Ciudades Estados Griegas Organización Política y Social






Ciudades Estados Griegas – Organización Política y Social

polis griega: atenas y esparta

Polis Griega: AtenasPolis Griega: Esparta

Ciudades Estados Grecia Antigua:Atenas y Esparta

Las polis o ciudades-estado:
Los griegos fundaron colonias y factorías en puntos del Mediterráneo muy alejados de su país pese a su población poco numerosa. Contaban, sin embargo, con una tierra bella y grata, más fértil que hoy en día, y en la que reinaba un delicado equilibrio entre campo y ciudad, tierra y mar.

En Grecia, las montañas y el mar nunca están distantes unas de otras, y la forma más rápida de viajar es siempre por el agua. Parte de la población griega vivía en las islas o incluso en el Asia Menor, cuyas brillantes ciudades y colonias eran fruto de una rápida expansión que había llegado de un extremo a otro del Mediterráneo adentrándose incluso hasta las costas meridionales del mar Negro.

La expansión de los griegos a lo largo y ancho del Mediterráneo tenía una de sus causas en el exceso de población que acosaba a la Grecia continental y a las islas del Egeo. Se trataba de unas tierras pobres, con escasas y reducidas llanuras, que impedían a sus pobladores naturales el desarrollo de una agricultura y una ganadería que fueran más allá de la mera subsistencia.

Las colonias griegas no sólo permitieron solventar este problema del excedente de población, sino que hicieron también que con el tiempo esta misma población creciera en las costas griegas, como consecuencia de los enormes graneros que habían pasado a constituir las tierras de Sicilia, el sur de Italia (la Magna Grecia), Egipto y las costas del mar Negro. De esta manera fue posible que la influencia cultural de los griegos sobrepasara los límites que su reducido poder político parecía señalar.

La política
Al principio las ciudades-estado estaban gobernadas por reyes. Fueron los tiempos de la monarquía, sustituida luego por las oligarquías o gobierno de unos pocos. Éstas (a su vez darían paso a la tiranía, basada en el gobierno de un líder que se compromete a cumplir un programa. Su fracaso daría lugar a la democracia, es decir, la soberanía del pueblo.

Los griegos tenían muchos esclavos, a los que no se permitía el voto, de la misma manera que ocurría con las mujeres. Cada hombre libre tenía derecho de voto junto con el de asistir en persona a las asambleas de gobierno, derecho al que jamás renunciaba. Para que todos los hombres libres se representaran a sí mismos en el gobierno, asistían a los debates públicos, votaban sobre cada caso concreto, y eran personalmente responsables del cumplimiento de las leyes.

Sólo los hombres libres podían combatir en defensa de su ciudad, y por ello todos eran políticos, ciudadanos y soldados; las disputas eran sangrientas pero nadie podía esquivar su responsabilidad. Esta forma de organización política limitaba la expansión de la ciudad-estado, ya que la asamblea tenía que estar al alcance físico de los ciudadanos; por ello Atenas nunca llegó a ser más que una regular capital de provincias que regía una zona no mayor que una comarca o un pequeño condado. El servicio militar era obligatorio, y filósofos y escritores como Sócrates y Esquilo lucharon en defensa de su ciudad.

De manera paulatina, dos ciudades-estado vinieron a ejercer un caudillaje: Atenas y Esparta. Ambas representaban ideales opuestos, pues mientras Atenas era un poder marítimo abierto a la influencia foránea, y dada a las grandes empresas, Esparta era una potencia terrestre encerrada en su tradición, que se regía como un estado militar en el que reinaba la más feroz disciplina varonil desde la misma adolescencia.

Los ciudadanos de Esparta debían sufrir pruebas sin cuento que eliminaban a los más débiles y seleccionaban a la élite de los más aptos. Hoy admiramos a Atenas, pero aquella Grecia veneraba a Esparta y a su invencible infantería. En esas circunstancias era inevitable un enfrentamiento -como ocurrió en la guerra civil o del Peloponeso que de manera permanente habría de debilitar a ambos poderes.

La unidad del mundo griego
A primera vista, Grecia se nos aparece como un conglomerado de piezas separadas que luchan entre sí, imagen que hace difícil percibir el núcleo central que mantiene a ese conglomerado unido. Y, sin embargo, el pueblo no dudaba de su nacionalidad griega, unidad que encontraba en la lengua y la religión.

La religión era un producto poco común: no sólo era fuerte sino también de amplias miras. Los griegos gustaban también de las fiestas conmemorativas en las que se reservaban la participación, y había una gran rivalidad entre las ciudades para ganar los premios en las competiciones tanto teatrales o literarias como de proeza atlética. No debe ello extrañarnos,.,pues los griegos creían en la necesidad del equilibrio entre una mente y un cuerpo sanos. Las obras teatrales debatían siempre cuestiones morales de gran importancia. De sus fiestas conmemorativas surgieron los Juegos Olímpicos.

En la antigua Grecia se celebraban cuatro grandes festivales: los olímpicos, píticos, ístmicos y ñemeos. El festival olímpico en honor del dios Zeus se celebraba a mitad de verano cada cuatro años. Los períodos de cuatro años entre unos juegos y otros eran conocidos como olimpiadas y se utilizaban para fechar acontecimientos históricos. Los Juegos Olímpicos eran la parte más importante del festival.

Existe un registro de las victorias desde el año 776 a. de J.C. El número de pruebas de los juegos fue aumentando con los años e incluían carreras, boxeo, carreras de carros y el pentathlon -una competición compuesta por cinco pruebas: velocidad, salto de longitud, lanzamiento de jabalina, lanzamiento de disco y lucha-.

El estadio de Olimpia tenía forma de herradura alargada y podía acoger a 40.000 personas. Durante la celebración de los juegos se proclamaba una tregua entre los distintos estados griegos y se interrumpían todas las luchas para que participantes de toda la península pudieran asistir a las pruebas.

En los juegos de Olimpia estaba excluida por completo la participación de las mujeres. Las fiestas duraban cinco días y se iniciaban con ceremonias de bienvenida. Vencer en una prueba convertía al protagonista en un héroe popular y en un ciudadano privilegiado. Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, ganó en una ocasión la carrera de carros, y esta hazaña fue rememorada con el acuñamiento de moneda.


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Fuente Consultada: Historia Sin Fronteras Tomo I Historia del Mundo Antiguo y La Edad Media





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