En Busca de Nuevas Rutas

La Educacion en Santa Fe Colonial Primer Maestro Santafesino

La Educación en Santa Fe Colonial
Primer Maestro Santafesino

Sobre preocupaciones y carencias de la educación en Santa Fe colonial. La primer referencia que denota la preocupación de las autoridades del cabildo santafesino por asegurar la mínima educación para las nuevas generaciones data del 13 de mayo de 1577, apenas cinco años después de la fundación de la ciudad; ese día el Procurador General se dirige al cabildo solicitando la prohibición de salida de varios pobladores, los que, abrumados por las difíciles condiciones en que se encuentra la nueva ciudad, buscan tierras más al sur o sueñan con pasar al Perú deslumbrados por la riqueza de la que tanto se habla.

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Destaca el Procurador que reportaría un grave perjuicio a la población la salida, en particular, del maestro Pedro de Vega “por la falta que haría para la doctrina de los hijos de los dichos vecinos como porque no aprenderían a leer y escribir faltando el dicho Vega, que les enseña”.

El Cabildo resuelve el pedido favorablemente, obligando a permanecer en la ciudad a quien se ha denominado como el primer maestro santafesino, al menos hasta tanto se encuentre un reemplazante satisfactorio. Los problemas por la falta de docentes se reiteran periódicamente, así como también los nombres de aquellos que el Cabildo contrata para solucionarlos: Martín de Angulo en 1617, al que no se puede impedir que emigre a Buenos Aires, el Clérigo Muñoz Holguín, dos años después; Luis Martínez en 1626.

Al trasladarse la ciudad desde el año 1650 destaca el historiador Andrés Roverano que el Cabildo comisiona a los alcaldes ordinarios para que “cuiden como deben de la educación de los menores”. A juzgar por las carencias y omisiones de la autoridad civil en la materia, es evidente que en estos primeros años los problemas de la educación sólo podían resolverse mediante el aporte de la iglesia, que se encontraba en mejor posición en cuanto a la preparación y nivel pedagógico de muchos de sus miembros, en particular los jesuitas, franciscanos y dominicos.

En la medida en que las autoridades eclesiásticas se fueron afianzando, lo fue haciendo también la provisión de maestros y escuelas. Al crearse la diócesis del Río de la Plata y pasar Santa Fe a depender del obispo en Buenos Aires, el mismo visitó la ciudad en 1621 y, ante la extrema carencia observada, dispuso la creación de una escuela encargándola al padre Juan de Salas, Rector de la Compañía de Jesús. Los jesuitas, ya asentados en Santa Fe desde comienzos del siglo XVII, gozaron tempranamente de un bien ganado prestigio pedagógico. Establecieron su templo y colegio sobre el lado este de la plaza, lo que acrecentaron luego en el nuevo sitio.

Al ser expulsada la Compañía en 1716 por efectos de la política regalista de los borbones, el colegio y las demás propiedades entre las que se encontraba una biblioteca de más de 4000 volúmenes pasaron a la administración de una Junta de Temporalidades y luego a los mercedarios; no pudo evitarse el temporario cierre del colegio debido a la carencia de educadores. Pese a la crisis provocada en la educación -y en la economía- por la expulsión jesuita, la segunda mitad del siglo XVIII ya encuentra a Santa Fe con algunas alternativas en la enseñanza.

La orden franciscana también posee junto a su templo una escuela, la que llegará a contar entre sus alumnos a Estanislao López el futuro caudillo y gobernador de la Provincia. Pero si la política borbónica recortaba atribuciones a la Iglesia y disminuía su participación en la educación, por otra parte, aumentaba la del Estado según la influencia de la ilustración, que sostenía la necesidad de la educación de la sociedad.

Esta cierta modernización que en realidad tuvo importancia sólo en Buenos Aires, la capital virreynal  puede rastrearse al menos en algunos indicios locales. A. Roverano recuerda que a partir de 1774 el poder civil asegura en Santa Fe el desempeño permanente de maestros, recordándose como uno de ellos a Pedro Tuella, poeta y primer historiador rosarino que se desempeñara en varias funciones hasta comienzos del siglo XIX.

No debe pensarse en que estos estudios capacitaban para un nivel superior; en la mayor parte de los casos se trataba de la enseñanza de “doctrina” y “primeras letras’, lo suficiente como para integrarse a la vida de la comunidad. Si bien es probable que en ocasiones se profundizara alguna capacitación, era imprescindible que -si un santafesino deseaba continuar sus estudios hasta el nivel universitario- debiera trasladarse a Córdoba o Buenos Aires.

A fines del siglo XVIII se llegan a disponer algunas becas para que “hijos patricios” puedan trasladarse a esas ciudades.

Aarón Castellanos: Fundación de Colonias en Argentina

Primera Fundacion de Santa Fe Juan de Garay Historia de Santa Fe

Primera Fundación de Santa Fe
Juan de Garay Historia de Santa Fe

PROVINCIA DE SANTA FE
INFORMACIÓN GEOGRÁFICA

Capital: Santa Fe.
Fecha de fundación: 15 de noviembre de 1573.
Fundador: Juan de Garay.
Superficie: 133.007 km2.
Población: 2.782.809 hab. (Censo 1991). M.: 1.424.293; V.: 1.358.516.
Población urbana: 82%. Población rural: 18%. Densidad: 18,5 hab/km2.
Límites: Norte, con la provincia del Chaco; Este, con las provincias de Corrientes y Entre Ríos; Sur, con la de Buenos Aires; Oeste, con las de Córdoba y Santiago del Estero.
Mapa con Departamentos y Capitales: ver mapa

GEOGRAFÍA FÍSICA
Es una vasta llanura que presenta diversos aspectos: las subregiones del Chaco Oriental y de la Diagonal Fluvial de la Región Chaqueña (en la mitad septentrional), y las subregiones de la Pampa del Norteo de la Colonia y de la Pampa Ondulada de la Región Pampeana (en la mitad sur y sudeste, respectivamente). En el norte, la llanura conocida con el nombre de chaqueña y por tanto, continuación de la llanura pampeana, se extiende horizontalmente con una suave pendiente hacia el SE, donde la falta de drenaje, causa de la formación de cañadas, lagunas y zonas anegadizas, más la ausencia total de cerros, sierras o montañas, confirman la uniformidad del suelo horizontal y levemente inclinado.

Hacia el sur de los 300S, la provincia se extiende en la región de la Pampa del Norteo Gringa, y cuenta con un suelo naturalmente fértil, clima templado y un gran desarrollo agrícola-ganadero y poblacional. La Pampa Ondulada se halla al SE del Río Carcarañá, es una franja litoral que presenta barrancas, ondulaciones suaves y valles fluviales. El río más importante es el Paraná que recorre el límite interprovincial este; otros de importancia son: Río Carcarañá, Río Salado, Río Coronda, San Javier, etc.

GEOGRAFÍA ECONÓMICA
Agricultura, ganadería y minería. 24%: Industria, 37%; Servicios, 39%. Uso del suelo: Pastoreo natural y cultivado, 50% Cultivos anuales y permanentes 285%; Montes y bosques naturales, 13 5% otros usos, 8%.

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LA PRIMERA FUNDACIÓN DE SANTA FE
Fuente Consultada: www.pampagringa.com.ar
La actual Cayastá, está asentada casi en el sitio donde en 1573, Juan de Garay fundó por vez primera la ciudad de Santa Fe. Escasos 1000 metros separan a Cayastá de ese sitio al que se lo denomina a menudo como Santa Fe la Vieja, que allí permaneció hasta la década de 1660, cuando se decidió su traslado a un lugar más conveniente desde el punto de vista económico, estratégico y de seguridad, es decir, al actual lugar de la ciudad capital de la provincia.

Cayastá está ubicada en el kilómetro 71 de la Ruta Provincial Nº 1, al norte de la actual Santa Fe de la Vera Cruz, y aproximadamente a 1 Km. antes de llegar a a esta localidad, se encuentran las famosas ruinas de la primitiva Santa Fe, descubiertas por el lúcido historiador e investigador Agustín Zapata Gollán (1895-1986), que inició las excavaciones en la zona cuando corría el año 1949, basándose en previos estudios que determinaron su exacta localización. Digamos de paso que Agustín Zapata Gollán, fue un erudito y a la vez excelente empleado público que prestigió su cargo de funcionario del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales de Santa Fe.

El sitio fue declarado mediante decreto 112.765/42 como Lugar Histórico Nacional, pero luego de las excavaciones dirigidas y exhumadas por Zapata Gollán, en 1957 esta declaración fue ampliada a la de Monumento Histórico Nacional, en razón de que los estudios y descubrimientos hechos permitieron ubicar tres templos: Santo Domingo, San Francisco y La Merced; además en el templo franciscano, fueron hallados los restos del primer gobernador criollo del Río de la Plata, Hernandarias de Saavedra, junto a los de su esposa, que era hija del fundador de la ciudad. Digamos también, que el voto unánime de los miembros de la Academia Nacional de la Historia avaló que las ruinas encontradas pertenecían a la primitiva Santa Fe.

La fundación de la ciudad de Santa Fe, siguió las pautas que eran norma en esa época, una cuadrícula de aproximadamente 100 has. cuya parte central se destinó a plaza de armas, a cuyo alrededor se ubicaron las despendencias administrativas, religiosas y para vivienda de los personajes principales, entre ellos el mismo Don Juan de Garay, guiándose por otros ejemplos de fundaciones como las de Lima en 1535. Fue sin duda una ciudad que respondió a una estudiada planificación previa. Si bien en el acta se hace referencia a un plano o traza que sirvió de base para el reparto de solares confeccionado por el propio Garay, este documento se extravió en la época colonial, perdiéndose con ello los datos de la distribución física de las partes adjudicadas a cada vecino, no obstante conocerse el nombre de cada uno de ellos.

Fue Garay quien repartió personalmente los solares, determinándose los espacios para chacras y suertes de estancias. Cada solar equivalía a un cuarto de manzana divididas a su vez por estrechas calles en cruz, sin duda bien hecho con criterio tanto económico como estratégico. A los hombres que gozaban de su mayor confianza les adjudicó los terrenos vecinos a lo que reservó para sí. Ya se sabe que el que parte y reparte se queda con la mejor parte.

Debe recordarse que Juan de Garay partió desde Asunción un 14 de abril de 1573 con el exclusivo propósito de fundar una ciudad que sirviera como escala y apoyo logístico al tránsito fluvial entre el Río de la Plata y Asunción, expedición que comenzó con nueve españoles peninsulares, setenta mestizos y aborígenes guaraníes traidos del área paraguaya.

Fundada que fue la ciudad a orillas del río Quiloazas (hoy San Javier), brazo del Paraná, un 15 de noviembre de 1573, transcurridos siete meses desde la partida de Asunción, en un trayecto que no estuvo exento de dificultades, se agregaron a estos audaces primigenios pobladores, otros aborígenes locales, (calchines y mocoretás) y esclavos negros africanos destinados al más rudo trabajo de las tierras que dieron origen a las primeras plantaciones de frutales y viñedos, el cultivo de cereales y la cría de ganado, escontrando esto último un excelente medio para su desarrollo que con el tiempo se volvió incontrolable y librado sólo a los avatares naturales.

El trayecto se cumplió tanto por vía terrestre, con 50 caballos, como por vía fluvial, con un bergantín, unas cuantas canoas, armas y municiones.

Los asunceños buscaron afanosamente «abrir puertas a la tierra», para combatir su forzoso aislamiento de otros grandes centros poblados y de difícil acceso en esos años en que los caminos tenían que abrirse a golpe de machete. Esta fundación, por lo menos les facilitó la entrada y salida por el «mar dulce» como lo denominó Solís.

La necesaria convivencia de este heterogéneo conglomerado humano, diverso en lo étnico y en lo cultural, sin duda conformó una sociedad de características especiales donde cada grupo hizo aportes de su cultura originaria.

Abandonado que fue el lugar tras el traslado al nuevo emplazamiento, el río Quiloazas con la paciencia que los años pusieron a su disposición fue carcomiendo las costas y modificando su cauce sin apuro pero sin pausa lo que dio como resultado que de las 100 hectáreas originales hoy queden sólo unas 69, proceso facilitado por la arenosa y poco consistente compactación de los suelos que surca, arrastrando el material aguas abajo y cavando un nuevo curso que dejó bajo sus aguas el sector próximo a la Plaza de Armas, donde se encontraban la Iglesia Matriz, la de la Compañía de Jesús, la de San Roque y la propia casa de Juan de Garay. En el sector que no fue afectado, está el remanente de la Plaza, las Iglesias conventuales de San Francisco, Santo Domingo y La Merced; el Cabildo y un gran número de viviendas que pertenecieron entre otros a un nieto del fundador, Cristóbal Garay; a Francisco de Paez, a Juan González de Ataide, a Alonso Fernández Montiel, a Manuel Ravelo y a un escribano Juan de Cifuentes.

Las excavaciones pusieron al descubierto gran cantidad de objetos que dan indicios de la vida de la ciudad que existió un poco más allá de la mitad del siglo XVII. Vieron la luz, monedas, medallas, amuletos de plomo, rosarios, cuentas de collares, útiles de labranza, porcelana oriental, ladrillos, tejas (algunas con dibujos e inscripciones), herramientas, cerámicas españolas e indígenas.

Dentro de los recintos de los templos las excavaciones mostraron los restos de más de 200 pobladores enterrados en el lugar, y Zapata Gollán logró identificar a varios entre los que se encontraron los de Hernandarias y su esposa.

monumento historico cayasta

Resuelta por las autoridades coloniales la mudanza, poco a poco los habitantes iniciaron el abandono de la primitiva ciudad en las márgenes del Cayastá, y en 1651, después de casi ochenta años de permanencia en aquel lugar, se trasladaron a su actual emplazamiento, a unos setenta kilómetros más al Sur. La fundación en la desembocadura del rio Salado tuvo lugar el 20 de febrero de 1653, dándosele el nombre de Santa Fe de la Vera Cruz. Las tierras en que fue refundada la ciudad pertenecieron en su origen a Juan de Garay, quien partió de allí en 1580 para fundar Buenos Aires. Por herencia pasaron más tarde a Hernando Arias de Saavedra. El primitivo emplazamiento de Santa Fe fue declarado Lugar Histórico por Decreto N« 112.765 del 4 de febrero de 1942.

PARA SABER MAS…
LOS RETOS DE SANTA FE LA VIEJA

La primera fundación de Santa Fe se había llevado a cabo en Gayaste, sobre la margen derecha del río San Javier (afluente del río Paraná), a poco más de 70 kilómetros al norte de la actual capital provincial. Si bien existen diversas hipótesis con respecto a los motivos que llevaron a que su población comenzara a emigrar a mediados del siglo XVII -en pocos años más sería definitivamente abandonada-, todo parece indicar que la razón principal del éxodo fueron los periódicos desbordes del río y los daños materiales que esto provocaba. Durante casi tres siglos no se tuvieron noticias de la ciudad que Caray había fundado en 1573, pero en el año 1949, un magnífico hallazgo arqueológico puso al descubierto parte de la historia de una de las primeras ciudades rioplatenses.

Guiado por una extraordinaria intuición, el Dr. Agustín Zapata Gollán -que con pobres recursos trabajó en el lugar hasta su muerte, ocurrida en 1986- logró ubicar el emplazamiento del antiguo asentamiento de 66 manzanas, de las cuales 18 se encuentran en la actualidad bajo las aguas del río. A poco de comenzar con los trabajos de excavación, halló numerosos restos de vida material, como distintos tipos de vajilla, monedas, collares y herramientas. Pero el descubrimiento más asombroso lo esperaba en lo que luego reconocería como los cimientos de la iglesia de San Francisco, a 1,20 metros por debajo del piso del recinto, encontró numerosos sepulcros, algunos de ellos con restos humanos en magnífico estado de conservación.

Los esqueletos de los conquistadores con «las yertas manos en cruz», ofrecen un espectáculo sobrecogedor, y traen a la memoria algunos versos de Lope de Vega (autor español, 1562-1635): «Mirando estoy los sepulcros,/cuyos mármoles eternos/ están diciendo sin lengua/ que no lo fueron sus dueños./ ¡Oh, bien haya quien los hizo/ porque solamente en ellos/ de los poderosos grandes/ se vengaron los pequeños!»

Historia del Correo Argentino Creación Primera Estafeta Postal

Historia del Correo – Primera Estafeta Postal Argentina

Al producirse la expansión de la Corona Española hacia el continente Americano, y con el fin de asegurar las comunicaciones con los nuevos dominios, se creó por Real Cédula del 14 de mayo de 1514 el oficio de «Correo Mayor de las Indias, Islas y Tierra Firme de la Mar Océano Descubiertos y por Descubrir».

Como responsable del oficio se nombró en esa fecha al doctor Lorenzo Galindez de Carvajal. Con él se inició una cadena de transmisión familiar graciosa la cual los Carvajal ostentarían el cargo por más de dos siglos, hasta su novena y última representante: doña Joaquina Ana María Magdalena Nieves Brun de Carvajal y Vargas.

historia del correo argentinoMientras tanto en Europa los cambios políticos se sobrevenían con su consiguiente repercusión en las colonias: a los Reyes Católicos les sucedieron la Casa de Habsburgo y a ésta la Casa de los barbones, surgida en 1700.

Estos últimos, restauradores de la antigua grandeza y gestores de una nueva política liberal en sus posesiones, decidieron, entre otras medidas, crear nuevas formas de vida social, económica y cultural con sistemas y rutas comerciales para las «Provincias o Reinos de Ultramar».

Bajo esta dinastía es cuando se inicia también la reivindicación del sistema de correos, en especial durante el reinado del primer Borbón, Felipe V (1700/1746) cuando, por Real Decreto del 20 de junio de 1707, incorpora a la Corona la «Real Renta de Correos, Postas y Caminos de España».

Esta medida motivó un reordenamiento del sistema de correos de América y se anticipó, sin saberlo, a los problemas gue surgirían en el plano comercial y que afectaron a las Indias, especialmente al Río de la Plata, luego del Tratado de Utrecht (11/4/1713).

En esos tiempos lo correspondencia entre España y las colonias era transportada por tres medios: navios de registro (o mercantes), avisos (o pataches) y navíos de guerra.

Por cualquiera de ellos esa correspondencia circuló desde 1707—pagando un porte de seis reales de plata la onzo— hasta 1720, en que por Real Cédula fue libre de pago. A la fecha se desconoce la existencia de algún registro de las mercaderías transportadas como de lo referido o la correspondencia, pero éste, sin embargo, debió existir en forma sencilla. Se impondría luego, a partir de 1764, cuando son creados los Correos Marítimos.

Por otro lado, todas esos cartas viajaron sin marca postal alguna hasta 1772, fecha en que aparece la primera correspondencia procedente de Cádiz con destino a Buenos Aires con la marca «ESPAÑA».

LA CREACIÓN DE NUESTRO CORREO Pasaron los años y el Correo Mayor de Indias quedó dividido en dos: el de España, a cargo de la familia Thourund Taxis, y el de América a cargo de la familia Carvajal y Vargas, como ya señaláramos. Pero la política iniciada por Felipe V, de considerar al correo como un servicio del es todo, fue continuada a su fallecimiento en 1746 por su sucesor.

Así, por Real Cédula del 17 de junio de 1747, el rey Fernando VI nombra a don José de Carvajal y Lancaster en el cargo de Superintendente General de Postas y Correos, quien centralizó por muchos años el monopolio de la Rento de Correos. Sin embargo pasó el tiempo y poco fue lo que el Correo Mayor de las Indias, a través de sus nueve representantes, realizó en América —en especial en el Río de la Plata, ya que no se encuentra correspondencia alguna que no haya pasado por esa administración—.

La primera noticia que se conoce sobre correos en Buenos Aires es del entonces gobernador coronel don Balíazar García Ros (1715/17) quien publicó un bando para la reglamentación de los chasquis. Otra noticio es del séptimo Correo Mayor, don Diego Gregorio de Carvajal Vargas y Hurtado (1699/ 1731), quien procuró establecer un correo de chasquis entre Lima y Buenos Aires, llamado al que nadie compareció. Años después aparecería el verdadero organizador y fundador del correo en el Río de la Plata.

Nos referimos a don Domingo de Basavilbaso y Lopresa. Vizcaíno, natural de Llodío (Bilbao, España), nació el 1 ° de setiembre de 1709. Llegó y se estableció en Buenos Aires en 1727. Destacado comerciante ocupó importantes cargos públicos, siendo el primero el de Alcalde Ordinario de Primer y Segundo Voto en 1737. Más adelante, el gobernador teniente general don José de Andonaegui (1745/56) lo nombró administrador y tesorero de los «Derechos Impuestos» para controlar los gastos de una expedición contra los «indios infieles».

Fue por esa época que vislumbró lo necesidad de la organización de un correo fijo. El proyecto fue considerado necesario para el comercio y el octavo Correo Mayor de las Indias, don Melchor Malo de Molina y Espinóla, Marqués de Monterrico, solicitó en 1748 el establecimiento de «correos ordinarios». El pedido fue capitalizado por el gobernador Andonaegui, quien por Bando del 17 de junio de 1748 establece el Correo Fijo, nombrando como teniente del Correo Mayor de las Indias a don Juan Vicente de Vetolaza y Luna.

Es pues ésta la fecha iniciadora de nuestro sistema postal organizado. A Vetolaza y Luna le seguirán tres tenientes más hasta 1769, en que es nombrado, con justo reconocimiento, don Domingo de Basavilbaso y Lapresa, pero ahora con el cargo de administrador de la Real Renta de Correos de Buenos Aires. Basavilbaso y Lapresa permaneció en el puesto hasta el 19 de noviembre de 1771, fecha en que renuncia.

El 9 de mayo de 1775 fallece, legándonos las bases de nuestro Correo Argentino actual. Bajo su administración se nombró al primer cartero que tuvo Buenos Aires, en la persona de Bruno Ramírez, el 14 de septiembre de 1771. Finalmente destacamos que su casa, construida en las cercanías del ex Concejo Deliberante, fue la primera de las seis casas de correo de Buenos Aires. Pero eso es otro historia.

Bibliografía -BUNO, CAYETANO, Historia del Correo en América, Editorial Rivadeneira, Madrid, 1920. -CASTRO ESTEVES, RICARDO DE, Historia de Correos y Telégrafos as la República Argentina, Talleres del Correo, Buenos Aires Tomo li, 1938. -BosE, WAITER B.L., Historia del Correo de España e Hispanoamérica, Boletín de la Academia Iberoamericana . Filipina de Historia Postal, Madrid, 1951.