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Las Obras de Arte Mas Importantes de la Historia Pinturas

LAS 10 PINTURAS MAS IMPORTANTES DE LA HISTORIA

Obras de Arte Mas Importantes:

1-Obra: Las Meninas
2-Obra: La Gioconda
3-Obra: El Grito
4-Obra: Guernica
5-Obra: La Noche Estrellada
6-Obra: La Joven de la Perla
7-Obra: La Ronda de la Noche
8-Obra: Tarde de Domingo en la Isla de la Grande Jatte
9-Obra: La Persistente Memoria
10-Obra: El Nacimiento de Venus

►La teoría del arte:

La disciplina que se preocupa de definir teóricamente la belleza se denomina estética.

Cada época –como también cada creador o cada ser humano, en general– tiene unos valores estéticos propios, que son esenciales para comprender las directrices generales de las obras de arte.

Esos valores estéticos encierran contenidos muy variados, que van desde la preferencia por ciertas formas, colores, volúmenes o espacios hasta la adecuación a determinadas funciones o usos.

La belleza de un objeto concentra valores sensoriales, más o menos intuitivos, y valores intelectuales, gados a los anteriores; la síntesis de ambos produce una determinada emoción artística.

Cuando en arte hablamos de belleza nos estamos refiriendo a un proceso complejo de contemplación y reflexión.

Por lo tanto, la formulación que se hace de la belleza, ya sea, de modo general, en un período histórico, a sea en un pensador, artista, coleccionista o crítico concreto, cuyas ideas nos interesan para comprender las obras de arte, determina siempre la existencia de un modelo, que se toma como medida de juicio.

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10 obras de artes mas importantes de la historia

1-LAS MENINAS

Diego Velázquez, en 1656
Es la obra cumbre de la pintura española, y una de las pinturas más importantes del arte universal. Es probablemente el cuadro más comentado, discutido, analizado e imitado de la historia.

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10 obras de artes mas importantes de la historia

2-LA GIOCONDA

Leonardo Da Vinci, 1503 a 1519
La Mona Lisa recibe cada año a más de 6 millones de visitantes, pero sólo permanecen mirándola una media de 15 segundos.Existen muchas teorías sobre la identidad de la modelo y el significado de su enigmática sonrisa.

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10 obras de artes mas importantes de la historia

3-EL GRITO

Ervard Munch, en 1983
El Grito es uno de los íconos culturales del siglo XX, se la considera la más famosas del expresionismo.

Es en realidad el título de cuatro cuadros del noruego Edvard Munch (1863-1944), pero la más conocida es la que se halla en la Galería Nacional de Noruega. Esta versión ha sido víctima de un robo de proporciones mediáticas.

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4-GUERNICA

Pablo Picasso, en 1937
Guernica, cuadro pintado por Pablo Picasso en 1937, inspirado en el bombardeo del pueblo vasco de Guernica y Luno (Vizcaya) por la aviación alemana al servicio de Francisco Franco.

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5-LA NOCHE ESTRELLADA

Vicent Van Goht, 1889
Vincent van Gogh pintó su famosa obra “La noche estrellada” un año antes de su muerte, en junio de 1889. No sólo es una de las mayores obras del artista, también es una de las más importantes obras de arte en la historia de la pintura occidental.

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6-LA JOVEN DE LA PERLA

Johannes Vermeer, 1665
La joven de la perla, también conocida como Muchacha con turbante, es una de las obras maestras del pintor holandés Johannes Vermeer y, como el nombre implica, utiliza un pendiente de perla como punto focal.

La bella muchacha recorta su busto de perfil ante un oscuro fondo neutro, girando la cabeza en tres cuartos para dirigir su intensa mirada hacia el espectador.La pintura se encuentra en el Mauritshuis en La Haya.

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7-LA RONDA DE LA NOCHE

Rembrandt, 1642

Se puede afirmar que este es el cuadro más famoso, y probablemente el más importante de Rembrandt Van Rijn, uno de los pintores barrocos más relevantes de la historia del arte Universal.

Su nombre actual se debe al aspecto provocado por la suciedad y la oxidación del barniz, que hacía que se viera muy oscuro y que apenas se distinguieran las figuras.

Fue encargado a Rembrandt para decorar la sala principal de la sede de la Milicia Cívica de Ámsterdam que se encargaba de mantener el orden en la ciudad, que no fue del agrado de sus clientes, que no supieron apreciar la fuerza expresiva de la composición.

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8-TARDE DE DOMINGO EN LA ISLA DE LA GRANDE JATTE

Georges Seurat, 1884-1886

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte” es el cuadro más ambicioso de Georges Seurat y también la obra cumbre del puntillismo. El puntillismo o divisionismo es una técnica pictórica basada en estudios científicos que se habían hecho sobre el color.

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Dali Salvador

9-LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

Salvador Dalí, 1931

La persistencia de la memoria: Dalí expresa la inutilidad del tiempo que se intenta conservar u ordenar mecánicamente, puesta de manifiesto mediante la destrucción de los mencionados relojes blandos y mediante el reloj duro infestado por semejantes insectos. El siempre repetía:“El tiempo es de la pocas cosas importantes que nos quedan”.

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Botticelli

10-EL NACIMIENTO DE VENUS

Sandro Botticelli, 1485

 «El nacimiento de Venus», fue realizado en témpera sobre lienzo por el pintor Sandro Botticelli en 1485. Se trata, por lo tanto, de una obra pictórica representativa del Renacimiento italiano, concretamente del período del Quatrocentto.

Las figuras la escena nos transmite un remanso de paz, en un parque de ensueño. Ese es precisamente el encanto de esta obra, en la que las cosas no son lo que parecen.

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El Reino de Polonia en la Edad Media:Historia de su Expansión

El Reino de Polonia en la Edad Media

Reino de Polonia. — Polonia, que tras unos orígenes confusos empezó a figurar en la Historia a principios del siglo IX, tras una serie de contradictorias vicisitudes internas, guerras exteriores y grandes variaciones en la extensión de su territorio nacional, vino a alcanzar cierta firmeza de organización y poderío bajo el reinado de Casimiro III, el Grande, que reinó de 1333 a 1370.

casimiro iii el grande

Casimiro III el Grande (1309-1370), rey de Polonia (1333-1370). Hijo de Ladislao I, que había puesto fin a dos años de desunión nacional, Casimiro continuó la obra de su padre, al convertir Polonia en una gran potencia de la Europa Oriental.

Este monarca dictó prudentes y justas medidas legislativas, redujo a los nobles, fortificó las ciudades, fomentó la cultura fundando la Universidad de Cracovia, e hizo cuanto pudo por completar la civilización del país.

Se hizo respetar por los Estados vecinos, con los cuales mantuvo la paz y acrecentó la prosperidad nacional. Muerto sin sucesión, terminó con él la dinastía de los Tiast, pasando la corona a Luis de Anjou, durante cuya minoría actuó como regente una hermana de Casimiro.

Fallecido Luis en 1382 sin sucesión masculina, su hija Eduvigis fue elevada al trono por la nobleza, no sin disensiones, en 1384, y fue obligada a contraer matrimonio con el gran príncipe de Lituania Jagellón quien, convertido al cristianismo, fue coronado rey de Polonia en Cracovia el año 1386, con el nombre de Wladislao II.

De este modo quedaron unidas las coronas de Polonia y Lituania, bajo la dinastía de los Jagellones hasta 1572. Un rey de esta estirpe, Wladislao III, ciñó la corona de Hungría, y, muerto en lucha con los turcos, le sucedió su hermano Casimiro IV, que en 1466 obtuvo territorios de los Caballeros Teutónicos infeudando a Polonia la Prusia Oriental y anexionándose la Prusia Occidental y la región de Ermeland, con lo cual consiguió tener Polonia salida al mar Báltico.

Otro rey de la misma dinastía, Segismundo II Augusto, adquirió la Lituania, Prusia y las provincias rusas de Volhinia, Podolia, Podlaquia y Ucrania en 1569 (Unión de Lublín) y después por las armas, se anexó Livonia.

Polonia llegó, bajo el cetro de este rey, al cénit de su grandeza; su extensión abarcaba desde las costas del mar Báltico, al Norte, hasta el Dniéster por el Sur, y de Este a Oeste, desde el Desna, gran afluente del Dniéper, hasta el Netze, en Prusia, albergando una población cuya cifra se hace ascender a 35.000.000 de habitantes.

Los nobles extremaban cada vez más su ambición y ejercían una influencia decisiva en la cosa pública; en 1569 los nobles lituanos fueron admitidos en la Dieta polaca y se eligió a Varsovia para la celebración de la Asamblea; las representaciones del estado llano iban perdiendo su influencia, arrollada por la de la nobleza y, con ello, el pueblo vio menoscabadas sus libertades. La Reforma hizo numerosos prosélitos en Polonia, cuya población, en su mayoría, abrazó las nuevas creencias.

En 1572 falleció Segismundo II extinguiéndose con él la dinastía de los Jagellones. Polonia, que hasta entonces había sido una monarquía electiva sólo nominalmente, lo fue en realidad desde aquella fecha. Los reyes posteriores trataron de agrandar su territorio o de sostenerlo en su integridad mediante continuas guerras, pero no pudieron lograr la permanente independencia de su reino.

La reacción católica contra los progresos de la Reforma, apoyada por la nobleza, que encendió al país en luchas civiles, las acometidas del extranjero, y las disensiones motivadas por las elecciones de monarcas, contribuyeron a la decadencia de Polonia.

Fuente Consultadas:Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Ver: Ciudad de Biskupin en Polonia 

Enlace Externo:Reino de Polonia (1025-1385)

El Fetichismo Religioso: Culto, Ritos, Hechizeros y Fetiches

El Fetichismo Religioso en África
Culto, Ritos, Brujos, Hechizeros y Fetiches

Fetichismo, en antropología, devoción hacia los objetos; en psicología, devoción hacia el deseo, consistente en desviar o acentuar la atracción por una persona atribuyendo carga erótica a los objetos e imágenes que la representan.

El hombre de raza negra (negro)  de África cree en la existencia de fuerzas sobrenaturales que rigen su vida y de las cuales depende totalmente.

En este culto, los antepasados ocupan un puesto importante y con frecuencia se les consulta.

El hechicero, único miembro de la tribu que tiene contactos con los espíritus, goza de gran consideración y poder.

El Fetichismo Religioso: Culto, Ritos, Hechizeros y Fetiches

Sería un error creer que los negros sólo sienten interés por los problemas planteados por la vida cotidiana.

Se puede afirmar, por el contrario, que son muy conscientes de su dependencia con respecto a las fuerzas sobrenaturales.

Estas fuerzas son numerosas, pues el negro está convencido de que todo lo que vive posee un alma y, por lo tanto, una voluntad propia.

Y esto no sólo lo cree de los seres humanos, sino también de los animales, plantas, ríos y de todos los elementos naturales en general.

El negro también cree que el alma puede transmitirse a otros seres e incluso a objetos sin vida.

El negro se siente vinculado, por encima de todo, al alma de los antepasados.

Para él, los muertos constituyen una verdadera cadena entre las fuerzas misteriosas que han hecho el mundo y los seres que viven en la tierra.

A esto se debe que los negros esculpan representaciones de sus antecesores.

Estas estatuas sirven para el culto de que son objeto.

Se ofrecen sacrificios en honor de los difuntos y se organizan ceremonias funerarias en su memoria.

Los antepasados también se hallan presentes, en forma de máscaras danzantes en las ceremonias finales del ciclo de iniciación.

Durante estas ceremonias se da simbólica y ritualmente muerte a los jóvenes, que, después, bajo la protección de los antepasados, renacerán para pasar a ser miembros adultos de la tribu.

Los negros hacen todo lo posible para que los espíritus de los muertos les sean siempre favorables.

Sacrificios, cantos y danzas no tienen otra finalidad.

En el momento de las decisiones importantes no vacilarán en hacerles ofrendas especiales con objeto de beneficiarse de sus consejos.

No sólo los espíritus de los muertos son objeto de este culto: también veneran a los espíritus de la selva, al espíritu del agua o a uno u otro animal.

fetichismoPara entrar en contacto con estos elementos extranaturales se requieren medios especiales y también intermediarios.

Los medios son objetos en los que puede estar encerrada por un tiempo la voluntad de un espíritu; en cuanto a los intermediarios, son personas capacitadas para penetrar en el mundo de los espíritus: los hechiceros.

Por lo general, el hechicero negro es adivino, curandero y fetichista.

Por otra parte, la frontera entre todas estas funciones, como asimismo la divisoria entre la religión y la magia, es muy difícil de establecer.

Sea como fuere, teóricamente el hechicero es quien posee el conocimiento y poder necesados para interpretar la respuesta de los espíritus.

También tiene el don de entrar en trance: entonces se pone a bailar siguiendo el fascinante ritmo de instrumentos primitivos y acompañado por las melopeas de los miembros de la tribu.

Los negros creen que durante este período de trance su alma sale del cuerpo para trasladarse por un tiempo al mundo de los espíritus, quienes le informan sobre sus intenciones y sentimientos.

El hechicero también conoce el medio de granjearse los favores de los espíritus de la selva antes de salir de caza.

Es el único que sabe qué clase de ofrenda debe hacerse y cuáles son las prescripciones que deben respetarse antes de un nacimiento, con motivo de una boda, para el pago de una dote, o en cualquier otra circunstancia.

Sus conocimientos de magia permiten, asimismo, concillarse las gracias de los buenos espíritus y aplacar las fuerzas del mal.

Para la mentalidad de los negros el hechicero es, por lo tanto, la única persona que puede proteger a los miembros de la tribu y proporcionarles medios protectores.

El fetiche es uno de estos medios.

No se trata de un objeto determinado: todo objeto puede ser fetiche.

Una ramita que ha crecido en determinada dirección o una piedra encontrada en especiales circunstancias. Aún más, puede ser un objeto al que el hechicero haya conferido fuerza mágica.

La palabra fetiche, derivada del portugués, significa «objeto-hada».

Los principales fetiches de los pueblos primitivos son figurillas humanas recortadas en madera.

Estos fetiches tienen, en un sitio u otro, una cavidad en la que el hechicero deposita un polvo mágico; por ejemplo, una mezcla de arcilla y sangre.

Entonces, esta cavidad, con frecuencia situada en lo alto de la cabeza o en el vientre, se vuelve a cerrar.

Entre los songhais la tapa es de cuerno y entre los pueblos del Bajo Congo es un pequeño espejo.

También existen fetiches erizados de clavos.

Son objetos en los cuales el hechicero retiene por un tiempo el alma de un enemigo o de un espíritu perseguidor.

Si hunde un clavo en el fetiche destruye a ese enemigo o a ese espíritu.

Por lo general, los fetiches son propiedad del hechicero, pero los negros ricos pueden permitirse el lujo de poseer un fetiche grande personal.

También se da que un poblado o una familia posean un poderoso fetiche.

Frente a estos grandes fetiches, la mayoría de negros de África tienen fetiches pequeños de los que no se separan. Son amuletos o grisgrís.

Todas estas costumbres que llevan el sello de la magia se encuentran muy arraigadas en el alma negra: incluso cuando se ha convertido al cristianismo, el negro difícilmente renuncia a estas prácticas.

En muchos lugares, cuando se constituía o fundaba un pueblo, una de las misiones del hechicero era la de crear el fetiche local, al cual se le confiaba la salud y prosperidad de la comunidad recién constituida.

El fetiche velaba por el éxito en la caza, la pesca y la guerra, y si el nuevo pueblo se trasladaba a otros lugares, el fetiche debía acompañarlo.

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Biografía de San Agustín Filosofía Para la Teologia Cristiana

Biografía de San Agustín Padre de la Iglesia Cristiana

Colosal figura la del doctor de Hipona, que se levanta con sus dimensiones inabarcables en el momento en que va a hundirse el mundo antiguo para iluminar, con su sabiduría  de Dios, la ruta secular de la Cristiandad y el espíritu de Occidente.

En él brillan todavía los resplandores de la filosofía clásica, pues su profundo espíritu y sus portentosos conocimientos le permitieron toda clase de honduras especulativas.

san agustin de hipona

Pero lo esencial en su pensamiento es la actitud de arrebato cristiano, en la que alcanza posiciones intelectuales que muy pocos lograrán establecer.

En este doble aspecto, Agustín encarna y realiza la síntesis de aquella época.

Pero además puede decirse que su filosofía representa la evolución de su alma, sujeta primero a los desgarrones de fuerzas dispares y antagónicas, y vinculada más tarde a la inefable captura del amor divino.

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BREVE FICHA BIOGRAFICA

• Nació en Tagaste (hoy Souk-Ahras, Argelia), el 13 de noviembre del año 354.

• Hasta los once años asistió a la escuela de su pueblo y luego se trasladó a la ciudad de Madaura (en la actual Argelia) para completar sus estudios.

• En el 370 viajó a Cartago (cerca de la actual Túnez) para realizar el profesorado de Retórica.

• Al año siguiente comenzó a vivir con una mujer, de la que tuvo un hijo llamado Adeodatus,que en latín significa ‘regalo de Dios’.

• A los diecinueve años regresó a su pueblo y empezó a trabajar como profesor de Gramática. En esta época se adhirió al maniqueísmo (antigua religión persa).

• En el 383 viajó a Roma (Italia), donde abrió una escuela de Retórica y abandonó la doctrina maraquea.

• Al año siguiente se trasladó a Milán (Italia) y se hizo cargo del puesto de profesor municipal de Retórica. Allí se convirtió al cristianismo y fue bautizado, junto a su hijo Adeodatus, por el obispo San Ambrosio.

San Agustín fue uno de los pensadores más importantes de la filosofía medieval) sus escritos sentaron las bases del pensamiento cristiano.

En su obra se destacan la autobiografía «Las Confesiones», donde admite sus pecados de juventud y su posterior camino a la fe; los tratados «De la vida bienaventurada», «La ciudad de Dios» y «Tratado de la Gracia», entre otros,
y también numerosas cartas, más de quinientos sermones y ensayos sobre los Evangelios.

Defensor de la fe
• Regresó a su pueblo, repartió su herencia entre los pobres y fundó un monasterio.

•  En el 388 murió su hijo.

•  Tres años más tarde viajó a Hipona (hoy, Argelia) y Valerio, obispo del lugar, lo ordenó como sacerdote.

•  En el 396 fundó otro monasterio y fue consagrado como obispo. En este momento comenzó a llamarse «Agustín de Hipona».

•  Murió en esa ciudad, el 28 de agosto del 430.

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Veamos ahora una biografía mas completa….

San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental.

Elaboró un método sistemático de filosofía para la teología cristiana.

Sus discusiones sobre el conocimiento de la verdad y la existencia de Dios parten de la Biblia y los antiguos filósofos griegos.

Defensor enérgico del cristianismo, san Agustín elaboró la mayoría de sus doctrinas resolviendo conflictos teológicos con el donatismo y el pelagianismo, dos movimientos heréticos cristianos.

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San Agustín (354-430), teólogo cristiano, el más grande de los padres de la Iglesia.

SAN AGUSTÍN nació en Tagaste (Numidia) el 13 de noviembre de 354.

No hay que exagerar su africanismo para explicar convenientemente su apasionamiento y su fogosidad verbal.

El mundo púnico, al tiempo de su nacimiento y formación primera, estaba completamente romanizado y Agustín fue entonces —y lo sigue siendo hoy — un occidental neto, en el sentido convencional que a este calificativo se atribuye.

Su personalidad constituye algo irrepetible, único, que sólo puede explicarse, si es que puede, desde dentro de sí misma.

La auténtica semblanza de su espíritu ha sufrido grave deformación, aunque ello suene a paradoja, gracias a su perenne actualidad.

Aparte el saber teológico y filosófico, Agustín ha proporcionado el bisturí para calar la entraña del hombre eterno y la lámpara para iluminar sus problemas de siempre.

Y hoy tendemos en exceso a encarnar hombre y problemas en encarnadura contemporánea que, a las veces, no le cae demasiado bien.

No se suele parar mientes, en cambio, en el hecho de que el valor de la psicología agustiniana y la razón excelsa de su profundidad estriba en ajustarse de modo cabal a su tiempo.

Entre otras cosas, Agustín fue — y pretendió serlo — un maestro del vivir; las cuestiones a que se volvió le hacían sangrar; fue apóstol tanto como pensador y su pensamiento se nutrió esencialmente de ese ir resolviendo los problemas cotidianos de sus ovejas y de la Iglesia católica, a la que sirvió (recalquemos esta expresión) como pastor «a fortiori».

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Consagración episcopal de San Agustín. Pintura de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — La figura más admirable de la pintura catalana del siglo XV es Jaume Huguet, hijo del también pintor Pere, natural éste de Valls. Se ignora con exactitud la fecha en que nació Jaume.

Pero en 1455 ya era pintor maduro y bien cotizado en bolsa monacal y diocesana.

A su favor, muchos valores: el juego excelente de las luces y los colores, y la disposición magistral de las escenografías para cada acto, para cada retrato, para cada función «de conjunto».

Jaume Huguet abrió taller propio en Barcelona y tuvo muchos y buenos discípulos, algunos de los cuales colaboraron con él y aun se hicieron confundir —en sus obras— con el maestro.

Una de las mejores, y últimas obras de Huguet, es esta Consagración episcopal de San Agustín.

A pesar de su exceso en los elementos puramente decorativos —oros, brocados, paños, relieves— es seductora en su evidente monumentalidad; y algunas cabezas, de dibujo perfecto y de gran carácter, recuerdan las creaciones del lusitano Ñuño Gongalves.

Por ello escojo, entre la abundante iconografía que el arte nos ha servido, la imagen más modesta y también más próxima: aquel fresco lateranense del siglo VI que nos presenta a un asceta consumido por su propio espíritu, enjuto y cuellilargo, algo calvo, ceñido por túnica algo más austera que la ciceroniana, quizá menos que la que en realidad le cubriera, que, con mano larga y afilada nos muestra, abierto de par en par, el gran libro de la Sabiduría divina.

Su mundo es un mundo tormentoso.

El Imperio se ha acogido, como a un clavo ardiendo, a la Iglesia de Roma. Ha perdido, por el contrario, el dominio efectivo sobre el sutil Oriente y se ve acosado por el bárbaro, cada vez con más insistencia.

Es un universo cuya universalidad va a cambiar de signo precisamente por haberse aferrado al de la Cruz.

La Iglesia, salvo en lo que ella misma se ha «constantinizado», es la única fuerza creadora que en él pervive; por eso, como un sarampión de espiritualidad, le brotan a diario las herejías.

La santidad de los inteligentes sabe, empero, sacrificar su propio impulso a la unidad necesaria, puesto que Dios es uno.

En lo temporal ha llegado la hora de la reflexión, de buscar en el pasado la coherencia necesaria entre los hechos para preparar, a su vez, el futuro: señal irremediable de decadencia; los sabios del tiempo —filósofos de la Historia— transformarán la decadencia en crisis.

Y de la crisis —y de la mano de Agustín, santo y sabio — brotará Europa.

Pero también es difícil su contorno particular.

El padre de Agustín, Patricio, es un burgués de los estratos bajos, cargado de responsabilidad pública y ligero de medios económicos.

Acaso es un hombre vulgar, honrado.

El hijo le reprochará, ásperamente, sus frecuentes violaciones de la fidelidad conyugal.

Pero, ciertamente, se ha sacrificado por dar al hijo una formación literaria, apta para «triunfar»; no ha llegado a conseguirlo y sólo mediante la ayuda de un amigo generoso, Romaniano, esos estudios pueden proseguir hasta los diecinueve años del mozo.

La madre, Mónica, ya es sabido, es una Santa con mayúscula.

Su santidad, tan difícil de entender en muchos aspectos para nuestra mentalidad, queda al abrigo de toda duda, en la entrega al marido (de quien consiguió el bautismo «in articulo mortis») y al hijo, sobre todo a éste.

Quien atribuyó a las lágrimas de la madre — ya sus oraciones — una gran parte de su enderezamiento a Dios.

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Retablo de San Agustín (detalle) de Jaume Huguet. Museo de Arte de Cataluña. Barcelona. — Entre las pinturas más admirables de Jaume Huguet están: Retablo de San Antonio Abad —que estuvo en Barcelona y quedó destruido durante la revolución de 1909—; Retablo de los revendedores, para la barcelonesa capilla de la iglesia del Pino; Retablo de los Santos Abdóny Senén, en la iglesia de Santa María, de Tarrasa;y este grandioso Retablo de la Consagración episcopal de San Agustín.

A mi juicio, lo más sorprendente de los pintores del medievalismo gótico, dentro y fuera de Cataluña, fue su capacidad asombrosa de auténticos directores de escena.

Saben perfilar los fondos, bambalinas y bastidores; saben colocar a los actores en armonía con los objetos; saben combinar los colores sin hacerles perder su exquisitez de miniaturas para antifonarios y códices.

Cada uno de los retablos de Jaume Huguet nos parece como si acabara de alzarse el telón de boca para iniciarse la representación.

En un medio familiar así, se comprende bien que un joven desordenado y ardiente no pudiera entregarse nunca a la vida sin remordimiento.

Su fruición, por ello, no sería nunca gozosa.

Aunque conviene, desde ahora, colocar ese «desorden» en su debido lugar.

Primeramente, porque Agustín fue siempre un gran estudioso y un buen estudiante. Y en el centro de su inquietud estaba, por encima de toda otra cosa, el saber; sus mismos extravíos lo revelan.

A sus diecisiete años, comienza una larga relación íntima con una mujer cuyo nombre no ha llegado a conocerse y que, de inmediato, le entrega un hijo, Adeodato (regalado por Dios: nombre significativo).

Le es absolutamente fiel y su recuerdo constituye una amarga espina que no logrará arrancarse jamás.

Dados los valores sociales en uso, es posible aventurar que, si no casó con ella, fue debido a su baja extracción.

No cabe duda de que Agustín sintió la lanzada de la carne, como la de la vanidad; pero tampoco, de que no vivió ni para una ni para otra.

Desde esa primera juventud descubrió que la esencia de la vida consistía en un deseo de amor y de ser amado (Confesiones, II, 2). Y el desorden, acaso, en entregarse sin la suficiente discriminación, a los mil rostros con que el amor se aparece.

De estas entregas le quedaba la amargura de no haber topado con el verdadero, porque, como diría él mismo, en anhelo que hoy es patrimonio de la Humanidad: «nos creaste para Ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que no descansa en Ti».

Intuitivamente por lo menos, se percató Agustín de que en el amor se hallaba la clave del conocimiento.

Tras su conversión supo ya que Amor, Fe y Conocimiento no se encierran en un círculo intelectual sin salida, sino que se implican y se enriquecen mutuamente, hasta llegar al Sumo Bien.

Mientras llegaba el momento cumbre de desagarrarse ante la gran Evidencia, Agustín estudió.

Es sabido que los historiadores atribuyen a la lectura del Hortensio, de Cicerón, el despertar intelectual de Agustín.

Mas su inteligencia despertó, con toda seguridad, con el primer vagido.

La retórica del enrevesado tribuno le impidió, de momento, tomar contacto fecundo con la sencillez de que la verdad se reviste.

Y no es, acaso, erróneo pensar que el pasaje de San Pablo que volvió su alma del revés, al condenar «las comilonas y embriagueces», venía a condenar, en lo hondo de su espíritu, esa embriaguez de palabras que oscurecía la preciosa luz del día.

En Tagaste, al principio, luego en Madauira, por fin en Cartago, Agustín, que jamás tuvo contacto directo con la filosofía griega, por desconocer esa lengua, asimiló el pensamiento romano, a través de comentaristas y glosadores de segunda o tercera mano.

Sus ojos quedaron deslumhrados, en un primer momento, por el oropel, que le empujó, literalmente, hacia el maniqueísmo.

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San Agustín enseñando en su cátedra. Siglo XV. Escuela de los Sansereninos. Pinacoteca Vaticana. Roma. — Deliciosa pintura. Seductor argumento: San Agustín, investido de toda su seriedad doctrinal y docente, preside, como si dijéramos vulgarmente, una clase nocturna para adultos.

En esta obra de arte no sabemos qué admirar más: si el cuchicheo y ciertos gestos distraídos de algunos de los alumnos, ya más que creciditos; si la soberana tranquilidad del prelado de Hipona; si la finura y la gracia de la composición de la escena.

Sumadas estas admiraciones en la mente del contemplador, queda en su memoria la perdurable visión de la más pura y sencilla escenificación y fórmula de la decisiva enseñanza; aun la de temas tan impresionantes como el de la gracia o el libre albedrío. (Porque el hecho de que algunos alumnos estén papando moscas, es excepción de todos los tiempos.)

Aquella extraña religión, sincrética de Cristo y Zoroastro, sin ningún rigor lógico ni humano, daba explicación sustancial al mal del mundo en un tono brillante y, sobre todo, misterioso, que forzosamente había de hacer más mella en el joven deslumhrado, que la escueta relación bíblica, en la que un Dios todopoderoso y extrañamente cruel sembraba, sin razón aparente, bien y mal a troche y moche.

Sin contar con que, dando al mal un cuerpo y una fisonomía concreta, aliviaba grandemente el peso de los remordimientos por una existencia demasiado libre.

A los veinte años, Agustín, fiel a su vocación, comienza su carrera de profesor: unos pocos meses en su ciudad natal y casi diez años en Cartago.

Fue, indiscutiblemente, un maestro excelente, de esos que, ganada la confianza de sus discípulos, los arrastran en pos de sí adonde quiera que se dirijan.

Y, en efecto, arrastró a muchos hacia el maniqueísmo, de donde luego hubo de rescatarlos con trabajo y pena y, desde luego, con gloria. Porque ya en esta época andaba muy tibio en el maniqueísmo.

Su contacto con Fausto de Milevo, gloria de la secta (hacia el 383), le persuadió de la vaciedad absoluta del dualismo básico de Bien y Mal. Su intelecto se había empachado ya de esoterismo y fórmulas mágicas; la poesía auténtica debía descansar en la verdad sin mácula.

Pasó, a fines de 383, a Roma, lo que suponía un paso de gigante en su carrera. Y más aún, la obtención, al año siguiente, de la cátedra — dotada con fondos municipales — de retórica, en Milán, residencia del emperador y cabeza del Imperio de Occidente. Mónica le había empujado hacia allí, por su parte, no sólo para cortar de raíz sus relaciones con la concubina, sino para sumergirle en la influencia benéfica de San Ambrosio, obispo de Milán.

Hay que suponer que, efectivamente, esta influencia se ejerció con fruto. Pero no de la manera directa y personal que suele creerse.

Agustín, al oír al obispo, comprendió que la religión católica no era un simple credo, propio para almas de pocos vuelos.

Ambrosio y sus amigos le convencieron que con su fe podía erigirse nada menos que toda una ciencia.

Pero el profesor númida tuvo pocas ocasiones de acercarse al hombre eminente; su timidez (envés hondo de su orgullo) impidió toda intimidad.

Por lo demás, su espíritu estaba ya maduro para dar el gran paso.

No eran ya razones doctrinales ni de principio su obstáculo; se trataba de la gran cuestión de renunciar de lleno a su triunfo en el mundo, a sus aspiraciones intelectuales (que empezaban a apreciarse con asombro en su derredor), puesto que rechazaba todo término medio.

Y sin embargo, dio el paso, aceptando sus inabarcables consecuencias.

Tenía treinta y dos años. Fra Angélico, desde el Museo de Cherburgo, nos sigue contando la escena.

Pasea con Alipio, su gran amigo, por un jardín recoleto, melancólico y sombrío; se adelanta unos pasos, buscando al dueño de una vocecita misteriosa que le ha susurrado en correcto latín: Tolle, lege.

Pero no encuentra sino una luz misteriosa que le hace caer de rodillas y cubrir su rostro con ambas manos.

Porque Agustín ya sabe lo que es aquello; y probablemente sabe de antemano lo que va a encontrar en el libro con que primero tope: «Revistámonos de Nuestro Señor Jesucristo y no tratemos de dar satisfacción a los deseos de la carne» (Romanos, XIII, 13).

Agustín termina su curso de Retórica. Se embebe más aún en el neoplatonismo de Plotino y Porfirio, que llegan a través de las versiones latinas de Mario Victorino, otro africano, y que suponen para la Iglesia de entonces lo que en el siglo XIII significaría el redescubrimiento de Aristóteles.

Mas, apenas se inician las vacaciones, se retira a Cassiciacum y se prepara a recibir el Bautismo y a organizar una vida de plena dedicación a Dios, en régimen monacal. Allí redacta sus Diálogos, que conservan de Cicerón únicamente la forma expresiva. Son alegatos contra los maniqueos, pertrechados en Platón y en los ambrosianos.

Recibió, por fin, el Bautismo, con su hijo Adeodato y su fiel Alipio.

Cuando se disponía a embarcar hacia África, en el puerto de Ostia, finalizó la dura tarea terrena de Mónica, bien lograda por cierto.

En Tagaste, rotas todas las ligaduras del pasado, organizó una especie de monacato intelectual, en cuyo centro estaba la exigencia de su hallada vocación de escritor al servicio de Dios.

Pero Dios le exigió, a su vez, un nuevo sacrificio.

En 391 y por aclamación popular, fue nombrado obispo coadjutor de Valerio, anciano pastor de Hipona.

Y a la muerte de éste, en 396, recae sobre su ideal de filósofo de Cristo, el peso de toda una diócesis, la predicación incesante, el consejo, la sentencia imparcial.

La Iglesia le llama para combatir nuevas herejías. Agustín accede por amor de Quien le ha elegido.

Pero no renuncia a su obra, persuadido como está de que ella constituirá su gran servicio.

Va madurando con lentitud y firmeza; su hilo conductor, la progresión de su espíritu, permite brotes prodigiosos, como lo son los Sermones, las Epístolas, o las Enarraciones sobre los Salmos, cuyo origen es, en la mayoría de los casos, circunstancial, pero que llevan a la ocasión toda la profundidad del espíritu que los concibe.

Al propio tiempo, en disputa con los nuevos herejes, donatistas y pelagianos, se va depurando el arsenal de su apologética y precisando los grandes temas de su meditación: Gracia y predestinación ; pecado original y mal; el alma humana.

Conviene detenerse un momento en estos temas, en su sentido profundo dentro de Agustín y en el que luego les ha cabido en la tradición agustiniana.

En disputa con los maniqueos, Agustín ha llegado a percatarse de que el mal no es una substancia.

Es, por así decirlo, un vacío de bien. Algo que debía estar repleto de bien y aún no lo ha conseguido.

En cambio, cuanto existe es bueno, como creado por Dios. Así se conciba la noción de un Dios suma bondad con la efectiva existencia del mal en el mundo; mal que proviene del pecado, libremente aceptado por el hombre, incluso en su faceta de pecado original.

Por su parte, Pelagio, monje británico de una rectitud moral a toda prueba, había desembocado, acaso cegado por esta misma ascesis que él había logrado para sí, en una negación de la Gracia santificante y redentora.

El libre albedrío del hombre, don divino, desde luego, puede por sí mismo conseguir la plena imitación de Cristo.

Agustín se ve obligado a aquilatar la esencia de esa Gracia y a dilucidar su papel esencial en la Redención.

¿Caerá en una defensa de la predestinación a ultranza? Los jansenistas, los pascalianos, que se proclaman seguidores suyos, así lo han creído.

Sin embargo, en Agustín juega la baza esencial el amor divino, siempre hallado por el hombre que lo busca.

En la inmensidad radical de ese Amor, ha de hallarse la solución a ese gravísimo interrogante.

La fe es, pues, operante. Y, desde luego, racional. Crede ut intelligas, esto es, sin duda, básico; pero a la vez intellige ut credas, puesto que la chispa de adhesión inicial engendrará un nuevo conocimiento y éste un nuevo pasmo ante el misterio inaccesible (y aquí es patente la discrepancia con el «embrutecimiento» pascaliano).

La existencia humana se teje en la fe, el conocimiento y el amor.

Y en ese tejer continuo, resplandeciente de obras, debe reposar — si es admisible este reposo paradójico — la esperanza definitiva.

Agustín se ve compelido, en esta tremenda disputa, a averiguar lo que, en realidad, es el alma humana.

Su problema divino absorbe todo.

El Alma y Dios. ¿Nada más? «¿Os parece poco?»

Ya estaba dicho en las Confesiones. Nada importa al hombre sino encontrar al Dios que lo hizo y descansar en El. Y Cristo lo había anticipado: quien quisiera salvar su vida la perderá. Así pues, el drama de la redención contempla a las almas.

El mundo es, primordialmente, un obstáculo. De aquí que el «desprecio del mundo» haya querido encontrar un patrono de excepción en el Doctor africano.

Y, sin duda, con acierto.

Pero no podemos desligarnos aquí tampoco de la circunstancia personal agustiniana, pues para él — ya lo vimos — fue efectivamente el mundo el gran obstáculo, en sus problemas pequeños y en sus grandes lazos.

Mas, no cabe duda, lo amó profundamente. Y, evidentemente, comprendió su belleza y comprendió — menos que San Pablo— los «poemas de Dios». Todos, empero, se absorbieron en el alma, perseguidora y perseguida por su Creador.

La encarnación de estas poderosas cuestiones en un hombre concreto, palpitante y nostálgico, es el nervio de las Confesiones.

Y éste es el sentido de su humanismo.

Su ir al fondo de la cuestión ha servido para apoyar tesis meramente psicológicas.

Su escalpelo de las pasiones, del olvido, de la memoria, están ahí al servicio de todos los investigadores, cualquiera que sea su punto de partida y el momento o plano en que decidan detenerse. Su razón profunda es la de la profundidad divina del alma humana, cifra de la creación.

Las Confesiones (397-399) con las Retractaciones (427) son la carne viva de toda la filosofía y teología agustiniana.

Allí está su porqué y su para qué. Todo en Agustín es hombre, porque todo es alma. Y no hay sino alma, porque la suya — y las de todos los hombres — busca a su Creador para descansar.

De su época de episcopado, época inquieta, con poco ocio intelectual (Concilios de Cartago — 409 y 419 —; de Milevio — 416 —) quedan, como condensaciones formidables de su actividad alucinante, tratados dogmáticos (De Trinitate, terminada en 419); comentarios a libros sagrados (Los seis dedicados al Génesis — 398 a 414 —; los 124 sobre el Evangelio y Primera Epístola de San Juan —415 y 416—).

Queda, sobre todo, un empeño único, de gestación laboriosa, distinto a todos los demás por su origen — otra vez, puramente circunstancial —, por los motivos que fueron preñando su desarrollo.

Y sobre todo por su destino, ya que fue esta empresa la que desligó al pensamiento agustiniano de su creador histórico y lo convirtió en patrimonio de ese agustinismo que tantas veces ha olvidado lo que fue el hombre: los veintidós libros de la Ciudad de Dios, escritos desde 412 a 427, de los que puede decirse, ante todo y sobre todo, que son la raíz nutricia de Europa.

En 412, se puso Agustín a la tarea de demostrar que la invasión de Roma por las hordas de Alarico no había sido venganza de los dioses postergados al Crucificado hebreo.

Un análisis a fondo de los hechos venía a comprobar que la «paz romana», poseída de su invulnerabilidad, era, por el contrario, sumamente corruptible y que únicamente por su aceptación del Cristianismo, pudo subsistir tanto tiempo desde que se iniciara la efectiva decadencia.

Sólo subsistirá, concluye Agustín, la ciudad fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí misma.

Por tanto, es preciso que la ciudad que «peregrina» hacia Dios, en el tiempo, funde en El su constitución. Y que su príncipe sea como el gestor de un quehacer temporal, pero trascendente. La ciudad de Dios peregrina en unidad hacia Jerusalén, huyendo de Babel («confusión», frente a unidad).

Es fácil advertir estos rasgos en la construcción política de Carlo-mágno y del Sacro Romano Imperio. Y fácil rastrear en todo el patrimonio espiritual occidental esta base profunda del Cristianismo, convertido en motor y aglutinante histórico, precisamente por su significado ultrahistórico.

El germen de toda Utopía — espécimen espiritual puramente europeo — está en esa noción de superar, por un ideal, la sujeción a espacio y tiempo.

Así, el llamado «agustinismo político» (Arquilliére) implanta a la vez, en la conciencia occidental, una preocupación primordial por el contacto entre presente y futuro.

En 427, cuando Agustín da cima a la visión increíble de la felicidad de los justos, sus fuerzas humanas tocan también sus últimas reservas. Debe resignar en Heraclio, su coadjutor, gran parte de las funciones pastorales. Cinco días a la semana podrá dedicarse a su obra escrita, sin otra tarea ni responsabilidad…

El camino queda despejado y claro. Agustín entra por él con toda abnegación y sin reserva. Pero sería erróneo suponer que su conversión es fulminante; que su paso de la noche a la luz se hace en un instante. Muy al contrario, la nueva luz encontrada ilumina, más a lo crudo, la magnitud de las cadenas del hombre. La última, la más pesada, la constituye el propio mundo que le rodea, en suma, la soberbia de la vida. Habrá que despojarse de ella sin dejar siquiera un rescoldo en el alma…

En 28 de agosto de 430 (día que la Iglesia le consagra) fallece. Unos meses antes los vándalos han llegado hasta su Numidia natal. El arrianismo que traen consigo se ha ahorrado un eximio debelador.

Ver: Obra Teológica de San Agustín

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad – San Agustín- Ediciones Cadyc

Biografía de Monet Claude: Pintor Impresionista Vida y Obra

Vida y Obra de Monet Claude Pintor Impresionista

SINTESIS BIOGRÁFICA:

Pintor francés, nace en París y muere en Giverny. Jefe del movimiento impresionista que se levanta contra la tradición académica, tiene contacto con el mar en el puerto de El Havre, tema que trata a lo largo de su obra.

A los 15 años atrae la atención de Eugéne Boudin, quien se ofrece a guiarlo por los caminos de la pintura.

En 1859 entra en la Academia Suiza, donde complementa su formación artística.

Va a Argelia para prestar el servicio militar y luego se traslada a París, donde ingresa en la academia de Gleyre.

Tiene contacto con Renoir, Sisley y Bazille, sus eternos compañeros del impresionismo.

Su primera obra de importancia El almuerzo campestre (1866, Ermitage, Leningrado), la realiza durante sus visitas a Fontainebleau.

También tiene contacto con Constable y Turner durante una breve estadía en Londres, Inglaterra La niebla londinense plasmada por éstos influye notoriamente en su estilo así como en la técnica para traducir la luz solar en sus lienzos.

A este período pertenecen Londres, efecto en la niebla (1889, París) y El Parlamento británico (Museo Paume, París).

En sus numerosas series demuestra la forma en que el impacto de la luz puede cambiar el aspecto de las cosas, como se aprecia en las 20 variantes de la Catedral de Rouen.

También son famosas las series de Las Ninfas y la Estación de San Lázaro (1876). Otras de sus obras son Impresión (1872), El puente de Waterloo (National Gallery, Washington) y Rué Montorgueil (1878, Museo de Rouen).

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BIOGRAFIA Y OBRA ARTÍSTICA:

Un frío día del otoño de 1840 nacía en París el segundo hijo de Adolphe y Louise-Justine Monet.

Un día, el 14 de noviembre, que pasaría a la historia: Claude Oscar,  sería considerado el padre de un estilo artístico que legó algunos de los cuadros más bellos de la historia: el impresionismo.

Parisino, sí, pero educado en la ciudad portuaria de Le Havre, adonde su familia se trasladó cuando Claude tenía 5 años.

Allí, a la orilla del mar, se impregnaría del paisaje marino, de la brumosa luz del norte que tanta influencia tendrá sobre su obra.

Claude Oscar Monet  (1840-1926), pintor impresionista francés que llevó a su máxima expresión el estudio de los estados transitorios de la luz natural y se convirtió  más tarde en uno de los líderes del movimiento «Impresionista»

Nació en París el 14 de noviembre de 1840, su familia se trasladó a Le Havre en 1845 y creció sintiendo un gran amor por el mar y su ambiente. Esta fascinación quedó demostrada en muchos de los paisajes marinos que» pintó durante su vida.

Estudió dibujo en su adolescencia y pintó marinas al aire libre con Eugène Louis Boudin.

Qunice años tenía este joven y ya era conocido como caricaturista en Le Havre.

Allí le hacían encargos por los que recibía 20 francos.

Hacia 1859 había decidido firmemente comenzar su carrera de artista y para ello pasaba largas temporadas en París, en donde solicitó una beca de estudios en la Escuela de Bellas Artes de París.

A los 18 años, sin saber que su solicitud de beca había sido rechazada, el joven ya era habitué en el ambierte artístico parisino, donde conoció a quien sería su gran amigo: el periodista y político Georges Clemenceau.

En 1861 fue llamado a realizar el servicio militar y asignado al cuerpo de caballería en Argelia, de donde regresó antes de tiempo, enfermo de fiebre tifoidea.

Aunque breve, la experiencia africana fue importante:

«Las impresiones de color que recibí allí —dirá luego— no iba a asimilarlas hasta más tarde, pero el germen de mi búsqueda ya existía».

Nuevamente en París, Monet ingresó en el atelier de Charles Gleyre, donde conoció a Pierre-Auguste Renoir, Frédéric Bazille y Alfred Sisley Éstos fueron tiempos de gran apremio económico para el artista, pues su padre redujo y luego suprimió el apoyo.

Claude Oscar Monet Pintor Impresionista

MONET CLAUDE OSCAR(1840-1926)-

Claude Monet, quien fue más tarde uno de los líderes del movimiento «Impresionista», nació en París el 14 de Noviembre de 1840. En 1859 Monet visitó París, donde trabajó en la Academia Suiza.

Allí conoció a Camille Pissarro y se unió a la nueva ola de artistas que trataban de liberarse de las actitudes tradicionales en la pintura.

En la década de 1860 se le asoció con el pintor pre-impresionista Édouard Manet y con otros pintores franceses que más tarde formarían la escuela impresionista: Camille Pissarro, Pierre Auguste Renoir y Alfred Sisley.

Después, en 1863, estuvo una vez más en París donde conoció a Renoir, Sisley, Cezanne, Whistler y Manet.

En 1870, visitó Inglaterra donde hizo estudios más amplios de la luz al aire libre.

Por esta época tenía una esposa y un hijo y su talento había sido reconocido, aunque en 1874, en la primera gran exhibición «Impresionista» de París, su obra fue atacada.

Fue uno de sus cuadros, llamado Impresión, que le dio a la Prensa una denominación convenientemente despreciativa para todo el movimiento.

Más adelante Monet pintó una serie de impresiones del valle de río Sena, por las cuales es famoso, y continuó con la idea de estudiar un objeto particular bajo diferentes luces y ángulos.

Entre estas series están las de Los Álamos, Mañanas en el Sena y La Catedral de Rouen.

Su interés en el arte Japonés le condujo a diseñar su propio jardín de aguas en Giverny, con un puente japonés.

Este jardín fue el motivo de su trabajo en sus últimos años, y pese a su deficiente visión continuó haciendo estudios con él hasta su muerte, ocurrida el 5 de Diciembre de 1926.

CRONOLOGÍA POR ETAPAS DE SU VIDA:

1840-1858: Aunque nace en París, pasa su infancia en Le Havre. Allí destaca como caricaturista, y en el medio artístico de la ciudad conoce a Boudin, un paisajista que será su primer mentor.

1841-1843 Se populariza el uso de pintura al óleo envasada en tubos de estaño, lo que revoluciona las técnicas pictóricas y favorece a los paisajistas que trabajan al aire libre.

1858-1870: París: Decidido a hacer carrera como actor, se traslada a París donde, en la academia Suisse, coincide con los pintores que integrarán el movimiento impresionista. Conoce los primeros éxitos como pintor en los Salones de 1865 y 1866.

1870 Monet se casa con Camille La guerra franco-prusiana les obliga a refugiarse en Londres.

1871-1878: Argenteuil. Instalado en Argenteuil, se convierte en elgran aglutinador de los impresionistas, quienes realizan su primera exposición en 1874. Tiene su primer hijo con Camille Doncieux. Conoce a Alice Hoscliedé.

1874 Inauguración de la Opera Garnier, uno de los edificios más destacados del Plan Haussmann, que moderniza París poniendo fin a su trazado medieval.

1879-1880: Nace su segundo hijo y, poco después, muere su primera esposa. Monet vive con sus doshijos. Alice Hoschedé y los seis hijos de ésta. Su situación económica es, como siempre, apurada, pero sigue trabajando con absoluta pasión y la crítica empieza a reconocerle como el representante más destacado del movimiento impresionista.

1881-1882: Poissy: Esta población no le inspira tanto como lo hicieran sus residencias anteriores. Realiza numerosas expediciones de pintura para inmortalizar los paisajes de Dieppe.Varengeville, Pourvilleylos acantilados de la isla de Saint-Martín, además de sus cuadros de l’Etretat.

1882 El médico alemán Robert Koch descubre el bacilo de la tuberculosis. Al año siguiente descubriría el del cólera.

1883-1891: En Giverny establecerá su hogar definitivo, dando rienda suelta a sus dos pasiones: la pintura y la horticultura. El reconocimiento artístico viene acompañado de la bonanza económica.

1892-1898: Ruán: La década de los años noventa inaugura una nueva etapa dentro de su pintura, que da paso a las series. De éstas, una de las más famosas es la que dedica a la catedral de Ruán, que le consagra como pintor ante las nuevasgeneraciones.

1892 La muerte el año anterior de Ernest Hoschedé facilita que Monet y Alice regularicen su situación el 16 de julio.

1899-1926: Jardín de Agua.En sus últimos años trabaja con ahínco en la serie de las Ninfeas, que donará al Estado francés en 1922 ante la Insistencia de Clemenceau.

Monet participó en la revolución de la pintura de paisaje, practicada en lo sucesivo al aire libre mediante una ejecución rápida y en contacto directo con la naturaleza para preservar la espontaneidad del gesto, la fidelidad al motivo y la autenticidad de las impresiones transcriptas sobre el lienzo.

Sus obras encuadradas, si no compuestas, y a menudo retocadas en el taller, no dejaban de expresar fenómenos atmosféricos transitorios y evanescentes.

En efecto, además de los temas tomados de la vida moderna (cafés, diversiones, trenes), Monet se dedicó principalmente a pintar las aguas (mar y ríos), la nieve, el cielo y el aire, «lo que se encuentra entre el motivo y yo», a saber, el efecto producido por la luz y la atmósfera.

SOBRE EL MOVIMIENTO IMPRESIONISTA:

Durante el último cuarto del sigloXIX, el realismo de Courbet, después de vivificar todos los géneros sobrevivió renovándose con la denominación muy acertada de «impresionismo».

El realista quería captar la realidad, el impresionista se conforma con anotar la impresión que recibe.

Atento a la apariencia, naturalmente tendía a considerar ante todo la luz, que es el elemento primordial en este dominio.

El objeto   solo   es   una   pantalla  que   recibe   diversas luces; su color interesa menos que el de los rayos.

Los «impresionistas», que salieron del taller donde Courbet pintaba aún objetos sólidos modelados por luces directas y sombras negras, captaron al  aire libre el cambiante desorden de los rayos solares, los múltiples reflejos que se mezclan, e incluso las «impresiones» de deslumbramiento y de irisación, todas las fantasías del dominio óptico que dependen tanto de las reacciones imprevisibles de nuestro órgano visual como de una realidad objetiva.

Esa búsqueda de efectos, hasta entonces dejados de lado por considerarse que ocultaban la verdad de las cosas, ha llevado a  una  transformación  fundamental  de  la técnica de la pintura.

El arte pictórico eliminó deliberadamente lo esencial  de  lo  que  constituía  su ley desde el Renacimiento: el color local, la pincelada subordinada al modelado, la continuidad de los tonos y su sumisión al dibujo, el sacrificio de la forma   escultórica   al   juego   de   la  policromía.

El beneficio de esta conmoción fue la revelación de una naturaleza mucho más colorida, más tornasolada que ese universo usual que ha perdido la frescura debido a hábitos seculares.

Claude Monet nos ha mostrado que las viejas piedras de una catedral desgastada por el tiempo brillan bajo la luz como un torrente de pedrerías.

El impresionismo renovó también nuestra visión de las actitudes de la vida. Degas no dejó de revelar aspectos de humanidad en los cuales no habían reparado las miradas.

Es indiscutible que estos descubrimientos, amargos o divertidos y a veces indiscretos, han enriquecido nuestros juicios con matices irónicos.

obra de monet Impresion sol naciente

Impresión, Sol Naciente, una de las obras mas famosas de Monet

Cuadro mítico  del movimiento, quizás el más popular de la historia de la pintura: en 1874, Impresión, sol naciente hace su entrada en la historia.

El público lo descubre en la primera exposición colectiva del Grupo de Batignolles.

Existe constancia de la reacción que provocó en la prensa de la época. Leroy, de Le Charivari, titula su artículo «La Exposición de los impresionistas», y elige este lienzo como blanco preferido.

Para él «el papel pintado en estado embrionario estarnas acabado que esta marina».

Por el contrario, Philippe Burty da las gracias a Monet «por captar impresiones tan fugaces».

Armand Silvestre, otro amigo de los pintores, se aproxima a la visión de Monet, Pissarro y Sisley para explicar:

«Sólo persigue un efecto de impresión, la búsqueda de la expresión se la deja a los apasionados de la línea.»

Se comenta además la similitud de este lienzo con una acuarela.

En la actualidad se comprenden con más precisión las intenciones de este cuadro que el artista ejecuta en el hotel de l’Amirauté en Le Havre.

El lienzo plasma el instante más fugitivo, cuando el sol emerge de la bruma.

El lienzo restituye exactamente el sentimiento de lo efímero ligado a una hora incierta de la mañana en que los humos contaminan el color de las nubes, y los mástiles se tifien con los colores del agua.

ALGUNOS PASAJES DE SU VIDA:

Con 26 años, luego de pintar otra de su grandes obras, llamada «Mujeres en el Jardín«, regresa a Honfleur y durante el invierno 1866-1867 crea sus primeros paisajes nevados con diferentes versiones de La carretera de la granja Saint-Simeón.

Obra de Monet Mujeres en el Jardín

En primavera, llega una decepción: el Salón rechaza sus obras, ya que el jurado considera su técnica demasiado brutal.

Monet se dedica entonces, como Renoir, a pintar vistas de París, temas que deberían de venderse en aquel año de exposición universal.

Al mismo tiempo, viaja a menudo entre la capital, donde Camille está esperando un hijo, y Sainte-Adresse, donde su familia, que no quiere ni oír hablar de su relación sentimental, le brinda apoyo económico.

«Tengo una veintena de lienzos que progresan a buen ritmo, unas marinas impresionantes, figuras, jardines, en fin, de todo», dice a Bazille el 25 de julio de 1867.

Precisamente, Bazille será el padrino de su primer hijo, Jean, que nace el 8 de agosto; la madrina es la compañera de Pissarro.

El cuadro Barcos zarpando de los muelles de Le Havre destaca en el Salón de 1868, donde es admitido gracias al apoyo de Daubigny Zola subraya la modernidad y la originalidad del pintor en un artículo premonitorio:

«No me preocupo por él; domará a las multitudes en cuanto se lo proponga.»

Poco después, Monet pasa algún tiempo en una aldea a orillas del Sena, Glotón.

Obra de Monet Barcos Zarpando del Muelle de Havre

Barcos zarpando de los muelles de Le Havre fue comprado en la Exposición  Marítima Internacional por un familiar de Saint-Simeón, Louis-Joachim Gaudibert, yerno de un rico notario de Le Havre.

Este primer mecenas del pintor le encarga unos cuantos retratos -Monet hace uno, magistral, de su mujer: La señora Gaudibert y le asigna una renta que le permite instalarse con Camille y Jean en Étretat.

Aquí pinta uno de los cuadros que anuncian mejor la inminente evolución de su estilo: Bennecourt, nombre de la aldea que se ve en la orilla opuesta del río, en la cual Daubigny atraca a menudo su barcaza taller, acompañado de Coroty Guillemet.

Viaje por Francia:

Monet se instaló primero en lle-de-France (Bougival, Argenteuil, Vétheuil, Poissy), y luego en Giverny; también residió frecuentemente en el extranjero (Gran Bretaña, Países Bajos e Italia) y recorrió Francia de Norte a Sur, pintando el campo (serie de Almiareó, el valle de la Creuse), los puertos (Le Havre y Honfleur), la costa en Normandía (Etretat y Varengeville), en Bretaña (Belle-lle), en el Sur (Antibes) y, por último, los lugares destacados (la catedral de Rúan).

Siempre en busca de las transformaciones de un lugar por la luminosidad, las estaciones y el paso del tiempo, esbozó de este modo en su obra una imagen caleidoscópica del paisaje francés, y terminó incluso por encarnar la pintura francesa a los ojos de los extranjeros, en particular de los estadounidenses, que pronto se convirtieron en apasionados coleccionistas de sus telas asegurándole, así, renombre internacional.

Atento al paisaje: A lo largo de su vida, Monet visitó muchos pequeños poblados, fascinado por los paisajes y las vistas que capturaba para sus cuadros.

De los pueblos portuarios tomó la esencia de los movimientos del agua, y de los rurales, las imágenes cotidianas del campo.

Su residencia final, a la que dedicó años de cuidado y estudio, fue fijada en Giverny. En la primavera, numerosos turistas la visitan para apreciar las flores del estanque, aquellas que Monet Inmortalizó.

Ver Mapa Arriba: Los Caminos del Artista

6:Londres (1870 y 1888): Claude Monet y su mujer Camilie buscaron asilo en la capital británica durante la guerra franco-prusiana.

5-Étretat(1868): Gracias a una renta que recibe de su mecenas Gaudibert, Monet se instala junto a Camilie y su pequeño hijo Jean en este pequeño poblado de playas y acantilados.

1-París: En esta ciudad, donde nació y vivió durante largos períodos, Monet conoció la gloria como pintor en las exposiciones impresionistas.

9-Giverny (1883-1926): En esta pequeña comunidad rural, Monet estableció su residencia definitiva. Allí construyó su célebre jardín y vivió hasta su muerte, en 1926.

7-Argenteuil (1871-1878): En esta ciudad, situada a orillas del Sena y a pocos kilómetros de París, Monet realiza algunas de sus obras más características.

2-Le Havre (1845-1857): En esta ciudad portuaria pasó su infancia e ingresó en el medio artístico como caricaturista.

4-Honfleur (1863-1865): Esta pequeña ciudad fue retratada más de una vez por Monet, quién se mostró muy interesado por las vistas del puerto en la desembocadura del Sena.

8-Ruán (1892-1894): En esos años visita tres veces la capital de la Alta Normandía, donde se consagra a estudiar su catedral; así comienza una nueva etapa en su pintura, que tendrá gran aceptación en los ambientes artísticos parisinos.

1-Argelia (1861-1862): Se dirige a esta colonia francesa para realizar el servicio militar, y regresa antes de tiempo a causa de la fiebre tifoidea.

Con 31 años,  ya instalado en Argenteuil en 1871,Monet hizo de su casa un centro artístico de gran vitalidad.

Allí perfeccionó su estudio de la relación entre la luz y las aguas, y comenzó a trabajar a bordo de su pequeño barco-taller, con el que se acercaba a las aguas del Sena para obtener vistas tan novedosas como originales.

Por esa época, Monet participó en la constitución de una sociedad de pintores, escultores y grabadores que se pronunciaron en contra de los dictámenes de los Salones y decidieron organizar una exposición independiente.

Fue allí donde su famoso cuadro: Impresión, sol naciente, pasaría a la historia del arte por haber dado nombre a uno de los movimientos más importantes de la pintura occidental.

obra de monet

Almuerzo Campestre
Claude Monet, 1865-1866 (Fragmento central de la composición) Oleo sobre tela, 192 x 217 cm Colección particular Del motivo al taller.

En esta obra, fragmento central de una composición inconclusa, el artista unió sesiones de pose al aire libre con el trabajo de composición y de ampliación en el taller.

El espacio y la atmósfera resultaron de los efectos de luminosidad en el follaje, en los vestidos y en el mantel blanco que acompasaron la composición. La vida familiar.