenar grandes cantidades de vino. Su elevada calidad de elaboración y su intrincado diseño muestran que el trabajo en bronce de los Shang estaba muy desarrollado.  Los Shang utilizaron otras vasijas llamadas yue,para ofrecer vino como parte de una ceremonia.

4-Los antiguos chinos cocinaban los alimentos para los sacrificios en grandes vasijas de bronce decoradas que tenían largas patas para que poder colocarlas sobre una hoguera.

FECHAS CLAVE
3000 a.C.  Durante la cultura Longshan aparecen las primeras ciudades chinas.
2700 a.C. Huangdi, el «Emperador Amarillo», es nombrado emperador.
2200 a.C. Período de la dinastía Xia; Yu es el emperador.
1766 a.C. Fundación de la dinastía Shang por el emperador Tang.
1400 a.C. Apogeo del período Shang.
1122 a.C. La dinastía Zhou sustituye a la Shang.