Guerra del Peloponeso

Temístocles y Milcíades: Héroes de Atenas Estadistas Griegos

TRISTE FINAL DE GRANDES HOMBRES DE GRECIA: MILCÍADES Y TEMISTOCLES

En Batalla de Maratón contra los persas Grecia había sido salvada por la brillante actuación infantes atenienses, a los que se podía considerar como simples «aficionados» al lado de los guerreros de Esparta. En Maratón, la libertad fue salvada por primera vez. El mundo debía mucho a un puñado de hombres, gloria y orgullo de  Atenas,  que,  de un  golpe,   se alzó sobre las demás ciudades griegas. Atenas erigió, en la llanura, un túmulo por los héroes muertos y ofreció un tesoro a Delfos.

General Milcíades General Temistocles

         General Milcíades                                               General Temistocles

Ante los ojos de Darío, rey de los persas,  los victoriosos griegos no eran más que muertos a plazo fijo. Se había perdido una batalla, pero se ganaría una guerra. Darío podría levantar un ejército, dos, tres, diez veces superior y aplastar a los griegos.

El milagro de Maratón no podría producirse otra vez. Darío sólo sueña con el desquite. Pero otras dificultades le impiden que se consagre a su venganza, y, en el año 485 a. de J. C, muere humillado, sin haber conseguido nada. Su hijo Jerjes se encarga de preparar la invasión. Metódicamente, con calma, los persas concentran sus fuerzas. Jerjes pacificó una vez más Egipto y Caldea; llegó a un acuerdo con Cártago, para que se ocupara de sus enemigos de Grecia Occidental e impidiera cualquier ayuda de las colonias a la madre patria; y, finalmente, negoció con las tribus de Grecia del norte.

Entre tanto, los griegos, satisfechos, aureolados con su gloria, reanudaron las querellas entre ciudades, y, en ellas, las luchas entre facciones.

Evidentemente, Milcíades, el salvador, era el héroe del día. Provocaba el entusiasmo del pueblo, pero su triunfo irritaba a sus adversarios políticos. Uno de ellos, Temístocles, confiaba esto a sus amigos: «La victoria de Milcíades me quita el sueño». Aprovechando su prestigio, Milcíades quiso extender la influencia de Atenas en el Egeo. Convenció a sus conciudadanos para atacar la isla de Paros.

La riqueza de esta isla se debía a la abundancia y calidad de las canteras de mármol que allí se explotaban. Pero, además, la expedición bélica se podía justificar por la actitud de la isla durante la Primera Guerra Médica. Al aceptar la sumisión, los naturales de Paros habían ayudado a los ejércitos de Darío, poniendo barcos a su disposición.

Seguro de su autoridad de vencedor de Maratón, Milcíades les exigió la enorme suma de 100 talentos. Pero comoquiera que los habitantes de Paros se negaran a pagar, Milcíades puso sitio a la ciudad. Sin embargo, el sitio fracasó, y Milcíades tuvo que retornar a Atenas. La gloria de Atenas había sido comprometida por este fracaso, lo que dio ocasión para que los adversarios de Milcíades cargaran sobre él toda la responsabilidad.

Los atenienses se dieron cuenta, de pronto, de que el prestigioso Milcíades no había respetado las leyes de la ciudad democrática. El vencedor se había convertido en tirano. Milcíades ni siquiera pudo defenderse: habiéndosele infectado una herida y provocado la gangrena, tuvo que asistir a su proceso, acostado en una camilla. Sus amigos consiguieron salvarle la vida invocando sus pasadas hazañas, pero fue condenado a pagar una multa de 50 talentos. Poco después, moriría a causa de sus heridas; los grandes vencedores no tardan en convertirse en un estorbo.

La aventura ocurrida a Milcíades es un ejemplo, aunque no único. Los atenienses justificaron su actitud afirmando que Milcíades, cuando fue vencedor, había pasado de la angustia al orgullo, y, en consecuencia, había olvidado la calidad esencial del espíritu griego: la mesura.

En todo caso, para evitar nuevos riesgos, el pueblo de Atenas instituyó una nueva ley: el ostracismo. Cuando se tenían sospechas de que alguno aspiraba a la tiranía, la asamblea del pueblo se reunía y, en una «papeleta» de voto, el ostrakon, escribía el nombre de aquél cuya ambición se temía.

La persona cuyo nombre figuraba en la mayoría de las fichas, tenía diez días para marcharse de la ciudad, y no podía volver antes de diez años; sin embargo, podía conservar sus bienes. Esta medida terrible comportaba el peligro de privar a la ciudad de siís mejores elementos, pero también obligaba a los jefes de Atenas a una prudencia, a una austeridad, a una discreción beneficiosa para los intereses comunes.

Tal vez la costumbre del ostracismo explique el éxito de un Pericles que, en el siglo v a. de J. C, supo gobernar Atenas sin aparecer demasiado en la escena política. En Atenas, el heroísmo era compatible con la mesura. El héroe oculto dejaba al pueblo que tomase las sabías o geniales decisiones que él le sugería, dejándole también la gloría: supremo equilibrio que toda civilización ha querido tomar como modelo, Desde este punto de vista, la ingratitud de Atenas rindió un gran servicio a la humanidad.

TEMISTOCLES Y EL MAR: Tras la muerte de Milcíades, comienza la era de Temístocles, cuya influencia iba en aumento desde hacía diez años. Al contrario que todos los jefes que se habían ilustrado en Atenas, Temísocles no era más que un plebeyo, hijo de un extranjero: ningún clan, ninguna fortuna contribuían a situarlo en primera fila.

No contaba más que con su habilidad y su talento. Pero no tenía ningún escrúpulo: su espíritu, carente de prejuicios, era sumamente claro. Atenas le debe el haber escogido el camino del mar. En Laurión, cerca de Atenas, se acababa de descubrir un yacimiento de plata.

Esta riqueza pudo haberse utilizado para reducir los impuestos, para hacer más grata la vida de los ciudadanos. Pero Temístocles comprendió el peligro de esta facilidad. Los persas, a quienes los vanidosos atenienses creían haber alejado definitivamente, sólo habían sido rechazados. Era necesario, pues, como pensaba el estratega Temístocles, crear una marina de guerra: el porvenir de Atenas estaba en el mar.

Temístocles consiguió que el producto de las minas de Laurión fuese asignado a la construcción de navios de guerra, novedad tanto más importante cuanto que los maratonianos, a los que nosotros llamaremos los «antiguos combatientes», no comprendían que se pudiese cambiar una estrategia que ya había sido probada.

Pero Temístocles no se quedó rezagado en cuanto a la técnica de la guerra, a pesar de la encarnizada oposición de sus adversarios (el partido de los terratenientes que dirigía Arístides «el, justo»), hostiles a la expansión marítima. Arístides fue relegado al ostracismo.

Plutarco cuenta cómo, en el momento del voto, un campesino iletrado le rogó que inscribiese el nombre de Arístides en la tablilla. «¿Te ha hecho algo?», preguntó el hombre de Estado. «Nada, pero me molesta oír llamarle el justo por todas partes».

Temístocles, al triunfar, puso en práctica su programa, y, cinco años después, Atenas poseía doscientos modernos navios. El momento había llegado. El año 481 a. de J. C, Jerjes terminó sus preparativos bélicos.

EL    EXILIO: Algunos ciudadanos, envidiosos de la popularidad de Temístocles, convencieron a los atenienses de que aquél, ávido de poder, les quitaría la libertad. Y, condenado al exilio, huyó a la corte del rey persa Artajerjes, donde permaneció muchos años como huésped. En 461 a. de J. C, el rey persa decidió atacarnuevamente a Grecia. Conociendo la capacidad de Temístocles, lo invitó a asumir el mando de la flota. Éste no quería mostrarse ingrato para con el rey, pero de ningún modo podía traicionar a su patria. Es tradición que, en esa emergencia, el denodado ateniense se suicidó. Así, por segunda vez salvó la libertad de Atenas.

Fuente Consultada:
HISTORMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Edit. CODEX Los Griegos

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
LA SAGACIDAD DE TEMISTOCLES: Nacido en Atenas alrededor del año 525 antes de Cristo, Temístocles pertenecía a una familia pobre pero de ilustre ascendencia. Por ello pudo alcanzar, con su preclara inteligencia, altos cargos públicos. Su carrera tuvo comienzo poco antes de las guerras persas.

De carácter enérgico, pronto se reveló capacitado para influir sobre sus conciudadanos, entre muchos de los cuales gozaba de autoridad. De joven escuchaba distraídamente los consejos que le daban, tendientes a mejorar su conducta, su modo de conversar y su cultura. Pero no perdía sílaba si las sugerencias podían facilitar sus planes y enseñarle algo nuevo.

En aquellos tiempos, el imperio persa amenazaba otra vez la libertad de Grecia, a la que ya había intentado someter en el 490 a. de C. Temístocles intuyó que Atenas sólo podía salvarse de un nuevo ataque reforzando su flota, con la que hubiera defendido las costas de la península. Efectivamente : Grecia, que ofrece un gran desarrollo costero, se hallaba expuesta a los ataques del mar. Y solamente una poderosa marina de guerra podía alejar este peligro.

Convertido en jefe de Estado, hizo construir un gran puerto militar: El Pireo. Luego convenció a los atenienses de que renunciaran a las rentas de las minas de plata del monte Laurio, con el objeto de construir con ese dinero cien buques de guerra de los llamados «trirremes», porque son impulsados por tres hileras de remos. Comprometió a cada ciudadano rico a que tomara a su cargo, por el término de un año, todos los gastos de una nave.

En esa forma, las cien naves se construyeron en un año. No había mucho tiempo que perder, pues en 481 a. de C, el rey de los persas, Jerjes, emprendía la invasión de Grecia con un ejército inmenso: dicen que contaba con 1.500.000 soldados y 1.200 barcos de combate. Cuando ese ejército se detenía para alimentarse, la ciudad hospitalaria quedaba arruinada.

Para facilitar el paso de los tropas a Grecia, el rey había hecho construir dos puentes de buques sobre el Heles-ponto, el actual estrecho de los Dar-danelos. La flota griega se hallaba compuesta por unos 380 barcos de guerra y el ejército contaba con 75.000 soldados. El encuentro se presentaba, pues, desastroso para los griegos. Sólo el talento y la previsión de Temís-tocles pudieron salvar a Grecia de tan temible invasión.

Un ejército de 5.100 hoplitas, comandados por el rey de Esparta, Leónidas, había sido enviado al paso de las Termopilas para detener el avance del enemigo. Pero algunos griegos lo traicionaron, revelando a los persas un pasaje secreto que les permitió cercar a Leónidas, que se había quedado con sólo 300 espartanos para morir cumpliendo con su deber. A pesar de su heroica resistencia, Leónidas fue vencido y muerto. El camino estaba libre y Atenas fue saqueada.

LA BATALLA DE SALAMINA

Cuando los griegos conocieron la derrota de las Termopilas, reunieron la flota en las cercanías de la isla de Salamina, frente a Atenas. Las naves persas se acercaron y los griegos, aterrados por el gran número de adversarios, quisieron retirarse. Correspondió a Temístocles salvar la situación mediante una estratagema.

Envió a Jerjes un servidor de confianza. Este fingió ser un traidor» y confió al rey de los persas que los griegos se preparaban para huir a la mañana siguiente, de modo que debía atacarlos inmediatamente. En efecto, a la mañana siguiente los griegos se hallaron rodeados de buques persas. Temístocles había logrado que se vieran obligados a combatir.

Durante la lucha, los barcos persas se entorpecieron entre sí por su mismo número: al maniobrar chocaban unos con otros, averiándose, y se comunicaban el fuego de los incendios. En cambio, los buques griegos, más movibles, más bajos, se mostraron superiores y ganaron la gran batalla. La flota persa, diezmada, huyó hacia el Helesponto, y Temístocles pudo volver triunfante a Atenas, satisfecho de la victoria y rodeado de la admiración de los griegos. Era el año 180 antes de Cristo.

Resumen Historia de Grecia Antigua Periodos Historicos Los Griegos

Resumen de Historia de Grecia Antigua

Introducción: Desde el neolítico, la península griega está culturalmente ligada a las islas del Egeo y las costas occidentales de Asia Menor. Sus numerosos puertos naturales a lo largo de las costas y la gran cantidad de islas cercanas han contribuido al desarrollo de una civilización marítima homogénea. Pero su homogeneidad cultural no implicaba la política.  Los sistemas montañosos y los profundos valles dividieron la península en pequeñas unidades políticas y económicas, ligeramente mayores en extensión que una ciudad y su territorio circundante. Para una información más detallada sobre estas ciudades-estado, Atenas; Corinto; Esparta; Tebas.

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Prehistoria: Las planicies fértiles y lo valles regados por el Tigris y el Eúfrates (la media luna fértil) constituían en la antigüedad la región con el mayor potencial agrícola junto con los del Indo y los del Nilo.

Los restos arqueológicos indican que algunos primitivos pueblos del Mediterráneo, estrechamente ligados a las culturas del norte de África, habitaron las regiones meridionales del Egeo hasta bien entrado el periodo neolítico, antes del 4000 a. C. Estas pruebas muestran la evolución cultural desde la edad de piedra hasta la edad del bronce, que en Grecia empezó en el 3000 a. C.

Las primeras comunidades agrícolas del mundo se desarrollaron ahí: En Jericó se cultivaron cereales desde el 8000 a. C. Sin embargo, era una tierra que mantenía un delicado y frágil equilibrio necesitando una defensa constante, tanto de la naturaleza como de los predadores humanos del desierto por el Oeste y de las montañas a Norte y al Este.

A diferencia de las crecidas regulares y benévolas del Nilo, el flujo de estos ríos gemelos al subir por los montes Tauro al Este era irregular he imprescindible, con lo cual se producían casi condiciones de sequía un año y al otro violentas y destructivas inundaciones. Para tener algún tipo de control se necesitan diques, canales y una organización más compleja. Fue enfrentando estos desafíos como evolucionaron muchos de los logros más significativos de los inicios de la civilización.

A principios del III milenio a. C., la denominada civilización del Egeo evolucionó hasta niveles extremadamente altos. La civilización de la edad del bronce en el Egeo se dividía en dos culturas, cada una de ellas con sus propias etapas y subdivisiones cronológicas. Una, la civilización de Creta o minoica, ubicada en el centro de la isla de Creta, a sólo 660 Km al noroeste de Egipto y directamente relacionada con las rutas marinas hacia los antiguos países del Oriente Próximo.

La otra civilización, la Heládica (micénica, en su periodo más reciente), florecía al mismo tiempo en la porción continental de Grecia, concretamente en el Peloponeso. Sus grandes centros estaban en Micenas, Tirinto (cerca del actual Návplion) y Pilos. La cultura y el comercio cretense dominaron el Mediterráneo hasta después del año 1500 a. C., cuando Micenas tomó el relevo.

La cultura griega tiene sus orígenes en la civilización cretense, cuyos principios se remontan al tercer milenio a. C. los cretenses fueron los primeros en recorrer el Mediterráneo y llegaron a tener una flota poderosa, comerciaron con otros pueblos ubicados en tierras de los actuales países de Italia y España, produjeron vino, aceite, artículos de cerámica, etc. Que vendían al extranjero; la intensidad de su comercio le hizo adquirir la hegemonía en todo el Mediterráneo Oriental. Esta hegemonía fue marítima por esto se llama talstocracia (gobierno de mar).

Este poderío marítimo se extendió desde Roda y Chipre hasta los puertos fenicios de Biblos y Gadir hacia el 2000 a. C.C.

Los habitantes de la isla de Creta copiaron de los fenicios su escritura lineal, imitaron de los arquitectos babilonicos la construcción de sus palacios de Cnosos, Festos, Mallia, Faistos y Hagia Triada. Estas ciudades fueron erigidas durante la ultima época de Creta también denominada el apogeo de la civilización de Creta. En esta civilización la mujer jugo un papel muy importante pues adoraban a una diosa madre, a un dios de la luz y parece que también veneraban a sus reyes.

Cultivaron los deportes iniciando los grandes juegos que después se llamaron las olimpiadas en Grecia Continental. Se dedicaron especialmente al box, las carreras y las corridas de toros, que eran demostraciones de acrobacia donde estaba prohibido matar al toro. Estos pobladores adoraban a sus dioses en cavernas o pequeñas capillas no tenían el culto a los muertos pero creían en un más halla semejante al mundo.

Los habitantes de Creta provenían de la tribu de los Egeos quienes subsistieron en le continente europeo en Micenas y Tirinto y en el Asia Menor en Troya.

Troya estaba edificada casi en la entrada del estrecho de los Dardanedos en una colina que domina la llanura inferior del río Escandro denominada la roca de Pérgamo.

A finales del III milenio a. C.C. comenzaron una serie de invasiones de tribus del norte que hablaban una lengua indoeuropea. Existen pruebas de que estos pueblos del norte vivieron en la cuenca del río Danubio, al sudeste de Europa. De los primeros pueblos invasores, los más destacados, los aqueos, se habían visto con toda probabilidad obligados a emigrar presionados a su vez por otros invasores.

Los aqueos invadieron el sur de Grecia y se establecieron en el Peloponeso. Según algunos especialistas, un segundo pueblo, los jónios, se asentó principalmente en Ática, la zona central del este de Grecia y en las islas Cícladas, donde asimilaron la cultura de los pueblos heládicos. Los eolios, un tercer pueblo de características poco definidas, se asentaron en principio en Tesalia.

Grecia antigua: Los griegos daban el nombre de pelasgos a los primeros habitantes de su país. Estos labraban la tierra y se les atribuyo la fundación de las más antiguas poblaciones.

A fines del siglo XV se produce una civilización de pueblos más civilizados que hablan un dialecto indoeuropeo, es decir emparentado con los idiomas que hoy se hablan en Europa. Las inscripciones egipcias y los poemas homericos llaman a estos pueblos aqueos y son antecesores de los Helenos.

En el último periodo de la edad del bronce en Grecia (1500-1200 a. C.C.), el continente fue absorbiendo paulatinamente la civilización cretense. Hacia el 1400 a. C.C., los aqueos conquistaron y controlaron las islas y poco después también dominaron el continente, en especial la región de Micenas. Debido a las exhaustivas investigaciones de sus ruinas, la ciudad da su nombre a los antecesores aqueos, aunque también destacaron en importancia otras ciudades-estado. La guerra de Troya, descrita por Homero en la Iliada, comenzó alrededor del 1200 a. C.C. y probablemente fue uno de los conflictos bélicos que tuvieron lugar entre los siglos XIII y XII a. C.C. cuando la civilización micénica estaba en su apogeo. Puede que tuviera relación con la última y más importante invasión del norte, que ocurrió en aquel tiempo e introdujo la edad del hierro en Grecia.

La guerra de Troya fue generada por los pueblos de Asia quienes cometieron actos de piratería, entonces los griegos formaron una coalición para tomar venganza.

Antecedentes de la guerra de Troya: París hijo de Príamo rey de Troya robo Elena mujer de Menelao rey de Esparta y hermano de Agamenón rey de Micenas. Agamenón, para vengar el ultraje hecho a su hermano convoca a los príncipes griegos y fue elegido jefe de una flota confederada, que destruyo a Troya al cabo de diez años de sitio.

Después llegaron otros pueblos del norte que más tarde se llamaron los Helenos y conquistaron Grecia, luego se dividieron en otros cuatro grupos que son: Aqueos, Eolios, Dorios y Jonios. Con la invasión de los helenos termina la prehistoria griega y comienza su verdadera historia de este hecho el pueblo griego es denominado helénico.

Los dorios abandonaron las montañas del Epiro y descendieron al Peloponeso y a Creta, utilizando armas de hierro para conquistar y expulsar a los anteriores habitantes de estas regiones. Los dorios derrocaron a los monarcas aqueos y se asentaron sobre todo en las regiones meridionales y orientales de la península. Esparta y Corinto se transformaron en las principales ciudades dóricas. Muchos aqueos buscaron refugio al norte del Peloponeso, zona que más tarde se llamó Aquea. Otros resistieron duramente a los dorios, y tras ser sometidos, fueron reducidos a servidumbre y denominados ‘ilotas’. Los que lograron huir se refugiaron en el Peloponeso, se reunieron con sus parientes en Ática y en la isla de Eubea, pero después emigraron al igual que los eolios a las costas de Asia Menor.

En los siglos posteriores al 1200 a. C.C. la progresiva colonización de las costas de Asia Menor, primero por los refugiados procedentes de zonas ocupadas por los dorios y más tarde por los mismos dorios, convirtió la región en parte política y cultural de Grecia. Por cada una de las tres divisiones étnicas griegas se creó una gran confederación. La parte norte de la costa de Asia Menor y la isla de Lesbos formaban la Confederación Eólica. La Confederación Jónica ocupaba el distrito medio, llamado Jonia, y las islas de Quíos y Samos. Al sur de las islas de Rodas y Cos se estableció una Confederación Dórica. Varios siglos después (750-550 a. C.), el rápido aumento de la población, la escasez de alimentos, el florecimiento de la artesanía y el comercio y otros factores conllevaron una nueva oleada colonizadora. Se fundaron colonias en lugares tan lejanos como la costa oriental del mar Negro y Massilia (actual Marsella, Francia), y tuvieron lugar asentimientos en Sicilia y la parte meridional de la península Itálica. Esta última tenía tal densidad de población griega que se la conocía como laMagna Grecia.

A lo largo de al formación de Grecia se distinguen una Continental y otra Marítima.

Grecia Continental

También denominada Hélade, comprendía la parte inferior de la península de los Balcanes región caracterizada por ser la más montañosa de las tres penínsulas mediterráneas de Europa esta se unía con la península del Peloponeso (hoy Morea) por el istmo de Corinto. El territorio griego se hallaba entre los mares Egeo y Jonico, hacia el norte no se conocía una frontera natural pero según Estrabon (geógrafo griego), esta podía marcarse con una línea que iba desde el golfo de Arta hasta el golfo de Salónica.

El territorio de Grecia se caracterizo por presentar un conglomerado de montañas de rocas calcáreas y frecuentemente desnudas, las cuales se hallan separadas por valles estrechos y profundos o por llanuras, verdaderas cuencas de antiguos lagos donde abundan los olivares; entre tales llanuras podemos nombrar las de Tesalia, Tebas, Atenas, Argos y la Esparta.

Entre las montañas más celebres podemos nombrar el Pindo, el Olimpo, el Osa, el Pelión, el Parnasó, el Helicón, el Himeto y el Pentélico.

En Peloponeso se alza la alta planicie de Arcadio terminada hacia el sur por la poderosa cadena del Taigeto.

Grecia marítima  

Grecia tenia una posición marítima privilegiada pues presentaba posibilidades de comunicación marítima a lo largo de todo el territorio gracias a sus golfos, entre los cuales los más relevantes son de Corinto y de Egina, que apenas estaban separados por una lengua de tierra de 5 Km. Grecia poseía mas de 2000 Km de costa, de manera que no existía cantón o república que no tuviese bahías y promontorios bañados por el mediterráneo.

Grecia estaba envuelta por las islas algunas tan próximas del continente que parecen su prolongación, lo cual sucede con la Eubea, y las Cícladas esparcidas por el mar Egeo lasque señalaban el paso entre Europa y la Costa de Asia, donde otros griegos poblaban las grandes islas de Lesbos, Quío, Samos, y Rodas.

El mar formo marinos y comerciantes poniendo a los griegos en contacto con todos los pueblos de oriente de quienes tomo los primeros elementos de civilización. El mar fue el que les dio riquezas e hizo que estados de muy corta extensión, reducidos casi a una ciudad, fueran el centro de verdaderos imperios mediterráneos.

  La época arcaica

Hacia el año 1100 a. C.C. penetraron en el territorio Griego los Dorio llegando a constituir la cultura centromiceníca. . es en esta época cuando empieza la llamada «edad media griega» y fue una larga etapa de formación que se prolongo hasta el siglo VIII.

Uno de los procesos más importantes que se dieron fue el de la formación de los estados griegos, surgidos de la fusión entre la población indígena y los invasores.

Abarcaban pequeñas comarcas con una ciudad como centro, la Polis. En general, todos ellos pasaron por etapas parecidas en cuanto a la evolución de su forma de gobierno. Al comienzo de esta época eran monarquías, a las que sucedió un gobierno aristocrático que en buen parte de ellos derivo hacia la democracia.

La expansión comercial, el crecimiento demográfico y el endeudamiento del campesinado, entre otros motivos, obligaron a los griegos a abandonar sus lugares de origen, se instalaron tanto en Oriente como en Occidente y fundaron colonias; hubo dos clases de colonias: las plazas comerciales y las agrarias, mantenían fuertes lazos culturales con la metrópoli, pero disfrutaban de una total independencia político administrativa.

La expansión por Oriente la realizaron en dos etapas. En la primera colonizaron las islas del Egeo y las costas del Asia menor. En la segunda, tras conquistar el norte del Egeo y el Helesponto, llegaron hasta Crimea y el mar de Asov. Los griegos llegaron incluso hasta el país del Nilo, en cuyo delta instalaron también una factoría. Seguidamente se dirigieron hasta Occidente. Fundaron colonias en Sicilia y en el sur de Italia, en un área que fue conocida con el nombre de Magna Grecia. Llegaron hasta las costas del Mediterráneo español donde entraron en contacto con Tartesos, y las del sur de Francia.

Estas colonias en parte de poblamiento y en parte puramente comerciales, difundieron la tecnica y el arte Helénicos

  Periodo helénico

Una vez finalizadas las grandes migraciones al Egeo, los griegos desarrollaron una orgullosa conciencia racial. Se llamaban a sí mismos ‘helenos’, nombre derivado, según Homero, de una pequeña tribu del sur de Tesalia. El término griegos, empleado por posteriores pueblos extranjeros, provenía nominalmente de Grecia, nombre en latín de una pequeña tribu helénica del Epiro con la que los romanos tuvieron contactos. Al margen de la mitología, que era la base de una compleja religión, los helenos desarrollaron una genealogía que remontaba sus orígenes a héroes con carácter semidivino.

A pesar de que los pequeños estados helénicos mantenían su autonomía, seguían un desarrollo similar en su evolución política. En el periodo pre-helénico los jefes de las tribus invasoras se proclamaron monarcas de los territorios conquistados. Entre el 800 y el 650 a. C.C. estas monarquías se fueron sustituyendo por oligarquías de aristócratas, ya que las familias nobles compraban las tierras y éstas eran la base de todo su poder y riqueza. Cerca del año 650 a. C.C., muchas de estas oligarquías helénicas fueron sustituidas por plebeyos enriquecidos o aristócratas desafectos, llamados tiranos. La aparición de las tiranías se debió sobre todo a un factor económico. El descontento popular surgido frente a las aristocracias se había convertido en un importante factor político a causa del aumento de la esclavitud de los campesinos sin tierras; la colonización y comercio en los siglos VIII y VII a. C.C. aceleró el desarrollo de una próspera clase de comerciantes, que supieron aprovecharse del gran descontento para reclamar el reparto del poder con los aristócratas de las ciudades-estado.

Estructura Económica

  Se constata una clara especialización del trabajo que favorece la acumulación de excedentes y el intercambio. La base económica era la agricultura siendo la propiedad de la tierra la base del poder. Cultivaban la trilogía mediterránea (cereales, olivo, vid). Con arados y utensilios similares a los actuales. Poseían huertas y plantas industriales (lino, esparto).

La agricultura se completaba con la ganadería: ovejas, cabras, cerdos, bueyes, de los que obtenían carne, leche, lana, fuerza de trabajo. A destacar los caballos símbolo de prestigio para la aristocracia y de cara a la guerra. Las actividades depredatorias (caza, recolección, pesca) continuaron. La arqueología y restos cerámicas dan también importancia a la pesca. Conocían la metalurgia y las minas proporcionaron las materias primas con las que comercian con los colonizadores. Eran excelentes orfebres y fabricantes de armas, entre los que destaca la Farcata (espada corta).

La cerámica era muy importante para el transporte y el almacenamiento siendo decorado con motivos geométricos o figuras.

Los objetos de alfarería comunes que en enorme cantidad salieron de las necrópolis griegas así como las pinturas de los vasos provenientes de Troya, Micenas, Tirinto y Creta así como de las necrópolis de Atica, Beosia, Tesalia y las de las Ciclades, construidos con materias muy distintas como los vasos barnizados y esmaltados, los vasos de cristal, los vasos de mármol y los grandes vasos decorativos así como los de oro y plata sirvieron para comerciar con los pueblos bárbaros que rodeaban esta civilización. A parte de las demás industrias griegas como ser la agricultura, el tejido, y otras la alfarería era la más importante de la época.

Durante la época de Solón este tuvo la idea de suplir la insuficiencia de los recursos agrícolas favoreciendo el desarrollo de los oficios. Por eso la ciudad, primero pequeña y pobre, llega alcanzar una gran prosperidad. Sus habitantes sacaron del Laurium, montaña inmediata ha Atenas grandes cantidades de plata esa pequeña riqueza les permitió crear industria, comercio y marina. La población buscó en estas vías nuevas la fortuna que la esterilidad del suelo les negaba. Los extranjeros llegaron a ser ciudadanos a condición de llevar al Atica una industria que fuese desconocida allí. En todas partes se fundaron fábricas de muebles, armas, tejidos, y sobre todo alfarería. Atenas llegó hacer desde entonces una población marítima manufacturera renombrada por el buen gusto y la elegancia de sus productos.

Los griegos para mejorar su comercio marítimo mejoraron extraordinariamente los antiguos y lentos barcos que iban a través del Egeo fondeando en cada isla, se construyeron mejores puertos, se los protegió con diques, se construyo el Diolcos, cuyos restos todavía existen, este permitía cruzar el istmo de Corinto, rodando los barcos sobre cilindros de manera, etc. En el siglo octavo los puertos griegos están en todo el mediterráneo. Allí acuden los colonos a comprar y vender. Compran lo que después revenderán a los bárbaros de alrededor y venden lo que les han comprado así se completo la obra de la moneda.

  Acuñación de moneda

Del latín moneta, apodo de la diosa Juno, cuyo templo en Roma se utilizaba para acuñar monedas.

La idea de moneda pertenecía a los babilonios y a los hititas, pero éstos no dividían el metal en secciones de valor determinado ni pensaron en controlar el valor intrínseco del metal.

Los griegos son los primeros que reemplazan las marcas groseras que certifican el valor con sellos de valor artístico. Como vimos, la moneda facilito los cambios y los prestamos. Convertida pronto en otra mercancía, sufre todas las alternativas de una mercancía. Termina por ser la mercancía por excelencia: ya la posesión de la tierra no es el signo de la riqueza lo es la posesión de metal amonedado.

Entonces los nobles abandonan el campo para especular, como vimos, con la moneda, para formar capitales que realizan empresas antes imposibles: crear talleres explotar minas, equipa flotas. El campo

Abandonado por el capital es abandonado por sus victimas, obligadas a serlo ahora en la ciudad.

Las ciudades crecen en especial las que tienen las condiciones que exige la nueva economía: posibilidades industriales y comerciales. Por esto progresan los puertos. Ya las ciudades son mucho más que los caseríos mas o menos pobres. Los nobles que gobiernan ahora las ciudades quieren tener seguridad y vivir con gusto: construyen monumentos y murallas de defensa. Pero las calles se llenan de una multitud de desheredados, obreros o que esperan serlo, que miran con creciente rencor lo que para ellos es injusta diferencia.

Entre tanto en los campos aparece una nueva clase la de los labradores enriquecidos. Estos aplicaran casi toda la tecnica de los que tenían tierras heredadas: compraran otras y buscaran todos los modos acrecer su capital.

La Casa de la Moneda es el lugar donde se diseñan, graban y fabrican las monedas, que son medios de pago de curso legal, es decir, dinero. Antes de la aparición de las monedas, el comercio se llevaba a cabo mediante el intercambio de bienes (trueque) o utilizando lingotes de oro y plata. Este sistema resultaba poco práctico porque era necesario pesar y evaluar la calidad del metal, en cada intercambio se establecía el valor de los lingotes, por lo que se dificultaba el crecimiento del comercio y la industria. La invención del sistema de acuñación de monedas, cuyo valor era siempre el mismo, resolvió los inconvenientes anteriores.

Historia de la acuñación

Se cree que las primeras monedas acuñadas con carácter oficial aparecieron durante el siglo VI a. C.C. en la zona de Lidia (en Asia Menor) y en China. A partir de entonces empezaron a surgir monedas en Grecia y en otras ciudades-estado. Sin embargo, con el Imperio romano se empezó a acuñar una única moneda, homogeneizando los tamaños, pesos y valores de todas las monedas existentes, y prohibiendo la acuñación de monedas por parte de individuos particulares, pues era monopolio del Estado. China conservó su sistema de acuñación homogénea centralizada durante su época imperial, pero con la desintegración del imperio empezaron a surgir distintas monedas en los diferentes principados.

Los genos

Más parecidos a la familia son verdaderos clanes. Dentro de ellos, en efecto, el padre tenia autoridad absoluta puesto que era el interprete de los dioses; la propiedad, por otra parte, era colectiva. La unidad del clan conducía a curiosas consecuencias: la ofensa hecha a un individuo se consideraba hecha al clan.

Varios clanes se reunían fratrias y estas en tribus, pero los genos mantenían su autonomía dentro de esas confederaciones.

Las ciudades-estado

Poco a poco comienzan sin embargo a agruparse las chozas de los genos; los caseríos aumentan, pero, sobre ser poco importantes no están suficientemente adheridos al suelo.

Grecia estaba formada por una serie de ciudades estado independientes, gobernadas por oligarquías aristocráticas, el aislamiento geográfico impuesto por el territorio que ocupaban y la necesidad de agruparse para defenderse de las invasiones explicaba la formación por los griegos de estas ciudades estado. Aunque eran independientes, a menudo se unían en una liga dentro de la cual la más importante acababa por imponerse. Las dos polis más importantes fueron Atenas y Esparta. Esparta cuido por encima de todo su poderío militar descuidando el arte y las actividades económicas, redujeron a los vencidos a la esclavitud (ilotas) la población se componía de Dorios, Periecos e Ilotas; los primeros conservaron supremacía mediante las armas.

Esparta contó con dos reyes de poder ilimitado y veintiocho ancianos guiados por cinco Eforos, que formaban el senado, el cual monopolizaba todo el poder volviéndose verdaderos amos del estado.

La guerra era el único móvil de la educación, Esparta quiso imponer su fuerza desde un principio, Mesenia le resistió heroicamente, pero fue vencida, después organizó una liga en Peloponeso, de la cual fue jefe.

Los ciudadanos espartanos gozaban de enormes privilegios sobre los indígenas sometidos (iliotas y periecos). Estaban gobernados por reyes de familias diferentes, que se transmitían el cargo por herencia, la monarquía se mantuvo en Esparta hasta la total decadencia de la polis.

Atenas la capital del Atica careciendo de militarismo se convirtió en el motor del mundo Griego. Desarrolló el modelo más perfeccionado democracia limitada y puso las bases de la sociedad Occidental. Sus habitantes proclamaron la independencia, la libertad y la igualdad.

El gobierno comprendió: los Arcontes, el Areopago y el consejo de los cuatrocientos, dividió el pueblo en cuatro clases según su fortuna. Las leyes de Solón suavizaron las costumbres i aseguraron la libertad

En los primeros siglos del primer milenio, Atenas tuvo un papel secundario con una economía basada en la agricultura y el pastoreo. A partir del siglo VI el desarrollo del comercio hizo posible su futura importancia. Cuando Atenas inicio su decadencia, Esparta no pudo sustituirla.

Junto a estas dos grandes ciudades destacaron también Samos, Mileto, Delos, Argos Epiduro, Corinto, Egina, Calcis, Eritrea y Tebas.

El gobierno de los mejores

Los reyes perdieron el poder a favor de la aristocracia que eran los más capacitados para dirigir, poseían tierras y podían adquirir las armas imprescindibles para defender la ciudad, los que ostentaban el poder se llamaban Arcontes, al principio el cargo era vitalicio, hasta que en el siglo VIII a. C.C. su gobierno se limitó a una década. Antiguos Arcontes de conducta irreprochable formaban el Areópago, un tribunal que juzgaba causas civiles y militares; las otras dos instituciones eran la Bulé, de carácter legislativo formada por 400 ciudadanos elegidos anual mente, y la ecclesia constituida por todos los ciudadanos y que votaba las leyes presentadas por la Bulé.

A finales del siglo sexto se promulgó la primera legislación de la ciudad de Atenas, el código de Dracón. Solón realizó una serie de reformas que podían considerarse como un intento de organizar una democracia, suprimió la esclavitud por deudas y terminó la lucha entre los grandes propietarios y la burguesía. Estas reformas no fueron duraderas.

Atenas, al igual que otras muchas ciudades griegas, vivió bajo el gobierno de un tirano que por el empuje de las clases populares facilitó su ascensión al gobierno; paradójicamente estos abrieron el paso hacia la democracia, el tirano más importante fue Pisístrato (560-527 a. C.C.) quien hizo posible el poderío posterior de esta polis

Democracia ateniense

La reforma de Clistenes (510) fue un paso decisivo para la democratización, distribuyó los demos del Atica en diez tribus eliminando la división anterior entre el campo, la costa y la montaña; creo el consejo de los 500 que proponían las leyes y era la suprema autoridad administrativa, la democracia griega llego a su máxima expresión con Pericles (443-430)

Pero la democracia griega era restringida de los 400000 habitantes que tenia Atenas en el siglo V a. C.C. solo la décima parte gozaba de los derechos civiles y políticos, los organismos de la democracia Ateniense era la ecclesia y el Bulé, Pericles logro que las decisiones políticas y las concesiones de derechos pasaran por estas instituciones y por el tribunal popular de los heliastas. Por primera vez los miembros de setos dos tribunales cobraron dietas, que eran pagadas con los tributos federales; la evolución democrática concluyó con la admisión de los miembros de la tercera clase, los zeugitas entre los Arcontes. La responsabilidad política había pasado de la aristocracia a los ciudadanos.

Las tiranías

La era de los tiranos griegos (650-500 a. C.) destaca por los avances logrados en la civilización helénica. El título de tirano implicaba el acceso ilegal al poder, no el abuso del mismo. En general, tiranos como Periandro de Corinto, Gelón de Siracusa y Polícrates de Samos (reinó entre 535 a. C.-522 a. C.) fueron gobernantes sabios y populares. El comercio y la artesanía prosperaron. Con el nacimiento de la fuerza política y económica llegó el florecimiento de la cultura helénica, de un modo especial en Jonia, donde empezaba a surgir la filosofía griega con Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes. El desarrollo de objetivos culturales comunes a todas las ciudades helénicas fue uno de los factores que dieron cierta cohesión a la antigua Grecia a pesar de la división política existente. En este sentido contribuyó la lengua griega, cuyos muchos dialectos se entendían en cualquier parte del país o en cualquier colonia. El tercer aspecto a tener en cuenta fue la religión griega que todos los helenos compartían: el santuario de Delfos fue el mayor y más respetado. En torno a la religión, los griegos también tenían cuatro festivales nacionales, llamados juegos (los olímpicos, los ístmicos, los pitios y nemeos).

Los Juegos Olímpicos eran tan importantes que muchos griegos remontan sus cálculos históricos a la Primera Olimpiada (el periodo de cuatro años entre la celebración de los Juegos Olímpicos) celebrada en el año 776 a. C. Relacionada con la religión, en origen al menos, estaba la Liga de Anfictionía, organización de tribus helenas que se creó para la protección y administración de los santuarios.

De la democracia a la monarquía

Las ciudades-estado se unificaron en cierta medida. Entre los siglos VIII y VI a. C., Atenas y Esparta se habían convertido en las dos ciudades hegemónicas de Grecia. Cada uno de estos grandes estados absorbió a sus débiles vecinos en una liga o confederación dirigida bajo su control. Esparta, estado militarizado y aristocrático, estableció su poder a base de conquistas y gobernó sus estados súbditos con un control muy estricto. La unificación del Ática, por el contrario, se realizó de forma pacífica y de mutuo acuerdo bajo la dirección de Atenas; se otorgó la ciudadanía ateniense a los habitantes de las pequeñas ciudades. Los nobles, o eupátridas, abolieron en el 638 a. C. la monarquía hereditaria y gobernaron Atenas hasta mediados del siglo VI a. C.

Los eupátridas retuvieron autoridad plena gracias a su poder supremo para disponer de la justicia, a menudo de forma arbitraria. En el 621 a. C. el político Dracón (finales del siglo VII a. C.) codificó la ley ateniense, por la que el poder judicial de los nobles quedaba limitado. Un segundo revés para el poder hereditario de los eupátridas fue el código del político y legislador ateniense Solón de 594 a. C., que no era sino una reforma del código draconiano y que otorgaba la ciudadanía a las clases bajas. Durante el brillante y prudente mando del tirano Pisístrato, las formas de gobierno empezaron a adoptar elementos democráticos. Hipias e Hiparco, hijos de Pisístrato, heredaron el poder de su padre pero fueron más déspotas. Hipias, que murió después que su hermano, fue expulsado por una insurrección popular en el 510 a. C. Durante el consiguiente conflicto político, los partidarios de la democracia obtuvieron, bajo el mando del político Clístenes de Sición, la victoria total y, alrededor del 502 a. C., comenzaba una nueva etapa política, basada en principios democráticos.

El comienzo del gobierno democrático supuso el más brillante periodo de la historia de Atenas. Florecieron el comercio y la agricultura. Más aún, el centro de las artes y la cultura intelectual, que entonces estaba en las ciudades de la costa de Asia Menor, pronto se trasladó a Atenas.

Estados en guerra

Hacia el siglo V los políticos de las ciudades estado se habían polarizado hasta llegar a la confrontación entre Esparta y Atenas a comienzos de este siglo, Atenas y Esparta dejaron de lado sus diferencias para enfrentar la invasión de la Persia Aqueménida. Una fuerza expedicionaria Persa fue derrotada por Atenas en Maratón en el año 490 a. Dies años después, una confederación encabezada por Atenas y Esparta derrotó a una invasión mucho mayor en la batalla naval de Salamina y en la batalla terrestre de Platea, al año siguiente las decadas posteriores a esta espectacular victoria fueron testigo del poder economico y naval de Atenas para edificar una supremacía sobre algunos de sus antiguos aliados maritimos, esto llevo inevitablemente, a una ultima prueba de fuerza con Esparta y sus aliados.

 

La encarecida guerra del Peloponeso, que duró 27 años (431 – 404 a. C.) es relatada con suma maestria por el historiador Tucídides, esta guerra finalizó con la derrota de Atenas sí bien esta fue la época de oro para Atenas (siglo XV a. C.) las tragedias de Esquilo, Sófocles, la arquitectura del Partenón, etc. Que florecieron en este siglo, es por estas extraordinarias obras que la civilización griega a trascendido en el tiempo.

El siglo IV se inició con intrigas entre las ciudades estado griegas, Tebas arrebató la supremacía a Esparta en la batalla de Leuctra 371 a. C.; sin embargo a pesar del surgimiento i caida de estados individuales no existía una egemonia duradera, la cual fue impuesta por el poder de Macedonia, su poder aumentó progresivamente durante el siglo IV hasta que el año 338 a. C. en la batalla de Queronea Filipo de Macedonia puso fin a la libertad griega.

Las Guerras Médicas

Creso, rey de Lidia, conquistó las colonias griegas de Asia Menor en el 560 a. C., en la primera parte de su reinado (560 a. C.- 546 a. C.). Creso fue un gobernador moderado, respetuoso con los helenos y aliado de Esparta; el gobierno lidio estimuló la vida económica, política e intelectual de las colonias. En el 546 a. C., Creso fue expulsado del trono por Ciro II el Grande, rey de Persia. A excepción de la isla de Samos, que se defendió con tenacidad, las ciudades griegas de Asia y las islas costeras pasaron a formar parte del Imperio persa.

En el 499 a. C., Jonia, ayudada por Atenas y Eretria, se volvió contra Persia. Los rebeldes tuvieron éxito, en principio, y el rey Darío I el Grande de Persia juró vengarse. Sofocó la revuelta en el 493 a. C. y, tras saquear Mileto, restableció su control absoluto sobre Jonia. Un año después, Mardonio, yerno del rey, condujo una gran flota persa para conquistar Grecia, pero casi todas sus naves fueron hundidas en el cabo de Athos. Al mismo tiempo, Darío envió emisarios a Grecia para pedir muestras de sumisión a todas las ciudades-estado.

Aunque la mayoría de los pequeños reinos consintieron, Esparta y Atenas se negaron y mataron a los emisarios persas en señal de desafío. Darío, encolerizado por tal ofensa, así como por la pérdida de su flota, preparó una segunda expedición que partió en el 490 a. C. Después de destruir Eretria, el ejército persa avanzó hacia la llanura de Maratón, cerca de Atenas. Los dirigentes atenienses pidieron ayuda a Esparta, pero el mensaje llegó durante la celebración de un festival religioso que prohibía a los espartanos abandonar la ciudad. Sin embargo, el ejército ateniense, bajo el mando de Milcíades el Joven, obtuvo una increíble victoria sobre una fuerza persa tres veces mayor que la suya.

Inmediatamente Darío dispuso una tercera expedición; su hijo, Jerjes I, quien le sucedió en el 486 a. C., reunió uno de los mayores ejércitos de toda la época antigua. En el 481 a. C., los persas cruzaron sobre un puente de naves el estrecho del Helesponto y marcharon en dirección al sur. La primera batalla tuvo lugar en el paso de las Termópilas, en el 480 a. C., donde el rey espartano Leónidas I y varios miles de soldados defendieron heroicamente el estrecho paso. Un traidor griego condujo a los persas a otro paso que permitía a los invasores acceder al primero por la retaguardia espartana.

Leónidas permitió a la mayoría de sus hombres retirarse, pero él y una fuerza de 300 espartanos y 700 téspidas resistieron hasta el final y fueron aniquilados. Los persas marcharon entonces sobre Atenas e incendiaron la ciudad abandonada. Mientras, la flota persa persiguió a la griega hasta Salamina, isla situada en el golfo de Egina (hoy, golfo Sarónico), cerca de Atenas. En la contienda naval que siguió, menos de 400 barcos griegos, al mando del político y general ateniense Temístocles, derrotaron a 1.200 embarcaciones persas. Jerjes I, que había presenciado la batalla desde su trono de oro en una colina sobre el puerto de Salamina, huyó a Asia. Al año siguiente, 479 a. C., el resto de las fuerzas persas fueron destruidas en Platea y los invasores fueron expulsados definitivamente.

Hegemonía de Atenas

Como resultado de su brillante liderazgo durante las guerras médicas, Atenas se convirtió en el estado más influyente de Grecia. Más aún, las guerras demostraron la creciente importancia de su poder naval, especialmente tras la batalla de Salamina. Esparta, hasta entonces el mayor poder militar de Grecia, perdió su prestigio en favor de la flota ateniense. En el 478 a. C., un gran número de estados griegos formaron una alianza voluntaria, la Liga de Delos, para expulsar a los persas de las ciudades griegas de Asia Menor. Atenas encabezó la alianza. Las victorias de la Liga, al mando del general Cimón, liberaron las costas de Asia Menor del dominio persa. No obstante, Atenas extendió su poder sobre otros miembros de la Liga de tal manera que, más que en sus aliados, se convirtieron en sus súbditos. Los atenienses exigieron un tributo a sus antiguos confederados y cuando Naxos intentó retirarse de la Liga, las fuerzas atenienses arrasaron la ciudad.

El periodo de hegemonía ateniense durante el siglo V a. C. es denominado como la ‘Edad de Oro de Atenas’. Bajo el mando de Pericles, la ciudad alcanzó su máximo esplendor. La Constitución, reformada hacia una democracia interna, contenía cláusulas tales como el pago por los servicios del jurado, lo que permitía a los ciudadanos más pobres ser parte de tal institución. Pericles se propuso hacer de Atenas la ciudad más bella del mundo.

Se construyeron el Partenón, el Erecteion y otros grandes edificios. El teatro griego alcanzó su máxima expresión con las obras trágicas de hombres como Esquilo, Sófocles y Eurípides, y el autor de comedias Aristófanes. Tucídides y Heródoto fueron famosos historiadores, y el filósofo Sócrates fue otra figura de la Atenas de Pericles quien hizo de la ciudad un centro artístico y cultural sin rival.

La edad de oro de Grecia

Grecia, pese a sus continuas guerras, fue la cuna de una extraordinaria cultura. Los escultores griegos Fidias y Praxiteles nunca fueron superados. El que sube a la Acropolis ciudad alta descubre la armonía perfecta de las líneas puras en la esbeltez de las columnas que, a pesar de estar semiderruidas aun ofrecen un espectáculo de maravilla

Las letras y las artes brillaron durante el siglo de Pericles, Esquilo primer gran poeta dramático de Atenas dio a conocer sus ultimas producciones en el preciso instante en que Pericles empezaba a imponerce; se destacaron también Sófocle, Aristófanes, Herodoto (padre de la historia).

Hipócritas fundó la ciencia medica basada en principios que aun hoy permanecen en vigor

Las artes del siglo de Pericles fue labrada más que por una simple administración, por el resplandor de las letras y las artes, cuyas ruinas aun dan la impresión de que jamas mortal alguno estuvo tan próximo a la perfección de la belleza, con la ayuda de Fidias ilustre artista elevó magníficos templos como el Partenón, los Propíleos y el Odeón. En ciertos pórticos de Atenas y de Delfos, podían contemplarse maravillosas pinturas de Polignoto, Zeuxis y Apeles considerados como los pintores más celebres de Grecia.

Guerra del Peloponeso

 A pesar de la excelente situación interna de la ciudad, la política exterior de Atenas no era buena. Surgieron fricciones entre los descontentos miembros de la Liga de Delos, supervisada por Atenas; Esparta además envidiaba tal esplendor. Desde el 550 a. C. se había fundado otra liga entre las ciudades del Peloponeso dominada por Esparta. Esta Liga del Peloponeso empezó a oponerse a Atenas activamente. En el 431 a. C., se produjo el enfrentamiento entre Atenas y Esparta con motivo de la ayuda ateniense a Corcyra (hoy Corfú) durante la disputa que ésta mantenía con Corinto, aliado de Esparta.

La Guerra del Peloponeso, sostenida entre las dos grandes confederaciones, duró hasta el 404 a. C. y concluyó con el establecimiento de la hegemonía espartana sobre Grecia. Al final de la guerra, Esparta promovió la oligarquía llamada de los Treinta Tiranos para gobernar Atenas. Se crearon similares cuerpos regentes en las ciudades e islas de Asia Menor. Pronto el dominio espartano se mostró más duro y opresivo que el de Atenas. En el 403 a. C., los atenienses, bajo Trasíbulo, se sublevaron y expulsaron a la guarnición espartana que había apoyado a los oligarcas, y restauraron la democracia y la independencia. Otras ciudades griegas también se rebelaron contra la hegemonía espartana.

Predominio de Esparta y Tebas

Esparta : Logrado el triunfo, Lisandro apareció como todo poderoso y estableció por doquier gobiernos aristocráticos iguales a los de Esparta entregó el poder en Atenas a los treinta tiranos. Los proyectos revolucionarios internos causaron la ruina de Lisandro que fue destituido por los Éforos y luego los treinta tiranos no tardaron en volverse odiosos por sus crueldades y proscripciones. Trasíbulo desterrado ateniense recuperó la ciudad y restableció la democracia.

Tebas : Esparta no disfrutó mucho de su predominio; Tebas ciudad que hasta entonces desempeñaba un papel secundario en Grecia se levantó contra Esparta.

Dos hombres de talento Pelópidas y Epaminondas se encargaron de esta lucha desigual y le dieron a su patria un momento de inmortal grandeza. En el año 371 Esparta fue vencida en Leuctra y mientras Pelópidas invadía tres veces consecutivas el Peloponeso, Epaminondas hacia sentir su potencia en Tesalia y Macedonia.

Pelopidas fue muerto el 364 y Epaminondas que había invadido por cuarta ves el Peloponeso logrando otra resonante victoria en Mantinea encontró también la muerte en el escenario del triunfo. Con la desaparición de estos ilustres jefes Tebas perdió su grandeza luego sobrevino una especie de acuerdo entre Esparta, Tebas y Atenas que les permitió disfrutar de la paz.

Nuevas alianzas

Los estados griegos empezaron a buscar por separado la ayuda de su tradicional enemigo, Persia. En el 399 a. C., los ejércitos persas saquearon la costa de Asia Menor, provocando que Esparta enviara un ejército. Aunque éste tuvo cierto éxito, se vio obligado a regresar en el 395 a. C. para hacer frente a la coalición de Argos, Atenas, Corinto y Tebas. El conflicto que siguió, las Guerras Corintias, continuó por medio de pequeñas contiendas y escaramuzas hasta el 387 a. C., cuando Esparta, aliada de Persia, impuso la Paz de Antálcidas sobre sus discrepantes estados súbditos. Según las condiciones del asentamiento persa-lacedemonio, se cedía toda la costa oeste de Asia Menor a Persia y se otorgaba la autonomía a las ciudades-estado de Grecia. A pesar del acuerdo, Esparta invadió Tebas en el 382 a. C. y tomó la ciudad de Olinto, al norte.

El general de Tebas Pelópidas, respaldado por Atenas, dirigió tres años después un levantamiento que expulsó a las fuerzas de ocupación espartanas. La guerra entre Esparta y Atenas, aliada con Tebas, continuó y llegó a su fin con la batalla de Leuctra, en el 371 a. C., en la que los tebanos, al mando de Epaminondas, derrotaron por completo a sus enemigos y pusieron fin definitivamente a la dominación espartana. Tebas, en virtud de su victoria, se convirtió en el primer estado de Grecia, e inauguró un periodo de malestar civil y miseria económica resultado de las luchas previas. Atenas, en concreto, se negó a someterse a la supremacía de Tebas y, en el 369 a. C., se alió con Esparta. Para mayor inseguridad, la hegemonía de Tebas dependía principalmente de la brillante regencia de Epaminondas y cuando éste murió, en la batalla de Mantinea (362 a. C.), Tebas se vio privada de su breve hegemonía.

Supremacía de Macedonia

  Durante este periodo de luchas por la hegemonía en Grecia, Macedonia, al norte de Tesalia, comenzaba su política de expansión. Filipo II, rey de Macedonia en el 359 a. C., gran admirador de la civilización griega, era consciente de su gran debilidad y la falta de unidad política macedonia. Inmediatamente después de subir al trono, Filipo anexionó las colonias del sur de Grecia, en la costa de Macedonia y Tracia, y se propuso convertirse en el dueño de la península. Su astucia en las artes políticas y el apoyo de las fuerzas macedonias contribuyeron al logro de sus ambiciones, a pesar de la oposición de muchos políticos griegos, liderados por el ateniense Demóstenes. En el 338 a. C. Filipo derrota al ejercito griego en Queronea era lo suficientemente poderoso como para convocar un congreso de todos los estados griegos, en el que reconocieron la superioridad de Macedonia en la península y nombraron a Filipo comandante en jefe de las fuerzas griegas. Un año después, un segundo congreso declaraba la guerra a Persia, su enemigo tradicional. Filipo empezó a preparar la campaña en Asia, pero fue asesinado en el 336 a. C. Su hijo, Alejandro III el Magno, de veinte años, se convirtió en su sucesor.

Alejandro III el Magno (356-323 a. C.), rey de Macedonia (336-323 a. C.), conquistador del Imperio persa, y uno de los líderes militares más importantes del mundo antiguo.

Su nacimiento coincidió con extraños sucesos. Ese día mientras Eróstrato, un loca, incendiaba uno de los más celebres santuarios, una de las maravillas del mundo. El templo de Diana en Efeso, Filipo II recibía la noticia de tres victorias en los juegos olímpicos.

Las primeras conquistas

Alejandro nació en Pela, la antigua capital de Macedonia; era hijo de Filipo II, rey de Macedonia, y de Olimpia, princesa de Epiro. Aristóteles fue su tutor, enseñándole retórica y literatura, y estimuló su interés por la ciencia, la medicina y la filosofía. En el verano del año 336 a. C. Filipo fue asesinado y Alejandro ascendió al trono de Macedonia. Se encontró rodeado de enemigos y se vio amenazado por una rebelión en el extranjero. Alejandro ordenó la ejecución de todos los conspiradores y enemigos nacionales. Marchó sobre Tesalia, donde los partidarios de la independencia habían obtenido el control, y restauró el dominio macedónico. Hacia finales del verano del 336 a. C. había restablecido su posición en Grecia y un congreso de estados en Corinto lo eligió comandante del Ejército griego para la guerra contra Persia. En el 335 a. C. dirigió una campaña brillante contra los rebeldes tracios cerca del río Danubio. A su regreso a Macedonia, reprimió en una sola semana a los hostiles ilirios y dardanelos cerca del lago Pequeño Prespa y después se dirigió hacia Tebas, que se había sublevado. Tomó la ciudad por asalto y arrasó sus edificios, respetando sólo los templos y la casa del poeta lírico Píndaro, esclavizando a unos treinta mil habitantes capturados. La rapidez de Alejandro en reprimir la sublevación de Tebas facilitó la inmediata sumisión de los otros estados griegos.

La creación de un imperio

Alejandro comenzó su guerra contra Persia la primavera del 334 a. C. al cruzar el Helesponto (actualmente Dardanelos) con un ejército de unos 365.000 hombres de Macedonia y de toda Grecia; sus oficiales jefes eran todos macedonios, incluidos Antígono (más tarde Antígono Monoftalmos), Tolomeo (más tarde Tolomeo I) y Seleuco (más tarde Seleuco I). En el río Gránico, cerca de la antigua ciudad de Troya (en la actual Turquía), atacó a un ejército de 40.000 persas y griegos hoplitas (mercenarios). Sus fuerzas derrotaron al enemigo y, según la tradición, sólo perdió 110 hombres; después de esta batalla, toda Asia se rindió. Al parecer, en su camino a través de Frigia cortó con su espada el nudo gordiano. Continuó avanzando hacia el sur y se encontró con el ejército principal persa, bajo el mando de Darío III, en Isos, en el noroeste de Siria. Según la tradición, el ejército de Darío se estimaba en 500.000 soldados, cifra que hoy es considerada exagerada. La batalla de Isos, en el año 333 a. C., terminó con una gran victoria de Alejandro. Aunque cortó la retirada, Darío huyó, abandonando a su madre, esposa e hijos a Alejandro, quien les trató con respeto debido a su condición de familia real. Tiro, un puerto marítimo muy fortificado, ofreció una resistencia obstinada, pero Alejandro lo tomó por asalto en el 332 a. C. después de un asedio de siete meses. Seguidamente, Alejandro capturó Gaza y después pasó a Egipto, donde fue recibido como libertador. Estos acontecimientos facilitaron el control de toda la línea costera del Mediterráneo. Más tarde, en el 332 a. C., fundó en la desembocadura del río Nilo la ciudad de Alejandría, que se convirtió en el centro literario, científico y comercial del mundo griego. Cirene, la capital del antiguo reino de Cirenaica, en el norte de África, se rindió a Alejandro en el 331 a. C., extendiendo sus dominios a todo el territorio de Cartago.

En la primavera del 331 a. C. Alejandro hizo una peregrinación al gran templo y oráculo de Amón-Ra, el dios egipcio del Sol a quien los griegos identificaron con Zeus. Se creía que los primeros faraones egipcios eran hijos de Amón-Ra, y Alejandro, el nuevo dirigente de Egipto, quería que el dios le reconociera como su hijo. La peregrinación tuvo éxito, y quizá confirmara la creencia de Alejandro en su propio origen divino. Dirigiéndose de nuevo hacia el norte, reorganizó sus fuerzas en Tiro y salió hacia Babilonia con un ejército de 40.000 infantes y 7.000 jinetes. Cruzó los ríos Éufrates y Tigris y se encontró con Darío al frente del ejército persa, el cual, según informes exagerados, llevaba un millón de hombres, cantidad que no impidió que sufriera una derrota devastadora en la batalla de Arbela (Gaugamela) el 1 de octubre del 331 a. C. Darío huyó al igual que hizo en Isos y un año más tarde fue asesinado por uno de sus propios colaboradores. Babilonia se rindió después de Gaugamela, y la ciudad de Susa, con sus enormes tesoros, fue igualmente conquistada. Más tarde, hacia mitad del invierno, se dirigió a Persépolis, la capital de Persia. Después de robar los tesoros reales y apropiarse de un rico botín, quemó la ciudad, lo cual completó la destrucción del antiguo Imperio persa. El dominio de Alejandro se extendía a lo largo y ancho de la orilla sur del mar Caspio, incluyendo las actuales Afganistán y Beluchistán, y hacia el norte a Bactriana y Sogdiana, el actual Turkestán ruso, también conocido como Asia central. Sólo le llevó tres años, desde la primavera del 330 a. C. hasta la primavera del 327 a. C., dominar esta vasta zona.

Para completar la conquista del resto del Imperio persa, que en tiempos había incluido parte de la India occidental, Alejandro cruzó el río Indo en el 326 a. C. e invadió el Punjab, alcanzando el río Hifasis (actual Bias); en este punto los macedonios se rebelaron, negándose a continuar. Entonces Alejandro construyó una flota y bajó navegando el Hidaspo (llamado Hydaspes por los griegos, donde derrotó al dirigente indio Poros en el 326 a. C.) hacia el Indo, alcanzando su delta en septiembre del 325 a. C. La flota continuó hacia el golfo Pérsico. Con su ejército, Alejandro cruzó el desierto de Susa en el 324 a. C. La escasez de comida y agua durante la marcha había causado varias pérdidas y desacuerdos entre sus tropas. Alejandro pasó aproximadamente un año organizando sus dominios e inspeccionando territorios del golfo Pérsico donde conseguir nuevas conquistas. Llegó a Babilonia en la primavera del 323 a. C., pero en junio contrajo fiebres y murió. Dejó su Imperio, según sus propias palabras, «a los más fuertes» este ambiguo testamento provocó terribles luchas internas durante medio siglo.  

El legado de Alejandro

Alejandro fue uno de los mayores conquistadores de la historia, destacó por su brillantez táctica y por la velocidad con la que cruzó grandes extensiones de terreno. Aunque fue valiente y generoso, supo ser cruel y despiadado cuando la situación política lo requería, aunque cometió algunos actos de los que luego se arrepintió, caso del asesinato de su amigo Clito en un momento de embriaguez. Como político y dirigente tuvo planes grandiosos; según muchos historiadores abrigó el proyecto de unificar Oriente y Occidente en un imperio mundial, una nueva e ilustrada hermandad mundial de todos los hombres. Hizo que unos 30.000 jóvenes persas fueran educados en el habla griega y en tácticas militares macedónicas y les alistó en su Ejército. Él mismo adoptó costumbres persas y se casó con mujeres orientales: con Estatira (o Stateira; que murió hacia el 323 a. C.), la hija mayor de Darío III, y con Roxana (que murió hacia el 311 a. C.), hija del sátrapa de Bactriana Oxiartes; además animó y sobornó a sus oficiales para que tomaran esposas persas. Poco después murió. Alejandro ordenó que las ciudades griegas le adoraran como a un dios. Aunque probablemente dio la orden por razones políticas, según su propia opinión y la de sus contemporáneos, se le consideraba de origen divino. Tras su muerte, la orden fue en gran parte anulada.

Para unificar sus conquistas, Alejandro fundó varias ciudades a lo largo de su marcha, muchas se llamaron Alejandría en honor a su persona; estas ciudades estaban bien situadas, bien pavimentadas y contaban con buenos suministros de agua. Eran autónomas pero sujetas a los edictos del rey. Los veteranos griegos de su Ejército al igual que soldados jóvenes, negociantes, comerciantes y eruditos se instalaron en ellas y se introdujo la cultura y la lengua griega. Así, Alejandro extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del periodo helenístico y la posterior expansión de Roma.

Periodo helenístico

Cuando Alejandro murió, los generales macedonios iniciaron entre ellos el reparto de su vasto imperio. Los desacuerdos surgidos por esta división provocaron una serie de guerras entre los años 322 a. C. y 275 a. C., muchas de las cuales tuvieron lugar en Grecia. Por ello, una de las características de este periodo que abarca desde la muerte de Alejandro hasta la conversión de Grecia en provincia romana en el 146 a. C., fue el deterioro como entidades políticas de las ciudades-estado griegas, además del progresivo declive de la independencia política en conjunto.

 

No obstante, el periodo helenístico estuvo marcado por el triunfo de Grecia como fuente de cultura y, como resultado de las conquistas de Alejandro, se adoptó su estilo de vida en todo el mundo antiguo.

Los diádocos

De los reinos establecidos por los generales de Alejandro, llamados ‘diádocos’ (en griego, diadochos, ‘sucesor’), los más importantes eran los de Siria, bajo la dinastía Seléucida, y Egipto, bajo la Tolemaica. La capital del Egipto tolemaico, Alejandría, fundada por Alejandro en el 332 a. C., se convirtió en foco de rivalidades culturales, a veces superando la importancia de Atenas en ese campo. Cada rincón del mundo heleno se dedicó al cultivo de las artes y las actividades intelectuales. Algunos sabios, como los matemáticos Euclides y Arquímedes, los filósofos Epicuro y Zenón de Citio y los poetas Apolonio de Rodas y Teócrito, pertenecen a esta época.

En el 290 a. C., las ciudades-estado de Grecia central se unieron en la Liga Etolia, una poderosa confederación militar que había sido inicialmente organizada bajo el reinado de Filipo II por las ciudades de Etolia para su mutua protección. Una segunda organización de similares características, la Liga Aquea, se convirtió en el 280 a. C. en la confederación suprema de las ciudades al norte del Peloponeso. Más tarde se unieron otras ciudades. Sendas alianzas estaban destinadas a proteger al resto de los estados griegos del dominio del reino de Macedonia. La Liga Aquea se hizo mucho más poderosa que su rival e intentó conseguir el control de toda Grecia. Encabezada por el general y político Arato de Sición, inició un conflicto con Esparta que no se había aliado con ninguna de las dos. La Liga fue inicialmente vencida, pero, contradiciendo su primera intención, pidió ayuda militar a Macedonia; la Liga consiguió vencer entonces a Esparta, pero a costa de caer bajo el dominio de Macedonia.

Dominación romana

En el 215 a. C. Roma empezó a interferir en los asuntos de Grecia. Filipo V de Macedonia se alió con Cartago contra Roma, pero los romanos, con el apoyo de la Liga Etolia, vencieron a las fuerzas macedonias en el 206 a. C., y consiguieron importantes posiciones en Grecia. Roma, apoyada por ambas ligas, derrotó nuevamente a Filipo V en el 197 a. C. en la batalla de Cinoscéfalos, y Macedonia, totalmente sometida, aceptó pactar la paz con Roma y reconocer la independencia de los estados griegos, los cuales, sin embargo, sólo cambiaron un dominador por otro. En un último intento desesperado por liberarse, los miembros de la Liga Aquea resistieron a las demandas de Roma en el 149 a. C. Hubo una nueva guerra que terminó con la destrucción de Corinto a manos de las legiones romanas en el 146 a. C. Las Ligas Etolia y Aquea fueron disueltas y Grecia fue anexionada en su totalidad por Roma, que creó la provincia romana de Macedonia, cuyo procónsul extendía su autoridad al resto de Grecia. Sólo Atenas, Esparta y Delfos escaparon a esta situación, convirtiéndose en ciudades federadas.

Grecia romana

Durante los sesenta años posteriores al 146 a. C., Roma administró Grecia. En el 88 a. C., cuando Mitrídates VI Eupátor, rey del Ponto, empezó su campaña para conquistar los territorios controlados por los romanos, se encontró con que muchas ciudades griegas apoyaban a un monarca asiático que les había prometido ayudarles a recuperar su independencia. Las legiones romanas, bajo el mando de Lucio Cornelio Sila expulsaron a Mitrídates de Grecia y sofocaron la rebelión saqueando Atenas, en el 86 a. C., y Tebas un año después. Roma castigó duramente a las ciudades rebeldes y las campañas realizadas en suelo griego dejaron el centro de Grecia en ruinas. Atenas seguía siendo foco intelectual y de la filosofía, pero su comerio prácticamente desapareció. En el 22 a. C., el primer emperador romano, Augusto, separó Grecia de Macedonia e hizo de la primera la provincia de Aquea.

Esto es una completa monografia de:Aldo Vasquez Para Planeta Sedna

Demostenes El Orador Mas Grande de la Historia Filipicas de Demostenes

Demóstenes,El Orador Mas Grande de la Historia

Demóstenes fue contemporáneo de Aristóteles. Nació y murió en los mismos años. Su vida, por lo tanto, se desarrolla en el cuadro de la política de los grandes reyes macedonios — Filippo III y Alejandro Magno— destinada a sojuzgar la independencia de Grecia a los intereses de la corte de Pella.

Frente a al ejército macedonio, proclamó con sus palabras, el valor moral de la antigua democracia ateniense y su derecho a dominar, por una política hegemónica, en el territorio griego.

A contribución de sus ideales, Demóstenes puso, su elocuencia arrebatadora, encendida en el fuego del amor patrio. Jamás hubo multitudes que se dejaran conmover como las atenienses por la palabra de un orador afortunado.

En esta masa, Demóstenes logró avivar la esperanza en los espíritus abatidos, reafirmar las voluntades tensas y quebrantar los planes  de sus adversarios. Los torneos oratorios que sostuvo con sus rivales políticos —un Esquines, por ejemplo—, le elevaron a una categoría sin par en la elocuencia del mundo antiguo.

Ya en el siglo III fue considerado como el más ilustre orador griego y alrededor de su persona empezaron a tejerse las leyendas de los héroes.

demostenes

Demóstenes fue posiblemente el más grande orador que el mundo haya conocido.

La tradición antigua nos ha transmitido detalles de su vida, algunos de los cuales tienen algo de leyenda, como el pretendido tartamudeo de Demóstenes, que éste habría corregido ejercitándose en hablar con un pequeño guijarro introducido en la boca.

Lo cierto es que Demóstenes a fuerza de voluntad logró superar los defectos físicos que lo afligían.

Nació en una tranquila villa situada aproximadamente a 10 Km. de Atenas, y con toda probabilidad en el año 384 a. de C.

Su padre contaba con una fortuna considerable reunida en el ejercicio de su artesanía: poseía una fábrica de cuchillos y otra de muebles, en las que empleaba el trabajo de unos cincuenta esclavos.

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Murió cuando su hijo no contaba más que 7 años de edad. No olvidó, sin embargo, designar en vida tres tutores, dos de sus sobrinos y uno de sus amigos de infancia, a los que encargó administrar sus bienes.

Pero estos tutores no cumplieron con la misión que les había sido confiada, disipando gozosamente la herencia a su cargo.

Aún cuando contaba con una salud bastante precaria, Demóstenes siguió los estudios que correspondían a su situación social, convirtiéndose en un joven ateniense sumamente instruido y provisto de un carácter e inteligencia que las circunstancias no tardarían en poner a prueba.

Cuando alcanzó la mayoría de edad sus tutores tuvieron que declarar una suma hereditaria muy inferior a la reclamada por Demóstenes. En un principio ellos trataron de llegar a una conciliación con el heredero, y las transacciones se prolongaron durante casi dos años. Finalmente, el joven decidióse a llevar la cuestión frente a los tribunales.

El justo derecho de Demóstenes fue allí reconocido, pero la herencia había quedado reducida a muy poca cosa.

Estos dolorosos conflictos habían empujado a Demóstenes a luchar vigorosamente por sus derechos, contribuyendo al mismo tiempo a la formación de su carácter. El largo proceso, por otra parte, incitó al joven a cultivar el arte oratorio.

En consecuencia, Demóstenes había completado en ese período su formación y elegido su vocación: sería orador y político. Inició entonces su formación profesional como abogado, encargándose de causas privadas, dando lecciones y mezclándose en la vida política. De acuerdo con la costumbre en vigor en Atenas el querellante debía exponer personalmente su caso, pero en la práctica era un abogado el que redactaba el alegato, que luego era leído personalmente por el interesado.

Las defensas que nos han llegado de Demóstenes se refieren a los casos más diversos, pero todas ellas presentan una exposición muy clara, y manifiestan una gran habilidad en la utilización de los argumentos, así como una verdadera profundidad psicológica.

Según una ley de Atenas, los ciudadanos de una determinada condición social estaban obligados a asumir personalmente el mando de un trirreme, y debían proceder a su costa al enrolamiento e instrucción de la tripulación.

Demóstenes que había alcanzado una situación material sumamente acomodada gracias a sus talentos de orador, no quiso substraerse t esta ley y armó un trirreme, teniendo esta manifestación de patriotismo, por otra parte, hábiles fines publicitarios, ya que alentaba aspiraciones políticas. Demóstenes comenzó a destacarse rápidamente en estas actividades. Antes de los treinta años había ya pronunciado tres discursos políticos y un discurso delante del pueblo.

Demóstenes hizo su aparición en la escena pública en un período particularmente delicado de la historia de su ciudad y de toda Grecia: un rey extranjero que había vivido largo tiempo en Tebas supo aprovechar las rivalidades y debilidades de los griegos para dominarlos.

Este gran conquistador era Filipo de Macedonia, hombre de una gran inteligencia y sin escrúpulos, a la vez prudente y audaz.

En un primer momento se inmiscuyó en las rivalidades entre los Estados griegos, sosteniendo ora a uno ora a otro; y atacó luego resueltamente a Atenas y Tebas, que se aliaron demasiado tarde para defender su libertad común.

Demóstenes fue el jefe y animador del partido nacionalista que trató de impedir la sumisión de Grecia a Filipo.

El ideal de este gran hombre era el de hacer que Atenas reconquistara dentro del mundo helénico la supremacía que correspondía a su grandeza intelectual y artística. Pero no tenía las aptitudes ni la influencia necesarias para aplicar sus ideas políticas, sobre todo frente a adversarios como Filipo (imagen abajo)  y más tarde Alejandro, que eran grandes jefes militares.

La guerra se prolongó a través de períodos de calma relativa, pero Demóstenes dióse cuenta de los peligros que representaba la continuación de la política expectante adoptada por Atenas.

Cuando Filipo en el año 351 trató de apoderarse de la par-te sur de Grecia, Demóstenes pronunció un discurso, la primera de sus feroces requisitorias contra el rey de Macedonia, que tomaron el nombre de Filípicas, término que se convirtió, en el lenguaje común, en sinónimo de toda invectiva enérgica y ardiente. Durante ese tiempo Filipo trató de desviar la atención de los aliados, sitiando Olinto en la península Caleídica.

En tres oportunidades y a través de resonantes discursos Demóstenes trató de hacer comprender a los atenienses la necesidad de tina intervención, pero Filipo favoreció hábilmente sin levantamiento en la isla de Eubea, muy cercana a Atenas, obligando a esta ciudad a concentrar sus fuerzas.

Los antagonistas encontrábanse agotados y deseaban la paz, y Demóstenes formó parte de la embajada enviada ante Filipo para entablar negociaciones. Las tratativas fueron sin embargo frenadas por el astuto macedonio, que en el ínterin continuó las operaciones contra los aliados de Atenas, y cuando finalmente se decidió a firmar la paz había ya obtenido todo lo que deseaba.

Aprovechándose de su ventajosa situación, Filipo (imagen izquierda) consolidó su posición en el Consejo de Estados griegos, mientras que Atenas considerándose lesionada en sus interese pretendía denunciar el tratado.

Demóstenes aconsejó entonces la paz a cualquier precio, pero tres años más tarde como preludio a la reanudación de las hostilidades, pronunció la tercera Filípica, espléndido llamado a la acción inmediata en defensa de la libertad.

Hacia fines del año 340 los acontecimientos se precipitaron y la guerra estalló. Después de algunas escaramuzas sin consecuencias tuvo lugar en el 338 la batalla decisiva en Queronea, lo tebanos y atenienses fueron derrotados.

Atenas debió de soportar la pérdida de mil muertos y dos mil prisioneros y Demóstenes que había tomado parte en la lucha participó también en la retirada. Atenas hallábase sin embargo dispuesta a continuar luchando sin cartel, pero Filipo que preparaba una campaña contra los persas, prefirió concluir sin tratado.

El partido de los atenienses adicto al macedonia aprovechó la favorable ocasión para ataca a Demóstenes. Se encontraron numerosos cargos con que acusarlo, pero no lograron rebajarlo ante los ojos del pueblo, que llegó a testimoniarle su estima encargándole pronunciar la oración fúnebre de los muertos en Qtieronea.

Pero lo atacaron nuevamente y debió entonces defenderse personalmente en un discurso sublime: Por la corona.

En el año 336 murió Filipo, lo que no evitó que Atenas cayera pronto bajo el yugo de Alejandro, que hallábase decidido a consolidar la dominación macedónica.

Demóstenes después de haber manifestado ruidosamente su alegría a raíz de la muerte de Filipo, corriendo el riesgo de atraer sobre su persona la cólera de Alejandro, dio inmediatamente prueba de una prudencia más diplomática, suscitando así el descontento entre sus amigos extremistas.

En el año 324 Demóstenes fue de nuevo atacado violentamente, comprometiéndoselo en un escándalo. Arpalos, amigo de Alejandro y ministro de finanzas macedonia, después de haber desertado con una parte de la flota y llevando una suma considerable del tesoro, solicitó en Atenas asilo político.

Cuando los macedonios exigieron que Arpalos les fuera entregado, Demóstenes decretó su detención e hizo depositar el tesoro en litigio en la Acrópolis.

Pero Arpalos huyó y el tesoro se redujo a la mitad del monto declarado en un principio. Se extendió entonces el rumor de que alguien habíase posesionado de los talentos desaparecidos, y Demóstenes exigió que se iniciara una investigación.

El Areópago consintió la misma con una lentitud desconcertante, y cuando el informe fue publicado contenía una lista de las personas que habíanse beneficiado con los fondos malversados, entre las eriales figuraba Demóstenes. (imagen izquierda: Busto de Alejandro Magno)

Este fue entonces encarcelado, pero logró fugarse, exilándose voluntariamente. Algunos meses más tarde, en el año 323, se tuvo noticias de la repentina muerte de Alejandro. Surgieron entonces esperanzas de poder llevar a cabo la liberación de Grecia mediante una campaña contra los macedonios comandados por Antípatro, uno de los generales de Alejandro.

Los atenienses, sin embargo, fueron derrotados después de un primer triunfo, exigiendo Antípatro una rendición incondicional y la entrega de todos aquellos que por estas acciones habían sublevado al pueblo.

Demóstenes fue condenado a muerte por contumacia y en octubre del año 322 huyó a la isla de Calauria, donde se refugió en el templo de Poseidón.

Un macedonia fue enviado en su búsqueda con un escuadrón de soldados tracios.

Sin embargo, este oficial no osó violar el recinto sagrado de esos lugares consagrados al dios del mar, y gritó a Demóstenes que se rindiese, asegurándole la clemencia de Antípatro en caso de hacerlo. Demóstenes respondióle con desprecio.

Simuló la redacción de una carta a sus amigos, y llevando la pluma a su boca aspiró el veneno que en ella estaba oculto, cayendo fulminado al pie del altar.

Demóstenes fue sepultado primero en Calauria y cuarenta años más tarde en Atenas. Se le erigió una estatua con este epitafio. «Si tu fuerza, Demóstenes , hubiera sido igual a tu genio, Grecia no habría jamás debido inclinarse ante sus vencedores»

GRANDES HOMBRES DE GRECIA

general griego
Demóstenes
Su talento de orador y sus advertencias no pudieron impedir que Atenas cayese bajo dominio macedónico.
Pericles
Reelegido estratega de Atenas a lo largo de 30 años, perfecciona la democracia preparada por Solón y Clístenes, y desarrolla el imperialismo ateniense
Alcibíades
Rico ateniense y buen estratega, se convierte en consejero de Esparta, y, más tarde, de los persas. Después de un nuevo cambio de frente, regresa triunfal a Atenas en el 407
Epaminondas
Habilidoso táctico, impone un período de hegemonía
tebana, batiendo a
Esparta en
Leuctras en el 37
1
grandes hombres de grecia antiguagrandes hombres de grecia antigua grandes hombres de grecia antigua
Leónidas
Rey de Esparta, se sacrifica junto a 300 hoplitas para defender el desfiladero de las Termópilas frentes a los persas.
Licurgo
Al igual que Demóstenes exhorta, sin éxito, a los atenienses contra Filipo de Macedonia
Tucidides
Separado de la política relata los enfrentamientos de los griegos en la Guerra del Peloponeso
Temístocle
Gran estratera de Atenas, dirige la resistencia contra los persas y consigue la victoria marítima de Salamina en el año 480

El Imperio de Alejandro Magno historia de sus conquistas Resumen

El Imperio de Alejandro Magno: Historia de sus Conquistas

Demóstenes condena a Filipo de Macedonia

Entre los griegos, Demóstenes, sobre todo, reaccionó de manera muy enérgica en contra de la creciente fuerza y de las políticas expansionistas del rey Filipo II. Demóstenes pronunció una serie de discursos en la asamblea ateniense en los que describió a Filipo como un hombre bárbaro y despiadado. Este fragmento pertenece a la Tercera Filípica, probablemente pronunciada en el año 341 a. de C.

Demóstenes, Tercera filípica

Sin embargo, hago la observación de que todos los hombres, y sobre todo vosotros, le habéis concedido algo que ha sido la causa de todas las guerras que han emprendido los griegos. ¿Y qué es esto? El poder de hacer lo que le plazca, de saquear y desollar con calma a los griegos uno por uno, y de atacar sus ciudades y reducirlas a la esclavitud. Aun criando vuestra hegemonía sobre Grecia duró 73 años, la de Esparta 29 y en estos últimos tiempos Tebas también ha ganado cierta clase de autoridad, después de la batalla de Leucra.

Pero ni a vosotros, hombres de Atenas, ni a los tebanos ni tampoco a los lacedemonios [los espartanos] jamás, los griegos concedieron el derecho de actuar irrestrictamente, o (le manera similar. Por el contrario, cuando vosotros, o más bien, los atenienses de aquella época creyeron conveniente mostrar un deseo de consideración en el trato con otros, todos pensaron que era su obligación, incluso aquellos que no teman motivo de queja en contra de ellos, ir a la guerra para ayudar a los que habían sido agraviados…

A pesar de todos los yerros cometidos por los lacedemonios durante esos 30 años, y los cometidos por nuestros ancestros en aquellos 70 años de supremacía, éstos son menores, hombres de Atenas, que las fechorías que Filipo ha cometido con los griegos durante los casi 13 años en los que ha llegado a la cima, o más bien, tales yerros no constituyen sino una parte de las fechorías antes mencionadas…

Ay!, y vosotros sabéis esto también, que los agravios que los griegos sufrieron por parte de los lacedemonios o por parte vuestra, los sufrieron en todas las circunstancias de manos de hijos legítimos de Grecia, y habrán de considerarse sus actos como los actos de un hijo legítimo, nacido para tener grandes propiedades, quien habrá de ser culpable por cometer alguna falta o yerro en la administración de su heredad; en ese grado será merecedor de censura y reproches, pero no podrá decirse, del que estaba actuando, que no era de nuestra sangre, ni legítimo heredero.

Pero si algún esclavo o hipotético bastardo hubiera despilfarrado y malbaratado algo a lo que no tenía derecho, cielos!, todos hubieran expresado cuán monstruoso y exasperante resultaba eso! Empero, no mostraron ese desasosiego respecto a Filipo y su actual conducta, a pesar de que no sólo no es griego, ni está relacionado con los griegos sino que ni siquiera es un bárbaro de cualquier parte que pueda nombrarse con honor, sino un pestilente bribón de Macedonia, de donde nunca fue posible adquirir un esclavo decente. 

Alejandro Magno

Alejandro sólo tenía veinte años cuando se convirtió en rey de Macedonia. En sólo doce años logró tanto, que desde entonces se le conoce como Alejandro Magno. El padre del ilustre conquistador, que había llevado a Alejandro a campañas militares, lo preparó en muchas formas para que asumiera el reinado y, de hecho, en la importante batalla de Queronea le dio el mando de la caballería después del asesinato de su padre, Alejandro actuó rápidamente para hacer valer su autoridad, asegurar las fronteras de Macedonia y disolver una rebelión en Grecia. Después puso su atención en el sueño de su padre: la invasión al Imperio Persa

 ALEJANDRO MAGNO

 Busto de Alejandro Magno. Este busto de Alejandro Magno es una copia romana de la cabeza de una estatua, posiblemente de Lisipo. Aunque aspiraba a ser otro Aquiles heroe trágico de  la Iliada  de Homero, Alejandro también buscó mas honores divinos. Afirmaba ser descendiente  de Hlércules, héroe griego adorada como dios y, como faraón de Egipto, recibió reconocimiento como deidad viviente

Las conquistas de Alejandro

No cabe duda que Alejandro estaba tentando mucho la suerte al atacar el Imperio Persa, el cual, aunque debilitado en algunos aspectos, todavía era un estado fuerte. La flota de Alejandro era inferior a la armada persa, la cual reclutaba sus naves de los fenicios y de otros pueblos costeros del occidente de Asia; además, difícilmente se podía decir que sus finanzas estuvieran en su mejor momento.

mapa de las conquista de alejandro

El ejército de Alejandro tendría que vivir fuera del ambiente rural y obtener victorias rápidas con el fin de hacerse de los recursos necesarios para continuar la batalla. Lo la primavera del año 334 a. de C., Alejandro penetró en Asia Menor con un ejército de alrededor de 37 000 hombres. Casi la mitad de éstos eran macedonios, y el resto eran griegos o de otros pueblos aliados, La caballería, que desempeñaría un papel decisivo como fuerza de choque, se componía de alrededor de 5000 elementos. Al ejército lo acompañaban arquitectos, ingenieros, historiadores y científicos, indicación clara de la gran visión de Alejandro, así como de las expectativas optimistas que alentaba al comienzo de su campaña.

Su primera confrontación con los persas —en la batalla del río Gránico, en el año 334 a. de C. casi le costó la vida; no obstante, llego a representar una gran victoria. En la primavera del año 3331. de C., toda la mitad occidental de Asia Menor había caído en las manos de Alejandro, y las ciudades griegas jónicas del suroeste de Asia Menor habían sido liberadas” del opresor persa. No todos estos estados querían ser liberados y, más bien, consideraban a Alejandro simplemente como su nuevo amo.

Mientras tanto, el rey persa Dario III movilizaba sus fuerzas para detener el ejército de Alejandro. Aunque las fuerzas persas eran numéricamente superiores a las de Alejandro, la batalla de Isos se libró en un terreno angosto que suprimía la ventaja de la superioridad persa, por lo que resultó otro éxito macedonio. La causa no se vio favorecida por el hecho del retiro espectacular  de Darío del campo de batalla en un momento que todavía no estaba claro quien resultaría victorioso. Después de su victoria en Isos del año 333 A.C. Alejandro sitio las ciudades portuarias de Tiro y Gaza, con el fin de evitar el control pesa del mar.

Egipto capituló sin presentar batalla, así que para el invierno de 332 a.C. Siria, Palestina y Egipto estaban bajo el dominio de Alejandro. Asumió el tradicional título de faraón de Egipto y fue aclamado como hijo de Amón”, que para los griegos equivalía a ser considerado como el hijo de Zeus. Alejandro también construyó la primera de una serie de ciudades que adoptaron su nombre (Alejandría), la cual sería la capital administrativa griega de Egipto. Llegaría a ser (hasta nuestros días) una de las más importantes ciudades en el mundo mediterráneo.

En tanto, Darío daba muestras de tener voluntad de concertar la paz, ofreciendo a Alejandro toda la tierra que estaba al occidente del río Eufrates. Este rechazó el ofrecimiento e inició la ofensiva. Se movilizó ahora hacia el territorio de los reinos del antiguo Cercano Oriente y, en el verano del año 331 a. de C., entabló la decisiva batalla contra los persas en Gaugamela.

En dicho lugar, era evidente que las fuerzas de Alejandro eran inferiores en número en comparación con el ejército persa, el cual se había emplazado en una planicie abierta y despejada con objeto de que los carros de guerra pLidieran maniobrar a sus anchas. Alejandro pudo romper el centro de la línea persa con una caballería pesada, a la cual siguió la infantería. La batalla derivó en una fuga desordenada, pero Darío se las arregló para escapar. Después de su victoria en Gaugamela, Alejandro entro en babilonia y luego se dirigió a las capitales persas de Sosa y Persépolis, donde se apropio de los tesoros persas y se adueñó de inmensas cantidades de oro y plata.

Alejandro y Darío en la batalla de Isos. Este mosaico helenístico tardío  proveniente de Pompeya describe la batalla de Alejandro y Darío III, rey de Persia, en lsos, en el año 333 a. d C. Alejandro desembarcó sus tuerzas en el oeste de Asia Menor, en el año 334 a. de C, con el fin de comenzar su campaña persa, y enfrentó primero a Darío en Isos, donde el angosto terreno inutilizó a la macona de los persas.

Alrededor del año 330 a.C, Alejandro se puso de nuevo en marcha. Después que Darío fuera asesinado por uno de sus propios hombres, Alejandro asumió el titulo y las funciones de Gran Rey de los persas.

Sin embargo, no le satisfacía descansar sobre los despojos del Imperio Persa. En los siguientes tres años, se movilizó hacia el este y noroeste, llegando hasta el lejano Pakistán actual. En el verano del año 327 a. de C., penetró en la India, que en ese entonces estaba dividida en varios estados en guerra. En el año 326 a. de C., Alejandro y SUS ejércitos llegaron a las llanuras noroccidentales de la India.

En la batalla del río Hydaspes, Alejandro ganó una batalla brutalmente peleada Cuando Alejandro manifestó su determinación de marchar al este para conquistar más territorio de la India, sus soldados, cansados de una campaña tras otra, se amotinaron y se rehusaron a continuar.

Alejandro accedió a sus demandas y estuvo (le acuerdo con regresar, de modo que condujo a sus tropas por el sur de Persia, a través del desierto Gedrosiano, donde sufrió fuertes pérdidas a consecuencia de las abrumadoras condiciones del desierto. Alejandro y lo que quedaba de su ejército se dirigieron a Susa y después a Babilonia, donde planeó más campañas. Pero, en el mes de junio del año 323 a. de C.  debilitado por sus heridas, la fiebre y, tal vez, un exceso de alcohol, murió a la temprana edad de treinta y dos años.

Los ideales de Alejandro: Alejandro es uno de los grandes personajes más enigmáticos de la historia. Los historiadores, aun basándose en las mismas fuentes brindan distintas descripciones de él. Algunos lo pintan como un visionario idealista, y otros, como un ser maquiavélico y despiadado ¿Como se concebía a sí mismo Alejandro Magno? Sabemos que buscaba imitar a Aquiles, el héroe del poema la Ilíada de Homero.

Bajo su almohada Alejandro tenía una copia de la lijada y una daga. También afirmaba ser descendiente de Hércules, el héroe griego al cual llegó a adorarse como un dios. Sin lugar a dudas, Alejandro aspiraba a recibir honores divinos; como faraón de Egipto se convirtió en un dios viviente, de acuerdo con la tradición egipcia e, incluso, en determinado momento, expidió instrucciones a las ciudades griegas para que lo declararan Dios.

Algunos historiadores han argumentado que Alejandro creía en un ideal de humanidad universal. Como evidencia, citan el hecho de que alentaba a sus soldados a contraer matrimonio con las mujeres nativas, y en Susa, en el año 324 a. de C., celebró en masa unas nupcias de diez mil de sus soldados con nativas. Alejandro mismo se casó con mujeres orientales (Estateira hija de Darío, y Roxana, hija de un barón bactriano). ¿Estaba Alejandro actuando en aras de un elevado ideal o, simplemente, buscaba una manera pragmática de unificar sus dominios recién obtenidos? Al inicio de sus conquistas, asumió actitudes de gobernante persa.

Se autonombró Gran Rey y exigió a sus súbditos que se inclinaran ante él, al estilo persa. Vistió vestimentas persas, utilizó a persas como administradores adiestró a jóvenes nativos en los métodos militares macedonios los sus compatriotas macedonios objetaron estas trazas de despotismo, así como el trato igualitario que daba a los persas. Algunos llegaron al extremo de intentar asesinarlo. Sin embargo, Alejandro debió haber sentido la necesidad de fusionar a griegos y macedonios junto con los persas en una sola clase gobernante que le garantizara el control de un imperio tan extenso. Uno se queda con la impresión personal de que él aspiraba más a una monarquía autocrática, que a una encumbrada visión de la unión de la humanidad. 

El legado de Alejandro

Pese a sus ideales, motivos o puntos de vista sobre si mismo, un hecho se impone: Alejandro creó en verdad una nueva era, la helenística. III término helenístico proviene de una palabra griega que significa “imitar a los griegos”. Así, este calificativo resulta apropiado para describir una era que atestiguó la difusión de la lengua y las ideas griegas en el mundo no griego del antiguo Cercano Oriente.

La destrucción de la monarquía persa a manos de Alejandro extendió el gobierno griego—macedonio a lo largo de una dilatada área. Creó oportunidades para los ingenieros, intelectuales, mercaderes, soldados y administradores griegos.

En tanto que los griegos continentales seguían comprometidos con los ideales de tas ciudades-estado, aquellos que siguieron a Alejandro y a sus sucesores participaron en una nueva unidad política basada en el principio de la monarquía. Alejandro había transformado su ejército de ser una fuerza macedonia a convertirse en una fuerza internacional, la cual le había jurado exclusiva lealtad a él. Después de su muerte, sus sucesores se valieron de la fuerza para establecer monarquías militares que dominaron el mundo helenístico.

El poder autocrático —basado en la fuerza militar y en las pretensiones de un gobierno divino— llego a convertirse en una característica usual de dichas monarquías helenísticas y fue parte del legado político que Alejandro dio al mundo helenístico. Su visión de imperio fue sin duda inspiró a los romanos que, por supuesto, lucren los herederos reales del legado tic Alejandro.

No obstante, Alejandro también dejó un legado cultural. Como resultado de sus conquistas, la arquitectura, la literatura, la lengua y-el arte griegos se diseminaron por todo el Cercano Oriente. Los centres urbanos de la época helenística —muchos de los cuales fueron fundados por Alejandro y sus sucesores—se convirtieron en impulsores de la difusión de la cultura griega. Alejandro fundó una serie de ciudades y de asentamientos militares, llamados Alejandría, para proteger puntos estratégicos y para supervisar amplias áreas.

La mayoría de los colonizadores eran mercenarios griegos. Se ha calculado que en el curso de sus campañas, Alejandro reclutó  de 60.001 a 65.000 mercenarios adicionales provenientes de Grecia, de los cuales, cuando menos 36.000 se establecieron en las guarniciones militares y en las nuevas ciudades. A la vez que los griegos esparcían su cultura hacia el este, ellos mismos se veían influidos de manera inevitable por los USOS orientales. Así, el legado de Alejandro incluía una de  las características básicas del mundo helénico: el choque de la fusión de culturas diversas.

Alejandro se reúne con un rey hindú

En sus campañas en la India, Alejandro peleó varias batallas difíciles :En la batallas del rio Hydaspes tuvo a un fuerte oponente en la persona del rey hindú Poro, después de vencer a Poro, Alejandro lo trató con respeto, según Ariano, el antiguo biógrafo de Alejandro. 

Ariano, las campañas de Alejandro

En la acción Poro demostró ser todo un hombre, no sólo como comandante, sino como soldado del valor más real. Cuando vio a caballería dispersa, a la mayoría de sus soldados muertos y a sus elefantes muertos o vagando sin rumbo y desconcertado por lo que acontecía en el campo de batalla su comportamiento fue muy distinto al del rey persa Darío: a diferencia de Darío, él no dirigió la lucha para salvar su pellejo, sino que tan pronto como se -lograba reunir una sola unidad de sus hombres, peleaba con bravura.

Fue sólo hasta que lo hirieron que dio vuelta al elefante en que iba montado y empezó la retirada… Alejandro, ansioso por salvar la vida de este valiente y gran soldado, envió a un hindú llamado Meroes, un hombre del que le dijeron había sido amigo de Poro por mucho tiempo. Poro escuchó el mensaje de Meroes, detuvo su elefante y desmontó, estaba muy angustiado  por la sed, de modo que cuando revivió después de beber, le dijo a Meroes que lo llevara con presteza ante Alejandro.

Alejandro informado de su llegada, cabalgó para reunirse con él… Cuando se encontraron, refrenó su corcel y observó a su a adversario con admiración: representaba la magnífica figura de un hombre, con más de 2 metros de estatura y de gran belleza personal; su porte no había perdido nada de su orgullo; su aire era el de un valiente que se reúne con otro, de un rey en la presencia de otro, con quien él había peleado honorablemente por su reino.

Alejandro fue el primero en hablar. “Qué,” dijo, “deseas que haga contigo? “Trátame como se trata a un rey”,…se dice fue lo que contestó Poro. “Por mi parte,” dijo Alejandro, complacido por la respuesta, “tu petición será concedida. ¿Pero, no hay algo que desees para ti?” “Todo” dijo Poro, “está contenido en esta ultima petición”

La dignidad de estas palabras dieron a Alejandro incluso más placer, y devolvió a Poro la soberanía sobre sus súbditos agregando a su reino otro territorio incluso más grande. Así que, en realidad, trató a un valiente como se trata a un rey, y de ahí en adelante encontró en él, en todo sentido, a un amigo leal.

PARA SABER MAS…

¿A qué se llama reinos helenísticos?
A la muerte de Alejandro, el Imperio se desmembra. Determinadas regiones de África se pierden rápidamente. Veinte años de luchas entre sus generales darán, por fin, nacimiento a tres grandes potencias duraderas: los reinos helenísticos. El de Grecia-Macedonia, dirigido por los Antigónidas, el de Asia de los Seleúcidas, y el de Egipto de los Tolomeos o Lágidas, del que Alejandría era la capital.

¿Cómo desaparecieron?
Una vez vencida Cartago, Roma se vuelve hacia Oriente. Los macedonios, aliados de los cartagineses, son aplastados en el 168 a.C., con lo que Grecia queda sometida. Los Seléucidas pierden sus territorios en el curso de los s. II y I. Egipto, finalmente, se convierte en protectorado romano, antes de ser anexionado en el año 30 a.C.

¿Existió una civilización helenística?
Considerado durante mucho tiempo como un período de decadencia entre la Grecia clásica y la Roma triunfante, la era helenística vio nacer toda una civilización que influenció profundamente la romana. Sus reinos conocieron éxitos económicos y, sobre todo, culturales. El declinar de las ciudades y del espíritu cívico se tradujo en un individualismo que buscó su propio camino en la sabiduría o en las religiones de salvación. Las artes plásticas se laicizaron, buscando lo patético, o el realismo.

¿Cuál fue el papel de los griegos en ella?
Representantes de la nueva clase dirigente los inmigrados griegos desplazan por doquier a los aristócratas locales, e imponen su idioma a los autóctonos. El modo de vida helénico se convierte en norma, v el urbanismo adopta el plano griego en forma de tablero, con templos y un gimnasio, y, en el interior de éste una palestra destinada a los ejercicios de lucha.

¿Qué aportó la comunidad judía?
Expulsados de Judea por los asirios cerca de  4 millones de judíos se dispersaron por los reinos helenísticos. A Egipto llegaron mas de  un millón, estableciéndose unos 100.000 en Alejandría. Ocupando 2 de los 5 barrios de la ciudad, practicaban todos los oficios se integraban con facilidad. Helenizados, hablaban griego, aunque no por ello dejaron su religión.

Influencias orientales
Alejandro deseaba la fusión de las costumbres griegas y orientales, y se consagró a conseguirla. Pero sus ambiciones se cumplieron sobre todo después de su muerte. Los reyes helenísticos, en efecto, y al igual que los antiguos soberanos del Oriente, se hicieron divinizar en vida, y exigían prosternación ante ellos. La religión griega también se orientalizó al contacto con la de Egipto. La diosa Isis se hizo muy popular asociada a un nuevo dios, Serapis síntesis de Zeus y de Osiris. La confluencia de tradiciones persas, mesopotámicas, egipcias y griegas provocó el afloramiento de nuevas creencias, como la magia, la astrología y la alquimia.