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Obra Literaria de George Bernard Shaw-Resumen de su Biografia

RESUMEN BIOGRAFÍA DE GEORGE BERNARD SHAW: CRONOLOGÍA DE SUS OBRA

George Bernard Shaw nacido en Dublin (Irlanda) en 1856 fue un destacado escritor, considerado el autor teatral más significativo de la literatura británica posterior a Shakespeare.

Además de ser un prolífico autor teatral —escribió más de 50 obras—, fue el más incisivo crítico social desde los tiempos del también irlandés Johnathan Swift, y el mejor crítico teatral y musical de su generación.

Fue asimismo uno de los más destacados autores de cartas de la literatura universal. Murió en  Ayot St Lawrence (Reino Unido) el 11/02/1950.

George Shaw

Premio Nobel de Literatura en 1925, George Bernard Shaw es un famoso dramaturgo irlandés que también ha ganado una reputación como crítico musical y ensayista.

La mayor obra de este genio  fue «Pygmalion», publicada en 1914. 

Fue, sucesivamente, crítico teatral, literario y musical, poeta, conferenciante, novelista y comediógrafo. Su agudo sentido del humor lo llevó a burlarse de la sociedad de su época, especialmente de aquello que le parecía hipócrita y convencional.

Tras la separación de sus padres, estudió en Dublin, en escuelas religiosas, tanto católicas como protestantes, y desde muy joven trabajó para poder completar su educación, pues fue un autodidacta.

Su pasión por la literatura y la música se inició desde muy joven, y cuando el matrimonio de su padres, él con 20 años, junto a su madre y hermanas se radicaron en Londres.

Allí desplegó su pasión y conocimientos y se destacá muy rápido como crítico de teatro y la música, empezando  a tener éxito a través de sus ensayos y panfletos.

También apasionado por la política, se inspira en las ideas de Karl Marx, y se convirtió en un militante socialista en 1882.

Económicamente no la pasó bien inicialmente, pasó por varios trabajos pero sin estabiliad y hasta por momento se habla de una pobreza absoluta.

Para las críticas sobre música utilizaba un seudónimo de una amigo suyo, y eso le ayudaba un poco para enfrentar sus gastos.

En cuatro años, entre 1879 y 1883 escribió cinco novelas, pero no tenía los medios para publicarlas, sólo pudo hacerlos con dos , entre ellas, La profesión de Cashel Byron (1882) donde habla de la prostitución como un profesión antisocial y la otra Un socialista asocial (1883) en respuesta al interés que había tenido sobre el pensamiento marxista de la época.

En literatura fue un autor muy prolífico, escribió más de cincuenta piezas. Divertido y comprometido con la realidad, en sus obras se  destacan algunos temas que son muy apreciados por él como es el arte, el pacifismo y la política.

Ya en los albores del siglo XX, el éxito de  sus obras, lo transforman en un profesional de este arte.

El humorismo que desarrolló George Bernard Shaw, a través de sus obras, resultó siempre ingenioso; pero, a veces, llegó a ser despiadado y hasta cruel.

Se casó al mismo tiempo, Charlotte Payne-Townshend, una joven que conoció en la Sociedad Fabiana, un club político y artístico al que pertenecía.

Inspirado por la historia y la mitología, publicó alternativamente «César y Cleopatra» en 1898, «Androciès y el León» en 1912 y «Pigmalión» en 1914.

 La Sociedad fabiana estaba formada por un grupo de socialistas de clase media que defendía la transformación de la sociedad y el gobierno ingleses mediante la asimilación, en lugar de la revolución.

Sus obras teatrales van precedidas por sustanciosos prólogos, donde enfoca, globalmente, el tema que desarrollará luego.

Wagner e Ibsen fueron, durante su juventud, ídolos que defendió acaloradamente y tanto sobre la personalidad del músico germano como sobre la del dramaturgo nqruego dio conferencias y publicó varios trabajos, como «El perfecto wagneriano» (1898) y «La quintaesencia del ibsenismo» (1891).

Shaw defendía con pasión las obras del compositor alemán Richard Wagner, críticas que firmó, entre 1888 y 1890, con el seudónimo de Corno di Bassetto y, más adelante, con sus propias iniciales.

Buscó, primero, una popularidad fácil, leyendo, en alta voz, por las calles, sus comedias o integrando el utópico «partido social fabiano», cuya línea política trató de definir en su obra «Ensayos fabianos».

Su arte, como mencionó uno de sus comentaristas, fue «material de perenne regocijo, pese al doble fondo revolucionario de su producción».

Aunque al principio sus obras no tuvieron éxito, logró imponer su modo cáustico de señalar errores y, finalmente, triunfó, siendo considerado uno de los principales escritores teatrales de habla inglesa.

Supo sacar provecho material del oficio de escritor; tal es así que, al morir, dejó una cuantiosa fortuna que distribuyó, por resolución testamentaria, entre personas e instituciones meritorias.

Cuando, en el año 1925, le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura, donó el correspondiente importe monetario a una sociedad benéfica, este premio fue el reconocimieto a su obra Santa Juana (1923), en la que convirtió a Juana de Arco en una mezcla de mística pragmática y santa hereje.

Las caricaturas de Bernard Shaw lo muestra desaliñado, flaco, anguloso, con una exagerada barba pelirroja o plateada cumpliendo su función de cubrir las marcas de una viruela que lo asaltó a los 40 años.

El asunto de su vestuario fue objeto de comentarios en su época.

La rutina aquella de sus cinco novelas incluía cortarse las hilachas de sus puños del traje y entonces durante sus primeros años de periodista y novelista se paseaba por las redacciones y los mitines políticos con trapos rotos.

De este estilo descuidado y harapiento de pronto pasó a modelos brillantes multicolores, de cortes excéntricos.

Lo primero que hizo en cuanto ganó sus primeros dineros fue comprarse ropa.

Pero para esta elección no siguió sus conocimientos de arte ni su aguda observación del medio sino, otra vez, el hechizo de los oradores.

Admiraba a Andreas Scheu, orador austríaco exilado en Londres a causa de sus ideas políticas y que en ese momento estaba empeñado en fundar en la capital inglesa la compañía Jaeger.

Jaeger se llamaba el médico alemán que quería modificar los males de este mundo haciendo que sus habitantes vistieran trajes saludables, confeccionados completamente con lana. Los princi-pios científicos y filosóficos de esta teoría convencieron al escritor, que en cuanto Scheu cumplió con su cometido y abrió la primera casa de la firma, invirtió allí su dinero.

Con gran asombro de su amigos, el hombre gris se había convertido en technicolor.

Chaquetas, pantalones y sacos tenían siempre un tono fuera de lo posible y alguna particularidad.

Mientras tanto, la manía del médico diseñador fue aun más lejos, inventó un traje de una sola pieza a base de lana elástica, ajustado al cuerpo.

El cliente fiel, probablemente el único, en cuanto supo de la novedad pidió un traje a medida y dio un paseo por las avenidas más elegantes de Londres. Quedan todavía algunas fotografías.

Vivía en las afueras de Londres, en una amplia casa con jardín, donde hizo que le construyeran un salón de trabajo, rodeado de cristales y montado sobre una plataforma circular, giratoria, para poder disfrutar, siempre que los hubiere, de la luz y el calor del sol.

Allí falleció, el 2 de noviembre de 1950. La vasta obra teatral de G.B.S. (también escribió algunas novelas, ensayos y poesías) se divide en dos categorías: «Comedias agradables» y «Comedias desagradables». Corresponde mencionar, entre ellas, las siguientes: «Pigmalión», «El dilema del doctor», «Cándida», «Santa Juana», «La profesión de la señora Warren», «César y Cleopatra», «Hombre y Superhombre», «Retorno a Matusalén» y «La carreta de las manzanas».

Hasta su muerte a la edad de 94, él seguirá siendo un adicto de la literatura. Defensor del vegetarismo, práctica que llevó la mayor parte de su vida, él también luchó contra la vivisección y juegos crueles con los animales.

Como pocos escritores en la historia de la humanidad, Shaw ganó fortunas escribiendo.

Y probablemente —sacando los discursos en los mitines fabianos y socialistas–  no haya hecho en su vida otra cosa que escribir.

Uno de sus biógrafos, Michael Holroyd, que se tomó el gran trabajo de recopilar todas las cartas, notas personales, artículos periodísticos y otros escritos, se asombraba porque Shaw escribía más rápido de lo que él podía leer.

La crítica de su época lo consideró en vida el mejor escritor de lengua inglesa, el primero después de Shakespeare.

O lo que lo atormentaba, el segundo, empezando por el insuperable. Pygmalion, Major Barbara, Arms and the Man, Candida y Man and Superman, son tal vez las obras más conocidas y representadas.

Sin duda, los derechos de la primera, especialmente después de que el cine la convirtiera en My Fair Lady (Mi bella dama) con Audrey Hepburn como protagonista, ha logrado que la herencia de Shaw fuera cada vez más millonada.

Si se objetara su originalidad como dramaturgo aun seguiría siendo una figura interesante en la historia del socialismo.

Su elocuencia sobre las injusticias sociales y la responsabilidad social lo han puesto a rivalizar con Dickens y salir renovado. Edmund Wilson dijo una vez alabando su elocuencia:

«Impulsa nuevos intereses intelectuales, provoca nuestro sentido hacia los asuntos morales, llevando nuestra atención a nuestro lado en las relaciones sociales en este mundo».

Ninguna alabanza ha sido comparable, de todas formas, con las que el mismo Shaw, que solía citarse «para dar un poco de aire a la conversación», se prodigó a sí mismo.

Si hubiera muerto como Keats, a sus 26 años, no nos habríamos enterado de él.

Pero vivió más de nueve décadas, un plazo considerable para cometer todas las equivocaciones necesarias y cumplir a la perfección con su propia máxima:

«Una vida perdida cometiendo errores es no solamente más honorable sino más útil que una vida dedicada a hacer nada».

Ganancias, impuestos y caridad:

«En América gano más de lo que puedo gastar. Acabo de abrir una cuenta corriente en el banco y mi banquero se ríe cada vez que me ve llegar, perpetuamente maravillado por todo lo que traigo.

Mi renta profesional está mermando por los impuestos, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra.

Cuando, de vez en cuando, gano unas 20 mil libras, por ejemplo, ¿a qué se reducen si están invertidas y los impuestos afectan tanto al capital como a la renta que éste produce?.

Teniendo en cuenta el capital de mi mujer y el mío, puede considerársenos comprendidos en la clase de personas que reciben 5 mil y 10 mil libras al año, y no lo gastamos todo.

Soy uno de esos hombres para quienes el dinero significa la seguridad y la liberación de ciertas tiranías mezquinas.

Si la sociedad quisiera proporcionarme ambas cosas, arrojaría mi dinero por la ventana, ya que me molesta el tener que cuidarlo y atraer la envidia y el parasitismo.

Detesto la caridad, la protección, la munificencia y todo lo demás. Repito que cuando presto dinero a ciertas personas, las odio tan cordialmente como ellas a mí.»

G.B. SHAW

Los prólogos:

Tenía el hábito de escribir prefacios a sus obras. No simplemente para aportar datos y cuestiones referentes a la puesta en escena sino para fundamentar ideológicamente sus argumentos.

En estos largos prólogos se devela la finalidad esencialmente pedagógica que de todas maneras siempre es evidente en el transcurso de la obra.

Fue innovador también en las acotaciones escénicas que no consisten simplemente en indicaciones para actores sino que son explicaciones narrativas de la situación que se está viviendo.

Antes de que se realizara el casting de actores para sus obras, él mismo se encontraba con los postulantes y les leía con la entonación que según él era la correcta para cada rol.

El problema de la lengua inglesa y sus arbitrariedades aparece formulado en Pygmalion, donde la alumna de clase baja debe transformarse por completo para poder lograr -casi por vía de un milagro- una pronunciación correcta.

En el prólogo de esta obra, Shaw expone su teoría sobre la relación 2ue los hablantes tienen con este loco idioma.

Cronología de Principales Obras de George Shaw

1884 Un socialista poco social (novela)
1886 La profesión de Cashel Byron (novela)
1891 La quintaesencia del ibsenismo (ensayo)
1892 Casas de viudas (teatro)
1893 La profesión de la señora Warren (teatro)
1893 El amante (teatro) 18941 Cándida (teatro)
1894 Héroes (Arms and the Man, teatro)
1896 El hombre del destino (teatro)
1897 Nunca se puede saber (teatro)
1898 El perfecto wagneriano (ensayo)
1898 Ensayo fabiano sobre el socialismo (ensayo)
1901 César y Cleopatra (teatro)
1901 La conversión del capitán Brassbound (teatro)
1901 El discípulo del diablo (teatro)
1903 Hombre y superhombre (teatro)
1904 La otra isla de John Bull (teatro)
1905 La comandante Bárbara (teatro)
1906 El dilema del doctor (teatro)
1910 Matrimonio desigual (teatro)
1911 La primera obra de Fanny (teatro)
1913 Pigmalión (teatro)
1913 Androcles y el león (teatro)
1914 El sentido común en relación con la guerra (ensayo)
1920 La casa de la angustia (teatro)
1921 Vuelta a Matusalén (suite de 5 piezas)
1923 Santa Juana (teatro) 1928 Guía del socialismo para la mujer inteligente (ensayo)
1929 El carro de manzanas (teatro)
1932 Las aventuras de una joven negra en busca de Dios (ensayo)
1936 La millonaria (teatro)
1949 Dieciséis autoesbozos (ensayo autobiográfico)

Cronología de sus obras, fuente Enciclopedia ENCARTA

Enlace Externo: Frases de George Bernard Shaw

Historia de la Fundacion del Club Progreso-Vida Social Oligarquica

Historia de la Fundación del Club Progreso

El Club del Progreso:

La fusión de las grandes familias porteñas unitarias y federales, al día siguiente de Caseros, con el objeto de defender los intereses porteños, debía concretarse en una institución en donde pudieran volver a confraternizar los que hasta ayer no más eran enemigos.

Esta institución fue el Club del Progreso, fundada a pocos días de la caída de Rosas, el 25 de marzo de 1852.

edificio del club prgreso

Los objetivos políticos de unificar a la oligarquía porteña están claramente explícitos en una carta que el presidente del Club, Diego de Alvear, envía a Mariano Várela, director del diario La Tribuna.

Allí dice, refiriéndose a la fundación del Club:

«Era pues necesario destruir los efectos de ese gobierno maquiavélico, y nada podría mejor llenar ese objeto importante que la creación de una sociedad donde todos pudiésemos, libre y recíprocamente, cambiar nuestras ideas y sentimientos.

Allí se han reanudado, mi querido amigo, relaciones de partido, de amistad y aun de parentesco; que se habían hecho casi extrañas durante la Dictadura.

Allí empezó a verificarse la única fusión honorable y útil que reclamaba nuestro país: no la fusión de los caracteres honrados con los perversos; no la fusión de los hombres de opiniones erróneas con los famosos criminales, sino la fusión de los que, sirviendo a la Dictadura, no envilecieron su nombre con la exageración de pasiones innobles, con los que habían tenido la fortuna de salvar sus convicciones y su fama fuera del látigo abrumador de la tiranía».

En el primer acto público del Club del Progreso, un banquete realizado el 25 de mayo de 1852 en su sede de Perú 135, el ministro José B. Gorostiaga, para dejar bien asentados los objetivos políticos del Club, exclamó en su brindis:

«Por la fraternidad de los dos grandes partidos políticos que ‘han dividido la República Argentina, por su reunión para trabajar ayudados por los extranjeros al mayor bien y prosperidad de la Patria».

Por su parte, en el estatuto del Club se reconocían como sus fundamentos «desenvolver el espíritu de asociación, completamente extinguido entonces, con la reunión diaria de los caballeros más respetables, tanto nacionales como extranjeros; borrar prevenciones infundadas, creadas por el aislamiento y la desconfianza, uniformando en lo posible las opiniones políticas».

No obstante, ciertos resquemores entre unitarios y federales hicieron que estos últimos poco después fundaran el Club del Plata, cuyo primer presidente fue Bernardo de Irigoyen, pero que nunca pudo llegar a alcanzar el prestigio del Club del Progreso.

El carácter de clan porteño contra el resto del país que tuvo en sus comienzos el Club se muestra en el hecho de que el gobernador de la provincia de Buenos Aires y sus ministros de Estado fueron considerados miembros honorarios, en tanto que Justo José de Urquiza tuvo que someterse a la votación de los demás socios para ser admitido.

En el discurso conmemorando los 50 años de su existencia, el 1° de mayo de 1902, el doctor Roque Sáenz Peña denunció este carácter porteñista del Club:

«El Club del Progreso, señores, como factor político, complementario de la acción de Caseros, desconoció la amplitud de su misión y confundió la ruta clara de una política expansiva y esencialmente argentina; en otras palabras, fue exclusivista y fue porteño».

El carácter restringido del Club lo muestra el hecho de que en 1857 el número de socios no pasaba los doscientos sesenta y cinco, y en 1896 no llegaba a mil cuatrocientos.

En ese reducido número de socios se encontraba, no obstante, lo más granado de la oligarquía porteña:

entre sus socios estaban Bartolomé Mitre, Julio A. Roca, Domingo F. Sarmiento, Marcos Avellaneda, Leandro Alem, Adolfo Alsina, José, Marcos y Carlos Paz, Carlos Pellegrini, Lucio V. Mansilia, Dalmacio Vélez Sársfield, Victorino de la Plaza, Roque y Luis Sáenz Peña, Diego de Alvear, Nicolás, Tomás y Juan Anchorena, Otto Bemberg, Miguel Cañé, Vicente Casares, Emilio Castro, Nicolás Calvo, Mariano Drago, Rufino de Elizalde, Juan Agustín García, Tomás Guido, José Mármol, Pastor Obligado, Vicente Quesada, Miguel Riglos, Marcelino Ugarte, etcétera.

Cumplido o no su primer objetivo de fusionar a los dos partidos políticos, el Club sirvió en los años sucesivos como factor aglutinante de la oligarquía porteña.

En sus salones exclusivos los distintos miembros de la clase alta se conocían entre sí, entremezclando sus intereses mediante relaciones amistosas o sentimentales.

El Club siguió por muchos años su carrera triunfal: de la modesta sede inicial de Perú 135 pasó en 1857 al edificio renacentista de la esquina de Perú y Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen), que acaba de ser demolido.

En 1900 el Club se encuentra en su apogeo; es entonces cuando inaugura su palacio de la avenida de Mayo 633.

Su decadencia comienza con el auge del Jockey Club.

Entonces el Club del Progreso debe abandonar su suntuoso palacio de la Avenida de Mayo para reducirse a un edificio más modesto, en Sarmiento 1300, donde sobrevive hasta la actualidad.

Lucio V. López, en La gran Aldea, nos ha dejado una descripción del Club del Progreso en su momento de mayor esplendor:

«¿Quién no conoce el Club en una noche de baile?.

La entrada no es por cierto la entrada del palacio del Elíseo y la escalera no es una maravilla de arquitectura.

Sin embargo, para el viejo porteño que no ha salido nunca de Buenos Aires, o para el joven provinciano que recién llega de su provincia, el Club es, o era en otro tiempo, algo como una mansión sonada cuya crónica está llena de prestigiosos romances y en el cual no es dado penetrar a todos los mortales.

«Es en un baile del Club del Progreso donde pueden estudiarse por etapas treinta años de la vida social de Buenos Aires: allí han hecho sus primeras armas los que hoy son abuelos.

La dorada juventud del año 52 fundó ese centro de buen tono, esencialmente criollo, que no ha tenido nunca ni la distinción aristocrática de un club inglés ni el chic de uno de los clubs de París.

Sin embargo, ser del Club del Progreso, aun allá por el año 70, era chic, como era cursi ser del Club del Plata, con perdón previo de sus socios.

«La entrada era cosa ardua: no entraba cualquiera; era necesario ser crema batida de la mejor burguesía social y política para hollar las mullidas alfombras del gran salón o sentarse a jugar un partido de whist en el clásico salón de los retratos que ocupa al frente de la calle Victoria.

«En esta última sala, larga y fría como un zaguán, que ha sido .empapelada cien veces por lo menos de verde o celeste claro y que ha consumido cincuenta distintas partidas de tripe de lo de Iturriaga, ha nacido una generación de la cual van quedando muy pocos representantes.

Allí ha mordido la maledicencia urbana a los jugadores trasnochadores, a los maridos calaveras, a la juventud disoluta y disipada, y cada mordisco de mamá indignada ha hecho los estragos de la viruela en el retrato moral de las víctimas…

El Club del Progreso ha sido la pepinera de muchos hombres públicos que han estudiado en sus salones el derecho constitucional; literatura fácil que se aprende sin libros, trasnochando sobre una mesa de ajedrez; y a mí, no sé por qué, se me ocurre que algunos de los retratos de los hombres de Mayo que presencian aquel grupo de pensadores hacen una mueca cada vez que un pollo acompaña un discurso sobre la libertad del sufragio con un golpe que asienta sobre el damero una reina jaqueada por la chusma de los peones sobrevivientes!»‘

Durante su período de apogeo el Club del Progreso fue el telón de fondo de los principales sucesos políticos.

En sus salones se tramó la revolución de 1874.

Allí se refugió el coche de Cambaceres y Victorino de la Plaza cuando se intentó el asesinato de Roca, en 1879.

En sus puertas se mató, en el interior de un coche, el 1? de abril de 1896, Leandro Alem.

En un papel que se encontró entre sus ropas explicó la causa de haber elegido morir en plena calle frente al Club del Progreso:

«Quiero que mi cuerpo sea recibido por manos amigas».

La mesa donde fue depositado el cadáver se conservó como una reliquia del Club.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Enlace Externo: Club el Progreso

Costumbres y Forma de Vida de la Sociedad Argentina en la Decada del 20

Costumbres y Forma de Vida de la  Sociedad Argentina en la Decada del 20

En esta época, se produjeron importantes transformaciones en las formas de vida de la sociedad argentina.

Los cambios se debieron, entre otras cosas ¿la llegada de inmigrantes, la renovada prosperidad económica y la reducción de la jornada laboral. Además del domingo, algunos trabajadores pudieron descansar también el sábado por la tarde.

La mayor cantidad de tiempo libre del que dispusieron les permitió practicar deportes, asistir solos o con sus familias a bailes, conferencias y otros espectáculos.

El desarrollo de los medios de transporte urbano, como los tranvías y los taxis-colectivos acercaba de los barrios al centro de las ciudades, facilitando la asistencia a los espectáculos teatrales, deportivos y cinematográficos que allí se desarrollaban.

La población de los principales centros urbanos del país, en particular, la de Buenos Aires, fue la que más modificó sus costumbres.

• El Tango

(Ver: Primeros Ídolos Argentinos)

En los primeros años del siglo XX, la milonga y el tango se convirtieron en la música preferida de los sectores populares urbanos.

Por todos lados surgieron, lugares donde, al compás de su ritmo, los jóvenes bailaban el tango-canción y el fonógrafo permitieron a los cantantes alcanzar una gran popularidad.

Los cantantes y compositores más famosos eran Enrique Delfino, Enrique Santos Discépolo y Carlos Gardel.

Epoca de Oro del Tango Argentino Grandes Representantes – BIOGRAFÍAS e  HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

El nuevo rol de la mujer

En muchas familias pertenecientes a los sectores populares y medios, la madre pudo dedicarse exclusivamente a las tareas del hogar.

Sus hijas, en cambio, prefirieron realizar otras actividades, fuera de la casa.

Se empleaban en tiendas y oficinas.

Muchas comenzaron a estudiar para ser maestras.

Las jóvenes disfrutaban, además, de nuevos espacios de recreación y sociabilidad.

Acompañadas por algún familiar, generalmente su madre, asistían a bailes y funciones de teatro que organizaban los clubes deportivos y otras asociaciones barriales.

sociedad argentina en la decada del 20

• El Fútbol

Los hombres comenzaron a destinar gran parte del tiempo libre a los deportes.

El fútbol, introducido por los ingleses, se transformó pronto en una pasión.

A principios de este siglo se fundaron los que hoy son los grandes clubes de la Argentina: River Plate, Boca Juniors, Independiente, Racing, San Lorenzo y Huracán.

Pero también en esos años y en las décadas siguientes, chicos y muchachos fundaron una innumerable cantidad de clubes.

Se juntaban en las esquinas, jugaban en los terrenos baldíos y se las ingeniaban para conseguir la pelota y las camisetas.

Con el tiempo, conseguían los fondos para construir la sede social y deportiva.

Equipo de San Lorenzo en sus Inicios

El fútbol en Ingeniero White, puerto de la ciudad de Bahía Blanca

“Acá empezaron el asunto los marineros ingleses en los baldíos cercanos al puerto de Buenos Aires (…) El foot-ball, que viajaba en tren, llega así a Rosario, a Tucumán, a Bahía Blanca.

En nuestra ciudad fue Mr. Harding Green uno de los pioneros del juego que practicaban los planteles directivos de los ferrocarriles Sud y Pacífico. Pacific Ath/etic Railway Club, Pacífico ahora, se inició en el fútbol con su fundación en 1896.”

“Uno de los acordeones que animaba las noches de las cantinas whitenses fue uno de los mejores futbolistas que dio el fútbol de la provincia de Buenos Aires, Aníbal Troncoso, el “Melón” Troncoso. Y tocaba el acordeón.

Porque Melón tocaba… era un bohemio, tocaba el acordeón y el piano. Y como jugador de fútbol fue… Era un Maradona, ¿eh? ¿Viste lo que es Maradona? Melón era un Maradona, no te vas a creer.. Había muchos Maradona en aquel/os tiempos… No es como ahora que hay uno solo.”

Luis Carbonara

“White era un gran potrero. Los cracks salían de todos lados. Se jugaba cuadra contra cuadra, o barrio contra barrio. (..)

todos [los jugadores] trabajaban al margen del juego. (..)

los entrenamientos no eran como los de ahora.

“Nosotros veníamos y corríamos dos o tres vueltas a la cancha y después nos jugábamos un partidito de fútbol Tampoco existían los DT sino los delegados, quienes llevaban los carnets de los muchachos de la cuarta o la quinta para probar su edad y en primera acompañaban al equipo como una suerte de secreta ríos.”

“Y le robábamos una media a la pobre vieja (…) Y este… le metíamos papel, y trapo, y hacíamos una pelota (…)

La atábamos bien y jugábamos un partido en la calle. (…)

Claro, una pelota costaba mucho, qué miércoles! no se podía comprar (..)

El que tenía una pelota era para el día domingo solamente, que iba a jugar”

“En la década del 20 empieza la época del ‘amateurismo marrón’.

Con Libonatti comienza la venta de jugadores argentinos a Italia. Uruguay y Boca hacen maravillas por Europa, donde se empieza a hablar del fútbol rioplantense: dribling, bicicleta, marianella, palomita… (..)

En 1930 perdemos la final del mundial con Uruguay y también la democracia. Comienza, además, el profesionalismo. El dinero empieza a decidir Los clubes grandes compran jugadores del interio, del extranjero…

Información extraída de la hoja informativa El Puerto, año 3, No. 5, set. 1994 y de la Revista El Puerto, año 4. No. 7. abril de 1995, edición del Museo del Puerto, Subsecretaría de Cultura, Municiipalidad de Bahía Blanca.
Fuente Consultada: Sociedad Espacio y Cultura -Siglo XX- Editorial kapelusz

Ver: ¿Que es la sociología?

Enlace Externo:

Dirección Nacional de Migraciones

Historia de la Fundacion de la Sociedad Rural:Vida Social de la Oligarquia

Historia de la Fundación de la Sociedad Rural

La Sociedad Rural:

De regreso de Europa en 1858, el rico hacendado Eduardo Olivera, impresionado por las exposiciones rurales a que había asistido en Birmingham y Salisbury, auspició la creación de una asociación que promoviera la mejora de la ganadería.

La reunión inicial se realizó en la ex casa de Rosas, en Palermo, con la asistencia de Sarmiento.

La guerra civil impidió la concreción inmediata del proyecto.

De vuelta de otro viaje a Europa en 1866, Olivera recibe la invitación de su amigo José Martínez de Hoz para organizar juntos la proyectada asociación.

El 16 de agosto de ese mismo año se realiza una reunión en casa de Federico y Benjamín Martínez de Hoz y allí se procede a declarar instalada la Sociedad Rural Argentina, nombrándose una comisión directiva compuesta por José Martínez de Hoz como presidente y Ricardo B. Newton como vicepresidente.

Las «bases y reglamentos» adoptados habían sido redactados por Olivera.

La Sociedad fue por cierto en sus orígenes —y lo seguiría siendo por nuches años— sumamente restringida.

Para darnos una idea de su exclusivismo basta recordar que su acta de fundación fue firmada por tan solo sesenta y tres ciudadanos, todos ellos ricos estancieros ligados entre sí por vínculos familiares o amistosos.

Primeras Imágenes de la Sociedad Rural

La primera exposición de la Sociedad Rural se realizó en abril de 1875 en un terreno, en Florida y Paraguay, cedido por uno de los miembros, Leonardo Pereyra.

Asistió a la exposición el presidente de la República, que entonces era Nicolás Avellaneda.

Ley de Inmigraciones de Avellaneda Comision Central – BIOGRAFÍAS e HISTORIA  UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Recién en 1878 el local de exposiciones fue trasladado a Palermo, donde actualmente se encuentra, gracias a Sarmiento, que consiguió del Congreso una ley que cedía los terrenos por veinte años, plazo que fue después prolongado en varias oportunidades.

Desde su fundación la Sociedad Rural Argentina se adjudicó la representación de la clase ganadera en su totalidad, pero en realidad representaba tan solo a un núcleo muy reducido dentro de ella, a los más poderosos.

Si en sus orígenes, como dijimos, sus miembros no llegaban a cien, setenta años después, en 1936, apenas si llegaban a dos mil,y recién en la década del sesenta alcanzan la cifra récord de nueve mil miembros, solo el 10 por ciento de la ciase ganadera.

En realidad la Sociedad Rural actuó siempre con las características de una sociedad secreta con poderes ocultos, siendo secreto el procedimiento de las admisiones de socios.

No se admiten por supuesto en ella a medianos y pequeños propietarios ni a chacareros, ni a colonos ni a arrendatarios.

Los cargos principales de la Comisión Directiva están siempre en manos de las principales familias de la oligarquía ganadera: Anchorena, Martínez de Hoz, Pereyra Iraola, Peralta Ramos, Ocampo, Pueyrredón, Guerrero, Herrera Vegas, etcétera.

Esta Sociedad de tan reducidas dimensiones manejará los hilos de la economía del país hasta el advenimiento del peronismo.

Entre 1910 y 1943 cinco de los nueve presidentes fueron hombres pertenecientes a la Sociedad Rural y, por supuesto, ricos estancieros.

En ese mismo período, de unos 93 ministros, 39 fueron miembros de la Sociedad.

Principalmente a la Sociedad Rural le interesaba controlar los ministerios de mayor importancia: Relaciones Exteriores, Hacienda y Guerra.

El hecho más representativo del enorme poder de la Sociedad Rural es que consiguió subsistir a todos los cambios políticos, controló por igual a los gobiernos conservadores hasta el 16, a los gobiernos radicales hasta el 30 y después nuevamente a los conservadores.

Su momento más difícil debió pasarlo, como es obvio, bajo el gobierno peronista, pero finalmente también entonces logró salir incólume.

Las elecciones de comisión directiva de la Sociedad Rural de 1945 fueron disputadas por el ingeniero José María Bustillo, francamente antiperonista, y José A. Martínez de Hoz, de tendencia más conciliadora.

Era el momento álgido de la lucha contra Perón, y triunfó José María Bustillo.

La Exposición Rural de ese año fue un verdadero acto político contra el peronismo.

Perón, presintiéndolo, no asistió al mismo; en cambio sí lo hizo su principal enemigo, el embajador norteamericano Spruille Braden, quien fue aclamado por los presentes.

En su discurso, violentamente antiperonista, el ingeniero Bustilio dijo refiriéndose al gobierno:

«Parece que la productividad no les interesa en el afán de flotar, momentáneamente, en las aguas caudalosas de la popularidad».

La situación entre la Sociedad Rural y el gobierno peronista se hizo insostenible:

Perón le negaba a Bustillo todo pedido de audiencia.

Comprendiendo que no se podía seguir así, los socios de la entidad pidieron a Bustillo la renuncia y otorgaron la presidencia a Martínez de Hoz.

Con el cambio las relaciones mejoraron algo, y Martínez de Hoz llegó a jactarse de haber convencido a Perón del error de destruir los latifundios.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli  La Historia Popular Tomo 15  Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

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Enlace Externo: Historia Sociedad Rural Argentina

La vida social de la oligarquia argentina Sociedad de Beneficencia

La Vida Social de la Oligarquía Argentina: La Sociedad de Beneficencia

La Sociedad de Beneficencia

No tenía la Sociedad de Beneficencia, cuando fue creada por Bernardino Rivadavia, el mismo carácter que adquiriría después.

En 1821 volvía Rivadavia de Europa, donde había alternado en los salones con Madame de Récamier, Madame de Staél y otras mujeres célebres de su tiempo.

mujeres de la oligarquia argentina

Este contacto le hizo cambiar la idea conservadora y tradicionalista que se tenía de la mujer en la sociedad porteña, y decidió darle también a ella un papel activo en la vida pública.

Así nació, por decreto del 2 de enero de 1823, la Sociedad de Beneficencia, cuyo principal objetivo sería prestar atención «a la educación de las mujeres, a la mejora de sus costumbres y a los medios de proveer a sus necesidades, para poder llegar al establecimiento de leyes que fijen sus derechos y sus deberes y les aseguren la parte de felicidad que les corresponde».

Fácil es, imaginarse la resistencia que este proyecto tuvo en un comienzo en la pacata sociedad porteña de la época.

Contra esa resistencia alentaba Rivadavia en las damas:

«la necesidad de que éstas debían constituirse para hacer una oposición enérgica a los que alguna vez trataran de ridiculizar cualquiera de las operaciones o actos de la Sociedad, bien entendido que éste sería uno de los mayores males que podían sobrevenirles, en razón de que el ridículo de este género degrada al bello sexo y le impide elevarse hasta el grado a que verdaderamente debe aspirar».

La ocupación fundamental a que se consagraría la actividad de las damas de beneficencia sería la organización de la enseñanza femenina, tan descuidada hasta entonces.

Al hacer el balance del primer año de existencia, la presidenta, doña Mercedes de Lasala y Riglos, dijo:

«La Presidenta de la Sociedad de Beneficencia se cree con derecho de asegurar que todas las señoras que la componen han puesto de su parte, para satisfacer a la confianza con que el gobierno las ha distinguido, aquellos sentimientos de interés por la humanidad que les son peculiares, junto con la actividad y economía propias de su sexo».

A los cuatros años de fundada la Sociedad se educaban en sus escuelas cerca de novecientas niñas; a nueve años el número de alumnas se elevaba a mil doscientas.

Sin embargo, no debemos dejarnos engañar al reápecto: la educación que se brindaba en esas escuelas no propendía de ningún modo a la modificación de los viejos hábitos coloniales ni a la transformación del concepto conservador que sobre la mujer se tenía.

En 1832, siendo presidenta de la Sociedad la famosa Mariquita Sánchez de Mendeville, manifiesta bien claramente la orientación tradicionalista de la educación que allí se impartía.

Mariquita Sanchez de Thompson-Historia de su Romance – BIOGRAFÍAS ...La educación, dice doña Mariquita,»está distante de ser demasiado elevada, como lo han temido algunas personas respetables del pueblo.

Los deseos de la Sociedad son, al contrario, que las niñas se complazcan más en su estado, conociendo mejor sus deberes, y que acepten con resignación su destino».

La enseñanza consistía principalmente en enseñar a las alumnas a planchar, a cocinar, a zurcir y remendar.

Muy lejos estaba, pues, la Sociedad de Beneficencia de ser un instrumento de liberación femenina;; nada se impartía en sus escuelas que sirviera para desarrollar una personalidad libre y autónoma, sino, por el contrario, se trataba de «que acepten con resignación» el papel subordinado a que las destinaba la sociedad patriarcal.

Durante el gobierno de Rosas, la Sociedad de Beneficencia fue presidida por la hermana del dictador, Agustina Rosas.

El gobierno trató por todos modos que la Sociedad se convirtiera en un instrumento de su política.

Entre otras directivas dadas a la Sociedad se contaban

«no admitir a la cabeza de los establecimientos de educación ninguna maestra que no conformase sus ideas a la política del gobierno», a las alumnas de los colegios de la Sociedad se les imponían vestidos «que no tengan nada de celeste ni verde…; esclavina punzó, pañuelo de una y tercia vara en invierno de lanilla punzó, y en el verano de espumilla del mismo color, llevando un moño también punzó, al lado izquierdo de la cabeza, en todo tiempo».

Las maestras debían prestar juramento de fidelidad a la Santa Causa. El 4 de enero de 1838 la presidenta de la Soqiedad de Beneficencia recibió una nota oficial que decía:

«S. E. ha ordenado diga a Ud. que para proponer las socias dad le remita una propuesta en terna para cada una, cuidando de que en dicha propuesta reúnan las candidatas la indispensable calidad de ser notoriamente adictas a la Causa Nacional de la Federación a las que se requieren para el buen desempeño de un cargo tan delicado, y que además conste que los maridos, padres, hermanos o deudos inmediatos de dichas candidatas hayan dado testimonios públicos e intergiversables de su adhesión y fidelidad constante a esa Santa Causa, todo lo cual deberá expresarse al tiempo de elevar al gobierno las propuestas en la forma que queda prevenida».

A pesar de acatar todas estas disposiciones, la Sociedad de Beneficencia redujo considerablemente sus actividades durante la época rosista.

El gobierno clausuró la Casa de Expósitos y suprimió la subvención para gastos y sueldos de las escuelas, ordenando el cierre sí las familias de las alumnas no las subvencionaban. Solo quedaron tres escuelas de la Beneficencia con no más de doscientas alumnas.

Con la caída de Rosas la Sociedad de Beneficencia renace nuevamente.

En 1857, con motivo de proponerse que la Sociedad de Beneficencia distribuyera los premios de las escuelas de color al mismo tiempo que los de las escuelas de niñas, Mariquita Sánchez de Mendeville, que por entonces se desempeñaba como secretaria de la entidad, objetó la medida con una argumentación de contenido netamente clasista y aun racista:

«La igualdad ante la ley no quiere decir que no haya clases en la Sociedad», agregando que era conveniente evitar «conflictos estableciendo una igualdad que haría infelices a las gentes de color y a la alta clase». Terminaba diciendo que «aprobaba cuanta educación y bien se les pudiera hacer, pero manteniendo cada clase social en su lugar».

En 1876, la Sociedad de Beneficencia vio reducidas notablemente sus funciones al disponer la ley de Educación común el traspaso de las escuelas de niñas, hasta entonces a cargo de la Sociedad de Beneficencia, al Consejo General de Educación.

Desde entonces, la Sociedad de Beneficencia no tuvo otra función que la asistencia social.

Ante la ola inmigratoria del ochenta, la formación del proletariado urbano y las luchas por las reivindicaciones sociales, la Sociedad de Beneficencia se convierte en uno de los bastiones de la reacción social.

Uno de sus panegiristas, Carlos Ibarguren, dice al respecto:

«La Sociedad de Beneficencia se ha conservado intacta en su estructura, no ha gravitado en su seno la influencia de los recién venidos, y es la única de nuestras instituciones que ha conservado en absoluto su abolengo patricio».

Ibarguren, perteneciente a la misma clase social que las damas de Beneficencia, ve en la institución una defensa de la tradición amenazada y un lazo con el pasado que añora:

«Parece que se estremeciera todavía en los claustros apacibles de la vetusta casa de la Sociedad de Beneficencia, en sus bóvedas patinadas por los años y en sus macizas puertas, al alma del viejo Convento de la Merced.

Más adelante, el peronismo le dará el golpe de gracia.

El conflicto se desata con el pretexto del nombramiento de la presidenta.

Era tradicional en la Sociedad de Beneficencia ofrecerle la presidencia a la esposa del primer magistrado.

Pero en esta ocasión, por primera vez, el nombramiento no llegó.

Las Damas, muy sutilmente, alegan ante Eva Perón que es demasiado joven para ocupar ese cargo, a lo que Eva, más sutilmente aun, responde que, en ese caso, sea nombrada su madre.

Políticas Sociales del Peronismo- La Fundacion de Evita Perón ...

Este ofrecimiento no tiene respuesta.

Poco después, la Sociedad de Beneficencia es disuelta y Eva Perón, con un criterio muy distinto, crea la Fundación Eva Perón.

En La razón de mi vida se formularán duros juicios sobré la beneficencia:

«…para que la limosna fuese aun más miserable v más cruel inventaron la beneficencia, y así añadieron al placer perverso de la limosna el placer de divertirse alegremente con el pretexto del hambre de los pobres.

La limosna y la beneficencia son para mí ostentación de riqueza y de poder para humillar a los humildes»

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Grandes Bandas de Rock Argentinas Mejores Grupos de Rock Argentinos

Grandes Bandas de Rock Argentinas

• Banda Sui Generis

• Banda Seru Girán

• Banda Soda Stereo

• Banda Los Cadillac

• Banda Los Redonditos de Ricota

• Banda Los Auténticos Decadentes

• Banda Los Caballeros de la Quema

• Banda Los Abuelos de la Nada

UN POCO DE HISTORIA SOBRE ESA ETAPA
Orígenes del Rock:
Los años’60 y 70

Estos años se caracterizaron por importantes transformaciones en la familia nuclear, las relaciones entre padres e hijos y las relaciones de género.

Los adolescentes de esta época expresaron la crisis de estas transformaciones por medio de la rebeldía y la euforia.

Una de las maneras de expresar este estado de rebeldía fue el fenómeno de los movimientos musicales que se sucedieron en estos años.

El movimiento del rock que hoy conocemos se entroncó así con dos tendencias de esa época, que son algo contradictorias.

Por un lado, con la idea de rebelión y protesta contra las instituciones tradicionales.

En los orígenes del rock hay un conato de rebelión en contra de los roles familiares y las restricciones morales a las relaciones sexuales.

A veces también existe una cierta ironía acerca del «estilo de vida burgués», que se definía por tener un trabajo estable en la oficina, una casa, un auto y una familia tipo.

Por ejemplo, Charly García y Mito Mestre decían en la canción «Aprendizaje«:

Aprendía ser formal y cortés
cortándome el pelo una vez al mes.
Y si me aplazó la formalidad,
es que nunca me gustó la sociedad.

El proyecto de vida burgués era considerado chato, mediocre y vacío por muchos integrantes de la generación de los ’60 y 70.

Promovían la vida comunitaria, la sexualidad libre, la vuelta a la naturaleza viviendo en granjas y cultivando la tierra.

También buscaban desarrollar nuevas formas de sensibilidad estética, exploraban las artes visuales, además de la música, y experimentaban con drogas como una manera de trascender los límites de los sentidos convencionales.

Buscaban percibir el mundo a través de los efectos alucinógenos de diversas drogas.

La banda de los corazones solitarios del sargento Peppers

En agosto de 1962, los Beatles hicieron su primera presentación en público en su ciudad, Liverpool.

Sus integrantes: John Lennon, Paul Me Cartney y George Harrison habían trabajado en clubes nocturnos de Inglaterra y Alemania desde mediados de los 50 hasta que el productor Brian Epstein los descubrió en 1961.

Epstein les cambió el tipo de vestuario, reemplazó al baterista por Ringo Star y lanzó una gran campaña de promoción que en menos de un año los llevó a la fama mundial.

Las canciones del grupo, mayoritariamente de Lennon y Mc Cartney, se destacaron por su gran calidad musical y por sus diferentes estilos, que iban de la balada al rock and roll, pasando por el twist y la música sinfónica.

bandas de rock nacional


(Versión Flash)

Según la mayoría de los críticos musicales, La banda de los corazones solitarios del sargento Peppers (1967) es el mejor disco de los Beatles y uno de los mejores de la música contemporánea.

Fue el primer «álbum conceptual», en el que todos los temas tenían relación entre sí.

En él, el grupo incorporó música electrónica y una orquesta sinfónica.

La tapa del disco es una típica expresión del arte pop, en el que se emplearon técnicas como la fotografía, el collage y figuras de artefactos (como el televisor) y estatuillas baratas de «adorno».

Allí aparecen, por ejemplo, los Beatles de cera que se encuentran en el Museo de Madame Tussot de Londres, junto con los auténticos, que lucen el uniforme de la banda.

Aparecen además pensadores como Karl Marx; escritores como Edgar Alian Poe y Oscar Wilde; actores como Charles Chaplin, Marylin Monroe y Marión Brando.

A la derecha, sobre el sweater de una muñeca puede leerse «Bienvenidos los Rolling Stones», en referencia a la tradicional rivalidad con el grupo de Mick Jagger.

La fama de los Beatles no tenía fronteras y en todo e mundo su música influyó en los jóvenes que la hacían propia. (ver la portada)

Hasta su separación, en 1970, el grupo apoyó los movimientos pacifistas y se opuso explícitamente a la guerra de Vietnam en sus declaraciones públicas y a través de canciones como «Dale una oportunidad a la paz».

GOBIERNOS MILITARES EN ARGENTINA:

En Argentina hubo entre 1930 y 1983 varios golpes militares. El último de ellos, y el más sangriento, comenzó en 1976.

Este último golpe fue el resultado de un conflicto profundo en nuestra sociedad que se desarrolló fundamentalmente a partir de la proscripción del peronismo en 1955.

En este conflicto se dirimían los intereses de las clases obreras y de los sectores dominantes de la sociedad.

En nuestro país, muchas veces la rebelión política y la rebelión estética y moral fueron simultáneas.

Entonces también se unieron las formas de resistencia a estos cambios.

Por ejemplo, usar el pelo largo y barba era sinónimo de adherir a una ideología revolucionaria.

Por eso era frecuente que la policía arrestara y rapara a un joven que caminaba por la calle simplemente por el largo de su cabellera y por no afeitarse.

El golpe militar que ocurrió en nuestro país en 1976 se relaciona con los conflictos políticos.

Sin embargo, atacó también, y de una manera inusitada, muchos de los componentes estéticos y éticos de la cultura juvenil de esa época. Esto se debió a la asociación entre los ideales políticos del peronismo, el comunismo y la estética de los hipples.

Por su parte los militares, por su propia formación, tenían una particular aversión al pelo largo, los pantalones vaqueros, la música rock y la vida bohemia de los jóvenes rebeldes.

LOS JÓVENES EN ARGENTINA:

En nuestra región, muchos jóvenes aprovecharon los movimientos juveniles revolucionarios para expresar su rebeldía en contra de la sociedad burguesa a la que consideraban injusta.

Cuando buscamos explicaciones para estas actitudes advertimos que tanto los hippies como los revolucionarios rechazan a la sociedad burguesa, pero mientras los primeros eran pacifistas, los segundos confiaban en lograr cambios mediante la fuerza de las armas.

Así fue como en los años ’60 y ’70 los jóvenes se volcaron masivamente a la participación política.

Por ejemplo, proliferaron los centros de estudiantes en las escuelas secundarias y en las universidades.

Algunos jóvenes adherían a los ideales peronistas y buscaban propiciar el regreso de Perón al país y levantar la prohibición de su partido.

Otros jóvenes, más inspirados en la gesta del Che Guevara, trataban de reproducir su movimiento en nuestro país.

Todos estos procesos hicieron que el espíritu contestatario de los jóvenes se canalizara como una activa protesta política, que se mezclaba con la rebeldía cultural y estética que predominaba en Europa y los Estados Unidos.

Así, en la Argentina y en muchas otras partes de América latina, se crearon movimientos que resultaban de la fusión o mezcla de las diversas formas de protesta.

Es decir, que la manera de «ser joven» en esos años usualmente surgía de una intrincada combinación de todas estas posiciones políticas, de la adhesión a nuevos códigos morales, y de la sensibilidad artística y musical.

Por ejemplo, la moda de usar el pelo largo y la tendencia a expresar los ideales en canciones.

La ruptura con el modelo de familia nuclear, estable y con autoridad paternal, también fue cuestionada por toda esta generación, indistintamente de sus diferencias en relación con la lucha armada.

La ruptura con mandatos morales que prohibían el ejercicio de la sexualidad hasta el matrimonio o discriminaban por las preferencias sexuales (homosexualidad) también resulta de las convicciones comunes de toda esta generación.

Pero es importante indicar que, más allá de estas coincidencias, existieron algunas diferencias entre los grupos juveniles.

Algunos de estos movimientos se manifestaron, fundamentalmente, entre los sectores de la clase media universitaria, mientras otros involucraron más a sectores de clase obrera.

En nuestro país, los grupos revolucionarios cercanos a la figura del Che Guevara convocaron a jóvenes estudiantes universitarios.

El peronismo también convocó a jóvenes de estos sectores e involucró además a los obreros.

Lo mismo puede decirse de la estética rebelde de los movimientos musicales.

Éstos fueron más aceptados entre los jóvenes de clase media urbana que en otros sectores de la sociedad.

Claro que si bien esto fue así en los orígenes, con el tiempo, particularmente el rock argentino, convocó a más y más sectores de la sociedad, como por ejemplo el caso del Rock Chabón en los ’80 y ’90.

Este género expresa la estética de los sectores de clase media baja y clases populares.

Se vincula especialmente con la experiencia de jóvenes que viven en los bordes de la marginalidad, que no están tan claramente incluidos en los grupos más tradicionales como lo estuvo, por ejemplo, el grupo Sui Generis.

Ejemplos de este género son La Renga y la controvertida banda Callejeros.

El efecto de las innovaciones de los jóvenes durante los años ’60 aún hoy influye en las prácticas de los jóvenes actuales.

Que hoy a nadie le llame la atención que un varón use el pelo largo o que la juventud se identifique con ciertos estilos musicales, incluso con ciertas formas de consumir música —como ir a recitales callejeros—, es en gran medida el resultado de los cambios que introdujeron los jóvenes de los ’60.

La participación política en nuestras universidades (un fenómeno que no es común en muchas otras partes del mundo), y la adhesión a partidos políticos que ya no tienen consenso en algunas universidades y facultades el resultado de las tradiciones que se inauguraron en los años ’60.

Hacia fines de 1977, gran parte de los conjuntos de rock se disolvieron.

Los principales músicos eligieron el camino del exilio.

El movimiento de rock pareció apagarse entonces entre la música-disco, la moda «Travolta», el «chetismo» y el clima de algarabía y patrioterismo que inundaba al país «Campeón del Mundo».

Desde 1979 se operó una resurrección del rock nacional con el retorno de sus líderes históricos.

Adquirió además, una función extra musical pues se constituyó en uno de los ámbitos privilegiados de oposición al régimen militar.

Los contenidos de las canciones se volvieron más cuestionadores como en Canción de Alicia en el país, Inconsciente colectivo o José Mercado.

En los recitales, aparecieron cánticos contra el gobierno: «¡el que no salta es un militar!» y desde 1981, «¡Se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar!»

Cuando estalló la guerra de Malvinas, el movimiento de rock organizó el «Festival de la Solidaridad Latinoamericana».

Se realizó en el estadio del club Obras Sanitarias de la Nación, de Buenos Aires, el 16 de mayo de 1982, con el doble propósito de ratificar su voluntad de paz y prestar algún tipo de ayuda material a los soldados.

He aquí un testimonio de ese festival que se transformó en el festival de la paz:

«Cuando León [Gieco] comienza a hacer sonar la armónica se produce un silencio muy especial en el estadio, es un silencio agazapado, deseoso.

Y efectivamente sale la canción tan esperada que setenta mil gargantas se ponen a cantar… Sólo le pido a Dios…»

Fuente Consultada: AS Adolescencia y Salud Polimodal – Educación Secundaria Superior – Gagliardi-Martiñá-Míguez

Ver: Rock Internacional The Doors

Ver: Historia de The Pink Floyd

Ricos y Famosos:Biografias de Artistas, Deportistas, Musicos

Ricos y Famosos:Biografias de Artistas, Deportistas, Musicos

RICOS Y FAMOSOS:

La Tecnología Informática y «los bolsillos de los artistas»:

Hay quien dice que los grandes mejor de la industria de la música y del cine, las multinacionales de discos y del entertainment, que han ganado tantos miles de millones de dólares y se los han hecho ganar a los músicos y directores y, sobre todo, a los dueños de las compañías y a sus accionistas, están en profunda crisis.

La enorme y cautivadora ola de las nuevas tecnologías ha echado por tierra muchos proyectos y certezas de los jerarcas de las siete notas y de las películas de Hollywood, acostumbrados a hacer pagar elevados precios por sus productos a la multitud de fans de todo el mundo.

Un simple aficionado puede hoy, en pocos minutos, conectarse a Internet y descargar archivos de óptima calidad, no sólo la música de moda o los grandes éxitos del pasado, sino también películas enteras y, a veces, antes de que se estrenen en la gran pantalla.

La piratería podría llegar a obligar a los grandes del espectáculo a hacer pagar menos -mucho menos- por sus creaciones.

Tal vez las nuevas tecnologías puedan crear nuevos canales de distribución donde películas y música serían adquiridos por los usuarios a un precio mucho más bajo que el de una tienda.

Si se descarga un CD o una película legalmente, baja el precio de costo de los intermediarios y de la distribución, lo que incide en el precio final.

De esa manera, la oferta es más amplia, porque ya no son los empresarios musicales o cinematográficos quienes deciden qué producto merece ser más escuchado o más visto.

Por otra parte, aportan una plataforma en la que cualquier persona puede «colgar» sus propias «obras maestras» y donde los clientes finales tienen a su disposición opciones prácticamente infinitas.

En lugar de ir al centro y entrar en los grandes almacenes o en un cine, la mayor parte de los aficionados entraría en su sitio preferido y, con un par de clics sobre su propio «distribuidor automático» online, organizaría su tiempo libre y su diversión como mejor le pareciera.

Muchas cosas cambiarán en el mundo hipertecnológico de los años futuros. Y tal vez, también el mundo de las mejor pagadas stars del rock, la lírica y el cine será completamente distinto del que conocemos hoy en día.

Artistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del EspectaculoArtistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del EspectaculoArtistas Ricos y Famosos Deportistas Musicos Biografias de Grandes Personajes del Mundo del Espectaculo
Steven SpielbergPaul McCartneyElton John
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Mick JaggerStephen KingTom Clancy
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Michael SchumacherDavid BeckhamMadonna
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Michael JacksonRonaldoRobbie Williams

Biografia del Padre Grassi Vida y Obra Fundacion Felices son los Niños

BIOGRAFÍA DEL PADRE GRASSI

BIOGRAFIA PADRE GRASSIPadre Grassi: Escándalos y fe

Quizás la Justicia de los hombres tenga razones suficientes para haber decidido finalmente que la mejor opción era el sobreseimiento del Padre Grassi. No obstante, son muchos aun los que consideran que el cura párroco es culpable del delito que se le adjudicó en el año 2002, cuando se inició la causa por presunta corrupción de menores en la provincia de Santa Cruz.

Mientras tanto, el Tribunal Oral de Morón no fue tan benévolo con el acusado, ya que luego de una investigación que duró más de ocho años, lo encontraron culpable por el abuso de un menor de edad, condenándolo a 15 años de prisión, aunque hasta el momento el Padre Grassi continúa en libertad, debido a que dicha resolución no se encuentra firme.

A pesar de las idas y vueltas de la justicia, las diferencias entre los distintos tribunales, y las investigaciones que se realizaron tanto en base a la psicología del acusado como de las víctimas, lo cierto es que el Padre Grassi ha sido condenado por la sociedad, y debe enfrentar diariamente el repudio de miles de personas que lo consideran culpable, y sobre todo de uno de los delitos más aberrantes.

En este contexto, el cura párroco hace oídos sordos a lo que él considera como calumnias hacia su persona, y continua encomendándose a Dios, en una fe que se convirtió en la misión de su vida, pero que seguramente lo abandonó en varias oportunidades.

Nacido el 14 de agosto de 1956 en Lomas de Zamora, fue bautizado bajo el nombre de Julio César Grassi y criado en el seno de una familia estricta y religiosa. Quizás ello o tal vez su devoción en la fe católica fue lo que hizo que a sus 14 años decidiera comenzar a participar de manera activa en la iglesia, siendo primero catequista, y posteriormente sumándose a los grupos que llevaban a cabo trabajos comunitarios en las villas del Partido de Lanús.

Cuando cumplió 16 años su pasión por la fe y amor hacia Dios habían crecido considerablemente, por lo que decidió viajar a El Calafate para llevar a cabo labores de misionero, y de esta forma comenzar a interiorizarse con la verdadera misión de la iglesia en lugares realmente alejados.

Una vez que finalizó sus estudios secundarios, y ya estando totalmente decidido por cuál sería el rumbo que debía seguir su vida, ingresó a un noviciado salesiano en la provincia de Santa Fe, donde en principio se graduó como Profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación y de las Ciencias Sagradas, y en 1987 fue finalmente ordenado sacerdote.

Fue precisamente en El Calafate donde comenzó su tarea religiosa, ya ocupando el lugar de cura párroco. Mientras tanto, atesoraba un sueño que puedo concretar en el año 1993, cuando creó la fundación Felices los Niños, la cual se inició en su actual sede central de Hurlingham.

Aquella fundación buscaba ser la respuesta para los niños que necesitan un hogar, cariño y contención, al igual que sucede con centenares de organizaciones similares, y que según las propias palabras del cura párroco, tiene el objetivo de “rescatar a los chicos de la calle y formarlos como honrados ciudadanos y buenos cristianos, al estilo de Don Bosco”. Pero a diferencia de otras organizaciones, la fundación de Grassi logró alcanzar una repercusión tal, que en poco tiempo hizo posible que la misma se extendiera por todo el país.

Muchos aseguran que aquello fue posible gracias a los contactos que el Padre Grassi logró sembrar dentro del mundo del poder, de la política y de la farándula, que le sirvieron como medio de difusión. Recordemos por ejemplo el escándalo que se disparó cuando en el programa televisivo de Susana Giménez se realizó un concurso telefónico cuyo fin era recaudar fondos para la fundación Felices los Niños, y tiempo después Grassi denunció que el trato no había sido cumplido.

Lo cierto es que todo se desmoronó, cuando en el año 2002 se emitió una investigación televisiva en Canal 13, en la que un grupo de personas acusaron al sacerdote de abuso sexual contra menores, que finalmente terminó en juicio y en una investigación que se extendió por casi una década.

Hoy todavía continúan las repercusiones del caso, y mientras Grassi asegura que ha vuelto a creer en la Justicia, luego del sobreseimiento de Santa Fe, la opinión pública no cesa de preguntar en búsqueda de la verdad.

Actualmente está cumpliendo su condena de 15 años de presión en la Cárcel de Campana (a 100 Km. de Capital Federal), desde mediados de 2013. Hace pocas horas se publicó un nuevo escándalo porque aparentemente por su poder, tiene ciertos privilegios en la cárcel, como baño privado, frigo bar, teléfonos celulares, que utiliza diariamente para ordenar y dirigir  a sus seguidores de la fundación «Felices Los Niños». Dos de sus fieles acólitos proveen al presidio semanalmente alimentos y hasta muebles que la gente dona y que deberían ser destinados a los niños de la fundación que él mismo había creado. Obviamente, hoy 28 de julio de 2014 estamos al borde del inicio de otro gran alboroto inmoral que complicará aún mas al polémico padre.

Fuente Consultada: Graciela Marker Para Planeta Sedna

La Batalla de Caseros: Antecedentes y Causas del Fin Gobierno Rosista

Causas y Antecedentes de la Batalla de Caseros – Fin Gobierno Rosista

El 3 de febrero de 1852 en Monte Caseros el ejército de Urquiza derrotó al ejército de Rosas.

Ese mismo día Rosas eleva su renuncia a la legislatura y busca refugio en un barco inglés. Es el fin de la tiranía.

Urquiza, gobernador de Entre Ríos, era de ideas netamente federales y ferviente partidario de Rosas.

Hacia 1850 el poder de Urquiza se ha robustecido y cada vez soporta menos el centralismo y las medidas despóticas del tirano.

Por otra parte el vigor del régimen rosista se ha desgastado.

Como todos los movimientos dictatoriales a medida que ha logrado sus objetivos y garantiza un orden va perdiendo el entusiasmo provocado en sus comienzos.

Biografia de Juan Manuel de Rosas Vida Política y Su Gobierno – BIOGRAFÍAS  e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

Las provincias habían delegado en el gobernador de Buenos Aires la conducción de las relaciones internacionales.

Cada año Rosas comunicaba a las provincias su renuncia al ejercicio de esta delegación y las provincias invariablemente lo confirmaban rivalizando en elogios a su persona.

En 1851, en ocasión de esta acostumbrada renuncia, Urquiza dictó un decreto retirando a Rosas las facultades de cuidar de las relaciones diplomáticas de su provincia.

El decreto establecía que la provincia de Entre Ríos atendería por sí misma las relaciones con los países extranjeros hasta la organización definitiva de la República.

Es el llamado «pronunciamiento de Urquiza».

Pocos días después el gobernador de Entre Ríos dictó otro decreto por el que substituía el lema «Mueran los Salvajes Unitarios» que encabezaba todos los documentos oficiales por otro que decía: «Mueran los enemigos de la organización nacional«.

La ruptura con Rosas estaba consumada.

El 25 de mayo Urquiza lanzó una proclama en que expresaba su resolución de combatir por las armas la tiranía.

El día 29 firmó una alianza militar con Brasil, la Banda Oriental y Corrientes. Atacó y derrotó a Oribe que sitiaba a Montevideo.

En Diamante estableció sus campamentos y organizó el llamado Ejército Grande, con que se dispuso a avanzar sobre Buenos Aires.

El ejército estaba compuesto por 24.000 hombres, incluidos 4.000 brasileños de cuerpos de línea.

El ejército marchó sin encontrar resistencias.

Tampoco encontró simpatías y colaboración de los pueblos que atravesaba.

El encuentro se produjo en Caseros.

Apenas se luchó pero la situación se definió categóricamente a favor de Urquiza.

De Santos Lugares Rosas envió su renuncia ese mismo día y se refugió en la casa del encargado de negocios de Inglaterra.

— Urquiza penetró con sus tropas en Buenos Aires que lo recibió con absoluta frialdad.

El pueblo estaba disgustado y humillado por la presencia en el Ejército Grande de cuerpos militares brasileños.

— «Ni vencedores, ni vencidos» era el lema de Urquiza.

Pero no se cumplió. Hubo venganzas y actos de barbarie por parte de los vencedores.

— Urquiza se encontró con serias dificultades.

Los unitarios, sus aliados momentáneos, se creían dueños de la victoria y pretendían implantar una política centralista y porteñista.

El 27 de febrero Urquiza publicó una violenta proclama en que acusaba a los «salvajes unitarios» de reclamar la herencia de «una revolución que no les pertenecía, una victoria en la que no han tenido parte, una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición».

— Urquiza, dada la oposición unitaria, se retiró a Palermo.

Mantuvo sin dudar el sistema federal y estableció cordiales relaciones con los gobernadores resistas de las provincias.

Firmó con los gobernadores de Buenos Aires, Corrientes y Santa Fe el Protocolo de Palermo por el que estas provincias delegaban en él las relaciones exteriores.

Los gobernadores de provincia fueron invitados a una reunión para convenir las bases de una organización nacional.

El acuerdo se celebró en San Nicolás el 31 de mayo de 1852.

En él se establece la vigencia del Pacto Federal de 1831 y se resuelve convocar un Congreso Constituyente a reunirse en Santa Fe. Cada provincia enviará dos diputados.

Se establece también que Urquiza desempeñará provisoriamente el cargo de Director Supremo.

Todas las provincias, excepto Buenos Aires, firman el acuerdo.

Biografia de Justo José de Urquiza: Cronologia y Hechos de su Vida –  BIOGRAFÍAS e HISTORIA UNIVERSAL,ARGENTINA y de la CIENCIA

• ►Antecedentes de la Batalla de Casero

El progreso de la ganadería encontraba un obstáculo en el estancamiento técnico en que la mantenía el saladerorosista.

Se hacía necesario realizar un cambio en los modos de producción —introducción de razas finas, alambrado, selección zootécnica—, con las miras puestas en el mercado europeo.

Estas reformas se imponían primeramente en el mercado lanar, contraponiendo los intereses de estos ganaderos más progresistas, por necesidad de su propia producción, a la oligarquía vacuna, quien, ligada a la industria del tasajo, seguía empeñada en mantener la estructura atrasada que había determinado el tasajo.

Pero la industria del tasajo perdía fuerza a medida que la esclavitud desaparecía de América, en tanto que la demanda de lana iba en creciente aumento como consecuencia de la expansión de la industria textil en Inglaterra.

Del mismo modo que el tasajo había desplazando al cuero, ahora la lana desplazaba al tasajo.

La industrialización ganadera introducía en el seno del régimen monolítico rosista un elemento de contradicción que le impedía fijarse.

Esta modificación de los modos de producción no podía dejar del tener repercusiones políticas y social les.

Caseros sería el resultado de la coincidencia de intereses entre el ala progresista de la ganadería bonaerense y los ganaderos del litoral.

La oligarquía bonaerense estaba dispuesta a entrar en la nueva onda europea, pero Rosas no estaba preparado mentalmente «para seguir la nueva corriente».

El hombre que había sido la expresión de un determinado momento económico del país, no podía adaptarse a la nueva situación cuando la situación expresada por él era superada por los hechos.

Por otra parte, la dictadura empezaba a resultar un gasto superfluo, había sido necesaria para afianzar a la oligarquía en el poder, pero ahora podía solo en la vitalidad inherente a la pujante fuerza económica de la ganadería.

La refinada oligarquía porteña empezó a ver con desagrado los métodos brutales de Rosas porque la violencia, aunque se producía en el propio interés de la oligarquía, no podía dejar de mancharle la ropa y arrojarla a veces a situaciones ridículas y humillantes que terminaron por irritarla.

Ya Anchorena exclamaba: «Ha entrado en un camino (Rosas) en el que yo no debo seguirlo ni puedo contrariarlo».

Rosas había creado una situación en la que sus amigos podían seguir gobernando sin necesidad de él.

El rosismo había agotado su función histórica.

Perdido el apoyo de la oligarquía que lo había levantado, ni siquiera intentó defenderse, y dejó el poder en las mismas manos de quienes lo había recibido.

No es difícil imaginar cuál sería la actitud de los más notorios rosistas, pertenecientes a la oligarquía bonaerense, con respecto al vencedor de Caseros.

Al día siguiente, Nicolás Anchorena, Perrero, Vélez Sársfield y otros miembros representativos de la «clase decente» de Buenos Aires acudieron a Palermo a abrazar a Urquiza.

Alberdi cuenta:

«Le oí decir a Rosas que Anchorena, al acercarse Urquiza a Buenos Aires, le dijo que si triunfaba Urquiza «no le quedaba más remedio que agarrarse a los faldones de Urquiza y correr su suerte aunque fuese al infierno» y que en seguida lo abandonó».

Es característico de la oligarquía argentina no ser fiel a sus amistades políticas, sino tan solo a sus intereses económicos más inmediatos.

Rosas había servido de chivo expiatorio, y cargó con la culpa de toda la tribu.

Cuanto más comprometida estaba con el rosismo, más visiblemente antirrosista sería la oligarquía después de Caseros.

Para que los Anchorena, los Torres, los Terrero, pudieran seguir en el poder era preciso que Rosas no volviera nunca: «el tirano emigró sin la tiranía«, como diría Alberdi.

EL EJÉRCITO GRANDE ATRAVIESA EL PARANÁ: EL RELATO DE SARNIENTO.

«El sol de ayer ha iluminado uno de los espectáculos más grandiosos que la naturaleza y los hombres pueden ofrecer: el pasaje de un gran río por un grande ejército.

Las alturas de Punta Gorda ocupan un lugar prominente en la historia de los pueblos argentinos.

De este punto han partido las más grandes oleadas políticas que los han agitado.

De aquí partió el general Ramírez, de aquí el general Lavalle defendiendo principios políticos distintos.

De aquí se lanza ahora el general Urquiza al grito de Regeneración de poblaciones en masa, y ayudado de naciones que piden paz y seguridad.

La Villa del Diamante ocupa uno de los sitios más bellos del mundo.

Desde sus alturas, escalonadas en planos ascendentes, la vista domina un vasto panorama: masas ingentes de las plácidas aguas del Paraná, planicies inconmensurables en las vecinas islas, y en el lejano horizonte brazos del Río y la costa firme de Santa Fe, punto de partida de la gran cruzada de los pueblos argentinos.

Animaban la escena del paso de las divisiones de vanguardia la presencia de los vapores de la escuadra brasilera, y la llegada de las balsas correntinas, […] capaces de contener, en su recinto circundado de una estacada, cien caballos.

Al amanecer del día 23 todo era animación y movimiento en las alturas del Diamante, en la Playa, en los buques y en las aguas.

En los países poco conocedores de nuestras costumbres, el juicio se resiste a concebir cómo cinco mil hombres, conduciendo diez mil caballos, atravesaron a nado en un solo día el Uruguay, en una extensión de más de una milla de ancho, y sobre una profundidad que da paso a vapores y buques de calado.

Esta vez el auxilio del vapor hacía innecesarios esfuerzos tan prodigiosos. Embarcaciones menores pasaban de una a otra orilla los batallones de infantería en grupos pintorescos que matizaban de vivísimo rojo la superficie brillante de las aguas.

El vapor D. Pedro, de ligerísimas dimensiones, remolcaba las balsas cargadas de caballos, pero aún no satisfecha la actividad del General en Jefe con estos medios, centenares de nadadores dirigían el paso de tropas de caballos, cuyas cabezas se diseñaban apenas, como pequeños puntos negros que interrumpían en líneas transversales la tersura del río.

Por horas enteras veíase algún nadador, luchando con un solo caballo, obstinado en volver atrás a la mitad del canal, mientras que el espectador se reposaba de la fatiga, que causa el espectáculo de tan prodigiosos esfuerzos, al divisar en la opuesta orilla los caballos que tomaban tierra, los batallones que desplegaban al sol sus tiendas, y allá en el horizonte los rojos escuadrones de caballería, que desde temprano avanzaban perdiéndose de vista en la verde llanura de las islas. […].

En medio de la variada escena del paso del Paraná descubrióse al Sud el humo de nuevos vapores que llegaban conduciendo tropas; y poco después túvose noticia que el general Mansilla había abandonado los acantonamientos de Ramallo, dejando clavados los cañones que guarnecían el Tonelero.

Los entusiastas vivas de la población del Rosario saludaron a su paso a nuestros auxiliares, y varios oficiales del desconcertado Ejército de Rosas, obtuvieron pasaje en los vapores para reunirse a nuestras fuerzas.» […].

Domingo F. Sarmiento. Campaña en el Ejército Grande.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Los Primeros Saladeros: Politica Economica de Rosas Expotacion de Tasajo

Los Primeros Saladeros  – Política Económica de Rosas

ANTECEDENTES:

Los saladeros A fines del siglo XVIII comenzó a surgir otro tipo de establecimiento derivado de la ganadería: los saladeros, que lograron una explotación integral del vacuno.

Producían tasajo destinado a la alimentación de esclavos o de ejércitos en marcha; extraían el sebo y la grasa para la fabricación de las velas, el jabón y lubricantes para cueros. Desarrollaron la técnica de curtir los cueros.

Eran establecimientos donde se elaboraba el tasajo o charqui, es decir, trozos de carne secada y conservada con sal, con la que se alimentaban principalmente los esclavos.

Esta técnica se utilizaba ya en la colonia, como forma de aprovechar algo más de los animales sacrificados, aunque cuando la sal se importaba de España, no era un proceso rentable.

Luego de los episodios de Mayo, cuando ya se podía asegurar el abastecimiento de sal desde las Salinas Grandes, las medidas de la Junta fomentaron la exportación de tasajo a las regiones que tenían mayoría de mano de obra esclava.

Entonces, los ganaderos encontraron así nuevas posibilidades y las estancias se convirtieron en empresas comerciales e industriales.

Allí se instalaban mataderos y saladeros que, paulatinamente, fueron incorporando nuevas técnicas en la faena y el aprovechamiento de los animales.

Los principales aportes en este sentido provinieron del químico francés Antonio Cambaceres, que se radicó en Buenos Aires en 1829.

Las exportaciones pasaron de 87 mil quintales de tasajo, en 1822, a casi 180 mil, en 1837, y más de 500 mil, a mediados del siglo.

La industria fue declinando en función del ocaso del mercado esclavista.

Fuente Consultada Para El Contenido:
100 Historias de la Historia Argentina – Norberto Chab

https://historiaybiografias.com/archivos_varios6/separador1.jpg

Rosas:El Auge del Saladero:

La consecuencia del comercio libre fue el desplazamiento de los comerciantes criollos por los ingleses.

Aquellos optaron por retirarse luego de un intento de lucha a través del Consulado, y cambiaron las actividades comerciales por las ganaderas, integrándose de ese modo a la división del trabajo mundial propugnada por Inglaterra.

El saladero traerá el auge de la producción agropecuaria a partir de 1815, año en que Rosas abre su primer saladero, Las Higueritas, en Quilmes.

Primeros Saladeros

Primeros Saladeros

El saladero rosista no tendrá un carácter feudal como se lo asigna José Ingenieros —La evolución de las ideas políticas en la Argentina—, sino que constituye una etapa en el desarrollo del capitalismo argentino.

Pero al mismo tiempo, y eso lo escamotean los resistas, marca el carácter dependiente, atrasado, semicolonial del capitalismo argentino desde sus orígenes.

Con Rosas quedó establecido el sistema económico que convertiría al país en exportador de materias primas e importador de productos manufacturados, procedentes principalmente de Inglaterra.

Con la consiguiente dependencia que estas relaciones implicarán, sobre todo a partir de la aparición del imperialismo, en las últimas décadas del siglo.

La impotencia de la burguesía comercial para transformarse en una burguesía industrial provocó su sustitución política por la burguesía ganadera, la única clase productora, aunque de una producción subordinada al exterior.

El programa de una economía nacional, esbozado por Moreno e intentado vanamente por el grupo rivadaviano en su última época, será reemplazado en el grupo rosista por una economía estrechamente localista; los intereses del país serán desde entonces los intereses de la provincia de Buenos Aires, y los intereses de la provincia de Buenos Aires los intereses de la clase ganadera bonaerense.

La rápida riqueza que trajo el desarrollo de la ganadería provocó el total desinterés de la oligarquía porteña por fomentar un desarrollo industrial, lo que, por otra parte, la hubiera malquistado con su principal consumidor de cuero, Inglaterra.

Esta grave deformación de la economía nacional, iniciada por Rosas y los estancieros saladeristas entre los años 20 y 30, se prolongará casi hasta la tercera década del siglo siguiente.

Algunos resistas —José María Rosa en Defensa y pérdida de nuestra independencia ‘económicaalegarán que la apertura de los saladeristas hacia el mercado esclavista americano —Estados Unidos, Brasil, las Antillas— permitía a los ganaderos prescindir del mercado inglés y realizar, de ese modo, una política independiente.

Tal enfrentamiento en realidad no existió.

Los ingleses seguían siendo consumidores de los productos ganaderos al margen del tasajo y, por otra parte, el proceso de comercialización externo seguía en sus manos.

El total desinterés de la oligarquía ganadera bonaerense por el desarrollo de una industria nacional se mostró en la defensa del librecambio que hizo en 1830 el delegado de Rosas, José María Roxas y Patrón, él también un gran estanciero, frente a la posición proteccionista del gobernador de Corrientes, Ferré.

En tal ocasión, Roxas y Patrón, haciéndose portavoz de la oligarquía ganadera bonaerense, sostuvo que la ganadería era la industria madre del país.

Que no era justo que el consumo nacional pagara precios elevados por un producto industrial mediante una política proteccionista.

Esta tesis sería repetida en diversas épocas por los representantes de la oligarquía ganadera para oponerse a todos los intentos de industrialización del país.

Le cupo a Rosas el triste honor de ser el precursor de esta doctrina antinacional.

Los rosistas, que no pueden ocultar esta posición de Rosas, hacen una artificiosa división entró el primer gobierno de Rosas, en el que éste todavía estaría representando los intereses locales.

Y el segundo gobierno, donde, según ellos, expresaría los intereses nacionales a través de la Ley de Aduana de 1835.

En realidad, esta ley, limitadamente proteccionista, solo estuvo en vigencia seis años; fue levantada en diciembre de 1841, después del bloqueo francés.

Había sido impuesta, en contra de la voluntad del grupo rosista, por la enorme presión de las provincias y de los pequeños industriales y artesanos de Buenos Aires.

PRIMEROS SALADEROS DE ARGENTINA:

El primer establecimiento saladero de Buenos Aires fue creado en 1810 por los ingleses Roberto Staples y Juan Me Neile.

En 1812, trabajaban en él cerca de sesenta hombres.

En 1815, la sociedad formada por Juan Manuel de Rosas, Juan Terrero y Luis Dorrego estableció en Quilmes (provincia de Buenos Aires) el famoso saladero Las Higueritas.

Posteriormente se instalaron otros en las orillas del Riachuelo.

La actividad de los saladeros permitió el aprovechamiento integral del vacuno y la producción de carne para la exportación, y contribuyó a valorar la ganadería.

El tasajo se exportaba a Cuba y Brasil para el consumo de los esclavos.

En 1821, la eliminación de los derechos de exportación de la carne salada transportada en buques nacionales favoreció ampliamente al sector que controlaba la actividad.

A fines de 1820 había más de veinte saladeros en Buenos Aires.

Los saladeros emplearon trabajadores asalariados que tenían a su cargo una etapa de la producción.

Luego de enlazar y matar a los animales elegidos, se les sacaba el cuero y se trozaba su carne en tiras.

Éstas se apilaban con abundante sal entre capa y capa.

Cada diez días se asoleaba la carne y se la apilaba nuevamente.

Al cabo de cuarenta o cincuenta días el producto estaba listo.

Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Historia Argentina de Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 Historia de una Nación Miretzky y Otros

Rivadavia y la oligarquia Formacion de la clase oligarca porteña

Rivadavia y la oligarquía-Formación de la clase oligarca porteña

La oligarquía se hace federal:

En tanto Rivadavia representaba los intereses locales de la provincias de Bs.As., la oligarquía porteña fue unitaria.

Cuando con el Congreso Constituyente de 1826 Rivadavia decide la organización nacional, la división de la provincia de Buenos Aires y la capitalización de la ciudad de Buenos Aires, la oligarquía bonaerense se hace furiosamente antirrivadaviana. ¡No era para menos!.

La nacionalización de Buenos Aires implicaba la nacionalización del puerto y de los derechos aduaneros, privilegios hasta entonces de la oligarquía porteña.

«En realidad —explica Mirón Burgin—, la federalización de la ciudad de Buenos Aires era para la provincia la pérdida, primero, de una parte considerable de su territorio (comercialmente la más importante); segundo, de un cincuenta por ciento de la población y una proporción mayor de sus riquezas, y tercero, de casi todos sus ingresos». Como comenta Enrique Barba: «A Anchorena más que interesarle el problema de la Capital, le preocupaba el problema del Capital».

La oligarquía porteña comprendió que la política nacional de Rivadavia la despojaba de sus privilegios locales, ya que no podía disponer a su arbitrio de la tierra pública ni vender libremente sus productos a los ingleses ni mantener el monopolio de la Aduana.

La ruptura con Rivadavia era inevitable.

A partir de entonces adheriría al partido federal, capitaneado por Dorrego.

Sin embargo, los antecedentes políticos de la oligarquía estaban en una línea opuesta a la de Dorrego: venían del saavedrismo, pasaron luego al régimen directorial y, por último, al unitarismo.

Dorrego, en cambio, procedía del morenismo, había sido antidirectorial, y admitía como antecedente directo a Artigas, en quien la burguesía porteña había centrado todos sus odios.

Esa especie de Robín Hood de las pampas había tenido la osadía de promulgar una reforma agraria en la que se repartía la tierra entre los gauchos.

La inusitada adhesión de la oligarquía porteña, rabiosamente antiartiguista, al federalismo, fue observada por López:

«Algunos de sus nombres servirían para que se juzgue de los elementos de acción que en su nueva forma había recibido el partido federal; partido que por su denominación al menos se ligaba a la insurrección litoral de los artiguistas, a quienes éstos habían combatido a muerte, rechazándolos antes como bárbaros, y adoptando ahora sus principios como necesarios y útiles a la provincia de Buenos Aires: García Zuñiga, Arana, Aguirre, Cavia, Rojas, Anchorena, Masa, Rosas, Ezcurra, Arguibel, Moreno, Balcarce, Escalada, Medrano, Obligado, Perdriel, Wright, Del Pino, Echevarría, Terrero, Vidal (Celestino), Izquierdo y .otros, en cuyo cómputo están todavía entroncados gran número de familias afincadas y notables de nuestro tiempo».

Pronto el grupo oligárquico desplazaría del partido federal al sector democrático apoyado en las masas populares urbanas.

El federalismo democrático de Dorrego sería reemplazado por el federalismo oligárquico de Rosas, Anchorena y su pandilla.

El rosismo, expresión de la oligarquía:

La línea «populista» del rosismo intenta mostrar a Rosas como expresión de las masas populares. José María Rosa llega a hablar del «socialismo de Rosas».

Los historiadores clásicos de la burguesía, en cambio, no se engañan al respecto, y nos muestran a Rosas como un típico representante de la oligarquía terrateniente bonaerense.

El propio sobrino de Rosas, Lucio V., Mansilla, dirá:

«En sus primeros tiempos, ser rico significaba para él todo; es un fin supremo.

Todavía no ve que es un medio también.

No hay antecedente que demuestre que el estanciero podrá llegar a tener gran ambición política.

Despertóse esta después.

En tal sentido, Rosas no se hizo; lo hicieron los sucesos, lo hicieron otros, algunos ricachones egoístas, burgueses con ínfulas señoriales, especie de aristocracia territorial que no era por cierto la gentry inglesa.

Era hombre de orden, moderado, de buenas costumbres, con prestigio en el gauchaje; tras de él, estarían ellos gobernando».

Basta ver los nombres que componían la Legislatura que eligió a Rosas otorgándole las facultades extraordinarias, para tener una idea cabal del contenido de clase del gobierno rosista.

Entre los legisladores estaban Nicolás y Tomás Anchorena, Aguirre, Obligado, Irigoyen, García Zuñiga, Escalada, Peña, Seguróla, Posadas.

Entre las familias que adornaban sus casas en la celebración de las fiestas federales se contaban las de Anchorena, García Zuñiga, Irigoyen, Escalada, Peralta, Elía, Azcuénaga, etc.

La Sociedad Popular Restauradora estaba compuesta también por miembros prestigiosos de la oligarquía: Miguel de Riglos, Miguel de Iraola, Saturnino Unzué, Francisco Obarrio, Francisco Salas, Miguel Peralta, etc.

Pero será el propio Rosas quien en una reveladora carta del destierro nos diga que toda su acción política estuvo al servicio de los intereses económicos de los Anchorena:

«Entré y seguí por ellos, y por servirlos en la vida pública. 

Durante ella los serví, con notoria preferencia, en todo cuanto me pidieron y en todo cuanto me necesitaron.

Estas tierras que tienen en tan grande escala, por mí se hicieron de ellas, comprándolas a precios muy moderados.

Hoy valen muchos millones, las que entonces compraron por pocos miles.

Podría agregar mucho más, si el asunto no me fuera tan desagradable y el tiempo tan corto».

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Ley de Enfiteusis de Rivadavia-Reparto de la Tierra Publica Objetivo

Ley de Enfiteusis de Rivadavia – Reparto de la Tierra Pública

La ley de Enfiteusis y el reparto de tierras públicas:

En 1822 Rivadavia dictó la ley llamada de Enfiteusis, que fue aprobada el 18 de agosto por la Junta deRepresentantes, entre cuyos miembros se contaban, como siempre desde su creación, los Anchorena y los apellidos más prominentes de la oligarquía.

Teóricamente la ley se proponía una distribución racional de la tierra, una diversificación de la producción rural, fomentando la agricultura y la creación de una nueva clase media de colonos que enfrentara a la oligarquía terrateniente.

Pero al ser llevada a la práctica esta ley produjo su propia negación: no fueron los inmigrantes labriegos, con los que soñaba utópicamente Rivadavia, quienes se repartían la tierra, sino precisamente la gran oligarquía terrateniente y hacendada, que ya tenía tierras desde la época de la colonia y que no hizo sino extender sus posesiones.

Basta leer las listas de enfiteutas para comprobarlo.

«La mayoría de los nombres de los enfiteutas —dice Jacinto Oddone— son bien conocidos.

Los oímos pronunciar todos los días.

En cualquier momento los podemos leer en la crónica social de los grandes diarios de la Capital Federal y de las ciudades y pueblos de campaña.

Los llevan los personajes más encumbrados de nuestro gran mundo y muchos directores de la política nacional y provincial.

Sin embargo, es seguro ¿que por más previsores que hayan sido aquellos enfiteutas, han de haber estado lejos de sospechar que la tierra pública que el gobierno concedía en el año 1822, de valor ínfimo, casi nulo, convertiría en millonarios a sus descendientes de tercera o cuarta generación, haciéndolos dueños del suelo de la provincia».

En la lista de enfiteutas figuran los siguientes apellidos famosos:

Aguirre, Anchorena, Alzaga, Alvear, Arana, Arroyo, Azcuénaga, Basualdo, Bernal, Bosch, Bustamante, Cabral, CascaMares, Castro, Díaz Vélez, Dorrego, Eguía, Echeverría, Escalada, Ezcurra, Gallardo, Gowland, Guerrico, Irigoyen, Lacarra, Larrea, Lastra, Lezica, Lynch, López, Miguens, Obarrio, Ocampo, Olivera, Ortiz Basualdo, Otamendi, Pacheco, Páez, Quiroga, Quirno, Rozas, Sáenz Valiente y tantos otros.

Los inmigrantes que quería Rivadavia, por supuesto, no llegaron nunca a ocupar esas tierras.

Es fácil prever cómo se sabotearía el proyecto de inmigración, si observamos que la comisión para organizar la contratación de inmigrantes europeos —creada por decreto de Rivadavia del año 1824— estaba presidida por el primo de  Anchorena, Juan Pedro Aguirre, e integrada entre otros por el propio Juan Manuel de Rosas.

En 1828, la oligarquía terrateniente que domina la Legislatura consiguió  modificar la Ley de Enfiteusis para que aprovechara más aun a sus intereses.

En un debate de la Legislatura llevado a cabo en enero de 1828, el general Viamonte combatió la cláusula de la ley que prohibía a los enfiteutas adquirir nuevas tierras, limitando así el derecho de propiedad.

En sesiones que van del 6 al 16 de febrero, Tomás de Anchorena sostuvo el proyecto de reforma en el sentido en que lo promulgaba Viamonte.

De este modo la Ley de Enfiteusis perdía hasta su último rasgo progresista, para convertirse lisa y llanamente en el gran negociado de la burguesía terrateniente bonaerense.

Como los que resultaban favorecidos con la Ley de Enfiteusis eran los mismos que la habían votado en la Legislatura, puede decirse que comenzó con esa Ley la historia del latrocinio y el despojo de las tierras» públicas por la oligarquía porteña.

Durante el gobierno de Rosas no le resultaría muy difícil a esta misma oligarquía, que seguía vinculada al gobierno, conseguir que éste les concediera la propiedad privada de las tierras que les habían sido entregadas en carácter de enfiteusis.

El despojo quedaba de ese modo legalizado.

En 1837 vencían los diez años de plazo otorgado a la enfiteusis: se aumentaba a partir de entonces el canon al doble.

El gobierno de Rosas, mediante un decreto del 19 de mayo de 1836, vendió 1.427 leguas —de las otorgadas en enfiteusis— a 253 adquirentes.

En la nómina de los compradores se repiten los mismos nombres que en la de los enfiteutas, es decir, los tradicionales apellidos de la oligarquía porteña.

Pero no solamente la oligarquía se aprovechaba de todos los privilegios que le otorgaba su participación en el gobierno, sino que, además, trataba, cuantas veces podía, de estafar al propio gobierno.

En 1825 y 1826 fueron multados, entre otros, Tomás, Juan José y Nicolás Anchorena por evasión de impuestos.

La enfiteusis

La enfiteusis dejó triste saldo de su tortuosa aplicación: de 1822 a 1830. 538 propietarios en total obtuvieron por lo menos 3.026 leguas, o sea 8.656.000 hectáreas.

Alcanzado este limite, la enfiteusis no convino más a los propios interesados que la votaron: son los grandes enfiteuta —los mismos que clamaban por limitaciones en las superficies acordadas cuando ellos alcanzaron límites casi infranqueables— los que ahora desean abolir el régimen.

La actitud era lógica pues no convenía mantener esas enormes extensiones bajo un sistema que en definitiva reservaba las tierras al Estado: además, pese a todos los favoritismos, no se pudo evitar que se abrieran camino hacia la tierra, y su explotación directa, otros productores cuya proliferación afectaría fundamentalmente privilegios creados de antiguo.

GIBERTI, Horacio C.E.. Historia económica de la ganadería argentina

ENFITEUSIS: «Enfiteusis» es la «cesión perpetua o por largo tiempo del dominio útil de una finca mediante el pago anual de un canon al que hace la cesión, el cual conserva el dominio directo».

El ingeniero agrónomo Emilio A. Coni publicó en 1927, en la imprenta de la Universidad de Buenos Aires, La verdad sobre la enfiteusis de Rivadavia. Coni asegura: «No se había hecho hasta hoy un estudio serio, cronológico y documentado de la enfiteusis y su aplicación.

Dos hombres solamente la habían estudiado, y superficialmente, Andrés Lamas, panegirista de Rivadavia, y Nicolás Avellaneda.

Los demás autores no hicieron sino repetirlos. […] Confieso que antes de iniciar el estudio tenía ya mis dudas sobre la excelencia del sistema eufitéutico.

Algunos datos aislados que había conseguido me lo hacían sospechar.

Pero lo que más pesaba en mi espíritu para mantener esa duda era la opinión francamente contraria a la enfiteusis de todos los hombres de valer que actuaron después de Caseros y que habían sido testigos del sistema.

Mitre, Sarmiento, Tejedor, Alberdi y Vélez Sarfield, por no citar sino a los principales, fustigaron a la enfiteusis con frases lapidarias y la calificaron de perniciosa. […]

La enfiteusis rivadaviana no es de Rivadavia, sino el producto de un proceso histórico en el que participaron muchos hombres públicos, y que empieza con la hipoteca de las tierras públicas de acuerdo con el criterio de la época.

De que la mejor garantía para el crédito era la inmobiliaria.

Y no pudiendo venderse la tierra hipotecada se dio en enfiteusis.

Descubrí en la enfiteusis de 1826 tres gravísimos defectos, fundamentales para una ley de tierras públicas.

Faltábale el máximo de extensión, lo que permitía otorgar 40 leguas cuadradas a un solo solicitante.

No obligaba a poblar, de lo cual resultaba que la tierra se mantenía inculta y baldía esperando la valorización.

Y la libre transmisión de la enfiteusis sólo servía, sea para acaparamientos, algunos superiores a 100 leguas cuadradas, o para el subarrendamiento expoliatorio de los infelices de la campaña por los poderosos de la ciudad.»

Ley Nacional de Enfiteusis del 18 de mayo de 1826

«Artículo 1°) Las tierras de propiedad pública… se darán en enfiteusis durante el término, cuando menos, de 20 años, que empezarán a contarse desde el 1° de enero de 1827.

Artículo 2°) En los primeros 10 años, el que los reciba en esta forma pagará al tesoro público la renta o canon correspondiente a un ocho por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, si son de pastoreo, o a un cuatro por ciento si son de pan llevar.

Artículo 3°) El valor de la tierra será graduado en términos equitativos por un jury de cinco propietarios de los más inmediatos…

Artículo 5°) Si la evaluación hecha por el jury fuese reclamada, o por parte del enfiteuta, o por la del fisco, resolverá definitivamente un segundo jury, compuesto del mismo modo que el primero.

Artículo 6°) La renta o canon que por el artículo 2° se establece, empezará a correr desde el día en que al enfiteuta se mande dar posesión del terreno.

Artículo 7°) El canon correspondiente al primer año se satisfacerá por mitad en los dos años siguientes.

Artículo 9°) Al vencimiento de los 10 años que se fijan en el artículo 2°, la Legislatura Nacional reglará el canon que ha de satisfacer el enfiteuta en los años siguientes sobre el nuevo valor que se graduará entonces a las tierras en la forma que la Legislatura acuerde».

PARA SABER MAS…

ESTADO Vs. IGLESIA EN ESTA ETAPA RIVADAVIANA

En el Argos de Bs.As. del sábado 19 de octubre 1822, se publicaba un comentario acerca de la discusión sobre la reforma eclesiástica propuesta por el gobierno , que había tenido lugar en la sala de Representantes:

(…) ha quedado decretada la abolición del fuero personal del clero (…)

El público ha quedado prendado del celo y patriotismo con que estos señores eclesiásticos, que han atacado con calor, y con los más vivos coloridos los perjuicios que resultan a La sociedad de esta distinción que les había sido concedida; (…).

La representación y el gobierno caminan con pasos de gigante, y Buenos Aires, de día en día va dando pruebas que dentro de breve presentará el modelo de una de las sociedades más bien organizadas, y a donde correrán habitantes de todas naciones a disfrutar en su seno el libre ejercicio de su industria, la abundancia y la seguridad.»

Como parte del plan orgánico concebido por el ministro Bernardino Rivadavia y su grupo, el gobierno se ocupó también de la Iglesia.

La revolución de 1810 había alcanzado con su impacto a la jerarquía eclesiástica del Río de la Plata, la había separado de Roma y privado de muchas de  sus autoridades legítimas.

Como resultado de la conmoción social que la afectó, la Iglesia ofrecía un cuadro de desorden interno que acusaba problemas de todo tipo.

Rivadavia se propuso poner coto al desquicio de esa situación, pero la reforma se impuso desde el gobierno  que asumió de esta manera, una potestad que subordinaba la Iglesia al poder civil.

Se inventariaron los bienes eclesiásticos, inclusive los de las órdenes religiosas; se suprimió toda autoridad eclesiástica sobre franciscanos y mercedarios, que quedaron sujetos a la del gobierno; se fijaron normas de conducta para los frailes, entre otras medidas que se arbitraron.

La iglesia dividió sus posiciones frente al avance reformista del gobierno y Francisco de Paula Castañeda, un fraile recoleto, se erigió en el más firme y vocinglero contradictor de la reforma y su alma mater.

Agitó la opinión a través de una serie de periódicos de vida efímera y nombres estrafalarios que, pese a constituir una campaña de verdadero asedio, no pudieron contener la resolución del gobierno.

La ley de reforma eclesiástica se sancionó en noviembre de 1822 después de un prolongado y ardoroso debate.

Por ella se dispuso la anulación del diezmo, la secularización de las órdenes monásticas; los bienes de los conventos disueltos se declararon como propiedad del Estado, a cambio de lo cual el gobierno se comprometía a proveer el presupuesto de la iglesia.

Así nació, dicen algunos autores, el primer presupuesto de culto y en el predio de los monjes recoletos se estableció el cementerio del Norte o de «la Recoleta» , bajo la administración estatal.

Con el apoyo de algunos eclesiásticos comprometidos con la reforma, en Buenos Aires ésta pudo llevarse adelante.

En el resto del país, una sociedad más ligada a las tradiciones hispánicas no podía comprenderla y se hizo inaplicable.

El gobierno y, especialmente su ministro, se ganaron una acusación de anticlericalismo que excedió con creces las intenciones de Rivadavia.

La reforma tuvo, además, un correlato político de carácter más violento, como fue la revolución encabezada por Gregorio Tagle en 1823, rápidamente sofocada.

Establecimiento de la Enfiteusis

Dos decretos del gobierno de Buenos Aires establecieron las bases del régimen de enfiteusis.

El del 17 de abril de 1822 que ordenó la inamovilidad de las tierras públicas prohibiendo su venta, y el del 1º de julio del mismo año que, además de ratificar el anterior, dispuso en el artículo 2a que:

«Los terrenos que expresa el artículo anterior (los fiscales) serán puestos en enfiteusis con arreglo a la minuta de ley sobre terrenos».

Como consecuencia de esto último se comenzaron a otorgar tierras en enfiteusis, pese a que no se dictó la legislación necesaria para reglamentarla.

De esta forma se entregaron propiedades sin límites de extensión que en lugar de fomentar el poblamiento de la campaña favorecieron la especulación y la concentración de la tierra en pocas manos.

Después que se constituyeron las autoridades nacionales, el Congreso nacional y la presidencia de la República, fue sancionada el 18 de mayo de 1826 la ley nacional de enfiteusis.

En el art. 12 establecía que las tierras «se darán en enfiteusis durante el término, cuando menos de 20 años, que empezarán a contarse desde el 1º de enero de 1827».

El art. 2a que «En los primeros diez años el que la reciba en esta forma pagará al Tesoro Público la renta o canon correspondiente a un 8 por ciento anual sobre el valor que se considere a dichas tierras, si son de pastoreo, o a un 4 por ciento si son de para llevar».

El 39 decía que el valor de las tierras sería fijado «por un jury de propietarios de los más inmediatos…».

Los art. 4° y 5° se referían al funcionamiento del jury; el 62 a la fecha en que comenzaba a correr el canon; el art. 7- concedía que «El canon correspondiente al primer año se satisfará por mitad en los dos años siguientes»; el 8a se refería a que el Gobierno fijará los períodos para pagar el canon; y el que disponía que al término de los primeros diez años la legislatura fijaría el canon según el nuevo valor de las tierras.

Esta ley tenía dos fallas fundamentales.

La primera y más importante era que no establecía límites de extensión ni de cantidad de contratos a los enfiteutas.

De esta manera, los más influyentes consiguieron cesiones que, en algunos casos, superaron más de 100 leguas cuadradas (Tomás de Anchorena 118, es decir, 318.581 hectáreas) en las mejores zonas de la pampa húmeda.

Otro de los errores de la ley, en perjuicio del Estado y de sus fines, era que un jury de propietarios, según el art. 3-, fijaría el valor de las tierras.

Como obviamente éstos era estancieros, y también enfiteutas, indudablemente deprimirían los valores. Pero no terminaba aquí el perjuicio para el Estado. Al respecto señala Jacinto Oddone en «La burguesía terrateniente argentina»: «No paró allí la audacia de los especuladores.

Hemos visto con la lectura de la ley, que los enfiteutas debían abonar un canon al Estado por el uso de la tierra. Pues bien; pocos fueron quienes lo pagaron.

Y el gobierno, que había cifrado sus esperanzas en ese grupo para abonar sus gastos, mayores después del empréstito del 27 de octubre (se refiere al empréstito Baring) y la guerra con el Brasil, se encontró de repente sin tierras y sin rentas».

De acuerdo con estos resultados, la enfiteusis rivadaviana, pese a que tenía objetivos muy distintos, significó el comienzo de la formación de los grandes latifundios en la provincia de Buenos Aires, en donde están las mejores tierras del país, que fueron consolidados por Rosas al entregar en propiedad las tierras concedidas a los enfiteutas, y por los gobiernos provinciales y nacionales que le siguieron, quienes otorgaron donaciones y cedieron, por ventas a baje precio, ingentes extensiones.

Ver También: Grupo Que Acompañaba a Rivadavia

Fuente Consultada:
Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Argentinos de Jorge Lanata

Enlace Externo:Ley de Enfiteusis

La Oligarquia en la Revolucion de Mayo Anchorena, Lezica, Escalada

La Oligarquía en la Revolución de Mayo

La oligarquía toma el poder:

La Revolución de Mayo fue dirigida por intelectuales como Moreno, Belgrano y Castelli, que no pertenecían al grupo de los ricos comerciantes; formaban más bien lo que hoy se llamaría la clase media.

Los ricos comerciantes, almaceneros, contrabandistas, agiotistas y especuladores de Buenos Aires, con su limitado horizonte de intereses exclusivamente personales, no podían ver de buen modo la revolución que venía a perturbar sus negocios.

semana de mayo, el cabildo porteño

De ellos nos dirá José María Ramos Mejía: «Eran ante todo comerciantes, y el comercio se aviene poco con las locuras juveniles y las improvisaciones impulsivas de la muchedumbre que venía empujándolos de atrás.

Su espíritu mercantil, estimulado por la ausencia de vida intelectual, se les había ido en vicio, y cuando las exigencias del momento los obligó a actuar en la vida pública se les vio entrar con cierta parquedad recelosa, revelando la fuerte gravitación de sus costumbres seculares y la ausencia ingénita de actitudes para otras cosas que el menudo negocio, a los pechos del cual habían amamantado sus ideas».

La oligarquía fue, pues en un primer momento, desplazada por los jóvenes revolucionarios, pero esperaba la oportunidad para tomar el poder.

En julio de 1812 se descubrió una conspiración de los reaccionarios encabezada por Martín de Alzaga.

La conspiración fracasó y Alzaga fue ahorcado, pero, a poco, los Anchorena, los Lezica y las principales familias de Buenos Aires, que no podían ver con buenos ojos la política progresista de la Asamblea del año 13, se fueron reuniendo, si no todavía en un partido, al menos en una agrupación anónima de opositores al gobierno, que tenía, como dice Vicente Fidel López,

«su base principal en las clases antiguas del municipio, especie de aristocracia colonial que había entrado en la Revolución con un fuerte sentimiento de americanismo, pero con el ánimo de mantenerla circunscripta y prudente bajo su influjo, sin darse cuenta de los fines propios y nuevos que ella entrañaba».

Altivos y caballeros, por la tradición y por la acendrada honorabilidad de su viejo y rico hogar, los hombres que componían esa elevada burguesía conservaban en sus perfiles patricios algo del pater familias.

Reaccionarios, por consiguiente, en cuanto al desarrollo político de la Revolución, miraban con profundo enojo que ella se extraviara en manos de una oligarquía joven que los humillaba por la condición de sus talentos y que monopolizaba el poder político en nombre de ideas y de intereses abiertamente contrarios al influjo personal y colectivo de sus antecedentes».

Pero la situación internacional se volvería a partir de 1814 favorable para los viejos pelucones de Buenos Aires.

Una ola de reacción inundaba el mundo entero.

Napoleón había sido derrotado.

En toda Europa se restauraba el régimen monárquico.

Fernando VII volvía a ocupar el trono de España.

Esta situación europea no podía dejar de reflejarse en América, donde la reacción desplazaba por completo al poder ya bastante diezmado del grupo jacobino.

A la revolucionaria Asamblea del año  13 sucederá el reaccionario Directorio y la Junta de Observación, integrada por los miembros de la más rancia oligarquía, los Anchorena en primer término.

Ahora los Moreno, los Castelli, los Monteagudo desaparecían de la escena política y volvían los viejos pelucones, dispuestos a vengar los agravios.

Había pasado la época romántica de la revolución, donde ellos, ni por los intereses que representaban ni por sus aptitudes personales, podían jugar ningún papel preponderante.

Ahora, en el momento del reflujo revolucionario, les llegaba su turno.

Alberdi explica con su habitual agudeza este cambio de hombres:

«El tiempo y el trabajo que emplearon para crear la nación lo perdieron para hacer su fortuna propia y personal; al revés de otros, que emplearon el tiempo y trabajo que no dieron al país en hacerse ricos».

Cuando acabó la guerra y estuvo hecha la independencia de la patria, los hombres capaces de ideas generales se encontraron sin el poder que da la fortuna; y los que se encontraron ricos y poderosos no tenían ideas generales ni más capacidad que la de comprender y conducir cosas y negocios de un gobierno de provincia».

Entre estos últimos se encontraría Juan Manuel de Rosas, retraído en las tareas rurales que lo enriquecían en tanto los jóvenes de su generación sacrificaban su fortuna, su vida por la causa de la emancipación.

La Honorable Junta de Representantes:

Parlamento de la oligarquía:

A partir de 1820, fecha clave de la historia argentina, el Cabildo sería sustituido por una Honorable Junta de Representantes, que luego sería llamada Sala de Representantes o, más comúnmente, la Sala.

Algunos historiadores consideran a esta Junta como el origen del gobierno representativo y la democracia argentina.

Ricardo Levene la llama «institución típica del gobierno representativo federal».

La verdad es que se trataba de una institución típicamente oligárquica, surgida de elecciones restringidas, por medio de la cual la oligarquía terrateniente y hacendada porteña controlaba el poder.

Basta para probar el contenido oligárquico de esta Junta, ver en qué forma fueron elegidos sus miembros.

En una ciudad que contaba en esos años con 98.000 habitantes, solo votaron 128 ciudadanos, elegidos por supuesto entre los más ricos, a los que en el folklore local se conocía con el nombre de los «Viejos».

De esa elección saldrían elegidos legisladores de nombres muy representativos, entre los que se contaban los principales apellidos que constituirían durante más de un siglo las grandes familias; Anchorena, Lezica, Aguirre, Oliden, Obligado, Escalada.

Bastaba con el voto de parientes y amigos para poder ser elegido. Tomás Anchorena, por ejemplo, fue elegido por el reducido margen de solo diez votos.

Estas cifras dejan al descubierto falacia de quienes siguen hablan de la representatividad de la Junta.

De todos modos, la oligarquía teñía sus excusas.

Así, cuando alguien do nuncio que de una ciudad de 90.000 habitantes solo habían votado menos de doscientos, se le respondió quo esos doscientos eran la parte más sensata de la población: la sensatez; por supuesto, implicaba la posesión de las mayores riquezas.

Esta primera Sala de Representantes sería un factor de nucleamiento del nuevo grupo político destinado a gobernar en los próximos treinta años, teniendo como único objetivo los intereses de la ciudad de Buenos Aires y la defensa de sus privilegios aduaneros.

Muchos de sus miembros pasarían a formar parte del unitarismo en el momento en que Rivadavia estaba en auge, para convertirse pronto en sus tenaces enemigos y pasar a formar parte del federalismo porteño o rosismo, que sería el partido que mejor los representaría, como que su máximo líder, Juan Manuel de Rosas, era, como todos ellos, un rico hacendado.

El «17 de Octubre» del siglo XIX

En ese mismo año 20, la oligarquía porteña pasa por la más grave crisis sufrida en todo el siglo XIX.

Cuando el gobernador Sarratea firmo con los caudillos López y Ramírez el Tratado del Pilar, volvió a la ciudad acompañado por estos y numerosa escolta de hombres desaliñados, vestidos de bombachas y ponchos, sin que pudiera distinguirse quiénes eran jefes y quiénes soldados.

Toda esa chusma ató los redomones en las verjas de la Pirámide y subió al Cabildo de Mayo, donde se les había preparado un refresco de brebaje en festejo de la paz.

Fácil es conjeturar la indignación y la ira del vecindario al verse reducido a soportar tamañas vergüenzas y humillaciones».»

Todas las grandes familias de la oligarquía porteña, desde los balcones con rejas de sus casas, vieron llegar a la Plaza de la Victoria a esas masas gauchescas con el mismo estupor con que ciento veinte años después sus nietos verían llegar a los obreros el 17 de octubre de 1945.

Vicente Fidel López, coherente defensor de su clase, describiendo aquella escena reflexiona amargamente sobre los inconvenientes de la democracia.

«Se esperaba por unos momentos un saqueo a mano armada de cinco mil bárbaros desnudos, hambrientos, excitados por las pasiones bestiales que en esos casos empujaban los instintos destructores de la fiera humana, que, como «multitud inorgánica», es la más insaciable de las fieras conocidas: cosas que debe tener presente la juventud expuesta por exceso de liberalismo a creer en la excelencia de las teorías democráticas que engendran las teorías subversivas del socialismo y del anarquismo contra las garantías del orden social».

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Enlace Externo: La Independencia Argentina

Ganaderos en el Virreinato del Rio de la Plata Criadores Invernadores

Ganaderos en el Virreinato del Río de la Plata: Criadores e Invernadores

Los comerciantes se convierten en ganaderos

Con el permiso acordado por el virrey al comercio inglés en 1809, comenzó la rápida e inexorable ruina de los comerciantes porteños.

La falta de iniciativa de un comercio cómodamente protegido por el monopolio, pasivo, limitado como hemos visto al papel de mero intermediario de Cádiz, no era condición adecuada para enfrentar al pujante comercio inglés que avasallaba todo, con la ventaja de su mayor experiencia y vinculaciones comerciales, su abundancia de capital comercial, la protección de su país y la introducción de métodos más modernos y eficientes, y también, de algún modo, un nuevo espíritu de aventura pionera, de la que carecían los apoltronados burgueses locales.

De ese modo el poder económico pasó directamente del monopolio español a monopolio inglés, de Cádiz a Liverpool, sin pasar por las manos de los comerciantes criollos.

Las actas de Consulado de los años posteriores a la Revolución de Mayo están llenas de las amargas quejas de los comerciantes por esta situación.

Barcos ingleses llegan a Bs.As.

En septiembre de 1814, uno de los más poderosos comerciantes, Juan José Anchorena, habló en el Consulado del que formaba parte sobre la ruina del comercio porteño, como consecuencia de las actividades de los comerciantes ingleses, que manejaban hasta la moneda y el crédito.

En esta ocasión Anchorena hizo una defensa apasionada del proteccionismo.

En intento de salida para esta grave situación por la que pasaban los comerciantes porteños se hizo en agosto de 1817, cuando miembros del Consulado —Juan José Anchorena y Ambrosio Lezica, entre otros— integraron una comisión para estudiar un proyecto de Pueyrredón sobre la creación de una Compañía Comercial que, protegida por el gobierno, ejerciera el comercio en todas sus posibilidades.

Esta compañía estaría formada corporativamente por los comerciantes porteños y dominada por os más importantes.

Pero el proyecto no pasó nunca de tal, porque los comerciantes locales carecían de una verdadera fuerza como para poder luchar con eficacia frente a un enemigo mucho más poderoso.

El comercio porteño fue meramente pasivo, no se basaba en la producción nacional, y por lo tanto dependía de Inglaterra.

El Consulado, defensor de los intereses de los comerciantes criollos, fue perdiendo poco a poco su importancia en la vida económica del país hasta desaparecer del todo.

Los comerciantes porteños, conscientes de su impotencia, trataron de salvarse de la catástrofe adecuándose a las nuevas circunstancias.

Algunos —como Braulio Costa, los Aguirre, Félix Castro— se resignaron a subordinarse a los comerciantes ingleses en el papel de socios menores; otros, como los Anchorena, se transformaron en terratenientes y hacendados.

Se adecuaban de ese modo a los intereses de Inglaterra y sellaban por largos años el destino del país, limitado a importar materias manufacturadas y exportar productos agrarios.

De la ruina de los comerciantes surgidos del monopolio español surgirá la nueva burguesía terrateniente y ganadera que comenzaba su carrera triunfal alrededor de 1820, se afianzaría con el gobierno de Rosas y llegaría hasta nuestro siglo dirigiendo los destinos económicos del país.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Los Comerciantes Porteños Durante el Monopolio Español Contrabando

Los Comerciantes Porteños Durante el Monopolio Español

Los privilegios del monopolio:

El enorme acrecentamiento de la fortuna de estos comerciantes y sus hijos en el Río de la Plata tuvo como causa los privilegios que les otorgaba el monopolio comercial de España.

La mayoría de estas ricas familias —Anchorena, Alzaga, Lezica, Santa Coloma, Gainza, Ugarte, Martínez de Hoz, Ezcurra, Agüero y otros— pertenecían a un grupo económico muy definido, al que se ha dado en llamar el de los «registreros».

Más que introductores directos de mercancías, eran consignatarios, comisionistas, apoderados, agentes, intermediarios de los comerciantes monopolistas de Cádiz, de acuerdo a las concesiones de comercio otorgadas en 1778.

La mayoría de los «registreros» eran parientes de los comerciantes españoles, y aun cuando no existiera ese lazo familiar la dependencia era muy estrecha.

Como observa Halperin Dongui, «basta hojear la correspondencia de Anchorena para advertir hasta qué punto su papel se reducía al de un intermediario entre la península y el hinterland cada vez más amplio de Buenos Aires; ese papel pudo cumplirse mediante unas cuantas operaciones rutinarias, de cuyo ejercicio no se apartaba quien sin embargo logrará formar el más rico linaje de la Argentina independiente»

La fortuna de los «registreros» se contaba entre las más grandes de los habitantes de la Colonia.

Concorde con su fortuna era su influencia política; ocupaban los más altos cargos: alcaldes o síndicos.

monopilo español en america

Los «registreros» eran beneficiarios directos del monopolio comercial ejercido por España, y consecuentemente lo defenderán hasta el último momento.

Cuando un grupo de comerciantes, representados por Belgrano y Castelli, piden la libertad de comercio, los «registreros», con Martín Alzaga a la cabeza, se oponen sistemáticamente.

Los apologistas del período hispánico alegarán que la defensa del monopolio comercial español era la posición correcta, pues constituía una defensa contra la introducción del imperialismo mercantil inglés.

Pero la realidad es que ni nuestra demasiado rudimentaria artesanía ni la atrasada economía española estaban capacitadas para abastecer suficientemente a las colonias, haciendo de ese modo necesario el contrabando.

Precisamente si los «registreros» defendían con tanto afán el monopolio es porque, además de obtener ventajas de él, también se beneficiaban con el contrabando que todos ellos ejercían desembozadamente. «Contrabando y monopolio se complementaban —dice Rodolfo Puiggrós—.

Sin monopolio no podía haber contrabando y viceversa.

Barcos extranjeros en las costas porteñas

El capital comercial sacaba provecho de los dos.

La contradicción entre monopolio y contrabando se resolvía dentro de los intereses generales del capital comercial, que abordaba a ambos».

La burguesía porteña llegó, de ese modo, a ser muy conocida por su afición al contrabando en todos los centros comerciales de Europa, donde se la designaba con el nombre de «la pandilla del barranco«.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Transformacion social de las clases porteñas:La Aristocracia Porteña

Transformación social de las clases porteñas

¿Aristocracia o burguesía?:

Esta ascensión social de estantes a vecinos, de modestos pulperos a miembros del Cabildo, es por supuesto celosamente ocultada por los descendientes de aquellos self made men hispánicos, quienes, con un muy discutible criterio, consideran que un origen más honorable que una pulpería o un tendejón es un hecho de armas o aun la condición de halconero o fiel servidor del rey, recompensada por un título de nobleza.

oligarquia argentina

Los apologistas de la aristocracia española, por su parte, ven con disgusto este aburguesamiento de la sociedad colonial.

Este prejuicio contra la burguesía se da aun en un escritor conocido por sus inclinaciones populistas.

Dice José María Rosa:

«Esta aparente igualdad política entre vecinos y estantes produce una desigualdad. Al advenir una clase dominante por el dinero, Buenos Aires no será gobernada por patricios, que encuentran en los fundadores y primeros pobladores su tronco originario, sino pornoviles —nuevos— que poseen el dinero y adquieren los rangos principales en la sociedad.

Se forma una oligarquía mercantil, de oscuro origen, como clase privilegiada, mucho más exclusiva que la otra: la gente principal o de posibles, también llamada «sana del vecindario» o gente decente. Enriquecidos por el comercio ilícito o allegados a él, tendrán la hegemonía social».

La mayor parte de las grandes familias de la oligarquía argentina descienden solo en una mínima parte de los primitivos pobladores, y sí, en cambio, de esa burguesía mercantil de origen plebeyo.

Resultan, por lo tanto, una falsedad histórica los nostálgicos lamentos de algunos representantes de la oligarquía en nuestros días, cuando se quejan por el aburguesamiento de la supuesta aristocracia argentina.

Silvina Bullrich, por ejemplo, dice: «En nuestros días ocurre un fenómeno curioso: los burgueses descienden de los aristócratas; caminamos al revés, como los cangrejos».

En realidad, no existe tal aburguesamiento de la aristocracia argentina, por la sencilla razón de que la supuesta «aristocracia» fue burguesa desde su mismo origen.

Tenderos fueron Juan Esteban Anchorena y sus hijos, Sebastián Lezica, Miguel Rigios, José Ortiz Basualdo, Jaime Llavallol, Mariano Losano, Ladislao Martínez, Benito Gándara, José Julián Arrióla, Tomás Gowland, Lucas González, Jorge Lamarca, José Borbón y tantos otros de quienes descienden las más representativas familias de la oligarquía argentina.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

La Vida de la Oligarquia Argentina Diversion de la Oligarquia Porteña

La Vida de la Oligarquía Argentina – Oligarquía Porteña

• ►La «dolce vita» en el siglo XIX:

Las diversiones de la época, aun para las clases más altas de la sociedad, eran muy reducidas y modestas.

Los hombres, después de dormir una siesta de dos o tres horas, iban al Café de Marcos o de los Catalanes a jugar a las cartas, al billar o a conversar de política.

Recién a comienzos del nuevo siglo, con la influencia de los ingleses, comenzaron a ponerse de moda los deportes. Las mujeres, por su parte, después de dormir la siesta se dedicaban a hacer «tiendas».

En los negocios que frecuentaban eran recibidas por los dependientes —generalmente jóvenes también de clase alta—, quienes les ofrecían asiento y las convidaban con mate, compartiendo una amable conversación durante largo rato, mientras se revisaba la mercadería.

Cuando no se salía de compras se hacían visitas de poca etiqueta a parientes y amigos.

Estas visitas eran anunciadas previamente por la mañana por medio de la «criada de razón».

Casi todas las noches se realizaban tertulias, que eran el equivalente de la soirée francesa o de la conversazione italiana.

Origen de la Oligarquia en Argentina Clases Sociales Colonial ...

La mayoría do esas tertulias tenían su elenco estable de tertulianos, que concurrían todas las noches al mismo salón, siendo las únicas novedades los extranjeros de paso.

Aunque muchos acostumbraban también asistir durante la misma noche a varias tertulias.

Además de la conversación, !as magras diversiones de esas tertulias eran complementadas por la música —piano, guitarra y canto—, ejecutada por las señoritas.

Toda joven bien educada estaba obligada a saber tocar el piano.

Con frecuencia también se bailaba la contradanza española, el minué y, más tarde, el vals.

Después de servirse un refrigerio, consistente en mate o chocolate, los visitantes se retiraban hacia la medianoche.

Las tertulias más importantes se realizaban en las casas de Escalada Riglos, Alvear, Oromí, Soler, Barquín, Sarratea, Balbastro, Rondeau, Rubio, Casamayor.

Pero la más prestigiosa de esas tertulias era la celebrada en la casa de Mariquita Sánchez, de la que ya hablamos.

El otro entretenimiento de que disponían las altas clases en el Buenos Aires aldeano era el teatro.

Por muchos años no existió otro que el Argentino, frente a la iglesia de la Merced, hasta que en 1833 se edificó el teatro de la Victoria.

Alrededor de la platea, a la cual no concurría ninguna señora, se encontraban los palcos.

Los palcos altos eran más caros que los bajos, aunque los concurrentes a unos y otros pertenecían indistintamente a la misma clase social, la alta burguesía.

La diferencia estaba en que en los palcos bajos se podía aparecer en trajes más sencillos.

Los palcos altos, en cambio, debían ser una verdadera vidriera de elegancia.

La cazuela, comúnmente llamada el gallinero, era exclusiva para mujeres solas.

Allí concurrían mujeres de extracción social más modesta, mezclándose con algunas mujeres, de la clase alta, que iban allí, alguna vez, cuando no tenían compañía masculina o no querían arreglarse para mostrarse en un palco.

La cazuela era, sobre todo, preferida por las jóvenes, que se encontraban allí con sus amigas para mantener conversaciones lejos de la tutela familiar.

La diversión preferida del verano era el baño nocturno en el río.

El 8 de diciembre —día de la Inmaculada Concepción— se inauguraba la temporada de baños.

La playa porteña se extendía entre el bajo de las Catalinas. —actual calle Viamonte— y la bajada de los Dominicos —actual calle Bel-grano—.

Pero pronto las damas de la élite comenzaron a abandonar esas zonas, demasiado populares por su cercanía a la ciudad, para irse más al norte o más al sur, a los lugares de la costa donde comenzaron a instalar sus residencias veraniegos.

A nadie se le hubiera ocurrido ir al río antes que cayera el sol.

Hombres y mujeres esperaban que se hiciera de noche, sentados en el césped; a veces se cenaba allí mismo.

Las jóvenes se paseaban en grupo del brazo, por la orilla del río, como años más tarde lo harían sus descendientes en la rambla de Mar del Plata.

Para la preparación del baño se extendía, sobre el pasto o las piedras, una alfombra o estera y se encendía un farolito.

El concepto del pudor que existía en esos baños era tal que los hombres no se bañaban junto a las mujeres, ni los padres junto a los hijos.

Por el tiempo de Rosas comenzaron a ponerse de moda, entre los jóvenes de ambos sexos, las cabalgatas nocturnas.

Salían en las noches de luna en grupos de veinte o treinta personas.

Las jóvenes solteras podían asistir acompañadas de sus hermanos o de sus madres. Todavía no se había impuesto el traje de amazona para las mujeres, y estas cabalgaban en traje de entrecasa, pero con el infaltable peinetón.

Recorrían lentamente la ciudad hasta desembocar en la calle Larga de Barracas —los paseos se hacían generalmente hacia el sur—, donde comenzaban a galopar.

Las jóvenes cabalgaban haciendo pareja con sus galanes, y todos cantaban en coro.

Manuel Calvez dice de estas pintorescas cabalgatas:

«En las noches de luna totalmente llena, cuando la ancha calle se vestía con una blancura espectral, esas canciones pausadas, lentas y dolorosas, estilos o tristes, entonadas al lento paso de las cabalgaduras, cobraban un poético y misterioso encanto.

Y para quienes veían la cabalgata y no carecían de sensibilidad, alcanzaba el espectáculo una extraña belleza». No existían todavía la calle Florida ni Palermo como lugares de cita obligada de la gente «distinguida».

El paseo público donde las grandes familias se encontraban era entonces la Alameda, avenida bordeada de ombúes, que corría a lo largo de la actual avenida Leandro Alem, a la altura de la calle Cangallo.

La «vuelta del perro» en la Alameda se daba exclusivamente los domingos por la tarde; los restantes días de la semana el paseo quedaba casi desierto.

• ►Nuevas diversiones

El empleo del tiempo libre en actividades banales está sujeto en la oligarquía a un complicado ritual, que tiene por objetivo la ostentación de riquezas.

Hemos visto que este ritual hasta mediados del siglo XIX era sumamente simple.

El apogeo económico de fines de siglo trajo un cambio en las costumbres, y el ritual se organizó en forma más pomposa.

La vuelta del perro por la plaza de la Victoria o por la Alameda fue sustituida por la calle Florida.

Las cabalgatas por la calle Larga hacia los pueblos del sur fueron sustituidas por los paseos a la Recoleta o a las barrancas de Belgrano.

Pero el número principal de este programa era el «corso» de Palermo, las tardes de los jueves y domingos.

Cuatro filas de coches, tirados por animales de raza, iban y venían en un tramo de tres cuadras por la actual avenida Sarmiento, intercambiando en cada vuelta la ubicación para que todos pudieran cruzarse inevitablemente con todos.

La ceremonia tenía sus reglas fijas: en la primera vuelta se saludaban, en las siguientes se fingía no verse y en la última se hacía el saludo de despedida.

Los «niños bien», por su parte, hacían ostentación de la inmunidad de que gozaban por la posición de sus padres, dándole una paliza a algún pobre sereno o provocando escándalos nocturnos en los teatros de variedades, en los cafés concerts, en lo de Hansen.

La «indiada» del 90 se transformó en la «patota» del 900, más refinada y elegante, pues había pasado por Europa dejando sus medidas a los sastres más famosos de París y de Londres.

Eran los precursores del «muchacho distinguido» de los años locos que «tiraba manteca al techo» en los cabarets de París, y del play boy de la segunda posguerra.

Las confiterías de moda fueron, sucesivamente, la del Gas, en Rivadavia y Esmeralda, y La Perfección, en la calle Corrientes.

Años más tarde, cuando comienza el auge del Barrio Norte, surgen el Águila, de Callao y Santa Fe, y la París, de Charcas y Talcahuano, único lugar, este último, en que era «decente» mostrarse los sábados, además de dos o tres cines, llamados de «familia», que quedaban por la calle Santa Fe.

En la belle epoque comienza también la moda de los viajes a Europa, es decir a París.

Y allí, veraneando en Deauville, la oligarquía concibe por primera vez la idea de crear una ciudad balnearia cerca de Buenos Aires.

Surge así Mar del Plata, y en 1887 se inaugura el Bristol Hotel, que constituirá uno de los más importantes lugares de reunión de la oligarquía en aquellos años.

Los bailes del Bristol llegaron a ser tan famosos en el mundo entero que una noche, en París, la bella Otero le dijo a Benito Villanueva:

«No moriré sin bailar un cotillón en Mar del Plata».

Por los años veinte, con la difusión del automóvil, la oligarquía comienza a abandonar el Bristol y construye sus propias residencias en la Loma.

Por esos años, el chalet en la Loma se convirtió en un símbolo de status comparable a la residencia en el Barrio Norte de Buenos Aires, la pertenencia al Jockey Club, el palco en el teatro Colón o la bóveda en la Recoleta.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Enlace Externo: El Club de los 1000 Terratenientes Argentinos

Mitre y la Oligarquia Fraude Electoral Gobierno Oligarca Historia

Mitre y la Oligarquía: Fraude Electoral Gobierno Oligarca

El nuevo líder de la oligarquía: Mitre

Las buenas relaciones entre la oligarquía bonaerense y Urquiza estaban destinadas a durar pocos meses.

Siguiendo una vieja tradición, utilizó los servicios de Urquiza cuando lo necesitó, para abandonarlo en seguida cuando sus intereses empezaron a ser divergentes; ya había hecho lo mismo con Rivadavia, con Dorrego, y acababa de hacerlo con Rosas.

La traición a Urquiza no ofrecía, por lo tanto, ninguna novedad.

Como en los tiempos del general Martín Rodríguez, cuando los futuros rosistas se unieron a los unitarios para defender los privilegios porteños contra el ataque de los caudillos federales, ahora nuevamente los ex rosistas se unirán a los ex unitarios para defender una vez más los privilegios del puerto de Buenos Aires frente a los intentos de Urquiza por organizar la nación.

El 11 de setiembre de 1852, la oligarquía porteña, que ahora tiene un nuevo líder en Bartolomé Mitre, dio un golpe de estado aprovechando la ausencia de Urquiza y nombró gobernador al fanático porteñista Valentín Alsina.

La unión de unitarios y rosistas en contra de Urquiza fue total.

El propio Mitre afirmó que, dispuesto a pelear, se puso la casaca que le trajo un sobrino de Rosas, Felipe Ezcurra, y tomó la espada y las pistolas que le alcanzaba otro sobrino de Rosas, Franklin Bond.

Años después, Mitre, el gobernador, y Mitre, el presidente, se rodeará de rosistas.

No podía ser de otro modo: Mitre hoy, como Rosas ayer, representaban los intereses de la oligarquía terrateniente bonaerense; no había por lo tanto otro equipo político con el que trabajar.

Los Anchorena, los Torres, los Obligado seguían siendo los auténticos amos de Buenos Aires, Alsina y Mitre eran tan solo sus instrumentos.

La era del fraude

Con la organización del país después de 1853, fue necesario armar pour la galeríe el aparato de las elecciones populares llenando con apariencias todos los requisitos legales.

La oligarquía necesitó desde ese momento, para poder seguir manteniendo el poder, recurrir al fraude.

El fraude empezaba mucho antes de las elecciones con la inscripción de ciudadanos en los padrones.

Se procuraba por todos los medios de que no se inscribieran aquellos de quienes no se tenía la seguridad de que votarían por el candidato auspiciado por el gobierno.

En compensación se inscribe por la fuerza a todos los que dependen del gobierno y, como si eso fuera poco, en cada distrito electoral se agrega un número de nombres supuestos igual al de los inscriptos.

El fraude sigue el día de las elecciones impidiendo de todas formas, aun a balazos, que los opositores se acerquen a la mesa electora, en tanto que el votante oficialista vota, repetidas veces, cada vez con un nombre distinto.

El verdadero elector de la Argentina, hasta la Ley Sáenz Peña, era el  presidente de la República, que elegía gobernadores de provincias, diputados, senadores y hasta su propio sucesor.

Con la implantación de la Ley Sáenz Peña se suceden catorce años de elecciones limpias, hasta que la oligarquía, cansada de qué el juego le fuera adverso, decide voltear el tablero.

Luego del golpe militar de 1930 vuelve nuevamente el régimen del fraude más escandaloso en las elecciones de Justo, primero, y de Ortiz, después.

La Década Infame Características, Causas y Consecuencias- Resumen ...

A la caída del peronismo el país ya estaba demasiado evolucionado para el fraude, se creó entonces el sistema más elegante de las elecciones «restringidas», donde se excluye todo partido que no convenga al mantenimiento del régimen.

El reparto de la tierra pública

El reparto de la tierra pública, el latifundismo y la creación de una oligarquía terrateniente, tres aspectos de un mismo proceso, tienen, como ya vimos, su lejano origen en la época colonial con las «mercedes de estancia» otorgadas por el rey.

Se acentúa mucho después de la Revolución de Mayo y conoce sus momentos más altos con la ley de Enfiteusis de Rivadavia, con el gobierno de Rosas y después de Caseros, sobre todo con el gobierno de Roca.

En el período comprendido entre 1876 y 1893 se enajenaron 42 millones de hectáreas de tierras públicas, llegando a subastarse 400 leguas en una sola operación en Londres a $ 0,48 la hectárea.

En los comienzos del siglo XX la tierra estaba completamente repartida.

El censo nacional de 1914 indicaba la existencia de 2.958 propiedades de 5.000 a 10.000 hectáreas; 1.474 de 10.000 a 25.000, y 485 de más de 25.000 hectáreas. Entre estas últimas, aunque no lo diga el Censo, existían algunas cuyas superficies pasaban las 100.000 hectáreas.

En cuanto a la provincia de Buenos Aires, según datos extraídos por Jacinto Oddone de la Guía de Contribuyentes, tan solo cincuenta familias son dueñas, en conjunto, de más de cuatro millones de hectáreas, valuadas, a los efectos de su contribución, en cerca de mil millones de pesos.

Entre esas familias se cuentan los, clásicos apellidos de la oligarquía:

Anchorena, Alzaga Unzué, Luro, Pereylra Iraola, Pradere, Guerrero, Leloir, Graciarena, Santamarina, Duggan, Pereda, Duhau, Herrera Vegas, Zuberbühler, Martínez de Hoz, Estrugamou, Díaz Vélez, Casares, Atucha, Drysdale, Cobo, Bosch, Drabble, Bunge, Pueyrredón, Ortiz Basualdo, Mulhall, Pourtalé, Llaudé, Saavedra, Deferrari, Crotto, Stegmann,Perkins,Otamendi,Aguirre, López Lecube, Taillade, Lastra, Apellanis, Alvear, Tornquist, Lyne Stivens, Fernández, Van Pennewitz, Rooth, Hale, Durañóna, Parravicini.

El general Roca, uno de los mayores entregadores de la tierra pública, informaba al Congreso que hasta 1904 el Estado había otorgado títulos de propiedad a particulares, que abarcaban 32.447.045 hectáreas.

Biografia de Julio Argentino Roca- – BIOGRAFÍAS e HISTORIA ...

Todas las tierras concedidas estaban ubicadas en las zonas más fértiles; las que conservaba el Estado se encontraban, en cambio, en lejanos territorios nacionales y eran, por lo tanto, de menor valor.

La enorme valorización de la tierra la fortuna de los terratenientes, que la habían comprado por nada o la habían recibido como regalo de gobiernos excesivamente complacientes con sus familiares y amigos.

Para darnos una idea de la valorización, Jacinto Oddone calcula que el precio de una hectárea en 1836 era de 0,42 centavos, y en 1927 llegaba a $ 1.840 por hectárea.

Un peso invertido en tierra en el año 1836 se convertía en el año 1927 en $ 4.380. En el curso de menos de cien años el valor de la tierra había aumentado el 438,000 por ciento.

En el momento actual puede decirse que el 1 % de los propietarios tiene en su poder el 70 % de la tierra explotable, en tanto que el(50 % de todo el ganado vacuno está en poder del 2,4 % de los propietarios.

11.002 propiedades, que constituyen el 1,95’% de los establecimientos de más de 2.500 hectáreas, cubren el 59,45 % de la tierra.

En la provincia de Buenos Aires tan solo 272 personas poseen casi la sexta parte de la provincia;  5 familias tienen más de un millón de ha.

Pero la oligarquía latifundista consigue todavía hoy escritores que hagan la apología del latifundio.

En tanto los productos agropecuarios se cotizaron bien en el mercado mundial, el país, gobernado por la oligarquía agropecuaria, prosperó; pero cuando estos productos comienzan a perder su valor y los países exportadores de materias primas entran en crisis, la oligarquía agropecuaria, más atenta a sus propios intereses que a los de la nación, se constituye en el principal factor de estancamiento y atraso, obstaculizando por todos los medios la industrialización del país.

Por su parte, una burguesía industrial débil e incoherente y demasiado ligada a la oligarquía agropecuaria por una red de intereses o de meras ilusiones, no supo llevar una batalla a fondo contra ésta.

El propio Perón, a pesar de las repetidas amenazas de llevar a cabo la reforma agraria, no se atrevió nunca a la expropiación de los latifundios.

La oligarquía ganadera perdió de ese modo el poder político, pero mantuvo la principal fuente de su poder económico: las tierras.

Fuente Consultada: Los Oligarcas Juan J. Sabreli – La Historia Popular Tomo 15 – Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo

Grandes Mujeres Argentinas Historia de Vida y Logros

La Mujer en la Historia Argentina: Historia de Vida

FAMOSAS Y DESTACADAS MUJERES ARGENTINAS

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Algunas talentosas, otras intectuales y otras con vidas duras, pero a la vez  ricas en valores éticos y morales, otras en camibio, de abnegación y de sacrificio, con una dedicación casi fanática hacia sus propios nobles objetivos.

Estas son solo unos pocos ejemplos de una gran cantidad de grandes mujeres que nuestro querido pais ha parido, dando un ejemplo de humanidad, de sensatez y madurez al resto del mundo.

Todas hoy son muy recordadas y algunas hasta glorificadas por sus servicios y fiel compromiso con la formación de nuestra patria Argentina.

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Juana AzurduyJulieta Lanteri Cecilia Grierson
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Alicia Moreau de Justo Victoria Ocampo «Nini» Marshall
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«Lola» Mora Mercedes Sosa «Tita» Merello
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Alfonsina Storni Eva Duarte de Perón Rebeca Gerchmann
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Susana GimenezNorma Aleandro Mirta Legrand
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Gabriela Sabatini Abanderadas Mujeres en la Historia

PRIMERAS MUJERES INNOVADORAS ARGENTINAS

Desde la revolución del 1890 cuando la estudiante de medicina Elvira Rawson ayudó en la atención de heridos y apoyó la causa de la Unión Cívica y la escritora Eufrasia Cabral se dirigió a los cívicos, en arengas promotoras de la adhesión a Leandro Alem, la presencia pública de la mujer en la política argentina comenzó a crecer.

Hacia los años del Centenario podían distinguirse dos grandes corrientes feministas.

Una, representada por el Consejo Nacional de Mujeres, fundado por la médica Cecilia Grierson en 1895, que apuntó a reunir a las asociaciones femeninas del país y consolidar las actividades que realizaban en el orden cultural, educacional, asistencial, religioso o caritativo.

Otra, de nuevo cuño, donde la defensa de los derechos civiles y políticos de la mujer fueron el centro de sus desvelos.

Especialmente las mujeres vinculadas con el socialismo y con los librepensadores y también quienes seguían al radicalismo sostuvieron este programa general.

No así las mujeres anarquistas que rechazaban esta modalidad de activismo político por considerarlo de corte reformista cuando lo que ellas creían necesario era un proyecto revolucionario.

En el orden de las agrupaciones políticas fue el Partido Socialista el que incluyó desde el principio en su programa la extensión del sufragio universal a las mujeres y en sus estatutos, la facultad de votar resoluciones partidarias para quienes dispusieran de los derechos políticos y para «las mujeres anherentes, despojadas por la ley de estos derechos».

Así, en 1904 resultó elegida como miembro del Comité Ejecutivo Nacional del partido, Gabriela Laperriére de Coni, una distinguida y activa militante por los derechos de la mujer.

Por otro lado, muchas mujeres con hondo compromiso partidario colaboraron con los principios de escuela de civismo que alentaban la labor del Partido Socialista.

A ello apuntaron sus programas de creación de bibliotecas, talleres, cursos y recreos infantiles que funcionaron en los centros de la agrupación.

Este afán por modernizar y elevar la cultura política nacional sobre la base de una educación cívica sin concesiones a los hábitos de la «política criolla» distinguió también la trayectoria de las agrupaciones femeninas socialistas.

Con otro estilo, más apegado a las tradiciones de la burguesía media y alta, la acción de las mujeres en el radicalismo, que también fundaron y sostuvieron centros femeninos muy activos, apeló al acompañamiento y sostén de la labor de los hombres y a la práctica del asistencialismo en apoyo de los sectores de menos recursos, como una de las maneras de dar cuenta de su actividad política.

Mujeres en la Política Argentina

LA MUJER EN LA HISTORIA: MUJERES ARGENTINAS

 

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Biografia de Ameghino Florentino Naturalista Paleontologo Argentino

VIDA Y OBRA CIENTÍFICA DE FLORENTINO AMEGHINO

Dinosaurios en
la Patagonia
Dinosaurio:
Abelisaurus
Biografía de
Francisco Moreno
Florentino
Ameghino

Florentino Ameghino (1854 – 1911): Naturalista, Paleontólogo y Antropólogo También considerado climatólogo, geólogo y zoologo.

Nació en Villa del Luján, de la Provincia de Buenos Aires, el 18 de septiembre de 1854, hijo de don Antonio Ameghino y de doñaMaría Dina Armanino. (hay versiones que dicen que nació en Génova, pero él declara que nació en Luján)

En Ameghino su interés por la paleontología comenzó muy de pequeño, cuando le preguntó a su padre de dónde venían los restos de caracoles que había encontrado en la barranca del río Luján, cerca de su casa, y éste le respondió que los traía el río.

Biografia de Ameghino Florentino Naturalista Argentino

Florentino consideró que no debía ser así porque la corriente no podría enterrarlos, y decidió que averiguaría por qué estaban allí y cómo habían llegado.

Tenía dos hermanos, llamado Juan y Carlos que le ayudaron en muchas oportunidades, pero Carlos fue siempre un excelente colaborador sobretodo en arduas y lentas exploraciones.

Puede considerarse como la primera gran figura de la ciencia nacional y la que alcanzó, seguramente, mayor trascendencia internacional.

Fue un autodidacta, que puso por alto el prestigio científico del país sin más fuerzas que su formidable tesón y el apoyo de su hermano Carlos, y sin más financiamiento que los exiguos fondos obtenidos de una librería, negocio que manejó durante años en La Plata.

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Florentino Ameghino fue una de las personalidades científicas más descollantes de la Argentina en el siglo XIX.

Nació en 1854 y era adolescente aún cuando los muchachos de su edad lo apodaron «el loco de los huesos» por su inveterada costumbre de hurgar con pico y pala las cercanías del río Lujan en busca de restos fósiles.

A los veinte años reunió en un folleto varias observaciones acerca del origen del hombre americano, y tiempo después abandonó su puesto de maestro en la localidad de Mercedes para trasladarse primero al Uruguay y después a Europa.

Allá recorrió los principales museos de ciencias naturales y se vinculó con paleontólogos célebres, deslumbrándolos con la colección que había formado.

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Su formación primaria la realizó en forma particular y como entretenimiento infantil recogía huesos en las barrancas de Luján.

En Buenos Aires siguió los estudios secundarios que no concluyó y enseguida se trasladó a la localidad bonaerense de Mercedes, donde fue maestro, director de una escuela y dedicó nueve meses al estudio geológico y paleontológico de los terrenos de la llanura pampeana.

Ameghino fue un brillante autodidacta en paleontología, geología, antropología y anatomía comparada.

Ya de adolescente, aprendió idiomas para poder leer a los principales científicos de la época, como el geólogo británico Charles Lyell, y adhirió a la teoría de Darwin.

Cuando tenía 17 años le presentó a Germán Burmeister, entonces director del Museo de Buenos Aires y autoridad máxima de las ciencias en el país, sus primeros descubrimientos.

Pero a éste las investigaciones del joven provinciano no le inspiraron confianza ni le parecieron de interés.

Al contrario de lo que podría creerse, esto no desalentó a Ameghino, que más tarde diría: “Pero para algo sirve la desgracia… la incredulidad e indiferencia que encontré hirieron mi amor propio, me obligaron a estudiar y buscar medios de acumular nuevos materiales”.

Siempre vivió estudiando, investigando y luchando por conseguir medios económicos para crecer en su actividad científica.

En 1875 dio a conocer las primeras especies nuevas que había descubierto.

En el mismo año, se presentó en un concurso-exposición organizado por la Sociedad Científica con siete cajas de fósiles.

Pero a los jurados poco les interesaban aquellas reliquias y sólo las premiaron con la última de las catorce menciones honoríficas. Ameghino insistió al año siguiente con una memoria sobre el cuaternario –la más reciente era geológica– que ni siquiera fue considerada.

Decidió viajar a Europa, y presentar su crecida colección de huesos en la Exposición Internacional de París de 1878 y gracias a su trabajo en la escuela puedo financiar en 1875 su primer viaje a Uruguay.

Mas tarde con el apoyo del pueblo natal pudo viajar a París en 1878 y exhibir su colección de huesos en la Exposición Universal donde logró la admiración de los científicos mas destacados de su época.

Su viaje a Paris le demandó tres años y debió vender parte de los objetos llevado, por 40.000 francos, y con ese dinero financió la edición de La antigüedad del hombre en el Plata, una de sus principales obras y Los Mamíferos fósiles en la América Meridional.

Al poco tiempo debió volver a vender mas material de su colección (que no se lo aceptaban en museos de la Argentina); hacia 1892, setenta piezas de su colección fueron destinadas a un museo de Munich y, tres años más tarde, se vio obligado a vender al Museo Británico una colección de unas 380 aves fósiles.

El objetivo era, como siempre, financiar nuevas investigaciones.

Como curiosidad histórica hay que destacar que  cuando regresa de Europa, llega casado con una joven parisina Leontina Poirier y pobre y como si fuera poco, se encuentra que había sido exonerado de su cargo de director de la escuela de Mercedes por abandono del puesto.

En 1886, Francisco Moreno lo nombra vicedirector del Museo de la Plata, en  el cual Ameghino aporta su propia colección de huesos, pero lamentablemente al poco tiempo estos científicos entran en un conflicto debido a diferencias y celos profesionales  y pierde el cargo oficial.

Como salida decide abrir un negocio de libros y en donde por tercera vez volvió a iniciar una colección de fósiles, ya que Moreno le había prohibido la entrada al museo y no podía estudiar sus propios fósiles.

Su obra publicada —185 títulos que totalizan unas 20.000 páginas— hace referencia tanto a la descripción de piezas fósiles, en gran parte halladas por él, como a apoyar su teoría sobre el origen americano del hombre.

Para Ameghino, la especie humana había evolucionado en las Pampas argentinas, desde donde habría migrado al resto del planeta. Y para probarlo se sirvió de todos sus hallazgos paleontológicos.

De todas maneras en su etapas de comerciante, Ameghino desplegó un gran esfuerzo creador: Filogenia (otro libro de su autoría) le brindó el reconocimiento nacional y mientras fue librero en La Plata publicó el trabajo premiado en Paris y mantuvo acaloradas polémicas con científicos nacionales y extranjeros.

Un año después presentó en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias su obra magna, compuesta por 1028 páginas y un atlas: Contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de la República Argentina.

En la exposición de París de 1889,obtuvo uno de los mayores logros científicos internacionales de la época: la medalla de oro y el diploma de honor, por su contribución al conocimiento de los mamíferos fósiles de Argentina, escrita en poco mas de un año, entre grandes dramas económicos.

Este reconocimiento lo ubicó entre las pocas figuras mundiales del enfoque paleontológico de la biología evolutiva.

Ameghino murió en La Plata, el 6 de agosto de 1911.

Su entierro fue grandioso, teniendo en cuenta lo alejado que estuvo de las esferas oficiales.

Todo el mundo intelectual se hizo presente y al depositar sus restos en el Panteón de los maestros, hicieron uso de las palabras eminentes personalidades como E. Holmberg, Víctor Mercante, J. B. Ambrosetti, José Ingenieros y otros.

HITOS DE SU VIDA

1854: Nació en la ciudad de Lujan, el 18 de setiembre, hijo de modestos inmigrantes italianos.

1863: Desde niño llamó la atención de sus padres y maestros, por la forma en que se interesaba por desenterrar restos fósiles y averiguar su posible origen. A los nueve años de edad, reunió una colección de caracoles que había juntado a orillas del río Lujan.

1867: El maestro Carlos d’Aste, amigo de sus padres, les sugirió la idea de enviarlo a Buenos Aires para que siguiera estudios secundarios en la Escuela de Preceptores.

1870: Ameghino entró a desempeñarse, como Auxiliar Docente, en una escuela de Mercedes, donde, poco después, comenzó a dictar clases. 1871: Organizó, en Mercedes, un pequeño Museo de Ciencias Naturales, anexo al antes citado colegio.

Florentino Ameghino1872: Fue nombrado Director de la Escuela Elemental de Mercedes, cargo que conservg durante varios años. Mientras tanto, proseguía estudios e investigaciones sobre etnografía y paleontología.

1873 a 1877: Estableció contacto epistolar con varios sabios europeos a quienes comunicó, por carta, sus hallazgos y teorías. Realizó gran cantidad de excavaciones, pagando él mismo los gastos que tales tareas originaban. Venciendo grandes dificultades, llegó a disponer de la mejor colección de fósiles conocida en América.

1878: Emprendió viaje hacia Europa, en cuyos museos estudió y trabajó con la venta de ejemplares repetidos de fósiles. Pudo costearse la edición de su libro «La antigüedad del hombre en el Plata». 1880: Contrajo enlace con Leontina Poirier, de nacionalidad francesa.

1881: Después de tres años de ausencia, regresó, con su esposa, a la Argentina, donde se enteró de que, vencida la licencia que le habían acordado en sus puestos docentes, ya no los tenía.

1882: Abrió en la ciudad de Buenos Aires una librería, a la  que llamó «El gliptodonte» y con los ingresos obtenidos, prosiguió sus estudios e investigaciones.

1883 a 1901: Reinició sus tareas paleontológicas, ayudado por su mujer y por su hermano Carlos, con quienes efectuó numerosos viajes por la costa atlántica y por el sur de la Argentina. Lograron encontrar más de un centenar de esqueletos de especies mamíferas extinguidas, los cuales pasaron a formar parte de la colección del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, que Carlos, posteriormente, dirigió. Florentino, mientras tanto, ejerció como pofesor en las universidades de Córdoba, La Plata y Buenos Aires.

1902: Sus méritos, como investigador, fueron reconocidos dentro y fuera de la Argentina. El Gobierno de ese país lo nombró Director del Museo de Historia Natural de Buenos Aires, instituto que organizó con extraordinaria eficacia.

1911: Enfermo de diabetes y sintiéndose muy afectado, es-piritualmente, por la muerte de su madre y de su esposa, falleció el 6 de agosto. Sus últimas palabras fueron: «¡Cuánto me queda por hacer!».

SOBRE SU TRAYECTORIA….

Desempeñó los siguiente cargos: maestro de escuela de Mercedes (Bs.As.), catedrático de Zoología y Anatomía comparada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Cordoba, conservador de las seccines de Zoología y Antropología de la misma Universidad, miembro académico de la Facultdad de Ciencias Médicas de la misma; Director del Museo de La Plata, etc.

Los premios que ha logrado por sus trabajos científicos son los siguientes: mención honorífica por la «Sociedad Científica Argentina» en el concurso y exposición del 28 de julio de 1875; medalla de bronce en la Exposición Universal de París en 1878: medalla de oro (primer premio) en la Exposición Continental Sud-Americana de 1882, en la ciudad de Buenos Aires; medalla de oro (primer premio) en la Exposición de París en 1889; y medalla de oro (primer premio) en la Exposición de Chicago en 1893.

Fuera de las obras que se han señalado más arriba, ha dado a la publicidad y se ha traducido a varios idiomas una colección numerosa de libros y trabajos sobre antropología, geología y paleontología, que fueron sus especialidades en las ciencias naturales, dedicando «Un recuerdo a la memoria de Darwin», cuyas teorías fueron sus ideales de niño-sabio y después fueron la base de su reputación científica.

La Dirección del Museo Nacional de Historia Nacional la ocupó Ameghino a la muerte de Berg en 1902: y entonces el genio produce su formidable teoría de la existencia del hombre en los terrenos terciarios del país.

Semejante teoría produjo un revuelo en el avispero científico. La iglesia encontró un terrible enemigo en Ameghino, al que combatió intensamente.

Los iíltimos años de su vida los pasó el ilustre sabio al frente de una librería que instaló en La Plata donde luchó contra la adversidad del destino.

Pero el precitado nombramiento de Director del Museo Nacional, le proporcionó un bienestar que alcanzó a disfrutar casi dos lustros. Murió en La Plata el 6 de agosto de 1911, desempeñando el cargo de referencia.

Ante su tumba abierta, el doctor José Ingenieros pronunció elocuente oración fúnebre, en la que dijo entre otras cosas:

«Muere con él la tercera vida ejemplar de «nuestra centuria: Sarmiento inagotable catarata de energía en las gloriosas batallas de nuestra emancipación intelectual; Mitre, que alcanzó la santidad «de un semi-Dios y fue consejero de pueblos; Ameghino, preclaro sembrador de altas verdades cosechadas a filo de hacha en la selva infinita de «la naturaleza. . .»

Fué su gran colaborador su hermano Carlos Ameghino, que más adelante lo reemplazó en el cargo de Director del Museo Nacional de Historia Natural. Fuera de las obras citadas, merece mencionarse: «El transformismo considerado como una ciencia exacta» y otras muchas que seríía largo enumerar .

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°23 Florentino Ameghino Edit. Cuántica
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Enlace Externo: El Aporte Cientifico de Ameghino