Exploracion de Franklin

Historia de los Primeros Vuelos Polares Resumen

Historia de los Primeros Vuelos Polares

Por lo que respecta al Polo Norte son tres los vuelos realizados de 1926 a 1928. El 9 de mayo de 1926, el comandante norteamericano Richard Evelyn Byrd, que ya contaba en su haber con una exploración aérea de diez mil kilómetros sobre la Groenlandia (1925), se elevó en un aparato «Fokkeh», acompañado del piloto Floyd Bennett, en Kingsbay (Spitzberg), pasó sobre el Polo Norte y regresó al punto de partida al cabo de quince horas y media de vuelo, habiendo recorrido dos mil kilómetros.

Dos días después, Roald Amundsen, que había fracasado en su intento de llegar al Polo Norte en aeroplano el año 1925, partió de la misma base que Byrd, con L. Ellsworth y Humberto Nobile en el dirigible Norge, de construcción italiana, cruzó el Polo y llegó a Teller (Alaska) en setenta y dos horas.

Dos años más tarde, en abril de 1928, Sir George Hubert Wilkins, con el teniente Eielson, franqueó en avión todo el océano Ártico desde Point Barrow (Alaska), punto de partida, hasta Svalgar, donde descendió después de cubrir cuatro mil kilómetros en veinte horas y media.

La última expedición al Polo Norte es la del general italiano Humberto Nobile. Salió de Spitzberg en el dirigible Italia en mayo de 1928, e hizo primero objeto de sus observaciones la Tierra de Francisco José, luego siguió derechamente al Norte, llegando al Polo el 24 de mayo. Al regreso, el dirigible quedó destruido, salvándose Nobile y la mayor parte de sus acompañantes tras una estancia de mes y medio en el hielo.

De Amundsen, que salió en avión en busca de los expedicionarios, no se ha tenido noticia alguna. Con estos vuelos, que han aportado importantes datos a la ciencia geográfica, se desvaneció la leyenda de la existencia de tierra en el extremo más septentrional del mundo, quedando el llamado «misterio del Norte» reducido a sus justos límites; a un punto variable e ideal de un mar cubierto de hielos.

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Roald Amundsen (1872-1928?) célebre explorador noruego, el primero en alcanzar el Polo Sur, hazaña que realizó en 1909.

Los vuelos polares han sido llevados a cabo por los ya citados Byrd y Wilkins, quienes se propusieron investigar el Antártico con medios superiores a los que les proporcionaron el éxito en el Ártico. El cinematógrafo ha reproducido la hazaña de Byrd, propagándola por todo el mundo.

Wilkins llegó a su base, en la isla Decepción, el 7 de noviembre de 1928, y unos quince días después hizo un magnífico vuelo sobre la tierra de Graham, descubriendo su naturaleza y algunas islas.

El comandante Byrd estableció su cuartel general en la Gran Barrera de Ros. Llamó a esta base Little América (Pequeña América) y ciertamente merecía tal nombre, pues era un verdadero pueblo en miniatura, enterrado en el hielo y provisto del mayor número posible de comodidades y adelantos modernos.

Byrd y los suyos hicieron muchas exploraciones a pie y en dos aeroplanos pequeños, que han aumentado el caudal de noticias que se poseen del Antartico. Por fin, el 28 de noviembre de 1929, en vista del buen tiempo, el audaz explorador emprendió el vuelo en el gran trimotor Floyd Bennett que había llevado especialmente para este fin, llegó al Polo Sur y regresó a la pequeña América en diecinueve horas escasas. Le acompañaron el piloto Bernt Balchen, el capitán Mac-Kinley y Harold Jane.

No terminaremos este pasaje sin mencionar la tentativa de llegar al Polo Norte en globo libre puesta en práctica en 1897 por el ingeniero sueco Salomón Augusto Andrée; en 11 de julio de dicho año, acompañado de sus compatriotas Frankel y Strindberg se elevó desde Spitzberg, en un globo de 500 metros cúbicos de capacidad, sin que de su viaje se volvieran a tener noticias pues sólo se hallaron algunas boyas arrojadas por ellos.

El globo contaba con dispositivos que, a juicio de sus proyectantes, podían permitirle ciertas modificaciones en la dirección de sus rumbos.

Treinta y tres años después (en agosto de 1930), en un gran deshielo habido en Spitzberg, que dejó al descubierto grandes espacios, se halló el último campamento de Andrée, apareciendo la tienda en que se refugiaron, sus utensilios y estufa, el cadáver de Andrée perfectamente conservado y un cuaderno de memorias bastante estropeado por la acción de la intemperie.

Al parecer la muerte sobrevino al aeronauta por la inanición y frío y el globo hubo de descender a causa del peso del hielo formado sobre su envoltura.

Intencionadamente silenciamos las últimas expediciones al Polo Norte y al Polo Sur, pues los motivos científicos que las motivaron están por encima del propósito de este post y, por otra parte, los adelantos modernos permiten la estancia de campamentos durante largos períodos con cierta comodidad sin interés para consignarlo aquí.

Expedición de John Franklin – La Exploración del Artico

Expedición de John Franklin – La Exploración del Artico

Expedición de sir John Franklin. Sir John Franklin fue un capitán de la Royal Navy y explorador del ártico británico. Él y todos los miembros de su expedición murieron en el ártico canadiense mientras pretendían encontrar el Paso del Noroeste.

Este célebre y desgraciado explorador, que ya se había distinguido entre 1819 y 1826 en varias expediciones terrestres y fluviales (entre ellas una hacia el Oeste desde la bahía de Hudson al río Coppermine, un invierno pasado en la costa del Grand Bear Lake [lago del Oso Grande] y un viaje por el río Mackenzie), habiendo sufrido mucho en todas, cuando ya había cumplido los sesenta años de edad se lanzó de nuevo a otra expedición hacia el Noroeste en mayo de 1845, compuesta por dos buques cuyos nombres se hicieron famosos por el trágico final de la expedición: el Erebus y el Terror.

Explorador John Franklin

Las últimas noticias que de ambos buques se tuvieron datan del 26 de julio de 1845, en que fueron vistos en la bahía de Melville, en la costa occidental de Groenlandia, sin que después hubiese el menor indicio de su paradero.

La ansiedad por su ausencia fue grande y más de veinte expediciones, unas costeadas por la señora Franklin y varios particulares y otras por los Gobiernos inglés y americano, salieron de Europa y América entre los años 1848 a 1859, en busca de los desaparecidos, sin que sus exploraciones en todas direcciones diesen el menor resultado positivo.

El Erebus era capitaneado por el explorador británico John Franklin. En 2014 un grupo de expertos en el norte de Canadá identificó  los restos de un barco inglés que naufragó a mediados del siglo XIX

Aparte su finalidad principal, no conseguida, dichas expediciones lograron extender el conocimiento de las regiones árticas. En 1850 el capitán Mac Clure (más tarde almirante sir Robert) descubrió el paso del Noroeste al Asia; avanzó por el estrecho de Behring hasta el punto más extremo alcanzado por Parry, y allí tuvo que abandonar su barco.

En 1853 el explorador Rae tuvo por algunos indígenas las primeras noticias de la destrucción de los barcos de Flanklin después de haber sido abandonados.

En 1855 se encontraron algunos restos de los buques en la parte occidental de Boothia. En su expedición de 1857-1859, el capitán Mac Clintock (más adelante almirante sir Leopoldo Mac Clintock) pudo sentar la conclusión de que Franklin y todos sus compañeros habían perecido (por frío, hambre o enfermedad) entre 1847 y 1848. Mac Clintock encontró en 1859 en Kíng William’s Land (Tierra del Rey Guillermo) un documento depositado doce años antes.

Con fecha de mayo de 1847 el tal documento manifestaba que todos estaban bien; una nota marginal, fechada el 28 de abril de 1848, hacía saber el fallecimiento de sir Juan Franklin, ocurrido el 11 de junio de 1847 y que nueve oficiales y quince tripulantes habían también perecido y que los buques, aprisionados por los hielos desde el mes de septiembre de 1846, acababan de ser abandonados.

Asimismo comunicaba que los oficiales y tripulantes sobrevivientes, 105 en total, habían marchado por el hielo dirigiéndose a tierra firme hasta el lugar en que fue encontrado el documento. Unos esquimales nómadas contaron que todos aquellos hombres habían perecido, y, más tarde se encontraron cadáveres y restos de la expedición.

Fuente Consultada.
Historia Universal de la Ciivlizacion-Tomo II – Del Renacimiento  a la Era Atómica – Biblioetca Hispania Ilustrada – Editorial Sopena