El Vestido La Sociedad

Características de Familias en Pueblos de la Antiguedad Resumen

Características de Familias en
Pueblos de la Antiguedad

La base fundamental de nuestra sociedad es la familia y en ella radican los derechos más nobles y las virtudes que hacen grande a una nación. Sánchez Román la define diciendo: Es una institución ética, natural, fundada en al relación conyugal de los sexos, cuyos individuos se hallan ligados por lazos de amor, respeto, autoridad y obediencia; institución necesaria para la conservación, propagación y desarrollo en todas las esferas de la vida, de la especie humana.

la familia

La familia y la sociedad

Algunas escuelas sociológicas han supuesto que hubo una primera fase de horda o promiscuidad absoluta, y la familia propiamente dicha no existía. Hombres y mujeres serían como un rebaño. Vino luego una segunda fase caracterizada por un régimen de matriarcado, en la que el padre era desconocido y los hijos pertenecían a la madre. La última fase de evolución sería la familia monógama, tal como es la cristiana actual.

El amor, sin lugar a dudas, ha sido el motor que mueve al hombre hacia su grandeza. Es el sentimiento más elevado y muchas veces, el motivo fundamental de la vida de muchas personas. Está presente en cada acto humano y se encuentran pruebas de ello en ía mayoría de las obras de arte y literatura.

El amor adquiere un carácter particular en el matrimonio, que es la unión permanente entre dos seres unidos con el fin de consolidar ese sentimiento en la más sublime creación humana: el hijo.

Este acto de engendrar, continuar una especie, se llama procreación y por el hombre se convierte en padre, la mujer en madre y el matrimonio se convierte en la unidad fundamental de la sociedad.

Composición de la familia
En la civilización moderna, la familia nace de una pareja inicial, constituida entre un hombre y una mujer, unidos a través de una institución llamada matrimonio, que crea entre ellos y las personas que nazcan o estén unidos con esa pareja, una serie de relaciones de gran trascendencia tanto jurídicas como sociales.

El vínculo, o sea la relación natural que existe entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio y los hijos que nacen entre ellos se conoce con el nombre de filiación.

Y la relación existente entre todos los individuos de una misma familia, entendiendo por tal a todos los individuos de los dos sexos que descienden de un mismo tronco, se lo conoce con el nombre de parentesco.

Matrimonio
El matrimonio es, en la civilización moderna, la fuente de la familia legítima y ha sido definido como una unión entre dos personas de distinto sexo con fines de ayuda recíproca y de continuación de la especie, realizada de acuerdo con las formalidades prescriptas por la ley.

Si bien los preceptos cristianos han elevado el matrimonio a la categoría de Sacramento, y originalmente nuestro Código Civil reconocía como válido el celebrado enere personas católicas según los cánones y solemnidades de la Iglesia Católica, a partir de la sanción de la Ley de Matrimonio Civil se estableció un régimen uniforme según el cual el único matrimonio reconocido legalmente es el celebrado conforme a sus disposiciones.

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES:

EGIPTO:  Las clases más poderosas practicaban la poligamia pero el pueblo se contentaba con una sola esposa.En los comienzos de la sociedad egipcia predominó el régimen matriarcal evolucionando hacia el patriarcado sobre todo en las clases altas. Los egipcios llegaban jóvenes a la pubertad, y los matrimonios se celebraban en eded casi infantil por lo cual las familias surgidas de ellos eran muy numerosas.El infanticidio era poco frecuente y castigado severamente por la ley.

BABILONIA:    La moral en Babilonia constrastaba fundamentalmente con nuestros usos y costumbres. Ninguna mujer debía llegar virgen el matrimonio siendo necesario que hubiera tenido relaciones sexuales con un extranjero §n el templo de yenus por lo menos una vez en su vida. Sin embargo el matrimonio era monógamo existiendo un régimen de estricta fidelidad no obstante esa libertad prenupcial.

El Código de Hamurabi imponía penas severas a la mujer adúltera. La familia era, no obstante, una institución poco estable ya que sus miembros podían abandonarla mediante una simple manifestación de voluntad.

ASIRIA:   La familia estaba organizada mediante un severo régimen patriarcal siendo su objetivo principal la perpetuación y el aumento de la especie.Se consideraba al aborto un crimen capital y a las mujeres que lo cometían se las empalaba.

ISRAEL:  El matrimonio llegaba a convertirse en una unión casi perfecta. El divorcio era la excepción, salvo el caso de adulterio. Después del Templo la familia representaba el elemento esencial de la estructura social israelí. La  autoridad paterna era ilimitada. El hombre podía tener varias mujeres mientras que la mujer estaba
destinada a un solo hombre.

PERSIA:  Pueblo componente de un país militar el celibato era juzgado desfavorablemente, autorizándose la poligamia y el concubinato. Consideraba a la familia como la más santa de las instituciones. El incesto era considerado como un pecado y las relaciones debían efectuarse entre extraños a la familia.

INDIA:  El hombre conquistaba a su mujer mediante la compra o el rapto ya que el consentimiento prestado por la misma no era bien visto. La poligamia era permitida pero era un lujo entre las clases más pudientes. Se consideraba al hombre propietario y amo absuiuio de sus mujeres e hijos pudiendo vender o descastar a estos últimos.

UNA FAMILIA DE BABILONIA: Los babilonios apreciaban la intimidad; la mayoría de las casas las construían en torno de un patio interior, con una sola puerta hacia la calle. Contigua al patio había una gran habitación familiar con varios dormitorios anexos. En el lado opuesto del patio estaba la cocina y, si se trataba de una familia próspera, había también habitaciones para los esclavos.

Los babilonios solían madrugar: los hombres y niños de las familias piadosas ya estaban bañados y vestidos antes del amanecer, subían a la azotea y se arrodillaban para recibir al naciente sol, tras lo cual bajaban para desayunar abundantemente.

Luego de la ronda matinal de actividades, la familia se reunía a mediodía para un almuerzo ligero, seguido de una siesta durante las horas más calurosas del día. El trabajo continuaba a media tarde y hasta el ocaso, cuando la gente regresaba a su casa para una segunda comida fuerte. Las actividades nocturnas incluían la narración de historias, la participación en cantos y danzas de alguna de las muchas fiestas religiosas, y la conversación. El día terminaba con una cena ligera antes de acostarse.

Cuenta el historiador griego Herodoto acerca de un próspero y elegante caballero babilonio: «Viste túnica de lino hasta los pies; sobre esto […] otra túnica, de lana, y va envuelto en un manto blanco. Usa calzado de su país […] Su cabellera es larga y la cubre con un bonete. Todo su cuerpo está perfumado.»

Fuente Consultadas:
Formación Moral y Cívica 2 Ciclo Básico César Reinaldo García y Apolinar Edgardo García
Hábitos y Costumbres del Pasado – Reader´s Digest

Gobierno de Clístenes y Pisístrato en Atenas Reformas

LAS REFORMAS DE CLÍSTENES EN GRECIA ANTIGUA

Clístenes (c. 570-507 a.C.) fue un político ateniense que introdujo el gobierno democrático en la antigua Atenas.

Era miembro del partido aristocrático y llegó al poder en Atenas tras el derrocamiento del tirano Hipias.

En el año 580 a.C., introdujo reformas que desembocaron en un sistema político conocido como democracia. Introdujo igualmente el sistema del ostracismo en la ciudad.

Para lograr sus objetivos políticos realizó  aproximadamente el 508 a.C.,  una reconstrucción fundamental del sistema político ateniense, lo que le llevó a figurar entre los principales legisladores de la antigüedad, cronológicamente después del ateniense Solón, cuya legislación defendió.

Con las leyes implementadas por Solón se buscó un equilibrio tendiente a satisfacer a todos. Pero esto no se logró. La aristocracia se vio perjudicada por la pérdida de su monopolio político.

Los campesinos no tenían solucionado su problema de falta de tierras.

Por lo tanto, el descontento estaba en ambas partes. Surgieron los desórdenes y la inestabilidad política, comenzó a destacarse un noble con inclinaciones populares: Pisístrato, sobrino del reformador Solón.

Pisístrato logró formar una guardia armada y se apoderó del gobierno; comenzó así un período de tiranía.

En Grecia, se llamaba «tiranos» a quienes llegaban al poder no por vía legal sino por intermedio de la astucia o la violencia.

Es decir, gobernaban sin tener derecho a ello. Durante el siglo VI a.C. este sistema se extendió por Grecia.

Además de Atenas, Corinto, Somos y las ciudades jonias estuvieron gobernadas por tiranos. Pisístrato se declaró defensor de las reivindicaciones del pueblo.

Pisístrato, en general, respetó las reformas políticas de su tío Solón, pero tomó una medida de caracter social que le reportaría gran popularidad: confiscó las tierras a sus enemigos nobles derrotados y las repartió entre sus seguidores campesinos.

Convirtió de esta forma el Ática en una región de pequeños labradores, quienes entonces vieron cómo se cumplían sus reclamos tan esperados.

reformas de solon

Las leyes escritas por Solón provocan resistencia en Atenas, pues no pudieron complacer a las diversas clases sociales.
El grabado muestra a Solón defendiendo sus leyes ante un grupo de atenienses.

La Economía Con Pisístrato:

• Dio trabajo a sus seguidores urbanos, con la construcción de grandes obras públicas, como templos y bibliotecas.
•  Impulsó el tráfico marítimo, manteniendo buenas relaciones con las otras ciudades griegas y creando una poderosa flota.

Con sus reformas sociales y económicas, Pisístrato convirtió a Atenas en una de las polis más florecientes de Grecia.

A su muerte, en el 527 a.C, el poder pasó a sus hijos Hipias e Hiparco. En el 514 a.C. surgió una conspiración contra ambos y fue asesinado Hiparco. Su hermano entonces endureció su posición.

Pero la tiranía en Atenas tenía como sistema de gobierno sus días contados. El golpe final se da en el 510 a.C, cuando una conspiración de nobles apoyada por guerreros espartanos derrocó a Hipias.

Clístenes y sus reformas
Clistenes, se puso al frente del pueblo y fue el fundador del verdadero régimen popular (507 a. C).

Miles de libertos y de colonos extranjeros adquirieron el derecho de ciudadanía, pues Clístenes hizo conocer su máxima: «todo hombre libre, domiciliado en una localidad del Ática, será considerado como ciudadano ateniense».

Hasta esa época, por obra de Solón, el pueblo estaba dividido en cuatro clases.

Clístenes fraccionó el territorio en cien demos (pueblos o aldeas) que a su vez, formaban diez tribus cuyos integrantes eran iguales ante la ley.

Para evitar divisiones sociales cada tribu comprendía igual número de habitantes urbanos, del litoral y de la campaña.

Tenían derecho a enviar 50 miembros al Senado y 500 a la Asamblea popular.

Durante su mandato, todos los ciudadanos podían llegar a desempeñar funciones públicas.

Para impedir el surgimiento de nuevos tiranos, Clístenes introdujo la institución del ostracismo (de ostrakón: valva de ostra para votar, en la que se escribía el nombre) que consistía en el destierro, por diez años, de todo ciudadano que se tornara indeseable para la tranquilidad pública.

Sólo la Asamblea estaba facultada para dictaminarlo y el acusado podía regresar al cabo de ese lapso. No era una pena, sino una medida política; por esa causa no eran confiscados sus bienes ni perdía sus derechos de ciudadano

Al conceder a la mayoría del pueblo la participación en el gobierno, Clístenes introdujo la democracia.

El gobierno ateniense:

A partir del año 503 (a. C), época en que comenzaron a aplicarse las reformas de Clístenes, el gobierno ateniense fue una democracia. El pueblo se transformó en soberano de sus propios destinos y todos los ciudadanos tenían idénticos derechos.

Las magistraturas eran electivas; los funcionarios, elegidos por sorteo, duraban generalmente un año al frente de su cargo y, transcurrido ese lapso, la Asamblea juzgaba su actuación.

Anuló la división de la sociedad en cuatro clases de acuerdo con la riqueza, ideada por Solón: estableció una nueva distribución social basada en el domicilio de las personas.

Dividió a la polis ateniense en comunas o circunscripciones llamadas demos. Se pertenecía a un demos por habitar en una determinada zona, no por ser de una familia de la aristocracia o tener fortuna.

Todos los ciudadanos, nobles o no, ricos y pobres, debían estar inscriptos en el demos. Los demos, a su vez, se agrupaban y formaban una tribu o distrito.

En las tribus se incluía tanto a campesinos como a comerciantes y terratenientes.

El gobierno ateniense comprendía las siguientes instituciones: el Arcontado, el Consejo o Senado (Bulé), la Asamblea del pueblo, los estrategos y, además, dos tribunales: del Areópago y de los Heliastas.

a)   El Arcontado. Con el desarrollo de la democracia, los nueve arcontes, que desde los tiempos primitivos dirigían todos los asuntos de Estado, fueron perdiendo autoridad. Finalmente, conservaron atribuciones de carácter judicial y religioso.

b)  El Consejo o Senado (Bulé). Luego de las reformas de Clístenes, lo integraban 500 miembros (buleutas), sorteados anualmente, entre ciudadanos mayores de treinta años. Para deliberar —debido a su número— se dividían en diez secciones con 50 miembros cada una, que trabajaban una décima parte del año.

Este consejo tenía muy amplias atribuciones, especialmente legislativas. Estudiaba todas las cuestiones de Estado, preparaba y discutía los proyectos de ley y se ocupaba de las relaciones con el extranjero.

c)   La Asamblea del pueblo (Ecclesia). La componían todos los ciudadanos mayores de veinte años y era convocada, generalmente, cada ocho días; se reunía al aire libre, en la plaza (Agora) o bien en las proximidades de la Acrópolis.

La Asamblea estaba facultada para declarar la guerra, elegir anualmente los funcionarios y examinar su actuación; además, condenar al ostracismo y otorgar la ciudadanía.

d)  Los estrategos. A partir del siglo V (a. C), diez estrategos reemplazaron al arconte polemarca en el mando del ejército y de las fuerzas navales.Podían ser reelectos y en caso de guerra uno solo dirigía las operaciones.

Con el transcurso del tiempo, aumentaron su prestigio y algunos -como Pericles– ocuparon las más altas dignidades.

e)   El Areópago. A pesar de que conservó su autoridad moral, prácticamente perdió muchas atribuciones. Juzgaba los crímenes y a los culpables de incendios; además, vigilaba la educación y las costumbres.

f)  El tribunal de los Heliastas. Lo integraban 6.000 jueces (600 por tribu) sorteados entre los ciudadanos mayores de treinta años. Como era un cuerpo demasiado numeroso, para sus deliberaciones se dividía en diez secciones de 500 miembros cada una y elegían 1.000 suplentes.

Esta cantidad excesiva de jueces fue perjudicial para el  recto cumplimiento de la justicia. Las atribuciones de este tribunal eran muy amplias, pues entendía en todas las causas judiciales, exceptuando los asesinatos, que correspondían al Areópago.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  Edit. Troquel José Cosmelli Ibañez

Origen de la Polis Griega Ciudad Estado en Grecia Antigua

ORGANIZACIÓN DE LA POLIS EN GRECIA ANTIGUA – CIUDADES ESTADOS

Los genos u oikos: Más parecidos a la familia eran verdaderos clanes. Era un grupo formados por todos los familiares del basileus (jefe de la familia). También incluía a las personas libres y esclavas que dependían de el. Estos servidores eran necesarios porque de ellos dependía el sustento de todo el grupo.

Estos esclavos producían todo lo necesario para vivir, y habían algunos jefes importantes como Ulises (en la obra de Homero), que dirigía la producción y la distribuía según su propio criterio. Dentro de ellos, en efecto, el padre tenia autoridad absoluta puesto que era el interprete de los dioses; la propiedad, por otra parte, era colectiva. La unidad del clan conducía a curiosas consecuencias: la ofensa hecha a un individuo se consideraba hecha al clan.

Entre los griegos la polis surgió cuando varios oikos se pusieron de acuerdo en reconocer una autoridad superior a la de cada familia: esa autoridad era la encargada de arbitrar en los enfrentamientos y de defender los intereses comunes. Los jefes de cada familia, desde el siglo VIII a.C., comenzaron a ocuparse en forma conjunta del gobierno de los oikos reunidos en una polis o ciudad—Estado.

Con el tiempo, los problemas generales de la ciudad se fueron diferenciando cada vez más de los problemas particulares de cada familia. Se hizo necesaria entonces una autoridad que se ocupara exclusivamente del gobierno de la polis: la autoridad política se diferencia desde entonces de la autoridad familiar, aparece la figura del Rey.

polis grecia antigua

Vista de una Polis Griega

Las polis griegas o ciudades-estado: Poco a poco comienzan sin embargo a agruparse las chozas de los genos; los caseríos aumentan, pero, sobre ser poco importantes no están suficientemente adheridos al suelo.

Grecia estaba formada por una serie de ciudades estado independientes, gobernadas por oligarquías aristocráticas, el aislamiento geográfico impuesto por el territorio que ocupaban y la necesidad de agruparse para defenderse de las invasiones explicaba la formación por los griegos de estas polis o ciudades estado. Aunque eran independientes, a menudo se unían en una liga dentro de la cual la más importante acababa por imponerse. Las dos polis más importantes fueron Atenas y Esparta.

Esparta cuido por encima de todo su poderío militar descuidando el arte y las actividades económicas, redujeron a los vencidos a la esclavitud (ilotas) la población se componía de Dorios, Periecos e Ilotas; los primeros conservaron supremacía mediante las armas.

Esparta contó con dos reyes de poder ilimitado y veintiocho ancianos guiados por cinco Eforos, que formaban el senado, el cual monopolizaba todo el poder volviéndose verdaderos amos del estado.

La guerra era el único móvil de la educación, Esparta quiso imponer su fuerza desde un principio, Mesenia le resistió heroicamente, pero fue vencida, después organizó una liga en Peloponeso, de la cual fue jefe.

Los ciudadanos espartanos gozaban de enormes privilegios sobre los sometidos (iliotas y periecos). Estaban gobernados por reyes de familias diferentes, que se transmitían el cargo por herencia, la monarquía se mantuvo en Esparta hasta la total decadencia de la polis.

Atenas la capital del Ática careciendo de militarismo se convirtió en el motor del mundo Griego. Desarrolló el modelo más perfeccionado democracia limitada y puso las bases de la sociedad Occidental. Sus habitantes proclamaron la independencia, la libertad y la igualdad.

El gobierno comprendió: los Arcontes, el Areópago y el consejo de los cuatrocientos, dividió el pueblo en cuatro clases según su fortuna. Las leyes de Solón suavizaron las costumbres y aseguraron la libertad

En los primeros siglos del primer milenio, Atenas tuvo un papel secundario con una economía basada en la agricultura y el pastoreo. A partir del siglo VI el desarrollo del comercio hizo posible su futura importancia. Cuando Atenas inicio su decadencia, Esparta no pudo sustituirla.

Junto a estas dos grandes ciudades destacaron también Samos, Mileto, Delos, Argos Epiduro, Corinto, Egina, Calcis, Eritrea y Tebas.

ORGANIZACIÓN FÍSICA DE LA POLIS: El asentamiento urbano se establecía al pie de la acrópolis, un lugar elevado y defendido, en el que estaban los edificios públicos y que servía de refugio a los habitantes en casos de peligro. Cerca de las casas, estaban las tierras de la ciudad, propiedad de los individuos, que eran una o varias llanuras fértiles.

Más allá de las tierras cultivadas estaban las colinas. Por ellas se llegaba al campo, propiedad de la comunidad y no de los individuos, que servía para el pastoreo y donde trabajaban los leñadores.El asentamiento urbano se hallaba generalmente situado cerca del mar, pero no era frecuente que estuviera a sus orillas. Si la dudad tenía un puerto, comercial o militar, generalmente no formaba parte del núcleo urbano.

cuadro polis griega

Síntesis: La polis griega era un pequeño Estado independiente que abarcaba un núcleo urbano o ciudad, y las aldeas de alrededor, cuyos habitantes poseían los mismos derechos que los que vivían en la ciudad principal. Tenían además las mismas costumbres y adoraban a los mismos dioses. La polis era, además, autárquica en lo económico; es decir, podía vivir tranquilamente sin depender de otras zonas, era autosuficiente.

Estas ciudades no constituyeron en esta época unidades más amplias; es decir, no integraron un gran Estado político o un imperio. Grecia se caracterizaba por su fragmentación política. Las condiciones internacionales favorecían esta situación: el poderío persa sólo estaba naciendo, Egipto se encontraba en plena decadencia.

El pueblo griego pudo vivir con su régimen propio sin ser absorbido por ningún poder mayor. En este comienzo, entonces, la ciudad tenía una unidad con las aldeas que la rodeaban. En la ciudad, los edificios civiles y religiosos se disponían alrededor de una gran plaza, llamada agora. Allí se congregaba la gente, luego fue el sitio físico del mercado y el centro de la vida del pueblo griego.

Crisis Social y Economica en Atenas Causas y Consecuencias

Crisis Social y Económica de Atenas en la Guerra del Peloponeso

El siglo V a. de J.C. se cerraba con un conflicto que, de forma más o menos directa, había comprometido a la mayor parte de los estados griegos: la Guerra del Peloponeso. Durante casi medio siglo, en Grecia se había combatido por la extensión y difusión de dos tendencias ideológicas: oligarquía y democracia. Atenas sería el estado paladín de la democracia, mientras que Esparta iba a representar el centro de la tendencia oligárquica.

En torno a uno u otro bando se fueron agrupando los restantes centros helénicos según su ideología e intereses económicos. Dentro de cada estado ambas tendencias dividían a la población e incluso reinos vecinos prestaban aportaciones económicas a una u otra causa, como fue el caso de Persia, que auxilió con sus ingentes recursos a Esparta y sus aliados. La lucha iba a concluir con la victoria de Esparta y sus aliados, o sea, el triunfo de la ideología oligárquica.

Atenas se vio obligada a demoler sus murallas y disminuir su flota, al mismo tiempo que se instalaban en cada polis gobiernos llamados decarquías, robustecidos en su poder merced a una guarnición espartana. De esta forma, al frente de cada ciudad se colocaba a diez ciudadanos partidarios de la oligarquía, mientras daba comienzo la hegemonía espartana en el mundo griego. Estos acontecimientos no sólo habían producido su sensible cambio político, sino que condujeron al país a una enorme crisis social.

Los efectos de la lucha fueron desastrosos para la agricultura. La prolongación del conflicto, por una parte, y la tala sistemática del agro ateniense, por otra, habían provocado que el labrador se apartara de la tierra. Tucídides nos habla de la situación surgida en Atenas debido al cerco de la ciudad por las fuerzas espartanas: «Antes, en efecto, las invasiones, al ser de corta duración, no impedían hacer uso del país durante el resto del año; mientras que ahora, al estar instalados allí permanentemente los enemigos y atacar unas veces con más fuerzas y en ocasiones un número adecuado de tropas efectuar correrías y actos de pillaje…, los atenienses sufrían grandes daños. Habían quedado privados de todo su territorio e hicieron defección más de veinte mil esclavos, muchos de ellos artesanos, y además perdieron todas las ovejas y bestias de carga… La ciudad necesitaba importarlo todo por igual, y se convirtió en una fortaleza de una ciudad que era».

En la región del Ática, las cosas se complicaron aún más. Con la victoria espartana, los colonos atenienses, instalados en las ciudades miembros de su antiguo imperio marítimo, iban siendo expulsados y comenzaban a ir retornando al Ática. De esta forma, a una población campesina indigente se le fue agregando este otro sector que buscaba recursos en un lugar en donde conseguir un puesto de subsistencia estaba vedado a la mayor parte de la población.

A la crisis agraria se unía una crisis artesanal y comercial. Tras la guerra, el poder adquisitivo se había visto menguado. Faltos de recursos como estaban, los griegos se hallaban incapacitados de poder adquirir bienes en el mercado, lo que produciría una merma de las actividades mercantiles. La crisis no quedaba en esto. La falta de un mercado interno se podía haber solucionado, al menos parcialmente, merced a una mayor vitalidad del mercado externo. Precisamente el siglo IV antes de J.C. comienza con un mayor desarrollo de los antiguos mercados griegos, que empiezan a convertirse en independientes merced a un crecimiento de las actividades mercantiles, agrarias y artesanales. Esto complicó aún más la situación interna griega, debido a la falta de mercados donde colocar los productos.

Finalmente, la población libre de las ciudades vio agravado su malestar por la competencia que le estaba haciendo el empleo cada vez más abundante de la mano de obra esclava. Tanto en el campo como en la ciudad, los grandes propietarios comenzaban a emplear en mayor cantidad el trabajo esclavo, que a primera vista le resultaba más ventajoso, contribuyendo aún más a la depauperación de la población libre.

En este estado de cosas, al ciudadano griego le quedaba la alternativa de vender su fuerza de trabajo en casi paridad con los esclavos, o bien la de buscar nuevos recursos en otros países. En el mundo griego fue surgiendo de esta forma una nueva situación social, la de personas que trabajaban únicamente por el alimento diario. Por esto el número de emigrados empezó a ser numeroso.

Los centros de esta diáspora eran las colonias del mar Negro, de Italia meridional y del reino persa. Faltos de otra ocupación, muchos de estos emigrados se enrolaron en el ejército. El número de mercenarios, mayormente en el ejército persa, se vio incrementado por gran cantidad de griegos que veían en ello una salida a su perentoria situación. Sin ir más lejos, basta recordar la célebre expedición de los Diez Mil, narrada por Jenofonte, en la que todo un ejército griego luchó como mercenario en los conflictos internos del reino persa.

Junto a este empobrecimiento de la población se observa una mayor concentración de la propiedad en pocas manos y un mayor desarrollo de la gran propiedad.

Con la guerra se había puesto en circulación una gran cantidad de bienes, conforme exigían las múltiples necesidades del momento. Todas las reservas del mundo griego estaban invertidas en la guerra. En Atenas, la lucha consumió todos los tesoros atenienses, llegándose incluso a fundir estatuas de los dioses.

En Esparta, el decreto del éforo Epitadeo suprimió las trabas legales a las compras de tierras y estableció que las tierras se pudieran dejar en testamento a quien se quisiera. De esta forma, la primitiva Constitución espartana se fraccionó, aumentando aún más el carácter oligárquico del régimen espartano.

Como colofón a todo este malestar, la enorme circulación de moneda contribuyó al enriquecimiento de los jefes políticos y originó una subida de precios, que vendría a complicar y agravar la ya caótica situación.

Es lógico que este momento engendrara un tremendo malestar social, que se reflejaría en todos los sectores del saber. La guerra había puesto de manifiesto cómo la estructura de la polis era insuficiente para solucionar los múltiples problemas y las necesidades creados en el mundo griego. Se había hecho evidente que el sistema ateniense de la hegemonía de una ciudad sobre las restantes no bastaba.

La misma hegemonía espartana y posteriormente la tebana iban a ser el exponente de un intento de salvar la organización de la polis. Será entonces cuando se haga palpable la búsqueda de sistemas más amplios que permitieran un mayor desarrollo del mundo griego.

La literatura de la época iba a reflejar este fracaso de la polis, al mismo tiempo que intentaba buscar soluciones, utópicas las más veces. En esta línea están algunas de las obras del comediógrafo Aristófanes. En su obra Las aves nos habla de la creación de un reino de aves, intermedio entre los dioses y los hombres, que den una solución a las exigencias de la época. En otra obra, La asamblea de las mujeres, se intenta crear un reino dirigido por las mujeres en el que se ponga fin al malestar existente merced a un mejor reparto de la propiedad y a la finalización de la guerra.

Igualmente el pensamiento filosófico se vería impregnado de estas tendencias. El estoicismo iba a programar que no podía haber más que una sola ciudad para todo el universo. Todos los hombres serían miembros de un solo pueblo, no habiendo más que un orden -cosmos- y viviendo bajo las mismas normas -nomos-. Este sistema sería el de la Cosmópolis.

Nos encontramos con que en el siglo IV, y como resultado de la guerra del Peloponeso, la polis griega había naufragado, aunque surgían ciertas ideas que intentaban dar una solución circunstancial a través de la creación de formas de estados más amplios que los rígidos compartimientos estancos de la ciudad-estado o de la hegemonía de ciudades. Teniendo en cuenta esta realidad, la aparición de la monarquía helenística no fue sino el reflejo de las exigencias del momento.

La Vida Privada en Grecia Vida de las Mujeres Educacion en Atenas

La Vida Privada en Grecia: Vida de las Mujeres Educación en Atenas

La situación de la mujer: el matrimonio y la familia
En Atenas, las mujeres no gozaban de ningún derecho político ni jurídico. Su vida era de reclusión en el hogar, donde administraban la casa y se ocupaban de la educación de los varones hasta los siete años y de las niñas hasta que contraían matrimonio.

Todo !o que aprendía una joven ateniense, era, esencialmente, lo relacionado con las tareas domésticas, complementado, a veces, con elementos de lectura, cálculo y música. Las jóvenes salían en oportunidad de festividades religiosas, cuando asistían al sacrificio o participaban en la procesión.

Si no querían provocar escándalo, las mujeres no debían ocuparse de las relaciones sociales, tener preocupaciones intelectuales o intervenir en cuestiones políticas.

Cuando la vivienda reunía un mínimo de condiciones, se establecía una separación entre las habitaciones reservadas a la vida estrictamente familiar, dominio de la esposa gyneceo , y el sector reservado a los hombres: el andrón.

El matrimonio tenía como fin primordial procrear hijos para que se perpetuase la raza y asegurara al padre el culto que él mismo había celebrado por sus antepasados, considerado indispensable para el bienestar de los difuntos.

Los matrimonios se celebraban por conveniencia religiosa y social, y la diferencia de edad entre los esposos solía ser considerable.

El marido tenía derecho a repudiar a su mujer sin invocar motivo alguno, teniendo que cumplir, como única obligación, con la devolución de la dote. El adulterio y la esterilidad eran causa frecuente de repudio, debido al concepto, antes señalado, que se tenía del matrimonio.

educacion en atenas

La educación
En la sociedad ateniense del siglo V a.C., el ideal masculino consistía en dejar florecer las virtudes individuales, desarrollar en armonioso equilibrio el cuerpo y el espíritu, y servir a la patria en el campo de batalla.

Era una sociedad viril, en la que las costumbres separaban los sexos hasta donde las necesidades materiales lo permitían, haciendo que los hombres no frecuentaran más que a hombres.

La educación, hasta los 18 años, corría por cuenta de la familia. Al llegar a los siete años, los varones eran llevados a la escuela bajo -la vigilancia de un pedagogo, esclavo de confianza encargado de velar por la conducta del educando y la enseñanza de las buenas maneras.

Los llevaban y traían de la escuela pero no tomaban parte en la verdadera enseñanza escolar.

En Atenas la enseñanza era casi libre y librada a la iniciativa de los particulares. Su propósito era el de formar buenos ciudadanos. En la escuela se enseñaba a leer, escribir, tocar algún instrumento musical y hacer ejercicios físicos.

En los primeros años, se daba al educando nociones rudimentarias de escritura, lectura y aritmética. A partir de los 14 años, las ramas principales de la educación eran la música y la gimnástica.

La educación comenzaba con el estudio de los poetas. Se memorizaban trozos que el profesor explicaba y comentaba, con miras, sobre todo, a la enseñanza moral. Los textos preferidos eran La Ilíada y La Odisea.

Por otra parte, los griegos daban gran importancia a la enseñanza de la música, considerada como* un símbolo de cultura y fuente, además, de beneficiosos efectos morales. La lira era el instrumento preferido, pues se podía acompañar con el canto.

La gimnástica, enseñada y dirigida por el paidotriba, se realizaba en establecimientos especiales llamados palestras, que no eran otra cosa que campos de deportes al aire libre, anexos a las cuales había algunas construcciones utilizadas corno vestuarios, salas de descanso y baños.

Lucha, carrera y saltos; el lanzamiento del disco y de la jabalina eran los ejercicios más comunes.

Sólo en la segunda mitad del siglo V a.C. aparecen variaciones en materia de enseñanza gracias al aporte de los sofistas. Estos eran hombres hábiles y sabios, capaces de comunicar a otros sus conocimientos, y encargados de sistematizar y expandir los conocimientos nuevos.

Bajo el nombre genérico de «filosofía», enseñaban geometría, física, astronomía, medicina y, sobre todo, retórica y filosofía propiamente dicha. Los sofistas cobraban mucho por sus servicios, especulando con el hecho de que eran los únicos capaces de proporcionar una verdadera cultura general y formar oradores. Gracias a ellos, el componente intelectual de la educación se volvió cada día más preponderante.

La Organizacion Militar en Atenas

La Organización Militar en Atenas

HISTORIA DE GRECIA:
LAS INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS

La democracia en tiempos’ de Feríeles era belicosa, conquistadora e «imperialista». Atenas, para poder conservar la hegemonía que tenía sobre las ciudades «aliadas», dominar las rutas hacia la zona del mar Negro, tenía necesidad de una gran flota comercial y una poderosa marina de guerra. También necesitaba un ejército para hacer frente a los ataques de las ciudades vecinas y, llegada la ocasión, atacar ella misma.

En Atenas clásica, todo ciudadano debía servir a su patria de los 18 a los 60 años. De los 18a los 20 era efebo, es decir, realizaba su aprendizaje militar. De los 20 a los 50 servía como hoplita o caballero en el ejército activo. De los 50 a los 60 años, formaba, junto con los efebos y los metecos, una especie de ejército territorial que estaba encargado de vigilar la frontera.

Atenas militar

El equipo de un hoplita en combate, se componía de armas defensivas y ofensivas. Entre las primeras, estaban el casco ático, la coraza, generalmente de bronce, protectores para las piernas y el escudo. Las armas ofensivas eran la Tanza, arma de choque y la espada, que no era más que una simple daga.

La forma de combatir, la táctica militar, el trato con los vencidos era similar a las de las demás ciudades griegas de la época. Era en el mar, donde Atenas era más poderosa, ejerciendo una verdadera talasocracia. Fue Temístocles el iniciador del poderío naval de Atenas. Durante el siglo V a.C., gracias al tributo de las ciudades aliadas, se formó la flota más poderosa del mundo griego.

Se construyeron por primera vez los trirremes, barcos de guerra con tres filas de remeros. Ideados para ganar velocidad, tenían 50 metros de largo y siete de ancho. La proa era estrecha y terminaba formando un espolón. Estos barcos navegaban a vela fuera de combate, si no utilizaban los remos, y llegaron a tener una tripulación de 174 remeros.

En su apogeo, Atenas contaba con una armada de 400 trirremes. La táctica naval era difícil y, a partir del siglo V a.C., se usó al mismo barco como arma de ataque. Se intentaba embestir el flanco de los barcos enemigos de modo de clavarles el espolón. Para lograrlo, se trataba de desbaratar y envolver a la escuadra enemiga y crear confusión en sus filas. Los hoplitas atenienses en Maratón y los marinos en Salamina, habían salvado a Grecia y su civilización del peligro extranjero.

Esta civilización que la guerra había salvado fue, sin embargo, debilitada y comprometida por la guerra. Las luchas fratricidas entre los griegos solamente debilitaron a Grecia y la convirtieron en fácil presa del imperialismo macedónico.

La Justicia en Grecia Antigua Las Instituciones en Atenas Libertad

La Justicia en Grecia Antigua: Las Instituciones en Atenas 

Historia de Grecia: Tal vez mejor que ninguna otra institución, la justicia revela ese equilibrio entre el poder público y la libertad individual que fue el ideal de Atenas en el siglo V a.C. Una diferencia esencial de la organización de la justicia en la antigüedad y en la actualidad es que, en Atenas, no existía el ministerio público, el que sostenía la causa de la ciudad.

En las causas privadas, la persona perjudicada, o su representante legal, era la que entablaba el proceso e informaba a la audiencia. Para las causas públicas, es decir, cuando se cometía un acto contra el interés general, cualquier ciudadano podía sentirse lesionado, como miembro de la comunidad, y tenía el derecho de salir en defensa de la ley. En esta situación, el Estado se veía prácticamente obligado a dar curso a la denuncia.

Justicia en Grecia Antigua, Atenas

Tribunales y procedimiento
Los tribunales eran numerosos en Atenas. El más antiguo y respetado era el areópago, que había ido perdiendo todas las atribuciones políticas, pero, que continuaba juzgando los casos de muerte premeditada, de heridas hechas con intención de matar, de envenenamiento, etc.

Las penas que aplicaba eran: condena a muerte en caso de asesinato; destierro y confiscación, en caso de heridas. El tribunal de los efetas (cincuenta y uno) tenía competencia en los casos de homicidio involuntario, la instigación al asesinato, y el homicidio en legítima defensa. Las penas eran de menor importancia; por ejemplo, el destierro sin confiscación.

Pero no eran los tribunales de sangre, con grandes supervivencias de justicia primitiva, los que daban a Atenas su carácter original en materia de justicia. Era el tribunal popular, la Heliaia, la novedad. Todos los años, entre los ciudadanos mayores de treinta años que estuvieran en la plenitud de sus derechos cívicos, se sorteaban 6 000 para desempeñar el cargo de juez, a razón de 600 por tribu. Este número representaba, para los griegos, la unanimidad del pueblo.

Luego de prestar juramento, los heliastas, eran repartidos en diez secciones llamadas dicasterías. En los procesos importantes, sobre todo los políticos, se reunían varias secciones para constituir un tribunal; por ejemplo, en el proceso a Sócrates se sortearon tres dicasterías.

Con jueces que no eran, en suma, más que jurados, los asuntos debían prepararse con cuidado para el día de la audiencia. La «hegemonía» tenía gran importancia, pues entrañaba, antes de la dirección de los debates, la instrucción del proceso. Realizarlo era una función delicada, de gran importancia. Estaba a cargo de los arcontes, cuando eran asuntos de derecho privado; del polemarca, en los asuntos referentes a extranjeros; de los tesmotetes, en los que se referían al interés público.

Posteriormente, se establecieron funcionarios especializados que tenían el cometido de agilitar los trámites en los asuntos de índole comercial.

El juicio comenzaba cuando el presidente del tribunal tomaba juramento a las partes y se daba lectura a la demanda y a la declaración que oponía la defensa. Acto seguido, se le concedía la palabra al demandante y al demandado; cada uno debía exponer sus razones personalmente, salvo los incapaces (mujeres, niños y esclavos), que estaban representados por su tutor legal. Él litigante que se consideraba incapaz de defenderse a sí mismo, encargaba el discurso a un profesional —logógrafo— y luego lo repetía dimemoria.

Apenas terminada la exposición, se votaba. Los jueces emitían el voto sin deliberación previa y en forma secreta.
Cada juez recibía un guijarro que depositaba, según votase a favor o en contra, en una de las dos urnas ante las cuales desfilaba. Contados los votos, el presidente proclamaba el fallo, que era inapelable.

Los castigos que se imponían eran diferentes según la condición de las personas, ya fuesen ciudadanos, metecos o esclavos. Las penas pecuniarias más frecuentes eran: las multas y la confiscación, parcial o total, de los bienes; las penas aflictivas; el destierro temporal o definitivo; la atimia o privación de los derechos de ciudadano; el encarcelamiento y también la muerte. Había también penas infamantes de carácter arcaico y religioso, como ser, la prohibición hecha a las mujeres adúlteras de llevar ornamentos y de entrar en los templos; la privación de sepultura, etc.

Muchos ciudadanos y extranjeros que eran condenados a penas pecuniarias superiores a sus medios podían escapar a la pena optando por el destierro voluntario.

En lo que respecta a la pena de muerte, cuando no se les permitía beber la cicuta en la prisión, sufrían el misterioso suplicio de apotympanismos, que no se sabe ciertamente en qué consistía; podía ser la decapitación o el castigo corporal hasta la muerte.

Críticas
El sistema judicial ateniense ha sido objeto de muchas críticas que merecen ser explicadas. Algunos autores —Glotz, por ejemplo— han pretendido «idealizarla» y atenuar las críticas. Otros sostienen que una justicia que condenó a Sócrates estaba muy lejos de ser perfecta aun para su tiempo.

No se puede negar, por ejemplo, la verdadera manía por los pleitos, que hizo que Aristófanes llamara a Atenas dicaiopolis (ciudad de los pleitos).

Esto constituía un mal que tenía su contrapartida en la falta de ministerio fiscal. Para evitar esta generalización de pleitos, se estableció que si el acusador no obtenía el quinto de los votos apoyándolo, debía pagar una multa. Otra crítica, se basa en el número excesivo de jueces, pues se considera que sin conocimiento adecuado de la legislación, se dejaban llevar por sentimentalismos.

Esta situación estaba agravada por la ausencia de códigos.
Lo que se podría criticar no es la intención, sino la eficacia práctica de este sistema judicial.
Los atenienses se preocuparon por ejercer la justicia con. equidad, con toda clase de garantías, de imparcialidad y de acuerdo con las ideas morales de su tiempo. Atenas, a pesar de sus meritorios esfuerzos, no logró, en materia judicial, la perfección a que llegó en las artes, en las letras y la filosofía.

LAS FINANZAS ATENIENSES
El manejo de las finanzas era ejercido por el Consejo, que se encargaba de distribuir los fondos públicos con ayuda de comisiones subordinadas. El presupuesto habitual de gastos del Estado ateniense, en el siglo V a.C., era importante. Los principales egresos eran: el pago de la mistoforia, que desde la época de Feríeles, correspondía al ejercicio de todas las funciones públicas; los gastos de los festivales religiosos, en concursos y competencias dramáticas, musicales y atléticas y, finalmente, gastos del ejército y la armada que, sin duda, eran elevados en tiempos de paz y aumentaban muchísimo en tiempos de guerra.

La i principal renta del Estado era el tributo que pagaban a Atenas las ciudades miembros de la Liga de Délos. Además del tribute?, había otros impuestos como ser, el 2 por ciento que se cobraba sobre todas las importaciones y exportaciones. El impuesto a los residentes extranjeros. A todo esto, debe agregarse el producto de las minas de plata de Laurión.

Como otra forma de rentas, hay que mencionar el sistema de los «servicios públicos», sistema mediante el cual el Estado encargaba el pago de ciertos servicios a ciudadanos pudientes, a título de contribución patriótica.

La moneda griega
Todos los estados griegos de cierta importancia solían acuñar su propia moneda, con su nombre y con su emblema o distintivo. Había un sistema de monedas generalmente aceptado, que gobernaba el valor relativo en el sistema de acuñación que gradualmente fue sustituyéndolo. La graduación entre estas monedas era la siguiente: seis óbolos eran igual a una dracma, cien dracmas equivalían a una mina, sesenta minas eran igual a un talento.Las principales monedas atenienses eran de plata, las monedas de cobre y oro se acuñaron posteriormente.

Ciudades Estados Griegas Organización Política y Social

Ciudades Estados Griegas – Organización Política y Social

polis griega: atenas y esparta

Polis Griega: AtenasPolis Griega: Esparta

Ciudades Estados Grecia Antigua:Atenas y Esparta

Las polis o ciudades-estado:
Los griegos fundaron colonias y factorías en puntos del Mediterráneo muy alejados de su país pese a su población poco numerosa. Contaban, sin embargo, con una tierra bella y grata, más fértil que hoy en día, y en la que reinaba un delicado equilibrio entre campo y ciudad, tierra y mar.

En Grecia, las montañas y el mar nunca están distantes unas de otras, y la forma más rápida de viajar es siempre por el agua. Parte de la población griega vivía en las islas o incluso en el Asia Menor, cuyas brillantes ciudades y colonias eran fruto de una rápida expansión que había llegado de un extremo a otro del Mediterráneo adentrándose incluso hasta las costas meridionales del mar Negro.

La expansión de los griegos a lo largo y ancho del Mediterráneo tenía una de sus causas en el exceso de población que acosaba a la Grecia continental y a las islas del Egeo. Se trataba de unas tierras pobres, con escasas y reducidas llanuras, que impedían a sus pobladores naturales el desarrollo de una agricultura y una ganadería que fueran más allá de la mera subsistencia.

Las colonias griegas no sólo permitieron solventar este problema del excedente de población, sino que hicieron también que con el tiempo esta misma población creciera en las costas griegas, como consecuencia de los enormes graneros que habían pasado a constituir las tierras de Sicilia, el sur de Italia (la Magna Grecia), Egipto y las costas del mar Negro. De esta manera fue posible que la influencia cultural de los griegos sobrepasara los límites que su reducido poder político parecía señalar.

La política
Al principio las ciudades-estado estaban gobernadas por reyes. Fueron los tiempos de la monarquía, sustituida luego por las oligarquías o gobierno de unos pocos. Éstas (a su vez darían paso a la tiranía, basada en el gobierno de un líder que se compromete a cumplir un programa. Su fracaso daría lugar a la democracia, es decir, la soberanía del pueblo.

Los griegos tenían muchos esclavos, a los que no se permitía el voto, de la misma manera que ocurría con las mujeres. Cada hombre libre tenía derecho de voto junto con el de asistir en persona a las asambleas de gobierno, derecho al que jamás renunciaba. Para que todos los hombres libres se representaran a sí mismos en el gobierno, asistían a los debates públicos, votaban sobre cada caso concreto, y eran personalmente responsables del cumplimiento de las leyes.

Sólo los hombres libres podían combatir en defensa de su ciudad, y por ello todos eran políticos, ciudadanos y soldados; las disputas eran sangrientas pero nadie podía esquivar su responsabilidad. Esta forma de organización política limitaba la expansión de la ciudad-estado, ya que la asamblea tenía que estar al alcance físico de los ciudadanos; por ello Atenas nunca llegó a ser más que una regular capital de provincias que regía una zona no mayor que una comarca o un pequeño condado. El servicio militar era obligatorio, y filósofos y escritores como Sócrates y Esquilo lucharon en defensa de su ciudad.

De manera paulatina, dos ciudades-estado vinieron a ejercer un caudillaje: Atenas y Esparta. Ambas representaban ideales opuestos, pues mientras Atenas era un poder marítimo abierto a la influencia foránea, y dada a las grandes empresas, Esparta era una potencia terrestre encerrada en su tradición, que se regía como un estado militar en el que reinaba la más feroz disciplina varonil desde la misma adolescencia.

Los ciudadanos de Esparta debían sufrir pruebas sin cuento que eliminaban a los más débiles y seleccionaban a la élite de los más aptos. Hoy admiramos a Atenas, pero aquella Grecia veneraba a Esparta y a su invencible infantería. En esas circunstancias era inevitable un enfrentamiento -como ocurrió en la guerra civil o del Peloponeso que de manera permanente habría de debilitar a ambos poderes.

La unidad del mundo griego
A primera vista, Grecia se nos aparece como un conglomerado de piezas separadas que luchan entre sí, imagen que hace difícil percibir el núcleo central que mantiene a ese conglomerado unido. Y, sin embargo, el pueblo no dudaba de su nacionalidad griega, unidad que encontraba en la lengua y la religión.

La religión era un producto poco común: no sólo era fuerte sino también de amplias miras. Los griegos gustaban también de las fiestas conmemorativas en las que se reservaban la participación, y había una gran rivalidad entre las ciudades para ganar los premios en las competiciones tanto teatrales o literarias como de proeza atlética. No debe ello extrañarnos,.,pues los griegos creían en la necesidad del equilibrio entre una mente y un cuerpo sanos. Las obras teatrales debatían siempre cuestiones morales de gran importancia. De sus fiestas conmemorativas surgieron los Juegos Olímpicos.

En la antigua Grecia se celebraban cuatro grandes festivales: los olímpicos, píticos, ístmicos y ñemeos. El festival olímpico en honor del dios Zeus se celebraba a mitad de verano cada cuatro años. Los períodos de cuatro años entre unos juegos y otros eran conocidos como olimpiadas y se utilizaban para fechar acontecimientos históricos. Los Juegos Olímpicos eran la parte más importante del festival.

Existe un registro de las victorias desde el año 776 a. de J.C. El número de pruebas de los juegos fue aumentando con los años e incluían carreras, boxeo, carreras de carros y el pentathlon -una competición compuesta por cinco pruebas: velocidad, salto de longitud, lanzamiento de jabalina, lanzamiento de disco y lucha-.

El estadio de Olimpia tenía forma de herradura alargada y podía acoger a 40.000 personas. Durante la celebración de los juegos se proclamaba una tregua entre los distintos estados griegos y se interrumpían todas las luchas para que participantes de toda la península pudieran asistir a las pruebas.

En los juegos de Olimpia estaba excluida por completo la participación de las mujeres. Las fiestas duraban cinco días y se iniciaban con ceremonias de bienvenida. Vencer en una prueba convertía al protagonista en un héroe popular y en un ciudadano privilegiado. Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, ganó en una ocasión la carrera de carros, y esta hazaña fue rememorada con el acuñamiento de moneda.

Fuente Consultada: Historia Sin Fronteras Tomo I Historia del Mundo Antiguo y La Edad Media

Las Instituciones Democraticas en Grecia Antigua Asamblea Ecclesia

Las Instituciones Democráticas en Grecia Antigua Asamblea Ecclesia

Integrantes: El poder soberano pertenecía a la asamblea del pueblo. Esta es la diferencia fundamental entre la democracia ateniense y la moderna. En la democracia moderna el gobierno es representativo, en Atenas la democracia era directa: era el conjunto de los ciudadanos en la asamblea el que votaba las leyes, declaraba la guerra y elegía los magistrados.

En teoría, para entrar en la ecclesia se requerían solamente dos condiciones: ser ciudadano —desde la ley de Pericles, el hijo varón de padre y madre atenienses— y ser mayor de edad.

En la práctica, solamente participaba en las sesiones una fracción del pueblo; nunca más de dos o tres mil ciudadanos, la mayoría de ellos vecinos de Atenas. Para ciertas resoluciones que tenían que ser tomadas «por todo el pueblo» se exigía un quorum de 6 000 personas. La abstención, sin embargo, no era practicada igualmente por todas las clases de la sociedad.

Democracia en Atenas

Muchos de los ricos no participaban por no molestarse o porque evitaban juntarse con la muchedumbre; la gente de la costa, no lo hacía porque prefería el producido de la pesca y el comercio a los discursos solemnes; los campesinos en raras ocasiones descendían a Atenas. El público habitual de la asamblea eran los artesanos y pequeños comerciantes de la ciudad. Si bien en un principio la participación en la asamblea no era retribuida, posteriormente los asistentes recibían una remuneración por cada reunión, al comienzo un óbolo y luego tres, lo que era muy poco, teniendo en cuenta los salarios de la época.

Funcionamiento
En los primeros tiempos, la asamblea se reunía una vez por pritanía (décima parte del año), pero los progresos del régimen democrático, tuvieron por efecto multiplicar las cuestiones sometidas al pueblo y llegó a haber hasta cuatro sesiones por pritanía.

Las sesiones tenían siempre su orden del día, aunque éste no era nada limitativo. Desde el momento que un asunto hubiese sido llevado al orden del día, dentro del plazo legal de cuatro días podía ser sometido a deliberación.

Como en todas las ciudades griegas, el punto de reunión de la asamblea era primeramente el agora, pero, en el siglo V a.C. la gran plaza del mercado servía solamente para las ocasiones especiales en que debía reunirse «todo el pueblo». La colina del Pnyx era el lugar de las asambleas ordinarias.

En este lugar de 6.000 metros cuadrados cabían hasta 25.000 personas de pie y, en los bancos, había asiento para 18.000. La asamblea era presidida por el «epístata de los pritanes» designado cada año por sorteo,- salvo en las asambleas electorales y plenarias que eran presididas por los nueve arcontes.

Antes de la deliberación se realizaba una ceremonia religiosa: los purificadores inmolaban algunos puercos y con la sangre de las víctimas trazaban un círculo sagrado en torno de los asistentes. Acto seguido, el presidente ordenaba que se leyera el informe del consejo acerca del proyecto puesto en el orden del día, el probuleuma. La ley prohibía que se introdujera y se sometiera a deliberación toda proposición no tratada previamente por el Consejo.

El consejo carecía del derecho de veto; el probuletima no establecía nunca que una proposición debiera ser rechazada, sino que daba una opinión favorable o desfavorable o un análisis sin conclusiones.

Luego de la lectura, si el informe era favorable, se procedía a votar, levantando el brazo, la aceptación pura del probuleuma, o se pasaba a discutirlo. Si se decidía discutir, todo ateniense podía sostener su opinión ante la asamblea: una igual libertad de palabra —isogoría— parecía la condición del régimen democrático. Pero solamente un número muy reducido de asistentes hacía uso de esa facultad y, generalmente, eran los jefes de los partidos los que sostenían el peso de la discusión.

El ciudadano llamado a hablar a la tribuna ponía en su cabeza una corona de mirto; entonces, era inviolable y sagrado. Todo ateniense tenía derecho de iniciativa, es decir, de presentar una moción, y derecho de discusión y corrección, vale decir que podía hacer adiciones al probuleuma o hacer proyectos sustitutivos.

Los abusos del derecho de iniciativa eran severamente reprimidos: toda proposición ilegal debía ser rechazada y se podía llevar al autor hasta los tribunales.

Existía la posibilidad, aun después de efectuada la votación, de que el asunto fuera sometido a nueva discusión.
El voto secreto estaba reservado solamente para las asambleas en que se tratase de adoptar medidas graves contra particulares, como ser el ostracismo y la alta traición.

Atribuciones: El pueblo soberano lo puede todo en un régimen de democracia absoluta. Pero, ¿qué entendían los atenienses por soberanía? A la ecclesia le correspondía la decisión en los asuntos fundamentales de la política exterior, el poder legislativo, la suprema acción de juez en materia política.

En materia dé relaciones exteriores, noo solamente decidía la paz y la guerra, sino que concretábalas alianzas e intervenía hasta en las más insignificantes negociaciones. En tiempos de paz se preocupaba de todo lo concerniente a la defensa de las fronteras y a la flota.

En tiempos de guerra, fijaba el número de contingentes que tenían que ser movilizados, designaba los estrategos de las expediciones que ordenaba, aprobaba o desaprobaba sus planes y disponía, por decreto, la ofensiva o la retirada. Esta autoridad que tenía sobre los jefes militares fue todavía acrecentada y, así, se vio condenar al destierro o a la pena de muerte a generales vencidos y hasta a generales vencedores.

Esta suprema injerencia de 40.000 individuos en la dirección de la guerra y de la flota puede parecemos extraña, si no se distingue, bajo las apariencias, la realidad de las cosas. Lo que ocurría era que, en el fondo, la misión principal, en materia de política exterior, le correspondía al Consejo; éste estudiaba los asuntos, hacía las negociaciones y prácticamente daba soluciones que la asamblea no hacía sino ratificar. La soberanía del pueblo en materia de poder ejecutivo se ejercía por intermedio de magistrados.

Los funcionarios que ocupaban cargos de gran responsabilidad eran designados por elección de la asamblea. El día de la ecclesia se transformaba en comicios efectuaba una asamblea extraordinaria en la que los integrantes de los partidos, por todos los medios, trataban de lograr el favor popular. Una vez en el cargo, los magistrados quedaban sometidos a la vigilancia de la asamblea. Esta, en cada pritanía, les renovaba sus poderes por un voto de confianza; en caso negativo, les hacía abandonar el cargo o los sometía a los tribunales. El pueblo era el encargado de votar las sumas necesarias para la guerra, para las embajadas, etc.

Para determinar el papel legislativo de la asamblea, habría que distinguir el sentido exacto que le daban a los términos ley y decreto, conceptos que no eran claros para los atenienses. Lo que estaba bien establecido era que ningún decreto, tanto del Consejo como de la asamblea podía prevalecer sobre la ley.

Lo que los atenienses del siglo V a.C. entendían por leyes eran, sobre todo, las leyes constitucionales, o sea, las normas dictadas por Dracón, Solón y Clístenes y que no fueron abolidas porque se consideraba dicha abolición un atentado contra los dioses y la ciudad. Para eludir ese principio se legislaba por decreto. Había ciertos decretos que requerían un tratamiento especial y no el simple probuleuma del Consejo; eran los decretos por los que se trataba de fijar la condición de una ciudad federada, la concesión de la ciudadanía a un extranjero, etc.

En estos casos se nombraba una comisión de expertos, los syngrafeis, para preparar el proyecto a presentar en la asamblea. Se utilizaba ese procedimiento también para evitar la improvisación del pueblo en temas graves de legislación, sobre todo en aquellos que nosotros llamaríamos leyes constitucionales. Los poderes judiciales de la asamblea eran solamente los excepcionales. Intervenía en aquellos casos en los que los intereses del Estado estaban en juego. Todas estas funciones las cumplía el pueblo ateniense a través de las asambleas, independientemente del número de asistentes. En casos especiales, se requería determinado quorum; eran las asambleas plenarias.

Estas se reunían:

• Para designar al ateniense que debía ser expulsado de la ciudad por la ley del ostracismo.

• Para conferir la adela, es decir, la impunidad o la gracia ya al autor eventual de una proposición ilegal pero necesaria, ya a las personas que habían perdido sus derechos cívicos.

• Para conferir el derecho de ciudadanía a un extranjero. En esos casos, la comunidad, en nombre de un interés superior, iba contra las reglas de derecho común que garantizaban a los individuos los derechos cívicos; de allí su carácter extraordinario.

Al analizar el papel desempeñado por la asamblea, las ventajas y desventajas del gobierno democrático directo, debemos recordar que ya en la antigüedad se le hicieron muchas críticas.

Se decía que el pueblo resolvía cosas que la mayoría no entendía, que se tomaban decisiones graves bajo el influjo de las pasiones dominantes en el momento, más que por la fría reflexión. Estos vicios no podemos dejar de tenerlos en cuenta, pero, por graves que fueran los inconvenientes, también se estima que estaban compensados por las ventajas propias del sistema. La asamblea era una excelente escuela. Fiscalizando a los magistrados, deliberando y votando sobre los proyectos de ley, el ciudadano encontraba un factor indispensable de desenvolvimiento político e intelectual.

Todos aprendían en la práctica su oficio de ciudadanos. Además, el ejercicio directo de la soberanía por los ciudadanos tenía sus limitaciones. Los jefes de partido tuvieron siempre su importancia, y en ellos hubo delegación tácita de soberanía. Por otra parte, hay que tener en cuenta también estos elementos:

• El probuleuma, o sea que antes de ser sometido a la asamblea, todo asunto era previamente estudiado;

• El peligro de la paranomon grafé, que obligaba a meditar antes de hacer una proposición;

• Que para los asuntos de importancia, era necesario el estudio de una comisión de expertos;

• Los asuntos más graves solamente eran tratados en asambleas plenarias.

Ver: Gobierno de Clístenes y Las Instituciones Democráticas

La Democracia en Atenas Deberes de los Ciudadanos Leyes Asamblea

La Democracia en Atenas
Deberes de los Ciudadanos y Leyes 

EL FUNCIONAMIENTO DEMOCRATICO DE ASAMBLEA DEL PUEBLO: El pueblo de Atenas, es decir, la reunión de los ciudadanos, resolvía todos los asuntos importantes. Se reunía en Asamblea para deliberar y votar.

La Asamblea se reunía tres veces al menos cada mes, al aire libre, por la mañana, hasta el sigio V en la plaza del mercado (la agora), desde el siglo V en el Pnyx, plaza con gradas talladas en la roca de una colina.

El día en que había de reunirse la Asamblea, al amanecer, se desplegaba un estandarte. Los ciudadanos iban llegando y se sentaban en las gradas. Enfrente, en una plataforma de piedra, estaban ¡os magistrados que iban a presidir la Asamblea.

Empezaba la sesión con una ceremonia religiosa. Los sacerdotes paseaban unos cerditos alrededor de la Asamblea. Los degollaban, recogían la sangre y con ella regaban el suelo.

Luego se quemaba incienso. Un heraldo recitaba una oración pidiendo a los dioses que se mostrasen propicios, y una maldición contra cualquiera que intentase engañar al pueblo.

Entonces el presidente, en nombre del Consejo de los Quinientos, exponía las cuestiones que se iban a discutir, porque la Asamblea no debía deliberar sino acerca de cuestiones anunciadas de antemano y ya examinadas por el Consejo.

Luego leía la proposición redactada por el Consejo y preguntaba a la Asamblea si quería discutirla. Los asistentes respondían alzando las manos.

Empezaba la deliberación. El heraldo decía en alta vo: «¿Quién quiere tomar la palabra?». Todos los ciudadanos tenían derecho a usar de la palabra y, cuando varios la pedían a un tiempo, era preferido el de más edad.

El orador subía a ¡a tribuna, plataforma ancha en la que se podía hablar andando. Se colocaba en la cabeza una corona de mirto, indicando desempeñar una función religiosa, por la cual esiaba prohibido interrumpirle. La Asamblea escuchaba en silencio.

Una vez que todos ios oradores habían hablado, el presidente preguntaba a la Asamblea si aceptaba o rechazaba ¡a proposición y los ciudadanos respondían alzando las manos. Los mismo se hacía con las demás cuestiones que en ei día habían de resolverse.

Una vez terminada la votación, el heraldo pronunciaba una fórmula religiosa y la Asamblea se disolvía.

Las proposiciones aceptadas por la Asamblea se consignaban en forma de decretos. Al frente se ponía el nombre del presidente, del secretario y del ciudadano que había presentado la proposición.

De esta suerte el pueblo sabía quién le había inducido a tomar una medida.

El ciudadano que había presentado una proposición seguía siendo responsable de sus consecuencias.

Cualquiera podía intentar contra él un proceso y, si el tribunal juzgaba lo propuesto contrario a las leyes, era condenado a multa y podía ser privado en lo sucesivo de los derechos de ciudadano.

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DEMOCRACIA E INSTITUCIONES EN GRECIA

LA DEMOCRACIA EN GRECIA: Es el régimen democrático funcionando en la época de Pericles lo que vamos a estudiar, pues es en esa época cuando la vida política de Atenas revela equilibrio entre los derechos del individuo y el poder político.

Lo que distingue a una sociedad democrática es que la soberanía pertenece a todos los ciudadanos sin excepción.

La única restricción es la ley. La ley que regula las relaciones entre los ciudadanos, protege a los unos de los otros y defiende también a los ciudadanos del poder del Estado, así como los intereses del Estado frente a los particulares.

democracia en Atenas

Discución de leyes con el pueblo

Los principios sobre los que se basa la democracia son: libertad, igualdad y filantropía.

Bajo el imperio de la ley, los atenienses eran verdaderamente libres e iguales.

La libertad del ciudadano en Atenas era absoluta, y el concepto ateniense de libertad no difería mucho del que hoy sustentamos: derecho de todos los ciudadanos a pensar, decir y hacer lo que mejor crean, dentro de los límites marcados por la ley elegida por ellos mismos.

La democracia ateniense no era caótica gracias a la acción reguladora de la ley. Ella tenía como fin mantener el orden y la paz social, así como la propiedad y la grandeza intelectual.

La libertad, entendida de ese modo y para mantener su valor de tal no puede ir separada de la igualdad.

INSTITUCIONES DECOCRÁTICA EN ATENAS: La democracia, sea como concepto, sea como institución, se remonta a la cultura griega. Aparece en las ciudades griegas, particularmente en Atenas, donde Solón estableció un gobierno democrático temperado.

Cuatro cuerpos políticos constituían el gobierno de Atenas posibilitando de esa manera el acceso de todos al poder.

a) El Arcontado. En realidad existía antes de Solón, pero este impuso el mando de nueve arcontes simultáneos elegidos por el pueblo. Solo podían ser elegidos los ciudadanos pertenecientes a la primera clase. El Arcontado ejercía el poder ejecutivo.

b) El Areópago era una asamblea de ancianos, en un principio de nobles. Después de Solón admitió a los arcontes que cesaban en sus funciones y a los magistrados que se habían distinguido por el buen ejercicio de su cargo. El nombre de Areópago provino del lugar donde se reunían. Su función era administrar justicia en asuntos concernientes a educación, moral y religión. Censuraba a los malos magistrados, castigaba la holganza, la impiedad, los sacrilegios y el homicidio.

c) El Senado estaba compuesto por 400 ciudadanos elegidos por la Asamblea del pueblo. La edad mínima para ser elegido senador era 30 años. Correspondía al Senado la elaboración de las leyes que luego sometía a la Asamblea del pueblo, la vigilancia de los magistrados, la aplicación de multas por infracciones a las leyes, la dirección de la administración civil, la convocación de la Asamblea. El Senado debía dar cuenta de su actuación ante la Asamblea.

d) La Asamblea del pueblo. La componían todos los ciudadanos que tuvieran 20 años y reconocida moralidad. Como se ve casi todos los atenienses eran legisladores porque todos podían participar en la elaboración de las leyes. Ordinariamente sesionaba tres veces al mes en el Agora.

La reunión comenzaba con un sacrificio. Luego se discutían las leyes. Los ancianos gozaban de prioridad en el uso de la palabra. Al pasarse a votación, los que estaban por la afirmativa levantaban la mano; en algunas circunstancias se computaban los votos nominalmente como en los escrutinios actuales.

La Asamblea del pueblo estaba investida de todos los poderes; no estaba sujeta a ningún control- o veto ni a limitación de ninguna clase.

En la democracia ateniense, el pueblo aparecía como el verdadero soberano del Estado.

Además de aprobar o rechazai las leyes del Senado, decidía, por mayoría, de la paz o de la guerra, y enjuiciaba a los generales. «Todo, en suma, dependía en Atenas de la decisión de la Asamblea General. Según la Constitución de Solón, el poder ejecutivo pertenecía, pues, a los Arcontes, el poder judicial al Areópago y el legislativo al Senado y a la Asamblea del pueblo».

LOS CIUDADANOS: Todos los ciudadanos tenían los mismos derechos ante la ley fisonomía), igual voto decisivo en los asuntos públicos, la misma participación en el gobierno efectivo del Estado e igualdad en el derecho de palabra (isogoría). Los griegos entendían así la democracia y desconfiaban de las instituciones de carácter representativo.

La verdadera democracia requería que todo ciudadano pudiera asistir personalmente al debate de los asuntos tratados, así como emitir su voto directamente, y que incluso cada ciudadano pudiese gobernar y ser gobernado por turno.

La igualdad era lo que los atenienses ponían por encima de todo en su constitución. «Es el mérito —decían— mucho más que la clase, lo que abre la vía de los honores públicos. Nadie, si es capaz de servir a la ciudad, puede dejar de hacerlo por la pobreza o por la oscuridad de su condición». (Tucídides).

Se podría pensar, entonces, que los atenienses se negaban a sí mismos al mantener el sistema solónico de las clases censatarias.

Instituciones claves para hacer efectiva la democracia eran el sorteo y la remuneración económica ya analizada.

El sistema del sorteo era, en esencia, el reconocimiento de la igualdad de posibilidades de acceso al gobierno de la cosa pública que tenían los ciudadanos; no era negar una elección, sino afirmar que, en última instancia, cualquier ciudadano estaba capacitado para el gobierno.

Ello, además, estaba respaldado por la exigencia con que el pueblo controlaba la acción del magistrado.

El sorteo no comprendía a todos los ciudadanos, sino a aquellos que se inscribían para ser sorteados. Vale decir que había un paso previo de autoselección entre los aspirantes al cargo.

El sorteo era considerado como una de las piedras angulares de la democracia; impedía que los más poderosos influyesen en las elecciones, presionando al electorado.

Otro gran principio era el de la filantropía. Habiendo ciudadanos libres e iguales, el Estado tenía ciertas obligaciones precisas que no podía eludir, bajo pena de traicionar los principios mismos de la Constitución. La primera de estas obligaciones consistía en asegurar la defensa de la ciudad:, organizar y mantener el ejército y la marina.

Debía proteger la libertad individual, haciendo desaparecer los últimos vestigios de responsabilidad colectiva. Tenía el deber de corregir la desigualdad en el reparto de los bienes, dando a los más necesitados compensaciones tendientes a aliviar su situación y evitar su miseria.

La mistofonia, las cleruquías, las grandes obras de utilidad o embellecimiento, fueron medidas tomadas para mantener el equilibrio de una sociedad democrática.

A la protección que significaba la creación de fuentes de trabajo para los que podían trabajar, se agregó la asistencia a los que no podían hacerlo. Así, había una ley que determinaba que los inválidos por acción de guerra recibirían hasta el final de sus días una pensión del Estado.

Las viudas de los atenienses muertos en combate eran alimentadas por el Estado lo mismo que sus hijos, quienes, además, recibían educación a cargo de aquél.Pero todavía se tomaban más precauciones.

Para que los artículos de primera necesidad no encareciesen, se creó una magistratura especial —sitofilacos—, que tenía como misión el contralor de la importación de granos, los precios y las condiciones de venta.

Esta política de ayuda no era solamente justa, sino indispensable; el régimen no podía mantenerse sin asegurar a cada ciudadano el mínimo indispensable para ejercer sus derechos cívicos.

De esa manera, asegurado su sustento, los ciudadanos exigían al Estado satisfacciones intelectuales y morales.

El teatro griego era costeado por la primera clase, a la que se le imponían cargas tributarias utilizadas en la preparación de coros, concursos líricos y dramáticos. Los beneficios llegaban gratuitamente a todas las clases. Como esas prestaciones no eran suficientes, el Estado llegó a formar un fondo —el teoñcón— con el cual se costeaba la entrada.

El griego consideraba que el teatro era la mejor forma de enseñar. De ahí el contralor que ejercía el Estado sobre el teatro.

Los deberes de los ciudadanos: Una ciudad que cumplía tan liberalmente con sus obligaciones, podía pedir mucho a cambio. Las relaciones del ateniense para con su ciudad, no suponían solamente derechos, sino también deberes.

El Estado garantizaba la igualdad, la filantropía, la libertad y la responsabilidad personal pero, a cambio, exigía una serie de prestaciones y una disposición moral hacia la ciudad que conocemos a través del juramento de los efebos. Este juramento lo hacía el joven el año que llegaba a la mayoría de edad, antes de ser inscripto en el registro que le garantizaba su derecho de ciudadanía.

El efebo recibía su armadura en presencia del Consejo de los 500. Juraba defender la ciudad, obedecer sus leyes y sus dioses, según los términos de un documento del siglo IV a.C.: «No deshonraré estas armas sagradas, no abandonaré a mis compañeros en la batalla, combatiré por mis dioses y mi hogar, solo o con los otros. No dejaré mi patria disminuida, sino más grande y más fuerte aún que lo que pude recibirla. Obedeceré las órdenes que la sabiduría de los magistrados me pueda dictar. Me someteré a las leyes en vigor y a las que el pueblo haga de común acuerdo: si alguien quiere abolir estas leyes o desobedecerlas, no lo soportaré, sino que combatiré por ellas, solo o con todos. Respetaré el culto de mis padres».

Sumisión a la soberanía del pueblo y a las autoridades establecidas, obediencia a las leyes: tales los fundamentos sobre los que reposó el equilibrio político y social de Atenas cinco siglos antes de la era cristiana.

La ley: ¿Cuál era el concepto de ley para los atenienses del siglo V a.C.? Los griegos tenían dos términos para designar la ley:

• La themis o justicia primitiva, trasmitida por tradición oral y de origen desconocido, pero consagrado por la costumbre como cosa sagrada e inmutable.

• La nomos, que era la ley humana, cuyo carácter esencial era el estar escrita, ser conocida por todos y pertenecer a todos. Respaldada por el acto soberano de la votación, gozaba de gran respeto, pero no se le daba un valor absoluto y se admitía su cambio mediante otro acto soberano.

Ninguna ciudad griega tenía una constitución redactada en un documento; lo que existía era un conjunto de costumbres, de disposiciones insertas en leyes diversas.

Cuando los autores griegos, sobre todo Aristóteles, hablan de constitución, se refieren al régimen de una ciudad. Es decir, se refieren a la organización dada a las magistraturas en general, dicen cómo estaban repartidos los poderes, cuáles eran las atribuciones de la soberanía popular y qué fin se asignaba a la comunidad política.

Las leyes tampoco eran entre los griegos un todo sistemático, un código en el sentido moderno. Por lo general, cuando estaban agrupadas, llevaban como etiqueta oficial el nombre de los magistrados o de los tribunales encargados de aplicarlas.

Los griegos tenían un alto concepto de la ley; consideraban que el Estado no podía subsistir cuando los fallos que se dictaban carecían de fuerza, cuando los particulares podían suprimir el efecto de la ley.

La ley había que aceptarla aun siendo injusta, porque el ciudadano le debía obediencia en virtud de un pacto inviolable. Una vez adquiridos los derechos cívicos, se podía renunciar al pacto y abandonar la patria, pero, el que se quedaba, contraía el compromiso de obedecer las leyes.

La democracia ateniense aparece como el ejercicio de la soberanía por parte de ciudadanos libres e iguales, bajo la égida de la ley.

La Bule en Atenas Instituciones democraticas en Atenas Asamblea 500

La Bulé en Atenas: Instituciones Democráticas en Atenas – Asamblea 500

El Consejo de los 500 o Bulé: Organización para que la asamblea pudiera tomar sus resoluciones era necesario que su trabajo fuese preparado, que los decretos adoptasen una forma regular antes de serle sometidos y que se pudiera votar sobre textos precisos y detenidamente examinados. Además, la asamblea, no podía estar reunida permanentemente. Debía, por lo tanto, confiar una delegación de su soberanía a un cuerpo investido de poder deliberativo y ejecutivo.

Este cuerpo, al que los atenienses llamaban el consejo, era considerado como la primera magistratura. Estaba integrado por 500 miembros, a razón de 50 por tribu, designados por sorteo entre los ciudadanos mayores de 30 años que se presentaran como candidatos. Sus miembros debían consagrarse, durante un año, a los asuntos públicos y eran retribuidos en sus funciones, además de ser eximidos de las obligaciones militares.

Antes de tomar posesión de su cargo, debían prestar juramento, en el cual hacían referencia a sus atribuciones y a las Obligaciones del cargo. Juraban ejercer su misión conforme a las leyes y ser fieles a los intereses del pueblo; guardar en secreto los asuntos de Estado y respetar la libertad individual. Se reunían todos los días y las sesiones se realizaban en el Buleuterion, instalado al sur del agora, revistiendo carácter público.

En la práctica, la Bulé no podía reunirse sin interrupción durante un año entero; era preciso que se formaran comisiones para despachar los asuntos urgentes y preparar los trabajos. Así se crearon las pritanías. Cada una de las diez tribus, tenía a su cargo una pritanía una vez al año.

Los pritanes actuaban en nombre de todo el cuerpo. Por su intermedio la Bulé estableció relaciones con los magistrados y con los embajadores extranjeros, recibió mensajes y, en casos urgentes, convocó al Consejo o a la asamblea. Para ejercer mejor sus múltiples atribuciones, la Bulé nombraba, por aclamación o por sorteo, comisiones con atribuciones especiales.

Había, por ejemplo, comisiones encargadas de vigilar la entrada a la asamblea, supervisar las construcciones navales y verificar las escrituras de los funcionarios contables. Poderes Se le atribuía la dirección general de los asuntos públicos.

La Bulé era el organismo que tenía la función de gobierno más importante. Como órgano legislativo, tenía la misión de preparar los probuleumas. Como órgano ejecutivo, redactaba decretos, fiscalizaba las funciones de los magistrados y vigilaba la organización militar y la flota. Y, hasta actuaba como órgano judicial, dictando sentencias sola o en colaboración con la asamblea.

En materia de política exterior, su papel era fundamental: servía de intermediaria entre Atenas y los estados extranjeros, daba audiencia a los embajadores antes de presentarlos a la asamblea y negociaba con ellos antes de someter al pueblo el resultado de estas negociaciones. Daba las directivas necesarias a los ministros atenienses enviados en misión; hacía jurar en nombre de la ciudad los tratados de paz o alianzas.

Tuvo un papel particularmente activo cuando Atenas estuvo al frente de la Confederación, interviniendo en la fijación de los tributos y preparando los proyectos referentes a las ciudades y a todo el ámbito del «imperio» ateniense. En cuanto a la administración, ponía orden y unidad, sobre todo en lo referente a las finanzas. Se encargaba de procurar al presupuesto los recursos necesarios, sobre todo en tiempo de guerra. A través suyo, se realizaban todas las adjudicaciones del Estado, el arriendo de los impuestos, etc.

Durante todo el año vigilaba el empleo que se daba a los fondos públicos; se ocupaba de todo lo concerniente a la construcción y mantenimiento de los edificios públicos, incluyendo los santuarios. También vigilaba la administración del culto: preparaba, hasta el menor detalle, las fiestas de las Panateneas y aseguraba el buen orden de las Dionísicas.  Entre sus amplios cometidos figuraban, asimismo, atribuciones de policía y justicia.

En algunos casos ejercía la dokimasia, que era el derecho de censura. Este derecho se aplicaba en ciertos casos, como ser: la lista de los atenienses mayores de edad en los registros cívicos era presentada a la Bulé para que la aprobase en forma definitiva. Si se probaba que había alguna inscripción indebida, no solamente se borraba de la lista el nombre, sino que se imponía una pena a los demotas responsables del hecho.

Vigilaba las inscripciones de los caballeros y exploradores de caballería y procedía al examen, tanto de los hombres como de los animales. Controlaba la lista de enfermos que habían pedido asistencia pública. La Bulé, además, examinaba, al final de su mandato, a los buleutas y, antes de entrar en funciones, examinaba a los arcontes. Al principio tenía derecho absoluto de exclusión, pero luego los excluidos podían apelar ante el tribunal. También inspeccionaba la gestión de los funcionarios dedicados a las finanzas.

Tenía facultades para obligarlos a comparecer ante ella y juzgarlos si aparecían responsables del incumplimiento de los deberes de su cargo.

El consejo del areópago Era un cuerpo muy antiguo; se componía de ex arcontes, quienes conservaban tal dignidad de modo vitalicio. En los primeros tiempos tenía importantes funciones políticas; el examen de los magistrados y el cuidado de las leyes y la moralidad pública. Luego de las reformas del 462 a.C. sus funciones quedaron reducidas; tenía jurisdicción en ciertos casos penales como ser el homicidio intencional, el envenenamiento, etc. Mantuvo cierto prestigio, sin embargo, por las comisiones especiales que se le confiaban: la investigación de faltas graves contra el Estado y poderes extraordinarios en casos de pública emergencia.

Los magistrados
Caracteres comunes a todas las magistraturas

Los principios de la democracia, en cuanto a las magistraturas, son muy claros. El principio teórico de la igualdad, esencia del régimen, exigía que todos los ciudadanos pudieran acceder a las magistraturas; se proclamaba que todos tenían derecho a llegar y los mecanismos existentes posibilitaban que muchos de ellos accedieran a ellas. Las magistraturas eran anuales; por regla general, estaba prohibido ejercer durante varios años seguidos una misma función y acumular varias en el mismo año. Estas reglas tenían excepciones.

Los funcionarios militares, sobre todo los estrategos, podían hacer renovar sus poderes de año en año. Tal el caso d&Pericles. Las magistraturas eran colegiadas. Los colegios eran independientes unos de otros. La única excepción eran las magistraturas militares, donde la jerarquía era necesaria. En cuanto a las magistraturas civiles, eran todas iguales entre sí; pero en la práctica, se distinguían claramente cuáles eran los cargos de mayor categoría.

Las magistraturas que asumían las responsabilidades de los asuntos claves, aquellas cuyos titulares tenían que ver con los principales asuntos del Estado y ejercían el mando del ejército, no eran retribuidas, y los ciudadanos pertenecientes a las clases inferiores no podían llegar a ellas. A cada magistratura le correspondía un número de diez miembros, a razón de uno por tribu. Esto era tan riguroso, que cuando los magistrados no eran diez, se nombraba secretario, para completar el número y para que cada tribu tuviera su representante.

El nombramiento de los magistrados se hacía por sorteo o por elección. Los inconvenientes del sorteo eran en parte atenuados por una serie de factores:

• Los incapaces eran excluidos de las listas;

• La colegialidad de las magistraturas disminuía los peligros que podía significar un magistrado mediocre, pues su incapacidad podía quedar compensada por la capacidad de los demás magistrados;

• La colaboración de los asesores y, sobre todo, la presencia de personal permanente y experimentado, paliaba la inexperiencia de los jefes que cambiaban anualmente. A pesar del sorteo, el sistema de elección conservaba gran importancia. Se utilizaba para aquellos casos en que los magistrados debían demostrar competencia profesional o tener garantías de fortuna.

Eran elegidos por la asamblea, los magistrados militares y los jefes de los servicios técnicos, sobre todo los encargados de las finanzas. Una vez designados por sorteo o por elección, ningún magistrado tomaba posesión del cargo sin haber sido sometido antes a la prueba de la dokimasia, especie de examen sobre los antecedentes de los aspirantes.

Esta prueba consistía en un interrogatorio sobre su familia, los cultos que profesaba, su vida privada y pública. Luego, se traían testigos para que confirmasen sus afirmaciones. En caso de no presentarse contradicciones, se procedía a votar. Además de estas preguntas, generales a todas las magistraturas, había preguntas particulares para aquellas magistraturas que requerían una condición especial. Por este cuestionario, la vida entera del nuevo magistrado era sometida al examen de todos los ciudadanos. Antes de ocupar el cargo prestaban un juramento de investidura.

Los magistrados más importantes, en los primeros tiempos, fueron los arcontes. Eran nueve designados por sorteo, uno por cada tribu. De éstos, tres eran especialmente denominados: arconte, rey y polemarca, en tanto que los otros, seis, recibían el nombre común de tesmotetes. Los distintos arcontes tenían deberes especiales, de carácter principalmente judicial o religioso.

El arconte en jefe era la cabeza visible del Estado y se le llamaba epónimo, por cuanto daba su nombre al año. La dirección de las Grandes Dionisíacas y de algunas otras fiestas eran de su incumbencia, y sus deberes judiciales estaban relacionados con la administración de la ley familiar. El arconte rey era el principal funcionario religioso del Estado y, en materia judicial, conocía en las causas de carácter religioso y presidía los juicios de homicidio.

El polemarca estaba encargado de otros deberes religiosos y entendía en las causas referentes a los no ciudadanos. Los seis tesmotetes o arcontes menores se ocupaban de asuntos casi todos judiciales y legales, vigilaban la marcha de los tribunales, presidían ciertas causas, conservaban y revisaban los códigos legales. Había también cuerpos administrativos de menor importancia, la mayoría integrados por diez miembros cada uno, como los encargados de finanzas y los magistrados de policía que cuidaban de las prisiones y de las penas corporales. En cambio, los estrategos (generales) se elevaron por encima de sus atribuciones militares y adquirieron las atribuciones políticas que habían perdido los arcontes. Eran electos por la asamblea.

Generalmente había uno por cada tribu y eran reelegibles cada año. Además de conducir las operaciones en el campo de batalla, se encargaban de toda la administración militar y naval y presidían todos los negocios relativos a estas cuestiones. La jerarquía entre los estrategas la establecía la asamblea que, en algunos casos, el jefe de una expedición u otorgaba facultades extraordinarias u un general.

Poderes y responsabilidades de los magistrados Si analizamos las prerrogativas y las responsabilidades que tenían los magistrados, llegamos a la conclusión de que su situación no era nada codiciable. Pocas eran las prerrogativas de que gozaban: tenían cierta impunidad suspensiva, al evitárseles ciertas persecuciones de orden privado mientras estaban en el ejercicio de sus funciones y gozaban de una vigilancia especial. Pero si tenemos en cuenta sus obligaciones, en relación éstas son abrumadoras.

Estaban sometidos a una vigilancia incesante y minuciosa. Nada podían resolver sin la autorización del Consejo. Nueve veces al año debían obtener de la asamblea el voto de confianza so pena de ser suspendidos en sus funciones y perseguidos por los tribunales. Al finalizar su mandato, todo magistrado debía rendir cuenta de los fondos públicos cuyo manejo se le había confiado y presentar una declaración escrita sobre su gestión administrativa.

cuadro bule