El Camino de los Clásicos

Biografia de Anibal Troilo Pichuco Vida del Musico Bandoneon Tango

Biografia de Aníbal Troilo Pichuco

Aníbal Troilo: Un fueye nocturno que aún suena a lo lejos  Lo llamaron el “Bandoneón Mayor de Buenos Aires”, aunque seguramente hubiera sido más acertado bautizarlo como el “Bandoneón Mayor del Universo”, ya que su estilo único e irrepetible, las cualidades de su técnica interpretativa, y su estética compositiva dieron un vuelco al Tango que aún hoy continúa abriendo nuevos caminos innovadores, y por supuesto cosechando seguidores.

Troilo tenía esa magia especial de artista porteño, mezcla de noche, tristeza y zaguán, lo que hizo posible que en cada una de sus composiciones e interpretaciones se transmitieran las sensaciones vividas en el patio del conventillo bajo la suave luz de la luna y el aroma irresistible de los malvones.

Todo eso tienen las composiciones de Troilo, y en definitiva todo eso es Tango. Según las palabras de Horacio Ferrer, gran conocedor de la historia del Tango: “Troilo fue el que cambió el tango.

El tango moderno lo inventó él con sus pocos conocimientos musicales pero con su condición de gran músico. Tenía la sensibilidad y la capacidad de ser un director con todas las de la ley. Nació para eso”. Y es tan cierto que Troilo había nacido para eso, que cuando se sentaba a tocar el bandoneón se producía una comunión absoluta entre el ejecutor y el instrumento, mimetizándose ambos en una unidad creadora.

Así, podíamos disfrutar de una melodía única, mientras contemplábamos la típica imagen de Troilo con los ojos cerrados, la cabeza inclinada hacia un costado, y una expresión en su rostro que nos revelaba que el músico experimentaba un verdadero transe, un viaje por el interior de su alma. Había nacido el 11 de julio de 1914 en la ciudad de Buenos Aires, y poco después de llegar a este mundo fue bautizado por su padre con el alias de Pichuco, a lo que siempre Troilo recordaba: “Parece que mi padre tenía un amigo a quien llamaban Pichuco.

Sobre mis primeras lágrimas de niño, con su dulzura de hombre, acaso feliz, mi padre trató de calmarme: ‘Bueno, Pichuco, bueno’. Dijo Pichuco y me quedó para siempre”. En su barrio, como en cada rincón de la ciudad a orillas del Rio de la Plata, sonaba el ritmo nervioso y cadencioso del tango, y Pichuco creció escuchando aquel compás que lo enamoró para siempre, mientras permanecía sentado en los umbrales de los bares donde sólo se respiraba el aroma de esa sensiblera música ciudadana.

A los 10 años, y después de varios intentos fallidos, finalmente logró que su madre le comprara su primer bandoneón usado en una casa de empeño, y tan sólo tres años después Pichuco comenzaba su carrera, de lo cual recordaría tiempo después: Mi debut ocurrió en el Café Ferrraro, en Pueyrredón y Córdoba, yo tenía trece años y los bolsillos llenos de miedo”. Luego de aquella primera presentación, Aníbal Troilo se incorporó como bandoneonista estable de una orquesta de señoritas, y al cumplir 14 años, convencido de que la música era la misión de su vida, conformó su primer quinteto.

Poco tiempo debió pasar para que el talento de este joven bandoneonista de tango comenzara a generar repercusiones en el ambiente, por lo que en 1930 fue contratado para formar parte de una afamado sexteto compuesto por músicos de la talla de los violinistas Elvino Vardaro y Alfredo Gobbi, el pianista Osvaldo Pugliese, y el bandoneonista Ciriaco Ortiz.

Fue precisamente su paso por dicho sexteto, que dio origen a una gran amistad entre Troilo y Ciriaco, de quien Pichuco aprendió la mayoría de los aspectos técnicos de la interpretación del instrumento, que le permitiría alcanzar el virtuosismo que lo convertiría en el Bandoneón Mayor. A partir de aquel momento, y gracias a su capacidad interpretativa, Troilo comenzó a ser requerido y contratado por diversas orquestas ya consagradas, como fue el caso de Julio de Caro, Juan Carlos Cobián, Juan Pacho Maglio, Juan D´Arienzo y Ángel D´Agostino.

No obstante, el punto máximo de su éxito y fama llegarían con la conformación de su propia orquesta típica, la cual nació en el año 1937, estando en aquel momento conformada por Enrique Díaz, Orlando Goñi, Juan Miguel Rodríguez, Roberto Gianitelli y el cantor Francisco Fiorentino.

Dos años después se sumaría el gran Astor Piazzolla, el Gato como lo llamaba Pichuco, quien con su impecable estilística, tanto como bandoneonista y como arreglador, aportaría a la orquesta de Troilo un caudal interpretativo único. A lo largo de los años en que duró su orquesta, la cual se convirtió en una de las más requeridas para los bailes en los clubes más importantes de Buenos Aires, por sus filas transitaron algunas de las más destacadas figuras del tango, entre los que se inscribieron pianistas como José Basso, Orlando Goñi, Carlos Figari, Osvaldo Manzi, José Colángelo y Osvaldo Berlingheri.

Otro tanto ocurrió con los cantores, iniciándose con el Tano Fiorentino y continuando con voces como las de Raúl Berón, Aldo Calderón, Jorge Casal, Floreal Ruiz, Roberto Goyeneche, Alberto Marino, Tito Reyes y Edmundo Rivero, entre muchos otros.

Después de una intensa vida, en la que por supuesto no faltó el amor incondicional de su esposa Zita y de sus miles de amigos, Troilo abandonó la vida terrenal un 18 de mayo de 1975, dejando un legado invaluable, sobre todo capturado en sus grandes composiciones, como es el caso de tangos como “Toda mi vida”, “Pa’ que bailen los muchachos”, “Responso”, “Barrio de tango”, “Sur”, y una innumerable lista que con sus melodías nos retrotraen al barrio y al aroma de glicinas y malvones. Tiempo antes de morir, Troilo dijo: “Uno no se muere de golpe, se va muriendo de a poco, con cada amigo que desaparece y así llega un momento en que de Pichuco no queda nada”, como una forma de despedida a la vida, que tanto le costó pero que valió la pena.

Fuente Consultada: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Biografia de Sabato Vida y Obra de Ernesto Sabato Escritor Argentino

Biografía de Ernesto Sábato
Escritor Argentino

La obra de Ernesto Sábato (1911) El túnel (1948) trata de un hombre que recurre al crimen como única salida a su radical incomunicación con los demás. Sobre héroes y tumbas (1961) narra una terrible historia de amor y soledad que revela la maldad del mundo contemporáneo.

ERNESTO SÁBATO nació en Rojas provincia de Buenos Aires, en 1911 hizo su doctorado en física y cursos de filosofía en la Universidad de La Plata. En 1937 viaja a París con una beca y establece contactos con los surrealistas. Trabajó en el laboratorio Curie, y abandonó definitivamente la ciencia en 1945 para dedicarse a la literatura.

Decide instalarse en un modesto rancho en las sierras de Córdoba. Allí escribe el libro de ensayos Uno y el universo (1945), con el cual obtiene la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. Trabaja en París con la Unesco. De nuevo en Buenos Aires, asume como director general de Relaciones Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, cargo que abandona por la literatura.

sabato ernesto

Este escritor argentino es también el autor de Abaddón el exterminador (1974), de parecida complejidad, y de varios ensayos (El escritor y sus fantasmas,1963).

Ha escrito varios libros de ensayos o sobre el hombre en la crisis de nuestro tiempo y sobre el sentido de la actividad literarria. Uno y el Universo (1945; versión definitiva  Seix Barral, 1979), Hombres y engranajes (1951; versión definitiva Seix Barral 1991) El escritor y sus fantasmas (1963; versión definitiva Seix Barral, 1979), Apologías y rechazos (Seix Barral, 1979).

Sus tres novelas, cuyas versiones definitivas se honró en presentar Seix Barral al público de habla hispana en 1978, recorrieron el mundo: El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961), Abaddón el exterminador(1974; premiada en París como la mejor novela extranjera publicada en Ficción en 1976).

Escritores tan dispares como Camus, Greene y Minn como Quasimodo y Piovene, como Gombíowiez y Nadeauhan escrito con admiración sobre su obra.

En 1983 fue elegido presidente de la Comisión Nacional de  Desaparición de Personas, creada por decisión del Presidente de la República Aentina, Raúl Alfonsín. Fruto de las tareas de esta comisión fue el sobrecogedor volumen Nunca más (Seix Barral, 1985), conocido como “Informe Sábato”.

Ernesto Sábato: novelista y ensayista argentino, nace en Rojas, provincia de Buenos Aires. Penúltimo de once hijos, es enviado a la ciudad de La Plata al iniciar sus estudios secundarios. Allí se matricula en la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas y se afilia al Partido Comunista, que abandona después de un viaje a Bruselas en el que obtiene información de los crímenes cometidos por el régimen de Stalin.

El 20 de septiembre de 1984, Sábato entregó al presidente Raúl Ricardo Alfonsín el informe de la comisión. Ese día, los organismos de derechos humanos convocaron a una concentración para respaldar dicha ceremonia, a la que acudieron cerca de 70.000 personas.

En 1984 obtuvo el Premio Cervantes, y en 1989, el Premio Jerusalén.

El volumen Entre la letra y la sangre (Seix Barral, 1989) reúne sus conversaciones con Carlos Catania. Lo mejor de Ernesto Sábato (Seix Barral, 1989) es un reader cuya selección, prólogo y comentarios estuvieron a cargo del autor.

Luego de graduado, se trasladó a Francia, donde trabajó en el Laboratorio Curie sobre radiaciones atómicas, al tiempo que toma contacto con los surrealistas. De vuelta a su país, imparte clases de Física en la universidad. En 1945 publicó su primera obra Uno y el Universo, colección de breves ensayos. Ese mismo año abandona su primera vocación científica, para dedicarse por completo a la literatura.

Trabajó como profesor de Física en la Universidad Nacional de La Plata y en el Instituto Superior del Profesorado, y colaboró en la revista Sur, el diario La Nación y otras publicaciones. Actuó entonces como asesor de editoriales, asistente en París y Roma del comité ejecutivo de la Unesco, director de la revista Mundo Argentino y director de relaciones culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

En los años 50 atravesó una crisis producto de las contradicciones entre un mundo «claro y luminoso de las matemática», según sus palabras, y el atormentado y complejo mundo de la literatura. A esta época corresponden sus ensayos Hombres y engranajes, escrito en 1951, y Heterodoxia, 1953, en los que realiza una crítica en profundidad sobre el futuro de la ciencia desde una óptica humanista.

En 1929 ingresó a la facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad de La Plata. En 1933 fue elegido Secretario General de la Juventud Comunista. En 1934 escribió La fuente muda, su primera novela. En 1941 comenzó a colaborar con la revista Sury conoció a Jorge Luis Borges. En 1943 empezó a escribir su libro de ensayos Uno y el Universo. Por esta obra, recibió el Premio de la Municipalidad de Buenos Aires y el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE).

A la edad de 99 años, falleció en su casa de Buenos Aires, el gran escritor Ernesto Sábato, una de las conciencias éticas, políticas y estéticas del continente.

Así recuerda Sábato sus días de juventud como estudiante y profesional:

«Desde 1930 milité en la Juventud Comunista, cuando la dictadura del general Uriburu. Abandoné estudios, familia y mis comodidades burguesas. Viví con nombre supuesto en La Plata, en cuyos suburbios estaban los dos frigoríficos más grandes del país, donde se explotaba despiadadamente a toda clase de inmigrantes, que vivían amontonados en tugurios de zinc, rodeados de pantanos de aguas podridas. Repartíamos manifiestos, participábamos de la organización de huelgas.

Hacia 1933 fue ya secretario de la Juventud Comunista, cuando habían empezado mis dudas sobre el estalinismo, y entonces resolvieron mandarme a las Escuelas Leninistas de Moscú, a purificarme. Si hubiese ido, no habría vuelto jamás vivo. Tenía que pasar previamente por Bruselas, por un congreso contra el fascismo y allí supe con horrendos detalles de los «procesos» de Moscú. Me escapé a París, viví un invierno muy duro en la piecita de un compañero disidente, mientras el partido me buscaba.

Logré volver a la Plata, donde proseguí mi carrera en física-matemática. Cuando terminé mi dieron una bourse para trabajar en el laboratorio Curie, donde trabajé durante casi un año y, allí en París, asistí a la ruptura del átomo de uranio, que se disputaban tres laboratorios: ganó la «carrera» un alemán. Pensé que era el comienzo del Apocalipsis. Viví en una confusión horrible, mientras escribía mi primera novela y cometí la infamia de dejar que Matilde se volviera a la Argentina con nuestro primer hijo, de pocos meses, mientras yo tenía una amante rusa. «

Ver: Pensamiento de Sábato Sobre La Dictadura Argentina

Biografia Piazzolla Astor Escuchar Tangos de Piazzolla Resumida

Biografía Piazzolla Astor
Músico Argentino Compositor de Tangos

Biografia Piazzolla Astor Al recorrer las calles de Buenos Aires, durante esos días en que el cielo gris tiñe por completo cada uno de los rincones opacando el brillo de las vidrieras más luminosas, nos llega como una suave y delicada brisa una música, que nos envuelve el alma y nos acaricia el corazón.

Es el sonar triste y nostálgico de un fueye, que no rezonga porque en realidad siempre busco la manera más elegante y refinada de expresar toda clase de sentimientos; el bandoneón en el que alguna vez apoyó sus firmes manos Piazzolla.

Aníbal Troilo dijo alguna vez sobre la obra de Piazzolla que representaban algo más que un simple 2×4, por lo que la bautizó como «música de la ciudad», resumiendo en escasas palabras las, para él, extrañas composiciones de Astor.

El virtuosismo del músico fue seguramente el motivo por el cual logró convertirse en uno de los compositores e interpretes de tango más célebres en el mundo, incluso le valió opiniones positivas a lo largo de su trayectoria provenientes de los más notables concertistas internacionales.

Sin dudas, Piazzolla alcanzó la meta que busco desde que acometió sus primeros pasos en la música, por lo que no sólo fue amado sino también repudiado por una gran cantidad de tangueros que jamás pudieron comprender por completo su mensaje.

Es por ello, que los expertos tangófilos aseguran que al igual que sucede en las costumbres cristianas, en las que se enmarcan los hechos históricos dentro de fechas que se sucedieron antes y después del nacimiento de Cristo, existe en el tango un antes y un después marcado por la presencia de Piazzolla, lo que muchos llaman como pre y post piazzollismo.

Nacido bajo el signo de Piscis, Astor nació en la ciudad balnearia de Mar del Plata un 21 de marzo de 1921, hijo de Vicente Piazzolla y Asunta Manetti, inmigrantes italianos que como tantos otros habían llegado a nuestro país durante la década del 80, escapando de la pobreza que invadía en esa época gran parte de Europa.

Fue bautizado con el nombre de Astor en homenaje al violonchelista de la Orquesta Sinfónica de Chicago, Astor Bolognini, gran amigo del padre del pequeño, con lo que en cierto modo el destino de su vida ya había sido trazado apenas llegado al mundo.

La música llegó a su vida desde muy pequeño, debido a que pasó gran parte de su niñez en Nueva York, alimentándose de las nuevas corrientes compositivas de la época, momento en el que aún brillaba la tristeza del jazz y la fuerza de las composiciones clásicas de Bach.

A la par que comenzaba a interesarse por la música, Astor demostró ser un aplicado e inteligente alumno, logrando aprender al mismo tiempo cuatro idiomas, el castellano, el inglés, el francés y el italiano.

Aun era un pequeño delgado de ojos profundos que llevaba pantalones cortos cuando recibió quizás el mejor regalo de su vida. Una tarde de otoño, mientras Astor preparaba sus deberes llegó a la casa su padre con un paquete, en cuyo interior descansaba un fueye que había comprado especialmente para su hijo.

Este primer bandoneón, que llegó a las manos del pequeño Astor en 1929, había sido adquirido por su padre en una casa de empeños por sólo 18 dólares, y logró ser el puntapié inicial para el comienzo de una carrera cuyo límite sólo pudo imponerlo la muerte.

Fue precisamente en el año 1932, cuando con sólo 11 años de edad Astor compuso el que sería su primer tango, jamás difundido, titulado «La catinga». Dos años después, el pequeño compartió una serie de escenas cinematográficas junto a otro mito del mundo del tango, Carlos Gardel, cuando intervino como actor infantil en la película «El día que me quieras».

Al promediar el año 1936 la familia Piazzolla regresó a la Argentina, y fue a partir de ese momento en que Astor comenzó a acercarse cada vez más al mundo del tango, mientras continuaba sus estudios musicales en las clases impartidas por notables compositores de la talla de Alberto Ginastera y Raúl Spivak.

Lentamente, pero con una gran decisión, Astor comenzó a insertarse en el mundo tanguero, integrando como bandoneonista una serie de conjuntos locales de la ciudad de Mar del Plata, y durante lo cual ya comenzaba a notarse su fuerte influencia clásica dentro de sus interpretaciones de diversos tangos tradicionales.

De esta manera, una vez viviendo en la ciudad de Buenos Aires, se dice que Astor practicaba interpretando piezas de Stravinsky, Bartók y Ravel, y concurría todas las mañanas al Teatro Colón como espectador de la orquesta, mientras que por la noche visitaba los más recónditos clubes para presenciar la actuación de orquestas de tango.

La fusión de ambos estilos tuvieron consecuencias en la mente compositora de Piazzolla, de ello no hay dudas, dando lugar al comienzo de una carrera que lo llevó a recorrer todo el mundo, y a convertirse en un verdadero icono del tango, a pesar de que durante años muchos se habían hecho eco de aquella crítica que aseguraba que lo suyo no era tango.

Uno de los primeros hitos en la trayectoria de Astor fue sin dudas su participación en la orquesta de Aníbal Troilo, donde permaneció por alrededor de siete años tratando de impregnar con su creatividad y agudeza un nuevo estilo a la agrupación, limitado por Pichuco en reiteradas oportunidades.

El Gato, como fue apodado Piazzolla durante su paso por la orquesta de Troilo, se mantuvo como bandoneonista y arreglador de la agrupación de Pichuco hasta el año 1944, cuando se aventuró a comenzar a forjar su propia carrera, convirtiéndose en el director y bandoneonista de la orquesta que acompañaría a Francisco Fiorentino, un cantor único que también había decidido alejarse de Troilo para iniciarse como solista.

Después de aquella experiencia extraordinaria, en el año 1946 Astor se separó de Fiorentino para conformar si primera propia agrupación, y si bien aún continuaba manteniendo las pautas tradicionales del género, ya comenzaban a surgir algunos de los aspectos fundamentales que darían lugar al nacimiento de la llamada «música de Buenos Aires».

Durante su impecable trayectoria, que se extendió casi ininterrumpidamente por más de cincuenta años, Piazzolla compartió el escenario con figuras inolvidables del tango, entre los que se encuentran Horacio Salgán, Enrique Mario Francini, Armando Pontier, Osvaldo Pugliese, Alfredo Gobbi y el ya mencionado Aníbal Troilo, entre otros.

Fue también parte fundamental de una obra única, a través de una serie de composiciones musicales inspiradas en poemas de Jorge Luis Borges, que registró para el disco junto al cantor Edmundo Rivero y el actor Luis Medina Castro.

Su genialidad como compositor queda demostrada en una enorme diversidad de creaciones que abarcan diferentes géneros, y que dieron origen a una inagotable corriente que represento en definitiva la encarnación del cambio en el tango.

Fuente Consultada: Graciela Marker

ADIOS NONINO: En octubre de 1959 muere Vicente Piazzolla (su padre) , acontecimiento que marcó profundamente al músico y fue el motivo de una de sus más hermosas composiciones: «Adiós Nonino», sin duda el más emocionante de sus temas. Ástor estaba de gira por Centroamérica cuando recibió la noticia y, al regresar a Buenos Aires, se sumió en una tristeza profunda, agravada por la mala situación económica en la que se encontraba y que era la consecuencia del fracaso de su Jazz-Tango en el país del Norte.

Entonces Ástor rehizo el «Nonino» que había compuesto en París en 1954, y que aún puede escucharse en una grabación que realizó la orquesta de José Basso en julio de 1962. De aquel tema original sólo mantuvo la parte rítmica y le agregó la prolongada letanía en la que subyace su lamento.

El dolor del hijo se trasluce sin reparos en ese acongojado pasaje musical. En dos frases de ocho compases (cuatro más cuatro) que se repiten formando un precioso tramo de dieciséis compases, se percibe todo el sentir de Ástor.

PARA SABER MAS…
Una máquina de componer

Cuando componía, Piazzolla era capaz de una concentración tan absoluta que ni «terremotos o guerras o estados de sitio», como dijo alguna vez, podían quebrar. Describió con cierto detalle a su hija Diana el proceso de composición y le confesó que podía estar sentado frente al piano horas enteras sin escribir una sola nota.

Luego, «en un instante, lo que yo llamo un instante casi de iluminación, de magia, de dolor y de placer, aparece la idea principal y respiro con tranquilidad». Las etapas posteriores, como «el desarrollo lógico de la obra, su coherencia interna, la orquestación», podían presentarle alguna dificultad.

Nunca se sentía seguro de la calidad de la obra hasta que la ensayaba con sus músicos. Habitualmente componía en el piano; Alberto Ginastera le había dicho que «el piano es la orquesta» y él se tomó en serio el consejo. Sin ese instrumento le resultaba casi imposible «imaginar una melodía en el aire». Tampoco era capaz de cantar o silbar lo que había escrito. Si precisaba que alguien se lo silbara (por ejemplo, cuando componía para el cine), a veces se lo pedía a Daniel.

Nadie es profeta en su tierra
Ástor Piazzolla disfrutó siempre en el exterior de triunfos y de fama de excelente y atrevido compositor e intérprete. Pero en Buenos Aires, ya desde principios de los 60, su música provocaba una verdadera polémica. Era demasiado innovadora para una sociedad que parecía haberse dormido en los 40 y 50, y se cerraba a todo lo que venia «de afuera», salvo que conservara los modelos ancestrales. Según se decía, y aún lo dicen algunos, Ástor Piazzolla desvirtuó tanto la música clásica como el tango.

Se estableció desde el comienzo un debate en el que se buscaba dilucidar si profanaba a una, al otro o a ambos por igual. De modo que aquella gran alegría que le provocaba el triunfo logrado fuera del pais, muy pronto se convirtió en desengaño. Fue así que, a su condición de «irrespetuoso con la música», según se decía de él, sumó su rebeldía, su personalidad desmedida y ese orgullo que lo incitaba a expresar sin miramientos todo cuanto pensaba, además de una imperiosa necesidad creativa que, sin duda y pese a la rebeldía, sólo conlleva la búsqueda de reconocimiento.

Por lo tanto el debate no fue entre la sociedad o contra la sociedad, Piazzolla debatía consigo mismo aunque sin cambiar un ápice la música ni su actitud Pero nadie mejor que él para explicar su estética: «Yo hice una revolución en el tango, rompí con viejos moldes, por eso me atacaron y tuve que defenderme. Pero lo que nadie me puede negar es mi origen; tengo el tango marcado en el orillo».

Nunca pretendió que su música fuera fácil de entender, más bien sabía que imponía un gran esfuerzo a quienes lo escucharan, «Mi música no es para hacer la digestión. Mi música es para sentarse en una platea y escuchar y meterse muchos problemas en la cabeza, porque se trata de una música que lo hace pensar a uno. Y mi experiencia me permite decir que la gente que sigue a Piazzolla es la gente que piensa.» Sabia que a la música había que sentirla, pero también que su música era para pensar y consideraba que pensar es una manera posible de ser feliz.

Para él, la cuestión no se dirimía simplemente reduciéndola a una cuestión generacional. «Hay tangueros viejos que no estudiaron y se quejan, y hay jóvenes que están muy apurados y no tienen coraje para aguantárselas. Entonces cruzan de vereda antes de tiempo y se hacen jingleros para ganar dinero fácil», dijo alguna vez, y con cada una de sus afirmaciones provocaba nuevos comentarios, no siempre amables.

Desde sus orígenes, el tango se conformó como una música cosmopolita, con aires africanos, sones orilleros, candombes, habaneras y tanguillos zarzueleros. Y si Buenos Aires está tan presente en todo el tango, bien claro está que su presencia es más fuerte en el tango de Piazzolla. Tal vez Ástor sólo continuó sumándole a esas melodías rioplatenses algo más de aquel crisol de músicas y aires que formaron parte de su origen.

Piazzolla incrementó el cosmopolitismo del tango y, por otro lado, no hizo sino retrotraerlo siempre al presente, aún hoy, cuando su música parece adaptarse una y mil veces a los sones ciudadanos.

Piazzolla y los poetas: Se produce por esos años un acercamiento a los poetas, especialmente a aquellos que eran considerados alejados al tango, porque sin dudas los mejores poetas han surgido en el ámbito tanguero o se inspiraron en el mundo de esta música ciudadana.

Piazzolla se vinculó entonces con Jorge Luis Borges. Sus caminos se cruzaron al fin. Pese a que solían «chicanearse» el uno al otro, la poesía de Borges inspiró Ástor importantes trabajos, y Borges se dejó recrear por el gran músico. En 1968, Carlos Guastavino puso música a la «Milonga de dos hermanos».

En 1976,Jairo concretó la placa «Jairo canta a Borges». El músico presentó el álbum con Susana Rinaldi en el Olimpya de París. Emocionado, Julio Cortázar aplaudía entre el público. Luego se editó «Borges & Piazzolla» y el álbum «Juan Sosa canta a Jorge Luis Borges», con la voz de Héctor Alterio en los textos, musicalizados por Jorge Sarraute y Osear Grassi. Entre otros temas,se destacaba «Milonga de Albornoz» de Borges y José Basso.

La relación entre ambos nunca fue del todo buena. Cómo podía serlo entre dos compadritos. «Lo que pasa es que fui el único que se animó a refutar a Borges», dijo Piazzolla. Probablemente le faltó reconocer que Borges, tal como le sucedía al mismo Ástor, era feliz cuando alguien lo refutaba.

En 1987, Piazzolla musicalizó tres cuentos borgianos: «El sur», «La intrusa» y «El hombre de la esquina rosada»,dando forma así a la obra «Tango apasionado». Esta relación amor-odio (la misma que Borges manifestaba por Buenos Aires: «No nos une el amor sino el espanto / será por eso que la quiero tanto») devino una pieza teatral «Entre Borges y Piazzolla», que interpretaron Pepe Soriano, Juan Carlos Copes y Raúl Lavié, y el disco «Borges & Piazzolla», con Lito Cruz, Daniel Binelli y Jairo. Ambos creadores —músico y poeta— en esa refutación del tiempo y el arte, nos han legado grandes obras y el maravilloso concepto de que las diferencias, incluso las aparentemente irreconciliables, pueden dar ganancias. De su incursión en la literatura, Piazzolla también nos dejó «Introducción a Héroes y tumbas», un trabajo basado en la novela Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato, que remite en realidad a un extracto de Informe sobre ciegos. En el disco que grabaron Ástor Piazzolla y su octeto, «Tango contemporáneo», el mismo Sábato recita los textos.

Pero no todo fueron logros, Piazzolla también nos legó algunos errores (pero quién podría arrojar la primera piedra en materia de flaquezas, errores, o ingenuidad). En 1978, compuso y grabó con orquesta una serie de temas que dedicó al campeonato mundial de fútbol que se disputó en la Argentina durante la sangrienta dictadura militar implantada en 1976. Este evento, que se manipuló políticamente, fue sin duda un paso en falso en que incurrió Piazzolla tal como lo hicieron muchos otros importantes intelectuales de la época.

Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges, por ejemplo, se reunieron con Videla y declararon que «veían tranquilo» al país. Sin dudas hoy —tal como hicieron luego la mayoría de aquellos intelectuales—, Piazzolla escribiría en contra de lo sucedido en esos días, aun respecto de su propio error o ingenuidad, actitudes que más adelante fueron erróneamente interpretadas como complicidad o acatamiento de aquellos vergonzantes hechos de la dictadura que actualmente toda la sociedad repudia.

Piazzolla hacía bromas de mal gusto pero no le gustava que se la hicieran a el. Podía agarrarse a pinas en la calle pero de vuelta a casa necesitaba una mujer que lo bancara. A la vida le gustan las paradojas y contradicciones. Y a veces la arrogancia oculta a un tímido. En 1958 en Nueva York, el diplomático Albino Gómez llamó por teléfono a Piazzolla para invitarlo a un cocktail al que concurrirían figuras de la cultura, entre ellas el compositor ruso Igor Stravinsky. «-Esta noche tengo que ir a buscar a Stravinsky y llevarlo a una reunión. ¿Querés venir conmigo?» Astor, familiarizado con las bromas pesadas, se lo tomó a risa. «Al rato -según relató el propio Astor a Natalio Gorin- Albino volvió a insistir. Lo mandé al diablo y le corté la llamada».
Llegado el día del cocktail, Gómez, que sabía de la admiración de Astor por Stravinsky, se preocupó por presentar a los dos músicos. «A Astor le temblaban las piernas, más bien el cuerpo entero -recuerda Gómez-, y no sabía qué hacer ni qué decir en ningún idioma, pese a su fluidez en inglés y francés. Por mi parte yo repetía la presentación, pero nada. Finalmente Astor salió apenas de su estado cátatónico y pudo balbucear algo así como: «Maestro yo soy su discípulo a la distancia. Dio media vuelta  y huyó»

LA MÚSICA DE PIAZZOLA EN EL CINE

Como compositor, el nombre de Ástor Piazzolla figura asociado a las siguientes películas:
Con Los Mismos Colores, Torres Ríos, Argentina, 1949;
Bólidos de Acero,
Torres Ríos, Argentina, 1950;
El Cielo en las Manos,
E. De Thomas, Argentina, 1950;
Stella Maris,
Cárpena, Argentina, 1953;
Sucedió en Buenos Aires,
Enrique Caben Salaberry, Argentina, 1954;
Marta Ferrari,
Sarraceni, Argentina, 1956;
Los Tallos Amargos, Fernando Ayala, Argentina, 1956;
Continente Blanco,
B. Roland, Argentina, 1957;
Historia de una carta,
Porter, Argentina, 1957;
Violencia en la ciudad,
De Rosas, Argentina, 1957;
Una viuda difícil,
F. Ayala, Argentina, 1957;
Dos basuras, Land, Argentina, 1958;
Las furias,
V. Lah, Argentina, 1960;
S
ábado a la noche, cine, F. Ayala, Argentina, 1960;
Quinto año nacional,
Blasco, Argentina, 1961;
Detrás de la mentira,
Emilio Vieyra, Argentina, 1962;
Prisioneros de una noche,
David José Kohon, Argentina, 1962;
La fin del mundo,
E. Vieyra, Argentina, 1963;
Los que verán a Dios, Blasco, Argentina, 1963;
Paula Cautiva,
F. Ayala, Argentina, 1963;
Con gusto a rabia,
F. Ayala, Argentina, 1965;
Che, Buenos Aires,
D. J. Kohon, Fernando Birri, Argentina, 1966;
Las locas del conventillo,
F. Ayala, Argentina, 1966;
Las Pirañas, Luis García-Ber-langa, España-Argentina, 1967;
Breve cielo,
D. J. Kohon, Argentina, 1969;
La fiaca,
F. Ayala, Argentina, 1969;
Tango Argentino,
Simón Feld-man, Argentina, 1969;
Pulsación,
Carlos Páez Vilaró, Uruguay, 1969;
Con alma y vida,
D. J. Kohon, Argentina, 1970;
La ñata contra el vidrio,
varios, Argentina, 1972;
Pleut Sur Santiago
(Llueve sobre Santiago), Helvio Soto, Bulgaria/Francia, 1975;
Luna de miel,
Nadine Trintignant, Francia, 1975;
Lumiere,
Jeanne Moreau, Francia, 1975;
Madame Claude,
Just Jaeckin, Francia, 1976;
Servante et Mai-tresse, 1976; Armagedon, Alain Jessua, Francia/Italia, 1976;
¿Qué es el otoño?,
D. J. Kohon, Argentina, 1977;
El infierno tan temido,
Raúl De La Torre, Argentina, 1980;
¿Somos?, Carlos Hugo Christensen, Argentina, 1982;
Volver,
Lypszyc, Argentina, 1982;
Bella Donna,
Peter Keglevic, Germany, 1983;
La intrusa,
C. H. Christensen, Brasil, 1982;
Cuarteles de invierno,
Lautaro Muñía, Argentina, 1984; y
Henry
IV, Marco Bellocchio, Italia, 1984.

El tango antes y después de Piazzolla

Ástor Piazzolla es parámetro y referencia, un hito. Cuando se habla de tango «clásico» o «tradicional» se está realizando una generalización que abarca a todo el tango previo a la aparición de Piazzolla, se está refiriendo al tango anterior incluso a Horacio Salgan y Eduardo Rovira. Pero para orientarnos mejor en la historia del tango es posible establecer un orden más riguroso: Primero fue la Guardia Vieja (entre los años 1900 y 1920).

Época del tango criollo arrabalero, el cantado y el tango instrumental interpretado por bandas conformadas por trios o cuartetos. Luego fue el origen de la Orquesta Típica, en la que se incorporó un nuevo instrumento: el bandoneón. De este período cabe mencionar a los músicos Paquita Bernardo, Vicente Greco, Villoldo o Arólas, entre otros. Y uno de los tangos paradigmáticos de esta etapa es sin duda «La morocha», de Saborido y Villoldo. Posteriormente llegó la Guardia Nueva (entre los años 1920 y 1940).

En este período se destacó, además del tango con letras de autores importantísimos como Discépolo, el tango instrumental, y tuvieron lugar algunos gestos rupturistas que establecieron dos nuevas corrientes: la tradicionalista y la evolucionista. En la primera se ubicaron tangueros como Juan D’Arienzo o Francisco Canaro.

En la segunda encontramos nombres de la talla de Julio de Caro, Francisco De Caro, Juan Carlos Cobián, Elvino Vardaro y el mítico dúo Gardel-Le Pera. Entonces nacieron obras que marcaron la historia como «Uno» y «Golondrinas». Es precisamente en esta corriente evolucionista donde se reconocen las filiaciones de Ástor Piazzolla. El tango de Piazzolla «Decarísimo» está compuesto en homenaje a Julio De Caro.

Hacia 1940, y durante veinte años, es posible hablar de la Post-Guardia Nueva. Irrumpe en ese momento la generación del 40, en la que surgen y se destacan algunos de los músicos y obras más importantes de la historia del tango, y que se distinguen como la influencia y el entorno más directo de Piazzolla en lo que al tango se refiere. De esa época se pueden mencionar a Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Osmar Maderna, Atilio Stampone o Leopoldo Federico. Y grandes letristas, auténticos poetas del tango: Hornero Manzi, Hornero Expósito y Enrique Cadícamo, autores de obras como «La última curda» o «Sur», entre muchas otras.

Nunca le dió importancia a la plata:

Atilio Talín, quien durante largos años fue representante, apoderado, pero sobre todo amigo de Piazzolla, le decía a Fernando Sánchez en 1996: «En la década del 60 Ástor actuaba con su Quinteto en Jamaica, un boliche que quedaba sobre la calle San Martín. Hacía tres o cuatro entradas por noche (…) yo había traído una auto italiano muy lindo, un Alfa Romeo. Y una de esas noches, bajando del palco, Ástor me dijo: ‘Lindo el Alfa’, y ese fue el gancho. ‘No me diga, maestro, que le gustan los autos’, ‘Después de la música es lo que más me gusta’, dijo.

Lógicamente a partir de ese día, hace treinta y cuatro años, nació una amistad y después me convertí en su representante. (…) Hicimos un pacto: yo no me metía en la música y él no se metía en el negocio». Piazzolla confiaba en Atilio ciegamente, al punto que un día, luego de alguna diferencia fácilmente dirimida, Ástor tomó de arriba del piano una hoja de papel pentagramado y ahí escribió cuál era el porcentaje que le otorgaba para siempre.

«Nunca le dio importancia al dinero. Él quería mostrar lo suyo y nada más. Nunca se vendió; podría haber hecho mucho más dinero con cosas que no sentía, pero no. Siempre me decía que era un agradecido, porque hacía lo que quería y encima le pagaban». Anécdotas como esta muestran su gran personalidad, ya que para hacer eso que quería y lograr que le pagaran por hacerlo fueron muchas las batallas que tuvo que librar, dentro y fuera de su tierra.

Fuente Consultada: Astor Piazzola Furgor de Bandoneón Protagonistas de la Cultura Argentina La Nación

Biografia de Pipo Mancera Origen de la TV Show Sabados Circulares

Biografía de Pipo Mancera Origen de la TV Show

Biografia de Pipo Mancera Origen de la TV Show Pipo Mancera: Cuando los sábados eran circulares 

Un caluroso 6 de enero de 1962 irrumpía en la pantalla de Canal 9 un producto televisivo totalmente novedoso hasta el momento.

Se trata de un programa de seis horas de duración, por el cual desfilaban las figuras más destacas de la escena argentina y del mundo. Al mando estaba un hombre llamado Nicolás Mancera, apodo cariñosamente con el alias de Pipo.

De inmediato se convirtió en un verdadero éxito de público, tanto presente en el estudio desde las tribunas, como a través de las pantallas de televisión de todos los hogares.

La idea había surgido durante un viaje que Mancera realizó a Francia, donde casualmente vio en la televisión el llamado “Show de Ives Montand”, un programa “ómnibus”, clasificado así por su extensa duración en vivo.

El producto le pareció brillante, y decidió importarlo a la Argentina, consiguiendo el apoyo de los directivos de Canal 9.

Aquella innovación en la televisión de la década del sesenta significó un cambio radical, ya que logró marcar un antes y un después en los tiempos televisivos.

Pero antes de aquello, Pipo Mancera, que había nacido en Buenos Aires el 20 de diciembre de 1929, se desempeñaba como locutor y periodista, conduciendo programas como “Pantalla gigante”, dedicado al cine, musicales como “La noche”, e incluso tuvo la oportunidad de darse el gusto de actuar en distintas películas, tales como “El crack” y la recordada “Bicho raro” junto a Luis Sandrini.

A la par trabajaba como periodista en el diario argentino La Razón, donde publicaba asiduamente sus columnas, y en la revista “Tiempo de Cine”, mientras que al mismo tiempo conducía diversos ciclos radiales, tanto en Argentina como en el vecino país de Uruguay.

No obstante, uno de los máximos hitos en la carrera de Macera es sin dudas su gran creación de aquel programa “ómnibus” que reunía a toda la familia frente al televisor. Algunos incluso se mantenían ansiosos durante la semana, a la espera de los “Sábados Circulares”.

Durante seis horas de duración en vivo, el televidente podía llegar a ver todo tipo de cosas, entre las que no faltaba el entretenimiento, los reportajes exclusivos y la música.

Las más importantes figuras de la Argentina y del mundo desfilaron por el escenario de “Sábados Circulares”, y fueron entrevistados por Pipo Mancera. A modo de ejemplo podemos nombrar a Marcello Mastroianni, Alain Delon, Sophia Loren, Pelé, Sean Connery y Tom Jones, entre otros. Incluso Mancera fue el primer periodista que entrevistó a Diego Armando Maradona en el año 1971, cuando el Dios del Futbol sólo tenía diez años.

En lo musical, “Sábados Circulares” fue el especio elegido para el debut televisivo de importantes cantantes nacionales, entre los que se inscriben Palito Ortega, Sergio Denis, Leonardo Favio y Sandro con Los de Fuego.

Pero también había lugar para las figuras ya consagradas de la talla de Serrat, Raphael, Libertad Lamarque, Tita Merello, Aníbal Troilo, Atahualpa Yupanqui, y todos los jóvenes talentos del “Club del Clan”.

En aquella década, Pipo Mancera se convirtió en el dueño de la televisión, ya que su ciclo despertó el interés de todo el público, logrando un nivel de televidentes récord para la TV argentina. Mostrando su faceta de verdadero showman, Mancera participaba activamente de todo lo que sucedía en su programa, incluso de las pruebas de escapismo, las domas de leones, y fue el creador de las primeras cámaras sorpresa de la televisión nacional.

En una oportunidad, el periodista y conductor ofreció una entrevista en la que aseguró: “Me gusta todo lo que hice. Era una profesión. Una profesión que me permitió domar leones, pero también ser amigo de Delon o Charles Aznavour”.

Luego de más de una década de éxito, el 11 de noviembre de 1974 Mancera decidió dar por finalizado su ciclo, y de forma abrupta se exilió en Francia. Regresó al país cuatro años después con una nueva propuesta televisiva que no alcanzó el éxito esperado.

La década de los ochenta lo sorprendía con la muerte de su primera mujer, lo que le produjo una gran depresión que lo mantuvo alejado por años de la actividad artística.

Los años pasaron y la televisión cambió radicalmente, dejando fuera la posibilidad de un lugar para quien había logrado revolucionar el medio televisivo en la década del sesenta.

El 29 de agosto de 2011, lo sorprendió la muerte, cuando descansaba en su casa y fue víctima de un paro cardiaco. Había logrado vivir 81 plenos años.

Biografia de Enrique Santos Discepolo el Filosofo del Tango

Biografia de Enrique Santos Discépolo – Obra Artistica

Enrique Santos Discepolo:
El tango y su tristeza

Biografia de Enrique Santos Discepolo Historia del TangoSin lugar a dudas, uno de los más grandes poetas que han surgido en el país a través del universo del tango ha sido Enrique Santos Discépolo, quien a través de un estilo original en el que se entremezclan sensaciones, pasiones y el ritmo orillero propio de la música ciudadana logró plasmar la idiosincrasia de los argentinos y su visión de este frágil mundo fugaz y muchas veces injusto.

El poeta logró expresar de manera sencilla y directa la dualidad del hombre, sus desventuras, y el universo global que lo rodea y en oportunidades los asfixia, sin alejarse de la línea armónica que requieren los versos para ser parte de una composición musical que también gustara al público.

No en vano, en infinidad de ocasiones diversos escritores provenientes de las corrientes del pensamiento han considerado a Discépolo como un verdadero filósofo de su época, ya que supo resumir en sus poemas ideas básicas y a la vez grandiosas del fugaz paso del hombre por esta vida.

Y es precisamente en esta característica en la que Discépolo logró diferenciarse del resto del los creadores populares del mundo del tango, debido a que su obra siempre continúo una línea única, que condujo al surgimiento de lo que podría ser considerado un nuevo género de composición basado en el espíritu discepoliano.

Este estilo único es indudablemente reconocido de forma inmediata por todos, quienes observamos con admiración y cariño su obra, que no en vano es considerada como profética, siendo por supuesto un conjunto de composición que jamás perderán vigencia, porque en definitiva hablan del hombre y de su condición.

El polémico «Discepolín» nació un 27 de marzo de 1901 bajo el nombre Enrique Santos Discépolo Deluchi en el barrio porteño de Balvanera, en medio de una familia de clase media que gustaba del arte y sobre todo de la música.

Su padre, llamado Santo y de origen napolitano, era un destacado músico que había decidido trasladarse y establecerse en Buenos Aires con el fin de mejorar la situación económica de su incipiente familia, y así fue que lo hizo, junto con su mujer Luisa Deluchi.

Muchos historiadores aseguran que fue su progenitor quien funcionó como punto de partida para que el pequeño Discépolo optara por continuar el camino de la música.

Sin embargo, gran parte de las opiniones coinciden en señalar a su hermano Armando, varios años mayor que él, como la influencia más importante que tuvo en su vida, en lo que se refiere al despertar de su vocación como poeta.

Enrique Santos Discépolo tuvo el infortunio de experimentar una infancia triste, que lo enfrentó a la muerte de sus padres cuando aún era muy pequeño, pero que afortunadamente encontró la contención y el cariño paternal en la figura de su hermano mayor.

En este sentido, el poeta expresó en una oportunidad: «Tuve una infancia triste. No hallé atractivo en jugar a la bolita o a cualquiera de los demás juegos infantiles. Vivía aislado y taciturno. Por desgracia no era sin motivo. A los cinco años quedé huérfano de padre, y antes de cumplir los nueve perdí también a mi madre. Entonces mi timidez se volvió miedo, y mi tristeza desventura».

A pesar de que con los años se convertiría en un destacado hombre de letras, Enrique Santos no poseía en su haber una educación formal, ya que poco después de iniciar sus estudios secundarios en la Escuela Normal Superior «Mariano Acosta», ubicada en el barrio porteño de Once, decidió abandonarlos para dedicarse por completo al teatro, luego de que su hermano Armando lo influyera notablemente para desarrollar dicha vocación.

Así fue que el joven Enrique Santos dio sus primeros pasos en el escenario teatral, debutando como actor en 1917, con sólo 16 años de edad, en la obra «El chueco Pintos», un sainete que había sido compuesto por su hermano en colaboración con Rafael José De Rosa, producido por la compañía de Roberto Casaux. Luego llegaría su primer papel protagónico en la obra «Mateo», también compuesta por su hermano Armando.

Paralelamente, Enrique Santos ya había comenzado a incursionar en la escritura, produciendo sus primeras obras de teatro en 1918, con títulos tales como «El señor cura», «El hombre solo» y «Día feriado», éste último se convirtió en un verdadero éxito, cuando fue estrenado por la compañía de Blanca Podestá en 1920.

A medida que pasaban los años, Discepolín mejoraba notablemente su estilística, y cada vez más se acercaba a lo que se convertiría su mayor fuente de inspiración: el tango.

Fue así que en el año 1924 estrenó en la ciudad uruguaya de Montevideo su primera letra compuesta para el 2×4, titulada «Bizcochito», la cual había sido compuesta a pedido del prestigioso dramaturgo Saldías.

Sin embargo, la figura de Discépolo no logró brillar con aquella composición, que muchos catalogan de insípida, y que por fortuna fue inmediatamente olvidada tras su segunda composición, el destacado y revolucionario tango «Qué vachaché», compuesto en 1925, con el cual el poeta se iniciaba en una producción literaria contestataria, que lograba describir con crudeza y realidad la situación social que se reconcentraba atravesando la Argentina de aquella época.

Muchos expertos tangófilos aseguran que la línea compositiva que Enrique Santos inició con «Que Vachache», maduró la idea en «Yira… yira», se prolongó en tango tales como «Qué sapa, señor» y evolucionó hasta llegar al famoso «Cambalache» en 1935.

No es de extrañar entonces que Discépolo sea considerado por muchos como un verdadero crítico de la realidad social, lo que lo convierte en muchas oportunidades en un completo filósofo de su tiempo, brindando al universo del tango composiciones memorables, que por lo general han sido señaladas de proféticas.

Entre sus composiciones destacadas no podemos olvidar mencionar letras de tango tales como «Malevaje», «Sueño de juventud», «Chorra», «Soy un arlequín», «Confesión», «Uno», «Cafetín de Buenos Aires», «Esta noche me emborracho», «Sin Palabras», «Tormenta», entre otras.

Quizás la mejor manera de describir su obra poética es a través de sus propias palabras, cuando en una oportunidad Discepolín manifestó: «Una canción es un pedazo de mi vida, un traje que anda buscando un cuerpo que le ande bien. Cuantos más cuerpos existan para ese traje, mayor será el éxito de la canción, porque si la cantan todos es señal de que todos la viven, la sienten, les queda bien».

La muerte llegó a la vida de Discépolo un día antes de la Navidad del año 1951, quizás de sorpresa, aunque para él y para muchos que lo acompañaron junto a su lecho había sido en realidad una muerte anunciada.

Las certezas en cuanto a las causas de su fallecimiento aún hoy son desconocidas, rodeadas de noticias confusas y difusas, aunque la mayoría de los investigadores coinciden en señalar que Enrique Santos murió de tristeza.

Esa desolación y esa tristeza que se hizo presente en la mayor parte de su producción poética, fue la que finalmente se adueñó de su alma, y nos arrebató para siempre su arte.

No en vano, Discepolín había mencionado días antes de su muerte, “La tristeza es el corazón que piensa”, definiendo quizás su paso por este mundo.

En la radio, donde este charlista brillante tuvo un medio a su medida, Discépolo develó algunas intimidades de sus procesos creativos: «Mis canciones nacen así: voy caminando por Corrientes y se me aparece un tango en el oído. Primero se me ocurre la letra, es decir, el asunto. El tema me empieza a dar vueltas en la cabeza durante varios días. Hasta que de pronto estoy sentado en la mesa de un café, leyendo en mi casa o caminando por la calle y empieza a zumbarme en el oído la música que corresponde a ese estado de espíritu, a esa situación de tango. Y aquí se me presenta la tragedia porque yo no sé música (…) Corro a buscar un amigo que me lo escriba. Muchas veces, no lo encuentro enseguida. Y aquí empieza la desesperación para que esas notas, esas notas que de repente se me han presentado, no se me vayan.» Por cierto, algunos de grandes clásicos del tango llevan letra de Discépolo y música de otros compositores. En la década del 40, logró con Mariano Mores la química esencial que hizo posibles Cafetín de Buenos Aires, Sin palabras y, sobre todo. Uno: según cuenta Mores, una vez que Enrique tuvo la música en sus manos demoró nada menos que tres años en escribir la letra. Valió la espera.

Fuente Consultada: Para Planeta Sedna Graciela Marker

La Transformación del Tango-Vanguardia y Nuevos Interpretes

Historia del Tango: Vanguardia, Evolución y Actualidad 

Lo que sucedió en el mundo del Tango a partir del comienzo de la década del 60 ha sido por varios años y en diversas oportunidades tema de interminables análisis a manos de los conocedores más expertos del género. 

Después de vivir una época deslumbrante, como lo fue el furor que despertó el Tango durante los 40, y luego de su implacable olvido y decadencia en los años 50, esta manifestación artística experimentó una transformación significativa, que la condujo a la evolución del género de la mano de los más destacados representantes de la corriente. 

Llegaba junto con la década de los 60 un movimiento arrollador con aires de renovación para el Tango, corriente que ha sido denominada «La Vanguardia«, y que fue emprendida por un importante número de músicos independientes, conjuntos y cantores, que intentaron generar una evolución musical del estilo, alejándose para ello de los componentes que pertenecían al Tango clásico de años anteriores.

La transición no sólo incluyó un modo diferente de ver las cosas, intentando descubrir nuevas temáticas y sonoridades a través del cambio en la instrumentación y arreglos de los nuevos y tradicionales temas, sino que también incluyó la incorporación de mayor cantidad de instrumentos.

En la búsqueda permanente de este cambio, existieron una serie de músicos que a través de sus conocimiento y experiencias intentaron cambiar el rumbo de las cosas, entre los que podemos mencionar a Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y Mariano Mores, entre otros.

mariano mores

Mariano Mores

Pero sin lugar a dudas, siempre que se plantea la discusión que gira en torno a los cambios producidos en el Tango a partir de los años 60, surge el nombre de un interprete y compositor que supo llevar al género hasta sus máximos límites. Hablamos, por supuesto de Astor Piazzola. (imagen abajo)

piazolla

Seguramente podemos rastrear aquella necesidad que nació en Piazzolla por cambiar y hacer evolucionar al Tango, ya en los años 40, cuando muy joven aún ingresó a la orquesta de Aníbal Troilo, no sólo como bandoneonista sino también como arreglador. 

troillo

Con una fuerte instrucción en el ámbito de la música clásica, Piazzolla inició lo que podría considerarse un camino sin retorno en la evolución del Tango, mediante la incorporación de verdaderas innovaciones en cuanto al timbre, el ritmo y la armonía del género. 

De esta forma, la figura de Piazzolla se convirtió en centro de las críticas de aquellos músicos pertenecientes a la corriente de la llamada Guardia Vieja del Tango, que no podían tolerar la transformación radical que el músico le impuso a al género, a través de la introducción de disonancias y ritmos marcados y fuertes.

Por su labor, muchos consideraron a Piazzolla como el artífice de la muerte definitiva del Tango, cuando en realidad se trató de un verdadero visionario que dio paso a una nueva generación de interpretes y compositores que mantuvieron viva a la música de Buenos Aires.

A Piazzolla no le importó que un principio su música fuera repudiada, ya que no sólo era atacado constantemente por un sector tradicionalista, que arremetía contra su figura con duras críticas, sino que además sus interpretaciones no se difundía en las las radios y las compañías discográficas no se atrevían a publicar discos del compositor. 

Pero finalmente, Astor Piazzolla logró su cometido, cuando el año 1969 compuso, en un trabajo conjunto con el poeta uruguayo Horacio Ferrer, el primer tango balada, que llevó por título «Balada para un loco», y que luego del estreno de la versión interpretada por la cancionista Amelia Baltar, produjo un éxito arrollador, dando inicio de esta forma al renacimiento del género.

Cabe destacar que para aquella época surgieron a la par importantes compositores e interpretes que supieron darle un nuevo rumbo al Tango, entre los que no podemos dejar de mencionar a figuras de la talla de Eladia Blázquez, el Sexteto Tango, Osvaldo Berlingieri, Ernesto Baffa, Susana Rinaldi, Atilio Stampone y Rodolfo Mederos, entre otros.

susana rinaldi

Susana Rinaldi

Con los años, la escena cultural argentina se modificó drásticamente, y debido a diversos procesos políticos que se vivieron en la década del 70 y del 80, la sociedad sufrió el desapego a las expresiones culturales propias.

Ya en los albores de la década de 1980, nuestro querido Tango volvió a enfrentarse a un nuevo período de decadencia, mucho más profundo que el que se había experimentado en los años 50.

Esto se debió al desinterés que el público comenzó a expresar con respecto al género y sus manifestaciones, lo que condujo al mismo tiempo a la desaparición de las llamadas Orquestas Típicas. 

Si bien una gran cantidad de músicos continuaron su lucha, manteniendo su carrera artística hasta sus últimos días, lo cierto es que en la década de los 80 el país debió sobrellevar el fallecimiento de un importante números de artistas relacionados al Tango, entre los que se incluye la desaparición física de músicos como Hugo del Carril, Edmundo Rivero, Osvaldo Fresedo, Rosita Quiroga, Alberto Marino y Homero Expósito, entre otros.

edmundo rivero

Sin embargo, no todo estaba perdido. Fue durante la década del 90 en que se generó un nuevo movimiento cultural en torno al Tango, y que gracias a la aparición de nuevos compositores e interpretes, tales como Bajofondo Tango Club, Idealtango, Gotan Project y Tanghetto, entre otros, lograron captar la atención de la juventud. 

Así fue que cada vez mayor cantidad de jóvenes se volcaron a disfrutar de este estilo acompasado, por lo general a través del baile, ya que el Tango Danza se convirtió en una nueva moda, que por fortuna se mantiene hasta la actualidad. 

Con la inminente llegada del nuevo siglo, aparecieron en escena nuevas corrientes musicales que se fusionaron con el Tango, dando lugar al nacimiento de variantes tales como el Tango Electrónico o Electrotango, cautivando cada vez más a la juventud. 

El paso de los años y la subsistencia del género en la idiosincrasia y cultura de los habitantes rioplatenses, demuestra que el Tango nunca ha muerto, ya que siempre estuvo presente generando una pasión única y luchando contra las piedras que halló en su camino, para demostrar que existen diferentes maneras de hacer Tango, pero que en definitiva todas son válidas, porque nos permiten volver a nuestras raíces.

Ver: El Tango Evolucion y Origen 

Epoca de Oro del Tango Argentino Grandes Representantes

La Época de Oro del Tango Argentino y Sus Grandes Figuras

Si bien los años que van desde 1940 a 1950 son considerados como la época de Oro del Tango, lo cierto es que para llegar a la evolución de la corriente musical que reflejó la idiosincrasia de nuestra ciudad, hizo falta que se produjeran con anterioridad algunos hechos y que surgieran nuevos poetas y compositores que permitieron que el cambio fuera posible. 

Uno de los primeros puntos de inflexión para lograr aquella llamada época de máximo esplendor del Tango encuentra sus orígenes en el personaje de Carlos Gardel, ya que tengamos en cuenta que tanto su obra discográfica como su participación en la cinematografía mundial tuvo lugar durante los años 1930 y 1935, siendo estas películas claras representaciones de una manifestación artística que comenzaba a ganar adeptos en todo el mundo.

CArlos gardel

Carlos gardel

Durante ese mismo período surgen en el escenario tanguero importantes figuras, destacándose los cantores populares solistas, entre los que no podemos dejar de mencionar a Agustín Magaldi, Ignacio Corsini, Charlo, Hugo del Carril, Angel Vargas, Carlos Dante, Francisco Fiorentino, y tantos otros que elevaron la figura del cantor de tangos a su máximo podio.

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Agustín Magaldi

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Hugo del Carril

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Francisco Fiorentino

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Angel Vargas

Lo mismo sucedía con las mujeres que comenzaban a transformarse en figuras relevantes del ambiente tanguero, como fue el caso de las cancionistas Rosita Quiroga, Mercedes Simone, Azucena Maizani, Nelly Omar, Ada Falcón y por supuesto Tita Merello.

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Tita Merello

El séptimo arte reflejaba esta transformación, con películas como «Tango», que es considerado el primer largometraje sonoro de la Argentina, en la que hace su aparición una joven promesa del género: Tita de Buenos Aires

Asimismo, el cine y el teatro comenzaba a mostrar no sólo la tendencia de la música, sino también el baile que acompañaba el acompasado ritmo del Tango, con figuras memorables como el gran bailarín y actor Tito Lusiardo.

troillo anibal bandoñon

Ya a mediados de la década del 30, se iniciaban importantes orquestas que llegarían a ser la representación más gloriosa de la época de oro del Tango, como es el caso de la agrupación dirigida por Juan D’Arienzo a fines de 1934, Aníbal Troilo en el ’37, el sexteto encabezado por el maestro Carlos Di Sarli en el ’31, y los que continuaban con su labor iniciada en los años 20, como Francisco Canaro, Julio De Caro, Osvaldo Fresedo, Roberto Firpo, Ricardo Tanturi, Francisco Lomuto, Edgardo Donato, y una larga lista de Orquestas Típicas. 

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Carlos Di Sarl

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Juan D’Arienzo

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Francisco Canaro

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Julio De Caro

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Osvaldo Fresedo

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Roberto Firpo

En las radios surgían los ciclos dedicados al Tango, mientras que en los barrios se recibía durante los sábados la visita de alguna de las orquestas de moda que brindarían su actuación en el club principal de la zona. 

Por otra parte, la mayoría de los expertos y los amantes del Tango coinciden en asegurar que las mejores grabaciones registradas de este género, tuvieron lugar durante los años 1935 a 1939.

La década del 30 suscitó los cambios, de la mano de poetas tales como Enrique Santos Discépolo, considerado en varias oportunidades como el “gran cronista social del tango”, debido a que sus composiciones demostraban ser un fiel reflejo de la crisis de la época, y convivir en una lírica directa que supo expresar magistralmente las bajezas, desventuras y pesares del hombre.

Podríamos asegurar aquí que uno de los momentos que marcaron el final de una época y el nacimiento del período de oro del Tango fue no sólo su evolución compositiva e interpretativa, sino también la desafortunada y repentina noticia de la muerte de Carlos Gardel en el año 1935.

Sin dudas, aquella fue una noticia que sacudió por completo al mundo tanguero, traspasando las esferas de dicho universo, y llegando a afectar a todos los ciudadanos argentinos, como así también a los millones de seguidores que el Zorzal supo ganarse con su talento y carisma a lo largo y ancho del mundo. 

A partir de allí, y debido también a la crisis social y económica que se vivía en el mundo entero para esos años, el Tango parecía perder terreno, cuando en realidad se preparaba para arremeter con todas sus fuerzas en el escenario cultural, logrando alcanzar un esplendor sin límites que le darían la gloria absoluta. 

Se iniciaba la década del 40, época de la que muchos recuerdan que Buenos Aires se convirtió en la ciudad que no dormía, reflejando en el Tango la personalidad de la identidad porteña, y llevando a esta manifestación artística al nivel de fenómeno social y cultural inigualable.

Fue en esos años en que el Tango logró alcanzar su mayor calidad tanto compositiva como interpretativa, de la mano de destacadas figuras, que dieron el impulso necesario para que la difusión de este género logrará convertirse en sinónimo de Buenos Aires. 

Los habitantes de la urbe se agolpaban en las puertas de accesos de los clubes para ver tocar en vivo a sus orquestas favoritas, mientras se deslizaban por la pista de baile girando en contra de las agujas del reloj siguiendo el devenir sentimental de ese acompasado y pasional ritmo. 

Según las investigaciones de diversos expertos, en la década de los 40 llegaron a convivir alrededor de 200 orquestas de Tango, que debían competir con su talento y calidad para cautivar a la mayor parte de seguidores posibles, con el fin de asegurarse un lugar privilegiado en el universo tanguero.

En los clubes se disputaban el éxito orquestas dirigidas por extraordinarios músicos, como Juan D’Arienzo, Carlos Di Sarli, Aníbal Troilo, entre otros, mientras la radio difundía incansablemente esta expresión con la emisión de ciclos dedicados al género y sus representantes.

El mejor ejemplo de ello es sin lugar a dudas el programa radial «El Glostora Tango Club» por Radio El Mundo, que logró convertirse en una de las audiciones más escuchadas, y cuyos oyentes disfrutaban de las actuaciones en vivo de la Orquesta de Alfredo De Angelis, acompañada por sus cantores Carlos Dante y Julio Martel

Fue precisamente en la época dorada del Tango, cuando toda la manifestación artística que reunía este género musical logró instalarse en todos los rincones de la ciudad, llegando incluso a los más prestigiosos y lujosos locales nocturnos, y a los teatros más destacados como el Maipo, el Politeama y el Blanca Podestá, entre otros. 

Esta época dorada también marco un período de esplendor para la industria discográfica nacional, que en aquel momento se encontraba liderada por los sellos Odeon y Víctor, ya que se estima que por lo general se lanzaban más de tres nuevos discos por día, logrando un nivel de grabaciones récord. 

Fue la época en que, como afirman muchos, el Tango podía escucharse en todas las esquinas de la ciudad, y su pasión podía respirarse en cada uno de los rincones de Buenos Aires.

Santos Discépolo, destacado  hombre del tango argentino

PARA profundizar en la filosofía del habitante de Buenos Aires de esas dos décadas que van desde 1930 a 1950 es imprescindible abrevar en la espléndida conjunción poética y dramática que trasunta toda la obra de Enrique Santos Discépolo.

El tiempo —constante y sustento de la poesía discepoliana— no ha mellado el lenguaje de sus 27 tangos; por el contrario, les confiere más fuerza y, también, inusitada, vigencia.

Es que la muerte de Discépolo —ocurrida el 23 de diciembre de 1951— ha quedado superada por toda su emoción creadora. Cuarto de los 5 hijos del matrimonio formado por los italianos Santos Discépolo y Luisa Deluchi.

Enrique Santos nació el 27 de marzo de 1901 en una vieja casona de la calle Paso, en pleno Once, barrio generoso en almacenes y cafetines que alimentaron su fantasía de chiquilín.

La muerte de sus padres, cuando aún no había cumplido los 9 años, agudizó su espíritu introvertido y sus inquietudes de observador; aprender el único sinsabor a partir de 1928, dio, desde ese entonces, a enfocar la vida de otro modo, a mirar por otras ventanas el panorama de la humanidad, con otra óptica las miserias cotidianas.

Con «¿Qué vachaché?» —su primer tango— experimentó de su carrera como letrista, pues, cuando Azucena Maizani le estrenó «Esta noche me emborracho-» el público no dejó de celebrar cada una de sus creaciones.

Porque en el universo de los temas discepolianos el porteño encontró, la manera de expresar sus sentimientos: se indigna con «Cambalache», «¿Qué sapa, señor?» o «Yira, yira»; o ironiza o marca flaquezas. Si bien, de tanto en tanto, la televisión nos permite apreciar algún viejo largometraje ideado, actuado o dirigido por Discépolo, nada mejor que recorrer Buenos Aires y bucear en sus tipos y costumbres para entender a ese hombre pequeño, de cuerpo endeble, pero de enorme humanidad, que traspasó los umbrales del tiempo una víspera de Navidad.

La Evolucion del Tango Instrumentos y la Orquesta Tipica

La Evolucion del Tango Instrumentos y la Orquesta Tipica

Al igual que durante los inicios de esta inconfundible manifestación artística, que se vio plasmada a través de los cambios que se produjeron en la Ciudad de Buenos Aires con la llegada de los inmigrantes a estas tierras, la posterior evolución que vivió el Tango durante los años que van desde principios del siglo XX hasta la década de 1930, estuvo íntimamente ligada al explosivo crecimiento de la urbe porteña.

Fue precisamente durante los primeros treinta años del siglo XX cuando Buenos Aires comenzó a transformarse en uno de los más importantes centros urbanos, no sólo considerado así dentro del territorio argentino, sino también a nivel mundial.

La fisonomía de la ciudad se vio transformada, dando lugar a la aparición de locales comerciales donde se vivía y se sentía la atmósfera creada por el Tango.

Ejemplo de ello es sin dudas el crecimiento imparable que tuvo la calle Corrientes, que comenzó rápidamente a poblarse de cines, salas de teatros, cafés y demás, donde se reunían los poetas, compositores y músicos que impulsaran al Tango y con ello lograran impregnar a Buenos Aires con su identidad porteña.

En este contexto, el bandoneón se convirtió en uno de los instrumentos principales dentro de las incipientes orquestas que comenzaron a ejecutar el 2×4 fuera del prostíbulo, y llevaron su música de manera lenta y gradual más allá de las fronteras de la noche y el vicio.

Lentamente, el Tango fue dejando su estructura de dos por cuatro, caracterizada por un ritmo ágil, rápido, movido y alegre, y con la inclusión del bandoneón pasó a entonar las notas melodiosas y melancólicas del cuatro por ocho.

Estos cambios requirieron a músicos que conocieran la técnica de la interpretación musical, por lo que comenzaron a surgir interpretes que poseían conocimientos musicales, haciendo posible que el Tango se convirtiera en una corriente musical tangible, con la publicación de partituras.

evolucion tango orquesta tipica

Se denomina como orquesta típica o típica en Latinoamérica a la formación musical dedicada a la interpretación de música popular de una región. El término se usa para designar agrupaciones de tamaño medio (de 8 a 12 músicos).En Argentina este termino quedóa ligado al Tango.

A pesar de la lucha que mantuvo constantemente esta expresión musical, con el fin de lograr convertirse en el arte que representará a la masa popular porteña, lo cierto es que durante los primeros años del siglo XX el Tango fue rechazado y repudiado por sociedad.

Tengamos en cuenta que debido a sus orígenes amorales, sus letras muchas veces atrevidas y su baile sensual y en muchos casos obsceno, el Tango fue prohibido y quedó excluido durante algún tiempo de las reuniones que tenían lugar en las casas de «gente bien». 

Gracias a la incipiente clase media, que comenzó a consumir esta atractiva música, como así también a la difusión y éxito que logró el género fuera de las fronteras del país, sobre todo en Europa, finalmente el Tango logró consolidarse como la verdadera música ciudadana, y alcanzó un lugar de privilegio en sitios que jamás hubiera imaginado.

Fue precisamente en el año 1917 cuando se hizo presente el tema titulado “Mi noche triste”, también conocido como «Lita», compuesto por Samuel Castriota, con letra de Pascual Contursi, el cual fue considerado como el primer tango canción, definiendo de esta forma al género.

Carlos gardel

Con esta composición, el Tango pasó de ser una música cuyo estilo se caracterizaba por sus letras pícaras y atrevidas, para convertirse en un medio de expresión en el que se priorizaba la melancolía, el sentimiento descarnado, la dualidad del hombre y la finitud de la vida, temas universales que fueron plasmados a la perfección por un sinfín de poetas dedicados al Tango. 

Con la grabación de dicho Tango realizada por Carlos Gardel junto al guitarrista José Ricardo en el año 1917 para el sello Odeón, se inició el furor por la música ciudadana, que a partir de allí representaría a los argentinos hasta la actualidad. 

Los cambios y la aceptación de la gente dieron lugar a nuevas transformaciones en la conformación de los conjuntos musicales que interpretaban los tangos más populares de la época.

De esta manera, al igual que sucediera con el bandoneón, el piano se convirtió en uno de los instrumentos indispensables de las agrupaciones, forjando así el nacimiento de la llamada Orquesta Típica. 

En sus orígenes el tango se ejecutaba con guitarras, flauta y violín, y más tarde, el bandoneón sustituiría a la flauta, retomada un siglo después por Astor Piazzolla en su octeto y su noneto de tango.

La mayoría de estas orquestas estaban compuestas por alrededor de diez músicos, que ejecutaban magistralmente las notas impuestas por las partituras.

Para ello, se utilizaban bandoneones, piano, violines, contrabajo, y en algunas ocasiones se incluían guitarras, violas, violonchelo y clarinete. 

Gracias a su participación constante en el teatro, como en la musicalización en vivo de películas pertenecientes a la corriente del cine mudo, las Orquestas Típicas lograron obtener un lugar de privilegio en la sociedad, que cada vez consumía con mayor entusiasmo este fenómeno cultural.

De esta forma, fueron lentamente incorporándose los cantantes, primero como estribillistas que acompañaban a las orquestas, interpretando sólo los estribillos de las letras, y luego llegando a ser cantores populares que muchas veces alcanzaron mayor fama que la de las propias agrupaciones.

Mientras tanto, existía un rubro paralelo, el llamado cantor del pueblo, que interpretaba las letras de los Tangos acompañado sólo de guitarras.

Ese fue precisamente el caso de Carlos Gardel, que como muchos se inició en la música a través de sus interpretaciones de canciones criollas, que luego lo hicieron devenir en cantor de tango.

El período que abarca las décadas de 1920 a 1940 es conocido como la era de la «Guardia Nueva«, que se caracterizó por introducir notables cambios en las composiciones melódicas, la poética y la interpretación de los temas populares. 

Signada por la participación de músicos profesionales de significativa calidad y capacidad musical, la Guardia Nueva dio lugar al nacimiento de un tango estructura, poético, cadencioso y de compás firme, aspectos que quedan evidentes en las composiciones y ejecuciones realizadas por músicos de la talla de Julio De Caro, Francisco Canaro, Alfredo Gobbi, Rodolfo Biagi, Angel D’Agostino, Roberto Firpo, Juan Maglio Pacho, Osvaldo Fresedo y tantos otros.

Promediando la década del 20, el Tango comienza a originar un nuevo movimiento de composiciones, cada vez más profundas y de mayor calidad, con creaciones como “Quejas de bandoneón” de Juan de Dios Filiberto, “Flores negras” de Francisco Canaro, “Tierra querida” de Julio De Caro, entre otras. 

Junto con esta transformación, el Tango alcanza el estallido de popularidad necesario para ingresar en los ámbitos de todas las clases sociales argentinas, y lentamente convertirse en la manifestación artística de moda, que en principio lograría trascender como filosofía porteña a través de las letras surgidas de la inspiración de Enrique Santos Discépolo, para alcanzar su mayor momento de gloria en la década del 40.

Tenía  cara de clown (payaso) y ojos bondadosos y tristes.  La tristeza le nació a los 5 años, cuando tuvo que salir a la calle con un organito y una cotorrita a ganarse el sustento. Se le ahondó leyendo a Nietzsche y Schopenhauer y tomó carta de amargura en sus oficios de estibador, calderero y ajustador mecánico en los talleres de Vasena.

Desde temprano se hizo bohemio. Pero en vez de tomar para el lado del ajenjo, como Verlaine, se dejó arrastrar por la música. A los 9 años, un tío lo llevó con su organito a Lobos y lo hizo tocar en el patio de la pulpería donde la partida mató a Moreira. En ese viaje lo impresionó el viento en los árboles y el murmullo de la naturaleza. El primer instrumento sin manija que tuvo, fue una guitarra robada y en ella ensayó su primera obra, que compuso silbando.

Era cuando tocar un tango significaba tanto como decir una mala palabra. Pero Filiberto le puso a su música su impresión infantil del campo y un poco no más de aquel matiz de barrio turbio que le había oído deshilvanar a Ángel Villoldo en una armónica acoplada a una guitarra. A Carlos Ibarguren se le dio por escribir que «el tango ha estragado nuestra música»; Juan de Dios lo leyó y quiso demostrar que no era cierto. Para ello escribió «Caminito», un tango suave y dulzón, casi una canción de cuna, en el que puso un quejido liviano y un llanto avergonzado donde otros ponían una puñalada. Lo estrenó un lunes de Carnaval y se lo silbaron toda la semana. Después, por su porte decente, entró en las salas donde las chicas tocaban el piano y llegó, hasta la Facultad de Derecho con una orquesta de 50 profesores. Filiberto murió a los 80 años, en 1964, en la Boca, donde siempre estuvo, en una casa de frente lleno de colores… Como su música.

Origenes del Tango en Argentina La Milonga

Historia del Tango: Los Orígenes del Fenómeno 

A lo largo de la historia del Tango, los especialistas que se han dedicado a estudiar los sucesos que dieron origen al nacimiento de este fenómeno siempre han coincidido en señalar como fecha promedio de su inicio la década de 1880, y si bien prácticamente no ha quedado registros que corroboren aquellas primeras manifestaciones del Tango, lo cierto es que fue a finales del siglo XIX cuando surgieron los pioneros de esta corriente.

Para lograr comprender el origen de nuestra música ciudadana es necesario situarnos en medio de los acontecimientos que se sucedieron en esa época, cuando Buenos Aires era conocida también como la Gran Aldea, a la que confluían millones de inmigrantes provenientes de lejanas tierras como África, América Central y sobre todo Europa. Las familias llegan a nuestro país con el fin de sobrevivir a la pobreza que se diseminaba en otros territorios, siendo la Argentina aquella tierra prometida, donde las ambiciones encontraban el cobijo necesario para muchas veces convertir una utopía en realidad. Aquellos inmigrantes se instalaban en distintos conventillos rioplatenses dándole una nueva fisonomía y cultura a la ciudad a orillas del Río de la Plata, que forjarían finalmente la sociedad argentina resultante, luego de la conjunción de un verdadero crisol de razas.

Durante el día, los inmigrantes trabajaban duro para llevar el pan a sus hogares y lograr mejorar poco a poco la economía de sus familias, con el fin de darles un futuro mejor a sus hijos. Mientras tanto, durante la noche y en los días festivos, buscaban incansablemente lugares donde poder divertirse y olvidarse por unos momentos del yugo cotidiano.

Así fue que los circos y casas de burlesque, ubicados en su mayoría en el puerto de Buenos Aires, se convirtieron en los sitios preferidos para la afluencia de un público masculino que buscaba diversión, y donde la música daba el marco ideal para actividades lícitas e ilícitas.

Cabe destacar que en aquella época aún no existía el disco, ni la radio, ni mucho menos la televisión, por lo que se solía interpretar música en vivo, de la mano de improvisados conjuntos, por lo general tríos compuestos por guitarra, violín y flauta, que sin saberlo comenzaron a darle forma a nuestro Tango. 

Los expertos aseguran que el Tango fue un género resultante de la combinación de diversos estilos musicales importados por los inmigrantes, como el candombe, la payada, la milonga, la habanera, la polca, el vals, la guajira flamenca y la cubana, el fandango, entre otros, los cuales poco a poco fueron fusionándose con otros ritmos de origen criollo.

El éxito de esta nueva manifestación musical fue inmediato, y así surgieron mayor cantidad de conjuntos, que incluso llegaron a ser pequeñas orquestas, en las que además de los instrumentos mencionados se habían sumado el arpa, el mandolín, la armónica, el acordeón, la trompeta, la corneta, e incluso instrumentos improvisados con objetos cotidianos, como un pedazo de papel o un peine.

Todo era válido para disfrutar de la nueva música que estaba surgiendo y que lentamente le estaba dando forma a lo que se convertiría en un verdadero fenómeno musical.

Durante aquel tango primitivo los interpretes y compositores no llegaron a convertirse en figuras emblemáticas de nuestra canción, y por lo general eran músicos que tocaban sus instrumentos de oído, expresando a través de ellos lo que sentían en el momento, por lo que se trataba de improvisaciones que luego de interpretadas caían en el olvido.

Fue recién entrado el siglo XX, cuando las composiciones comenzaron a ser registradas en precarias partituras, momento también en el cual llegó al Tango la melancolía del sonido del bandoneón, que fue importado a la Argentina desde Alemania. 

Esta música surgida en los sitios menos respetables, en medio de ambientes plagados de vicio y prostitución, fue originalmente una corriente musical instrumental, cuyo fin principal era amenizar las esperas de los hombres que formaban filas en la puerta de los prostíbulos.

Se dice que en una oportunidad, en una de estas interminables esperas, de la fila se apartaron dos hombres, que inspirados por la música se unieron para comenzar a realizar una serie de piruetas, que fueron aplaudidas por los presentes, y así sin saberlo dieron origen al baile propio de esta corriente musical.

El éxito de esta nueva expresión no tuvo precedentes, y así fue que las piruetas se convirtieron en pasos, que los hombres comenzaron a practicar entre ellos en las puertas de los burdeles y cantinas, y que posteriormente se traslado a las populares «academias», donde los hombres podían bailar con mujeres que en ocasiones brindaban otros servicios extras a sus clientes.

Con la música y la danza, el Tango avanzó a pasos acelerados y se convirtió en un fenómeno cuya manifestación traspasó los límites interpretativos, para convertirse en el origen de una nueva forma de comunicación y representar a los estereotipos propios de la ciudad.

Como dato interesante, cabe mencionar que se estima que el primer tango de difusión popular que ha podido ser documentado fue el llamado «El Queco», término que se utilizaba para referirse al prostíbulo. Este tango cuya composición demuestra las influencias de la canción andaluza, solía ser interpretado por aquellos conjuntos primitivos de la década del 80.

Con los años, y al llegar a los finales del siglo XIX, el Tango se fue impregnando de composiciones que comenzaban a mantener una melodía armónica y una cadencia que daría origen al definitivo estilo del 2×4, gracias al trabajo de hombres pioneros de esta corriente, como el ya mencionado Angel Villoldo, que siempre ha sido considerado por expertos y tangueros como el padre del Tango.

Fruto de su creatividad surgieron composiciones memorables, que lograron trascender las barreras del tiempo, con tangos como el “El choclo”, “El porteñito” y “La morocha”, que en la actualidad, después de más un siglo de su creación, siguen siendo interpretados y bailados como en aquellos primeros días.

 Acompáñenos, querido lector, a recorrer juntos la evolución que vivió esta manifestación artística surgida como medio de diversión nocturna, hasta convertirse en la expresión musical por antonomasia de la Argentina.

Carlos Gardel. la Voz que Expresó el Alma Porteña: La calle Corrientes, síntesis «de la ciudad, tenía desde antiguo un alma, pero le faltaba la voz que la expresara. Una voz entrañable que dijera la tertulia de muchachos de la esquina; la barra del café; el hombre que en la madrugada paladea su soledad; la pareja que busca en la estrella remota respuesta a sus afanes; el lento deshilacharse del tango —sangre de la ciudad entera ahora, corazón de suburbio antes—; el amor por las cosas simples de la vida.

Esa voz vino en Carlos Gardel. Cuando la dejó oír, amarga por sus años de pibe pobre, honda en la madurez del porteño conocedor de todas las pasiones urbanas, Buenos Aires lo colocó sobre sus hombros y lo llevó en andas como a un campeón. Más aún: como a un ídolo de ídolos.

Es que la ciudad sintió, que ese mozo, de sonrisa ancha y mano generosa, era su arquetipo y su mensajero. Llevando su mensaje cantó, ante príncipes y maharajaes, diplomáticos y mujeres hermosas. Admiró a París. Y le enseñó a llorar a los niños rubios y mecanizados de Nueva York. Hizo del tango, que hasta entonces calzaba alpargatas, se enroscaba al cuello un pañuelo de punta bordada y se expresaba en un argot realista y pintoresco, una canción que podía ponerse un smoking con la prestancia de un caballero.

Sin que la pechera almidonada le falseara su alma de malvón y su espíritu de luna que riela en un arroyo gris. Un día, como era un poco pájaro, le fallaron las alas y se fue del mundo, tras una pirueta trágica. La leyenda lo tiene en su regazo y el corazón sin olvidos del pueblo lo acuna para siempre. Por eso no interesa cuándo nació ni cómo era. Lo que importa es cómo cantaba. Cómo decía lo que la ciudad sentía, Y eso todos lo sabemos, Porque en sus canciones, tuvieran alma de suburbio o corazón dé campo, estábamos nosotros como la estrella más lejana está en la pulpa de la noche.