La Democracia en Atenas Deberes de los Ciudadanos Leyes Asamblea



La Democracia en Atenas
Deberes de los Ciudadanos y Leyes 

EL FUNCIONAMIENTO DEMOCRATICO DE ASAMBLEA DEL PUEBLO: El pueblo de Atenas, es decir, la reunión de los ciudadanos, resolvía todos los asuntos importantes. Se reunía en Asamblea para deliberar y votar.

La Asamblea se reunía tres veces al menos cada mes, al aire libre, por la mañana, hasta el sigio V en la plaza del mercado (la agora), desde el siglo V en el Pnyx, plaza con gradas talladas en la roca de una colina.

El día en que había de reunirse la Asamblea, al amanecer, se desplegaba un estandarte. Los ciudadanos iban llegando y se sentaban en las gradas. Enfrente, en una plataforma de piedra, estaban ¡os magistrados que iban a presidir la Asamblea.

Empezaba la sesión con una ceremonia religiosa. Los sacerdotes paseaban unos cerditos alrededor de la Asamblea. Los degollaban, recogían la sangre y con ella regaban el suelo.

Luego se quemaba incienso. Un heraldo recitaba una oración pidiendo a los dioses que se mostrasen propicios, y una maldición contra cualquiera que intentase engañar al pueblo.

Entonces el presidente, en nombre del Consejo de los Quinientos, exponía las cuestiones que se iban a discutir, porque la Asamblea no debía deliberar sino acerca de cuestiones anunciadas de antemano y ya examinadas por el Consejo.

Luego leía la proposición redactada por el Consejo y preguntaba a la Asamblea si quería discutirla. Los asistentes respondían alzando las manos.

Empezaba la deliberación. El heraldo decía en alta vo: «¿Quién quiere tomar la palabra?». Todos los ciudadanos tenían derecho a usar de la palabra y, cuando varios la pedían a un tiempo, era preferido el de más edad.

El orador subía a ¡a tribuna, plataforma ancha en la que se podía hablar andando. Se colocaba en la cabeza una corona de mirto, indicando desempeñar una función religiosa, por la cual esiaba prohibido interrumpirle. La Asamblea escuchaba en silencio.

Una vez que todos ios oradores habían hablado, el presidente preguntaba a la Asamblea si aceptaba o rechazaba ¡a proposición y los ciudadanos respondían alzando las manos. Los mismo se hacía con las demás cuestiones que en ei día habían de resolverse.



Una vez terminada la votación, el heraldo pronunciaba una fórmula religiosa y la Asamblea se disolvía.

Las proposiciones aceptadas por la Asamblea se consignaban en forma de decretos. Al frente se ponía el nombre del presidente, del secretario y del ciudadano que había presentado la proposición.

De esta suerte el pueblo sabía quién le había inducido a tomar una medida.

El ciudadano que había presentado una proposición seguía siendo responsable de sus consecuencias.

Cualquiera podía intentar contra él un proceso y, si el tribunal juzgaba lo propuesto contrario a las leyes, era condenado a multa y podía ser privado en lo sucesivo de los derechos de ciudadano.

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DEMOCRACIA E INSTITUCIONES EN GRECIA

LA DEMOCRACIA EN GRECIA: Es el régimen democrático funcionando en la época de Pericles lo que vamos a estudiar, pues es en esa época cuando la vida política de Atenas revela equilibrio entre los derechos del individuo y el poder político.

Lo que distingue a una sociedad democrática es que la soberanía pertenece a todos los ciudadanos sin excepción.

La única restricción es la ley. La ley que regula las relaciones entre los ciudadanos, protege a los unos de los otros y defiende también a los ciudadanos del poder del Estado, así como los intereses del Estado frente a los particulares.

democracia en Atenas

Discución de leyes con el pueblo

Los principios sobre los que se basa la democracia son: libertad, igualdad y filantropía.



Bajo el imperio de la ley, los atenienses eran verdaderamente libres e iguales.

La libertad del ciudadano en Atenas era absoluta, y el concepto ateniense de libertad no difería mucho del que hoy sustentamos: derecho de todos los ciudadanos a pensar, decir y hacer lo que mejor crean, dentro de los límites marcados por la ley elegida por ellos mismos.

La democracia ateniense no era caótica gracias a la acción reguladora de la ley. Ella tenía como fin mantener el orden y la paz social, así como la propiedad y la grandeza intelectual.

La libertad, entendida de ese modo y para mantener su valor de tal no puede ir separada de la igualdad.

INSTITUCIONES DECOCRÁTICA EN ATENAS: La democracia, sea como concepto, sea como institución, se remonta a la cultura griega. Aparece en las ciudades griegas, particularmente en Atenas, donde Solón estableció un gobierno democrático temperado.

Cuatro cuerpos políticos constituían el gobierno de Atenas posibilitando de esa manera el acceso de todos al poder.

a) El Arcontado. En realidad existía antes de Solón, pero este impuso el mando de nueve arcontes simultáneos elegidos por el pueblo. Solo podían ser elegidos los ciudadanos pertenecientes a la primera clase. El Arcontado ejercía el poder ejecutivo.

b) El Areópago era una asamblea de ancianos, en un principio de nobles. Después de Solón admitió a los arcontes que cesaban en sus funciones y a los magistrados que se habían distinguido por el buen ejercicio de su cargo. El nombre de Areópago provino del lugar donde se reunían. Su función era administrar justicia en asuntos concernientes a educación, moral y religión. Censuraba a los malos magistrados, castigaba la holganza, la impiedad, los sacrilegios y el homicidio.

c) El Senado estaba compuesto por 400 ciudadanos elegidos por la Asamblea del pueblo. La edad mínima para ser elegido senador era 30 años. Correspondía al Senado la elaboración de las leyes que luego sometía a la Asamblea del pueblo, la vigilancia de los magistrados, la aplicación de multas por infracciones a las leyes, la dirección de la administración civil, la convocación de la Asamblea. El Senado debía dar cuenta de su actuación ante la Asamblea.

d) La Asamblea del pueblo. La componían todos los ciudadanos que tuvieran 20 años y reconocida moralidad. Como se ve casi todos los atenienses eran legisladores porque todos podían participar en la elaboración de las leyes. Ordinariamente sesionaba tres veces al mes en el Agora.



La reunión comenzaba con un sacrificio. Luego se discutían las leyes. Los ancianos gozaban de prioridad en el uso de la palabra. Al pasarse a votación, los que estaban por la afirmativa levantaban la mano; en algunas circunstancias se computaban los votos nominalmente como en los escrutinios actuales.

La Asamblea del pueblo estaba investida de todos los poderes; no estaba sujeta a ningún control- o veto ni a limitación de ninguna clase.

En la democracia ateniense, el pueblo aparecía como el verdadero soberano del Estado.

Además de aprobar o rechazai las leyes del Senado, decidía, por mayoría, de la paz o de la guerra, y enjuiciaba a los generales. «Todo, en suma, dependía en Atenas de la decisión de la Asamblea General. Según la Constitución de Solón, el poder ejecutivo pertenecía, pues, a los Arcontes, el poder judicial al Areópago y el legislativo al Senado y a la Asamblea del pueblo».

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LOS CIUDADANOS: Todos los ciudadanos tenían los mismos derechos ante la ley fisonomía), igual voto decisivo en los asuntos públicos, la misma participación en el gobierno efectivo del Estado e igualdad en el derecho de palabra (isogoría). Los griegos entendían así la democracia y desconfiaban de las instituciones de carácter representativo.

La verdadera democracia requería que todo ciudadano pudiera asistir personalmente al debate de los asuntos tratados, así como emitir su voto directamente, y que incluso cada ciudadano pudiese gobernar y ser gobernado por turno.

La igualdad era lo que los atenienses ponían por encima de todo en su constitución. «Es el mérito —decían— mucho más que la clase, lo que abre la vía de los honores públicos. Nadie, si es capaz de servir a la ciudad, puede dejar de hacerlo por la pobreza o por la oscuridad de su condición». (Tucídides).

Se podría pensar, entonces, que los atenienses se negaban a sí mismos al mantener el sistema solónico de las clases censatarias.

Instituciones claves para hacer efectiva la democracia eran el sorteo y la remuneración económica ya analizada.

El sistema del sorteo era, en esencia, el reconocimiento de la igualdad de posibilidades de acceso al gobierno de la cosa pública que tenían los ciudadanos; no era negar una elección, sino afirmar que, en última instancia, cualquier ciudadano estaba capacitado para el gobierno.

Ello, además, estaba respaldado por la exigencia con que el pueblo controlaba la acción del magistrado.

El sorteo no comprendía a todos los ciudadanos, sino a aquellos que se inscribían para ser sorteados. Vale decir que había un paso previo de autoselección entre los aspirantes al cargo.

El sorteo era considerado como una de las piedras angulares de la democracia; impedía que los más poderosos influyesen en las elecciones, presionando al electorado.

Otro gran principio era el de la filantropía. Habiendo ciudadanos libres e iguales, el Estado tenía ciertas obligaciones precisas que no podía eludir, bajo pena de traicionar los principios mismos de la Constitución. La primera de estas obligaciones consistía en asegurar la defensa de la ciudad:, organizar y mantener el ejército y la marina.

Debía proteger la libertad individual, haciendo desaparecer los últimos vestigios de responsabilidad colectiva. Tenía el deber de corregir la desigualdad en el reparto de los bienes, dando a los más necesitados compensaciones tendientes a aliviar su situación y evitar su miseria.

La mistofonia, las cleruquías, las grandes obras de utilidad o embellecimiento, fueron medidas tomadas para mantener el equilibrio de una sociedad democrática.

A la protección que significaba la creación de fuentes de trabajo para los que podían trabajar, se agregó la asistencia a los que no podían hacerlo. Así, había una ley que determinaba que los inválidos por acción de guerra recibirían hasta el final de sus días una pensión del Estado.

Las viudas de los atenienses muertos en combate eran alimentadas por el Estado lo mismo que sus hijos, quienes, además, recibían educación a cargo de aquél.Pero todavía se tomaban más precauciones.

Para que los artículos de primera necesidad no encareciesen, se creó una magistratura especial —sitofilacos—, que tenía como misión el contralor de la importación de granos, los precios y las condiciones de venta.

Esta política de ayuda no era solamente justa, sino indispensable; el régimen no podía mantenerse sin asegurar a cada ciudadano el mínimo indispensable para ejercer sus derechos cívicos.

De esa manera, asegurado su sustento, los ciudadanos exigían al Estado satisfacciones intelectuales y morales.

El teatro griego era costeado por la primera clase, a la que se le imponían cargas tributarias utilizadas en la preparación de coros, concursos líricos y dramáticos. Los beneficios llegaban gratuitamente a todas las clases. Como esas prestaciones no eran suficientes, el Estado llegó a formar un fondo —el teoñcón— con el cual se costeaba la entrada.

El griego consideraba que el teatro era la mejor forma de enseñar. De ahí el contralor que ejercía el Estado sobre el teatro.

Los deberes de los ciudadanos: Una ciudad que cumplía tan liberalmente con sus obligaciones, podía pedir mucho a cambio. Las relaciones del ateniense para con su ciudad, no suponían solamente derechos, sino también deberes.

El Estado garantizaba la igualdad, la filantropía, la libertad y la responsabilidad personal pero, a cambio, exigía una serie de prestaciones y una disposición moral hacia la ciudad que conocemos a través del juramento de los efebos. Este juramento lo hacía el joven el año que llegaba a la mayoría de edad, antes de ser inscripto en el registro que le garantizaba su derecho de ciudadanía.

El efebo recibía su armadura en presencia del Consejo de los 500. Juraba defender la ciudad, obedecer sus leyes y sus dioses, según los términos de un documento del siglo IV a.C.: «No deshonraré estas armas sagradas, no abandonaré a mis compañeros en la batalla, combatiré por mis dioses y mi hogar, solo o con los otros. No dejaré mi patria disminuida, sino más grande y más fuerte aún que lo que pude recibirla. Obedeceré las órdenes que la sabiduría de los magistrados me pueda dictar. Me someteré a las leyes en vigor y a las que el pueblo haga de común acuerdo: si alguien quiere abolir estas leyes o desobedecerlas, no lo soportaré, sino que combatiré por ellas, solo o con todos. Respetaré el culto de mis padres».

Sumisión a la soberanía del pueblo y a las autoridades establecidas, obediencia a las leyes: tales los fundamentos sobre los que reposó el equilibrio político y social de Atenas cinco siglos antes de la era cristiana.

La ley: ¿Cuál era el concepto de ley para los atenienses del siglo V a.C.? Los griegos tenían dos términos para designar la ley:

• La themis o justicia primitiva, trasmitida por tradición oral y de origen desconocido, pero consagrado por la costumbre como cosa sagrada e inmutable.

• La nomos, que era la ley humana, cuyo carácter esencial era el estar escrita, ser conocida por todos y pertenecer a todos. Respaldada por el acto soberano de la votación, gozaba de gran respeto, pero no se le daba un valor absoluto y se admitía su cambio mediante otro acto soberano.

Ninguna ciudad griega tenía una constitución redactada en un documento; lo que existía era un conjunto de costumbres, de disposiciones insertas en leyes diversas.

Cuando los autores griegos, sobre todo Aristóteles, hablan de constitución, se refieren al régimen de una ciudad. Es decir, se refieren a la organización dada a las magistraturas en general, dicen cómo estaban repartidos los poderes, cuáles eran las atribuciones de la soberanía popular y qué fin se asignaba a la comunidad política.

Las leyes tampoco eran entre los griegos un todo sistemático, un código en el sentido moderno. Por lo general, cuando estaban agrupadas, llevaban como etiqueta oficial el nombre de los magistrados o de los tribunales encargados de aplicarlas.

Los griegos tenían un alto concepto de la ley; consideraban que el Estado no podía subsistir cuando los fallos que se dictaban carecían de fuerza, cuando los particulares podían suprimir el efecto de la ley.

La ley había que aceptarla aun siendo injusta, porque el ciudadano le debía obediencia en virtud de un pacto inviolable. Una vez adquiridos los derechos cívicos, se podía renunciar al pacto y abandonar la patria, pero, el que se quedaba, contraía el compromiso de obedecer las leyes.

La democracia ateniense aparece como el ejercicio de la soberanía por parte de ciudadanos libres e iguales, bajo la égida de la ley.

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